Buenas, buenas!
Ya tenemos el quinto capitulo con nosotros, ¿que les parece el nuevo diseño el capitulo? Muchas gracias a Little Saturnito por todas sus sugerencias! Es mas fácil de leer de este modo, ¿les gusta? Ella esta hace mas tiempo que yo por acá, pero si aun no conocen sus historias las invito a leerla!
El fin de semana voy a subir una nueva historia que fue corregida por ella. Espero que podamos trabajar juntas en algunas historias de ahora en más(les voy a decir en cuales a medida que las publique).
Si quieren ver un adelanto de esta nueva historia pasen por mi face! (Link en mi perfil)
Ahora si, a leer!
Capítulo 5
Edward P.O.V
Mientras ella se cambiaba en el baño de mi cuarto me acomode en la cama recargado en la cabecera esperándola, yo ya estaba cambiado para dormir.
— ¿Ocurre algo? —preguntó sentándose a mi lado.
Se había puesto un shorcito y una amplia remera dejando sus cremosas piernas a mi vista.
— ¿Buscas volverme loco? —pregunté con el ceño fruncido sin poder dejar de ver sus piernas.
— Creo que me voy a poner algo mas — dijo levantándose. La tome de la mano y tire de ella para recostarla a mi lado en la cama.
— Te estoy haciendo una broma Bella, ¿Cómo piensas que me puede molestar tenerte así? —pregunté acariciando su mejilla
— Parecías decirlo en serio—respondió
— Lo decía, pero no porque me moleste, al contrario —asegure acercándome a su oído— Es todo lo contrario — susurré. La sentí estremecerse – Me encantas —
Me miro a los ojos antes de besarme. Nos gire en la cama dejándola sobre mí y metí mis manos por debajo de su remera, acarician toda su espalda. Gemí al sentir que no estaba usando sostén.
— ¿Te molesta el sostén para dormir? —pregunté acariciando su espalda
— Un poco —asintió— Si te incomoda puedo —la corté con un beso
— ¿Por qué me debería de incomodar? —pregunté— ¿Porque tanta preocupación con ello? —
— Porque… no vamos a llegar a hacer nada y… no quiero que parezca que lo hago a propósito — explicó
— ¿Piensas que cada vez que te beso es para terminar en la cama? —pregunté
— Nunca estuve con un chico como estoy contigo y siempre escuché que los chicos siempre estaban dispuestos a hacerlo — explicó
— No es tan así — negué — Yo me éxito de solo saberte sin sostén, y es por el hecho de que nunca estuve con nadie tampoco y todo esto es nuevo, tan nuevo como para ti. También entiendo que tú necesites más, y en este momento aunque este un poco excitado no significa que vayamos a hacer algo — aseguré— Significa que tengo una señorita preciosa en mi cama, que se deja besar, que tiene una piel deliciosa a la quiero mucho, eso significa, nada más ni nada menos. Nada más alejado de tener intenciones de que pase algo —prometí
— Supongo que soy muy precipitada a veces —aceptó
— Todos tenemos miedos preciosa — la tranquilicé— Ven, a dormir —
— No, no quiero eso, solo me asuste, lo siento — dijo
— ¿Segura? —
— Si—sonrió
— De acuerdo — asentí acomodándonos en la cama, ella sobre mi pecho
— ¿Qué te preocupa? —preguntó luego de un rato en silencio. Me había dedicado a acariciar suavemente su espalda.
— ¿Me debería preocupar algo? —intenté salirme por la tangente
— Sí. Y acabas de confirmarlo — dijo apoyándose en un codo para verme a los ojos
— ¿Tanto se me nota? —pregunté
— O yo te miro mucho —sonrió acariciándome el pelo— ¿Me quieres contar? —
— Es sobre ti —confesé. La sentí tensarse levemente.
— ¿Qué pasa conmigo?—
— Mi familia…—dudé en cómo seguir— Les conté sobre ti, bueno… el hecho de que cuando Alice te hizo saber quién era yo, haya pasado delante de mi familia, les dio una idea de que me gustaba alguien… el viernes a la mañana cuando papá me llamo te escucho hablar, y pues, sacaron conclusiones —
— ¿Y no lo aceptan? —preguntó
— Eso realmente no me importa en lo más mínimo — aseguré— Yo te elijo, lo quieran ellos o no, pero no va por ahí la cosa, sino que… quieren conocerte —
— Ya entiendo — dijo alejando su mirada de la mía
— No, no lo entiendes, estoy seguro que mi disyuntiva no es ninguna de las que imaginas —dije agarrándola del mentón para verla— No quiero exponerte a algo para lo que no estés lista —
— Nunca voy a estar lista para ello —rio
— No me causa — respondí
— Ei, no te pongas así, ¿Cuándo se está preparado para conocer a la familia del chico que te gusta? — preguntó tranquilizándome— ¿O me ocultas algo? ¿Qué te dijeron cuando les contaste? —insistió. No le conteste, ni siquiera tuve valor para sostenerle la mirada.
