La mansión Andrew se recortaba contra el horizonte, enigmática y algo sombría, como si de hecho llorara la ausencia, la pérdida de uno de sus moradores, como si cada grieta de cada piedra sintiera el dolor de la marcha de uno de sus miembros más significativos.
William Albert Andrew, el patriarca de la familia, cuadró los hombros, observando las líneas de la casona una vez más, y procedió a andar hacia la entrada, donde Watters lo aguardaba para coger su abrigo y sombrero.
- ¿Ha disfrutado de su paseo, señor? – El viejo y leal mayordomo, que llevaba junto a los Andrew casi tanto como la propia mansión, intentaba sonreír bajo la máscara de tristeza que embargaba su rostro cansado. El joven rubio palmeó el hombro del viejo y querido sirviente.
- Una húmeda y triste tarde, Watters, parece como si la casa también llorara nuestra pérdida. – El hombre asintió compungido.
- Ya nada será igual sin la señora …
La fuerte, recia y autoritaria matriarca de los Andrew, la temida y respetada Emilia Elroy, había expirado la tarde anterior, rodeada de sus cuñados y sobrinos, con su ajada mano entre las de su amado William. Se había ido tranquila, con la discreción y entereza que la caracterizaba, dejando a la familia sumida en un respetuoso silencio.
William suspiró y miró alrededor, dirigiéndose a su despacho.
- Disculpe, señor …
- ¿Sí? – Se volvió hacia Watters.
- Hace apenas un cuarto de hora ha llamado la señora Andrew desde Washington. Ha pedido que la llamara en cuanto pudiera.
El joven asintió enfilando el pasillo hacia su despacho, topándose con George por el camino.
- Señor William, le estaba buscando.
- Dime, George.
- Siento molestarle con tales asuntos en estos momentos, señor, pero lamentablemente, hemos de ultimar varios detalles respecto al sepelio de la Sra. Elroy.
- Por supuesto … - el joven asintió, apretando el brazo de George – dame unos minutos, que he de hacer una llamada … y nos ponemos con ello, ¿de acuerdo? – George asintió, grave el rostro. - ¿Ha llegado Archie?
- Aún no, señor.
William continuó camino hacia el despacho y una vez dentro, procedió a cursar la llamada a su esposa.
- ¿Patty?
- ¡William! Hola, amor mío, ¿cómo estás? Watters me ha dicho que habías salido a dar un paseo …
- Sí, necesitaba respirar aire fresco …
- Oh, querido, ojalá pudiera estar ahí contigo …
- No te preocupes, cuida de nuestros hijos … por cierto, ¿cómo están?
- Muy bien, no debes preocuparte. Deseando ver a su padre … al igual que yo. Una vez todo termine … ¿podrás venir a Washington?
- Espero que sí, amor. Una vez dejemos todo organizado, volveré con el tío Robert y espero poder quedarme unos días … además, he de hablar con la clínica en relación al bebé de Archie …
- Oh, es cierto, ¿cómo se encuentran Annie y el bebé?
- Bastante bien, dadas las circunstancias, pero Kyle es muy pequeño … va a necesitar cuidados especiales, al igual que los nuestros …
- ¿Sabes algo de Candy?
- No, aún no. Le enviamos un telegrama a Nueva York anoche, comunicándole la noticia .. supongo que pronto tendré noticias suyas.
- Oh, amor mío … te noto triste y cansado … ojala pudiera abrazarte …
- ¿Patty? No te oigo demasiado bien, querida …
- Hay muchas interferencias …
Hablaron unos pocos minutos más hasta que se cortó definitivamente la comunicación, y el joven rubio quedó en silencio, apenas escuchando como la casa respiraba sobrecogida. Se acercó a la mesa de bebidas y se sirvió un whisky, intentando relajar los músculos del cuerpo. Sentía como si le faltara algo, como si hubiera perdido algo importante en su vida … su tía, querida y odiada tía … pero tan necesaria … iba a echarla mucho de menos, verdaderamente, a pesar de todo.
