Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.

Capítulo 14

El sol se ocultaba en el horizonte y la brisa soplaba a través de las ventanas alborotando los rizos de Isabella, no podía borrar mi estúpida sonrisa sobretodo porque tenía su mano encerrada en la mía.

— Está bien Edward — dijo de pronto haciendo un mohín — tengo que admitir que conduces bastante bien — yo me reí porque le había costado mucho escupir esa frase.

— gracias, viniendo de ti es todo un honor —

Me pico una costilla en medio de un bufido y yo volví a reír, se inclinó para juguetear con mi radio y empezó a cambiar emisoras por unos minutos.

— ¿Esta cosa de seguro sirve? — protesto en un murmullo.

— Isabella — fruncí el ceño — que no tenga puerto pendrive no significa que no sea bueno — ella soltó una risita — no entiendo porque no te gusta, tendrás que admitirlo algún día, esta camioneta le sobra personalidad —

— suerte que tengo la eternidad por delante — mascullo rodando los ojos y solte una carcajada — ¿Sabes a lo que si le sobra personalidad? A un Aston Martin — suspiro atontada.

— ¿Te gustan? —

— Sip… está encabezando la lista de mis favoritos —

— ¡Oh! — Ladee la cabeza confundido — ¿No es un modelo demasiado masculino para ti? —

— ¿Quién dijo que era para mí? — Estaba a punto de preguntar por su enigmática respuesta cuando sintonizo una emisora de viejos éxitos — esta es fantástica — dijo apoyando su espalda en el asiento y cantándola mientras movía un pie al ritmo de la música.

Se sabía la letra entera.

— ¿Te gusta la música de los cincuenta? —

— sí me gusta, era bastante buena en esa época, mucho mejor que los sesenta y los setenta… ¡Puaj! — se estremeció — esas faldas cortas, copetes, ropa coloridas y amor libertino apenas fueron soportables, las cosas mejoraron un poco en los ochenta —

— ¿Me dirás cuántos años tienes en realidad? —

— ¡Edward! — Exclamo — ¡A una mujer no se le pregunta la edad! —

— ¿Por favor Bells? — ronronee mirándola de reojo y dándole una sonrisita que pretendía que fuera encantadora.

Estrecho los ojos porque sabía lo que estaba tratando de hacer.

— ¿Y si te perturba…? — vacilo mordiéndose la boca.

— Pruébame — la anime y sentí como su mirada de mamá gallina me estudiaba, sea lo que sea que encontró en mi cara eso le ayudo ya que suspiro asintiendo.

— Nací en Chicago de 1901 — me miro por el rabillo del ojo y puse cuidado en que mi cara no mostrara sorpresa alguna — mi padre, Carlisle, me encontró cuando estaba muriendo de Gripe Española en 1918 —

¡Recorcholis!

Sus ojos se sumieron en un profundo recuerdo y de la nada me parecieron antiguos y preciosos como las mejores joyas de la corona Inglesa.

Me obligue a concentrarme en la carretera.

— Los recuerdos humanos se desvanecen con el tiempo pero antes de la gran guerra que después fue llamada La Primera Guerra Mundial mi vida era muy… bonita — sonrió con nostalgia — era una tranquila chica de diecisiete años, mis padres eran amorosos y tenían muchas esperanzas de que me casara pronto, solían darme lo que quería, era un poco caprichosa en ese entonces — soltó una risita — mi día era bastante sencillo, mis clases particulares con mi padre, bailar ballet y clases con mi madre sobre cómo ser una dama, en las noches me sentaba frente a la chimenea con ellos, contábamos muchas historias, mi madre era una persona muy vivaz y divertida mientras que mi padre era un aventurero fantasioso eso las hacían emocionantes, hacían la pareja perfecta — suspiro — a veces mi padre y yo bailábamos por todo el salón por largos ratos, él me decía que yo era su nena

— Bells…— le di un apretón de mano y la mire sintiéndome culpable a pesar que su vos no reflejaba tristeza, sino más bien un profundo respeto como si contara la más mágicas de las historias, pero aun así sabía que era duro.

— Estoy bien — me miro sonriendo — te dije que no los recuerdo bien pero mis diarios me ayudan a hacerlo —

— ¿Tienes diarios? — pregunte enarcando una ceja.

— ¿Por qué no lo tendría? —

A veces Isabella puede ser tan humana.

Me pregunto si me dejaría leerlos…

— No creo que quieras a menos que tengas problemas para dormir — comento burlona.

¿Cómo supo…?

— Cada vez más fácil —

— ¡Basta! — Me queje gruñendo — me estas poniendo nervioso — se rió y yo rodé los ojos agradeciendo que por algún disfuncionamiento de mi cerebro ella se mantenga alejada de él — ¿Qué paso después? —

— llego la guerra y mi madre y yo nos alistamos para ser de enfermeras mientras que mi padre lo hacía como soldado — hizo una mueca — ellos murieron a causa de la gripe, estaba sola y por eso es que Carlisle me escogió —

— ¿Cómo te salvo? — mi vos apenas fue un susurro.

— fue difícil, no muchos de nosotros tenemos el necesario autocontrol para conseguirlo, pero mi padre siempre ha sido el más humano y compasivo de todos, dudo que se pueda hallar uno igual a él en toda la historia, lo quiero mucho — sonrió para sí misma — para mí solo fue muy, muy doloroso — quise preguntar respecto a eso pero por la forma en que se mordía la boca supe que no iba a decirme nada.

Reprimí mi curiosidad para después.

— actuó desde la soledad, fui la primera en unirse a la familia de Carlisle, aunque poco después encontró a mi madre, se cayó de un risco, la llevaron directamente a la morgue del hospital, aunque, nadie sabe cómo, su corazón seguía latiendo —

— así que tienes que estar muriendo para convertirte en…— deje la frase en el aire nunca pronunciábamos esa palabra y no iba a comenzar hoy.

— Eso es solo de Carlisle, jamás le haría eso a alguien que tuviera otra alternativa — cada vez que hablaba de su padre sus ojos brillaban con un profundo amor y respeto.

Miro la carretera solo iluminada por los faros y tuve la sensación de que quería zanjar la conversación.

— ¿Y Emmett y Rosalie? —

— El siguiente quien trajo a la familia fue a Emmett — soltó una risita divertida — él estaba en una excursión con unos amigos, creía que podía vencer a un oso sin ayuda pero resulto todo lo contrario, mi padre ya lo había visto cuando se estaba instalando para hacer la tienda de campaña, algo que escucho decirle le hizo salvarle, aunque yo fuera hecho lo mismo Emmett puede resultar tan… maravilloso — puso los ojos en blanco — de una forma irritante pero maravilloso de todas formas —

— ¿Irritante? —

Suspiro.

— Emmett suele ser demasiado feliz para su bien, cuando llego a donde vivíamos su mente creía que estaba volando hacia el cielo y que era juzgado por Carlisle que se supone que era Dios — soltó una carcajada y sonreí porque podía entender porque él había pensado eso — cuando le explicamos todo nos sorprendió de que se lo tomara tan bien y de forma relajada de hecho estaba que botaba chispas por enfrentarse a un oso con su nueva fuerza entonces entendí por qué mi padre lo había transformado — empezó a juguetear con un rizo — tenía la esperanza de que Emmett fuera para mí lo mismo que Esme para él, pensaba que su alegría y vitalidad podría ser lo que faltaba en mi existencia, pero nunca fue más que un hermano para mí y claro que no ayudaba a que lo viera de forma atractiva cuando lloriqueaba porque hacia trampa en las peleas — se señaló la frente y soltó una risita divertida — dos años después encontró a Rosalie — no podía saber con exactitud con esta negrura pero me pareció que su rostro se ensombreció — la encontró cuando caminaba por una calle y su rostro '' hermoso como el de un ángel '' lo conmovió de tal forma que cruzo una ciudad entera con ella en brazos para llevársela a Carlisle y que la transformara para él al temer que no pudiera hacerlo por si solo — alzo nuestras manos y beso la mía, sonreí un poco y le acaricié la mejilla con dulzura — solo ahora comienzo a intuir cuan duro fue ese viaje —

— Pero lo consiguió — le anime desviando la vista de la hermosura de sus ojos y concentrándome de lleno en la carretera.

