En cuanto abrió los ojos, supo instintivamente que se encontraba solo en la cama. Parpadeó y estiró su cuerpo, alzando un poco la cabeza y observando la estancia. Las cortinas estaban corridas, pero ya había amanecido, y los rescoldos de la chimenea alumbraban parcialmente el lugar. Candy había debido remover las brasas antes de marcharse.

¿Cuándo se había marchado? Apenas se había dado cuenta. Cayó rendido después de la última vez que hicieron el amor … el sexo era apabullante, sobrecogedor … incluso en ese instante sentía cómo su cuerpo reaccionaba ante el mero recuerdo de su cuerpo desnudo. Ni en sus mejores sueños hubiera imaginado sentir aquello …

Suspiró profundamente y se levantó de la cama. Debía despejarse y ponerse en marcha. Apartó un poco la cortina del ventanal y el paisaje que se le ofreció era a la vez hermoso e intimidante. La tormenta de nieve de la noche anterior había terminado por enterrar el orfanato en un profundo manto de nieve el cual tardaría en remitir, tanto que había aislado, al menos por unos días, a los habitantes del mismo del mundo exterior.

Terry jamás pensó que celebraría una Nochebuena de cuento de hadas, rodeado de nieve por todos lados … y con una diosa entre sus brazos.

¡Maldita sea! Ese dolor de cabeza de nuevo … aspiró en cortas bocanadas el aire, tal y como le había enseñado el Dr. Carter que debía hacer en esos casos … y comenzó a masajearse las sienes. Cada vez eran más frecuentes … sabía que debía volver … debía volver y estar en observación, pero … joder, no quería perder aquello, no quería perder lo que había encontrado con Candy, lo que tenía con Candy … no, no quería …

No quería volver a aquellas habitaciones blancas, las pruebas, las batas blancas … los malditos dolores … la soledad, la incertidumbre … ¿qué vida era aquella? Apenas recordaba … apenas había tenido algún recuerdo más, alguna visión más … los doctores decían que debía darse tiempo, que la recuperación era larga y dura … y ahora … ahora que había probado sus labios, su piel, su cuerpo … Dios, no quería olvidar aquello nunca más …

Observó el camino intentando concentrarse en algo que no fuera el dolor … y entonces vio una solitaria figura dirigirse entre la nieve hacia el edificio principal. No podía distinguir de quién se trataba entre la niebla …

De pronto, sintió un conocido líquido llenar sus fosas nasales… ¡maldita sea! Sangre …


¡Qué frío! Realmente la tormenta había sido fuerte. Seguramente nadie podría transitar por los caminos … definitivamente, estaban aislados. Menos mal que disponían de víveres suficientes y de todo lo que pudieran precisar para pasar una agradable Nochebuena. Iba a ser muy divertido ver la ilusión de los pequeños ante los regalos, y hacer de Papá Noel por las habitaciones … Archie había pedido a las hermanas y profesoras que les dejara ayudarlas, y habían accedido. Sería un aliciente para poder olvidar por unos instantes todo lo que le rondaba por la cabeza.

Se paró unos instantes entre la nieve. El silencio era escalofriante … y a la vez tranquilizador, sanaba el espíritu. Allí, solo, sin nadie alrededor, en medio de la inmensidad blanca … solo la naturaleza y el hombre …observó fijamente el vaho de su respiración surcar el aire frío …

Inconscientemente, sus recuerdos remontaron el tiempo. Cuantas navidades felices … y tristes también … recordó el rostro de su querido hermano, su risa, su alegría … a su primo riéndose a carcajadas con sus luminosos ojos azules … y cuando Candy entró en sus vidas … y después Annie … incluso los Legan …

Y ahora todo había cambiado, tantas cosas habían cambiado … al menos, se alegraba por su prima. Bastante había sufrido ya. Parecía que por fin había encontrado su camino junto a Terry, a pesar de todos los problemas … y no podía evitar sentir incluso cierta envidia. Habían logrado superar tantas pruebas … y él … ellos …se le estaba haciendo tan duro estar allí … verla … ver cómo crecía esa vida en su interior … mierda, si apenas hacía unos meses había llevado a su propio hijo en su seno … ¿cómo había podido?

Parpadeó y tragó con fuerza. Debía acostumbrarse, debía serenarse … Dios, ¿había hecho lo correcto? ¿Podría amar a ese niño? ¿Podría convivir con Annie después de todo lo que había sucedido? Sabía que toda aquella situación lo estaba destruyendo lentamente … ¡Basta, Archie, concéntrate!

Cuadró los hombros y echó a andar lentamente de nuevo hacia el edificio principal. Solo un par de días más … y volvería a Chicago, a su mundo, a su lugar … podría centrarse en su trabajo y no pensar en nada ni en nadie … era mejor así …


La caldeada y alegre cocina de Casa de Pony bullía de actividad a pesar de apenas haber despuntado el día. Y es que era un gran día, repleto de ilusiones. A Candy le encantaba estar allí, era el mejor lugar del mundo, la cura perfecta para la tristeza. Aunque no podría decirse que se encontrara triste en esos momentos precisamente … se sentía tan plena, amada, feliz … casi había perdido la esperanza, no lo hubiera creído posible si se lo hubieran dicho hacía apenas un par de días… pero Terry y ella siempre encontraban el camino correcto a sus almas, a pesar de todo ... les unía un hilo invisible, algo tangible, que solo apreciaban ellos … con recuerdos, sin ellos …

Se encogió de hombros. No iba a negar que estaba asustada, algo cohibida ante lo desconocido, ante esos nuevos sentimientos que afloraban a borbotones por todos los poros de su piel, pero … Dios mío, ¿cómo negar lo que sentía? Era simplemente imposible … Terry seguía siendo, y siempre sería, el hombre que amaba … en todas sus versiones, con todas sus variantes … él era Terry Grandchester, y estaba hecho para ella.

- ¿Candy?

Levantó la cabeza, sorprendida, y entonces sonrió a su primo. Archie acababa de llegar del frío exterior, y se acercaba a la gran chimenea con una sonrisa, mientras se despojaba de sus ropas de abrigo.

- Buenos días, Archie, has madrugado.

- Igual que tú. – Le guiñó un ojo y se sentó a su lado, cogiendo la gran jarra de chocolate caliente de la mesa y sirviéndose una taza.