El sepelio de la matriarca Andrew sería un acontecimiento importante en los círculos de la alta sociedad de Chicago. Al igual que había sucedido con la malograda fiesta de su compromiso y anuncio nupcial, el sepelio de Elroy reuniría a importantes personalidades del mundo de las finanzas, la cultura y la sociedad, y los Andrew, como siempre, deberían estar a la altura de las circunstancias.
- Haré que te sientas orgullosa, tía. – Susurró William a la nada, alzando su copa.
Unos golpes en la puerta lo sacaron de su ensimismamiento y se dirigió a su escritorio, mientras George entraba al despacho.
Ya era entrada la mañana cuando Eleanor Baker entró por la puerta de la habitación que ocupaba su nuera y se la encontró ya totalmente vestida, preparando la maleta, abierta encima de la cama.
- Buenos días, querida, ¿qué estás haciendo?
- Recojo mis cosas … - explicó Candy por encima del hombro, sin detenerse – el Dr. Carter me ha dicho que puedo marcharme.
- ¿Marcharte? Pero necesitas mucho reposo y …
- Sí, no te preocupes, sé lo que me hago …
La actriz se acercó a ella en dos zancadas y la tomó por los hombros, obligándole a mirarla.
- ¿Y qué demonios vas a hacer?
- Ya te he dicho que no debes preocuparte …
- ¡Maldita sea, Candy! – Eleanor estaba comenzando a perder los nervios. – Ahora comprendo por qué os entendéis tan bien ese hijo cabezota que tengo y tú … - El hermoso rostro se ensombreció.
- ¿Tú crees? – Eleanor se mordió el labio.
- Está bien … - le pasó un brazo por los hombros – te diré lo que vamos a hacer. – Alzó un dedo silenciando a la joven. – Soy la abuela de tu hijo, y por lo tanto has de obedecerme. Recogeremos tus cosas y te vendrás a casa conmigo. Sssshhh … - volvió a acallarla – lo primero es tu salud y la de ese bebé. Descansarás en mi casa, que también es la tuya, todo el tiempo necesario. Así podrás pensar más tranquilamente que vas a hacer a partir de ahora, ¿de acuerdo?
Candy suspiró, relajando los hombros y asintiendo al final, con una sonrisa resignada.
- Está bien … no tengo fuerzas para discutir …
- ¡Estupendo! – Palmoteó la actriz. – Ahora vamos a recoger todo esto. - Procedieron a recoger las pocas pertenencias de Candy en unos minutos. - Oh, querida, casi se me olvida … - Eleanor sacó un telegrama de su bolso y se lo entregó. – Ha llegado esto esta mañana a mi domicilio … es para ti. – La joven lo cogió frunciendo el ceño.
- ¿Pero quién …?
Calló al darse cuenta de que era de Albert y lo abrió con rapidez. Su rostro cambió radicalmente.
- ¿Qué sucede, querida? – Se alarmó Eleanor. La joven alzó los ojos.
- La tía Elroy ha muerto.
- Oh … vaya, lo siento mucho …
Candy se sentó en la cama, suspirando.
- El sepelio será en unos días …
- No estarás pensando en volver a Chicago, ¿verdad?
La joven bajó la cabeza, retorciéndose las manos. ¿Volver a Chicago? Sí, tal vez esa fuera la solución … volver a casa. ¿Qué estaba haciendo allí de todas formas? Sola en Nueva York … sin saber a ciencia cierta qué debía hacer … su marido la había dejado allí, marchándose a Inglaterra …
- ¿Candy? – Eleanor la observaba preocupada.
- Todo va bien, solo estoy un poco cansada …
Chicago comenzaba a llenarse de personalidades importantes que visitaban la ciudad para asistir al sepelio de la matriarca de una de las familias más importantes de ese lado del continente. La prensa se había arremolinado a las puertas de la mansión Andrew y en los despachos de la ciudad, y ningún miembro se libraba del acoso de los periodistas.
Archie había tenido que tomar medidas para que Annie y el bebé se mantuvieran al margen de todo aquel alboroto y había seguridad en las zonas del hospital. La joven morena vivía en un estado nervioso continúo, tanto por la situación de su bebé como por el estado en que se encontraban los Andrew. Sabía que a Archie le había afectado mucho la muerte de su tía, aunque estuviera disimulándolo. Y a ella le dolía verle así, de veras le dolía, pero no sabía cómo acercarse a él. Solo esperaba que todo terminara para que Albert pudiera ir a Washington a hablar con la clínica y lograr que algún especialista volviera a Chicago para hacerse cargo de Kyle. Archie había decidido ir con él.
