Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 7
Subí a mi habitación sin cenar.
Registre mis jeans tirados en el piso hasta encontrar mi ¡Pod, busque la carpeta de Metálica no era uno de mis favoritos prefería el rock pero necesitaba algo que me mantuviera ocupado, me acosté en mi cama con la cabeza hacia la ventana para que no me molestara la luz y me coloque una almohada en la cabeza.
Tenía el volumen tan alto que me dolieron los oídos.
Me concentre con mucha atención en la letra intentado entender la letra, ya para la tercera vez me sabia casi todo el estribillo de todas las canciones de la carpeta y sabia cuando entraba el solo de guitarra en cada una, siempre me ha gustado la guitarra pero no tanto como el piano…
Y funciono, las demoledoras canciones me impedían pensar, que era el objetivo del asunto… a la final termine cantándolas y haciendo como si tocara la guitarra.
Abrí mis ojos en un lugar conocido, en algún rincón de mi cerebro sabía que estaba soñando, reconocí el verde fulgor del bosque y el sonido de las olas rompiéndose en algún lugar cercano quise llegar hasta la playa intentando seguir el sonido pero entonces Maggie Black estaba allí, tiraba de mi mano, haciéndome retroceder hacia la parte más sombría del bosque.
— ¿Maggie? —
Tenía como una especie de vestido blanco por encima de sus rodillas de una tela muy suave, sus pies estaban descalzados y en su cuello había un collar tejido exquisitamente con un filoso e intimidante colmillo guindando, tiraba de mí con todas sus fuerzas pero yo no quería entrar a la negrura.
— ¿Qué sucede? — pregunte abrumado por tanto pánico que demostraba su bonito rostro.
— ¡Corre Edward! ¡Tienes que correr! — susurraba aterrada mientras su mano volaba hasta el colmillo en su cuello.
— ¡Por aquí Edward! — reconocí la vos de Jessica que me llamaba desde el lúgubre corazón del bosque pero no podía verla.
— ¿Por qué? — pregunte mientras me resistía a seguir a Maggie.
Maggie de repente convulsiono, su rostro se transformó en dolor y el colmillo en su cuello brillo con intensidad mientras caía al piso, su bonito vestido blanco fue desgarrado por ella misma y un grito abandono sus labios.
— ¡Maggie! — grite tratando agarrarla pero desapareció.
En su lugar apareció un lobo del pelaje blanco como la nieve lo único que resaltaba era que alrededor de su cuello había un collar cobrizo que tenía el colmillo guindando, los ojos del lobo eran negros, grandes y brillantes.
Me dio la espalda con una gracia solemne digna de la realeza y camino hacia la costa con el pelaje del dorso erizado y enseñando los grandes y filosos colmillos.
— ¡Corre Bella! — volvió a gritar Jessica a mis espaldas pero no me di la vuelta.
Estaba viendo fijamente una luz que venía hacia mí desde la playa.
Isabella apareció caminando demasiado rápido entre los árboles, su cabello se ondeaba en el aire y su cuerpos se movía con una gracia infinita la hacían ver muy hermosa, la piel le brillaba tenuemente y sus ojos se encontraban negros, peligrosos.
Se detuvo frente a mí y alzo una mano llamándome con el dedo, quería que me acercara a ella, su boca coralina estaba atrapada entre sus dientes filosos y puntiagudos pero eso no la detuvo para que sonriera.
Di un paso hacia ella, hipnotizado por su belleza y el lobo gruño a mis pies.
— Edward — susurro colocándose una mano en la cadera y ladeándola levemente — confía en mí — ronroneo con su mirada más engatusadora.
Avance otro paso hacia ella.
El lobo recorrió de un salto el espacio que me separa de ella y sus colmillos buscaron la yugular de la vampira.
— ¡No! — grite sentándome de golpe.
Caí de nuevo en la cama con un leve mareo y gemí estrujándome la cara, quitándome los audífonos y tirándolos al piso busque el reloj y los números verdes me mostraron las cinco y media de la madrugada.
Volví a gemir.
No sirvió de nada.
Mi subconsciente había sacado a pasear todas las imágenes que estaba tratando de eludir con desesperación y creo que tendré que enfrentarme a ellas.
