Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 13
Isabella resultaba chocante (incluso más de lo que ya era sin la necesidad de la luz del sol) su piel centellaba como si tuviera millones de diamantes incrustados en ella, yacía en la grama boca abajo con los brazos cruzados debajo de su cabeza y una pierna alzada mientras movía un pie al ritmo de sus labios, cuando le pregunte me dijo que estaba cantando para sí misma, me fuera gustado recostarme junto a ella y dejar que el sol bañara mi cara pero permanecí sentado con la piernas cruzadas poco dispuesto a apartar la vista de ella.
La suave brisa mecía sus cabellos que tenían reflejos dorados en algunas de sus ondas, era toda una belleza poder contemplarla así, si antes me precia hermoso este prado no se comparaba con la magnificencia de Isabella.
Extendí la mano y con un dedo le acaricie la planta del pie, como siempre me maraville de la textura suave y fría de su piel, dejo de moverse y se me pareció mucho a una estatua tallada en mármol cuando mire hacia arriba tenía los ojos abiertos y me miraba curiosa.
— ¿Puedo? —
Ella sonrió.
— ¿Por qué? —
— para comprobar que eres real — balbucee bajando la mirada, era un poco humillante sentir este miedo irracional, como si en cualquier momento desapareciera y entonces me despertara en mi cama encerrado en la cuatros paredes de la casa de Anthony.
— ¿No te asusto? —
— No más que de costumbre — me encogí de hombros y alce mi vista para ver su amplia sonrisa que incluso centellaba más a la luz del sol.
Con una mano tome su tobillo con delicadeza y con la otra juguetee con los pequeños deditos de sus pies que estaban pintados de un suave color crema pero aparto el pie y me quede con las manos en el aire.
— ¿Te molesta? — pregunte a pesar de ver que su sonrisa todavía estaba pegada a sus coralinos labios.
— No — soltó una risita y la brisa alboroto sus cabellos — pero también tenemos cosquillas — suspiro y yo me reí quedo.
¿Quién iba a imaginar que una vampira tuviera cosquillas?
Acerco su pie de nuevo y lo tome con sumo cuidado sin querer hacerle cosquillas, podía ver que mis dedos temblaban y estaba seguro que ella podía sentirlo pero no dijo nada, algo en su expresión me hacía pensar que estaba disfrutando de mi contacto, una mano fue bajando acariciando su tobillo luego su pantorrilla, sintiendo como se estremecía, llegue a la rodilla para tratar de girar su pierna ella lo entendió y se dio la vuelta completa con uno de esos desconcertantes y fulgurantes movimientos suyos.
Me quede paralizado mientras parpadeaba confuso.
— Disculpa — susurro ladeando la cabeza y mirándome con anhelo — contigo resulta fácil ser quien soy — asentí maravillándome de nuevo en como su rostro lucia mucho más hermoso que antes.
Tome de nuevo su tobillo y alce su pie hasta que tuve la planta muy cerca de mi rostro, quería descubrir los misterios que ocultaba su piel, lo moví en muchos ángulos y me sorprendí de lo flexible que era para ser de mármol.
— Dime en que piensas — susurro.
— Me preguntaba…— murmure tomando su dedo pulgar y empujando su pie hacia abajo —… como es que eres tan flexible —
—Solía bailar ballet—contesto con un matiz de pesar.
— ¿Solías? —
— Cuando era humana —
— ¿Y lo extrañas? —
— No — fruncí el ceño confundido y detuve mis manos ¿Entonces de donde viene su pesar? — ¿Recuerdas que te dije que solía ser torpe? —
— Sí y aún sigo sin creerte — se rio entre dientes y quito alguno de sus risos del rostro mientras sus ojos vagaban por el cielo como si estuviera en algún recuerdo lejano.
—Cuando era humana era muy torpe, tropezaba con todo y no sabía bailar nada, de hecho no lo intentaba por miedo a asesinar a alguien — se rio y sonreí con escucharla — pero una profesora me tomo como un reto y se propuso en hacerme bailar ¡Y hacerme bailar ballet! — exclamo como si estuviera aun incrédula y sorprendida por eso — dure mucho tiempo con ella hasta que lo conseguimos y mi descoordinación natural paso a ser para los demás solo accidentes — suspiro — después de eso quiso entrenarme para ser una profesional pero no quise, no me gustaba el ballet… ¡Y odio esas zapatillas! — hizo un mohín enfurruñado y me reí de lo adorable que resultaba.
— ¿Odias? —
— ¡Sí! ¡Las odio! —Se quejó frunciendo el ceño —son incomodas y hay que hacerles miles de cosas para que puedan ser utilizadas — clavo sus ojos en los míos con una diversión palpable — Alice siempre deja un par por si se me antoja bailar y cuando va a cambiar mi closet de zapatos y las encuentra partidas suelta unos cuantos chillidos frustrada pero ahora está más feliz porque tengo que pagar una apuesta así que me toca colocarme lo que ella quiera que me coloque —
— ¿Apuesta? —
Hizo una mueca.
— puede que una vez haya dudado de ella, puede también que la haya provocado y puede que haya perdido humillantemente — resoplo delicadamente y me aguante las ganas de reírme—y puede que ahora tengo que usar tacones por una década…pero solo puede —
— ¿No te gustan? —
— No del todo, admito que últimamente si me gustan — me lanzo una rápida mirada con una fugaz sonrisa — pero prefiero unas converse por encima de unos Jimmy Choo — asentí desviando mi vista de ella hacia su piececito de Cenicienta.
Duramos un rato en silencio, suspire viendo el prado lleno de flores y por un momento me imagine a Isabella moviéndose al ritmo de la música de piano, podía ver su figura dando volteretas de forma grácil y elegante, a sus manos revolotear en el aire con suavidad y su cabello flotar como si estuviera acariciando el viento mientras que la luz del sol hacia centellar en su piel mejor que cualquier reflector, casi sonreí con esa imagen pero no lo hice porque en cuando mis ojos se enfocaron en las sombras que daban algunos árboles, me puse rígido y sentí un dolor en medio del pecho.
¿Y si de verdad todo esto era un sueño?
— ¿Edward? — su vos me hizo mirarla — ¿Estas bien? — negué con la cabeza y cuando hizo un intento de levantarse a velocidad humana la detuve con un mano.
— Espera — murmure colocando su pie en la grama — quieta — ordene colocándome de rodillas y gateando por encima de su cuerpo, me detuve justo cuando llegue al nivel de su rostro.
Mis brazos estaban extendidos de modo que ni mi cuerpo ni el de ella podían tocarse, clave mis ojos en los suyos que estaban rebosantes de muchas emociones y suspire con pesar.