Por otro lado, todos los miembros del consejo Andrew y sus respectivas familias ya se hallaban en la ciudad. William y George, junto con el resto de tíos y sobrinos, ya tenían todo dispuesto para que en un par de días comenzaran los actos de despedida de la gran Emilia Elroy. Primeramente, el entierro se produciría en el cementerio de Lakewood, donde se encontraba el propio Anthony y otros cuantos miembros de la familia, para lo que deberían partir con el féretro, a unas horas de camino, al cual solo asistirían los familiares más cercanos. Posteriormente, volverían a Chicago donde al día siguiente se realizaría el multitudinario funeral en la Holy Name Cathedral, al cual ya asistirían numerosas personalidades de todas las ramas.
Archie entró con pasó decidido a la habitación de su esposa en el hospital, haciendo que Annie pegara un respingo, saliendo de su ensimismamiento.
- ¡Archie! ¿Qué haces aquí? No te esperaba …
- He venido a despedirme … - el joven se quitó el sombrero y el abrigo casi con brusquedad, parecía enfadado – malditos periodistas ….
- ¿Qué sucede?
- Estoy agobiado, eso es todo … - tenía el ceño fruncido – no nos dejan ni a sol ni a sombra … - suspiró, mirando alrededor - ¿y Kyle?
- Han tenido que llevárselo … - Annie intentó controlar el temblor de su voz – ya sabes que últimamente no respira muy bien … - el rostro de Archie se dulcificó e hizo amago de acercarse a ella, pero se contuvo.
- Todo irá bien … - intentó sonreír – en cuanto volvamos de Washington con el especialista, Kyle se encontrará mucho mejor, ya lo verás … - la joven asintió e intentó sonreír.
- ¿Te marchas a Lakewood?
- Sí, esta tarde, por eso he venido. Mañana será el entierro y volveremos al día siguiente, justo para el funeral. No podré venir en un par de días. Si sucediera cualquier cosa, puedes localizarme en Lakewood, ¿de acuerdo? – La joven asintió, bajando los ojos.
- Lo siento, Archie.
- ¿Qué?
- Siento mucho lo de tu tía … - el joven apretó los labios.
- Gracias … nos vemos en un par de días. Cuídate, Annie.
Y salió de la estancia tan rápidamente como había entrado. Annie sintió congoja en el corazón. Dolía, a pesar de todo, dolía …
Archie enfiló el pasillo con rapidez, los labios apretados. Que complicado era todo … sí, era complicado, difícil de soportar … salió por la parte posterior del edificio, donde ya lo esperaba su chofer, y arrancaron por una de las callejuelas.
Pronto se perdieron por las calles de la ciudad, camino de la mansión de nuevo. El joven castaño se recostó en el sillón y entrecerró los ojos, cansado. Tanta tensión iba a acabar con él. De pronto, se incorporó bruscamente.
- John, ve más despacio, por favor.
¿Había visto bien? Sí, desde luego. Ante la entrada de uno de los hoteles más lujosos de la ciudad se hallaba el viejo Cooper, acompañado de una pareja. La mujer lucia una cabellera castaña que el joven Cornwell conocía muy bien. Sí, allí estaba. No esperaba que viniera al funeral. Y menos con su nuevo flamante marido.
Hizo que John detuviera el vehículo al otro lado de la calle para poder observar mejor. El tal Oxenberg era un hombre alto y fornido, con un marcado instinto protector cuando observaba a su bella esposa. Sí, estaba hermosa, radiante … Archie frunció el ceño al observar más detenidamente a la joven. ¿Eran imaginaciones suyas? Ese vestido que se marcaba más en el abdomen … de pronto, abrió los ojos sorprendido, ¿Claire estaba embarazada?
