-Candy-
Noto cierta claridad y ruidos lejanos, amortiguados, comienzan a penetrar en mi mente, despertándome de un dulce sueño. Por favor, no quiero moverme, me siento tan a gusto en la cama, rodeada de calor … localizo ese calor en forma de cuerpo a mi lado y soy consciente del brazo que yace apoyado sobre mi abdomen.
Parpadeo varias veces y giro la cabeza, abriendo por fin los ojos. Terry está a mi lado, profundamente dormido, su rostro parcialmente enterrado en la almohada boca abajo, con un brazo sobre mi abdomen. El cuarto está bastante oscuro, ya que las gruesas cortinas están corridas. Pero a pesar de ello, puedo apreciar la claridad que se filtra a través. Ya es de día. Imposible saber la hora. Caímos desmayados en el lecho, al borde de nuestras fuerzas.
Acaricio suavemente un mechón castaño de mi amante y suspiro, recordando momentos de la noche anterior.
-escena retrospectiva-
Se oyó una risa lejana de mujer en la noche y Candy se movió un poco entre los brazos de Terry para poder ver su rostro.
- Aún hay gente que sigue pensando que la noche es joven … - Le susurró él con un guiño, Candy asintió y le acarició suavemente el mentón.
- ¿Estás bien? - Él frunció el ceño, ligeramente sorprendido, y se removió un poco para poder ponerse a la altura del rostro de Candy en las almohadas. Ojos de zafiro contra agua del mar. Terry leyó tanto amor y tanta devoción en aquellos preciosos ojos, que sintió el escozor de las lágrimas cosquillearle la garganta.
- ¿Por qué esa pregunta, amor?
- Ya lo sabes … esa carta ha removido mis entrañas … no puedo imaginar lo que ha hecho con las tuyas … y no puedo creerte cuando me dices que estás bien … - Contestó ella con ojos empañados. Él intentó sonreír con ironía, pero apenas le salió una mueca burlona.
- No debes creer ni la mitad de lo que dice esa carta, Candy …
- ¿Por qué iba a mentir, Terry? - Ella lo miró con el corazón en los ojos. - No creas ni por un momento que lo estoy defendiendo, porque no es así, pero … - Entonces Terry se levantó súbitamente de la cama, dejándola con la palabra en la boca. - Terry …
- ¿Es necesario hablar de eso en este momento? - Su voz traslucía su enfado y su malestar, y el joven se volvió hacia el ventanal, mientras observaba la oscura calle que se extendía ante él. Candy meneó la cabeza, soltando un bufido, y se levantó tras él.
- Sí, Terrence Grandchester, creo que es el momento. - Él se giró lentamente a observarla, intentando disimular su sorpresa por el tono de voz femenino, y Candy se puso ante él, con los brazos en jarras. - Dentro de poco nos vamos a convertir en marido y mujer. Para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad, Terry … así que es absolutamente necesario que dejes de esconderte tras ese muro de hielo que construyes a tu alrededor y decirme de una maldita vez cómo te sientes, porque eres lo más importante de mi vida y acabas de leer, verdadero o no, que tu padre te ha amado toda tu vida, Terry, que ha seguido tu carrera, que ...
- ¡Maldita sea! - Susurró él entre dientes, dándole la espalda. Candy tragó con fuerza, notando seca la garganta y se acercó más, acariciando suavemente la espalda masculina. Notó que estaba temblando y besó suavemente la piel entre los omóplatos pensando que la rechazaría, pero él no se apartó, aunque notaba su tensión. - ¿Qué intentas decirme con esto? - Preguntó con voz ronca.
- Intento decirte que te amo. - Candy se dio la vuelta y se puso ante él. - Que estaré a tu lado, decidas lo que decidas. - Se puso de puntillas y besó su mentón, a continuación su cuello, su pecho … besos suaves y tiernos que hicieron que la tensión de Terry disminuyera y se relajara lo suficiente para pasar una mano por su cintura y acariciar su nalga desnuda.
- Yo también te amo … - Candy suspiró mientras Terry bajaba la cabeza y besaba sus labios entreabiertos. La acercó más a él y la alzó un poco para ponerla a su altura. El beso se hizo más profundo. Terry jugueteó con su lengua por las comisuras de los labios de la joven y los mordisqueó sensualmente, pidiendo una respuesta por parte de ella. - Y te deseo como un loco … - Susurró, haciendo que Candy notara súbitamente que un calor abrasador ascendía desde el centro de su ser.
