-Candy-

Despierto a un nuevo día, y me doy cuenta de que la habitación está llena de luz. Las cortinas están descorridas y las puertas de la terraza abiertas de par en par. Frunzo el ceño algo desconcertada y me incorporo un poco en el lecho, mirando alrededor. Siento mi cuerpo relajado, como si hubiera hecho un gran esfuerzo … y al pensar esto no puedo evitar soltar una suave carcajada, ya que no puede ser más literal, apenas he dormido … apenas hemos dormido.

Giro la cabeza mirando alrededor … pero estoy sola. ¿Dónde estará? Espero que vuelva pronto.

Vuelvo a tumbarme y me desperezo, estirando todos los músculos. Me siento maravillosamente, y de pronto sonrío, rememorando momentos de la noche pasada. Estos últimos días hemos vivido una pequeña luna de miel mi bello esposo y yo. Sí, bello … no puedo describirlo mejor. Me encanta observarle, delinear sus músculos mientras duerme, acariciar su piel y su rostro dormido, sus rasgos relajados, sin atisbo de preocupación … porque sé que está preocupado. ¿Cómo no estarlo? Comenzamos nuestra vida juntos …

Aunque primero hemos de pasar esta noche de fuego.

Mis pensamientos se ensombrecen súbitamente y frunzo el ceño desconcertada. Ya no puedo estar más en la cama. Me obligó a levantarme y descubro mi salto de cama tirado en el suelo, poco antes de la salida a la terraza. Me acerco a buscarlo y me lo pongo, meneando la cabeza, mientras salgo parpadeando a la luminosa claridad de la mañana y los rayos de sol calientan mi piel, envolviéndome en una agradable sensación de bienestar. Mantenlo, Candy, recárgate, vas a necesitarlo. Me digo a mí misma. Observo las altas copas de los árboles del jardín y aspiro la suave brisa matutina. El día va a ser largo. La fiesta en la mansión. ¿Cuántas personas dijo George que iban a acudir? Sólo de pensarlo siento escalofríos.

Y casi sin darme cuenta, los escalofriantes ojos negros de mis pesadillas vuelven a acosarme. De pronto siento frío. ¡Maldito sea! Candy, debes calmarte. Creo que voy a vestirme rápidamente e ir en busca de mi esposo. Necesito de su proximidad, de su calor.

Meneo la cabeza y me doy la vuelta, encaminándome al baño para afrontar este nuevo día.

-Annie-

Mientras termino de maquillarme ante el espejo del tocador, mi doncella entra en la habitación con el vestido que voy a ponerme esta mañana.

- Buenos días, señora.

- Buenos días, Lizzy.

Mi rostro apagado me hace una mueca desde el espejo. Apenas he pegado ojo pensando en lo ocurrido la tarde anterior. No puedo evitar atormentarme. Sé lo que siento … pero también sé que no debo sentirlo. Presiento que al final, voy a hacer daño a gente que me importa, gente a la que quiero … Dios mío, ¿qué voy a hacer? Noto que me tiemblan las manos. Parpadeo con rapidez tragando con fuerza para calmar el nudo que me aprisiona la garganta. ¿Cómo podré mirar a mi esposo a los ojos? ¡No podrás, estúpida! Me grita mi conciencia. Pero mi corazón palpita al recordar la mirada de sus ojos … esos magnéticos ojos que me atrapan y me hacen vibrar, sentir cosas que jamás había sentido … y me vuelvo loca, pierdo la capacidad de razonar …

- ¿Señora? – Pego un pequeño respingo al notar a Lizzy a mi espalda, observándome preocupada, y me sonrojo involuntariamente.

- ¿Sí?

- Le preguntaba si desea que repasemos la indumentaria que va a ponerse esta noche para la fiesta …

- Oh, no … - Meneó la cabeza. – Más tarde. Ahora bajaré a desayunar … -suspiro – necesito que me dé un poco el aire … - Dejo los accesorios en el tocador con más fuerza de la que pretendía y me retuerzo las manos, intentando calmarme. Debo enfrentarlo, debo hacerlo. Entonces me levanto, dirigiéndome a la puerta. - ¿El señor está desayunando?

