-Terry-

Termino de rasurarme frente al espejo del baño y me limpio el rostro con agua fría para despejarme y calmarme un poco. La noche se presenta complicada … y larga: la cena con la familia Andrew. Llevamos ya tantos días en tensión, que por un lado, estoy deseando que transcurra ya de una maldita vez. Y sobre todo por Candy. Mi amada esposa está consumida por los nervios, aunque quiera demostrarme lo contrario, y sé que no sólo es por la inminente cena.

No puedo dejar de sentirme terriblemente culpable por ser el causante del estado de ánimo de la persona que más amo en la tierra. Me pregunto si es justo arrastrarla a un cambio tan grande en su vida, a despedirse de toda la gente que ama y le importa, y embarcarse a otro país, sin nadie conocido, excepto yo. Pero cada vez que intento abordar el tema, ella silencia mis palabras con besos y caricias, e incluso me regaña por pensar así. Y, en realidad, apenas nos quedan unos días para coger el tren en la estación y partir a Nueva York. He recibido carta de mi madre, deseosa de poder recibirnos en su casa una vez lleguemos a la gran ciudad, antes de coger el transatlántico que nos cruzará el océano.

Egoístamente pienso que tal vez cuando estemos solos, volvamos a retomar esa complicidad y camaradería de los días anteriores. La tensión está pudiendo con nosotros … incluso cuando estamos solos, íntimamente. Y creo que es este ambiente cargado y esta casa … que parece que tiene ojos por todas partes. Aunque más bien deduzco que es porque la anciana señora gris está presente. Su presencia es palpable y notoria en cada rincón de la mansión, aunque no esté físicamente visible. Y lo mismo podría decirse de los tíos de Albert … con una mirada podrían dejarte clavado en el sitio. Y encima … ese malnacido. Ese malnacido Legan que voy a tener que soportar ante mí sin romperle la cara de un puñetazo. No puedo quitarme de la cabeza que haya tenido la osadía de poner una mano encima de … no, debo calmarme. Terry, respira hondo y tranquilízate.

Termino de secarme el rostro y salgo hacia la habitación. La visión de mi esposa en ropa interior sentada ante el tocador acelera mis latidos, e inconscientemente mis pasos me guían hacia ella, para sin darme cuenta, cerciorarme de que estoy a su lado, observándola embobado. Ella me ilumina con sus ojos verdosos y sonríe, colocando en su lugar con profunda sensualidad, un rebelde rizo escapado de su perfecto peinado alto.

- ¿Qué sucede?
- Nada en absoluto … - Susurro con voz ronca, mientras me arrodillo a sus pies, besando la marfileña piel del hombro femenino. Ella gira la cabeza y me besa suavemente el mentón.
- ¿Estás bien?
- Claro … - Beso sus dulces labios.
- Pues yo estoy nerviosa … - Suspiro en su cuello y mordisqueo la delicada piel. – Terry … - ruega en voz baja - … debemos terminar de vestirnos …
- Lo sé … - me coloco entre sus piernas, mientras continúo besándola suavemente en los labios, la garganta …
- Terry … - Pero noto cómo entrecierra los ojos, y el tacto de sus sedosas manos en mis hombros desnudos, hace que mi cuerpo reaccione. – Ahora no …
- Ahora sí, señora … - La beso de lleno en la boca. – Llevamos días cargados de tensión … y ahora … ahora voy a poseerte …
- Terry … no es momento …

Pero no dejo que diga nada más, porque me vuelvo a apoderar de su boca, profundizando el beso. Mis dedos vuelan hacia los corchetes que sujetan la parte de arriba de su corselete y pronto sus redondos senos se liberan de sus ataduras, dándome acceso a los duros pezones.

- Dios mío … - oigo que gime mi esposa - … qué me haces …

Pero no es una pregunta. Su espalda toca la pared de al lado del tocador y yo la separo de los botes y cremas, mientras sus piernas se alzan un poco para acercarse más a mí y noto sus dedos entre mi cabello. Adoro que no pueda resistirse, adoro que siempre ceda a mis requerimientos, adoro que me desee tanto como yo a ella …

La presión de mi entrepierna está empezando a resultar dolorosa, así que, sin dejar los pechos de mi esposa, me desató rápidamente de las ataduras de mis pantalones, para a continuación deslizar con los dedos las braguitas de encaje de Candy por sus muslos. Estoy tremendamente excitado … no voy a tardar mucho en poseerla … aunque todos los Andrew se queden esperando eternamente.

-William-

Hace una noche fantástica, una temperatura ideal … se me ocurren un montón de planes mejores que atender a toda una horda de curiosos Andrew poblando la mansión, pero no nos queda otra opción. Respiro profundamente la suave brisa que asciende desde las copas de los árboles hasta la terraza, mientras termino de abrocharme los botones de la camisa.

Estoy cansado … un poco harto de todo esto. Y lo sé … sé que iba a ser así, e incluso peor … pero estoy agotado. Lo único que desearía en este instante es marcharme con Patty a algún sitio tranquilo durante varias semanas, y no tener más que hacer que observar cómo crece la preciosa barriga de mi esposa.

