El frío viento atraviesa la extensa campiña de lado a lado, moviendo las desnudas ramas de los árboles y agitando las gotas de lluvia de la tierra, dando al vasto jardín una apariencia melancólica. Sí, tal vez ese sea el estado en el que se encuentra la joven rubia apoyada en el marco del gran ventanal que da al jardín, como si se tratara de un cuadro invernal colgado en un salón.

La joven tiene la mirada perdida, sus preciosos ojos aguamarina vagan sin rumbo por el extenso paisaje, sin detenerse específicamente en nada. Y no es que no le guste la vista, ni la hermosa casa en la que está residiendo. Porque ciertamente, la pequeña mansión de ladrillo rojizo es verdaderamente acogedora. Candy no podría estar más encantada. Es elegante, de tamaño adecuado, no excesivamente grande, suficiente para Terry y para ella. Cuando Eleanor la llevó a verla, se enamoró en el acto.

Desde que habían partido de Casa de Pony al día siguiente de haber celebrado la Navidad, todo había sucedido a la velocidad vertiginosa de una carrera contra el tiempo … y Candy se sentía extenuada. Una vez llegaron a Nueva York, se hospedaron un par de días con Eleanor, ya que, a pesar de que el duque había ido a recibirlos, Candy no hubiera deseado tener que hospedarse con él, aunque hubiera sido la mejor opción, ya que la mansión del duque se hallaba a las afueras de la ciudad y era mucho menos accesible para los reporteros que la de Eleanor … pero nadie puso objeciones. Todos estaban más centrados en Terry y en su inminente futuro. Candy ya había conocido al Dr. Carter y a todo el resto de especialistas y profesionales que trataban el caso de su esposo, y habían mantenido una larga conversación, la cual Candy no sabía si había logrado tranquilizarla o por el contrario, ponerla más nerviosa si era posible.

El Dr. Carter había aconsejado que Terry continuara haciéndose pruebas y estuviera en observación hasta poder determinar el alcance del hematoma y las posibles consecuencias. Una operación en ese instante era muy arriesgada y peligrosa … pero también lo era el estado de Terry. Los médicos habían dicho que controlarían las hemorragias, y habían aconsejado que el joven se quedara en la clínica una temporada … a lo que él se había negado rotundamente. Pero al final, entre todos, y sobre todo por Candy, el joven había accedido … yendo los fines de semana a casa para estar con su esposa. Apenas llevaban una semana en Nueva York … y aunque lo veía todos los días, Candy ya le echaba de menos y se sentía sola.

Se frotó los brazos y suspiró, dejando la ventana para acercarse a la chimenea del salón, donde ardía en ese momento un alegre fuego. Noche de Fin de Año. Un año lleno de sorpresas. Se sentó en la alfombra ante las llamas observando su lento bailoteo, y una media sonrisa afloró a sus carnosos labios. Tantos recuerdos … había sido un año agridulce … tantas alegrías … y también tantas penas, tantas pérdidas … echaba de menos a su familia, a sus amigos … súbitamente una gran tristeza la invadió. Albert, Annie, Patty, Archie … y sobre todo, la alegría de Casa de Pony, sus queridas madres … hacía apenas unos días se hallaba inmersa en aquel maravilloso lugar, tan querido … y ahora …

Pero, ¡no, Candy! ¡Basta! Cuadró los hombros y se obligó a sobreponerse. Lo más importante ahora era su querido esposo. Todo iría bien …

Esa noche había logrado milagrosamente, ayudada por Eleanor, poder quedarse a solas con Terry. Una cena tranquila, solos los dos … hacía exactamente nueve años que se habían visto por vez primera … la noche de fin de año, en aquel barco … la niebla …

- Debes ponerte manos a la obra, Candy. – Se alentó a sí misma.

Y entonces, se puso en pie y abandono con paso decidido el calor de la chimenea.


Ya habían despejado los caminos que conducían a la villa, pero la capa de nieve seguía tan gruesa y resplandeciente como cuando la trajo la ventisca. Aunque el viento se había calmado, y la colina lucía preciosa bajo aquella blancura invernal.

Annie suspiró profundamente, llenando de aire frío sus pulmones, y cerró la ventana, volviendo a sentarse en el sillón junto al fuego. Se frotó ligeramente el vientre redondeado y se incorporó a tomar la taza de chocolate caliente de encima de la mesa.

Acababa de marcharse el doctor hacia apenas media hora. Miss Pony había mandado llamarlo, ahora que los caminos volvían a ser transitables, y le había hecho un pequeño examen. Parecían buenas noticias. A pesar de tener la tensión un poco alta, no era alarmante, y el doctor había aconsejado que siguiera con el descanso y la tranquilidad. Parecía que las náuseas estaban remitiendo, así que la joven ya se sentía mejor.

Noche de fin de año. Un nuevo comienzo. Decían que esa noche había que borrar todo lo malo y comenzar de nuevo.

¿Podría ella comenzar de nuevo? ¿Después de todo lo que había sucedido?

Allí estaba, en Casa de Pony, embarazada de otro hombre … no sabiendo a ciencia cierta qué era lo que iba a suceder. Su esposo se había despedido con un escueto beso en la mejilla y unas pocas palabras anunciando que iría a verla cuando pudiera. Nada concreto, sin apenas haberla mirado. Annie ya sabía que Archie no la perdonaría … y ella continuaba llorando todas las noches, por su situación, por su amor perdido …

El sonido de la puerta al abrirse la sobresaltó y le hizo girar la cabeza. Una joven, pocos años menor que ella, se hallaba en la puerta con una tímida sonrisa.