Creo que debí dejarla conducir.

— Si — murmuro — llevan juntos desde entonces, a veces viven separados de nosotros como una pareja casada, cuanto más joven fingimos ser, más tiempo podemos permanecer en un lugar determinado Forks parecía perfecto, de ahí que nos inscribiéramos en el instituto, supongo que dentro de unos años vamos a tener que ir a su boda otra vez, verdaderamente debería pensar muy bien que regalarles ya que las opciones son cada vez más limitadas — se echó a reír.

— ¿Y Jasper y Alice? —

— Mmm… — murmuro vacilante — son dos criaturas muy extrañas — de reojo pude verla sonreír ampliamente — ambos eligieron este camino por ellos mismo, sin ninguna guía o ayuda externa, Jasper perteneció a otra familia… una completamente diferente pero se había deprimido y comenzó a vagar por su cuenta, Alice lo encontró —

— ¿Cómo lo hizo? —

— ella está dotada con habilidades al igual que yo —

— ¿Enserio? — dije fascinado.

Asintió.

— Alice puede ver hechos venideros —

— apuesto que me vio venir… —

— Todo es subjetivo — me corto bruscamente, la sentí tensa y pude contemplar su ceño fruncido solo por un instante antes de que desapareciera por completo — el futuro no está grabado en piedra, las cosas cambian — sonrió muy segura de sí misma dejándome confundido.

¿Me había imaginado todo?

— ¿Que más ve? —

— es bastante sensible hacia quienes son como nosotros, por ejemplo vio a Carlisle y nuestra familia también vio que Jazz la estaba buscando y cuando un aquelarre se acerca demasiado a nuestro territorio —

— ¿Hay muchos… de los tuyos? —

— no mucho pero la mayoría son nómadas y no se asientan en ningún lugar solo los que renuncian a la sangre humana tienen esa capacidad, solo hemos encontrado a una familia como la nuestra en un pueblecito de Alaska — suspiro — vivimos juntos un tiempo —

— ¿Siempre los que viven diferentes se agrupan? —

— Mayormente, aunque los Vulturis los consideremos más como familia lejana, tenían una casa espaciosa y eran muy generosos pero éramos demasiados y llamábamos la atención así que nosotros nos fuimos por nuestra cuenta rumbo al norte —

Ya habíamos llegado a mi casa y apague el motor, todo estaba oscuro y las luces del porche estaban apagadas, Anthony todavía no había llegado, me gire hacia ella y le tome la otra mano mientras preguntaba:

— ¿Por qué el norte? —

— ¿Has abierto los ojos esta tarde? — Bromeo — ¿Crees que podríamos caminar por las calles sin provocar accidentes de tráfico? Hay una razón por la que escogimos la Península de Olympic: es uno de los lugares menos soleados del mundo, resultaba agradable poder salir durante el día, ni te imaginas lo fatigoso que puede ser vivir de noche durante ochenta y tantos años — arrugo la nariz — una vez lo intentamos, solo duramos un par de meses, era insoportable vivir con seis vampiros estresados y soltando maldiciones a cada segundo, la peor de todos fue Rosalie — se estremeció levemente.

— ¿De ahí viene la leyenda? —

— Probablemente —

— ¿De dónde venía Alice? —

— es un misterio, despertó sola y nunca entendimos porque su creador hizo eso, seguramente sin ese otro sentido suyo se habría vuelto una criatura totalmente salvaje — abrí mis ojos sorprendido.

No podía hallar una manera de imaginar a la dulce y pequeña Alice como un animal, en el bosque sola y con ojos vigilantes a la espera de su posible víctima, había tantas cosas que pensar y mucho más por preguntar… pero mi estómago gruño protestando por el hambre que tenía.

— Lo siento — soltó una risita — jamás había estado acompañada de alguien que comiera, se me había olvidado —

— Estoy genial… además quiero estar contigo —

— yo también — podía escuchar su sonrisa.

¿Qué pensara de que la invite a entrar a mi casa? Sería demasiado lanzado o… ¡A la mierda! Ya no me queda nada de orgullo ¿Qué puedo perder con intentarlo? Además ella es mi… mi… novia ¡Ugh! Es tan irritante que no sepa ni una mierda de estas mariqueras.

Quizás debí aceptar la oferta de Lizzi cuando veía los maratones de Vampires Diaries los sábados por la noche.

— ¿Quieres entrar? — pregunte… uh, bueno, mejor dicho, balbucee.

— ¿Te gustaría? —

— Claro — acepte sonriendo un poco al escuchar su vos llena de entusiasmo — aunque te prevengo que es una casa de hombres y no es muy delicada a como tu estas…— pero mi advertencia murió en mis labios cuando unos faros alumbraron en la esquina.

Me sentí como uno de esos venaditos que pillan en mitad de carretera, me imagine mi cara y casi estuve a punto de reírme, sino fuera porque Anthony estaba peligrosamente cerca… además que estaba cabreado porque justamente ahora tenía que aparecer.

¡Diablos!

¡Justo cuando la había invitado a que pasara a la casa!

Debí de haber hecho algo realmente malo en mi vida pasada.

— ¿Quieres que tu padre…? —

— No-o —

— Lo supuse — sus labios rozaron mi mejilla ligeramente provocándome escalofríos y aleteos de corazón — después —

Y me quede solo.

¡Mierda!

— ¿Bella? — Pregunte saltando del asiento al otro y sacando mi cuerpo por la ventana — ¡Bella! — la llame intentando no gritar.

— Nos vemos Edward — susurro de forma espectral combinada con una risita, un soplo de aire impregnado de su esencia me golpeo de lleno en la cara y supe que se había ido.

— ¿Eddie? — pregunto Anthony.

Gruñí en respuesta.

— Si soy yo — abrí la puerta y me baje de mala gana — ¿Quién más seria si no? — cerré de un portazo y él soltó un silbido por lo bajo.

— Muérdeme — mascullo — ¿Mal día? — pregunto llegando a mi lado, comenzamos a caminar hacia la casa, traía una pequeña cubeta y podía ver las colas de los peces sobresalir.

Suspire.

Ya Isabella se había ido ¿Qué caso tenia seguir gruñéndole a Anthony? De todas formas no era totalmente su culpa.

— en realidad no —

— ¿Entonces? —

— Tengo hambre — me encogí de hombros — eso es todo —

— Mmm — balbuceo abriendo la puerta — ¿La dejaste abierta? —

— hee… no —

— ¿Seguro? —

— vale, quizás si… no lo sé… no lo recuerdo — murmure pasándome las manos por el cabello.

— Fíjate bien la próxima vez —

— Claro, porque alguien se atrevería a irrumpir en la casa del jefe de policías — se rió mientras caminaba hacia la sala y rodé los ojos entrando a la cocina.

Enserio tenía un hambre voraz.

Tome la cena de ambos y la metí dentro del microondas, estaba seguro de haber dejado cerrado, sobretodo porque buscaba cualquier excusa para no ver el perfecto y glorioso cuerpo de Isabella.

— ¿Eddie? —

— ¿Si Anthony? —

— ¿Si agarraras la tele solo para irme a preparar los peces o cambiaste de idea? — Fruncí el ceño confundido, no recuerdo para que mierdas necesitaría yo la tele hoy — ¿Qué haces ahí? — pregunto entrando a la cocina sus pasos (a pesar que andaba descalzo y solo con los pantalones) me parecieron muy ruidosos.

