El tiempo. El tiempo esclaviza el alma o sana el espíritu. ¿Pero qué era lo que le estaba haciendo a ella?
La joven rubia sentada en el alfeizar de la ventana observaba la lluvia con tristeza. Parecía como si Chicago llorara por ella, por su situación, por sus circunstancias … y sabía que no debía dejarse llevar por la pesadumbre. Ella, que siempre había encontrado el lado positivo a cualquier cosa, a cada hecho desgraciado que había afectado a su vida … pero tras el trauma de la experiencia vivida, no podía recordar un solo momento en el que hubiera podido aferrarse a la esperanza.
Cuando despertó, tras haberse desmayado en pleno pasillo, intentó tomarse las cosas con calma y serenidad, pero las noticias regaron sus oídos saturando su ya atribulado ánimo. El estado de su esposo casi hizo que quisiera volver a la oscuridad de nuevo. Los doctores no omitieron ningún detalle, y Candy se lo agradeció, pero un terror frío se adueñó de su corazón cuando le informaron de las lesiones de Terry. Su alma quiso desechar inmediatamente todas las posibilidades que aquel cuadro médico ofrecía, pero su mente analítica, su visión profesional, sabía que no eran alentadoras, no eran nada alentadoras. Terry tenía el hígado bastante maltrecho y un pulmón bastante afectado, y el golpe en la cabeza aún era una tremenda incógnita.
- Señora Grandchester, no podemos posponer más la operación. – Los ojos aguamarina observaban al médico sin apenas ver.
¿Y qué se suponía que debía hacer? Sabía lo que le estaban pidiendo, lo sabía muy bien. Y también sabía que era ella quien debía tomar la decisión. Era su esposa. Pero … Dios, no podía … ¡Terry, no quiero perderte! Gritaba su corazón. No podía imaginar que Terry abandonara este mundo, no podía imaginar estar sin él … pero, de hecho, si no tomaba una decisión, Terry acabaría muriendo.
Así que, ahora se hallaba allí, aquel miércoles maldito, sentada en aquella habitación, esperando … esperando a que su marido luchara por su vida en la mesa de operaciones.
Cerró los ojos y las lágrimas se escaparon de entre sus pestañas y cayeron sobre sus manos entrelazadas. No podré … no podré seguir … decía su corazón.
El ruido de la puerta al abrirse hizo que girara la cabeza al tiempo que se secaba las húmedas mejillas.
- ¡Candy! – Patty echó a correr hacia ella y ambas amigas se abrazaron con fuerza. – Oh, Candy, querida … - Patty le tocó suavemente el rostro - ¿Cómo estás?
- Estoy bien, tranquila, - Candy intentó sonreír – es más de lo que parece. – Dijo, haciendo referencia a su rostro amoratado y el labio hinchado.
- Te … ¿os hicieron …? – Candy negó con la cabeza.
- Tuvimos suerte.
Albert se acercó, sentándose al lado de la rubia y besándola en la mejilla.
- ¿Hay noticias?
- No … y ya llevan un par de horas …
- Todo irá bien, Candy … - Patty le apretó la mano y sonrió entre lágrimas – Terry es fuerte …
- Sí, lo sé … - De pronto se fijó en que la pareja iba rigurosamente vestida de negro, y ellos, al ver su expresión, suspiraron.
- Venimos del oficio funerario de Neil. Hoy se le ha dado sepultura.
- Oh … - Neil había muerto, era cierto. Neil … a pesar de todo, el buen corazón de Candy hacía que sintiera lástima por su muerte. Sólo esperaba que allá donde hubiera ido el alma de Neil, hubiera logrado encontrar al fin la paz. – Lo lamento, de veras que sí. ¿Cómo estaba su familia?
- Destrozados. – Candy asintió con tristeza.
- Y … ¿y el otro joven? ¿Quién era? ¿Y su familia?
- Son empresarios de la costa este. De Nueva York. Los Jenssen. Ya han realizado los trámites para trasladar su cuerpo. Se marchan en unos días.
- Lo siento tanto ...
- Todos lo sentimos, pequeña … - Albert le pasó un brazo por los hombros y la besó - … pero no puedo dejar de dar gracias a Dios por tenerte de nuevo entre nosotros. – A Candy se le llenaron los ojos de lágrimas y apretó la mano de Albert.
- Gracias, Albert.
- William, ¿podrías dejarnos a solas unos minutos? – Patty sonrió a su marido, al tiempo que este se levantaba y acariciaba la mejilla de su esposa, asintiendo.
- Claro, querida, vengo en un momento.
Candy frunció el ceño desconcertada, mientras observaba cómo Albert abandonaba la estancia y se giraba a mirar a Patty.