- ¡Hola! ¿Puedo pasar? Miss Pony me ha dicho que viniera a descansar un rato junto al fuego …

- Cla …claro …

La joven se acercó y tomó asiento frente a Annie. Entonces descubrió que era muy joven … apenas tendría diecisiete o dieciocho años … y estaba a punto de explotar. La joven se echó hacia atrás, y con un jadeo se agarró el abultado vientre para acomodarse en el sillón.

- Uf … cada vez me cuesta más moverme …

- Estás … parece que ya no te queda mucho …

- Pues me quedan aún tres semanas, aunque parezca increíble. – La joven se echó a reír ante el gesto de Annie. – Soy Tessa.

- Annie.

- Encantada. – La señaló con un dedo. - ¿Y tú? ¿De cuánto estás?

- Dieciséis semanas más o menos.

- No te había visto por aquí. ¿Has llegado hace poco?

- Sí … hace unos días.

Tessa suspiró acariciándose el vientre.

- Esta noche hay cena especial. – Sus ojos brillaron con simpatía. - ¿Te apetece que vayamos juntas? No se notará tanto si nos juntamos las dos gorditas … - Annie se echó a reír.

- Me encantaría …


La reunión se estaba alargando infernalmente. Ya apenas oía las conversaciones a su alrededor. Miraba fijamente los papeles de encima de la mesa e intentaba concentrarse en lo que fuera para poder olvidar por un instante el horrible dolor de cabeza que padecía.

Era culpa suya, lo sabía. Desde que había vuelto a Chicago, su rutina diaria se había convertido en noches enteras ante una botella de whisky en la biblioteca. Quería olvidar … necesitaba tanto olvidarse de todo … y no daba resultado. Lo único que estaba consiguiendo era alcoholizarse poco a poco. Y encima aquella noche debía acudir a una de las malditas fiestas que iban a inundar la ciudad. No podía excusarse, no esa noche. La maldita noche de fin de año.

- ¿Tendremos el placer de ver a tu encantadora esposa esta noche, Archibald?

- ¿Qué? – El joven parpadeó confuso ante la pregunta directa, intentado enfocar la mirada en el rostro que tenía delante. Maldita sea, había terminado la reunión y ni siquiera se había percatado de ello. Intentó sonar cortés. – No, lo lamento, aún sigue en la residencia. Debe descansar.

Se despidió rápidamente del resto de compañeros y salió por la puerta, no sin antes percibir la fija mirada de George al otro lado del salón de reuniones. Déjame en paz, George. Se dijo a sí mismo, y en cuatro zancadas había cruzado el despacho, dirigiéndose a las escaleras.

- ¡Sr. Cornwell! – Se detuvo, maldiciendo por lo bajo, y hubo de darse la vuelta.

- ¿Sí, Sally?

- Cuando he vuelto de comer, habían dejado esta nota a su nombre en mi mesa. – La secretaría le tendía un sobre cerrado que Archie tomó rápidamente con dedos temblorosos y salió.

Una vez en la calle, el frío aire le refrescó el rostro y la cabeza y respiró profundamente, antes de subirse a su coche.

- ¿A casa, señor?

- A casa.

Se recostó en el asiento y se echó el sombrero hacia atrás, suspirando. Debía descansar un poco esa tarde si quería aguantar la maldita noche. Giró la cabeza y frunció el ceñó al descubrir el sobre que le había entregado Sally. Lo cogió y lo abrió.

Chicago, 31 de diciembre de 1921

Querido Archie,

Supongo que te sorprende esta nota, y no miento si te digo que seguro que no tanto como a mí el escribirla. Pero sabes que nunca he podido ir contra mi naturaleza, mis sentimientos …

Estoy en Chicago. He venido por unos compromisos del rancho … y me gustaría verte. Sé que dijimos que ya no volveríamos a vernos, sé que dijimos … bueno, dijimos tantas cosas … voy a acudir a la fiesta de los Peterson esta noche, y no sé si te veré allí …

Pero en cualquier caso … pasaré la noche en nuestra suite. No espero nada … pero he de hablar contigo, si fuera posible.

Tuya,

Claire

El oxigeno había huido de su cuerpo. ¿Qué significaba aquello? ¿Claire quería verle? ¿Qué había sucedido? Se llevó una mano al agitado corazón e intentó calmarse.

- ¿Se encuentra bien, señor?

- ¿Eh? Sí … estoy bien.


La chimenea ardía con fuerza, iluminando los cuerpos desnudos que yacían abrazados en el lecho. El joven de pelo castaño acariciaba suavemente la espalda desnuda de su esposa, mientras esta frotaba su mejilla con dulzura contra el pecho masculino.

La cena había sido un éxito … habían bailado por todo el salón, habían bebido champan y se habían reído a carcajadas … hasta caer rendidos el uno en brazos del otro. Ni siquiera habían podido aguantar hasta las doce de la noche.

Candy se alzó ligeramente para poder ver el rostro de su amado, y este le guiñó un ojo.

- ¿Qué sucede, amor?

- Oh … - de pronto, los ojos aguamarina se abrieron de par en par - ¿qué hora es? – Terry alargó el brazo hacia la mesita de noche y cogió el pequeño reloj.

- Las doce menos cuarto …

- ¡Tenemos tiempo!

La joven se levantó de un salto de la cama, sobresaltando a Terry, y echó a correr desnuda fuera de la habitación, volviendo al poco tiempo con una botella de champan y dos copas. Terry se echó a reír.

- ¿Qué estás haciendo?

- ¡Vamos a brindar, Terry! Pronto serán las doce … ¡vamos!

El joven se levantó del lecho, meneando la cabeza con una sonrisa, mientras la joven se acercaba al ventanal y lo abría de par en par.

- ¿Quieres matarnos de una pulmonía? – Su esposo abrió la botella de champán, procediendo a llenar las copas.

- Pronto todo se llenará de fuegos artificiales … - la joven palmoteó encantada, mientras Terry le alargaba una de las copas.

