- Pero, ¿qué demonios estás diciendo, George? - Archibald Cornwell había cogido al hombre por las solapas del empapado abrigo mientras lo miraba con ojos desorbitados y enloquecidos.
George Anderson estaba al límite de sus fuerzas. Demasiado. Demasiado en poco tiempo … y ahora esto. La señora Candy, Dios mío, la señorita Legan … apenas eran las siete de la mañana, y ya sentía todo el peso de la oscuridad sobre sus hombros.
A las cinco había irrumpido Watters en su habitación como un huracán, desencajado, casi sollozando, balbuceando y terriblemente asustado. A George le había costado preciosos minutos de tiempo lograr calmarlo para enterarse de que habían encontrado a Candy y Eliza al pie de las escaleras, cubiertas de sangre …
Ni siquiera se paró a seguir escuchando a Watters, ya que echó a correr a través de la oscuridad, con el corazón palpitándole en el pecho como un tambor. Oía a Watters tras él, a Mary … los criados se despertaban desorientados … al llegar a la glorieta del vestíbulo, varios de sus hombres llegaban corriendo. Él apenas veía, apenas podía pararse … Candy … Dios mío …
- ¡George! ¿Qué sucede?
La señora Elroy, la servidumbre, Eleanor Baker, Mary … todos eran manchas borrosas gritando, llamando, mientras él daba órdenes por encima del hombro y seguía corriendo.
- ¿Dónde están? ¡Watters! – El mayordomo corría a su lado, intentando igualar sus largas zancadas. - ¡Sam! ¡Jason! – Llamó a sus hombres.
Pronto llegaron a la pequeña terraza que terminaba en las largas escaleras de piedra que daban al bosque y George ahogó una exclamación al descubrir los cuerpos inertes de las jóvenes al final, a través de la densa lluvia. Llegaron hasta ellas, examinándolas. George se percató de que le temblaban las manos al apartar suavemente el cabello rubio de la joven y descubrir su golpeado rostro.
- Señorita Candy … ¡Candy! – Acercó el oído a la boca de la joven, que estaba mortalmente pálida y sus labios ya mostraban un tono azulado. – Dios mío … - Alzó la cabeza hacia sus hombres que examinaban a Eliza, y uno de ellos meneó la cabeza.
- No respira, señor …
- ¡Llamad a una ambulancia! – Gritó George a las personas paradas en lo alto de la escalera. - ¡Rápido! – Dos empleados corrieron adentro y George centró su atención en la joven, buscando su pulso. - ¡Jason! ¿Dónde está Ethan?
- ¡Aquí, señor! – El aludido bajaba rápidamente las escaleras, arrodillándose rápidamente al lado de George.
- ¡No le encuentro el pulso! – El joven apartó las temblorosas manos de George del cuerpo de la joven, y sujetó sus hombros con firmeza, mirándole a los ojos.
- ¡George! ¡Tranquilízate! Déjame hacer mi trabajo.
El otro asintió, tragando con fuerza, y se puso torpemente en pie, intentando no resbalar en el embarrado suelo. Se acercó al cuerpo de la joven Legan, tumbado en una postura antinatural, y sus hombres lo miraron compungidos.
- Se ha roto el cuello en la caída, señor …
- Dios mío … - George se pasó las manos por el rostro y el cabello empapados.
- ¿Cuánto tiempo llevan aquí?
- No lo sé, Ethan …
- ¡Watters! Trae unos paraguas, lo que sea … algo para taparlas … - pedía el joven Ethan.
George se acercó al asustado mayordomo y le pasó una mano por los hombros.
- Haz lo que te pide, Watters, por favor, conserva la calma … - suspiró – y llama a la policía.
- ¿Señor?
- Llama a la policía, Watters.
Un grito desgarrador los hizo dar a todos un respingo. Elroy se hallaba en lo alto de las escaleras, con Eleanor tras ella. La anciana se desplomó en los brazos de una doméstica, mientras la actriz corría escaleras abajo hacia ellos.
- ¡Señorita Baker! Por favor, tenga cuidado … - Pidió George y le hizo un gesto al mayordomo – Ve, Watters, de prisa …
- ¡Candy! ¡Dios mío, Candy! – George la tomó por los hombros.
- Señorita Baker, por favor …
- ¿Qué ha pasado? ¡Candy! – George la retuvo.
- Ethan sabe lo que hace, Eleanor, por favor … - La actriz lo miró con los ojos arrasados en lágrimas.
- ¿Está …?
Pero el hombre no pudo contestar.
Tras el impacto inicial, todos comenzaron a actuar de la mejor manera posible. Taparon los cuerpos de las jóvenes mientras Ethan continuaba con la reanimación de la rubia, y George iba de arriba abajo intentando organizarlo todo y conservar la calma y los ánimos de todos.
Eliza estaba definitivamente muerta. En cuanto Ethan se acercó al cuerpo, lo confirmó, así que centró sus atenciones en la otra joven. Apenas tenía pulso … si no se daban prisa en llegar las ambulancias … Ethan estimaba que tenía un brazo roto, y había prohibido terminantemente moverla. A Elroy la habían trasladado al interior del salón, y Eleanor se hallaba arrodillada al lado de Candy, la cabeza baja, observando los movimientos del joven ayudante.
La lluvia caía, caía sin cesar … y de pronto, George notó el calor de una mano en la suya y giró levemente la cabeza para encontrarse con unos preciosos ojos mirarle con amor.
- Te quiero, todo irá bien … - susurró ella, y George sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y tuvo que hacer un gran esfuerzo por contenerlas, mientras apretaba la mano de Mary con fuerza.
El estrés, la subida de adrenalina … ahora pesaban sobre sus hombros, su cabeza … la ropa húmeda le pesaba como una losa. Recordaba la llegada de las ambulancias, el traslado de los cuerpos … tuvieron que llevarse también a Elroy, ya que no lograban despertarla … y después esperar a la policía, las preguntas, el viaje al hospital … parando primero en casa Cornwell para dar la noticia.
