-Candy-

Quedan pocas horas para el amanecer, e inevitablemente, sigo sin poder conciliar el sueño. Sé que los nervios y la excitación pueden conmigo, pero voy a tener una cara espantosa … y debería estar radiante el día de mi boda.

Apenas puedo creer que lo hayamos conseguido. Bueno, más concretamente, que Terry y Albert lo hayan conseguido, ya que parecía algo imposible. Pero en apenas seis días, aquí estamos, en vísperas de cumplir nuestro sueño … y además, compartiendo nuestra felicidad con la de nuestros mejores amigos. ¿Cómo podría dormir? Estoy tan nerviosa que podría explotar en este instante.

Cuadro los hombros y me dirijo al baño, intentando no hacer ruido. Patty por fin duerme profundamente, y sabe Dios que lo necesita aún más que yo. Desde que se desmayó en el comedor del hotel, después de la desagradable pelea con los Krantz, ha estado sumergida en un mar de desazón, culpa y nervios. Apenas Albert ha podido arrancarle un par de sonrisas. Le puede la situación. Se siente responsable y culpable de lo que pueda sucederle a Albert … de lo que pueda suceder con ellos a partir de ahora … y no la culpo. Indirectamente, yo siento lo mismo. Pero tal y como le he repetido a Patty un millar de veces en estos días, hemos de sobreponernos. En pocas horas, nos uniremos a los hombres que amamos … sin que ya nada ni nadie pueda hacer nada al respecto.

Al encender la luz, mi ojeroso rostro se burla de mí a través del espejo. Ay, Dios mío, qué facha. Meneo la cabeza y me paso las manos por los pómulos. Tal vez Terry se arrepienta al verme y eche a correr a Inglaterra solo … ante dicho pensamiento, me muerdo el labio para no soltar una carcajada, e imágenes de mi futuro apuesto marido llenan mis ojos. Suspiro profundamente y entrecierro los ojos acariciándome los brazos. Ciertamente, lo echo de menos. Es la primera noche en casi diez días que no voy a dormir con su cuerpo desnudo abrazado al mío.

Parpadeo, realmente sorprendida, de que me haya habituado a esta nueva situación de forma tan natural. Simplemente, no puedo imaginar cómo era mi vida antes de que apareciera de nuevo Terry en ella … y si me pongo a hacer cálculos … ¡vaya! Apenas han pasado … ¿tres meses?

Me lavo el rostro con agua fría en un intento de calmar mi tensión. Han sido días duros, cargados de nervios e incertidumbre. Apenas llevamos a una deshecha Patty a su habitación después de la pelea, y Albert comenzó a organizarlo todo para cambiarnos de hotel, alquilando sendas suites en uno algo más apartado del centro, pero con todas las comodidades que pudiéramos desear. Esa noche no pudimos ir a ver a Terry al teatro, a pesar de que Albert e incluso la propia Patty me insistieran en que fuera yo, ya que Patty no se sentía con fuerzas para nada. Pero Terry estuvo de acuerdo con nuestros planes en todo momento, sin ninguna queja, sin ninguna duda … embarcándose con Albert en ese viaje imposible de conseguir las licencias y gestionar todo el papeleo para poder convertirnos en marido y mujer.

Hubo algún momento en que pensé que no lo lograrían. Los nervios y el desaliento casi acabaron con todos nosotros en más de una ocasión. Pero afortunadamente, mañana terminará todo. Aunque después deberemos afrontar pruebas aún peores …

Me encojo de hombros e intento sonreír. Todo a su tiempo, Candy, no te adelantes …

Apago la luz y avanzo a tientas por el oscuro pasillo hasta la habitación en penumbras. El aire de Nueva Orleans, caluroso y pesado, carga la estancia de sopor. Oigo la suave y rítmica respiración de Patty en las sombras mientras me acerco a los maniquíes que portan nuestros vestidos de boda. Acaricio delicadamente la suave tela del mío e intento sonreír, aunque tengo los ojos llenos de lágrimas. Los amados rostros de la Srta. Pony, la hermana María, Annie y Archie invaden mi mente. Ojalá estuvieran aquí … aunque espero que sepan comprenderlo.