Yacían relajados, abrazados en el lecho, prodigándose dulces caricias, ambos pareciendo querer aprenderse cada curva, cada línea y cada montículo de sus cuerpos entrelazados. Terry besaba su garganta, su oído … ella acariciaba sus hombros, su pecho, sus marcados abdominales … notaba la masculinidad de Terry entre sus muslos, ahora relajada, aunque no había sido así hacía apenas unos minutos.
- Debería tal vez irme a mi habitación …
- No dejaré que te muevas de mis brazos … - Él acarició lentamente un seno y enseguida notó la reacción del pezón, haciéndole sonreír. Candy gimió, con los ojos entrecerrados.
- Terry … debemos dormir … - Él rió suavemente.
- Lo sé … pero después de dos meses y medio de ayuno … me es prácticamente imposible estarme quieto contigo entre mis brazos … - Ella sonreía, apoyando su rubia cabeza en el hombro de Terry con los ojos cerrados. - Pero duerme, amor, duerme …
-fin de escena retrospectiva-
Observo durante unos instantes más ese rostro amado y después, muy lentamente, muevo el brazo masculino que tengo encima para poder levantarme sin despertarlo. Me pongo en pie y estiro mi cuerpo. Maldita sea,tal vez no debí hacerlo, ya que me duele cada músculo. El reloj de la mesita de al lado del diván marca las nueve y cuarto de la mañana. Vaya, no suelo demorarme tanto en la cama, pero es que apenas hemos pegado ojo en toda la noche. Debo darme prisa si quiero volver a mi habitación y arreglarme para bajar a desayunar. Quizá Albert ya haya pasado por mi habitación a buscarme, para descubrir que no estaba allí.
Noto cómo me ruborizo y comienzo a vestirme con rapidez. Espero que nadie me vea salir de la habitación de Terry.
Garabateo unas palabras en una hoja de papel que he encontrado en el escritorio y beso suavemente la mejilla de Terry, para salir sigilosamente de la estancia. Cierro con suavidad la puerta y al darme la vuelta, he tenido que morderme la lengua para no soltar una exclamación. El director Nathan Scott y una joven que me resulta vagamente familiar se acercan a la habitación, parándose a unos pocos pasos al descubrirme allí de pie. Noto que mi rostro arde. Dios mío, quiero desaparecer.
Nat carraspea turbado e intenta sonreír.
- Señorita Andrew …
- Señor Scott …
- Veníamos a hablar con el señor Graham.
- Por supuesto, si me disculpan … - E intento no echar a correr hacia el elevador, sin mirar atrás, sintiendo las miradas de ambos en mi espalda, cada uno sacando sus propias conclusiones. Bueno, ¿y qué importa, maldita sea? En breve Terry va a convertirse en mi esposo.
-Terry-
¿Qué es ese ruido? ¿Están llamando a la puerta? Parpadeo e intento abrir los ojos. Estoy agotado, verdaderamente … alzo la cabeza y percibo que estoy solo en la cama.
- ¿Candy? - Miro alrededor y descubro que efectivamente, estoy solo en la habitación. Los golpes en la puerta son cada vez más insistentes. - Ya voy, ya voy … - Gruño casi para mí mismo. Me levanto y tropiezo con la butaca, soltando un juramento. ¿Dónde demonios está mi batín? Los golpes en la puerta me están poniendo francamente nervioso. ¿Y dónde está Candy? - ¡Un momento! - Intento gritar, aunque la voz me sale cascada y grave.
Consigo localizar mi batín y me lo pongo, camino de la puerta, que quien sea parece que quiere echar abajo. Al abrir, intento disimular mi descontento, pero nunca he podido disimular correctamente, así que imagino que Nat y Joanna han entendido perfectamente que no deseo su compañía. Pero sé que eso a Nat le da absolutamente igual.
- ¡Graham! ¡Buenos días! - La potente voz de Nat penetra en mi cerebro, haciéndome suspirar.
- ¿Qué sucede?
- Nada en absoluto. - Contesta Nat con jovialidad, y me aparta a un lado entrando a la habitación sin esperar respuesta. - Debemos hablar de la función de esta noche. Quiero comentar ciertos detalles con vosotros dos, que no pueden esperar.