- Dios mío … - Archie se pasaba las manos por el cabello, dando paseos nerviosos ante George y un demudado Jackson.
- Es conveniente que venga enseguida conmigo, señor …
- Pero … ¿cómo está ella? ¿Está …?
- No lo sé, señor … hemos de darnos prisa.
- Está bien. - Archie casi corrió escaleras arriba, cruzándose con Annie, ya vestida, y parándose en seco al verla. - ¿Qué demonios haces?
Annie ni siquiera se paró a mirarlo, acercándose rápidamente a George.
- George, dime enseguida qué es lo que ha pasado …
- Señora …
- George, por favor … - susurró Annie, mirándole suplicante, los ojos llenos de lágrimas – ella es mi familia, por favor, George …
- La señora Candy ha tenido un accidente. Al parecer cayó por las escaleras … su estado es … complicado …
Archie, desde la escalera, apretó los dientes mientras les observaba, se giró y corrió escaleras arriba.
La sala de espera parecía una tumba, silenciosa, pesada y opresivamente silenciosa … mientras Archie, Annie, Eleanor, George y dos de sus ayudantes esperaban noticias.
Apenas unos susurros entre George y sus ayudantes rompían la quietud. George y Archie habían salido minutos antes a poner varios telegramas a la familia, y habían enviado a un empleado a buscar a los Legan para trasladarlos al hospital. Era mejor que se les diera allí la noticia de la muerte de su hija. Lo sucedido era una incógnita. Candy era ahora la única que podría arrojar algo de luz sobre aquel asunto … eso si conseguía salir de aquello. Un par de policías estaban apostados a la entrada de la sala, esperando a su superior. George solo esperaba que fuera Brian quien volviera a encargarse del caso.
¿Y si la joven moría? El señor William no lo superaría, Dios mío, con todo lo de su esposa … y los Legan, primero su hijo, ahora su hija … pero, ¿qué mierda había sucedido? George no encontraba sentido a nada de todo aquello. Observó a las personas diseminadas por la estancia. Cabizbajos, llorosos … ¿Cuándo podrían levantar cabeza? Una tras otra, una tras otra … ¿es que nunca iban a parar las desgracias para la familia?
La puerta se abrió súbitamente y el matrimonio Legan, seguido del joven Robson, entró en la estancia.
- Archie, ¿qué ha pasado?
- ¿Dónde está Eliza?
Archie y George se adelantaron, al tiempo que un par de enfermeros entraba a la estancia y los instaba a pasar a una sala contigua, donde los médicos los esperaban. Un policía entró con ellos. Annie y Eleanor se quedaron solas en la estancia.
- Señorita Baker …
- Eleanor, por favor. – Annie se acercó a ella y se sentó a su lado.
- ¿Sabe qué es lo que ha sucedido? – La actriz negaba con la cabeza, llorosa.
- No … anoche cenamos todas en el comedor … y luego nos retiramos a descansar. Yo misma acompañé a Candy hasta su habitación. Dijo … bueno, dijo sentirse algo mareada, pero no le di excesiva importancia, el cansancio, el estrés … - Annie asentía. – Y entonces … me desperté de madrugada por las voces … - la voz se le quebró y Annie le apretó la mano.
De pronto oyeron un grito proveniente de la habitación contigua y ambas se encogieron con tristeza.
- Ya se lo han comunicado a los Legan …
Se quedaron en silencio unos minutos, oyendo los gritos y sollozos provenientes del exterior, las voces, los pasos …
Entonces se abrió la puerta de la salita y entraron unos médicos, acompañados de Archie y George. Sammuel Cheston, uno de los doctores de Terry, era uno de ellos, y Eleanor se sorprendió ligeramente.
- Soy el doctor Campbell, y este es mi compañero, el doctor Cheston, aunque creo que ya se conocen. – El aludido hizo un gesto con la cabeza, el rostro grave. – Venimos de comunicar la desgraciada noticia de la muerte de la señorita Legan a sus familiares. Como imagino que ya sabrán, murió en el acto, en la caída, tenía el cuello roto. – Las mujeres ahogaron una exclamación. – Respecto a la señora Grandchester, hemos logrado estabilizarla.
- Oh, gracias a Dios …
- Pero su estado es bastante complicado … - continuó el doctor Cheston – apenas respiraba cuando llegó. No sabemos con certeza cuanto tiempo ha estado bajo la lluvia, inconsciente, pero sus pulmones están muy dañados. Aún le estamos realizando pruebas, tiene lesiones internas y externas, y no podemos dar un diagnóstico certero en este momento. No respiraba por sí misma, necesita oxígeno. – Ambas mujeres intentaron contener las lágrimas. – Haremos todo lo que podamos.
- La señora Elroy ha sufrido un pequeño infarto. – El doctor Campbell se giró hacia Archie y George. – Ahora está estable, pero debemos tenerla en el hospital y realizarle pruebas. Nos preocupa su edad, su alta tensión … los mantendremos informados en todo momento.
Los hombres dieron las gracias a los doctores, y cuando se disponían a marcharse, Sam se acercó a Eleanor.
- Eleanor … - ella lo miró, preocupada y expectante.
- Sam … ¿qué sucede?
- Tranquila … - el médico le tomó la mano – no te alarmes. Íbamos a llamaros por la mañana, pero … - suspiró – en fin, Terrence ha tenido una noche complicada …
- ¿Qué le ha pasado? – La actriz le apretó la mano con fuerza.
- Está bien, tranquila … pero desde ayer por la tarde ha sufrido una serie de hemorragias nasales importantes y profundos dolores de cabeza.
- Dios mío … - Eleanor lo observaba con sus ojos azules abiertos de par en par, reflejo del pánico y la sorpresa - ¿a qué se deben? ¿Está bien?
- Sí, tenemos controlado el dolor, le estamos suministrando calmantes en todo momento. Dentro de un par de horas le haremos algunas pruebas. Pero está muy nervioso, no quiere decirnos nada. Quizá … sé que es un momento complicado, pero …
- Iré ahora mismo, por supuesto.