— ¿Qué piensas? —
— muchas cosas —
—Específica — susurro — me sigue resultando tan extraño no saberlo —
— ya sabes, el resto nos sentimos así todo el tiempo —
— Es una vida dura — espero a que hablara pero no lo hice — aun no me has contestado — insistió tratando de no irritarse.
— deseaba…—
— ¿Qué? —
— deseaba no tener miedo —
— No quiero que estés asustado — su vos apenas fue un murmullo y aun así pude saber lo que en realidad no podía decir sinceramente.
No había nada de que asustarse.
Hice una mueca.
—No me refería a esa clase de miedo aunque, sin duda, es algo sobre lo que debo pensar — se alzó en sus codos haciendo que quedaran guindando algunos risos y me apoye en una de mis manos metiendo delicadamente la otra en su cabello y acariciándolo lentamente.
Su rostro angelical estaba a solo unos centímetros del mío, podría haber retrocedido, debí haberlo hecho pero era incapaz de hacerlo, sus ojos dorados me tenían atrapado en un hechizo mágico del que no quería resistirme.
— ¿De qué tienes miedo? — murmuro mirándome intensamente.
No le conteste.
Su aroma me golpeo de lleno en mi rostro haciendo que me derritiera ante ese dulce y delicioso aroma, mis deseos salieron a la luz de forma instintiva, mi mano se aferró a su cuello mientras me inclinaba para aspirarlo más de cerca y…. Bella desapareció.
Mis brazos temblaron al mismo tiempo y caí de lado, me alce de nuevo mientras que la buscaba con la mirada, estaba a seis metros de distancia de mí, oculta entre las sombras de los arboles al borde del prado, me senté bajando la vista con la excusa de limpiarme algunas ramitas pero la verdad es que quería ocultar todo lo jodidamente que dolió ese rechazo.
Sentía mis manos picar con fuerza ante el vacío.
— Yo… yo… lo-o siento — tartamudee en un susurro, sabía que podía escucharme.
— Espera un momento — dijo en el volumen para que pudiera escucharlo.
Después de diez segundos increíblemente largos, regreso lentamente (para ser ella) y se dejó caer de forma elegante en el suelo, muy cerca de mí pero al mismo tiempo lejos, cruzo las piernas y sus manos juguetearon con un mechón de su cabello.
— Discúlpame — pidió vacilante — ¿Comprenderías a que me refiero si te dijera que solo soy una adolecente? — asentí bajando la vista incapaz de compartir su gracia.
La adrenalina corrió por mis venas y un repentino deseo de echar a correr me invadió, mi corazón lo sentía martillar contra mi pecho y lentamente entendí el peligro al que me estaba exponiendo, aun así no me moví ni un centímetro y por entre las pestañas pude ver su sonrisa burlona.
— soy el mejor depredador del mundo ¿No es cierto? —
¡Se dio cuenta!
— todo lo mío te atrae hacia mí: mi vos, mi rostro, hasta mi olor… ¡Como si necesitara algo de eso! — se incorporó de un salto hasta perderse de vista.
Me levante de golpe y rodé en mí mismo eje mientras movía mi cabeza de un lado a otro hasta que la encontré agazapada encima de un árbol a cinco metros de distancia del suelo.
¡Mierda!
— ¡Como si pudieras huir de mí! — la escuche justo en el momento en que apareció delante de mí con una sonrisa amarga en su rostro.
Caí al suelo y me arrastre con mis brazos hacia atrás al observar que en su mano había un tronco de un árbol, sin esfuerzo alguno lo partió en dos y los lanzo por encima de mi cabeza, escuche el escalofriante ruido que se produjo al chocar contra alguno de los árboles y en medio de un parpadeo estuvo sentada junto a mí con las piernas cruzadas e inmóvil como una estatua.
— ¡Como si pudieras derrotarme! — dijo en vos baja.
No había forma de negarlo o no demostrarlo.
¡Estaba asustado hasta la madre! Podía sentir la sangre huyendo de mi cabeza y mis ojos abiertos como platos porque tenía la sensación de estar sentado frente a una serpiente y que estaba atrapado en el hechizo de sus ojos.
Le temía como nunca le había temido, jamás lo había visto tan completamente libre de esa mascara humana que estaba cuidadosamente hecha y a pesar de todo eso jamás la había visto tan hermosa.
El brillo frenético que pareció inundarla hace unos segundos se fue apagando hasta que la antigua mascara de dolor volvió.
— No tengas miedo — murmuro con vos dulce y acampana.
Claro porque no eras tú a la que le paso por encima de la cabeza dos troncos capaz de matarme.
— Te prometo… — vacilo —… te juro que no te hare nada — parecía más preocupada en converse a si misma que a mí — no tengas miedo — repitió de nuevo mientras se acercaba con exagerada lentitud — Perdóname Edward por favor — rogo con los ojos muy abiertos y temerosos — puedo controlarme — aseguro.
Pero yo era incapaz de hablar.
— Me comportare mejor — coloco su rostro a unos treinta centímetros del mío — estaba desprevenida pero estate tranquilo hoy no tengo sed — sonrió pícaramente — créeme — y me guiño un ojo.
Ante eso no me quedo otro remedio que reírme aunque el sonido salió tembloroso.
— ¿Cómo estás? — pregunto dulcemente y en el fondo las alertas de mamá gallina estaban vigilantes lista para dispararse.
— Estoy bien — murmure.
Coloco su mano encima de la mía y sonreí con emoción mientras la acariciaba con la yema de mis dedos, alce la vista y ella me sonreía con timidez.
— Bueno ¿Y en que estábamos antes de que mi completa falta de educación hiciera acto de presencia? — pregunto con un tono antiguo que me hizo reír de nuevo.
— Lo olvide — reconocí sonriendo.
— quedamos en que estabas asustado —
— Uh, si, cierto —
— ¿Y? —
— ¿Además del motivo obvio? — asintió y trato de que su cabello tapara su cara, supe que aún estaba avergonzada y le di un apretón de mano para reconfortarla.
— ¿Entonces? —
Mire su mano y la acaricié mientras los segundos pasaban.
—Edward — gimió irritada — sabes la facilidad con la que me frustro — se quejó y me la imaginaba haciendo un puchero enfurruñado.
Mire sus ojos y de repente fui consciente de que todo esto era tan nuevo para ella como para mí, todo lo que sentía por ella no se comparaba con nada que haya sentido nunca y a pesar de los muchos años de experiencia para ella era igual de difícil.
— No puedo estar contigo y me gustaría estarlo más de lo que debería —estaba tan avergonzado que me aferre a su mano para no dejar caer mi cabeza entre las mías— tengo miedo porque no quiero evitarlo me encanta que me guste más de lo que debe ser — era tan jodidamente difícil confesarlo.
