Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.

Capítulo 5

Me dirigí a la clase de Lengua aun en las nubes ni siquiera me di cuenta que ya había comenzado.

— gracias por asistir a la clase señor Mesen — saludo despectivamente la señora Mason.

Me pase las manos por el cabello y casi corrí a mi asiento no me di cuenta de que a mi lado se sentaba Jessica sino hasta el final de la clase me sentí levemente culpable pero tanto ella como Angela parecieron perdonarme y se reunieron conmigo en la puerta Jessica habla sobre el tiempo y que a pesar que la lluvia exigía una acampada más corta pero el viaje a la playa parecía posible.

Simule interés para maquillar el rechazo de ayer.

Pase el resto de la mañana pensando y divagando ideas ilógicas por no decir estúpidas, resultaba imposible de creer que Isabella y la forma en que me miraba o me habla no fuera mi imaginación, tal vez solo fuese uno de esos sueños muy vivos que se fácilmente se confundían con la realidad.

Eso parecía más probable.

Yo no le podría atraer a ella.

La quería ver de nuevo estaba ansioso por eso y también por verificar si todo lo que ella me dijo era cierto necesitaba verificar que no era la persona fría e indiferente que había conocido durante las últimas semanas o si por algún milagro de verdad estaba oyendo bien lo esta mañana.

Mike hablaba sin parar del baile y los otros chicos habían tenido éxito con sus citas por lo cual a Mike le pareció buena idea felicitarme ya que a mí se me ocurrió juntarlos estaba por completo desinteresado pero eso a él no parecía inmutarlo.

— Isabella Cullen te está mirando — dijo Mike.

Volví mi rostro bruscamente hacia ella y estaba sentada con su familia pero no tenía una bandeja más bien parecía que estuviera esperando algo.

¡Oh demonios!

Estaba tan concentrado en otras mierdas que no me di cuenta que había omitido (por pura incredulidad y algo de miedo) que ella me dijo que la fuera a buscar a su mesa a la hora del almuerzo.

Me observaba y evidentemente estaba esperando por mí y por si decidiera dejarme llevar por el pánico ella aseguro que la fuera a buscar cuando alzo la mano llamándome y una sonrisa traviesa adornaba su boca coralina.

Después me guiño el ojo.

¡Me guiño el ojo a mí!

— ¿se refiere a ti? — pregunto Mike con tono de insultante incredulidad y no solo era él, las diferentes gamas de expresiones de su familia decían casi lo mismo.

— Será mejor que vaya para ver que quiere — musite agarrando la coca que acaba de comprar.

Pude sentir como me miraba al alejarme y no solo Mike sino todos en la cafetería mientras mis pies me dirigían aparentemente seguro hacia la mesa de los Cullen.

Sin más valor me quede a un metro de la mesa donde todos sus hermanos tenían sus ojos clavados en mí, los mire por encima de sus cabezas.

— heee… Bella ¿vamos? — balbucee pasándome la mano por el cabello sin saber que decir además ¿para dónde demonios iríamos? Ella asintió sonriendo y se levantó.

— Valiente — siseo el que responde al nombre de Emmett lo mire con los ojos muy abiertos había apoyado los codos en la mesa moviendo toda la enorme masa de músculos y algo me decía que no era por casualidad — ¿Qué me dices Jasper? — pregunto mirando al rubio con una sonrisa de burla.

Fruncí el ceño.

— Emmett… — advirtió Isabella llegando a mi lado.

— en definitiva valiente — murmuro Jasper y miro hacia otro lado con desinterés.

— ¿Ya podemos…? —

— ¡No! — gruño Isabella interrumpiendo a sus hermanos Alice y Emmett que habían hablado al mismo tiempo.

Me fuera parecido cómico de no ser esta familia.

Isabella me jalo por la chaqueta y sin dificultad alguna me hizo cortar las raíces que me habían salido y hacerme caminar, mire para todos lados con disimulo y mi acercamiento con la familia Cullen no pasó desapercibida para nadie.

Me condujo hasta el otro extremo opuesto de la cafetería y se sentó resuelta con una sonrisa pícara resultaba difícil concebir que existiera alguien más hermosa que ella, me senté a su lado temiendo de que desapareciera en medio de una nube de humo y que yo me despertara.

Ella seguía esperando algo y solo atine en decir:

— Esto es diferente —

— Bueno — hizo una pausa y cruzo las piernas mientras echaba su cabello hacia atrás — decidí que si iría al infierno tendría que hacerlo con un maravilloso motivo —

— sabes que no se de lo que hablas —

— Lo sé — volvió a sonreír y cambio de tema — creo que tus amigos se han enojado conmigo por haberte acaparado—

—Lo superaran — respondí rápidamente y sentía los ojos de todos ellos clavados en mi espalda — yo también creo que tus hermanos se han cabreado conmigo — su sonrisa se pronunció, negó con la cabeza y algunos risos revolotearon en el aire.

— No están cabreados… al menos no todos —

— ¿Entonces? —

— Curiosos — se encogió de hombros pero algo en el brillo de sus ojos me dijo que había mucho más allá de solo curiosidad — aunque tus amigos pueden que tengan razón —

— ¿Por qué? —

— ¿Qué tal si quiero acapararte siempre? —propuso con un brillo pícaro en los ojos y una sonrisa traviesa.

Suspire ruidosamente.

¿Cómo le digo que me importa un bledo si me quiere solo para ella?

— Pareces preocupado — comento.

— No — pero mi vos tembló — más bien curioso e intrigado ¿a qué se debe todo esto? — señale con un dedo nuestro alrededor para enfatizar que el todo esto se refiere a nosotros.

— Me he rendido oficialmente — sonrió pero eso no evito que sus ojos lucieran serios — te lo dije, ya no puedo permanecer lejos de ti —

Ya… pero la cosa es que yo lo crea.

— ¿Rendido? —

— Si, ya me he cansado de ser buena, todo el tiempo intento ser buena, pero lo he dejado y ahora voy a hacer lo que quiero hacer y dejare que pase lo que tenga que pasar — su sonrisa se desvaneció mientras explicaba y empezó a jugar con el dobladillo de su chaqueta.

Sonaba un poco culpable pero a la vez satisfecha.

— Me has vuelto a perder — y la arrebatadora sonrisa volvió a aparecer.

