Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 10
A la mañana siguiente fue muy difícil discutir con esa parte de mi mente que aún me decía que todo lo de anoche había sido un sueño termine ganando al recordar el asombroso olor de Isabella nada se compraba con eso y era imposible que mi imaginación creara algo tan perfecto.
Me levante con pereza y revise hacia fuera de la ventana, el día era brumoso y oscuro así que ella no tendrá excusa para no asistir a clases mire a mi alrededor buscando la ropa que me voy a poner pero en eso me fijo que los números en el reloj marcan una hora bastante tarde… y corrí para empezar a arreglarme.
Maldije mil veces porque ya me tocaba hacer la colada y casi no tenía ropa limpia, me enfunde unos jeans oscuros, una camisa de manga larga y un abrigo con capucha hacia bastante frio afuera baje corriendo y metiendo los cuadernos en la mochila mientras buscaba al mismo tiempo una barra de muesli la conseguí al final de la alacena agarre el cartón de jugo casi vacío de la nevera y corrí hacia puerta consiguiendo que el trago que había bebido se fuera por el conducto equivocado al ver a la persona ahí parada con el brazo extendido dispuesto para tocar.
Tosí enfocando mi vista en el rostro de Isabella.
— Hola — saludo agitando su mano divertida.
Trate de controlarme e inspire profundamente.
— Hola — logre articular con vos ronca.
—Vine a traerte esto — extendió una bolsa negra entre los dos — se te quedo ayer en mi auto — fruncí el ceño mientras intentaba buscar algo en mi memoria — tuve que quitárselo a mi hermano ayer — continuo con una sonrisita que guardaba un secreto — dice que es bastante bueno pero que te recomienda un par de videojuegos más — tome la bolsa y cuando la abrí estaba mi consola con mis videojuegos y una hoja de papel.
— Uh, gracias — balbucee colocándola detrás de la puerta y saliendo mientras cerraba con llave apoye mi espalda metiendo mi manos en los bolsillos armándome de valor.
Subí mis ojos a los de ella y sonreí sintiendo mi corazón tartamudear.
— ¿Quieres dar una vuelta conmigo hoy? — le pregunte tratando de sonar tranquilo.
— ¿Seguro? — percibí incertidumbre en su vos, me daba a elegir de verdad, era libre de rectificarme y sabía que una parte de ella lo esperaba.
Una esperanza vana.
— Más que nunca — asintió y comenzamos a caminar hacia la carretera por la densa niebla no me había dado cuenta que su auto estaba aparcado en la orilla me detuve mirando hacia ambos autos y mi cerebro prendió marcha.
Me imagine como se prendía la bombilla de luz encima de mi cabeza.
Camine hasta abrirle la puerta del piloto y alzo las cejas sorprendida.
— ¿Nada de protestas? — Me encogí de hombros restándole importancia — eso es nuevo —
— Eso es ser complaciente aunque quería mejor el termino masoquista— se rio negando con la cabeza y rodé los ojos mientras cerraba la puerta y rodeaba el auto.
— Eres tan dulce— murmuro con ojos brillantes y sonreí pasándome las manos por el cabello tenía la sensación vaga de que eso significaba algo más pero tuve que apartar mi vista de ella (solo para poder recordarme de respirar) y merecía una reverencia por eso.
¿Cómo se puede dejar de mirar algo tan hermoso?
El auto avanzó toda velocidad y entre las calles desiertas, me sentía cohibido (de hecho lo estaba) anoche estábamos en modus sinceridad y no sabía si seguíamos siendo tan cándidos hoy, me mordí la lengua y espere que ella hablara primero algo bastante cobarde a decir verdad pero ya tendría tiempo de recriminarme más tarde.
— ¿Qué? ¿No tienes miles de preguntas para hoy? — se volvió hacia mí y sonrió burlona haciendo que el alivio me inundara.
— ¿Te molestan? —
— No tanto como tus reacciones — fruncí el ceño aunque parecía bromear no estaba seguro — ¿Qué? No me puedes decir que no tengo razón — se encogió de hombros y me cruce de brazos.
— Desde el punto en que yo lo veo no supone un problema mis reacciones — contradije.
— Desde luego que no — admitió — pero no es natural —
— sigue siendo un punto discutible —
— ¿Discutible? —
— Discutible — a regañadientes sonrió y termine riendo mientras volvía mi vista a la ventana si la noche parecía terrorífica de día su conducción era algo traumatizante.
— en todo caso… me hace preguntarme que piensas —
— siempre te digo la verdad —
— lo censuras — me acuso.
— un poquito —
— lo suficiente para volverme loca —
¿Cómo lo hiciste tú conmigo?
— No querrías oírlo — murmure bastante bajo para que el dolor de mi vos fuera lo suficientemente débil y ella no pudiera notarlo.
Mientras entrabamos al aparcamientos del instituto me atreví a mirarla su rostro era inexpresivo y para quitarle la cólera de encima le pregunte algo que hasta ahora había notado.