— Es un buen motivo — admitió lentamente — no te conviene nada —
— Lo sé — me encogí de hombros — podría intentar no hacerlo pero no quiero —
— ¿Por qué no quieres? —
— Porque no soy lo suficientemente fuerte — admití de nuevo aún más avergonzado que antes — pero si soy lo suficientemente caprichoso como para desear tu compañía —
—Entonces estamos a mano — la mire confundido — yo tampoco soy lo suficientemente fuerte pero si lo suficientemente egoísta como para desear tu compañía —
Sonreí.
— me alegro —
— ¡No lo hagas! — retiro su mano con mayor delicadeza que antes y frunció el ceño molesta.
Sus cambios de humor me marean.
— No es solo eso lo que deseo de ti, no lo olvides, soy más peligrosa para ti de lo que soy para cualquier otra… — se detuvo abruptamente y sus ojos vagaron por el bosque.
— ¿Qué? — Insistí — ¿Qué quieres decir con eso? —
— ¿Cómo decírtelo? — Musito con una sonrisa pícara — y sin aterrorizarte de nuevo…—
— ¡No estaba aterrorizado! — Le interrumpí frunciendo el ceño — solo estaba… asustado, sí, así estaba —
— ¿Y estabas en el suelo porque…? —
— ¡Porque tenías una jodida rama que lanzaste por encima de mi cabeza! — Me queje haciendo un mohín — ¿Y que si sale un viento de la nada? —
— Vale, de acuerdo — soltó una risita — lo que ayude a tu orgullo de chico malo —
— Pf —
Volvió a poner su mano en la mía de forma inconsciente y la comisura de mi boca se alzó ante ese gesto, la aferre con fuerza y pareció darse cuenta porque miro nuestras manos casi con la misma adoración con que lo hice yo.
— Es tan… placentero — se mordió la boca sonriendo.
Después de ordenar sus ideas soltó un suspiro y se puso seria.
¿Cómo es que cambia tan drásticamente? ¿ Es algún mecanismo especial de vampiros?
— sabes que todos disfrutamos de sabores distintos, unos prefieren el helado de fresa y otros de chocolate… — asentí — no sé cómo explicártelo de otra forma lo siento —
— Inténtalo — le anime y me dedico una sonrisa llena de pesar.
—Verás, cada persona huele diferente, tiene una esencia distinta, si encierras a un alcohólico en una habitación repleta de cerveza rancia, se la beberá alegremente, pero si ha superado el alcoholismo y lo desea, podría resistirse, ahora supongamos que ponemos en esa habitación una botella de Brandy añejo, de cien años, el coñac más raro y exquisito y llenamos la habitación de su cálido aroma... ¿Cómo crees que le iría? —
Nos miramos mutuamente y sabía que ella estaba tratando de acceder a mi mente, abrió la boca para decir algo pero alce un dedo y la calle pidiéndole silenciosamente un segundo para pensar.
— ¿Estás diciendo que soy tu…adicción? —escupí las palabras porque no haya el modo de verbalizarlas.
—Exacto— sonrió animada — eres mi marca personal de heroína — se rio de buena gana y torcí levemente la boca.
¡No me jodas!
— ¿Siempre es así? — pregunte ocultando mi remordimiento.
No podía creer lo que mi mala suerte me haya causado, si es así como lo dice seguramente le debe doler de alguna forma, pero ¿Qué podía hacer para ayudarla a que fuera más llevadero?
Alejarme no era una posibilidad.
—He hablado con mis hermanos al respecto, para Jasper, todos los humanos son más de lo mismo y no ha dispuesto de tiempo para hacerse más sensible a las diferencias de olor, de sabor…— me miro con los ojos muy abiertos — lo siento Edward yo no quería decir eso —
Baje la cabeza sonriendo a veces ella era tan tierna y adorable.
— No importa — inspire hondo y trate de enseriarme — hazlo como se te antoje — me sonrió en agradecimiento y me encogí de hombros restándole importancia.
— De modo que Jasper no sabe si alguna vez se cruzó con alguien…— se mordisqueo el labio indecisa y de nuevo tuve que apartar la vista de ese gesto — tan delicioso como tú me resultas a mí —
Al menos ella me también me encuentra delicioso… de una manera más terrorífica pero lo hace.
— Emm si logra entenderme, dice que le paso dos veces — hizo una mueca — una más intensa que la otra —
— ¿Y a ti? —
— Nunca… sin contarte —
— ¿Y que hizo Emm… Emmett? —me corregí automáticamente.
Tendría que prestar atención la próxima vez, no me agradaba nada que el amor fraternal que rayaba la adoración que sentía Isabella por su hermano Emmett me envolviera de esa forma, es vergonzoso.
Sus manos se crisparon entre las mías y espere aun teniendo la sensación de que no me lo iba a decir.
— me lo imagino — dije al fin.
Su expresión se volvió melancólica.
— hasta el más fuerte recae en la bebida ¿Verdad? —
Fruncí el ceño.
— ¡¿Qué diablos…?!— Solté mordaz — ¿Me pides permiso? —estaba siendo rudo y más sabiendo que toda esta sinceridad le estaba constando ¡Pero a la mierda! ¿Tan rápido se daba por vencida?
¿Quién demonios eres y que carajos hiciste con mi Bella?
— ¿Se acabó todo? — Me pase la mano por el cabello — ¿Este es mi final? — salte en cuanto tapo un gritito con su mano.
— ¡No, no, no! — Casi grito de nuevo— ¡Este no es el final! ¡Por supuesto que no lo es Edward! Digo que… no voy a… yo no podría…— dejo la frase en el aire y podía sentir que mis ojos inflamaban las llamaradas de los suyos — es diferente para nosotros — logro decir al final.
— entonces si nos fuéramos conseguido… en… una… calle desierta…— mi vos se apagó conforme lo que decía se hacía real en mi mente y a pesar de eso supe que si la fuera visto así sea en mi último suspiro no me fuera importado morir en sus manos.
—Necesité de todo mi autocontrol para no abalanzarme sobre ti en medio de esa clase llena de niños y... — se mordió la boca y jugueteo con un mechón de su cabello como excusa para no mirarme —cuando pasaste a mi lado, podía haber arruinado en el acto todo lo que mi padre ha construido para nosotros, no hubiera sido capaz de refrenarme si no hubiera estado controlando mi sed durante los últimos... bueno demasiados años—
Hice una mueca al recordarlo.
— debiste pensar que estaba loca —
De hecho juraba que estabas en tus días.