— ¿Creen que voy tras tu dinero?—preguntó. La mire pero no hable— Necesito que seas sincero conmigo — pidió
— Creen que estoy segado, y que porque no les haya contado creen que tengo algo que ocultar respecto de ti —le expliqué— Mamá fue la única que me escucho, y dijo que eres muy bonita —sonreí
— ¿Me conoce?—preguntó asombrada. Sonreí más y le pase mi móvil
— Mira mi fondo de pantalla — pedí
— Vaya — sonrió ruborizada. Había puesto una de las fotos que le mostré a mamá allí— ¿Es del jueves a la noche? —preguntó
— Si —sonreí
— Eres un dulce —sonrió besándome
— Vos causas que haga estas cursilerías — la acusé avergonzado
— Me encantan —rio— Es más — dijo buscando su móvil— Quiero una de los dos para el mío —
Reí y nos acomodamos en la cama para sacarnos una foto. La senté en mis piernas, corrí la tela de su remera y apoye mis labios en su hombro.
— Así no vas a salir — dijo
— Claro que si — hablé contra su piel— Toma la foto — pedí. Lo hizo.
— Que linda — sonrió. Se nos veía a los dos, yo miraba a la cámara besando su hombro y ella sonreía ruborizada.
— Te quiero mucho —sonrió viéndome
— Te quiero más, te adoro preciosa — respondí besándola
— Hay que dormir —rio después de bostezar
— A dormir —asentí. Nos acomodamos en la cama con ella sobre mi pecho y nos dejamos vencer por el sueño entre caricias.
— Arriba dulzura —le dije entre besos en su hombro luego de apagar el despertador
— Mmm —murmuró
— Si no hubieras agarrado las clases de verano te podrías quedar aquí—señalé
— ¿Y yo que iba a saber que iba a terminar así? —habló adormilada acariciando el brazo que la tenía abrazada
— Ahora tienes que ir — dije
— Puedo renunciarla — negó
—Aun así tienes que ir, para cursar o renunciar— señalé
— Te odio — gruñó
— Y yo te adoro — respondí besando su cuello. Rio
— Ve a ducharte —dijo— Yo preparo el desayuno —
— ¿Seguro? —
— Si —respondió— Y me quedo 5 minutos más —rio
— De acuerdo — asentí divertido.
La vi allí en mi cama, acurrucada entre mis sabanas y considere seriamente darle la copia de las llaves. Suspire y fui a ducharme, no debía apurarme o asustarla.
— ¿Que huele tan bien? —pregunté entrando a la cocina ya listo para ir a la oficina. Ella seguía con su pijama y descalza.
— Tortitas — respondió
— Hace cuanto no las cómo — dije dándole un beso— Buen día dormilona —
— Buen día — me sonrió— Yo las desayuno muy seguido, ¿porque tú no si te gustan? —
— Porque me gustan las que hace mamá, no las compradas —
— Las mías suelen tener fruta, en este departamento no hay fruta — frunció el seño
— No soy de comprar frutas, fui ayer a llenar un poco la alacena, solo compro cuando voy a hacer el trago que hice en tu piso —
— Bueno, mañana voy a comprar porque tengo mi cocina vacía, traigo algunas frutas para ti así te hago probar mis súper tortitas — me sonrió
—O...—dudé— Podemos ir a comprar juntos —propuse jugando con sus dedos
— Pero tú fuiste ayer —
— Lo sé, pero puedo… Ir contigo y ver lo que te gusta — respondí
— ¿Para…?—
— Para comprarlas — respondí sin verla— Y… que haya aquí las cosas que te gustan cuando vengas —
Por un segundo creí que me iba a rechazar, si lo pensábamos tenía un trasfondo muy íntimo mi propuesta
— Con una condición —dijo y la miré— Que hagamos lo mismo con tus favoritos para cuando tú estés en mi departamento —
— Me gusta —sonreí besándola— ¿Desayunamos? Si no llego tarde —
— Claro —asintió y comenzamos a desayunar— ¿Te gustan? —preguntó cuando probé las tortitas
— Riquísimas — asentí— Mañana mismo después de hacer la compra, ¿Me haces de fruta? —
Ella asintió riendo y me tiro un beso.
— Ve a cambiarte, yo ordeno aquí — le dije. Me dio un beso antes de irse al cuarto.
— Que buen equipo hacemos — señaló a punto de irnos. Nos habíamos dividido las tareas a la perfección y con tiempo de sobra.
