-Annie-

Estamos en pleno agosto, a mitad de mes, y el calor es sofocante. Noto cómo gotas de sudor se deslizan por mi cuerpo, y mi fino y corto vestido veraniego apenas es una engorrosa tela pegada a mi piel. He prescindido del molesto corsé, ya que sería mi muerte en estos días, así que sólo llevo un sujetador. ¿Por qué no inventarán algo más cómodo para la ropa interior de la mujer?

La fina arena de la cala de Matt roza mis pies desnudos y respiro profundamente, buscando aire fresco. Espero que él ya haya llegado … y su simple recuerdo me hace sonreír, pero enseguida me regaño a mí misma. Es una sensación agridulce y tensa que va a acabar conmigo. Este choque emocional es devastador. No puedo dejarlo … pero no debería aceptarlo. Hace cinco días he recibido por fin la visita de mis queridos padres, y apenas podía mirarles a los ojos. ¿Cómo explicar que me he enamorado de un hombre que no es mi esposo? ¿Cómo explicar que me muero de deseo de que me bese, me toque, me …? No, debo detener ahí mis pensamientos. No he podido verbalizar aún estos sentimientos, ni siquiera con mis amigas. Y ellas … ellas han sido tan sinceras y maravillosas … estoy deseando verlas. Ojalá pudiera hablarles de Matt. Contarles cómo es. Hablarles de su sonrisa, de sus hermosos ojos que hacen que te sientas la mujer más bella de la tierra, de sus conversaciones, de sus bromas pícaras … de su boca dulce … y salvaje también … Hace dos días recibí carta de Candy y Patty. ¡Se han casado, Dios mío! Han roto con todas las normas … y ciertamente, me alegro por ellas. Sé que la vieja Annie no hubiera estado de acuerdo conmigo, pero afortunadamente, ella ya no existe. ¡Vaya, Annie! ¡Quién lo hubiera dicho! Apenas de reconozco a mí misma.

Me froto los brazos y siento ganas de reír. Increíblemente, me siento de maravilla. Mi vida es un caos … y me siento como nunca en mi vida. ¿Tiene sentido?/

Mis padres están deseando que vuelva a casa … y yo me retuerzo de miedo ante esa posibilidad. Archie ha cumplido su palabra y no ha aparecido … y sé que no lo hará. Candy y Patty me han comentado que no han podido estar con él al volver a Chicago, ya que Archie había partido a un viaje a Montana a finales de julio del cual todavía no había regresado. ¿Volver a Chicago? Sé que es una realidad que desgraciadamente está más cerca de lo que quiero creer. ¿Y qué puedo hacer? Nada, Annie, no puedes hacer nada …

Frunzo el ceño y entonces noto que unos suaves dedos me acarician la nuca y siento los ya familiares escalofríos recorrer mi cuerpo, cuando me doy la vuelta y me encuentro con esos sensuales ojos ambarinos.

- Llegas tarde. – Pero estoy sonriendo, no puedo evitarlo.

- Mis disculpas, – Dice él, cogiéndome por la cintura. – quería matar a los de la estación por hacer esperar a mi dama, pero me he contenido. – Acerca su rostro al mío y me besa suavemente. Yo acarició su bien formado hombro.

- ¿Qué tal el viaje?

- Aburrido sin ti.

- ¡Matt! – Le doy un golpecito en el brazo con una mueca y él se echa a reír.

- Estaba deseando volver … - Sus ojos brillan y yo me muero por dentro. Oh, te amo, nunca pensé que sentiría algo así … y sin embargo, te amo … pero estoy deseando gritar de rabia. ¿Por qué? ¿Por qué es todo tan complicado? Me deshago suavemente de su abrazo e intento sonreír. Él frunce el ceño un segundo, nada se le escapa, pero disimula tan bien como yo.

