Usualmente al dormir, sus sueños eran como una pantalla negra
Y parecía que esta vez no sería diferente. Hasta que comenzó a aparecer una estela de luz azul extendiéndose sobre la oscuridad. Como si él estuviese saliendo de una oscura fosa en el océano.
Su sueño no tenía que tener sentido, verdad? Este comenzaba a tornarse aún más extraño. Pareció encontrar la parte más intensa de luz en aquella estela, pero apenas acostumbrando sus ojos a la iluminación pudo divisar una silueta.
Una silueta.. femenina, piel oscura, cabello flotante, ojos en blanco
Despertó.
Steven miró a su alrededor. Se encontraba en casa. Desde cuándo había regresado de su viaje?
No podía estar más extrañado. Tomó su celular, y lo primero que apuntó a hacer su mente, fue llamar a Connie, tal vez para contarle su sueño.
Más ella no contestó.
No tenía mensajes de ella. Nada.
Sin más que hacer, bajó por los escalones, y encontró a sus amigas en la sala. Garnet, Perla, Amatista.
—Chicas, no me lo van a creer, tuve un sueño rarísimo. Era una especie de fantasma acuática y... bueno, eso no es lo importante, intenté llamar a Connie para contarle mi sueño pero no contesta. Alguna de ustedes la ha...-
Las tres le miraron anonadadas, casi tristes.
—...Pasa algo...?-
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Perla miró a las demás, como si preguntara con la mirada, pero todas lucían tan confundidas como ella.
-¿Perla qué sucede?- Steven comenzaba a asustarse.
Ella lo miró con profundo pesar.
—Steven, qué no lo recuerdas?-
—¿Recordar qué?-
Ella cubrió su boca. Parecía que no podría continuar, así que Garnet continuó en su lugar.
—Steven... desearía no tener que decirte esto, pero... Connie... lleva desaparecida varias semanas.-
Él no pudo mencionar palabra. Congelado.
—La hemos buscado por todos lados- Continuó Perla, pero Steven seguía sin reaccionar, sólo palidecía.
—Me temo que Steven necesita afrontarlo por si mismo-. Aclaró Garnet para no empeorar la situación. Perla sólo suspiró como respuesta, se puso de pie y se retiró en silencio. En poco tiempo Garnet le siguió, pero Amatista se acercó con una manta, con la que le cubrió mostrando su apoyo, pero no pudo pronunciar palabra y también se retiró.
Steven, ya en soledad, se sentó en aquellos últimos escalones, limpió sus lágrimas y escondió su rostro entre sus rodillas. Después de unos minutos, su mente se fue serenando, parecía que esas lágrimas ya las había soltado antes. Su mente comenzó a dormitar.
Se sintió de nuevo en su sueño, pero esta vez podía asegurarse de que se trataba del fondo del océano, pues podía ver algunos peces nadar. Incluso levantó la vista a más allá de la superficie, parecía que el atardecer iluminaba parte de la montaña de su ya tan conocida playa.
Sintió de nuevo aquella presencia.
La fantasma pareció mirarle, con sus ojos vacíos.
Steven despertó.
Seguía en aquella sala, pero ya no quería estar ahí.
Salió de la casa, conservando la manta pues, sentía frío por dentro. Caminó por la arena, miró sus huellas, y recordó aquella tarde cuando las huellas de su novia también le acompañaban.
Todo había sucedido ahí.
Aún quedaba parte del pequeño "crater" que sus sentimientos impulsivos habían provocado. Una parte de él quería sonreír por haberlo entendido después de todo, pero otra parte moría por dentro, por la indiferencia del futuro.
¿Y si jamás la volvía a ver? Preferiría eso, a pensar que ella ya no existía.
El dolor y el miedo volvieron a atacarle. Calló de rodillas, salpicando el agua. Ese azul era tan hermoso. Si tan sólo pudiese vivir dentro de su sueño.
¡El sueño!
¿No podía ser... o si?
La parte de la montaña coincidía. No había lógica en su mente, sólo el impulso por entrar.
Se lanzó al agua, haciendo una burbuja al rededor de su cabeza para respirar. Se adentró en el océano, que parecía interminable, por más que nadaba, la situación no cambiaba. Sólo había agua, agua, agua, agua, hasta que...
¿Podría ser?
El mar era tan profundo, o la noche muy oscura, que el azul comenzaba a oscurecerse, pero aún quedaban unos rayos de sol que iluminaba la estela azul de sus sueños
Y la silueta, comenzó a divisarse.
Segundos de intriga, que parecieron eternidades en la que su corazón no podía esperar para descubrir la verdad
Y al estar ahí, y al fin descubrirlo, deseó que no fuera verdad.
Casi sintió su alma abandonar su cuerpo, cuando encontró aquel cadáver, atado de los pies a una roca al fondo del océano, su cabello aún flotando, peces tomando trocitos de carne de entre sus huesos.
No entendía cómo, pero lo sabía. Esa era su Connie.
La había encontrado.
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Envuelta en una manta, la sacó finalmente del agua, la llevó hasta la arena. Las lágrimas de Steven se combinaban con el agua salada del mar.
Puso a su amada sobre la arena y susurró —Ya eres libre... Ahora descansa.-
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Si. Perdón.
Gracias por leer.
Próximamente haré un cortometraje con esta historia (Estreno en agosto. Les pondré el link como un nuevo capítulo), pero necesitaba retroalimentación de la idea antes. Me ayudaría mucho tu comentario, acepto amenazas de muerte y alagos.
Diariamente, muchas personas viven situaciones como la de la historia, y la gente lo sigue normalizando. Espero dar mi granito de arena con esta lucha.
Que tengas buen día, tarde o noche. Hay que agradecer que llegamos a casa.