Pero me encontraba sintiendo una leve capa de sudor y feliz por retrasar más el asunto me fui al baño, salí envuelto en una toalla alrededor de la cintura y baje para prepararme el desayuno con una toalla secando mi cabello, Anthony ya se había ido así que solo busque cereales, chocolate líquido y le agregue unos cuadritos de chocolate junto a unas fresas que estaban en el fondo del refrigerador.
Comí lo más despacio que pude saboreando todo lo que le había agregado a la taza de cereal, podría decirse que me parecía a un retrasado con la cabeza en mi mano y contando las cucharadas que entraban a mi boca.
Sesenta cucharadas más tarde…
Estaba acostado en mi cama esperando que mi laptop hiciera inicio, tenía el ¡Pod con la misma carpeta a un volumen solo de fondo y la pantalla aparecieron un montón de popups de anuncio y comencé a cerrar todas las ventanitas.
Teclee solo una palabra.
Vampiro.
Todo lo que apareció eran películas, series de televisión, juegos de roles, música y cuando estaba sacándome la piedra encontré algo prometedor, el sitio decía Vampiros de la A a la Z era una página simple con un fondo blanco y letras negras tenía mucho de aspecto académico.
La página me recibió con dos citas.
No hay en todo el vasto y oscuro mundo de espectros y demonios ninguna criatura tan terrible, ninguna tan temida, aborrecida y aun así aureolada por una aterradora fascinación, como el vampiro, que en sí mismo no es espectro ni demonios, pero comparte con ellos su naturaleza oscura y posee las misteriosas y terribles cualidades de ambos.
Reverendo Montague Summers.
Si hay e este mundo un hecho bien autenticado, ese es el de los vampiros, no le falta de nada: informes oficiales, cirujanos, declaraciones juradas de personajes famosos, cirujanos, sacerdotes y magistrados, las pruebas judiciales son de los más completas y aun así ¿Hay alguien que crea en vampiros?
Rousseau.
El resto consistía en un listado alfabético de los diferentes mitos de los vampiros por todo el mundo.
Leí con atención las descripciones en busca de algo que me resultara familiar, dejando solo lo verosímil, pero todo era puras mierdas solo habían patéticas excusas como la tasa de mortalidad infantil y la infidelidad de los hombres.
Solo tres llamaron mi atención:
Varacolaci, un rumano y poderoso no muerto que podía aparecer como un hermoso humano de piel pálida, Nelapsi, un eslovaco que masacro a toda una aldea, Stregoni beneficié, vampiro italiano que afirmaba estar del lado del bien y era enemigo mortal de todos los vampiros diabólicos.
Suspire de alivio.
Era la única entrada que aseguraba que existían vampiros buenos ¿Estúpido, no? pero así me sentía.
Sin embargo había pocos que coincidieran con la historia de Jacob o mis propias observaciones y había otro problema adicional de lo que recordaba de las pocas películas de terror y que se reforzaba con aquellas locuras: los vampiros no podían salir durante el sol, dormían en ataúdes todo el día y solo salían de noche.
Exasperado e irritado cerré la laptop de golpe.
¿Qué era lo que estaba haciendo? ¿Rastreando información sobre vampiros? Estaba tan turbado que sentía que iba a aplastarme ¡Todo aquello era tan estúpido! ¿Me estaba volviendo por completo loco? Por lo visto si… ¡Y culpaba a todo lo que estuviera afuera de mi puerta! Pero a pesar de todo eso tenía que salir a ese caótico mundo.
Me sentía claustrofóbico.
Me coloque mis botas para el agua, un pasamontaña, un abrigo con capucha y un impermeable no tenía la menor idea de a donde quería ir pero necesitaba ir a algún lado impulsado por mi cabreo donde estuviera solo (una parte era porque parecía un bollo con piernas) y pudiera pensar cuando salí ignore el auto y camine hacia el este del patio de Anthony.
No paso mucho tiempo en que la carretera se había desaparecido y solo mis botas hacían ruido al pisar tierra húmeda, camine sin sentido ni rumbo pero aun así pendiente de todo en cuestiones de orientación era fatal y no me apetecía perderme.
Me detuve cuando vi un tronco caído a mi izquierda y me senté en el suelo apoyando la espalda y abrazando mis piernas, no se escuchaba el más mínimo ruido y sentía la soledad rodearme junto a una sensación como la del sueño intensificarse en mi pecho.
