Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.

Capítulo 11

Muchísimos pares de ojos se posaron en nosotros en cuanto me senté en mi mesa de laboratorio y saque la silla de forma casual para que Bella se sentara lo más cerca que podía permitirse.

Nos tocó ver una película sobre vaya a saber qué cosa, no más apagaron las luces mi mente solo fue consciente de que tenía el brazo apoyado en el respaldo de la silla de Isabella y me moría de ganas rodearla con él.

La electricidad seguía ahí, latente y muy potente.

Cerré mi mano en un puño y me mantuve firme y rígido controlando el estúpido impulso de atraerla a mis brazos y darle un beso en medio de la oscuridad o simplemente acariciar su rostro de ángel… estaba perdiendo el juicio.

¡Maldición!

En la pantalla se vio una parte llena de mucho brillo e instintivamente me hicieron girar mi rostro para verla, estaba con los brazos cruzados y puños apretados cuando me sonrió haciendo que correspondiera su sonrisa sus ojos brillaron a pesar de la oscuridad que siguió después, mi otro puño que descansaba en mi muslo se cerró más fuerte y me obligue a no hiperventilar ¡Era demasiado estúpido que me sintiera aturdido!

La hora fue una de las más eternas que haya pasado en mi vida y he pasado muchas, la electricidad parecía ir y venir pero cada vas más intensificada, sabia por una clase de física que nuestros cuerpos era conductores de electricidad ¡Pero esta mierda ya llegaba a voltios! Algunas veces miraba en su dirección solo para descubrí que ella seguía en la misma posición me pregunte si se enfadaría mucho si me atreviera a mover mi brazo solo unos centímetros más y poder ponerla sobre sus delicados hombros… las luces se encendieron y parpadee confundido.

La clase había llegado a su fin.

Me estire suspirando lleno de alivio, Bella negó con la cabeza sonriendo y haciendo que su cabello cayera sobre sus hombros, gemí internamente, cuanto deseaba ser yo el que los rodeara.

—Ha sido entretenido — dijo con vos siniestra mientras escabullía sus ojos de los míos — ¿Nos vamos? — asentí entiendo por dónde iba el asunto.

Caminamos en silencio hasta el gimnasio ya que ella tenía clases cerca de ahí, me gire para preguntarle si quería que la terminara de acompañar a su aula pero las palabras quedaron atoradas en mi garganta.

Tenía una expresión desgarrada, casi dolorida y terriblemente hermosa.

Me fije en como sus dedos se movieron en encima de su pierna y casi pude imaginarme el debate interior que había dentro de su cabeza, me reí entre dientes.

— Quédate quieta — advertí dejando caer mi mochila al suelo y caminando hasta quedar detrás de ella — no te muevas —lentamente me fui acercando.

— ¿Qué estás haciendo Edward? — pregunto horrorizada y sorprendida al mismo tiempo, no sabría decir cuan emoción dominaba más.

Su cuerpo estaba quieto, estático y casi podría decir que ni respiraba.

— No soy una burbuja de jabón Bells — susurre colocando mis manos en sus brazos y tan lentamente como podía acercaba mi cuerpo al suyo.

La rodee con mis brazos y metí mi nariz en su cabello absorbiendo ese delicioso aroma, no me sentía inseguro, no me sentía culpable y mucho menos sentía miedo, creo que me sentía tan profundamente complacido y era tan refrescante poder hacer lo que sus ojos gritaban que casi ni me molesto cuando se retiró de forma apresurada pero gentil.

—Nos vemos en un rato Edward — su vos sonó como miel sobre hielo y sin voltear a verme camino directo a su clase.

Me quede ahí hasta que cruzo el pasillo y su hermoso bamboleo de caderas se perdió de mi vista.

Suspire.

Entre al gimnasio y me senté en las gradas apenas consiente de todo lo demás mi corazón retumba en mis oídos y si cerraba los ojos podía doblar la intensidad con la que ese simple roce quemaba, el entrenador dio una clase teórica sobre el Bádminton.

— Hola Edward — saludo Jessica.

Le devolví el saludo con un ademan y me las arregle para que mi mano se moviera escribiendo notas mientras mi mente repasaba una y otra vez la sensación del cuerpo frio de Bella junto al mío… fue tan placentero… tan diferente a todo lo que yo haya tocado ¡Demonios ni siquiera podía describir exactamente como se sentía!... me pregunto si sería igual si pudiera tener la más mínima posibilidad de que mis labios tocaran los suyos…

— ¿quieres ser mi pareja? — la vos de Jessica demasiado cerca de mí me trajo de vuelta al presente, gire mi cabeza para ver su rostro ansioso y emocionado.

Fruncí el ceño.

— ¿Eh? —

— te preguntaba si quieres ser mi pareja —

¿Qué demonios?

— ¿Cómo porque o qué? — pregunte confundido.

— De Bádminton Edward — se rio — ¿En qué mundo estas? —

En el mundo de Isabella Cullen.