Llevamos más o menos un mes juntos, desde aquel primer beso en la orilla del lago, antes de su viaje a Nueva York. Ese fin de semana fue un infierno de dudas y culpabilidad. Pero en cuanto el domingo por la noche me presenté en la cala pensando en cómo finalizar aquella situación y vi su atractivo rostro tan compungido y dolido como el mío, no pude hacer otra cosa que echarme en sus brazos. Y desde entonces, las cosas han ido rodadas, naturales, fluidas … Matt es perfecto incluso en eso. A pesar del deseo sexual latente entre nosotros, no voy a tratar de negar lo evidente, ambos nos estamos dejando nuestro espacio, adaptándonos el uno al otro, yendo a nuestro propio ritmo. Jamás pude hacer eso con mi esposo … ¿por qué? Con él me sentía … no sé, me sentía mal, me cerraba totalmente … quería que acabara cuanto antes, era doloroso, horrible … y sin embargo, con Matt … con él todo es diferente. Han vuelto mis antiguos pensamientos, cubriéndome de dudas … pero esta vez, mis deseos me traicionan, y sé que está mal, lo sé muy bien, él no es mi marido … pero he descubierto un mundo que jamás creí que existiera. No puedo resistirme a él … sí, eso es, no puedo resistirme. Ahora comprendo por qué la gente tenía un concepto tan distinto al que me inculcaron a mí. Oh, madre, ¿qué hiciste? O más bien … ¿qué te hicieron a ti?

- ¿Estás bien, nena?

- Claro que sí. ¿Te apetece un baño? – Matt me observa algo sorprendido.

- Pero no has traído bañador …

- ¿Y? – Le miro con picardía, intentando no sonrojarme, y él se echa a reír.

- ¿Qué me dices de otro tipo de baño?

- ¿Otro tipo de baño?

- Eso es. – Me guiña un ojo y me tiende la mano, riendo ante la cara de tonta que se me debe haber quedado.

-Matt-

Observo sus preciosas caderas moverse delante de mí, mientras sale por las puertas acristaladas de la parte de atrás de la cabaña y descubre la gran bañera redonda al aire libre que mandé construir hace un tiempo. Está en la base de una pequeña terraza, rodeada de rocas por todos lados. No conozco un lugar más íntimo y discreto que este. Se da la vuelta y arquea las cejas. Dios, es tan hermosa … joder, Matt, te estás enamorando. Pero, ¿qué demonios estás haciendo? He pensado una y mil veces en poner punto y final a esta locura … pero no puedo. No hago más que repetirme que es una mujer casada, que pronto deberá volver a Chicago con su familia … y ello hace que se me desgarre el alma. Hemos hablado muchas veces de nuestros sentimientos, pero el contacto íntimo es más complicado. Tanto ella como yo hemos sufrido con ese tema … así que creo que ambos estamos a la expectativa … pero si llega el día en que la haga completamente mía, creo que voy a volverme loco y a secuestrarla. Siento en cada poro de mi ser que ella debería ser mi esposa, debería estar conmigo siempre, viajando conmigo, dando a luz a mis hijos …

- ¿Matt? – Annie me observa preocupada, he debido perderme en mis cavilaciones, y enseguida sonrío para tranquilizarla.

- Dime, ¿te atreves? – Me acerco a la gran bañera y abro los grifos de agua caliente y fría. Con el calor que hace, más bien un baño refrescante …

- ¿A meterme ahí contigo? – Nuestros ojos se encuentran y el deseo me posee y me nubla la mente. Respiro hondo.

- O quizá prefieras meterte tu sola … - Veo cómo ella levanta los ojos al cielo y cabecea, y no puedo evitar reír. Me quito con fingida indiferencia la camisa y la echo en uno de los divanes, mientras hago que compruebo la temperatura del agua y vigilo cómo Annie comienza a bajarse lentamente el vestido. - ¿Necesitas ayuda? – Ella niega con la cabeza y la noto muy tensa. – Annie escucha … sabes que puedes estar perfectamente tranquila respecto ... - Trago con fuerza y hago un gesto con la mano hacia la bañera. – Es muy grande, ni siquiera tenemos por qué tocarnos … - Ella de pronto alza la cabeza para encontrarse con mis ojos. La seriedad de su rostro me abruma.

- ¿Tú deseas tocarme? – Su voz es apenas un susurro, pero la oigo como si me hubiera hablado al oído. Toda mi piel reacciona como si ardiera y contengo el aliento. Mi corazón salta desbocado. Dios mío, ¿qué me hace esta mujer?

- Más que nada … - Balbuceo como un idiota.

Ella sonríe con timidez y se baja lentamente los tirantes del vestido. Aprieto y cierro los puños con fuerza. Su blanca piel parece seda y sus curvas creo que me van a provocar un ataque al corazón. Annie siempre me está preguntando por mis relaciones pasadas, y no me cree cuando efectivamente le digo que apenas he tenido alguna. Tras la experiencia con mi esposa, hube de superar muchos traumas. Puedo contar mis experiencias con los dedos de la mano, y es cierto que jamás he sentido con nadie lo que siento estando con Annie. Así que estoy tan nervioso y soy casi tan inexperto como ella.

