Ellas dejaron el modesto equipaje que habían traído en un par de habitaciones reservadas en Portland. Su destino: el día del Orgullo LGBT+, en pleno veranito.

Tantos meses de amigas y tantos meses de bolleras se merecían una buena peregrinación al centro reivindicativo.

Habían pasado horas en la ranchera debatiendo si el programa sería tan total como prometía ser y parecía que no: era mejor.

Cómo no, se habían colgado sus mejores galas: gafas de sol, gorras, collares, mini-faldas, alguna que otra franela... y la pequeña Kate incluso se ofreció a hacer de las suyas con pintura facial.

-El único festival tan grande al que he ido fue la Jornada Mundial de Juventud -anunció la chica, juntando las palmas de las manos.

-... lo cual viene a ser como YMCA. Iba siendo hora de cambiar el repertorio, coff coff -supiró Victoria a las dos amigas.

Se presentaron al espectáculo de la marcha en la zona céntrica en la que gritaron como las que más.

-Deberíamos fundar una asociación queer en cuanto regresemos a Arcadia -sentenció Chloe, barriendo el ambiente con ojos soñadores- Algo así como un rebaño para ovejas descarriades.

-Yo no me considero descarriada... -protestó Vic.

-Además, por puritana que sea la bahía -prosiguió en su discurso- tenemos contactos en el cielo -denotando grandiosidad, señalaba a Katie.

»Nos faltaría el nombre, que puede ser un mix: Caulprice... -referenció obviamente las primeras partes de Caulfield y Price- culprit? ¡Oh, sí, soy hella CULPABLE de quererte!

Max lanzó una mirada como de disculpa por lo que tenían que soportar, pero en el fondo estaba encantada por la agitación.

-Y, ¿nuestros nombres forman algo tan divertido? -musitó Kate para Victoria con cierto tono infantiloide.

La peliazul iba a abrir la boca para decir algo sobre: "Take a break, take a...", pero bien por respetar el derecho a autodenominarse de las muchachas o porque realmente le apetecía arrancar un beso de ella (era difícil diferenciar las dos sensaciones en ese estado), la morena le cerró la boca de manera húmeda.

-Hm... -sopesó Vicky, tomándose un momento real ahora que su pareja mostraba interés sobre el tema- Algo que siempre me llama la atención es que las dos tenemos nombre compuesto. Eso es un tanto... como, ¿de la realeza?

-Beverly. Y... Maribeth -sostuvo Kate tímidamente, casi como si desnudara una parte de Victoria que había mantenido vestida hasta entonces- Sí, ¡la verdad es que suena bastante poderoso!

-Vosotras sois las damas de Llangonen -apuntó Max, sumándose a la emoción con un dato histórico que era una de sus características habituales- Os encargáis de dar caché al resto del gremio, ya que al rey le caéis en gracia.

-Me pone la imponencia -soltó Chloe ahora que era libre de nuevo. Max sujetó la arandela de su collar de mascota, como confirmando sus palabras.

A continuación, empezó de inmediato el desfile de carrozas, varias resultaban ciertamente comerciales.

Una en concreto guarecía personas cubiertas de plumas por completo, como si fueran objeto de una broma.

-Oh, tías -bramó Chloe, vaso en mano- Una vez Rachel me lió fuertemente para subirme al escenario /de pollo/. ¡No sabía ni qué coño tenía que hacer! Jaja. Espera... pffft, ¡Vic participaba!

Fue literalmente lamentable cómo le sentó mal el té antes de salir.

De haber podido, la interpelada se hubiera remangado el top de de sisas al son de "Nevermore".

-Oh, ¿el té te hizo daño? Eso es impropio de él, cuánto lo siento, bebé -intervino Kate, confortándola con desparrame de inocencia.

-Como fuera, la obra fue una puta locura shakesperiana. Pero me hizo flipar en colores -miró de reojo a Max- Tienes que perdonar, amor, fueron unos años muy intensos de mi vida.

