Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 8
Mike conducía mucho más rápido de lo normal y eso nos encantaba, resulto que el auto era una descapotable (era un modelo viejo pero seguía siendo un descapotable) con un reproductor de CD muy bueno que hacía que escucháramos Simple Plan como si lo tuviéramos a dentro del auto, hablábamos de estupideces y descubrí que a Erick le gusta Beyonce y yo confesé mi extraña obsesión por Megan Fox, del que si nos pudimos reír bastante fue de Mike resulto ser que su amor platónico era Camila Rewe después que la vio desnuda en una revista y tuvo una enorme erección a mitad de centro comercial.
Hacia bastante tiempo que no salía con chicos, la última vez fue hace como unos tres meses en el cumpleaños de Kellan que fuimos a acampar a la playa, beber cerveza y quedarnos dormidos en la parte de atrás de la camioneta escuchando música, el subidón de testosterona fue vigorizante mientras cambiamos a temas más reales como con chicas reales Mike esperaba que Jessica y él avanzaran hasta el primer beso el día del baile y Erick aunque Angela le resultara bonita no era su tipo haciendo que Mike lo presionara para buscar información, su cara lucia tan incómoda que me dio lata y tuve que sacarlo de ese apuro preguntándole a Mike como consiguió el auto su padre.
Port Angeles resulto ser una trampa turística.
Era genial grande y muy bonito fuimos al paseo marítimo cerca de la bahía, compramos unas cuantas latas de cerveza y nos sentamos encima del auto a tomarlas y hacer nada mientras veíamos a la gente pasar.
De vez en cuando se nos acercaban algunas chicas a saludarnos y me sorprendió de que Mike no les interesara mucho eso quiere decir que se está tomando enserio a Jessica… suerte por ella.
— ¿Y tú qué? — Me pregunto Mike, lo mire confundido — ya enserio ¿Por qué no quieres ir al baile? —
— ya les dije —
— ¿Seguro que es eso? — Asentí seguro.
— ¿O será que estás acostumbrado a mejores bailes? Vivías en L.A sería bastante lógico — comento Erick llevándose la lata de cerveza a la boca.
— No, no — negué con la cabeza — no tiene nada que ver con eso enserio chicos no me gustan esas cosas y no sabría decirles nunca fui a uno de esos bailes —
Me miraron sorprendidos y luego se partieron de la risa.
— ¿Qué? —
— No nos llenes de mierda Edward — se quejó Mike sonriendo.
— ¡Pero es cierto! — me queje.
Entonces Erick pareció recuperarse y me evaluó con la mirada mientras estrechaba sus ojos oscuros, le enseñe mi dedo.
— Si es cierto Mike — dijo rodando los ojos — ese idiota no ha ido a ninguno de esos bailes —
— ¿Por qué? — la vos de Mike sonó indignada.
— no fue necesario además para ir a uno tienes que tener cita y yo no tenía citas — me encogí de hombros y bote la lata en la papelera.
— ¿Enserio? ¿Nunca has atenido una novia, ni nada parecido? — me pregunto tivutibo.
Fruncí el ceño.
En L.A había una vez en que tuve una clase de enamoramiento pero era difícil catalogarla a ella ya que nunca tuvimos nada más que un simple beso.
— nunca he tenido un una novia ni nada parecido — respondí sabiendo que era verdad.
— ¿Por qué no? — quiso saber curioso.
— Porque las únicas que se me acercaban eran chicas tontas que me sacaban la piedra y la que me gusto alguna vez cuando tenía quince…— la profesora de matemáticas que tenía unos hermosos ojos violetas —… se mudó a Nueva York — esa fue mi primera locura adolecente.
Espiar a una profesora por la ventana del segundo piso la noche previa a que ella se montara en un avión y desapareciera para siempre, por supuesto que me descubrió al caerme del árbol y joderme una muñeca pero le pareció tan tierno mi inmadurez y en sus ojos violetas vi tanta sabiduría que por un momento creí haberme enamorado de ella.
Le regale mi primer beso.
Fue alucinante e intenso.
Me dejo en mi casa después de vendarme y no le conto nada a Lizzi me deseo suerte en mi vida y dijo que algún día encontraría a una chica perfecta para mí y que si fuera tenido diez años más encima hubiese querido casarse conmigo.
— ¿Y desde entonces? — insistió Mike.
— Nada de nada — dije con franqueza.
Parecía escéptico mientras me veía abrir otra cerveza y tomármela.
— Bueno excepto con Lauren — me corrió Erick.
— ¡¿Qué?! — Escupí el trago — ¿Qué dices? — pregunte tosiendo y limpiándome la boca con el dorso de la mano.
— Lauren le ha dicho a todo el mundo que serás su pareja para el baile de promoción — me informo Mike con suspicacia.
— ¿Qué ella dice que? — seguía tosiendo pero eso no afecto que mi voz sonara indignado.
Estaba en un estado de shock mientras recordaba nuestra conversación en el aparcamiento y entendí que quiso decir literalmente que aún nos quedaba el baile de fin de curso.
Me siento ultrajado.
— ¡Hasta tiene elegido el color del vestido y el ramillete! — se burló con una sonrisa haciendo que le golpeara la frente con la mano.
¿Cómo se atreve esa pequeña niña de voz chillona a decir tal calumnia? ¡Eso es pasarse de la raya! ¿Color del vestido y ramillete? ¡Yo ni siquiera sé que es un ramillete!
¿Eso se come?
— Te dije que no era cierto — codeo Erick a Mike y luego me miro con una sonrisa condescendiente — por eso es que Tyler te odia — dijo entre risitas mientras volvía al ataque de su cerveza.