- Yo siempre madrugo. – Él soltó una carcajada y dio un pequeño sorbo al líquido caliente.

- Mmmmhhh, qué razón tenías … - la joven arqueó una ceja – es el mejor del mundo.

- Pues claro.

Se quedaron en silencio unos minutos, disfrutando del calor del fuego y de la bebida.

Las risas y las conversaciones se sucedían alrededor. Archie parecía relajado, tranquilo … aunque Candy instintivamente sabía que sufría, sufría muchísimo, y eso le rompía el corazón.

- ¿Dónde está tu marido?

- A Terry le cuesta despegarse de las sábanas …

- Oh, pues me ha parecido verlo en el ventanal de vuestra habitación mientras venía hacia aquí … - Súbitamente la joven rubia alargó una mano atrapando la de su primo y estrechándola con cariño, sobresaltando a Archie.

- Archie, gracias … - él la miraba ligeramente sorprendido – sé que has tenido mucho que ver con el hecho de que Terry se encuentre aquí en estos momentos … y te lo agradezco muchísimo. – Entonces el joven sonrió con cariño y con cierta … ¿melancolía?

- Me alegro, Candy, de que las cosas entre vosotros se arreglen … - Un cómodo silencio se había establecido entre ellos. - ¿Sabes? – Dijo Archie al cabo de unos minutos. - Mientras venía hacia aquí me he acordado de otras navidades en que … - de pronto, calló, frunciendo el ceño, y Candy volvió a cogerle la mano, brillantes sus ojos aguamarina.

- ¿Stear? ¿Anthony? – Archie asintió con una triste sonrisa y la rubia le apretó más fuerte la mano. – Yo también me acuerdo de ellos, Archie, siempre …

Él asintió y se quedó en silencio, observando el movimiento de las llamas en el hogar. Candy suspiró afligida.

- ¿Cuándo volvéis a Nueva York?

- En breve. Terry debe volver a la clínica a continuar con la recuperación.

- Y después … - sus ojos se encontraron y la joven se alzó de hombros, sonriendo algo compungida.

- Vamos sobre la marcha, Archie … sabes … sabes el estado de Terry y …

- Sí, lo sé, pero creo que deberías poder organizar un poco el futuro a corto plazo … - la joven se soltó de su mano y frunció el ceño.

- Lo primero es la recuperación de mi marido. – El tono de Candy fue seco y algo cortante, y Archie alzó las manos.

- Lo sé, y lo siento, no quería incomodarte.

- Lo sé, Archie, es que … - la joven suspiró y se pasó las manos por el cabello.

- Sé por todo lo que estas pasando, sé lo mucho que estás sufriendo …

- ¿Y tú, Archie?

Ambos se miraban fijamente a los ojos y Candy sintió que su corazón se resquebrajaba al observar aquellos ojos avellana que amaba. Iba a decir algo cuando su nombre se oyó desde el otro lado de la estancia, reclamándola.

- Comienza lo fiesta. – Suspiró y guiñó un ojo a su primo, haciéndole sonreír, mientras se levantaba y le apretaba el hombro. – Archie … como ya te dije una vez, a mí siempre me tendrás.


Al despertar desorientada, suspiró profundamente y se preguntó cuánto tiempo habría dormido. El día se presentaba oscuro tras la tormenta de la noche anterior, pero imaginaba que ya todos estarían levantados hacía horas. Era víspera de Navidad, había mucho que hacer.

Se recostó contra las almohadas frunciendo el ceño y se frotó los ojos. Aquellas navidades iban a ser muy distintas … tan distintas … las anteriores también estaba embarazada … pero aún lo desconocía, ya que estaba de pocas semanas … y aquella noche … aquella noche … el dolor de los recuerdos vino a molestarla súbitamente.

-escena retrospectiva-

Era tarde cuando la pareja de jóvenes entró por la puerta riendo muy bajo. Recordó que su esposo la llevaba de la mano. Ni siquiera Jackson los esperaba ya. Se habían demorado mucho en la fiesta. Pero es que había sido muy divertida. Kristen Larson sabía montar fiestas, desde luego. Era la fiesta de navidad más divertida que recordaban en mucho tiempo. Muchas parejas jóvenes, muchas risas y confidencias … el alcohol había corrido generosamente por todos los grupos. Ellos también habían bebido … más de la cuenta …

Annie trastabilló en la escalera y se agarró a la barandilla, tapándose la boca con la mano para no soltar la carcajada.

- Señora Cornwell, ¿es que quiere despertar a toda la casa?

Su marido, su precioso y apuesto marido, la miraba divertido unos escalones más arriba, y sin darle tiempo a reaccionar, se encontró súbitamente entre sus brazos.

- ¡Archie! – Susurró riendo.

- Sssshhh, milady, creo que lo mejor es que yo mismo la escolte hasta su habitación …

Subieron las escaleras en completa oscuridad, susurrándose al oído y ahogando las risas … lo que pronto dio paso a los besos … suaves al principio, pero ya claramente apasionados al llegar a la puerta de la habitación de la joven.

Archie depositó lentamente el tembloroso cuerpo en el suelo, mientras continuaba besándola profundamente en la boca. Annie notaba su húmeda lengua recorrer sus labios … chocando a veces con la suya … la sensación era maravillosa … estaba relajada, tranquila … le gustaba … notó las manos de su esposo en sus caderas, apretándola contra él.

- Oh, Annie … - oyó el suave jadeo de Archie en sus labios cuando se separaron un poco para tomar aliento – hace tiempo … ¿crees que …?

Por toda respuesta, ella lo atrajo hacia sí, volviendo a unir sus bocas. Le gustaba tanto besarle … esa noche se sentía relajada, liberada … suponía que el alcohol había tenido mucho que ver, pero no le importaba … no importaban las manos de Archie en sus pechos … oh, le gustaba …

Oyó como su marido abría la puerta del dormitorio y volvía a tomarla en brazos. Se sentía desmadejada, excitada …

La habitación estaba a oscuras, a excepción de las llamas de la chimenea. Cuando Annie giro la cabeza, el lecho se le antojo enorme … pero los labios de Archie estaban en su cuello, bajando su escote …

- Archie …

- Oh, nena, te deseo tanto …

Y ella también … ¿verdad? Se mordió los labios cuando sintió la boca de Archie en sus pezones … sintió cómo se endurecían hasta casi dolerle … Dios mío, ¿aquello estaba bien?