— ¿Dónde están tus hermanos? —
— Han ido en el auto de Rosalie — se encogió de hombros y aparco al lado de un descapotable rojo con la capota bajada — ostentoso ¿No? —
— ¡Demonios! — Exclame pegando mi cara al vidrio — eso es un M3— suspire sonriendo y viendo las suaves y pulidas líneas del auto así como la brillante pintura — ya echaba de menos ver uno de estos modelos por ahí rondando en la calle —
— ¿Dónde vivías en L.A? —
— En el barrio Los Feliz a Charlie le encantaban los BMW de vez en cuando le ayudaba a lavar algunos autos de los vecinos, tu sabes, para ganar dinero extra y cuando llegaba uno de estos no dejaba de rondarme hasta que lo entregaba —
— ¿Y a ti te gustan? —
— me encantan aunque prefiero los clásicos —
— ¿Por qué? —
— Tienen más estilo y elegancia… ¿Por qué si tu hermana tiene esa máquina viene contigo? —
— es bastante ostentoso e intentamos no desentonar —
— No tenéis mucho éxito — me reí sacudiendo la cabeza no había llegado tarde gracias a su alocada conducción teníamos tiempo de sobra — entonces ¿Por qué ha conducido Rosalie si es ostentoso? — le pregunte cuando le abrí la puerta para que se bajara.
— ¿No te fijaste? Ahora estoy rompiendo todas las reglas — sonreí ante su ligero toque aterrador.
Empezamos a caminar hacia el campus, permanecí muy cerca de ella vacilando unas cuantas veces para poder tocarla a la final gano mi cobardía y el temor de que no le gustara a ella.
— ¿Si quieren pasar desapercibidos porque todos tienen esos autos? — pregunte para distraerme de mi necesidad de tocarla.
— un lujo — sonrió traviesa — a todos nos gusta pisar a fondo el acelerador —
— Suena lógico — musité amargamente y se rio divertida estaba a punto de girar mi cabeza para decirle algo no muy agradable (que estaba seguro que solo la divertiría mas) cuando vi la cara de Mike, estaba esperando debajo de la saliente de la cafetería con los ojos como platos.
¡Hay va!
— ¡Hey Mike! — lo salude.
Hizo una seña con la mano sin decir nada.
— Buenos días Mike — saludo amablemente Bella y sonreí un poco ahora me daba cuenta que no era su culpa de que sus ojos eran capaces de provocarles estragos a la gente o que su vos fuera tan irresistible.
— Eh… buenos… días — balbuceo colocando sus ojos en mi para reunir sus pensamientos dispersos — te veré en clases — asentí y miro por ultima ves a Bella antes de irse.
Suspire.
¿Qué demonios le voy a decir?
¡Estúpido chismoso!
— ¿Qué le dirás? — murmuro Bella.
— ¡Creía que no podías leerme la mente! — susurre.
— No puedo — dijo con los ojos llenos de inocencia y a la ves comprensivos — pero puedo leer la suya —
— ¿Una emboscada? —
— Si — gemí pasándome las manos por el cabello — bueno… ¿Y qué le vas a decir? — pregunto cómo quien no quiere la cosa.
— ¿Una manito? —Negó con la cabeza — vamos Bells dime que quiere saber — suplique.
— eso no es justo —
— ¿Qué no es justo? ¿Qué no compartas lo que sabes? —
— Que me digas Bells cuando quieres algo — me mordí la boca sintiéndome levemente avergonzado pero ya lo había dicho — quiere saber si nos estamos viendo a escondidas y también que sientes por mí — dijo a la final cuando llegamos a la puerta de su clase.
— ¡Ugh! ¿Y qué debo decirle? — intentaba con todas mis fuerzas mantener una expresión bastante inocente.
Me apoye en la pared.
—Bueno… supongo que… mmm…— balbuceo acercándose a mí clavándome esos ojos hipnotizantes — si no te importa puedes decir que si a lo primero — su mano descanso en mi brazo con solo unos centímetros separando su gloriosos cuerpo del mío.
Mi corazón salto al maratón.
— No me importa — susurre controlándome para no jadear.
¡Demonios me falta aire!
— En cuanto a lo segundo… — un lindo riso cayó en su boca y sin pensarlo mi mano voló hacia él y lo aparte con delicadeza apenas rozando la piel fría de su mejilla con mi dedo pulgar — estaré esperando la respuesta — sonrió ampliamente y mi corazón tartamudeo… no debió hacer eso tan cerca de mí.
¡Maldición!
Sin darme cuenta se alejó dos pasos y camino hacia dentro de la clase me tomo un minuto tranquilizarme y reordenar mis pensamientos para saber que había caído en su encanto y que lo había hecho a propósito para joderme la mente fruncí el ceño disgustado ¡Menuda tramposa que era!
Asome mi cabeza para verla sentada viéndose hermosamente con un libro en sus manos alzo sus ojos a mí y sonrió con la tranquilidad que yo necesitaba en estos momentos.
— Te veré en el almuerzo Edward — agito su mano sonriendo y tres personas que estaban dentro del aula se giraron a mirarme.
Irritado me marche de ahí.
Cuando llegue a mi clase lance el bolso al piso y me senté de mala gana con los brazos cruzados ¿Cómo se le ocurre hacerme eso? Ahora estaré más que preocupado y será una suerte de que no me suba por las paredes… me tocaron el hombro y me gire para ver a Jessica con un gesto casi desmoralizado.