Y por otro lado, estoy preocupado. Hoy la cena … y en unos días la multitudinaria fiesta. Sé que Patty está al borde de sus fuerzas, aunque intente disimularlo, y a pesar de que el médico le ha dado permiso para asistir a dichos eventos, estoy decidido a mandarla a descansar en cuanto vea el más mínimo signo de agotamiento en su rostro … y al carajo con toda la familia. Ante todo, está la salud de mi esposa y de mi hijo.

No paro de asistir a reuniones con el consejo … he tenido que argumentar, discutir, analizar … estoy exhausto. Además, está el tema de la vuelta de Annie. Ni siquiera he tenido un momento para poder hablar con Archie sobre dicho asunto. Por lo que sé, han decidido dar una oportunidad a su matrimonio e imagino que es una buena decisión … aunque creo que deberé sacar mis propias conclusiones cuando pase con ellos más tiempo … pero sobre todo, en breve voy a tener que decir adiós a una de las personas que más amo en este mundo … y se me parte el corazón.

-escena retrospectiva-

La lluviosa tarde había culminado en un espectacular atardecer. El bosque brillaba bajo los tenues rayos vespertinos, húmedo y atrayente, sofocando el pegajoso calor de los días anteriores. Era una verdadera delicia pasear por los frondosos caminos, escuchando apenas los ruidos de la naturaleza. A Candy siempre le había encantado aquello, desde pequeña. Sabía que lo necesitaba como respirar. Sólo esperaba poder hallar un pequeño espacio verde allá, en Londres, donde poder encontrar aquella paz.

Albert apretó el brazo de su pupila y esta se giró a observarle, sonriendo.

- Gracias por acompañarme en este paseo, Bert, sé que estás muy ocupado …
- ¿Bromeas? ¿Dónde iba a estar mejor que aquí, contigo? – Candy sintió que un nudo se formaba en su garganta y tragó con fuerza. Se había prometido a sí misma no llorar delante de Albert, pero sabía que si continuaba mirándose en aquellos amados ojos celestes, iba a estallar en llanto. Él tampoco reía, sólo la miraba con el corazón en los ojos. – Ven aquí, pequeña … - Susurró Albert, y Candy se arrojó a sus brazos.
- Oh, Bert … - Sollozaba la rubia contra su pecho, mientras él le acariciaba suavemente el cabello. – No creas que no soy feliz, es que …
- Sé que eres muy feliz, querida … - La joven alzó la cabeza para encontrarse con sus ojos.
- Es que voy a echar tanto de menos …
- Lo sé … - Ambos se miraron durante unos instantes, diciéndose mucho sin despegar los labios. Candy acarició con ternura el rostro de Albert e intentó sonreír.
- Gracias por encargarte de mis asuntos, el hospital …
- Ssssshhh … - Él meneó la cabeza y la estrechó contra sí. – Deja de agradecer nada …
- Sabes que amo a Terry, que …
- Querida, - Albert secó con dulzura las lágrimas de sus mejillas con los pulgares, - el hecho de sentir tristeza por tener que despedirte de tu familia, no significa que ames menos a tu esposo …
- Lo sé, es que … oh, Albert, no puedo creer que vaya a estar tan lejos de ti … ¿qué haré? – Él se echó a reír suavemente y la abrazó por la cintura, echando a andar ambos de nuevo por entre los árboles.
- Seguro que encontrarás un millón de cosas que hacer … además, ¿quién te ha dicho que vas a librarte de mí tan fácilmente? Sabes que suelo viajar a Inglaterra con cierta frecuencia … y ahora ya no tengo excusa, estando tu allí …
- Aún no sé si podré estar aquí para cuando nazca tu bebé …
- Bien, vas a tener toda la vida para estar con él, de eso puedes estar segura … y de hecho, si no se da el caso, en cuanto Patty se recupere, tal vez …
- Oh, Albert … - Candy se abrazó a él con fuerza y volvió a sollozar, mientras él le acariciaba suavemente el cabello, suspirando.
- Lo sé, pequeña …

-fin de escena retrospectiva-

Había sido un paseo agridulce, no cabe duda. Fue nuestra despedida, ya que no sabemos si podremos volver a estar solos antes de partir. Tenemos demasiadas cosas … mi pequeña, mi Candy … sí, voy a echarla terriblemente de menos, pero ambos comenzamos una nueva etapa en nuestra vida … y así debe ser. Me habló de sus miedos, de sus inseguridades … pero todo ello es algo perfectamente normal, algo que mi Candy afrontará con valor y sin problema, como siempre hace. Mi esposa se acerca a mí desde la habitación, y sonrío con dulzura observándola caminar. Está verdaderamente hermosa enfundada en ese vestido. Adoro el cambio que se está produciendo en su cuerpo, las nuevas curvas que se están formando en ella.

- ¿Te ayudo con eso? - Señala mi pajarita y yo asiento, dejando que Patty se acerque y termine el lazo. Aprovecho para observar sus concentrados rasgos y sonrío, acariciando suavemente la línea de su pómulo.

