-Candy-
La mansión Cornwell se alza majestuosa en la lejanía. No es tan grande como la de los Andrew, y proyecta una sombra más acogedora. Además, sé que Archie y Annie me esperan con los brazos abiertos, no han dejado de repetírmelo una y otra vez durante todos estos días en que han venido a verme al hospital. En un principio, me negué cuando Archie me propuso que fuera a pasar con ellos unos días, hasta que me sintiera con fuerzas para viajar. Lo único que deseaba era coger un tren a Nueva York cuanto antes. Porque a pesar del dolor que me produjeran las palabras de Terry, a pesar de sentir el abismo que se está abriendo entre nosotros … lo echo terriblemente de menos, y el vacío de mi corazón es más grande que todo lo demás. Me hizo daño, lo sé, pero ver su sufrimiento, el brillo de sus ojos … no sé qué va a suceder con nosotros … pero ahora ya estoy segura de que quiero estar a su lado. Lo decidí hace tiempo, cuando dije que sí, en la salud y en la enfermedad … y me necesita, sé que me necesita a su lado. Pero Annie me suplicó e insistió tanto, que terminé por ceder. Además, debo ser coherente, como me sugieren todos. No estoy en la plenitud de mis facultades y no puedo valerme por mí misma. Poco podría hacer para ayudar a cualquiera en este estado.
Y ahora me hallo aquí, en este coche que surca la avenida de entrada, con una maleta con unas pocas pertenecías a mi lado como única compañera. Hubiera deseado tanto poder ir a Casa de Pony… siento un nudo en la garganta y trago con fuerza para mitigarlo. No es momento de dejarme vencer por la tristeza, ahora no.
Aprieto y cierro varias veces la mano del brazo inmovilizado y frunzo el ceño. Sam me ha dicho que va muy bien y que quizá en unos días ya pueda comenzar a moverlo. Mis heridas sanan … al menos las exteriores.
No tengo apenas noticias de Albert, y eso me inquieta. Sé que George partió a Washington hace unos días, y aún no tenemos noticias del estado de Patty y los gemelos. Ya estamos casi a mitad de diciembre, hace diez días que no veo a mi esposo. Dentro de poco llegarán las navidades … ¿volveré a verle entonces?
En cuanto el coche enfila la rotonda, puedo apreciar las siluetas de mis queridos amigos esperándome en la entrada. Ambos parecen entablar una conversación, pero apenas se miran, y frunzo el ceño. Imaginaba que las cosas no estaban bien, pero … ¿han conseguido hablar, llegar a un entendimiento? Los he observado estos días, cuando venían a visitarme, y aparentemente todo está bien … son corteses el uno con el otro, pero …
El coche se detiene y Archie viene a abrirme la puerta con una sonrisa.
- Querida prima, por fin estás en casa. – Me abraza con cariño y yo le correspondo. Archie ha sido mi apoyo durante esta última temporada, dándome fuerza y cariño, y sinceramente, no sé qué habría hecho sin él y sin Annie.
Me ofrece su brazo y alzo la cabeza hacia la entrada donde Annie nos espera. Ella sonríe con alegría, aunque su rostro está pálido y ojeroso. Entonces me fijo en que algo me resulta extraño. Annie lleva un vestido que marca más su silueta, y constato que últimamente la he visto con ropa muy holgada, aunque no le había dado importancia hasta ahora. Me detengo bruscamente y abro la boca sorprendida. Su vientre … esa curvatura … ¡Dios mío! ¿Annie está embarazada? Pero, pero …
- Sí, es cierto. – Giro la cabeza hacia Archie, totalmente estupefacta. Él sonríe algo turbado e incómodo. – Vamos a ser padres.
- ¿Qué? – Veo cómo mi primo enrojece ante mi reacción e intento con todas mis fuerzas reponerme.
- Fue … ha sido una sorpresa para todos … - Archie desvía la mirada, instándome a continuar. – Luego te contará Annie los detalles.
-William-
- William, gracias por venir.
El equipo de doctores que se encarga de Patty me espera sentado alrededor de una gran mesa con varios expedientes esparcidos a su alrededor. Ya esperaba esta reunión, sólo era cuestión de tiempo. En las últimas semanas, he seguido con Patrick el estado y evolución de mi esposa y de mis hijos con obsesiva atención, y estoy muy familiarizado con muchas cuestiones hasta ahora desconocidas para mí. Nunca agradeceré lo suficiente a ese grupo de personas, y sobre todo a Patrick, el trabajo realizado, y ya no solo como profesionales, sino como verdaderas personas con una calidad humana increíble.
- Como ya te habrás imaginado, William, creemos que es la hora. – Comienza el Dr. Potter. – Patricia ha experimentado una leve mejoría en esta última semana, toda una sorpresa, y hemos de aprovechar la circunstancia.
- Ya hemos entrado en la semana treinta y uno … - Patrick me pasa varios papeles. - … la analítica es favorable. Creemos que es viable realizar la operación …
- ¿Ahora?
- Cuanto antes, William.