Veo como Joanna entra tras él, mirándome significativamente.
- ¿Una noche movidita, Graham?
-Patty-
Noto la suavidad de las sábanas en mi piel desnuda, el roce de unos fuertes brazos rodeándome, su cuerpo pegado a mi espalda … después de muchas semanas, me siento tan absoluta y completamente feliz … en paz, entera, satisfecha ... siento deseos de llorar de puro regocijo, ya que aún no puedo creérmelo. Me giro lentamente para ponerme frente a él y sonrió como una boba, observando detenidamente cada rasgo de ese bello rostro de ángel.
-escena retrospectiva-
Aquel era el único lugar donde deseaba estar. ¿Cómo pudo pensar ni por un segundo que podría ser feliz con alguien que no fuera él? No podía evitar acurrucarse estrechamente contra ese esbelto y bien formado cuerpo masculino, aún húmedo por el reciente baño, y suspirar sin poder contenerse.
- ¿Estás bien? - La suave y grave voz de su amante la llenó por completo, haciendo que su piel se estremeciera. Jamás había sentido nada parecido a lo que había sentido esa noche, y sus sentidos estaban disparados con cada roce, con cada susurro. Sólo pudo asentir contra su pecho, mientras él la obligaba suavemente a mirarle al rostro. Los celestes ojos la acariciaron. - ¿Realmente pensaste que no iba a venir esta noche? - Ella se ruborizó.
- Creí … bueno, me puse terriblemente celosa … - Él se echó a reír, pero enseguida se mordió la mejilla por dentro al ver la cara de Patty.
- Sí, tuve una relación con Mara. - Dijo él suavemente. - Fue hace tiempo … y sólo fue sexo, Patty. - Ella se ruborizó aún más.
- Ahora estoy enfadada …
- ¿Enfadada? - Él arqueó una ceja.
- No quiero imaginarme a vosotros dos … - bufó - en fin, no quiero imaginarlo. - Él la besó en los labios con ternura.
- Pues no lo hagas … porque desde que supe que estaba enamorado de ti, amor, ninguna otra mujer a ocupado mi mente y menos mi corazón … y ninguna otra lo hará. - Ella sonrió, pero enseguida frunció el ceño. - ¿Qué sucede?
- Estoy nerviosa … - se mordió el labio- y asustada. - William asintió ligeramente y la acercó más a su cuerpo, colocándose mejor entre los muslos femeninos. Ella suspiró y le acarició el cuello y el hombro.
- A partir de ahora, te protegeré, amor mío. Estarás junto a mí, pase lo que pase … ya no nos separaremos.
- Pero... William, tendrás problemas …
- Los solucionaré.
- ¿Cómo? Tu familia … - Él se revolvió un poco en el lecho, pero sonreía con la misma dulce sonrisa.
- Patty, voy a reunir a toda la plana mayor de la familia en Chicago, más o menos para cuando volvamos. Ya estoy realizando los trámites, tengo a George en Washington. - Ella lo miraba perpleja. - Ni en mis más maravillosos sueños pensé en encontrarte aquí en Nueva Orleans … y aunque al principio me enfadé con Candy, ahora deberé agradecérselo toda la vida. Porque si no hubieras venido … - Calló un segundo y ambos se miraron a los ojos profundamente.
- Lo sé … - Susurró Patty y se besaron en los labios. - Pero … ¿qué vas a hacer?
- Al volver de Nueva Orleans iba a renunciar a mis obligaciones como cabeza de la familia Andrew.
- ¿Puedes hacer eso?
- En teoría … no. - Suspiró William. - Pero voy a intentarlo por todos los medios. No iba a dejar que controlaran mi vida hasta ese punto … y no quería renunciar a ti. Por otra parte, - frunció el ceño un segundo- me preocupabas tú y tu familia.
- ¿Por qué? - Patty lo miraba ahora asustada.
- No puedo controlarlo todo, querida. Va a ser un pequeño escándalo lo nuestro … lo sabes. - Suspiró y apoyó la frente un momento en la de Patty, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. - Como lo va a ser lo de Candy y Terry. - Patty se mordió el labio intentando parecer sorprendida, y William rió. - Vamos, querida, ¿crees que no lo sé? Sé que Candy va a decirme que quiere casarse aquí con Terry … lo supe en cuanto te vi allí, de pie frente a mi mesa. - Patty se apartó un poco, inquieta.