No había sido una de mis mejores ideas lo admitía.
Pero ¿A qué otro sitio podría ir? Aun así en medio de todo y nada al mismo tiempo era mucho más fácil creer que en los disparates de los que me abrumaban y en cierta parte me avergonzaban, a regañadientes me obligue a concentrarme en las dos preguntas que debía contestar:
¿Podrían ser los Cullen vampiros?
Mi mente me respondió con una rotunda negativa (resultaba estúpido y mórbido entrenarse con una de esas ideas tan ridículas) pero sabía que eran algo y lo que se empezaba a formar delante de mis ojos excedía una posibilidad de una explicación racionalmente, ya fuera de los fríos o mi teoría de superhéroes.
Isabella Cullen no era… humana.
Así pues… tal vez, esa iba a ser mi única respuesta lo que me llevaba a la segunda pregunta y la más importante:
¿Qué demonios hare yo si todo eso resultara cierto?
¿Qué haría si Bella resultara ser… una vampira? Apenas podía obligarme a escupir esas palabras en mi mente, ni siquiera yo mismo me lo tragaba, me tomarían por loco a cualquiera que se lo dijera (una parte de mí todavía se sigue cuestionando esa posibilidad) por lo que mi mente trabajo en dos alternativas que parecía prácticas:
La primera, era aceptar sus advertencias, ser listo, alejarme de ella, evitarla todo lo posible y cancelar nuestros planes y volver a ignorarla tanto como fuera posible, decirle que se alejara de mí y esta vez era en serio.
Me invadió una desesperación tan agónica que me arranco un gemido.
¡No! ¡Esa no! Mi mente rechazo el dolor y me llevo hacia la siguiente alternativa con mucha más rapidez de lo desaparecía el espasmo en mi cuerpo.
La segunda, era no hacer nada diferente.
Después de todo, hasta la fecha, no me ha hecho daño (dejando de lado la torre del orgullo) quizás es algo… siniestra pero eso no le quita el encanto a Isabella Cullen ¿Cómo puede ser mala si tiene reflejos para salvar vidas? Creo que estuvieran todavía trapeando mi restos del aparcamiento si no fuera acudido con tanta rapidez.
Había una cosa de lo que estaba seguro (si es que estaba seguro de algo) era que la terrorífica Isabella que estaba en mi sueño, no era la verdadera, sabía que todo había sido producto de apegarme al pie de la letra la historia de Maggie y lo que saco mi grito casi afeminado fue la posibilidad de que ella resultara herida.
Temía por ella.
Y supe mi respuesta, ignoraba si en realidad había tenido elección alguna vez, ya estaba involucrado de cabeza en el asunto y ahora que lo sabía (si es que sabía algo) no podía hacer nada con mi aterrador secreto.
Solo de pensar en ella… en su voz… en sus engatusadores ojos… en sus hermosos labios de coral diseñados para la tentación… en su personalidad desesperante, terca y aun así magnética a tal grado de convertirse en una obsesión supe que no podía alejarme de ella.
No quería otra cosa que estar con ella de inmediato, incluso si… pero no podía pensar eso aquí en la penumbra del bosque donde todo resultaba sombrío como el crepúsculo.
Apenas era medio día cuando llegue a la casa me bañe de nuevo, subí la calefacción, solo andaba en calcetines y unos bóxeres negros busque a Macbeth acostándome en el sofá para concentrarme en el tercer acto.
Dentro de mí había una satisfacción y serenidad que no sentía desde… uh, bueno, para ser sinceros, desde el jueves y así era mi forma de ser, adoptar decisiones doliera lo que doliera (y siempre era la parte que más dolía) y que me llevaba por la calle de la amargura pero una vez tomada, no había vuelta atrás.
Era ridículamente fácil vivir con esta decisión.
Peligrosamente fácil.
Por segunda vez desde que llegue a Forks la brillante luz del día me despertó, me levante de un salto con las sabanas de mi cama enredándose en mis piernas desnudas, abrí la ventana y comprobé con asombro que solo unas cuantas nubes estaban en el cielo.
Sonreí.
