Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.

Capítulo 4

Solo había oscuridad muy densa y aquella luz mortecina perecía proceder del hermoso cuerpo de Isabella Cullen, me era imposible verle el rostro estaba de lado con su cabellera tapándole el rostro intentaba alcanzarla pero no podía cada paso que daba ella se alejaba y por más que corriera no se volvía para mirarme.

La llamaba a gritos pero jamás dio indicios de mirarme.

Me desperté de golpe con el corazón a mil gruñí internamente y mire el reloj era media noche conociéndome no podría volver a conciliar el sueño.

Después de aquello estuvo en mi mente y en mis sueños casi todas las puñeteras noches pero siempre lejos a la distancia nunca a mi alcanza no importa todo lo que yo corriera para agarrarla.

El mes siguiente al accidente fue fastidioso violento y al principio embarazoso.

Para mi desgracia me convertí en el maldito centro del mundo de todo el instituto por el resto de la semana, Lauren Mallory se puso insoportable me seguía a todas partes y quería desesperadamente compensarme con cualquier cosa su casi asesinato un día en un momento de locura que me producía su vos nasal y un poco chillona estuve a punto de encerrarla en un baño y hacerlo pero después lo pensé mejor y deseche la idea ahora la mesa donde me sentaba estaba bastante concurrida Angela y Jessica se comportaban con ella de forma mucho más hostil que entre ellas mismas a veces me quedaba sorprendido antes las minis peleas de gatas que formaban en torno a cualquier cosa ridícula que yo diga lo cual me llevo a buscar mi paz interna.

Nadie pareció preocuparse por Isabella por mucho que yo repitiera que ella estaba conmigo en todo ese rollo desde un principio pero Mike, Jessica y Angela y todos los demás comentaron que no la habían visto sino hasta que nos sacaron del encierro del auto negro.

¿Porque nadie la habrá visto salvarme la vida de una manera imposible digno de historietas? Con irritación y cierta vergüenza comprendí que nadie miraba a Isabella Cullen como yo lo hacía ¡Patético! Incluso para mí.

Al contrario de mi ella jamás se vio rodeada de espectadores que usen la excusa del accidente para estar más cerca de su cuerpo glorioso o poderla invitar a salir su familia se sentaba en la misma mesa de siempre haciendo lo de siempre y ninguno de ellos (y sobretodo ella) me miraba ni siquiera por accidente.

En clase jamás no hablamos se sentaba lo más lejos posible hacia como si no existiera y eso hería de sobremanera mi orgullo de hombre pero aun así no podía evitar mirarla de soslayo y a veces apretaba los puños, jugaba con un mechón de cabello y se mordía el labio entonces pensaba que no era tan inmune a mi presencia.

Lo único brillante que podía ocurrírseme es: deseaba que me hubieran aplastado en ese maldito accidente.

Tenía bastante curiosidad (por no decir deseo) de hablar con ella y lo intente al otro día, la última vez que nos vimos fue en la sala de urgencias estábamos que hacíamos un bomba nuclear, en la noche cuando me desperté en la madrugada sin sueño comprendí que ella me había salvado la vida sin importar como y quise agradecerle como se debe, cuando la salude movió la cabeza una pulgada asintió y después volvió al estúpido libro de Orgullo y Prejuicio que estaba leyendo y esa fue la última vez que tuvimos contacto a pesar que estábamos a treinta centímetros de distancia.

Sin la fuerza suficiente para detenerme, la miraba en todos lados y veía como sus lindos ojos se oscurecían cada día pero en clases no daba muestras de que ella existiera para mí (mas por orgullo que otra cosa) y ella hacia lo mismo, me sentía miserable y los malditos sueños continuaban sin cesar.

A pesar de mis mentiras descaradas Lizzi me conocía mejor y supongo que encontró algo en mis correos para que tuviera una excusa de llamarme muchas veces la última vez que lo hizo supe que estaba en Barcelona mis amigos eran los que más me ayudaban a pasar el rato y casi siempre se conectaban para que chateáramos por video chat o correos.

