-Annie-

Hace ya un par de horas que ha amanecido, pero yo aún sigo en el lecho, a pesar de llevar despierta casi toda la noche. Noto mis ojos enrojecidos e hinchados por el llanto, y deberé hacer algo por calmarlos, antes de bajar a desayunar y que mi esposo me vea en este estado.

Desde que la mañana anterior puse los pies en mi habitación, después del encuentro con Matt, no he parado de llorar. ¡Matt está en Chicago! Está haciendo negocios con los Andrew … Dios mío, ¿cómo es posible? ¿Qué voy a hacer? Si Archie se entera …

Y sin embargo, su simple recuerdo me sigue haciendo suspirar como una tonta. No podía creer lo que veían mis ojos. Él allí parado ante mí … y sus ojos, aquellos ojos … no podía reaccionar, no podía respirar … mi primer impulso fue correr a sus brazos.

Me río de mí misma. Vamos, Annie, estás loca. ¡Pero es cierto, maldita sea!

Me quedé en mi habitación el resto del día. No podía enfrentar a mi esposo. Por suerte Archie llegó tarde, y ni siquiera se pasó a verme. ¿Por qué iba a hacerlo? Ya no tenemos nada en común.

¿Irán los Jenssen a la fiesta del sábado? Sólo pensarlo y mi corazón se me desboca en el pecho. Pensé que jamás volvería a verle …

Mis ojos vuelven a llenarse de lágrimas. Oh, Matt … ¿por qué has venido?

Unos toques en la puerta hacen que me sobresalte. Es mi doncella. Debo levantarme.

-Archie-

Una mañana gris. Otra más, como la mayoría en mi vida. Observo el cielo a través del ventanal del comedor, mientras Jackson revolotea a mi alrededor, vigilando la disposición del desayuno.

- ¿Más café, señor?
- No, gracias. – Le sonrío y vuelvo la vista al paisaje ante el ventanal.

Estoy agotado. La reunión de ayer fue dura … muy dura. Las noticias han sido como un nuevo mazazo para todos … y sobre todo para Albert. No podía soportar ver su rostro demudado, intentando a duras penas guardar la compostura, mientras el tío Michael nos ponía en antecedentes de la situación. Dios mío, parece ser que Patty está grave. Tiene una afección desconocida que está debilitándola irremediablemente. ¿Cómo es posible? Una joven fuerte y llena de vida … el caso es que una vez transcurra la fiesta del sábado, Albert llevará a Patty a Washington, a una clínica especializada. Y yo deberé quedarme en Chicago a dirigir los negocios. Por suerte, George me ayudará.

Me han hecho jurar que no contaré absolutamente nada de lo debatido en dicha reunión. Albert me ha rogado que no se lo cuente a Candy, que no debe enterarse, ya que se marcha en unos días, y nada debe enturbiar su marcha.

Bebo un sorbo de café y suspiro con tristeza. Sólo espero y deseo que todo vaya bien. Que Patty vuelva a casa con su bebé. Y Annie tampoco debe enterarse, no sería bueno para ella después de todo lo que ha pasado. Imagino por un momento cómo me sentiría si estuviera en la piel de Albert … pero es que ya estuve en esa situación, maldita sea, hace apenas cuatro meses, cuando perdí a mi hijo … y casi a mi esposa.

Parpadeo y trago el líquido con fuerza. ¿Y qué siento ahora? Nada, Archie, no sientes nada … sólo que te ahogas en un mar de pesadumbre y tristeza, igual que tu esposa. He de enfrentarme al hecho de que ya no amo a Annie … ella es y siempre será mi primer amor, la mujer con la que me casé … pero mi corazón ya no le pertenece. Siento que mis ojos se llenan de lágrimas y hago esfuerzos por contenerlas. Debo reponerme.

Me giro hacia la mesa del comedor y veo cómo Jackson se acerca con la bandeja de la correspondencia.

- El correo de hoy, señor.
- Gracias. – Tomo distraídamente varios sobres de la bandeja y de pronto, mis ojos reparan en una tarjeta cerrada, a nombre de mi esposa. Frunzo el ceño y dejo la taza de café en la mesa, cogiendo la tarjeta y dándole vueltas entre los dedos. ¿Me atreveré? No debería …
- Buenos días, Archie. – Doy un pequeño respingo y dejo caer la tarjeta en la bandeja, alzando la cabeza e intentado parecer indiferente ante la entrada de mi esposa al comedor.
- Buenos días, Annie, ¿cómo estás?
- Bien, gracias. – Ella me sonríe, aunque su rostro está apagado, a pesar del maquillaje.
- ¿Te encuentras bien?
- Claro, muy bien.

-Annie-

Noto la mirada de Archie fija en mi rostro y me siento enrojecer. He puesto especial cuidado en mi aspecto, así que no creo que se percate de que he estado llorando. Sonrío a Jackson que me sirve una taza de café, y me siento en una de las sillas, observando cómo mi esposo abre varias misivas con el ceño fruncido para posteriormente desecharlas y levantar la mirada hacia mí.

- Debo ir al despacho, tengo trabajo. No pensé que fueras a bajar tan temprano, es por ello que no te he esperado. – Suena a disculpa cortés.

- No te preocupes.

- Volveré al anochecer. – Yo asiento, mientras él se acerca y me besa levemente en la mejilla para dirigirse con rápidas zancadas a la entrada. - ¿Cenamos juntos? – Yo parpadeo y me giro a mirarle, la pregunta me ha pillado totalmente desprevenida. El rostro de Archie no revela ninguna emoción.

- Por supuesto. – Él me saluda con la cabeza y se dispone a marcharse, pero de pronto comenta.

- Por cierto, te han enviado una tarjeta. – Ante mi gesto de sorpresa, señala la bandeja del correo, y tras una última mirada, sale del comedor.