Se giró levemente en la cama y apoyó suavemente la cabeza en la almohada, observando la lluvia caer a través del ventanal. No había parado en toda la noche. Una fuerte tormenta había azotado la ciudad … y también su cerebro. Pero no quería volver a sufrir aquel dolor insoportable, era como si lo partieran en dos … ¿qué significaba, de todas formas? No había vuelto a recordar nada … y no quería dormir, no quería soñar … ¿qué le estaba sucediendo?
- ¿Necesitas algo más? – La suave voz de Mandy lo sacó de sus cavilaciones y sonrió levemente.
- No, gracias, estoy bien.
Unos toques en la puerta los sorprendieron y Mandy fue a abrir, con el ceño fruncido.
- ¿Señorita Baker?
- Hola, Mandy.
- Lo siento, pero sabe que no son horas de visita …
- Me envía el doctor Cheston. – Informó la actriz pasando ante la joven enfermera. – Puedes consultarle, si lo deseas. – Le dijo por encima del hombro, sin apenas mirarla. La joven enrojeció.
- No, yo … bien, les dejo entonces.
- Sí, será lo mejor. – Eleanor meneó ligeramente la cabeza al ver salir a la enfermera. No la culpaba, era joven y vulnerable a los encantos de su hijo. Pero en ese instante era a Terrence a quien debía proteger, ya que no se hallaba en la plenitud de sus facultades.
- ¿Eleanor?
La actriz se acercó al lecho, encendiendo por el camino una de las lámparas de pie para aportar al dormitorio un poco de luz, ya que aun estaba muy oscuro en el exterior.
- Hola, Terrence, ¿cómo estás?
- ¿Qué haces aquí? – Él joven la miraba sorprendido y confundido, pero de pronto hizo un gesto de asentimiento. – Oh, te han avisado …
- Bueno, no exactamente … ¿cómo te encuentras?
- Estoy bien. – Terry giró el rostro hacia la ventana. – Discúlpame, pero no tengo muchas ganas de hablar de ello … supongo que Candy estará a punto de llegar … - Eleanor se mordió el labio, pugnando por contener las lágrimas y Terry se volvió a mirarla.
- ¿Eleanor? – Ella intentó sonreír, pero el joven se fijó entonces en su aspecto desaliñado y embarrado, su cabello suelto … abrió los ojos alarmado y se incorporó levemente. - ¿Qué te ha pasado?
- Nada, estoy bien … - ella le puso una mano en el brazo y respiró profundamente. – Terrence, Candy ha sufrido un accidente …
- ¿Qué dices?
- No sabemos exactamente qué ha sucedido … - En pocas palabras la mujer le contó lo poco que sabía. No sabía si estaba haciendo lo correcto, pero el joven debía saberlo.
- Bien, quiero ir a hablar con los médicos … - Terry apartó las sábanas intentando levantarse, pero la actriz se lo impidió.
- Terry, por favor, no es conveniente que te levantes …
- Eleanor, apártate. – Los ojos azules de Terry la observaron fijamente, y por un momento Eleanor sintió gozo en el corazón, ya que aquella mirada … aquella mirada era la de su hijo.
- Querido … - la mujer se apartó unos pasos mientras el joven se ponía en pie – Sam me ha dicho que en breve han de hacerte unas pruebas … - pero él ya no la escuchaba - ¡Terry, por favor! – Él se giró hacia ella, apoyado en su muleta.
- No te preocupes, estoy bien. ¿Me ayudas con esto? – Señaló el batín, y automáticamente ella le ayudó a ponérselo.
- Por favor, puedes marearte …
- Quiero saber qué es lo que está pasando.
- Nos lo dirán en cuanto la examinen …no es conveniente que …
- ¿Qué? – El joven la enfrentó. - ¿Qué complique las cosas?
Ambos pares de ojos idénticos se midieron durante unos instantes, y de pronto, Eleanor sonrió.
- Anda, ve. – El joven se sorprendió ligeramente, aunque intentó disimularlo. – Te acompañaré.
Las horas transcurrieron eternas, agonizantes. George salió un tiempo para hacerse cargo de los Legan y hablar con la policía, concretamente con Brian, ya que como esperaba, se había hecho cargo del caso. Annie, Eleanor, Archie y ahora también Terry, habían estado aguardando noticias … sin mucho resultado. La tensión y el cansancio comenzaban a hacer presa en el joven castaño y al final, Eleanor hubo de llamar a las enfermeras y al doctor, para que entre todos pudieran disuadir al joven de que volviera a su habitación. Nada hacía empeorando su situación, y por fin entró en razón, y se dejó llevar.
Annie y Archie se quedaron solos unos instantes en la salita. Apenas se miraban, no habían vuelto a dirigirse la palabra desde hacía unos días, desde que habían hablado en el despacho de Archie.
- Deberías volver a casa. – Archie habló sin girar la cabeza, mirando fijamente a través del ventanal. – No es prudente en tu estado … el doctor dijo que debías descansar. – La joven contuvo el aliento sorprendida, y parpadeó nerviosa.
- Quisiera quedarme. – El joven apretó los labios, pero nada más dijo. - ¿Has avisado a Albert? – Archie asintió.
- Y también a la familia.
La puerta al abrirse los sobresaltó, y el doctor Campbell entró a la habitación.
- Señor Cornwell … señora … - El médico se acercó a ellos.
- ¿Cómo está Candy?
- Hemos tenido que intervenir a la señora Grandchester … - la puerta volvió a abrirse, dando paso a George y Eleanor – como iba diciendo, hemos intervenido a la señora Grandchester, ya que ha sufrido una hemorragia interna … que ya está controlada. – El médico hizo caso omiso de las exclamaciones y reacciones de los presentes y continuó con su informe. – Tiene roto el húmero del brazo izquierdo y la clavícula, pero no hay rotura en los huesos de las piernas, apenas una torcedura … el resto de lesiones es más a nivel externo, magulladuras … que sanarán sin problema.
- Pero … ¿y la hemorragia? – El médico suspiró.