La voz de su madre vino a acosarla: "Debes ser fuerte querida, habitualmente ellos son … bueno, un tanto bruscos. Pero te acostumbrarás. Y debes complacer a tu marido, aunque no te guste querida, porque francamente es …". Recordaba el gesto de desagrado de su madre.

No, debía desechar aquellos pensamientos, estaba con su esposo …

- ¿Annie? – Archie la miraba preocupado, se había detenido.

- Todo va bien … - susurró, mientras se acercaba a él y volvía a besarle.

Se concentró en el beso, se adaptó a él, a su lengua, a sus manos en su piel … se pegó a él, notando su dureza … se separaron un poco, mientras ella le despojaba de su chaqueta, de su camisa … oía los jadeos de su esposo …

- ¿Estás segura, cariño?

Ella le instó a que la siguiera al lecho. Se despojo rápidamente de toda su ropa. Quería olvidar la tensión que invadía su cuerpo, debía concentrarse, sentir estaba bien … estaba bien …

La boca de Archie en sus duros pezones, sus dedos bajando por su abdomen … se agarró a su cabello, sentía … ese calor del bajo vientre …

"Complacer no es lo mismo que gozar, querida. Ya sabes quienes son las que gozan … ".

Otra vez no, por favor …

Se mordió los labios, gimiendo. Archie la beso en el cuello, en su oído …

- Déjame tocarte, mi amor, déjame darte placer …

¡No! No podía …

- ¡No! – Archie se levantó un poco, sorprendido. – Quiero decir … - lo acercó a ella de nuevo – estoy preparada …

- Pero, Annie … - ella le desató los botones del pantalón con dedos temblorosos, descubriendo su erección.

- Estoy lista … - susurró, volviendo a tumbarse, e instándolo a acoplarse a ella.

- Annie, aún no …

- Archie, por favor. – lo besó casi con fiereza, mordiéndole el labio.

- Ouch, Annie …

- Hazlo, Archie, ahora …

Se contorneó y agitó bajo él, acercándolo con sus muslos … quería que terminara, si no terminaba al final ella, ella iba a …iba a gustarle, no podía ser …

Cuando notó cómo el duro miembro se abría paso dentro de ella, gritó débilmente de dolor, estaba tensa, muy tensa … pero pasaría enseguida … su esposo hizo amago de retirarse, pero ella lo retuvo …

- Annie, estás muy tensa … cerrada …

- No … sigue … - oía sus propios quejidos mezclados con la respiración de Archie … oh, tenía que acabar …

Archie hizo un par de intentos de empuje pero desistió y se echó hacia atrás, levantándose, a pesar de que ella intentó retenerlo.

- Archie … por favor …

Su esposo tenía el rostro desencajado. Iluminado por el resplandor de las llamas, era tan desolador y desgarrador, que a Annie se le partió el alma.

- Pero ¿qué demonios te pasa? ¿Por qué haces esto? – Su voz, apenas un roto susurro, traspasó el corazón de Annie como un puñal.

Y mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, vio cómo su esposo recogía rápidamente sus ropas y salía casi corriendo de la habitación, dejándola sollozando amargamente contra el colchón.

-fin de escena retrospectiva-

Eran duros recuerdos … maldita sea. La joven morena se secó las lágrimas de las mejillas. ¿Quién era aquella joven? ¿Cómo había podido ser así? Dios, le había hecho tanto daño a su esposo … ¿por qué no buscó ayuda antes? Estaba ciega, obcecada … sintió súbitamente una náusea y se acarició el abdomen, respirando profundamente.

Debía desechar aquellos negros recuerdos, aquellos malos pensamientos … no eran buenos para el niño. Instintivamente sabía que ella había sido la culpable de haber perdido al hijo de Archie … no podía ahora hacer lo mismo.

Al menos, había descansado. El reposo le estaba viniendo bien, las náuseas ya no eran tan acusadas. Esperaba que el bebé estuviera bien. Miss Pony le ha dicho que en cuanto pasaran esos días de fiesta y se despejaran los caminos, acordarían con el doctor de la villa un régimen de visitas periódico para asegurar su bienestar y el del niño. Así, todos estarían más tranquilos.

Sintió un escalofrío y se frotó los brazos. Hacía un poco de frío en la habitación. Se levantó lentamente y se dirigió a la chimenea. Iba a convertirse en una experta en encender fuego. Pronto ardía una alegre fogata. Annie sonrió con orgullo mientras se ponía la bata. Al menos, era útil para algo.

Unos toques en la puerta llamaron su atención y Miss Pony hizo acto de presencia con una bandeja.

- Buenos días, querida.

- Oh, Miss Pony … - sintió que sus ojos se humedecían y parpadeó – no debería, es decir, iba ahora mismo a …

- Tonterías. – La mujer dejó la bandeja en una mesita cerca de la ventana y se acercó al lecho, cogiendo una pequeña manta a los pies y echándosela luego a la joven por los hombros. – Hace un frío que pela fuera. No es conveniente para ti que te pasees por esos caminos. Ya te aventurarás más tarde al edificio principal. ¿Cómo te encuentras? – Miss Pony le acarició el rostro y ese simple gesto hizo que las defensas de la joven se derrumbaran y las lágrimas rodaran por sus mejillas. Maldita sea.

- Oh, lo siento, yo … - se las secó con rapidez, pero Miss Pony tomó sus manos y la instó a que la siguiera a la mesa.

- Nada de disculpas, querida, estás muy sensible …

Se sentaron frente a frente, observando que la nieve volvía a caer, esta vez muy suavemente. Annie tomó la taza que se le ofrecía y sonrió. Chocolate.

- ¿Cómo lo ha hecho?

- ¿El qué, querida? – La joven hizo un gesto hacia la jarra de encima de la mesa. - Bueno … vine hace un rato y preparé un poco en la cocina de abajo. Sabía que te sentaría bien.

- Gracias …

- ¿Cómo has pasado la noche? ¿Qué tal las náuseas?