¿Una tarjeta? Súbitamente me pongo nerviosa, sin saber por qué. Acerco la bandeja hacia mi y enseguida la localizo, con mi nombre escrito al dorso. Está sin abrir, y por un momento, respiro. No esperaba menos de Archie, pero tampoco podría reprocharle que la hubiera abierto. Es mi esposo, tiene todo el derecho a saber quién me escribe.

Tomo el pequeño sobre con manos temblorosas, y me dirijo hacia el ventanal, dando la espalda a los sirvientes. Siento mi corazón retumbar en las sienes. Basta, Annie, ¿qué demonios te pasa? Estás paranoica. Rasgo el sobre y sacó un solo papel con apenas unas palabras escritas: Hotel Blackstone, habitación 102. 3:00 horas.

Nada más. Simplemente esa nota. Contengo la respiración y suelto un fuerte jadeo. Dios mío, no es posible … ¿Matt? No puede ser de nadie más …

-Patty-

He despertado bruscamente, como si de pronto hubiera tenido un mal presentimiento … y me he encontrado de nuevo sola en el lecho. Una absurda tristeza me invade. Sé que William está preocupado, algo grave sucede, y debo enterarme de qué es. Pero no voy a hacerlo encerrada en esta habitación.

Me levanto de la cama y me apoyo ligeramente en la mesilla. Me siento débil, es cierto, pero he de sobreponerme. Tal vez un poco de ejercicio me fortalezca. No puedo estar todo el día en cama, de ese modo me debilitaré aún más. Estoy decidida a enterarme de los resultados de las pruebas que me han realizado. ¿Tendrá algo que ver con el estado de ánimo de William? ¿Se habrá enterado de ello?

Birdy entra silenciosamente en la estancia y me mira sorprendida.

- ¡Oh, señora! No esperaba que estuviera levantada.

- Buenos días, Birdy. Sí, hoy comienza un nuevo día … y una nueva etapa. ¿Podrías ayudarme a vestirme? Voy a bajar a desayunar.

-George-

Al entrar a la gran cocina de la mansión, la luz de mi vida me sonríe llenando de alegría mi corazón y contengo el impulso de abrazarla. Le correspondo con fervor y ella me aprieta levemente la mano.

- Buenos días.

- Buenos días … estás preciosa. – Susurro, y veo cómo su rostro se sonroja adorablemente.

- Varios hombres están esperando para las entrevistas … - Me señala Mary, y yo asiento suspirando.

- Es cierto, la seguridad extra para la fiesta. – Ella me hace un gesto y me guiña un ojo, y yo me dirijo feliz a cumplir con mis obligaciones.

Entro a la estancia donde una decena de hombres aguarda, y les explico en líneas generales lo que necesitamos.

- Buenos días, caballeros. Como supongo que ya sabrán, necesitamos cubrir seis plazas para la seguridad de la mansión en el acontecimiento que se celebrará mañana por la noche. Por supuesto, además de la entrevista personal, analizaremos sus credenciales y sus referencias en orden a garantizar la elección de la persona adecuada.

-Candy-

Ya llevo un rato despierta, pero realmente, no deseo moverme. Estoy cansada. Llevo más de la mitad de la noche despierta … y no quieta, precisamente. Me muerdo el labio y me muevo ligeramente para acoplarme mejor al cuerpo desnudo de Terry. Parece ser que necesitábamos algo así. Ambos estábamos cargados de inseguridades y nervios, y desde el reencuentro en la laguna, hemos dado paz a nuestros cuerpos entregándonos el uno al otro una y otra vez …

Acaricio el cabello de Terry, su cabeza apoyada en mi hombro, dormido profundamente. Su mano descansa en mi abdomen … mi plano abdomen. Frunzo el ceño un segundo e intento desechar esos pensamientos … pero siempre vuelven a mí. No debo obviar el hecho de que aún no he quedado embarazada. Sí, me repito a mí misma una y otra vez que no es una ciencia exacta, que no debo compararme con Patty, por ejemplo, que ha quedado embarazada enseguida, que no tiene nada que ver, que de hecho apenas llevamos cuatro meses de relaciones, que puede suceder en cualquier momento … pero ese ínfimo destello de preocupación sigue latente en mí.

Súbitamente, unos golpes en la puerta hacen que pegue un leve respingo y Terry se mueve ligeramente, sin despertarse. ¿Quién será? Las doncellas no se aventuran a mis aposentos, sabiendo que mi esposo está aquí.

Me separo de Terry con delicadeza y me levanto del lecho, poniéndome la bata sobre mi cuerpo desnudo y dirigiéndome a la puerta.

- ¡Patty! ¿Qué sucede? ¿Qué haces aquí?

-Patty-

Birdy ha intentado disuadirme de levantarme de la cama, y he tenido que mostrarme firme y pedirle que me ayude a vestirme rápidamente. Estoy harta de estar encerrada, metida en una cama como si fuera de cristal … voy a enterarme de lo que sucede.

Salgo del dormitorio lentamente, con Birdy, preocupada, pisándome los talones.

- Señora … ¿quiere que avise al señor para que venga a estar con usted?

- No te preocupes, Birdy, bajaré yo misma … - Me detengo un momento para tomar aliento y continúo. – Primero iré a hablar con mi esposo, ¿de acuerdo? Y después desayunaré. - Al llegar a la glorieta de entrada, me apoyo en la barandilla e intento disimular dirigiendo la vista hacia los ventanales. La mañana es luminosa y soleada. – Hace un día precioso … creo que después iré a pasear por el jardín …

- Señora … - Me detengo y me giro hacia la joven doncella.

- Birdy, estoy bien, no debes preocuparte.

Bajo las escaleras y Jackson sale a mi encuentro, intentando disimular la sorpresa de su rostro.

- Señora … ¿desea desayunar?

- ¿Y el señor?

- El señor ha salido. Ha tenido que ir a la ciudad. – Frunzo ligeramente el ceño, intentando pensar con rapidez.