Observo el hermoso vestido suspirando, rememorando los preciosos ojos zafiro que tanto amo recorrer mi piel … y mi cuerpo reacciona sin poder evitarlo. Fue un acuerdo tácito entre los cuatro el de no dormir juntos la víspera de la boda. Aún siento ganas de soltar la carcajada al recordar la cara que puso Terry al oírlo … y ahora me arrepiento un poco … pero no, debemos ser prudentes y responsables. Tenemos toda la vida para estar juntos.

Oigo a Patty removerse un poco en el lecho y me aparto de los vestidos, dirigiéndome a la cama. Es muy tarde, debo intentar dormir unas pocas horas.

-Terry-

Mientras el agua caliente cae por mi piel y relaja mis músculos, levanto los brazos para estirar el cuerpo y aprovechar estos preciosos instantes para reordenar mis pensamientos y centrarme. Hoy es el día de mi boda. Hoy voy a convertir a Candy en mi esposa.

Abro los ojos y dejo que el chorro de agua moje mi rostro con fuerza. Apenas puedo creer que mi sueño vaya a hacerse realidad. Casi siento pánico de despertar de pronto y encontrarme enterrado en vida en Nueva York, atado a una celosa obsesiva compulsiva, llorando por mi amor perdido.

Pero no, ella es real, está aquí, a apenas unos metros de distancia … tan hermosa, tan viva … y ha aceptado convertirse en mi compañera.

- ¡Terry! ¡No te demores!

La voz de Albert interrumpe mis ensoñaciones con el cuerpo de una diosa de ojos verdes y quiero echarme a reír a carcajadas de puro regocijo.

Salgo de la ducha, secándome con fruición, mientras Albert irrumpe en la estancia llena de vapor.

- Maldita sea … - Veo su gesto de fastidio. – Esto parece una verdadera sauna …

- Eso es lo mejor de las duchas.

- ¿De veras? – Mi amigo arquea una ceja mientras se acerca a la ventana y la abre de par en par, dejando entrar el aire matutino.

- ¡Eh! ¿Quieres sabotear mi boda con un resfriado?

- No, quiero poder respirar para poder llegar vivo a la mía. - Suelto una carcajada saliendo del baño, mientras oigo la risa de Albert haciéndome coro a la vez que abre el grifo del agua.

Una vez en la habitación, nuestros trajes nos saludan desde el centro de la estancia.

De pronto, unos toques en la puerta llaman mi atención y me acerco a descubrir quién es, con la toalla rodeando mis caderas.

- Buenos días, señor.

- Buenos días, Higgins. – Sonrió a mi competente asistente y lo dejo pasar, volviendo a la habitación, con el británico pisándome los talones.

- Vamos muy bien de tiempo, señor, – vaya, Higgins, gracias por no ponerme más nervioso de lo que ya estoy – pero quizá deberían comenzar ya ha vestirse … - ¿realmente?

Me quito la toalla de las caderas y procedo a secarme el cabello con fuerza. Lo cierto es que no puedo estarme quieto ni un segundo. He pasado una noche de mil demonios. Sin apenas pegar ojo y muriéndome de deseo por una hechicera que apenas tenía a unos metros de distancia. ¿De quién fue la maravillosa idea de tener que dormir separados la víspera de la boda?

Meneo la cabeza y aprieto los labios, cogiendo de manos de Higgins mi ropa interior y mis pantalones para ponerme todo con rapidez. Necesito un cigarrillo … he prometido a Candy que dejaré de fumar, o que al menos intentaré dejarlo, una vez se convierta en mi esposa, pero en este momento, no puedo pensar en nada más adecuado para calmar mis nervios. Siento que el corazón va a salírseme del pecho.

Veo cómo Albert entra a la habitación después de una vigorizante ducha, y saluda a Higgins con su deslumbrante sonrisa. Voy a aprovechar la circunstancia.

- Necesito ir al baño un segundo. – Y salgo sin mirar atrás. Sé que Albert no va a dejarme fumar en la habitación, así que huiré al baño para dar rienda suelta a mi adicción.

Mientras aspiro profundamente el humo del cigarrillo, apostado frente a la ventana abierta del baño, noto cómo mis tensos músculos se relajan. Sigo estando tremendamente nervioso, pero creo que podré centrarme en mi objetivo. Cierro los ojos unos instantes e intento pensar en qué momento podré descansar, con mi esposa entre mis brazos, y relajarme sin presiones, sin quebraderos de cabeza, sin problemas … no he parado un instante desde … bueno, realmente ni recuerdo desde cuándo.