Sí … ya no hay tiempo, lo sé. Patty está al borde de sus fuerzas … aún no sé cómo ha podido aguantar hasta ahora. Y es cierto que la leve mejoría ha sido un golpe de suerte … ¿suerte? Siento ganas de reír con cinismo. En unas horas, voy a quedarme solo … maldita sea mi suerte. Trago con fuerza e intento concentrarme en la conversación.
- Prepararemos a Patricia para realizar esta tarde la operación, si estás de acuerdo. – Asiento, respirando profundamente. – Realizaremos una cesárea y prepararemos el equipo de neonatos. – Todos los rostros me miran con simpatía. – Animo, William, esperemos que todo vaya bien.
Los doctores se levantan y todos tienen un momento para dedicarme un gesto de apoyo. Patrick me aprieta el hombro.
- Te tendré informado en todo momento, no te preocupes. – Sonríe con empatía. – Tal vez sea buen momento para ir a estar un rato con Patty.
- ¿Está consciente?
- Sí … y quiere verte.
Al entrar a la habitación, la blancura del entorno ciega por un instante mis agotados ojos. Parpadeo un momento y puedo apreciar el cuerpo de mi esposa, tumbada en el lecho, observándome. No lleva la mascarilla de oxigeno que la ha acompañado durante las últimas semanas y su sonrisa es hermosa. Siento un nudo oprimir mi garganta, pero debo desecharlo.
- Hola … - susurra, y yo intento sonreír, acercándome al lecho. Su rostro, pálido y más marcado que antes, ya que ha adelgazado un poco, transmite serenidad y esperanza … y yo quiero gritar de rabia ante Dios por permitirme haber encontrado una mujer como ella y ahora, obligarme a perderla.
Acaricio suavemente con los dedos su mejilla, mientras paso lentamente la otra mano a lo largo de la gran curva de su abdomen. Ella suspira.
- ¿Cómo te encuentras, amor mío?
- Estamos bien … - hace un ligero gesto de dolor al intentar moverse y yo la ayudo a incorporarse un poco en el lecho. Entonces de pronto ella me abraza por el cuello y nuestros rostros quedan muy cerca, observándose. – Te amo, William …
- Patty … - siento que las lágrimas ya ruedan sin control por mis mejillas y mi esposa las besa.
- Sssshhh, amor mío, todo irá bien … - intento decir algo, pero ella me pone un dedo en los labios y me mira suplicante – escucha, cariño, escúchame por favor … es importante, y debo decirlo sin romperme … debes ayudarme … - observo sus preciosos ojos esmeralda y algo en sus ojos me infunde coraje, fuerza para besar su mejilla y asentir, echándome ligeramente hacia atrás.
- Está bien …
- William … has de prometerme que pase lo que pase …
- Patty … - susurro, pero ella me hace un gesto.
- Pase lo que pase, si no sobrevivo … si no sobrevivo, William, y lo hacen nuestros hijos, o alguno de ellos … - giro la cabeza, pero ella me obliga a mirarla de nuevo – debes prometerme que estarás allí para él … ¡William!
- Patty, por favor … - me paso la mano por los ojos enrojecidos, pero ella se mantiene firme.
- Debes prometérmelo, William …
- Está bien, te lo prometo …
Ya está, está sucediendo en este mismo instante. Las horas agonizan eternas ante mis ojos, y yo sigo inmóvil, sentado en esta sala blanca, impoluta … sin fuerzas ya, sin esperanza …
Oigo que la puerta se abre con un suave murmullo, pero no giro la cabeza. ¿Qué importa ya? No quiero que me digan que mi familia ha muerto …
- ¿Señor William? - Giró la cabeza con un sobresalto.
- ¡George!
Sí, aquí está. Alguien familiar, alguien fuerte y sereno … y sin pensarlo dos veces me levanto y abrazo a George con fuerza, sintiendo su incertidumbre inicial y al final, cómo corresponde a mi apretón. Nos quedamos así, no sé durante cuanto tiempo … siento ganas de echarme a llorar como un niño … pero no, no debo.
- William … - George me aparta ligeramente y me mira a los ojos, agarrándome con firmeza por los hombros. - ¿Cómo está la señora Patricia? ¿Qué ha sucedido?
- Aún está en quirófano …
- ¿Está aquí solo?
- Sí … - me aparto y vuelvo a mi lugar junto a la ventana – les he pedido a todos que se marcharan. - George frunce el ceño y se acerca lentamente. Intento sobreponerme y sonrío sin emoción. – Bien, cuéntame todo, por favor. Me distraerá. ¿Cómo van las cosas por Chicago?
George suspira y comienza a hablar pausadamente, mientras yo intento centrarme en su voz.
Siento que George lleva horas hablando, aunque quizá hayan sido apenas unos minutos, cuando la puerta se abre de pronto dando paso a Patrick y otros dos doctores del equipo. Sus rostros son graves. Dios, no puedo respirar … un dolor agudo me oprime los pulmones cuando intento ponerme en pie y mis rodillas fallan. Pero George está a mi lado para sujetarme firmemente por el codo.