— digo mucho cuando estoy contigo es uno de mis problemas —

— ándate tranquila… no me entero de nada — le replique secamente y ella soltó una risita.

— cuanto con ello —

— ¿Entonces…? —

— ¿Qué? —

— en cristiano… ¿somos amigos? —

— Oh amigos…— meditó dubitativa y un pequeña v apareció en medio sus cejas quise alisarlo con el dedo pero sabía que me estaba volviendo loco y antes de que si quiera juntara el coraje suficiente para alzar la mano una amplia sonrisa apareció en su rostro — bueno supongo que eso sirve por ahora, podemos intentarlo pero te prevengo que no soy buena amiga para ti — el aviso oculto de su sonrisa era real.

Tan real que sentí el vello del cuerpo de punta y un leve temblor me hizo desestabilizar las manos.

— repites eso muchas veces — recalque mantenido mi vos firme.

Como un chico malo y no al revés.

— sí, porque tú no me escuchas —

— ¿No? —

— Nop — negó con la cabeza — sigo a la espera de que creas, si eres un chico inteligente me evitarías —

— Pareces que te has hecho una opinión de mi intelecto — estreche los ojos evitando colocarla en el grupo de los que me consideran estúpido solo por ser alguien de cuidad.

Sonrió disculpándose.

— como sea… pero mientras no sea inteligente ¿podemos ser amigos? —

— Eso suena bien — asentí y mire las letras blancas en caligrafía cursiva de la coca sin saber que hacer — ¿en qué piensas? — su pregunta estaba cargada de curiosidad y algo de alivio mire esos ojos que me abrumaban y el moviendo que hizo para atrapar su labio inferior con sus dientes me desestabilizo la mente y le respondí la verdad:

—Intentaba descifrar que eres —su rostro se crispo y la presión en su labio aumento.

Eso me hizo sentir incómodo y algo envidioso.

— ¿Has tenido suerte? — inquirió al cabo de un minuto de silencio.

— No mucha — admití y eso hizo que se riera entre dientes.

— ¿Cuáles son tus hipótesis? — me pase las manos por el cabello y juguetee con un mechón mientras miraba la mesa.

Durante el último mes mi cabeza solo daba para La Viuda Negra o la descendencia de la Mujer Maravilla pero en versión castaña y no había forma de admitir aquello.

— ¿No me lo dirás? — pregunto colocándose un mechón de cabello detrás de la oreja con la sonrisa más terriblemente tentadora que sepa hacer.

Y aun grogui no estaba dispuesto a decírselo.

— Muy vergonzoso para un chico malo— trate de bromear y eliminar la bruma de mi cerebro se rio de forma un poco histérica.

—Eso es muy frustrante ya lo sabes — se quejó en medio de un resoplido delicado.

— No concibo porque debe resultar frustrante — dije un poco más rudo y alto de lo que estaba hablando hace unos segundos y mis ojos se clavaron en los de ella — solo porque alguien reúse a revelar sus pensamientos sobre todo después de haber dicho unos comentarios crípticos especialmente ideados para hacerme papilla el coco pesando en su posible significado… vale ¿Por qué debería resultar frustrante? — resople y ella me miro entre irritada y avergonzada — o mejor — continué aún más cabreado que antes — digamos que una persona que puede que mida 1,60 de preferencia del sexo femenino con manicura francesa realiza un montón de cosas raritas como salvarte la vida solo con una de sus delicadas manos en circunstancias imposibles un día y al siguiente día tratarte como si fuera una mierda en el camino y jamás te explica ninguna de las dos incluso después de haberlo prometido, eso tampoco debería resultar demasiado frustrante —

¡Oh sí! Se sentía bien sacarlo.

— ¿Tienes un poquito de temperamento, verdad? —

— Es bastante frágil sí, solo se necesita colmarlo — me pase las mano por el cabello aun con un rastro de molestia — no me gustan los dobles sentidos — murmure mirándola sin sonreír y ella estaba igual que yo.

Luego miro por encima de mi hombro y soltó una de esas risitas tintineantes.

— ¿Qué? —

— tu novia cree que te estoy molestando y que posiblemente me mandes a volar de una forma nada delicada para un Cullen está debatiéndose en si venir a salvarte o no — se volvió a reír y descruzo las piernas para cruzar los tobillos.

—No sé de qué me hablas — al menos con la parte que involucra a la novia— estas equivocada — dije con frialdad.

— te aseguro que no, te lo dije, me resulta fácil saber lo que piensan las personas —

— Pero yo no —

— Pero tú no — repitió asintiendo su humor cambio de repente y sus ojos se volvieron más inquietantes — me pregunto porque — la intensidad de su mirada se hizo más densa y me obligaron a apartar la vista.

Mi excusa fue la estúpida lata de coca.

— ¿no tienes hambre? — pregunto distraída y volvió a juguetear con un mechón de cabello.

— No — susurre sabiendo que mi estómago estaba full de… mariposas, muchas y muchas mariposas multicolores ¿Esto era normal? Porque me sentía marica.

— ¿Y tú? —

— No, no estoy hambrienta — no alcance a comprender su expresión pero parecía gozar de algún secreto.

— ¿Me puedes hacer un favor? —Su semblante se puso en guardia y espero con cautela —me gustaría que me dijeras cuando decidieras ignorarme por mi bien solo para estar preparado —

— Me parece bastante justo — alce mis ojos a ella y apretó los labios para no reírse.

— genial —

— entonces ¿Puedo pedirte algo a cambio? —

— ¿De qué se trata? —

— una respuesta —

— Oh vale pero solo una — advertí estrechando los ojos.

— Cuéntame una teoría — resople.

¡Ahí va!

— eso por nada del mundo —

— no me reiré —

— sí, si lo aras —

— Porfis — rogo con una vocecita dulce bajo la vista para luego alzarla con su mirada más ardiente un rizo ladeo su rostro coquetamente y parpadee con la mente en blanco.

¡Malditasea! ¿Cómo demonios lo hacía?

— ¿Qué? —pregunte medio estúpido.

— Cuénteme una de las teorías que ha hecho esa mente tuya — su mirada doblo intensidad.