— Hola Edward —
— Hola Jess —
— ¿Cómo les fue en su salida de chicos? —
Tarde unos segundos en buscar una respuesta sincera.
— Estuvo genial — concluí sin convicción — el auto del papá Mike es realmente fantástico —
— ¿Cierto que si? — Sus ojos relucieron y asentí ante el giro que había tomado la conversación — ¿Y dijo algo sobre la noche que salimos? —
— Dijo que se la había pasado realmente bien y que eres bastante encantadora — le confirme con una sonrisa.
— ¿Seguro Ed? —
— segurísimo —
Entonces entro la profesora entro casi a trompicones y comenzó a dar la clase me gire a prestarle atención y mi enfurruñamiento aumento, las siguientes clases pasaron como un borrón me debatía en si golpear a Mike para que nos mandaran al aula de castigo que es la única manera en no decirle nada o me enfrentaba a la situación con los pantalones bien puestos… creo que elegiré la primera.
Mirando para todos lados entre a mi cruz del día por suerte Mike no estaba por ningún lado así que sonreí caminando hasta mi asiento tire mi mochila al suelo y mire hacia la ventana, el día estaba oscuro con muchas nubes bajas y opresivas, por primera vez le sonreí al cielo.
— ¡Hey Edward! — la vos de Mike me hizo saltar y soltó una risa, le fruncí el ceño el muy idiota casi le botan chispas por los ojos.
— ¡Hey! — murmure renuente todavía intentaba convencerme a mí mismo que no debería implementar la primera opción.
— ¡Cuéntame todo! —
— ¡No! —
— ¿Qué? —
— ¡Que no! — bufo cruzándose de brazos y rodé los ojos girándome a la ventana sonreía internamente Isabella debe de estar gruñendo de frustración.
— Edward —
— Mike —
— ¿Por favor? —Negué con la cabeza —mira si no quieres decirme está bien yo te lo respeto… ¿Han quién demonios estoy engañando? ¡Quiero saber carajo! Es Isabella Cullen con la que estuviste ayer solo… ¿Por favor? — de reojo mire que sus ojos se volvieron más grandes y rogones casi parecían al gato con botas.
¡Me lleva el demonio!
— A veces te pareces a una nena — me queje y sonrió triunfal — ¿Qué quieres saber? —
— ¿Qué paso anoche? —
— fuimos a comer y después cada quien por su lado — me miro con una forzada expresión de escepticismo.
— ¿Te llevo en su auto? — lo mire como si fuera idiota y se rio — vale lo entendí… ¿Y fue como una cita? O sea ¿Tú se lo pediste? —
— Oh, uh, si… claro — balbucee pasándome las manos por el cabello recordando uno de los momentos vergonzosos que pase anoche.
— ¿Cómo es que llegaron juntos hoy? —
— se me quedo la consola en su auto, me la trajo y como se me hacía tarde…— deje la frase en el aire encogiéndome de hombros.
— ¿Y volverán a salir otra vez? —Sondeo empezando a impacientarse — ella quiere que tu…—
—Mike yo quiero que ella acepte no al revés — suspire esperando que oyera eso — vamos juntos a Seattle el sábado ¿Eso cuenta? —
— ¡Claro que sí! — Asentí y sus ojos se abrieron como platos — Isabella Cullen… ¡Whoa! — exclamo maravillado.
Sonríe un poco.
— lo sé es… no sé cómo explicarlo — sonreí más — ella es maravillosa — Mike alzo las cejas como esperando a que dijera mas pero me encogí de hombros simplemente no habían palabras para describirla.
— ¡Espera! — Soltó dando un respingón — ¿Se besaron? — me removí en mi asiento y gire mi ojos a la ventanilla.
— No — farfulle frunciendo el ceño — ella es diferente —
— ¿De qué modo? —
— de flores y corazones —
— Oh…— musito asentí sabiendo que en parte era verdad lo que me hacía preguntarme en que año habrá nacido…— ¿Crees que el sábado…? —
— Lo dudo — le corte evitando que mi mal humor volviera ya era bastante duro sin tener que recordarlo a cada momento.
El profesor entro al aula escribió unas cosas para que lo copiáramos y se sentó a hacer yo no sé qué con unos papeles a lo cual todos aprovecharon para hablar incluyendo a Mike.
—¿Sobre qué hablan? —
— de muchas cosas —
— ¿Qué cosas? — presiono.
— mmm… no se… de… de… — balbucee haciendo garabatos en mi cuaderno — hablamos un poco del trabajo de literatura —
Muy, muy, poco.
— ¡Vamos Edward! — Se quejó golpeándome el hombro con su mano — dame detalles —
—Está bien, está bien —acepte a regañadientes — tengo uno… ¡Conduce como una loca! — Susurre con falsa cara de alarma.
— ¿Qué? —
Mike parecía confundido y me reí quedo.
¡A ver qué puede hacer Isabella con esto!