— Excelente — respondí antes de besarla. Profundice el beso apretándola contra mí por la cintura mientras ella se dedicaba a acariciar mí nuca y cuello. Cada roce de sus dedos me provocaban un placentero estremecimiento.
— Vamos a llegar tarde —suspiró cuando comencé a besar su cuello, quería volver a marcar su clavícula.
— Ya no me importa — respondí con la voz ronca cuando encontré lo que buscaba.
— Que posesivo — rio.
— Contigo —sonreí acomodándole la remera.
— Me la debes— me advirtió— Este muy arreglado para abrirte la camisa, pero luego no te me escapas —
— ¿En el tuyo o en el mío? —pregunté mordiendo su labio inferior.
— Mío, toca mío, allí si puedo cocinar —rio
— Mala —sonreí— Mañana ayúdame a comprar cosas para que puedas cocinar también aquí — ella asintió— Vamos, dale — dije tirando de ella
— ¿A qué hora salís? —le pregunte una vez en el auto
— Voy a renunciar la materia, lo decía en serió —
— ¿De verdad? ¿No la quieres aprovechar? — pregunté. Iba a pasar a dejarla a su universidad antes de irme al estudio.
— No, no tengo cabeza para rendir, solo busqué la más difícil disponible para mantenerme ocupada —confesó
— ¿Tanto daño te hizo saber quién era? —pregunté apretando con fuerza el volante
— No — rodó los ojos— Pero no quería tentarme a responder tus llamadas, cosa que iba a pasar si no me mantenía ocupada —explicó cuando pare en su universidad
— ¿Te espero entonces? —
— No seas tonto, llegarías tardísimo — negó
— ¿Y? — me encogí de hombros
— Vete — rio besándome. La agarre de la nuca para profundizar el beso— ¿Pasa algo? —preguntó cuándo la deje alejarse. Deje mi frente contra la tuya aun sin abrir los ojos.
— No, solo estoy un poco abrumado — respondí
— ¿Quieres un poco de tiempo solo? ¿Quieres que nos veamos mañana o pasado? —preguntó. Abrí los ojos asustado
— No, claro que no — aseguré— Es muy intenso todo lo que estoy sintiendo y me cuesta horrores expresarlo, siento que todo lo que hago no me alcanza para descargar lo que realmente siento por ti —admití
— Te entiendo, me siento igual —sonrió levemente— Por eso no quería irme el fin de semana y quise volver antes, casi —dudó— duele separarme de ti, aunque sea por nuestras obligaciones como ahora —
— Si —suspire cerrando los ojos de nuevo
— ¿Te espero en mi piso para almorzar?—preguntó
—No creo que sea lo mejor hoy, así como estoy no sería capaz de volver al estudio — negué
— ¿Pero te sentís bien ? —preguntó apoyando la mano en mi frente
— Sí, es lo que te digo —prometí
— ¿Nos vemos a la tarde? —preguntó
— Si —intenté sonreír— Te quiero—
— Te quiero —respondió antes de darme un último beso y bajar.
Necesitaba despejarme y la velocidad siempre había sido una forma de hacerlo, una vez estacioné en el estudio respiré un poco mejor. Una vez en mi oficina me relaje en el sillón de mi despacho y suspiré.
Todo esto era culpa mía, la copia de las llaves me pesaban mucho. Había sido muy impulsivo al hacerlas.
— Pase — dije cuando golpearon en mi despacho
— Hola Edward —saludó Emmett
— Hola Emm — saludé— ¿Quieres un café? Yo necesito uno—
— Claro —respondió
— Carmen dos cafés cargados por favor —le pedí a mi secretaria
— En seguida — respondió
— ¿Todo bien? —preguntó
— ¿Puedo hablar algo contigo sin que prejuzgues a alguien que no conoces? — pregunté cauteloso
— ¿Es sobre tu amiga? —
— Sí, sobre ella —respondí— No quiero que digas con nada idiota, de verdad estoy hablando—
— De acuerdo, puedo intentarlo — asintió
— ¿Nunca —dudé— Te sentiste sobrepasado por lo que sentís por Rose? Tú casi la veneras, y digo casi porque no estoy seguro de que no lo hagas cuando están a solas —
— Lo hago — rio — Ella es mi ángel, mi diosa —
— ¿Y no te sobrepasa?—insistí— ¿No te pasa que sentís que no podes sacar todo lo que sentís por ella de tan intenso y grande que es? —pregunté
— De hecho sí, me pasa — respondió. Golpearon la puerta.
— Pase — dije. Era Carmen con los cafés— Gracias — agradecimos Emm y yo. Asintió y se retiró.