¿Era una encantadora de perros, caballos… o algo parecido? Uh, pero yo no soy ni un perro ni un caballo ¿entonces podría tener descendencia hechicera o gitana? Quizás es uno de sus tantos poderes…

— Pues… hee…— balbucee dudando — ¿Siempre has sido castaña? —

— ¿Historietas? — Asentí —eso no es muy imaginativo —

— Lamento decepcionarte — replique ofendido ¡Ella era la que quería escucharlo!

— Castaña natural — dijo con fastidio y algo de decepción.

— ¿Nada de pelucas? —

— nop —

— ¿Y descendencia? —

— nop —

— ¡Maldición! — refunfuñe.

—Tampoco tengo el gen de los mutantes — soltó una carcajada y me cruce de brazos haciendo un mohín.

— ¿No y que no te reirías? — Hizo un esfuerzo por recobrar la compostura pero fallo miserablemente al tener una sonrisa pegada en su lindo rostro — lo averiguare de todos modos — de la nada se puso seria y suspire acostumbrándome a sus cambios de humor.

— no quiero que lo hagas —

— ¿Por qué? —

— Dices que soy la princesa de los cuentos — se burló con mirada inescrutable asentí pasándome las manos por el cabello, yo no digo que fuera la princesa de los cuentos.

Que es la princesa de mis cuentos es diferente.

— ¿Pero qué pasaría si fuera la madrastra? —

— Mmm… ya lo veo — musite entonces algunas cosas que había dicho antes encajaron de repente.

— ¿Sí? — se puso en alerta de inmediato como si temiese haber revelado más de la cuenta.

— ¿Eres peligrosa? — sentí el corazón en la garganta cuando comprendí que sí lo era ¡Vamos! ¿Cómo no pude notarlo? Me lo había intentado decir todo el tiempo ella se limitaba a mirarme como si temiera algo y a la misma ves rebosantes con una emoción que no podía colocarle nombre — pero no eres mala — susurre mirando la mesa con una leve sonrisa — no, no eres mala quizás una perra coñuda pero en definitiva no eres mala —

— te equivocas — dijo casi de manera inaudible.

Si era así, si ella tenía razón entonces… ¿Por qué no me asustaba? Solo me sentía ansioso y con los nerviosos de punta pero si eso no fuera poco también jodidamente fascinado cosa que lo cogí como costumbre cuando estaba su lado.

— Vamos a llegar tarde — murmure después de ver a la cafetería casi vacía me levante de un salto pero ella no se movió.

— Hoy no voy a ir a clase — dijo en un suspiro.

— ¿Ah, no? —

— Es saludable a veces hacer novillo —

— No me digas… para evitar que los profesores te llenen tanto la cabeza y quedar en versiones unisex de seres humanos — se rio levantándose y sonreí por primera vez de forma relajada.

— Esa mente tuya — volvió a reírse y rodé los ojos mientras me pasaba las manos por el cabello — ¿Te veré luego? — asentí y ella se dio la vuelta empezando a caminar.

Cuando llegue a clases toda el aula estaba revuelta por una fulanas pruebas de grupos sanguíneos ya yo sabía cuál era el mío pero aun así hice todo el procedimiento fue bastante tedioso porque la ventana estaba libre de cualquier impedimento que me dejara ver el bosque y realmente quería que algo o mejor dicho alguien me impidiera ver el bosque.

A la salida de clases camine hacia gimnasia con fastidio realmente no quería entrar, primero porque es como si practicara solo y segundo aria lo mismo que ayer no estaba de ganas pero cuando me fui a dar la vuelta e irme a mi casa alguien me llamo…

— ¡Edward! — levante la vista y una chica bajita de cabello hasta la barbilla me llamaba agitando una mano por encima suyo no le conocía el nombre pero no me sorprendía de que supiera el mío.

Obligue a mis piernas a que fueran hasta haya.

— ¿Qué hay? — pregunte viéndolas con un enorme cartel de bienvenida y a muchas chicas tratar de colocarlo encima de la entrada del gimnasio.

— eres el más alto de los chicos ¿Puedes ayudarnos? — Pidió señalando las escaleras — por favor — asentí en su dirección me quite el abrigo y la mochila dejándolas en el suelo.

Subí sosteniendo el cartel vagamente pude ver como había un puñado de chicas abajo incluyendo a Jessica, el entrenador me miraba fijamente, así que no tenía posibilidades de escapar después que colocara esta cosa.

Llegue al último escalón y me estire para colocarlo en unos de los clavitos que lo sostenían las chicas empezaron a gritarme '' izquierda o derecha '' lo movía todo lo que podía pero no llegaba hasta el otro maldito clavito y me estire todo lo que pude pero era inútil.

Bufe.

Me puse de punta sin siquiera respirar ya estaba llegando… ya casi…

— ¡Edward! — Grito una voz que me resultaba terriblemente familiar — Edward ten cuidado — grito de nuevo — te puedes caer no vayas…— pero en el movimiento que hice para alzar el codo y poder verla me tambalee en la punta de mi pie y me fui de lleno al piso.

¡Mierda!

Escuche muchos chillidos al mismo tiempo, de lo que era consiente es en como giraba como si fuera una puta rueda, me sentía como una de esas bolas de nieve que crecían y crecían, cuando me detuve choque contra el piso (que era lo que esperaba en un principio) tan fuerte que mi cabeza trono y sonó el todo el gimnasio.

Eso sí dolió.

Escuchaba muchas voces a mí alrededor pero cuando abrí los ojos un montón de puntitos negros bailaban en el aire después se convirtieron en puntitos de colores y luego en blanco y negro… se me revolvió el estómago.

— ¿Edward? — me llamo esa misma voz con evidente preocupación, parecía bastante cerca, apreté los parpados con fuerza para eliminar esos estúpidos puntitos multicolores.

Me quería morir o como mínimo no vomitar.

— ¿Me oyes? — pregunto y sonaba un tanto aliviada.

— No — gemí — vete — escuche su risa de campanas por lo bajo y varios suspiros llenos de alivio, abrí mis ojos y tenía a un círculo de chicas alrededor de mi cuerpo medio inconsciente pero el único rostro que resaltaba era el de Isabella.

— Edward, chico ¿Cómo te encuentras? — la vos del profesor la escuche antes de que se abriera paso entre todas las chicas y me mirara con preocupación.

— Estoy bien — masculle en un susurro pero no me atrevía a levantarme por si solo.