— Oh, uh, si claro Jess — balbucee pasándome las manos por el cabello.

La clase dio por finalizada unos minutos después y pude escuchar como Jessica decía fuerte y claro al entrenador que era mi pareja, escuche muchos bufidos aparte del mío, metí todo dentro de la mochila y comencé a caminar saludando a unos chicos que jugaban básquet.

— Edward —

Suspire.

— dime Jess — murmure sin animo deteniéndome para girarme.

— el entrenador dijo que anotáramos los nombres y el color que queramos escoger ¿Lo haces tú o lo hago yo? —

— Encárgate de eso y por favor Jessica todo menos rosa — se rio rodando los ojos y sonreí mientras reanudamos la marcha para salir del gimnasio.

— así que…—

— así que… ¿Qué? —

— estas saliendo con Cullen ¿Eh? — pregunto tratando de que el resentimiento no saliera a flote.

Fallo miserablemente.

Me enserie de inmediato y clave mis ojos en los de ella.

— lo que Bella y yo hagamos no es asunto tuyo — en otras circunstancias me fuera reído de lo irónico que sonaba corrigiendo su nombre cuando yo era uno de los corregidos — ya te lo dije una vez y te lo vuelvo a repetir metete en tus asuntos Jessica— desvió la vista y soltó un suspiro.

En mi fuero interno maldecía a Mike enviándolo al centro del tártaro para que le haga compañía a Cronos*

— No me gusta Edward — musito cruzándose de brazos.

—es una chica no tiene por qué gustarte — replique secamente.

— ¡No me refería a eso! — Se quejó y un color rojo subió a sus mejillas — es que no lo sé… te mira como… como si fueras algo de comer — balbuceo enrojeciendo más y supe todo lo que le costó formular esa oración.

Contuve la histeria que amenaza por estallar pero a pesar de eso no lo logre del todo ya que solté una carcajada, Jessica estaba tan ridículamente cerca de todo y de nada ¡Y yo que pensé que era una niña tonta!

A medida que me acercaba a la puerta de salida ralentice mis pasos, no estaba seguro si debía buscar a Bella a su clase o nos veríamos en su auto porque por eso mismo es que mande mi orgullo a volar y me subí dócilmente, sabía que tenía que traerme de vuelta y sé que es algo sucio y un poco estúpido por mi parte pero no me importaba si con ello logro que pase más tiempo conmigo.

Cuando salí la vi caminando a mitad de pasillo y sentía un montón de revoloteo en mi estómago que parecía no querer apagarse nunca, me detuve a esperarla apoyando mi hombro en la pared y metiendo mis manos en los bolsillos preparándome para que el golpe de la necesidad del tacto me noqueara con fuerza.

— Hola — saludo esbozando una sonrisa deslumbrante.

— Hola — musite viendo que estaba tan tranquila como un estanque cristalino aunque claro no podía confiarme se trataba de Bella — ¿Qué tal tu clase? —

—un poco fuera de la rutina — sus ojos brillaron llenos de satisfacción — nos hemos divertido un poco más que tú — asentí recordando que ese nos incluía a su hermano Emmett que compartía su clase.

Al pensar en su hermano me hizo darme cuenta que no sabía si ellos estaban enterados de todo, conté hasta diez manteniendo a raya la desesperación ¿Ellos sabían que yo sabía? Porque se suponía que ellos lo tenían que saber ¿O no?

Estaba a punto de preguntarle cuando ladeo su cuerpo haciendo que sus risos cayeran a un lado graciosamente y entrecerró los ojos con irritación y furia contenía.

— ¿Qué va mal? — pregunte mirando por encima de mi hombro.

Entonces vi la espalda de tres chicas y Jessica era la del medio.

— Jessica logra colocarme de los nervios con gran facilidad — rodé los ojos como si se necesitara mucho para lograr eso con ella me recuerda la ves que Ethan… un momento…

— ¿Estabas espiándome de nuevo? — pregunte en vos alta siguiendo el hilo de mis pensamientos.

— tu sentido del humor es bastante morboso ¿Lo sabias? — comento con esos grandes ojos llenos de inocencia mientras que jugueteaba con su cabello como si fuera una niña buena.

¡Al carajo con eso!

— ¡Eres jodidamente increíble Isabella! —

¡Y al carajo con mi buen humor!

Me cruce de brazos con el ceño fruncido.

— Es que sentía curiosidad — puso sus manos detrás de su espalda y me obligue a no ver como su cazadora se abría levemente y revelaba esas bonitas pecas que servían para engatusarme.

— Estas cruzando los dedos Isabella — sonrió mordiéndose la boca y sus brazos cayeron laxos a ambos lados de su cuerpo — ¿Por qué? — exigí saber.

— ¿Por qué, que? —

— Isabella…— advertí.

— ¡Es Bella por todo los santos! — Resoplo delicadamente y jugueteo con el cierre de la cazadora — fuiste tú quien menciono la diferencia que hubiera sido si te fuera invitado al baile y digamos que me dio por curiosear el comportamiento y las aptitudes —

— ¿Así que soy tu experimento de Psicología? —

Ella sonrió.