- ¿Qué pasa, Patty? – Su amiga sonrió con dulzura, apoyando una mano inconscientemente en su abultado vientre. A Candy el gesto no le pasó desapercibido. - ¿Estás bien?
- Bueno … no demasiado. – Candy se incorporó preocupada.
- ¿Qué te pasa?
- Me estoy debilitando … - los ojos esmeralda se llenaron de lágrimas, pero la joven las desechó con firmeza - ¡Maldita sea! Me había hecho el firme propósito de no llorar … - sonrió a su amiga – y de no darte más preocupaciones de las que ya tienes. Pero he de marcharme, y quiero que sepas por qué no voy a poder estar a tu lado en estos momentos.
- ¿Marcharte?
- La anemia es cada vez mayor … los médicos desconocen la causa, y de seguir a este ritmo, no podría terminar el embarazo …
- Dios mío … - Candy se llevó una mano a la boca, horrorizada.
- Hay una clínica especializada en Washington que podría ayudarme. Me marcho mañana. – Patty se secó las mejillas, intentando sonreír y apretando la mano de su amiga. – Allí me cuidarán, me controlarán … estaré bien.
- ¿Por qué no me habías dicho nada? – Patty hizo un gesto.
- Ya no importa, querida … lo único que siento es no poder estar aquí contigo …
- No digas tonterías … - Ambas se abrazaron.
- Me voy con el tío Robert y su esposa. William ha de quedarse un tiempo, pero vendrá en cuanto sea posible …
- ¿Vas a estar allí sola? Albert debería acompañarte ...
- Ahora es imposible, Candy, con todo lo que ha sucedido … créeme que a él es a quien más le afecta esta situación. – Candy suspiró y asintió. – Pero estaré bien … - se acarició el abdomen – estaremos bien.
- En cuanto todo esto pase … - Se miraron a los ojos.
- Lo sé, lo sé, querida …
Y volvieron a abrazarse.
Sentía su cuerpo arder … arder en llamas. El sudor corría por su piel, sentía los dedos de su amante recorrer sus curvas … sus caderas … las suaves yemas de los dedos acariciando los contornos de sus pezones … gimió, sintiendo endurecerse las puntas … la húmeda lengua empujando la carne … se aventuró a alargar las manos. Tocaba su suave piel … sus hombros bien formados … y su amante se movió sobre ella. Lo quiero dentro de mí … susurraba su mente. El bajo vientre realizaba movimientos espasmódicos al notar los dedos en la cavidad femenina … volvió a gemir … Matt, Matt … pero de pronto frunció el ceño. ¿Matt? ¿Eres tú? ¿Estás vivo? ¿Eres tú de verdad? Intentaba verle el rostro, su corazón latiendo con fuerza. Pero estaba oscuro. No podía verlo … la inquisitiva lengua continuaba el asalto a sus pechos …
- Matt … - Gimió sin fuerzas.
- ¿Quién es Matt?
Los ojos azules se abrieron de par en par. Intentó moverse, pero no podía.
- ¡No!
- ¿Qué pasa nena? – Oyó la desagradable risa masculina y el feo rostro entró de lleno en su campo de visión.
- ¡No! ¡Suéltame!
- Me gustan las que luchan …
Forcejeaba con él encima, los ojos fuertemente cerrados.
- ¡Suéltame! ¡Suéltame! – Una fuerte mano oprimió su cuello, dificultándole la respiración. Sólo oía la desagradable risa en sus oídos.
- Eso es, nena …
- ¡No!
- ¡Quieta!
- ¡Déjame!
- ¡Annie!
- ¡Déjame!
Sintió que le propinaban una bofetada en el rostro y abrió los ojos de par en par. La luz hirió sus iris y se giró hacia un lado.
- ¡Annie! – Ella se tapó los ojos con la mano y se incorporó con dificultad. – Annie … - Reconocía la voz … esa voz … de pronto, el estómago le dio un vuelco y sin ver, giró el rostro y vomitó. Tenía el cuerpo empapado en sudor. – Annie, tranquila …
- Señora Cornwell, incorpórese, vamos … - Una voz femenina. Intentó volver a abrir los ojos y esta vez aguantó la intensidad luminosa.
Pronto descubrió que se hallaba en la habitación de hospital. Todo había sido una pesadilla … las enfermeras la ayudaban a levantarse y el dolor del pie volvía a hacerse presente.
- Vamos a limpiarla … señor Cornwell …
- Esperaré fuera.
Annie giró la cabeza a tiempo de ver la espalda de Archie abandonar la estancia. Las enfermeras la sentaron en la cama y la ayudaron a desprenderse del maltrecho camisón. Tenía el estómago revuelto.
- ¿Está mareada? – Annie asintió. – Si desea volver a vomitar, avísenos …
- ¿Qué me pasa?
