Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.

Capítulo 12

— ¡Billy! — Le llamo Anthony tan pronto como se bajó de la patrulla — Maggie voy a ser como que no te he visto al volante — dijo con reproche y ella se rio sin un ápice de vergüenza.

Sonriendo me encamine para abrir la puerta consiente de que me seguían.

— En la reserva se consiguen muy pronto jefe — bromeo y de reojo pude ver lo perfectamente dulce y creíble que lucía su rostro.

— Claro, claro niña — replico riéndose.

Deje la puerta abierta y corrí escaleras arriba para dejar la mochila y cambiarme de camisa por una camiseta de manga corta, baje justo en el momento en que Anthony trataba de subir la silla de rueda por las escaleras y tan ansioso como estaba lo ayude a entrar a la casa.

— ¿Qué hacen por aquí? No los esperaba — comento Anthony.

— queríamos dar una vuelta espero no sea mal momento — respondió Billy posando sus inquisitivos ojos en mí.

¡Ugh!

— ¡Que va! —Le restó importancia con una mano —así podemos ver el partido todos juntos —

Maggie sonrió ampliamente.

— Entonces crucemos apuesta jefe — dijo mirándolo con desafío — diez pavos a que gana Detroit— los ojos de mi padre brillaron aceptando el reto y supe que esto era una revancha.

— hecho niña pero si gano no volverás a conducir hasta que tengas permiso — asintieron de acuerdo muy seguros de sí mismos y Billy se rio entre dientes.

—Al menos con esto — dijo arrastrando la silla hacia dentro — Maggie obtendrá dinero y me dejara de molestar para ver a Edward — mis ojos se abrieron de golpe y estaba seguro que las mejillas de Maggie estaban carmines.

Anthony arqueo una ceja en mi dirección y le fruncí el ceño.

— ¿Tenéis hambre? — Pregunte escabulléndome hacia la cocina — preparare sándwiches — recibí muchas respuesta afirmativas y asentí a nadie en particular.

Sentía una oleada de arrepentimiento quizás había exagerado y me habría visto demasiado convincente para la pequeña princesa, bufe enfurruñado, ahora Anthony estará más quisquilloso con respecto a temas incómodos… ¿Cuál escogerá? ¿La abejita y la flor o te acepto por cómo eres? Reí de solo imaginármelo en cualquiera de los dos contextos.

— quien ríe solo…—

— De sus travesuras se acuerda — complete la frase y me gire para ver a Maggie sonriendo llena de entusiasmo sin poder evitarlo le sonreí de vuelta era tan fácil dejarse llevar por ella.

— ¿Te hecho una manito? —inquirió colocándose a mi lado

— claro… ten corta los tomates… ¿Y qué tal te ha ido? ¿Terminaste tu auto? — hizo un puchero negando con la cabeza.

—Aún me faltan piezas — suspiro — hemos pedido prestado ese para poder ver el juego, nuestra televisión se estropeo —

— Oh… ya —

— ¿Y cómo te va Ed? —

— bastante genial —

— ¿Qué pasa con el monovolumen? — Pregunto con una repentina sonrisa de oreja a oreja — ¿Algo no funciona? —

Ladee la cabeza confundido.

— No, va perfectamente ¿Por qué? —

— Ah — resoplo quitándose un mechón de cabello de la cara — me preguntaba porque no lo conducías —

¡Santa cachucha!

— Hecha los tomates ahí — murmure señalando el plato, asintió y comenzó a hacerlo mientras clavaba mi vista en el sartén ya que le daba vueltas y vueltas a los sándwiches — ¿A tu padre le gusta con todo? —

— Sep… ese viejo come lo que sea —dijo comenzando a limpiar el desorden — ese auto es fantástico y el color es muy bonito aunque preferiría el rojo, tu sabes, para parecer una torpedo a toda velocidad — me guiño un ojo y me reí entre nervioso y divertido.

— di un paseo con una amiga y si ese auto es bastante potente —

— Seguro que si — murmuro coloco los platos en la encimera y fui dejando cada sándwiches — aunque no reconocí al conductor — frunció el ceño confusa — creía reconocer a la mayoría de los chicos por aquí —

— ¿Ahora estas alardeando princesa? — me burle enarcando una ceja y su cara mostro indignación.

— ¡Claro que no! — replico.

— ¡Oh vamos! —Sonreí— no tienes por qué ser tan modesta entiendo todo eso de la fama… la realeza… los fans…—

— ¡Ni que fuera Paris Hilton! — se lanzó el cabello hacia atrás y se cruzó de brazos con un morrito furioso provocando que riera.

Se veía tan mona cuando se cabreaba.

—A veces me provoca golpearte— murmuro rodando los ojos — pero enserio papá parecía conocerle de alguna parte — suspire volviendo a temas pantanosos y asentí sin comprometerme.

— ¿Quieres sacar las cervezas del refrigerador? — señale el congelador.

— Claro — cuando tuvo cuatro cervezas en las manos fruncí el ceño y ella pareció advertirlo porque me miro arqueando una ceja — ¿Qué? ¿No puedo tomarme una? —

— No —

— ¿Por qué? —

— Eres una niña — refunfuñe.

—Edward enserio necesitas meter tu sándwiches en la boca — rodo los ojos y bufe volviendo con lo mío — ¿Quién es? — insistió mientras abría las latas.

Suspire derrotado.

Algo hay en el aire de este pueblo que me vuelve un blandengue.

— Isabella Cullen — solté a regañadientes.

Para mi sorpresa rompió a reír y tuvo que echarse el cabello hacia atrás ya que le había caído todo en la cara.