— te digo que a la chica le pesa el pie, fue aterrador —
— mmm… debe de gustarle la adrenalina —
— Supongo — sonreí — incluso chille como una niña cuando me fije en la aguja — los dos nos reímos y el profesor alzo la vista haciendo que nos calláramos.
— ¿Crees que le gustes? —
— No lo sé — apoye mi mentón en un mano — es tan difícil saberlo siempre es tan cerrada…— juguetee con un mechón de mi cabello y él apoyo la espalda en la silla con expresión pensativa.
Al cabo de un rato dijo:
— no sé cómo has tenido el valor de estar cerca de ella —
— ¿Por qué? — pregunte sorprendido.
— Es tan… perfecta — escupió la palabra como si no tuviera una descripción exacta — yo no sabría que decirle — fruncí el ceño seguramente recordando como ayer y hoy se volvió un estúpido de forma completa.
No era su culpa Isabella empleo toda la aplastante fuerza de sus ojos.
— Patrañas — masculle — cometo incoherencias cuando estoy con ella — admití sabiendo cuan verdad era eso.
— Es hermosa — se encogió de hombros como si eso explicara todo y mi mano voló hacia la parte de atrás de su cabeza — ¡Auch! — se quejó en un susurro.
— No seas tan imbécil Mike — bufe cruzándome de brazos y me miro con el ceño fruncido — ella es mucho más que eso — rebatí sabiendo que en su opinión que solo fuera hermosa era suficiente.
Estúpido Mike.
— ¡¿Cómo qué?! — cuchicheo cabreado.
— No te lo puedo explicar pero es mucho mejor detrás del rostro —mire hacia la ventana de nuevo — deberías empezar a ver más allá de todo Mike — susurre sin estar seguro de que me haya escuchado.
La vampira que quería ser buena… la que corre a salvar vidas… la que no quería ser un monstruo… todo en ella me dejaban sin aliento y me ponían el corazón a mil.
— ¿Cómo puede ser posible? —
No conteste.
No valía la pena explicarle a un babuino que no debe rascarse el culo delante de todo el mundo.
— Entonces… ¿Te gusta? — pregunto sin darse por vencido.
— Si — dije cortante.
— me refiero a que si de verdad te mueve el piso*— insistió.
— Si —
— ¿Cuánto? — apremio y me gire clavando mis ojos en los de él, sabía que mis esperanzas de que esto no se registrara en los pensamientos de Mike eran puras mierdas.
— Demasiado — admití casi en un susurro aunque se lo admitía a ella no al tarado de Mike — más de lo que yo te gusto… digo más de lo que yo le gusto a ella — suspire bajando la vista a la mesa — no veo la forma de evitarlo — iba a comenzar con otra ronda de preguntas pero el profesor se levantó de la silla sonoramente y llamo atención a la clase con una pregunta sorpresa para Mike.
Gracias al cielo.
Cuando la clase acabo saque mi as bajo la manga (y no sé cómo no se me ocurrió antes) le dije a Mike sobre lo que me pregunto Jessica y casi chillo de emoción haciéndome montar y desmontar cada expresión facial lo aguantaba con una sonrisa porque había ganado esta ronda.
La profesora de Español tuvo que irse unos minutos antes murmurando algo como mañana comienzo la dieta y Mike salto en su asiento animado seguro por lo que le dije.
— supongo que no te vendrás conmigo —
— Nop — me levante yo también colocándome la mochila al hombro y Mike puso los ojos en blanco.
— Te veré luego Ed… suerte — asentí haciendo nota mental de desconectar el teléfono cuando llegue a casa.
Me dirigí al gimnasio que sabía que estaría ahí gracias a mi acecho constante sobre ella, me apoye contra la pared con los brazos cruzados y espere a que apareciera preparándome mentalmente para su imagen.
Falle miserablemente.
Hoy andaba con unos zapatos azul oscuro y sus piececitos tenían las uñas pintadas de violeta con rayitas blancas, suspire, era increíble que solo sus pies me volvieran loco… o quizás son por los zapatos calientes.
— Hola — dijo con vos divertida e irritada al mismo tiempo, era obvio que había estado escuchando.
— Me gustan tus zapatos — sonreí sin atreverme a mirarla a los ojos y soltó una risita tintineante, camino delante de mí haciéndome meter mis manos en los bolsillos para no sucumbir a la necesidad de tocarla.
El trayecto a la cafetería fue silencioso lo que lo hizo peor porque cuando entre, todos los susurros y miradas se dirigieron hacia nosotros, me sentí como en el primer día, nos pusimos en la cola para comprar y la vi juguetear con un mechón de su cabello, me parecía que la irritación iba venciendo a la diversión.
Agarre una bandeja y escogí lo primero que vi, no tenía tiempo para perder con esas cosas pero entonces ella comenzó a meter más comida.
— ¡Hey! — Cuchichee apartando la bandeja hacia un lado— ¿Qué haces? — puso los ojos en blancos y siguió metiendo comida.
—La otra es para mí Edward —
Enarque una ceja.
Pagamos la comida y en completo silencio nos fuimos a la mesa donde nos sentamos hace unos pocos días, los de último curso nos miraron anonadados cuando nos sentamos uno frente al otro, no les di más importancia de la que Bella lo hizo.