- La señora Grandchester estaba embarazada. – Las exclamaciones de sorpresa llenaron la estancia. – Supongo que aún no lo sabía, apenas estaba de unas ocho o nueve semanas calculamos … lo ha perdido, lo lamento. – Se hizo el silencio unos instantes.
Annie se sentó en una de las sillas, sollozando quedamente. Eleanor se volvió hacia la ventana, apoyando su convulso cuerpo en el alfeizar, ocultando su rostro.
- Pero … - Archie observaba al médico, compungido, la voz ronca – podrá … es decir …
- Sí, podrá volver a quedar embarazada, sin problema. Ahora lo que nos preocupa es el estado de sus pulmones. Ha estado mucho tiempo bajo la lluvia. Ahora necesita oxigeno para respirar y un agresivo tratamiento para la neumonía que se está gestando …
Tras unos momentos más de conversación, el doctor se retiró, dejando a los presentes sumidos en su propio, pesado y desgarrador torbellino de emociones.
Le dolía todo el cuerpo, literalmente. En cuanto despertó, pudo constatar que se hallaba en el hospital … y eso la tranquilizó, ya que pensaba que iba a morir, realmente, cuando tuvo que cerrar los ojos, allí tumbada en un charco de barro, el cuerpo adormeciéndose, ya sin dolor, ya sin sentir nada … realmente pensó que iba a morir.
Le costaba respirar. Debía llevar aquella molesta mascarilla de oxígeno casi continuamente, las enfermeras apenas le dejaban retirársela. Le habían dicho que habían pasado veinticuatro horas desde que la habían llevado al hospital. No sabía si era de día o de noche … giró un poco la cabeza y una enfermera le sonrió, mientras acercaba la bandeja de curas al lecho.
- Buenos días, ¿cómo se encuentra?
- Bien … - oyó su voz cascada a través de la mascarilla, sintiendo la boca seca y los labios hinchados - ¿podría …?
- ¿Un poco de agua? – La rubia asintió y siguió con los ojos a la enfermera.
Se percató de que tenía el brazo izquierdo completamente inmovilizado hasta casi el cuello. Vaya, otra complicación más … ¿qué podía esperar? Cerró los ojos un instante, sintiendo que las lágrimas asomaban a sus ojos, pero las desechó con firmeza. No era momento para lamentaciones. Saldría de esta … estaba viva. Todo iría bien.
- Buenos días, Candy. – Los ojos aguamarina se abrieron para ver al doctor Cheston ante ella y sonrió.
- Sam … - Él se acercó al lecho y, con delicadeza, le apartó la mascarilla que cubría su nariz y su boca.
- Voy a empezar a pensar seriamente que te gusta estar en el hospital … ¿o quizá sea yo el que te gusta? – Hizo un cómico gesto que provocó una suave risa de la joven, aunque enseguida comenzó a toser, mientras el médico le acercaba el vaso de agua y la ayudaba a incorporarse. – Bebe despacio … eso es, tranquila. ¿Cómo te encuentras?
- Cuéntame, Sam … - susurró ella suplicante.
- Clavícula y brazo izquierdo rotos. – Candy asentía. – Ya están estabilizados. Unas cuantas semanas …
- ¿Unas cuantas semanas? – La joven se movió un poco mirándole alarmada.
- Sabes que es necesario para que los huesos suelden correctamente. – Candy hizo una mueca de profundo fastidio y el médico rió. – Apenas te darás cuenta, ya verás …
- ¿Tú crees? – Volvió a toser.
- No debes estar demasiado tiempo sin la mascarilla … - Ella lo miró interrogante. – Principio de neumonía. El resto son leves magulladuras … ahora parecen serias, pero no es nada grave. No voy a darte un espejo, ya sabes lo aparatosos que son los golpes en el rostro … - ella tenía los ojos cerrados, pero los abrió y se encogió de hombros, con humor.
- Bueno, últimamente mi rostro está a prueba de bombas … - sonrieron, y entonces el médico frunció el ceño. Candy lo observó confusa.
- Sam … ¿hay algo más?
- Hemos comenzado a administrarte antibióticos inmediatamente, debido a la neumonía, y esperamos que no se complique, pero deberás quedarte aquí unos cuantos días, y … tuviste una hemorragia interna, Candy … bastante leve, ya está controlada.
- Pero …
- Estabas embarazada … lo perdiste, lo siento.
- ¿Qué? – Candy parpadeó, observando al médico anonadada, mientras sus ojos verdes se llenaban de lágrimas y se derramaban por sus mejillas.
Se llevo la mano derecha a la garganta, intentando contener los sollozos que pugnaban por salir sin control. Le faltaba el aire, Dios mío …
- Candy, tranquila … ¿necesitas …? ¡Enfermera!
- ¡No! No, por favor … - suplicó la joven con la voz rota - … estoy bien …
- Ponte la mascarilla, Candy …
- No … - susurró.
- Por favor. – La joven obedeció, aspirando profundamente el oxígeno que le suministraba la máquina.
- Solo necesito unos minutos. Necesito estar sola, por favor … - musitó a través de la máscara, pero el médico la oyó y asintió.
- Claro. - El médico se dirigió a la puerta.
- Sam … gracias … - Él se giró a mirarla con ojos empañados.
Aquella joven era especial … tan especial ... Sammuel Cheston se sentía perdido por primera vez en su vida. Todas aquellas semanas tratando a aquella hermosa joven que parecía un ángel … era un ángel. Había intentado razonar consigo mismo, ser coherente, profesional … y jamás osaría hacer nada … pero aquella mujer le había robado el corazón, totalmente, completamente. Intentó incluso dejar el caso para no tener que verla tanto, pero ¿qué alegaría? Me he enamorado de la mujer de mi paciente. Por Dios, se pondría en evidencia. Y lo sentía mucho por aquella pareja, por Terrence … y ahora esto. Ojalá pudiera él abrazarla, decirle que la ayudaría en todo lo que le pidiera, que no dejaría que le volvieran a hacer daño …
- ¿Sam? – Candy continuaba llorando, mirándole confusa desde el lecho. Él carraspeó y se ruborizó ligeramente.