- De acuerdo. Iré al comedor en unos minutos.

No sé por qué, mis pasos se encaminan hacia el despacho de William. Anoche lo noté preocupado, e intentó ocultar rápidamente los papeles desparramados por su escritorio.

Patty, no deberías hacerlo … pero continúo caminando a pesar de todo, y casi sin darme cuenta me encuentro ante la gran mesa de madera maciza. Acaricio lentamente con un dedo la pulida superficie y observo el escritorio pulcramente ordenado. Vamos Patty, sal de aquí … pero mis manos, que noto que tiemblan ligeramente, comienzan a registrar los cerrados cajones. ¿Qué estoy buscando? ¿Qué pretendo encontrar? Si alguien entrara ahora … tendría que dar muchas explicaciones.

Respiro profundamente intentando calmar mi desbocado corazón, y de pronto llego a un cajón cerrado con llave. Maldita sea. ¿Y por qué me sorprendo? Es lógico que William quiera guardar sus documentos fuera de manos y ojos ajenos … como los míos. Miro a mi alrededor intentando descubrir dónde podría estar la llave. Hago una mueca. Probablemente la lleve encima. Rodeo lentamente el gran escritorio y reparo en la bandeja del correo. La correspondencia está apilada pulcramente a un lado, sin abrir. William ha debido salir muy temprano esta mañana. Y yo ni siquiera me he percatado de que abandonaba la cama.

Remuevo con los dedos distraídamente los sobres y entonces, sorprendentemente, una pequeña llave plateada aparece ante mis ojos. No, no puede ser tan sencillo …la tomo con dedos temblorosos. Esto no está bien, no debo estar aquí …

- ¡Patricia! – Dejo caer la llave en la bandeja dando un salto y siento que mi corazón va a explotar. Me giró bruscamente, jadeando, para encontrarme con el pétreo rostro de la tía Elroy ante mí. - ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

- Buscaba a mi esposo … - Acierto a balbucear, mientras siento cómo mi rostro arde.

- William está en la ciudad. – Siento que los ojos grises de Elroy me analizan fríamente. – Y tú deberías estar descansando en tu dormitorio.

- Ya he descansado suficiente. – Alzo la barbilla. Está mujer no va a lograr intimidarme. – Voy a ir a dar un paseo.

- Eso no será posible, Patricia. Mandaré a por Birdy, te acompañará a tu habitación.

- En absoluto, voy a …

- ¿Pondrás en peligro la salud de tu hijo?

- ¿Qué? – La miró con sorpresa, parpadeando estúpidamente. Elroy me observa fijamente, y sus ojos me hielan la sangre.

- El doctor te ha ordenado reposo, Patricia, y eso es lo que debes hacer por el bien de tu hijo … el hijo de William. – Enfatiza. – Ese niño es el heredero de los Andrew, y hablo en serio cuando digo que, aunque tenga que arrastrarte escaleras arriba yo misma, te irás a tu habitación a descansar. ¿He sido lo suficientemente clara? – Me quedo completamente pasmada mirándola. Ni siquiera puedo articular palabra. Trago con fuerza y meneo la cabeza anonadada, notando cómo mis ojos se llenan de lágrimas. No, no pienso darle el gusto. Alzo la barbilla.

- Conozco el camino, no necesito que nadie me acompañe.

Y salgo de la habitación sin volver la vista atrás.

Pero mis lágrimas ya ruedan por mis mejillas cuando subo lentamente las escaleras hacia el piso superior, y he de taparme la boca con la mano para no sollozar de rabia y frustración. Dios mío, no puedo más … necesito salir de aquí, o me volveré loca.

Sin proponérmelo, mis pasos se detienen ante la puerta de la habitación de Candy. No quiero preocuparla, así que me seco rápidamente el rostro, antes de tocar la puerta con más firmeza de la que realmente siento.

- ¡Patty! ¿Qué sucede? ¿Qué haces aquí? – El preocupado rostro de mi amiga me observa de entre las sombras y me toma las manos. - ¿Estás bien?

- Candy … - Intento tragarme las lágrimas. – Por favor, perdóname por presentarme así …

- No pasa nada, Patty, ¿qué sucede? – Mi amiga se acerca a mí y rodea mis hombros con el brazo.

- Candy … me estoy volviendo loca aquí encerrada. – Ya no puedo retener las lágrimas por más tiempo. - ¿Podrías acompañarme a dar un paseo? ¿Podrías sacarme de aquí? – Oigo mi voz suplicante y llorosa. Apenas puedo ver los ojos de mi amiga, pero su respuesta me llega enseguida.

- Dame diez minutos, ¿de acuerdo?

-Annie-

El taxi finalmente se detiene ante el hotel que citaba la misteriosa tarjeta y he de obligarme a mí misma a moverme y pagar al conductor. De pronto me encuentro de pie en la acera, observando el edificio, con el corazón golpeándome el pecho. He estado continuamente luchando contra el impulso de acudir a la cita. Sé que no debo, no debo hacer esto. Annie Cornwell jamás haría algo así. Respiro profundamente y me muerdo el labio intentando calmarme. Y entonces, los nervios dan paso a la ira. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a ponerme en esta situación?

No sé cómo atravieso las puertas del hotel y paso por recepción con la cabeza baja hacia el elevador. Si alguien me reconoce … ¿qué diré? Dios mío … pero afortunadamente, Matt ha estado acertado con la hora, ya que la mayoría de la gente está almorzando. Y casi sin darme cuenta me encuentro ante la puerta de la habitación. ¡Annie, márchate! ¡No puedes hacer esto! Pero mis pies no se mueven. Veo cómo mi puño se alza lentamente y toca la puerta con firmeza.