- Creo que no, señora. Jackson ha dicho que se marchó temprano a la ciudad.

Meneo la cabeza con el ceño fruncido, Archie me está evitando … ¿o no?

Pero por otro lado, no puedo evitar sentirme aliviada con la situación. Sé que debo controlar mis sentimientos, debo serenarme. Salgo al exterior y bajo lentamente las escaleras hacia el piso inferior. ¿qué haré cuando le vea en la fiesta? Dios mío … ¿cómo va a terminar toda esta situación?

-William-

Rosas blancas … son preciosas, ¿cuándo las han plantado? Me recuerdan a las que cultivaba Anthony en Lakewood … cuántos recuerdos … la época en que me encontré con Candy, la época en que vivía libre y sin preocupaciones en los bosques … meneo la cabeza y meto las manos en los bolsillos del pantalón. A pesar del fresco traje que llevo, comienzo a transpirar. Va a ser un día caluroso.

Y un día complicado. Maldita fiesta … no voy a poder quitar los ojos de encima a Patty. Sé que no debería acudir. Ha de estar descansando. Pero ello daría mucho que hablar, y no deseamos que nadie se entere de nuestra situación con respecto al estado de salud de mi esposa … aún no, al menos. Y yo tengo el corazón partido, destrozado. Verla sonreír y acariciarme, decirme que todo va a salir bien … me siento terriblemente culpable. Y mi mente crítica me grita que eso no es cierto, lo sé, sé que no es culpa mía … pero no puedo evitarlo. Tal vez si no me hubiera entrometido en su vida, si la hubiera dejado partir … vamos, William, no digas tonterías. Tú mismo sabes que no podrías vivir sin ella. Decidí luchar con uñas y dientes por nosotros … y aquí estamos.

Parpadeo y tragó con fuerza para mitigar el nudo que me aprieta la garganta. De nada sirve lamentarse, William, me digo a mí mismo. Ahora lo que debemos hacer es todo lo posible para que Patty siga a mi lado por muchos años.

- ¿Albert? – Me giro sorprendido para encontrarme con un sonriente Terry ante mí.

- ¡Terry! ¿Cómo estás? ¿Qué haces aquí?

- He bajado a dar un paseo. – Se encoge de hombros. – Mi esposa sorprendentemente sigue dormida como un tronco, así que me he dicho que voy a aprovechar la mañana. – Me echo a reír.

- ¿Candy dormida como un tronco? Eso sí que es nuevo …

- Bueno … no puede decirse que hayamos dormido mucho esta noche … - Me lanza Terry con una pícara sonrisa, y yo levanto las manos.

- Por favor, ahórrate los detalles … - Oigo su carcajada. – Escucha, ¿querrías ayudarme? He de organizar muchas cosas para esta noche, y así, nos haremos compañía mutuamente.

- Pues claro que sí, Albert. – Me palmea Terry el hombro.

-Eliza-

Me está dando el sol en la cara … ¡maldita sea! ¿Quién ha descorrido las cortinas?

- ¡Amy! – Alzo la cabeza de la almohada y la doncella se para asustada a mitad de camino en la habitación.

- ¿Señorita?

- ¿Cómo se te ocurre abrir las ventanas? ¿Te lo he dicho yo acaso?

- No, señorita … ha dado orden la señora Legan. Me ha dicho que viniera a despertarla, ya que ella debía salir a la ciudad, y el señor Robson la espera en el salón.

- ¿Qué? Pero, ¿qué hora es?

- Casi las once, señorita.

- Está bien. – Bufo y le hago un gesto. – Ya puedes largarte.

- Pero …

- Oh, ¡ya cállate, Amy! – Me levanto de la cama, y veo divertida cómo Amy desvía la vista, ya que estoy desnuda. – Dile al señor Robson que me espere en mi saloncito privado. – La doncella me mira escandalizada. - ¿No has oído, Amy?

- Sí, señorita.