— Ya casi esta — dije aun distraído.

— ¿Entonces? —

— ¿Uh? ¿Qué? —

¡Había tantas cosas que pensar!

— Ya te había dicho que tu actividad de hoy estropea la salud de las personas —

Nos sentamos en la mesa y comenzamos a comer.

— Te daré la tele — dije dándome por vencido, no tenía ni la más mínima idea de que iba a hacer hoy en la noche.

— Oh bien — me miro con recelo — pensé que era importante para ti —

— Solo quiero dormir — asegure metiéndome un trozo de lasaña a la boca.

— ¿Enserio? — Ladeo la cabeza — ¿No tenías más planes para hoy? — estreche los ojos sin ánimo de jugar con Anthony esta noche.

— no, solo quiero dormir —

— ¿Y qué paso con esa chica… Jessica? — no se atrevía a mirarme a los ojos.

— Es solo una amiga — replique.

— ¿Ninguna chica del pueblo es de tu agrado? —

— Exactamente — fruncí el ceño — solo dormiré ¿De acuerdo? — Asintió aun sin mirarme — ya te dije que no te preocupes por mí, solo estoy cansado de ir y venir todo el día... — el teléfono sonó interrumpiéndome y solo se me ocurrió una persona quien podría llamar hoy.

Isabella.

— ¡Yo voy! — me levante de un salto y corrí a cogerlo.

¿Pero cuál era mi sorpresa? Que el maldito teléfono no estaba donde se suponía que tenía que estar.

Estoy considerando seriamente que debí haber sido el jodido de Hittler.

Seguía sonando así que corrí escaleras arriba, entre a la habitación de Anthony pero no estaba por ningún lado, entre a mi habitación y di vueltas hasta que el sonido se fue intensificando, me detuve en seco y me agache para mirar debajo de la cama… ¡Ahí estaba!

— ¿Isabella? — conteste jadeando.

— ¡Meseeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen! — ese chillido era inconfundible.

— Hola Kellan — salude con desanimo.

— ¡Vaya amigo! No te entusiasmes tanto solo soy yo — rodé los ojos.

— ¿Qué hay? —

— ¿Cómo que, que hay? —

— Kellan no estoy para…—

— ¡Amigo! — Grito Ethan desde el fondo — ¿Estás viendo los malditos giros que da el idiota que no pasamos? ¡El tío es bueno! —

— Aunque seguimos odiándolo… — gruño Kellan pero deje de escucharlo.

Solo ahora recordé que era lo que tenía que hacer esta noche.

¡Las competencias!

¡Los chicos!

¡El televisor!

¡La transmisión especial!

¡Santa cachucha!

Todo los pensamientos me llegaron de golpe y sentí como si despertara de un sueño, de pronto todo aquello me pareció demasiado lejano y por un momento totalmente desconocido.

Me obligue a concentrarme mientras corría hacia la laptop.

— ¿Chicos? —

— ¿Qué? — dijeron los dos al mismo tiempo.

— ¡Se me olvido! — Chille desesperado mientras deseaba internamente que se encendiera rápido — ¡Maldición! ¡Esta descargada! —

— Edward cálmate yo…—

— ¿Cómo quieres que me calme Ethan? ¡Llevo meses esperando esto! ¡Tenía hasta una maldita alarma! —

Oh, sí, estaba furioso.

— La cual no funciono — se burló Kellan.

— ¡Mira tú! — Chille histérico — es mejor que no te metas conmigo…—

— ¿Qué me aras? ¿Enviarme una carita enfadada? — los dos se soltaron a reír y gemí pasándome las manos por el cabello ¡Eran los peores amigos de todos!

— Los detesto — masculle empezando a quitarme la ropa para entrar a la ducha, necesitaba agua caliente con urgencia, creo que todo el mal humor se debe a que el hermoso rostro de Isabella me fue arrancado de forma abrupta.

Me estaba volviendo tan dramático.

— ¡Que va! ¡Nos amas! — Dijo Ethan — sobre todo porque estamos grabando la competencia —

— ¿Enserio? —

— Sip — contesto Kellan — y ya que nuestros planes se han arruinado por vaya a saber que mierda pasaba por tu mente… ¿Quién es Isabella? —

Detuve mi mano en el botón del jeans.

— ¿Isabella? —

— ¡Esa misma! —

— heee… — pero me calle sin saber que decir, del otro lado de la línea mis amigos aullaban de risa.

— ¡Hay Dios! — Chillo Ethan — ¡Lo hemos dejado sin palabras! Señores y señoras Edward Anthony Mesen se ha quedado sin palabras —

Mi suerte era más fea que… que… no, no hay nada tan feo con que comprarla.

Los dos preguntaron al mismo tiempo:

— ¿Quién es? ¿Dónde la conociste? ¿Esta buena? ¿Es rubia? —

— Isabella… en el instituto… es preciosa y no, no es rubia — respondí pasándome las manos por el cabello, era incomodo porque, uh, bueno eran mis amigos de siempre y sentía como si mezclara dos mundos completamente diferentes.

— ¿Es tu chica? — insistió Ethan.

— heee… — genial me había quedado sin palabras de nuevo.

— ¡Vamos hombre responde! — Asuso Kellan — ¿Sabes cuánto espere para que este momento llegara? — la euforia de los dos era casi sofocante o quizás era yo que estaba necesitando una ducha con urgencia.

— pues ella…— me gire para abrir la ventana cuando vi una silueta sentada en el marco.

No hice nada más inteligente que soltar un chillido de sorpresa y trastabillar hasta que caí de espalda a la cama.

Tanto Isabella, como Ethan y Kellan dijeron:

— ¿Edward? —

¿Qué probabilidades tiene un adolescente de morir por un infarto?

— ¿Estas bien? — Pregunto Isabella y me alce en mis codos para verla — lo siento no quería asustarte… aunque fuiste muy cómico — se rió bajito y la suave brisa desordeno sus cabellos mientras que la pierna que estaba dentro de la habitación se movía de un lado hacia el otro.

Era la viva imagen de la despreocupación.

— Mierda — musite cayendo de nuevo en la cama.

— enserio lo siento —

— Dame un minuto para que me vuelva a latir el corazón — dije cerrando los ojos, esto sobrepasaba los límites de lo vergonzoso.

¿Mi novia se colaba a mi habitación?

Ahora si puedo sentirme como todo un príncipe marica.

— ¡Edward! — grito Kellan y me hizo sentar de golpe recordándome que seguían en la línea — ¡Escuchamos todo! ¡Ella está ahí! ¡Esa Isabella está ahí! — aulló incrédulo y sorprendido.

— ¡Diablos Edward no sabía que ya estabas en la segunda base! — Esta vez grito Ethan — ¡Estoy tan orgulloso de ti! —

Estaba seguro que mi boca casi llegaba al piso, mire a Isabella pidiendo disculpa pero ella se hallaba demasiado divertida con toda la situación.

— Chicos me tengo que ir — murmure casi de forma entendible.

— ¿Qué? ¡No! — protesto Kellan.

— Espero que te estés protegiendo Eddie, no querrás ser…— y corte la llamada casi de forma desesperada, incluso apreté el botón unas cinco veces.

— ¿Cómo va el corazón? — pregunto ella tratando con todas su fuerzas de controlar su risa.

— Dímelo tú, lo escuchas mejor que yo — replique sin mirarla, deje el teléfono encima de la cama y me senté cruzando las piernas.

Ella suavemente se deslizo hacia el suelo y camino hasta quedar frente a mí (estaba descalza de nuevo) me tomo el rostro en sus manos y me alzo la mirada.

Sus hermosos ojos estaban chispeantes de felicidad y diversión.