Me deshago de mi pantalón de espaldas a ella esperando que mi enorme erección no la incomode ni asuste, y me meto en la bañera rápidamente, hundiendo la cabeza en el agua para dar a Annie unos minutos, aunque hubiera deseado poder observarla a placer. Entonces noto movimiento de agua alrededor y sé que ella ha entrado a la bañera, por lo que asciendo a la superficie y me despejo el agua de la cara. La localizo en la esquina opuesta, mirándome expectante. Yo sonrío y le hago un gesto con la mano. El agua está deliciosa y me acerco lentamente a ella, situándome a pocos centímetros, sin tocarla. Entonces ella alza una mano y me acaricia el húmedo rostro. Sus grandes ojos azules están cargados de miles de sentimientos que no sé cómo describir.

- Estamos locos … ¿verdad?

- Yo solo estoy loco por ti …

Y antes de poder reaccionar, la beso en la boca. Su boca está húmeda, y pronto me corresponde, dejando que me adapte a sus formas y profundice en los recovecos de sus jugosos labios. Mis manos cobran vida y la atraen hacia mi por debajo del agua.

- Anne … - Susurro en su boca sin dejar de besarla. - ¿Puedo tocarte?

Ella asiente imperceptiblemente, y yo continúo el recorrido por su hermoso cuello. Oigo a Annie respirar en mi oído, agarrada a mi cuello, y la pongo a horcajadas encima de mí. El agua apenas nos llega hasta el pecho, por lo que sus turgentes senos son parcialmente visibles, rozándose contra mi pecho. Estoy tan nervioso y excitado que incluso me tiemblan las manos. Nunca habíamos estado así, tan cerca, tan … unidos. No habíamos traspasado la barrera de los besos … y algún que otro roce, pero esto … Aspiro con fuerza y me inflo de valor cuando una de mis manos aferra suavemente uno de sus pechos llenos y oigo a Annie contener la respiración, mientras yo acaricio el rosado pezón, que se endurece al instante.

- Oh, Matt … ¿qué estamos haciendo? – Jadea ella. – Esto no está bien … - Pero yo continúo besándola en la boca, los pómulos, la garganta …

- ¿No … está … bien … amar? – Digo entre besos. Mis manos ya están en ambos senos, excitando ambos pezones, y siento que Annie se echa hacia atrás. La suelto inmediatamente, alarmado.

- ¿Tú me amas? – Parece sorprendida, a pesar de estar tremendamente seductora, desnuda ante mí, rodeada de agua, las mejillas arreboladas … Dios mío, debo contenerme o eyacularé aquí mismo.

-Annie-

Él está ahí parado, tan deslumbrante, tan sexy con el pelo mojado y esos ojos … mi corazón va a salírseme del pecho. Nunca pensé que sentiría algo así … jamás hasta ahora había sentido algo así … sólo cuando él me toca. ¿Qué me pasa? ¿Por qué este hombre? ¿Por qué siento que voy a deshacerme cuando estoy con él? Sólo con él …

- Sí, te amo, Anne. – Y yo no puedo creerlo, simplemente, no puedo creerlo. Siento que mis ojos se llenan de lágrimas y vuelvo a sus brazos, buscando su boca.

Él me besa con pasión, acariciando mi espalda, mis nalgas … mordisquea mi garganta, mi labio inferior … y siento que voy a volverme loca cuando vuelve a tocar mis senos. A pesar del agua fresca, siento que un calor abrasador atraviesa mi cuerpo y me alzo un poco.

- ¿Estás bien? – Matt se ha detenido un momento, mirándome preocupado.

- Sí, bien … - Sonrío turbada. - … la postura …

- Tienes razón … - Vuelve a besarme y me aparta suavemente. – Salgamos de aquí, preciosa.

Se levanta cuan alto es, chorreando agua, y yo quiero apartar la mirada al observar su cuerpo perfecto y su gran erección. Mi rostro arde. Matt alarga su mano hacia mi y me levanta, inmediatamente cogiéndome en brazos.

- ¿A dónde …? – Estoy desorientada, nerviosa … he disfrutado mucho en el agua, pero … el miedo y las dudas vuelven a apoderarse de mí.

- A ponernos más cómodos … - me besa en la punta de la nariz - … si te parece bien. – Dios mío, va a llevarme a la cama. Inevitablemente, todos los músculos de mi cuerpo se tensan. Pero entonces, Matt se detiene a mitad de camino, mirándome fijamente a los ojos. - ¿Todo va bien, Annie?