– Quieto, William, casi he terminado …

Percibo lo tensa que está Patty y la agarro por la cintura, acariciando la curva de su abdomen. Ella suspira y sonríe débilmente.

- ¿Cómo te encuentras? Dime la verdad.
- Estoy bien … no debes preocuparte. – Frunce ligeramente el ceño. – Quizá un poco nerviosa …
- Ya hemos hablado de eso …
- No … - Menea la cabeza e intenta alejarse, pero yo la retengo, ahora preocupado.
- ¿Qué sucede?
- La tía Elroy me ha dicho esta mañana que desea tener conmigo una conversación privada … - Se encoge de hombros mientras siento como la ira empieza a subir desde mi estómago.
- Bien, no estaba al corriente de ello, pero evidentemente, eso es algo que no va a producirse.
- Oh, William … - Patty cabecea y se gira, entrando a la habitación. Yo la sigo inmediatamente y la retengo por el brazo.
- Patty, dime qué ocurre …
- Puedo hacerlo, William. – Los ojos esmeralda se clavan en los míos con determinación, y me siento desconcertado. – Sé que crees que estoy vulnerable y débil, y tal vez he tenido una etapa algo complicada últimamente … pero soy perfectamente capaz de soportarlo, William, aunque no lo creas.
- ¿Qué …? Pero … - Mi esposa tiene el rostro arrebolado y los ojos brillantes … parece enfadada … pero hermosa en su obstinación. Súbitamente la deseo.
- Llevo semanas metida en esta casa, William, mi vida ha dado un giro de ciento ochenta grados … y sigo en pie. Repudiada por mi familia, sobrellevando el embarazo, soportando las miradas y comentarios de todos los Andrew a mi espalda, oyendo calificativos sobre mi persona nada agradables …
- ¿Qué estás diciendo? – Ante mi tono airado, ella levanta una mano.
- Como te he dicho, querido, puedo soportarlo. Si lo piensas … era previsible.
- No, nada de eso …
- Sí, William. – El firme tono de la voz de Patty hace que guarde silencio, sorprendido y maravillado. – Caza fortunas, fresca, libertina … - Patty ha comenzado a enumerar los adjetivos con los dedos y yo estoy impactado.
- Patty, no consentiré que …
- Sí, sí lo harás, amor mío … - Ella toma mi rostro entre sus manos. - ¿Y qué creías que iban a decir? Me he quedado embarazada antes de casarnos, William, eso es algo obvio para cualquiera. Era consciente de los riesgos … y tomé la decisión. No es difícil dilucidar que muchos pensarán que ha sido una forma de atraparte, amén de que soy una golfa por acostarme con alguien fuera del matrimonio … - Abro la boca para replicar, pero ella me silencia. – Pero, ¿sabes una cosa? Que me da lo mismo, William … puedo con ello y con más, quiero que lo tengas presente. Por ello te pido que no continúes intentando construir a mi alrededor una burbuja impenetrable …
- Yo no …
- Sí, sí que lo haces, William, y sé que lo haces porque me amas. Pero puedo defenderme, puedo estar a la altura de lo que necesitas, de la mujer que necesitas a tu lado … - La miro de hito en hito.
- ¿Qué estás diciendo? Siempre he pensado que estás a la altura … incluso más … - Mi esposa suspira con cierta tristeza.
- Todo esto pasará … una vez tenga el bebé, volveré a mi estado natural … y entonces, espero que vuelvas a desearme … - Me quedo mirándola con la boca abierta.
- Dios mío, ¿crees realmente que no te deseo? – Ella alza un poco la barbilla, intentando contener sus sentimientos. Entonces la agarro por la cintura atrayéndola hacia mí, y sin darle tiempo a reaccionar, la beso en la boca con rotundidad. Nuestros cuerpos se acoplan y adaptan al beso, mientras nuestras manos y brazos cobran vida … ya no es un simple beso, es una declaración …

Unos golpes en la puerta interrumpen el momento y nos separamos, ambos respirando agitados y mirándonos a los ojos. Carraspeo para aclararme la voz y me separo ligeramente de mi esposa.

- Adelante.

Watters entra a la habitación, haciendo una pequeña reverencia.

- Los invitados están llegando, señor.
- Gracias Watters, vamos enseguida.

El mayordomo nos deja solos y vuelvo a atraer a mi esposa contra mí.

- ¿Estás preparada? – Susurro en sus labios, y ella sonríe ligeramente, sin apartar sus ojos de los míos, mientras noto sus dedos entre mi cabello.
- Siempre.
- Sólo debes recordar una cosa esta noche. Algo muy importante y que jamás debes olvidar … - Ella frunce el ceño.
- ¿Qué es?
- Lo mucho que te amo y te deseo …

Y noto su sonrisa cuando vuelvo a besar su boca.

-Eliza-

No soporto esta casa, maldita sea. Cada vez que vengo, me siento como una extraña. Y tengo todo el derecho a estar aquí … afortunadamente, todo va a terminar en breve.