— Lo siento, lo siento — balbuceo avergonzada consiente de que la estaba mirando — es que eso explica muchas cosas — comento amarrándose una desastrosa coleta alta — me preguntaba porque mi papá se comportaba de un modo tan extraño —

— Oh ya — simule una expresión inocente — al viejo rey no le gustan los Cullen —

— ¡Viejo rey! ¡Puaj! — Hice una mueca — Solo es un viejo supersticioso —

— ¿Crees que se lo diga a Anthony? — no pude evitar preguntárselo.

— lo dudo — dijo llenándome un poquito de alivio — el jefe le dio una buena reprimenda la última vez y desde entonces no se han visto mucho — agarro una lata de cerveza y un plato con el sándwich— parece que esta es como una especie de reconciliación y no creo que lo vuelva a mencionar —

— Ah vale princesa — acepte imitándola.

— ¡Enciendan la televisión que ya le llevamos la comida! — grito entusiasmada y la seguí aun alerta a pesar del poco de alivio que sentía.

Un batazo fuera del campo y Detroit gano por cinco carreras.

— ¡Has perdido jefe! — Chillo Maggie levantándose del sofá y haciendo un gracioso baile de la victoria — ¡Paga! — ordeno estirando una de sus pequeñas manos y Anthony en medio de bufidos le dio el dinero.

Me solté a reír mientras escuchaba como Anthony refunfuñaba cosas como ni siquiera apoyo moral Eddie, mal hijo, mal hijo.

Fue una larga noche y tenía muchos deberes sin hacer, pero como temía dejar a Anthony a solas con Billy me quede viendo el partido lo que se hizo entretenido al tener a Maggie quejándose y aplaudiéndole a su equipo favorito, a pesar de eso, estaba pendiente de la conversación de los viejos, dispuesto a detener a Billy llegado el momento preciso.

— ¿Vas a usar tu permiso real pronto Ed? — pregunto Maggie empujando la silla de Billy fuera del umbral.

— No estoy seguro — conteste evasivo— tengo muchas cosas del instituto además no tengo tabla de surf —

— Bueno esto ha sido bastante divertido y productivo — reí sabiendo que se refería al dinero ganado —Anthony nos ha invitado de nuevo… ¿Cierto jefe? — le pregunto sonriendo con sus ojos negros brillantes y engatusadores.

— Seguro, seguro niña — animo Anthony medio sonrojado y me mordí la boca para evitar burlarme de mi padre… parece que todo hombre en el fondo desea una pequeña princesa a quien cuidar.

— Vale por aquí estaremos — aseguro Billy — que paséis una buena noche — sus ojos me enfocaron y su sonrisa desapareció al agregar con gesto serio —: Cuídate, Edward —

— Billy… señor… jefe… lo hare, lo hare — balbucee algo coherente pasándome las manos por el cabello y desviando mi vista.

Entre a la casa y mientras buscaba otra cerveza para subir corriendo a hacer mi tarea Anthony me detuvo:

— Hey Eddie — me llamo haciendo que me encogiera.

¿Es que ni siquiera puedo espiar bien a la gente a solo unos metros de distancia?

¡Diablos no puedo ser tan malo!

Me gire para verlo a la cara y solté aire (que no sabía que estaba conteniendo) ya que Anthony seguía relajado y sonriente a causa de la visita de esta noche.

— Quería hablar un rato contigo — llego hasta mi lado — ¿Qué tal te ha ido hoy? —

— Uh, bueno, genial como siempre — comenzamos a caminar hacia las habitaciones y busque algo que pudiera compartir sin comprometerme — hoy he ganado en el Bádminton

— ¿Enserio? —

— sí, fue entretenido aunque fuera preferido el básquet —

— lo supuse… ¿Y qué te dijo el profesor?—

— Creo que me la está aplicando porque no acepte ser el capitán del equipo — nos reímos y torpemente Anthony palmeo mi espalda — aunque no te creas el Bádminton es un deporte de alto riesgo sobretodo con mi compañera es un tanto peligrosa con una raqueta— abrí la puerta y una chispa de interés brillo en sus ojos color whisky.

— ¿Quién es? — inquirió esforzándose por no sonar entrometido.

— Eh... Jessica Stanley —

— Ah, sí, me dijiste que eres amigo de ella — se pasó las manos por el cabello y estreche los ojos — ¿Por qué no le pides para que vaya al baile contigo? —

— Papá — masculle recargándome en el marco de la puerta pensaba disfrutar esto — ella está saliendo con mi amigo Mike —

— Oh bueno —

— Además no es como si me interesara la chica — me encogí de hombros y sus ojos me miraron llenos de preguntas — es muy rosa por así decirlo no aguantaría una noche de…—

— ¡Edward Mesen! — chillo apuntándome con un dedo severamente.

— ¡¿Pero que dije?! — Resople cruzándome de brazos — solo decía que no aguantaría una noche de fiesta montada en los tacones que a mí me gustan — pareció tomar aire profundamente y dejo caer los hombros presos de la rigidez.

— Vale, eso está mejor — suspiro con una sonrisita caminando hacia su habitación pero entonces se paralizo a mitad de camino y esta vez fui yo quien sonrió maliciosamente — espera… Eddie… ¿Dijiste en los tacones que a ti te…? — cerré de un portazo y me lance a la cama enterrando mi cara en la almohada mientras reía a todo pulmón.

Anthony me confundía, si hablaba de una chica era malo y si no lo hacía también… ¿Entonces qué demonios tengo que hacer?

Esa noche dormí mejor porque me encontraba tan jodidamente cansado que hasta la ropa me deje (lo cual es una hazaña memorable en mi) no hubo sueños ni nada raro y cuando me desperté ni siquiera ese cielo gris perturbo mi estado de ánimo, todo lo malo de anoche lo había mandando a la chingada y solo los chillidos y el baile gracioso de la victoria de Maggie quedaron en mi memoria.

Me enfunde unos jeans, un suéter y como no tenía nada mas decidí colocarme la chaqueta del Barcelona que me regalo de mi madre, la tenía hace unas pocas semanas pero no había tenido ocasión de usarla.