— No exactamente — me reí llamando su atención pero no habría forma de que le dijera todo completo — estaba confundido, no sabía cómo podías llegar a odiarme tanto con tanta rapidez —
— ¿Hay algo que…? — luego se calló dejando la pregunta inclusa creo que supo que no le iba a responder y resoplo delicadamente — para mí, parecías una especie de demonio convocado directamente desde mi infierno particular para arruinarme, la fragancia procedente de tu piel... el primer día creí que me iba a trastornar, en esa única hora, ideé cien formas diferentes de engatusarte…—
— Con una fuera bastado, créeme — murmure.
Me ignoro.
—… para que salieras de clase conmigo y tenerte a solas, las rechacé todas al pensar en mi familia, en lo que podía hacerles, tenía que huir, alejarme antes de pronunciar las palabras que te harían seguirme — debajo de sus pestañas sus ojos dorados ardían hipnóticos, letales y desgarradoramente hermosos.
Asimilaba sus amargos recuerdos con una clara expresión de sorpresa.
¿Había estado tan cerca de la muerte y no lo sabía?
— Y lo fueras hecho — aseguro.
— Oh, uh, sí, claro — balbucee pasándome la mano libre por el cabello y apartando mi vista de ella, era una punto a mi favor que no pudiera leerme la mente.
Ese día también idee unas cuantas formas de tenerla en mis brazos y arremeterla contra una superficie plana, estaba tan turbado por su belleza (a pesar de la hostilidad) que fuera acudido solo por la esperanza de hacer realidad mis fantasías.
—Luego intenté cambiar la hora de mi programa en un estéril intento de evitarte y de repente ahí estabas tú, en esa oficina pequeña y caliente y el aroma resultaba enloquecedor, estuve a punto de tomarte en ese momento, sólo había otra humana... su muerte era fácil de arreglar — me estremecí al asistir su punto de vista.
De nuevo había estado tan cerca de la muerte… ¡Y el señor Cupe también! Pobre hombre todo fuera sido mi culpa.
—No sé cómo, pero resistí, me obligué a no esperarte ni a seguirte desde el instituto, fuera, donde ya no te podía oler, resultó más fácil pensar con claridad y adoptar la decisión correcta, dejé a mis hermanos cerca de casa, estaba demasiado avergonzada para confesarles mi debilidad, sólo sabían que algo iba mal... entonces me fui directo al hospital para ver a mi papá y decirle que me marchaba —
Clave mis ojos totalmente sorprendido.
—intercambiamos nuestros coches, ya que el suyo tenía el depósito lleno y yo no quería detenerme, no me atrevía a ir a casa y enfrentarme a mi mamá, ella no me hubiera dejado ir, hubiera intentado convencerme de que no era necesario... a la mañana siguiente estaba en Alaska pasé allí dos días, con los Vulturis, que son unos viejos conocidos de la familia — hizo una mueca —pero sentí nostalgia de mi hogar, detestaba saber que había defraudado a mi padre y a mi familia, resultaba difícil creer que eras tan irresistible respirando el aire puro de las montañas, me convencí de que había sido débil al escapar, me había enfrentado antes a la tentación, pero no de aquella magnitud pero yo era fuerte ¿Y quién eras tú? ¡Una niñito insignificante! — Soltó una risita divertida — ¿Quién eras tú para echarme del lugar donde quería estar? De modo que volví... —
Me quede sin palabras.
— Tomé precauciones, cacé y me alimenté más de lo acostumbrado antes de volver a verte, estaba decidida a ser lo bastante fuerte para tratarte como a cualquier otro humano, fui muy egocéntrica en ese punto, existía la incuestionable complicación de que no podía leerte los pensamientos para saber cuál era tu reacción hacia mí, no estaba acostumbrado a tener que dar tantos rodeos, tuve que escuchar tus palabras en la mente de Mike, que, por cierto, no es muy original y resultaba un fastidio tener que detenerme ahí, sin saber si realmente querías decir lo que decías, todo era extremadamente irritante —
Arrugo la nariz al recordarlo.
— Quise que, de ser posible, olvidaras mi conducta del primer día, por lo que intenté hablar contigo como con cualquier otra persona, de hecho, estaba ilusionada con la esperanza de descifrar algunos de tus pensamientos, pero tú resultaste demasiado interesante y me vi atrapado por tus expresiones... y cada vez que te pasabas las manos por el cabello el aroma me aturdía otra vez — suspiro — entonces estuviste a punto de morir aplastado ante mis propios ojos, más tarde pensé en una excusa excelente para justificar por qué había actuado así en ese momento, ya que tu sangre se hubiera derramado delante de mí de no haberte salvado y no hubiera sido capaz de contenerme y revelar a todos lo que éramos pero me inventé esa excusa más tarde, en ese momento, todo lo que pensé fue: «Edward, no» —
Su mano se había apretado en la mía ligeramente y la otra estaba tapando su rostro, su agónica confesión le resultaba humillante a pesar que yo la escuchaba con más deseo de lo racional, queriendo tener una forma de enmendar todo el sufrimiento por el que ella tuvo que pasar, el sentido común me decía que debería estar a muchos kilómetros de distancia pero solo me sentía aliviado.
Por fin entendía todo.
Quería tomar su barbilla y alzarla para que me mirara a los ojos, deseaba confortarla y estrecharla contra mi cuerpo (incluso ahora que ella me confesa lo deseosa que estaba por tomar mi vida) pero tenía miedo de que fuera demasiado para ella… ya había pasado por mucho.
Habían tantas cosas por digerir que caí en el suelo e inspire profundamente.
— ¿Estas bien? —
— si —
Ladee la cabeza para que nuestros ojos se conectaron y le di un leve apretón a su mano.
— ¿Qué paso en el hospital? —
— estaba horrorizada, después de todo, no podía creer que hubiera puesto a toda la familia en peligro y yo misma hubiera quedado a tu merced... de entre todos, tenías que ser tú, como si necesitara otro motivo para matarte, pero tuvo el efecto contrario y me enfrenté con Rosalie, Jasper y Emm cuando sugirieron que tal vez te había llegado la hora... fue la peor discusión que hemos tenido nunca, mi padre se puso de mi lado y Alice — hizo una mueca de irritación cuando dijo su nombre — mi madre dijo que hiciera lo que tuviera que hacer para quedarme— sacudió la cabeza y sus risos bailaron en el aire — me pasé todo el día siguiente fisgoneando en las mentes de todos con quienes habías hablado, sorprendido de que hubieras cumplido tu palabra, no te comprendí en absoluto, pero sabía que no me podía implicar más contigo, hice todo lo que estuvo en mi mano para permanecer lo más lejos de ti y todos los días el aroma de tu piel, tu respiración, tu cabello... me golpeaba con la misma fuerza del primer día —
Los ojos de Isabella eran increíblemente tiernos y engatusadores.