- No se preocupe, es por los sedantes …
¿Los sedantes? ¿Qué había pasado? Recordaba el bosque, haber llegado al hospital … pero todo estaba borroso … las imágenes saltaban en su mente. Una enfermera le paso un paño mojado y se limpió el rostro, intentando despejarse. Ya comenzaba a sentirse mejor.
- ¿Cuánto tiempo llevo así? – Susurró con voz ronca.
- Un par de días … el médico ha ordenado que dejemos de suministrarle medicación, así que comenzara a sentirse mejor.
- ¿Dónde …? – Miró alrededor desorientada.
- Levante los brazos. – Las enfermeras le pusieron un camisón limpio y la levantaron, ayudándola entre ambas a llegar al diván, mientras limpiaban el lecho y el suelo. Abrieron la ventana para que el aire fresco inundara la estancia y Annie respiró agradecida. Una vez terminaron, la ayudaron a volver a la cama. – Su esposo entrara enseguida.
Ella abrió la boca para decir algo, pero enseguida la cerró, frunciendo el ceño. ¿Qué iba a decir? ¿Y qué le iba a decir a Archie? Se frotó las sienes. Le dolía la cabeza, pero también le habían dicho que era normal. Parpadeó observando el cielo a través del ventanal. El plomizo cielo cargado de lluvia parecía conocer su estado de ánimo.
El cielo llora … llora por ti, mi amor … y volvieron las lágrimas. Ahora ya podía dejarse llevar, ahora ya podía abandonarse … ya no importaba … él ya no estaba …
- Annie … - Cerró los ojos unos instantes antes de girar la cabeza hacia la voz. Ni siquiera le importó tener el rostro cubierto de lágrimas. Su esposo la observaba con tristeza, casi con congoja, y Annie incluso se compadeció de él.
- Hola, Archie. – Intentó sonreír, mientras él se acercaba lentamente al lecho.
- ¿Cómo te encuentras? ¿Mejor? – La joven asintió. – Me alegro. Nos tenías preocupados.
- ¿Qué sucedió?
- Te desmayaste de pronto … - Archie se encogió de hombros. – Tu tensión estaba por las nubes … los médicos se asustaron …
- ¿Dónde está Candy?
- En la habitación contigua. – Annie comenzó a incorporarse.
- Espera, Annie, no sé si es prudente …
- Estoy bien.
- Lo sé, pero hemos de preguntar al médico si puedes levantarte. – La joven suspiró frustrada, volviendo a acostarse.
- ¿Qué ha sucedido? – Sus ojos se encontraron y Archie frunció el ceño. – Lo soportaré, Archie … debo saberlo.
- Neil Legan ha muerto. – Los grandes ojos azules de Annie se abrieron horrorizados.
- ¿Qué?
- Le cortaron el cuello. Y también ese otro joven … - Annie desvió la mirada. Contrólate, Annie, debes hacerlo … sentía los ojos de su esposo fijos en su rostro. – Jenssen. Matthew Jenssen. – Annie tragó con fuerza y volvió a encontrarse con los ojos avellana. - ¿Lo conocías?
- Vagamente … - susurró ella con voz ronca – creo que nos conocimos al inicio de la fiesta …
- ¿Sabes qué hacía ese joven en aquella salita? – Annie negó con la cabeza. - ¿Y tú?
- Estaba buscando a Candy … - frunció el ceño - ¿es esto un interrogatorio? – Archie alzó las manos.
- En absoluto … pero el de la policía sí lo será. – La morena comenzaba a enfurecerse.
- ¿Es eso todo lo que te preocupa? Acabo de pasar por un infierno … y solo te preocupa lo que pueda decirle a la policía …
- Yo no he dicho eso, Annie …- Archie se alejó unos pasos de la cama, acercándose al ventanal.
- ¿Crees que estaba en la sala con ese joven? – Escupió ella.
- ¿Era así? – Él se volvió a mirarla fijamente y ella enrojeció levemente. Frunció el ceño y apartó las mantas.
- ¿Podrías avisar al doctor, por favor? – Archie se acercó a la cama y la tomó por la cintura, haciendo que Annie se estremeciera.
- Te ayudaré a ponerte el batín e iré a por el médico. – Él ya no la miraba, los labios apretados y el rostro tenso. La joven solo pudo asentir, mientras su esposo hacía lo que había dicho y se alejaba hacia la puerta.
Una vez sola, tuvo que apoyarse en la repisa del ventanal, intentando ahogar los sollozos que la consumían.
Las horas se agotaban sin noticias, y su alma se consumía de nervios e incertidumbre. Aun no sabían nada … Dios, necesito salir de aquí … se decía a sí misma la joven rubia una y otra vez. Iba a comenzar a gritar de un momento a otro.