Estaban bastante emocionados por las próximas competencias de surf yo también lo estaba y siempre cargaba mi ¡Pop encima para sintonizar las emisoras donde los trasmitirán.

Jessica se puso más pesada que antes pero para distraerme la soportaba, ahora se sentaba antes de que comenzara la clase de Biología e ignoraba a Isabella tanto como ella a nosotros.

Todo era tan tranquilo.

Hasta que Mike me hizo recordar algo que desesperadamente quería olvidar, el primer martes de marzo será el baile de primavera y no se necesitaba ser muy inteligente para darse cuenta que Lauren, Angela y Jessica esperaban que yo las invitara así que por eso Mike me llamo para pedirme permiso e invitar a Jessica.

Casi me rio de eso.

— ¿Enserio no te interesa? ¿No ibas a pedírselo? — insistió y me lo imagino con cara preocupada y jugando con el dobladillo de la camisa a cada segundo.

— has lo que quieras Mike no me interesa ya te lo dije no pretendo ni quiero ir a ese estúpido baile — asegure.

Ese día comenzaban las competencias de surf y Anthony me dio vía libre para el teléfono (sin importarle cuanto le llegue la factura a fin de mes) para hacer una conferencia con Ethan y Kellan habíamos hecho apuestas y yo esperaba ganar.

—Ve a ser realmente genial — su esfuerzo por convencerme sonaba tan de la mierda como Anthony hablándome de chicas sospechaba que gozaba era de mi fastidiosa y repentina popularidad que con mi compañía en sí.

¡Bah!

¡Que le den! No me interesaba.

— Toma fotos Mike a las chicas les gustan esas cursilerías — anime con falso entusiasmo.

Me sorprendió que al día siguiente en clases su ego de pavo real no se mostrara tan efusivo como siempre no dije nada (no solo porque no me interesaba) sino porque si lo rechazaron a miseria la última persona que se lo diría.

Mis sospechas se incrementaron cuando ninguno de los dos se hablaron en el almuerzo, Jessica por cualquier milagro de Dios estuvo callada y fuera preferido que hablara.

Cuando llegamos a clases yo estaba jugueteando con mi ¡Pop para buscar la emisora donde transmitían las ultima noticias sobre las competencias y decían quien asistiría y quien no estaba sumamente nervioso los chicos me dijeron que un idiota que no me pasaba se había inscrito y que lo habían aceptado ¿Cómo demonios lo hizo? Eso no era para los chicos como nosotros sino Kellan y Ethan se fueran inscrito… maldito tramposo.

Me senté en mi mesa de siempre y me saque los audífonos todavía no había empezado la trasmisión los guarde en mi mochila mientras Jessica como siempre se sentaba encima de la mesa con las piernas cruzadas jugueteando con cualquier cosa era consciente de que Bella estaba sentada lo bastante cerca como para tocarla pero tan distante como si fuera una invención de mi imaginación.

— Así que…— comenzó Jessica balanceando sus piernas levemente olvidándose que cargaba una mini falda — Mike me pidió que lo acompañe al baile de primavera —

— Genial — conferí a mi vos entusiasmo — te vas a divertir un montón con Mike a veces es tan idi… digo divertido que te reirás bastante —

— Oh bueno…— se quedó sin habla mientras estudiaba mi sonrisa (y por una vez sin mirada de hambre) era obvio que esperaba una respuesta como de cabreo por celos o de tristeza porque él se lo había pedido primero.

Era tan común.

— le dije que tenía que pensarlo —

— ¿Por qué hiciste eso? —pregunte frunciendo levemente el ceño su rostro se tornó en lindo color rosa y por una vez la lastima hizo que vacilara mi resolución.

— Me preguntaba… si bueno… tú quisieras pedírmelo — me tome un profundo respiro aguantando la culpabilidad que me recorría el cuerpo y la pesada mirada de cachorro que se formó en sus ojos.