— ¿Puedes sentarte? — se agacho a un costado mío y me tendió la mano se la tome como pude y con su ayuda (vale en realidad él hizo todo el trabajo) me senté sobándome por detrás de la cabeza — eso fue fuerte ¿Cómo te sientes? —

¿Cómo un idiota tal vez?

— débil —

— ¿Puedes caminar? —

— si —

Oh eso creía…

— Por favor ¿Alguien puede llevar a Edward a la enfermería? — pidió en vos alta.

¡Diablos no dijo eso!

— ¡Yo! — el grito de varias chicas resonaron en todo el gimnasio y si no vomitaba por la caída y el golpe, vomitaría de vergüenza.

Jessica parecía ansiosa cuando me rodeo entre sus brazos y la chica de cabello corto incluso doblaba la intensidad de Jessica, con su ayuda y del entrador me levante comenzamos a caminar, mi estomago se sentía bastante revuelto y buscaba algo en donde poder enterrar la cabeza para cualquier emergencia.

Cruce el campus y doblamos la esquina de la cafetería las chicas hablaban entre ellas o me hablan a mí no sabía diferenciar mis oídos pitaban y mi cabeza estaba que me reventaba.

En un punto de mi lastimosa caminata me detuve.

— ¿Me dejan en el suelo? — suplique, no escuche sus contestaciones pero hicieron lo que les pedí — hagan lo que hagan señoritas se ocupan de sus propios asuntos — le avise tumbándome en la acera fría.

Pegue mi mejilla al cemento frio y húmedo.

Eso pareció ayudar a bajar toda la comida que había consumido en una semana, cerré mis ojos y respire lento, unos cuantos minutos aquí y podría ir por unos Tylenol a la enfermería yo solo.

— ¿Edward? — ¡Joder!

Las náuseas de nuevo.

— ¿Se desmayó? — pregunto la vos de la chica de cabello corto.

— puede que si no ha movido ni un dedo — respondió Jessica.

— ¿Me oyes? — la vos de Isabella sonó casi en mi oído — ¿Te encuentras bien? — Asentí — chicas pueden irse Eddie está bien — hice una mueca podía imaginarme la enorme sonrisa que tenía pegada al rostro.

— No — protesto Jessica — se supone que lo tenemos que llevar nosotras — la acera se desvaneció de mi mejilla y abrí mis ojos de golpe para ver a Bella sentarme con más facilidad que el entrenador solo usando sus dos manos en mi camisa.

— Yo me puedo encargar de él — su vos sonaba paciente y tranquilizadora para ellas pero para mí tenía una nota de histeria que me dejaba desconcertado.

— ¿Te pesa la conciencia? — pregunto la otra chica y a Bella se le quebró su máscara de amabilidad cuando fulmino a la chica con la mirada todo el vello de mi cuerpo se puso de punta y un leve estremecimiento me recorrió la espina dorsal.

— no sabes cuánto — replico pero su mirada pasó de hostil a una más condescendiente — se pueden ir a clases chicas — sus brazos me rodearon la cintura y por reacción instintiva puse mi brazo en sus hombros.

Me levanto con algo menos que mi ayuda y comenzamos a caminar torpemente escuche las protestas de Jessica y la otra chica, las ignore y Bella también pareció ignorarla, yo estaba más concentrado en caminar en línea recta porque el bamboleo de su caminar no me ayudaba en nada.

— ¡Déjame Isabella! — Proteste — ¡Déjame en la acera! —internamente rogaba para no vomitarle encima eso terminaría por acabar algo con el poco orgullo de chico malo que se supone que tengo que tener bastante alto.

— Tienes un aspecto horrible — me dijo al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa — ¿De modo que cuando me dijiste sobre los golpes en la cabeza no estabas exagerando? — preguntó y parecía bastante divertida.

No le conteste.

Primero porque podría decir algo nada agradable.

Segundo porque luchaba contra las náuseas con todas mis fuerzas.

Ladee el rostro y sin querer mi nariz toco su sedoso cabello no pude resistirlo y la hundí adsorbiendo el extraño y exquisito olor que provenía de él no se parecía nada a ningún shampoo que conociera.

— lo siento Edward — susurro al tiempo que ladeaba el rostro estábamos tan cerca como la ves que ella estaba encima de mí en el accidente que mi mente empezó a revolverse al igual que mi estómago.

Su bello rostro lucia desolado y culpable.

— ¿Eh? —

— si no te fuera distraído quizás…—

— Estuviera estampado contra el piso — sonreí tontamente y ella volvió su rostro al frente tenía la mirada oscura y suspire llenándome de paciencia — realmente debes odiar ser la damisela en apuros — murmure más para mí mismo que para ella pero me escucho perfectamente ya que soltó una de esas risitas tintineantes.

Pude relajarme un poco.

— Quizás por tantos golpes tu mente es como es — se regodeo con las comisuras de sus labios tirando hacia arriba.

Estaba tan distraído que no supe cómo abrió la puerta el calor de la oficina me golpeo de lleno en el rostro he hizo que presionara los labios con fuerza, el señor Cope le dijo algo a Isabella y ella le contesto entonces entre los dos me llevaron hasta detrás de la oficina, donde la enfermera de turno que era una señora cuarentona me hacía acostarme en la camilla.

Isabella se colocó contra la pared con las manos enlazadas sus ojos eran cegadoramente brillantes parecían emocionados y excitados mientras le explicaba a la enfermera la caída y en como ella estiro el cartel para que yo me pudiera deslizar y el golpe que recibí contra el suelo al detenerme y toda la caminata hasta aquí.

— Las náuseas son síntomas secundarios del golpe — dijo la enfermera — siempre le sucede a alguien — Isabella se rio con disimulo — quédate ahí pasara en unos minutos —

— Lo sé — suspire.

Por suerte las náuseas ya empezaron a remitir sobretodo porque trataba de respirar por la boca la enfermería solo olía a alcohol y desinfectante.

— ¿Te sucede muy a menudo? — pregunto ella.

— Mayormente — admití.

Bella tosió un poco para ocultar otra carcajada, cerré mis ojos colocando un brazo en el rostro solo prestando atención vaga de como la enfermera hablaba con ella y después salía por hielo para mi golpe.