Unas atenuadas voces femeninas interrumpen mis cavilaciones y frunzo el ceño, girando la cabeza hacia el origen del sonido. Y no puedo evitar que una maliciosa sonrisa curve mis labios. Tiro el cigarrillo por la ventana y me incorporo, acercándome a la puerta. Una puerta que comunica, lo sé muy bien, con la suite contigua. Una puerta que he querido atravesar mil veces durante la eterna y solitaria noche que he pasado. Una puerta que sé que me va a dar una hermosa vista de mi futura esposa … aunque tal vez ella acabe conmigo por romper la tradición … aprieto los labios y mi sonrisa se acentúa. ¿Me atreveré?

Me acerco a la puerta y las voces femeninas se hacen más audibles. Respiro profundamente y abro la puerta de par en par.

Candy y Patty pegan un respingo y Patty grita al verme, mientras huye despavorida por la puerta, ya que ambas están en ropa interior.

- ¡Terry! ¿Qué estas haciendo? – Me cuelo rápidamente en el baño contiguo y la atrapo por la cintura, cerrando la puerta por la que ha salido Patty, mientras mi diosa intenta apartarse, golpeando mi hombro enfadada. - ¿Por qué has hecho esto? ¡Nos traerá mala suerte! – Intento besarla, pero ella me da una bofetada echando chispas con sus ojos verdes.

- Ouch … - La miro compungido y aflojo un poco el abrazo.

- Te lo tienes bien merecido.

- Perdona, amor, pero …

- ¡Nada de peros, Terry! ¿Cómo se te ocurre? – Ella intenta apartarse, pero yo no la dejo, intentando que nuestros ojos se crucen. – Déjame, tengo muchas cosas que hacer … y tú también.

- De acuerdo, pero … - La inmovilizo contra mí.

- ¡Terry! ¡Suéltame!

- Sssshhh … señora Graham … - Susurro muy cerca de sus airados labios.

- Aún no. – Ella me mira de pronto fijamente, enfadada. – Y ciertamente, me lo estoy pensando … - Yo sonrío, observando su hermoso rostro a placer, mientras el calor de su cuerpo invade peligrosamente mis defensas.

- Lo siento … - Ella frunce el ceño. - …de verdad. No sé qué me ha pasado. He sido estúpido.

- Muy estúpido.

- Muy estúpido. – Enfatizo. Y veo cómo ella intenta por todos los medios continuar demostrando su enfado, aunque cada vez le cuesta más. – Pero no he podido evitarlo …

- Venga, Terry … déjame ya … - Su voz suena resignada.

- Sólo si me perdonas …

- Esto puede traernos mala suerte.

- Ya nunca podremos volver a tener mala suerte, amor mío. – Ella menea la cabeza, y me parece ver un atisbo de sonrisa. - Di que me perdonas.

- Está bien, te perdono. – Noto cómo se relaja en mis brazos y aflojo un poco su cintura. – Pero sólo porque no has visto el vestido.

- ¿Un último beso?

- ¡Terry! – Me golpea el hombro. – Eres imposible. – Me acerco suavemente a sus jugosos labios y ella me besa suavemente.

- ¿Eso es todo? – Arqueo una ceja, chasqueando la lengua. – Voy a tener que enseñarle lo que es un beso de verdad, señora Graham.

- Aún no. – Yo sonrío y siento cómo ella suspira, mientras mis manos acarician sus caderas.

- Siempre lo has sido.

Y mis labios se apoderan de los suyos, suaves al principio, pero pronto siento la humedad de su boca en la mía, y mi lengua comienza lentamente a saborear esa dulce y jugosa fruta rosada que se abre despacio para mí. Me concentro en el beso, en lo que me hace sentir, en sus tímidos pero ya más audaces avances, rozándose conmigo … sus manos, como plumas, posadas en mis hombros desnudos … y mis propias manos cobrando vida desde sus caderas hasta sus nalgas desnudas … noto la excitación de mi cuerpo y sé que debo parar al instante. Respiro jadeante en sus labios, como si hubiera corrido una carrera. Sus verdes ojos son un límpido espejo de sentimientos, me abruman, me atrapan.

- No tengo fuerza para apartarme … - Susurro. - … debes hacerlo tú … - Ella asiente, sin sonreír, y sé que comprende perfectamente lo que siento.

- Hasta ahora. – Se despide suavemente.