— ¿Y qué haces cuando eso pasa?—pregunté
— El primer tiempo me confundió, tú sabes lo que me costó acercarme a ella, y luego de eso que acepte ser algo mío debido a lo que le paso con Royce —hablo. Asentí. Royce era el ex de Rosalie. Él había querido abusar de Rose cuando ella se había negado a acostarse con él. Y sabía lo que a mi hermano le había costado no matar a Royce cuando se enteró de ello. Le había dado una gran golpiza, yo lo había ayudado. Incluso Jasper, a escondidas de Rose, nos había facilitado donde poder encontrarlo.
— Siempre creí que era por eso lo que me pasaba, quería demostrarle a ella que la amaba, que no la lastimaría como esa bestia y me desesperaba no saber cómo hacerlo hasta que bueno, tú sabes, escribí mis pensamientos un mes entero. No me guarde nada —me recordó— Y se lo di—
— Y gracias a ello ustedes son realmente felices —sonreí
— Lo somos ¿no?—sonrió levemente viendo su café, aun le dolía todo lo que le había pasado a su Rose— ¿A qué va todo esto? —preguntó
— Que me pasa lo mismo con ella. Emmett, sé que me ven como un loco, pero fue mi mejor amiga por casi dos años. Tú sabes cuánto odio que nos vean como los herederos del más exitoso estudio jurista del país — dije de forma irónica — Y ella era amiga mía, no de Edward Cullen, solo mía —
— ¿Ella no lo sabía? ¿Seguro?—
— Te juro que no — prometí— ¿Cuándo viste que una mujer se negara a que le regalaran el mundo? —
— Rose se negó — murmuró
— Además de ella —aclaré
— Nunca — dijo sin dudar
— Cada mujer que asiste no dudaría en aceptar. También muchas de las que no son invitadas lo aceptarían — aseguré — Pero ella no, ella se negó. Cuando la conocí en persona iba dispuesto a regalarle el mundo si así la mantenía a mi lado, porque sabía que me iba a ser muy complicado que me aceptara. Y no lo quiso. Nada de lo que hice sirvió. Lo único que hizo flaquear su decisión de no volver a vernos, así sea como amigos, fue cuando le pedí que no me dejara solo. Cuando le pedí que no me hiciera odiar más de lo que ya hago ser quien soy. —
— ¿No me estas mintiendo? —preguntó
— Te juro que no — prometí
— ¿Terminaste en la cama con ella esa noche?— insistió.
— No, no me interesa eso, quiero disfrutar de volver a conocernos ahora en persona, y ella tampoco tiene apuro. Nos queremos de verdad Emmett —
— ¿Vas a llevarla a casa este fin de semana? —preguntó
— ¿Prometes no atacarla?— pregunté
— Sí. Pero si llegaste a compararla con mi Rose y resulta no ser así como decís…—me amenazó tronando sus dedos .
— Acepto —respondí sin dudar.
— Quizá si valga la pena la chica — sonrió complacido.
— Totalmente —aseguré
— Bien —asintió terminando su café
— Gracias, me siento mejor ahora, quizá sea que todo es muy nuevo aun — asentí
— Por supuesto, es eso — asintió— Yo venía a decirte que quiero que vengas conmigo a un almuerzo, me agota este cliente, y papa me dijo que voy contigo o solo—
— De acuerdo, voy — acepté
— No era una invitación — me sonrió ampliamente. Rodé los ojos. Pero asentí.
— Bien, a las 11 y media nos vamos — dijo yendo a la puerta— ¿Y Edward? —me llamo— Me alegro por ti si es así como dices la chica, te lo mereces. Siempre cuentas conmigo y la familia, incluso aunque te equivoques —
— Gracias hermano —asentí antes de que se fuera. Respire hondo y sonreí. Me sentía mejor. Mucho mejor.
Ya más calmado, después de hablar con Emmett, pude concentrarme un poco mejor en mi trabajo. Siempre ponía todo de mí en cada caso que tenía en frente.
[Hola preciosa, ¿qué hiciste con la materia?] le pregunté unas horas mas tarde.
[La renuncié] respondió
[Linda, la hubieras aprovechado] Edward
[Sabía bien lo que iba a pasar si la seguía, mejor renunciarla ahora antes de que me baje el prometió por un aplazo] Bella
[Si tan segura estabas de ello, supongo que tenías razón] Edward
[Por supuesto, pase por una librería. Encontré un par de títulos que buscaba] Bella
[Que bueno eso : ) ] Edward
[Sí. : ) ¿Vos? ¿Mejor?] Bella
[Si : ) Estoy por ir a almorzar con Emmett y unos clientes suyos. ¿Qué vas a hacer el resto de la tarde?] Edward
[No mucho. Mi piso necesita una buena limpieza. Y si me queda tiempo, leer] Bella
[Podes leer conmigo allí…] [No me molesta] Edward
[Puedo quedarme horas leyendo] Bella
[Y yo puedo quedarme horas mirándote] sonreí
[Noo… no quiero que te aburras conmigo] Bella
[No me aburro, me encanta mirarte] Edward
[No voy a leer contigo aquí] Bella
[Y si… vos lees, ¿y yo te beso los hombros? ¿el cuello? ¿ las mejillas? ¿y todo lo que tenga a la vista…?] pregunté reaccionando vergonzosamente ante mi propuesta.