- William … - los doctores llegan hasta mí, estrechándome la mano – ya hemos terminado.
- ¿Cómo …? – Los miro casi suplicante, no me salen las palabras …
- Patricia ha sobrevivido … - cierro los ojos un segundo, aspirando profundamente – al menos de momento. Está grave, pero estable. La cesárea ha ido muy bien. – Patrick se permite un fugaz destello de sonrisa. – Enhorabuena, tienes dos hijos … pequeñitos, pero que están luchando con uñas y dientes en la sala de neonatos por sobrevivir …
- Dios mío … - noto lágrimas calientes recorrer mis mejillas, a George palmearme el brazo … - ¿están … están bien?
- Tienen todo lo que han de tener … pero al ser tan prematuros, sus pulmones no están desarrollados del todo. Les estamos ayudando con eso … y con otros detalles. Pronto podrás verlos. – Contesta el Dr. Larson.
- William. – Patrick se acerca a mí, poniéndome una mano en el hombro. – Sabes que lo peor no ha pasado. Las siguientes horas son cruciales, tanto para Patricia como para los gemelos. Haremos lo que podamos. – Yo asiento, secándome las mejillas con manos temblorosas. – Si he de serte sincero, no esperaba que Patricia sobreviviera a la operación … ni siquiera los bebés. – Sonríe y me aprieta el hombro. – Eso es buena señal.
- ¿Puedo ver a Patty?
- En unas horas. Ahora está en cuidados intensivos. Pero espero que pronto puedas hacerlo. – Los doctores vuelven a estrecharme la mano. – Te mantendremos informado en todo momento, ¿de acuerdo?
- Claro.
- Ah, y William … - Patrick vuelve hasta mí, serio el rostro – hubo complicaciones en la operación … Patty ya no podrá tener más hijos.
-Annie-
Estoy agotada. Ya no puedo más. Necesito echarme un rato. Ya estoy de unas catorce semanas … pero las náuseas continúan atosigándome sin parar durante todo el día. Además, ver el rostro pasmado de Candy y posteriormente su velada censura durante toda la cena … ha sido insoportable. No he podido mirarla a los ojos, no puedo hacerlo … sé que si lo hago, estallaré en llanto. Y no debo hacerlo. He de ceñirme al plan.
Me acarició suavemente el abultado abdomen. Debo ceñirme al plan … por ti, pequeño. He mentido a Candy una y otra vez, con esa estúpida sonrisa en mi cara … Dios mío …
Me tapo la boca con la mano, ahogando un sollozo, y suspiro profundamente.
Pero de pronto, suelto un grito al ver a mi rubia amiga entrar a la habitación como una endemoniada y plantarse ante mi con los brazos en jarras, despidiendo fuego verde por sus ojos.
- ¡Aaahhh, Candy! ¿Quieres matarme de un susto?
- Ya basta de tonterías, Annie. – Se acerca a mí y se sienta a mi lado en el lecho. – No puedes evitarme indefinidamente. Y ahora mismo vas a contarme todo lo que ha sucedido.
- ¿A qué te refieres? – Ella abre los ojos como platos haciendo un significativo gesto hacia mi abdomen.
- ¿Que a qué me refiero? ¡A esto! ¿Cuándo pensabas contármelo? ¿Cómo ha sucedido?
- Ya te lo he explicado, Candy …
- ¿Esa pantomima que os habéis inventado Archie y tú? ¿Crees que me la he tragado?
- ¿Qué dices? – Mi corazón comienza a palpitar a mil por hora.
- Vamos, Annie, te conozco desde siempre … sé cuándo mientes …
- Yo no miento, Candy … - intento hacerme la ofendida girando el rostro, pero mi amiga me obliga a mirarla.
- ¿Es cierto que estuviste con Archie el día que llegaste? ¿Es cierto que ese bebé es de Archie? – Dios, voy a echarme a llorar de un momento a otro … Candy me aprieta la mano y su rostro se dulcifica. - ¿O es de Matt? – Parpadeo como una estúpida, notando las lágrimas rodar por las mejillas.
- Pero … ¿pero qué dices? – Susurro, y Candy sonríe con ternura.
- Mi querida hermana … estamos aquí solas, tú y yo … - me tapo la boca con mano temblorosa y cierro los ojos – oh, Annie … - Candy me abraza y yo me dejo llevar por un momento, llorando amargamente en sus brazos. – Deduzco que he acertado, ¿verdad? – Me aparta con delicadeza y coge un pañuelo del tocador, secándome las mejillas con dulzura. – Querida, pero ¿qué estáis haciendo?
- No comprendes …
- Sí, es cierto, no comprendo. Explícamelo. – Mi amiga me observa, intrigada, y sé que confundida por la situación. - ¿Estuviste con Archie? ¿Sabe él que ese bebé no es suyo?