Me pase las manos por el cabello.

Por el rabillo del ojo vi que Bella inclinaba la cabeza hacia mí con gesto reflexivo.

— Jess creo que debes ir con Mike — le dije.

— ¿Se lo has pedido a alguien? —

¿Se había dado cuenta que Isabella tenía los ojos fijos en ella?

— No — asegure negando con la cabeza — no iré al baile…—ni loco iría a esa supuesta y patética necesidad adolecente—…estaré ocupado —

— ¿Por qué? — exigió Jessica de manera ruda me sorprendí un poco y me irrite porque me hablara así pero lo que más llamó mi atención fue el casi inexistente gruñido nada femenino que salió de la dirección de mi vecina.

Pero aun así respondí:

—Tengo muchas cosas que hacer en el día, iré a Seattle y luego para la noche tengo unas competencias muy importantes — explique con las nuevas ganas de que eso me daría una excusa para salir del pueblo.

— ¿competencias? —

— de surf… las hacen en L.A y tengo que ver eso —

— ¿no puedes hacerlo otro día? —

— trasmisión especial y vía libre para el teléfono una oportunidad difícil de rechazar — ella suspiro y se bajó de la mesa haciendo que se le alzara levemente la falda.

Pero en otras ocasiones ella lucia abatida y no daba señales de coqueteo eso me hizo sentir miserable así que le tome la mano antes de que fuera y sentí la mesa temblar levemente mientras que sus ojos se encontraron con los míos llenos de esperanzas renovadas.

¡Mierda no debí hacerlo!

— Lo siento — sonreí cordialmente y le solte la mano — te aseguro que te divertirás con Mike así que no le hagas esperar más tiempo es de mala educación — sus ojos se apagaron de nuevo y asintió.

— Tienes razón — mascullo con un intento de sonrisa se dio la vuelta y continuo el camino hasta su mesa.

Cerré los ojos y me juguetee con mi cabello en un intento de mandar a la mierda mis sentimientos de culpa y lastima me consolaba a mí mismo de que ninguna chica desearía ir con alguien que solo lo veía como obligación, la profesora comenzó a hablar y suspire abriendo los ojos.

Isabella me miraba con curiosidad y frustración.

Le devolví la mirada esperando que ella moviera sus hipnotizantes ojos negros primero, pero en lugar de eso continuo estudiando mis ojos a fondo y con gran intensidad.

Mi cuerpo comenzó a temblar cando se mordió el labio.

— ¿Señorita Cullen? — la llamo la profesora que esperaba por una respuesta a una pregunta que no escuche.

— El ciclo de Krebs — respondió girando su rostro hacia ella parecía reticente.

Clave mis ojos en el aburrido libro y me pase las manos por el cabello controlando las emociones que corrían por mi cuerpo lo que era absurdo solo porque me había mirado por primera vez después de seis semanas, gruñí internamente, no podía permitirle tener esa influencia sobre mí era demasiado patético uh… no… peor que patético era enfermizo.

Intente ignorarla todo lo posible durante la clase.

Me volví de espalda cuando al fin sonó la campana esperando que se marchara y yo pudiera verla bambolear sus caderas.

¿Ven? Se los dije… enfermizo.

— ¿Edward? —

Hice una mueca.

Su vos de campanas no debería resultarme tan familiar como si la hubiera conocido de toda la vida en vez de tan solo unas pocas semanas.

Me gire hacia ella preparándome para el torrente de emociones que sabía que me iban a recorrer cuando mirase aquel rostro de un hermoso ángel castaño, tuve una expresión cauta pero ella lucia su mejor cara de póker.

No dijo nada.

— ¿Qué? ¿Me vuelves a hablar? — pregunte haciendo deslizar la rabia y el resentimiento sus apetitosos labios se curvaron escondiendo una sonrisa.

— no, en realidad no — admitió.

Cerré los ojos y respire pesado.

— entonces ¿Qué se te antoja Isabella? — le pregunte sin abrir los ojos era más fácil hablarle así sin que su boca me hiciera fallar mis procesos mentales.