Cuando escuche la puerta cerrarse hable:

— Tienes razón — admití de nuevo a regañadientes.

— siempre la tengo ¿Pero en que esta ves? —

— hacer novillo es saludable — y ciertamente ayuda mucho a mantener tu orgullo de chico malo intacto.

Nos quedamos en silencio por un momento.

Solo podía inhalar y exhalar lentamente por la boca de forma acompasada y de vez en cuando me pasaba la lengua por los labios resecos aunque podía sentir su intensa mirada sobre mí.

— ¿Por qué precisamente estabas de puntitas en las escaleras? ¿Sabes que puedes perder el equilibrio y caerte? — Se quejó — realmente me asustaste cuando te vi ahí montado — su vos sonaba como si confesara una humillante debilidad — por supuesto que no mejoro cuando parecías un cadáver después de rodar por un cartel a cinco metros de distancia del suelo — si fuera podido fuera rodado los ojos.

—me pidieron el favor no pude negarme — me encogí de hombros.

— lo cierto es que he visto cadáveres mejores que tu —

— Ja-ja-ja — articule sarcásticamente.

— estaba preocupaba que tuviera que cambiar de escuela por tu asesinato — bufe sintiéndome más entonado que antes.

— te recuerdo que era yo quien estaba de puntitas en una escalera a cinco metros de distancia del suelo —

— todas en el gimnasio no creían eso —

— Uh… Jessica y las demás — suspire — se deben de haber cabreado bastante —

—Me aborrecen por completo —dijo entusiasmada.

—No lo puedes saber — desistí.

¿Cómo alguien como Isabella Cullen puede ser aborrecida?

— vi sus rostros… te lo aseguro —

— ¿Cómo es que estabas por ahí? Creí que te habías ido a tu casa —

— mi hermano Emmett tenía clases cerca de ahí y me pidió que le hiciera el favor de entregarle un cuaderno que le tenía mi hermana Alice y como estaba con ella escuchando música en mi auto… — dejo la frase en el aire, me controle para calmar mi expresión de sorpresa por esa respuesta tan común y sencilla.

La puerta se abrió y entro la enfermara con una compresa fría en la mano me la dejo debajo de la cabeza y me senté abriendo los ojos ya me encontraba por completo recuperado quizás tuve un poco de fortuna al tener el estómago vacío.

— Tienes mejor aspecto y el color verde se ha ido de tu cara — asenti y me quite la compresa para entregársela me pitaban los oídos pero estaba seguro que me sentía mejor las paredes ya no parecían dar vueltas.

Las manos de la enfermera revolotearon a mí alrededor como tratando de empujarme a la camilla y colocarme la compresa al mismo tiempo, pero la puerta se abrió y el señor Cope entro golpeándose la cabeza con ella.

— en Biología están haciendo las pruebas de RH están empezando a llegar chicos desmayados — aviso.

Me baje de un salto y Lee Stephens que era mi compañero de clases cargaba a su novia que le tocaba clases de Bilogía después de nosotros en brazos y venia medio tambaleándose, Isabella y yo retrocedimos para darle espacio y a pesar que la chica no estaba tan grave su novio parecía un histérico.

Me sentí extraño.

Se supone que debió haber pasado esa misma escena hace un minuto claro eliminando la cosa de los novios y esas mierdas pero ¿Era mucho pedir que Isabella no tuviera que llevarme a urgencias o al menos que fuera al revés?

— Vámonos fuera de aquí Edward — la busque con la mirada aturdido — confía… vamos — cuando se dio la vuelta su cabello rozo mi mano y seguí detrás de ella — por una vez me has escuchado — sonaba sorprendida.

Arrugué la nariz.

— No quería que el estómago se me revolviera de nuevo por culpa de la sangre — volví a arrugar la nariz y levemente me pase las manos por el estómago ella parecía algo perpleja y mucho más sorprendida.

— ¿Cómo puede ser eso posible? — me contradijo.

— olí la sangre de la chica —

— ¿Cómo puede ser eso posible? — Repitió de nuevo — la gente no puede oler la sangre — afirmo con seguridad.

— Pues yo sí puedo huele como a oxido… y sal, eso combinado a alcohol y desinfectante me fueran hecho meter la cabeza en una cubeta — se me quedo mirando con la expresión insondable — ¿Qué? —

— no es nada —

Cuando llegamos a la oficina principal Jessica estaba ahí teniendo mis cosas sus ojos iban de Isabella a mí y regresaban creo que ella tenía razón de nuevo y a Jessica le caía bastante mal.

— Te ves mejor — acuso.

— Me siento mejor — hice un ademan relajado con la mano y me fulmino con la mirada — ocúpate de tus asuntos Jessica ya te lo había dicho — le recordé agarrando mis cosas cuando me las extendió.

— ¿Iras a clases? —

— ¿Bromeas? — Negué con la cabeza colocándome el abrigo— pensaba faltar si no me fueran llamado para colocar la pancarta ¿Qué mejor excusa que esta? Por cierto gracias por traérmelos — se encogió de hombros restándole importancia.

— ¿Iremos a la playa este fin de semana? — lanzo una mirada fugas hacia Isabella que se apoyaba en el mostrador tan relajada como siempre y tenía una mano en la cadera lucia perfecta para tomarle una foto y enmarcarla.

— te dije que iría —

— Dicen que abran olas enormes —

— ¿Enserio? — Asintió — lástima que no tenga tabla —

— Oh bueno… como mi papá tenía varias de mis primos que no utilizamos pensamos que podría llevármelas y rentarlas — sonreí un poco ante eso la posibilidad de surfear me llena de excitación previa.

— Si hay oleada prometo rentarte una — sonrió con un poco más de ánimo.

— Nos encontraremos en la tienda del padre de Mike a las diez — de nuevo mando una fugaz pero nada amable mirada a Isabella que ahora jugaba con su cabello y tenía un gesto ausente eso me hizo darme cuenta que no era una invitación abierta.

Resople.

— Hasta entonces —replique frunciendo el ceño.

Me miro contrariada pero asintió y se dio la vuelta batiendo de nuevo su mini falda ojala y se le pase para mañana no me apetecía andar todo irritado por tener compasión con una chica.

— No creo que puedas fugarte — la vos de Isabella me hizo dar un salto no me había percatado de que se había acercado.