[Mmm… ¿y tú crees que yo podría entender una palabra con vos haciendo aquello?] Bella
[Espero que no, si ese fuera el caso debería replantearme seriamente algunas cosas] Edward
[Jajajajaja. No debes replantearte nada. No puedo ni pensar cuando estas cerca] Bella
[Me agrada. Mucho me agrada, aunque yo no puedo pensar desde hace un par de años] envié [eso quizá fue demasiada información, ¿no?]
[No… fue correcta. Lo entiendo a la perfección. Pero no estoy tan lista a admitirlo] Bella
[Jajaja, pero lo sé, asique realmente no interesa] sonreí
[¡Ja!] Bella
[Tranquila, peor que yo no podes estar] envié [Preciosa tengo que seguir trabajando… ¿nos vemos cuando salga?]
[Por supuesto, te espero en el departamento, si quieres… pasa la noche aquí] Bella
[Encantadísimo] sonreí
[De acuerdo. Besos] Bella
[Besos, todos los que quieras, donde quieras] Edward. Respondió una carita ruborizada y un corazón. Suspire y sonreí al ver su ultimo wp antes de ir a buscar a Emmett para el tan famoso almuerzo.
Una vez que volví al despacho intente ponerme al día con todo lo que no había podido hacer durante la mañana por mí distracción, aun así no pude salir a las 4 que era mi horario habitual. 4 y 49 hable a mi Bella saliendo del despacho
— Hola lindo — saludó
— Hola preciosa —sonreí— ¿Atiendes a todos así? — jugué con ella.
— Claro, a todos los de ojos verdes, pelo cobrizo y labios dulces — rio
— Vaya, ¿todo eso? —murmuré avergonzado
— Todo eso, y mucho más que aún no he visto — aseguró
—Quizá debas bajar un poco tus expectativas—murmuré tomando el ascensor hacia el estacionamiento
— ¿Por qué debería? Hasta el momento nada de ti me ha decepcionado, ni creo que vaya a hacerlo — habló con el tono más dulce que había escuchado jamás
— ¿Cómo lo haces?—pregunté con un suspiro sentándome en el auto— ¿Cómo haces para estar tan lejos de mí y hacerme sentir así? ¿Qué te sienta aquí? —
— No importa donde este yo, o donde estés tú. Siempre voy a estar contigo —aseguró
— ¿Podemos…—dudé— Podemos parar esto así como esta? ¿Esta conversación así como esta y seguirla en tu departamento? —pregunté— Lo que quiero responder a eso… no puede ser por teléfono, tiene que ser viéndote a los ojos —susurré arrancando el auto. No podía más. Tenía que decírselo ya.
— ¿Y falta mucho para que llegues? —preguntó
— Paso por el departamento y voy — respondí
— Bueno, entonces tengo que vestirme — la escuché reir
— ¿Por? —
— Porque recién estaba saliendo de la ducha cuando te atendí —explicó
— No te vistas —respondí— Demasiado — me corregí. Se carcajeó
—Ese demasiado estuvo agregado — aseguró cuando se tranquilizo
— Sí, lo siento — me disculpé avergonzado
— ¿Roja o negra la ropa interior? —preguntó
— Negra — respondí de inmediato, sentí mi boca hacerse agua— Te juro que lo intento, pero me haces muy difícil el mantenerme frió — suspiré
— Pero te gusta —respondió
— Y no sabes cuánto me gusta — reí
— Entonces sigamos. ¿Short o jean largo? —
— Short — respondí
— ¿Camisa ceñida o suelta? —
— Suelta. La más suelta que tengas — gemí
— Creo que estas eligiendo lo que más desnuda me deja…—murmuró— No lo estarás haciendo a propósito ¿no? —
— Claro que no — Dije divertido— ¿Qué te hace pensar eso? —pregunté bajando del auto en mi edificio.
— No se… —dudó divertida— Me dio esa impresión— rio igual de divertida que yo.
— ¿Hay alguna razón por la que te dejaría desnuda adrede?— pregunté subiendo al asesor. Mi vecina del décimo piso me miro escandalizada. Le sonreí cordialmente reprimiendo una carcajada
— No, no creo —rio — ¿Te falta mucho? Te extraño — suspiró
— No preciosa, agarro mi bolso y voy — prometí bajando del ascensor sonriendo de despedida a mi vecina
— De acuerdo, te dejo entonces así me visto —
— Pero con lo que acordamos, ¿no? —insistí
— Si, con eso —prometió divertida
— Nos vemos — me despedí.