- ¿Y por qué brindamos, amor mío? – Susurró Terry, acercándola hacia sí.

- Por nosotros … ¿sabes? Hoy hace exactamente nueve años que nos vimos por primera vez … - Terry no pudo disimular su sorpresa, aunque intentó que su rostro no desvelara más emociones de las necesarias.

- ¿De veras? ¿Y cómo fue eso?

- Pues …

De pronto, los fuegos artificiales llenaron el cielo y Candy se echó a reír con júbilo.

- ¡Feliz año nuevo, Terry!

- Feliz año nuevo, preciosa …

Candy le echó los brazos al cuello, fundiéndose ambos en un profundo beso, bajo el estallido de colores del cielo sobre sus cabezas.


La pareja descendió del vehículo entre risas, casi echando a correr hacia la entrada al porche de la casa, donde la señora Dalton los esperaba para recoger sus abrigos.

- ¡Uf! ¡Qué frío! – Patty se despojó del abrigo y del chal que cubría su escote.

- ¿Se han divertido en la fiesta?

- Sí, gracias …

William le entregó también su abrigo y sombrero, y cogiendo a su esposa de la mano, dieron las buenas noches al ama de llaves y se dirigieron al piso de arriba, a su dormitorio.

Habían tenido que acudir a la fiesta que los Andrew de Washington habían celebrado por el nuevo año, pero se habían retirado en cuanto habían podido, ya que al día siguiente querían ir pronto a la clínica a ver a sus hijos, y además, Patty estaba aún recuperándose de la cesárea realizada, y William solo deseaba estar con su familia.

Su vida se había convertido en las visitas a sus hijos, estar con su esposa … y dirigir algunas operaciones desde las oficinas que los Andrew tenían en esa ciudad. Los asuntos en casa estaban controlados, aunque George le había comentado recientemente que veía a Archie ligeramente descontrolado … bueno, debería también hacerse cargo de eso. Pero no ahora.

Ahora observaba a su bella esposa ante él. Patty se estaba recuperando maravillosamente. Apenas habían pasado cuatro semanas y ya su figura volvía poco a poco a ser la que era. Su vientre, ligeramente más redondeado, sus caderas, sus pechos … con los que amamantaba a sus hijos …

- ¿En qué piensas? – Patty lo miró pícara por encima del hombro. – Anda, ven aquí a ayudarme con esto …

William se acercó, bajando lentamente la cremallera del vestido, mientras Patty se daba la vuelta y se besaban en los labios. El beso se hizo más profundo hasta que ambos cayeron en el lecho, lenguas, manos y dedos tocándose y comenzando a despojarse de las ropas …

- Patty … no …

- Sssshhh … no te atrevas a detenerte ahora, William … - susurró la joven en sus labios, volviendo a besarle.

Pero súbitamente, unos toques en la puerta les hicieron dar un respingo, y William se levantó como un resorte, encontrándose con la Sra. Dalton al otro lado.

- Disculpe, Sr. Andrew, pero llaman por teléfono …

¿Teléfono? ¿A estas horas? Giró la cabeza hacia su esposa y solo puedo ver el mismo miedo que él sentía reflejado en aquellos amados ojos esmeralda. Solo podían significar malas noticias.

Llegó en cuatro zancadas al salón, con Patty pisándole los talones, y cogió el teléfono con manos temblorosas.

- ¿Sí? Sí, soy yo … claro … pero, ¿qué …? …. Sí, de acuerdo … - Colgó el aparato y suspiró.

- ¿Qué ha pasado, William? – Patty lo miraba con el corazón en los ojos.

- Llamaban de la clínica. Parece ser que Alexander no se encuentra demasiado bien … hemos de ir enseguida…


La fiesta estaba en pleno apogeo. Hacía pocos minutos que habían tocado las doce campanadas y todos en la fiesta de los Peterson se habían vuelto locos. Besos, abrazos … Archie tenía varias marcas de pintalabios en el rostro y el esmoquin salpicado de serpentinas, pero el dolor de cabeza estaba volviendo a apoderarse de él. Maldita sea, necesitaba otra copa y alejarse un poco de todo aquel ruido.

Había acudido al evento nervioso, no sabiendo muy bien qué hacer ni cómo reaccionar si se la encontrara de frente. Aún no comprendía muy bien aquello, por qué Claire deseaba verlo ahora. Pero no la había visto entre toda aquella gente … y tal vez … tal vez fuera mejor así.

Se paró con varios conocidos camino de una de las terrazas. Necesitaba respirar aire fresco, o acabaría desplomándose en el suelo. Una vez llegó a destino, tomó una copa de champán de una de las bandejas que rondaban a su alrededor y se dirigió con paso firme hacia el jardín que se extendía ante él. La oscuridad, apenas rota por las tenues luces que iluminaban los caminos, le dio la bienvenida y respiró profundamente, oyendo las suaves pisadas de sus zapatos rasgar la gravilla del camino. Pronto los sonidos de la fiesta se atenuaron y se detuvo, cerrando los ojos y moviendo el cuello agarrotado.

- ¿Archie? – Casi se le cayó la copa de la mano y sintió que su corazón se disparaba a mil. Se giró lentamente.

Sí, allí estaba, tan hermosa como siempre. Enfundada en un vestido plateado que resaltaba sus curvas y un tocado de plumas que le daba un aire distinguido y muy seductor. En ese instante, en nada se parecía a la muchacha ranchera que él había conocido. Tragó con fuerza.

- Claire …

- ¿Sorprendido? – La joven se acercó a él, sonriendo nerviosa. - ¿Cómo estás? – Pero enseguida frunció el ceño. – Archie, ¿estás bien?

- Sí, sí, muy bien. – Carraspeó. - ¿Qué … qué haces aquí?

- Quería verte. – Directa al grano, como siempre. Sintió un nudo en la garganta.