- La verdad es que me encuentro mucho mejor … lo cierto es que el descanso es la mejor medicina. – Giró el rostro hacia el ventanal, pero sentía los ojos de Miss Pony recorrer su rostro, y de pronto su corazón comenzó a palpitar más fuerte. Se volvió a mirar a la mujer. – Sé que tiene muchas preguntas …

- No, no es cierto. Yo solo estoy aquí para ayudarte. Para aliviar, si puedo, ese sufrimiento que siento que te está comiendo por dentro … - a Annie se le escapó un sollozo y se tapó la boca con la mano, intentando calmarse. – Debes sacarlo, querida mía … por tu bien y por el de ese bebé … - Miss Pony se acercó a la joven y se sentó a su lado, cogiéndole la mano. - ¿Qué ha sucedido entre tu esposo y tú?

- Yo … - abrió la boca, pero volvió a cerrarla, intentando calmarse. Se sentía avergonzada, hundida … pero a la vez … se volvió a observar a esa buena mujer. Esa mujer que las había cuidado y querido siempre como si fueran sus propias hijas, esa mujer que les había dado amor, cobijo y consejos durante toda su vida … ¿quién mejor que ella para escucharla, para consolarla … para …? - Este bebé no es de Archie … - susurró y vió cómo Miss Pony suspiraba profundamente, asentía y le apretaba la mano con más fuerza. – Le juro que fue amor, Miss Pony … - ya notaba las lágrimas calientes rodar por sus mejillas – yo … jamás pensé que sucedería, pero …

Y casi sin darse cuenta, comenzó a relatarle a grandes trazos lo sucedido, omitiendo los detalles más íntimos, mientras Miss Pony la escuchaba atentamente sin proferir palabra. Al terminar, terminó sollozando y la mujer la envolvió en sus brazos y dejó que se desahogara, hasta que, no sabía cuánto tiempo después, la joven se incorporó y se secó las mejillas.

- Supongo que tu esposo sabe todo lo sucedido … - Annie asintió – y sin embargo, continuáis juntos … - la joven le relató la decisión tomada por Archie y Miss Pony la miró, algo sorprendida. - ¿Es eso lo que realmente deseas, Annie? – Annie la miró compungida – Siento vuestro sufrimiento, el de ambos, desde kilómetros a distancia … ¿realmente sois conscientes de lo que supone haber tomado esa decisión?

- Es la única solución posible … - la mujer se recostó en el sillón, suspirando.

- Annie, sabes que nuestra institución se dedica precisamente a ayudar a mujeres y niños envueltos en esas circunstancias y en otras incluso más graves …

- ¡Yo no quiero renunciar a mi hijo!

- Nadie ha dicho que debas hacerlo, querida, - Miss Pony volvió a coger su mano – pero creo que hay otras opciones … tal vez afrontar vuestra situación como … como pareja … tal vez sacar tú sola a tu hijo adelante …

- Habla igual que Candy … - bufó la joven y se volvió hacia el ventanal.

- Quizá Candy ve lo mismo que yo: una joven destrozada, perdida, que cree que no tiene más salida que condenarse a una vida de sufrimiento y dolor por sentirse culpable de haber cometido la imperdonable falta de enamorarse de otro hombre … - Miss Pony la cogió por la barbilla y la obligó a mirarla – no voy a aplaudir tus actos, Annie, en absoluto, pero tampoco voy a juzgarte. Lo hecho, hecho está. Y sé que es una situación complicada, pero ante todo, habría que pensar en el bien de ese bebé.

- ¡Precisamente, Miss Pony! – Le contestó airada. - ¿Es que no lo ven? Pertenecemos a una importante familia de la sociedad de Chicago … esto sería un escándalo … - Annie meneó la cabeza – pero no solo es eso. ¿No se da cuenta de lo que ha hecho Archie? A pesar de todo … le va a dar un futuro a mi hijo …

- Sí … tal vez. – Miss Pony suspiró. – Puede que a ese niño se le abra un abanico de oportunidades que tú sola no tendrías la capacidad de brindarle … pero, dime, Annie. ¿Qué sucederá contigo y con Archie dentro de un año, dos, tres …? ¿Qué sucederá cuando lleguen los reproches, la indiferencia se convierta en repulsión … o en algo peor? ¿Qué sucederá cuando os percatéis de que tenéis cuarenta años y no soportáis estar cerca el uno del otro?

- Dios mío … - sollozó - ¿realmente cree que podría suceder todo eso?

- Mi niña … llevas en tu seno un bebé que no es de Archibald … y por mucho que crea, y lo digo con absoluta sinceridad, que Archie tiene un corazón de oro y es un gran hombre, sé que es algo tremendamente duro de superar … sobre todo con los muchos problemas de pareja que habéis tenido …

- Yo no voy a volver a hacer nada para ofender a Archie … yo …

- Oh, lo sé, mi niña, lo sé … no se trata de eso …

Las manos de la joven temblaban y el nudo que sentía oprimir su garganta era insoportable. Se echó a llorar desconsolada y Miss Pony la abrazó.

- Yo … no puedo …

- Sssshhh … está bien, querida, cálmate, ya habrá tiempo para conversar, pensar … ahora debes calmarte …


La tarde decaía, pero la actividad en la institución era frenética. La famosa actriz se sentía deslumbrada, maravillada … nunca había participado en un acto de amor y compañerismo tan grande. Ella, la gran Eleanor Baker, que participaba en innumerables actos benéficos, sentía una admiración desbordada por cada una de las personas que trabajaban en aquella institución, día tras día, hora tras hora, para sacar a aquellos niños y a aquellas madres adelante.

No habían dejado que ella ayudara en nada, y lo cierto era que se sentía un tanto inútil, viendo cómo todo el mundo iba de acá para allá organizando la multitudinaria cena y todo lo de después … había recibido una llamada de larga distancia de su agente y asesor en Nueva York por un asunto importante, pero apenas había podido escuchar nada … esperaba que todo fuera bien.

Al menos su querido hijo había ido a rescatarla y habían salido a dar un pequeño paseo por los alrededores. Aunque, de hecho, se estaba arrepintiendo, el frío era glacial …

- ¿Sabes algo de Richard? – giró la cabeza algo sorprendida hacia Terrence.

- No … ¿por qué?

- Bueno … - el joven se encogió de hombros - … sabes que no se encontraba muy bien cuando nos marchamos …

- Sí, lo sé … - suspiró.

Aún tenía sentimientos encontrados respecto a Richard. No soportaba verle sufrir, era cierto, pero al mismo tiempo … se sentía tan resentida todavía, le había hecho tanto daño … y aún había demasiadas cosas no resueltas entre ellos. Whorthington le había insinuado que Richard debería volver a Inglaterra lo antes posible …

- ¿Eleanor? – Parpadeó sorprendida al oír la voz de Terrence. - ¿Qué sucede?