— Estoy seguro de nunca haber utilizado la llave que estaba debajo del alero frente a ti — me mordí la boca repetidas veces y ella sonrió acariciando mi cabello.

— ¿Qué más iba a hacer de noche? —

— ¿Te has colado a mi habitación? — mi vos no sonó exactamente como si estuviera indignado, de hecho sentí una especie de calor por todo el cuerpo y la sangre correr por mi venas.

1…

2…

3…

Necesitaba calmarme, la única vez que sentí esto fue cuando mi profesora me descubrió y no era demasiado de chico malo hacerle competencia a una fresa.

— Sentía curiosidad — explico tranquilamente.

Inspire hondo.

— ¿Cuántas veces? —

— todas las noches —

¡Diablos! Mi cabeza daba vueltas.

— ¿Por qué? —

— Eres interesante cuando duermes — su sonrisa era simple y natural como si comentara el clima — hablas en sueños es tan fasci…—

— ¡No! — exclame tumbándome en la cama y tapándome la cabeza con la almohada, sabía que lo hacía, Lizzi solía joderme todo el tiempo con eso pero no sabía de qué fuera algo por qué preocuparse.

— ¿Estás muy cabreado conmigo? — la cama se hundió a mi lado y me acaricio la espalda desnuda con sus deliciosos dedos, un estremecimiento me recorrió por completo y gemí contra la cama.

Delicioso.

— Depende de que hayas escuchado — murmure ladeando el rostro para poder hablar, ella dulcemente me quito la almohada y su fría respiración la sentí contra mi mejilla.

— No estés enojado conmigo por favor — ronroneo con vos dulce y acampanada desliando sus manos de arriba abajo por mi espalda y mi brazo — extrañas a tu madre y solías hablar mucho de L.A, de las olas y giros de 360 º — soltó una risita — ahora lo haces con menos frecuencia incluso una vez dijiste '' no me convertiré en alienígena '' — esta vez se rió más fuerte, sabía que eso no era todo así que me levante ligeramente y trate de mirarla.

— ¡Escúpelo todo! — susurre estrechando los ojos.

Suspiro.

— dijiste mi nombre —

Resople.

Raro seria si no.

— ¿Mucho? —

— ¿Cuál es tu definición de mucho? —

— Genial — masculle tapándome la cabeza por completo.

— ¿Estas arrepentido? —

— Mejor dicho avergonzado —

— No te sientas así — sus fríos labios rozaron mi lóbulo — Sí. Pudiera. Soñar. Seria. Contigo — en cada palabra me daba un beso que mandaba una chispa de electricidad a mi organismo, me removí incomodo sintiendo cosas extrañas en mi estómago.

Malditas mariposas maricas.

Creo que necesito aire… y una ducha.

— Necesito un minuto para ser humano — avise levantándome en mis codos y mirándola por encima de mi hombro.

— Como gustes —

Me levante de un salto, recogí una pijama cualquiera del suelo y mi neceser de aseo del escritorio, antes de cerrar la puerta me gire hacia ella que estaba acostada boca abajo cruzando y descruzando los tobillos mientras me mirada.

— No te muevas — advertí apuntándola con un dedo y me hizo una demostración de cómo convertirse en una estatua — vale no era de una forma tan literal — la cama se sacudió con su risa sofocada y rodé los ojos mientras apagaba la luz y cerraba la puerta.

Tenía la intensión de ser tan rápido como una bala pero en cuanto mi piel toco el agua caliente me olvide por completo de todo, lo que era una suerte si pensaba en que Isabella estaba acostada en mi cama esperándome tendría que comenzar de nuevo.

A la final tuve que salir.

Por dentro tenía esperanza de no necesitar otra ducha… pero con agua fría.

Me puse el pijama que consistía en una camiseta llena de agujeros y un pantalón de chándal, era demasiado tarde para recriminarme por no saber dormir con pijamas pero no creo que Isabella se sienta muy cómoda teniéndome semidesnudo, además que me ayuda por si tengo algún tipo de emergencia… después de todo sigo siendo un adolescente hormonal.

Baje escopetado las escaleras y me adentre en la cocina buscando mi cena mientras me frotaba el cabello húmedo con la toalla.

— ¿Anthony donde dejaste la cena? —

— ¿Qué? — pregunto desde la sala.

— Nada, olvídalo — le dije encontrando mi cena dentro del microondas y zampándomela casi que sin masticar, busque el cartón de leche a ciegas y salte en cuanto una mano me lo entrego.

— Respira chico — murmuro mi padre — pareces nervioso — gemí internamente.

Justamente hoy Anthony tenía que fijarse en mí.

Me encogí de hombros no dándole importancia.

— ¿Quién llamaba? —

— Los chicos para lo de las competencias me dijeron que lo grabaron y me lo pasan después — metí un último trozo de lasaña y termine de tomarme un trago de leche — ¿Te importaría fregarlo por mí? — Casi corrí hacia las escaleras — ¡Eres el mejor! —

Entre de nuevo al baño, me cepille los dientes con furia y lance la toalla a la cesta de la ropa sucia, baje de nuevo hacia donde estaba Anthony fregando lo que yo había ensuciado.

— Buenas noches papá —

Me miro sorprendido.

— Buenas noches Eddie —

Subí los escalones de dos en dos y entre a mi habitación, cerrando la puerta detrás de mí, me apoye en ella y solté un suspiro mientras veía Isabella completamente quieta, parecía la estatua de Afrodita acostada encima de mi edredón, le sonreí y la estatua cobro vida.

Me evaluó con la mirada y enarco una ceja.

— me gusta tu ropa —

Hice una mueca.

— Te queda bien… aunque no sé porque la llevas — refunfuño frunciendo el ceño.

— no iba a andar semidesnudo contigo cerca —

— pero siempre lo haces —

— no sabía que lo hacía —

Y trato de no pensar mucho en eso.

Regrese a su lado y me senté apoyando la espalda en la cabecera y ella se sentó con las piernas cruzadas al final de la cama.

— ¿A qué viene todo eso? —

— Anthony cree que me escapare a media noche —

— Oh — lo considero — ¿Por qué? — pregunto como si no pudiera entender la mente de Anthony con la misma facilidad que yo pensaba.

— me ve nervioso y un poco acalorado —

Se rió gateando por encima de mis piernas.

— tiene razón, pareces sofocado —

— Pf… como sea-a — balbucee.

No podía encontrar una frase más inteligente teniendo en cuenta que su hermoso cuerpo estaba encima del mío (de nuevo) y me acariciaba con su nariz el cuello y con las manos mis brazos que descansaban en su pequeña cintura.

Yo podía… yo podía… yo podía… canturreaba en mi mente obligándome a no concentrarme en sus exuberantes pechos presionados contra mi torso ¡Por suerte llevaba una camisa!

— Parece que te resulta más fácil estar cerca de mí — tenían que felicitarme porque mi vos no reflejo nada, casi parece que estaba pasándola bomba.

— ¿Te parece? — sus manos se enredaron en mi cabello, se pegó más a mí y deslizo sus labios hasta mi oreja.

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña…

— sí, mucho, mucho más fácil — conteste mientras intentaba espirar.

Dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña…

— Mmm —

— Por eso me preguntaba…— sus labios empezaron a dar dulces y lentos besos a lo largo de mi cuello bajando por mi clavícula.

¡Santa mierda!

Tres elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña…

— ¿Si? — musito.

— ¿Por qué será? —

— El triunfo de la mente sobre la materia — sentí el temblor de su respiración sobre mi cuello cuando se rio y no hubo ningún elefante en la telaraña que me distrajera de las sensaciones que eso producía.

Me removí incómodo y conseguí retirarme unos centímetros.

Los dos nos miramos con prevención pero la chispa alarmada que se había encendido se relajó al instante y su expresión se llenó de confusión.