Observó a las personas dispersas por la habitación. Sabía que todos la amaban y deseaban estar a su lado en aquellos duros momentos … pero ella lo único que deseaba era quedarse sola.
Patty se había retirado a descansar, abrazando estrechamente a sus dos amigas y prometiendo reunirse con ellas en cuanto todo hubiera pasado … con su bebé en los brazos. Albert había vuelto hacía poco para estar un poco con Candy, siendo Archie quien se había despedido momentáneamente para hacerse cargo de ciertos asuntos junto con George. Pero Annie no había querido separarse de su lado.
- Mañana seréis interrogadas por la policía. – Ambas jóvenes se volvieron a mirar a Albert. – He logrado que lo pospusieran debido a la operación inminente de Terry, pero mañana vendrán a tomaros declaración. – Ellas asintieron con gravedad. – Han encontrado cinco cuerpos calcinados en la mansión Leicester. Todo Chicago está conmocionado con lo sucedido. La alta sociedad está formando un revuelo … no se sienten seguros. – Albert se encogió de hombros. – Y yo temo por vosotras. Sobre todo por ti, Candy, ya que en tu caso, además de pertenecer a la familia Andrew, eres la nueva esposa de Terry Graham … y con todo lo que está sucediendo … no te imaginas la que se ha montado en la ciudad al enterarse de lo sucedido a Terry …- La joven tragó con fuerza y carraspeó, apretándose las manos con nerviosismo.
- Albert … - observó también a Annie – ambos … he de deciros algo que rogaría no saliera de esta habitación y se quedara entre nosotros tres. – Los dos la observaron perplejos.
- ¿Qué sucede, Candy? – La joven suspiró.
- He de pedirte Albert que envíes un telegrama urgente … un par de telegramas urgentes, mejor dicho. Sé que la noticia ya ha trascendido a la prensa y no tardaran en enterarse … si no lo han hecho ya. Estarán preocupados … - Albert se había acercado a ella.
- Candy … ¿qué es lo que pasa?
- Albert … Annie … Eleanor Baker es la madre biológica de Terry …
- ¿Qué?
- ¿Eleanor Baker? ¿La actriz?
- Sí, así es … por favor, como ya he dicho, nadie lo sabe … sería … - Albert le pasó un brazo por los hombros y notó que la joven temblaba. – Necesito que le envíes un telegrama … y también a su padre, el duque de Grandchester … no sé … - sus ojos se llenaron de lágrimas - … no sé qué va a pasar …
De pronto, la puerta se abrió y los tres pegaron un respingo, mientras varios doctores entraban a la estancia.
- ¿Sra. Grandchester? – Los médicos se acercaron a ellos.
- ¿Cómo ha ido todo?
- Su esposo está estable en estos momentos …
- Gracias a Dios …
- Pero su estado sigue siendo muy grave …
Los doctores comenzaron a narrar los avatares de la operación a una desbordada Candy, quien daba gracias a que Albert la sostenía firmemente por los hombros, al tiempo que Annie la tomaba con fuerza de la mano.
- El Sr. Grandchester está en coma en este instante … - Candy se tapo la boca con una temblorosa mano, intentando tragarse las lágrimas. – Sus heridas internas están controladas … aunque aun no podemos descartar posibles infecciones y tampoco en como van a evolucionar los órganos … pero lo que más nos preocupa es el cerebro … ha de despertar para poder analizar los posibles efectos … - la joven sentía cómo las lágrimas se deslizaban por sus mejillas - … lo único que podemos hacer ahora es esperar … y rezar porque consiga superar las próximas horas …
- ¿Qué posibilidades tiene? – Preguntó Albert con voz ronca.
- Muy limitadas … lo lamento. – El médico miró a Candy y le apretó el brazo con empatía. – Sólo puedo decirle que nunca he visto a nadie aferrarse a la vida con tanta fuerza, Sra. Grandchester … - la joven asintió entre lágrimas - … confiemos en esa fuerza.
Los días pasaron lentos, agónicos … había pasado ya una semana desde la operación de Terry, pero el joven continuaba en coma, y Candy sabía que cuanto más tiempo pasara sin que Terry diera señales de poder despertar por sí mismo, las posibilidades de recuperación serían cada vez más remotas.
Y ahora allí estaba, junto a su cama, oyendo su rítmica respiración bajo la mascarilla de oxigeno y los ruidos impersonales de las máquinas conectadas a su cuerpo. Su querido esposo yacía pálido sobre el lecho, su rostro parcialmente tapado por la mascarilla, los brazos inertes sobre la blanca sábana, con las vías pinchando su carne y el pecho cubierto de ventosas que conectaban su cuerpo a las máquinas. Candy apenas podía descubrirlo bajo todo aquello, y apenas podía acariciarle suavemente la mano, sabiendo por experiencia la delicadeza de aquellos aparatos.