- Hasta ahora, mi amor.

-Candy-

Mis ojos se dirigen indirectamente hacia el ventanal por el cual entra a raudales la luminosa luz del sol, que invade cada rincón de esta esplendorosa mañana del 27 de julio de 1921: el día de mi boda.

El espejo de cuerpo entero me devuelve una imagen casi irreconocible. Patty dice que estoy deslumbrante, pero yo simplemente me veo diferente. Tal vez sea el vestido blanco, que a pesar de ser muy sencillo, no deja de tener un toque nupcial, de tirantes, de largo asimétrico, hasta un poco más abajo de las rodillas, cayendo como una fina capa adherida a mi piel y marcando mis curvas, a juego con los zapatos de tacón y el cabello recogido … no sé … tal vez sólo estoy nerviosa … expectante. ¿Qué pensará Terry cuando me vea?

Observo a Patty plantada a mi lado, analizándose ante el espejo, al igual que yo, y sé perfectamente cómo se siente. No puedo evitar sentir que el corazón se me llena de amor y cariño por esa joven que ha compartido tanto conmigo … me duele el alma por no tener a Annie junto a mi en este día tan especial, pero al mismo tiempo se me llena de calor por poder compartir con Patty el día de mi boda … ¡el día de nuestra boda!

Casi como en trance me encuentro de pronto bajando por el ascensor de servicio, que el director del hotel ha puesto muy amablemente a nuestra disposición para no tener que sufrir las miradas de la gente de recepción y del hall, y en unos minutos, el taxi que nos estaba aguardando se dirige presuroso al juzgado de paz donde se oficiará la ceremonia.

Veo cómo Patty, enfundada en su vestido blanco marfil, hermosa y deslumbrante, retuerce instintivamente el pequeño ramillete de rosas entre sus temblorosas manos, y en un impulso, alargo la mía para estrechar la suya. Ella me sonríe con valentía.

- ¿Nerviosa?

- ¿Tú no? – Yo dejo escapar una pequeña risa histérica, y Patty se echa a reír conmigo.

Llegamos inusitadamente rápido al juzgado, y observo que Higgins ya está en su puesto, aguardándonos para acompañarnos al interior. Entramos a una pequeña sala, mientras Higgins nos explica que la ceremonia va a celebrarse en la sala contigua, y que la primera será la del señor Andrew con la señorita O´Brien. Al oír eso, siento que Patty contiene la respiración a mi lado, y le estrecho la mano con fuerza.

Todo sucede casi sin apenas darme cuenta. Lo único que escucho son los atronadores latidos de mi corazón. Veo cómo Patty se coloca en su lugar y entra a la sala con paso tembloroso. Higgins discretamente me señala que puedo observar la sala contigua sin ser vista a través de un panel estratégicamente colocado, y mi corazón se alboroza, ya que así podré presenciar la boda de Albert y Patty.

Suspiro, contenida, al descubrir a Terry plantado ante el juez, al lado de Albert, en calidad de padrino. Está simplemente arrebatador. Aún no puedo creer lo que está sucediendo y siento que mis ojos se llenan de lágrimas, por lo que parpadeo rápidamente, ya que si no, voy a echar a perder todo mi maquillaje.

Solo mirar el rostro de Patty y casi me siento cegada por la luminosidad de su rostro. La joven insegura y nerviosa ha desaparecido. La mujer deslumbrante que se acerca a los jóvenes solo tiene ojos para el hombre que la espera arrobado y enamorado, ansioso por unir sus vidas.

Me pierdo en recuerdos y en sentimientos … Albert y Patty juntos, contrayendo matrimonio …

- Señorita Andrew … - Higgins me toca el brazo delicadamente y me sobresalto. – Siento haberla asustado, pero es la hora.

-Terry-

Albert y Patty se dan su primer beso de casados mientras yo aplaudo sonriente, sin poderlo evitar, mientras Albert sonríe como si se le fuera a partir la cara y Patty mira alrededor arrebolada. Me acerco a besarla en la mejilla y abrazo a Albert, quien palmea mi espalda.

- No es nada difícil, tranquilo. – Me susurra al oído sonriente, y yo trago saliva y arqueo las cejas, yendo a colocarme en mi lugar.