Y sale despavorida mientras yo suelto una carcajada. Estúpida …

Me dirijo al baño y abro el grifo de la ducha, desperezándome ante el espejo. Hoy es la gran noche, la gran noche en que me libraré de ti para siempre, Candy. Sonrío feliz. No sé cómo lo van a hacer o cómo va a suceder, pero me da lo mismo. Lo importante es que se la lleven lejos, para siempre. Ya lo intentamos hace tiempo … aquella vez en que mis padres la enviaron a México. Pero esta vez nadie va a impedirlo. Me libraré de ella, vaya que sí.

- ¿Qué haces ahí parada riendo como una tonta? – Entrecierro los ojos mientras la ira se apodera de mí, y me giro hacia la voz, con las manos en las caderas.

- ¿No se te ha dicho que esperes en el saloncito? – Él se echa a reír, mirándome de arriba abajo.

- ¿Y desde cuándo tengo que esperar para entrar a tus aposentos? – Comienza a acercarse pero yo alzo las manos, taladrándole furiosa.

- Ni se te ocurra acercarte.

- ¿Qué demonios te pasa ahora? – Parece sorprendido.

- Que ¿qué me pasa? ¿Quién te crees que eres? Llevo cuatro días sin saber nada de ti. Y ahora apareces como si nada …

- Me dijiste claramente que me fuera … - frunce el ceño, enfadado – fuiste muy explícita … ¿cómo era? Ah sí, vete a hincarla donde te apetezca … - Me muerdo el labio y aparto la vista haciendo un gesto.

- Y seguro que lo has hecho, ¿verdad? Ahora, lárgate …

Me giro nuevamente hacia el espejo, pero él me retiene por el brazo. Sus ojos brillan ahora furiosos. No puedo evitar pensar que está atractivo, así, enfadado.

- No he estado con nadie, ¿te enteras? He estado con mi padre en …

- No me interesa. – Entonces me lanza una mirada asqueada y me suelta.

- Joder, pero ¿qué coño habré podido ver en ti? – El comentario se me clava como una daga en el corazón y parpadeo como una estúpida intentando recomponerme. Pero Stuart ha debido ver algo en mi rostro, porque el suyo cambia rápidamente, de la sorpresa a la incertidumbre, y después a la turbación. - Eliza, yo …

- Por favor, márchate. – Y le cierro la puerta en las narices, dando un portazo.

¡Maldito sea! Súbitamente, siento ganas de llorar y aprieto los puños. ¿Qué se ha creído?

Basta Eliza, ni se te ocurra llorar, boba, y menos por un hombre. Un estúpido hombre.

Ya se me ha fastidiado el momento de regocijo que estaba viviendo.

-George-

Apenas son las once de la mañana y ya estoy agotado. No he descansado en toda la noche. Me acosté tarde, ya que tuve que terminar ciertos documentos y supervisar varias cosas para hoy. Ni siquiera he podido ir a ver a Mary. No veo el momento de que la fiesta termine y pueda volver a mis quehaceres cotidianos … bueno, aunque intuyo que todo va a ser más complicado en los próximos meses debido a la ausencia del señor William por tener que marcharse a Washington … ya se me ha dado orden de hacerme cargo de varias operaciones importantes mientras él no esté. Y deberé ayudar a Archibald …

Me froto los ojos ligeramente de camino a la cocina y al entrar, el bullicio y la actividad previa a una ajetreada velada me da de lleno en el rostro. Ya se están cocinando varios manjares para esta noche. Localizo a Mary en una esquina, hablando con los mozos y organizando las cajas de bebida y provisiones. Nuestros ojos se encuentran unos segundos y me lanza una fugaz sonrisa. Suficiente, suficiente para superarlo todo.

He de hablar con Watters sobre varias cosas. Intuyo que estará en el comedor, organizando el desayuno. Me doy la vuelta y me topo de lleno con varios de los nuevos trabajadores contratados para la seguridad. No sé por qué, pero a pesar de sus excelentes referencias, siento que algo falla. Tal vez me esté volviendo quisquilloso … pero no puedo evitarlo. Creo que voy a hablar con uno de mis hombres de confianza para que esté alerta … sólo por si acaso.

