-Terry-

Hoy es jueves … creo. Abro los ojos a la claridad que inunda la habitación, y me doy cuenta de que estoy solo en el lecho … de nuevo. Y así ha sido desde la noche de la cena con los Andrew. Aquella fue la última vez que pude tocar íntimamente a mi esposa, y ya han pasado cinco días. Lo único que ella argumenta al respecto es que está muy nerviosa y cansada. Hemos ido a que el doctor le echara un vistazo, tal y como le insinué, y parece que todo está bien … pero yo no puedo evitar estar terriblemente preocupado.

No sé por qué, presiento que algo ha sucedido. Está distante, tensa … y cada vez que intento un acercamiento, me evita sutilmente. Ella dice que son imaginaciones mías, ¿imaginaciones?

Por cierto, ¿a dónde habrá ido? Oh sí, de pronto recuerdo que me dijo que iba a estar en el hospital, que deseaba dejar cerradas algunas cuestiones antes de marcharnos. Y nos vamos el lunes … por fin. Una vez terminé la fiesta, el sábado por la noche, haremos los preparativos el domingo, y el lunes a primera hora partimos de Chicago.

Me levanto perezosamente de la cama y me dirijo al baño para darme una vigorizante ducha. No voy a negar que en cierto modo, estoy deseando volver a Londres … y más que a Londres, estoy deseando volver a mi rutina, a mi trabajo … no es un secreto que odio las multitudes, y estos días me están resultando francamente duros de sobrellevar. Siento que voy a estallar en cualquier momento, y sé que eso no sería nada bueno.

El agua cae por mi cuerpo y me quedo quieto un segundo, pero de pronto abro los ojos sorprendido. ¿He oído bien? ¿Alguien ha dicho mi nombre?

Apago el grifo de la ducha y asomo la cabeza. Sí, hay alguien en la habitación.

- ¿Quién anda ahí?

- ¿Terry? – El risueño rostro de Albert me saluda desde el vano de la puerta y yo suelto el aire retenido.

- ¡Oh, Albert!

- ¿Te he asustado?

- ¿Tú qué crees? – Mi amigo me lanza la toalla divertido y yo empiezo a secarme, meneando la cabeza. - ¿Qué sucede?

- Nada, nada … - Albert entra al baño, lleno de vapor, y abre la ventana, dejando entrar el aire.

- ¡Albert! Creo sinceramente que lo que quieres es matarme de una pulmonía.

- Es que no sé cómo puedes respirar con todo este vapor acumulado en el ambiente …

- ¿Has venido a darme lecciones sobre cómo debo tomar una ducha? – Mi amigo suelta una carcajada.

- Vamos, vístete rápido. ¿Tienes traje de montar?

- ¿Qué? – Me paro un instante a mirarle sorprendido. – Claro, Albert. Es un básico en una gira teatral. – Albert ríe aún más fuerte y me da un cariñoso golpe en el hombro.

- Por eso te he dejado uno encima de la cama. Somos más o menos de la misma talla. ¡Vamos, apresúrate! Una buena cabalgada es lo que nos hace falta. ¡Te espero abajo!

Y antes de poder articular palabra, mi amigo abandona la estancia tan rápido como ha llegado.

-William-

Estoy pletórico de energía. No sé si es porque presiento que dentro de poco todo habrá terminado. Una vez pase la fiesta, poco a poco podremos volver a la normalidad, y no veo el momento de que eso suceda.

Milagrosamente, tengo la mañana libre, así que no veo mejor ocasión para poder dar un buen paseo a caballo, y sé que mi amigo Terry estará encantado de acompañarme. Esta mañana temprano me he topado con Candy, camino del hospital, así que supongo que Terry aceptará un poco de aventura para mitigar su soledad.

Entro a mi propio dormitorio y me acerco silenciosamente al ventanal para descorrer parcialmente las cortinas. Patty sigue dormida en el lecho. Me acerco a ella y beso suavemente su mejilla, el borde de sus labios …

- Mmmmhhh … William … - Ella se despereza y yo aprovecho para besar su cuello.

- Buenos días, amor mío. – Ella me rodea con sus brazos.

- ¿Qué hora es?

- Hora de desayunar. He pedido que te suban el desayuno, ¿de acuerdo? – La beso en los labios.

- Últimamente no paro de dormir … - Me levanto sonriendo.

- Es normal en esta etapa. Voy a dar un paseo a caballo con Terry, ¿de acuerdo?

- ¿Puedes hacerlo?

- Sorprendentemente, tengo unas horas libres. – Mi esposa asiente y sonríe soñolienta. – Te veo emocionado.

- Créeme que lo necesito, vida mía.

- Lo sé. Luego te veo.

Salgo de la habitación y enfilo el pasillo, silbando quedamente. Me siento bien. No puedo creer que tenga toda una mañana entera de libertad por delante.

- Buenos días, Watters. – Doy un golpecito a Watters en el hombro al llegar al final de la escalera y sonrío a Birdy, que se apresura escaleras arriba a llevar el desayuno a mi esposa.

- Una hermosa mañana, señor.

- ¡Ya lo creo! – Le guiño un ojo y me dispongo a salir a la galería.

- ¡William! – La voz hace detener en seco mis pasos. No, por favor, ahora no. Me doy la vuelta e intento sonreír.

- Buenos días, tía.

- ¿Tienes un momento? – Hace un gesto hacia la biblioteca. No, por favor, ahora no.

- ¿Es importante? En este instante me disponía a ir a los establos …

- Apenas serán unos minutos, William.

- Está bien. – Suspiro profundamente y me dirijo a Watters. – Cuando baje el señor Grandchester, dile por favor que desayune y me espere unos minutos, ¿de acuerdo?

- Claro, señor.

-Emilia Elroy-

Veo la cara de fastidio de William, que intenta a duras penas disimular, y mi corazón se enternece y siente una honda tristeza. William pasa ante mí y entra a la biblioteca, donde sus tíos le esperan.

La plana mayor de los Andrew: el consejo. Formado por las cinco ramas de la familia Andrew: los cinco hermanos, las ramas principales, de las cuales derivan otras muchas, menos significativas. Y todos ellos han tenido descendencia, todos menos yo. Todos menos el hermano mayor. Y he tenido que soportar ese velado desprecio durante toda mi vida, desde el mismo momento en que me uní a Charles. Porque para la familia, la culpa, por supuesto, ha sido enteramente mía. Algo que también ha contribuido a fortalecer mi carácter.

Colton es el segundo, casado con Elizabeth. Y del que desciende William, cabeza de la familia, quien en unos meses continuará su línea sucesoria, con el bebé que espera. William es ahora el único descendiente vivo de esa rama. Así como indirectamente, yo soy la única de la rama de Charles.