Supongo que me toca hacer la colada.

Anthony desayunaba en la mesa mirando el periódico y recordando lo de anoche no creo que me interrogue con respecto a mi vida amorosa tan pronto.

Sonreí divertido.

— ¡Hey pá! — salude sentándome a su lado y empezando a comer lo único que sabía preparar bien, huevos revueltos y tocino.

— estas muy animado esta mañana — comento ojeando las páginas.

— es viernes —

—sí, claro — murmuro distraído — y mañana sábado —

— A menos que el presidente haya decidido agregar un día más a la semana… — me encogí de hombros de forma desinteresada y metí un tocino a mi boca.

— Bueno he estado pensando — comenzó aclarándose la garganta sin despegar ni un segundo los ojos del periódico —que supongo que es mejor que te vayas a Seattle mañana, parece que va hacer calor de verdad y los chicos de la comisaria y yo hemos planeado un día de pesca, pero me puedo quedar en caso si quieres posponer tu viaje hasta que alguien pueda acompañarte — por primera vez me miro preocupado — te dejo aquí solo mucho tiempo y pienso que estoy fallando en algo —

— Anthony lo estás haciendo realmente genial — sonreí con la esperanza de ocultar mi alivio de que se haya dado por vencido — nunca me ha preocupado estar solo ¿Recuerdas que soy tu hijo? —

— no podría olvidárseme —

— Pues, vale, ándate tranquilo — alce el puño y ladeo la cabeza confundido — se supone que tienes que chocar tu puño con el mío — rodé los ojos.

— Uh, vale, de acuerdo — balbuceo sonrojándose y chocándome el puño torpemente.

Cuando Anthony se fue me calce los zapatos y corrí hacia afuera, Bella ya estaba esperándome con las ventanillas del auto bajadas y el motor apagado, como ya me había preparado mentalmente y reforzado mi orgullo subí al Audi sin vacilar.

Su rostro era incluso mucho más hermoso que ayer, gemí internamente, no podía haber ángel más bello que Isabella Swan, su boca coralina tenia dibujada una sonrisa traviesa que me robaba el aliento y me paralizaba el corazón.

Estoy volviéndome tan cursi… ¡Ugh!

— ¿Cómo has dormido? — me pregunto.

¿Sabía lo malditamente atrayente que resultaba su vos? Me sentía como un Ícaro yendo hacia la luz.

—Bien— suspire — ¿Qué tal tu noche? —

—Como un sueño — murmuro complacida y sonrió con esa sonrisa que guardaba un secreto.

Sentí que el bichito de la curiosidad me picaba con fuerza.

— ¿Puedo preguntarte que hiciste? — se mordió la boca y negó con la cabeza, sus ojos despedían un brillo travieso pero a la misma vez era… ¿Vergüenza?

—este día sigue siendo solo mío —

Refunfuñando asentí.

Quería saber cosas sobre la gente, sobre Elizabeth, sus aficiones, que hacíamos juntos en nuestro tiempo libre y luego sobre el único abuelo que había conocido, mis pocos amigos y se mostró maravillada y muy divertida con las cosas que le decía de Ethan y Kellan y… me calle cuando pregunto sobre las chicas con las cuales había tenido citas.

— ¿En L.A no te gusto ninguna chica? — el escepticismo estaba impregnado en cada palabra.

Bufe.

— ¿Megan Fox cuenta? —

— No —

— entonces no —

Frunció el ceño.

— ¿Y no le gustabas a nadie? —pregunto en un tono tan serio que me pregunte que estaría pensando.

— Isabella no me gusta nada este tema de conversación — murmure secamente e implemento una de sus mejores armas para sonsacarme la verdad.

Sus engatusadores ojos.

— Solo tengo curiosidad — sonrió con aires de niña buena — apuesto que tu también tienes curiosidad — ante eso mis pies se clavaron en el suelo y conecte mis ojos con los suyos.

— Si — admití.

Sonrió ampliamente.

— vale responde y luego yo te respondo una pregunta —

— hecho —

— ¿No te ha gustado nadie de verdad? —

— una vez tuve una clase de enamoramiento — torció la boca y sus ojos lanzaron un destello de furia — era mi profe de mate, se iba de la cuidad y me subí a un árbol a espiarla —

— ¿Primera infracción adolecente? — aventuro.

— si —

— Estoy seguro que sabías si le gustabas a alguien — hice un mohín y la chispa divertida brillo de nuevo.

— según Ethan y Kellan había un puñado de niñas que iban algunas veces a verme en las pista de esqueí ¿Eso cuenta? —

— ¡Oh claro que sí! — Soltó una risita y su cuerpo dio leves saltitos haciendo que sus risos revolotearan en el aire — pero nunca tuviste una cita con ninguna — negué con la cabeza — ¿Entonces no te ha gustado ninguna chica? — negué de nuevo.

—No me gustan las chicas — declare solemne y con la valentía que no sabía de dónde demonios me había salido agarre su mano alzándola a mis labios — me gustan los ángeles — abrió sus ojos de par en par y disfrute como se sintió eso.

No todos los días dejas sin palabras a Isabella Cullen.

Solté su mano temiendo que fuera demasiado y comenzamos a caminar aunque yo difícilmente caminaba, el termino perfecto seria flotar, pero aun en mi atolondramiento sabía que tenía una pregunta que hacerle.

— ¿Y tú no has tenido una cita nunca? —

Alzo sus ojos a los míos y sonrió traviesa.

— la primera vez fue contigo —

— ¿Pero cómo…? —

— Ah-ah — me corto negando con la cabeza — dije que respondería una pregunta — se burló entrando a la cafetería para ir hacia la fila de la comida seguida de mí.

Me aguante en sacarle la lengua.