— ¡Vamos Edward! — Murmuro divertida — sabias que te veía —

— ¡Bah! —

Me incorpore y le hice un ademan para que ella caminara por delante de mí, como no mostraba vergüenza o arrepentimiento coloque mi mohín más enfurruñado y metí mis manos en el abrigo.

Era cierto que sabía que estaba escuchando y trataba con todas mis fuerzas de no pensar demasiado en eso pero esta tarde estuve especialmente idiota y ella fácil podía darse cuenta que mi mente solo giraba en torno a ella y ese delicioso casi abrazo que pude darle, solo rogaba porque nadie se haya fijado que estaba fuera de la órbita de la Tierra sino mi orgullo de chico malo quedaría reducido a cenizas…

Me detuve abruptamente cuando vi a un montón de chicos y chicas rodear el Audi pero al ver como un chico saca un teléfono y tomaba una foto me di cuenta que no era al Audi (a pesar que seguía siendo increíble) sino era al BMW de Rosalie.

El deseo que salía por sus poros fácilmente podía convertirse en una densa niebla.

Como pudimos atravesamos la muchedumbre fanática del auto y sonreí mientras me montaba, este pequeño pueblito podía sorprenderse con tanta facilidad.

— Ostentoso — mascullo encendiendo el auto, piso el acelerador haciendo ronronear el motor fuerte y potente diciendo claramente: apártense de mi camino idiotas… Oh, bueno, algo parecido.

Rápidamente todos dieron espacio.

— ¿Sigues enfadado? — pregunto cuando salimos del instituto.

Cabreado hasta la medula — respondí cortante.

Hizo un tierno puchero tamborileando los dedos en el volante.

— ¿Y si me disculpo? —

— probablemente…—

— Probablemente siempre es no

— vale, está bien, puede que si lo haga si lo haces de corazón — me pase las manos por el cabello — y si prometes no volverme a usar como un experimento del comportamiento humano —se mordió el labio con ansiedad y me imagine como trataba de buscarle la vuelta a mis palabras.

—Pero eres tan diferente a los demás… — lloriqueo casi en un susurro y cuando estaba a punto de darse por vencía y que mi nivel de chico malo subiera hasta el cielo sus ojos brillaron con astucia — ¿Qué te parece si me disculpo sinceramente y te dejo conducir el sábado? — soltó rápido como si temiera que la idea se le fuera a ir.

¡Uau! Es mejor que Charlie en las negociaciones.

¿Es que ella tenía que tener siempre la última palabra? Lo sopese durante un minuto y supe no tendría una mejor oferta que esta.

Suspire resignado.

— Hecho — murmure.

— entonces…— giro su rostro haciendo que nuestros ojos se conectaran y se inclinó mientras me tomaba del bolsillo del abrigo y me acercaba más a ella.

¡Mierda!

— Lamento haberte cabreado hasta la medula — se mordió el labio sonriendo y sentí mi corazón en la boca… ¿Cómo demonios conseguía que un riso ladear su rostro cada vez que trataba de joderme la mente? Sus ojos eran sinceros, dulces y tiernos imposibles de resistir.

— Es-estas-s diss-culpa-da-a — tartamudee.

¡Tartamudee!

Soltó una risita y se alejó de mí mientras volvía la atención de la carretera ¿Era idea mía o parecía media… ofuscada? ¡Bah! Son ideas mías mi mente en estos momentos trabajaba de forma extraña además estamos hablando de Isabella Cullen.

— el sábado a primera hora de la mañana estaré en el umbral de tu puerta — afirmo sonriendo de forma picara.

Desvié mí vista a la carretera tratando de aclararme.

— Que sin explicación se quede un lindo Audi Cupe afuera de mi casa quizás haga que Anthony se pregunte si debe arrestar a su hijo — me imagine la escena y sonreí divertido.

—Que poco me conoces — dijo con una sonrisa condescendiente — tranquilízate no tengo intención de llevarlo —

— ¿Cómo…? —

— Estaré ahí — aseguro.

Que poco me conoces… esas palabras dieron vuelta en mi cabeza trayendo de vuelta la inconclusa conversión que tuvimos en la cafetería, nos detuvimos frente a mi casa y juguetee con mi cabello mientras esperaba que apagara el motor para seguir.

— ¿Ya es mas tarde? —

Hizo un mohín.

— supongo que si —

Apoye mi espalda en el asiento con la mano detrás de mi cabeza esperando pacientemente a que ella se dignara hablar.

— ¿Aun quieres saber porque no me puedes ver cazar? — pregunto con una expresión seria pero en el fondo de sus ojos había una chispa de diversión.

— Más que todo por qué reaccionaste como lo hiciste —

— ¿Te asuste? —

— ¡No! — mentí y a pesar que era una mierda haciéndolo lo negaría hasta la muerte.