- ¿Por qué, Claire? ¿Por qué ahora? – Vio cómo ella respiraba profundamente, desviando un segundo la mirada mientras se retorcía las manos, y después volvía a mirarle fijamente.

- Voy a casarme. - ¿Qué? – En unos meses, a mediados de año.

- ¿Qué estás diciendo?

- Voy a casarme con el hijo de un importante empresario de Bilings. Es un buen hombre.

- ¿Por qué lo haces? – Archie no podía disimular su sorpresa. - ¿Le amas? No necesitas que …

- Archie … - lo interrumpió – voy a cumplir veintinueve años en breve. Quiero tener hijos, una familia … he de ser sincera conmigo misma. Soy una mujer apasionada. Creo … creo que me irá bien.

- Pero … pero … ¿qué estás diciendo?

- Necesitaba verte una última vez. No engañaré a mi esposo. Una vez me entregue a él, no volveré a estar con nadie más. – Archie soltó un bufido, bebiéndose la copa de champán de un trago. Ella se acercó un poco más a él y le puso una mano en el pecho, mirándole a los ojos. Archie contuvo el aliento. – Te deseo, Archibald Cornwell. – Susurró. – Quiero estar contigo una última vez … si me aceptas. Sin más reproches, sin más dolor … - Él sintió la garganta seca, mientras la joven le acariciaba la mejilla con ternura. – Voy a marcharme ahora. Me hospedo en nuestra suite. Estaré allí toda la noche. – Acarició el tembloroso labio inferior de Archie con un dedo enguatado. – Ojalá decidas … - pero calló, la voz temblorosa.

Y con un suspiro, se alejó de él, perdiéndose en la oscuridad.


Noche de fin de año. Y yo me siento desolado … ¿por qué estoy tan triste? Noto las lágrimas caer por mis mejillas. No puedo recordarlo … estoy en un barco … veo el agua negra frente a mí, el olor del mar … estoy agarrado fuertemente a la barandilla, hace frío … la niebla … ruidos amortiguados de risas y conversaciones …

Me siento tan triste … me siento muy solo … ¿a dónde me dirijo? Y de pronto, noto una presencia a mi lado … mi corazón se dispara.

- ¿Quién está ahí? ¿Quién eres tú? – Descubro a una joven rubia … hermosa, graciosa … parece compungida.

- Discúlpeme, quería hablarle …pero como se veía tan triste …

Su voz es tan dulce … se me pone la piel de gallina. Pero, no, ¿qué estoy haciendo?

- ¿Qué, triste? ¿Yo triste? ¡Qué idea! ¡Esa estuvo buena! - Y de pronto me río a carcajadas … pero no es eso lo que deseo, ¿qué me está pasando? No logro comprenderlo … ¿es esto un recuerdo? Y esa jovencita … - ¿Sales a pasear aunque hay un baile en el salón?

- ¡No me gustan mucho las fiestas, eso es todo!

- ¡Apuesto a que no encontrabas pareja!

- ¡Qué importa! ¡Eso no es verdad!

Me siento tan lleno de vida de pronto … siento cómo mi cuerpo adolescente reacciona ante esa chica … me fijo en su pequeña naricilla …

- ¡No te enojes, Srta. Pecosa! – Acerco mi rostro hasta el suyo. Deseo meterme con ella. Es … es inevitable … - ¡Oh, vaya! ¡Pero esto es muy curioso! De hecho tu cara está llena de miles de pecas …

Veo cómo se enfurruña su rostro y siento ganas de reír.

- Disculpa, pero me gustan mucho mis pecas y de hecho estoy pensando en cómo hacer para obtener más. ¡Estoy segura de que estás celoso porque tú no tienes ninguna!

- Entonces supongo que también vas a alardear de tu nariz aplastada …

- ¡Por supuesto!

- Señorita Candy …¿qué hace aquí en la cubierta?

Un hombre se acerca entre la niebla. Debe ser algún familiar de esta joven … creo que es mejor que me vaya.

- Feliz año, señorita pecosa.

Y me alejo, me alejo entre la niebla …

- ¡Terry! ¡Terry!

El joven se incorporó a duras penas en el lecho, mientras la joven rubia intentaba por todos los medios sujetarle para que no se ahogara y poder pararle la hemorragia. El cuerpo de su esposo ya estaba cubierto del espeso y rojo líquido. Terry se miró las manos ensangrentadas, tosiendo, asustado, y se puso torpemente en pie.

- ¡No, Terry! – Candy intentaba sujetarle los brazos. – Puedes marearte, déjame …

- ¡No!

Su marido la apartó mientras se dirigía al baño. Dios … ¿qué le pasaba? Veía cómo la sangre resbalaba por su cuerpo … intentó taponarse la nariz mientras se apoyaba en las baldosas del baño, con Candy pisándole los talones.

- Eso es … intenta taponar las fosas nasales … aprieta el puente de la nariz … - la joven iba de un lado a otro y el joven fruncía el ceño. La cabeza le iba a estallar.

- Estoy bien … - ella hizo caso omiso.

Terry oyó cómo se abría el grifo de la ducha y lo instaban a entrar al interior. El agua le dio de lleno en el rostro y respiró por la boca, apoyando las manos en la pared. Se tocó instintivamente la nariz y notó que ya no sangraba.

- ¿Estás bien? – Oyó la nerviosa voz de su esposa. – Voy a por toallas …

El agua resbalaba por su cuerpo … bajó la cabeza. ¿Había sido un sueño? ¿Un recuerdo?

- Voy a preparar la ropa para que podamos ir enseguida a la clínica. – Su marido alzó la cabeza.