Vampira odiosa y astuta.

El día había transcurrido lentamente en medio de ese borrón que se estaba convirtiendo en rutina, aproveche que había hecho una pausa y comí una rosquilla de chocolate rellena y una coca.

— Sabes… — murmuro pensativa — debiste haber conducido hoy — dijo dejando de lado el interrogatorio.

Ladee la cabeza.

— ¿Uh? ¿Por qué? —

— me voy con Alice después del almuerzo —

— Mmm… ya — parpadee confuso y desencantado — me gusta caminar — su rostro se llenó de indignación — ¿Qué? —

— No te dejare ir caminando Edward —

Puso los ojos en blanco.

Ya podía imaginarme las letras verdes fluorescentes que decían: mamá gallina '' ACTIVADO ''

— no me importa caminar enserio — insistí, lo que me importaba es disponer de menos tiempo en su compañía.

— tomaremos tu auto y lo dejaremos aquí para ti — aseguro.

— no llevo la encima — una sonrisita se formó en mis labios estaba seguro que la llave estaba en uno de los jeans en la pila de ropa para lavar.

Jamás la encontraría, ni siquiera porque empleara cualquier truco vampírico especializado en buscar llaves de camionetas pudo ver el desafío en mis ojos ya que su boca formo una sonrisa llena de confianza y a la misma vez juguetona.

— tu monovolumen estará aquí y la lleve en el contacto — aseguro de nuevo demasiada segura de si misma.

— Como digas — acepte.

Termine mi rosquilla y cruce los brazos sobre la mesa.

— ¿Y a dónde vas a ir? — pregunte con el tono más natural que me salió.

—De caza — replico secamente y su expresión se volvió ilegible —si voy a estar a solas contigo mañana are lo que sea para mantenerte a salvo… siempre puedes cancelarlo — la súplica en sus ojos y vos me hicieron bajar la mirada.

Sabía de antemano lo persuasiva que podía resultar cuando se proponía algo y estaba determinado en jamás tenerle miedo, esto iba mucho más allá del orgullo, era lo importante que era ella para mí a pesar de lo real que pudiera ser el peligro.

No importa nada, solo ella, solo ella… me repetía en mi fuero interno.

Alce la mirada y el color de sus ojos pareció oscurecerse en cuanto supo cuál sería mi respuesta.

— No puedo — susurre plantándole cara.

— Tal vez tengas razón — murmuro sombríamente.

— ¿A qué hora te veré mañana? —

— es fin de semana ¿No quieres dormir hasta tarde? —

— no —

¿Dormir hasta tarde? ¡Puf! Si lo que hago es solo soñar con ella no haría ninguna diferencia a la hora de despertar… aunque claro la realidad siempre será mucho mejor que los sueños.

— A la misma hora de siempre entonces — contuvo una sonrisa — ¿Estará Anthony? —

— Se va de pesca — sonreí abiertamente del modo en que todo se había solucionado tan fácil y sin siquiera esforzarme mucho.

— ¿Y si no vuelves? — pregunto cortante.

— No tengo ni la más jodida idea Isabella — replique con frialdad.

Un gruñido broto desde el fondo de mi garganta y ella me miro levemente sorprendida para luego fruncirme el ceño, su rabia era mucho más impresionante que la mía, pero no me deje intimidar… esta vez no.

— ¿Qué cazaras esta noche? — pregunte aun enfadado.

Soltó un suspiro resignado y la comisura de mi boca se elevó.

Parece que gane el concurso de ceños.

Oh, sí, era todo un chico malo en estos momentos.

— Cualquier cosa que encuentre en el parque — parecía fascinada a mi tono informal que le daba a sus actividades secretas — no iremos lejos —

— ¿Y porque Alice? —

Ladee la cabeza.

— Alice es la más… compasiva —

— ¿Y los otros? — Pregunte casi en un susurro — ¿Cómo se lo toman? —

— la mayoría con incredulidad —

Mire a su familia lo más discreto que pude y estaban justo como lo encontré el primer día en el institutito solo que había una sola diferencia, su hermosa hermana de precioso cabello caoba rojizo por alguna razón inexplicable del universo estaba sentada frente a mi mirándome de forma turbada.

— No les caigo muy bien que digamos — dije más para mí mismo que para ella.

— No es eso — sus ojos lucían hermosamente inocentes como para mentir — no entienden porque no te puedo dejar — sin poder evitarlo me reí entre dientes — ¿Qué? —

—Para serte sincero yo tampoco lo entiendo —sonreí de oreja a oreja y Bella rodo los ojos mientras se acercaba y apoyaba los codos en la mesa.

Sus hipnotizantes ojos se clavaron en los míos.

— No te ves a ti mismo con claridad — sonrío — lo que es un pena para alguien tan único y diferente como tú — la fulmine con la mirada y ella se rio ahuecando su cuello con una mano — te digo que me fascinas y tú piensas que es una broma… eso es lo que lo hace más dulce —

— Patrañas — masculle por lo bajo.

— Disfruto de una superior comprensión de la naturaleza humana — hizo como que se desenredaba un rizo pero en realidad me señalo la frente — las personas son predecibles, pero tú nunca haces lo que espero, siempre me pillas desprevenida —

Ahora bien, sus palabras me hicieron sentir como un diminuto cobaya.

— Esa parte resulta fácil de explicar — mire de nuevo a su familia mientras sentía sus ojos fijos en mi rostro — pero lo demás no es tan sencillo expresarlo con palabras…— de la nada me encontré atrapado en la mirada de su rubia y muy hermosa hermana llamada Rosalie.

Pensé que quiso echarme un vistazo, pero esta jodidamente equivocado si pensaba que era para eso, sus ojos oscuros y fríos demostraron la feroz aversión hacia mí y trague saliva pesada, Isabella soltó un leve murmullo ininteligible y Emmett palmeo el hombro de Rosalie haciendo que liberara mis ojos del embrujo de los suyos.