— ¿Por qué? — pregunte metiendo mis manos en los bolsillos se había acerado tanto que podía rosarla en un leve movimiento.

— Porque tienes aspecto de hacer como mínimo cinco clavados en el aro — sonreí con un poquito de orgullo.

¡Uau! ¡Mi orgullo de chico malo subió unos tantos!

Ella rodo los ojos divertida.

— siéntate ahí y actúa moribundo — murmuro.

— fue mi papel hace como unos cinco minutos creo que sigue fresco en mi memoria — dije sarcástico y ella soltó una risita mientras se dirigía al mostrador.

Me senté colocando mi cabeza contra la pared y entrecerrando levemente los ojos con mis brazos flácidos para que no parecieran que estuvieran a punto de clavar cinco veces en el aro.

— ¿Señor Cope? — llamo Isabella con su tono de vos más suave.

— ¿Si? — fruncí levemente el ceño no la había oído regresar a su mesa.

— Edward tiene gimnasia pero después de todo lo que paso no creo que le sea posible entrar ¿Podría dispensarlo? — su vos era endiabladamente irresistible pude imaginarme los engatusadores que estaban resultando sus ojos.

De soslayo me fije como estaba en la misma posición que me la encontré el primer día que la vi en esta oficina pero el señor Cope no parecía tan aturdido como ese día porque iba a y venia.

¿Por qué yo no podía hacer lo mismo?

— Claro ¿Necesitas que te dispense a ti también? —

— Oh no, al señor Golf no le importara —

Actué un poquito de más y cuando llego hasta mí dándole la espalda al señor Cope su expresión se tornó sarcástica.

— ¿Necitas una manito para caminar? — se burló pero tenía una sonrisa amable en su rostro.

— No, muchas gracias — replique en un murmullo mientras seguía con mi actuación y la deje salir primero casi en modo convaleciente para no levantar sospechas.

La fría llovizna me trajo un olor puro e inspire hondo levantando mi rostro al cielo me quite la fina capa de sudor que había creado y agradecí por primera vez en la vida el clima de Forks.

— ¿No usas gel? — pregunto de repente la mire desconcertado, ella lucia curiosa.

— No, no lo necesito — me alborote los cabellos dándole a entender que era completamente natural sonrió levantando levemente la comisura de su boca y miro hacia arriba me fije que ella no se inmutaba por la lluvia estreche los ojos mirando fijamente su rostro sin un ápice de vergüenza.

Algo de su reacción parecía raro y rápidamente me di cuenta de que su postura me era rara, las chicas normales no levantan sus caras hacia la lluvia normalmente ocultan sus caras.

Las chicas comunes y sosas usan maquillaje.

Jessica usa bastante inclusive en este lugar tan húmedo la vi retocarse en clases mientras hablaba conmigo pero Bella nunca usaba maquillaje bueno no debería, tampoco le hace falta… las palabras de mi madre resonaron en mi cabeza.

La industria de los cosméticos gana billones al año de mujeres que tratan de cambiar su piel con ello me parecen que deberían tener más confianza en sí mismas.

Ella tenía la piel tan lisa y perfecta que dudo por un momento que si quiera conozca el significado del maquillaje además que sus labios coralinos se veían muy apetecibles sin esas cosas brillosas y pegajosas que no sé cómo demonios la llaman las chicas.

— ¿Qué? — pregunto sacándome de mis cavilaciones abrí levemente los ojos pero negué con la cabeza sonriendo.

— no, nada… solo quería agradecerte —

— no tienes porque — se encogió de hombros.

Revise mi nivel de chico malo y era suficiente para que aguantara la humillación en el peor de los casos.

— De modo que iras… este sábado quiero decir — balbucee un poco nervioso y esperanzado, quería que viniera y que lo hiciera conmigo aunque me parecía improbable tenía que decírselo.

Éramos amigos ¿No? Los amigos siempre hacen estas cosas ¿No? Aunque no me la imaginaba como el resto de las chicas que irían a la excursión, ella no pertenecía al mismo mundo, pero la sola esperanza de que pudiera ir y que lo hiciera conmigo me llenaba más de entusiasmo que una oleada enorme.

— ¿A dónde vais a ir exactamente? —

— A La Push, al puerto — estudié su rostro intentado leerlo, sus ojos se entrecerraron y me miro por el rabillo del ojo sonriendo secamente.

— no creo que me hayan invitado Edward —

Fruncí el ceño.

— Acabo de hacerlo — dije resignado a su negativa no oficial.

— no creo que debamos presionar más a la podre de Jessica suficiente ha tenido entre los dos esta semana —soltó una risita — le puede dar un infarto por combustión espontánea — sus ojos centellaron y me fije que disfrutaba de la idea más de lo normal.

— Pobrecita Jessica — murmure distraído por la forma en que dijo entre los dos.

Me gustaba fantasear por mi cuenta y que lo haya dicho ella me gustaba más de lo conveniente.

Ya estábamos cerca del aparcamiento me desvié hacia la izquierda directo a mi camioneta, cuando sentí un tirón de mi mochila obligándome a detenerme.

— ¿A dónde crees que vas? — pregunto ofendida me gire perplejo y antes de que siquiera alejarme un paso me tomo del abrigo y me empezó a jalar para que caminara.

— Me voy a casa — explique aún más perplejo y enredándome con mis pies ya que me jalaba muy fuerte para ser una chica, me fije e íbamos directo a su auto.

— ¿Acaso no prestaste atención? Pensé que ya sabias que te iba a dejar en tu casa —

— ¡Whoa! ¿Qué? — chille.

— ¡No puedes manejar en tu estado! —

— ¿Qué estado? — volví a chillar.

Me seguía arrastrando y mientras más resistencia colocaba más fuerte me jalaba, estaba entre tratando de mantener el equilibrio y tratando de ver el momento que ella lo perdiera para sujetarla pero siendo muy ella no parecía ni tambalear.

¡¿Cómo lo hacía?!

— ¡Déjame Isabella! — me queje.

— Edward…—

— ¡Déjame! — seguí insistiendo.

Me sentía un estúpido.

Mi poco orgullo se fue en picaba como una torre de naipes.