- Yo …
- Está bien, no te preocupes. Sería ridículo que me molestara a estas alturas, ¿no crees? - Ella meneó la cabeza y se echaron a reír.
- ¿Qué va a pasar a partir de ahora, William?
- Pues imagino que tu familia no lo entenderá, pero lo único que podemos hacer es volver a Jacksonville a intentar explicárselo. Yo doblaré el importe de tu dote, y espero que en última instancia, tus padres nos den su bendición … - la miró a los ojos – aunque no las tengo todas conmigo. - Ella parpadeó, intentando ahuyentar las lágrimas que llenaban sus ojos.
- Yo tampoco. - William le acarició la mejilla.
- Después volveremos a Chicago … y nos enfrentaremos a la familia.
-Yo … - Carraspeó Patty, intentando aclararse la enronquecida voz. - Tengo unos ahorros, William, los tengo en mi habitación. Espero que mis padres me dejen llevarme mis pertenencias, y así podré cogerlos. No es mucho … pero creo que tendríamos suficiente para empezar … en otro sitio … - Se detuvo al ver el rostro pasmado de William, mirándola con la boca abierta. Enrojeció como las brasas. - Bueno, me refiero a que si tu familia … en fin ...
- Oh, Dios mío, nena … - Entonces él rió abiertamente y en un impulso la besó en la boca con pasión. Patty le correspondió, desconcertada. - Aunque la familia nos diera la espalda, amor mío … -susurraba William en su boca, la respiración algo agitada - ...yo gestiono y controlo las finanzas y bienes de los Andrew, pero como el resto, tengo mi propia fortuna personal. - Patty lo miraba incrédula y algo avergonzada. - Te aseguro, mi vida, que podré protegerte y darte un techo y un hogar adecuados en en lugar del mundo que elijas … aunque los Andrew nos echen a patadas. - Intentó que su voz sonara grave, sin lograrlo demasiado.
- Debes pensar que soy estúpida … - Masculló ella.
- ¿Estúpida? - Él hizo que lo mirara a los ojos. - Patricia O´Brien, creo que eres la mujer más maravillosa de la tierra … y no sabes lo que este pequeño gesto tuyo ha significado para mí … - La voz de William traslucía emoción y anhelo. - No sabes lo mucho que te amo …
- fin de escena retrospectiva-
Y ahora aquí estamos, en la primera mañana del primer día de nuestra vida juntos. Acaricio con dulzura el contorno de su nariz y del marcado mentón, y los ojos más hermosos de la tierra se abren para iluminarme como un cielo de verano.
- Buenos días, amor. - Susurra William con la voz ronca por el sueño reciente.
- Buenos días. - Contesto besando sus labios. Es la primera vez que despierto junto a él, y sé que quiero hacerlo por el resto de mi vida.
- Creo que nos hemos quedado dormidos …
Yo asiento, y aunque no lo deseo, le hago un puchero e intento levantarme, pero de pronto, William me coge por la cintura y me atrapa bajo su cuerpo, haciendo que suelte una exclamación.
- ¡William! - Protesto riendo, mientras siento su labios acariciando mi cuello.
- ¿A dónde va con tanta prisa, futura señora Andrew? - Sonrío observando su atractivo rostro.
- Debemos comenzar a prepararnos, William. Creo que hoy va a ser un día complicado. - Entonces el rostro de mi amor se tiñe de gravedad.
- No quiero que te quedes sola con él ni un segundo …
- ¿A qué te refieres? - Lo miro desconcertada y entonces comprendo, y me echo a reír. - Vamos, William, Luke no me haría daño … además, quiero hablar con él cuanto antes ...
- Tal vez no, pero no quiero correr riesgos. - Meneo la cabeza y lo beso para tranquilizarlo. Pero al intentar volver a levantarme, William se pone encima y entonces percibo su deseo entre mis muslos.
- Eres una verdadera caja de sorpresas, Sr. Andrew …
- ¿Tú crees? - Pero yo ya estoy excitada, mientras él besa mis senos y mi piel se estremece. Simplemente, es irresistible.
Unos súbitos golpes en la puerta hacen que nos quedemos congelados en nuestro abrazo. Nos miramos casi con pánico, y William se levanta como un resorte, recogiendo sus ropas desparramadas alrededor y corriendo al baño, mientras yo me pongo torpemente el batín y me recojo el pelo con manos temblorosas.