Volví mi cabeza para mirar a Bella medio turbado todavía, tenía el rostro tenso y angustiado, sobra decir que las alertas de mamá gallina estaban por los cielos.

— Lo siento, lo siento, lo siento — soltó rápido — ella solo está preocupada, ya ves… después de haber pasado tanto tiempo contigo en público no es solo peligroso para mi si…— se mordió el labio retorciendo sus manos con desesperación.

— ¿Si…? —

— si las cosas van mal —

Dejo caer la cabeza con muchos risos tapando su cara y quise hacer algo para aliviar su angustia, pero estaba demasiado perdió y algo turbado como para poder hacerlo, instintivamente mi mano se estiro hacia ella y luego me paralice en el aire dejándola caer de nuevo no era necesario agregarle más debates internos porque a mí se me haya antojado tocarle, ahora en vez de ayudar empeoraría las cosas, sabía que sus palabras deberían asustarme y no voy a negarlo espere a que llegara el miedo.

No lo hizo.

En vez de eso sentía un profundo dolor por su pesar y frustración no solo porque no conseguía el modo de ayudarla sino que también con su hermana, Rosalie, por haber interrumpido lo que sea que estaba a punto de decirme, el bichito de la curiosidad comenzó a picarme pero no tenía ni la más remota idea de cómo sacarlo a colación.

Mi suerte es tan hermosa ¿No creen?

— ¿Tienes que irte ya? —

— Si — contesto alzando el rostro, por un momento su rostro era como el mármol, completamente ilegible luego una arrebatadora sonrisa se formó en sus labios y eso termino por marearme.

¿Los vampiros pueden ser bipolares?

— será lo mejor en Biología hay que aguantar esa espantosa película por más tiempo — arrugo la nariz con desagrado — no creo que lo aguante más… Hola Alice — saludo a su hermana sin desviar la mirada de mi di un respingón y cuando gire mi rostro su pequeña hermanita estaba detrás de mi hombro.

Su cabello tiraba para todas las direcciones de un negro como la tinta y su figura era delgada, esbelta y grácil… era hermosa y tan pequeña que sin querer me la imagine como la última muñeca rusa.

— Hola Bells — saludo ella y su vos era como de soprano, casi tan atrayente como la de su hermana.

— Edward te presento a Alison — me levante de golpe y extendí mi mano indeciso, ella miro mi mano con un gesto inescrutable y estaba punto de retirarla cuando me la estrecho con delicadeza.

Sus manos se sentían aún más pequeñas que como se veían.

— Solo dime Alice — asentí y sus labios formaron un sonrisa cordial — es un placer conocerte… al fin —está ves la sonrisa se volvió un poco más divertida, soltó mi mano y Bella le dirigió una mirada sombría.

— Hola Alice — balbucee pasándome las manos por el cabello y su mirada de inmediato voló siguiendo mis movimientos y ladeando levemente la cabeza.

— ¿Estas lista? — le pregunto sin despegar la vista de mí.

¿Trágame tierra?

— Unos minutos — su vos sonó distante mientras se colocaba delante de mí como queriendo taparme con su menudito cuerpo — espera en el auto — ordeno haciendo que Alice enarcara una ceja y con una sonrisita se dio la vuelta y se alejó casi bailando hacia la puerta de salida.

Intente con todas mi fuerzas no imaginármela con alitas en su espalda pero falle miserablemente, reprimí una risita y baje la cabeza para encontrarme con la mirada de Bella.

—debería decir…—

— ¿Qué te diviertas, tal vez? —

— Entonces — sonreí esforzándome por parecer sincero — que te diviertas Bella —

— lo intentare y tu mantente a salvo —

— ¿En Forks? ¡Menudo reto! —

— Con tu suerte si lo es — hizo un puchero con sus ojos rogones — prométemelo —

— ¿O si no? — rete.

— Te envolveré en goma espuma y te empaquetare hasta que regrese — el brillo tan serio y amenazador en sus ojos me hicieron abrir los míos de golpe y asentir dos veces seguidas.

— tranquilízate prometo mantenerme en una sola pieza — declamé — are la colada y lavare la camioneta nada demasiado emocionante — me encogí de hombros y sonrió apagando las alertas de mamá gallina.

— Vale — suspiro — cuida que tus pies no se traben con la manguera — bromeo.

— Tratare de caer de sentado — murmure alzan la mano y jugueteando con un mechón de su cabello que se enroscaba de forma caprichosa en su cuello — te veré mañana — musite sintiendo la sedosidad en mis dedos.

— ¿Te parece mucho tiempo? —

—Infinidad de tiempo — murmure con desanimo.

— Estaré puntual, mañana en tu casa — prometió suspirando.

Asentí y alce más mi mano deslizando con suavidad mi dedo en su mejilla, bajo sus ojos y las comisuras de su boca se elevaron.

Resistí la tentación de hacer novillos ya que una parte de mi me decía que todos darían por sentado que me había fugado con Isabella, así que desterré todo pensamiento que no fuera hacer las cosas más seguras para ella.

Todo es por ella.

Tenía la certeza de que mañana sería un momento crucial, nuestra relación no podía seguir en el borde del acantilado, no me arrepentiría de nada incluso si no llegara a pasar lo que sea que mi mente idiota imagine a su lado, ya habida tomado una decisión incluso antes de darme cuenta y me comprometí a llevarla a cabo hasta el final.

No había nada más terrible que la idea de no verla más, era tan doloroso que ni siquiera pensaba en eso y no solo porque era insoportable sino porque me resultaba imposible abrirme pasó a esa posibilidad.