— primero las damas — sonreí inocentemente y empuje la bandeja hacia ella que entorno los ojos — siento curiosidad — explique encogiéndome de hombros.
— ¡Que sorpresa! — Murmuro con sarcasmo — siempre la tienes — rodo los ojos y agarro un pedazo de pizza clavando su mirada en la mía.
Se metió un pedazo en la boca, la mastico rápidamente y trago fingiendo como si de verdad le gustara, mis ojos se abrieron como platos estaba horrorizado e impresionado.
—puedes tragar tierra ¿Verdad?—
— una vez lo hice — arrugue la nariz — no fue tan malo — se echó a reír negando con la cabeza haciendo que un rizo ladeara su rostro.
— Supongo que no me sorprende — sonreí y estaba a punto de decirle un comentario inteligente cuando algo por sobre mi hombro le llamo la atención — Mike está analizando todo lo que hago para asegurarte cualquier duda futura — hice una mueca ya que a su rostro volvió la antigua irritación.
Me hice el idiota agarrando la pizza y comenzando a comérmela.
— Así que me pesa el pie — comento de forma casual.
— ¿Enserio piensas que es normal? —
— Así conduzco siempre — se encogió de hombros — tenia bastantes cosas en las que pensar como para preocuparme por eso—
— Pero siguen siendo lindos en esos zapatos — las comisuras de sus labios se alzaron y ahora si podía permitirme imaginar a Bella montada en los Manolo que vi en Port Angeles.
— algo que has dicho… bueno… me molesta —
Se negó a que le distrajera y sus ojos se fijaron en los míos llenos de preocupación a través de sus largas pestañas.
— No me sorprende, ya sabes lo que dicen de los cotillas nunca oyen nada bueno de ellos— le recordé con una sonrisita burlona dejando la pizza de nuevo en la bandeja.
—Pero me lo dijiste a mí — replico frunciendo el ceño inclinándose más cerca con una mano ahuecando su garganta, me rendí y asentí inclinándome mientras apoyaba mi barbilla en mis manos — sentí que eras tú a quien estaba viendo y no a Mike — susurro con dulzura y tuve que recordarme que estaba en una cafetería con muchos ojos fijos en nosotros.
¡Demonios!
— Edward…— murmuro y yo ni siquiera podía respirar — ¿De verdad piensas que te gusto más de lo que tú me gustas a mí? — Sus relucientes ojos negros me traspasaron dejando una esencia como si mi cuerpo se quemara.
Gemí bajando la cabeza.
— ¡Lo has hecho de nuevo! — la acuse cerrando los ojos.
— ¿Qué? — pregunto sorprendida.
— Aturdirme, deslumbrarme, idiotizarme… como prefieras decirlo — confesé levantando mi cabeza para mirarla.
— Oh — musito haciendo un precioso puchero.
Sentí un ligero temblor en el cuerpo y me mordí la boca deseando que fuera la de ella con ese deseable labio carnoso…
— ¿Vas a responder a mi pregunta? —
— si —
— ¿Si responderás o si lo piensas de verdad? — exigió impaciente e irritada, puse los ojos en blancos.
¿Habrá algún spa especializados en vampiras?
— si lo pienso de verdad —
—me estas subestimando— sus ojos se volvieron más amables y su vos sonó como la más dulce melodía de campanas, me negué a creerlo tan fácilmente a pesar de que mi corazón pego el salto — ¿Por qué te niegas a creerme? Nunca te mentiría Edward — prometió con aplomo.
Nuestros ojos se conectaron.
Intentaba buscar algunas palabras que me ayudaran a explicar el porqué de mi renuencia, era difícil pensar y verla al mismo tiempo pero me obligue a hacerlo, sus preciosos ojos eran todo un espectáculo entonces empezó a impacientarse y los estrecho con irritación.
— Déjame pensar — le pedí y su rostro se suavizo con una expresión satisfecha sustituyendo la frustrada.
Si alguien ha dicho que las mujeres son las más pacientes y tranquilas entonces no se ha topado con Isabella Cullen.
— Bueno aparte de lo obvio — comencé bajando la mirada y jugueteando con la manzana — a veces, no estoy seguro, no puedo leer los pensamientos, pero parece que intentas despedirte cuando estás diciendo otra cosa —decirlo me hizo sentir una agonía espantosa.
— Perceptivo—susurro y mi respiración se atraganto cuando confirmo mis temores, un ardor nada parecido al de hace un rato empezó a extenderse rápidamente pero algo en mi expresión hizo que soltara las palabras de golpe: — aunque por eso es en lo que me subestimas —
Hice una mueca.
— ¿A qué te refieres con lo obvio? — pregunto entrecerrando los ojos.
— bueno mírame…—
— Todo lo que hago es mirarte Edward—
—… soy absolutamente normal —seguí a pesar que lo que me dijo me hizo revolotear cosas en mi estómago — salvo por las situaciones poco comunes con las que me he enredado y mi mala suerte, luego mírate a ti — la señale con un gesto de la mano abarcando toda su belleza y perfección.
Ladeo la cabeza con las comisuras de sus labios hacia arriba y un brillo de compresión en sus ojos.