Me rechinaron los dientes.
— ¿Crees que Lauren dejaría de sentirse culpable si paso mi indestructible monovolumen por encima de su Sentra? — y sonreí por pura malicia imaginándome ese momento.
Los dos se volvieron a reír.
— Puede — coincidió Erick encogiéndose de hombros con una sonrisa cómplice y maliciosa.
— Si es que lo está haciendo por ese motivo — agrego Mike riéndose de nuevo.
Decidimos dejar el auto y caminar hacia los grandes almacenes, me mantuve callado durante un rato mientras que los chicos pasaban por las estanterías de cristal y veían zapatos nuevos como a Mike les gustaron unos converse negros originales, entramos para que los comprara.
— ¿Erick? — lo llame indeciso mientras él se calzaba unos Jordan color gris.
— ¿Sí? —
— Esos están geniales — murmure acobardándome.
— me los llevare y unos rojos también es mi color favorito — sonaba animado y mientras lo veía colocarse un zapato diferente en el otro pie decidí intentarlo de nuevo.
— ¿Es normal que los Cullen falte tanto a clase? —
Quise sonar indiferente pero como siempre fracase.
— Les encanta vivir al aire libre y cuando hay buen tiempo los Cullen desaparecen — me contesto en voz baja sin dejar de mirar los zapatos — el doctor Cullen y su señora los llevan a acampar… intente eso con mis padres y no funciono — soltó una carcajada corta y asentí pasándome las manos por el cabello.
— Oh, vaya — zanje el tema y él se levantó para mirarse al espejo cada uno de los zapatos.
No me formulo ninguna pregunta.
Por eso es que escogí a Erick en vez de a Mike que fuera sido imposible callarle la boca y él me estaba empezando a caer más que bien podría considerarlo un verdadero amigo.
Habíamos planeado ir a un club donde pudiéramos ver un buen show de barman y comer cualquier cosa grasosa y como ellos querían seguir comprando cosas ya que a Mike se le había antojado una camisa que le quedara bien con los zapatos quede con ellos en que nos veríamos en el club se antojaron en acompañarme pero me negué ya que no estaban consientes de cuanto me sumergía buscando historietas.
La única librería que pude localizar era de aspecto extraño con libros llenos de sanación espiritual sin duda era el lugar menos indicado donde encontrar dibujitos que golpearan a otros dibujitos, con pesar camine entre las calles con la esperanza de encontrar el centro, no sabía hacia donde me estaba dirigiendo pero intentaba con todas mis fuerzas no pensar en ella y preparándome para la cancelación del viaje del sábado seria mucho menos doloroso así… o eso esperaba.
Cruce una esquina y sin querer una niña se tropezó con mis piernas una mujer bastante joven me pidió disculpas y le sonreí mientras le abría la puerta de vidrio de una tienda la niña de despidió con la mano y le devolví el saludo fijándome que la tienda era de zapatos.
Gemí internamente.
Empecé a caminar rápido para salirme de ahí cuando me fije en un par de zapatos altos de color fucsia fuerte donde rezaba la palabra Manolo y todo se me vino encima…
Tonta vampira odiosa y voluble.
Entonces llego una iluminación.
Frente a mi había una tienda de videojuegos nunca había sido muy fanáticos de ellos siempre me ha gustado leer y decidí que comenzaría una nueva colección pero diferente dado que prácticamente mi vida ha cambiado por completo.
Entre a la tienda y compre una consola y unos cuentos videojuegos para asesinar cualquier cosa que se me pusiera en frente resultaba efectivo cuando te querías desquitar con algo, lo probé una vez en casa de Ethan y cincuenta zombis más tarde estaba de mejor humor y con ánimos de volver a rogarle a mi madre que me comprara otra tabla ya que la mía se me había partido en dos.
Cuando llegue al club estaba atestado de gente entre y unos minutos después pude observar a los chicos comiendo algo que no se me apetecía nada mi ánimo puede que haya mejorado para poder encontrarme de nuevo con ellos pero se me había quitado todo el apetito.
Me senté al lado de Erick y conversamos de todo y de nada mientras veíamos a los barman hacer maniobras y tirarse las botellas de licor Mike quería uno de esos pero como no podíamos tomar ya que era menor de edad decidió mentir.
— ¡Jamás lo conseguirás! — me burle rodando los ojos.
— ¡Por supuesto que sí! — Reto levantándose de un salto y despeinándose los cabellos oscuros — solo miren y aprendan chicos — alardeo mientras caminaba hacia una chica barman con su '' mejor '' sonrisa.
Quería conseguir un trago y de paso gratis.
Misión imposible pero Mike era ridículamente optimista.
— Ya sé cómo terminara esto y estoy que muero por ir al baño — dijo Erick saltando en su asiento.
— Pues adelante de todas maneras te daré los detalles — sonreí divertido y le hice un ademan con la mano mientras casi corría hacia el baño que estaba en el segundo piso.
Cuando fui a colocarme de frente para poder observar como rechazaban a Mike (y aguantaría todo lo que pueda la risa para darle apoyo moral) tumbe la bolsa con la consola y los videojuegos que se esparcieron por el piso gemí irritado y termine con rapidez antes de que Mike se pudiera en escena pero cuando alce mis ojos ya no estaba en el lugar donde debería estar de hecho la chica estaba hablando con un tipo alto y enorme, me levante con rapidez mirando para todos lados y decidí buscarlo.