La primera vez que pudo verlo, hacia un par de días, no pudo evitar sollozar amargamente, aunque al instante hubo de sobreponerse para poder afrontar la situación con coraje y valentía, como siempre hacía. Y apenas se había separado de su lado desde entonces.
Mi amor … mi dulce amor … hablaba con él suavemente, intentando que oyera su voz, intentando descubrir algún cambio, algún gesto en aquel pálido rostro que le hiciera saber que iba a volver junto a ella. Imágenes del Terry adolescente que la enamoró venían a acosarla últimamente … ¿era eso una despedida? ¿Le estaba Terry diciendo adiós? ¡No!
-escena retrospectiva-
- ¡Terrence G. Grandchester! … Así que todavía fumas …
- Me asustaste, pensé que era la Madre Superiora …
- Me tapé la nariz al hablar. Veo que hasta tú le tienes miedo a la Madre Superiora …
- No, sólo me sorprendiste …
- ¿Me das los cigarrillos?
- ¿Tú fumas?
- ¡Por supuesto que no! Están confiscados. Te doy esto en su lugar.
- ¡Una armónica!
- Es mi armónica, sólo tienes que tocarla cuando tengas ganas de fumar … sabes que es muy malo fumar …
- Es tu armónica … y estoy seguro de que quieres que te de un beso para agradecértelo …
- ¡Terrence!
-fin de escena retrospectiva-
El día que le regaló su armónica … no hacía mucho que Terry le había confesado que aún la conservaba, que nunca se había separado de ella …
Apretó la mano masculina y se secó las húmedas mejillas suspirando profundamente. Candy, has de ser fuerte … has de ser fuerte por él …
Patty ya se había marchado a Washington y Albert les había comunicado que todo iba bien, que la habían ingresado en la clínica y que ambos, ella y el bebé, estaban en buenas manos. Las heridas de Annie y de ella misma se estaban curando favorablemente, al menos las externas … ya que las internas, las del corazón, iban a ser más complicadas de sanar.
Los periodistas continuaban apostados a las puertas del hospital, y los Andrew habían tenido que contratar a todo un equipo de seguridad para proteger tanto el hospital como las mansiones y los despachos en Chicago. Albert ya le había informado a Candy de que había enviado los telegramas que le había pedido y que apenas el día anterior había recibido respuesta del secretario del duque, indicando que partía para Chicago. Así como Eleanor Baker, quien, de hecho, Candy creía que estaba a punto de llegar. La joven no había vuelto a verla … desde aquella triste tarde en Rockstown, cuando se la encontró tras la función de Terry y charlaron unos instantes. Siempre le había parecido una mujer formidable, fuerte e independiente … y lamentaba profundamente que volvieran a encontrarse en tan trágicas circunstancias. Entonces se percató de que Eleanor era su suegra … eran familia.
Se echó hacia atrás en la silla y se irguió un poco. Le dolía la espalda … ya no recordaba cuanto tiempo llevaba allí sentada. Se levanto despacio y se dirigió al ventanal, bajándose lentamente la mascarilla que cubría su rostro al llegar al cristal.
Recordó el interrogatorio con la policía. Había resultado ser exhaustivo y agotador … y tuvo que mentir indirectamente … aunque le doliera hacerlo. Pero Adam les había salvado la vida. Era lo menos que podía hacer … y sabía que Annie pensaba lo mismo.
-escena retrospectiva-
- Tome asiento, por favor, Sra. Grandchester.
El policía le indicó la silla frente a ellos con un ademán. Como Candy y Annie no habían sido dadas de alta aún del hospital, habían habilitado una sala especial para que la policía pudiera interrogarlas sin problema. Al lado del joven policía se encontraba el inspector encargado del caso que se había presentado a la joven la noche que las encontraron.
- ¿Cómo se encuentra? – El inspector Olsen sonrió con simpatía.
- Bien, gracias.
- ¿Y su esposo?
- Sin cambios.
- Lo lamento. – La joven bajó la mirada. – Bien, hemos de empezar. Quiero que me cuente pausadamente todo lo que hizo desde que se levantó la mañana de la fiesta en la mansión Andrew.
Las preguntas y respuestas se sucedieron durante lo que a la joven le parecieron horas.
- ¿Cómo lograron escapar de la mansión?
- Uno de los hombres nos dejó marchar.
- ¿Las dejó marchar? – Candy asintió, rezando porque su rostro no enrojeciera.
- Cuando todos dormían, nos abrió la puerta. Él … había llegado más tarde … también me salvo de que … de ser violada …
- Comprendo.