-Patty-

Estoy decidida a salir adelante. Tras una noche infernal, hundida en lúgubres pensamientos, he amanecido al nuevo día repleta de energía positiva. No voy a dejarme vencer. Por mi hijo, por William … saldré adelante, sé que lo haré. Aceptaré todo lo que me aconsejen, lo que me digan que he de hacer … todo. Pero no voy a quedarme encerrada más en esta habitación.

Birdy me ayuda a vestirme ya sin hacer ningún comentario. Creo que puede apreciar la firme resolución en mi rostro y sabe que no va a poder disuadirme.

Al salir, me encuentro con Candy en el pasillo.

- ¡Patty! ¿Cómo estás? ¡Qué alegría verte! ¿Bajas?

Estar con Candy, participar de su perenne alegría y ganas de vivir me fortalece, me carga de energía. Oh, querida … la observo con dulzura mientras bajamos por las escaleras y contengo mi deseo de abrazarla con fuerza. He de disimular convincentemente mi estado de ánimo para que mi amiga no note absolutamente nada. Me ha preguntado si he sabido algo de los resultados de las pruebas, y he tenido que mentir descaradamente. Sorprendentemente, Candy no se ha percatado de nada. Y no debe saberlo, porque si no, sé que no se marcharía a Inglaterra. Y debe hacerlo, es su obligación como esposa, ya que Terry también la necesita a su lado.

Nos reunimos con nuestros respectivos esposos para almorzar. Al parecer han pasado la mañana juntos, Terry ayudando a William con todos los preparativos de la fiesta.

William me abraza por la cintura, sus hermosos ojos escrutando los míos y preguntándome una y mil cosas sin pronunciar palabra.

- Estoy bien … - Susurro en su oído y le beso en la mejilla, recibiendo una dulce sonrisa.

- Después de almorzar he de decirte algo … - Lo miro confusa, pero él besa mis dedos y aparta la mirada, conduciéndome a la mesa.

Se unen los tíos Andrew y la tía Elroy a nosotros, y la conversación gira en torno a la inminente fiesta. Apenas soy consciente de lo que cuesta preparar y organizar un evento de esta envergadura, y no puedo evitar sentirme molesta y culpable con el asunto, ya que sé que es un deber que forma parte de mis obligaciones como esposa del cabeza de familia de los Andrew. Y a pesar de estar justificada mi no participación en este momento, me siento mal con la situación.

- Patricia, querida. – La profunda voz de la tía Elroy hace que pegue un pequeño salto en mi asiento. – Supongo que William ya te habrá puesto al corriente … - la miro confusa – me refiero a lo de tus padres.

- ¿Mis padres?

- Ayer recibí la contestación y por supuesto, van a acudir esta noche a la fiesta para brindarte todo su apoyo. Así como tu abuela. – Giro rápidamente la cabeza hacia William, quien taladra a su tía con la mirada y se gira hacia mí con el corazón en los ojos. ¿Mis padres? ¿Mi abuela? Siento que los ojos se me llenan de lágrimas. - ¿Estás contenta? – Parpadeo rápidamente al volver a mirarla.

- Claro, tía Elroy, gracias. – Susurro.

-Matthew-

Toco suavemente la puerta de la suite que ocupan mis padres, y el rostro nervioso pero sonriente de mi progenitor se aparece ante mí, invitándome a pasar.

- Íbamos a descansar un rato, Matthew, antes de prepararnos para la fiesta. – Me golpea afectuosamente el hombro mientras entramos al pequeño saloncito donde mi madre está descansando en un diván frente a los ventanales, con la ciudad a sus pies.

- Hola, querido.

- ¡Gran noche, hijo! – Mi padre se frota las manos, sonriente, mientras mi madre pone los ojos en blanco, haciéndome un gesto. Me echo a reír. – Creo que vamos a sacar mucho provecho de esta visita …

- Recuerda, querido, que se trata de una fiesta …

- Claro, claro, una fiesta de negocios … - Me guiña el ojo y se sienta al lado de mi madre. Yo suspiro profundamente y me decido por el sillón frente a ellos. Mis padres parecen notar mi estado de ánimo, porque me miran desconcertados.