Agarre mi bolso y fui tan rápido como me lo permitió las leyes de transito hasta el piso de mi Bella.
En cuanto me abrió la puerta la alcé cerrando con el pie y la bese apretándola entre mí y la pared al lado de la entrada. Baje mis besos por su cuello aprovechando lo fácil que era dejar más piel libre para mis labios debido a su amplia camisa.
— ¿Me extrañaste? — suspiró cuando besaba todo lo que podía de la piel de su escote
— No sabes cuánto — casi gemí volviendo a subir por su piel. — ¿Te acuerdas que quise parar la conversación? —pregunté succionando la piel de la clavícula que no había sido marcada por mí en la mañana.
— Si —suspiró acariciando mi nuca. Me estremecí besando hasta su oído.
— No podía decirte por celular lo que quería, no podía decirte que te amo. —Confesé besando detrás de su oído y me aleje para verla a los ojos— Te amo preciosa, te amo Bella Swan —
Sonrió con los ojos a punto de soltar lágrimas y me dio el beso más dulce de la vida mojando levemente mis mejillas. Bese sus lágrimas.
— Yo también te amo mi amor, te amo Edward — sonrió soltando nuevas lágrimas. Las seque sintiendo las mías propias amenazando con salir y volví a besarla.
— Te amo tanto — murmuré en sus labios.
— Te amo — respondió entre mis besos
Baje por su cuello con besos dulces y húmedos haciéndola reír. Intercalaba algún te amo entre beso y beso.
— Tenia tanto miedo — confesó mientras acariciaba sus hombros con mis labios
— ¿De qué? —pregunté sin dejar su piel. Seguíamos contra la pared de la entrada.
— De que… —suspiró cuando mordí su hombro levemente. Me aleje para que pudiera hablar tranquila. Me beso. Sonreí y la despegue de la pared. Nos lleve al sillón de su sala. Y nos senté allí con ella sobre mí.
— Ei — dije alejándome con un gran esfuerzo de mi parte— ¿Qué pasa? ¿De qué tenías miedo? Cuéntame — pedí suavemente. Suspiró y jugo con los botones de mi camisa.
— De ser la única que estaba sintiendo tanto tan pronto — confesó— No quería ser la primera en amar —
— Dudo lo que lo seas — reí— Te amo hace mucho — aseguré. Me miro a los ojos y dejo un beso en mis labios
— También yo — prometió
— Lo de esta mañana… lo que me tenía tan abrumado era esto precisamente, te amaba y no tenía duda de ello pero… no quiera apurarme o apurarte —
— Al parecer ambos vamos muy rápido aquí —rio
— ¿Te asusta? — pregunté apoyando la mejilla sobre su pecho.
— Bastante — admitió acariciando mi cabello— ¿Y a ti? —
— Estoy aterrado — reí— Pero jamás disfrute tanto del miedo como ahora — prometí besando la piel que no cubría su remera— Que linda ropa te pusiste — dije metiendo con facilidad mis manos por debajo de su camisa. Re carcajeó volviendo a besarme.
Nos pasamos lo que quedaba de la tarde allí, besándonos, solo eso, sonriendo. Diciéndonos que nos amábamos. Preparamos la cena de igual modo.
— Basta, nos vamos a quemar — rio cuando no dejaba me acariciarle el estómago por debajo de la remera mientras intentaba cocinar
— Deja la comida y préstame atención a mí — pedí besándole el cuello
— ¿Y que comemos? —negó divertida
— Pedimos algo — dije apretándola más contra mi
— La idea de estar aquí es que pueda cocinar — recordó acariciándome con una mano la nuca mientras que con la otra seguía revolviendo la salsa
— Tienes toda la vida para cocinar — aseguré rasguñando suavemente su piel
— Ah —gimió
— No sabes cómo te amo — dije mordiéndole el cuello
—Deja de hacerme marcas— protestó
— Pero me encanta — confesé
— Ya, dale que sirvo — pidió divertida
— De acuerdo — asentí, una vez en la mesa nos dispusimos a cenar. Ambos estábamos bastante cansados por lo que enseguida nos fuimos a dormir.
Al otro día habíamos decidido pasar la noche en mi departamento, iba a darme una clase de cocina. A las 4 y 25 pase por su departamento a buscarla
— Hola hermoso — sonrió besándome una vez subió al volvo
— Hola preciosa — respondí arrancando el volvo hacia el supermercado
— ¿Listo para una real compra? —preguntó con una sonrisa.
