Siempre contigo

Aslan Lynx, un muchacho listo y de finas facciones, se encontraba muy concentrado leyendo un libro en la Biblioteca Nacional de Nueva York. Como de costumbre, leía nuevamente una obra de Hemingway, aquella con la que había crecido cuando entrenaba con Blanca. De repente, un chico joven de rasgos asiáticos, vestido con ropa grunge y colores llamativos, dirige su mirada hacia Ash, quien se encontraba sentado cerca de una de las ventanas de la biblioteca.

-Con que Eiji tenía razón, aquí estás…

Ash despega bruscamente su mirada del texto y se percata de la presencia del muchacho en frente suyo. -Sing Soo-Ling…. ¿Qué haces aquí?

-Eso mismo te pregunto a ti, Ash- dijo éste, mientras lo miraba con desaprobación. -Ven, vamos afuera. Hay algo que debo darte.

Ambos chicos salieron silenciosamente de la biblioteca, Ash se encontraba desconcertado por la repentina visita de Sing, ya que hacía un tiempo desde la traumática pelea con Foxx y la muerte repentina de Golzine, al igual que la pérdida de evidencia del Banana Fish.

No entiendo qué quiere darme, ¿tendrá que ver con las evidencias? - pensó Ash.

-Bien, ya que estamos afuera, toma esto, - dijo Sing al mismo tiempo que sacaba de su bolsillo un sobre. -Te lo manda Eiji.

Ash, silenciosamente, procedió a tomar el sobre y lo miró nervioso. Su corazón latía fuertemente y su cuerpo entero se estremecía. No hace poco había platicado acerca de Eiji con Blanca en el Central Park, expresando el gran cariño que le tiene y la gran necesidad que sentía de alejarse del mismo para evitar que corriera más peligro. Varias imágenes desfilaron en la cabeza de aquél rubio de ojos esmeralda, comenzando con el disparo de Lao contra su amigo.

- ¿Qué te sucede Ash?, -lo interrumpe Sing. -No sé si lo sepas, pero Eiji se va hoy a Japón, ¿no crees que tan siquiera deberías despedirte de él?

-No.

- ¡Eres un necio! Su vuelo sale en veinte minutos; no te cuesta mucho despedirte, -pausó con enfado. -Ustedes se quieren, ¿no es acaso cierto?

Él asiente.

- No te entiendo, Ash; derrotaste a toda una mafia entera, peleaste contra oficiales y políticos, fuiste líder de muchas pandillas, y probablemente eres el tipo más guapo y perfecto que existe, -toma un respiro, -entonces, ¿por qué dudas de ir y despedirte de tu amigo?

Ash no responde y dirige su mirada al sobre.

-Haz lo que quieras, yo me voy…- Sing se despide abruptamente y dirige su camino al aeropuerto.

Con un impulso de valentía, Aslan abre el sobre y, a primera vista, se encuentra con un boleto de avión para Japón, aquél viaje que representaría dejar atrás su pasado y comenzar una nueva vida junto a su amigo, aquél que se mantuvo a su lado y nunca mostró temor de él. - Eiji…- sonríe y se ruboriza. - ¡Carajo!, ¿por qué me obligas a hacer esto?

Sin ver qué más había dentro del sobre, Ash emprende inmediatamente su camino hacia Sing, que se encontraba a una calle lejos.

-¡Sing!, - jadea. -¿Cuál es el camino más corto para el aeropuerto?

-¡A la madre!,¿cuándo apareciste?, – se detiene momentáneamente y después sonríe con satisfacción. -ven, ¡sígueme!

(EN EL AEROPUERTO)

Eiji Okumura, todavía recuperándose de su herida, se encuentra esperando en el aeropuerto en su silla de ruedas. A su alrededor se encuentran Max Lobo, Jessica Randy, Charlie Dickinson y Shunichi Ibe.

Ash, no has venido… ¿estarás bien? -piensa Eiji.

Por favor, te cuidas hijo; ya quiero verte fuerte en Japón,- exclamó Max mientras le entregaba un ramo de flores.

Claro que se va a cuidar, ¿no es cierto, Eiji? - interrumpe Jessica.

Sí, – ríe un poco.

¿Será que no vienes porque crees que es mejor para mí… Ash?

Creo que ya es hora buena de irnos, Eiji, -comenta Ibe mientras checa su reloj. -Ya veo algunos pasajeros de nuestro vuelo dirigiéndose al avión.

No me dejes…

–Sí, - asiente, -yo creo q...

¡EIJI!, - interrumpe una voz potente que resuena sobre el bullicio del aeropuerto.

Todos voltean desconcertados hacia el lugar donde provenía aquél grito ensordecedor. Ahí se encontraba Ash, luchando con la marea de personas. Estaba sudoroso, jadeando, posiblemente maloliente, pero jodidamente guapo como siempre.