Observo el cansado rostro de mi hermano a mi lado, y siento una honda tristeza. Neil apenas tiene veinticinco años … pero parece que tuviera cuarenta y cinco. Sé que precisamente no lleva la vida que debería llevar, no se cuida absolutamente nada, y desafía continuamente a mis padres con su modo de vivir. Pero espero y confío en que, una vez mi plan se lleve a cabo con éxito, consiga encauzar un poco su camino.

Me ajusto discretamente la parte superior de mi ceñido vestido palabra de honor y sonrío satisfecha. Sé que me queda como un guante, y el escote es verdaderamente seductor. Su tono azul cobalto realza mi piel y me siento verdaderamente sensual con él, es como una segunda piel. Ha merecido la pena ver la cara de Stu al observarme, y sé lo que ha sentido en un momento … me hubiera llevado escaleras arriba si hubiera podido para volver a follarme … Me muerdo el labio para no echarme a reír. El maldito Stu.

Pero súbitamente frunzo el ceño. Estoy verdaderamente airada … no, enfurecida es la palabra. Stuart no va a ayudarme. Se ha dedicado a follarme durante estos días y me ha dejado muy claro que debo olvidarme de todo el asunto del secuestro. ¿Qué se ha creído? Por supuesto que no voy a olvidarlo. Es una gran oportunidad para poder vengarme de esa maldita zorra … y no voy a desaprovecharla. Siempre me ha estado amargando … primero con Anthony, luego en el colegio … sé que mi vida hubiera podido ser muy distinta si esa maldita huérfana no hubiera aparecido. Y me vengaré … vaya si lo haré. He conseguido, sin ayuda y sin conocimiento de Stu, contratar los servicios de ciertos individuos. El plan ya está orquestado … y aunque he tenido que hacer varios "sacrificios", sé que al final lo lograré. Y es mejor que nadie más esté enterado, ni siquiera Neil … sobre todo Neil.

Noto la mano de mi prometido en la cintura y oigo que me susurra al oído.

- Supongo que podremos escabullirnos pronto de esta tontería …
- ¿Tontería? – Arqueo una estudiada ceja en su dirección y alzo un poco la barbilla.
- No pienso en nada más que en arrancarte ese vestido … - Siento ganas de reír, pero me muerdo el labio, intentando continuar seria.
- Después de la cena, me marcharé a casa de mis padres, como ya te dije … - Veo su mueca de fastidio.
- Vamos, nena … ¿sigues enfadada?

Veo cómo mis padres nos hacen un gesto para que les sigamos al interior de la mansión Andrew, y toco el brazo de Neil, adelantándome unos pasos.

-Annie-

La mansión ya se vislumbra en la lejanía. Veo cómo varios automóviles se van deteniendo frente a las puertas abiertas de la mansión Andrew, y nuestro chófer disminuye la velocidad a medida que se acerca a la rotonda de entrada.

Estoy nerviosa, no voy a negarlo. Es el primer acto social al que asisto después de mi regreso … y sé que muchos pares de ojos van a estar fijos en mí. Aún recuerdo la última vez que pisé la mansión, al día siguiente perdí a mi bebé … y también a mi esposo. Parece que haya transcurrido toda una vida desde entonces.

Archie está sentado a mi lado, silencioso, mirando por la ventanilla con gesto serio y concentrado. No deja traslucir ninguna emoción. Y yo siento que nos separa un océano. Apenas llevamos un par de días conviviendo juntos, y sé que no hemos tenido muchas oportunidades de conversar, de volver a encontrarnos, Archie se mantiene cortés, amable … pero es indudable que ambos estamos tensos, incómodos … tal vez debamos darnos tiempo …

Observo el perfil de mi marido y una honda tristeza me invade. Quizá ya sea demasiado tarde. Giro la cabeza y me concentro en el paisaje que se aprecia tras mi ventanilla. Sí, quizá sea demasiado tarde …

De pronto, imágenes de él vuelven a llenar mi mente y el ya conocido hormigueo invade mi piel. Sus ojos, su piel, su sonrisa … es increíble que súbitamente se apodere de mis pensamientos de esa forma, en cualquier momento, en cualquier lugar … Jamás le olvidaré … nunca, mientras viva.

- ¿Annie?
- ¿Sí, Archie? – Giro la cabeza hacia él y me sonrojo involuntariamente, agradeciendo la penumbra del vehículo. Me siento como si Archie me hubiera pillado de pronto en una falta imperdonable.
- Déjame hablar a mí esta noche. Sé que ya hemos comentado vagamente el asunto, pero como sabes, habrá rumores y comentarios … aunque no debes preocuparte, ¿de acuerdo? – Yo asiento, tragando con fuerza.
- Sí … - carraspeo- …gracias … - Él asiente, sin sonreír, y gira la cabeza de nuevo hacia la ventanilla.