— Discúlpame — lucia tan sincera — pero es mejor así — abrí los ojos y ella estaba muy seria jugueteando con un mechón de cabello.

— No sé qué quieres decir — le dije preventivo.

— es mejor que no seamos amigos… créeme — entrecerré los ojos en medio de un resoplido ya había escuchado esa mierda una vez.

— Es una lástima que no te diste cuenta antes — murmure levantándome mientras recogía mis libros — te fueras ahorrado toda esa mierda encima — se sorprendió y detuvo la mano que jugueteaba con su cabello.

— ¿De qué mierda hablas?— la palabra y el tono de mi voz la pillaron desprevenidas.

— Por no dejar que el maldito auto barriera contra mi cabeza —casi grite, estaba atónita sin dar crédito a lo que decía yo seguía metiendo mis libros de mala gana a la mochila.

— ¿crees que estoy arrepentida? —pregunto molesta y ofendida muy ofendida.

— estoy seguro de que si — replique con brusquedad.

— No asegures nada — frunció el ceño y se levantó de golpe en definitiva se había ofendido lo que no sabía era porque demonios lo había hecho.

Aleje mí vista de ella y mucho más furioso que antes seguía acomodando dentro de la mochila mis malditos libros estaba tan concentrado en la terea para no soltar fuertes acusaciones y palabrotas que cuando me di la vuelta para irme y hacer una dramática salida se me olvido cerrar el cierre y todos mis malditos libros cayeron al piso.

¡Idiota!... me grite mentalmente.

Estaba seguro que si mi cólera me acompañaba a casa la estúpida mochila pagaría las consecuencias.

Suspire y me gire para empezar a recogerlos pero ella ya los tenia extendido hacia mi fruncí el ceño un poco confundido y extendí mis brazos para que los dejara caer, su rostro era tan frio como el granito.

— Gracias — masculle con frialdad.

— ¡No hay de que! — replico.

La hora del gimnasio fue brutal… al menos para los demás chicos.

Estaba siendo incluso mucho más rudo de lo habitual clave el balón como unas cinco veces y para detenerme tuvieron que usar una técnica que no era legal haciendo queme fuera al piso llevando a gente conmigo no era mi culpa Isabella se deslizaba hacia mi mente justo en el momento donde necesitaba ser menos rudo provocando más caídas trataba de concentrarme solo en el juego pero me era imposible malditamente imposible.

Cuando entre a los vestidores muchos chicos me reclamaron por mi juego pero a la final se preocuparon y quisieron saber porque yo actuaba como un bastardo presumido les dije una mentira de mierda y me desearon suerte en arreglar mi bronca… eran bueno chicos.

El aparcamiento estaba empezando a llenarse y corrí hacia mi camioneta casi me da un ataque al corazón cuando vi una chica de cabello oscuro recargada en la puerta pero después de unos segundos comprendí que era Angela.

— Hola Angie — salude.

— ¡Hey Ed!—

— ¿Qué cuentas? — pregunte mientras me habría espacio entre ella y la camioneta y abría la puerta.

— me preguntaba… ¿quieres ir al baile conmigo? — la vos se le quebró en la última palabra, me pillo desprevenido resople un poco irritado girándome para mirarla.

Lucia incomoda.

— ¿no se supone que la tradición es el chico quien lo pide? — respondí demasiado irritado para ser delicado aunque sabía que ella no tenía la culpa.

— Bueno si — admitió con el rostro rosáceo y mirada gacha recobre mi paciencia y trate de ser lo más gentil del mundo.

— te agradezco que lo hagas no todas tienen el valor de ser independientes y fuertes — ¿pero porque me tienen que tocar precisamente a mí? Sus ojos se alzaron hacia mí esperanzados y me patee mentalmente por eso —pero estaré todo el día hasta altas horas de la noche ocupado —

— Oh bueno quizá la próxima vez —

— Claro — acepte y me mordí la boca no quería que se hiciera falsas ilusiones.