- ¿Patty? - La voz de Luke, maldita sea.
- ¿Sí? - Abro la puerta e intento aparentar normalidad, aunque mi corazón atrona en el pecho y me sudan las manos. Casi estoy segura de que Luke podría oír mis latidos si se acercara. - Buenos días.
- Buenos días, querida. - Sonríe él acercándose a besarme, y yo le ofrezco mi mejilla. Él nada dice, aunque noto su desconcierto. - Estaba comenzando a preocuparme. ¿Vas a bajar a desayunar?
- Sí, claro. Hoy se me han pegado las sábanas … - Contesto algo ruborizada. - Enseguida bajo.
- Está bien, te espero en la cafetería.
Cierro la puerta poniéndome una mano en el corazón, suspirando, y entonces oigo el desagüe de la bañera. William debe estar vaciándola. Mis ojos se dirigen inconscientemente al todavía húmedo diván protagonista de nuestro encuentro de anoche y me muerdo el labio para no reír histérica. William sale del cuarto de baño, ya totalmente vestido, y me atrae hacia sí, besándome.
- Voy a cambiarme, amor mío. Yo también bajaré enseguida, ¿de acuerdo?
-Candy-
La cafetería del coqueto hotel bulle de actividad cuando entro por las puertas acristaladas mirando alrededor y enseguida localizo a Albert sentado en una de las mesas cercanas a la terraza, con el servicio de café dispuesto a su alrededor y un periódico abierto ante él.
- Buenos días, Albert. - Él levanta la cabeza sonriendo.
- Hola, pequeña, ¿qué tal has dormido? - No puedo evitar sonreír con ternura al escuchar de labios de Albert el apelativo cariñoso que solo utiliza para mí.
- Te echamos de menos ayer en el pub. - Arqueo una ceja mirándolo pícara y sentándome frente a él. Albert es la inocencia personificada.
- ¿Qué quieres preguntarme? Adelante.
- ¿Yo? Nada … nada … - Alzo las manos a modo de defensa, y comienzo a servirme el desayuno, oyendo la suave risa de él.
- No estuve con Mara, Candy.
- No tienes que contármelo, Bert, - pero lo miro traviesa - aunque he de decir que es despampanante. ¿De qué la conoces?
- Su familia posee una villa en Escocia, cerca de Edimburgo, y cerca de la de los Andrew. - Se encoge de hombros. - Nos conocimos cuando teníamos 18 años, veraneando allí. - Yo asiento, animándole a continuar. - Sólo somos amigos. - Albert me observa desde el borde de su taza de café, y menea la cabeza divertido ante mi mueca. - ¿No viene Terry a desayunar con nosotros?
- Él … bueno, hoy tiene trabajo en el teatro … luego se reunirá con nosotros. - Y noto el ya clásico rubor coloreando mis mejillas ante el cambio de tema, mientras doy un bocado a la tostada, intentando aparentar indiferencia. - ¿Dónde está Patty? ¿Y los Krantz? - El rostro de Albert se oscurece levemente con preocupación y señala con la cabeza hacia el patio abierto del hotel, donde hay más mesas dispuestas, y varios comensales ya disfrutan de su desayuno bajo el sol de la mañana. Frunzo el ceño desconcertada ante la reacción de Albert y me giro, localizando a los aludidos sentados no muy lejos de nosotros. Me vuelvo a mirar a Albert. - ¿Por qué no te has reunido con ellos?
- Creo que Patty necesitaba hablar con su … joven amigo. - Masculla él.
- ¿Por qué? ¿Ha sucedido algo? - Albert se encoge de hombros.
- Supongo que ella nos lo contará a su debido tiempo. - Y continua bebiendo su taza de café como si nada, volviendo la vista al periódico. Pero a mí no puede engañarme, lo conozco muy bien, demasiado, y sé, no, percibo plenamente que todos los músculos de Albert están tensos como varas de acero. Y eso me desconcierta aún más. - ¿Qué pasa, Bert? - Él alza la vista con una ceja arqueada.
- Nada … ¿por qué?
Resoplo cansada. En fin, no voy a insistir, está visto que no está muy comunicativo. Supongo que ya me enteraré. Además, tengo mis propias preocupaciones. Tal vez sea buen momento para abordar el tema. Sigo bebiendo mi café, intentando calmar mis nervios, entreteniéndome en echar un vistazo alrededor.