- ¿Qué sucede, hijo?

- Bueno, quería comentaros algo …

- Tú dirás.

- No voy a volver con vosotros a Nueva York el domingo. – Ya está dicho.

- ¿Qué? – Ambos se incorporan y mi padre me mira furioso. – Tenemos trabajo en casa, lo sabes.

- Lo sé, papá, pero es que …

- ¿Por qué demonios no vuelves con nosotros? ¿A dónde vas? ¿Qué tienes que hacer?

- Joseph, por favor … - Mi madre le pone una mano en el brazo, pero él hace caso omiso.

- Tengo que solucionar ciertas cosas …

- ¿Qué cosas?

- Cosas personales …

- ¿Personales? – Mi padre ha empezado a alzar la voz, y yo también comienzo a enfurecerme. - ¿Qué es más personal que tu familia?

- ¿Vamos a empezar de nuevo con eso, padre? – Yo también me he incorporado. Ya está bien.

- Creía que está vez te lo estabas tomando en serio …

- ¡Pues claro que me lo tomo en serio! Lo sabes …

- No, no lo sé. Tenemos unos importantes asuntos entre manos, necesito tu completa concentración en esto …

- Es importante, padre …

- ¿Más importante que tu familia?

- No he dicho eso …

- ¡Maldita sea!

- ¡Joseph! – Mi madre se ha puesto en pie, mirándole suplicante. Entonces de pronto, veo a mi padre suspirar profundamente y acariciar el rostro de mi madre.

- Voy a descansar un rato, querida.

- Voy enseguida. – Él asiente, y sin mirarme, se mete a la habitación.

¡Mierda! Aprieto los dientes y me dirijo a la mesa de las bebidas a prepararme una copa. Lamento discutir con mi padre, sé lo importante que es para él que le ayude con los negocios, que me involucre en los asuntos de la familia, pero en este momento no puedo, simplemente, no puedo. Debo quedarme aquí, debo luchar por ella …

- Matthie … - Siento un escalofrío al oír la suave voz de mi madre pronunciar el apelativo cariñoso que utilizaba para mí cuando era niño. Ella se sitúa a mi lado ante el ventanal y me acaricia el brazo con cariño. - ¿Estás bien?

- Sólo necesito un poco de tiempo, mamá … - Los ojos de mi madre, muy parecidos a los míos, me observan con ternura.

- Se trata de una mujer, ¿verdad? – Yo frunzo el ceño con tristeza y tapo su mano con la mía.

- Todo irá bien, mamá …

- Mereces que te quieran, querido … - Nuestros ojos se encuentran un momento y siento el escozor de las lágrimas. Ella me acaricia la mejilla. – Ve a descansar un poco, ¿de acuerdo?

Yo asiento, observando cómo ella suelta mi mano y se dirige a la habitación.

-Archie-

Bueno, creo que ya es momento de dejarlo. Debo volver a casa, aunque no quiera. Debo prepararme para esta noche. Esta mañana he huido al despacho, aunque no tuviera que venir hoy, por el simple hecho de no encontrarme con mi esposa. No sé cómo enfrentar la situación. Estoy perdido. Pero ya no puedo retrasarlo más. Tengo que volver para descansar un poco y vestirme. Presiento una larga noche la de hoy.

Súbitamente, el interfono del conserje suena en la mesa de Sally y frunzo el ceño, dirigiéndome hacia allí.

- ¿Sí?

- ¿Señor Cornwell?

- Sí, dime Charlie.

- Un caballero pregunta por usted. Dice que es un buen amigo.

- ¿De quién se trata?

- No ha querido darme más detalles, señor. – Resoplo frustrado, y me paso las manos por el cabello.

- Está bien, que suba.

¿Quién demonios será a estas horas? Estoy cansado, y lo que menos me apetece es tratar ahora con un cliente. Bastante voy a tener que aguantar esta noche. Estiro los brazos y me dirijo a la puerta.

- ¡Archie! - Me quedo literalmente con la boca abierta. El señor Cooper se halla ante mí con una ancha sonrisa, y tras él … Dios mío, no puede ser, ¡Claire! - ¿Cómo estás, jovencito?

