Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 9
Sentía la tensión que emanaba su cuerpo y dispuesto a acabar con el silencio hable:
— ¿Puedo hacerte una pregunta más? — implore mirando como entrabamos en la carretera a toda velocidad.
— una — acepto a regañadientes.
— ¿Cómo supiste que no entre a la librería pero a la tienda de videojuegos si? — suspiro y desvió al vista a propósito gruñí frustrado — pensaba que ya habíamos pasado la etapa de las evasivas Isabella — refunfuñe cruzándome de brazos.
Casi sonrió.
— Bella… es Bella — me recordó — no sé porque se te sale tanto el nombre completo —
— ¡Pues así te llamas! — replique.
—De acuerdo Eddie — gruñí de nuevo y ella vacilo tamborileando los dedos en el volante — seguí tu olor — me congele cuidando mi reacción.
No era una respuesta aceptable desde luego pero la clasifique para estudiarla más adelante recobre la compostura dispuesto a retomar la conversación ahora más que nunca que estaba hablando.
— aun sigues sin responder lo primero que te pregunte — dije para ganar tiempo y ella me miro ceñuda.
— No quiero estancarme de nuevo — murmuro disgustada y negué con la cabeza — me toca a mí —
— pero todavía tienes una pregunta que…—
— ¿Cuál? — me interrumpió irritada.
— ¿Cómo funciona lo de leer mentes? ¿Puede leer la mente de cualquiera, en cualquier lugar? ¿Cómo lo haces? ¿Puedes hacerlo con el resto de tu familia? —no pude evitar sentirme estúpido pidiendo aclaraciones sobre una fantasía.
— Esa es más de una pregunta — señalo y me limite a esperar cruzándome de dedos — no, sólo yo tengo esa facultad y no puedo oír a cualquiera en cualquier parte debo estar bastante cerca, cuanto más familiar me resulta esa voz más lejos soy capaz de oírla, pero aun así no más de unos pocos kilómetros— ladee la cabeza y ella me miro con un gesto reflexivo — es un poco como estar en una enorme sala lleno de gente, todo el mundo hablando a la vez… es solo un zumbido de voces en el fondo hasta que localizo una voz y entonces está claro lo que piensan… la mayor parte del tiempo no las escucho ya que me pueden llegar a distraer demasiado y así es más fácil parecer normal — frunció el ceño — y no responder a los pensamientos de alguien antes de que los haya expresado con palabras —
— ¿Por qué no puedes oír los míos? — torcí la boca a pesar de todo aún seguía siendo muy extraño y sus ojos me miraron enigmáticos.
— en realidad no lo sé mi única suposición es que tal vez tu mente funcione de otra forma diferente a la de los demás — dijo en forma analógica — es como si tus pensamientos fluyeran en onda media y yo sólo captase los de frecuencia modulada —sonrió repentinamente divertida.
— ¿Mi mente no funciona bien? — Pregunte con vos atragantada — ¿Soy un bicho raro? — me mordí la boca y apreté los puños con fuerza.
Vale… eso ya lo sabía, siempre lo había sospechado y ella había dado justo en el blanco fruncí el ceño sintiendo la vergüenza correr por mi cuerpo y de nuevo y con suma facilidad Isabella Cullen logro joderme.
No la culpo.
Yo se lo había preguntado.
— ¿Nunca decepcionas, eh? — Soltó una carcajada y yo seguía patidifuso — yo oigo voces en mi cabeza y tú eres el bicho raro — se volvió a reír.
— qué bueno que te divierto — murmure con sequedad agitando mi cabeza para prestarle atención.
— no te preocupes es solo una teoría…— su rostro volvió a tensarse y supe que estaba esperando y suspire pasándome las manos por el cabello.
¿Cómo empezar?
—Edward…—
— ¿Si? —
— Pensé que ya habíamos pasado la etapa de las evasivas — cito mis palabras con mucha más dulzura de lo que yo las dije aunque claro todo en ella siempre va a ser… mejor.