- No estuve con Archie. – Aparto la mirada, ruborizándome. – Hace tiempo que no estoy con Archie …
- ¿Qué? Pero Annie, entonces …
- Es lo mejor, ¿no comprendes? Yo propicié esta situación …
- ¿Qué estas diciendo? ¡Eso es absurdo!
- ¿Absurdo? ¡Estoy embarazada de un hombre que no es mi marido!
- ¿Y por eso habéis montado todo esto? ¿Estáis locos? ¿Cómo es posible …?
- ¡Sigues sin comprender nada! – Me levanto encolerizada, dirigiéndome al ventanal.
- ¡Pues explícamelo, maldita sea! – Candy también se levanta, enfrentándome. – Porque siento que no os conozco. En vez de enfrentaros a la situación, vais a esconderlo todo bajo una fachada de ..
- ¿De qué? ¿Y qué demonios quieres que hagamos?
- ¡Ya te lo dije! No puedo creer que tanto Archie como tú hayáis decidido esto. Debe haber otra solución, debe …
- ¡No hay ninguna solución! – Me echo a llorar amargamente, y en un momento, Candy está a mi lado.
- Ssshhh, Annie, tranquila, tranquila querida …
Necesito unos minutos para reponerme, hasta que me siento con fuerzas para retomar la conversación, y volvemos a sentarnos en el lecho, con las manos entrelazadas.
- Annie, déjame hablar con Archie … encontraremos una …
- ¡No! – La miro con pánico. - ¡No debes decirle nunca que te lo he contado! ¡Candy!
- Pero …
- ¡Por favor, Candy! ¡Jamás, prométemelo!
- Annie, no puedes hacer esto …
- Sí, claro que puedo … - la miró a los ojos – sé que no lo entiendes … sé que ahora no puedes ver lo que ha hecho Archie … - me seco las mejillas – y no le juzgues … porque aquí la única culpable soy yo. – Alzo una mano para que no me interrumpa. – Déjame terminar, por favor. – Respiro profundamente. – Matt murió … y yo, una esposa adúltera embarazada … le di a Archie la opción de abandonarme, de veras que sí … sé a lo que ha renunciado …
- Todo esto es por evitar un escándalo …
- Sí, lo es … pero es más, Candy … tal vez, tal vez antes de lo del embarazo … pero entonces, todo se complicó, todo se hundió. – Mi amiga me mira estupefacta. Sé que está haciendo esfuerzos por no hablar. – Y Archie me ha dado una salida …
- ¿Una salida? ¿Qué salida?
- Un futuro para mi hijo. ¿Es que no lo ves? ¿Qué hubiera hecho yo? ¿Huir de Chicago? Marcharme a Casa de Pony a dar a luz a mi hijo … ¿cómo habríamos salido adelante?
- Oh, lo hubieras hecho …
- No, Candy. Sé que Archie ha querido evitar el escándalo … pero, ¿no ves lo tremendamente generoso que ha sido al darme una salida?
- ¿Generoso? ¿Estás loca?
- Va a aceptar a un niño que no es suyo. – Meneo la cabeza. – Dios, yo al principio no lo comprendía, igual que tú … le odié tanto … pero entonces me di cuenta. ¿No ves que le va a dar a mi hijo un apellido, un futuro que yo jamás podría darle si me marchara? Este niño … - se me quiebra la voz un instante y carraspeo – el hijo de Matt, tendrá un futuro en esta ciudad …
- Pero …
- Será un Cornwell.
- Pero, te estás condenando … os estáis condenando a … Annie, debes marcharte. – Candy me coge por los hombros. – Esto no está bien, esto … - la aparto de un manotazo.
- ¡Basta, Candy! ¡No le haré más daño a Archie! – Mi amiga se echa hacia atrás, ofuscada. – Llevo toda la vida haciéndole daño …
- ¿Qué estás diciendo?
- Le perseguí, Candy, es cierto … soy tal y como siempre han creído todos. Una egoísta, una débil y estúpida …
- Annie …
- Desde el mismo instante en que le ví, cuando tenía trece años, quise tenerle. – Suspiro y me pongo en pie, dándole la espalda. Estoy a punto de confesar mis demonios, y no puedo ver el espantado y dolido rostro de mi amiga. – Aún recuerdo aquella tarde … mis padres me llevaron a Lakewood, a visitar a la tía Elroy, y me obligaron a tocar el piano. Yo aún no lo controlaba demasiado y estaba muy nerviosa. Sabía lo importante que era la tía Elroy para mis padres, y quería dejarles en buen lugar. Pero me equivocaba continuamente … y entonces apareció por la puerta. Sonriente, seguro de sí mismo … tan atractivo, con aquella resplandeciente camisa blanca … me quedé prendada. Jamás había visto a un chico como él … - me doy la vuelta y nuestros ojos se encuentran – y lo quise para mí. – Sonrío con amargura. – Más cuando descubrí que él te amaba …
- Pero, ¿qué dices, Annie? – Veo cómo Candy se ruboriza, incómoda.