Iba haciendo eses sobre la acera y si lo viera un tercero estaría partiéndose de la risa era una de las escenas más humillantes y ridículas que he protagonizado en mi vida, llegamos al Audi Cupe y cuando fue abrir la puerta del piloto me golpeo de lleno en el estómago arrancándome un gemido.

¡Demonios!

— ¿Estás bien? —

— ¡Sí! — solté colérico, me miro con dulzura y diversión al mismo tiempo y me cruce de brazos con el ceño fruncido.

— ¿Cómo puedo dejar que conduzcas así? — intento clavarme la mirada engatusadora pero ladee el rostro, mi camioneta lucia tan lejos en estos momentos, entrecerré los ojos calculando la distancia, estaba seguro que si corría llegaría a tiempo y me largaría de aquí.

Además que ella pudiera hacerlo todo montadas en esos lindos zapatos no quiere decir que pueda correr más que yo…

— estoy segura que eres todo un caballero y no dejarías a una chica llorando y sola en su auto — enfatizo la palabra y la mire con recelo.

Ella tenía todo menos ganas de llorar, de hecho tenía una sonrisa triunfal que me sacaba de quicio, no podía dejar que me ganara ¿O sí? ¿Qué dirían Ethan y Kellan si me vieran en estos momentos? Oh… uh… quizá no dirían nada porque se estaría partiendo de la risa.

Yo me estaría partiendo de la risa si no fuera yo.

— ¿Por favor? — y se mordió la boca mientras su cuerpo daba leve saltitos haciendo que sus rizos se vieran comiquísimos el sonido de la torre fue opacado por la bruma que ese lindo y encantador gesto causo a mi cerebro.

—Eres tan insistente — refunfuñe resignado.

— ¡Esta abierto! — sonrió y entro al auto cerrando de un portazo.

Intente mantener el poco orgullo que me quedaba al entrar a Audino tuve mucho éxito parecía un gato empapado y de mi cabello salían gotas de lluvia mojándome la cara.

— Esto es jodidamente innecesario — dije secamente — ¿Qué hay con mi camioneta? —

— Alguno de mis hermanos querrá manejarla… quizás Emmett — le restó importancia, manipulo los mandos con maestría y salió del aparcamiento — ¿Por qué no lo ves como la buena acción del día? Ya que tu acto caballeroso de hace rato salió truncado al resbalar — me cruce de brazos obstinadamente en silencio.

Estaba listo para castigarla con mi silencio incluso había seleccionado el mohín más enfadado que me salía pero entonces reconocí la música que sonaba y la curiosidad burbujeo.

¿Claro de luna?— pregunte sorprendido.

— ¿Conoces Debussy? — ella sonrió parecía estar sorprendida también.

— heee… si — balbucee mirándome las manos no hacía falta revelar ese secreto así que opte por algo más sencillo — mi madre adora la música clásica, esta canción es una de mis favoritas—sonreí empuñando las manos.

Mis dedos se movían por sí solos.

— También es uno de mis favoritos — miramos al frente y cada uno sumidos en nuestros pensamientos.

La música era relajante y me pareció cosa de muchos días la cólera de hace solo uno minutos, la lluvia borraba todo y solo veía manchas grises y verdes, me fije en que nos movíamos muy rápido pero el auto era tan estable y firme que no le di importancia.

Estúpido y genial Audi Cupe.

— ¿Cómo es tu madre? — me pregunto de repente.

— Se parece mucho a mí —

— ¿Enserio? Tienes mucho de Anthony — la mire de refilón con curiosidad.

— bueno es cierto tengo casi todo de Anthony pero mi color de cabello es de ella y mis ojos también son de ella, es bastante guapa cosa que no herede de ella — me reí un poco y ella alzo las cejas — mucho más sociable y valiente que yo, eso tampoco lo herede, extrovertida y una cocinera impredecible por no decir extravagante y por fortuna eso tampoco lo herede — suspire con una sonrisita — es mi mejor amiga… — mi vos se desvaneció.

— ¿Extrañas a tu mama? —su incredulidad al formular la pregunta me dejo confundido.

— si la extraño mucho —

— eres un chico —

— Gracias por aclarármelo — dije sarcástico ella se rio y negó con la cabeza.

— me refiero a que no muchos admiten eso usualmente siempre son…—

¿chicos malos? — me burle y ella sonrió con disculpa pero asintió — vale yo si lo admito además ¿Por qué no lo aria? He estado toda mi vida con ella es algo más que lógico — me encogí de hombros.

— ¿Seguro que no eres valiente? — me miro de refilón no entendí su pregunta pero cuando estuve a punto pedir explicación hablo: — Edward ¿Cuántos años tienes? — por alguna razón que no conseguía comprender, su vos contenía un tono de frustración.

Detuvo el auto y entonces comprendí que ya habíamos llegado a mi casa.

— Diecisiete — respondí confuso.

— No los aparentas — me reprocho haciendo que riera — ¿Qué? — inquirió curiosa de nuevo.

Suspire.

¿Quién será más curioso ella o yo?

— Mi madre dice que nací al contrario — ladeo la cabeza confundida y volví a reír lucia bastante adorable —hay una película en la que el protagonista nace siendo viejo y se vuelve joven mientras crece pues técnicamente eso es lo que dice Liz, que nací viejo y que cada año empezaba a convertirme en un inmaduro — me pase las manos por el cabello — aunque no sé si creerle son contadas con dos dedos las cosas inmaduras que he hecho y perdí la cuenta de cuantas ha hecho ella… en fin, alguien tenía que ser el adulto —

— ¿Cuáles son esas cosas inmaduras? —

No me gustaba hablar de eso así que le respondí con otra cosa:

— Tú no pareces mucho a una adolescente de instituto —

Torció el gesto y cambio de tema.

— en ese caso ¿Por qué tu mamá esta con Charlie? — me sorprendió que recordara el nombre ya que solo lo había dicho una vez hace un par de meses.

— Mi madre tiene…— me tome un respiro y busque la mejor explicación que se me ocurría — un espíritu muy joven y creo que Charlie la hace sentirse mucho más joven —sacudí la cabeza — en cualquier caso está loca por él — aun después de tanto tiempo esa atracción suponía un misterio para mí.

— ¿Lo apruebas? —

— eso no tiene importancia quiero que sea feliz y si Charlie la hace feliz entonces mi opinión es irrelevante —

— eso es muy lindo de tu parte… me pregunto…— murmuro reflexiva.