- Yo … estoy muy nerviosa … - Él parece compungido.

- No es necesario hacer nada más en este momento …

- Pero … pero yo quiero hacerlo, es decir … - me muerdo el labio, turbada - … me … ¿me dolerá? – El rostro de Matt sufre un brusco cambio. Sus ojos ambarinos dejan traslucir, ¿dolor? ¿tristeza?

- Te hicieron daño, ¿verdad? – Asiento, sin poder enfrentar sus ojos por más tiempo, y siento que Matt me estrecha brevemente contra él y me deposita suavemente en el diván. Me besa en la mejilla y se aleja hacia la cocina, dejándome totalmente desconcertada.

- ¿Matt?

- ¿Te apetece una copa?

- ¿Qué? – Asoma su de nuevo sonriente rostro y me enseña la botella de coñac.

- ¿Una copa? – Niego con la cabeza.

Me siento ridícula, allí desnuda, sentada en medio del sofá, mientras el hombre que iba a hacerme el amor hacía solo un momento, trastea en la cocina. Le observo de reojo y constato, por cierto, que tiene un trasero precioso. Maldita sea, Annie, ¿qué demonios estás pensando? Matt vuelve con sendas copas y las prepara delante de mí. Me doy cuenta que su erección ha desaparecido, y una absurda tristeza me invade.

- ¿Qué demonios estás haciendo? – Mi voz suena más feroz de lo que pretendía y Matt me mira casi como si se disculpara.

- Nada … darnos un poco más de tiempo, eso es todo.

- Te he dicho que estaba preparada …

- Tal vez no, Anne …

- Maldita sea … - Me levanto y me dirijo a la chimenea apagada. Noto la mirada de mi compañero en mi piel y solo eso ya me produce todo tipo de sensaciones. Annie, Annie … respira, vamos, tranquila … no pasa nada. Esto es lo que quieres, lo deseas … – Está bien. – Súbitamente me acerco a la mesa y vacío de un trago la copa de coñac, ante la estupefacta mirada de Matt.

- ¡Annie! ¿Estás loca? – Me seco los labios mientras hago esfuerzos por no toser, notando cómo el líquido caliente me quema la garganta y el cuerpo. Por favor, no quiero vomitar … y entonces, cuando logro recuperarme un poco, me acerco a Matt y me siento a horcajadas encima suyo, besándole. Él está tan sorprendido que apenas reacciona.

- Annie … ¿qué estás haciendo?

- Por favor … quiero estar contigo … - Susurro en sus labios, y él me corresponde inmediatamente.

- En cualquier momento … en cuanto …

- Sssssshhh … tranquilo …

- ¿Estás segura?

Volvemos a besarnos, más profundamente cada vez. En un momento dado, me doy cuenta que he estoy tumbada en el sofá, con Matt sobre mí, besándome la garganta y tocándome los senos y las caderas. Mi piel está en llamas, y ya no quiero tener más dudas … Cuando su boca desciende hacia uno de mis pezones y noto sus labios calientes rodearlo, grito sin poderlo evitar. La sensación es indescriptible.

- ¿Annie? – Matt alza la cabeza, preocupado, y yo agarro su cabello.

- Sigue, por favor … - Jadeo, y él sonríe antes de continuar.

El asalto a mis pechos hace que me retuerza de placer. Jamás había imaginado poder sentir algo parecido. Jadeo con fuerza cuando Matt vuelve a mi boca y puedo notar lo excitado que está él también, al apretarse contra mi muslo. Mi corazón late a mil por hora. ¿Qué me está haciendo este hombre?

- Nena … voy a tocarte más abajo … ¿de acuerdo?

- Qué … - Matt sigue besándome mientras noto cómo su mano desciende por mi abdomen hasta mi zona íntima e instintivamente cierro los muslos.

- Tranquila … - Me dice al oído, mordiéndome el lóbulo y haciéndome estremecer. – No te haré daño … relájate, sólo siente, mi amor … si no te gusta, sabes que me detendré enseguida …

Matt sigue besándome y tocándome y empiezo a relajarme lo suficiente como para que él se aventure al interior de mis muslos. Pego un respingo al notar sus dedos en mi zona íntima, apartando pliegues y encontrando el punto central de mi ser. Lo único que escucho son mis fuertes jadeos en mis oídos … y no puedo evitarlo. Me arqueo hacia atrás y me ofrezco mejor a él. No siento dolor, sino todo lo contrario … esto también asusta, no lo niego, pero de forma diferente. Noto el calor emanar de mi interior, la humedad descender por mis muslos, y le dejó hacer … mientras este hombre me enloquece con sus dedos y su boca en todo mi cuerpo. Los movimientos son cada vez más rápidos y excitantes, y empiezo a gemir descontrolada.