¡Pero si es...!, -dice Max.

¡ASH!, - interrumpe Eiji exaltado.

¡EIJI!

¡ASH!, – se sobresalta y extiende sus brazos a modo de abrazo.

El chico rubio atraviesa la multitud con éxito (sin contar que, básicamente tacleó a medio aeropuerto) y socorre a su amigo, quien lo recibe con brazos abiertos y todo el cariño del mundo. Ambos se toman un tiempo para disfrutar de la calidez del momento, sintiendo el latido exaltado de sus corazones y el tacto del calor corporal. Embriagados por el sentimentalismo, se van separando lentamente hasta que intercambian miradas cándidas. Al mismo tiempo, Eiji sostiene ambas manos pálidas de Ash y éste las entrelaza con las suyas.

Sabía que vendrías…- sonríe Eiji.

Sin duda me conoces, -responde.

Muy bonito y todo, pero, el vuelo parte como en dos minutos, - interrumpe Max

-Se me había olvidado, -ríe Eiji.

- ¡Ah, es cierto!, - se ruboriza. -Bueno, andando pues, – dice Ash empujando la silla de ruedas.

- ¡Espérate! ¿A dónde crees que vas? - exclama histérico Ibe.

-Con ustedes, o ¿pensabas que secuestraba a Eiji?

Eiji voltea a verlo como de: "bruh, no hables de secuestros conmigo".

- ¿Y tu boleto y pasaporte?

-Aquí, -los muestra.

- ¿Y tu ropa?

- Eiji me la presta.

- ¿Eh?, - escupe Eiji. - ¡Ah, sí!, yo se la presto.

-Asunto solucionado, -sonríe victorioso. -Es hora de irnos.

Max y Jessica se despiden a punta de lágrimas de ambos jóvenes y de Ibe. Charlie intercambia algunas palabras rápidas con Ash y les desea suerte en su viaje. Posteriormente, los muchachos se suben al avión y, a lo lejos, por la ventana del mismo, Ash logra visualizar a sus amigos pandilleros asomados en la sala de espera: eran Bones, Kong y Sing.

Los tres son de razas, orígenes y contextos distintos, pero todos tienen un sueño que alcanzar, pensó el rubio.

-Queridos pasajeros: abróchense el cinturón. Estamos por despegar, - dice el portavoz del avión.

Eiji, obedientemente, se dispuso a ponerse su cinturón, hasta que observó el notorio nerviosismo de su amigo, quien miraba con horror el asiento y se apretujaba el alma con el cinturón. -Ash, ¿estás bien?, - pregunta.

¿Yo? Sí, claro, -sonríe nervioso.

¿No me digas que es otro de tus miedos irracionales?, - ríe acordándose de la phobia de Ash por las calabazas. -Eres malo mintiendo.

¡Oye!, -exclama. -Es solo que… es mi primera vez en un avión.

El avión comienza a moverse con brusquedad y Ash se sujeta del asiento con fuerza.

¡Calabazas y aviones! ¡Pero si eres un estuche de monerías!, -ríe Eiji.

Te recuerdo que fuiste tú quien armó un drama por encontrarse una rata en un cajón, -refunfuña.

Touché, -ríe, -pero al menos yo no me espanté con mi propio reflejo.

Cuando el avión comienza a dar sus primeros intentos de despegue, Ash termina aferrándose instintivamente al brazo izquierdo de Eiji, quien lo mira con ternura y desliza su mano sobre la suya para tranquilizarlo. -No pasa nada Ash, estás a salvo conmigo, - pausa. -Déjame ser quien te cuide ahora.

- ¿Lo dices en serio?, – pregunta sonrojado.

- Sí, además… -sonríe pícaro, -convenientemente, tenemos el paracaídas enfrente.

- A veces te odio, -ríe malhumorado.

El avión dio un último empujón que resultó en un despegue impecable, alcanzando al poco tiempo el cielo soleado. Se podían vislumbrar las numerosas nubes en el horizonte pintadas de distintas tonalidades de rosa, naranja y rojo. Ash miraba con asombro a través de la ventana diminuta, preguntándose cómo es que había tanta belleza oculta en las alturas del cielo. De hecho, Ash ni siquiera sabía que existía tal encanto natural, hasta que vio a Eiji saltar esa vez.

¿Esto es lo que sentías cuando hacías salto de altura?

No exactamente, pero era un sentimiento similar, -sonríe, -como de libertad.

Libertad…-dice pensativo.

Ash, tú eres libre, -lo mira serio. -Ya no hay ataduras ni personas que te priven de serlo, - le sonríe y toma su mano.