-Matt-

La ciudad de Chicago se extiende a mis pies. Es una hermosa ciudad, desconocida pero atractiva, aunque mi corazón siempre está con Nueva York. No puedo evitar amar la ciudad donde nací. Aunque esta es la ciudad de la mujer de la que estoy enamorado …

Entrecierro los ojos rememorando el aspecto de Annie el día anterior. Estaba tan hermosa … apenas hacía unos días que no la veía, pero para mí habían sido como años de ausencia. Tuve que hacer un tremendo esfuerzo por no acercarme y arrancarla de los brazos de aquel hombre … su marido.

Me río de mí mismo y meneo la cabeza. Eres un estúpido, Matt. ¿Qué esperas conseguir? Tal vez haya consecuencias … fue una situación muy tensa la vivida en el despacho de ese hombre … el marido de Annie. Sé que él me reconoció, y sé que a pesar de no saber exactamente qué es lo que sucede, sospecha algo.

No sé ni cómo me he atrevido a escribir esa nota. Tampoco deseo que Annie tenga problemas … y entonces, ¿qué es lo que quiero? ¿Por qué demonios he venido? Sé que al principio mi padre se sorprendió muchísimo, pero ahora está encantado. Es cierto que yo llevo muchos de los negocios que quiere tratar con los Andrew.

Dios mío … me duele la cabeza. Me froto las sienes ligeramente con los dedos y respiro profundamente, llenando mis pulmones. No sé qué estoy haciendo … sólo sé que me muero por verla. A pesar de todo … me muero por verla. No puedo estar sin ella …me ha calado tan hondo, que ya no puedo seguir sin ella. Y conozco los riesgos, los inconvenientes … todo me dice que debo dejarla en paz … pero no puedo.

Unos toques en la puerta llaman mi atención, y mi corazón se dispara. Dios mío, ¿será ella? ¿Realmente ha venido?

-Candy-

- Bueno, ahora vas a decirte exactamente qué es lo que te pasa.

Mi amiga camina lentamente, apoyada en mi brazo, mirando alrededor como si fuera la primera vez que ve el mundo. Pero su rostro está triste y apagado, y estoy preocupada, muy preocupada. ¿Qué es lo que está pasando? Aún no puedo olvidar el estado en que encontré ayer a Albert en la biblioteca, antes de la reunión.

- No lo sé, Candy … - Patty se detiene y acaricia suavemente su abdomen. – Lo cierto es que no me encuentro muy bien … - Veo cómo las lágrimas aparecen en el rostro de Patty y la ayudo hasta un banco cercano del camino del bosque Andrew por donde paseamos.

- Sabes que puedes contarme todo, Patty … - Sus ojos esmeralda se encuentran con los míos y yo le aprieto la mano. - ¿Tiene algo que ver con el bebé? – Mi amiga se encoge de hombros y se seca las mejillas.

- No lo sé … esa es la verdad. Estoy de casi cuatro meses … y me encuentro fatal. Cansada, con náuseas, muy débil … cada vez más.

- Bueno, querida, eso es …

- No, Candy, no digas normal, por favor, todo el mundo me dice lo mismo. – Patty suspira y levanta el rostro hacia los rayos de sol.

- ¿Y qué te ha dicho el doctor? – Patty se muerde el labio un segundo y gira el rostro hacia mí.

- Hace unos días la tía Elroy y el resto del consejo me convocaron a una reunión. – Intento disimular mi sorpresa.

- ¿Para qué?

- Querían que me sometiera a una serie de pruebas para diagnosticar el estado de mi embarazo, ya que al estar tan débil …

- Pero …

- William no estaba.

- ¿Lo hiciste a espaldas de Albert?

- Quería saber, Candy … - Solloza Patty. - ¿Lo comprendes? William me tiene en una burbuja … y sí, lo sé, sé que es para protegerme, y sé que está preocupado … tiene muchas cosas en la cabeza … - suspira e intenta calmarse- pero no pude evitarlo. Quiero saber si mi hijo está bien, quiero saber qué sucede … y William no iba a estar de acuerdo.

- Pero … y … ¿qué te han dicho?

- Aún no sé nada. – Se encoge de hombros. – Y sospecho que William sabe algo … ayer lo note muy alterado.

Estoy confusa, veo a Patty terriblemente preocupada y no puedo quitarme de la cabeza a Albert. Por su estado de ayer, deduzco que por supuesto que algo sabe … y que no es nada bueno. Noto que mi amiga me observa fijamente y cuadro los hombros, obligándome a aligerar mi estado de ánimo para tranquilizarla.

- Escucha, Patty, ahora mismo vamos a ir a ver a la tía Elroy para obligarla a decirte qué es lo que sucede. – Mi amiga abre los ojos como platos y su rostro se llena de pánico.

- ¿Qué? ¿Estás loca? Eso es imposible. Me la he encontrado hace apenas una hora y casi me ha llamado irresponsable y mala madre a la cara. – Patty me relata rápidamente su breve encuentro con Elroy, y yo aprieto los dientes. Maldita bruja …

- ¿Y qué más da, Patty? Eres una mujer adulta, tienes derecho a saber …

- Por favor, Candy … - Mi amiga me agarra las manos, suplicante. – He de hablar primero con mi esposo, por favor …

- Está bien, Patty, tranquila …

-Emilia Elroy-

Tengo un ligero dolor de cabeza y desecho el resto de la correspondencia con un gesto. Maldita sea, espero que la jaqueca no vuelva a hacer presa de mí, tengo mucho que hacer todavía. Y con todo lo de Patricia … bueno, se han trastocado todos los planes. Lakewood tendrá que esperar. William tiene intención de partir con su esposa a Washington una vez finalice la fiesta, y Archie deberá hacerse cargo de los asuntos de Chicago. Deberé quedarme en la mansión para supervisar todo.

Tocan a la puerta y George aparece ante mí. Interiormente, vuelvo a dar gracias por tenerlo velando por la familia.

- Señora.

- Dime, George.