Mire para todos lados y era tan luminosos que casi chille de felicidad, en eso me percato que encima de mi ventaba estaba como una tabla sobresalida y que me quedaba cerca del techo, calcule la distancia y podía llegar hasta arriba con facilidad quizás podría tomar el sol más tarde…
Mis planes privados con el astro rey me llenaron de adrenalina, como el primer día soleado aquí decidí irme en mi esqueí y colocarme mi gorra que tenía un delicioso olor a agua salada y brisa fresca después de haberse secado.
— ¡Eddie! — saludo Anthony con una sonrisa.
— ¡Papá! — le devolví el saludo entusiasmado.
— Ahí afuera hace un día estupendo — comento.
— ¡Ni te lo imaginas! — coincidí con una gran sonrisa.
Busque dos barras de granola, un jugo de naranja y me despedí de él corriendo hacia la puerta de salida.
Hoy me resultaba fácil ver porque mi mamá se había enamorado de mi papá, cuando sonreía todavía quedaba gran parte del joven romántico del que escuche hablar y su cabello rubio oscuro y rizado le quedaban bien con sus ojos color del whisky junto a su voz fuerte y ronca (Lizzi dice que eso era lo único que no había heredo de ninguno de los dos ya que mi voz era bastante parecida a la del abuelo Carrick) pero en definitiva mi papá no había perdido el toque, ni el cabello.
Cuando llegue al instituto había sido uno de los primeros, rodé hasta las mesas donde se utilizaban para hacer picnic y tire mi mochila encima de una, comencé a jugar con el esqueí tratando de darle una giro completo, me encontraba tan absorto que cuando me enrede con mis pies y caí al suelo de espalda (por suerte estaba en el cemento y no me manche del color verde grama) escuche muchas risas a mi alrededor.
Levante la vista y todos se encontraban mirándome entretenidos mientras que estaban repartidos en las demás mesas, sonreí cordial y me levante sacudiéndome los shorts de color caqui y volviendo a montar el esqueí tenía que conseguir ese giro, me había venido de L.A sin hacerlo y aprovechare todo lo que pueda el sol de hoy para practicar…
— ¡Edward! — oí la vos de Jessica gritar levante la vista y su camisa rosa me hizo identificarla, le sonreí saludándola con la mano y ella me sonrió de oreja a oreja.
Estaba tan encantada de verme que no pude evitar sentirme satisfecho.
— ¿Qué hay, Jess? — pregunte cuando se sentó en la mesa donde estaba mi mochila, me observaba tratar de girar el esqueí.
— hace un día genial ¿eh? —
— Genial — respondí con la respiración entrecortada — la clase de día que me encantan —
— ¿Qué hiciste ayer? — fruncí ligeramente el ceño escuchando que su tono estaba resultando bastante posesivo.
— Navegué en internet — me encogí de hombros — ¿Y tú? — inquirí por cortesía.
— Se me fue más que todo en el trabajo de literatura — me detuve en seco y casi caí al piso de nuevo la mire con los ojos muy abiertos y ella sonrió divertida — ¿A que no lo has hecho? — se burló y rodé los ojos.
Eso disminuye mi tiempo para tomar el sol.
— quizás esta tarde lo haga es para el miércoles ¿Cierto? — asintió y comencé de nuevo a tratar de girar todo el esqueí en una vuelta completa.
— ¿Me enseñarías a montarlo? — pregunto animada.
— Claro ven aquí — estire mi mano y salto en su asiento aferrándose a ella con una fuerza impresionante pero en eso escuche algo parecido al sonido de una rama partiéndose y tenía que ser bastante gruesa para que la pudiera escuchar a pesar de que me encontraba en una de las mesas más cercanas al bosque aun así…
— ¿Y ahora qué? — la vos de Jessica me hizo volver a prestar atención a lo que estaba haciendo.
Ya había puesto los dos pies y aun así se tambaleaba un poco, la sostuve por ambas manos y le daba indicaciones para estabilizarla solo podía ver sus risos rubios ya que estaba mirando hacia abajo y no sabía si estaba entendiendo o no.
Bufé fastidiado.
— ¿tienes una liga o algo? — pregunte ayudándola a bajar ella me miro por un largo segundo y a la final negó con la cabeza sonriendo — me es difícil enseñarte así — me queje y Jessica agarro todos sus risos colocándolos encima de su cabeza.
— Dame tu gorra — ordeno sonriendo más.