Ella sonrió ampliamente, sin duda, estaba de un humor maravilloso.

— lo siento si te asuste… —

— Que no los has hecho — insistí tercamente.

Me ignoro.

—… fue la idea de que estuvieras ahí mientras cazábamos — su maravilloso humor se fue a la chingada ahora tenía el ceño fruncido y los puños apretados.

— ¿Estaría mal? —

— Extremadamente — respondió con los ojos cerrados impidiéndome leer sus emociones.

— ¿Por qué…? — insistí.

Abrió los ojos y se inclinó para colocar sus brazos en el volante parecía mirar las nubes que descendía hasta casi poderlas tocar con las manos sin poder evitarlo mi mente (medio atolondrada todavía) recorrió su figura y mis manos picaron por querer deslizarlas en esa abundante y larga cabellera caoba.

— Cuando cazamos…nos entregamos a nuestros sentidos—hablo despacio y a regañadientes —nos domina más el sentido del olfato, si estas en cualquier lugar cercano cuando pierdo el control así…— sacudió la cabeza revoloteando muchos risos y estremeciéndose levemente.

Mantuve mi expresión contralada cuando se giró para evaluarme con las alertas de mamá gallina listas para dispararse, pero nuestros ojos se encontraron y el silencio se hizo más profundo… y todo cambio.

Las descarga de electricidad volvió a ser voltios y el ambiente se puso pesado y más que nada desee poder sentir sus labios contra los míos o siquiera poder tenerla como esta tarde, me conformaría si tan solo me dejara tocarla… mi respiración se agito rompiendo la quietud.

Entonces ella cerró los ojos rompiendo la conexión entre los dos.

— Creo que deberías entrar — murmuro en vos baja y pude ver como su cuerpo se estremecía.

Metiendo mi deseo en lo más profundo de mí ser, agarre la mochila del piso y abrí la puerta saliendo rápidamente, no quería que viera cuan estúpidamente me dolía esto, cerré de un portazo sin mirar atrás y comencé a caminar con la mochila en el hombro.

— ¿Edward? — me llamo.

— ¿Uh? —

Me gire para darme cuenta que había salido del Audi y apoyaba un brazo en la puerta y la otra en el techo, me obligue a mantenerme sereno, la sola esperanza de que quisiera quedarse conmigo estaba paseándose por mi mente.

— Mañana es mi turno — afirmo.

Ladee la cabeza.

— ¿Turno para qué? —

Una sonrisa grande y deslumbrante apareció en su rostro.

—De hacer las preguntas — entro al auto riéndose alegremente y se fue con su loco conducir perdiéndose en la esquina en menos de diez segundos.

Sonreí mientras caminaba hacia la casa.

Había tantas ideas peleándose en mi mente que por lo menos tenía la certeza de que nos veríamos mañana.

Como de costumbre Isabella aparecía en mis sueños esa noche pero el clima había cambiado y ahora los jodidos voltios de electricidad aumentaban a cada segundo, me despertaba a cada rato y no podía dormir, murmurando una serie de quejas y maldiciones tuve que bajar a tomarme un vaso de leche caliente, coloque el ¡Pod con música de Bach y me acosté con la cabeza hacia la ventana, esta vez pude quedarme dormido.

Al despertarme no solo estaba jodidamente cansado sino que ansioso y nervioso, suspiraba a cada rato y mi mente divagaba por cualquier estupidez, esto de estar enamorado es agotador… me enfunde unos jeans y una camisa manga larga con un abrigo negro que decía en letras plateadas I Love Hollywood mientras soñaba con andar en caquis cortos y sin camiseta, cuando baje a desayunar me prepare un cuenco de cereales y al mirar por la ventana descubrí que Anthony estaba afuera caminando alrededor de la patrulla mientras tenía una cosa pequeña en las manos.

— ¿Qué haces? — le pregunte mientras me sentaba encima del capo de la patrulla aun con mis cereales.

—Aspirando— hizo una mueca de disgusto — ayer cuando la lavaron no lo hicieron suerte que compre esto hace un par de meses — me mostro un aparatito azul y pequeño del que provenía un extraño zumbido.

— déjalo por ahí más tarde me gustaría echarle una limpieza a la camioneta— mis ojos se fueron hacia el cielo con la más fulminante mirada — si es que no llueve por supuesto — Anthony se rio desde el fondo de la patrulla y rodé los ojos metiéndome otra cucharada a la boca.

Me preguntaba si habría olvidado que saldré este sábado…

— Eddie respecto a este sábado…—

¡Auch!

Me encogí.

— ¿Si Anthony? —

— ¿Sigues de cabezota? —

— ¿Te recuerdo que soy tu hijo? —

— ¿Es que no iras al baile enserio? —

—Muy enserio — masculle terminando mi cuenco— ¿Por qué le das tantas vueltas al asunto? ¿Te da miedo que tu muchachote no sepa ligar? — saco la cabeza por la ventanilla y me fulmino con la mirada.