Para cuando me di cuenta ya estaba en gimnasia y Jessica me volvía a dirigir la palabra, así que para distraerme unos segundos le dije que no iría a Seattle porque la camioneta estaba jodida, desterré toda posibilidad de que me iría a ver con Bella y logre enfurruñarla de nuevo cuando casi le grite que no iba a ir al baile, de solo imaginarme la cara de Mike… ¡Ugh! ¡Demasiado espantoso!

En el aparcamiento estaba mi camioneta, en un suspiro entre cerrando de un portazo y las llaves estaban en el salpicadero junto a una nota escrita con su elegante letra:

Lo prometiste.

No sabía que dos sencillas palabras pudieran cargar tanto peso.

— ¿Qué más tienes guardado bajo la manga Cullen? — murmure para mí mismo y guarde la nota encendiendo el auto, estúpidamente di un respingón al escuchar el rugido ensordecedor de la camioneta.

Me reí de mí mismo.

Cuando llegue a casa me deshice de toda mi ropa y solo me coloque unos vaqueros cortos y desgastados, hice la primera colada y mientras eso estaba salí a lavar el trasto y echarle una ojeada al motor solo para entretenerme además Anthony dijo que traería la cena.

Termine lleno de lleno de grasa y con dos Aves Marías encima ya que pasaron unas señoras mayores por enfrente de la calle y supongo que a sus ojos yo era un indecente ¡Bah! Lo importante es que la camioneta olía a menta fresca.

Entre a la casa y siguiendo el mismo instinto que el de esta tarde con Jessica llame a Mike a ver si lograba pillarlo, le desee suerte en el baile y cuando él me la deseo a mí con lo de Isabella le dije sobre la cancelación y parecía mas desencantado de lo realmente necesario.

Anthony estuvo distraído durante toda la cena y quise adivinar el motivo pero habían tantos que me di por vencido, con él nunca se puede dar nada por sentado.

— ¿Anthony? —

— ¿Uh? —

— Tienes razón — dije jugueteando con las papas — creo que esperare a que Erick o Mike puedan acompañarme —

— Oh —musito sorprendido alzando las cejas — bueno, está bien — estrecho los ojos y como hoy no tenía ganas de jugar con Anthony desee que su mente se fuera por lo sano — ¿Quieres que me quede? —

— no para nada, no cambies de planes, pienso tomarme un día para dedicarle a la flojera, comprare papas fritas, pizza, cocas y me sentare a jugar videojuegos escuchando música de mi laptop —

— ¿Estás seguro? — Asentí —eso no suena nada saludable — comento frunciendo el ceño.

Me reí quedo.

— lo mismo decía Lizzi pero no pueden evitar lo que soy —

— ¿Y que eres? —

— un adolecente en plena etapa del crecimiento —mi padre soltó una carcajada y rodé los ojos riéndome — andante tranquilo Anthony mira que el nivel de pescado ha descendido peligrosamente… puede que solo nos quede para dos o tres años —

— Resulta fácil vivir contigo Eddie — me sonrió.

—Lo mismo digo de ti pá — no pareció notar que mi sonrisa fallo al final, me sentía una mierda por mentirle de esa forma y estuve a punto de hablar, solo a punto.

Saque una colada de la secadora y metí otra, me sentí ridículo diciéndole a Anthony que me ayudara a ordenar la ropa con una cesta en la cadera y por supuesto el comentario de mi padre sobre de que solo me faltaban rollos en el cabello para parecerme a Lizzi no ayudo en nada a mi desmoralizada imagen de ama de llaves, por fortuna estaban pasando un juego de básquet y me ayudo a mantener la mente ocupada… y lo que fácil llega fácil se va, ya en la ducha mi mente tuvo demasiado tiempo libre y perdí el control.

Estaba en una ilusión tan intensa que se acercaba al dolor y un miedo que amenazaba con derribar mi resolución.

Lo prometiste.

Las letras con su pulcra caligrafía llegaron a mi mente y me aferre a ella, recordándome una y otra vez que ya había tomado la decisión y no había marcha a atrás, ella quería que estuviera a salvo y era impresionante la forma en la que me aferraba a la confianza de que ese deseo superara a los demás.

¿Qué otra alternativa tenia? ¿Dejarla ir? ¡Nunca! Era por completo intolerable, ahora toda mi vida giraba en torno a ella y no quería hacer nada para cambiarlo.

Una vocecita en el fondo de mi mente se preguntaba cuando dolería en el caso de que las cosas salieran mal.

Salí del baño secándome el cabello con una toalla, estaba tan cansado que dude por un momento en tirarme a la cama de una vez pero decidí que tenía que colocarme algo de ropa primero, por fortuna solo me basto escuchar unos minutos a Chopin para cerrar los ojos y quedarme dormido.

Me levante a primera hora de la mañana, me senté en la cama estrujándome los ojos y por un segundo estuve perdido hasta que recordé que hoy era sábado y corrí al baño lleno de adrenalina, había elegido una camiseta blanca con una chaqueta verde y unos jeans, quise arreglarme el cabello cuando recordé que ya me había dado por vencido en tratar de acomodarlo así que solo suspire y baje a desayunar.

Miraba a cada segundo la ventana para ver cualquier cambio que sucediera admito que ni siquiera saboree los cereales que estaba comiendo, trate de convencerme a mí mismo de no perder la paciencia, ella no me dejaría plantado y si fuera el caso al menos llamaría, apenas había terminado de cepillarme los dientes y me disponía a bajar las escaleras cuando un golpeteo en la puerta hicieron que me paralizara y por el contrario mi corazón prendió marcha.

Ella está aquí.

Corrí a abrirle la puerta y me aguante en darle un patada en cuando el pestillo se trabo (aunque sospechaba que era más por mi nerviosismo) finalmente la abrí de un tirón y el más glorioso ángel estaba delante de mí, al principio tenía una expresión sombría pero luego sonrió agregándole más magia a su persona.