Sentados frente a nosotros, tenemos a los otros pilares de la familia: Robert y Michael. Los hermanos pequeños. Con descendencia. Esperando como buitres a que alguno cometa algún error para coger la batuta. Afortunadamente, sus hijos aún están en la universidad, como mucho.

Y por supuesto, antes está Felicia, la única mujer, la tercera por nacimiento. Por desgracia fallecida también, así como su única hija Margaret, madre de mis otros muchachos: los Cornwell. Por desgracia, sólo queda Archibald como único descendiente de la misma con vida. Hará unos tres años, Archibald tuvo que soportar el terrible dolor de perder a sus padres en un accidente. En su corta vida, mi sobrino ha tenido que soportar grandes pérdidas, aunque no podrá ser miembro del consejo hasta que cumpla la treintena.

William saluda a sus tíos con sendos apretones de manos, y todos nos instalamos frente a los ventanales que dan a los jardines. Mis ojos se pierden unos instantes en el colorido de las flores, antes de forzarme a centrar mi atención en los presentes.

- Bien, ¿qué sucede? – William junta sus manos y sus ojos azules nos escudriñan uno a uno.

- Eso querríamos saber nosotros, sobrino, qué es lo que sucede.

- ¿A qué te refieres, tío Robert?

- Te casas de pronto, sin consultar al consejo, sin seguir las reglas que se llevan cumpliendo en la familia desde hace siglos …

- Eliges a una joven inferior a ti en la escala social … - Continúa su tío Michael.

- ¡Bien, ya basta! ¿Vamos a volver a comenzar con todo este asunto? Creía que ya estaba finiquitado …

- Y hemos pasado todo eso y nos hemos plegado a toda esta pantomima que ha preparado Elroy. – Abro la boca para decir algo, pero Robert alza un dedo en mi dirección, haciéndome callar. Siento que hiervo por dentro de furia contenida. – Ahora no, Emilia. Pero has omitido que por añadidura, tu esposa está enferma.

- ¿Enferma? – William frunce el ceño, sorprendido.

- Por supuesto, William, ¿vas a decirnos ahora que no lo sabes? – William se incorpora bruscamente en el sillón.

- Por favor, tío Robert, no juegues conmigo. Patricia está embarazada, y es por eso por lo que …

- No está así por el embarazo, William.

- ¿Qué demonios estás diciendo?

- Robert, no creo que …

- ¡Ahora no, Emilia!

- ¿Vais a decirme de una maldita vez qué es lo que sucede con mi esposa? – William ya se ha puesto en pie, frente a sus tíos, el rostro pálido y los ojos vidriosos, heridos y furiosos.

Robert se acerca a una mesa cercana y toma una carpeta de documentos que entrega a su sobrino. Este la toma con el ceño fruncido y la abre con manos temblorosas.

- ¿Qué es esto?

- Son pruebas realizadas a tu esposa hace unos días.

- ¿Pruebas a mi esposa? Pero, ¿cómo os atrevéis? – William se acerca peligrosamente a su tío, mientras Michael lo toma por las solapas de la chaqueta.

- ¡Ya basta, William! ¡Compórtate! – Él se desase de su tío con brusquedad.

- ¿Que me comporte? Me estáis diciendo que le habéis realizado pruebas a Patty sin mi consentimiento …

- Ella accedió, William.

- Pero, ¿por qué?

- Intuimos que esa debilidad iba más allá del simple embarazo … - William se había sentado, perplejo.

- Pero el Dr. Mills dijo …

- El Dr. Mills ni siquiera se planteó otra cosa. Una mujer joven, fuerte y sana … supuestamente, ¿por qué iba a haber algo más?

William vuelve la vista a los papeles … lo noto perdido, derrotado … deseo consolarle, hacer algo para aliviarle el dolor que está por venir, pero no puedo moverme. Él parpadea confuso, mientras pasa las hojas sin apenas ver …

- ¿Y esto qué significa? – Michael suspira y hace un gesto a Robert, levantándose y acercándose a William.

- Escucha, William, lamentamos profundamente todo esto, de veras. Pensamos … Dios mío, pensamos que estabas al corriente.

- ¿Al corriente de qué, tío Mike? – Observo el rostro de mi querido sobrino, sus ojos enrojecidos, su voz rota … y siento que las lágrimas inundan mis ojos, pero parpadeo varias veces para contenerlas.

- Las pruebas han revelado que Patricia se está debilitando rápidamente. Su cuerpo se apaga inexplicablemente a medida que avanza la gestación …

- ¿Qué?

- Pero no revelan las causas. Los médicos que han realizado las pruebas aconsejan que se traslade a la paciente a una clínica especializada …

- Pero, ¿qué estás diciendo? Patricia sólo está muy cansada, es normal en esta etapa …

- No, no es normal, William. En un mes … ya no podrá caminar.

- Pero … pero … - Los ojos de William se llenan de lágrimas no derramadas mientras vuelve la vista hacia los papeles y su tío le pone una mano en el hombro.

- ¿Es por el bebé?

- Tal vez … no lo saben. Aunque ya es demasiado tarde para interrumpir el embarazo, porque Patricia tal vez no sobreviva …

- Dios mío … - William se pasa las manos por el demudado rostro.

- Sé que necesitas unos momentos. Pero habrán de tomarse decisiones, William …

Unos golpes en la puerta, hacen que todos nos giremos sobresaltados para ver cómo George entra a la habitación. El pobre hombre parece algo cohibido al observar nuestros rostros.

- Lamento la interrupción. Señora, - se dirige a mí – necesito que supervise varios encargos y preparativos para la próxima fiesta del sábado. Los plazos se nos echan encima.

- Está bien, George, voy en unos minutos. Espérame en la cocina.

-George-

Salgo de la biblioteca y me dirijo rápidamente a la cocina con el corazón en un puño. Se lo están comunicando en este instante. He podido ver su angustiado rostro, y lo siento tanto, tanto … es tan injusto …

Al llegar a la espaciosa cocina, constato que Mary se halla sola.

- Hola. – Su resplandeciente sonrisa es lo único que puede alegrarme el día. No veo el momento de que todo el asunto del señor William termine, para poder pedirle que se case conmigo. - ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

- Claro que sí. – Miro a mi alrededor un instante y me acerco a ella, tomando su mano y besándole la palma, para después apretarla contra mi mejilla. – La señora Elroy vendrá enseguida, y entonces deberé marchar a la ciudad. ¿Podremos vernos esta noche?

Ella asiente y se separa con rapidez, al tiempo de darme la vuelta para ver a la señora Elroy entrar a la cocina.