Ash se sonroja y mira sus manos con suma atención, estaban cortadas y con cicatrices que guardaban mucha historia por detrás.

Quizá tu vida no comenzó bien, pero ahora eres libre de sentir, hacer y experimentar lo que deseas. Y no sé cómo te sientas por ello, pero ahora que estamos juntos, quiero asegurarme de que seas feliz, - pausa y sonríe. -Quiero que veas más cielos bellos como este, y que te despiertes sabiendo que nunca estas solo. Que me tienes a mí, – se detiene cuando mira el rostro perplejo de su amigo, que tenía lágrimas cristalinas en sus ojos color esmeralda.

E-Eiji…-responde con voz entrecortada

Disculpa, yo no quise…

Ash procede a abrazarlo con todas sus fuerzas, dejando algunas lágrimas correr discretamente en el hombro de su compañero. Eiji lo abraza de vuelta y pasa su mano derecha por la melena dorada y sedosa de Ash. Después, procede a separarse de él y pasa su dedo con suavidad sobre una de las lágrimas del rostro enrojecido de su amigo.

¡Qué pena que tengas que verme así! -exclamó Ash cubriéndose el rostro.

Está bien, Ash. A veces debemos sacar lo que guardamos, -se detiene a contemplar. -Además, eres el jitomate más tierno que existe.

¡De verdad, tú!, -ríe.

Durante el viaje, ambos chicos se la pasaron discutiendo acerca de los lugares que visitarían y los restaurantes que probarían. Eiji, todo un experto en la materia, tenía los lugares trazados en un mapa, y sabía exactamente, qué platillos amaría Ash.

-Con que no sepan a tus desayunos crudos… -río Ash.

-No puedes comer hamburguesas siempre, ¡eh!, -alza la ceja desafiante.

Tras horas de discusión, Eiji cayó dormido sobre el hombro de Ash, quien procedió a cubrirlo con su chamarra. De repente, este se acordó de que no había visto todo lo que incluía el sobre, por lo que se dispuso a sacar el sobre de su bolsillo y leer la carta que contenía dentro.

Esta decía así:

Siempre quise protegerte. Divertido, ¿no es así? ¿Pero de qué quería protegerte?

Creo que quería protegerte de tu futuro, porque tu destino te estaba arrasando como una inundación. ¿Recuerdas que me contaste sobre el leopardo en ese libro de Hemingway? El que decías que moría en la cima del monte y que nunca volvería a bajar. Pero te respondí que no eres ese leopardo y que puedes cambiar tu futuro. Es verdad, Ash. Puedes cambiar tu destino. No estás solo. Estoy contigo.

Mi alma siempre está contigo.

Sayonara América

Sayonara Nueva York,

Pero no te estoy diciendo "sayonara" a ti…. Ash, porque esto no es un adiós.

Sé que nos veremos algún día. Eres mi mejor amigo, Ash.

-Eiji

Ash sostenía el papel contra su pecho, acompañado de un sentimiento cálido y reconfortante en su corazón. No podía describir la felicidad que sentía en aquel momento, sentado junto a la persona que vio más en él que un ser temerario; sino a un mejor amigo y compañero de vida. Con un gesto de afecto, Ash apoya su cabeza sobre la de Eiji y cierra sus ojos serenamente.

-Te quiero, Eiji, -susurra. -Como no tienes idea.

- Y yo a ti, -responde el chico somnoliento.

- ¡¿Estabas despierto?!, - exclama con desconcierto.

- Estoy dormido, no sordo, -ríe.

(EN JAPÓN)

Los tres pasajeros llegan en la tarde a Tokio, Japón. Ibe se despide y se dirige a su oficina con un taxi; mientras tanto, los dos jóvenes se dirigen al departamento de Eiji. Conforme pasaban los días, ambos chicos pasaban su tiempo visitando todos los templos y santuarios que uno podría imaginarse. Dentro de estos, estaba el Templo de Sensoji, el Templo de Kotokuin y el de Kiyomizu. Eiji también llevó a Ash de paseo en Kyoto, donde florecen los árboles de cerezo y se encuentra el Castillo de Fushimi Momoyama. Ni se diga de la comida, pues, como cualquier personaje ficticio, Ash se enamoró completamente del Ramen.

-Tan siquiera tiene carne, -río.

-No seas así. Te han gustado todos los platillos, ¿o me…- se detiene. -¡Ash! ¡No te comas mi comida!

Se ríe. -Juzgué mal la comida japonesa, es deliciosa.

- ¿Verdad?, -dice mientras defiende su yakimeshi de las garras de Ash.

-El que cocina mal eres tú, -afirma.

- Espera, ¿qué me dijiste, pequeño bastardo?, -lo mira con ojos de pistola. -Mi cocina es sana y fina, propia del mejor paladar. Si no fuera por mí, no estarías así.