-Emilia Elroy-

Bueno, ha llegado el día. Inevitablemente. Todo está preparado para dar la bienvenida a la familia a esa … chica. Creí que me había librado de ella hacía ya unos años … pero no. Y encima con William … no, no debo seguir atormentándome, hemos de seguir adelante. Lo hecho, hecho está. Además, como ya he repetido por enésima vez al consejo familiar en estos días, lleva en su seno el futuro de los Andrew. Ese bebé es de la familia, por tanto, hay que protegerlo a toda costa. Y tal vez no sea la esposa adecuada para William, pero ya que de hecho me la han impuesto, habré de guiarla por el camino correcto.

La observo de lejos, apostada al lado de mi sobrino, la espalda erguida y la postura correcta. Está muy nerviosa, aunque intente disimularlo. Bien, he de decir que mejor de lo esperado. Al menos, su educación es intachable. Aunque no tiene muy buena cara … mañana mismo hablare con el Dr. Mills del tema.

Respiro profundamente e intento relajar uno a uno los músculos del cuello y hombros. Voy a tener que silenciar muchas bocas esta noche y las venideras. Ya puedo oler los comentarios en el aire, y las caras de satisfacción de muchas familias por el pequeño escándalo que ha supuesto lo de William. Embarazada antes del matrimonio … en fin. ¿Cómo se le ocurrió a William no tener más cuidado? Si su padre, Colton, levantara la cabeza … le daría un ataque.

¿Y dónde demonios está Archibald? Debería haber llegado ya.

- ¡George!
- ¿Señora? – Lo noto inmediatamente a mi lado. Realmente, ¿qué haríamos sin él? No puedo detallar ninguna falta en la profesionalidad de este hombre. Pondría las riendas de la familia en sus manos sin dudar, con los ojos cerrados.
- ¿Dónde está Archibald?
- A punto de llegar, señora. He hablado hace apenas un minuto con la mansión Cornwell, y me han confirmado que ya vienen de camino.

Los dos, por supuesto. Asiento hacia George para que me deje sola con mis pensamientos. Ya ha vuelto esa chica. Esa chica que todos se empeñaron en incluir en la familia. Sabía que era débil, sabía que era inestable … maldita sea. Otra huérfana … pero por añadidura sin carácter y enfermiza.

Vuelvo a hacer un gesto hacia George, antes de que se aleje a hablar con William.

- Supervisa con Watters los detalles de la distribución de la mesa, George, y ve a la cocina a dar los últimos detalles que te comenté a Mary.
- Sí, señora.

Y allí está la otra … la observo de pie junto a su marido, ese actor. He de reconocer que forman una impresionante pareja. Ambos son muy atractivos, aunque odie reconocerlo. La provinciana tiene buen gusto, ha sabido elegir. Creo recordar que me dijeron que se habían conocido en el San Pablo … bueno, al menos ella parece que ha logrado una más que aceptable unión, dada su condición. Y es una tranquilidad saber que en breve me libraré de ella. Estará a miles de kilómetros de distancia, y no revoloteando alrededor de William. Él ahora debe concentrarse en la familia, y en el hijo que está por llegar.

Me acerco lentamente hacia el grupo de parejas, y mi sobrino se adelanta un paso, saludando, con su esposa tomada de la mano.

- ¿Listos? – Arqueo una ceja, mientras él asiente. Hago un gesto a Watters y al resto de ayudantes para que ocupen sus puestos. Veo de reojo que George vuelve de la cocina, haciéndome un imperceptible gesto con la cabeza, y se sitúa tras nosotros. Los primos de mi esposo, con sus respectivas mujeres, me observan en silencio situados unos pasos más atrás. Todo está preparado. – Bien, comienza el espectáculo.

-Candy-

La gente comienza a llegar. En cuanto Watters ha abierto las puertas de la mansión, he podido constatar que muchos de ellos ya estaban aguardando en la entrada. La noche es calurosa, pero siento que un sudor frío recorre mi nuca y se desliza por mi espalda. Siento la fresca y segura mano de Terry sostener la mía con fuerza y una absurda alegría me invade entera. ¿Qué haría si no lo tuviera a mi lado? El hecho de que apenas cuatro meses atrás hubiera irrumpido en mi vida, no puede dejar de sorprenderme. Ahora no imaginaría la vida sin él.

Veo a Archie y a Annie saludar a Albert y Patty. Oh, Annie parece tan triste … bueno, no es de extrañar, viendo que tiene que saludar a la tía Elroy … bufo para mí misma. Meneo la cabeza, mientras veo cómo la pareja se acerca a nosotros.

Pronto estoy abrazando a mi querido primo. Hacía tiempo que no lo veía … observo sus ojos castaños y la tristeza me invade.

- Archie, te he echado de menos … - Él sonríe, sin revelar nada.
- Creo que debo felicitarte, prima, una noticia inesperada … - Yo asiento, tragando saliva. Pero Archie se vuelve hacia Terry con una sonrisa impersonal y le ofrece su mano. – Enhorabuena, señor Graham, les deseo mucha felicidad … - Terry asiente, estrechando la mano que se le ofrece, y Archie rápidamente me besa en la mejilla y se aleja hacia los parientes Andrew. Frunzo el ceño, sobresaltándome cuando Annie me abraza.
- ¿Todo bien, querida? – Susurro en su oído. Ella se aparta y sonríe.
- Claro que sí, no te preocupes. – Me aprieta la mano. – Luego nos vemos.