- Nada, querido … - intentó sonreír - ¿y qué me dices de ti? ¿Cómo te encuentras? ¿Qué tal con Candy? – Vió cómo Terry intentaba ocultar una media sonrisa y Eleanor rió con alegría. – Creo que tu rostro ya me ha dado una respuesta … - le apretó el brazo con cariño.

- Sí … creo … creo que estamos bien …

- ¿Ya le has contado lo de la operación?

- Más o menos. – El joven eludió aquellos ojos idénticos a los suyos y la actriz frunció el ceño, deteniendo el paso. - ¿Terrence? ¿Le has dicho a Candy que van a operarte en breve?

- Eleanor, por favor …

- Terrence, mírame.

- Eleanor, aún no está nada decidido … - y echó a andar, dejándola con la boca abierta. Eleanor corrió tras él.

- ¡Terrence! ¡Detente ahora mismo! – Le cogió por el brazo y lo notó tenso. - ¿Cómo que no está decidido? ¡Es una operación sumamente importante! ¿Cuándo piensas decírselo? – Él se desasió casi con brusquedad.

- ¡No sé si voy a hacerlo!

- ¿Qué?

- Sabes cuales son los riesgos …

- Por supuesto, pero …

- ¡Pues no quiero perder esto! – Terrence tenía el rostro enrojecido, la mandíbula tensa. – Acabamos de reencontrarnos … no quiero perderla …

- Pero Terrence … - los ojos de Eleanor se llenaron de lágrimas.

- ¿Y si no sale bien? Dime, ¿qué sucederá entonces?

- ¡Puedes morir! – Lo tomó por los hombros, pero él se echó hacia atrás.

- No es decisión tuya … - el joven la miró con un rictus de amargura en los labios – ni de nadie.

Y la actriz lo observó alejarse por la nieve, mientras sollozaba como una niña en mitad de la ladera.


Una vez se detuvo el automóvil a la altura del amplio porche delantero, el hombre se apeó con agilidad y saludo con la mano mientras ascendía rápidamente los escalones.

- ¡Hola! – Saludó al aire al entrar en la casa, dejando el abrigo y el sombrero colgados en el recibidor y echando a andar por el pequeño pasillo, frotándose las manos y sacudiendo su rubio cabello. Hacía frío.

Apenas acababan de trasladarse a aquella mansión, que era pequeña pero muy acogedora, y aún estaban en el proceso de contratación de ayuda doméstica, con lo que prácticamente estaban solos, como unos recién casados.

William comenzó a abrir puertas a lo largo del pasillo, sin encontrar lo que estaba buscando. El mundo estaba patas arriba, pero inexplicablemente, él estaba viviendo los mejores momentos de su vida. Lo único que deseaba es que el tiempo pasara más rápido para poder tener a sus hijos con ellos en casa y poder hacer el amor con su esposa … que por cierto, no encontraba. ¿Dónde estaría?

Sabía que ya no se encontraba en la clínica. Ya se había pasado la hora de amamantar a los bebés, y seguramente Patty habría vuelto a la casa a seguir organizando todo, ya que por la tarde volverían para estar un rato juntos con sus hijos antes de la cena.

Nochebuena. La más extraña y mágica de su vida. Su primera Nochebuena como padre, como esposo … ¿Quién le hubiera dicho un año antes que iba a encontrarse en esa situación? Y ahora era el hombre más feliz de la tierra.

Llegó a las puertas del amplio ventanal del salón y descubrió a su esposa en el jardín, tras los cristales. Frunció el ceño y salió en su busca.

- ¿Patty? – Ella se giró, serio el rostro, pero enseguida sonrió con amor al descubrirle.

- Hola, querido, ¿ya has terminado?

Él se acercó, suspirando al observarla, tan viva, tan hermosa … aún no podía creerlo, había creído firmemente que la perdería. La abrazó por la cintura y la besó en los labios.

- ¿Qué sucede? ¿Qué haces aquí? Hace frío … ¿están bien los niños? – Ella sonrió con dulzura acariciándole la mejilla y asintió.

- Están perfectamente. Luego podrás verlos. – William observó que Patty llevaba varias misivas en la mano. Arqueó una ceja.

- ¿Noticias de casa? – La joven asintió con cierta tristeza. - ¿Qué ha pasado, Patty?

- Son cartas de Candy y Annie … tantas cosas … ellas … ellas también tienen sus problemas, sus preocupaciones … y nosotros estamos aquí tan aislados, tan felices … y sin embargo … no sé cuando podremos volver a Chicago, y tú …

- Sssshhh … - William le puso un dedo en los labios. - ¿Son cosas graves? ¿Crees que debería ocuparme? – Su esposa negó con la cabeza, mirándole con profundo amor. - ¿Está bien Candy? – Patty asintió.

- Son cosas personales … sentimientos … creo que aún debo respetar su intimidad …

- Y es lo que admiro de ti, amor … - volvió a besarla – y respecto a nosotros, no debes preocuparte más, ¿de acuerdo? Todo se va solucionando … al final, todo tiene solución. Archie y George están llevando los asuntos en Chicago magistralmente y yo he podido hacerme cargo de varios asuntos desde aquí, lo sabes. No sé si en un momento dado deberé viajar a casa por algún asunto concreto, pero intentaré que sea cuando no me quede más opción. Quiero estar con mi esposa y mis hijos lo máximo posible. Quiero disfrutar de mi familia lo máximo posible … - se le quebró la voz un instante y Patty le acarició la mejilla – hace apenas tres semanas creía firmemente que jamás tendría una familia … - volvieron a besarse, esta vez más profundamente.

- ¿Y qué tienes pensado para esta noche? – Susurró su esposa en sus labios cuando se separaron. - ¿Qué tiene entre manos, señor Andrew? – Él se echó a reír.

- ¿Qué te han contado?

- Marjorie me ha dicho que no debo preocuparme por la cena de esta noche … - Patty arqueó una ceja - ¿no habíamos quedado en que esta noche sería íntima, especial, algo entre tú y yo?

- Y lo será.

- ¿Y por qué no debo preocuparme por la cena? ¿A dónde vamos a ir?

- A ningún sitio. – William la besó en la nariz. – Nos quedaremos en casa, solos tú y yo, tal como te prometí.