Se sentía bien en casa de Eleanor, no iba a negarlo. Estaba completamente cuidada y mimada, toda la casa pendiente de su más mínimo capricho … aunque no podía evitar sentirse como si estuviera cayendo … cayendo en un profundo abismo …
Se frotó los brazos, recostada en el cómodo sillón frente a la chimenea y suspiró. Ya era mayo … pero continuaba haciendo algo de frío. En un par de días cumplía años … ¿quién lo diría? Nunca se había sentido tan sola …
La carta de Terry seguía sobre el tocador, sin abrir. Eleanor la había vuelto a depositar allí muy discretamente, pero ella no pensaba tocarla. No, no necesitaba ningún trozo de papel que le llenara la cabeza de excusas … Terry había querido excluirla de su lado, a pesar de las promesas … y ya no podía soportarlo. Tragó con fuerza para mitigar un sollozo. Candy, debes calmarte … por el bien del niño …
Alzó la cabeza. Sí, iba a ser madre. Esta vez nada malo sucedería, estaba segura. Iba a ser madre e iba a amar tanto a ese pequeño, que nada ni nadie podría hacerle daño. Siempre había soñado con formar una familia … y ahora se hallaba allí, casada con el amor de su vida, embarazada … y sola.
Debía enfrentar la situación. Por su hijo.
- No puedo quedarme aquí sentada esperando. Debo saberlo. – Apretó los puños y se levantó, el rostro lleno de firmeza y determinación.
El resto de la tarde lo pasó escribiendo varias misivas, para Albert, Annie y Patty respectivamente. Había tomado una decisión, e iba a llevarla a cabo a la mayor brevedad.
Eleanor la encontró en la cocina, charlando con Marge, cuando regresó del teatro.
- Hola, querida, ¿cómo te encuentras? – La besó en la mejilla.
- Muy bien, gracias. ¿Podríamos hablar unos minutos?
- Claro que sí. - Se retiraron al saloncito de Eleanor y se sentaron ante la chimenea. – Tú dirás, querida.
- Eleanor … - la joven respiró hondo – he tomado una decisión. Voy a marcharme a Inglaterra. – Se hizo el silencio, mientras la actriz la miraba fijamente. – No pareces sorprendida … - entonces Eleanor sonrió condescendiente.
- No, querida … - la tomó de la mano – te he estado observando estos días … y creo que he llegado a conocerte bastante bien. Sabía que no podrías dejarlo pasar … - sus ojos azules la escrutaron con tristeza. – No piensas leer la carta … ¿verdad? – Candy negó con la cabeza, los ojos aguamarina brillantes.
- Necesito verle, Eleanor, necesito mirarle a los ojos, hablar con él … hemos de hablar de tantas cosas …
- Pero es peligroso, querida, sabes que …
- Me arriesgaré … al igual que Terry. – La preocupación ensombreció su rostro por unos segundos. – Sólo espero que esté bien … - se apretó las manos. - ¿Sabes … sabes si está bien? ¿Has tenido noticias? – La mujer negó con la cabeza, apesadumbrada.
- Solo sé que llegaron a Londres … y que aparentemente estaba bien.
Quedaron en silencio unos instantes, cada una perdida en sus pensamientos, hasta que la actriz se irguió, sobresaltando a la joven.
- Está bien, querida. Me encargaré de todo. Creo que en una semana podremos partir. Sale un barco desde puerto a Londres en esa fecha …
- ¿Qué …? – Candy la miraba con la boca abierta. - ¿Podremos partir? ¿A qué te refieres? – La mujer sonrió.
- Pues está claro, querida. Me marcho contigo.
- Pero … pero, Eleanor, no puedes …
- Claro que puedo. – Le apretó la mano. – Ya tengo prácticamente todo preparado. Además, dejé marchar a mi hijo solo … no voy a cometer el mismo error contigo. No vas a lograr disuadirme. Iré contigo, te gusté o no. - Candy apretó los labios, alzando las cejas, hasta que de pronto, ambas se echaron a reír y se abrazaron. Eleanor la apretó contra sí, acariciándole el cabello. – Yo no voy a dejarte, querida niña … - Los ojos de Candy se llenaron de lágrimas e intentó retenerlas. Al cabo de unos instantes, la actriz la apartó un poco y sonrió, observando su rostro. - ¿Sabes que haremos? Mañana mismo compraremos los pasajes, y después … - la miró pícara – nos iremos de compras … y el día de tu cumpleaños, a cenar y al teatro … que no se cumplen años todos los días …
La tarde decaía, la oscuridad comenzaba a teñir el cielo de gris, y parecía que las nubes iban a descargar su tristeza sobre ellos. El entierro había sido triste, gris, silencioso … el cementerio de Lakewood siempre le traía a Archie lúgubres recuerdos. Quizá fuera porque se hallaban enterrados allí todos sus seres queridos. Sus amados padres, su primo Anthony … su querido hermano … había visitado todas las tumbas … nombres queridos tallados en fría piedra gris … que ya no estaban allí, no estaban … sintió que una profunda tristeza lo embargaba.