Se marchó dejándome libre para poder entrar a mi camioneta.

Oí una débil risita como el tintineo de unas campanas.

Isabella pasaba delante de mí con la vista al frente y labios fruncidos, gruñí, entre a la camioneta y cerré de un portazo salí hacia el pasillo y ella ya estaba en su automóvil a dos coches de distancia de mí deslizándose con suavidad y trancándome el paso era obvio que estaba esperando su familia pude verlos a los cuatro caminando hacia ella pero aún estaban cerca de la cafetería.

Considere (juntando toda la cólera que tenía) en pasar por encima de su delicado y flamante Audi Cupe pero mi cólera no llegaba hasta ahí.

Mire por el espejo retrovisor y se estaba formando una cola Lauren Mallory me saluda con la mano desde su recién adquirido Sentra pero estaba demasiado irritado molesto y fastidiado como para hacerle caso.

Me cruce de brazos moviendo un pie y mi cabeza giraba hacia todos lados menos el coche delante de mí cuando gire mi cabeza hacia un lado Lauren estaba ahí salte de pura sorpresa y sonrió mientras daba unos golpecitos en el vidrio.

Abrí el cristal hasta la mitad y me detuve ¡Estaba helado hasta el tuétano!

— Lo siento Lauren — murmure haciendo un mohín — el auto de los Cullen me tiene jodido —y no solo es el auto.

— Uh… si… lo sé — balbuceo quitándose un mechón de cabello de la cara — quería preguntarte algo mientras estábamos aquí trancados — sonrió ampliamente sin rastro de vergüenza y muy segura de sí misma.

Puse los ojos en blanco.

No podía ser cierto.

— ¿me pedirás que sea tu cita en el baile? — continuo y para mi gran asombro quise reírme y no sabía si era de histeria o que enserio esta chica era sumamente idiota.

— Estaré ocupado Lauren — dije cortante.

— Oh eso me dijeron las chicas — admitió haciendo un leve puchero.

— ¿entonces porque…? —

— Tenía la esperanza de que fuera a mí quien quisieras llevar por lo de tu sabes…—

— ¿Qué sé? —

— por lo de estar juntos al borde de la muerte y eso — se encogió de hombros y en otras circunstancias me fuera reído hasta llorar.

— Disculpa Lauren — replique ya harto de toda esta estupidez — pero no iré estaré muy pero muy ocupado — enfatice las palabras y ella asintió.

— está bien aún nos queda el baile de fin de curso — dijo con su autoestima intacta se alejó antes de que pudiera responder y me sorprendí de que fuera tan persistente.

Mire hacia delante, todos los Cullen estaba dirigiéndose al Audi, Isabella no me quitaba el ojo de encima y era evidente de que se estaba partiendo de la risa como si fuera escuchado todo de primera mano.

Estire el pie hacia el acelerador un golpecito no le aria nada grave quizás un pequeño rayoncito en el reluciente esmalte que servirá para satisfacer mi orgullo y unos cuantos de dolores a ella (que seguramente ni le afectara) acelere en punto muerto… pero ya habían entrado los cuatro y Bella se alejaba a toda velocidad.

Al llegar a casa lo primero que hice fue subir la calefacción y quitarme todo para quedarme en una bermudas hasta encima de la rodilla empecé a sacar todo para preparar pollo a la naranja un plato que me mantendría ocupado y coloque mi ¡Pop a todo volumen para que la posibilidad de pensar se fuera de mi mente.

Subí unos minutos a mi habitación a descargar una canción que me apetecía escuchar y que no la tenía pero me encontré con un correo electrónico de Mike.

Decía o más bien resaltaba lo emocionando que estaba porque Jessica le dijo para ir juntos al baile me deseaba que me divirtiera y ahora que ya tenía a Jessica asegurada lucia más sincero le respondí diciéndole que se divirtiera y que le dijera a Angela para que fuera con Erick un chico bastante tímido y a Lauren para que fuera con Tyler un tipo estirado que no me hablaba y tampoco me interesaba hablarle solo sabía que estaba disponible.