Aparte mi vista de Bella en un intento de hallar las palabras y vi el indicador de velocidad.
— ¡Joder! — grite saltando en el asiento.
— ¿Qué pasa? — se sobresaltó y yo trataba de respirar con calma pero no podía... ¡Iba a doscientos treinta! ¡Santa cachucha! Mire por la ventana y esta tan oscuro que la carretera solo era visible por los faros.
— ¡Ve más despacio! — ordene pegándome a la puerta.
— Tranquilo Edward — bufo sin reducir la velocidad — yo siempre conduzco así — se encogió de hombros y una oleada de furia me recorrió sin poder detenerla.
— ¡Baja la velocidad! — Ordene de nuevo en un grito — ¡Ahora Isabella! ¡Baja la puta aguja ahora! —
— ¿Tienes miedo? — pregunto con ironía.
— Isabella…— advertí en un gruñido.
— No vamos a chocar — afirmo segura.
— Me importa un rábano baja la velocidad — se volvió hacia mi sonriendo traviesa — ¡No apartes la vista de la carretera! — chille al borde la cólera.
— Nunca eres tan mandón — se quejó haciendo un puchero y la aguja bajo considerablemente — ¿Contento? —
— No —
— ¿Así? — Bajo un poco más y asentí suspirando mientras me volvía a sentar como era — ¡Eres un machista! —critico frunciendo el ceño.
— ¡No soy un machista! —
— ¡Claro que sí! —
— ¡Claro que no! —
— Apuesto que si fueras tu entonces no dirías nada — rodé los ojos ahora estaba siendo muy infantil aunque probablemente no diría nada ya que estuviera solo sin posibilidades de matarme con alguien más — nunca he tenido un accidente… ¡Ja! ¡Ni siquiera una multa! — alardeo sonriendo y dándose toquecitos en la frente con un dedo — a prueba de radares —
— Muy graciosa — masculle en tono acido — preferiría estar solo si quiero estamparme contra un árbol no me gustaría saber que tienes que regresar a pie — esa sería la estocada final para mi muerte.
— Chico malo — comento soltando una carcajada — pero quizás si tengas razón aunque pienses con el orgullo por delante — rodé los ojos — odio conducir despacio —la aguja bajo un poco más, cerca de los ciento treinta.
— ¿A eso llamas despacio? —
— Suficiente de criticar mi conducción — dijo bruscamente apartándose un riso de la cara — sigo esperando tú última teoría — me pase las manos por el cabello— no me voy a reír — sus ojos se volvieron oro líquido luciendo dulces con una sonrisa amable curvando sus apetitosos labios coralinos.
Estoy seguro que no te reirás.
— ¿Tus ojos cambian con el transcurso del tiempo, cierto? — se llenó de confusión y mire mis manos con mis pulgares dándole vueltas.
— ¿Tan mala es? — pregunto entendiendo por donde iba el asunto.
— bastante si —
— ¿Por qué no lo descubres por ti mismo? — Me animo con voz sedosa pero estaba siendo relativamente cobarde así que no la mire — adelante Edward — insistió empezando a impacientarse.
—No sé por dónde comenzar —admití.
— dijiste que no era de tu invención —
— no —
— ¿Entonces como empezaste? —
— El sábado en la playa — me arriesgue a mirar su rostro y lucia muy confundida —estuve con una chica que es amiga de la familia — frunció el ceño aun perpleja.
— ¿Y cómo se llama? —
— Maggie Black su padre es el jefe de la tribu Quileute y ella…—
— ¡Hablaste con la princesa! — Soltó un bufido — ¿Por qué no me sorprende? — su tono era irónico y la pregunta era claramente retórica.
La ignore.
—… surfeó un rato conmigo y me estuvo contando viejas leyendas para tratar de asustarme — mire su expresión helada y vacile en si terminar de decírselo o no.
— termina —
— me conto una sobre…—
— continua —
—… vampiros —susurre.
— ¿Te acordaste de mi inmediatamente? —
Seguía muy tranquila.