Tenía veinticinco años … había creído toda su vida que el éxito y el amor le sonreirían, y sin embargo … estaba casado con una mujer que ya no conocía, un hijo que biológicamente no era suyo, y acababa de ver a su amante embarazada y casada con otro hombre …
Oh, Stear, cómo te echo de menos … intentó imaginar a su querido hermano con veinticinco años, e incluso a Anthony … y no puedo evitar sonreír. Todo hubiera sido tan distinto si ambos hubieran estado allí con él … ¿o no? Probablemente se hubiera casado con Annie igualmente … parecía que estuvieran predestinados … a pesar de todo.
Stear trabajaría al margen de la familia, a pesar de las protestas de la tía Elroy y del resto del consejo. Casado con Patty probablemente, con su cabello negro y rizado largo hasta las orejas y sus risueños y brillantes ojos verdes tras las gafas, siempre inventando alguna cosa nueva …transmitiendo alegría allá por donde pasaba.
Y Anthony … apuesto, dulce, tranquilo … estaría junto a Candy, por supuesto, juntos contra el mundo … enamorados, felices …
El joven Cornwell relajó los hombros y se frotó las sienes.
- ¿Cansado? – Asintió, girando la cabeza para mirar a Albert, que entraba en ese instante a la estancia. – Yo también …
- Este lugar me trae demasiados recuerdos … -Albert asintió, preparándose una copa.
- Sí, a mí también …
Ambos fruncieron el ceño mirando por la ventana, al escuchar que un automóvil se acercaba por la avenida de entrada a la mansión.
- ¿Quién será a estas horas?
Pronto lo descubrieron, al entrar George a la estancia acompañado de Robert y Michael Andrew.
Los hombres se sentaron alrededor de la chimenea, con sendas copas y puros, poniéndose al día.
- Señor, acababa de llegar una carta urgente a la mansión, he creído que querría leerla cuanto antes … - George le entregó la misiva.
Albert frunció el ceño y asintió, viendo quién era el remitente.
- ¿Algo importante?
- No … continuemos …
Siguieron charlando durante varias horas, hasta que se obligaron a retirarse a descansar, ya que al día siguiente les esperaba una dura jornada en Chicago.
Albert entró a su dormitorio, desnudándose y sentándose en una butaca frente a la chimenea con la carta que le había entregado George en su regazo, la cual abrió con rapidez.
Nueva York, 5 de mayo de 1922
Querido Albert,
¿Cómo estás? Lamento mucho lo de la Tía Elroy, de verdad, me alegro de haber podido despedirme de ella en última instancia. Sé que son momentos duros para ti, solo, sin Patty y los niños, y ojalá hubiera podido estar ahí contigo, pero como bien dijiste, he se seguir mi camino.
Y sé que no será un camino fácil, Albert, pero ya me conoces, no voy a rendirme. Aunque te confesaré que he pasado unos días complicados en los que he estado a punto de tirar la toalla…
Demasiado en qué pensar, Bert … y ni siquiera puedo expresarlo en voz alta, con nadie … así que creo que me será más fácil plasmarlo todo en el papel … no quiero agobiarte, querido, con mis estúpidos problemas, bastante tienes ya, pero necesito de veras contarle a alguien todo lo que llevo dentro, me está oprimiendo el alma …
Llegué a Nueva York ilusionada, expectante … estaba preocupada por mi esposo, por su salud y bienestar y llevaba tanto tiempo sin verle … lo único que deseaba era que me estrechara entre sus brazos. Y entonces … cuando entré a la clínica Berenson me dieron la noticia: Terry se había marchado hacía unos días a Inglaterra con su padre.