Ese tipo se veía muy sospechoso… ¿Y si encerraron a Mike por idiota? Corrí hacia la salida pero no lo encontré afuera por mucho que buscara entre ese montón de gente, entre de nuevo al club y decidí preguntarle a la chica con el que estaba intentado sacarle el trago.
— ¿Disculpe? — la llame pero siguió yendo y viniendo sin prestarme atención, codee un par de costillas y empuje unos cuantos cuerpos logrando llegar a la barra de frente a ella — ¿Señorita? — la llame mas alto y ella alzo sus ojos azules a mí con irritación.
— ¿Qué te sirvo? — pregunto estrechando sus ojos.
— no… nada… solo quería…—
— ¡Eres menor de edad! — Se quejó soltando las botellas de golpe — no puedes tomar siendo menor de edad ¿Por qué no lo entienden? — era claro que estaba por completo furiosa quizá Mike se haya pasado de la raya…
— Ven conmigo niño — salte ante la vos gruesa que venía a espaldas de mi di la vuelta y el mismo tipo enorme que hablaba con la barman hace rato lucia mucho más irritado que ella.
— no la estoy molestando solo quería…—
— ¡Llévenselo de mi vista! — Soltó la chica interrumpiéndome y dándose la vuelta volviendo a atender las botellas.
El enorme hombre me tomo del brazo y me arrastro hacia la salida del club intente forcejear mientras explicaba todo pero no me escucho de hecho ni siquiera supo que estaba hablando.
Ya afuera me empujo con toda su fuerza y caí al piso de pecho justo donde había un asqueroso charco mojándome la camisa pude escuchar la risa de las pocas personas que me estaban prestando atención, gruñí y me arrodille mientras me trataba de limpiar.
— Eso es para que no molestas más por aquí — me regaño — eres demasiado mocoso para andar por estos lugares — lo mire por sobre mi hombro con todo el cabreo que me salía.
— Gracias por tu recomendación — solté mordaz y sarcástico se volvió a reír y gruñí levantándome al menos la consola con los videojuegos no se había mojado.
Yo era otro caso… ¡Y todo por culpa de Mike! ¿Dónde estará? ¡Ojala y lo hayan echado así como a mí!
— ¡Estúpido idiota! — me queje pensando muchas maneras de tortura para Mike no era alguien muy violento pero tampoco demasiado pasivo y sin duda ese tarado colmo mi paciencia.
Le atinare unos cuantos golpes cuando lo vea…
— ¿Qué dijiste? — ¡Mierda!
— ¿Nada? —
— ¡Repite lo que dijiste! — Exigió ese enorme tipo, me gire asustado mientras negaba con la cabeza — ¿Qué te crees para venir a buscar pelea por aquí niño? —
— ¡No se lo decía a usted! — troné furico al borde de la histeria ¡Y sigue siendo culpa de Mike, joder! — Pero si se considera un estúpido idiota no es mí culpa… —
— Tú lo pediste — advirtió acercándose.
— ¿Qué? — rete cuadrándome de hombros.
Me tomo sin esfuerzo alguno y me obligo a caminar volví a tratar de soltarme pero era inútil gruñía maldiciones sin parar y yo me trababa con mis pies y soltaba unas cuantas, nos condujo hasta el callejón sin salida del al lado del club y supe que me esperaba una buena tunda, cuando me soltó volvió a empujarme caí al piso y escuche como silbaba me voltee listo para levantarme y dar pelea pero un golpe contra algo me hizo girar la cabeza.
Me quede sin habla.
Tres tipos más (igual de enormes) salieron de una puerta, en cuanto me vieron sonrieron y apretaron los puños.
— Esto te servirá para que dejes de ser un insolente — dijo el que me había tirado al piso y del bolsillo empezó a sacar muchos anillos.
¡Oh demonios!
Me levante de golpe mirando para todos lados en busca de una salida o cualquier cosa que me ayude para poder escaparme o si quiera no salir tan jodido, no caería sin llevarme uno conmigo de eso estaba seguro.
— Me gusta tu gorra — la vos sonó a mi izquierda lo mire fijamente con el ceño fruncido — ¿Te importaría dejarme verla? — pregunto sonriente y sin esperar nada me la arrebato de la cabeza.
Se la puso y empezó a modelarla como un marica de primera.
No dije nada, si esperaban que rogara por mi vida o que los incitara a dar el primer golpe, no lo aria no soy estúpido, sabía que querían diversión y que se burlaran de mí no lo permitiría.
— no te preocupes tu lección no durara mucho — dijo el mismo tipo del club con sus dedos llenos de anillos — pero será suficiente para que tu carita de niño lindo quede irreconocible — todos rieron.
Gemí internamente.
Esto va a doler.
Súbitamente unos faros aparecieron a la vuelta de la esquina con un chirrido de llantas ensordecedor todos voltearon y el auto iba a tanta velocidad que se apartaron para que no los atropellara y yo salte a la acera pero de forma inesperada el auto detuvo a un metro de distancia con la puerta del copiloto abierta… entonces salió ella.
Estaba absolutamente gloriosa.
— Entra Edward — ordeno con la voz filosa como una espada abrí mis ojos asombrados y sin poder moverme.
De hecho ninguno podía hacerlo.
Camino destilando furia y hostilidad hasta el tipo que tenía mi gorra se la arrebatado de la cabeza sin que la diferencia de altura la inmutara y vi cómo se quedaba quieta clavándole esos ojos coléricos al tipo completamente atónito.