- ¡No! No, Candy, ya estoy mejor …

- Pero …

- Ya ha parado … estoy mejor … - la miró casi suplicante – por favor … - vio cómo el cuerpo de su esposa también estaba manchado de sangre y sintió que se encogía su corazón. Alargó una mano. – Estoy mejor … ven aquí, tú también deberías lavarte …


El joven matrimonio casi corría … corría por el pasillo con el corazón en un puño, cuando por fin llegaron a la salita donde los esperaba Patrick, y casi se abalanzaron sobre él, suplicantes.

- ¡Patrick, Dios mío! ¿Qué ha sucedido?

- ¿Está bien Alexander?

- ¿Dónde está?

- Tranquilos … - el médico intentaba calmarlos, instándolos a que lo acompañaran hasta los sillones frente a la chimenea.

- ¿Tranquilos? – Patty hubo de contenerse para no tomarlo por los hombros y zarandearlo. - ¿Cómo demonios vamos a estar tranquilos, Patrick?

- Ha sido un pequeño susto …

- ¿Pequeño susto?

- Patty, está bien, tranquila …

- ¡Pero William…!

- Hemos de dejar que nos lo explique, querida …

- Alexander ha contraído una infección … - alzó una mano pidiendo silencio – por favor, dejad que termine. Al principio pensamos que era más grave de lo que afortunadamente ha sido. Ya está todo controlado. Le hemos suministrado antibiótico y está respondiendo favorablemente. – La atmósfera en la estancia se relajó un poco. – Lo hemos separado de Rosemary solo por precaución … y para que ambos estén más cómodos, hasta que Alexander se recupere un poco. Ya le ha bajado la fiebre … podréis verlo enseguida.

- Oh, Dios mío … - Patty se secó nerviosa las lágrimas que habían rodado por sus mejillas sin que se diera cuenta, mientras su marido le apretaba la mano.

- Gracias, Patrick, lo siento … - William lo miró compungido.

- No os preocupéis, lo comprendo … lamento haberos asustado, pero creímos conveniente avisaros …

- Por supuesto …

- Alexander se recuperará sin problema … - el médico alargó una mano y apretó la de Patty, a lo que está respondió con una sonrisa agradecida. Entonces se incorporó y sonrió. – En breve, será la hora de alimentarlos. ¿Os apetece quedaros aquí esta noche? Habilitaremos una habitación para vosotros …

- Nos encantaría, Patrick …


La campiña resplandecía bajo la luz de la luna. Hacía mucho frío, pero la pequeña habitación estaba caldeada, gracias a la chimenea en la que crepitaba una ardiente fogata. La joven morena se arrebujó en su chal, mientras seguía observando la colina con sus grandes ojos azules.

La cena había resultado muy divertida. Una vez los pequeños acostados, los mayores habían disfrutado de una copiosa cena y el champán había corrido por las mesas como el agua. Y a pesar de que Tessa y ella no podían beber, habían estado riendo a carcajadas durante toda la velada gracias a los chistes y comentarios de los trabajadores de Casa de Pony. Tessa había resultado ser un aliciente y una buena medicina contra su soledad y tristeza. No sabía si había sido idea de Miss Pony el que se conocieran, pero se alegraba de ello. Era una joven chispeante, risueña … como un soplo de aire fresco en aquel momento de su vida.

Le había contado brevemente su historia, y Annie se había sentido algo idiota por sentirse desgraciada ante su propia situación. Al parecer, Tessa se había enamorado como una tonta del hijo de unos ricos adinerados de Indianápolis, en cuya casa trabajaba como criada, y el joven se había aprovechado de tal circunstancia, poseyéndola siempre que quiso, hasta que la joven le confesó que estaba embarazada y la echaron a patadas. De pronto se quedó sola, sin un centavo y sin saber qué hacer. Así acabó en Casa de Pony. Y sin embargo, la joven miraba positiva al futuro, afrontando con verdadero valor el hecho de tener que criar a su bebé ella sola.

Annie sintió envidia … envidia y admiración. Ojalá ella pudiera …

Pero de pronto, sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿Qué hacer? ¿Qué podría hacer? Archie había dejado muy clara cual era la situación … y si se le ocurriera por un momento salirse del plan … Annie no tenía duda de que Archie la destruiría, la apartaría del pequeño y la internaría … y ni siquiera Miss Pony podría ayudarla.

Sintió que un escalofrío recorría su espina dorsal.

- Oh, Matt … - susurró a la nada – te echo de menos …


Le faltaba el aliento, no podía respirar. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? No era lo correcto, no podía ser … bueno, ¿y qué era lo correcto de todas formas? Pensó que jamás volvería a verla … se le había roto el corazón … y de pronto, aparece ante él …

Al levantar el puño para llamar a la puerta, notó que temblaba ligeramente. Pero ya no había marcha atrás … no quería dar marcha atrás.

La puerta se abrió casi instantáneamente y apareció ante él, apenas vestida con un escueto corsé negro y unas braguitas de encaje sujetas por un liguero que enmarcaba sus sedosos muslos. Archie sintió que se quedaba sin oxígeno mientras sentía cómo su cuerpo reaccionaba ante aquella visión.

- Has venido … - susurró ella, sonriendo. Y se dio la vuelta mientras volvía por el corto pasillo hacia el saloncito de la suite.

Archie la siguió con pasos lentos, observando cómo sus caderas se balanceaban ante él. Sintió cierto mareo … no sabía si de excitación, de nerviosismo … ¿qué estaba haciendo?

Al llegar al pequeño salón, vio cómo Claire se acercaba a la mesa de bebidas y preparaba sendas copas. Se dejó caer pesadamente en el sillón junto al ventanal.

- ¿Qué estamos haciendo, Claire? – Ella giró la cabeza y lo miró por encima del hombro.

- El amor … espero.