—No sé qué quiere decir ligar pero estoy seguro que no es decente — sin poder evitarlo me solté a reír y se metió de nuevo dentro de la patrulla — aun así… ¿Por qué no quieres ir? ¿Es que no se lo has pedido a nadie? — trataba de no sonar entrometido pero estaba tan ridículamente nervioso que me hizo preguntarme porque su aptitud.

Digo no es por ser presumido y todas esas mierdas pero cuando le presentara una chica a Anthony tendría que sentirse jodidamente orgulloso de mí y estaba seguro que se preocupaba más por hacer lo posible para que no salga huyendo a mitad de la noche que en que yo salga con chicas a menos que su preocupación por el tema no fuera porque no consiguiera una chica que me gustara... ¡De ahí su nerviosismo!

¡Joder con Anthony!

— ¿Elizabeth y tu han cotorreado mucho estos últimos tres años? —pregunte frunciendo el ceño confuso, estaba averiguando si la idea de que mis padres me consideran del otro bando(solo porque a partir de los quince mi mente no se llenó de sexo) debería cabrearme o divertirme.

— ¿De que estas hablando? — Contraataco con vos temblorosa — ¡Solo tenía curiosidad! — pude los ojos en blanco y me baje de un salto para irme hacia la casa.

A veces ellos dos eran tan… tan… no sabía cómo calificar a mis padres.

Recogí todo lo que necesitaba para irme al colegio y cuando Anthony se despidió mientras se alejaba en la patrulla trajo de nuevo el tema a mi mente, no entendían porque dudaban, vale Lizzi tenía una buena excusa para hacerlo.

Jamás hablaba de chicas con ella.

Nunca lo hacía, ni siquiera cuando me encontró las revistas debajo de la cama, sonreí un poco al recordar que, después de quemármelas y que utilizara su vos de madre desesperada porque su bebe estaba creciendo había cierta chispa de alivio en sus ojos.

Pero Anthony no tenía escusa ¡Hablo de chicas con él! ¿O es que mi esfuerzo por ser discreto a lo que se refiere en comentarios de chicas lo hizo dudar? ¿O es que bromeo demasiado con el tema? Porque, uh, bueno, nunca he dicho nada enserio de una chica con ninguno de ellos dos, usualmente las que les gustan a mi madre me sacan la piedra y a Anthony las únicas chicas que dice que son lindas es la de los Cullen.

Me reí un poco sombrío.

Anthony no tenía ni la más remota idea que era lo que exactamente nos gustaba, quizás sea un poco más abierto con este tema para aliviar la carga del pobre de mi padre o puede (solo puede) que lo haga sufrir un rato haciéndolo pensar que su único hijo es gay.

Después veo por cual me decido.

Escuche una corneta abajo y eche un vistazo por la ventana, el auto azul marino estaba estacionado afuera en la calle, me recordaba a mí mismo que tenía que dejar el orgullo de chico malo a un lado y ser razonable, suspire, todo sea por pasar cada segundo a su lado.

Vacile unos segundos con la mano en el aire para abrir la puerta pero mande todo al carajo y me subí para verla sonriente, relajada y como siempre perfecta e insoportablemente hermosa.

— ¿Fue demasiado duro? — sonrió con un brillo alegre en sus ojos, bien, estaba de un humor estupendo.

— un poquito pero sigue alto — reconocí.

— Con el tiempo te acostumbraras —prometió arrancando el auto y con esas palabras logro que mi corazón prendiera la marcha y mi cuerpo se emocionara.

¡Oh sí! ¡Tiempo! ¡Mucho pero mucho tiempo!

— ¿Cómo estás? —

— genial ¿Qué tal tú? —

— estupenda —

— Ya lo veo — murmure mirando por la ventana hoy cargaba unas sandalias de plataforma rojas que se amarraban a los tobillos — aunque me gusta más tu cabello suelto — reconocí metiendo mis manos en el abrigo para evitar soltarle la coleta alta.

— ¿Enserio? —

— sip —

— ¿Entonces no te gusta así? — pregunto con vos temblorosa.

¿Eso era duda lo que escuche en su vos? Me gire para verla y tenía un adorable puchero con el ceño fruncido, quise reírme de lo ridícula que estaba siendo en estos momentos, considerando que no había forma en que su belleza no me dejara con la mente jodida, quería decirle algo… cualquier cosa… pero en vez de eso, mi mano se estiro por voluntad propia y sin tocarla coloque un rizo (de los muchos que tenía suelto su coleta) detrás de su oreja, un estremecimiento la recorrió cuando volví a meter mi mano en el abrigo.

— Me gusta mucho así Bella — se removió en su asiento y mire por la ventana lleno de vergüenza, no sabía que más decirle, estaba seguro que muchos le habrán dicho eso.

¿Qué diferencia supone que se lo diga yo?

—Así que… — comencé para distraerme —¿Qué hiciste anoche? —

— ¡Oh no Edward! — Me advirtió sonriendo — no te escaparas, hoy me toca hacer las preguntas a mí — rio entre dientes y torcí el gesto, no lograba imaginar que algo en mi vida le pudiera resultar interesante.