- Por supuesto, lo siento … lo siento muchísimo, de veras … - Y cuando estaba a punto de abandonar la habitación, ella lo llamó suavemente.
- ¡Sam! - Él volvió a acercarse para poder oírla, mientras ella volvía a quitarse la mascarilla. - Por favor, no se lo digáis a Terry … lo del bebé … - él suspiró y asintió.
- Está bien …
- Yo lo haré …
Por fin se quedó sola y pudo dar rienda suelta a sus lágrimas. Lágrimas por su hijo no nacido, por su esposo que no la reconocía, por su situación … se permitió llorar de rabia, de dolor, de frustración … Eliza lo había conseguido, se había llevado todo lo que amaba. Por un momento, la odió con todas sus fuerzas. Los hermanos Legan habían sido su lastre durante toda su adolescencia, y ahora también en su vida adulta … Pero ambos están muertos, Candy, se dijo a sí misma, y tú no, tú estás viva …
Se secó las lágrimas de las mejillas, furiosa, intentando calmarse. Su bebé … hubiera sido una bendición, un milagro … había deseado tanto tener un hijo de Terry … y ahora, también había perdido aquello …y ya no podía más, no podía más … los últimos tres meses todo habían sido desgracias, una tras otra … abrió los ojos de par en par y se incorporó ligeramente, haciendo un gesto de dolor. Y ya sabía quién había sido el artífice de todo aquello … ¿cómo era posible? Siempre había sabido que Eliza la odiaba … pero, ¿hasta ese punto?
Unos golpes en la puerta la sobresaltaron y volvió a secarse las húmedas mejillas. No se sorprendió demasiado al ver de quién se trataba.
- Buenos días, señora Grandchester. – Brian Olsen se acercó al lecho con rostro compungido. – Lamento molestarla en estos momentos, sé que está atravesando situaciones complicadas. – La joven hizo un gesto, restando importancia.
- No se preocupe. Sé que tiene que hacer su trabajo. – El hombre asintió.
- Así es, lamentablemente. He de hacerle varias preguntas respecto a lo sucedido. Como ya sabrá, Eliza Legan ha fallecido en la caída, y usted era la única persona que se encontraba junto a ella. Hemos abierto una investigación. Demasiadas muertes rodean a su familia en los últimos meses …y me gustaría que me sacará de dudas, señora Grandchester.
- Fue ella … todo fue por ella … - susurró Candy.
- ¿Cómo?
Y la joven rubia procedió a contarle todo lo sucedido. Cómo Eliza le había tendido una trampa, la había drogado y atraído a las escaleras, la discusión y pelea mantenidas, la caída …
- ¿Está segura? ¿Ella le dijo que había planeado todo?
- Sí … dijo que sólo debían deshacerse de mí, pero que al final mataron a su hermano … - a la joven le caían las lágrimas por el rostro, mientras el investigador anotaba rápidamente datos en una libreta.
- ¿Por qué cree que ha hecho todo esto?
- Bueno, ella … ella siempre me ha odiado. – Le contó brevemente su historia con los hermanos Legan mientras el hombre la escuchaba gravemente.
Conversaron durante unos minutos más, hasta que el policía se puso en pie, dando las gracias a la joven y estrechando su pequeña mano. Candy estaba agotada, apenas podía ya hablar. No sabía cuánto tiempo llevaban conversando, pero había tenido que detenerse muchas veces para ponerse la mascarilla. La enfermera ya había entrado tres veces a instar al inspector de que debía dejar descansar a la joven.
- Lamento muchísimo todo lo que ha sucedido, señora Grandchester, solo le deseo la mejor de las suertes a partir de ahora.
- Gracias …
- La dejo descansar, aunque volveré mañana para continuar limando detalles, si me lo permite …
- Por supuesto.
Terry despertó bruscamente de un profundo sueño. Se alzó del lecho, ligeramente desorientado, y constató, al mirar por el ventanal, que ya caía la tarde. Vaya … se tocó mecánicamente la nariz. Nada, no había sangre. El alivio invadió su cuerpo y se recostó nuevamente contra las almohadas. Había soñado durante largo tiempo, sin dolores de cabeza, sin hemorragias. ¿Era eso buena señal?
Las pruebas realizadas por la mañana no habían arrojado luz sobre el asunto … y él tampoco había dado excesivas explicaciones. Había mentido … y no sabía por qué. No había dicho a nadie, ni siquiera a los médicos, que había recordado alguna cosa … inconexa sí, pero algo al fin y al cabo. Y ¿para qué decir nada de todas formas? Aquellos recuerdos no le decían nada … y tampoco los sueños que había tenido.
Se sonrojó ligeramente. Habían sido sueños muy … personales. Sueños sexuales. Y su cuerpo había respondido de formas hasta ahora desconocidas para él. Su cuerpo despertaba. Sabía que había sido él quien había realizado todo aquello … pero no recordar haber hecho nunca el amor dificultaba las cosas y atentaba a su pudor.
No había podido percibir un rostro definido en sus sueños. Una boca suave y salvaje a la vez, unos labios carnosos, un cuerpo repleto de curvas … sabía que se trataba siempre de la misma mujer, eso no necesitaban decírselo. No sabía cómo, pero intuía que era la misma chica. Dispuesta, retorciéndose bajo él, sobre él … frunció el ceño al recordar ciertos mechones rubios entre sus dedos … ¿mechones rubios?
- ¿Es así, Terry? – Dijo en voz alta. - ¿O es lo que desearías?
Meneó la cabeza y se levantó. La lluvia había remitido un poco, pero continuaba bañando la ciudad. Aún era media tarde y sin embargo, el cielo estaba oscuro y plomizo. Debía alejar esos pensamientos y calmarse. El ejercicio le sentaría bien, le ayudaría a dejar de pensar. Y al día siguiente iría a ver a Candy, quería hablar con ella. Le habían dicho que estaba descansando, así que la vería mañana.