La puerta se abre lentamente y cierro los ojos un segundo. Allá vamos, el momento a llegado. ¿Es esto lo correcto? ¿Podré hacerla feliz? ¿Estoy siendo egoísta? ¿Tengo derecho a arrastrarla tras mis problemas? Las dudas me atenazan un segundo y siento que me sudan las manos. Respiro profundamente para calmarme y abro los ojos.

Inmediatamente ella llena mi campo de visión y contengo el aliento. La mujer más hermosa de la tierra me observa con sus maravillosos ojos verdes, acercándose lentamente a mí. Las dudas se evaporan como el humo. Ya no hay nadie más, nada más importa. Solo ella y yo, de pie ante el juez, pronunciando suavemente las palabras que nos unirán por el resto de nuestras vidas. No oigo nada, no veo nada más que ella frente a mí, llenándolo todo, dando significado a mi existencia. Mi futuro está en esos ojos verdes.

-Candy-

Al entrar por la puerta de la suite en brazos de mi esposo, entierro el rostro en su cuello al encender él las luces y me echo a reír. Terry traspasa el umbral conmigo y mis zapatos de tacón en una mano, cerrando tras de sí con el pie.

- ¿Qué le hace tanta gracia, señora Graham?

- Nada … simplemente, que soy muy feliz.

Mi esposo baja la cabeza un instante, besándome en los labios y avanza con seguridad hacia el gran lecho del centro de la estancia, depositándome suavemente en él, mientras observo cómo comienza a quitarse la chaqueta y a desabrocharse la corbata y la camisa.

Ambos estamos sudorosos, algo sofocados, ya que ha sido un día verdaderamente intenso … pero pocos puedo recordar tan felices. Los cuatro de mutuo acuerdo habíamos decidido disfrutar plenamente del día de nuestra boda, y así ha sido. Sabemos todo lo que debemos afrontar en los próximos días, y de hecho, mañana a mediodía partimos hacia Jacsonville, pero este día era nuestro.

Tras la ceremonia, hemos ido a almorzar a un elegante restaurante, con todo lujo de detalles. Comida, bebida … y mucha alegría. Los nervios han desaparecido, y todos y cada uno de nosotros queríamos dejar a un lado por unas pocas horas todas las preocupaciones. La tarde ha transcurrido casi sin que nos diéramos cuenta, y hemos terminado bailando en varios clubes y escuchando jazz. Ya los cuatro libres. Libres para amarnos sin reservas, sin limitaciones.

Aún no me acostumbro a ver a Albert y Patty prodigarse mil gestos de cariño, pero cada vez que sucede, mi corazón se llena de felicidad.

Me estiro en la cama y gimo suavemente. Estoy agotada. No me había dado cuenta hasta ahora de lo cansada que estoy.

- Ven aquí, señora Graham, voy a ayudarte con ese vestido. – Sonrío con los ojos cerrados y los entreabro a tiempo de ver cómo Terry alarga una mano. Lo lanzo sobre mí y se echa a reír. – Eh, querida, no quiero hacerte daño … - Me muevo bajo él para levantar un poco mi ya echado a perder vestido nupcial, y rodeo sus caderas con mis muslos. – No deja de sorprenderme nunca, señora …

- ¿Por qué? – Él me muerde el labio.

- Porque creía que estabas verdaderamente agotada …

- Y lo estoy … - Lo beso con más ansiedad. - … pero te deseo más a ti … - Él corresponde a mi beso con rotundidad, comenzando a encender mi cuerpo. – Me encanta … - Rodamos juntos, poniéndome a horcajadas sobre él.

- ¿Qué te encanta? – Terry susurra con voz ronca, haciendo que mi cuerpo arda.

- Cómo suena … - Arquea una ceja intrigado, mientras me ayuda a desabotonar mi vestido. – Señora Graham … - Y veo cómo mi marido sonríe.

-Patty-

Estoy casada. Soy una mujer plena y satisfactoriamente casada con el hombre más maravilloso de la tierra. Un hombre que me colma de felicidad y amor … y con el que he llegado a experimentar el placer más inmenso. Cada vez es más excitante, más estimulante. Me pasaría la vida entera metida en una cama, en cualquier parte del mundo, con William a mi lado, haciéndome el amor.

Siento ganas de reír y me muerdo el labio, girando la cabeza para descubrir esos sensuales ojos observando mi cuerpo desnudo.

- ¿Todo bien? – Pregunta risueño. Yo acarició su rostro.

- Perfectamente bien … - William besa mi hombro y yo me acurruco contra él.