- Ya he redactado los contratos de los seis trabajadores extra para la seguridad de la fiesta de mañana.

- Oh, perfecto, ¿son adecuados?

- Han traído referencias excelentes, señora.

- ¿Nunca han trabajado con nosotros?

- No, señora, pero eran los mejores de todos los que se han presentado.

- Está bien- alzo una mano – no te preocupes, me fío de tu profesionalidad, como siempre. Déjalos encima de la mesa, hablaré con William de ello en cuanto regrese. Por cierto, ¿sabes si volverá para el almuerzo?

- Lo desconozco, señora, el señor William salió temprano en la mañana y apenas dio ninguna instrucción. – Suspiro con resignación. Sé que mi sobrino está sobrepasado por los acontecimientos, pero debe reponerse y tener a su esposa controlada y calmada. Veo cómo George hace un gesto de cabeza y se dispone a salir de la estancia.

- ¡George!

- ¿Sí, señora?

- ¿No habrás visto por casualidad merodeando por ahí a la señora Patricia? – Veo cómo George intenta disimular su gesto de sorpresa.

- No, señora.

- Está bien, gracias.

George sale de la estancia y yo me echo hacia atrás, frotándome las sienes. Creo que voy a tener que tomarme un analgésico, aunque no sea bueno para mi tensión. Maldita chica, no me da más que quebraderos de cabeza. Paseando como si nada por la casa, entrando al despacho de William … cuando lo que debe hacer es descansar por el bien del niño. Deberé hablar con William de ese asunto también. Patricia tiene derecho a saber qué es lo que sucede.

-Annie-

La puerta se abre y yo contengo la respiración. El impacto es devastador. He de apoyarme levemente en el marco de la puerta para no flaquear. Su atractivo rostro me da de lleno, tambaleando todo mi autocontrol. Dios mío, Matt … pensé que jamás volvería a verte … pero debo controlarme … y esos ojos … esos electrizantes y mágicos ojos que me observan fijamente, brillantes …

- Hola, Anne. – Su profunda voz penetra por mi piel y me hace estremecer de pies a cabeza. Por favor, debo controlar lo que provoca en mí … parpadeo rápidamente y cuadro los hombros.

- Hola, Matt. – Susurro.

- Has venido. – Yo asiento, tragando con fuerza. – Por favor, adelante.

Matt se hace a un lado, y yo entro en la habitación con pasos temblorosos. Espero que él no sea consciente de mi estado de ánimo, de lo que me hace sentir … he de ser fuerte, he de mantenerme firme … esto es imposible, imposible …

Enfilo el corto pasillo hasta la pequeña sala sala de estar de la suite, con varios divanes dispuestos ante el ventanal, que ofrece una maravillosa vista de la ciudad. Observo por un momento los edificios y respiro profundamente para calmarme, mientras escucho los pasos de Matt acercarse.

- ¿No deseas quitarte el abrigo? – Me giro para enfrentarle, concentrándome en la furia que he sentido momentos atrás.

- No, apenas voy a quedarme unos minutos.

- Oh, ¿de veras? – Él aquea una ceja, irónico, y yo me ofusco.

- ¿Qué esperabas? ¿Qué iba a meterme en la cama contigo? – Él suelta una amarga carcajada.

- Oh, vaya, la señora Cornwell ha sacado las uñas. – Veo cómo se dirige a la mesa donde hay dispuestas varias botellas, y se sirve una copa con aparente calma. – Bien, esto va a ponerse interesante.

- ¿A qué viene esta actitud, Matt? ¿Y cómo se te ocurre venir aquí y encima enviarme una nota? ¿Sabes en la situación en que me has puesto? – El nudo que siento en la garganta es insoportable. Sé que voy a estallar en llanto en breves momentos. No debes, Annie, contrólate.

- Entonces, ¿por qué has venido?

- Yo … -frunzo el ceño un instante – creí que debía venir por lo que … bueno …

- Lo dejaste muy claro en la carta, Annie, ¿por qué has venido?

- ¿Y tú? Te dije que iba a volver con mi esposo …

- No eres la razón por la que estoy aquí. – Veo cómo bebe un trago de su copa y se acerca lentamente al ventanal. Sé que está muy alterado. Lo he conocido bien en las pocas semanas que estuvimos juntos. Oh, Matt … - Mi familia va a hacer negocios con los Andrew, - hace un gesto – como ya sabes.

- Bien, te agradecería que no volvieras a escribirme …

- ¿Y ya está, Annie? – Él me mira ahora fijamente, los dientes apretados. - ¿Eso es todo? Creo que me merezco que me mires a la cara y me digas claramente lo que sientes. ¿Fue sólo una aventura? ¿Unos cuantos revolcones? ¿Yo formé parte de la terapia sin darme cuenta?

- ¿Qué? ¡Claro que no! ¿Cómo puedes pensar algo así?

- ¿Y qué quieres que piense, Annie, joder? ¿Qué quieres que piense? – Matt tiene los puños apretados y el rostro encendido. Y yo siento que lágrimas calientes comienzan a rodar por mis mejillas. - ¿Recuerdas la maldita carta? Porque puedo recitártela de memoria, si lo deseas. Por eso vuelvo a preguntártelo, ¿fue todo un simple juego?

- Sabes que no … - Susurro sollozando.

- No te oigo, Annie.

- ¡Sabes que no!

- ¿No? Entonces, ¿qué fue? Me muero por saberlo. – Matt sonríe sarcástico. - ¿Qué tal con tu esposo? ¿Ha sido el regreso como un cuento de hadas?

- ¿Por qué te comportas así? Eres cruel …

- ¡Claro que soy cruel, Annie! ¡Maldita sea! ¿Cómo crees que me siento? Me has destrozado … - De pronto se le quiebra la voz y se gira hacia la ventana.