- ¿Qué estás insinuando?, -alza la ceja.

- Que…. Ehm… -pausa y lo mira nerviosamente. -No estarías tan…-desplaza su vista hacia el abdomen fuerte de Ash-… FIT…

Ash ríe incontrolablemente.

-Eiji, tú vas para nutriólogo, -dice Ash intentando recuperar su aliento.

-Pero te lo digo en serio, -ríe.

Cuando ambos chicos terminaron de comer, pasaron a comprar unas cosas en locales cercanos.

-Es como el quinto peluche que compras, Eiji, -reclama Ash.

- ¡Shhh! Mi peluche de Totoro es una de las cosas más tiernas que existe, -dice mientras lo abraza.

- ¿Seguro que no eres tú una de ellas?, - Ash se tapa la boca inmediatamente y se sonroja. ¿Serás idiota?, piensa.

- No, pero estoy seguro que tú sí, -sonríe.

¿Cómo puedes decir eso sin sonrojarte, bastardo?, piensa Ash, rojo como un tomate.

No te sonrojes, no te sonrojes, mantén la calma, piensa Eiji mientras contiene sus nervios.

¿Quieres ir al Observatorio Nacional, Ash?

Sí. Creo que se sería lo mejor.

Ash y Eiji terminan su día en el observatorio de Tokio, ambos fascinados por el edificio redondo y los materiales astronómicos. Eiji miraba de reojo a su amigo, quien, como todo un intelectual, leía las funciones y la historia detrás de cada telescopio; incluso discutía sobre sus orígenes con la chica del tour. Por consiguiente, Eiji se vio a sí mismo sonrojándose. Eiji, cálmate, piensa el chico. Es que se ve tan feliz.

-Eiji… Tierra llamando a Eiji, -dice Ash intentando sacar a su amigo del trance en que estaba.

- ¿Eh? ¡Ah!, disculpa.

- Hay que tomarnos una foto junto a este telescopio, -señala el chico rubio.

-Claro, sí.

Ash voltea para los lados y enfoca su mirada hacia dos chicas occidentales, las cuales se encontraban discutiendo acerca del Big Bang. Una era una jovencita rubia y de ojos verdes, que usaba un atuendo hippie y portaba unos lentes azules. La otra era una chica con pelo castaño y chino, vestida de shorts y una playera deportiva.

-Te dije, Pamela, que es simplemente una teoría, - dice la chica rubia.

- ¡Por eso!, -exclama.

- ¡Por eso!

-Entonces, ¿de qué estamos discutiendo?

- No sé, -se ríe.

Ash se acerca a ellas cautelosamente, intentando no interrumpir aquella extraña, y muy incómoda conversación.

-Ah, hola. ¿Podemos ayudarte?, -dice la castaña.

-Ah, sí. ¿Nos podrían tomar una foto?

- ¡Claro!, -responden ambas chicas.

- ¡Gracias! Les doy mi teléfono.

- ¿Ya viste lo guapos que están?, -pregunta la rubia a Pamela

-Yo pensé lo mismo, Sofi. ¡Oof!, -responde mientras toma la foto.

-Me pido al rubio, -ríe.

- ¡Chitón! Ya veremos.

- ¡Gracias, chicas!, - agradecen los dos jovencitos.

- No hay problema, -dicen al unísono.

Eiji y Ash se dirigen a observar otros artefactos en el edificio, discutiendo los dos sobre su historia. Eiji siente el roce de la mano de Ash y se sonroja mucho; no sabía qué le estaba pasando, ¿cómo era posible que tuviera sentimientos así?

(suena la canción de Lost On You de LP)

- ¿Sabes, Eiji?, ya leí tu carta, -se detiene.

- ¿A sí?

- Sí, -afirma. -Y quiero que sepas que nunca he estado tan feliz en mi vida como ahorita.

- ¿De verdad?, -sonríe alegremente. -Todavía hay muchas cosas por hacer que te harán sentir mucho mejor. Podríamos ir al Santuario de Meiji Jinju, o cuando tenga más dinero, podríamos ir a París. De hecho, creo que podríamos…

- Eiji, -interrumpe. -Es cierto que los lugares que me has mostrado son magníficos, pero lo son porque estás tú conmigo, -se acerca y posa su mirada en los labios del otro chico. -Perdona, yo no quise…

Eiji pone ambas manos sobre los hombros de Ash y procede a besarlo con dulzura. Ash, sorprendido, lo sostiene de la cintura y lo apega a él, empujando más sus labios contra los del otro chico.

-Mi alma siempre estará contigo, Ash, -pausa. -Aunque los tiempos sean difíciles.

- Y la mía con la tuya, -responde el rubio, dándole un beso suave en la frente.