- Bien, George, ¿decías …? – Tomo la lista de quehaceres de encima de la mesa y se la enseño.

- Debe supervisarse el menú con Mary, la distribución del buffet y las bebidas … he de ir al despacho en la ciudad a cerrar unos asuntos de la familia y no sé si volveré a tiempo para aprobar los contratos del servicio temporal para la fiesta y la seguridad …

- De acuerdo. De camino a la ciudad, quiero que pases por la mansión Cornwell y avises a mi sobrino de que deseamos verlo sin falta esta tarde, ¿de acuerdo? Vamos a tener una importante reunión, en la que también creemos que debes estar tú presente, George.

- Sí, señora.

Me despido con un gesto de cabeza y me dirijo hacia la entrada. Espero que Andy ya esté con el coche a punto. He de hacer tantas cosas que no sé si el día tendrá horas suficientes.

Una vez el coche se detiene a la entrada de la mansión Cornwell, Jackson me recibe con cierta sorpresa.

- ¡Señor Anderson! No esperábamos su visita.

- Me envía la señora Elroy. ¿Está el señor Archibald en casa?

- Lamentablemente no, ha ido al despacho en la ciudad, pero la señora …

- No quiero importunarla …

- Tú nunca molestas, George. – Me inclino ante la joven morena que se acerca a nosotros, obviamente preparada para salir, y ella sonríe. – Me alegro de verte. Mi esposo se encuentra en la ciudad, ¿te diriges hacia allí?

- Así es, señora.

- ¿Sería un inconveniente que compartiéramos el coche? Mi esposo se ha llevado el nuestro y he de hacer unos encargos.

- Al contrario, será un placer, señora.

-Annie-

La llegada de George ha resultado como caída del cielo. La casa se me estaba echando encima, ya no podía más. La relación con Archie cada vez es más distante, y aunque intentamos ser corteses el uno con el otro, los espacios silenciosos cada vez son más abundantes e incómodos. Necesito salir de la casa. La ciudad me vendrá bien, con su actividad y su energía. Tal vez vaya a ver a mi madre … quien sabe. Me hubiera gustado ver a Patty y a Candy, pero sinceramente, no tengo muchas ganas de ir a la mansión Andrew, al menos de momento.

Hace un par de días tuvimos que encontrarnos con la tía Elroy para tomar el té, y la situación fue francamente incómoda, tanto para Archie como para mí. Hubimos de sufrir un exhaustivo interrogatorio que a duras penas pudimos eludir convincentemente. Y al volver a casa, estaba tan enfadada y asqueada que ni siquiera pude probar bocado en la cena. Maldita vieja bruja, cuánta razón tiene Candy. Por cierto, hubiera deseado tener una conversación privada con ella sobre lo acontecido en la cena con Neil, pero no ha sido posible.

- ¿Va de compras a la ciudad?

- Sí, eso es. Por cierto, George, ¿estaba Candy en la mansión?

- Creo que no, señora. Tengo entendido que ha ido al hospital a primera hora de la mañana. – Mi corazón se alegra súbitamente. Está en la ciudad. Luego pasaré a verla y tal vez podamos almorzar juntas.

George me deja en el centro de la ciudad y una vez sola, respiro profundamente. Esta pequeña escapada me da una absurda sensación de libertad, y me siento bien por primera vez en mucho tiempo.

La mañana de septiembre es maravillosa, llena de luz, aligera el espíritu. La muchedumbre, ajena a los problemas de los demás, pasea tranquila por las concurridas calles, entre tiendas y callejuelas, disfrutando de la mañana veraniega. Hace tanto, tanto tiempo que no hago algo tan normal como simplemente ir de compras …

-Matt-

- Dios mío … - Me atraganto con el café, derramando parte del mismo en la mesita, mientras toso compulsivamente.

- ¡Matthew! ¿Estás bien? ¿Qué te pasa? – Mi madre me da golpecitos en la espalda y yo intento recomponerme, no quitando la vista ni un instante de la blanca figura que se aleja paseando al otro lado de la calle.

- Disculpa, mamá …

¿Es ella? ¿Es ella realmente? Sí, la reconocería en cualquier parte … esa forma de caminar, esas curvas …

- ¡Matthew! – Pego un ligero respingo ante el grito de mi madre. - ¿Estás bien?

- ¿Eh? Sí, sí, mamá … - Mi madre sigue la dirección de mi mirada y frunce el ceño.

- ¿Qué ocurre?

- ¿Me disculpas un momento? Creo haber visto a alguien …

Ni siquiera me detengo a escuchar las protestas de mi madre y echo a correr en dirección a la persona que ocupa mis pensamientos de la mañana a la noche. Por fin la tengo a pocos metros de distancia y siento que mi corazón va a explotar. ¿Qué haré? ¿Qué diré? ¿Cómo reaccionará ella? Tengo las palabras de su carta grabadas a fuego en el alma … pero no puedo creerlo, simplemente, no puedo … he de verlo en sus ojos.

Annie se ha detenido ante un escaparate a pocos pasos de mí y me paro un segundo, para tomar aliento y poder observarla a placer por unos minutos. Dios mío, está preciosa … con ese vestido, ese sombrero … esa elegancia natural que posee al moverse … y sus ojos, aunque no pueda verlos desde aquí, sé que voy a sufrir un impacto al volver a encontrarme con esos ojos que despiertan todo mi cuerpo …

Me armo de valor y me adelanto unos pasos, ya estoy muy cerca … abro la boca para decir su nombre …

- ¡Annie!

Ella se gira hacia la voz y yo me muerdo el labio, el corazón retumbando en mi pecho. ¿Quién es ese hombre? Observo cómo ella se acerca a ese elegante joven, vestido impecablemente, y este la besa en la mejilla. ¿Es ese su marido? Necesito apoyarme en la pared, me cuesta trabajo respirar con normalidad …

Y súbitamente, Annie se gira un momento, y nuestros ojos se encuentran en la distancia. De pronto el tiempo, el mundo, se detiene, y solo estamos nosotros dos, mirándonos. Percibo el impacto que recibe su rostro al verme, constato como su rostro palidece, como su mano tiembla ligeramente al subir hacia su garganta …

-Annie-

No es posible, no es posible … Matt … está aquí, en Chicago, parado a pocos pasos … ¿estoy sufriendo una alucinación?

- Annie, ¿qué sucede? – Archie me observa con el ceño fruncido para a continuación, mirar él también hacia la figura de Matt, parada a pocos pasos, en la acera. - ¿Conoces a ese caballero?

- ¿Eh? ¿Qué caballero? – Dios mío, Annie, ¡reacciona! ¡Reacciona ya! – Creo … creo que me estoy mareando …

Archie enseguida me toma por la cintura y me apoyo en él.