— dispara —

— ¿Cuál es tu tipo de música predilecta? — pregunto con el rostro grave.

Puse los ojos en blanco.

— no tengo ninguna —

— ¿No te gusta la música? — inquirió llena de escepticismo.

— Claro que me encanta —

— ¿Entonces? — insistió en medio de un resoplido delicado y me reí de lo fácil que era hacerle perder la paciencia.

— depende del día es que me gusta la música —

— ¿Cuál te gusta hoy? —

— la salsa… probablemente—

— ¿Por qué? —

Bella lucia adorable cuando estaba confundida.

— porque significa calor —

— ¡Edward! —Gimió — ¿Te importaría ser más específico? —

— vale — acepte pasando las manos por el cabello — cuando bailas ese tipo de música te da calor y sientes como si tus músculos se quemaran, extraño el calor aquí, quizás consiga sentir eso haciendo deportes pero no es lo mismo a lo mejor porque el baile es mucho más… ¿Complaciente?—Me encogí de hombros — es como tomar el sol para broncearte o tomar el sol por gusto, son diferentes sensaciones en tu cuerpo—me miro como la misma vez en que le dije sobre la mostaza en mis papas, no comprendía porque mis pequeños delirios le fascinaban tanto.

— Tienes razón — decidió muy seria — la salsa significa calor — levanto una mano sin dejar de mirarme a los ojos y con cierta vacilación levanto alguna puntas de mis cabellos que habían caído en mi frente.

Estaba por atrapar su mano cuando rápidamente la aparto y me dio la espalda para aparcar el auto.

— ¿Qué música escuchaste anoche? —sus dedos tamborileaban en el volante de forma rápida y una traviesa sonrisa se dibujó en su rostro.

Bach

— ¿Por qué? —

— Sus melodías son tristes y apasionantes — sus ojos me escrutaron cómos si intentaran buscar la razón en mi rostro y se detuvieron en mis ojeras.

— ¿Por eso luces tan cansado? —

Asentí.

— No pude dormir — confesé pasando las manos por el cabello.

— yo tampoco — bromeo.

— Cierto — me reí — supongo que he dormido tantito más que tu —

— apostaría que sí —

Nos sonreímos cómplices y salimos de auto.

El resto del día pasó de forma similar.

Me estuvo preguntando cada insignificante detalle de mi existencia, cuando nos veíamos entre clases y toda en la hora del almuerzo, las películas que había visto y se sorprendió bastante de que admitiera que cuando vi Dulce Noviembre se me haya salido una lágrima ¡Pero no era mi jodida culpa! ¡Era por esa estúpida película cursi! Estaba seguro que si la volvía a ver, volvería a votar otra estúpida lágrima así que por eso la evito a toda costa, también me pregunto los lugares a los que quiero viajar, las historietas que había leído, las sinfines de olas que me gustaban, los modelos de tablas que eran mis favoritas y describir todo lo que pueda de las cinco mil canciones que habían en mi laptop.

No recordaba haber hablado tanto en un día, una tras otra venían las rondas de preguntas y cuando pensaba que la estaba aburriendo lanzaba más preguntas, sentía que era como de esos ridículos test de psiquiatría donde tenías que responder lo primero que se te viniera a la mente… de hecho hubieran varias preguntas que conteste de esa forma.

— ¿Tienes una gema favorita? —

— El topacio — conteste al instante.

— ¿Por qué? —

No le conteste.

Se supone que hasta hace poco era la esmeralda mi favorita porque amaba cuando a Lizzi le brillaban sus ojos igual que esas gemas, pero por supuesto Isabella vio el trasfondo de mi respuesta y me clavo sus hipnotizantes ojos.

— ¡Dímelo Edward! — ordeno cuando desvié la vista haciendo que pudiera mantener mi mente ordenada por unos segundos.

¿Algún día aprenderé a negarle algo?

— Es el color de tus ojos hoy — me pase las manos por el cabello — diría el ónix si me preguntaras dentro de dos semanas — fruncí los labios al ver que le había dado más de lo necesario a mi involuntaria honestidad.

Pero la extraña ira que estallaba cada vez que revelaba lo obsesionado que estaba con ella no se produjo y realizo otra ronda de preguntas haciéndome suspirar y responder.

Isabella me siguió preguntando hasta que entramos a Biología, la señora Banner entro con al aula arrastrando de nuevo ese equipo audiovisual y gemí internamente ¡No me jodas! ¿Es que esa asquerosa película no se va a acabar nunca? Sin poder aguantar las ganas y el deseo que me recorrían cuando estaba cerca de ella, aleje unos centímetros mi silla y me incline para apoyar el mentón en mis brazos.

La habitación se quedó a oscuras y la misma electricidad que me recorrió ayer fue igual o incluso peor de fuerte hoy.