Perdí el control, Albert, caí en la oscuridad. Creo que mi cuerpo ya no pudo más. Demasiado … demasiadas desgracias acumuladas en estos meses … no recuerdo qué sucedió, pero cuando desperté, Eleanor estaba allí. Mis oídos escuchaban sus palabras, pero yo ya no podía sentir nada. Sólo dolor.
Terry había vuelto a marcharse, arriesgando su vida por completo con aquel viaje, excluyéndome, dejándome de nuevo … no pude evitarlo, Bert, sentí tal dolor en el pecho … volví a recordar la fría noche de Nueva York de hacía tantos años, cómo tuve que irme de su lado … jamás pensé que volvería a sentirme así. Nos habíamos jurado amor, nos habíamos prometido tantas cosas … habíamos superado tantas cosas … sinceramente, no podía creerlo.
Terry me ha dejado una carta, al parecer explicándomelo todo … pero no he querido abrirla. Sí, parece que esté escuchando tu voz de reproche diciéndome lo tonta que estoy siendo, que no debo juzgar nada hasta no conocer todos los detalles, lo sé, y que tal vez lo primero que debería hacer es leer esa maldita carta … pero no voy a hacerlo. No quiero derrumbarme al oír sus palabras, no quiero ampararme en las excusas que sé que voy a leer en esas líneas … no, lo que necesito es escuchar su voz, mirar fijamente esos ojos … y entonces deberá explicármelo.
Terry está muy enfermo, y a pesar de todo esto, estoy terriblemente preocupada. Lo único que sé es que llegó a Londres, pero no sé en qué estado. Debo ir junto a él, a pesar de todo.
Además, debo luchar por mi futuro, tal como me dijiste, y por Dios que voy a hacerlo … sobre todo por mi hijo nonato. Sí, Bert, la única alegría entre toda esta tristeza. Terry y yo vamos a ser padres. El doctor me lo ha confirmado. Razón de más para hablar con mi esposo.
Ahora, ya algo más calmada, creo que probablemente habrá tenido sus razones para hacer algo así, y sé que me ama … no dudo de su amor, pero … hay demasiadas cosas en el aire, Bert, ojalá pueda contártelo todo más adelante.
Mi decisión es firme. Marcho a Londres en unos días. Eleanor me acompaña. No sé cuando volveré a América, no sé cuando volveré a verte … espero que antes de lo esperado, pero sabes de sobra que siempre te llevo en mi corazón, a ti y a todos vosotros.
Volveré a escribirte en cuanto pueda. No te preocupes por mí, sabes que puedo con esto y con mucho más, ahora tengo una poderosa razón para luchar por mi futuro … mi pequeño.
He de pedirte un gran favor, Albert, y debes cumplirlo: no intentes nada, no me busques, no se te ocurra impedírmelo, por favor … he de hacerlo, de veras, estaré bien.
Abraza fuerte a Patty y a los niños, y también a Annie, Archie y al pequeño Kyle, ¿de acuerdo?
Seguro que nos veremos antes de lo esperado.
Te quiero, lo sabes, siempre ha sido así.
Candy
El rubio se secó las comisuras de los ojos al terminar la misiva y respiró profundamente mirando el crepitar de las llamas de la chimenea.
Mi dulce y querida Candy … solo espero que encuentres lo que buscas, pequeña …
La recepción en la mansión Andrew iba a ser numerosa y complicada. George andaba de un lado para otro, incansable, organizando que todo estuviera saliendo como debía. Los miembros principales de la familia se hallaban apostados en la puerta principal, para recibir a todo el que quisiera presentar sus respetos a la familia.
Tras el funeral en la catedral, la recepción en la mansión Andrew era parada obligatoria para culminar su respeto y admiración por una de las mujeres de negocios más férreas y admiradas de los últimos tiempos. Nada usual en aquellos tiempos, donde las finanzas era territorio masculino por excelencia, y a pesar de que Emilia Elroy siempre había tenido que mantenerse en segundo plano con respecto a numerosos negocios, siempre había sido parte activa en la negociación.