Nuestros ojos se encuentran y ella sonríe, algo turbada, solapada por la efusividad de su progenitor. Yo contengo el aliento, el corazón palpitando a mil por hora contra el pecho, y me obligo a sonreír al hombre.

- Se … señor Cooper, ¿qué hace … qué hacen aquí? – Vaya, estoy tartamudeando como un estúpido. Oigo la carcajada del aludido.

- ¿Lo ves, Claire? Te dije que se sorprendería. ¡Anda, hija, ven a saludar a Archie! – Cooper la empuja ligeramente hacia mí, y nos encontramos frente a frente, mirándonos fijamente a los ojos. Mi boca se seca y me cuesta respirar. Dios, está preciosa … sus claros ojos me observan divertidos mientras alarga su mano y estrecha la mía con firmeza.

- Hola, Archie, ¿cómo estás? Me alegro de verte.

-Candy-

El almuerzo ha finalizado poniendo el broche de oro a este complicado día. El tenso ambiente no ha contribuido a calmar los nervios de nadie, sino todo lo contrario. Menos mal que los tíos se han retirado y nos han dado un respiro. Terry me espera para retirarnos a descansar un rato, antes de comenzar a prepararnos para el acontecimiento nocturno, pero desearía disponer de unos instantes para hablar con Albert.

Lo localizo en la esquina opuesta del salón, hablando con Patty en susurros. Mi amiga parece alterada, y la comprendo. Sé que ha sido toda una sorpresa enterarse de boca de la tía Elroy que sus padres y su abuela van a acudir esta noche a la fiesta.

- ¿Vamos, mi amor? – Terry alza una ceja interrogativa y yo le acarició el brazo.

- ¿Puedes darme unos minutos? He de comentar algo con Albert …

- Sabes que no deberías …

- Lo sé, lo sé. – Le aprieto el brazo, intentando componer la expresión más inocente que puedo. Mi esposo menea la cabeza.

- Voy a descansar un rato.

Observo cómo Terry sale de la estancia y me entretengo cerca de los ventanales, intentando no dirigir la vista hacia la pareja que aparentemente discute en el lado opuesto de la habitación.

Al cabo de unos momentos, Patty alza las manos y tras un fuerte susurro se aleja rápidamente hacia las escaleras, mientras Albert suspira y se pasa las manos por el cabello. Se da la vuelta y se dirige a la mesa de bebidas.

- ¿Albert? – Él pega un respingo, sorprendido.

- ¡Candy! Vaya, me has asustado.

- Lo siento. – Sonrío acercándome.

- ¿Una copa?

- No, es temprano. – Él se encoge de hombros.

- Nos espera una larga noche …

- Sí, es cierto … - Observo detenidamente su rostro, mientras él prepara la bebida.

Albert es hermoso. Sí, no hay mejor manera para describirlo. Y ese pensamiento hace que me sorprenda. Cierto que nunca había pensado en Albert como … hombre. Tal vez suene ridículo decirlo, pero es mi mejor amigo, mi hermano … nunca lo he mirado con ojos de mujer. Quizá ahora que estoy felizmente casada y he descubierto lo que es el amor carnal, puedo verlo desde una nueva perspectiva. Sí, es hermoso … como lo era Anthony. De hecho, se parecen mucho. El cabello muy rubio, los ojos azules … esos rasgos cincelados, dulces pero a la vez tan viriles … y el rostro, ahora surcado por ojeras y pensamientos oscuros.

- Me estás poniendo nervioso, pequeña … - Albert me mira de reojo, con el ceño fruncido. - ¿A qué viene esa mirada? – Yo me echo a reír, meneando la cabeza.

- ¿Qué te pasa, Bert?

- ¿Qué? – Parece sorprendido y alza las cejas. - ¿Por qué lo dices? – Suspira. - ¿Es por la discusión con Patty? No te preocupes … me lo merezco. No he tenido tiempo de avisarla …

- ¿Cómo es que van a venir sus padres? ¿No decíais que casi os habían echado a patadas de Jacksonville?