- Annie …

- Me vuelve loca …

- Quiero que te corras para mí …

- Qué … - Matt me besa en la boca, salvaje, sexy … mientras continua con ese movimiento de sus dedos, sin parar … - ¡Matt!

- Vamos, amor mío, estás lista …

Súbitamente, una descarga eléctrica indescriptible recorre mi cuerpo de punta a punta y me arqueo hacia atrás, gritando, sin ya importarme nada. Matt me libera y yo caigo desde las alturas, pestañeando de pronto, tumbada en el sofá, oyendo mis roncos jadeos. Noto los suaves labios de Matt en mi garganta y giro el rostro para mirarle. Sus hermosos ojos me iluminan.

- ¿Cómo estás? – Pero yo no puedo hacer otra cosa que besarle. Me he perdido a mi misma y me he vuelto a encontrar. Me abrazo a su cuello y Matt me levanta. Instintivamente rodeo sus caderas con mis muslos.

En unos segundos, noto la suavidad del lecho bajo mi cuerpo. Estoy algo mareada por todo lo que he vivido y mi cerebro no puede procesarlo con claridad … pero Matt ya está sobre mí, besándome de nuevo, excitando mi cuerpo de nuevo.

- Oh, Annie … – Oigo susurrar a mi amante. – Te deseo tanto … - Jadea en mi boca. Yo no contesto, simplemente, me arqueo hacia él, buscando su calor.

Pero noto que mi zona íntima está sobre excitada y no puedo dejar de observar el miembro erecto e hinchado de Matt sobre mí. Él sigue mi mirada y me acaricia con sus sensuales ojos.

- Estás muy dilatada, amor mío, no te dolerá … pero si no estás segura …

- Estoy segura … - Susurro, más para convencerme a mí misma, y más segura de lo que en realidad me siento. Una vocecita de alarma recorre mi cerebro haciendo que mi corazón lata más rápido, pero intento ignorarla.

Mi amante me acopla a su cuerpo, continuando con sus caricias, y se prepara para entrar en mí.

-Matt-

Y una vez comienzo a entrar en ella, noto su calor rodear mi miembro y tengo que apretar fuertemente los dientes para contenerme y no derramarme al instante. Hacía tiempo que no mantenía relaciones sexuales, y menos con la mujer de la que me he enamorado, por lo que el autocontrol es esencial en este momento. Súbitamente siento que todos los músculos del cuerpo de Annie se contraen y se tensan, y me preocupo terriblemente, apoyado en los antebrazos, observando su hermoso rostro, arrebolado, la boca entreabierta y los ojos fuertemente cerrados.

- Annie, amor mío … -susurro - ¿estás bien?

- Sí … - balbucea ella- … pero .. – se muerde el labio- …me duele un poco … - yo me muevo imperceptiblemente y ella grita muy suavemente.

- Lo siento … apenas será un momento … - jadeo, y vuelvo a moverme lentamente. Annie abre los ojos, emitiendo suaves jadeos, y nuestros ojos se encuentran, mientras, atrapado en esa mirada azul, me muevo sobre ella, muy despacio. – Anne … - me entiende sin palabras, porque de pronto se arquea hacia atrás ligeramente, sus pechos rozando mi abdomen, y me vuelvo loco de deseo. Entrecierro los ojos, controlando el ritmo de mis caderas, oyendo los jadeos de Annie como música celestial. - … ¿te gusta? – Ella no me contesta, sus jadeos se van convirtiendo paulatinamente en gemidos. – Annie … - Me detengo, levemente alarmado, y ella alza la cabeza casi bruscamente.

- Por favor, no te detengas … - Suplica jadeando. Y esas simples palabras me enardecen de tal manera que, echado ligeramente hacia atrás y apoyado en el colchón, aumento el ritmo de mis caderas, perdiéndome por completo en la mujer que estoy poseyendo en ese instante. La mujer que sé que ha robado mi corazón y mi alma.

Los suaves gemidos de Annie comienzan a aumentar de volumen hasta convertirse en pequeños gritos de placer, la cabeza echada hacia atrás, sus muslos abiertos y sus nalgas alzadas para recibir mis cada vez más rítmicas embestidas. Noto mi miembro hinchado a punto de explotar dentro de ella, amenazando con hacerme pedazos.