-fin de escena retrospectiva-
No sabía que conclusiones habría sacado el inspector … parecía un buen hombre. El interrogatorio la dejó prácticamente sin fuerzas, pero ello no fue impedimento para que volviera junto al lecho de su esposo.
Una enfermera entró a la habitación y le hizo un gesto para que la siguiera.
- Hemos de realizar unas pruebas a su esposo, Sra. Grandchester, la llamaremos cuando hayamos terminado. – La enfermera le apretó el brazo. – Vaya a descansar un rato.
La joven se dirigió a su habitación con pasos lentos, y una vez entró, se encontró a Annie esperándola.
- Hola, querida. – La joven morena se acercó a abrazarla. - ¿Cómo está Terry?
- Sin cambios. – Era la frase que repetía sin cesar. Sin cambios. Terry no despertaba …
Ambas jóvenes se dirigieron al ventanal, donde había un pequeño asiento alargado y se sentaron con las manos entrelazadas.
- ¿Dónde está Archie? – Annie se encogió de hombros.
- Trabajando … supongo. – Candy frunció el ceño. Tomó a Annie suavemente de la barbilla e hizo que la mirara.
- Annie … creo que es hora de que hablemos. – La morena negó con la cabeza.
- No, no quiero agobiarte más con mis problemas …
- ¡Annie, por favor, ya basta! – Candy se enfureció. – Eres mi hermana, mi familia, y vas a decirme ahora mismo qué es lo que está pasando.
La rubia vio cómo el rostro de su amiga se cubría de una profunda tristeza, pero ya no había lágrimas en sus ojos. Annie alzó la mirada y la observó de frente, casi con serenidad.
- Está bien, tienes razón. – Suspiró. – No sé cómo vas a reaccionar con todo lo que debo contarte, Candy, sólo espero que de alguna manera puedas llegar a comprenderme … - la rubia frunció el ceño – Ese joven … Matt … - Annie carraspeó para aclararse la enronquecida voz – Matthew Jenssen … era un joven del que me había enamorado profundamente.
- ¿Qué? – Candy se echó hacia atrás estupefacta.
- No lo planeé, Candy, simplemente sucedió. – Annie se apretaba las manos nerviosa. – No voy a disculparme, ni pedir que me perdones, que me perdonéis … soy consciente de mis actos, de lo que he hecho … y lo asumo …
- Pero … pero Annie …
- Lo sé, lo sé … - se le quebró la voz y volvió a carraspear para contenerse - … no era un capricho, Candy … jamás … jamás me había sentido así …
- Annie, yo … no comprendo … Archie …
La voz de Annie llenó la estancia relatando pausadamente todo lo sucedido. Sus problemas con Archie, lo que sintió tras la pérdida de su hijo … su estancia en Erie, cómo conoció a Matt, cómo el joven la salvo de todas las maneras imaginables … cómo la hizo mujer, cómo la ayudó a superarse a sí misma …
Ambas lloraban amargamente cuando en última instancia Annie se derrumbó en brazos de Candy.
- Oh, Annie, yo …
- Y lamento profundamente lo que le he hecho a Archie, de veras, quiero que sea feliz … pero sé que no lo seremos, juntos no lo seremos, Candy … y ahora … ahora Matt ya no está …
Annie sollozaba y Candy la dejó desahogarse. Ni siquiera sabía cómo consolar a Annie, no sabía que decirle …
- ¿Archie sabe algo de esto?
- No … no lo creo … - Annie se incorporó, secándose el rostro. – Aunque a veces intuyo que sospecha algo … - sus ojos se encontraron - … no quiero que Archie sufra más, no quiero que tenga problemas por mi culpa. En el interrogatorio me preguntaron por Matt … - frunció el ceño - … no quise que nada de esto se supiera … ¿para qué de todos modos? Nadie debe sufrir más de lo necesario … les dije que me lo había encontrado en el pasillo por casualidad y que insistió en acompañarme a buscarte …
- ¿No era así?
- Matt me había seguido … la … la tarde anterior … - Annie enrojeció - … habíamos estado juntos en su hotel.
- Oh, Annie …
- Fui para decirle que no volviera a contactar conmigo, que iba a intentar luchar por mi matrimonio … - los ojos azules de Annie se llenaron de lágrimas – pero al final … Dios, Candy, tal vez no me comprendas y creas que soy una … una … - se le quebró la voz – yo le amaba de verdad …pero estaba dispuesta a quedarme con Archie …
- ¿Lo hubieras hecho? – Ambas amigas se miraron fijamente unos instantes.
- No lo sé … - Candy le apretó la mano.
- Annie, creo que debes enfrentarte a todo esto. Debes pensar muy bien que vas a hacer a partir de ahora.