La puerta se abrió dando paso a Mandy, quien le sonrió mientras procedía a recoger varios utensilios cerca del lecho. Terry observó sus curvas bajo el uniforme y se mordió levemente el labio, frunciendo el ceño. No era inmune al sexo femenino … y sabía que él no les era indiferente tampoco. Pero por alguna inexplicable razón, su cuerpo respondía a unos ojos verdes como a ninguno … y no sabía qué hacer al respecto.
Caía la noche … y ciertamente, estaba agotada. Apenas acababan de marcharse Archie y George de la habitación, junto con Eleanor, todos diciéndole que no se preocupara por nada y que estuviera tranquila.
Recostó la cabeza en la almohada y suspiró. Debía recuperar las fuerzas cuanto antes, ya que Terry la necesitaba. Esperaba poder hacerlo pronto. Sabía que tarde o temprano él aparecería en la puerta, y para entonces ya debía de haber logrado encontrar de nuevo su fortaleza.
Sintió de pronto una profunda nostalgia de Casa Pony … y también de Albert. Ojalá estuviera allí.
- Candy … - Una mano en su rostro le hizo dar un respingo y soltar un pequeño grito de dolor. – Oh, Dios mío, perdóname …
- Annie … ¿qué …? – La rubia miró alrededor sorprendida. ¿Se había quedado dormida?
- Lo siento, Candy, no quería asustarte …
- No pasa nada … ¿qué sucede, Annie? ¿Qué haces aquí? ¿Estás sola? – Candy intentó incorporarse en las almohadas, y Annie la ayudó.
- Sí … - parecía turbada, pero sonrió – quería estar un rato contigo, a solas, no he tenido ocasión … - Candy le cogió la mano y sonrió.
- Estoy bien. – La morena negó con la cabeza.
- No lo estás. – Candy parpadeó y se encogió de hombros.
- Es cierto, no lo estoy.
- Lo siento tanto, querida …
- Lo sé …
Annie se acercó, abrazando a su amiga todo lo delicadamente que pudo, dado su estado con el brazo inmovilizado, y le secó dulcemente las lágrimas de las mejillas.
- Me gustaría decirte que esto pasará … pero duele, duele en el alma … - juntó su frente con la de Candy y estuvieron así unos minutos, sollozando.
- A veces … creo que no voy a soportarlo más …
- Pues claro, con todo lo que ha sucedido … - se miraron a los ojos - ¿Es cierto lo que has dicho? ¿Todo ha sido por ella? ¿Fue ella, Candy? – La joven asintió. - ¡Maldita! ¡Ojalá se pudra en el infierno!
- ¡Annie! – La morena se levantó, furiosa.
- Dime que no tengo razón …
- Sí, sucedieron cosas …
- ¿Cosas? Ella lloriqueando porque mataron a su hermano … ¿y Matt? ¿Y Terry? Y tú bebé …
- Bien, es cierto, pero … ha muerto, Annie. Fue una chica desgraciada que se cavó su propia tumba. No hacemos nada alimentando el rencor … mira lo que le ha hecho eso a Eliza.
- Bueno, tú como siempre tan condescendiente con el prójimo, querida … pero yo no puedo … - se le quebró la voz – aún no puedo perdonarla, Candy … no sé si algún día podré … - La rubia le apretó la mano.
- Está bien … dejemos eso por un momento. Háblame de ti. ¿Cómo estás? Hacía tiempo que no estábamos juntas …
Annie se mordió el labio. No había sido esa su intención al ir a ver a Candy. No quería molestarla con sus problemas. Volvió a acercarse a la cama y cogió la mano de su amiga. Oía el pequeño estertor de la ronca respiración de Candy y frunció el ceño, buscando la mascarilla de oxígeno con la mirada.
- Póntela, querida.
- No, no la necesito …
- Claro que sí. – Annie la obligó a ponérsela. – Así estarás calladita, yo hablaré. – Vio la sonrisa de su amiga a través de la mascarilla y le guiñó un ojo.
Pero antes de que pudiera articular palabra, la puerta de la habitación volvió a abrirse y el grave rostro de Archie apareció ante ellas, acercándose al lecho.
- ¿Cómo te encuentras, querida? He venido a llevarme a Annie. – Observó de reojo el ceño fruncido de su esposa. – Volveremos mañana, ¿de acuerdo? Ahora debes descansar. – Miró inquisitivamente a Annie y esta besó a Candy en la frente y salió al pasillo, seguida de Archie.
Estaba furiosa, aunque en el fondo supiera que él tenía razón, estaba furiosa, harta de la situación …
- ¿Crees que es prudente que molestes a Candy en el estado en que se encuentra? – La joven morena se encaró con él.
- No estaba molestándola, simplemente quería darle un abrazo, ya que sé de primera mano por lo que está pasando …
Se miraron a los ojos durante unos instantes, hasta que Archie apretó los labios y se dirigió a la salida. Tras unos instantes, Annie apretó los puños y lo siguió.
Ya hacía tres días del accidente, y de hecho, comenzaba a sentirse mejor. Su cuerpo estaba sanando, ayudado por la medicación, por supuesto. Pero no así su alma … sabía que el alma tardaría más en sanar … si alguna vez lo hacía. El cuerpo, repleto de sedantes, se quejaba de la falta de movimiento. Podía apreciar cómo los golpes teñían su piel de un tono azulado, casi negro, y no había querido verse el rostro. Imaginaba que su aspecto sería monstruoso, pero aquello era lo de menos, dadas las circunstancias.
Se quitó la mascarilla de oxígeno y la desechó a un lado. Afortunadamente, cada vez la necesitaba menos, y eso significaba que sus pulmones estaban mejorando. Hizo un pequeño gesto de dolor, y se incorporó, sentándose en el lecho. Había comenzado a levantarse brevemente la tarde anterior, y lo único que deseaba era comenzar a moverse. Hizo un gesto de fastidio hacia el brazo inmovilizado. Apenas llevaba tres días y ya no podía más. Dependía de alguien para todo, para asearse, vestirse … ella, que siempre había sido independiente, autosuficiente … no soportaba verse en esa situación.