— ¿Hice algo mal? — ladeo la cabeza y me debatí un segundo en si decirle o no la verdad.

Veras Bells como puedes ver tienes un novio jodidamente humano y resulta que está en pleno crecimiento por lo que las hormonas andan revolucionas y quizás si haces algo demasiado excesivo para mis pobres sentidos puede que tenga una… me detuve en seco.

No, en definitiva, no podía decirle eso.

— me estas volviendo loco — le dije lo más que me permitía la decencia.

Sonrió.

— ¿De veras? — lucia complacida.

— ¿Necesitas una…? — me calle de golpe al darme cuenta que el filtro de mi boca y mi cerebro tenía una falla — eres una presumida — murmure con enojo y su sonrisa se convirtió en una '' gran '' sonrisa.

— no soy presumida Edward, es que estoy maravillosamente sorprendida — me aclaro dejando caer sus manos en mis hombros — en toda mi existencia nunca imagine que deseara estar de forma diferente a la que estoy con mis hermanos — suspiro — y descubro que contigo se me da fantástico aunque todo sea nuevo y desconocido para mí —

— Tú eres fantástica en todo — se encogió de hombros restándole importancia y nos echamos a reír.

— ¿Pero cómo puede ser fácil ahora? — Presione — esta tarde…—

— No es fácil — suspiro — pero esta tarde estaba todavía… insegura — coloco su rostro en el hueco de mi cuello y lentamente acaricie su espalda — no estaba segura de ser lo bastante fuerte… estuve susceptible mientras existía la posibilidad de verme sobrepasada… hasta que me convencí de que mi mente era lo bastante fuerte, que no existía peligro de ningún tipo… de que yo… de que pudiera…— jamás la había visto trabarse de esa forma con las palabras, resultaba muy humano.

— ¿Ya no existe esa posibilidad? —

— la mente domina la materia — repitio y solto una risita dulce.

— Pues sí que es fácil — refunfuñe un poco porque había enrollado sus brazos en mi cuello y ahora podía sentir toda su perfecta figura presionada contra la mía.

¿Cómo era la maldita canción del elefante?

— ¡Fácil para ti! — medio chillo sonriendo contra mi pecho.

Fruncí el ceño.

¿Fácil? ¡¿Fácil?! ¡¿Enserio pensaba que era fácil?! ¡La tenia encima de mi joder! ¿Cómo coño piensa que esa mierda es fácil teniendo en cuenta que soy un estúpido adolescente hormonal? Ella no sabía todo lo que tenía que hacer para mantenerme frío y sereno.

— Te equivocas — murmure con la vos más resentida de lo que pretendía.

— ¿Por qué? — pregunto sorprendida echándose hacia atrás para poder mirarme mejor, frunció el ceño y en medio de un suspiro deslice mi dedo por en medio de sus cejas para desaparecer esa dulce V — ¿Edward? —

— No importa Bells — susurre tomándola del rostro.

Mi momento de cólera pasó.

Ella no tenía la culpa de nada, estaba siendo increíblemente egoísta y un poco dramático con todo esto ¿Qué demonios me sucede? Tengo a la chica de mis sueños y eso es lo que importa… ¡Joder claro que sí!

— ¿Qué no importa? — insistió tomándome las muñecas

— ¿Puedo… puedo… darte-e un-n…? — no pude seguir con la oración, está clarísimo que soy una mierda en esto pero ella parecía disfrutarlo porque una boba sonrisa se formó en sus coralinos labios.

— ¿Qué? —

No podía apartar mi mirada de esa roja y dulce boca.

— Ugh — balbucee.

Ella estaba consiente que le miraba la boca como si tuviera un buffet ahí.

— ¿Eddie? —

La muy descarada se estaba divirtiendo de lo lindo con mi atolondramiento.

— ¡Ya-a sa-abes-s que-e! — exclame en un susurro avergonzado.

— Uh, sí, claro — soltó una risita y cerro sus ojos esperando que mis labios hicieran contacto con los de ella, me mordí la boca, mierda trate de ser suave y delicado… pero como que me abalance de forma nada suave estampando mi boca con la suya.

Escuche un gruñido bajito, como el ronroneo de un gato, pero no le di importancia, la encerré en mis brazos con toda la fuerza que tenía y lentamente (recordándome por qué tenía que ser delicado) abrí levemente mi boca, ella también lo hizo y soltó un suspiro que me activo el corazón hasta el punto de ensordecerme y calentarme la piel más de lo necesario.

Entonces se apartó.

¡Diablos!

— Eres imposible — me riño jadeando.

Me recosté contra la cabecera de la cama e inspiré hondo, me sentía más genial que antes así que no cabía la posibilidad de la culpa o arrepentimiento, al menos no todavía.

— Ups —

Frunció el ceño.

— últimamente para todo dices eso —

— No para todo — sonreí — solo ocasiones… especiales —

— Eres toda una contracción — farfullo incrédula y ladee la cabeza.

— ¿A qué te refieres con…? —

— Eres tan frustrante — se quejó en vos alta — justo ahora te pareces a un pavo real cuando hace un minuto parecías un dulce gatito con frío — la fulmine con la mirada porque no me agrava nada las comparaciones sobretodo la última — no entiendo como haces para tener las reacciones de forma incorrecta — se rió.

— ¿Te fue muy difícil? — ahora sí que me sentía culpable sobretodo porque no tenía su boca contra la mía y podía pensar con claridad y ese gruñido jodidamente sexy que broto de su garganta… ¡Oh mierda! ¡No tengo que recordar eso en este preciso momento! ¡Carajos!

— No más que de costumbre — se encogió de hombros restándole importancia — mañana va a ser más duro — murmuro con la frente arrugada — he tenido tu olor en mi cabeza por todo el día y me he insensibilizado de forma increíble, si me alejo de ti por cualquier lapso de tiempo…—

— Entonces no te vayas — la interrumpí y ella sonrió con gusto — puedes quedarte aquí todo lo que se te dé la gana —

— ¡Nunca he estado en una pijamada! — chillo emocionada dando pequeños saltitos.

Joder, estoy que me derrito.

— ¿Y tus hermanas? — pregunte para distraerme.

— créeme, no querrás estar en una pijamada con ellas — se estremeció — tengo la suerte de ser una chica lista —

— una cotilla quedaría mejor —

— Cualquiera de las dos funciona — nos reímos y le acaricie el rostro con un dedo — ¿Tu nunca has estado en una? —

Sonreí avergonzado.

Ella obviamente lo noto porque me detuvo la mano que estaba a punto de acariciar su frío y seductor labio.

— Escúpelo —

— ¡Isabella! — Exclame fingidamente indignado con una estúpida sonrisa pegada al rostro, estrecho los ojos con recelo — vale, vale, vale — me pase las manos por el cabello y baje la mirada — estaba haciendo un trabajo sobre-vaya-a-saber-que-mierda y me llego un mail de la nada y cuando lo abrí apareció una habitación llena de chicas jugando a guerra de almohadas — eso realmente fue vergonzoso y a los chicos estaba empezando a conocerlos y cuando me pillaron el mail en mi bandeja de entrada tuve que limpiar la baba de mi alfombra.

¡Ni siquiera sabía cómo coño consiguieron mi mail!

— mmm —

Se acercó a mí y comenzó a olisquear mi cuello.

— ¿Pasa algo? —

— ¿Te gusto? —

— ¿Qué? —

— ¿Te gusto verlas? —

— heee… algo — balbucee porque su nariz subía y bajaba por mi cuello.

— ¿Ah, sí? —

— ¡Tenia catorce! — chille avergonzado.

¡Demonios! ¿A quién no le gusta un montón de niñas con almohadas riendo tontamente?