Y yo estoy sollozando, destrozada, mi corazón abierto de par en par hacia él … oh, amor mío … amor mío, ¿no lo ves? Debo dejarte libre, debes irte … yo no puedo darte lo que mereces …

Me seco el rostro con manos temblorosas y respiro profundamente.

- Debo irme. – Me giro lentamente hacia la salida, pero de pronto él me agarra del brazo.

- Merezco que me lo digas.

- ¿Qué?

- Dime lo que me dijiste en la carta, dime que no me amas … dímelo y ya no volveré a molestarte.

¿Decirte? Dios mío, no puedo decirte … las lágrimas vuelven a mis ojos. Dilo, Annie …

- Te estoy dando tu libertad … - susurro - ¿no lo comprendes? Vuela … vuela por el mundo como querías … encuentra lo que mereces … - No, no debí, no … miente, Annie, maldita sea …

El rostro de Matt sufre un brusco cambio, y percibo cómo sus ojos ambarinos se inundan de lágrimas.

- ¿Aún no sabes que yo sólo quiero volar contigo, Anne? – Sus palabras derrumban las pocas defensas que me quedaban, y me rompo.

- Oh, Matt … - Me tapo la boca con la mano y doy rienda suelta a mis sollozos.

Y cuando Matt me rodea con sus brazos y yo me agarro a su chaqueta, el rostro apoyado en su pecho, una inexplicable paz invade mi cuerpo … y siento que por primera vez desde que llegué a Chicago, he vuelto a casa.

-Terry-

Termino de vestirme con el traje de montar que me ha prestado Albert, al tiempo que mi esposa entra en la habitación y me observa detenidamente, sonriendo después.

- ¿Y esa sonrisa? – Pregunto mientras me acerco a ella y la tomo por la cintura. Ella acaricia mi chaleco con los ojos brillantes.

- Siempre has estado terriblemente guapo con traje de montar.

- ¿Ah sí? – Arqueo una ceja.

- Sabes que sí. – La beso en los labios.

- Cámbiate, amor, y acompáñame. – Candy me acaricia el rostro.

- En realidad, iba a pedirte que me acompañaras a la ciudad. – Mi esposa me relata brevemente su conversación con Patty y sus recelos. – Deseo hablar con Albert.

- Candy, no creo que debas meterme en este asunto. – Ella me mira sorprendida y se echa ligeramente hacia atrás.

- ¿Cómo que no? Ellos son …

- Ellos son marido y mujer. Y son cosas privadas que no nos conciernen. – Observo enrojecer a mi esposa, encenderse su rostro y taladrarme con sus ojos verdes.

- Pero Patty me ha pedido ayuda, Terry, y creo que es mi deber como amiga hacerlo.

- Patty es una mujer adulta que ha de tener una seria conversación con su marido, Candy. Lo siento, sé que no es esto lo que te gustaría escuchar, pero es mi sincera opinión. No estoy diciendo que no debas apoyar y escuchar a tu amiga, sino que simplemente, te mantengas al margen de esto. Cuando estén preparados, nos harán partícipes de ello.

Mi preciosa esposa se queda mirándome un momento totalmente sorprendida, y de pronto, sonríe y menea la cabeza.

- Dios mío, Terry, tienes razón. – Yo me echo a reír.

- Pues claro, ¿por qué te sorprendes? De vez en cuando, aunque no lo creas, tengo increíbles destellos de madurez …

Adoro hacerla reír. La abrazo con fuerza y doy gracias por tenerla de nuevo en mi vida.

-Matt-

Estoy sobrepasado, deseo, locura, excitación, miedo, tristeza … todo se mezcla dentro de mí … creo que voy a explotar, voy a explotar con su cuerpo desnudo bajo el mío de nuevo, tocándola, besándola … jamás creí que volviera a tenerla en mis brazos.

Una vez nuestros cuerpos se han tocado de nuevo … ya no hemos podido parar. El autocontrol se ha esfumado. Casi sin darnos cuenta nos hemos arrancado la ropa el uno al otro y hemos acabado en el lecho. Las lágrimas han dado paso al deseo.

Anne ya está preparada. Noto su humedad en mis dedos, su respiración entrecortada en mi mejilla, mientras yo beso su cuello, sus pechos … los duros pezones se tensan cuando los mordisqueo suavemente, y Annie pega un débil grito.

Mi miembro está a punto de explotar. Ya no puedo más. Lo guío al interior de esos muslos de ensueño, y de pronto el calor de Annie me invade por completo. Jadeo con fuerza, sintiendo las manos de Annie aferrarse a mis nalgas, excitándome aún más.

- Te amo … - Susurro en sus labios antes de besarla y comenzar a moverme dentro de ella.

-Archie-

Bueno, he terminado. Me he saltado el almuerzo, pero por fin he concluido el trabajo. Ahora voy a ir a buscar a Albert para ver si necesita ayuda. Ya estaba en el despacho cuando yo he llegado, y creo que aún no ha salido.

Abandono la estancia y Sally me saluda desde su sitio.

- ¿Sigue el señor Andrew en su despacho?

- Así es, señor.

Asiento con la cabeza y llamo a la puerta del despacho de Albert con los nudillos, entrando, una vez oigo su voz desde el interior.

- ¿Te queda mucho?

- Un poco. – Contesta, sin levantar la vista de los papeles esparcidos por el escritorio.

- ¿Por qué no vamos a picar algo y luego volvemos?

- No, gracias, Archie. Tal vez le diga a Sally que vaya a buscar algo. Pero tú puedes marcharte. – Alza la cabeza y me dedica una apagada sonrisa. – Buen trabajo. Vete a casa.

- De eso nada, te ayudaré.

- No, no es necesario …

- Albert …

- En serio, Archibald, puedes irte. – Aprieto los dientes.