— Maggie menciono a tu familia —permaneció en silencio sin perder la vista de la carretera incluso me atrevería decir que sin parpadear — creía que era una superstición estúpida y solo lo hizo para asustarme — aún seguía igual y me tape los ojos con un brazo— fue mi culpa — admití agarrándome a su curiosidad insaciable.
— ¿Por qué? —
¡Punto para Mesen!
— el idiota de Tyler dijo algo sobre ti… quería provocarme pero un joven mayor de la tribu afirmó que tu familia no acudía a la reserva y me sonó extraño entonces aproveche cuando Maggie me quiso robar mi ola para que me lo contara —
— ¿Cómo la engañaste? —
— Bueno… mi mamá dice que tengo una sonrisa torcida que hace que me compre tablas… y puede que la haya usado — me pase la mano por el cabello — intente filtrear un poco… solo un poco —
— ¡Me fuera encantado verlo! — Soltó una carcajada llena de humor negro — y tú me acusas de confundir a la gente… ¡Pobre princesa! — me tape el rostro con las manos.
Isabella tenía razón, abrumado y sintiéndome miserable por volver a recordar como engañe a la princesita mire por la ventana del auto metiéndome las manos en la cazadora.
— ¿Qué hiciste entonces? — pregunto un minuto después.
— busque en internet —
— Alguna vez practico — comento con desinterés — ¿Y eso te convenció? — de reojo vi como sus delicadas manos se aferraron al volante.
— nada encajaba todas eran puras mierdas y estupideces y entonces…—
— ¿Qué? — exigió.
— Me dejo de importar — susurre.
— ¡¿Qué?! — grito y la mire sorprendido.
— decidí que no impor…—
— ¡¿Qué no importaba?! —
— ¡Deja de gritar! — le grite viendo por fin como se le caía su máscara tan cuidadosamente hecha — no me importa lo que seas — hable suavemente — simplemente no lo hace — susurre.
Su rostro era incredulidad pura.
— ¿No te importa que sea un monstruo? — un leve atisbo de rabia ayudo a que su pregunta sonara burlona — ¿Qué no sea… humana? —
— No — se calló y volvió a mirar al frente con una oscura expresión a pesar de que sus ojos eran como el caramelo derretido — no debí haberte dicho nada — suspire.
—me gusta saber lo que piensas a pesar de que sea una locura —
— ¿Me equivoco otra vez? —
— no me refiero a eso… no importa— soltó entre dientes.
— ¿Estoy en lo cierto? — Di un respingón y ella me lanzo una mirada severa afirmando mi pregunta — siendo curiosidad — comente enorgulleciéndome de que mi vos sonara tranquila.
De la nada… se resignó.
— ¿Sobre qué sientes curiosidad? —
¡Otro punto para Mesen!
Sin tan solo Isabella fuera así de dócil y complaciente todo el tiempo.
— ¿Cantos años tienes? —
— diecisiete —
— ¿Durante cuánto tiempo? —
— Bastante — admito al fin.
— Vale — sonreí.
Por fin estaba siendo sincera y me complacía que ya no existieran secretos entre nosotros, solo pequeños detalles, sus ojos se volvieron vigilantes y ansiosos dignos del modus mamá gallina haciendo que riera.
— ¡No hagas eso! — me regaño suavemente y ladee la cabeza aun sonriendo.
— ¿Hacer qué? —
— sonreír… reírte… entusiasmarte… me pone de los nervios — en cualquier caso volví a reírme y ella soltó un gruñido bajito — quizás pueda hacerte ver con un especialista algo debe de andar mal contigo me pregunto si Carlisle…—
— No te rías — le advertí sacándola de sus pensamientos en vos alta — pero… ¿Cómo es que puedes salir durante el día? — soltó un carcajada y rodé los ojos divertido.
— un mito —
— ¿Qué, con el astro rey? —
— un mito —
— ¿Y los ataúdes? —
— un mito — vacilo durante un momento — no puedo dormir —
— ¿Jamás? —
— No, nunca — susurro con nostalgia se volvió para mirarme y sus ojos dorados se quedaron en los míos por un indefinido tiempo — aun no me has formulado la pregunta más importante — parpadee confuso y me obligue a concentrarme en lo que me dijo.