— Y por todo eso — continuo — fuera prefiero delatarnos en aquel momento que aquí, sin testigos, ni nada que me detenga —
Era lo bastante humano como para preguntar:
— ¿Por qué? —
Hizo lo mismo que hice yo cuando llegamos, gateo por encima de mi cuerpo sin que se tocaran, su rostro quedo al mismo nivel que el mío y todos sus rizos me cayeron encima, lentamente levante mis manos para echarlos hacia un lado y se estremeció ante el contacto.
— Edward — murmuro con una dulce y divertida incredulidad —no podría vivir en paz conmigo misma si te causara algún daño — cerro los ojos y se retorció levemente cuando mi mano paseo por su espeso cabello — la idea de verte inmóvil, pálido, helado... no volver a ver tu manía de pasarte las manos por el cabello, no ver jamás esa chispa de intuición en los ojos cuando sospechas mis intenciones, jamás volver a escuchar el tono orgulloso con que dices una mala palabra... —
— Calla — susurre.
La cabeza comenzó a darme vueltas tan rápido que no entendía como pasamos de hablar de mi inminente muerte a declararnos con tal fervor y ferocidad… pero esto no estaba bien y así no tenían que ser las cosas.
¿Es normal sentir un nudo en el estómago y frio en el cuerpo?
— Isabella —pronuncie su nombre cuidadosamente y me miro con una expresión de cautela — ya conoces mis sentimientos por ti — levante la mano lentamente y acaricie su mejilla con mi dedo, cerro sus ojos — sería demasiado cobarde hacerte decir lo que sientes sin yo hacerlo primero — los abrió de golpe y la adoración brillaba en sus pupilas.
Y sabía el porqué.
Ella venia de otra época, una tan diferente a esta que tenía la certeza de que se ha preguntado más de una vez como fuera sido de haberme conocido en ese tiempo, si hubiera tomado el té con ella, si fuéramos ido al teatro o si la fuera esperado al final de las escaleras para verla aparecer con su más hermoso vestido… quizás no tenga todas esas cosas pero no le aria confesar si siente algo por mi antes de confirmarle con la palabras todo lo que yo siento por ella.
Me arme de valor y clave mis ojos en los de ella.
— Estoy aquí y no me iré — jure solemne — preferiría morir antes de alejarme de ti — suspire — lo sé, lo sé soy un idiota — sonrió ampliamente.
— Eres un idiota — acepto riéndose.
Fruncí los labios y ella se mordió la boca, veía como hacía todo el esfuerzo para no reírse y a la final fallamos los dos ya que las risas resonaron en todo el prado.
Solo nosotros podríamos reírnos en este momento.
¡Pero todo era tan absurdo y estúpido!
—ahora eres lo más importante para mí y… —
—… lo más importante que he tenido nunca —complete la frase y me estremecí de la ridícula pero feliz coincidencia.
Nos quedamos mirando el uno al otro y yo detallaba sus perfectas facciones, mis brazos habían caído flácidos sobre el suelo pero ella no parecía inmutarse del hecho que estaba encima de mí con nuestros rostros tan cerca.
— me preguntaba…— pero me detuve al no saber cómo proseguir.
Ella sonrió y el sol le arranco destellos a su piel y a sus dientes.
— ¿Si? —
— no, nada, olvídalo —
— Dime — ordeno imperiosa.
Suspire.
— ¿Por qué huiste antes? —
Su sonrisa se desvaneció.
— ya lo sabes —
— lo que quería decir exactamente es ¿Qué hice mal? — alce mi mano y acaricie su mejilla con un dedo — esto no parece acerté mal —
Los dos hablamos al mismo tiempo:
— Edward tu no hiciste nada mal…—
— quiero poder…—
—… en realidad fue toda mi culpa —
—… ayudarte a que todo sea más llevadero —
Sonrío divertida.
— Bueno…— lo medito durante unos segundos — solo fue porque estuviste muy cerca, normalmente los humanos nos rehúyen porque son conscientes de nuestra diferencia… no esperaba que te acercaras tanto y el olor de tu garganta…—se calló mordiéndose la boca y sus ojos buscaron los míos para ver si me había asustado.
Sonreí tranquilamente.
— Vale — acepte tapándome el cuello con las manos — nada de exponer la garganta — rompió a reír — tendré que comprar suéter de cuello alto y…— como no dejaba de reírse me calle solo escuchando el delicioso sonido de su alegría.
— No, no — negó con la cabeza haciendo que su cabello me hiciera cosquillas — fue más la sorpresa — aun sonriendo alzo una de sus manos y la dejo caer con delicadeza en mi garganta.
Me quede inmóvil.
— ¿Ya lo ves? — Acaricio con suavidad y un estremecimiento me recorrió completo — todo va viento en popa — se me acelero el corazón de forma alarmante y quise poder refrenarlo.
No solo para hacerle las cosa más fáciles a ella sino porque sabía que podía escucharlo y era tan vergonzoso, sin duda, ningún chico malo tuvo una audiencia cuando sus nervios y emociones lo traicionaron ¡Diablos! ¡Por eso es que son chicos malos!
— Me encanta el brillo de tus impactantes ojos verdes — murmuro — brillan de forma diferente para cada situación y eso me hace preguntarme que estás pensando —
Suavemente subió su mano a mi rostro y lo acaricio.
— No sabes cuánto he deseado hacer esto — sus ojos relucían de fascinación — eres muy guapo Edward — soltó una risita y torcí la boca incrédulo — también me gusta tu cabello es… extraño y único — metió su mano en mi mata de cabello y los alboroto mientras sonreía como una niña ante una cosa brillante.
Pero yo no le estaba prestando atención a todas esas idioteces que estaba diciendo sino que de forma inconsciente Isabella cada vez pegaba más su cuerpo al mío y podía sentir sus pechos presionando ligeramente, en un acto muy estúpido baje mis ojos y esas hermosas pecas (que estaban esparcidas como si la mismísima mano de Dios las fuera puesto con especial esmero ahí) resaltaban en su pálida piel con ese delicioso tono de azul que cargaba su camiseta de tirantes.
Creo que ya tengo color favorito.
Como de costumbre mi corazón triplico la velocidad y me estaba controlando para no jadear.
— Quédate muy quieto — susurro.
¡Como si no estuviera ya lo suficientemente petrificado!
Lentamente sin apartar sus ojos de los míos se inclinó hacia mí, de forma sorprendentemente suave se dejó caer encima de mí y enterró su cara en el hueco de mi garganta, podía sentir su pecho subir y bajar de forma acompasada y ver como la brisa jugaba con sus ondas tirándolas de un lado a otro.