- Entonces …

- Entonces, mi querida señora Andrew, visto que no puedo siquiera darte una sorpresa, te diré que Marjorie lo ha organizado para que la señora Kenton, una reputada cocinera que sirve en casa de los Andrew, venga a cocinar la cena de Nochebuena mientras estamos en la clínica y nos la deje preparada para que después, tú y yo … - la miró pícaro, con sus luminosos ojos azules – tengamos una noche de ensueño.

- Oh, William … - Patty se echó a reír y le dio un golpecito en el pecho.

- Y te diré … - la señaló con el dedo – que casi me ha costado un verdadero drama familiar tener que negarme por enésima vez a ir a cenar con tío Robert y Marjorie a su casa esta noche … por lo que … - le hizo una mueca – deberás compensarme …

- ¿En serio?

Patty puso los brazos en jarras mientras su marido soltaba la carcajada dándose media vuelta y dirigiéndose hacia la casa, con la joven tras él, coreando su risa.


La joven rubia corría lo más rápido posible entre la espesa nieve hacia los establos, intentando que el frío no penetrara hasta sus huesos. Vaya, menudo tiempo, un invierno realmente crudo. Según Miss Pony y la hermana María, hacía muchos años que no vivían algo así.

Ya estaba prácticamente todo organizado para esa noche. Los niños incluso iban a organizar un pequeño teatro, tenían la gran cena, los regalos … a Candy le encantaba esa noche, era mágica, especial … y no podía creer que fuera a compartirla con Terry.

Por cierto, apenas le había visto fugazmente durante el día. Todos habían estado ocupados preparándolo todo. Pero le habían dicho que Terry había ido a los establos a dar de comer a los animales, y la joven decidió aprovechar esos momentos para estar un rato a solas con él.

Empujó con fuerza la pesada puerta de los establos y entró en el interior … donde hacía tanto frío como en el exterior. Entonces oyó relinchos y suaves palabras que no lograba distinguir. Avanzó unos pasos y enseguida localizó a Terry, acariciando a Bella.

- Sabía que te encontraría aquí. – Él giró la cabeza, sorprendido, pero enseguida sonrió al verla, acercándose lentamente. Dios, estaba tan guapo … con esa bufanda azul rodeando su cuello, el rostro sonrosado por el frío y los azules ojos brillantes.

- ¿Qué tal el día? – Susurró el joven, atrayéndola hacia él por la cintura. Candy acarició su rostro, pasando la yema de los dedos por sus labios. El joven sonrió, besándola suavemente.

- Por fin hemos terminado. – Suspiró la rubia y rodeó su cuello con los brazos. – Todo está preparado. Solo quería pasar unos momentos a solas contigo …

- Me parece muy bien … - y volvió a besarla, esta vez más profundamente.

- Terry … - susurró entre besos.

- Mmmmhh … - él le mordió el labio, y la joven se apartó un poco riendo.

- ¡Terry!

- ¿No podríamos escaparnos un ratito a la habitación? – La miró juguetón, mientras Candy meneaba la cabeza.

- Sabes que no … - él hizo un cómico gesto y tras darle otro suave beso, la soltó, girándose hacia la yegua negra.

- ¿Qué hago, preciosa? ¿Debería hacerle caso? Tal vez debería cogerla en brazos y llevármela …

- ¡Terry! – Candy le golpeó el brazo riendo, para a continuación coger otro cepillo y proceder a ayudarle a cepillar a Bella. – Hace mucho frío en el establo …

- Sí, lo he notado. Creo que deberíamos tapar las ventanas para esta noche, y apilar más heno por los laterales … así mantendrá el lugar más caldeado …

No tardaron en ponerse manos a la obra. Y Candy constató lo mucho que le gustaba trabajar con él, estar con él … su mente trataba una y otra vez de no pararse a pensar en nada más que en vivir esos momentos … pero era inevitable. Dios mío, a veces … a veces sentía que esa situación, esos momentos eran … perfectos. Ese hermoso joven, su Terry … pero al mismo tiempo otro Terry … un joven tranquilo, sin dolores ni recuerdos del pasado, el alma libre, sin cargas oscuras … ¿pero qué estaba diciendo? ¿Estaba loca? Pero es que ese Terry era … parecía … parecía feliz, tranquilo … ¿sería tan descabellado? ¿Volver a empezar? Juntos, siempre juntos … pero alejarse de todo …

- ¿Candy? – La joven parpadeó rápidamente e intentó sonreír. - ¿Qué sucede?

- ¿Eh? Nada, nada … todo va bien …

Él joven observaba su sonrisa, haciendo esfuerzos por contenerse y no correr hacia ella y arrancarle la ropa para poseerla allí mismo. Cómo la deseaba … cada vez más. ¿Era normal aquella reacción? Ya no habían vuelto a hablar sobre su situación … tras la conversación de la mañana anterior … creía que a ambos les había quedado perfectamente claro lo que sentían el uno por el otro … ¿verdad? Y resultaba increíble … y en cierto modo, asustaba. Apenas se conocían … y sí, bien era cierto que a él no le importaba, pero … Dios, su futuro seguía pendiendo de un hilo y … ¿qué había hecho para que aquella maravillosa mujer le amara? A pesar de todo … ella le amaba.

¿Qué hacer? ¿Cómo comenzar a decirle, a explicarle …? No quería estropear esos momentos … tal vez, tal vez cuando volvieran a Nueva York … pero … ¿era justo? ¿Era justo volverle a hacer pasar por todo aquello? Ella decía que sí, pero … Dios, no quería volver a olvidarla jamás …

Maldita sea, el dolor de cabeza persistía, no se le pasaba, debía calmarse.

- ¿Terry? – Él joven sonrió a su esposa y continuó cepillando la yegua, intentando concentrarse. - ¿Estás bien?

- Claro, muy bien.


Ya estaban terminando de acostar a los niños. Por fin. Había sido arduo trabajo, pero lo habían conseguido entre todos. Las profesoras estaban terminando la última ronda, mientras el resto estaba reunido en el salón común, comenzando a apilar los regalos.

Annie respiraba profundamente, intentando no perder la sonrisa para poder disimular el cansancio que ya comenzaba a hacer presa de ella. La hermana María y Miss Pony habían insistido en que se retirara mucho antes, pero realmente, ella no deseaba quedarse sola. Volver a su solitaria habitación y volver a recordar … no, no quería.