— Eres bastante modesto — dijo sonriendo más — has dado en el clavo con los defectos eso no te lo puedo quitar — su risa tintineo de forma sombría — pero tú no eres el lector de mentes aquí —
— Patrañas — masculle torciendo la boca.
— Confía en mi — se mordió el labio sonriendo y sus ojos lanzaron un destello de placer, trague saliva pesada… eso no me lo esperaba.
— Pero no me estoy despidiendo — recordé solo para eliminar los pensamientos bastante poco decentes que tenía en este momento.
— Eso demuestra que tengo razón, porque si debo hacerlo— sacudió la cabeza haciendo que algunos risos bailaran —si olvidarlo es lo correcto sufriré para evitar que resultes herido, solo para mantenerte a salvo — en su cabeza parecía que hubiera una lucha contra esa idea.
Eso me molesto y no solo me molesto me cabreo.
De nuevo me volvía a meter en el papel de damisela en apuros y no solo por mi orgullo (que ahora estaba más que pisoteado) sino porque me ofendió en lo más profundo como si mis sentimientos por ella fueran una mierda sin importancia, como si no fueran lo suficiente para mantenerla aquí conmigo.
— ¿Acaso no piensas que yo haría lo mismo? —espete en un susurro cargado de furia, si no fuera porque la conozco lo suficiente, pensaría que estaba creyéndose muy superior a mí.
— Eres tan suave… tan frágil… ¿Cómo podrías si quiera lastimar a alguien? — La mire fijamente cuando sus ojos se entristecieron — nunca vas a tener que efectuar la elección Edward—se me encogió el corazón y estaba a punto de tomarle la mano y darle un apretón cuando su impredecible estado de ánimo volvió a cambiar bruscamente ahora tenía una sonrisa traviesa e irresistible que le iluminaban sus ojos — por supuesto mantenerte en una pieza parece trabajo de tiempo completo que requiere de mi presencia constante—
— hoy mi mala suerte se quedó en casa recuerda que iba tarde — dije a la ligera agradeciendo que volviéramos a terrenos suaves.
—eres del tipo madrugador — agrego secamente.
— Vale tienes razón — admití, fuera discutido solo por el hecho de subir mi nivel de chico malo pero al carajo con eso, estaba dispuesto a comerme una manzana envenenada o encerrarme en una torre si eso la hacía quedarse conmigo.
Porque si los vampiros existen quizás anden algunos dragones por ahí revoloteando alrededor de un volcán solo tendría que encontrar a Escalibur y una jaula de tiburón…
— Tengo otra pregunta para ti — dijo con el rostro suave, dulce y despreocupado haciéndome sacar de mis absurdos pensamientos.
— dispara —
— ¿Tienes que ir a Seattle este sábado de verdad o es solo es para librarte de tus otras acosadoras? —
— ¿Otras? — pregunte divertido.
— Claro — admitió sonriente — sigo siendo la numero uno — se mordió la boca bajando la vista avergonzada y mi corazón se agito, era tan dulce cuando hacia eso (y no es porque lo admitiera de nuevo) sino porque eran momentos en que Bella no era tan… imponente.
— llegue a la conclusión de que ha sido tu culpa que Lauren haya creído semejante locura — me queje aguantando una sonrisa.
Su rostro mostro fingida indignación.
—Pero aun así lo fuera hecho sin mi ayuda — se defendió pero su alegato fallo al tener una sonrisa maliciosa en sus coralinos labios — en realidad solo quería ver tu cara — admitió sin un ápice de culpabilidad me fuera cabreado de no haber escuchado salir de su boca una carcajada tan llena de alegría y diversión.
Y no fui el único.
Los de último año, que era la mesa más cercana, se volvieron para ver a Bella reírse tan fascinantemente y por segunda vez en el día estaban anonadados, rodé los ojos y me pase las manos por el cabello.
— si te lo hubiera pedido yo ¿Me hubieras rechazado? — pregunto aun con esa sonrisa que me estaba empezando a dejar atolondrado.
— Probablemente no — admití — pero fuera estado callado toda la noche, tropezaría con cualquier cosa que me encuentre y te fuera tirado el ponche encima —
Ladeo la cabeza confundida.
— ¿Por qué? —
— creería que tú lo entenderías —
— ¿Te refieres al hecho de que no encuentras a una chica lo suficientemente interesante como para mantenerte centrado? —
La mire entrecerrando los ojos.
— fuera sido todo lo contrario de haber sido tú —
— ¡Oh! — Musito — pero aun así no sería un problema — sonrió muy segura de sí misma — yo también me idiotizo cerca de ti así que lo más seguro es que hubiera cometido alguna que otra torpeza solo porque estaría demasiada concentrada para no hacerlo… ya sabes el dicho —
— ¿Tu cometiendo torpezas? — escupí lleno de incredulidad.
Me costaba si quiera pensarlo.
—A pesar de tu irritante incredulidad… — se quejó en medio de una sonrisita.
— Parece que no soy el único modesto — comente rodando los ojos.
Me ignoro.