Me estremecí en cuando su mano se deslizo palpando cada contorno de mi pecho luego siguió la otra y ambas descansaron en mi cintura, a este punto solo podía escuchar el ensordecedor latido de mi corazón en los oídos, jadee en cuanto reclino la cara y su nariz de deslizo por el largo de mi cuello hacia mi clavícula y su frente descanso en medio de mi pecho entonces ladeo la cara con una sonrisa dulce y la dejo descansar tiernamente… escuchando los latidos de mi corazón.
— Hermoso — dijo en un suspiro.
No había nada más en mi cabeza a excepción que ella me tocaba y que estaba literalmente encima de mí.
Fuera deseado tener la fuerza suficiente para mover mis brazos y rodearla con ellos pero temí que se asustara y saliera huyendo, era demasiado placentero estar así, justo sin movernos, solo disfrutando uno del otro, por primera vez no me la imagine en miles de formas obscenas sino que deje todo eso de lado y disfrute de la tibieza de su amor por mí.
Pudieron ser horas todo lo que duramos pero no me importaba.
En un suspiro me libero y su expresión estaba llena de paz.
— No volverá a ser tan duro — musito sentándose y dejando las manos encima de mi estómago.
— ¿Cómo estuvo? —
— Mis suposiciones eran un tanto exageradas — sonrió — ¿Qué tal tú? —
— Oh, nada en lo absoluto —
Se rio.
— Sabes de que te hablo — me encogí de hombros sonriendo — toca — tomo mi mano y se me inclino para posarla encima de su mejilla — está caliente — apenas note la calidez que tenía su mejilla.
Mi mano estaba tapando casi la mitad de su rostro y soñaba con esto desde que la vi, era por completo diferente a solo acariciarla con un dedo, se sentí mucho más… placentero.
— Quieta — ordene y ella se sentó con las manos descansando a ambos lados de sus piernas y cerrando los ojos.
Me levante con cuidado para no hacer ningún movimiento inesperado, a pesar que estaba encima de mi tuve que bajar ligeramente la cabeza para poder ver su rostro, eso me hizo sentir como si tuviera una muñequita de porcelana entre mis brazos, con ambas manos tome su rostro y acaricie sus mejillas con los pulgares deleitándome igual que siempre con su suavidad, metí una dentro de su cabello, por la parte de su cuello y con la otra acaricie sus parpados, su nariz, su mentón y… sus labios.
Me mordí la boca para evitar soltar cualquier sonido.
Eran suaves, lisos y fríos con un hermoso color rojo casi llegando a la cereza, me moví solo un centímetro pero luego me detuve y agite mi cabeza para eliminar cualquier pensamiento que involucre juntar mi boca con la de ella.
— No te asustes — advertí antes de hacer lo que quería hacer.
— ¿Asustarme yo? — trato de contener la sonrisa pero fallo y sus dientes relumbraron demasiado cerca de mi rostro.
Aturdido me aleje apoyándome en mis brazos.
— ¿Sucede algo? — abrí sus ojos y ladeo levemente la cabeza.
— tenía una duda —
— ¿Cuál? —
— bueno, es… es... — me pase la mano por el cabello y desvié la vista — ¿Tú me puedes morder? — su cuerpo se puso rígido al instante y conforme los segundos pasaban se relajó hasta escuche su atronadora risa.
Rodé los ojos.
— ¡Hay Edward! — Suspiro sonriendo — eres tan humano —
— ¿Gracias? — soltó una risita y tomo mi brazo haciendo que me acercara a ella de nuevo, sus manos se cerraron en la mía y con una morbosa curiosidad que me emocionaba vi con euforia como abría su boca y lentamente sin despegar sus ojos de mi rostro cerraba sus dientes en torno a mi dedo pulgar.
Sentí un leve pinchazo como el de una aguja y luego me soltó.
— ¿Satisfecho? — pregunto arqueando una ceja.
— ¡Whoa! ¡Claro! — exclame viendo mi mano y moviendo mi dedo pulgar, apenas habían marcas rosadas y lucia justo como si me fuera mordido una humana.
Sorprendente.
Me observaba con una dulce diversión y le sonreí emocionado.
— Ahora quédate quieta — dije sonriendo más retomando donde me había quedado antes — y trata de no aturdirme de nuevo — su cuerpo se sacudió levemente y supe que estaría riéndose de haber podido.
Con delicadeza coloque mis manos en sus hombros y acerque mi rostro a su garganta, deslice mi nariz oliendo su aroma y gemí internamente, mis manos sin pedirme permiso de deslizaron por sus brazos hasta dejarlas descansar en su pequeña cintura, llegue a su clavícula y ladee el rostro apoyando mi oído en donde debería ir su corazón, solo escuchaba su acompasada respiración… nada más.
Seguí subiendo y alguno de sus mechones de cabello me hicieron cosquillas provocando que soltara una risita mientras me apartaba.
Cuando enfoque mi vista en sus ojos mi sonrisa fallo… había deseo en ellos, no lo suficiente para asustarme pero si demasiado como para que el corazón de me dispara y sintiera un nudo en el estómago.
— Desearía — susurro — desearía que pudieras entenderlo…— alzo su mano y la dejo descansar sobre mi rostro.
— dímelo —
— No sé si pueda, ya te he hablado de la sed y te he dicho lo que soy y lo que siento por ti, creo que puedes comprenderlo de alguna forma aunque… — sonrió un poco —no puedas hacerlo del todo al no ser adicto a ninguna droga — sus dedos fríos se deslizaron por mis labios y abrí la boca jadeando.
Cerré mis ojos con fuerza para resistir a esos ojos encendidos y no tratar de abalanzármele encima.
— Puede que lo entienda mejor de lo que piensas — no fue mi intención pero mi vos sonó ruda y áspera — ¿Comprenderías a lo que me refiero si te dijera que solo soy un hombre? — deslizo su mano hasta que quedo en mi pecho y la sentí temblar encima de mí.
— si lo entiendo ¿Te resulta muy difícil ahora? — la comisura de mi boca se elevó al ser consciente de la ironía, abrí mis ojos y tenía una expresión confundida.
Pero no se movió ni un milímetro y yo no le conteste.
Tampoco iba a hacerlo.
— no estoy acostumbrada a tener deseos tan humanos… ¿Siempre es así? —lo medite un segundo con la escasa experiencia que haya tenido con el deseo pero no era suficiente.
Mi profesora de matemáticas no se acercaba ni por los talones a Isabella y no había manera de comparar ambos deseos ya que uno sobrepasaba al otro y simplemente se me salía de las manos.
— Soy nuevo en esto también — admití.
— quisiera poder… yo desearía darte… — sus ojos se volvieron oro líquido y supe que estaría llorando si pudiera — no se lo cerca que puedo estar de ti… no sé si pueda controlarme o si…—
Me incline hacia adelante avisándole que me estaba acercando y se calló mientras esperaba mi contacto, en mi anhelo de reconfortarla la rodee con mis brazos y la apreté con fuerza consiente de nuevo de lo pequeñita que era.