- La verdad … y lo sabes. No te estoy culpando, Candy, de veras, te quiero. Hubo un tiempo en que me sentí terriblemente celosa y rabiosa … pero aquello pasó … y sabes que te quiero mucho. – Sonrío con tristeza. – Archie te amaba … igual que Anthony y Stear …
- Annie, por favor …
- Y yo no lo soportaba. Lo perseguí sin descanso … utilicé todos los medios a mi alcance para conseguirlo … hasta que lo logré. Hice que me amara, que se casara conmigo … y después no pude … - siento que mi rostro arde de vergüenza – no puede satisfacerle …
- Pero no por ello has de juzgarte de esa manera …
- ¡Claro que sí, Candy! Archie siempre se ha portado conmigo como se espera de un esposo devoto … ¿y qué he hecho yo? Y ahora va a darle un nombre a mi hijo … ¿Y tú me estás diciendo que lo abandone? ¡No lo haré!
Entonces percibo que los ojos verde azulados de Candy se inundan de lágrimas no derramadas y se acerca lentamente a mí.
- Está bien … - susurra.
- ¿Respetarás mi decisión? Archie jamás debe saber que te lo he contado … - Candy suspira y un par de lágrimas se deslizan por las comisuras de sus ojos, que me observan con insondable tristeza.
- Lo haré …
No puedo dormir. Una vez se ha marchado Candy, me he pasado horas llorando en el lecho. Estoy agotada. Y debo cuidarme, maldita sea. Annie, no seas estúpida. Lo más importante es el bebé. No soportaría perderlo … ya no lo soportaría.
Me levanto lentamente de la cama y mi estómago protesta de nuevo. Corro hacia el baño. Me siento débil y temblorosa, agarrada al retrete, e inspiro profundamente para reponerme, antes de volver a ponerme en pie. El rostro que me devuelve el reflejo del espejo se muestra pálido y demacrado. Suspiro de frustración.
Devuelvo todo lo que como, me siento débil y mareada casi todo el tiempo … no tengo fuerzas. Estoy preocupada. También me sentía así en mi primer embarazo … y sucedió lo inimaginable.
Mi corazón comienza a palpitar con fuerza. Mañana pediré que venga el Dr. Mills a una revisión. Debo tranquilizarme … por el bien de mi hijo.
-William-
Nunca había estado tan nervioso, emocionado … no sé expresar con palabras cómo me siento cuando atravieso las puertas de la sala de neonatos para conocer, por fin, a mis hijos.
Una enfermera con el rostro parcialmente cubierto por una mascarilla y ojos risueños se acerca a mí con una bata, un gorro y una mascarilla.
- Póngaselos, Sr. Andrew.
Yo obedezco con presteza, y siento que mis manos tiemblan. Tranquilízate William, vamos.
Ya hace tres días del nacimiento, prefiero llamarlo así, en vez de operación, y las esperanzas florecen. No puedo creerlo. He podido estar un rato con mi esposa, a pesar de estar sedada, ya que en las primeras horas creí que la perdería. Le subió la temperatura alarmantemente y todos temimos lo peor. Pero afortunadamente, Patty luchó con ansia por recuperarse, y ahora está estable. Pero la mantienen parcialmente sedada por los dolores, aunque Patrick ya me ha comunicado que mañana le irán restando medicación paulatinamente.
Atravieso otra puerta tras la enfermera, y un plantel de sanitarios aparece ante mí, todos provistos de guantes, batas y mascarillas, yendo de un lado para otro con instrumental médico. Llegamos ante otras puertas situadas en una de las esquinas de la amplia estancia, dividida por cortinas, formando pequeños compartimentos, donde reina un silencio sepulcral apenas roto por el ruido de las máquinas y los suaves murmullos de los profesionales. La enfermera las traspasa y yo la sigo al interior, donde en un pequeño mostrador otra enfermera me da la bienvenida.
- Buenos días, Sr. Andrew. – Me hace un gesto para que la siga. - ¿Preparado?
- Por supuesto. – Noto que ella sonríe tras la mascarilla mientras me conduce hacia una de las cortinas.
- No se asuste cuando los vea. Le garantizo que su recuperación está siendo plenamente satisfactoria. Sé que impresiona en un principio ver a unas personitas tan diminutas conectadas a unas mascarillas de oxigeno. Pero les ayuda a respirar, ayuda al desarrollo de sus pulmones. Aún no pueden respirar por sí mismos. – No son noticias fáciles de digerir, pero intento serenarme y pensar con coherencia.
- Pero, ¿se recuperarán? Es decir …
- Creemos que sí. Aunque, como supongo que ya le habrán comunicado los doctores, necesitarán un tiempo … toleran muy bien el suero intravenoso … y en un par de días, procederemos a probar con líquidos … será preferible la leche materna, y en cuanto la Sra. Andrew se vea libre de los sedantes en su organismo, procederá a sacarse leche para alimentarlos.
Entonces llegamos a una especie de urna de cristal, conectada a varios aparatos, lámparas de calor y oxígeno … y percibo el par de cuerpecitos más pequeño que he visto en mi vida. Ambos están juntos, sin moverse, con pequeños pañales de tela cubriendo sus cuerpos desnudos, sujetos sus diminutos rostros por sendas mascarillas conectadas a la maquina que proporciona oxígeno a sus pulmones.