Vacilo solo unos segundos antes de que se girara hacia mí caminando rápido me jalo de la camisa húmeda y a trompicones entre al Audi, ella con los ojos cerrados rodeo el auto deprisa y entro cerrando de un portazo puso retroceso mientras pisaba el acelerador dio un volantazo el auto giro hasta quedar de frente y volvió a acelerar mucho más mientras nos introducíamos en el tráfico.
— ponte en cinturón de seguridad — me ordeno y su linda vos de campanas sonó áspera.
Comprendí que me estaba aferrando al asiento así que le hice caso, se desvió a la izquierda para avanzar a toda velocidad saltándose muchas señales quería sonreír porque nunca había visto a una chica haciendo semejante cosa pero estaba tan extrañamente a gusto y mi mente tan relajada que no podía moverme.
Y aquí estaba siendo de nuevo rescato por Isabella Cullen.
A diferencia de otras veces sorprendentemente me sentía seguro.
Daba igual a donde fuéramos estaba más concentrado en tratar de mirar su hermoso rostro de ángel con la poca luz que el salpicadero me proporcionaba, estaba aliviado pero ella tenía una expresión de ira homicida.
Lucia sexy y aterradora… pero más sexy.
— ¿Estas bien? — le pregunte con voz ronca.
— No — respondió tajante y furica.
El auto se detuvo y mire alrededor tratando de evitar sus ojos rojos como brasas, estaba demasiado oscuro para ver algo que no fuera la vaga silueta de árboles en la cuneta de la carretera y supe que no estábamos en la ciudad.
— ¿Estas molesta conmigo? — pregunte viendo que su ira no se había relajado.
— ¿Edward? — inquirió con voz tensa.
— ¿Si? — mi vos aun sonaba ronca así que me aclare la garganta en silencio.
— ¿Estas bien? — aun no me miraba pero su rabia era casi palpable quise tomar sus rostro y hacer que ese odio se fuera de sus ojos pero seguía paralizado.
— Si — conteste.
— Cuéntame cosas — ordeno.
— ¿Qué? —
— Cuéntame cosas… charla conmigo... cualquier cosa insustancial hasta que me calme — suplico cerrando sus ojos y colocando la cabeza en el volante.
Entonces me entro el pánico.
¿Estaba bien enserio o es solo una mentira? ¿Qué puedo hacer? ¿Tocarla, agarrarla, ver sus pupilas o echarle aire con una caratula de un videojuego?
— mañana antes de clases jodere el auto de Lauren Mallory — dije siguiendo sus indicaciones, ladeo su cabeza haciendo que sus risos cayeran a un lado y aun con los ojos cerrados las comisuras de sus labios se alzaron.
Ah… respiraba tranquilo.
— ¿Por qué? —
— va diciendo que iremos juntos al baile de promoción ¡Debe de estar loca! ¿Cómo se le ocurre tal cosa? No sé cómo más decirle que olvide todo lo que paso el día del accidente… uh, bueno tú lo recuerdas… parece que no entiende mi idioma así que le are ver a través de señas muy realistas y demostrativas como pulverizare su Sentra realmente no deseo enemigos y puede que Tyler se apacigüe ha estado tratando de llevarse el record de acabar paciencias todos estos días…—
— Me había enterado — murmuro un poco más tranquila pero yo lejos de estar tranquilo la mire con incredulidad y la irritación previa se convirtió en cólera.
— ¡No podrá lucir un vestido con aparatos para caminar incrustados en la columna! — me aguante en no soltar un grito de indignación Bella suspiro y al fin abrió sus ojos — ¿Mejor? — Hizo un puchero y negó levemente con la cabeza — ¿Qué va mal? —
— A veces no controlo mi temperamento… pero no me conviene dar caza a esos tipos que querían dañar tu lindo rostro… — suspiro desviando la vista con una chispa de vergüenza en sus ojos — al menos eso es lo que me digo a mi misma —
Sonreí un poco.
— Tu rostro también es lindo — solté rascándome el cuello, se sentía bien decirlo era una respuesta inadecuada digna de un idiota pero no pude evitarlo.
Rio un poco y sonreí a regañadientes.
— De todo lo que escuchaste a ti solo te importa adularme eres…— y se calló mientras se sentaba correctamente.
Mire el reloj del salpicadero y marcaba bastante tarde.
— Erick y Mike… ¡Oh ese Mike! — Me queje frunciendo el ceño — ¡Recuérdame dejarlo jodio a él también! — rio otro poco más y arranco el motor de regreso a la ciudad.
El paseo marítimo estaba más lleno cuando llegamos aparco en un lugar que creí imposible y que no lo aíra a pesar de que era bastante bueno conduciendo, pude ver con facilidad a Mike y Erick apoyados en el capo del auto tomándose unas cervezas.
Estreche los ojos con furia.
— Están preocupados —
— ¿Cómo sabes si…? — comencé peleando con el cinturón pero negué con la cabeza soltando una pequeña risa.
Salí del auto cerrando de un portazo tratando de llamar su atención y efectivamente eso paso, me miraron aliviados entonces escuche otro portazo a mis espaldas haciendo que sus rostros se transformaran en sorpresa.
— ¿Dónde has estado? — pregunto Mike con suspicacia.
— ¿Dónde has estado tú? — rebatí dándole un empujón con mis antebrazos dio dos pasos hacia atrás sorprendido y adolorido.
— ¿Pero qué…? —
— ¡Cállate Mike! — Ladré pasándome las manos por el cabello — casi me matan a golpes por tu jodida culpa… ¿Dónde putas te metiste? — estaba a punto de alzar el puño y estampárselo en la cara cuando sentí el tirón de la tela en mi camisa.