— ¿Cuál es? — balbucee pasándome las manos por el cabello.
— ¿No te preocupa mi dieta? — pregunto con sarcasmo.
— ¡Ah! — Musite — esa —
— Sí, esa — recalco — ¿No quieres saber si bebo sangre? —
Retrocedí.
— Mmm… Maggie me dijo algo —
— ¿Qué te dijo la princesa? — pregunto cansinamente.
— que sustituyen a los animales por personas… que no eran peligrosos —
— ¿ella dijo eso? — sonó escéptica.
— Bueno… no exactamente — resople — dijo que se suponía que no lo eran pero aun así no quieren correr el riesgo — miro al frente y por la manera en que se esforzaba por calmarse sus pensamientos debieron de ser muchos gruñidos — ¿Entonces es cierto? —
— ¿Qué? —
— lo de cazar personas — mi voz sonó como si comentara sobre el tiempo y me felicite a mí mismo por eso.
— Esa princesa debe querer ser desterrada del trono…— susurro amargamente.
Esa era mi confirmación.
— Aunque no dejes que eso te satisfaga — me advirtió — tienen razón para mantener la distancia con nosotros — ladee la cabeza confundido — por supuesto que tu no lo entiendes —negó con la cabeza cansinamente — nosotros intentamos…solemos ser buenos en todo lo que hacemos… a veces cometemos errores yo por ejemplo cometo un error al permitirme estar a solas contigo —
— ¿Esto es un error? — mi voz subió dos octavas agudas.
— Uno muy grande — murmuro.
Mire hacia la carretera con tristeza y horror… horror porque sabía que en algún momento se acabaría así como mi tiempo con ella y entonces se volverían a construir muros entre nosotros.
Sus palabras apuntaban hacia un fin y retrocedí ante la idea.
— Cuéntame más — exigí desesperado estos minutos que me quedaban con ella no podrían ser completos sin que el auto se llene del sonido de su voz.
— ¿Qué quieres saber? — me dirigió una mirada preocupada pero en estos momentos no me interesaba que su lado mamá gallina me distrajera.
— ¿Porque cazan animales y no personas?— sugerí aun desesperado.
Sentía que me faltaba el oxígeno.
Luchaba contra todo el pesar que quería barrer conmigo.
— No quiero ser un monstruo — susurro.
— ¿Pero no bastan los animales? —
— no puedo estar segura, por supuesto, pero yo lo compararía con vivir a base de queso y leche de soja nos llamamos a nosotros mismo vegetarianos — las comisuras de sus labios se alzaron —es nuestro pequeño chiste privado no saciar el apetito por completo, bueno, más bien la sed, pero nos mantiene lo bastante fuertes para resistir… la mayoría de las veces — uso su cabello como cortina y recordé que eso lo hacía cuando estaba avergonzada — una veces más difícil que otras —
— ¿Te resulta difícil ahora? —sin querer mi vos salió temblorosa, aparte de todo lo demás le causo dolor ¡Maldición! ¿Algo que me falte por joder?
—Si— sus ojos se concentraron en los míos con temor — pero ahora no tengo hambre Edward — aseguro y casi pude escuchar el temblor en su voz, me pase las manos por el cabello y bufe.
Había malinterpretado mi reacción.
— Sé que no la tienes — puse los ojos en blanco — tus ojos son como el caramelo te lo dije tengo una teoría al respecto, me he dado cuenta que la gente se enfada cuando tienen hambre — me encogí de hombros — Lizzi no es muy delicada que digamos cuando no ha comido — soltó una de esas risitas tintineantes y luche por grabarla en mi memoria.
Me encantaba cuando reía así.
— eres muy observador ¿Eh? —
Acechador quería mejor.