— ¿No es increíble la diferencia existente entre leer sobre una materia o verla en las películas y experimentarla? — fruncí el ceño porque no entendía por dónde iba la conversación.

— Muy diferente — admití aun confundido.

— Por ejemplo — continuo hablando bastante deprisa — la emoción de los celos, le leídos sobre los celos un millón de veces, he visto actores representarlos en mil películas y obras teatrales diferentes, creía haberlos comprendido con bastante claridad pero me asustaron — hizo una mueca contra mi cuello y comenzó a acariciar mi hombro distraída.

¿Qué demonios…?

¿Ella estaba celosa? Pero… ¿De quién?

— ¿Recuerdas el día en que Jessica cargaba esa mini falda y te pido que fueras al baile con ella? — asentí aunque para ser sincero no recordaba ese día porque ella cargara una mini falda.

— Fue el día que me empezaste a dirigir la palabra — murmure removiéndome para acostarme, ya me dolía la espalda y la camisa era incomoda, me hacía sentir sofocado.

— me sorprendió la llamara de sentimiento y de furia que experimente — una sonrisita baila en la comisura de sus labios — soñaba con que la mini falda se atorara por casualidad en su cuello — soltó una risita y rodé los ojos — al principio no sabía que era, no podía leer tus pensamientos, no entendía porque la rechazabas ¿Era por tu amigo o había algún otro? En cualquier caso sabía que no tenía ni siquiera el mínimo derecho a que me importara, e intente que fuera así —

» Entonces empecé a comprender todo — se rió contra mi hombro y torcí la boca — espere irracionalmente ansiosa de oír que decías y vigilar cada movimiento, no niego el alivio que sentí al ver el fastidio en tu rostro, pero no podía estar segura.

» Esa fue la primera noche que vine aquí y me debatí (mientras me deleitaba ver cómo te revolvías en la cama) entre si mi especie podría sufrir de alguna clase de locura y lo que mi ética me dictaba contra lo que deseaba y quería, entonces supe que si continuaba como estábamos llegaría algún momento en que te irías, vivirías a la luz del sol, posiblemente serias un surfista famoso y un día en algún lugar con un bonito atardecer te pondrías de rodilla ante una chica con los ojos llenos de lágrimas esperando para darte el sí que tanto deseas, eso me enfurecía y entristecía — escondió su rostro en mi pecho y le acaricie el cabello — si fuera podido llorar lo fuera echo — susurro tan bajo que tuve que concentrarme mucho para escucharla.

La encerré en mis brazos y ella paso una de sus torneadas piernas por mi estómago, si le molestaba demasiada cercanía no se quejó, creo que ni siquiera me daría cuenta, su olor era embriagante y dulce, completamente delicioso.

» Y en ese momento donde me estaba ahogando, pronunciaste mi nombre en sueños, lo dijiste tan claro que por un momento pensé que te habías despertado, pero te diste la vuelta y te colocaste la almohada de la cabeza, murmuraste mi nombre de nuevo y suspiraste.

¿Trágame tierra?

Yo era tan patético, hasta dormido soy patético ¡Pero ni en mis sueños soy el chico malo! ¿Ya lo ven? Totalmente patético… que vergüenza.

— Mientras te quitaba la almohada de la cabeza un sentimiento desconcertante… —

— ¿Me quitabas la almohada de la cabeza? — Pregunte confundido — ¿Por qué? —

— porque suficiente descortesía que me dieras la espalda como para que te tapes tu linda cara también — murmuro como si me estuviera regañando por eso.

¡Joder! ¡Lo que me faltaba!

— ¡Tú te cuelas a mi habitación! — le chille en un susurro.

— ¿Quieres terminar de saber si o no? — pregunto levantando la cabeza y me frunció el ceño, estreche mis ojos con recelo, sabía que estaba avergonzada pero no se arrepentida.

Vampira frustrante.

— Si — refunfuñe.

Una triunfal sonrisa se posó en sus labios.

— El sentimiento era tan asombroso que en ese momento sentí como si saliera a la superficie y respiraba de nuevo, entonces supe que no te podía ignorar más — soltó una risita — en la mañana me encontraba nerviosa, ansiosa y con la dicha a flor de piel, quise colocarme lo mejor que tenía pero Alice ya se había ido, pedí ayuda a mi madre que estaba bastante confundida por mi aptitud y logro convencerme para que no me llevara un vestido — soltó otra de sus risitas pero yo me encontraba medio choqueado — cuando llegue al instituto estaba expectante porque llegaras rápido pero fue cuando recordé que seguías cabreado conmigo — sofoco una risa contra mi pecho pero se calló abruptamente.

Supongo que el ensordecedor latido de mi corazón parecía una jodida bocina para sus sensitivos oídos, quería decir algo para mitigar la vergüenza pero enmudecí por temor a abochornarme más de lo que ya estaba.

— pero los celos son algo extraño y completamente irracionales, incluso ahora cuando Anthony te estaba preguntado sobre esa chiquilla de Jessica…—

— ¿Andabas por ahí todo ese rato? — le interrumpí no queriendo darme cuenta que había estado escuchando.

— De hecho… — jugueteo con el dobladillo de mi camisa — estaba sentada en tu tejado esperando a que te acostaras pero como te veías bastante liado con tus amigos decidí echarte una manito — a mi atolondrada mente le llegó la imagen mental de las novias de Drácula en el techo de su mansión, llorando por su hermana muerta.

Ugh, escalofriante.

— ¿Enserio eso te hace sentir celosa? — sonaba incrédulo, porque a pesar de toda la historia, lo estaba.

— Y lo de la pijamada por supuesto — rodé los ojos y sentí como se apretujaba un poco más a mi cuerpo — soy nueva en esto y has resucitado a la adolescente que ahí en mí, lo siento todo con más fuerza porque es reciente… aunque no creo que desista de la idea de ver a Jessica con una de sus minis alrededor del cuello — se rió perversamente y sonreí de forma estúpida.

Isabella es sexy cuando se pone toda oscura y eso.

— Esta noche has estado muy optimista — me burle sonriendo.

— ¿No se supone que debe ser así? —

— ¿A qué te refieres? — Jugueteé con uno de sus mechones de cabello — ¿A toda esa chorrada del esplendor del primer amor? —

— Uh, si… eso — murmuro con fingida despreocupación.

— Isabella eres tan anticuada — bese su frente y ella soltó una risita — claro que me siento esplendoroso y toda esa… cosa que se dice sobre eso que te dije — me encogí de hombros, no era bueno con esas cosas, en serio no era nada bueno con esas mariqueritas aunque tendría que hacer un esfuerzo, quizás me ponga a investigar sobre frases bonitas para hacer revolotear el corazón de siglo pasado de Isabella.

Suspire.

— Pero sinceramente — bromee con la comisura de mi boca hacia arriba — después que he visto a Emmett, con esos músculos enormes y capaz de derribar a un oso y a Jasper, todo atigrado con esa aptitud que te dice '' jodanse cabrones que yo me sentare a disfrutar el espectáculo '' ¿Cómo voy a competir con esos espécimen de chicos malos? — alzo la cabeza y sus labios estaban fruncidos tratando de contener la risa.

— No hay competencia — susurro con vos ahogada — además… — una sonrisa centellante cruzo su hermoso rostro —… me gustan los gatitos enfurruñados y calentitos — abrí mis ojos de golpe y me pase la mano por el cabello mientras ella se acomodaba en mi pecho.

Era una mala vampira, se aprovechaba de su pobre novio humano para joderle la mente… y el orgullo.

— Emm es maravilloso y bastante guapo pero con o sin Rosalie no podría verlo de esa forma y Jasper — suspiro — es todo atigrado como dices pero tampoco lo veo de esa forma, ninguno de ellos dos podría si quiera despertar la centésima parte de la atracción que tú, con tan solo con una mirada, tienes sobre mí — me removí incómodo — he caminado durante los míos y el hombre durante noventa años… todo este tiempo me he considerado completa sin comprender que estaba buscando, sin encontrar nada porque tu aun no existías —

Fruncí el ceño.