Archibald Cornwell apretó la mandíbula al percatarse de que el Sr. Cooper entraba a la casa, seguido de la joven pareja Oxenberg. El joven observó de reojo a la castaña estrechar con solemnidad la mano de sus tíos y cumplir con las frases de rigor, y se sobresaltó cuando el viejo Cooper se plantó ante él.
- Querido Archie. – El viejo lo abrazó con afecto. - ¿Cómo estás? Lo lamento mucho …
- Gracias, señor …
- Mira, te presento a mi yerno … - se volvió hacia el fornido hombre que había visto frente al hotel – Roger Oxenberg, este es Archibald Cornwell. – Los hombres se estrecharon la mano con cortesía. – Déjame darte una alegría para mitigar un poco estos duros momentos … - sonrió Cooper, al tiempo que Claire se acercaba al grupo. Archie sintió que comenzaba a respirar más rápido al sentir los ojos de Claire fijos en él. No se giró a mirarla. – Este hombre … - palmeó el brazo de Oxenberg, quien sonrió – me ha hecho el hombre más feliz del mundo … voy a ser abuelo. – Rió y se volvió hacia Claire. Entonces tuvo que mirarla. Sus ojos se encontraron y el joven tragó con fuerza.
- Mi enhorabuena a los dos …
- Gracias … - sonrió ella, y se giró discretamente a su padre – papá, por favor, no es el momento …
- Está bien, está bien … siempre está echándome la bronca … - el viejo puso los ojos en blanco – ya te dejamos, Archie, luego nos vemos …
Y los vio alejarse hacia la zona de recepción, no sin antes cruzarse sus ojos con los verdes ojos de la joven, lo que hizo que se le pusiera un nudo en la garganta.
La recepción continúo imparable, cientos de personas pasaron por la mansión Andrew a saludar a la familia, y los Andrew no pararon un segundo de estrechar manos, recibir pésames y sostener innumerables conversaciones.
Archie suspiró profundamente y en un momento en que las visitas estaban más despejadas, se excusó unos minutos para poder tomar el aire. Se alejó por uno de los pasillos posteriores de la mansión, un ala vedada para los invitados, que terminaba en una pequeña terraza solitaria.
Al llegar, respiró con fruición el aire fresco e intentó relajar su cuerpo y su mente, mientras encendía un cigarro.
- Archie … - Dio un respingo y tosió, expulsando el humo con fuerza mientras se giraba asustado. – Oh, lo siento … - Claire estaba ante él, con una disculpa dibujada en su rostro, sonriendo nerviosa.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo …?
- Te he seguido. – Parecía avergonzada.
- Oh …
- No quería importunarte, de veras, lo siento. Pero creo que debemos tener unas palabras a solas … - Archie respiró profundamente y asintió, apoyándose en la barandilla de piedra y entornando los ojos, observándola.
- Estás preciosa … enhorabuena. – Señaló su incipiente abdomen. - Ya veo que no habéis esperado demasiado …
- Oh, Archie, por favor … - Claire alzó las manos e hizo una mueca. – No he venido a discutir …
- ¿A qué has venido entonces? – Ella se acercó unos pasos a él, sin tocarle.
- Quería saber si estabas bien …
Sus ojos se encontraron y los sentimientos afloraron de nuevo. No, maldita sea. Archie se alzó bruscamente, apartándose de ella.
- Ya basta, Claire, no juegues más conmigo. – Se dio la vuelta y se dirigió al otro lado de la terraza.
- ¿Jugar contigo? ¿Qué estás diciendo?
- ¿Por qué coño has venido? No era necesario … - la señaló con un gesto de desdén – no era necesario todo esto. – Ella lo taladró con sus ojos azules.
- Oh, ¿te molesta mi embarazo? ¿Y cómo he de sentirme yo cuando hace apenas unos días has sido padre? Por cierto, ¿cómo está tu querida mujercita?
- Basta ya …- se acercó mucho a ella, sobresaltándola. Pero la joven no se apartó y sostuvo su mirada. Había tantos sentimientos en aquella mirada …pero al cabo de unos segundos, la joven parpadeó, el rostro arrebolado, y se apartó con tristeza.