Mujeres elegantemente vestidas, cuchicheando y coqueteando tras sus abanicos de plumas, hombres distinguidos ojeando la prensa o dedicando su atención a sus acompañantes, parejas paseando por los alrededores del hermoso patio repleto de flores multicolores, la pequeña orquesta tocando agradable música en una esquina de la estancia … cuadro los hombros, cerrando los ojos un instante, y con un suspiro vuelvo a mirar a Albert. Pero enseguida frunzo el ceño. Él está mirando más allá de mí, la mandíbula tensa y los puños crispados.
- Maldita sea, Albert, ¿vas a decirme de una vez qué es lo que te pasa? - Pregunto confusa, y me giró hacia donde Albert tiene fija la mirada, para ver cómo en ese momento Luke Krantz ayuda a Patty a levantarse del sillón de mimbre y la insta a acompañarlo al patio. - ¿Albert? - Le toco la mano apretada en un puño.
- ¿Qué?
- ¿Le pasa algo a Patty?
- ¿Qué? No, no … en absoluto. - Pero sigue con la mirada fija en la pareja que se aleja.
- ¡Albert! - Entonces él pega un respingo y por fin, se digna mirarme.
- Discúlpame, querida, es que …
- ¿Qué está pasando? - Veo cómo él se pasa las manos por el cabello, volviendo a caer sus mechas doradas en perfecto orden enmarcando su rostro de ángel, y suspira pesadamente, con una disculpa en su celeste mirada.
- Candy … perdona por tener que enterarte de esta manera y en estas circunstancias, pero es que todo ha sucedido … - Calla un segundo, frunce el ceño y bebe otro sorbo de café.
- Oh, vamos, Bert, ¡suéltalo ya! - Le pido nerviosa, y él se echa a reír.
- Está bien, está bien … Candy, estoy enamorado de Patty. Le he pedido que sea mi esposa y ella ha aceptado.
- ¿Qué? - Me atraganto con el café y comienzo a toser ahogadamente, haciendo que Albert se levante diligentemente y me ayude a incorporarme.
- ¡Candy! ¿Te encuentras bien? - Levanto una mano asintiendo y me limpio la boca con la servilleta, mientras Albert vuelve a sentarse. No sé si he oído bien ...
- ¿Qué has dicho?
- Estamos enamorados, Candy. Vamos a casarnos.
- ¡Dios mío! - Me llevo una mano a la boca. ¿Es posible?
Albert me toma de la mano y comienza rápidamente a relatarme a grandes trazos su historia de amor … Oh, Dios mío … es hermoso … ¿y todo eso ha sucedido delante de mis narices sin que me diera cuenta? ¡Vas de mal en peor, Candy! Pero una absurda y profunda alegría invade mi alma. Patty y Albert … dos de las personas que más amo en el mundo, ¿juntas? Demasiado bueno para ser verdad. Siento mis ojos llenarse de lágrimas. Oh, Stear … sé que estarías tan contento como yo.
- Oh, Albert … debisteis habérmelo dicho …
- No ha sido hasta hace nada, querida, que hemos decidido estar juntos …
- Y … ¿y la familia? ¿Y la tía … ? - Él menea la cabeza.
- Será complicado … - Me guiña un ojo cómplice y sonríe. - Pero sabes lo que me gustan los retos … - Aunque me doy cuenta de que sigue con la mirada fija en la entrada al patio.
- Estás preocupado, ¿verdad? - Asiente con gravedad.
- Sé que en este momento le está diciendo que no va a volver con él, a casarse con él … y no sé cómo va a reaccionar …
- Tranquilo, Patty sabrá llevar adecuadamente la situación …
- Eso espero, querida … - Me palmea la mano con cariño, y después de echar una última mirada hacia el patio me presta toda su atención. - ¿Y qué me dices de ti?
- ¿Qué?
- Vamos, pequeña, que soy yo. Sabes que puedes contarme lo que sea …
- ¿Qué sabes? - Lo miro suspicaz, Albert siempre me sorprende. Parece conocer mi cerebro mejor que yo misma.
- No sé nada. - Ríe. - Pero tengo mucha imaginación … - Le hago una mueca burlona, pero enseguida me pongo seria.