Mire por sobre mi hombro y Bella estaba detrás de mí tratando de trasmitirme calma con la mirada.
Suspire.
— Edward yo no…—
— Olvídalo — le corte metiendo mis manos en los bolsillos y él me miro confundido — ya no importa ya paso — me encogí de hombros confundiéndolo más.
— ¿Qué paso? — Pregunto Erick colocándose a nuestro nivel — cuando salimos del baño te empezamos a buscar pero no te encontramos así que pensamos que te habías regresado al auto… —
— ¿Salimos? —
— la barman le lanzo un vaso de algo azul a Mike en la cara y tuvo que ir al baño a limpiarse entonces salimos y no estabas — gruñí internamente resentido por no disfrutar eso — ¿Qué paso contigo? —
— no encontré a Mike y vi a la barman hablar con un enorme tipo pensé que lo habían echado así que fui en su busca pero tampoco estaba así que me regrese a pregúntale a la chica consiguiendo que me echara a mi… el tipo enorme resulto ser un egocéntrico… y justo cuando estaban por apalearme me encontré con Bella y me ayudo a darme a la fuga — di un paso hacia atrás y coloque mi mano al final de su espalda apenas rozándola ligueramente.
Los chicos alzaron sus cejas muchos más sorprendidos que antes.
— ¿Les importaría que me una ustedes? — Pregunto con voz sedosa e irresistible — estaba de regreso a Forks pero me dio hambre y no quiero comer sola — batió sus pestañas y se puso una mano en la cadera ladeándola levemente, por los rostros estupefactos supe que ella jamás había empleado sus encantamientos a fondo.
— eh, sí, claro — balbuceo Mike.
— De hecho — confeso Erick — ya hemos comido bastante… perdona — se disculpó con Bella y ella le sonrió para relajarlo y a pesar de que estaba un poco atolondrado su mirada se fijó en mi como si espera algo.
— Oh ya verdad… que mal — musite pasándome las manos por el cabello y estrecho sus ojos aun a la espera.
¿A la espera de qué?
— pues a mí no…—
— Entonces comeremos algo — me interrumpió Bella con su voz rogona y a la vez autoritaria — ¿Les importaría que Edward se quede conmigo? Así no esperan mientras cenamos y yo no ceno sola —
— Claro… no hay problema… por supuesto que no — dijo Mike pasándose las manos por el cabello y alejando su vista de Bella que sonreía un poco más con una chispa divertida en sus ojos.
Erick me miro con una sonrisita entre divertida e incrédula.
— Vale nos vemos mañana Edward… Bella — se despidió luchando por decir su nombre agarro por el brazo a Mike y lo arrastro hacia el auto.
Espere que se fueran cerciorándome que se iban en la dirección correcta a pesar que estaba cabreado con Mike me alivia que no le haya pasado nada y que esos tipos no supieran que andaban conmigo luego me gire hacia ella que tenía una expresión inescrutable.
— Francamente yo no tengo hambre — insistí — te lo iba a decir pero me interrumpiste…—
— ¿No me piensas llevar a cenar? — Su voz sonó indignada y abrí los ojos de golpe — ¿Qué clase de cita es esta Edward Mesen? — puso sus manos en las caderas y arqueo una ceja con sus ojos brillantes de astucia.
Mi respiración se atraganto.
¿Cita? ¿Yo estaba en una cita… con ella? ¿Por qué yo no sabía eso? Entonces la mirada de Erick me golpeo de lleno… eso era lo que estaba esperando, que yo le propusiera que comiéramos juntos y que los mandara a porra pero Isabella hizo mejor ese trabajo seguramente porque… y mi nivel de chico malo que se había subido de sopetón al quedarme dignamente de pie frente a cuatro tipos bajo de nuevo.
¿Por qué siempre hacia eso?
Genial simplemente genial.
— Oh…— musite pasándome las manos por el cabello.
Comencé a caminar de vuelta al auto y ella me siguió, la mire de reojo, tenía una sonrisita coqueta totalmente adorable en sus coralinos labios me pregunte qué era lo que satisfacía tanto y como buen caballero (cosa que recordé por necesidad de subir mi orgullo) le abrí la puerta del piloto.
— Gracias — asentí y rodee el auto pensando un lugar a donde llevarla para que comamos.
Una brisa soplo y sentí un escalofrió mire hacia abajo y recordé que tenía la camisa húmeda no iba precisamente bien arreglado para entrar a un restaurante quizás logre convencerla si me muestro bastante reticente…
— ¿Tienes frio? — pregunto preocupada no más cerré la puerta negué con la cabeza y aun así encendió la calefacción de reojo mire como se mordía su pulgar y jugaba con el dobladillo de su chaqueta — mis hermanos son bastante desordenados y este fin de semana se dejaron cosas aquí si quieres podría prestarte una camisa — soltó de golpe y tuve concentrarme mucho para entenderla.
Suspire.
— No hace falta Isabella — proteste en un murmullo.
— Edward —
— Isabella —
— Solo Bella — me recordó suavemente — ¿Por favor? — pregunto con vos preocupada y aun así tentadora, lo quiera ella o no.
— no —
— Compláceme — se quejó y mis ojos se fueron a su rostro que tenía un gesto obstinado evidentemente no había discusión.
Puse los ojos en blanco.
— Vale… lo que quieras — una sonrisa triunfal centello y salió del auto con rapidez abrió la maletera registro en unos cuantas bolsas y después en una mochila marrón encontró lo que quería porque su sonrisa se agrando.
— Estas son de Jasper pero te quedaran — dijo tendiéndome las prendas y encendiendo el auto asentí mientras miraba un suéter beis y una cazadora de cuero igual de beis que el suéter.