— Esto basta — hundí mi rostro en su cabello y ella me rodeo con sus brazos ladeando el rostro y apoyando sus manos abiertas en mi espalda — esto es muy humano Isabella —
— Tengo instintos humanos — suspiro — pueden que este muy en el fondo pero los tengo —
— Me alegro — sonreí.
— Por cierto — susurro— no solo me gustan los abrazos… los amo— me estremecí al escucharla pronunciar esas palabras pero a la final reí de lo tierna y dulce que era.
Permanecimos así durante vaya a saber cuánto tiempo, me preguntaba si le gustaría moverse tan poco como a mí pero la sombra del bosque comenzó a alcanzarnos y estaba empezando a sentir hambre.
Suspire.
— ¿Tienes que irte? —
— ¿No y que no podías husmear en mi cabeza? —
— Cada vez resulta más fácil — dijo llena de humor y alivio.
La tome por los hombros y la aleje para poder verla, sus ojos brillaban y tenía una sonrisa de oreja a oreja.
— ¿Quieres ver algo genial? — pregunto entusiasmada.
Ladee la cabeza.
— ¿Qué? —
— Cómo viajo por el bosque — me tense y ella se rio dando leves saltitos que hacían que sus risos bailaran — tranquilo estarás a salvo y será muy divertido — jamás la había visto tan entusiasmada.
Se levantó en uno de esos movientes suyos y su cuerpo seguía dando leves saltitos, estaba entre confundido y enternecido.
Parecía una niña en un parque de diversiones.
— ¿Te convertirás en murciélago? —
Rompió a reír.
— ¡Como si no hubiera escuchado eso antes! — rodé los ojos y me levante acomodándome la camisa y limpiándome algunas ramitas que me habían quedado en los brazos.
Cuando la mire ya tenía sus zapatos puestos y un desastroso moño en la cabeza del cual algunos risos se escapaban de él, estaba el doble de eufórica que hace unos segundos.
— ¿Y ahora? — pregunte con recelo.
— ¡Súbete a mi espalda! —
— ¡¿Qué?! — grite dando un paso hacia atrás.
— ¡Hay Edward! — Gimió desesperada — no te vengas a dar de machito ahorita súbete a mi espalda — ordeno estrechando los ojos.
¡No! ¡No! ¡No! ¡De ninguna maldita forma!
— ¡Estás loca! — Me queje cruzándome de brazos — no hay ninguna jodida manera que me haga subirme a tu espalda — sentencie clavando mis ojos en los suyos.
Resoplo cruzándose de brazos.
— Eres tan malditamente terco —
Yo era una pésima influencia.
— Bella cuidado con tus palabras — la regañe tragándome una sonrisa casi podía imaginarme que me diría el Doctor Carlisle Cullen si escuchara hablar así a su hija.
— como si tu tuvieras cuidado con las tuyas — rodo los ojos — ¿Serviría de algo si te rogara que lo hicieras? — me sonrió con dulzura y sus ojos se clavaron en los míos.
Vacile unos segundos pero agite mi cabeza y cerré los ojos para que no me engatusara.
— ¡No! — dije obstinadamente firme.
Es que era tan pequeña y delicada, igual que una hermosa muñeca, no me imaginaria subirme a su espalda… ¡Ugh! ¡No era posible! Además había que tomar en cuenta mi poco orgullo de chico malo suficiente era que ella me asustara cuando se lo proponía.
— pero Edward…—
— he dicho no —
— Actúas como un malcriado — se quejó — ¿Por qué no quieres hacerlo? ¿O es que te da miedo? —
— ¡No tengo miedo! — Chille — solo que no hay ninguna manera de que voluntariamente me suba a tu espalda — gemí pasándome las manos por el cabello — ¿Sabes lo que me dolerá? —
— ¿En tu orgullo de chico malo? —
— ¡Sí! — chille de nuevo.
— ¡Oh bien! — abrí mis ojos para ver si de verdad se daba por vencida pero salte en cuanto la encontré agazapada y con una sonrisa de oreja a oreja — ya que dijiste que no lo arias voluntariamente — un siseo se escapó de sus labios.
Fruncí el ceño torciendo la boca.
No había forma de que eso me asustara ahora y menos cuando mi orgullo estaba pendiendo de un hilo.
— Sujétate fuerte — advirtió.
— ¿Qué quieres decir…? — las palabras murieron en mi garganta cuando con delicadeza pero a la vez firmeza me tomo en sus brazos y me hecho encima de su espalda
¡Malditasea!
¿Por qué se me tiene que olvidar que estaba discutiendo con una vampira?
Entonces echó a correr.
Cruzo como una bala… como un espectro… ¡O lo que sea! Lo cierto era que no parecía esforzarse mucho, su respiración nunca se alteró y sus pies ni siquiera dejaban muestras de que alguna vez ella paso por ahí.
— ¡Sujétate bien pequeño cobarde! — grito sonriendo.
Mis brazos y piernas se aferraron a su alrededor (con la fuerza de poder estrangular a una persona) y vi como empezaba a subir un árbol con una sonrisa pegada a su cara.
En un acto de estupidez mire hacia abajo y sentí el desfallecimiento del mareo… ¡Estábamos a unos jodidos veinte metros de altura! Casi podría decirse que tenía en corazón en la boca, desacelero su escalada y cuando paro jadeaba como si fuera sido yo el que hacia todo el esfuerzo.
— ¿Qué te parece? — pregunto sin que su vos sonara alterada.
Medio grogui enfoque mi vista hacia el frente y si no fuera estado como estaba ahora fuera dicho algo inteligente.
— ¿Confías en mí? —
— ¿Tengo otra opción? —
— No — se rio entre dientes — cierra los ojos —
Salto de la copa del árbol hacia la otra… ¡Y yo no había cerrado los ojos!
De la nada el subidón de adrenalina de detuvo abruptamente y fue el momento en que supe que todo había acabado a pesar de que mis ojos no veían nada y mis oídos solo escuchaban a mi corazón.
— Divertido ¿Verdad? — dijo entusiasmada y con vos aguda.
Espero a que me bajara pero no podía moverme, mis músculos no me respondían y mi cabeza daba vueltas de forma vertiginosa.
— ¿Edward? — pregunto inquieta.
— Creo que necesito tumbarme — murmure jadeando.
— Oh, sí, claro —
Me espero pero no pude moverme.
— Creo que necesito ayuda — admití.
Escuche su risa mientras con delicadeza me soltaba las piernas y luego los brazos y me dejo encima de unos mullidos helechos.
Me siento como un changuito.