Toda la adrenalina se había calmado solo con verla.

Me recorrió con sus ojos de oro líquido y se rio entre dientes.

— ¿Qué? — pregunte mirando hacia abajo, asegurándome que en medio de mi adrenalina no haya olvidado colocarme algo importante como los zapatos… o los pantalones.

—Me gustan tus zapatos —se volvió a reír y me di cuenta de que por primera vez desde que la conocí cargaba unas converse originales en color negras iguales a las mías.

Me fije que Bella era mucho más bajita de lo que pensé sin sus hermosos (y calientes) zapatos, apenas si me llegaba al hombro, mis ojos lentamente fueron subiendo por su figura y casi me da un infarto al ver esas torneadas piernas al descubierto porque cargaba unos shorts blancos demasiado cortos para mi salud junto a una camiseta de tirantes de color azul marino que abrazaba su cuerpo como una segunda piel y una chaqueta sencilla de cuero blanca, apenas consiente salí para cerrar la puerta detrás de mí.

Aproveche para calmarme en el momento que tuvo que girarse para caminar hacia la puerta del copiloto de la camioneta, no me podía dejar llevar por las imágenes mentales que se peleaban unas con otras en mi mente, tenía que ser sensato y racional… si, así es como tengo que ser, sensato y racional.

Ahora como que estoy empezando a creer que de verdad evolucionamos de los animales.

Me encarame en el asiento del conductor y me incline para abrirle la puerta, tenía un mohín enfurruñado pero a la misma vez resignado, sonreí con suficiencia.

— Tenemos un trato — le recordé ensanchando mi sonrisa — sube Isabella — ordene disfrutando demasiado de la situación.

Obedeció a regañadientes y casi babeo en como su cabello floto en el aire mientras se sentaba, suspire enderezándome en el asiento repitiendo como una mantra las palabras sensato y racional.

— ¿Adónde? —

— ponte el cinturón… ya estoy nerviosa —

Rodé los ojos.

— ¿Adónde? — repetí encendiendo el motor.

— toma la 101 hacia el norte —

Si fuera sabido lo que iba a pasar si conducía yo, fuera dejado que lo hiciera ella, era tan jodidamente difícil concentrarse en algo con sus ojos clavados en mi rostro y estuve a punto de girar la cabeza a preguntarle que tanto me veía pero estaba medio acobardado y sin duda eso bajo unos cuantos puntos a mi nivel de chico malo.

— ¿Te importaría acelerar? —

— Si me importaría mucho — murmure con sequedad este era el límite que permitía la vieja camioneta y no me molestaba en lo absoluto.

— Entonces aremos un picnic dentro de la camioneta — comento y de reojo vi como sonreía a medias — claro si es que podemos salir de Forks antes del anochecer —

Ignore lo último para evitar decir cosas desagradables.

— ¿Picnic? — Ladee la cabeza — ¿Vamos de picnic? —

— ¿Supone algún problema? —

— Como no llevábamos una manta…— me encogí de hombros restándole importancia — ¿Ahora hacia dónde? — pregunte viendo una espesa ringlera de troncos verdes que remplazaban las casas.

— Gira hacia la derecha para tomar la 101 — indico señalando con su dedo — avanzaremos hasta que se acabe el asfalto —

— ¿Qué hay allí? —

— nada —

— ¿Nada? —

— tenemos que adentrarnos en el bosque —

— ¿Bosque? —

— ¿Sucede algo? —

— No, nada — balbucee empezando a colocarme nervioso.

¿Era buen momento para decirle que era el peor Boy Scout que existe en la tierra?

Eso de diferenciar árboles y saber datos de posición no son lo mío pero vale, ella era una chica lista y no solo era una chica, eso en cierta forma me tranquilizaba ya que no podría perderse… no dejaría que nos perdiéramos ¿Verdad?

— tranquilo Edward solo serán ocho kilómetros —

¡Ocho kilómetros! Esa fue la misma cifra que cuando me perdí en el campamento a los diez años, a Lizzi tuvieron que llamarla para que me fuera retirar apenas el tercer día de haberlo comenzado, lo de adentrarse en el bosque no me fuera molestado tanto de no haber estado con Isabella, si nos perdíamos podría tener un ataque de pánico y eso en definitiva sería humillante.

Me recordaba a mí mismo que no había nada de qué preocuparse, solo tenía que mentirme a mí mismo diciendo que la carretera estaba cerca y estaría tranquilo, así como cuando lo hice cerca de la casa de Anthony, sabía que estaba cerca por eso no pasó nada que yo no pudiera controlar…

— ¿En qué piensas? —

— Me preguntaba como haríamos un picnic sin una manta — menti dándome cuenta de lo natural que me estaba saliendo la mentira.

— hará un buen tiempo y por eso no la necesitaremos — asentí mientras ambos mirábamos por fuera de la ventanilla que las nubes estaban empezando a diluirse.

— Anthony dijo que haría buen tiempo —

— ¿Le contaste? —

— no —

— pero Mike sabe que estamos…—

— De hecho — le corte tamborileando los dedos en el volante y agradeciendo tener una excusa para no mirarla — le dije que se había cancelado el viaje —

— ¿Nadie sabe que estás conmigo? —

Oh… aquí viene el enfado.

— apuesto que la pequeña Alice lo sabe —

— ¡Eres jodidamente increíble Edward! — trono furiosa… muy furiosa.

Hice como que no la oí ya que si sonreía por lo hermoso que le había salido esa oración conseguiría cabrearla mucho más de lo que ya estaba y como nunca me llevo con la suerte terminaría en mi casa comiendo papas fritas y jugando videojuegos.

— ¿Preparas tu suicidio acaso? — pregunto bruscamente.

— Dijiste que mucho publicidad te ocasionaría problemas — le recordé haciéndome el inocente.