Intente seguir la película con todas mis fuerzas pero era imposible, mi mente vagaba haciéndome soñar despierto, mis oídos zumban y sin querer evitarlo más me entregue al sueño…

Me levantaba y la rodeaba con mis brazos, acariciaría esa hermosa cabellera castaña y su rostro de porcelana, suspiraría miles de veces como el idiota enamorado que soy y después de ver esos ojos llenos de deseo mis labios tocarían los suyos, primero lentamente solo permitiéndome saborear el momento luego arrastrado por mi deseo mis labios ganarían velocidad y mis manos territorio hasta llegar a esa pequeña y deliciosa cintura para pegarla más a mi cuerpo haciéndola sentir…

— hasta luego estudiantes — la profesora encendió las luces y me desperté de mi ensueño.

¿Qué demonios…?

Mire a mi alrededor y ya la hora había acabado.

Encandilado con la luz y con todo lo que me estaba imaginando, inspire profundamente y solté contando hasta diez ¿Era necesario esta tortura? ¡Claro! Si soy un idiota masoquista por supuesto que tenía que torturarme pensando locuras, ahora no podré mirarla a los ojos sabiendo que me estaba imaginando el comienzo de cómo le haría el… ¡Ya no más! ¡Joder!

Nos detuvimos en la puerta del gimnasio y viendo todo el problema que se formó ayer porque casi la abrace pensé que quizás tomarle la mano no pasaría nada.

— Ya que no te gustan los abrazos… — sonreí alzando su mano y rozando apenas con mis labios su piel helada sus ojos se abrieron con sorpresa y luego se desbordaron una emoción que no sabía ponerle nombre.

— Edward — susurro bajando la cabeza y quitando su mano de la mía, sonreí ampliamente entrando al gimnasio ahora me sentía como todo un chico malo ya que logre hacer ruborizar a Isabella Cullen… bueno solo metafóricamente hablando.

La clase paso rápidamente mientras estaba de nuevo en una silla con un uniforme color rojo esperando a que fuera mi turno de jugar al Bádminton a pesar de que deseaba encestar un par de puntos y los chicos de segundo me dejaron unirme a ellos, el entrenador no me dejo hacerlo porque era mi obligación hacer el deporte que me tocaba.

¡Bah! ¡Puras chorradas!

Cuando me toco jugar con Jessica resulta que no sabía jugar bien y por poco me da en la cabeza (vale eso ya no sería una novedad) al final ganamos contra el equipo amarillo y pensé que se me lanzaría encima para celebrar pero no lo hizo, se fue con las otras chicas y me pregunte si seguía enfada por lo de ayer quizás pueda hablar con ella y… ¡Nah! Tenía cosas más importantes como para preocuparme por eso.

En los vestuarios me tropecé dos veces antes de terminarme de cambiar en mi afán por estar con Bella rápido y estaba a punto de salir cuando dos chicos me atajaron pidiéndome una opinión sobre unas jugadas en el básquet, esto tenía que ser el maldito Karma.

Corrí fuera del gimnasio y me tropecé de nuevo antes de detenerme para verla riéndose y con sus ojos hermosamente brillantes y dulces.

— Pareces agitado — comento volviéndose a reír.

— ¡Que va! — le reste importancia con la mano tratando de tapar mi vergüenza y sonrió lanzándome otra nueva ronda de preguntas.

Ahora eran más personales y desde luego no fáciles de responder, me estruje el coco buscando una explicación detallada de cosas imposibles de describir como el aroma de la creosota, el silbido seco del viento en mis oídos, la sensación de la arena debajo de mis pies, las dimensiones del cielo que se extendía sin límites ni interrupciones y el sonido de las olas rompiéndose contra las rocas de los rompeolas.

— ¡No lo entiendo! — se quejó cruzándose de brazos y haciendo un puchero, ya me había dado cuenta que Isabella odiaba mostrar debilidad, no le gustaba no saber o entender cualquier cosa y eso me provocaba ternura.

— Su belleza no depende de la vegetación dispersa y escasa — comencé a explicar porque me resultaba tan hermoso aquel lugar — sino de las sensaciones que produce, puedes perderte en el sonido del mar cerrando los ojos, puedes sentir la calidez de la luz de sol sobre tu piel, puedes ver como el viento azota las palmeras y traen el olor del cielo infinito… — suspire sonriendo — tantas sensaciones—

Hizo una pausa sin quitarme los ojos de encima y cuando estaba a punto de preguntar si ya había acabado me lanzo otra, ahora tenía que describir como era la casa de Charlie hasta que solo quedo un espacio cual explicar:

— ¿Cómo era tu habitación en L.A? —

— una ventana enorme de cristal…—

— Me lo imaginaba — se burló con una sonrisita.

La ignore.