- Estás realmente pálida … entremos un momento en aquella cafetería. Un café te sentará bien.

- Pero …

- Sólo será un momento, Annie. Después me acompañarás al despacho y haré que Tom te lleve a casa, así podrás descansar. – Archie me coge firmemente por el codo y la cintura, y me dirige hacia la cafetería indicada. Debo hacer acopio de todas mis fuerzas para no girar la cabeza en su dirección … Dios mío, Matt …

Ni siquiera soy consciente de lo que sucede a mi alrededor en los próximos minutos. Archie hace que me tome el ardiente café casi a regañadientes, y a continuación nos dirigimos a su despacho, donde George nos espera. Archie me deja sentada en una de las salas de reuniones, al cuidado de su secretaría, mientras él habla con George en susurros.

- ¿Una reunión? ¿Esta tarde?

- Así es …

- ¿Y a qué se debe?

- Creo que le darán los detalles en la misma, señor … - Apenas soy consciente de lo que están hablando. ¡Matt! ¡Matt está en Chicago! ¿Cómo es posible?

Me retuerzo las manos, nerviosa. Siento deseos de estallar en lágrimas, pero no puedo hacerlo, no hasta que esté a salvo, en mi habitación.

- ¿Podrías acercar a Annie a la mansión, George? No se encuentra muy bien …

- Por supuesto.

Archie se acerca a mi y me levanta del butacón, volviendo a tomarme por la cintura.

- Annie, George te llevará a casa, le pilla de camino. Escucha, esta tarde tengo una reunión importante, así que supongo que nos veremos en la cena, ¿de acuerdo? – Asiento como un autómata y sigo a George hacia la salida.

- Señor Cornwell, su próxima cita, los Jenssen, están en el vestíbulo.

- Bien, Sally, que suban.

¿Los Jenssen? ¿Ha dicho los Jenssen? Me detengo, mirando a la pobre Sally fijamente. Esta me observa, turbada.

- ¿Señora Cornwell? – Parpadeo, confusa, y me obligo a sonreír.

- Annie, ¿estás bien? – Pregunta mi esposo.

- Sí, sí, lo siento … - George me ofrece su brazo y yo me apoyo agradecida, rezando para no toparnos con los Jenssen en el ascensor.

-Archie-

Observo cómo George se lleva a Annie hacia el ascensor. Estoy confuso. ¿Por qué ha reaccionado Annie de esa manera? Sé que me ha mentido. Lo presiento. Aunque ella no lo crea, la conozco bastante bien. ¿Tendrá algo que ver con aquel joven parado a pocos metros de nosotros?

Sally vuelve a llamar mi atención, ya que mi próxima cita de negocios está llegando. Me meto al despacho y me instalo tras mi escritorio. Los Jenssen son pioneros en muchos negocios de la costa este, y sería muy beneficioso para la familia relacionarse con ellos. De hecho, el señor Jenssen me ha comentado por carta varias operaciones muy interesantes que interesaría profundizar. Sé que están invitados a la fiesta del sábado, una ocasión ideal para conocer a mis tíos y a Albert.

Sally toca a la puerta y hace pasar a dos caballeros, mientras me pongo en pie para recibirles. Y entonces … he de hacer un gran esfuerzo para ocultar la profunda sorpresa de constatar que uno de ellos es el joven que acabamos de ver parado a pocos metros, y al que mi esposa miraba como si fuera un aparecido. El señor Jenssen, ajeno a todo, se adelanta sonriendo y me estrecha la mano.

- Señor Cornwell, por fin nos conocemos.

- En … encantado de conocerle, señor Jenssen.

- Este es mi hijo, Matthew. Él es quien se encarga principalmente de las operaciones de las cuales hemos hablado, por lo que le explicará mucho mejor que yo todo el asunto.

- Señor Cornwell …

El joven se adelanta y me estrecha la mano con seguridad. Nos miramos a los ojos. ¿Qué sucede aquí? ¿Quién eres tú? ¿Qué tienes que ver con mi esposa? El joven habla con una convicción admirable. Enseguida me doy cuenta de que es inteligente, despierto, y que sabe de lo que habla. De no ser por la reticencia que me produce lo que ha sucedido recientemente con Annie, incluso me caería bien.

Mientras escucho, me entretengo en observarle. Es intrigante. Es magnético, y esos ojos … ¿ámbar? No se parece a su progenitor. Me doy cuenta de que estoy ante un formidable adversario. La tensión entre nosotros es palpable, aunque parece que el señor Jenssen no es consciente de ello. He de morderme los labios para no preguntar …

La reunión se alarga por unos treinta minutos más, y de pronto me encuentro despidiendo a ambos hombres.

- Entonces, nos veremos el sábado.

- Eso es, señor Jenssen. Pondré en antecedentes a mis tíos y seguramente el sábado querrán conocerles y adelantar algo.

- Perfecto, señor Cornwell.

Observo cómo ambos hombres se dirigen al ascensor y por un corto instante, mis ojos se encuentran con los de Matthew Jenssen y mi corazón se acelera sin saber por qué. ¿Quién demonios eres?

Sally interrumpe mis cavilaciones.

- Señor Cornwell, la señora Grandchester está aquí, le está esperando en el salón. – Frunzo el ceño.

- ¿Candy?

Me dirijo hacia el salón de reuniones y mi bella prima se levanta del sillón sonriente, y se acerca a darme un abrazo.

- ¡Archie!

- Candy, ¿qué haces aquí?

- He estado toda la mañana en el hospital, terminando algunas cosas … antes de marcharme. – Su rostro se empaña un poco, o tal vez hayan sido imaginaciones mías. – Y después me he preguntado si estarías en el despacho y si sería posible que me acompañaras a la mansión Andrew. Así podemos estar un rato juntos, primo, que no hemos tenido ocasión desde que has llegado. – Yo no puedo evitar sonreír ante su entusiasmo.

- Me parece una gran idea. ¿Comemos juntos? – La duda se instala unos segundos en sus verdosos ojos, pero enseguida asiente sonriendo.

-Candy-

No esperaba la invitación a almorzar, y no sé cómo reaccionará Terry al ver que no vuelvo a la mansión, pero siento que le debo esto a mi primo. Su tristeza me llega desde kilómetros de distancia, y no voy a verlo en mucho tiempo … espero que mi esposo pueda comprender que necesito estas despedidas.

Y por otro lado, no soy estúpida … ni él tampoco. Estoy evitándole. Me siento tan tensa, tan nerviosa … y asustada, que no deseo que él lo perciba. Supongo que todo terminará una vez pase la fiesta y me aleje de Chicago … y de Neil Legan.