- ¿Qué voy a hacer? – La joven la miró asustada. - ¿A qué te refieres? Archie y yo estamos casados, Candy, para bien o para mal. Jamás osaría avergonzar a mi esposo … - la joven rubia la miró con tristeza.
- Oh, querida … pero ya lo has hecho … - El rostro de Annie se puso rojo como las brasas, pero aguantó la mirada verde mar.
- Lo sé … me refiero a que no lo expondré a un escándalo a ojos de la sociedad …
- ¿Y es mejor que ambos estéis toda la vida sufriendo? Annie, debéis daros la opción de cambiar, si así lo deseáis …
- No podemos separarnos, Candy …
- ¿Quién lo dice? Estoy segura de que buscarían la manera …
- Pero …
- Has de hablar con Archie … creo que podréis llegar a un entendimiento … - Candy la observaba con tristeza.
- Y … ¿y qué harías tú en mi caso? ¿Qué opciones tendría?
- Volver a empezar, Annie … sabes que yo nunca te dejaré … te ayudaré. – Su amiga ahogó un sollozo.
La puerta se abrió en esos instantes, interrumpiendo a las jóvenes.
- Sra. Grandchester, - una enfermera había entrado en la estancia – ya hemos terminado con su esposo. Sólo quería avisarla.
- Bien, muchas gracias, - sonrió la joven – voy enseguida. – La enfermera las dejó solas y Candy abrazó a Annie. – Ve a descansar un rato, querida.
- ¿No quieres que te acompañe?
- No, no te preocupes. Los doctores de Terry van a pasarse en breve a examinarlo, y deseo estar allí para que me comenten las últimas noticias sobre su estado. Luego me paso a verte y continuamos charlando, ¿de acuerdo?
Annie salió al pasillo segundos después de Candy y suspiró suavemente al verla marchar rápidamente con la cabeza baja. Cuanta muerte … cuanta tristeza … Annie rezaba porque Terry se recuperara … Candy merecía tanto ser feliz …
Se dio la vuelta y se dirigió a su propia habitación, perdida en sus pensamientos.
- ¿Sra. Cornwell? – La joven dio un respingo y se echó hacia atrás al toparse de frente con una mujer. – Oh, discúlpeme … no quería asustarla … - Annie parpadeó confusa y su corazón comenzó a latir salvaje al encontrarse con los ojos de aquella dama. Dios mío … aquellos ojos color ámbar … al instante fue consciente de que se hallaba ante la madre de Matt. – No sé si se acuerda de mí … - Annie tragó con fuerza, intentando recobrar la compostura.
- Sí … nos conocimos en la fiesta, señora …
- Sra. Jenssen. – La mujer la observaba fijamente y Annie sintió que su rostro ardía.
- Yo … yo lamento … - Dios, iba a echarse a llorar … y no, no debía … la mujer alzó una mano.
- Gracias … escuche, Sra. Cornwell, tal vez le parezca una osadía y una indiscreción, - la mujer parecía compungida – pero me he obligado a mí misma a hacer esto, ya que sé que de otro modo la duda me perseguirá durante el resto de mi vida. – La joven contuvo la respiración, mirándola asustada. - ¿podríamos hablar en un lugar más … privado?
Annie tardó unos instantes en reaccionar y preceder a la mujer a su habitación. Sentía flaquear las rodillas y el cuerpo tembloroso. Dios … ¿qué iba a decirle aquella mujer? ¿Qué era lo que sabía?
Una vez se instalaron ante los sillones frente a la ventana, Annie tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para lograr mirar a la mujer a la cara, pero enseguida constató que la dama se hallaba casi tan alterada como ella.
- Por favor, discúlpeme Sra. Cornwell por lo que voy a pedirle … si mi esposo me viera … - se secó discretamente las comisuras de los ojos – no tengo derecho, pero … por favor, ante todo quiero que sepa que no hago esto por ofenderla, ni por juzgarla … simplemente, - se le quebró la voz ligeramente y carraspeó – he perdido a mi hijo, al que amaba más que a mi vida y … - Annie parpadeó y ya no pudo contener las lágrimas que rodaron por sus mejillas. Apartó la vista. - … encontré esto entre sus cosas … - Annie volvió a mirarla y su corazón dio un vuelco al constatar que lo que la mujer le tendía con mano temblorosa era la carta que Annie le había escrito en Erie a Matt como despedida. Las lágrimas inundaron sus ojos, y miró a la mujer con pánico. – No, no se preocupe … yo … como le he dicho, no he venido a juzgarla … sólo … yo, yo quería saber …
La puerta se abrió de pronto, haciendo que ambas mujeres pegaran un respingo, al tiempo que los señores Brigthon entraban a la estancia y se quedaban sorprendidos observándolas.