— Sí que debo amarte a ti eh —reí
— Y yo a ti, mira que enseñarte a cocinar — negó divertida
— Oye, no todos tenemos tu mano para cocinar — protesté
— Lo sé, soy una gran chef — asintió
— Y una muy sexy — dije besándola cuando llegamos al supermercado
— Ya, bajemos — rio cuando mi mano se coló por debajo de su remera
— Pero te extrañé — hice un puchero
— Traje de esa ropa suelta que te gusta — sonrió
— Tienes razón, hay que apurarnos a comprar — dije bajándome deprisa. Bajo riéndose – Es culpa tuya por contarme — prometí cuando llegue a su lado. Me encantaba cuando usaba esa ropa, me dejaba tocar mucha piel.
— Lo primero es ir por verduras y frutas — dijo agarrando un carrito para la compra. Le pase un brazo por los hombros
— ¿Fruta favorita?—pregunté
— Frutillas — sonrió— ¿La tuya?—
— Manzana — sonreí— Pero los arándanos la empatan —
— Entonces hay que comprar para las tortitas, frutillas manzana y arándanos —
— Me gusta — asentí. Fuimos al sector de las frutas llenando rápidamente el carrito. Todo por dos para ambos departamentos.
— Creo que deberíamos pasar por mi departamento a dejar lo que se quede allí y luego ir al tuyo — dijo mientras elegíamos las verduras
— Me parece bien — respondí
— ¿Cuál te gusta? —preguntó
— Espinacas, arvejas…— murmuré pensando
— ¿Solo esas?— preguntó
— Lechuga, radicheta… las que se comen crudas me gustan. Con las cocinadas tengo problemas— confesé. Asintió y siguió eligiendo.
— Bella — la llame cuando terminó. Me miro— quiero comida chatarra — pedí haciendo un puchero
— Es lo único que hay en tu departamento — protestó
— No hay deliverys de chatarra — me encogí de hombros
— Bien, dime cuales te gustan para llevar a mi piso— pidió. Asentí. Luego de buscar lo necesario pasamos a las carnes e hicimos lo mismo.
— Mmm… Edward — me habló ruborizada
— ¿Qué pasa amor? —pregunté acariciando su mejilla
— Yo… necesito, ya sabes, cosas de chicas — dijo avergonzada Se mordió el labio
— Si quieres ir sola ve… pero trae de más, quiero que tengas también en mi departamento—
— ¿De verdad…?—preguntó
— Si —asentí — Quiero que estés cómoda. Si te olvidas algo no quiero que tengamos que salir a cualquier hora a buscarlo, quiero que te sientas como en tu propio lugar — dije.— Sé que suena apresurado pero quiero que te sientas en mi departamento —
— ¿Te dije hoy que te amo? —preguntó con una sonrisa
— Un par de veces — sonreí— Pero siempre es lindo escucharlo —
— Pues te amo — me besó— Mucho —
— Te amo preciosa, mucho más — aseguré
— Bien,¿ me esperas aquí? —preguntó
— Voy por un par de cremas de afeitar y eso, ¿está bien? —
— Claro — asintió
— Espera — le pedí. Me miró— Quiero cambiar de perfume… ¿elegís uno para mí?—pregunté acomodando su cabello detrás de su oreja
— ¿Y si no te gusta ?—preguntó
— Busca el que crea que va conmigo, solo eso — pedí. Asintió y me dio otro beso antes de irse con el carrito.
Agarre un par de cremas y afeitadoras. Algún que otro gel para el pelo. Mis ojos brillaron al ver los preservativos, quizá debería tener algunos por si las dudas. Sacudí la cabeza. No podía comprarlos ahora con Bella, no quería que pensara mal de mí. Sonreí y fui a buscarla. La encontré mirando las toallitas. Parecía como si no supiera cual llevar, me pareció extraño, ella debía usarlas normalmente.
— ¿Lo puedo ayudar en algo? —preguntó una chica. Pegue un salto al escucharla. Estaba demasiado ensimismado viendo a Bella. Casi tiro lo que tenía en la mano. Mi Bella al escuchar el alboroto se percató de mi presencia unos pasos detrás suyo y metió rápido unos cuantos paquetes de toallitas en el carrito con las mejillas rojas.
— Hee, no, no, gracias— le dije a la chica caminando hacia Bella. Deje mis cosas en el carrito— No deberías avergonzarte — aseguré besándole la frente.
— Debe ser cuestión de que me acostumbre— suspiró escondiendo el rostro en mi cuello. La abrace— No suelo compartir cosas tan intimas con un hombre —
— Lo sé — respondí besando su cabello— Si te incomoda tanto quizá la próxima puedas venir sola, estoy yendo muy deprisa, lo siento — me disculpé. Me miro a los ojos.