— Ahora te preocupan mis problemas — escupió llena de sarcasmo — ¿Qué, si no regresas a casa? —Negué con la cabeza obstinadamente firme — esas muy mal de cabeza, enserio que si Edward — se quejó cruzándose de brazos.

La ignore así como ignore el incesante murmullo que salía de su boca a toda prisa de forma ininteligible a lo mejor seguía quejándose en todos los idiomas que pueda conocer, nos mantuvimos en silencio el resto del camino y era demasiado cobarde como para abrir la boca.

Aparque a unos metros de donde se acaba la carretera, salí sin mirarle ya que no tenía excusa y podía notar las oleadas de furiosa desaprobación, hacia bastante calor y sonreí un poco por eso, me quite la chaqueta dejándola en la camioneta y agradecí haberme puesto una camiseta liviana y sin mangas.

Le oí dar un portazo y me gire para verla, se había quitado su chaqueta blanca y permanecía cerca del bosque de espaldas a mí, su hermoso cabello caía en cascada y su nívea piel se veía aún más suave de lo que había notado.

Giro su cabeza aun con el ceño fruncido.

—Por aquí — indicó apuntando con su dedo.

— ¿Segura? — pregunte con un matiz de desesperación.

— no voy a dejar que te pierdas — aseguro con una sonrisita burlona.

Se dio la vuelta para seguramente decirme algo importante pero la deje de escuchar en cuanto mis ojos se fijaron en su perfecto cuerpo, no era mi intención, enserio, pero era un milagro no haber abierto la boca, esa camiseta de tirantes dejaban al descubierto sus delicados hombros y todo el escote donde el color azul marino hacia resaltar esas hermosas pecas, su cabello parecía flotar a su alrededor lleno de risos sedosos y su boca coralina resaltaba en su precioso rostro, una punzada de desesperación me hirió en lo más hondo al darme cuenta que era demasiada perfecta, no había manera que ella, siendo una criatura tan celestial, estuviera hecha para mí.

— ¿Quieres volver? — el dorado de sus ojos se volvió casi liquido como si quisiera llorar, su vos sonó débil y llena de un dolor diferente al mío.

Suspire negando.

— No es lo que estás pensando Bella — asegure andando hasta llegar a su lado ¿Cómo no podía darse cuenta de lo obvio? A veces me sentía como si estuviera en la estúpida película de Shuek.

— ¿Entonces que va mal? —

— es… es…— mire a mi alrededor y sabía que si le decía mi mortificación luciría como un idiota— es que no me agrada mucho tener que adentrarme en el bosque —

— ¿Por qué? —

— una vez me perdí en un campamento —

— Oh —

— Al menos aprendí a hacer un nudo — sonreí con un poco de ánimo — tarde una mañana pero fue genial — me devolvió la sonrisa viéndose adorable y de nuevo mi sonrisa fallo.

— te llevaré de vuelta — prometió.

Agradecí que solo yo pudiera hurgar en mi mente y se rindió mientras comenzábamos a caminar adentrándonos en el bosque.

Mientras andábamos intente mantener la mirada fuera de su cuerpo lo más posible, pero a menudo fallaba haciendo que su perfecta hermosura me sumiera en un pozo de desprecio hacia mí mismo, la mayoría del trayecto fue en silencio solo interrumpido cuando me hacia una que otra pregunta como mi cumpleaños, los profesores, la escuela primaria y mis mascotas… tuve que admitir que había renunciado a ellas después que mi tortuga Robert muriera al quedar boca abajo mientras me iba a surfear, por supuesto rompió a reír escandalosamente y casi podría jurar que las montañas hicieron un suave eco similar al tañido de las campañas.

El laberinto de árboles se extendía de forma interminable y la idea de no encontrar una salida estaba empezando a colocarme nervioso como ya no funcionaba mentirme a mí mismo contaba los números para distraerme y me aferraba a la confianza que brotaba por cada poro de Isabella que se veía muy a gusto y relajada.

Pasamos toda la mañana de caminata y a medida que transcurrían las horas el verde jade del bosque se volvía más brillante, comencé a entusiasmarse de verdad con esto… sensación que rápidamente se convirtió en impaciencia.

Me detuve cruzándome de brazos y me miro arqueando una ceja.

— ¿Falta mucho? — pregunte frunciendo el ceño logrando que ella sonriera ante mi cambio de humor.

— Casi… ¿Ves esa luz de haya? — Señalo en la dirección en la cual tenía que ver y estreche los ojos intentando verlo — supongo que es un poco pronto para tus ojos — sonrió con burla.

— Hablare seriamente con el doctor en mi próximo chequeo general — murmure más para mí mismo aunque pudo escucharme ya que soltó una risita de campanas.

Unos cien metros más adelante pude ver el brillante fulgor delante de mí, sonreí adelantándome más y antes de que pudiera darme cuenta estaba corriendo, alcance el borde de aquel remanso de luz y atravesé los últimos helechos entrando a ese lugar maravilloso.

Me detuve en medio del prado lleno de flores silvestres de todos los colores, podía oír un arroyo de agua que fluía en algún lugar cercano y el sol estaba en todo lo alto llenando el pequeño claro de mucha luz.

Me di la vuelta para compartir todo aquello con Bella pero no estaba detrás de mí, gire en mí mismo eje buscándola repentinamente alarmado hasta que la encontré en el borde del claro, inmóvil y con ojos llenos de cautela y solo entonces recordé la razón por la cual ella no se permitía disfrutar del sol.

Di un paso hacia ella sintiendo mis ojos relucir de curiosidad, los suyos en cambio mostraron recelo y para infundirle valor alce mi mano y la llame con una sonrisa que esperaba que fuera coqueta.

Bella inspiro profundamente y entonces salió al brillante resplandor del prado.

¿Reviwes?