Archie coge sus cosas y nos despedimos de Sally. El esplendoroso sol de septiembre nos ilumina los rostros y el alma, y colgándome del brazo de mi primo, nos alejamos hacia el extenso parque de la ciudad. Archie compra unos bocadillos en un pequeño quiosco al pie del parque, y nos adentramos en los jardines, disfrutando de nuestra mutua compañía. Pronto estamos sentados en la hierba, comiendo con las manos, ambos descalzos, disfrutando de la naturaleza. Miró a mi primo y mi corazón se alegra al descubrir que los ojos de Archie vuelven a brillar.

- Oh, Archie … por fin sonríes. Hacía tanto tiempo que no te veía así … - El rostro de mi primo se nubla unos instantes.

- Bueno … creo que eres de las pocas personas que logra hacerme sonreír, Candy, como siempre …

- ¡Eh, eso no es cierto!

- Eso era lo que Stear siempre solía decir … - Archie echa la cabeza hacia atrás, sonriendo con nostalgia. – Ten un mal día, un día negro … pero te toparás con la rubita pecosa y te arrancará una sonrisa aunque no quieras … - Yo tenía un nudo en la garganta.

- ¿De veras decía eso?

- Sí … - Archie alarga su mano y toma la mía con cariño. – Me alegro de que seas feliz, Candy, de veras, a pesar de mis diferencias con Terrence … ahora sé que él te ama.

- Gracias, Archie. – Susurro con voz ronca por la emoción. – Voy a echarte de menos, voy a echar de menos a todos … - Él asiente. Sus ojos castaños son insondables y desprenden una gran tristeza. – Archie …

- Sé lo que vas a preguntarme … y sólo puedo decirte que Annie y yo hemos de tomar decisiones importantes … pero aún no hemos dado ese paso.

- Yo sólo quiero que seáis tan felices como yo lo soy en este instante … - Archie sonríe con dulzura, acariciando mi mano.

- Gracias por este momento, querida Candy, ha sido casi como volver a ser muy joven, en Lakewood, con Anthony y Stear, los cuatro sonriendo a la vida … - Una lágrima se desliza por mi mejilla.

- A mí siempre me tendrás, aunque sea a kilómetros de distancia.

- Lo sé.

Y como siempre sucede con los buenos momentos, llegan a su fin. Debemos volver. Archie me ha comentado que tiene que asistir a una importante reunión en la mansión, pero no puede darme más detalles, porque los desconoce.

El chofer de Archie nos acerca a la casa, y una vez llegamos, con Watters recibiéndonos con una sonrisa, se abre súbitamente la puerta de la biblioteca y de pronto, la figura de Albert, sentado en un butacón, la cabeza entre las manos, destrozado, estruja mi corazón.

Sin pensármelo dos veces me dirijo a su encuentro, pero una alta figura se interpone en mi camino.

- ¿A dónde crees que vas, Candice?

- Tengo que hablar con Albert … - Intento pasar, pero la tía Elroy vuelve a interponerse en mi camino.

- Candice, no es el momento. – Nuestros ojos se encuentran y una ira insana me posee, trasluciéndose, estoy convencida de ello, en mi mirada clavada en esos fríos ojos grises. - ¿No tendrías que estar con tu esposo? Has estado fuera todo el día. – Aprieto los labios antes de abrir la boca para replicar, pero Archie me pone una mano en el hombro.

- Candy, querida, luego podrás hablar con Albert, ¿de acuerdo? Yo se lo diré. – Los ojos castaños de Archie me miran con dulzura, casi suplicantes.

- Está bien.

Archie y la tía Elroy vuelven a entrar a la biblioteca cerrando la puerta tras de sí, y yo respiro profundamente para calmarme, y me giro hacia Watters.

- ¿Has visto al señor Grandchester, Watters?

- El señor Grandchester salió a cabalgar antes de almorzar, y todavía no ha vuelto, señora.

- ¿Qué? ¿Cómo que todavía no ha vuelto? – Mi corazón comienza a latir a un ritmo alarmante.

- El señor dijo que se llevaría algo para almorzar en el bosque, y que volvería al atardecer.

Corro escaleras arriba para cambiarme. Tal vez esa sea la solución: una buena cabalgada, un paseo con Terry por el bosque. Al enfilar el pasillo, me topo con Birdy.

- ¿Cómo se encuentra Patty, Birdy? ¿Está despierta?

- No, señora. La señora Patricia ha vuelto a quedarse dormida.

- Vaya, entonces la dejo descansar.

Me cambio en unos minutos y me dirijo a grandes pasos a los establos. Pronto estoy cabalgando a trote rápido por los caminos. Oh, qué maravilla … necesitaba esto. ¿Dónde estará Terry? Pongo al caballo a un trote más lento para poder observar a mi alrededor. Echo de menos a Bella. Terry me ha insinuado que podría llevármela a Inglaterra, mi querida yegua … pero he decidido que no. Bella también echaría muchísimo de menos el hogar. Ahora está en Casa de Pony, pero le he comentado a Albert, que si Miss Pony y la Hermana María estiman conveniente que la traiga a la mansión, que entonces lo haga.

La cabalgada me está sentando de maravilla, como una medicina … casi vuelvo a ser yo misma. Y ahora, estoy deseando encontrar a mi esposo. Dirijo la montura hacia la zona de la cascada. En este amplio bosque, a las afueras de la ciudad, parece increíble que incluso haya una pequeña cascada que ha formado una pequeña laguna natural, no mucho más grande que una piscina, ideal para darse un chapuzón en total intimidad. Tal vez Terry se haya dirigido hacia allí, recuerdo que una vez le hablé de su existencia …

En cuanto llego a la entrada del camino a la cascada, sonrío de anticipación al ver un caballo pastando no muy lejos. Terry está allí. Desmonto y me acercó silenciosamente a la laguna. Mi apuesto marido está nadando desnudo. Una visión celestial en mitad del bosque.

- Señor, ¿sabe usted que esta es una propiedad privada? – Me muerdo el labio para no soltar una carcajada al ver que Terry se para en seco en mitad de su avance y traga agua, escupiendo y tosiendo compulsivamente, para a continuación volverse hacia mí.

- ¿Quieres que me ahogue? – Mi marido parece enfadado y yo hago un puchero.

- Lo siento, ¿estás enfadado? – Él no me contesta. Observo que menea la cabeza y vuelve a zambullirse en el agua, continuando su camino con gráciles brazadas.