Baje de nuevo e hice una ensalada mientras tarareaba una canción pero las palabras de Isabella las tenía grabada a fuego en mi cabeza incluso sentí que me daba vuelta en analizar tanto sus palabras ¿Qué quiso decir que era mejor que no fuéramos amigos?

Entonces lo comprendí todo.

Me ahogue con la cerveza que estaba tomando y empecé a toser como si fuera un gato escupiendo una bola de pelos.

¡Ella lo sabe todo!

Debía de haber visto cuan obsesionado estaba con ella y no quería darme esperanzas de repente sentí un retorcijón en el estómago y me obligue a sentarme, no podíamos si quiera ser amigos porque obviamente ella no estaba interesada en mí.

Naturalmente que no… resople cabreado y patee la silla que estaba frente a mi tomando toda la cerveza de un solo trago.

Yo no era interesante y ella sí y no solo eso, ella era más que interesante… y brillante, misteriosa, perfecta… y hermosa muy hermosa, y posiblemente capaz de suplantar a la Mujer Maravilla mejor que cualquier otra rubia.

Vale de acuerdo, podía dejarla tranquila, le dejaría sola, podía soportar mi auto exilio aquí en el purgatorio luego me iría a la universidad del sudoeste y buscaría una beca para surfistas mis aspiraciones son Hawái (aunque todos los surfistas querían ir a Hawái) pero yo era realmente bueno haciéndolo y si no, aceptaría la oferta de Charlie de pagarme la universidad haya después cuando me graduara y consiguiera trabajo le pagaría todo lo que me presto claro si no es que un patrocinador me quería primero.

Concentre la mente en playas soleadas y túneles de veinte metros.

Anthony llego justo en el momento en que sacaba el pollo del horno y me quemaba el dedo se rio de mi por supuesto y le enseñe mi dedo medio haciendo que me golpeara la cabeza era satisfactorio que poco a poco se estaba acostumbrando a mí y que podía relajarse estando yo alrededor.

— ¿Anthony? —

— ¿Sí? —

— Quería que supieras que voy a Seattle el sábado de la semana que viene — no le pedí permiso porque no estaba acostumbrado a hacerlo.

En California tenía un toque de queda y dos llamadas al día con eso era suficiente para que Lizzi no me preguntara a donde iría pero me siento un maleducado así que intente arreglarlo:

— Si te parece — agregue.

— ¿Por qué? —musito sorprendido como si fuera incapaz de imaginar algo que Forks no pudiera ofrecerme.

Pf… ¿es enserio?

—Quería conseguir una tabla de surf nueva la mía se me daño hace un tiempo, y puede que tal vez consiga unas Vans y unos Nike nuevos — me encogí de hombros tenía más dinero de lo habitual aunque la gasolina me quitaba unos cuantos dólares.

— ¿iras solo? — pregunto estrechando los ojos no sabía si pensaba que tenía una novia secreta o se preocupada por algo más como que huyera del estado.

— si —

— ¿seguro? —

— ¿Qué necesitas para que me creas? —

— uh… bueno… es que Seattle es una ciudad grande y te puedes perder…—

— ¿otra mejor excusa? — puse los ojos en blancos.

— ¿no quieres que te acompañe? —

— ¿para ver si uso condón? — su rostro se coloreo de golpe y se atoro con un pedacito de pollo.

— ¡Edward Mesen! — chillo.

Solté una sonora carcajada.

— No te preocupes papá — rodé los ojos y pareció calmarse — no tengo novia secreta ni mucho menos solo quiero unos CD nuevos, la nueva historieta de Capitán América y puede que pase todo el día de tienda en tienda necesito el ejemplar único de Batman… será aburrido — al menos para él.

—Está bien— acepto volviendo a comer.

La sola idea buscar historietas coloridas le hizo desistir la última vez que entramos a una juntos tenía doce años y fue suficiente para toda una vida.