- Creo que ahora deberías dedicarle todo el tiempo posible a tu esposa, dadas las circunstancias. – Veo cómo Albert frunce el ceño y abre la boca para decir algo, pero yo levanto una mano. – Sé que no es asunto mío … pero si con mi trabajo puedo contribuir a hacerte todo esto más llevadero, créeme Albert que lo haré. Así que ahora déjame ayudarte. Pásame algo y lo terminaremos juntos. – Veo cómo mi tío se debate interiormente, pero al final termina cediendo.

- Está bien. – Yo me acomodo frente a él, preparándome para el trabajo. Por un breve instante, nuestros ojos se encuentran.

- Gracias, Archie.

-Annie-

Acaricio suavemente el rubio cabello de mi amante, y él gira el rostro y me ilumina con sus ambarinos ojos.

- ¿Estás bien? – Yo niego con la cabeza y él suspira y me besa en la nariz, mientras acaricia mi piel desnuda. – Lamento cómo te traté antes, estaba desesperado …

- Me lo merecía. – Acaricio su mentón y me acerco a besarlo en los labios. – Ahora sí que debo irme …

- Espera, amor mío … - Matt me retiene bajo él, mirándome fijamente a los ojos. – Anne … no me pidas que renuncie a ti, no puedo hacerlo …

- Matt … - siento un nudo insoportable en la garganta – esto es imposible …

- ¿Lo es? – Se mueve un poco.

- Yo no podría ser tu amante, Matt, no podría hacer eso …

- Lo sé, y yo tampoco. No estaba hablando de eso.

- ¿Entonces?

- Hablo de estar juntos.

- Oh, Matt … volvemos a lo mismo. La anulación de mi matrimonio es imposible.

- ¿Has … has tenido relaciones con él? – Me muevo airada de su lado, pero constato que no lo ha dicho para herirme.

- Apenas nos miramos … - Susurro. Mi amante me atrae suavemente hacia él, y mis pechos rozan sus pectorales.

- ¿Y es esa la vida que quieres, Annie? – Mis ojos vuelven a inundarse.

- Sabes lo que quiero … pero no puedo.

- ¡Claro que podemos! Es mucho más sencillo que todo esto.

- ¿Más sencillo? – Río con amargura. - ¿Qué pretendes que hagamos? ¿Plantarnos en la mansión Andrew y decirles a todos que estamos juntos? ¿Qué voy a abandonar a mi esposo? ¿A un Andrew?

- Tal vez …

- Oh, Matt … - Me aparto suavemente y me levanto del lecho, buscando mi ropa esparcida por el suelo. Oigo cómo se levanta él también. Me coge por la cintura y me obliga a mirarle.

- Te quiero, Annie, lo sabes. Estoy perdido sin ti. Yo no puedo renunciar, ¿comprendes? Lucharé por lo nuestro. A pesar de todo …

- Matt, sería un escándalo … tu familia, la mía … - Intento apartarme.

- Está bien, está bien … - él busca mis ojos – hablaremos más tranquilamente en otro momento, ¿de acuerdo?

- Es arriesgado … - susurro.

- Encontraré la manera. No quiero causarte problemas. Voy a quedarme un tiempo en Chicago …

- Pero Matt … - él no me deja continuar, besándome profundamente en la boca. Acaricia suavemente mi espalda y nalgas desnudas, y súbitamente deseo que vuelva a llevarme a la cama. Pero él interrumpe el beso y me suelta.

- Ahora debes irte. – Acaricia mi mejilla. – Mañana nos veremos en la fiesta.

Me ayuda a vestirme, ayudándome con el corsé y las ligas y la cremallera del vestido. Él se viste rápidamente, y al final, volvemos a besarnos.

- Déjame acompañarte. – Susurra Matt en mis labios.

- No es prudente …

- ¿Y qué van a pensar? Nadie podría sospechar nada …

Y tal vez por poder disfrutar de su presencia unos pocos minutos más, accedo a que bajemos juntos.

-Archie-

Vaya, se nos ha hecho tarde, pero lo hemos conseguido. El reloj de la repisa marca casi las siete de la tarde … y ni siquiera hemos comido. Me levanto del sillón y estiro mi cuerpo.

- Vamos, Albert, es hora de irnos. – Él parpadea y me mira confuso.

- ¿Ya hemos terminado?

- Así es … y es tarde.

- De acuerdo.

Albert recoge sus cosas y nos dirigimos a la salida. Sally ya se ha marchado hace un tiempo.

- ¿Quieres que te deje en casa? – Me pregunta Albert y yo asiento.

Nos metemos en el coche de los Andrew y pronto Andy nos lleva a través de las calles de Chicago hacia las afueras. Me entretengo en observar el paisaje urbano. Estoy cansado, pero satisfecho. Sé que a partir de ahora voy a tener el doble de trabajo que antaño, pero así estaré ocupado, tanto física como mentalmente, y tendré menos tiempo para pensar … pensar en ella. Ya que cada vez que pienso en ella, mi alma muere un poco más.

- ¿No es esa Annie? – Giro la cabeza hacia Albert sorprendido y mis ojos descubren la silueta de mi esposa frente al alto edificio que alberga un hotel, despidiéndose de un caballero que … maldita sea, reconozco enseguida. - ¿Quién es el caballero que la acompaña? ¿Nos detenemos?

- No, sigamos. – Susurro sin apartar la vista de mi esposa. Noto los ojos de Albert fijos en mí, pero nada más dice y el automóvil continúa su camino.

-Patty-

Candy acaba de marcharse. Ha venido a verme al final de la tarde y hemos estado charlando un rato. He decidido enfrentarme a William esta misma noche y aclarar todo este asunto. Mi esposo ha estado todo el día fuera, y ni siquiera ha llegado todavía.

No voy a bajar a cenar. No deseo encontrarme con nadie. Le he pedido a Birdy que me suba algo en una bandeja. Ya son casi las nueve.