— ¿El qué? —

— ¿Ella se pondría en tu misma posición? — abrí mis ojos levemente y concentre toda mi atención.

Nuestras miradas se encontraron.

—Supongo — susurre — pero ella es la madre debe de ser un poquito más diferente —

— ¿Entonces tiene que gustarle a ella? —

— ¿A qué te refieres con eso? — Sonreí ampliamente — ¿Cómo de ninguna chica hippie, gótica o una prostituta? —

— supongo que son buenas definiciones —

— ¿Cuál es la tuya? —

Pero ignoro mi pregunta.

— ¿Crees que le puedo gustar? — el tenue rastro de una sonrisa ilumino su rostro, mi respiración se tranco un par de veces.

— Oh, uh, sí, claro que si — balbucee pasándome las manos por el cabello.

— ¿No crees que pueda asustarla? —

— ¿Por qué habrías de hacerlo? — fruncí el ceño confundido y ella se mordió la boca esperando mi respuesta como si de verdad hubiera pero no podía hallarla, Isabella independientemente de todo lo que piense de ella, me parece una chica linda.

Y no todas me parecen chicas lindas.

Entonces a mi mente llegaron varias imágenes y la más reciente fue en la acera con Jessica y la otra chica… y comprendí a lo que se refería.

—creo que puedes hacerlo si te lo propones — dije al fin.

— ¿Yo te doy miedo? — su rostro pareció repentinamente serio y sus ojos se abrieron con alarma.

Me reí.

— No para nada — la sonrisa volvió aparecer en su rostro haciendo que se la devolviera ¿Cómo podía darme miedo ella? Es algo tan absurdo — bueno ¿vas a contarme de tu familia? Es más interesante que la mía —

— ¿Qué quieres saber? — pregunto en guardia.

— ¿te adoptaron los Cullen? —

— Si —

— ¿Tus padres? —

— murieron —

— Lo siento —

—Fue hace mucho y los recuerdo de forma confusa — sus dedos tamborilearon en el volante —Carlisle y Esme han sido mis padres durante mucho tiempo no hay mejores personas que ellos — sonrió con orgullo y sus ojos brillaron un poco, seria estúpido preguntarle si los quería se notaba a kilómetros, lanzo una mirada al reloj y la poca chispa que había en sus dorados ojos se apagó — me tengo que ir mis hermanos se van a cabrear bastante si me esperan bajo la lluvia — sonreí por la palabra.

— Supongo que debes irte — deduje y me felicite por ser tan inteligente.

— Oh si —

Pero yo no quiero salir del auto.

— Tendrás tu camioneta antes de que Anthony llegue — aseguro.

— Claro porque corre el riesgo de que se la roben — bromee y ella rio quitándose un mechón de cabello de la cara.

— diviértete en la playa… espero que consigas esa enorme ola que tanto quieres— me deseo dulcemente mientras miraba la cortina de lluvia afuera.

— ¿No te veré mañana? —Negó con la cabeza — ¿Qué es lo que vas a hacer? — un amigo puede preguntar eso ¿No? Esperaba que mi voz no dejara traslucir la decepción.

—mis hermanas y yo adelantaremos el fin de semana iremos a Chicago para una sesión de compras — torció los ojos y ladee la cabeza — pero Emmett y Jazz me llevaran de excursión por los bosques después que mi papá se una a mis hermanas — por alguna extraña razón parecía más emocionada con el plan de sus hermanos que con el de sus hermanas.

Así que no me aguante y le pregunte:

— ¿No te gusta ir de compras? — la incredulidad se deslizo por mi vos y ella me miro con diversión.

— En realidad… no, mis hermanas son adicta así que me toca colocar mi mejor cara de felicidad aunque parezca constipada — me reí — solo mi madre me salva dejándome ir antes —

De por si me ya me obsesiona con lo poco que se de ella y que me diga que prefiere que la piquen cositas de dudosa procedencia en vez de estar en un aire acondicionado con miles de tarjetas con ilimitada extensión me hace obsesionarme aún más.

¿Es necesario que Isabella Cullen sea la excepción a todo?

—Bueno entonces espero que te diviertas y…— intentaba simular entusiasmo pero me salía patético así que trate de bromear — ¿Suerte, quizás? — sonrió con esos labios coralinos viéndose más que perfectos… apetecibles.

Su hermoso rostro de ángel se giró hacia mí y empleo todo el poder de su ardiente mirada dorada.

— Edward — y una chispa de preocupación brillo en sus ojos — ¿sabes surfear bien? — la mire sin entender pero asentí — ¿Seguro? —

— cuando quieras lo compruebas — replique ofendido por su falta de confianza se acercó a mi haciendo que me paralizara y me tomo del bolsillo de mi abrigo jalándome hacia ella.

Mi respiración se incrementó y sentí el corazón en la garganta.

— ¿Puedo pedirte algo? —susurro con sus grandes ojos hermosamente dulces y rogantes.

Asentí idiotizado tratando de doblar la seguridad en el filtro que estaba entre mi cerebro y mi boca.

— No es para ofender tu orgullo de chico malo— fruncí el ceño— pero pareces una de esas personas que buscan y atraen los accidentes trata de no caerte en un arrecife ¿De acuerdo? — me atrajo más cerca de ella y curvo la comisura de su boca soltando un respiro.

Obligue a que mis ojos no vieran esas lindas pecas porque estaba seguro que ella no pensaría que estaba viendo sus pecas sino sus pechos que es, uh, bueno, técnicamente lo mismo.

Asentí sin poder hablar.

Se alejó esbozando una de esas malévolas sonrisas haciendo que mi desvalimiento desapareciera y tradujera sus aparentemente dulces y amables palabras: como no estaré para jugar a la princesa que no necesita príncipe trata de no hacer algo estúpido ¿De acuerdo?

— Veré que puedo hacer Isabella — contesté bruscamente mientras salía del Audi de un salto y la lluvia me golpeaba con fuerza.

Cerré de un sonoro portazo mandando los malditos modales de caballerismo a la mismísima mierda pero eso no pareció afectarle ya que Isabella seguía sonriendo cuando desapareció de mi vista.

¿Qué les pareció nuestro dulce Eddie?

¿No es una monada?

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