— este fin de semana tuviste cazando con tus hermanos ¿Verdad? —
— Si… pero también fui de compras — sonreí un poco ante la irritación en sus palabras y volvió a vacilar como tratando de decidirse si decir algo o no — no quería hacerlo pero era necesario me es más fácil revolotear a tu alrededor cuando no tengo sed —
— ¿Por qué no querías ir? —
— ¿Aparte de lo de las compras? —
Me reí.
— Si aparte de eso —
— Estar lejos de ti me pone… ansiosa — su mirada era intensa y tuve que apartar mi ojos de ellas porque lo sentí en cada uno de mis huesos — no bromeaba cuando te pedí que no te cayeras a un arrecife,estuve abstraída todo el fin de semana, preocupándome por ti y después de lo de esta noche, me sorprende que hayas salido indemne del fin de semana… mmm… quizás… — tamborileo los dedos en el volante —no totalmente indemne—
— ¿Uh? —
— Tu mano — me recordó y observe mi mano con la cortada curada— no soy de las que se le escapa algo —alardeo con una sonrisita y rodé los ojos.
— me atore y la piedra me corto — reconocí bajando las comisuras de mi boca — pudo haber sido peor — admití.
Como que me ahogara.
— Por esa misma razón estaba tan atormentada — una sonrisa amplia se extendió por su rostro — fueron tres días espantosos, puse de los nervios a Jasper... el pobre ya no sabe qué hacer conmigo — soltó un carcajada corta aunque no veía el chiste por ningún lado.
— ¿Tres días? — Pregunte furioso — ¿No acabas de regresar hoy? — parpadeo varias veces luciendo confundida.
— No, volvimos el domingo — contesto aun confundida.
— ¿Por qué no fuiste al instituto? — exigí pero ella no contesto seguramente porque le buscaba una explicación a mi humor.
Me cruce de brazos y choque mi espalda contra el asiento.
Estaba literalmente frustrado y bastante colérico al pensar en el gran chasco que me lleve por su ausencia.
—el sol no me daña pero no puedo salir a la luz del día… al menos donde alguien me pueda ver —
Eso me distrajo.
— ¿Por qué? —
— alguna vez te lo mostrare — me prometió.
Pensé en ello durante un momento.
— Me podías haber llamado — decidí.
Si antes estaba confusa ahora estaba mucho más.
— Sabias que estabas a salvo — respondió lentamente.
— ¡Pero yo no lo sabía! — Me queje — yo… yo…— me calle de inmediato.
¿Qué estoy pretendiendo decir?
¿Qué quiero decir?
— ¿Tú qué? —su vos sonó como un arrullo — ¿Edward? —
— también me pone ansioso no verte Isabella — suspire — si por mi fuera desearía no dejar de verte — dije apenas con un hilo de voz nuestras miradas se encontraron y leí tantas emociones en ellos como seguramente ella lo hizo con los míos.
Desconcierto… horror… furia… exaltación… felicidad… dolor…
— ¡Eso no está bien! — Gimió — eso no está nada bien — sus manos se apretaron al volante y yo fruncí el ceño no entendiendo su respuesta —¿No ves, Edward? De todas las cosas que te has visto involucrado es la que me hace sentir peor — desvió la vista abruptamente —no quiero oír que te sientes así…es un error… soy peligrosa Edward grábatelo en la mente por favor —
— ¡No! — me cruce de brazos y me esforcé todo lo que pude para no parecer un crio enfurruñado.
Falle miserablemente.
Mi boca formo un puchero involuntario.
— ¡Hablo enserio! — gruño.
— ¡Yo también! — Gruñí de vuelta — Ya es demasiado tarde para eso — comente con suficiencia.
— Jamás digas eso — espeto desafiante.
Nuestros ojos se conectaron por un tiempo que me parecieron horas.
— ¿En qué piensas? — pregunto en un susurro brusco.
— Nada — y se me quebró la voz.
Genial.
Sus ojos se volvieron oro líquido y supe que ella estuviera llorando si pudiera.
— ¿Te hice daño? — pregunto con el labio inferior temblando.
¡Hay va! ¡Mamá gallina al ataque!