El impacto es devastador. Siento que la enfermera me aprieta el brazo susurrando.
- ¿Ve esa ranura en el cristal? Puede introducir su mano y tocarlos … con mucho cuidado. Eso ayuda. Le dejaré solo unos minutos.
Ni siquiera puedo agradecérselo. El nudo en la garganta me impide proferir ningún sonido. Veo como una de las manitas de mi hijo, apenas mayor que uno de mis dedos, se agita en el aire muy lentamente. Y entonces, mi corazón se abre como el cielo y explota de un amor tan incondicional y devastador que incluso me falta el aliento, mientras mi visión se nubla completamente por las lágrimas. Voy a comenzar a sollozar como un niño … Dios mío … jamás había sentido algo así …
Sus pequeños rostros apenas se distinguen tras las mascarillas adaptadas a su tamaño. Percibo que mantienen el contacto, tumbados juntos, su manitas tocándose, buscando proximidad, calor … mi hijo, mi hija … noto que una pequeña pelusa rubia corona sus cabecitas y sonrío entre lágrimas, metiendo la mano por la ranura y acariciando una de sus manitas …
- Oh, Patty, gracias … - apenas acierto a susurrar.
-Candy-
Termino de vestirme, ayudada por Amy, una de las doncellas, y aprovecho para hacer unos pocos ejercicios de los recomendados por Sam para fortalecer mi brazo. Ya de hecho me ha aconsejado que vaya moviéndolo cada vez más, pero sin forzarlo demasiado, y lo cierto es que suelo terminar el día con muchos dolores todavía. Pero no me quejo. Se está recuperando mucho mejor de lo esperado.
En unos días nos sorprenderá la Nochebuena, momentos de estar en familia, rodeados de amor, de cariño … parpadeo y me masajeo el brazo, acercándome al ventanal. Recuerdo las navidades anteriores … ni siquiera habías vuelto a entrar en mi vida, Terry … te añoré en la distancia … al igual que ahora, pero ahora soy tu esposa … aunque a veces creo que todo esto ha sido un sueño, una jugarreta del destino … ¿lo ha sido? Fui tan feliz durante un tiempo … tenía al amor de mi vida … y después lo perdí todo, mi bebé …
Suspiro y meneo la cabeza. Es inútil compadecerme. No va conmigo. He de mirar hacia delante, hacia el futuro.
Ya llevo una semana en casa Cornwell, y a pesar de las circunstancias, Archie y Annie me han tratado con cariño y amor, dándome ánimos y fuerzas. Estoy tan agradecida … y tan triste por su situación … Dios mío, no sé qué hacer para ayudarles …
Amy se despide y me deja sola en la estancia.
- ¿Candy? – Me giro sorprendida y sobresaltada.
- ¿Archie?
- Lamento haberte asustado …
- No … no te preocupes … - me llevo una mano a mi agitado corazón y respiro profundamente. - ¿Todo va bien?
- ¿Eh? Sí, sí, no te preocupes. – Archie sonríe, pero sus ojos lucen apagados. – He pensado, que ya que no tengo que ir hoy a la ciudad, podríamos dar un paseo por el jardín, ¿qué te parece? No hemos estado juntos desde que llegaste …
- Me encantaría, Archie. – Y lo digo de corazón.
Mi primo me ayuda a ponerme el abrigo, sombrero y guantes, ya que hace mucho frío, y bajamos a la planta inferior, donde Jackson ayuda a Archie a hacer lo mismo.
Pronto nos encaminamos tomados del brazo por los senderos del extenso jardín. Mi querido primo …sé que sufre, siento su dolor tan profundo … yo, que siempre desee lo mejor para él, para Stear … para todos nosotros. Aprieto su brazo.
- Archie …
- ¿Has sabido algo de Terry? – Frunzo el ceño y suspiro.
- Hace un par de días recibí carta de Eleanor … me ha dicho que Terry ha comenzado la terapia en la clínica Berenson y que todo va muy bien de momento. Parece que se ha adaptado sorprendentemente bien a la vida cotidiana y a Nueva York …
- Vaya … me alegro. – Archie me mira con empatía. - ¿Y qué vas a hacer?
- ¿Qué voy a hacer? En cuanto me recupere, me iré a Nueva York …
- ¿Estás segura? – Nos detenemos y yo lo miro con el ceño fruncido.
- Mi sitio está junto a mi esposo, Archie … - él alza las manos, como disculpándose.
- Lo sé, lo sé … y no quiero incomodarte, de veras, solo te digo esto porque te quiero, lo sabes …
- ¿Insinúas que no debería ir a Nueva York?
- No, solo digo que quiero que seas feliz, Candy, y no sé si en estas circunstancias …
- Espera, Archie. – Me alejo un poco de él. – Sé que te preocupas por mí, y que me quieres. Pero mi sitio está junto a mi esposo, es así de sencillo …
- No creo que sea tan sencillo …
- Oh, ¿de veras? – Estoy empezando a enfurecerme. - ¿Y qué me dices de ti?