—… yo solía ser bastante torpe — mis ojos volaron hacia los de ella que estaban llenos de sinceridad y nostalgia una expresión demasiado autentica para ser una broma vio que estaba a punto de preguntarle pero me corto — pero aun no has contestado mi pregunta… ¿Estas decidido o te importaría que fuéramos a otro lugar? —
Cuando uso el plural no me preocupe de nada más.
¡Batman se puede quedar en su jodida y fantástica baticueva!
— Estoy abierto a sugerencias… pero con una condición — advertí con mi vos de chico malo.
— ¿Condición? — repitió enarcando una ceja.
— yo conduzco —
Frunció el ceño.
— Dijiste que no eras machista — se quejó.
— ¡No lo soy! — Replique — lo que pasa es que cuando le dije a Anthony que iba a Seattle, me preguntó concretamente si iría solo y en ese momento así era, si pregunta una vez más, probablemente no le mentira, pero no creo que pregunte de nuevo y dejar el coche enfrente de la casa solo sacaría el tema a relucir de forma innecesaria… además odio tu forma de conducir —
Puso los ojos en blanco.
— De todas las cosas por las que me deberías odiar tú detestas mi forma de conducir — entrecerró los ojos — aún tengo la idea del especialista — esta vez fui yo quien puso los ojos en blanco — ¿No le quieres decir a tu padre que pasaras el día conmigo? — su pregunta había una oscuridad que no comprendí.
— Digamos que con Anthony es mejor llevar las cosas con calma — me mostré firme a pesar del estremecimiento que me recorrió tener que acelerar el proceso de la charla de la abejita y la flor con él — ¿A dónde se te antoja ir? —
— serán uno de los días que te gustan y podrás estar conmigo si quieres —
Primero me corto la lengua antes de decir que no.
— ¿Me enseñaras la extraña relación que tienes con el astro rey? —pregunte entusiasmado con la idea.
— Sin duda te mostrare mi relación con el rey — sonrió — pero si no quieres está bien, solo no me gustaría que fueras a Seattle solo…—
— ¡Silencio! — Me queje ofendido — L.A no tiene comparación alguna y no es porque…—
— Pero al parecer — me interrumpió con una sonrisa petulante — en L.A no te había llegado la hora por lo que quisieras que estuvieras revoloteando cerca de mí —
— yo no revoloteo —
— Cierto… soy yo la que lo hago — reconoció con una risita.
— Sigue siendo un punto discutible — advertí y esta vez se rio con un brillo de desleal seducción en sus ojos — no te desgaste advirtiéndome —
— Lo sé — suspiro con gesto inquietante — pero quisiera que se lo dijeras a Anthony —
— ¿Por demonios quisiera hacer eso? —pregunte irritado haciendo que sus ojos relampaguearan con súbita fiereza.
— Para darme un motivo de traerte de vuelta—
Trague saliva.
— Soy un tipo arriesgado — dije al cabo de un momento.
— ¡Ugh! — musito enojada y cruzándose de brazos — lo suponía —
— Isabella…— la llame tratando de cambiar de tema mirando a mi alrededor para asegurarme de que nadie nos pudiera oír.
Entonces mis ojos se engancharon en los de la hermana de Bella, la pequeña Alice, que me miraba fijamente mientras que el resto miraba a Bella casi pude ver la vacilación de su mano cuando intento levantarla para, supongo yo, saludarme.
— Bella… es Bella — me corrigió con dulzura como si le explicara a un niño la misma clase matemáticas — repite conmigo Be-lla, Be-lla, Be-lla... ¡Bella! —
Gire mi rostro hacia al frente.
—Muy graciosa — masculle rodando los ojos — siempre te digo así… en mi cabeza — reconocí sonriendo.
Ella hizo un mohín muy bonito.
— Idiota — murmuro quitándose un mechón de la cara.
Me quede boquiabierto.
— ¿Me acabas de decir idiota? — pregunte incrédulo.
— Si — respondió mordiéndose la boca pero en sus ojos había una diversión latente con un brillo de orgullo.
Efectivamente Bella Cullen viene de otra época.
— ¿Por qué fuiste a los bosques de Chicago el fin de semana pasado? Anthony dice que es muy espeso y que abundan muchos pumas y osos, nada recomendable para acampar —
Enarco una ceja como si me estuviera pasando por alto lo obvio.
— ¡No! —
— ¡Sí! —
Esbozo una sonrisa burlona.
— No estamos en temporada— dije severo para ocultar mi sorpresa.
— Las leyes solo recogen la caza con armas — me informo mientras me contemplaba con regocijo.
— ¿Osos? — dije con dificultad.
— Es el favorito de Emmett — soltó a la ligera escrutándome con sus ojos.
— Mmm — balbucee.
Intentaba recobrar la compostura, baje mi vista a la porción de pizza y comencé a comérmela mientras tomaba una coca muy despacio.
— Vale — dije después que acabe de comer — ¿Cuál es tu favorito? — levante la vista y sus ojos estaban ansiosos listos para disparar los cuidados de mamá gallina.
— la pantera negra —
— Ya — comente amablemente agarrando la manzana y empezando a comérmela.