- Y así fue. – Resopla Albert. – Pero ya sabes cómo son los Andrew … - Se encoge de hombros. – Mis tíos los persuadieron de que debían apoyar a su hija … - Los celestes y brillantes ojos de Albert lucen ahora apagados y tristes. Yo le aprieto el brazo.

- Dime qué es lo que sucede, Bert, por favor … - Nuestros ojos se encuentran unos instantes y contengo el aliento. Quiero abrazarlo, decirle que todo va a salir bien, como tantas otras veces ha hecho él conmigo … per el momento pasa fugaz ante nosotros y en un segundo vuelve a ser el sonriente Albert.

- No pasa nada, querida, de veras. Simplemente, estoy agotado. Necesito descansar, esa es la verdad. Y es lo que haré en cuanto superemos esta noche. – Me pasa un brazo por los hombros y me dirige hacia los ventanales.

- ¿Está bien Patty? – Noto que su brazo se tensa unos segundos, pero su voz suena normal. Sonríe, bebiendo un sorbo de whisky mientras observa los jardines.

- Patty está cansada, pero todo dentro de lo normal, dado su estado. – Le obligo a mirarme.

- Si algo sucediera me lo dirías, ¿verdad, Albert?

- Claro, - frunce el ceño - ¿por qué lo dices?

- Sé lo de las pruebas, Bert. – Veo cómo sus ojos se agrandan imperceptiblemente por la sorpresa.

- ¿Qué sabes?

- Sé que Patty está muy preocupada … ¿ya sabéis los resultados? – Albert bebe otro trago de su copa y me dedica otra tensa sonrisa.

- Los resultados son normales. No hay absolutamente nada de qué preocuparse. - Nuestros ojos se encuentran y nos miramos fijamente durante unos instantes. Albert me está mintiendo, lo sé. ¡Maldita sea! ¿Qué está pasando? – Creo, querida, que deberíamos retirarnos a descansar un poco.

-Archie-

La tarde es maravillosa, hacía tiempo que no me sentía tan bien. De pronto, mi corazón se ha aligerado y me siento más fresco, más vivo … He almorzado con los Cooper en un pequeño restaurante cerca del parque y ahora nos hallamos sentados en la terraza, degustando los cafés y disfrutando de la mutua compañía.

Mis ojos vuelan inconscientemente hacia ella cada pocos segundos, y aunque soy consciente de ello, no puedo evitarlo. Me siento nervioso como un adolescente. No pensé que la vería, así, de pronto, en Chicago … y mi corazón se regocija notando que ella no está en su elemento y hace esfuerzos por parecer cómoda. Me muerdo el labio para no sonreír como un bobo. Tengo ganas de decirle que puede quitarse los zapatos y echar a correr por el parque, que yo la acompañaré … que la acompañaría a donde me pidiera … pero mis ojos se nublan y desvío la mirada. Si fuera tan sencillo …

- ¿Archie? – Me obligo a centrar mi atención en el viejo Cooper.

Ya me han puesto en antecedentes sobre el por qué de su visita. Están invitados a la fiesta, por supuesto, ¿cómo no pude darme cuenta de ello? Cooper tiene negocios muy importantes con la familia. Aunque el viejo me ha confesado que no estaba decidido a venir hasta el último instante.

- Entonces me dije, ¿por qué no? Nos vendrá bien salir un poco de la rutina. – Dice mientras suelta una carcajada. – Y, aunque no lo creas, lo que más me ha costado ha sido convencer a Claire. Ella no quería venir. – Mis ojos se dirigen a ella, arqueando una ceja y puedo apreciar cómo se sonroja ligeramente.

- Bueno, ya sabes que no me gustan mucho los actos sociales … además, hay mucho que hacer en el rancho.

- ¡Tonterías! Eres joven, debes salir y divertirte también … - Cooper se estira descaradamente y suelta súbitamente. – Bueno, jóvenes … yo creo que ya es hora de retirarme …

- ¿Qué? – Claire se incorpora ligeramente en la silla, mientras ambos lo miramos sorprendidos. – Papá, ¿te encuentras bien?