Observo a Annie alejarse y situarse al lado de su marido y suspiro para mí misma. Sé que tampoco va a ser una noche fácil para ella. Archie le ofrece el brazo y la incluye rápidamente en el grupo. El bueno de Archie … a pesar de todo, sé que no va a dejar a Annie en la estacada esta noche.

- Enhorabuena, Candice. – Esa voz … giro lentamente el rostro y me doy de lleno con el agrio semblante de la señora Legan. Su odio por mí sigue ahí … intacto. ¿Cómo es posible? ¿Les hice algún mal en otra vida? Trago con fuerza intentando recomponerme.
- Gracias … - Acierto a balbucear, observando cómo el matrimonio Legan se aleja rápidamente. Siento la mano de Terry apretar la mía con tanta fuerza que casi incluso siento dolor. Voy a decirle algo, cuando me muerdo el labio.

Eliza y Neal Legan se acercan a nosotros acompañados de otro joven, que supongo que se trata del prometido de Eliza. Siento los negros ojos de Neal fijos en mi rostro, en mi cuerpo … y no puedo escuchar nada más que los fuertes latidos de mi corazón palpitar en mis sienes. Intento respirar hondo e instintivamente me acerco más a Terry. Mi marido inmediatamente me coge por la cintura. Percibo sin mirarle que está tan tenso como yo.

- ¿Debo daros la enhorabuena? – La maliciosa voz de Eliza se escucha por encima de la de los presentes, y varios pares de cabezas se giran en nuestra dirección. Siento mi rostro llamear, tanto de vergüenza como de ira contenida. - ¿Qué crees, hermano? ¿Deberíamos darles la enhorabuena? – Siento agitarse a Terry y abro la boca para impedir una desgracia, pero alguien se me adelanta.
- Ya basta, Eliza. – El joven de cabello oscuro se sitúa delante de los hermanos Legan y los insta a continuar. Su rostro no admite réplica. Vaya, sorprendentemente, Eliza incluso va a tener algo de suerte con el hombre con el que va a contraer matrimonio … al menos, parece más sensato y mejor persona que ella. Percibo la mirada cargada de odio de Neil Legan dirigida a la persona de aquel joven, pero aprieta los labios y se adelanta con su hermana. – Mi enhorabuena, señores Graham. – Nos desea el joven cortés, y ambos le devolvemos la cortesía con un gesto de cabeza, apresurándose a seguir a los Legan.
- ¿Estás bien? – Oigo que susurra mi marido, y yo asiento, volviéndome hacia los siguientes invitados que se acercan a saludarnos.

-Archie-

Vaya noche eterna … he de socializar con todos nuestros parientes, amén de responder a preguntas, a veces sugerentes o incómodas, respecto de mi esposa y de mi hijo no nacido … y con Annie continuamente a mi lado. Aún no me he repuesto de la sorpresa de verla de regreso, en nuestra casa, dispuesta a seguir con nuestra vida … jamás hubiera imaginado algo así …

Bebo un sorbo de mi copa de champán y noto por el rabillo del ojo cómo se acerca Thomas Andrew hacia mí. No, no tengo fuerzas en este momento … discretamente logro escabullirme hacia una de las terrazas y saco un cigarrillo. Annie está con Patty, así que puedo permitirme unos minutos para mí solo, sabe Dios que los necesito.

Desciendo lentamente los peldaños de piedra de acceso a los jardines, y la oscuridad me rodea como un manto de protección. Conozco está casa como la palma de mi mano, sería imposible que me extraviara aquí. Oigo mis pasos remover la gravilla del camino, mientras me adentro un poco más en el bosque. Los ruidos del evento se amortiguan con cada paso que doy, y por fin me siento algo mejor. He de pensar en tantas cosas …

Me marché a Bilings destrozado, perdido, sin saber a ciencia cierta que iba a hacer con mi vida vacía … y vuelvo cambiado por las circunstancias, encontrándome con un mundo nuevo: mi esposa ha retornado de pronto, totalmente cambiada, dispuesta a todo … Candy se ha casado con Grandchester, Patty y Albert …. Dios mío, ¿cómo es posible? Y Patty embarazada … pero son felices, lo percibo en cada poro de su piel, en cada rostro … y no puedo evitar sentir una profunda envidia. Es lo que también deseo para mí.

¿Fue el destino? ¿Fue el destino quien quiso ponerme en la boca lo que de hecho no voy a poder disfrutar? ¿Fue él, cruel manipulador, quien hizo que conociera a la persona que me ha hecho sentir por fin el hecho de estar enamorado … y ser correspondido plenamente, sin condiciones, sin barreras?

Bilings resultó ser un paraíso hecho realidad. En cuanto puse los pies en la mansión del señor Cooper, quise quedarme allí para siempre. La casa era preciosa, luminosa, blanca, acogedora en todos sus rincones, rodeada por un bosque tan extenso, que el de los Andrew parecía de juguete.