— ¡No! — solté con los dientes apretados a pesar de que estaba molesto me di unas cuantas patadas mentales por hacerla sentir como esta ahora pero simplemente no puedo aceptar lo que dice… duele si quiera pensar en la posibilidad.
Estábamos tan cerca y aun mirándonos que en uno de esos movimientos fulgurantes la tenía con su mano en mi mejilla, el dolor que sentía (no era con total exactitud lo que sin querer demostré) se fue al instante pero tan rápido como me toco se alejó y coloco las manos en el volante.
—Lo siento — se disculpó.
Supe que no solo se estaba disculpando por lo que había dicho.
Me gire a ver la ventanilla sintiendo como la oscuridad se deslizaba entre nosotros, conducía mucho más deprisa, ya estábamos llegando.
— Dime una cosa — pidió tratando de sonar ligera.
— ¿Sí? —
— ¿En qué pensabas cuando justo antes de que yo doblara la esquina? No entendí tu expresión no estabas asustado o tampoco molesto… más bien concentrado al máximo en algo —
— estaba aceptando que me iban a apalear y buscando una manera de llevarme a uno conmigo…—
— ¿Ibas a luchar con cuatro hombres al mismo tiempo? — Se perturbó — ¿No pensaste en correr? —
— buscaba una salida factible —
— ¿Y en gritar? —
— ¡Nunca! —
Sacudió la cabeza y sus risos revolotearon en el aire.
— Estoy luchando contra el destino — suspiro — tienes razón de nuevo —
Al traspasar los límites de Forks redujo la velocidad.
— ¿Te veré mañana? —quise saber o, uh, bueno… quizás exigí.
— Claro — me sonrió — también tengo que entregar un trabajo — bajo la vista y tamborileo los dedos en el volante — ¿Me reservarías un asiento para almorzar? — pregunto tímidamente y mi corazón subió a mi garganta.
Después de todo lo que ha pasado esta noche suponía una estupidez que esa pregunta causara estragos en mi mente y en mi cuerpo no pude articular palabra hasta que nos detuvimos frente a la casa de Anthony.
Fue como si despertara de un sueño.
Todo lucia tan… normal.
— Te reservare un asiento para almorzar si prometes estar ahí mañana — logre articular mirando por la ventanilla.
— Te lo prometo Edward — asentí satisfecho pero una parte de mi aun recelaba esa respuesta — ¿Qué estás haciendo? — pregunto cuando me vio quitarme la cazadora.
— Te lo voy a entregar — explique confundido.
— quédatelo… no tienes nada limpio —
— Pero si seco — me quite el suéter y como la vez anterior ella miro por la ventanilla del auto — gracias por prestármelo y mándale mis disculpas a Jasper por usar su ropa —
— eso no importa la pequeña Alice nunca le deja usar algo dos veces seguidas — me reí colocándome la camisa que había estado todo el tiempo en el respaldo del asiento — de hecho esto no lo uso — agarro las prendas y se las llevó al hombro.
— de todas maneras dile que gracias — se giró hacia mí y sonrió ampliamente — espero que haya disfrutado la cita señorita Cullen — bromee agarrando la manivela.
Sus ojos brillaron cegadoramente.
— si lo hice señor Mesen —
— ¿A pesar de todo? —
— a pesar de todo —
Nos reímos.
Abrí la puerta y estaba a punto de salir cuando escuché su dulce vos llamarme:
— ¿Edward? — feliz de prolongar el momento me gire hacia ella.
— ¿Isabella?—
— Bella… solo Bella — suspiro con cansancio y sonreí — ¿Vas a prometerme algo? —
— Sí — respondí al instante y me mordí la boca para no soltar una maldición ¿Qué estupidez acaba de decir? ¿Qué si me pedía que me alejara de ella?
Jamás podría mantener esa promesa.
— no vayas solo al bosque — pidió.
— ¿Por qué? —
— No soy la única criatura peligrosa — el alivio ayudo al estremeciendo por su tono sombrío, asentí, sabiendo que era una promesa fácil de seguir.