- ¿Qué?
- Vamos, Archie, puestos a ser sinceros … ¿qué está sucediendo entre Annie y tú? – Veo cómo el rostro de mi primo se oscurece y sus ojos se vuelven insondables.
- Pues es bastante obvio, ¿no te parece? Esperamos un hijo … - siento un nudo en la garganta.
- Lo sé … pero me refiero a cómo habéis llegado a esta situación.
- ¿A esta situación? – Archie ríe con amargura. – Se diría que no te alegras por nosotros …
- Oh, Archie, basta … soy yo, déjate de pantomimas. Sé perfectamente que Annie y tú no pasáis por la mejor etapa en vuestra relación …
- ¿Qué te ha contado Annie? – Abro los ojos e intento por todos los medios no ruborizarme.
- Estabas tú presente …
- ¿Y no te ha contado nada más?
- ¿Por qué? ¿Debería hacerlo?
Archie niega con la cabeza y se adelanta unos pasos. Yo le sigo, con el corazón hecho pedazos. Oh, Archie … llego hasta él y le cojo la mano, entrelazando nuestros dedos. Mi primo parpadea e intenta sonreír.
- Si de veras amas a tu esposo … adelante. No volveré a poner objeciones. Lucha por ello … - se le quiebra la voz ligeramente y gira el rostro hacia los árboles. Yo siento que el nudo de mi garganta se hace más fuerte. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Ojalá encontrara una solución, ojalá hubiera una salida …
- ¿Y tú, Archie? – Susurro. - ¿Por qué has dejado de luchar? – Mi corazón se parte al percibir que sendas lágrimas ruedan por las mejillas de Archie y este se apresura a secarlas con sus manos enguatadas, sonriendo a continuación.
- Hace mucho frío, querida. ¿Por qué no volvemos a la mansión y nos juntamos con Annie para tomar algo caliente?
Estoy psicológicamente agotada, no voy a negarlo. Sufro terriblemente al ver en qué situación se han obstinado en vivir estas dos personas, que amo de corazón, unidas por un vínculo por de pronto casi inexistente … inexistente … mis ojos vagan sin rumbo por las esquinas del oscuro jardín y suspiro, de pronto sintiendo congoja en el corazón.
Tal vez … tal vez debería marchar a Nueva York cuanto antes … ¿deseará el verme? ¿me echará de menos? En definitiva, ¿qué tenemos ahora en común?
Y entonces, meneo la cabeza y sonrío melancólica. De hecho, nunca hemos tenido mucho en común ese aristócrata insufrible y yo. Y esa ha sido también una de las claves de nuestra relación …
Los recuerdos se agolpan súbitamente ante mis ojos … sus gestos, sus frases … las sensaciones que poseen mi cuerpo cuando lo tengo cerca … jamás he sentido con nadie lo que siento estando en su presencia …
Recuerdo de memoria la carta de Eleanor y entonces se enfría ligeramente el calor de mi corazón. La duda guía mis actos últimamente, maldita sea …
Nueva York, 13 de diciembre de 1921
Querida mía:
¿Cómo estás? Espero que cada día más fuerte, recuperándote, rodeada de amor y cariño. Nosotros también estamos deseando poder estrecharte pronto en nuestros brazos, pero ante todo, queremos que te fortalezcas, y te tomes el tiempo necesario para ello.
No me malinterpretes, querida, por favor, ojalá estuvieras aquí. Pero sé por todo lo que has pasado últimamente. No me refiero solo al dolor físico … lo sabes. Puedo entender perfectamente que necesites tu propio espacio personal para poder respirar y relajarte.
Por de pronto, he de decirte que Terrence se ha adaptado perfectamente a Nueva York … o Nueva York se ha adaptado perfectamente a él. Bien es cierto que es su ciudad, siempre lo ha sido. Fue llegar y su rostro resplandeció como el sol, sin que tuviéramos que decirle nada. Pero también he de decirte, aunque me había prometido no hacerlo, que estuvo todo el viaje sin despegar los labios, osco y taciturno, mirando por la ventanilla … y creo saber el motivo. Nos ha dejado perfectamente claro que no comparte nuestra decisión de haber venido a Nueva York sin ti.
La clínica Berenson es fantástica. Terrence ha encajado como pez en el agua … jamás lo hubiera creído. Hasta el punto de que tiene la posibilidad de hospedarse allí, si ese es su deseo, y ha decidido hacerlo. Él, que decía que no quería volver a pisar un hospital. Pero es que la clínica ciertamente es una mansión con todo tipo de comodidades, y un plantel de profesionales perfectamente preparados.