— No es justo — susurre enterrando mi nariz en su cabello — en cambio yo no he tenido que esperar nada ¿Por qué debería dejarte escapar tan fácilmente? —

— Tienes razón — admitió divertida — debería ponértelo más difícil — en uno de esos movimientos fulgurantes suyos, se sentó encima de mí inclinándose y provocando que sus rizos cayeran a ambos lados de mi rostro — solo te juegas la vida a cada segundo que pasas conmigo, lo cual, seguramente, no es mucho, solo tienes que regresar a la naturaleza, a la humanidad… ¿Merece la pena? —

— arriesgo muy poco… no me siento privado de nada —

— Aun no — murmuro con su vos llena de la antigua tristeza, me quise levantar para poder verle mejor el rostro pero me sujeto por los hombros, sin posibilidad de escape — ¡Túmbate! — urgió liberándome de pronto y haciéndome jadear.

En medio de la negrura no sabría decir donde estaba, me eche la colcha encima con una almohada en la cabeza, de la forma con la que normalmente solía dormir, oí el crujido de la puerta cuando Anthony asomo la cabeza para asegurarse que debía estar donde se suponía que tenía que estar.

Todo lo que hice fue subir la pierna y sacar el brazo por fuera de la cama para que Anthony asintiera satisfecho y se fuera cerrando la puerta con cuidado de no hacer ruido, sentí un frío brazo rodear mi cintura por debajo de la colcha.

Me estremecí.

— Fue divertido — soltó una risita.

— Claro porque, que tu novia se esconda en-vaya-a-saber-donde con sus dotes supernaturales para que mi padre no la encuentre apretujada contra mí es tan divertido — escupí la última palabra y en vez de cabrearla como suele ser siempre que un chico es sarcástico y acido con una chica solo se rió y acaricio mi oreja con su nariz.

Comenzó a tararear una canción que no identifique mientras esperaba a que mi orgullo (casi inexistente) dejara de sangrar y calmara mi vergüenza de tener que esconder a mi chica, aunque me pregunto si Anthony se cabrearía demasiado si viera a Isabella aquí dentro…

— ¿Te gustaría que cante para ti? — Pregunto dulcemente — dicen que ayuda a dormir —

— ¿La misma que estabas cantando esta tarde? —

— Sip — dejo un beso en mi lóbulo y antes de que me diera cuenta ya la tenía frente a mí con una de sus piernas pasadas por mi cintura.

— Como si hubiera forma de poder dormir contigo aquí — suspire todo estúpido de amor y le rodee la cintura con un brazo escondiendo mi rostro en su cuello.

Solo oía la lenta candencia de su respiración.

— Lo has hecho todo el tiempo — me recordó.

— Pero no sabía que estabas aquí — refunfuñe.

— Vale, si no quieres dormir…— se encogió de hombros y dejo la frase en el aire, se me corto la respiración.

— si no quiero dormir… ¿Qué? —

— Aremos lo que quieras entonces — se rió quedo y trague saliva pesada, ella no tenía ni la más mínima idea de que era exactamente lo que quería ¡Demonios! ¿Qué me está pasando? Ahora solo pienso en cosas calientes, vale tampoco es que tengo toda la culpa, Isabella es una cruel y hermosa mujer que jugaba conmigo inconscientemente.

Me debatí un minuto en decidir algo pero eventualmente no supe que hacer, excepto proponer una muy sana y divertida sesión de besos, suspire, no creo que ese plan le agrade tanto como me agrada a mí.

— No lo sé — admití apoyando mi espalda en la cama y cerrando los ojos.

Parecía un adolescente cachondo… ¿Pero qué demonios? ¡Eso soy!

— Dímelo cuando lo hayas decidido — sentí una ligera presión y cuando abrí los ojos Isabella estaba con la mitad de su cuerpo encima del mío olisqueando desde mi hombro hasta mi cuello y la mandíbula.

¿Ven que no tengo toda la maldita culpa?

— creí que te habías insensibilizado —

— Que haya renunciado a tomar el vino no quiere decir que no sepa apreciar el buqué — susurro — hueles delicioso Edward, como a miel y a lavanda y…— enterró su nariz en mi cuello —… luz del sol — suspiro haciéndome cosquillas con la punta de su nariz en el comienzo de mi cabello — se me hace agua la boca — susurro con deleite.

— Sí, tengo un mal día siempre que no encuentro a alguien que me diga cual delicioso es mi aroma — murmure rodando los ojos, ella soltó una risita y luego suspiro dejándose caer en mi cuerpo y tomando mi mano para olisquear mi muñeca.

Sonreí un poco.

Ella sí que tiene un problema con eso.

— Quiero saber más de ti — le dije.

— Pregunta lo que quieras — accedió de buena gana sonriendo contra mi muñeca, adoraba cuando se ponía toda condescendiente.

Barajé todas las posibilidades para preguntarle hasta que una por una fue respondiendo mis preguntas, porque eran como eran, sobre sus poderes, de donde provienen, la evolución de su especie (no me agrado saber que era el cachorro de león que tenía que esconderse de las hienas) y riendo me hizo desistir de la idea que todo comenzó con Drácula.

Yací inmóvil, atrapado por un silencio sobrecogedor, sintiendo como acariciaba mi cabello con sus fríos dedos.

— ¿Te has dormido? — cuchicheó después de unos minutos.

— no —

— ¿Eso es todo lo que te inspira curiosidad? —

— no —

— ¿Cuántas dudas más quedan? —

— Como una o dos millones —

Se echó a reír divertida.

— Tenemos mañana y pasado y pasado mañana…— me recordó y sonreí con ante la perspectiva.

— Aunque no estoy seguro de eso — murmure torciendo la boca — puede que te desaparezcas para la mañana, después de todo eres un mito —

— No voy a dejarte — prometió solemne.

Suspire y asentí.

Deslice mis dedos por su cabello mientras intentaba conciliar el sueño (cosa que sigue siendo imposible) me asegure de que todas mis dudas estuvieran resueltas por ahora pero quizás solo podría… ¡No! ¡Ni de coña le preguntaría eso!

— ¿Edward? —

— ¿Si? —

— ¿Te estas… ruborizando? — me quede helado.

¡Demonios! Sentía mi cara caliente como el infierno ¿Y ahora que digo? Era tan vergonzoso, no, no vergonzoso, totalmente humillante, lo peor de todo es que sabía que la oscuridad no iba a ayudarme.

— ¡Hay por todo lo sagrado! — Exclamo consternada alzándose en sus brazos de golpe — estas colorado, muy colorado — hasta yo podía ver los grandes y asombrados que lucían sus ojos.

— Deja de mirarme así — balbucee ladeando la cabeza.

— ¿Cómo? —

— ¡Como si quisieras comerme a besos! — cuchichié tan agudo como una rata asustadiza, una risa temblorosa broto de su garganta y me pase las manos por el cabello mientras intentaba taparme la cara.

Era como si tuviera de nuevo siete años y mi madre se emocionara porque se le ocurrió vestirme como una jodida manzana para Halloween, era el peor disfraz que haya podido existir, pero no podía decepcionar esa mirada verde iguales a la del gato con botas.

— Es exactamente lo que quiero — ignore eso por mi bienestar mental — así que dime en que estabas pensando para ponerte todo colorado —

— en nada —

— vamos Edward sé que pensabas en algo —

— no, nada, olvídalo —

— Edward…— murmuro en advertencia, como si regañara a un pillo por comerse la última galleta del jarrón.

Suspire.