— ¿Qué? —
— Tú sabes para que no te moleste mi cabello mientras me enseñas — sus ojos despedían un brillo se excitación combinada con triunfo y me pregunte si era seguro dársela.
— Uh, bueno — dije al fin y me la quite rápidamente sus risos fueron encerrados — así mejor pero recuerda que es un préstamo —
— ¿Qué te hace pensar que te la quiero robar? — pregunto sin un ápice de vergüenza y sonrió mientras volvía a montarse en el esqueí, rodé los ojos riéndome.
Ella efectivamente se quería robar mi gorra.
Duramos unos cuantos minutos intentando de que anduviera sola pero era imposible se cayó unas dos veces y a la final se dio por vencida sentándose en la mesa con los bazos cruzados y puchero furioso.
Me obligue a no reírme y me senté a su lado, saque la otra barra de granola que tenía en la mochila y comencé a comérmela.
— No te desanimes Jess — le dije para apaciguar su cólera — a mí me costó meses aprender —
— Supongo que tienes razón — dijo en un suspiro.
— La tengo — murmure.
— Me gusta tu cabello — comento mientras pasaba la mano por mi cabello y rozaba ligeramente mi oreja — el color cobrizo se forma en una tonalidad más roja —
Escuche el sonido de otra rama partiéndose pero me sentía tan incómodo que no le di importancia, me aleje de su toque (o mejor dicho me levante de golpe) agarrando el esqueí de encima de la mesa.
— Solo al sol — dije intentado de nuevo hacer el giro completo — el de mi mamá es mucho más rojo de hecho no tiene necesidad de estar debajo del sol algunos de sus mechones son muy rojos — trataba desesperadamente de mantener una conversión agradable.
¿Por qué siempre tenía que complicarlo todo?
— Edward…— susurro dudosa con ese tonito que no me gustaba nada.
¡Hay va! ¡Recorcholis! Ya sabía cómo acaba esto.
— te iba a preguntar si quería salir conmigo —
¡Demonios!
Me hizo detenerme bruscamente y tratar de mirarla de buen modo.
— Bueno… podríamos cenar algo de pizza y ver una película en mi casa… ya que esta semana me dieron libre de mi trabajo y mis padres tienen que visitar a mi abuela — sonrió llena de esperanza.
Alce las cejas sorprendido por el mensaje subliminar y escuche de nuevo el sonido de otra rama partiéndose.
— Jess… — vacile pasándome las manos por el cabello buscando una solución rápida realmente odiaba que me pusiera en estos aprietos — creo que no es una buena idea — su rostro se descompuso.
— ¿Por qué? — pregunto cautelosa.
Mis pensamientos se fueron directo hacia Isabella y me pregunte si ella estaba pensando lo mismo.
— ¿Prometes no decírselo a nadie? — Ella asintió con curiosidad — creo… — y me quede en silencio un segundo mirando para todos lados tratando de darle más suspenso — que eso haría papilla a los sentimientos que tiene Mike por ti — sus ojos se agrandaron y se quedó aturdida.
Era obvio que no pensaba en él más que una amistad.
— ¿Mike? —
— ¡Oh sí! — Sonreí aliviado — ¿Enserio no te has dado cuenta? ¿Estas ciega? — Su rostro lucia confundido así que aproveche y le quite mi gorra sus rizos cayeron en cascada sobre sus hombros y me la puse tomando mi mochila — es tarde y debemos entrar a clases — recordé.
Asintió distraída.
Tuvimos que ir a mi casillero que casi nunca utilizaba para guardar el esqueí y durante todo el trayecto hasta el edificio tres se mantuvo callada y rogué a los Angeles que sea lo que sea que estuviera pensando la llevaran por la dirección correcta.
Cuando vi a Mike en Trigonometría desbordaba entusiasmo ya que su papá le había prestado el auto que recién había comprado y le había dado dinero para que saliera a dar una vuelta, quiso hacer una reunión solo para chicos y me invitaron a participar.
Seria agradable salir del pueblo de copas con los chicos aunque ahí estaría Tyler y quien sabe que podría, pasar mi paciencia y temperamento no estaban en sus mejores niveles así que para evitar que algo realmente malo llegara a pasar respondí con un tal vez.