Oyó unos suaves toques en la puerta, pero ni siquiera se giró hacia la entrada. Imaginaba que sería Alice, la enfermera que venía a ayudarla ... y no podía ser en mejor momento. Su camisón se había subido parcialmente al moverse en el lecho hasta casi sus caderas, revelando su ropa interior, y ella no podía recomponer sus ropas con una sola mano. También, uno de los tirantes había descendido por su hombro desnudo hasta develar casi la mitad del seno, tapando apenas el pezón rosado.
- Alice … ¿podrías ayudarme?
Alzó un poco la cabeza y se quedó paralizada al percatarse de que quien estaba frente a ella, mirándola totalmente perplejo y con el rostro turbado … era su propio esposo.
- Oh, Dios mío … - la joven intentó desesperadamente taparse el escote con la mano sana, mientras su cuerpo se cubría de un tono rosa profundo.
- Lo siento, yo … - Terry notaba que su rostro se encendía, al tiempo que intentaba apartar la mirada, sin mucho resultado. Aquel cuerpo semidesnudo, a pesar de estar cubierto de moratones y tener un brazo inmovilizado, era una visión celestial que había encendido todo su cuerpo. Tenía la respiración agitada, le sudaban las manos … y sentía cómo su miembro comenzaba a endurecerse de una forma hasta ese momento desconocida para él.
- Terry, llama a la enfermera, por favor … - oyó el agitado susurró de Candy. Volvió a mirarla de reojo, constatando que la joven había tapado su rostro y escote con la cabellera rubia e intentaba nerviosamente bajar el camisón de sus caderas.
- Déjame ayudarte …
- ¡No! – Alzó la cabeza bruscamente y su rostro enrojeció aún más. – Yo, es decir …
- ¿Te incomodo? – El joven se acercó lentamente a la cama, situándose frente a Candy. La joven no podía mirarle, apenas podía respirar … pero esa vez no era por la falta de oxígeno.
Sintió los dedos de Terry en su hombro desnudo y pegó un respingo, al tiempo que su piel sufría una descarga eléctrica que hacía que toda la piel de su brazo se erizara con el contacto. Inmediatamente se endurecieron sus pezones y se mordió el labio, deseando que su rostro se hundiera entre el cabello. Los largos dedos de Terry subieron lentamente el tirante por el hombro desnudo hasta colocarlo en su sitio.
- Supongo que es mi deber … - susurró él con voz ronca – ya que soy tu marido … - ella alzó la cabeza y sus ojos se encontraron. Estaba muy cerca, Dios mío … ambos contenían la respiración, mirándose, analizándose … - pero … si lo deseas, me iré …
La joven se mordió el labio con más fuerza, respirando agitada, sin poder apartar los ojos de él. Dios, todo era tan complicado … ¿qué era lo que él sentía? ¿Cómo decirle que en ese instante sentía como si su sangre fuera lava fundida recorriendo sus venas?
Terry tenía el rostro arrebolado y sus ojos eran profundos, quemaban … sin dejar de observar su rostro, sus dedos tocaron la tela arrugada de ambas caderas y comenzaron lentamente a bajarla por los muslos. Candy contuvo una exclamación … y al final, tuvo que apartar la mirada.
- Ya está … - susurró, intentando moverse. Él la cogió por el codo y la ayudó a tumbarse de nuevo, tapándola a continuación e intentando sonreír.
- Listo.
- Gracias … - Candy se revolvió entre las sábanas, turbada.
- ¿Cómo te encuentras? Quise venir antes, pero me dijeron que necesitabas descansar …
- Sí, yo … - la joven intentaba a duras penas recobrar la compostura. Al final, suspiró profundamente y volvió a mirarle. – Ya estoy mucho mejor …
Entonces pudo observarle más detenidamente y constató que Terry se hallaba vestido de calle, con un traje gris que le sentaba a la perfección. Sintió un nudo en la garganta … estaba tan atractivo … Dios mío, parecía … bueno, parecía su Terry, el Terry de siempre …
Él se alejó unos pasos, las manos en los bolsillos del pantalón, observándola cohibido, casi ¿tímido?
- No sé realmente qué ha sucedido con esa chica, Candy, ni sé por qué ha querido hacerte daño, pero … - el joven bajó los ojos – bueno, lo siento mucho …
- Lo sé … - ella sonrió y meneó la cabeza, restándole importancia – ya ha pasado todo, voy a recuperarme. Terry señaló su brazo.
- ¿Estás dolorida? ¿Necesitas algo? – Candy negó con la cabeza.
- ¿Y tú cómo estás?
- Ya me ves … - hizo un gesto abriendo los brazos – preparado para todo. – Quiso que fuera un comentario jocoso, pero se notaba su nerviosismo en cada sílaba pronunciada.
- Todo irá bien, Terry, no te preocupes. – Él parpadeó un momento, casi con sorpresa, y después se echó a reír.
- Dios mío, soy yo quien debería estar animándote a ti …
- ¿Cuándo te dan el alta?
- Creo que la semana que viene … - Terry se acercó de nuevo a la cama. – Candy ... quería decirte algo …
- ¿Qué sucede?
- Bueno, el día de tu accidente … en fin, tuve una serie de hemorragias nasales. Los médicos no saben a qué se deben, pero … - él mantenía la cabeza baja, aunque de pronto alzó la cabeza, encontrándose con sus ojos – no le he contado esto a nadie todavía, Candy, pero creo que tú debes saberlo …
- ¿Qué ha pasado? – La joven frunció el ceño y se removió en el lecho.