Observó subrepticiamente a su esposo al otro lado de la estancia, hablando con una de las jóvenes profesoras. Ambos reían y el apuesto rostro de Archie se hallaba relajado y casi … feliz. Annie constató con tristeza que pocas veces se podía ver a Archie en aquella situación. Y sabía que una de las razones de peso era por ella, por su causa.

Frunció el ceño y tragó con fuerza, intentando mitigar el nudo que se le estaba formando en la garganta. Nunca desaparecería aquella culpabilidad, aquella vergüenza … Archie y ella jamás volverían a lograr llegar a un entendimiento, ni siquiera a ser amigos … ¿tendría razón Miss Pony? Notó que su corazón se agitaba un poco y cerró los ojos un segundo, intentando calmarse.

- Creo que ahora sí que ya es momento de que te retires … - la joven dio un respingo al sentir la grave voz de su esposo junto a ella, abriendo sus grandes ojos azules.

- Oh, no, estoy bien …

- Vamos, Annie, sé razonable.

- Pero es que me gustaría que …

- Sabes que no puedes hacer esfuerzos, Annie. – Archie la miraba con gravedad, sin dejar entrever sus sentimientos. Siempre solicito, siempre cortés … - Te acompañaré a tu habitación, ¿de acuerdo?

Habían habilitado una habitación para ella en el ala de las profesoras en el edificio principal, ya que debido al temporal, no era prudente que se aventurara a aquellas horas entre la nieve, con aquel frío glacial. La joven suspiró y se dejó llevar. Estaba cansada, sin fuerzas para oponerse ya a nada.

Se despidieron de los presentes y Archie cogió un candil de uno de los aparadores, ofreciendo el brazo a su esposa, mientras se aventuraban por el oscuro pasillo. Pronto el silencio rodeó a la pareja, que avanzaba lentamente a su destino. Annie observó que la nieve volvía a caer a través de los ventanales y suspiró.

- ¿Recuerdas …? – Su voz rompió el silencio bruscamente y la joven se sorprendió, callando de pronto.

- ¿El qué? – Archie la miró brevemente, sin detenerse.

- Nada … yo …

- Recuerdo muchas cosas esta noche …

- Sí, yo también … - Annie apretó los labios y respiró profundamente.

Llegaron a la habitación y entraron, yendo Archie directamente a la chimenea a preparar el fuego.

- Enseguida encenderé esto …

La joven se acercó al ventanal, observando la nieve caer suavemente.

- ¿Sigues viéndola? – Annie se giró a su esposo, apretándose las manos.

- ¿Qué? – Archie se detuvo en seco, volviéndose bruscamente a mirarla.

- ¿Sigues viendo a esa mujer? – Annie vio como el rostro de Archie se deformaba bruscamente entre las sombras de las llamas, mientras sentía cómo las pupilas avellana la taladraban.

- Creo que dejé perfectamente claro que no hablaríamos nunca de esos asuntos …

- ¿Por qué? Yo te he contado … - Él se alzó de pronto, sobresaltándola.

- ¿Me has contado? – La señaló con la mano. – Evidentemente …

- Oh, Archie …

- Annie, no empecemos, estoy … - se giró hacia la puerta, pero ella lo retuvo por el brazo. Mierda, ya estaba llorando.

- ¡Precisamente, Archie! Yo también … no puedo más … tú no puedes más … - él se desasió de su mano y se giró lentamente hacia ella.

- Annie … - la miró fijamente – a pesar de hallarte aquí … todo sigue según lo acordado. – La mirada vidriosa de su esposo le hizo daño en el corazón. – Espero que lo tengas claro. No me gustaría tener que hacerte daño … - Ella se secó las mejillas con dedos temblorosos.

- Nunca vas a perdonarme … ¿verdad? – Susurró. Se miraron a los ojos durante unos segundos, y después su esposo desvió la vista, girándose hacia la puerta.

- Debo irme. Me están esperando. Buenas noches.


Candy y Eleanor caminaban sigilosamente por uno de los oscuros pasillos de la institución, con varios regalos en el regazo, sonriendo como niñas. Era lo más emocionante que la actriz había hecho en mucho tiempo … ella, que siempre se vanagloriaba de sus obras benéficas … no había hecho nunca nada como aquello, nunca se había sentido tan parte de algo, realizando el simple gesto de dejar a los pies de la cama un regalo para un niño que apenas tenía nada y que iba a agradecer infinitamente ese simple hecho.

Ciertamente, había sido reconfortante ir allí. Eleanor jamás creyó que pudiera sentirse así. Ojalá Richard … pero bueno, ¿qué estaba diciendo? Tenía que dejar de pensar en semejantes tonterías y centrarse.

- Ahora silencio … - susurró la joven rubia con una deslumbrante sonrisa, señalando la puerta de uno de los dormitorios.

Penetraron sigilosamente en la estancia donde doce angelitos yacían profundamente dormidos en sus camas, y dejaron los regalos bajo la ventana, saliendo rápidamente. Candy se tapó la boca con la mano mientras continuaban por el pasillo.

- Me encanta hacer esto …

- Es emocionante …

- Ojalá algún día … - la actriz observó cómo la joven de pronto se mordía el labio y supo lo que estaba pensando. Le apretó la mano con ternura.

- Algún día lo harás con tus propios hijos, querida, estoy segura … - ella asintió e intentó sonreír, rechazando esos sentimientos.

Continuaron por el pasillo, hablando en susurros. Eleanor estaba preocupada … debería decirle … pero no, se lo había prometido a Terry.

- ¿Eleanor? ¿Qué sucede?

- Nada, querida, ¿por qué?

- No sé … - se encogió de hombros – te noto preocupada …

- Oh, no es nada … - la actriz intentó disimular – cosas del trabajo …

- Supongo que has tenido que hacer verdaderas maravillas para poder venir aquí unos días …

- Pero ha merecido la pena … - rió y le pasó un brazo por los hombros – solo por veros a Terrence y a ti juntos de nuevo … - observó cómo se ponía como la grana y volvió a reír.

- ¿Crees … crees que se encuentra bien?

- ¿Qué? – El corazón de Eleanor comenzó a latir más rápido.

- Tiene serios dolores de cabeza … y cada vez son más frecuentes, aunque intente disimularlo. – La joven se paró en mitad del pasillo y la miró fijamente. – Eleanor … por favor, dime qué sucede.