No hablo de otra cosa de que del baile y la salida mientras nos dirigíamos a almorzar, no le estaba escuchando estaba realmente perdido en la adrenalina que recorría por mi venas ante las expectativas y estaba dolorosamente ávido de ver no solo a Isabella sino a todos los Cullen, con el fin de llenarme la cabeza con nuevas sospechas.
Fiel a mi costumbre mire hacia la mesa de los Cullen y estaba vacía sentí un nudo en el estómago y un sentimiento como de pánico se deslizo por mi espalda ayudando a acrecentar más el nudo, recorrí toda la cafetería con menos esperanzas y no encontré a Isabella y una fuerza agobiante me aplasto con ímpetu.
No me moleste más en escuchar a Mike.
Estaba demasiado sumido en las espirales de mi miseria que Erick me tuvo que dar un zape para llamar mi atención, también me invito a unirme a la salida de chicos así que acepte por tener algo que hacer y distraerme.
El día transcurrió verdaderamente odioso.
Casi sentí un poco de alivio al traspasar el umbral de mi casa y querer dormir pero Mike me telefoneo para decirme que saldría con Jessica y contarme como fue todo, a donde la iba a llevar a cenar y que esperaba impresionarla con el auto nuevo de su padre, me aliviaba de que al fin haya conseguido algo y colgué antes de que se diera cuenta que mi entusiasmo era puras mierdas y lo malinterpretara todo.
Decidí darme una ducha y colocarme solo unas bermudas cortas busque todo para hacer el trabajo de Macbeth mis Ray-Ban, el ¡Pod y una manta bastante mullida, abrí la ventana y mire hacia arriba justo como pensé podía escalarse…
Fue un poco difícil pero lo conseguí.
El techo no estaba tan sucio de hecho me sorprendería de que fuera así después de todo aquí llueve la mayoría de los días, la extendí y me tumbe boca abajo colocando todo para empezar a hacer ese fastidioso trabajo, tenía la radio sintonizada así que no escuchaba nada en especial estaba tan sumido escribiendo el ensayo que vagamente era consciente de lo que decían… Isabella… resonó fuerte como si lo tuviera a todo volumen fruncí el ceño y deje de escribir para prestarle atención, se trataba de una publicidad en la que los chocolates que se vendían era de la tienda llamada Delicias Isabella cabreado me puse cambiarlo hasta que sintonice otra emisora donde la gente llamaba y dedicaba canciones entonces un chico dijo que quería una canción de Muse especialmente para Isabel… ¡Ugh! Demasiado parecido.
Cerré todo de golpe y que quite los audífonos de las orejas.
¿Es que no habían más nombres?
Aturdido me puse boca arriba y cerré los ojos solo concentrándome en los rayos del sol y la vitamina D que tanto le encanta a Lizzi.
La brisa era tan fresca y el aire bastante seco que me hicieron imaginarme en una playa, acostado en una hamaca y con una bebida refrescante…
Escuche un portazo y abrí los ojos de golpe.
Me incorpore sorprendido de que la luz se haya ido y que me había quedado dormido, mire a mí alrededor hecho un lío aparte del lío de cuadernos y cosas regadas en la manta, sentía esa extraña sensación de que alguien me miraba.
— ¿Uh? — Balbucee arrastrándome hasta donde pudiera ver el frente — ¿Anthony? — pregunte para mí mismo mientras lo veía caminar hacia la casa.
¡Oh mierda! ¿La casa? ¡Yo no había hecho cena! ¡Me había quedado dormido! ¿Qué va a pensar cuando le diga que no cocine?... Y sonaba como un estúpido marica, agite mi cabeza ordenando mis ideas y le grite antes de que entrara a la casa.
— ¡Anthony! — miro para todos lados con el ceño fruncido por la confusión — ¡Arriba! — entonces alzo la cabeza y su expresión se tornó blanca como la de un papel.
— ¿Qué estás haciendo ahí? — pregunto con pánico — no pretendes matarte ¿O sí? — rodé los ojos.
— No, estaba haciendo mi tarea —
La cual no termine.
— extraño lugar para hacerla — se quejó.
— no hice comida me quede dormido — explique pasándome las manos por el cabello — ¿Te importaría pedir pizza? —
— estate tranquilo que lo hago —
— vale —
— hazme un favor Eddie y baja de ahí —
— De acuerdo — asintió y entro a la casa recogí todo y mentalice como demonios es que bajaría de aquí de por si subir fue un tanto difícil…
Sonreí satisfecho cuando toque el suelo de mi habitación.