- He estado teniendo visiones, recuerdos, sueños … no sé lo que son. - Vio la esperanza pintarse en los ojos aguamarina y enseguida se arrepintió de haber hablado. Se apresuró a explicarse. – Son imágenes, situaciones inconexas … - Vio cómo la joven lo miraba sin poder disimular su amor, sus sentimientos ... lo miraba con esperanza, suplicante, los ojos brillantes, los rosados labios temblorosos … - No he recordado nada claro …
- ¿Qué has visto? Cuéntame …
- No he recordado nada, joder … - Masculló y se giró rápidamente, alejándose de ella. Estaba furioso, furioso consigo mismo, con ella, con todo … ¿qué quería que le dijera? ¿Qué había recordado que era su esposo? Pues no, maldita sea … y cada vez soportaba menos aquella sensación de culpabilidad, ver cómo ese hermoso rostro se llenaba de esperanza. Sabía que la joven sufría, que estaba desesperada porque volviera su marido … y ella era tan dulce siempre, tan comprensiva … le hervían las entrañas. ¿Es que no podía ver …? ¡Maldita sea! ¿Es que no podía verle a él? La deseaba, maldita sea, en ese instante le hubiera gustado arrancarle ese camisón y hacer con ella todo lo que había estado soñando durante horas ... pero no, Terry, no puedes, tienes que recordar ...
- Terry … Terry, por favor … - él apretó los puños – no te estoy juzgando, de veras …
- ¿Ah no? – Él se volvió hacia ella, fulminándola con sus ojos de hielo. - ¿Qué esperas que te cuente? ¿Qué te recuerdo? – Percibió en el acto el dolor en la mirada verde mar, pero no se detuvo. No podía. – Pues, no. No recuerdo nada de esa vida, ¿comprendes? No recuerdo nada de ti …
- Lo sé … - susurró ella con voz ronca, y Terry quiso detenerse, abrazarla, consolarla, pero no podía evitarlo … - tan solo quisiera que me contaras qué has soñado … para poder ayudarte a comprenderlo, tal vez … pero si no lo deseas, no pasa nada …
- No, no lo deseo. – Su voz fue cortante, explícita.
Se volvió de espaldas a ella, furioso, y respiró profundamente, debía calmarse. Se estaba portando como un imbécil.
- Terry … - cerró los ojos ante la dulce voz y sintió escozor en la garganta. – No es necesario que me cuentes nada, de veras … pero por favor, por favor, mírame. – Él se giró lentamente hacia ella y casi se le partió el corazón. Se la veía tan desvalida, tan vulnerable allí tumbada …ella intentó sonreír, aunque tenía los ojos vidriosos. Le hizo un suave gesto para que se acercara. – Por favor … - él suspiró y se acercó a ella, sentándose en una esquina del lecho. – Sé que te sientes frustrado, solo … - carraspeó – furioso … tú no nos recuerdas, no recuerdas nada de tu vida … esa vida que no te parece que es tuya, ¿verdad? – él frunció el ceño. – Lo siento, Terry, lo siento mucho …
- No es culpa tuya.
- Lo sé, pero lo siento igualmente. - Candy se mordió el labio, desviando la mirada un instante. Y Terry constató que no podía apartar la mirada de aquella boca, de aquel rostro ... ¿estaba comenzado a sentir algo por esa joven? No, lo único que sentía era deseo sexual ... era preciosa ... ¿o no? - Quiero contarte algo. – Él parpadeó intrigado. – Tal vez no te importe demasiado, pero … - se encogió de hombros, con el corazón en los ojos – tú y yo estuvimos muchos años separados … - tosió e intentó respirar. Maldita sea, no era el momento.
- Candy, debes … - Terry miró alrededor, localizando la mascarilla y cogiéndola. Ella alzó una mano.
- Solo un minuto … - respiró profundamente – como decía, estuvimos mucho tiempo separados, ¿sabes? Nos volvimos a encontrar en mayo …
- ¿En mayo?
- Sí, apenas hace unos meses …
- Pero … - él la miraba confundido y ella sonrió.
- Todo fue muy rápido … como siempre ha sido entre nosotros. - La sonrisa de Candy fue tan hermosa que el joven tuvo que contener la respiración. La sensación se vio empañada por la certeza de que aquella sonrisa no era para él. No, él ya no era la persona que ella amaba ... y el hecho hizo que sintiera una inexplicable congoja. - Sólo sé, Terry, que deseo estar contigo. Aunque tuviera que volver a conocerte otra vez en mil vidas diferentes, querría estar contigo. - Él tragó con fuerza. Aquellos profundos ojos ... Dios mío, no voy a poder soportarlo ... ¡Ámame a mí! Quería gritarle. ¿Es que no me ves? - Pero quiero darte tu espacio, quiero que no te sientas presionado, quiero que seas capaz de decidir … - ¿Mi espacio? El corazón de Terry comenzó a retumbar con fuerza en su pecho.
- ¿A qué te refieres? ¿Qué quieres decir?
- Si no deseas que vaya contigo a Nueva York … yo … me quedaré aquí hasta … - Él la miraba confuso, alarmado.
- ¿Quieres marcharte? - Ella tosió con fuerza e instintivamente el joven cogió la mascarilla, pero ella alzó una mano.
- Haré ... haré lo que desees ... - ya no podía parar de toser. - Por favor ... - la joven señaló el vaso de agua posado en la mesilla y Terry se lo alcanzó. Tras beber un sorbo, comenzó a calmarse y se recostó en las almohadas, cansada y abatida. Al cabo de un instante, lo miró y sonrió. - Si quieres me quedaré en Chicago hasta ...
- ¿Hasta? – la interrumpió él, observándola con fijeza. Aquellos ojos removían el alma de Candy de tal forma que la joven tuvo que bajar la cabeza, pero él le tomó la barbilla con el dedo e hizo que le mirara. – No es eso lo que deseo, y creo que lo sabes … - susurró. Y Candy sintió que un calor abrasador subía desde sus muslos hasta sus brazos, haciendo que contuviera el aliento. Terry la observó detenidamente deteniéndose en los rasgos cincelados de su rostro, y con un dedo acarició los carnosos labios rosados, haciendo que el cuerpo de la joven se estremeciera. Entonces volvió a toser y el joven suspiró, cogiendo la mascarilla de oxígeno. – Creo que ya es suficiente por hoy. Seguiremos esta conversación en otro momento, ¿de acuerdo? – Le puso la mascarilla en el rostro y se levantó del lecho. – Que descanses.