— Si no crees que este es un raro tema de discusión…— dijo imitando mi tono y encogiéndose de hombros —debemos tener cuidado para no causar un impacto ambiental desfavorable con una cacería imprudente, tratamos de concentrarnos en zonas con sobrepoblación de depredadores… y nos alejamos tanto como sea necesario, aquí siempre hay un montón de ciervos y alces pero ¿dónde está la diversión en eso? —
— Claro diversión — murmure con calma dando otro mordisco.
Sonrió ladeando la cabeza.
— El comienzo de la primavera es la estación favorita de Emmett — soltó una risita como si hubiera recordado una broma—acaban de salir de la hibernación, por lo que están más irritables —
— No hay nada más divertido que un oso irritado — admití asintiendo.
Soltó una carcajada corta.
— Dime qué estás pensando realmente, por favor —
— Estoy tratando de imaginarlo — bufe — ¿Cómo se caza un oso sin tener armas? —
— Oh pero si las tenemos —susurro casi en un siseo.
Su lengua pequeña y rosada se deslizo por su labio inferior antes de sonreír de una forma amenazadora, sus dientes lucían filosos y peligrosos.
No pude moverme.
Estaba aturdido (en parte por la amenazante fila de centellantes dientes) y horrorizado de una forma… excitante, fue el gesto más sexy que haya visto en mi vida y era increíble como mi mente trabajaba para enfriarse y no reproducirlo aquí… en medio de la cafetería… con mucha gente… y con Bella delante de mí.
— Simplemente no del tipo que las leyes de caza, si alguna vez has visto atacar a un oso en la televisión, deberías ser capaz de visualizar como caza Emmett — su vos me trajo de vuelta a la realidad.
— Supongo que Winni Poo está fuera de discusión — murmure mirando por encima de mi hombro y un escalofrió me recorrió la espalda.
Como lo recordaba Emmett Cullen seguía siendo enorme y muy, muy intimidante, a mi mente vinieron vagas imágenes de Animal Planet donde había garras elevadas en el aire, gruñidos ensordecedores y colmillos del tamaño de mi dedo.
Volví a estremecerme y Bella solto una risita.
— En definitiva Poo está fuera de discusión —
Trate de visualizarla de la misma forma en que lo hice con Emmett pero me era imposible, Isabella era demasiado delicada y elegante, tan sutil en sus movimientos como si tuviera una charola con cositas de té listas para ser servidas y a la misma vez dulces con un rastro de inocencia que supongo yo se le borro con las miles de cosas que habrá visto (y escuchado) a lo largo de su vida entonces mi mente vago mucho más lejos y me la imagine en un época antigua, estaba sentada en un gran jardín lleno de grama verde frente a un rosal de muchos colores, mejillas rosas y ojos muy abiertos y legibles, sonreí internamente, estaba seguro que en ese entonces seguía siendo la chica más hermosa de todas.
— ¿Tú también te pareces a un oso? — pregunte solo para confirmar.
—Más a la pantera o eso es lo que dicen — respondió a la ligera — tal vez nuestras preferencias sean significativas —la comisura de mi boca se elevó.
— Tal vez — estuve de acuerdo.
Nota mental: recordar ver un documental sobre las panteras.
— ¿Es algo que yo podría llegar a ver? —
— ¡Absolutamente no! — protesto con ferocidad y una llama encendida en sus ojos oscuros.
Retrocedí sorprendido.
— ¿Demasiado aterrador? — intente que mi vos sonora como si tuviera los pantalones bien puestos (a pesar que estaba cagado como el infierno jamás lo admitiría) Bella me imito y se cruzó de brazos jugueteando con la punta de un mechón de cabello.
— Si fuera por eso te sacaría esta misma noche — dijo con vos cortante — necesitas una sobredosis de miedo — su ceño estaba fruncido y gesto colérico.
La ignore.
— entonces ¿Por qué? — insistí.
Me miró fijamente por un minuto a la final dijo:
— Después — se incorporó con agilidad y elegancia — llegaremos tarde — su cólera estaba bajando unos grados, mire alrededor desorientado y la cafetería estaba casi vacía.
Me levante lejos de ser ágil y elegante como ella me coloque la mochila en el hombro y comenzamos a caminar hacia nuestra clase.
— Después — admití asintiendo con determinación.
Estaba empezando a odiar esa palabra.
Te mueve el piso*: una expresión bastante conocida por aquí en mi país (no sé si la habrán escuchado y si es así háganmelo saber) que explica literalmente sobre cuán loco se puede estar por un chico (a).
¿Qué les pareció? ¿Les gusto? Espero no haber defraudado sus expectativas y sobretodo para ti Hallen Mesen gracias por esas lindas palabras y no sabes todo lo que me encanta poder hacer que te guste este fic teniendo en cuenta tus malas experiencias con otros.
¿Reviews?... Reviews… Reviews… Reviews… Reviews… Reviews… Reviews… (No hagan llorar a la escritora) ¿Por favor?
Miles de gracias y mordisquitos de Eddie que, uh, bueno técnicamente en este fic seria de Bella pero ustedes me entienden... jajaja
Les deseo lo mejor como que nuestro Eddie le fascinen tus zapatos calientes.