Parecía tener razón de todas maneras dudo que probemos con algo de Emmett.
Comprendí el brillo en los ojos del tipo cuando llegamos a la Bella Italia (algo bastante irónico cabe decir) y pedimos una mesa para dos, en realidad estaba tentado a atinarle un puñetazo era evidente que se la comía con los ojos y era en parte su culpa por tener esa botas rojas borgoña tan tentadoras… pero más mía, se dio cuenta lo normal que era a su lado y la mucha falta de contacto.
En la mesa cabían cuatro personas y solo para satisfacerme me gire hacia el tipo rubio que me sacaba una cabeza de alto.
— ¿Tiene algo más privado? — pregunte sonriendo con suficiencia y dándole palmaditas mientras le metía algo de dinero en el bolsillo.
— Naturalmente — replico sorprendido nos condujo a un lugar más profundo del restaurante y Bella podía decirse que por primera vez la vi algo nerviosa — ¿Esta está bien? — mire la redondeada mesa que casi hacia que nos tocáramos.
— Perfecto — musito Bella adelantándose y mirando al tipo con una deslumbrante sonrisa en su rostro.
— Esto…— sacudió la cabeza — enseguida les traigo un mesero — se alejó caminando medio estúpido y le saque la silla para que se sentara con su habitual delicadeza.
— No deberías hacerle eso a la gente — critique.
— ¿Qué? —
— Deslumbrarlos, es poco cortes, probablemente debe de estar en la cocina tratando de controlar una enorme… — y me mordí la boca para evitar decir el resto, parpadeo varias veces bastante confusa — no me digas que no te has dado cuenta el efecto que produces —
— ¿Efectos? —
— Sip… no todos cedemos con tanta facilidad — ladeo la cabeza y sus ojos brillaron curiosos.
— ¿Los deslumbro? — Aún seguía sin poder creérselo y sonreí irónicamente colocando los codos en la mesa — ¿Cedemos? ¿Te incluyes en el grupo? —
— En definitiva me incluyo en el grupo — admití bajando la mirada cuando sus ojos se clavaron en los míos con una emoción desconocida.
El mesero llego expectante y supe que el anfitrión había hecho mutis por el foro se dirigía solo a Bella pero ella ni siquiera lo miro cuando pidió dos cocas, incapaz de soportarlo más pedí mi orden grande de papas fritas y se fue frustrado con los puños apretados.
— ¿Qué pasa? — le pregunte moviendo mi pie por debajo de la mesa sus ojos fijos en mi me ponían nervioso y con la tarea difícil de pensar.
— estoy esperando —
La mire confundido.
— ¿Qué estas esperando? —
— No lo sé… cualquier cosa — eso me confundió más — creí que estabas en shock pero estas muy tranquilo — las comisuras de sus labios se alzaron.
— ¿Uh? —
— Para ser alguien con temperamento frágil te controlas bastante bien — soltó un pequeña risita — una persona normal todavía estuviera golpeando a Mike pero a ti solo te duro unos cuantos segundos y después ni siquiera parecías alterado — me encogí de hombros ante su desconcierto.
— Tengo mejor práctica con eso —
— Y así me acusas a mí de bipolar — se burló entrelazando sus manos y apoyando el mentón en ellas.
Tenía un hermoso color como el sirope de caramelo en sus ojos.
— Fue en parte por ti — confesé mirando la mesa después de tomar un respiro — me siento… diferente cuando estoy contigo — fugazmente vi como lo que le dije le desagradaba.
Ceñuda sacudió la cabeza.
— es más complicado de lo que pensé — murmuro para sí misma.
El mesero llego con mi orden y tome la coca empezando a bebérmela.
— ¿Segura que no se le ofrece nada señorita? — le pregunto de nuevo siendo extremadamente amable.
— no gracias nada para mí —
No, naturalmente que no.
El mesero vacilo pero termino yéndose comencé a comer mis papas fritas pensando en el momento correcto para interrogarla.
— Tienes que darme respuesta — le advertí con vos firme sin empezar oficialmente con mis preguntas.
— Si… no… cruzar al otro lado…— bromeo sonriendo — y podría decirte que el león es mucho más tierno y adorable a como lo pintan…—
— Eso no es gracioso — me queje.
— ¿A no? — mire su expresión divertida y sonreí a regañadientes consiguiendo que ella se riera.
— Estas de mejor humor cuando tus ojos brillan — comente echándole mostaza a mis papas y ella siguió mis movimientos.
— ¿Por qué mostaza? —
— Porque sí, no entiendo porque a la gente les gusta con kétchup si sabe mejor con mostaza — mi respuesta le fascino pero no me iba a dejar distraer — estas de mal humor cuando tienes los ojos negros entonces me lo veo venir —
— ¿Qué? —
Lucia atónita.
— Tengo una teoría al respecto… — entrecerró los ojos con una mirada sombría —… en realidad tengo unas cuantas más — continúe queriendo distraerle yo a ella.
— ¿Cuántas? — No le conteste porque una globalizaba todas las demás y mastique las papas pareciendo indiferente — espero que seas más creativo ¿O sigues copiando historietas? — sonrió burlona.
— No, no la he sacado de una historieta — a pesar de lo mucho que estruje mis sesos buscando una que pudiera describir algo como ella — pero tampoco es mía — confesé.
— ¿Y? — insistió.
Busque mi coca pero descubrí que estaba vacía hasta entonces me di cuenta todo lo que nos habíamos inclinado ella se irguió me paso la suya y llamo al camarero.