- Mamá, papá … -Annie se levantó rápidamente, saludando a sus padres.
- Hola, Annie, querida … ¿interrumpimos?
- Soy el Sr. Brigthon … - se acercó el aludido a la Sra. Jenssen con una sonrisa.
Se sucedieron rápidamente las presentaciones y Annie acompañó a la Sra. Jenssen al pasillo, mientras esta se despedía de sus padres. Una vez fuera, la mujer sonrió con tristeza.
- Perdone por haberla molestado, Sra. Cornwell … - la mujer se dio la vuelta, pero de pronto Annie la retuvo por el brazo, mirándola fijamente.
- Esa carta era mentira … - la mujer la miró con sorpresa.
- ¿Qué?
- Esa carta era mentira. – Annie parpadeó, brillantes sus ojos azules. – La escribí para liberarlo … para que pudiera ser feliz … pero no me hizo caso … - carraspeó y continuó con voz ronca – lo amaba más que a nada … ojalá hubiera muerto yo en su lugar … - las lágrimas rodaron por las mejillas de la Sra. Jenssen – pero jamás volveré a hablar de esto … - continuó Annie con voz firme, y tras un momento de confusión, la mujer asintió imperceptiblemente y la joven se dio rápidamente la vuelta, volviendo a entrar en la habitación.
Una vez llegó Candy a cuidados intensivos, la enfermera le pidió que esperara unos minutos en la sala de espera, ya que los doctores estaban examinando a su esposo en ese instante. Cuando los médicos salieron, saludaron a Candy con amabilidad. Era una joven muy notable y fuerte, y todos la respetaban y le estaban cogiendo apego.
- Buenas tardes, Sra. Grandchester.
- ¿Cómo … cómo está?
- Pues hemos de decir que el examen es muy favorable. Su estado, dentro de lo que cabe, es estable, satisfactorio.
- Pero … pero entonces … ¿por qué no despierta? – Los doctores la miraron con cierta tristeza.
- Lo desconocemos, Sra. Grandchester …
- Candy, por favor …
- Sus órganos se están recuperando, las heridas han mejorado … y tras la fiebre inicial, esta ya no se ha vuelto a repetir. – Candy suspiró, pasándose las manos por el cabello, mientras observaba a través del cristal, el cuerpo inerte de Terry tumbado en el lecho.
- ¿Y si no despierta? – Preguntó en voz baja.
- Lamentablemente, su cuerpo … y más concretamente, su mente, comenzaría a deteriorarse paulatinamente. – Candy tragó con fuerza, frunciendo el ceño. El médico le apretó el brazo. – Ánimo, Candy …
La joven alzó la cabeza y sonrió débilmente a los doctores, mientras estos se despedían y se dirigían hacia la puerta.
Pero de pronto, se activó la alarma y todos volvieron la cabeza, al tiempo que una de las enfermeras salía rápidamente de la habitación, y los doctores echaban a correr hacia ella.
- ¡Convulsiones!
- ¡Maldita sea!
- ¡Quédese aquí, Candy!
La joven apretó el demudado rostro contra el cristal que dejaba ver la habitación, viendo cómo el cuerpo de su esposo se convulsionaba en el lecho. ¡No! ¡Terry! Gritaba su corazón.
Los doctores rodearon el lecho y Candy ya no pudo ver lo que sucedía. Las máquinas emitían todo tipo de sonidos y se estaba conteniendo para no golpear el cristal y la puerta y abalanzarse a la habitación. Una de las enfermeras comenzó a correr las cortinas de la cristalera.
- ¡No! ¡Por favor!
Dentro de la estancia, la actividad era frenética. Quitaron a Terry la mascarilla y le inyectaron medicación, logrando que el joven dejara de convulsionarse.
- ¿Tensión? ¿Ritmo cardiaco?
- ¿Le volvemos a poner el oxígeno?
- ¡Un momento, doctor!
- ¿Sr. Grandchester? – Uno de los médicos le examinaba los ojos.
- ¡Reaccionan las pupilas!
- ¡Terry! – El médico le tomó el rostro con firmeza.
Incorporaron al joven un poco en el lecho mientras continuaban analizando su estado. De pronto, el joven tosió y alzó el brazo.
- ¡Terry! Terry, tranquilo …
- ¿Me escuchas? – Las pupilas reaccionaron y el joven comenzó a mover la cabeza.
Vieron que abría la boca intentando decir algo, pero no salía ningún sonido. Las pupilas reaccionaron a la luz y se abrieron de golpe, por un segundo.
- Sr. Garchester, todo está bien, tranquilo …
Los médicos continuaban su examen, implacables, ayudados por el equipo de enfermeras.
- Mary, salga y dígale a Candy que su esposo ha despertado.