- Albert, Terry y yo queremos casarnos cuanto antes …
- Y deduzco que queréis casaros aquí, ¿cierto? Antes de volver a Chicago. - Me quedo estupefacta, mirándole con la boca abierta.
- ¿Qué? ¿Cómo sabes …? - Él asiente despacio. - Han sucedido ciertas cosas, Albert … - Susurro, un poco perdida.
- Sí, muchas cosas … - Contesta él, apretándome la mano.
-Patty-
Apenas he podido probar bocado, ya que estoy segura de que el alimento no podría pasar por mi garganta, dadas las circunstancias. He disfrutado del desayuno más tenso de mi vida con Luke intentando entablar una civilizada conversación con su hermana y conmigo, sin mucho resultado. La joven Clemence continúa enfurruñada, y he descubierto, algo sorprendida, ciertas furtivas miradas en mi dirección. ¿Qué le sucede? ¿Es posible enfadarse tanto por haberla obligado a volver al hotel anoche?
Estoy nerviosa, tan nerviosa que incluso me tiemblan las manos, y apenas puedo mirar a Luke a la cara y enfrentarme con sus ojos. Él me sonríe, intenta que me sienta cómoda, lo sé … y me rompo por dentro. Sé que no es justo para él … pero no puedo hacer otra cosa.
De pronto, Luke se disculpa un instante y la joven Krantz y yo nos quedamos solas.
- Supongo que serás sincera y romperás con mi hermano lo antes posible.
- ¿Qué? - No puedo creer lo que oigo. ¿Cómo es posible? Siento mi rostro arder como una hoguera y la miro parpadeando estúpidamente. - ¿Qué estás diciendo, Clemence? - Intento parecer ofendida, pero creo que puede más mi absoluta sorpresa y turbación. Ella me mira fijamente, sus ojos negros rezumando ira, y me estremezco, no puedo evitarlo.
- Te oí anoche. - Susurra muy bajo, acercándose ligeramente a mí, y contengo el aliento. Dios mío, ¿qué está diciendo? - Fui a hablar contigo. No podía dormir, y quise hablar con una mujer, alguien cercano … - Hizo un gesto de absoluto desprecio. - … y entonces te oí. Estabas con alguien … - Hubiera sido mejor que me hubiera dado una bofetada. Me echo hacia atrás inconscientemente. - … y no estabais hablando precisamente ...
- ¿Qué sucede? - Luke ha vuelto a la mesa sin que nos diéramos cuenta, y nos mira sorprendido. Parpadeo nerviosa intentando no ver la sonrisa maliciosa de Clemence frente a mí, y me levantó, las manos apretadas en mi regazo.
- Luke, he de hablar contigo ahora mismo. - Él me toma del brazo, parece preocupado.
- ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? - Mira a su hermana con el ceño fruncido.
- Sí, sí … paseemos un momento.
- Enseguida volvemos, Clem.
- Claro, no te preocupes. - Su tono de voz hace que se me erice la piel.
Noto la mano de Luke en mi cintura, guiándome hacia el patio abierto y quiero echar a correr. Alejarme de allí sin mirar atrás. Un deseo irresistible de volverme a mirar a William me invade, pero debo controlarlo en el acto, porque sé que si nuestros ojos se encuentran, voy a romper a llorar desconsoladamente y él va a estar en un segundo ante nosotros, propiciando una situación más embarazosa aún si cabe.
Llegamos a uno de los bancos apostados en el luminoso patio y me siento en el borde, respirando profundamente. Es mejor decirlo rápidamente, Patty. Me digo a mí misma. Noto que Luke se sienta a mi lado y me coge la mano.
- Estás temblando. - Susurra. - Sé que desde que hemos llegado a Nueva Orleans no estás bien. No soy un tonto que no se da cuenta de nada, Patty. Sea lo que sea, puedes contármelo, e intentaremos solucionarlo. - Consigo mirarlo tragando con fuerza. - Esa es la base de una buena relación.
- Ese es el problema, Luke. - Acierto a balbucear.
- ¿Qué?
- Lo nuestro es imposible.
- ¿Imposible?
- No podemos casarnos.
- No entiendo … - Veo su absoluta confusión, mirándome con el ceño fruncido.
- No te amo, lo siento. - De pronto, él suelta una carcajada, haciendo que me sobresalte. Ahora soy yo la sorprendida.