-Annie-

Dios mío, voy a volverme loca. No soy dueña de mis actos ni de mi cuerpo. Me falta aire en los pulmones y siento la dureza del miembro de Matt en mi interior, elevándome más y más. Quiero tocar el cielo con las manos. Estamos conectados, Matt entrando en mí cada vez más rápido, rozando, exigiendo … siento que voy a explotar en mil pedazos.

- Oh, nena, voy a … - Oigo que Matt gime y súbitamente, una nueva descarga eléctrica me hace gritar y arquearme hacia atrás. Noto que el cuerpo de Matt se pega a mí y su ronco gemido en mi oído, al tiempo que un líquido caliente explota en mi interior y se derrama por el interior de mis muslos … pero no me importa, no me importa nada en ese instante.

La descarga deja mi cuerpo flácido y lánguido, como si careciera de toda vida. Y esto es el placer absoluto. ¿Por qué lo había estado evitando hasta ahora? Matt se ha movido un poco hacia un lado, respirando aún agitadamente, su rostro muy cerca del mío, su miembro aún dentro de mí.

- Háblame, amor mío, di algo … - Susurra. A mí también me falta la respiración. Giro mi rostro para observarle y mis ojos se llenan de lágrimas. Por primera vez en mi vida me siento completa, me siento mujer … y solo acierto a balbucear.

- Gracias …

-Matt-

Ya ha caído la noche sobre nosotros, y el calor se hace más soportable … aunque nuestros cuerpos siguen sudorosos tras haber vuelto a hacer el amor. Nos vamos desinhibiendo poco a poco, aprendiendo el uno del otro, a nuestro ritmo, como siempre ha sucedido entre nosotros. Llevamos toda la semana durmiendo juntos, desde aquella primera noche. Al principio, Annie no quería quedarse. Creía que no era apropiado, y temía que lo descubrieran en la residencia, así que todas las noches la acompañaba por el camino de la playa. Pero cada noche nos demorábamos más y más, él uno perdido en los brazos del otro, hasta que el último par de días hemos llegado juntos a desayunar …

Soy feliz, y el hecho me sorprende. Adoro cada segundo, cada momento que paso con ella. Y no solo por el sexo, que es fantástico. Sino que adoro abrazar su cuerpo durante el sueño, adoro cocinar juntos, hablar … no puede dejarme, simplemente, no puede … Observo a esta morena afrodita tumbada en mi cama y recorro detenidamente cada curva de su perfecto cuerpo. Ella se despereza sensualmente y gira la cabeza para mirarme. Sus azules ojos brillan en la semi penumbra.

- ¿En qué piensas?

- No te lo digo. – Le hago una mueca. – Vas a pensar que soy un pervertido. – Ella se echa a reír y alarga la mano para acariciar mi cuello, pero percibo que sus ojos han perdido brillo y frunzo el ceño. - ¿Sucede algo?

- Esta tarde venía a decirte algo importante … - Suspira y se incorpora un poco. Inexplicablemente, su actitud me crea cierta alarma. - … antes de … - Sonríe con cierta picardía, pero enseguida su rostro vuelve a teñirse de sobriedad. – Esta tarde me han dado el alta, Matt.

- ¿Qué? – Me incorporo, quedando sentado en la cama.

- Me quedaré en la residencia hasta fin de mes. Van a escribir a mi familia para que vengan a buscarme. – Baja la mirada, mientras yo parpadeo como un estúpido con el ceño fruncido.

- No es posible …

- ¿No es posible? – Trago con fuerza.

- No puedes marcharte.

- Debo hacerlo, Matt, lo sabes. - Me levanto bruscamente de la cama y comienzo a dar vueltas por el amplio salón, pasándome las manos por el cabello, sintiendo los ojos de Annie seguir mis pasos con tristeza. Entonces me paro a enfrentarla.

- Annie, no puedes volver … - Ella ríe con amargura.

- Tengo que volver, esa es la diferencia. – Me acerco de nuevo a la cama y me planto ante ella.

- Dijiste que tu marido es un tipo comprensivo, que te había dicho que no pondría obstáculos a tus decisiones … - Percibo cómo los ojos de Annie se tiñen de dolor.