-¿Tendrás alguna foto por lo menos? No sé si sabes que me encantan las fotos -se inclinó por cuestionar, lo que llevó de modo muy acertado a animarse a sacar la primera instantánea juntas de todo el viaje.

A lo largo de la tarde siguieron los desfases de confetti, brillantina y demás. De la nada surgió un barco con el que Max y Chloe se partieron de risa y sorprendió cuando los cañones les rociaron una sutil mojadura.

Al poco tiempo, apareció un camión repleto de hombres musculados.

-Victoria, ¡te recomiendo que ates en corto a tu chica! -guerreó Chloe, pasando la propia bandera arcoiris por delante de las caderas de Max- Con estas bis, nunca se sabe... ¿o te has pasado al lado oscuro? Ya sabes: Bi-ctoria.

-¡SEGURIDAD! -simplemente gritó la aludida, aunque en todo aquel meollo tendría suerte si conseguía atraer la atención de los disfrazados con visera de policía más cercanos.

-¿Estás discriminándonos? -le respondió Max, sin ofrecer mucha resistencia a su cárcel- Jum, te recuerdo que he estado sólo contigo, así que si de quien estás celosa es de alguna bipolaridad tuya...

-Estoy segura de que ahora mismo Chloe ha cambiado su proporción de 70% agua a cubata -resumió Kate.

-Bueno, eso me deja un corto margen para olvidarme por completo de tus fechorías... -se regocijó, frotándose amorosamente contra la espalda de la morena.

-Como usted diga, señor casposo de cincuenta años.

Para cenar encontraron un sitio de comida rápida que quedaba relativamente cerca, pero tuvo que ser en la calle.

Tras tanto tiempo de pie, estarían reventadas si no fuese por la euforia exuberante.

-OK, tengo pases VIP para una terraza que lo va a petar -convenció la rubia, provocando un ligero desconcierto general- Hay que tener contactos hasta en el infierno -explicó con el dedo levantado, ganándose un vistazo medio regañina de Kate por la expresión-

Ya de camino, Chloe se detuvo a mirar a su pareja, que le devolvió un rostro dubitativo.

-Tus rayas indias se han mezclado en un sugerente color caca -afirmó con sinceridad, pese a que el cariño rellenaba sus frases- ¿Es una metáfora de en qué se va a acabar convirtiendo nuestra relación?

-"Colegas en el tiempo" -recalcó Max, casi anticipándose a la pizca de inseguridad que exteriorizaba la otra- lo sabes.

Y se fundieron.

Conforme la noche iba pasando, las cuatro se mecían en el baile. Reapareció Vic con una bolsita de sustancias suaves y a lo mejor indicó que vigilaran las consumiciones para que no les echaran cosas indeseadas.

Así, las caricias evolucionaron.

Se volvieron más salvajes.

Las unas se despidieron de las otras en el pasillo del albergue.

Tropezando con la puerta y los andrajos que se quitaban, avanzaron a la cama.

Eran Max. Y Chloe.

Eran Kate. Y Victoria.

Se sentía como la primera vez.

Todo empañado por la pasión.

-Más fuerte... -exigió Max.

-Te adoro -susurró Chloe.

-Así... despacio para que lo note -Kate.

-Dale, sí, sí, buff -Victoria.

-Nghaaa...

-¡Mmmmh~!

Despertar no fue automático como otras ocasiones. A la pecosa le costó una barbaridad dado lo que suponía una sobrecarga de estímulos generados la jornada anterior.

Comprobó:

-Habitación de hostel: correcto.

-Olor a tabaco impregnado: correcto.

-Mujer acostada a su lado: Victoria Chase.

Miró la escena por unos minutos, comprendiendo la descompuesta situación y suponiendo que sus respectivas novias se habrían traspapelado en el cuarto contiguo con el jolgorio que portaban.

En silencio, Max estiró el brazo lleno de agujetas, dispuesta a rebobinar. Quién sabe si para devolver la vida a la normalidad, o... porque le gustaría repetir la experiencia.