— ¿Cambio de idea señorita? — se ofreció bastante dispuesto.
— Otra coca por favor — vi que el segundo vaso ya iba medio vacío, el mesero quito el otro asintió y se marchó — ¿Qué decías? —
— Te lo diré en el auto si…— hice una pausa y ella enarco una ceja.
— ¿Condiciones? —
— Tienes que darme respuestas, por supuesto —
— Por supuesto — bufo apartándose un rizo de la cara estaba tensa con sus hombros rígidos estúpidamente empecé a fantasear como trataría de darle un masaje pero no creo que eso ayude mucho ya que, uh, bueno, ella es…
Y el mesero regreso apartándome de mi fantasía no tenía ganas de filtrear me trajo la coca y se marchó con los dos vasos vacíos.
— Bueno adelante — me azuzó casi en un gruñido.
Comencé con la menos exigente.
— ¿Qué haces aquí? — pregunte.
— Estoy en una cita — respondió rápidamente mirándome a través de las pestañas estreche los ojos con fiereza intentando no caer en su encanto — después — dijo resignada.
— Pero es la más fácil — objeté.
— Después — repitió cruzándose de brazos sobre la mesa.
Frustrado mire hacia las papas que estaban buenas.
— Vale — accedí — supongamos que, hipotéticamente, alguien es capaz de... saber qué piensa la gente, de leer sus mentes, salvo unas cuantas excepciones —
— Solo una — me corrigió — hipotéticamente claro — sonreí un poco cuando me siguió el juego luchando contra las ganas de estremecerme.
— ¿Cómo funciona? ¿Qué limitaciones tiene? ¿Cómo sabría que está en un apuro?... Hipotéticamente — agregue impaciente y entusiasmado.
Sonrió secamente.
— Si ese alguien hubiera estado atento, la sincronización no tendría por qué haber sido tan exacta — puso los ojos en blanco — sólo tú podrías meterte en líos en un sitio tan pequeño —
— ¿Hipotéticamente? — le recordé con frialdad llevándome más papas a la boca.
— sí, claro — acepto entre risitas y revoloteos de rizos.
— ¿Cómo lo supiste? — pregunte inclinándome de nuevo hacia ella e imitando su posición, vacilo un momento y comprendí que se estaba debatiendo internamente.
Clave mis ojos en los de ella.
— Puedes confiar en mí, ya sabes — murmure esperanzado estirando una mano para tocarla.
Quería quitarle dilemas de encima, quería confortarla, me gustaría tomar sus rostro entre mis manos y obligarla a que me lo dijera viéndome a los ojos pero bajo sus ojos a la mesa y retiro sus manos obligándome a mí a hacerlo.
¡Ah! Decepción.
— No creo tener otra alternativa, me equivoque contigo, eres mucho más observador de lo que pensaba — su vos era solo un susurro débil.
Por primera vez lucia frágil.
— Creía que siempre tenías razón — le recordé riendo solo para hacerla sentir mejor.
— Así era — sacudió la cabeza con disgusto.
— Tranquila Bella — me incline más y ella se alejó un poco — quizás solo sea suerte — sentía la necesidad arrolladora de encerrarla en mis brazos y calmarla.
— ¿Suerte? — Me miro con un brillo incrédulo en sus ojos — dudo que tengas suerte — se quejó frunciendo el ceño — eres un imán para los problemas si hay algo peligroso o de cualquier otro tipo incluyendo errores… — cito amargamente mi error con el tipo enorme —… y tu estas cerca vendría hacia ti sin contemplaciones —
— ¿Te incluyes ese grupo? — cite sus palabras.
— En definitiva me incluyo en ese grupo — cito ella las mías con su rostro frio como el mármol supe que no quería demostrar nada pero eso no impidió que yo deseara ayudarla.
Estire mi mano sin querer aguantarme para reconfortarla retiro las suyas pero determinado y clavando mi mirada en sus ojos le tome una de sus manos (frías y duras como el mármol) acariciando el dorso con el pulgar.
— Gracias — musite con ferviente gratitud — es la segunda vez —
— ¿Tu orgullo de chico malo? —
— Mallugado pero soportable —
Sonrió.
— No dejes que haya una tercera ¿De acuerdo? — Fruncí el ceño y trate de no traducir sus palabras — te seguí a Port Ángeles — confeso apartando su mirada de nuevo.
Quito sus manos de las mías y agarro un mechón de su cabello enrollándolo mientras hablaba de forma precipitada:
— nunca antes había intentado mantener con vida a alguien en concreto, y es mucho más problemático de lo que creía, pero eso tal vez se deba a que se trata de ti la gente normal parece capaz de pasar el día sin tantas catástrofes — bajo la cabeza tratando de que una cortina de cabello pudiera separarnos.
Lucia avergonzada muy avergonzada y me reí preguntándome si debía asustarme del hecho de que estaba siendo acosado a pesar de que fuera ella quien me acosara.
No me molestaba.
Me sentía extrañamente a gusto porque yo en cierta parte también la estaba acechando de una u otra manera lo estaba haciendo.
— ¿Subió unos tantos? — pregunto con una sonrisita bailándole en la comisura de su boca volví a reír apartando mi mirada ahora era yo quien estaba avergonzado — eres tan tú Edward — murmuro divertida.
Bueno debería tomarlo como un cumplido me sentía jodidamente halagado de que me acosara una criatura como ella siendo tan perfecta… tan hermosa… tan celestial…
— ¿Crees que me había llegado la hora la primera vez y que has interferido en el destino? — especule para distraerme.