- Pero … pero … - Archie sintió los latidos de su corazón retumbar en sus oídos, su sangre crepitar en las venas como lava ardiente. La joven sonrió y se acercó con las copas, tendiéndole una. – Dijiste que … bueno, no esperaba …

- Sssshhh, Archie … - Claire se encaramó en sus rodillas, acariciándole el rostro, mientras lo miraba fijamente a los ojos. El joven se hundió en aquellas pupilas y sintió congoja. No sabía precisar qué era lo que veía en ellas … - Dijimos que sin reproches …

- Pero yo necesito respuestas. – Se agitó bajo ella.

- ¿Qué tipo de respuestas?

- ¿Por qué haces esto?

- Porque te deseo.

- No es suficiente.

- ¿No es suficiente? – Archie sintió cómo el cuerpo de la joven se tensaba. – Estaba dispuesta a casarme contigo Archie, estaba dispuesta a mandarlo todo a la mierda por ti … lo sabes. Y de pronto, todo se fue a la mierda, efectivamente … pero por tu causa. – El joven tragó saliva. – No han cambiado mis sentimientos. Y aún siento dolor … - frunció el ceño – pero quiero despedirme. Quiero sentir lo que es hacerlo de verdad, con el hombre que amo, por última vez.

- Oh, Claire … - Archie sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas y parpadeó rápidamente, pero ella le secó con dulzura las comisuras de los ojos. Se acercó a su boca.

- Quiero que me poseas … quiero ser tuya esta noche, Archie … - besó suavemente sus labios – y no quiero seguir hablando …

Volvió a besarle, y esta vez, su pequeña lengua abrió los labios masculinos y se enroscó con rapidez en su boca, barriendo sus labios, mordiendo el labio inferior … Archie gimió, mientras sus manos se alzaban, ya sin voluntad, hacia las caderas femeninas y Claire comenzaba lentamente a desabrocharse el corsé, sin dejar de besarlo.

Se quitó lentamente la prenda, dejando los turgentes senos al descubierto, mientras Archie dejaba la copa en la mesita de al lado y sus labios se acercaban a los duros pezones, lamiéndolos lentamente y mordisqueándolos con suavidad. La joven comenzó a gemir, echando la cabeza hacia atrás, y comenzó a desatar la pajarita y los botones de la camisa del joven, dejando su torso al descubierto. Sus caderas se balanceaban inconscientemente hacia él, para darle una mejor posición de sus senos, mientras Archie ya ayudado de las manos y la boca, los excitaba y endurecía cada vez más.

Claire se separó un poco entonces y comenzó a desatar los botones del pantalón, el cuerpo un poco alzado, a lo que Archie aprovechó para introducir su mano entre las braguitas de encaje. Una vez se liberó su erección, sus dedos encontraron el duro nódulo de placer de Claire y la acercó hacia sí, mientras la joven gemía.

- Estás muy húmeda … - susurró en su boca.

- Es que te deseo muchísimo … - contestó ella.

Volvieron a besarse con fiereza y el joven la cogió por las nalgas, levantándose del sillón y quedándose un momento indeciso en pie, mirando alrededor.

- Ahí … - susurró ella, señalando los cojines apostados contra el amplio ventanal, con las luces de Chicago titilando más abajo.

El joven la acostó en los cojines, despojándose rápidamente de toda la ropa de su cuerpo y quedando desnudo ante ella. Claire se lamió los labios y alargó las manos.

- Ven aquí …

No se hizo de rogar. Besos y mordiscos en el cuello, en los pechos … bajó lentamente las braguitas por los muslos mientras ella se incorporaba y tomaba entre sus manos el largo miembro, procediendo a lamer cada centímetro del mismo. Archie rugió de placer, hasta que la obligó a rodar por la moqueta. Ya ni siquiera estaban sobre los cojines … pero no importaba. La joven quedó sobre él, ligeramente alzada, mientras Archie volvía a frotar el duro nódulo femenino y la hacía gemir, para a continuación, la joven ponerse a horcajadas e introducir el miembro masculino en su interior.

El pene de Archie era largo y grueso y la joven se mordió el labio, sin poder introducirlo totalmente, a lo que comenzó a rotar las caderas y a moverse de arriba abajo, entre jadeos y gemidos. Archie la hizo rodar de nuevo y salió de ella, lamiendo sus pechos, su abdomen y llegando al clítoris, donde se entretuvo hasta que la joven gritó su nombre entre pequeños espasmos, agarrada a su cabello, con lo que el joven volvió a encaramarse en sus muslos e introdujo su miembro lentamente.

- Dime si te hago daño … - susurró jadeante en su boca.

- No … adelante …

Archie comenzó a moverse con suavidad, acoplando su ritmo al de las caderas de la joven. Pronto estuvieron moviéndose al unísono, ambos perdidos ya el uno en el placer del otro, jadeando … Archie apoyadas las manos firmemente en el suelo, las rodillas flexionadas para poder introducirse en la joven … ella arqueada la espalda y los muslos hacia él, la cabeza echada hacia atrás, gritando …

- ¡OH, Archie …!

- Nena …

De pronto, la joven se arqueó más, quedándose quieta un instante, mientras pequeños espasmos agitaban su cuerpo … Archie la beso en la boca y comenzó a moverse de nuevo …

- Nena, voy a … - intentó salir de ella, pero lo retuvo con los muslos …

- No te vayas …

- Pero Claire …

- No pasa nada … está controlado …

Rotó sus caderas hacia él, volviéndolo loco, y el joven aceleró el ritmo, cuando súbitamente rugió, tensando su cuerpo y explotando en su interior.


La noche continuaba su marcha imparable, tranquila y silenciosa, previa al amanecer. La primera madrugada de un nuevo año … todos decían que el nuevo año propiciaba nuevos comienzos, un nuevo futuro … ¿sería cierto? Él no recordaba los años precedentes, no recordaba quien había sido … ni tampoco sabía en quien podría convertirse. Lo único que tenía grabado a fuego en su corazón era el hecho de que amaba con cada poro de su cuerpo a aquella joven que yacía en ese momento entre sus brazos, dormida, enroscada a su cuerpo desnudo, ambos arrebujados en una manta, tumbados en un diván frente al ventanal, pudiendo observar las estrellas que poblaban el cielo.

