El rey del inframundo miró nuevamente la habitación, esto sería divertido. Unos golpeteos en la puerta lo hicieron voltear, sin moverse un centímetro, dió luz verde a quien fuera que interrumpía sus pensamientos. Su esposa entró, estirando las manos y tomando las suyas, con una seductora sonrisa. Su vestido ceñido al cuerpo, sus largas pestañas y su largo y sedoso cabello rubio resaltaban en el negro y rojo que los rodeaba.
— ¿Donde has estado?— preguntó mientras besaba su frente.— Los lores superiores no dejan de molestar. El hotel de Charlotte es un problema para ellos...
Lucifer sonrió, dando a entender que estaba al tanto de ello. Su esposa solo lo observó caminar hasta un gran ventanal y abrir la cortina. Si los pecadores menores se refugiaban allí, los lores perderían esclavos.
— Hoy me topé con alguien que no veía hace muchos siglos. Justo en el hotel de la discordia— la sonrisa se curvó más.— ¿Recuerdas aquél sujeto? Aquel que solo pretendía hacer un trato conmigo— Lilith asintió, pensativa. Aquel sujeto la había invocado incluso a ella, quién pidió a su esposo tomar cartas en el asunto.— Asumo que recordarás de quién hablo, y que recuerdas su pecado...
— Venderte su alma, pero ¿Cuál era el precio?— Lucifer curvó sus cejas, en un gesto lleno de intriga. Lilith tomó asiento, cayendo en cuenta de aquello que su esposo trataba de transmitirle pero, mientras mas lo pensara menos sentido tenía.— Eso no puede ser...
— Puede y lo es. Concedí al Radio Demon el poder suficiente como para tomar venganza de todo aquel que interfiriera— arrodillándose frente a su esposa, borró su usual sonrisa.— Pero tomé dos almas por ese poder. La suya y la de la mujer que amaba...
Cuando su padre se fue, Charlie soltó el aire que, sin notarlo, había estado conteniendo. Angel Dust había sido convocado en el estudio pornográfico de Pentagram City y este, demasiado aburrido y escaso de dinero, había consultado si podía ir; a lo que Charlie no pudo negarse.
— Señorita, iré a limpiar la habitación del huésped extraño, mantenga limpio el lobby del hotel, ¿De acuerdo?— antes de subir el primer escalón, la pequeña Nifty fue frenada por la princesa, quien ofreció preparar un poco de té y una charla. La pequeña asintió, pensando que podía volver a limpiar la cocina en el proceso.
— Entonces... ¿Hace cuánto tiempo conoces a Alastor?— la pequeña dejó de fregar el horno de la cocina para observar a la otra muchacha con curiosidad.
— Conozco al señor Alastor desde antes de venir aquí— la voz chillona de la pequeña demonio se tornó mas seria.— Él murió antes que yo y, luego de enterarme de ello, me suicide— abrió su ojo, sin notar cuando lo había cerrado, la princesa se sumergió en sus pensamientos, dejando a Nifty continuar con la limpieza. Se oyó puerta de la entrada abrirse, seguida de un portazo y pasos tranquilos, acompañados por una suave melodía de silbido que se detuvo en la entrada a la cocina.
— ¿Hola?— la inconfundible voz del Radio Demon despertó a ambas féminas de sus pensamientos. Mirándose y asegurando el silencio con una mirada.— ¿Nifty? ¿Charlie?— la pequeña hiperactiva tomó la delantera y abrió la puerta, dándole el paso. Charlie bebía una taza de té y ofreció una al recién llegado. Este negó y sonrió, oyendo el golpe en la puerta, Charlie fue a atender.— Espero, por tu bien, no haber hablado de más, pequeña...— la pequeña asintió, tratando de no demostrar el terror y el dolor que las garras incrustadas en su espalda provocaba. Se oyó la risa de Charlie y el Radio Demon, junto a la sombra que castigaba a Nifty, fueron hacia ella.
Al llegar al lobby vió a dos demonios, una joven de piel extremadamente azul, con una marca profunda en el cuello y un sujeto medio verde, que parecía haber caído en ácido. Se acercó y saludó cordialmente, dándoles la bienvenida al hotel y preguntando si pensaban quedarse. El sujeto dudó, mientras que la chica asintió con emoción.
— Si esto es posible, quiero intentarlo— Charlie tomó papel y pluma y pidió la mayor cantidad de datos.— Mi nombre era Zaira, mi padrastro abusó de mí durante 18 años, cuando me levanté contra él, asesine a mi madre sin querer y me gustó eso, por lo que perseguí y asesiné a...— cerró los ojos y contó con los dedos, suspirando derrotada.— No lo recuerdo. Creyeron que era una bruja, me ataron una piedra al cuello y me arrojaron al mar— terminó sonriendo. Charlie lamentó su muerte, parecía una joven prometedora.— Oh, no se preocupe majestad, toda acción tiene reacción y los que estamos aquí merecemos estar aquí. Solo quiero subir para disculparme apropiadamente con mi madre— las muchachas se enfrascaron en una conversación mientras Alastor intentaba imitar la hospitalidad de Charlie con el sujeto a su lado.
— Bien, mi extraño amigo, ¿Repasamos tu miseria?— lejos de ser amable, el hilarante e irónico humor ácido de Alastor causaba malestar a todos los que se cruzaran. Charlie lo toleraba, pero ella resistía el insoportable cambio de humor que Angel tenía cuando Valentino exigía dinero, así que ella podía resistirlo, pero los demonios eran mas rencorosos y menos amable y sensibles que la rubia.
— Si quieres enséñale una habitación a Zaira, yo me encargo de la parte social, ¿De acuerdo?— apretando la mandíbula, Alastor asintió y se encaminó, junto con la muchacha azul, escaleras arriba.— Lo siento, él es nuevo. Bien sabes que es algo difícil para un demonio ser amable...
Vaggie cerró la puerta tras él, no le temía a aquel hijo de puta. Sin pensarlo dos veces lo empujó a la cama y, haciendo uso de su lanza, lo detuvo de intentar levantarse.
— Ni se te ocurra, cabrón— gruñó por lo bajo. El contrario esbozó una sonrisa. Vaggie incrustó un poco mas la lanza sagrada en el cuello del Radio Demon.— No te equivoques conmigo, Lucifer me dio poderes para cuidar a su hija. Soy su ángel guardián...
— Oh, ¿enserio?