- Pero creo que más bien se refería a la forma en que viviríamos juntos, a las relaciones que mantendríamos a partir de ahora, y no al hecho de enamorarme de otro hombre … y serle infiel. – Ante las últimas palabras, Annie enrojece intensamente, avergonzada. – Lo cierto es que no me reconozco … - La obligo a mirarme.

- ¿Te arrepientes?

- Si te refieres a haberme entregado a ti … - me acaricia el brazo - … no, no me arrepiento en absoluto. Pero sí del hecho en sí. Yo pronuncié unos votos, Matt … que he mancillado. Mi marido, a pesar de nuestros problemas, es un buen hombre que no se merece algo así. Y yo creí … bueno, durante toda mi adolescencia creí firmemente que él era el hombre de mi vida …

- ¿Y no fue así? – Susurro más para mí mismo, pero ella me acaricia el rostro.

- Evidentemente, no … - Escruto sus grandes ojos azules, cargados de dolor y tristeza, y constato que ante sus palabras, yo también comienzo a sentirme culpable … y no, no voy a aceptar eso. Me levanto de nuevo y me acerco a la cocina. Necesito una copa. - Por favor, Matt … - Oigo a Annie suplicar. El coñac desciende por mi garganta, calentado mi pecho, y suspiro profundamente, acercándome al lecho.

- Lo que ha sucedido entre nosotros, Annie, no ha sido una simple aventura … al menos para mí.

- ¡Por supuesto que no! – Enseguida noto cómo su rostro se enciende de furia y me taladra con sus ojos azules. - ¿Cómo demonios puedes pensar algo así?

- ¿Y qué quieres que piense, maldita sea? ¡Estás diciendo que vas a marcharte en unos días! ¡Qué vas a volver con él! – Veo cómo el rostro de Annie sufre un brusco cambio y las lágrimas se derraman por sus mejillas. – Oh, nena … - Mi corazón se deshace y corro a su lado, abrazándola contra mí. – Lo siento … - Susurro contra su pelo.

- No tengo elección, ¿comprendes? – Ella me suplica con los ojos enrojecidos por el llanto. – Estoy casada … no puedo divorciarme, aunque ese fuera mi mayor deseo. Los Andrew me destruirían, destruirían a mi familia … y tampoco lo conseguiría. Nunca me concederían la separación. Sería una repudiada … lo sabes. ¿Y qué haríamos? Y tu reputación, Matt … tú también provienes de …

- Al carajo, al carajo con todos ellos.

- Oh, Matt … - Annie está sollozando desconsoladamente.

- Quiero que seas mi esposa, Annie Brighton, quiero que des a luz a mis hijos … - Ante mis últimas palabras, Annie abre aún más sus lacrimosos ojos y se abraza a mí, llorando quedamente. – Sssshhh, tranquila, tranquila, amor mío …

-Annie-

Mi corazón está destrozado, y las últimas palabras de mi amante han propiciado que me derrumbe totalmente. Matt me acaricia la espalda, sosteniéndome contra él en el lecho, dejando que de rienda suelta a mi tristeza y desazón.

¿Cómo he podido llegar a esto? Dios mío … si alguien me hubiera dicho hace apenas tres meses que Annie Cornwell iba a acabar así, no lo hubiera creído … nadie en Chicago lo creería. ¿Y qué puedo hacer? Es cierto lo que he dicho. No puedo dejar a Archie, no puedo divorciarme, no puedo separarme … aunque huyera con Matt al fin del mundo, mi conciencia y culpabilidad me perseguirían toda mi vida. ¿Y Matt? Él merece alguien libre, que lo ame sin barreras, sin ataduras, que le de una familia … y aunque esos pensamientos desgarran mi alma, sé que son los adecuados.

Alzo el rostro para poder observar de nuevo esos maravillosos ojos ambarinos que adoro, y que ahora están cargados de preocupación.

- Tenemos tiempo para decidirlo … - Él aprieta la mandíbula, pero al cabo de un momento, cede un poco y se relaja en mis brazos.

Y yo comienzo a besarle, a acariciarle, a intentar hacerle olvidar por un momento el infierno en el que nos estamos metiendo.


El tiempo, veloz y cruel, ha decidido conducirme a esta, mi última noche, con el hombre que amo. Implacable, ha pasado raudo ante nuestros ojos, y cada vez que Matt y yo hemos tocado el tema del futuro, no hemos podido llegar a un entendimiento. Matt no aceptará nunca nuestra separación. Me ha dejado muy claro que no va a renunciar a mí, a pesar de que he intentado por todos los medios hacerle entender la situación. Él tiene claro que debemos ir juntos a Chicago a intentar solucionarlo todo de la mejor manera posible. No le importan los Andrew, ni mi familia, ni siquiera Archie. Dice que nos merecemos amarnos, que merecemos esto que nos ha pasado, y que debemos luchar por ello. Tal vez sea cierto, tal vez el destino haya querido que nos encontráramos … pero yo no me siento tan fuerte ni tan segura como él.