- Quiero que sepas que hoy ha sido uno de los días más felices de mi vida …

- Oh, William … - Alzo el rostro para rozar sus labios.

- Te quiero … - Su ronco susurro produce escalofríos en mi cuerpo. Acarició, ya con seguridad, su pecho cincelado y entierro el rostro en su cuello. Su aroma varonil invade mi nariz, haciendo que mis curvas se aprieten más contra su duro cuerpo. Noto que sus manos acarician mis nalgas y la base de mi espalda, y suspiro suavemente.

Estoy excitada de nuevo. Es increíble. Simplemente con el roce de un solo dedo de mi esposo, mi cuerpo entra en un estado tal de ebullición que a veces, incluso temo que me falte el aire de verdad. Dedos que ahora se aventuran por mi cadera, mi abdomen, mi pecho … jadeo un poco mientras William atrapa mi boca y me besa profundamente, acentuando sus caricias.

- Voy a volver a hacerte mía, señora Andrew …

- Oh, sí, por favor, hazlo … - Gimo, y oigo la grave risa masculina en mi oído.

Nuestros cuerpos comienzan a hablar un lenguaje que entienden a la perfección. No se oye nada más en la estancia que nuestros suspiros y jadeos. Mi hermoso marido está activando los resortes para que mi cuerpo entre de lleno en el paraíso …

Pero … no … algo no va bien. Mi cuerpo me traiciona … mi estómago se contrae …

- Patty … -William se aparta un poco y me observa intrigado. - ¿Qué sucede?

- Yo … - Me incorporo un poco, parpadeando mientras trago saliva, intentando controlar la náusea que está invadiendo mi garganta.

Y entonces echo a correr al baño, llegando apenas al retrete para vomitar compulsivamente.

Oh, Dios … me siento fatal. Me agarro a los bordes, respirando agitada, sintiendo que William entra al baño y se arrodilla a mi lado.

- Cariño, ¿estás bien? ¿Quieres un poco de agua?

- Lo siento … - Me paso una mano por la frente sudorosa, lamentado profundamente el tono preocupado de la voz de William.

- No te disculpes, amor mío, no pasa nada. – William me sujeta la cintura mientras me incorporo un poco … pero entonces otra desagradable náusea traspasa mi cuerpo y me precipito al retrete de nuevo.

Me encuentro fatal. Mi estómago es una montaña rusa y me siento mareada … intentando que William no lo perciba.

De pronto, algo fresco roza mi rostro y pego un respingo.

- Sssshhh, tranquila, mi vida, es un paño mojado … te hará bien … - Me dejo caer contra William mientras él moja mi rostro y mi frente con el paño, y suspiro, sintiendo unas absurdas ganas de llorar de rabia y vergüenza.

- He arruinado nuestra noche de bodas …

- No digas tonterías, amor mío … - William me besa el cabello.

- Quizá haya sido el champán, o …

- Demasiadas emociones, no cabe duda. Ahora, en cuanto te encuentres un poco mejor, pediré una infusión que te hará bien.

Asiento, dejando que él controle la situación. No tengo fuerzas. Y de hecho, ya me encuentro un poco mejor.

Al cabo de unos instantes, me incorporo y dejo que William me ayude a ponerme en pie.

- ¿Bien? – Me observa fijamente, intranquilo, y yo intento sonreír, agarrándome al lavabo y abriendo el grifo de agua fría.

- Estoy mucho mejor, de veras.

- Voy a pedirte la infusión. Estoy aquí mismo, cariño, ¿de acuerdo?

Yo asiento sin mirarle, mientras él sale del baño. Suspiro profundamente y observo mi rostro en el espejo. La imagen no es muy agradable. Me hago una mueca a mí misma. ¡Vaya, Patty! Tú sí que sabes disfrutar de la noche de bodas.

Pero, ¿por qué me habré puesto así? Me lavo la cara con agua fría y suspiro, intentando volver a ser dueña de mi cuerpo. Supongo que algo me habrá sentado mal. O tal vez esté a punto de tener el periodo …

Un momento. Mis ojos me taladran desde el espejo, abiertos de par en par. Intento recordar los acontecimientos de estos dos últimos meses … no, no es posible … vuelvo a agarrarme de nuevo al lavabo con fuerza. Dios mío, ¿cuándo fue la última vez que tuve el periodo?