Una vez se ducharon y limpiaron toda la sangre de sus cuerpos, su esposa había insistido en que se tomara un analgésico para el dolor de cabeza y había tratado de persuadirle de que fueran a la clínica, pero él se había obstinado en quedarse en casa. Era su noche, la noche que pasarían juntos … no iba a mandarlo todo al carajo por un estúpido sueño de mierda.

Así que se enroscaron en una manta en el diván y se terminaron la botella de champán. Candy intentaba disimular su preocupación, pero Terry había comenzado a conocerla bien, y sabía que su esposa sufría por él. Sutilmente había intentado que le explicara lo que había sucedido … pero él no había podido. No quería crearle nuevas esperanzas … no quería decirle que había recordado el primer instante en que la vio … ¿sería aquello una señal?

Terry se movió ligeramente para acomodarse mejor y Candy se acopló a él, sin despertarse. El joven la observó con el corazón en los ojos. Ella era lo más importante … lo mejor de su vida. Odiaba hacerla sufrir. ¿Y qué pasaría a partir de ahora?

Por mucho que los médicos intentaran suavizar la cuestión, Terry sabía que los próximos meses serían una sucesión de pruebas, de resultados, de diagnósticos … de vida de hospital, de hemorragias … Dios mío, ¿realmente su esposa se merecía aquello? No, no lo merecía.

Acarició con ternura el sedoso cabello rubio y lo besó. Un nuevo año … la primera mañana … y él … ¿quién era? Un joven sin pasado sollozando en el umbral de un incierto futuro.


Eleanor Baker bajó lentamente del automóvil, ayudada por el chofer, quien le ofreció su brazo con galantería para ayudarla hasta el porche de la casa.

- No, Scott, puedo sola, gracias. – El joven se tocó la gorra y se volvió de nuevo hacia el coche, mientras la actriz llegaba hasta la puerta de su casa, la cual se abrió antes de que llamara, dando paso a su ama de llaves. – Buenas noches, Marge.

- Señora … - La mujer parecía nerviosa.

- ¿Qué sucede?

- Señora, no pude persuadirle de que … - Eleanor frunció el ceño. – El Duque de Grandchester se encuentra en el salón.

- ¿Qué?

- Lo siento mucho, señora. – El ama de llaves se retorcía las manos, compungida. – Le dije que no se encontraba en casa, le dije …

- Está bien, Marge, tranquila … - Eleanor le puso una mano en el brazo sin detenerse de camino al salón, abriendo la puerta de par en par. – Richard.

El duque se hallaba de pie ante los ventanales, cerca de la chimenea encendida, observando la oscuridad. Al oír el ruido de la puerta se giró y alzó las cejas.

- Vaya … has vuelto.

- ¿Qué estás haciendo aquí, Richard? – Eleanor sintió que la ira comenzaba a calentarle las venas. Hizo un gesto al ama de llaves. – Déjanos solos, Marge. – La aludida hizo una inclinación de cabeza y obedeció, cerrando la puerta tras de sí.

La actriz se quitó con movimientos bruscos el abrigo que llevaba puesto y lo tiró a uno de los divanes mientras avanzaba con paso firme hacia el aristócrata.

- ¿Cómo se te ocurre aparecer en mi casa de pronto como si fueras el amo y señor? ¿Cómo se te ocurre intimidar a mis criados y atreverte a …? – Ya estaba a la altura del duque cuando él le puso un dedo en los labios haciéndola callar, y dejándola estupefacta en mitad de la frase.

- Sssshhhh, Eleanor … tranquilízate. - La actriz sintió que la sangre bullía en su interior de rabia contenida … pero de pronto se percató de que sus rostros estaban muy cerca. Los ojos grises de Richard observaron lentamente las líneas de su rostro. De pronto, sintió palpitar fuerte su corazón, sin saber muy bien por qué. - Sigues siendo verdaderamente preciosa … - La actriz tragó con fuerza, quedándose inmóvil, no dando crédito a lo que oía.

- ¿Pero qué estás diciendo, Richard?

- La verdad … - Eleanor meneó la cabeza y se alejó unos pasos.

- ¿Has venido para decir estupideces a estas alturas? Estoy cansada, Richard, ha sido una noche muy larga …

- ¿Una copa? – La actriz soltó un bufido.

- No voy a librarme de ti, ¿verdad? ¿Qué es lo que quieres? – Él sonrió y se dio la vuelta, preparando hábilmente las bebidas.

- Lo cierto es que de pronto, me di cuenta de que era la primera vez en casi treinta años que volvía a pasar las navidades en Estados Unidos … - giró un poco la cabeza para mirarla y sonrió con dulzura. – Supongo que me he vuelto un poco melancólico con la edad …

- Permíteme que lo dude … - masculló ella, pero él se echó a reír, tendiéndole la copa.

- ¿Ni siquiera un pequeño voto de confianza? Es Año Nuevo …

- Precisamente. – Contestó ella, pero aceptó la copa y se volvió al ventanal.

- ¿Qué tal la fiesta? – Ella se encogió de hombros.

- Vista una, vistas todas.

- Cierto. – Se sobresaltó al darse cuenta de que estaba junto a ella ante la ventana. Lo miró de reojo y un pinchazo de preocupación vino a molestarla.

- ¿Te encuentras bien? – Él se encogió de hombros, sin mirarla, y sonrió con tristeza.