-Terry-

Estoy airado, enfadado, molesto … rompo el agua con fuerza, como si quisiera partirme los bíceps. Mi esposa lleva todo el día fuera, de hecho, lleva días fuera … fuera de nuestro matrimonio, fuera de nuestro vínculo … y yo estoy loco, loco de nervios, de celos, de preocupación … y de pronto, la veo ahí, sonriente, como si nada hubiera sucedido.

Me detengo y me despejo el agua y el cabello del rostro. Giro ligeramente la cabeza para localizarla, y constato, algo sorprendido, que se está desnudando, preparándose para entrar al agua.

En pocas y ágiles brazadas la tengo frente a mí, y tengo que hacer verdaderos esfuerzos de contención para no abalanzarme sobre ella. A pesar del agua fresca, siento cómo mi miembro comienza a reaccionar ante su presencia, pero intento mantenerme sereno.

- Estás enfadado, ¿verdad?

- ¿Tú qué crees?

- Que sí. – Frunzo el ceño y me echo ligeramente hacia atrás, apartando la mirada, pero mi esposa se adelanta y me toma por la cintura. Su piel está fría, pero a mi me produce una descarga eléctrica. – Terry …

- ¿Sí? – Intento no demostrar ninguna reacción, pero mi esposa está muy cerca y sé que ha percibido mi estado de ánimo.

- Siento no haber venido antes, de verdad, tenía que terminar esos asuntos. Nos vamos en unos días …

- Lo sé … - Intento alejarme un poco, pero ella me retiene. – Candy …

- Por favor, no te alejes de mí …

- ¿Qué no me aleje de ti? – La miro a los ojos y ya no oculto mi ira, mi ofuscación. – Llevas lejos de mí varios días …

- Lo sé, y lo siento …

- ¿Qué demonios está pasando? – Los ojos verde-azulados que amo se tiñen de tristeza, y siento ganas de morderme la lengua, pero no puedo contenerme, estoy dolido.

- La casa, los Andrew … - Se encoge de hombros y noto que sus ojos se llenan de lágrimas.

- Puedo entender que estés nerviosa, asqueada … pero has hecho que sienta que te molesto, Candy ….

- No es así, Terry, de veras que no es así … - Me acaricia el rostro mojado y se mueve un poco. – Sabes que te amo …

- ¿De veras? – Arqueo una ceja.

- Por supuesto que sí. – Meneo la cabeza y me aparto un poco. – Terry …

- No estoy de humor, Candy … - Me zambullo de nuevo y me alejo unos metros. Al volver la cabeza, la observo allí parada, algo sorprendida … y airada. Sus ojos aguamarina comienzan a brillar peligrosamente.

- ¿Quieres que me marche? – Yo me encojo de hombros, mientras ella, ya enfadada, frunce el ceño y comienza a vadear hacia la orilla. Pero de pronto se da la vuelta y sus ojos me traspasan. Dios mío, está tan hermosa ahí parada, enfadada y desnuda … - Déjame que te diga una cosa, Terrence Grandchester: sigues siendo el mismo niñato insufrible de siempre … - Intento sofocar la carcajada sardónica que pugna por salir, pero ella aprieta los puños y se da la vuelta. Entonces la intercepto en dos segundos cogiéndola por la cintura, mientras ella me golpea el pecho.

- ¡Déjame Terry!

- En absoluto. – Me da una bofetada y yo le sujeto la muñeca. - ¡Ya basta, Candy!

- ¡Suéltame! – Mi esposa está llorando y a mi se me parte el corazón.

- ¿De veras quieres que te deje? – Nuestros ojos se encuentran. - ¿Lo deseas de veras, Candy? – Noto que todo su cuerpo se tensa.

- ¿A qué te refieres? – Estoy descontrolado, ofuscado, herido en mi amor propio … y ella está ante mí, expuesta, tan deseable … nos miramos furiosos, fijamente … mi cuerpo está tenso, pero mi piel abrasa … suelto sus muñecas.

- Eres libre. – Susurro, pero sé que ella me ha oído. Veo cómo mi esposa parpadea unos segundos, intentando controlar sus emociones. Entonces, súbitamente, su rostro cambia, y una ternura arrolladora cruza sus preciosos rasgos. Las lágrimas surcan sus mejillas.

- Pero yo no quiero ser libre, Terry … - dice con voz ronca- yo solo quiero estar contigo … - Oh, Dios mío … mi corazón se rompe en mil pedazos y trago con fuerza, intentando disipar el nudo que se me ha formado en la garganta.

- Candy … - Ella avanza lentamente hacia mí, algo cohibida. Mis manos rodean su rostro. – Me estoy volviendo loco … - Seco con los pulgares las lágrimas de sus mejillas, mientras me acerco a sus labios.

- Lamento todo … - Pero no la dejo terminar, ya que la beso suavemente.

Y es ella quien profundiza el beso, jugando con su rápida lengua en mi boca, salvaje y sexy … mi cuerpo reacciona como si hubieran pulsado un botón y la tomo por las nalgas. Ella se abraza a mi cuello y nuestras bocas se funden una y otra vez, cada vez más profundamente … noto sus manos enredadas en mi cabello, oigo sus jadeos mezclados con los míos, el murmullo del agua … pierdo el control, reclamo su cuello, sus pechos … mis manos recorren su piel mojada, y las suyas hacen lo propio con mis hombros y mi pecho, mientras enreda las piernas en mis caderas, hasta que su espalda toca el borde terroso de la laguna. La presiono contra la tierra y de pronto la penetro, gimiendo, oyendo su pequeño grito. Dios mío, ¿pero qué estoy haciendo? Me detengo bruscamente, mis ojos buscando desesperados los suyos.

- Candy … oh, amor mío, ¿te he hecho daño? ¿Estás …? – Ella acaricia suavemente mi cabello mojado y sonríe.

- Estoy bien … - Susurra agitada.

- Yo … - Mi esposa se mueve un poco, acoplándose más a mi cuerpo, y me besa profundamente, moviendo sus caderas y volviéndome loco. Pronto me uno a su movimiento, aumentado la presión, y sujetándola firmemente por las nalgas.

- ¿Va bien?

- Muy bien … - Gime ella.

-Candy-

Cae la tarde, y yo me siento tan plena y feliz … hacía tiempo que no me sentía así. En brazos de mi Terry, ambos relajados, en paz, apoyada en el pecho masculino, acariciando su piel calentándose al sol … Terry me ha hecho ponerme su camisa para tapar mi desnudez, argumentando que no desearía que nadie nos sorprendiera y pudiera ver mi cuerpo desnudo, que solo le pertenece a él … me encanta ese aire juguetón y posesivo de mi esposo. Sé que mi actitud le ha hecho daño, y no es justo, no quiero hacerle sufrir. La camisa está abierta sobre mis pechos, la mano de Terry acariciando suavemente la piel, haciéndome estremecer.