Pronto me sumergí de lleno en la naturaleza, en el modo de vivir de aquella encantadora familia, en su estilo de vida, que hacía que se te aligerara el espíritu. Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que la vi … y creo firmemente que se me detuvo el corazón en ese instante: Claire.

- Esta es mi hija Claire.

Una joven se adelantó sonriente y segura, con la mano levantada, como si fuera un caballero, hacia mí. No pude reponerme a tiempo de la sorpresa, no estoy acostumbrado a que una mujer se maneje con la firmeza y seguridad de un hombre. Y debió de notárseme en el rostro, porque la joven se echó a reír con una risa cristalina que me llego al corazón … y me puse francamente nervioso.

- ¿Qué sucede, señor Cornwell? ¿No está acostumbrado a estrechar la mano a una mujer?

Y ahí comenzó todo. En los casi dos meses que me quedé como huésped de los Cooper, mi corazón se rindió totalmente como jamás en mi vida … ni siquiera con Candy. En cierto modo, el espíritu alegre y libre de la joven me recordaba a mi querida prima, pero mi amor por Candy había sido un amor adolescente, idealizado … y lo que me inspiraba aquella mujer, plena, madura, con su cabello castaño suelto sobre la espalda, sus ojos azules, alegres y chispeantes y sus curvas, enfundadas continuamente en ropa cómoda, blusas y pantalones de montar, acentuando sus curvas y dejando volar la imaginación, era algo totalmente desconocido para mí. Claire me trataba como a un igual, era franca, alegre, inteligente …

Me sumergí en aquel mundo, en aquel modo libre y fácil de vivir … sin estúpidas reglas, sin convencionalismos … me olvidé de mi condición, de los Andrew … y me dejé llevar, casi sin darme cuenta, haciendo que aquellas semanas se convirtieran en las mejores de toda mi vida.

No supe a ciencia cierta cuándo ni cómo sucedió … pero Claire me desarmó. Aquella joven de veintisiete años que desgraciadamente había perdido a su esposo en un accidente hacía ya dos, que miraba la vida de frente y que era muy capaz de decidir su futuro.

- ¿Por qué te sorprende tanto que sea yo quien lleve varios de los negocios de mi padre? – Me preguntó ella una tarde, mientras llevábamos de la brida a los caballos por el bosque. Porque así era continuamente, siempre en plena naturaleza, recorriendo la finca, comiendo en lugares variopintos y especiales … jamás sabías qué era lo que te iba a deparar el día. – Soy su única hija. Seré yo quien deba continuar con los negocios de la familia …
- Lo sé, pero … - Me encogí de hombros. – bueno, no es lo habitual …
- Dios mío, Archie, ¿pero en qué mundo vives? Cada vez que me cuentas algo de tu hogar, siento menos deseos de conocerlo …

Sí, era cierto … ¿en qué mundo vivía? Me sentía como si me hubieran quitado una venda de los ojos y por fin viera la realidad.

Claire me contó que había amado a su esposo profundamente. Que se conocían desde niños, y que Adam era el hijo de uno de los capataces de su padre. Habían encajado a la perfección. Pero aquella felicidad se vio truncada cuando Adam cayó del caballo golpeándose la cabeza, y murió en el acto. Enseguida pensé en Anthony.

- ¿Todo bien? – Claire me observaba con el ceño fruncido.
- Sí … bueno, de hecho, mi primo perdió la vida en idénticas circunstancias. – Ella asintió. – Sólo tenía quince años … - Continuamos en silencio unos minutos, y súbitamente desee tomarla de la mano. El sentimiento fue tan poderoso, que tuve que detenerme, y ella hizo lo propio, sorprendida.
- ¿Qué sucede?
- Nada … - Intenté sonreír. - ¿Adam era hijo de un capataz? Pero, ¿no te pusieron problemas?
- ¿Problemas? – Se rió ella. - ¿Y por qué iban a hacerlo? Nos queríamos … desde siempre. – Se encogió de hombros.

Así era Claire. En todos los aspectos, tal como descubrí después … cuando me enamoré de ella, cuando la amistad dio paso a los sentimientos, al deseo … nos contamos todo, hablé de Annie, de mis sentimientos … desnudé mi corazón ante ella como no lo había hecho con nadie. Perdí la cabeza … la deseaba tanto … pero ella supo llevar la situación. Mantuvo la cabeza fría, si no hubiera sido por ella … no hubiera podido contener mis impulsos.

Fue la última noche, rodeados de oscuridad, con los ruidos nocturnos arropándonos y las tenues luces de la mansión iluminando apenas nuestros rostros, que la acerqué a mí y la besé como nunca había hecho. Ella no se resistió, se abrazó a mí un momento con fuerza y después se separó lentamente.

- Claire, yo …
- Sssshhh, no digas nada. Ni siquiera te despidas. – Me acarició suavemente la mejilla, sus ojos brillando en la oscuridad, para a continuación dirigirse con paso firme a la casa.