- Pues claro que estoy bien, hija. – Sonríe el hombre, poniéndose en pie. Yo me levanto automáticamente. – Ha sido un viaje largo, mis huesos ya no son lo que eran. – Me palmea el hombro. – Me alegro mucho de verte, Archie. ¿Podrías hacer compañía a Claire un ratito?

- ¡Papá!

- Vamos, hija, vamos … - Hace un gesto indiferente. – Nos vemos esta noche, ¿de acuerdo?

Y antes de que ninguno de los dos podamos impedírselo, se aleja a grandes zancadas por la acera. Yo parpadeo rápidamente, mis latidos atronando las sienes cuando me giro a mirarla y sus ojos azules me iluminan.

- Lo siento … - se disculpa, y yo sólo puedo pensar en lo encantadora que está. Archie, despierta, debes tener cara de estúpido – ya sabes cómo es.

- No pasa nada … - Dios, tengo la boca seca y me sudan las manos. Pero, ¿qué demonios me pasa?

- Bueno … - Ella se encoge de hombros, mirándome divertida. – Ahora estoy en tu terreno. Es tu turno de enseñarme la ciudad. - Le ofrezco el brazo con un gesto teatral, prestándome a su juego.

- Pues no perdamos tiempo, señorita.

Y nos perdemos por los caminos del parque. Nos perdemos en nuestra mutua compañía, entre nuestras risas, nuestra complicidad … ya no hay nadie más, solo nosotros. Qué fácil es todo con ella, es tan fácil como respirar … y así, a pesar de no habernos visto en semanas … parece que fue ayer cuando estábamos juntos cabalgando por las tierras del rancho Cooper.

- No esperabas esto, ¿verdad? – Claire me observa fijamente, sentada en la hierba, los pies descalzos y apoyada la espalda en el tronco de un árbol, mientras los rayos de sol vespertinos acarician su piel dorada e iluminan su cabello. Está tan seductora … el deseo me golpea de improviso, y debo respirar profundamente para calmarme.

- No, es cierto, ha sido una sorpresa …

- ¿Una buena sorpresa?

- La mejor … - Susurro.

Nuestros ojos no se apartan del otro. Es como si una banda magnética hubiera hecho prisionera nuestra mirada. Deseo besarla, tocarla … y sé que ella también lo desea … pero de pronto el peso de todo lo que acarreo a mi espalda se hace un hueco en mi alma y enturbia mi mente. Claire frunce el ceño y se acerca ligeramente, acariciándome los dedos. Ese simple contacto hace que mi cuerpo reaccione de tal forma que contengo el aliento.

- Tal vez no haya sido buena idea venir, Archie, lo lamento … - Tomo su mano, frunciendo el ceño.

- No, no es eso …

- Mi padre insistió, y yo … - nuestros dedos se entrelazan – bueno, yo quería verte … - baja los ojos, turbada.

- Yo también estaba deseando verte. – Susurro con voz ronca.

- ¿Qué sucede? – Me aprieta la mano.

- Annie está aquí. – Noto cómo su rostro se tensa automáticamente y nuestras manos se separan.

- Oh …

- Cuando volví de Montana, me la encontré en casa. Le habían dado el alta. – Claire parpadea, intentando recuperar el control de sus emociones.

- ¿Cómo está?

- Muy bien … demasiado bien. – Nuestros ojos vuelven a encontrarse, pero su mirada ya es indescifrable.

- ¿Habéis hablado? – Yo asiento imperceptiblemente.

- Más o menos … parece ser que … - pero Claire me interrumpe.

- Archie, creo … creo que se me ha hecho tarde. – Sonríe nerviosa, poniéndose en pie y yo la imito sorprendido.

- Pero …

- ¿Nos vemos esta noche?

Ya se está alejando de mí … y yo la sigo, confundido.

- ¡Claire, espera! Te acompaño …

- ¡No es necesario! – Ella agita la mano, ya desde el camino. - ¡Nos vemos esta noche!

- ¡Claire!

Pero ya me encuentro solo en el parque, gritándole al viento.