— Volveré temprano — prometí.

— ¿para ir al baile? —

— No — resople — para las competencias —

— Oh vale de acuerdo — asintió incómodo.

Supongo que Anthony todavía no está listo para darme la charla de la abejita y la flor solo aquí, en un pueblo tan pequeño, un padre sabe cuándo es un baile lo que conlleva a adolecentes medio borrachos dispuestos a dar la fulana prueba del verdadero amor.

Típico cliché de la vida.

A la mañana siguiente deje mi camioneta lo más lejos posible del Audi Cupe de Isabella tenía que estar lejos del camino de la tentación si me propuse dejar en paz a Isabella no quisiera acabar debiéndole un auto, al salir juguetee con las llaves y siendo yo se me cayeron en un charco de agua me agache a recogerlas pero algo diferente llamo atención.

Un delicados y pequeños pies con las uñas pintadas de rosa enfundados en unos tacones plateados.

Como si fuera en una puñetera escena en cámara lenta mis ojos ascendiendo por unas torneadas y blancas piernas hasta toparme con una mini falda tableada negra con un cinturón plateado un jersey rojo de algodón y una chaqueta color plateada que ajustaba cada curva se ese glorioso cuerpo.

Esta mujer me quería matar.

Me levante bruscamente pasándome las manos por el cabello sintiendo el corazón a mil ella sonrió mientras se recargaba como por casualidad en mi camión y la chaqueta se abrió mostrando esa pecas… uh, esas malditas y hermosas pecas.

— ¿Cómo lo haces? — pregunte abrumado, irritado y algo idiotizado.

— ¿Hacer qué? — contraataco.

— aparecer de la nada —

— Edward no es mi culpa que seas tan distraído —como de costumbre hablaba con vos de campanas y absolutamente calmada fruncí el ceño ante aquel hermoso rostro.

Hoy sus ojos volvían a relucir con un tono profundo y dorado, como la miel, se mordió la boca jugando con la puntita de su cabello y tuve que alejar la vista para reordenar mis ideas.

— ¿a qué vino trancarme el paso? — Quise saber metiendo mis manos en los bolsillos — se suponía que fingías que no existía ni te dabas cuenta de que echaba chispas —

— eso fue culpa de Lauren no mía — se rio con disimulo — tenía que darle su oportunidad —

— tu…— dije entrecortadamente.

Encontré miles de insultos lo bastante malos como para descargar mi cólera con la persona que me provoco y no con mi mochila pensé que la fuerza de mi mirada hostil le haría batir sus pestañas y me contentara (estaba esperándolo preparado para resistir dignamente) pero solo había diversión en su rostro haciendo que me rechinaran los dientes.

— No finjo que no existas — continuo.

Pf... Como si fuera a creérmelo.

— ¿quieres matarme de cólera porque no lo consiguió el auto? — la ira destello en sus ojos castaños frunció los coralinos labios y la alegría desapareció.

— Eres tan absurdo — murmuro con frialdad.

Enseñe los dientes totalmente colérico patee la rueda de la camioneta y me gire en mis talones para empezar a caminar me propuse alejarme de ella y eso es lo que voy a hacer.

Surf… surf... surf… canturreaba en mi mente imaginándome en la playa con una tabla haciendo giros y a patrocinares peleando porque les firme un contrato.

— ¡Edward espera! — grito y yo seguí andando salpicando agua por doquier pero me alcanzo con facilidad y mantuvo mi paso, sorprendente para alguien con diez centímetros de tacón— lo siento enserio he sido… ¿Cómo le dirías tú? Uh… si ya… una perra coñuda — le costó decir esas palabras y supe que no estaba acostumbrada a decir groserías.

Casi me hace detenerme y ver su sonrisa de suficiencia.

Pero la ignore.

— No digo que no sea cierto pero…— se encogió de hombros — no quise herir tu orgullo de chico malo—resople.

— ¿Por qué no me dejas solo? — refunfuñe.