Los pacientes, aunque no los llaman así, tienen libertad para tomar sus propias decisiones y exponer sus criterios. De hecho, más de una vez por semana, cuando mis compromisos profesionales me lo permiten, puedo ir a pasear con Terrence por la ciudad, e incluso ha venido a comer a mi casa. Intentamos llevar el hecho de que Terrece esté recibiendo tratamiento en la clínica con la mayor discreción posible, dada su notoriedad. Hace unos días saltó la noticia a la prensa, y Terrence se asustó muchísimo cuando una horda de paparazzis lo abordó a la salida de la clínica … hemos tenido que trabajar mucho con ese tema. Richard ha alquilado una casa solariega a las afueras de la ciudad, más discreta, y tuvimos que llevarlo allí.
Por cierto, querida, ya me he comunicado con Nathan Scott, tal y como acordamos. Se quedó desolado por la situación de Terrence. Me ha dicho que no hay problema en que se tome un año de excedencia de la compañía para recuperarse del todo.
Escríbeme pronto y cuéntame todo lo que estás haciendo. Sé que pronto llegan las Navidades … y es una etapa complicada. Tengo muchos compromisos en esas fechas … no sé como vamos a poder hacer para que Terrence no vuelva a sufrir otro episodio como el de hace unos días. Richard ha sugerido llevárselo a algún pueblo cercano a Nueva York … pero bueno, querida, estoy divagando, no sé muy bien que vamos a hacer …
Tú no debes preocuparte. Mi prioridad es su bienestar, como ya te dije. Y no te preocupes por nada … sólo por recuperarte. No te sientas mal por no poder estar aquí … todos somos plenamente conscientes del porqué, incluso Terrence.
Te quiero, mi niña, espero saber pronto de ti. Cuídate mucho.
Un beso muy fuerte,
Eleanor Baker
¿Cómo interpretar dicha carta? ¿Debo correr a Nueva york o de hecho es mejor que espere un poco más? ¿Y cómo es posible que siquiera me lo esté planteando?
Oh, Albert, te echo de menos … Yo aquí, egoístamente pensando en mis problemas, cuando tú te enfrentas a lo inimaginable … estoy por coger un tren y marchar a Washington para estar junto a ti en estas horas negras …
De pronto, la puerta de la habitación se abre y Annie aparece, pálida, forzando una sonrisa.
- ¡Annie! ¿Qué sucede?
- Nada, nada … Archie me ha pedido que venga a buscarte, quiere que nos reunamos con él en su despacho …
- ¿Ha pasado algo?
Ella se encoge de hombros, algo preocupada, aunque intente disimularlo, y yo me pongo en pie rápidamente y la sigo escaleras abajo sin dudar, con el corazón en un puño. Apenas nos miramos mientras enfilamos el pasillo y nos detenemos ante la puerta del despacho de Archie. Annie toca suavemente la puerta y la voz de mi primo nos invita a pasar.
En cuanto le veo, intento escudriñar su rostro, pero este es una máscara impenetrable, mientras sujeta el teléfono, con los ojos avellana brillantes.
- Os esperaba … - Me hace un gesto para que me acerque a él. Sigo observando su rostro con fijeza y creo que está intentando ocultar una sonrisa, ¿o son imaginaciones mías? Me pasa el teléfono. – Quieren hablar contigo …
- ¿Qué? – Cojo el teléfono con absoluta sorpresa y me lo pongo al oído. Inmediatamente escucho los ruidos tradicionales de interferencias y frunzo el ceño, esforzándome en detectar alguna voz.
- ¿Candy? - ¿Han dicho mi nombre? De pronto, escucho la voz de la operadora.
- Intento de nuevo la comunicación. Voy a intentar reducir al máximo las interferencias, pero es una llamada de larga distancia …
- ¿Candy?
- Sí, soy yo … - mi corazón palpita a mil por hora … ¿es cierto? ¿Es Albert? - ¡Albert! ¿Eres tú?
- ¡Querida! ¡Por fin escucho tu voz! ¿Cómo estás? – Siento las lágrimas correr por mis mejillas.
- ¿Y tú? ¿Y Patty?
- ¡Todo ha ido muy bien, Candy! ¡Hace una semana que somos padres!
- ¿Qué? ¡Dios mío …! – Yo me río y lloro, con Annie pegada a mí, intentando escuchar también la voz de Albert a través del auricular. - ¿Están bien? ¿Y Patty?
- ¡Se está … rec … muy bi …! … los niños …
- ¡Albert! ¡Albert! ¿Me escuchas?
- ¡Ya ha pasado … son …!
- ¡Albert!
- Lo siento, - la voz de la operadora – se ha perdido la conexión. Inténtenlo más tarde.
Las manos me tiemblan como hojas cuando Archie me quita el auricular del teléfono de las manos.
- Apenas he podido hablar con él …
- Había muchas interferencias …
- ¿Te ha dicho algo más?
- Que todo ha salido bien, - Archie sonríe con alegría, con una alegría que no le había visto desde que he llegado a la mansión – Patty y los bebés viven … luego volveremos a intentarlo.
Annie y yo nos abrazamos con fuerza, llorando, pero esta vez de pura alegría. Patty está viva, sus hijos están vivos … por fin, las sombras dan paso a la luz …