Fue más sencillo que subir deje todo encima del escritorio y la manta la puse en el suelo, eche un último vistazo a la ventana y mis ojos vagaron recorriendo todo el lugar.
Aún sentía que me estaban observando.
Raro.
Anthony y yo cenamos en el sofá, pizza de doble queso, nuestra favorita mientras veíamos un partido de baloncesto le íbamos a Detroit y a pesar de mi agonía me complacía hacerlo feliz.
— Se te va a ir toda la sangre a la cabeza chico — comento sin despegar los ojos del partido.
Me encontraba sentado con la cabeza guindando y los pies en el respaldo no pude evitar reír tontamente si supiera que eso era una de los menores problemas que había dentro de mi cabeza…
— Anthony — lo llame recordando los planes de mañana.
— ¿Uh? —
— Erick y Mike me invitaron a salir en el auto nuevo del papá de Mike dice que esta genial y que podríamos divertirnos fuera del pueblo — su gesto se tornó reflexivo no sabía identificarlo la habitación comenzó a darme vueltas.
— ¿A dónde van? —
Suspire mientras le daba todos los detalles.
— qué se yo… al paseo marítimo o quizás por un par de bebidas y unas chicas lindas…— bromee sonriendo y el gruño haciendo que riera — solo vamos a rodar en un auto genial no es nada del otro mundo —
— Bueno de acuerdo — pareció comprender que todo aquello se le escapaba de las manos — pero no faltaras al colegio… ¡Y siéntate bien que tienes un color extraño en la cara! — ordeno y sonreí mientras le hacía caso.
Me divertida irritar un poquito a Anthony.
— Será en la tarde después del colegio — comunique recostando mi espalda e inclinando la cabeza — como trajiste bastante pescado te dejare algo solo para que recalientes ¿Vale? —
— Eddie, me he alimentado durante diecisiete años antes de que vinieras tú — me recordó rodando los ojos.
— Y no sé cómo has sobrevivido — me reí — te voy a dejar algo en el horno, esa cosa cuadrada que está incorporada a la cocina ¿De acuerdo? Y lo calentaras en la estufa a fuego lento para que no lo quemes — despego sus ojos del juego y me dedico una mirada de divertida tolerancia.
Sonreí inocentemente.
— Fuera de aquí mocoso — murmuro de broma señalando por encima de su hombro provocando que soltara una carcajada en definitiva hay momentos en que me sentía por completo bien estando con Anthony.
Al día siguiente volvió a brillar el sol.
Me coloque una camiseta sin mangas que me gustaba bastante de color azul oscuro y rogué porque haya metido la gorra azul que le iba bien a esta camisa… si justo como lo pensé, estaba en el fono de mi armario.
Había planeado terminar el ensayo en el colegio ya que anoche me quede hasta tarde escuchando los resultados del partido y me fui en mi esqueí de nuevo, trataba de suprimir mis esperanzas renovadas.
Ya para cuando sonó el timbre había terminado, resentido y desmoralizado me fui hacia mi clase sin ninguna señal que el Audi Cupe azul marino pudiera aparecer en el aparcamiento.
Ocurrió lo mismo que el día anterior provocando que me hundiera más en las grandes y dolorosas espirales de miseria.
La salida de chicos sonó mejor al saber que Tyler no iría porque tenía otras cosas que hacer, estaba ansioso por salir del pueblo y dejar de mirar por encima del hombro con la esperanza de que apareciera de la nada como siempre lo hacía, me prometí estar de buen humor y tratar de tomarme unos tragos de forma relajada con Mike y Erick.
Este viaje me recordaba uno bastante cerca que tenía que hacer solo que en compañía diferente y me negaba a pensar que ella no lo cancelería sin avisarme.
— ¿Listos? — pregunto Mike y Erick y yo asentimos entusiasmados — ¡Bien! ¡Arranquemos ahora! — animo pisando el acelerador.
Esta mañana le había dejado todo a Anthony junto a una nota donde explicada de nuevo lo mismo que le dije ayer (sin duda Lizzi estaría muy orgullosa de lo hogareño que me estaba volviendo) y mi entusiasmo y excitación crecían conforme el auto se iba alejando del pueblo.
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