Sé que, a pesar de que él es y será siempre el amor de mi vida en lo que me queda de ella, no puedo hacer lo que me pide. La vieja Annie vuelve cada vez con más frecuencia a regañarme por las noches, y creo que en algunas cuestiones tiene razón. ¿Cómo huir con Matt y dejar todo y a todos en la estacada? Mi corazón grita que sí, que deje todo atrás y viva, viva por fin … lejos de la familia, lejos del ambiente opresivo, de los convencionalismos … Imágenes con Matt en Nueva York, San Francisco … tal vez Europa … llenan mi mente y me hacen sonreír. Hermosas imágenes que sé que es imposible que puedan llevarse a cabo.

- Cuando sonríes así … me siento celoso de lo que piensas. – El rostro de Matt aparece ante mí, besándome suavemente en los labios. - ¿En qué piensas?

- En nosotros … viajando por todo el mundo … - Matt sonríe en mis labios y se acopla entre mis muslos.

- Y así será …

Y yo me relajo en sus brazos … aprovechando cada minuto que pueda robarle al tiempo para estar con él. Olvidando por unos instantes todo, salvo el hecho de sentirlo dentro de mí.

Ya de madrugada, observo su hermoso cuerpo desnudo junto a mí, dormido profundamente, y siento que se me parte el alma en dos. Ya he tomado mi decisión, una decisión que me ha costado el corazón. Muchas noches en vela, muchas lágrimas, mucha rabia e impotencia … todo ello ha propiciado que tomara la decisión que sé, por mucho que me duela y me marque para el resto de mi existencia, es la correcta. Y es inevitable … sé lo que tengo que hacer … aunque me cueste un alto precio.

Recuerda estos momentos, amor mío, recuerda mis ojos al mirarte … y sabrás por qué lo hago. No me olvides …

Las lágrimas no me dejan ver cuando me levanto lentamente del lecho. Si no lo hago ahora, sé que no lo haré nunca. Mientras me visto despacio no puedo dejar de observar a ese perfecto hombre que he tenido el privilegio de amar, ese hombre que me ha hecho mujer, que me ha llenado de amor y de vida … ese hombre que debo dejar marchar. Y tristemente, el destino se ha puesto de mi parte para hacerlo posible. Matt tiene un viaje este fin de semana, así que he decidido adelantar mi regreso a Chicago. Al día siguiente, parto a la estación de tren. No he querido que nadie viniera a buscarme, y han respetado mis deseos. Dejaré en recepción una carta para mi amante, una carta que me ha costado mil lágrimas escribir, y me iré.

Redacto una breve nota de despedida: "Nos vemos el domingo, ¿nadas conmigo? Annie. Y salgo de aquella cabaña sin mirar atrás. Las lágrimas me ciegan, y continúan inexorables hasta que el amanecer me sorprende encima de la cama, las maletas ya preparadas, y la hora de partir aproximándose cada vez más. Unas pocas despedidas aguantando una sonrisa, unos abrazos y unos besos deseando mi buena suerte, y ya estoy en el taxi, rumbo a la estación, después de dejar mi sentencia de muerte en recepción, a nombre de Matt.

Querido Matt;

Ante todo quiero pedirte disculpas por haberme marchado de esta manera, soy una cobarde, siempre lo he sido, pero no quería ver tu rostro lleno de dolor. He pensado mucho estos días, Matt, he pensado mucho en ese futuro que has estado prácticamente todo el rato dibujando ante mis ojos … y he decidido que no quiero formar parte de él.

Lo siento, pero es cierto. Mi vida es demasiado estable y demasiado cómoda como para echar todo por la borda por algo que … sinceramente, apenas nos conocemos de hace un par de meses … y creo que nos hemos precipitado con todo esto.

Me he dado cuenta de que aún siento algo por mi esposo … y voy a volver a casa, quiero intentar volver a recuperar mi vida … y mi matrimonio.

Gracias por este tiempo juntos. Te pido por favor que respetes mis deseos, estoy siendo sincera.

Te deseo lo mejor, Matt, de corazón.

Buena suerte,

Annie Cornwell