- No … me estoy muriendo, lo sabes. – Eleanor sintió congoja, a pesar de todo … Dios, era el padre de su hijo. Había estado loca por ese hombre … alzó una mano, pero la bajó enseguida, sin saber muy bien qué hacer. Él se giró a observarla, al cabo de un momento. Eleanor suspiró interiormente al mirarse en aquellos ojos grises, los cuales en ese momento, nada tenían que ver con los fríos y despiadados ojos que observaban siempre a todos los presentes. – Ya no me queda tiempo, querida …

- Richard … - Él alzó una mano.

- Ssshhh, tranquila. Por eso he venido. Necesito … bueno, necesito volver a Londres lo antes posible, ya no puedo demorarme más. He de terminar ciertos asuntos. Y … necesito que Terrence venga conmigo.

- ¿Qué? Pero … pero Richard, sabes que eso es imposible …es decir …

- No es tan imposible.

- ¿A qué te refieres? Sabes el estado en el que se encuentra Terrence, sabes que está en observación, y la operación …

- He hablado con Carter y el equipo … y siempre puede llegarse a acuerdos …

- ¿Has hablado con los médicos sin nosotros? – Eleanor dio un paso atrás, mirándolo furiosa. - ¿Cómo te atreves? ¿Lo sabe Terrence?

- No … pero lo sabrá muy pronto.

- ¿Es que te has vuelto loco? ¿Qué te propones?

- Necesito que Terrence vaya a Londres a firmar los papeles de cesión de titularidad. De hecho, ya habíamos concertado un encuentro antes de … bueno, antes de todo esto … - hizo un ademán con la mano - … seguramente el viaje me pase factura y … en breve creo que ya no podré valerme por mi mismo. – La actriz dejó la copa en la mesita con manos temblorosas y suspiró profundamente. – Tres profesionales del equipo médico están dispuestos a viajar a Londres para cuidar de Terrence e intervenir, si fuera el caso. Debe hacerse ya, lo antes posible, si pudiera ser en un mes …

- Pero … - Eleanor se retorcía las manos, pensando a toda velocidad.

- Necesito tu ayuda, querida.


El cielo comenzaba a teñirse de gris, y las luces comenzaban a apagarse, preludio de la primera mañana del nuevo año. Los cuerpos desnudos de los amantes, apenas iluminados por las brasas de la chimenea, yacían relajados encima del lecho, acariciándose suavemente.

El joven pasó los dedos con delicadeza por la curva de la mejilla femenina e hizo que le mirara. Al sentir aquellos ojos sobre él, sintió un pinchazo de dolor.

- ¿Qué sucede? – Susurró ella.

- ¿Por qué vas a hacerlo? – Vio la incertidumbre en los ojos femeninos por unos segundos, pero enseguida la comprensión hizo acto de presencia, y la joven suspiró.

- Oh, Archie, ya te lo he dicho …

La joven meneó la cabeza y se alzó del lecho, aunque Archie intentó retenerla. Se dirigió a los ventanales y cogió de pasada una copa de champán de la mesa de bebidas.

- Dijiste que una vez estuvieras casada … ya no volverías a estar con nadie más … - Archie miraba al techo, la voz ronca. - ¿En qué pobre situación me deja eso a mí? ¿Qué triste opinión merezco? – Claire bebió un pequeño sorbo de champán y suspiró, dándose la vuelta y dirigiéndose al lecho. Se puso a horcajadas encima de él, dejando la copa a un lado y acariciando su torso desnudo.

- Archie … sabes que nunca te he juzgado … - Se inclinó y lo besó en los labios suavemente. – Sé que luchaste por tu matrimonio, tú mismo me lo dijiste. Nunca podría reprocharte nada en ese sentido, cariño. Quizá … – los ojos de la joven se empañaron – quizá si todo hubiera sido …

- Si yo no la hubiera jodido …

- Archie … - él se levantó ligeramente, recostándose contra las almohadas y acarició sus caderas. – Debes pensar en tu hijo. Céntrate en él … - el joven intentó volver la cabeza, pero ella cogió su rostro entre las manos. – Lo digo en serio … - al ver cómo los ojos avellana se llenaban de lágrimas, la joven meneó la cabeza y besó sus párpados. – Eres un hombre admirable. – La voz de la joven se enronqueció, pero enseguida carraspeó y se echó hacia atrás. – Sé que podrás con ello … con todo. – Desvió la vista y se apartó de él, volviendo a los ventanales y dándole la espalda.

Archie suspiró profundamente, intentado reponerse. Ya era suficiente. Debía recobrarse y aprovechar el tiempo que les quedaba para poder estar juntos. Apretó los puños y cerró los ojos con fuerza unos instantes, centrándose en su respiración, hasta que reunió las fuerzas suficientes para poder levantarse y acercarse a ella, besándole el hombro desnudo y agarrándola por la cintura, pegándose a ella por detrás.

- Lo siento … no quiero perder ni un segundo más de esta noche … - la besó en la nuca – no más preguntas, no más reproches … - le mordió el lóbulo de la oreja y la joven suspiró. - ¿Cuándo regresas a casa?

- Esta tarde … - susurró ella, girándose en sus brazos y echándole los brazos al cuello. Archie la besó en los labios y de pronto una sonrisita sardónica apareció en la comisura de su boca. – Dime … ¿cómo sabías que vendría? ¿Y si hubiera estado acompañado? – Ella lo miró mezcla de picardía y diversión.

- Querido, he hecho mis deberes, ¿por quién me tomas? Me he asegurado de no perder esta oportunidad de tenerte entre mis brazos … - él meneó la cabeza condescendiente y la alzó por las nalgas, apoyando su espalda contra el cristal y besándola profundamente. – Ahora silencio, señorita … - susurró en sus labios arrancándole un gemido – eso es … eso es lo único que quiero escuchar … - y apartándola del ventanal, se dirigieron al lecho entre jadeos femeninos.