— ¿Estas bien? —
— ¿Es normal que mi cerebro patine? —
— Cierra los ojos e inspira profundamente — quise asentir pero mi cabeza no me dejaba, me tumbe con los brazos extendidos y la obedecí.
Ella dulcemente se había puesto encima de mí.
Creo que esto del contacto se le está dando bastante bien.
Mis oídos pitaban.
— Creo que no fue una buena idea — musito — no estás acostumbrado… todavía —
— No, ha sido interesante…— entonces me percate de lo que había dicho y gemí — ¡¿Todavía?! —
¿Orgullo? ¿Puedes escucharme? ¿Sigues vivo?
No lo culparía si me abandonara.
— Cierra los ojos la próxima vez — reprocho juguetona pero aun así podía oír el tono mamá gallina del que me estaba empezando a acostumbrar.
— ¡¿Próxima vez?! — gemí de nuevo.
Isabella soltó una carcajada.
— Presumida — masculle frunciendo el ceño.
— Edward mírame —pidió y su vos sonó como la más dulce de las mieles.
Abrí mis ojos y ahí estaba ella, de nuevo encima de mí con su rostro demasiado cerca del mío, su belleza me aturdió de nuevo y mi corazón se volvió a disparar.
¿Alguna vez me acostumbrare?
— mientras jugaba estaba pensando…—
—… en que deberías considerar encontrar un juego de mesa, espero —
— Idiota — puso los ojos en blanco — realmente eso no fue nada para lo que mi naturaleza puede hacer — sonrió orgullosa de sí misma y resople.
— Presumida — repetí.
— Deseo intentar algo — fui consiente la determinación en sus ojos y me quede sin respiración.
Tomo mi rostro entre sus manos y vacilo, no de la forma habitual y no de una forma humana, sino que lo hizo por la misma razón en que no despegue mis ojos de los suyos… queríamos grabar a fuego este momento.
Sus fríos labios de mármol presionaron los míos y se abrieron ligeramente dejando escapar su aliento frio y estremeciéndome por completo… para lo que no estábamos preparados era para mi respuesta.
En un ataque de frenesí y deseo la tome por el rostro levantándome para poder tener mejor acceso a su boca, gemí rodeando su cintura con un brazo mientras que con la otra mano me aferraba más a ella ya que sentía que quería separarse de mí, comencé a jadear aspirando su aliento y cuando estaba a punto de saborear con mi lengua sus labios coralinos… desapareció.
Caí al piso y el sonido de un golpe sordo contra algo no fui yo, aturdido y medio grogui me levante en mis codos y enfoque mi vista, Isabella estaba parada como una estatua en la parte trasera de mi camioneta, su expresión era vigilante.
— ¡Ups! — musite queriendo parecer inocente.
Sus ojos eran feroces y frenéticos pero ahí, muy en el fondo había deseo y cierta frustración, sus puños se apretaron y estaba seguro que no respiraba.
— eso es quedarse corta —
Suspire recobrándome del aturdimiento.
— ¿Estás bien? —
— Aguarda un segundo — cerro sus ojos y por lo que me pareció mucho tiempo los abrió y todas las emociones parecieron sosegadas — ¡Listo! — anuncio con una sonrisa traviesa y muy orgullosa de sí misma.
Pero eso no fue lo que me sorprendió sino que la tenía de nuevo encima de mí.
— ¿Qué tal? — pregunte acariciando sus brazos.
— soy más fuerte de lo que pensaba —
— Desearía decir lo mismo —
— No te preocupes — agito su mano restándole importancia — solo eres humano — se encogió de hombros como si eso explicara todo.
Vale en gran parte si lo hacía.
— ¿Debería sentirme halagado? —
Se echó a reír negando con la cabeza.
Se levantó y me tendió una mano, se la tome y sin esfuerzo alguno me levanto, caminamos juntos hacia la camioneta y por la sonrisa traviesa que cargaba en su boca supe que estaba tramando algo.
¡Que angelical se veía cuando sonreía! Creo que nunca la había escuchado reírse o sonreír tanto como lo había hecho hoy.
— ¿Cómo te encuentras? — Me pregunto con ojos repentinamente brillantes — ¿Sigues grogui por la carrara o fue por el beso? —
— un poco de ambas — reconocí.
— creo que deberías dejarme conducir —
— ¡¿Qué?! — Me detuve en seco — ¿Estás loca? ¡Ni de broma lo haría! — protesté negando con la cabeza.
— ¡Hey! ¡Tengo mejores reflejos! — Se burló quitándose un mechón de la cara — conduzco mejor que tú en tu mejor día —
— Aun así…— dude por unos segundos — no, no, no ni de coña te dejaría conducir el viejo trasto —
Su rostro mostró fingida indignación.
— un poco de confianza Edward… por favor — ronroneo el por favor y eso hizo que mi cabeza pensara en cosas que no debería.
Tenía la llave apretada dentro del bolsillo ¿Qué hacer? ¿Cómo resistirme a los encantos de Isabella?
Cerré los ojos, era más fácil resistirse así.
— ¡Absolutamente no! — dije con firmeza.
Gimió.
— ¡Que cruel! — Musito llena de indignación — ¿Crees que dañaría a tu fea camioneta? ¡Eso es muy ofensivo Edward! — abrí mis ojos de golpe y tenía una expresión llena de frustración y rabia.
Suspire y levante las llaves en el aire lista para dejarlas caer, no había manera de resistirme a ella, aunque supiera que me estaba manipulando para salirse con la suya.
Y justo antes de que se las entregara un brillo de triunfo enceguecedor se posó en sus ojos y me golpeo de lleno en el orgullo.
— ¡No! — declare caminando hacia la camioneta del lado del piloto.
Suspiro y sonreí encaramándome y cerrando de un portazo, estaba a punto de inclinarme para abrirle cuando ya se estaba subiendo en el asiento.
Volteo su cabeza y nuestros rostros quedaron demasiado cerca, algo en su expresión (como si ella fuera ganado en vez de perdió este pequeño debate) me hicieron preguntarme en vos alta:
— ¿No estas afectada por mi presencia? —
Una sonrisa petulante se formó en sus labios.
—Sea como sea— murmuro — siempre tendré mejores reflejos que tu —hice un mohín enfurruñado y me senté cruzándome de brazos.
— Me haces sentir como un gatito frente a un león—
— es uno de tus encantos… créeme —
Soltó una risita y sus fríos labios rozaron mi mejilla en un gesto lleno de dulzura y diversión.
¡Ag! ¡Me encanta este Cap! ¡Pobre de mi Eddie su orgullo cada vez esta más por el suelo! Jajajaja…
¿Reviews?
¿Porfis? ¡No hagan llorar a la escritora!
Espero que le haya gustado tanto como a mí.
Les deseo lo mejor como que Eddie Mesen te declare su amor a ti.