— ¿Y cómo me voy a acostumbrar si no vienes conmigo?— sonrió ruborizada— Me parece algo demasiado tierno que estés aquí conmigo comprando, así sean toallitas — rio avergonzada.
— Todo lo que se trate de ti voy a hacerlo encantado — prometí. Se paró de puntillas para darme un dulce beso. – Ven, vayamos al sector de limpieza— dijo. De allí agarramos unas cuantas cosas también
— Vaya, trajiste lista— dijo viendo el papel que tenía en la mano
—Sí... Una vez a la semana alguien asea mi departamento— dije sintiendo las mejillas calientes. Nunca me había avergonzado de ello o de comer mucho fuera. Con Bella eso me daba un poco de vergüenza. La sentí acariciar mi mejilla
— ¿Porque la vergüenza?—preguntó. Me encogí de hombros— Nuestras vidas son diferentes, eso ya lo sé. Que no te avergüence — pidió. Sonreí maravillado al ver como comprendía lo que me pasaba. La bese
— ¿Te dije que eres maravillosa? —pregunté. Sonrió y asintió— Pues lo repito, eres realmente maravillosa — sonreí. Me volvió a besar y seguimos comprando.
— Una parada más y podemos irnos — prometió llevándonos hacia los medicamentos.
— ¿Una farmacia?—pregunte extrañado.
— Sí, necesito un par de cosas — murmuró con un leve rubor. Sonreí
— ¿Quieres que te deje sola de nuevo? —pregunté
— ¿Por favor?—Pidió. Sonreí. Bese su frente antes de ir a un puesto de fruta seca que había allí. Siempre me habían gustado. Pedí un poco de cada cosa que me gustaba, también había chocolates.
— Ya estamos — me sonrió dejando varias cajitas en el carro de compras.
— Bien, vayamos — asentí. Fuimos a la caja y luego de pasar todo le di a la cajera mi tarjeta.
— Edward — protestó Bella al verme. — Por tu bien que luego me dejes ver cuánto tengo que darte — me advirtió. Le sonreí angelicalmente y le guiñe un ojo
— Oye, no era así el trato. La próxima no vienes conmigo — protestó
— Es más fácil para la chica cobrar todo junto — respondí empujando el carro ya lleno con todas nuestras compras rumbo al auto
— Tú no lo haces por eso — aseguró. Le besé la sien divertida. Me gruñó— No me agrada —
— Me divierte — sonreí agarrándola por las mejillas para darle un sonoro beso— Déjame consentirte —
— No es consentirme, es mantenerme, no me gusta —bufó
— Suelo comprar casi sin fijarme los precios, no voy a hacerte pagar mis caprichos — me encogí de hombros.
— Es lo que habíamos arreglado — señaló
— No —sonreí— Dije que íbamos a elegir ambos para ambos departamentos lo que nos gustara, nunca acepte que pagaras —
— Pues tampoco yo lo acepte — aseguró
— Nunca lo aclaramos, y ante no haberse aclarado uno puede suplir esa falta de aclaración en el momento, es la regla de un contrato — sonreí
— No vengas con leyes — rodó los ojos.
— Me gusta gastar y más si es contigo — me encogí de hombros
— Hazlo, pero en lo tuyo — pidió
— No — sonreí— Vamos, no hago nada fuera del trabajo, y vivo bien, ¿qué importa quien pague? —pregunté
— Perfecto, la próxima pago todo yo — sonrió
— En tus sueños — sonreí besando su nariz. Me gruñó de nuevo. La agarre del mentón y la obligue a verme a los ojos— Consiénteme en mi capricho — pedí— Me gusta esto, venir y elegir juntos —
— Pero pagas solo tú —
— Consiénteme — repetí en ese tono que la excitaba— Por favor —
— Eso. Es. Trampa. — habló entre dientes.
— Lo sé — sonreí soltándola para guardar las cosas. La sentí respirar hondo antes de ayudarme. Sonreí más.
Pasamos por su departamento a dejas las cosas que eran para ella. Habíamos tenido la precaución de dejar todo separado en el supermercado lo que correspondía a cada departamento. La ayudé a acomodar y fuimos rumbo al mío. Acomodamos todo también antes de que me enseñara a preparar carne al horno.
— ¿Mañana mi piso?—murmuró sobre mi pecho cuando nos acomodamos listos para dormir
— Por supuesto — sonreí besando su la frente antes de apagar la luz del velador
— Buenas noches Ed, te amo —
— Te amo más preciosa Bella, que descanses — dije
¿Que piensan? ¿Están yendo muy rápido? Me parece demasiado lindo este capitulo, es una linda rutina la que se están armando. ¿Les gusta?