- Mmmmhhh, amor mío, el sol ya está bajo … - Susurro. - … debemos volver.

- No quiero volver … - Noto sus labios en mi piel y suspiro, excitada.

- Terry … - No me deja terminar, ya que me besa en la boca.

Continuamos acariciándonos un rato más, hasta que el sol se oculta definitivamente en el horizonte, y enseguida el aire se hace más denso y fresco, lo que hace que Terry se convenza de que debemos movernos. Nos vestimos sonriendo, mirándonos y admirándonos mutuamente.

Y ahora llevo de la brida a mi caballo, agarrada de la mano de mi esposo, mientras avanzamos por el bosque, camino de nuevo de la mansión, agradecida por haber podido pasar estas maravillosas horas junto a él. Lo necesitábamos tanto … ambos. Rememoro lo sucedido y no puedo evitar ruborizarme ligeramente. Doy gracias a que nadie se haya aventurado por el camino de la laguna esta tarde … me imagino a algún Andrew pillarnos haciendo … me muerdo el labio.

- ¿Qué sucede? – Terry gira la cabeza y me sonríe. Está tan sexy … el pelo revuelto, aunque ya seco, la ropa puesta descuidadamente sobre su perfecto cuerpo … sin chaqueta, la camisa suelta … ese traje de montar le sienta maravillosamente … mi apuesto marido me besa la palma de la mano con una preciosa sonrisa, mientras continuamos caminando en silencio.

En la laguna me he olvidado incluso de dónde me hallaba … ambos desnudos, entregándonos el uno al otro … no voy a negar que estoy algo dolorida, pero me siento increíblemente plena, amada, satisfecha. En este momento, sé que podría hacer frente a cualquier cosa. El incidente con Neil se había interpuesto entre nosotros, la mansión Andrew … todo. Debíamos salir de ello. Y ya no voy a dejar que nada más nos aleje el uno del otro. Sé que puedo con ello, ahora lo sé.

Me doy cuenta de que tengo hambre. Mi estómago protesta. Apenas hemos comido un par de emparedados que le habían sobrado a Terry. Ni siquiera queremos cabalgar, solo queremos disfrutar de nuestra mutua cercanía.

- A este ritmo, no llegaremos antes del anochecer. – Me dice Terry, y me guiña un ojo. - ¿Cabalgas conmigo? Como en el colegio … ¿recuerdas?

Montamos el caballo de Terry, yo delante de él mientras me abraza, nuestros cuerpos muy juntos, y miles de recuerdos me golpean … los cuerpos adolescentes, los sentimientos que nos asustaban y desconcertaban entonces … pero las sensaciones son distintas, porque ahora sé que este hombre me pertenece, que yo soy suya, que ambos nos compenetramos perfectamente … y no puedo evitar sentir excitación, por la cabalgada, por el cuerpo de Terry apretado contra mí …

Llegamos a los establos y dejamos los caballos en manos de los mozos.

La casa está silenciosa cuando nos aproximamos a la entrada y Watters nos recibe son una sonrisa, como siempre.

- Señor Grandchester, señora Candy …

- Hola, Watters. ¿Dónde está Albert? ¿Ya ha terminado la reunión? – Le he contado a Terry en qué estado he visto a Albert a través de la puerta entreabierta de la biblioteca, y a su vez, Terry me ha comunicado que en un principio Albert ha aparecido muy contento esa mañana en el dormitorio, siendo él quien ha propuesto el paseo a caballo, para tener que marcharse Terry solo después.

- Sí, la reunión ha terminado, pero el señor William ha ordenado específicamente que no debe ser molestado bajo ningún concepto. Los señores Andrew, el señor Archibald y la señora Elroy ya se han retirado también.

Voy a decir algo, pero Terry me toma por la cintura y me interrumpe.

- Watters, ¿sería posible que nos subieran una bandeja con algo para picar a nuestro dormitorio?

- Por supuesto, señor, enseguida.

- Pero Terry …

- Vamos, querida, ya has oído a Watters. Mañana podrás hablar con Albert.

-Patty-

Dios mío … pero, ¿cuánto tiempo he dormido? Me siento como si estuviera dentro de un sueño … y aún estoy cansada, es increíble. ¿Cómo habrán salido los resultados de las pruebas? Mañana mismo iré a hablar con los tíos de William. Tengo todo el derecho a saber qué es lo que está sucediendo con mi bebé.

Me muerdo el labio mientras hago esfuerzos por levantarme de la cama. William no está. Me siento mal por haberle ocultado algo tan importante como el hecho de haberme realizado esas pruebas. Sé que va a enfadarse conmigo, pero en ese momento creí que era lo mejor, y sabiendo lo susceptible y sobreprotector que mi marido está conmigo últimamente, creí conveniente no decirle nada.

Me sujeto al poste de la cama y miro el pequeño reloj de la mesilla. Vaya, es tarde … ¿dónde estará William? Respiro profundamente. ¡Vamos, Patty, espabila! ¿Qué demonios te pasa? Simplemente, estás embarazada. Sé que es normal estar más cansada y dormir más de lo habitual … pero esto ya es demasiado.

Ni siquiera me pongo el batín, el calor es sofocante. No creo que nadie deambule por los pasillos a estas horas de la noche. Me calzo las zapatillas y salgo al oscuro pasillo. El silencio de la casa es opresivo y enorme. Sé que tardaría un tiempo considerable en recorrerla de punta a punta. Tal vez algún día … cuando haya nacido el niño.

De pronto, unas suaves risas al fondo me sobresaltan. ¿Aún hay gente correteando por ahí? Agudizo la vista y creo reconocer una cabellera rubia … es una pareja. Candy y Terry que vuelven a su habitación. Pero están en ropa de cama … sonrío y meneo la cabeza. Supongo que, al igual que yo, se han aventurado por la mansión en busca de algo. Como yo hace unos meses … aquella noche en que fui en busca de William a través de los pasillos … cuando me encontré con George y con Mary … cuando hicimos el amor toda la noche … cuando surgiste tú en nuestras vidas. Sonrío mientras acarició suavemente mi abdomen.

Llego a la glorieta de entrada a los pasillos de las habitaciones y bajo las escaleras lentamente. La casa duerme, ni siquiera la servidumbre continúa con sus quehaceres de limpieza. Me detengo un momento ante la puerta de la biblioteca pero meneo la cabeza y sigo por el largo pasillo hasta la puerta del despacho de mi esposo.