—… grande y espaciosa de color rojo y negro, mi cama estaba frente a ella con dos mesas de noche donde estaban dos lámparas de negras al igual que las sabanas de mi cama, había un escritorio al lado de la puerta con un ordenador y muchos papeles, cuadernos y libros regados, al lado de la ventana mi closet doble puerta donde solo habían caquis y camisetas, un perchero lleno de gorras de todos los colores y mis zapatos en cualquier lugar de la habitación, debajo de la cama había más gavetas donde guardaba mis historietas y detrás de la puerta llena de fotos de mi madre, Charlie, Ethan y Kellan junto algunas de Anthony y por último dos afiches enormes de Megan Fox uno estaba encima de mi cama para poder verla cuando me acostaba y levantaba y el otro estaba en medio de la ventana y el escritorio —

Tardo unos segundos jugando con un mechón de su cabello y cuando levanto sus ojos a mi descubrí que ya se había hecho una imagen del como podía ser mi desordenada habitación.

— Luce bastante masculino — admitió.

— heee… ¿Gracias? —

Negó con la cabeza sonriendo.

— Pensé que tu madre pudo haberla decorado —se encogió de hombros restándole importancia —no pensé que usarías negro y rojo —

— En realidad — admití sintiéndome avergonzado y ella sonrió ampliamente — escogí esos colores porque en ese tiempo estaba obsesionada con las energías y todas esas mierdas del Chakra y para evitar que entrara a husmear mis cosas que según ella le dice ordenar la llene de energías negativas — se rio complacida por haber tenido la razón y podía ver en sus ojos el brillo divertido que le encontraba a mis palabras.

— Tu madre y tú tienen una relación bastante peculiar — dijo en un suspiro, luego miro al cielo y las comisuras de sus labios se bajaron.

Quise ver porque su ánimo había bajado cuando me di cuenta de lo gris que estaba el cielo y salte en mi asiento.

— ¡Mierda Anthony! — Exclame recordando su existencia — ¿Ya es muy tarde? — pregunte buscando la hora en el salpicadero del auto pero estaba apagado y no conseguí saberla.

— Es la hora del crepúsculo — murmuro de forma pensativa, su mirada estaba perdida en el horizonte como si su mente estuviera en algún lugar lejano —es la hora más segura para nosotros, es el momento más fácil, pero también el más triste, en cierto modo… el fin de otro día, el regreso de la noche — sonrió con añoranza — la oscuridad es demasiado predecible ¿No crees? — pregunto clavando sus ojos en los míos.

—Me gusta la noche, jamás veríamos las estrellas sin la noche — fruncí el ceño — no es que aquí se vean mucho que digamos — se rio y repentinamente su ánimo volvió a ser alegre.

— Anthony está por llegar y si no quieres que se entere que vas conmigo el sábado…—

— Mensaje captado — la corte recogiendo mi mochila del piso y abriendo la puerta sonreí al ver que había optado por hacer sufrir un ratito más a mi padre con la cuestión de mi sexualidad.

¡Eso se lo tiene merecido por dudar de mí!

— ¿Has terminado? —

— ¡Ni por asomo! — dijo con fingida indignación rodé los ojos — todavía no te he dicho que terminara ¿O sí? —

— ¿Qué más queda? —refunfuñe.

— Mañana lo sabrás — su boca coralina formo una sonrisa torcida y traviesa y me reí entre dientes, estire mi mano para acariciar su mejilla y mi corazón palpito alocadamente cuando no se retiró.

De hecho acerco el rostro levemente y estaba a punto de colocar mi palma completa cuando su cuerpo se quedó rígido y estrecho los ojos con fiereza.

— Mal asunto —

— ¿Qué pasa? —

— Otra complicación — murmuro mientras arrugaba la nariz y se acomodaba para encender el auto— nos vemos mañana Edward — se despidió mirando hacia el frente, unos faros brillantes llamaron mi atención y supe que Anthony estaba cerca pero no venía solo.

A pesar de la confusión y curiosidad baje del auto y cerré de un portazo, la luz de los faros iluminaron a Isabella que tenía el ceño fruncido con frustración y la barbilla ligeramente sobresalida en señal de desafío, acelero el motor en punto muerto y en cuestión de segundos el Audi desapareció de mi vista.

— ¡Hola Edward! — saludo una vos llena de entusiasmo.

— ¿Maggie? — pregunte parpadeando confuso.

— la misma que viste y calza — incluso en la oscuridad pude ver su amplia sonrisa, se bajó del auto y detalle al que iba sentado como copiloto.

Se sentaba un hombre mucho mayor y corpulento sus ojos eran sorprendentemente familiares jóvenes pero al mismo tiempo viejos, reconocí a Billy Black a pesar de haber estado mucho tiempo sin verlo, me miraba fijamente por lo que levante la mano para hacer un ademan a modo de saludo, pero su expresión era de sorpresa, pánico y resoplaba por la nariz haciendo que me paralizara a mitad de camino y la deje caer de nuevo.

Otra complicación… había dicho Bella ¿Había reconocido a Bella? ¿A pesar de que es el jefe de la tribu creerá en las leyendas de la cual su hija se había burlado? Su mirada se volvió más intensa y gemí internamente, la respuesta era clara… si, por supuesto que lo creía.

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