Me levanto de la cama y salgo a la terraza. El día ha sido maravilloso, como siempre, y la suave brisa nocturna acaricia mi cuerpo, apenas cubierto por el camisón.

De pronto, oigo movimiento en la habitación y entro de nuevo para encontrarme con mi esposo, desnudándose.

- Hola, amor. – Él sonríe con esa preciosa sonrisa, pero su rostro está apagado, agotado. - ¿Cómo estás?

- Hola, William. – Él se acerca y me besa suavemente en la mejilla.

- He tenido un día eterno de trabajo. ¿Me dejas darme una ducha y después hacemos lo que quieras?

- ¿Lo que quiera? – Él me acaricia el rostro.

- Lo que quieras, cariño.

- Muy bien, quiero ir a tu despacho. – Él baja la mano y me mira sorprendido. – Quiero que me enseñes toda la documentación de la que dispongas sobre las pruebas que me realizaron días atrás por orden de tus tíos y que sé que están en tu poder. – La cara impactada de William no tiene precio. – Quiero que me cuentes de una vez por todas qué es lo que está sucediendo con nuestro hijo.

-Archie-

Ya son casi las nueve de la noche. Jackson sale a recibir el coche de los Andrew y me sonríe.

- Buenas noches, señor. – Saludo a Jackson y me despido de Andy, que se pierde en la tenue luminosidad del crepúsculo.

Hemos ido primero a la mansión Andrew y he ayudado a Albert y a la tía Elroy con ciertos preparativos para la fiesta de mañana. Albert, tan sumamente discreto, como siempre, no ha hecho ningún comentario sobre Annie, y se lo agradezco. Ni siquiera yo sé qué está sucediendo, ni cómo debo sobrellevar este asunto.

¿Annie tiene un amante? ¿Es eso posible? ¿Ese joven Jenssen es su amante? Pero … ¿cómo?

E inevitablemente la ira enciende mi sangre. Si fuera cierto … después de todo lo pasado, después de … y yo lamentándome por tener profundos sentimientos por una maravillosa mujer … a la que apenas pude dar un último beso. Y Annie … pero, ¿cómo es posible?

- ¿Señor? – Me fuerzo a centrarme en Jackson.

- ¿La señora ya ha cenado?

- No, señor, está en el salón, le espera.

Me dirijo hacia allí, pero de pronto vacilo. Tengo que calmarme un poco. Aún no sé qué es lo que está sucediendo y debo controlarme. Respiro profundamente y entro al salón. Annie está ante los ventanales, observando el jardín, concentrada en sus pensamientos. Se gira al oírme entrar, y nuestros ojos se encuentran en la distancia. ¿Qué es lo que puedo leer en ellos? No lo sé, sinceramente, hace tiempo que Annie y yo ya no leemos nada en nuestros ojos …

- Buenas noches, Archie. – Mi esposa intenta sonreír. – Te esperaba para cenar juntos, tal como dijiste.

- Sí, lo sé … - Frunzo el ceño e intento parecer sincero. – Lo siento, Annie, pero tendrás que disculparme. He tenido un día verdaderamente agotador, y no me siento demasiado bien. – Annie se acerca solícita, tal y como se espera de una esposa.

- ¿Quieres que avise al doctor?

- No, no será necesario, gracias, pero si no te importa, me retiraré a descansar.

- Claro, Archie.

Y me doy la vuelta, sin volver la vista atrás. Estoy ofuscado, airado … miles de sentimientos poseen mi cuerpo en este instante … y además, tengo hambre, ya que no he probado bocado en todo el día. He de decir a Jackson que suba una bandeja a mi habitación.

-William-

- ¿Qué significa esto, William? – Mi amada esposa parece perdida y terriblemente frágil, ahí sentada, en el gran butacón, con los papeles de los resultados de las pruebas entre sus temblorosas manos.

Casi se me ha parado el corazón cuando me ha pedido que la lleve al despacho. Creo que he subestimado a Patty por su juventud e inocencia … verdaderamente, he olvidado lo inteligente y fuerte que es también. He olvidado las mil y una cualidades que me enamoraron de ella. Me he dejado aplastar por los acontecimientos … y no debo consentirlo.

Siento un insoportable nudo en la garganta que sé he de superar. Ahora debo ser fuerte y sacar a mi esposa e hijo adelante. Parpadeo para ahuyentar las lágrimas y me arrodillo ante ella, tomando sus pequeñas manos entre las mías.

- Patty … te amo, y a veces … creo que no te lo digo lo suficiente. – Veo cómo las lágrimas ruedan por el rostro de mi esposa. – Quiero que sepas que yo me enteré apenas ayer de todo esto … - la apunto con un dedo – y tampoco sabía nada de esas malditas pruebas …

- Yo …

- Está bien, eso ya no importa. – Acaricio sus dedos y continúo con voz ronca, mirándola a los ojos. – Los resultados no son muy alentadores, amor, como ya has podido comprobar. Hemos de luchar contra esa afección que te está debilitando …

- Pero … - carraspea – pero, ¿es posible?

- Hay una clínica en Washington. La mejor en ese campo. Los analistas que te hicieron las pruebas proceden de allí. Ya estoy haciendo los preparativos para trasladarnos allí una vez termine la maldita fiesta.

- Dios mío … - Noto cómo tiembla el cuerpo de Patty y me acerco más, al tiempo que ella se echa a mis brazos, sollozando.

La aprieto contra mí y le acaricio el cabello, dejando que llore en mi hombro, hasta que al cabo de un tiempo, se incorpora y me mira a los ojos.

- Te prometo que lucharé con todas mis fuerzas, William, por nuestro hijo. – Noto que ya no puedo contener las lágrimas por más tiempo, y dejo que rueden libres por mi rostro. Patty me las seca con los dedos.

- Prométeme que lucharás por ti, Patty … - Pido con voz ronca. Ella asiente imperceptiblemente y me besa en los labios entre lágrimas.