—Lo que desees — accedí de buena gana.
— Nos vemos mañana — se despidió.
— Hasta mañana — la imite.
A regañadientes puse un pie en el suelo y estaba a punto de salir cuando sentí un tironcito en mi manga y me voltee hacia ella de nuevo haciendo que nuestros rostros quedaran muy cerca… solo unos centímetros.
Inevitablemente mis ojos se fueron a su boca coralina.
— ¿Edward? —
Gemí internamente.
Las esperanzas de que pudiera darle un beso se fueron a mi cabeza haciéndola dar vueltas… quería darle un beso… deseaba darle un beso… podría solo acercarme...
— Que duermas bien — dijo con su aliento golpeando mi rostro.
Era el mismo olor exquisito que provenía de su cabello solo que más intenso, más concentrado, me arrime solo un milímetro… pero ella se alejó.
Parpadee varias veces deslumbrado.
No pude moverme hasta que el aturdimiento se me paso un poco y la mente pudo despejarse, salí de auto a trompicones agarrándome del marco de la puerta cuando casi me caigo.
Creí haber oído una de esas risitas tintineantes pero fue demasiado bajo.
Cuando abrí la puerta Anthony estaba viendo un partido de baloncesto en la sala de estar me pregunto cómo me había ido y vagamente pude decirle sobre todo el asunto de la salida de chicos me fui a la cocina y como si fuera un costal de papas caí en la silla sosteniéndome la cabeza que daba vueltas como si tuviera patines propios.
Estaba a punto de entrar en shock lo venía venir…
¡Contrólate hombre!
El teléfono sonó de repente haciéndome sobresaltar agite mi cabeza y me levante a cogerlo de un tirón.
— ¿Uh? ¿Diga? — balbucee.
— ¡Edward! —
— ¿Qué onda Mike? —
— ¿Estás en casa? — su vos reflejaba sorpresa.
— ¿Dónde más si no tarado? — Masculle apoyándome en la pared — ¿Qué quieres? —
— ¿Sigues cabreado? —
— No, no — suspire — solo que estoy cansado —
— mmm…—
— ¡Calla esa mente tuya! — susurre bruscamente y él se rio divertido — eres tan estúpido Mike a veces me provoca joderte enserio — me queje ante su broma solo haciendo que riera más.
— ¡Dime que paso con Isabella! — exigió y me lo imagino con una sonrisa pegada al rostro.
— mañana en clases ¿Vale?—
— Vale de acuerdo — su impaciencia era palpable — ¡Adiós! —
— Adiós — dije a pesar de que ya había colgado.
A veces me pregunto si Mike no fue una chica en su vida pasada…
Subí arrastrando los pies con una extraña niebla en mi mente, no me di cuenta de lo que hacía hasta que estuve debajo de la ducha con agua caliente (mejor dicho hirviente) quemándome la piel.
Permanecí ahí solo dejando que el agua cayera en mi espalda y se perdiera en mi cuerpo hasta tocar el piso.
La cabeza me seguía dando vueltas, saltando, colocando pausa y reproduciendo imágenes que no lograba comprender y algunas otras que quería reprimir, tenía certera tres cosas:
Una, Isabella Cullen era una vampira.
Salí de la ducha cuando el agua caliente se acabó me coloque mi ropa interior sin secarme para conservar el calor y con una toalla me secaba el cabello caminando hacia mi habitación.
Dos, una parte de ella y no sabía a qué grado deseaba mi sangre.
Me tire a la cama boca abajo y doble mis brazos encima de mi cabeza imágenes solo de ella se colaban con más precisión mientras la bruma del sueño me arrastraba hacia la inconciencia… la última era de sus apetecibles labios coralinos curvados en una suave y hermosa sonrisa la sensación que eso me provoco me hizo reconocer la intensidad de lo que sentía en medio de mi pecho.
Tres, estaba incondicional y locamente enamorado de ella.
¿Merece Reviews?
(Ojitos de león)