Toco suavemente, pero intuyo que no van a responderme, así que abro la puerta y entro. Es como si hubiera retrocedido en el tiempo, cuatro meses atrás, la misma oscuridad … pero esta vez la chimenea está apagada y las puertas de salida a la terraza abiertas de par en par. Avanzo lentamente a través de la oscuridad, y de pronto lo localizo en la terraza, de espaldas a mí, observando la luna. La noche es simplemente maravillosa. Sonrío y respiro profundamente.

- William. - Noto cómo él pega un respingo y se da la vuelta rápidamente.

- ¿Patty? – Mientras me acerco a él, veo cómo se pasa las manos por el rostro, nervioso, y se acerca a mí, intentando sonreír. – Querida, ¿qué haces aquí?

- Me sentía muy sola allá arriba … - Llego a su altura y mi esposo me toma por la cintura, mientras yo observo su apuesto rostro. Parece cansado … preocupado. - ¿Va todo bien?

- Claro que sí, ¿por qué lo preguntas? – Acaricio su cuello y me acerco un poco más. Enseguida percibo que ha estado bebiendo.

- Ibas a venir a almorzar conmigo … y ya no te he visto en todo el día. – Observo que frunce el ceño, pero intenta por todos los medios parecer natural. Sé que algo sucede.

- Sí … lo siento. Reunión de última hora. Me han trastocado el día, como siempre. – Acaricio su mejilla. No podemos vernos bien los rostros, apenas iluminados por la luz de la luna.

- ¿Sobre nuestro matrimonio de nuevo?

- ¿Eh? Oh, no, no … unos negocios complicados … - Me besa en la mejilla e intenta apartarse, pero yo lo retengo por las solapas de la camisa.

- ¿Qué sucede, amor mío? Sabes que puedes contármelo … - Nuestros ojos se encuentran, y por un segundo, lo que leo en los ojos de William me asusta … pero enseguida parpadea y me besa suavemente.

- No pasa nada … simplemente, estoy cansado … - Se aparta de mi y se dirige a su gran escritorio, ordenando unos papeles y terminando de un trago la copa que tenía posada allí. – Vamos, querida, vamos a la cama.

No, no quiero volver a aquella habitación. Llevo todo el día allí metida … no, llevo semanas allí encerrada.

- ¿Podríamos dar un paseo por el jardín?

- ¿Qué? – William me mira sorprendido. – Patty, no creo que … - parece aturdido - …además, estás en camisón …

- ¿Y? – Lo miro traviesa. – Vamos, William, nadie va a vernos a esta hora. -Pongo los ojos en blanco.

- Creo que es tarde, Patty.

- Maldita sea. - Mascullo por lo bajo. Mi paciencia está llegando a su límite. Ya no puedo más. No soy de cristal, maldita sea. Respiro profundamente y cuadro los hombros. – De acuerdo, buenas noches entonces.

- ¿Qué? Pero … - William se queda estupefacto al ver que doy media vuelta y me dirijo con paso firme hacia el jardín. Enseguida me retiene por el brazo. – No puedes, Patty.

- ¿Por qué no?

- Porque debes descansar.

- Ya he descansado todo el día.

- No es suficiente.

- ¡Claro que sí! – Las lágrimas inundan mis ojos y alzo la voz. Estoy tan harta, tan deprimida …ni siquiera puedo dar un maldito paseo por el jardín. – Escucha, William, ya no puedo más, ¿comprendes? Lo único que deseo es dar un paseo, ¡un paseo! – Noto cómo se debate interiormente mi esposo. Observo su rostro cansado, sus ojos apagados … - ¿Vas a decirme de una maldita vez qué es lo que sucede? – William respira profundamente.

- De acuerdo, te acompaño. – Arqueo una ceja.

- ¿Me acompañas? – Él asiente y me ofrece la mano.

- Vamos.

-William-

La noche es maravillosa, ciertamente. Quiero grabar en mi memoria estos momentos, viendo a Patty a mi lado, al parecer tan llena de vida y de salud, sonreír y disfrutar del paseo nocturno. Recuerdo cómo hace casi cuatro meses paseamos juntos por estos mismos jardines. Cómo intentaba analizar los sentimientos que me producía esta joven, cómo cayó un aguacero del cielo y nos dejó totalmente empapados …

La miro y no puedo creerlo, simplemente, no puedo creerlo. Quiero posponer el hecho de tener que comunicárselo. Pero las pruebas son concluyentes. Anemia severa. Los médicos no saben las causas, pero si Patty continúa así … no saben si podrá terminar el embarazo … y no saben si sobrevivirá el bebé. Trago con fuerza, intentando que ella no note mi estado de ánimo. Pero es harto difícil. Cuando me lo han comunicado, he sentido que me descomponía … no puede ser cierto, no puedo perder a Patty … ahora que por fin he encontrado a la persona con quien compartir mi vida …

- Amor mío … - Patty me observa preocupada, y me acaricia el cabello, deteniéndose un instante. – Sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad? – Intentó sonreír.

- No quiero hablar de negocios en este momento … - Los ojos esmeralda brillan un instante y me coge de la mano, empujándome hacia un banco situado en el camino, con vistas al pequeño riachuelo que cruza el jardín. Me siento, y mi esposa se pone a horcajadas encima de mí. – Patty … ¿qué estás haciendo?

- Nada … sentarme un momento … - Ella sonríe y acaricia mi rostro, desabotonando lentamente los primeros botones de mi camisa. Se alza un momento, subiendo su camisón un poco más por los muslos. Yo respiro profundamente. Está tan hermosa, tan sexy … - Te echo de menos, amor … - Me besa en la boca profundamente.

No sé cuánto tiempo hemos estado acariciándonos en el banco … pero la he convencido para que volviéramos a la habitación por fin. Y una vez en el lecho, Patty se ha abrazado desnuda a mi cuerpo, haciendo que me debata entre el deseo que siento por ella y el dolor que me produce el hecho de saber que puedo perderla, pero es muy difícil resistir esos labios, esa piel de seda y esos ojos … y hemos estado tocando nuestros cuerpos desnudos hasta llegar al límite autoimpuesto y nos hemos detenido, jadeantes, para abrazarnos y tranquilizarnos. Patty ha vuelto a quedarse dormida enseguida, con una hermosa sonrisa. Pero yo creo que me va a ser imposible conciliar el sueño. Ni siquiera la media botella de whisky que me he bebido antes de que apareciera Patty va a contribuir a ello.

Abrazo a mi amada esposa estrechamente contra mi cuerpo, y dejo por un momento que las lágrimas inunden mis ojos. Estoy asustado … pero no voy a darme por vencido. En cuanto pase la maldita fiesta, Patty y yo marcharemos a Washington, a la clínica especializada donde espero y confío en que puedan ayudarla. Haré todo lo que esté en mi mano para que mi esposa y mi hijo vivan. Lo juro.