- ¿Eso es todo? ¿Que no me amas? - Sus ojos negros brillan, y no puedo evitar estremecerme. - Lo sé de sobra, querida. Y opino que es natural. Apenas nos conocemos. Supongo que no creerás que estoy loco por ti, ¿verdad?
- Pero …
- Te deseo, Patty … y me gustas mucho. El amor es algo secundario. - Hace un gesto con la mano mientras yo le estoy mirando con la boca abierta. - Vendrá con el tiempo. Primero te daré placer … - Me mira sensualmente y yo bajo la cabeza cohibida. - … haré que disfrutes de nuestras relaciones. Nos entendemos, estamos bien juntos … y sé que el sexo va a ser muy satisfactorio. - Me ruborizo, no puedo evitarlo. - El nuestro es un buen arreglo. ¿Es eso todo lo que te preocupa?¿El amor? - Se encoge de hombros. - Tenemos toda la vida para preocuparnos por el amor. - Dios mío.
- Luke … - carraspeo, ahora o nunca- … estoy enamorada de otro hombre.
- ¿Qué? - Esta vez se ha sorprendido realmente, echándose hacia atrás.
- Estoy enamorada de otro … y voy a casarme con él. Lo siento.
- ¿Casarte? ¿Pero qué estás diciendo? ¿Estás loca? - Yo niego con la cabeza, temblando ante su negra mirada.
- Llevamos tiempo enamorados … me ha pedido que nos casemos … y voy a hacerlo. No puedo volver a Jacksonville contigo … lamento todo esto, de veras, pero …
- ¿Tú te estás escuchando? - Me interrumpe, alzando la voz. - No dices más que sandeces, Patty.
- No, yo … - Se ha acercado a mi rostro, sujetándome el brazo y yo contengo la respiración.
- Ahora mismo vamos a ir a hacer el equipaje y nos vamos a marchar a la estación. Creo que estás totalmente confundida por tus sentimientos, y lo mejor es que volvamos a casa. - Me aparto casi con brusquedad.
- ¿Qué estas diciendo? ¿No has escuchado nada de lo que he dicho?
- ¡Por supuesto que he escuchado! - Veo que está haciendo verdaderos esfuerzos por calmarse. - Y sólo he oído estupideces. Vamos, Patty.
- No voy a irme de aquí, Luke. - La ira está haciendo presa de mí. Este hombre que tengo delante no es el joven que creía conocer. Entiendo su dolor, su ofuscación, pero está irracionalidad en su actitud no la comprendo.
- Por supuesto que lo harás. - Susurra con furia y me toma por el brazo con fuerza, alzándome del banco.
Y entonces, súbitamente, noto cómo arrancan a Luke de mi lado, y observó aterrada que William tiene a Luke agarrado por el cuello, los rostros de ambos muy cerca, rojos de ira.
- Caballero, le aconsejo que se aparte de la señorita en este mismo instante. - La grave voz de William no deja lugar a réplica, pero sé que Luke no va a darse por vencido. Se desase de su interlocutor con brusquedad y retrocede unos pasos con el rostro desencajado.
- Oh … - Su rostro se transfigura en una mueca de desprecio y asco. - Oh, ya comprendo … - Nos mira primero a uno y después al otro, taladrándonos con sus negros ojos. Yo siento las lágrimas rodar por mis mejillas. - Mis sospechas no eran infundadas después de todo … - Me estremezco ante su mirada. - Me engañaste muy bien … conmigo te hacías la virtuosa mientras te abrías de piernas para él …
Todos nos sobresaltamos al ver estrellarse el puño masculino en su rostro. Luke cae al suelo y William se echa sobre él.
- ¡William!
Varios hombres se acercan rápidamente a intentar separarlos, mientras Candy y Clemence se acercan. Yo estoy sollozando, la mano en la garganta … y percibo que estoy al borde de mis fuerzas. Noto el brazo de Candy rodear mi cintura.
Consiguen separar a ambos hombres y Luke se desase de los que le sujetan con brusquedad.
- ¡Suéltenme! - Y tras una mirada de profundo rencor hacia William y hacia mi persona, coge a su hermana por el codo y se despide. - No sabes lo que has hecho.
Y se alejan, mientras el resto de personas se va dispersando y William se disculpa con varios caballeros.
- ¿Todo bien? - Oigo la preocupada voz de Candy, pero parpadeo ante la negrura que se abre ante mí, y lo último que siento es que estoy cayendo en el vacío.