Ya no volví a verla. Al día siguiente, fue el señor Cooper quien me estrechó la mano con efusividad y me palmeó la espalda.

- Esta es tu casa, Archie, no lo olvides. Esperamos verte pronto.
- Y … ¿y Claire?
- Oh, Claire ha salido de madrugada hacia la parte noreste del rancho. Había problemas con las cercas.

Y eso fue todo. Volví a Chicago, a mi mundo … y de pronto, me encontré con Annie.

Aprieto los puños con fuerza y suspiro audiblemente. Debo volver. No deseo hacerlo, pero debo volver. Tiró la colilla del cigarrillo y me vuelvo hacia la mansión. Súbitamente la casa me recuerda a una enorme prisión.

-Patty-

La cena ha transcurrido mejor de lo esperado. Todo el mundo ha hecho gala de su educación y saber estar, pero nunca me había sentido tan observada … y tan sola. Me siento como una extraña jugando a que estoy en mi hogar. Sé que soy ridícula e infantil, y que de hecho he hablado con William infinidad de veces sobre el asunto, peor no puedo evitarlo. Tal vez cuando pase todo esto, tal vez cuando nos quedemos solos … no veo el momento de que eso suceda. No veo el momento de que Elroy se marche, y se lleve a todos los Andrew con ella.

Annie está sentada junto a mí, silenciosa y taciturna. Está distinta. Entiendo que ha pasado una época muy dura y que necesita adaptarse … pero noto que algo ha cambiado en ella. Aprieto levemente su mano y ella gira la cabeza para mirarme y sonríe.

- ¿Estás bien? ¿Todo bien en casa?
- Claro que sí. – Me contesta, tal vez con demasiada agitación. - ¿Y tú? Pareces cansada … - Asiento.
- Sí … de hecho, creo que voy a retirarme en breve.

Veo cómo mi marido se acerca a nosotras acompañado de la esposa de otro miembro de la familia … que ahora no recuerdo. Maldita sea. Me levanto lentamente y me disculpo con Annie.

-Annie-

Observo a Patty y a Albert conversar con la dama, y aprovecho la oportunidad para escabullirme discretamente al baño.

Mis sospechas no eran infundadas. Constato que me ha venido el periodo. Ya notaba los síntomas, pero no estaba del todo segura.

Me acerco al lavabo y me mojo el cuello y las sienes. Un rostro apagado me devuelve la mirada desde el otro lado. Debería sentirme profundamente aliviada, ¿no? Y así es, en cierto modo. Sé que Matt fue muy cuidadoso al respecto … sobre todo porque yo no deje de pedírselo. Pero … meneo la cabeza. Ni lo pienses, Annie.

Y ahí está otra vez. Su recuerdo me golpea sin previo aviso. ¿Volveré a verle algún día? No voy a engañarme a mí misma … sé que no … y que no debería, por supuesto. No dejo de pensar en cómo estará, qué hará …

Súbitamente unos ruidos en la puerta me alertan de la llegada de alguien. Me seco el rostro rápidamente y me oculto en uno de los aseos. No deseo que me sorprendan llorando como una tonta en el baño, daría aún más de que hablar.

-Neil-

Estoy hirviendo por dentro. No soporto tenerla cerca, no soporto verla del brazo de ese maldito … siento como si toda la familia se estuviera riendo en mi cara. Te rechazó la huérfana, parece que estén todos diciendo, y ahora se ha casado con otro. Y encima con ese malnacido … ese noble de pacotilla que juega a ser actor.

Ni siquiera deseo conversar, ni que se me acerque nadie … ya he tenido que oír más de un estúpido comentario.

La observó a lo lejos y vuelvo a hervir por dentro. Siento rabia … y deseo al mismo tiempo. Quisiera hacerle daño … pero también … maldita sea. Aprieto los puños y apuro mi copa de un trago.

- ¿Neil?
- ¿Mamá? – Ella me endereza discretamente la pajarita con sus gráciles dedos, observándome con el ceño ligeramente fruncido.
- No te excedas esta noche, querido.
- No, mamá.
- ¿Recuerdas que mañana has de venir a almorzar a casa?
- Sí, ya es la quinta vez que me lo recuerdas.
- No llegues tarde.

El maldito almuerzo. El maldito almuerzo con aquella joven que todos se han empeñado en que debo convertir en mi esposa. ¿Pero es que no comprenden que yo no siento nada? Ni siquiera sentí deseo cuando la vi …

¿Qué me hiciste maldita huérfana? La observo discretamente, hermosa como una diosa, enfundada en ese vestido que me muero por arrancarle a pedazos … y ese rostro de ensueño … es una bruja, una maldita bruja que me ha hechizado.

De pronto veo cómo se disculpa con su maridito y con el grupo con el que está, y se dirige hacia uno de los pasillos. Ni siquiera soy consciente de que mi cuerpo se mueve. Sé a dónde se dirige. Giro la cabeza y los fríos ojos de aquel noble me taladran. Me está vigilando. Bien, conozco la casa mucho mejor que tú, Grandchester.