— La primera fue cuando te conocí — me corrigió apartando su vista de nuevo.
Recordé su colérica mirada del primer día y me estremecí.
Pero su rostro de ángel lucia sombrío y lleno de vergüenza, no me gusto eso… odie eso.
— ¿Lo recuerdas? —
— si —
— Y aun así estas aquí — dijo de forma incrédula.
— En nuestra cita — agregue queriendo eliminar esa expresión por todos los medios — si no fuera por ti no estuviéramos en esta cita — me incline más resistiendo contra el impulso de tomar su barbilla para verla a los ojos — Bella si no fuera por ti estuviera como una berenjena en un callejón oscuro sin posibilidades de levantarme… gracias a ti que de alguna manera pudiste hallarme hoy — vi como un leve estremeciendo la recorría pero una determinación diferente brillo en sus ojos.
— Tu come y yo hablo — ordeno después de echarle un vistazo a mis papas casi completas.
Ansioso por su repuesta empecé a comer de nuevo.
— seguirte el rastro es más difícil de lo habitual normalmente puedo hallar a alguien con suma facilidad siempre que haya «oído» su mente antes… — se detuvo a la espera de mi reacción.
Me había quedado inmóvil.
Vale una cosa era que lo aceptara y otra muy distinta era que lo confirmara… trague fuerte y lance otra papa mientras le hacía señas con mi mano libre para que continuará.
— Vigilaba a Erick y Mike sin mucha atención… como te dije, sólo tú puedes meterte en líos en Port Ángeles — puse los ojos en blanco — lo siendo es imposible que no adicione eso…—
— ¡Bah! — Me queje.
— al principio no supe que te habías ido por tu cuenta y te fui a buscar alrededor de la cuidad ya que sabía de ante mano que no encontrarías ninguna tienda de historietas, te seguí hasta la librería y supe que no llegaste a entrar y te fuiste en dirección al este volví a seguirte entonces te perdí de nuevo empecé a colocarme ansiosa mientras daba vueltas en círculo alrededor de donde te habías perdido y me puse alerta deseando que el sol se pusiera al fin… —
Sus ojos se perdieron en alguno de lugar de su mente viendo cosas que yo no conseguía imaginar.
— Pude bajar del auto y hallarte de nuevo, habías entrado tienda de videojuegos — suspiro negando con la cabeza — ¡Y estaba al otro lado de la calle! — Gruño un poco y miro al techo con evidente exasperación — ¿Cómo no pude imaginarme que entraste a la tienda de videojuegos? — su queja era más para ella misma que para mí — el dependiente me dijo que habías agarrado hacia la derecha y me monte en el auto para ir hacia donde los chicos mientras que vigilaba a cada peatón que tuviera acceso a tu vista fue cuando…— enmudeció y su cejas casi se tocaron.
Se esforzaba por calmarse.
— Oí lo que pensaban — gruño y su labio superior se curvo hacia arriba mostrando sus dientes — quería pagar contigo la frustración de ser solo un portero cuando a tu edad él tenía el mundo en sus manos… y para ser un hombre machista reconoció algo que me dejo perpleja por un momento —
— ¿Qué reconoció? — susurré perdiéndome en su mirada vacía.
— Él… sintió envidia por ti — ladee la cabeza confundido — cuando te dijo que dañaría tu lindo rostro no lo decía por juego — sus ojos se concentraron en los míos y sonrió un poco de forma casi terrorífica — no sabes todo lo que me costó dejarlos… vivos —
De repente, se inclinó hacia delante colocando los codos en la mesa y tapándose la cara con sus rizos cayendo como cascadas, pero ese movimiento fue tan rápido que me sobresalto y me mordí la boca para evitar soltar una maldición.
— Te podía haber dejado con los chicos pero no quería que me dejaras sola — admitió con un hilo de voz.
Caí en el respaldo de la silla miles de pensamientos incoherentes se paseaban por mi mente mientras la veía ahí inmóvil, como una estatua tallada con el mayor esmero e increíblemente preciosa.
Finalmente coloco su cabeza de lado y sus rizos cayeron dejando libre su rostro y sus ojos de caramelos rebosantes de sus propias preguntas.
— Estoy listo para que salgamos de aquí — precisé agradecido de que quedara una hora de camino ya que en lo que si no estaba listo era para despedirme de ella.
Deje dinero en la mesa y nos levantamos para empezar a salir de nuevo manteniendo una distancia donde no pudiéramos tocarnos sentí una extraña picazón en las manos recordé que Mike estaba muy emocionado porque posiblemente tenga un primer beso de Jessica.
Suspire.
¿Qué posibilidades tengo yo?
Sería algo verdaderamente estúpido si quiera intentarlo… ella me oyó y me miro con curiosidad así que desvié la vista muy agradecido de que se pudiera mantener alejada de mi mente.
Cuando le abrí la puerta se detuvo y volteo su rostro hacia mí.
— Te daría para que condujeras — me dijo de forma muy elocuente — pero ahora te toca a ti hablar y quiero respuestas, por supuesto —
— Por supuesto — ella asintió y entro al auto con una elegancia y delicadeza sorprendente.
Di la vuelta con la sensación de que Isabella no era de la clase de persona a la que uno puede acostumbrarse.
¿Qué les pareció?
¿Les gusto?
¿Merezco unos cuantos reviews? Porfis… porfis… porfis… porfis… (No hagan llorar a la escritora) Miles de gracias a esas chicas que me dejaron reviews la veces pasadas y espero que sigan disfrutando de este fic.
Les deseo lo mejor como que tengas una cita con Edward Mesen.