— Quería pedirte algo pero me desviaste de tema — se rio entre dientes, parecía haber recobrado el buen humor.

Ella me marea.

— ¿tienes algún trastorno de bipolaridad? — le pregunte con acritud.

— y lo vuelves hacer —

Suspire colocando los ojos en blanco.

— Vale… ¿Qué me querías pedir? —

— Me preguntaba si es sábado de la próxima semana ya sabes el día del baile de primavera…—

— ¿Intentas ser graciosa? — le interrumpí escupiendo la palabra y girándome hacia ella sus ojos había una perversa diversión que le torcían la boca en una sonrisa traviesa.

— Porfis ¿Me dejaras terminar? — batió sus pestañas y me mordí la boca metiendo mis manos en la chaqueta — te he escuchado que iras a Seattle ese día y me preguntaba si querrías ir conmigo — aquello fue totalmente inesperado e hizo que mis pies quedaran plantados en su sitio.

— ¿Qué? — no estaba seguro a donde quería llegar.

— ¿Quieres salir conmigo a Seattle? —

— ¿Con quién? — pregunte desconcertado.

—Conmigo— articulo la palabra como si se dirigiera a un retrasado… vale yo estaba a punto de entrar en ese estado.

— ¿Por qué? —

— bueno pensaba ir por unos libros nuevos a la librería de Seattle y mi papá ya me dio permiso pero no quiero ir sola y para ser sincera no creo que tu camioneta resista todo el trajín hasta haya —

— mi camioneta va y viene genial, gracias por tu preocupación — fruncí el ceño molesto y quise irme pero seguía demasiado sorprendido como para mantener el mismo nivel de ira.

— ¿Puede llegar gastando un solo depósito de gasolina? —

— No veo que sea de tu incumbencia — empecé a caminar de nuevo y ella mantuvo mi paso con facilidad.

Claro porque ella tiene un flamante Audi Cupe potente, ágil y delicado…

—Estas maltratando el ambiente es asunto de todos —

— ¿Eres una ambientalista acaso? —

— hee… no —

— Bella me mareas — me provoco un escalofrió pronunciar su nombre y odie esa sensación — creía que no querías tener nada que ver conmigo —

— dije que no podíamos ser amigos no que no lo deseara —

— vaya eso aclara todo— le replique con sarcasmo.

Nos habíamos detenido debajo del tejado que quedaba cerca de la cafetería por lo que podía contemplarla mejor y eso desde luego no me ayudaba a aclarar mis ideas.

— Sería más… prudente para ti que no tuvieras nada que ver conmigo — explico quitándose un mechón de cabello — pero me canse de alejarme de ti Edward — su ojos era de una intensidad deliciosa cuando pronuncio con su vos de campanas aquella última frase.

Me olvide hasta de respirar.

— ¿Me acompañaras? — se mordió la boca y yo aún era incapaz de hablar por lo que solo asentí — deberías alejarte de mí de veras — me previno dando un paso hacia mi soltando un pequeño suspiro combinado con una sonrisita — ¿Puedo pedirte algo más?—

¿Uh? ¿Ahora qué? ¿No es suficiente que casi me dé un ataque al corazón con lo último que me pidió? Pero ella necesitaba pedirme algo más.

Asentí de nuevo.

— ¿Me buscarías en el almuerzo? — ¡¿Qué?! ¡¿Con su familia ahí?! — ¿Entonces te puedo esperar? — dio otro paso hacia mí y entrelazo las manos batiendo sus pestañas.

¡Auxilio!

Asentí de nuevo y sonrió satisfecha.

Se dio la vuelta alborotando sus risos y desanduvo el camino que habíamos recorrido me quede ahí parado… viendo el movimiento sutil pero sensual que la mini falda tableada le daba a su cuerpo.

Y pensando en cómo demonios la buscare yo en el almuerzo.

¡AWWW!

Pobre de nuestro Eddie por culpa de Isabella andará de los nervios ¿Qué les pareció?

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