- Creo que tienes razón … no debería haber venido, lo siento … - él bajó la cabeza, sentándose en la barandilla de piedra. Claire se detuvo un momento en el vano de la puerta y lo miró por última vez. – Adiós, Archibald Cornwell.
Y antes de que pudiera darse cuenta, había desaparecido por el pasillo. Un dolor sordo se extendió por el pecho de Archie y las lágrimas afloraron a sus ojos, mientras descargaba un puñetazo sobre la dura piedra de la terraza.
El transatlántico surcaba rápidamente las negras aguas del océano, alejando a sus pasajeros de las costas americanas, alejando a la joven rubia apostada en una de las barandillas de cubierta, de su familia, de su hogar …
Ya llevaban varios días de viaje, y la joven vivía en una incertidumbre constante. Hacia apenas unos días había celebrado su vigesimocuarto cumpleaños con Eleanor, y lo había pasado bien, un cumpleaños desenfadado, alegre, de compras por la ciudad, de cena y de teatro … había logrado olvidar por unos momentos sus problemas. Pero ahora se hallaba allí, de nuevo rumbo a Inglaterra. Londres … cuantos años sin volver a Londres … recordaba vívidamente la primera vez que montó en otro transatlántico, muchos años atrás, siendo una jovencita triste, afligida por la pérdida, sin saber que en ese barco iba a conocer al amor de vida.
Y ahora volvía nuevamente … esta vez a buscar a ese hombre, a intentar forjar un futuro juntos … a pesar de todo …
Se frotó los brazos suspirando y parpadeó, cuadrando los hombros. No sabía qué se encontraría al otro lado del océano. ¿Qué haría Terry cuando la viera? ¿Lograrían de nuevo superar todo aquello?
Hacía apenas un año que el joven había aparecido de nuevo en su vida, tras seis largos años de ausencia …y se habían lanzado de cabeza el uno al otro. Sí, la joven sentía en todas las células de su cuerpo el amor que profesaba por aquel aristócrata cabezota … y al mismo tiempo, la cruel desgracia había borrado súbitamente al Terry que conocía y amaba … dejando a un desconocido en su lugar, un joven con el aspecto de Terry … que no la recordaba, que no recordaba nada de todo lo que habían compartido. Y volvió a lanzarse de cabeza de nuevo … y volvió a amar a aquel joven asustado, tímido … y se juraron amor eterno bajo los viejos árboles de Casa de Pony …
Habían superado tanto, tanto en aquellos meses … se acarició suavemente el liso abdomen y suspiró. Ya habían perdido un bebé … no iba a dejar que volviera a suceder.
El dolor y la tristeza la cegaban, era cierto, tenía miedo, dudas … pero no del amor. Se secó los ojos y cuadró los hombros. No, no dudaba de ese profundo amor que sentía en su interior. No sabía qué iba a suceder a partir de ahora, era cierto, pero siempre amaría a Terry … hasta el fin de sus días, de un modo u otro. Solo esperaba y rezaba que pudieran vivir ese amor juntos, como marido y mujer, y que pudieran envejecer juntos, tomados de la mano.
El fresco aire salado secó sus mejillas y sus rubios rizos se alborotaron con el viento en cubierta. Otra encrucijada en su vida. Otro viaje incierto. Sola, de pie en la cubierta desierta de un barco … si había llegado hasta allí … bien merecía avanzar un poco más, darse otra oportunidad …
Dedicó unos momentos a recordar a sus queridos amigos. Sí, también en aquellos meses sus vidas habían sufrido muchos cambios. Sus amigas eran madres … Patty estaba con Albert … y Archie y Annie … bueno, también había habido mucho sufrimiento entre ellos … solo deseaba que a partir de ahora pudieran celebrar alegrías, y no solo tristezas.
Sonrió al recordar Casa de Pony, Miss Pony y la hermana María … volvería a verlas, no le cabía duda al respecto.
Ahora emprendía otro viaje, otra etapa de su vida … encontraría a su esposo, lucharía por ellos … siempre imperturbable, siempre inquebrantable … porque así era como concebía el amor.
El transatlántico surcaba rápidamente las negras aguas del océano, alejándose … rumbo a la oscuridad de alta mar …