- Yo … - observó sus hermosos ojos, cargados de preocupación – oh, querida …

- Por favor, Eleanor …

- Terrence no está muy bien. Debe operarse …

- Pero … - La actriz vio cómo el rostro de Candy se oscurecía y fruncía el ceño. – Pero Terry dijo …

- Es necesario que se opere, querida, pero tiene miedo. Ya sabes lo arriesgado que puede ser … y él no quiere perder lo que tiene ahora … - las lágrimas comenzaron a rodar por el rostro de Candy, y también por el de Eleanor.

- Me dijo que no sucedía nada si no se operaba, que se quedaría como está … - Eleanor negaba suavemente con la cabeza.

- Tiene un hematoma cerebral …

- Pero … pero no es seguro … - la observaba casi suplicante, y la actriz apenas podía contener los sollozos, mientras Candy se tapaba la boca con la mano.

- Dios mío … ¿podría … es decir … podría morir? – Su voz era apenas un susurro entrecortado.

- Creo que deberíamos volver cuanto antes a Nueva York …

Candy asintió, mientras ambas se abrazaban estrechamente en mitad del pasillo.


Terry ya había encendido la chimenea y tenía enfriando en un cubo una botella de champán que había logrado conseguir milagrosamente. Esperaba a su esposa … pero se retrasaba. Se acercó al ventanal y observó la quietud fantasmal de la noche. La capa de nieve confería un silencio espectral a la colina y al orfanato … pero a la vez, resultaba mágico. Era Nochebuena. Cierto que no recordaba ninguna Nochebuena precedente … pero no creía que hubiera podido ser mejor que esta.

Cuando despertó en el hospital hacía unos meses, aterrorizado, desorientado … jamás pensó que aquel rostro de ángel que buscaba a través de los cristales pudiera ser su esposa, su compañera … y pudiera llegar a amarle así, tal y como era ahora.

Habían brindado todos juntos en el salón de Miss Pony, tras repartir todos los regalos, y Candy le había pedido que se adelantara, ya que debía terminar algún asunto. Se pasó las manos por el cabello. ¿Dónde estaba?

Volvió a la chimenea y se frotó los brazos, nervioso. Respiró profundamente, e intentó calmarse. Los nervios solo podrían producirle un nuevo dolor de cabeza y estropearle la noche. Sentía los rápidos latidos de su corazón golpear contra su pecho y frunció el ceño. Sabía que no estaba bien … lo sabía, pero … ¡maldita sea! No quería …

Giró la cabeza rápidamente al oír la puerta abrirse con suavidad y sonrió al ver el precioso rostro de su esposa, pero enseguida su preocupación se acentuó.

- Hola, mi amor. – Se acercó a ella, quien sonrió vagamente mientras se despojaba de sus ropas de abrigo y le esquivaba para acercarse al fuego. - ¿Candy? – Ella no le miraba, solo observaba fijamente las llamas. – Candy … - Le tocó suavemente el brazo y entonces ella se apartó bruscamente y le enfrentó. Sus ojos verdes cargados de fuego hicieron que Terry se echara hacia atrás, asustado.

- ¿Cómo has podido, Terry?

- ¿Qué dices? – Cabeceó confuso.

- ¿Cómo has podido?

- ¿Qué se supone que he hecho?

- ¡Has vuelto a mentirme, maldito seas! – Sus ojos se llenaron de lágrimas y se llevó las manos a la boca sollozante. Lo único que el joven escuchaba eran los latidos de su corazón.

- No entiendo …

- ¡La operación! - Mierda … Eleanor. Cerró los ojos un segundo y suspiró. - ¿Qué tienes que decirme, Terry?

- Eleanor …

- ¡Pues claro que me lo ha dicho Eleanor!

- Cálmate, Candy …

- ¿Qué me calme? ¿Cómo puedes decir eso, Terry? – Candy continuaba sollozando incontrolable y entonces Terry la atrapó entre sus brazos. - ¡Suéltame!

- ¡Cálmate!

- ¡No! – los sollozos se hicieron más fuertes. – No …

- Candy, escucha … - Entonces, súbitamente, ella tomó su rostro entre sus manos.

- No podría soportar tu muerte … - su susurro fue tan suave que apenas pudo escucharlo.

- Nena, escucha …

- Qué … - ella se secó las mejillas resignada y le acarició el mentón - ¿qué, Terry? ¿Qué vas a decirme? ¿Qué todo irá bien? – Él apretó los puños y la soltó. - ¿Eso ibas a decirme?

- No lo pones nada fácil … - oyó su bufido.

- ¿Qué yo no lo pongo nada fácil? Si no te operas, morirás, es así de simple …

- Eso no es del todo cierto …

- Entonces, ¿qué es cierto? ¡Dime la verdad! – El joven se alejó hacia los ventanales, dándole la espalda. - ¡Terry! – Sintió a su esposa tras de sí, abrazándose a su cintura. – Por favor … - suaves murmullos en su espalda … de pronto sintió una estúpida congoja invadir su garganta - …por favor, Terry … mírame … - se dio la vuelta lentamente.

- No te he mentido … - hablaba despacio, apartando la mirada, pero ella le obligó a volver a mirarla. Sus hermosos ojos invadieron su alma, casi no podía respirar … - lo que te conté es cierto …

- Salvo que sí debes operarte … - él no contestó – es necesario, ¿cierto? Oh, Terry … - la apartó suavemente.

- Las opciones son variadas. – Intentó sonar divertido, pero fracasó. – Puedo recuperarme perfectamente y volver a ser el hombre que conociste. Puedo recuperarme y volver sin recuerdos, sin memoria … - carraspeó – no sé ni siquiera si podría recordar lo que he vivido estos últimos meses …

- O puedes morir. – La miró y sintió que su corazón se partía en pedazos.

Ella volvió a abrazarle por la cintura, alzando su maravilloso rostro surcado de lágrimas. El corazón de Terry estaba desbordado de amor, de miedo, de tristeza … no quería perderla, no quería olvidarla … pero tampoco podía volver a hacerle aquello, hacerle sufrir así … tenía grabado a fuego lento en su mente el hermoso rostro lleno de felicidad de Candy de aquellos días … sabía que no volvería a verlo así en mucho tiempo … y tampoco quería morir.

- Yo estaré contigo … - susurró de pronto su compañera – en cualquier circunstancia.