— tenía solo una pregunta más por esta noche y decidí no hacerla pero aquí me ves… delatándome tan estúpidamente —

— ¿Cuál? — pregunto mientras se sentaba con las piernas cruzadas y colocaba sus manos en los tobillos.

— No, olvídalo — negué con la cabeza y me pase las manos por el cabello — cambie de idea —

— Puedes preguntarme lo que quieras cariño — susurro dulcemente pero no le respondí y ella gimió empezando a desesperarse — intento pensar que leerte la mente es menos frustrante pero sigues empeorando y empeorando — se quejó llegando al punto de la irritación.

— Pues me alegra que no puedas hacerlo, ya es bastante jodio que espíes lo que digo en sueños como para que husmees también en mi cabeza — resople cruzándome de brazos y obligándome a no mirarla.

— Por favor — rogó con vos dulzona, era casi imposible resistirme pero me puse un brazo sobre mi cara obstinadamente firme en mi decisión — si no me dices pensare que es algo mucho peor de lo que es — ahora me amenazaba de forma sombría, negué con la cabeza — por favor, por favor — suplico desesperada, alce mi brazo levemente para verla y tenía sus manos juntas con un puchero exageradamente tierno.

Yo era tan blandito.

— bueno… — comencé aun con mi brazo de nuevo sobre mi rostro.

— ¿Si? —

— dijiste que Rosalie y Emmett van a casarse pronto… ¿Es ese matrimonio igual que para los humanos? — murmure finalmente.

Unos segundos después escuche su risa burbujeante y divertida.

— ¿Era eso lo que querías preguntarme? — me removí incomodo sin poder responder — es prácticamente lo mismo, la mayoría de esos deseos humanos siguen ahí, solo que ocultos por instintos más poderosos —

— Oh — fue todo lo que pude decir.

— ¿Había alguna intención detrás de esa curiosidad? —

¡Rayos!

— Edward estas colorado de nuevo —

— ¿Si-i? — Tartamudee.

— Como un tomate — me pico.

— Mmm… — vacile pero ya no podía avergonzarme más — yo quería saber si… algún día… tu y yo… — mi vos se desvaneció en el aire mientras una repentina tensión pululaba en mi pequeña habitación, los dos estábamos completamente quietos.

Era tan cobarde que no quería quitar el brazo de mi cara.

— Eres bastante descarado si me propones eso en nuestra segunda cita — ¡Oh. Por. Dios! Me senté de golpe mareándome en el proceso y enfoque mi vista en ella.

— Lo siento, lo siento, lo siento — farfulle jalándome el cabello — no era mi intención… no digo que… bueno yo… es que…— ¡Eso me pasa por ser un bastardo caliente! — Bella-a y-yo…— iba a tratar de comenzar una disculpa decente cuando una risita divertida se escapó de sus labios.

— parece que el gatito saco sus garras de león ¿Eh? — Se burló y no podía estar más colorado tierra ábrete que yo mismo saltaré al vacío — no creo que eso sea… posible para nosotros — me mordí la boca y baje la mirada jugueteando con un hilito del edredón.

— ¿Por qué sería demasiado arduo para ti si estuviera muy caliente? — me tense en cuanto la pregunta abandono mis labios y sonó exactamente con doble intención ¡Malditasea!

Alce mi cabeza de golpe abriendo y cerrando la boca sin emitir palabra alguna.

Dios me odia.

— ¿Así que muy caliente? — sus cejas se elevaron con diversión.

Creo que fui Judas o el maldito rey romano que condeno a Jesús.

— Yo-o… no… esto… — gemí volviéndome a jalar el cabello — ¡Quiero decir mi sangre joder! — chille cayendo a la cama, eran demasiadas emociones para mi pobre corazón, estoy cansado, necesito dormir, mierda, mierda, mierda.

Se echó a reír y suavemente gateo sobre mí.

— Eso sería un problema, sin duda, considerando también que estarías demasiado cerca, tanto así que, prácticamente estarías quemándome con tu piel sobre la mía — cerré mis ojos eliminando la imagen mental ella no debería ser tan explícita con sus explicaciones — pero no es un problema muy grande, ya que me estoy empezando a acostumbrar a que eso pase — suspiro y su mano descanso en mi mejilla haciéndome abrir los ojos — eres demasiado frágil y demasiado suave Edward — fruncí el ceño — tengo que controlar cada movimiento que haga contigo para no dañarte — suspiro y delicadamente su frente descanso en la mía embriagándome con su olor.

Su mano se deslizo tiernamente hasta mi pecho, busco el agujero de la camisa que estaba cerca de mi corazón y metió sus dedos fríos acariciándome con lentitud, mi corazón se disparó.

— Podría matarte con tanta facilidad y seria solo por accidente — su vos se convirtió en un murmullo arrullador — si me apresurase, si no prestara la suficiente atención por un segundo, podría extender la mano para acariciarte y aplastarte el pecho por error — me estremecí — sé que piensas que no lo eres pero en mi mundo eres increíblemente frágil y no puedo permitirme perder el control contigo — aguardo mi respuesta y cuando no lo hice se sentó apoyando las dos manos en mi pecho.

Su ansiedad fue creciendo conforme los segundos pasaban.

— ¿Estas asustado? — se mordió la boca y jugueteo con un mechón de cabello, espere un minuto más para que mi respuesta fuera verdadera, e inspire hondo para calmar mi alocado corazón.

— No, estoy bien — me senté liberando su labio de sus dientes y acariciando su mejilla, sus ojos se concentraron en los míos y leí una pregunta en ellos — hazla — sonreí levemente.

— Tengo una curiosidad — dijo en vos baja pero suelta y asenti — ¿Tu nunca has…? — Esta vez fue ella que se quedó sin palabras pero obviamente capte el mensaje insinuante en su pregunta — estas colorado de nuevo — susurro acariciando mi mejilla.

— No he estado con nadie — solté de golpe.

Sabía que si pensaba demasiado la respuesta no iba a decir nada.

— Pero eres un chico — apunto con sorpresa.

Fruncí el ceño.

— Vuelves a decir esa mierda y tendrás que irte en mi camioneta hasta que a mí se me dé la gana — se mordió la boca y resople exasperado — no es algo que me haga subir mucho el orgullo pero siempre vi la genuina mirada de amor mezclada con pasión en los ojos de mi madre cuando ve a Charlie y eso es lo que esperaba para mí — hice una mueca — puede que quizás nunca fuera cumplido eso de no haberte conocido, después de todo solo soy un chico de diecisiete años lleno de hormonas pero… pero ahora existes tu —

— Eso es… sorprendente — sonrió enrollando sus brazos en mi cuello — ¿Cómo haces para siempre sorprenderme? — rozo levemente sus labios con los míos y se separó antes de que me diera por atacarla de nuevo — al menos estamos iguales en algo — dijo complacida.

— tus instintos humanos… — comencé y ella espero — ¿Me encuentras atractivo en ese sentido? — se echó a reír y como si fuera un pequeño pijo me despeino el cabello tiernamente.

— ¿De verdad lo dudas? — Asentí — tal vez no sea humana pero soy una chica, o mejor dicho una adolescente — volvió a reír nerviosamente y se apretujo más contra mi cuerpo escondiendo su rostro en mi cuello.

— ¿Entonces me deseas? —

Mi corazón aleteaba de forma alarmante.

— claro gatito bonito — murmuro sonriendo contra mi garganta.

— ¡Yo también te deseo! — exclame con bastante orgullo, ella se echó a reír, adivinando por donde iba mi euforia.

¡Carajos, te había extrañado!

¡Por fin el orgullo de nuestro Eddie volvió! ¿Qué les pareció? ¿Les gusto? Eso espero porque o si no me echare a llorar… aquí en Cambio de Roles verán que Eddie y Bells tienen mucho mas contacto y mas intimidad de la que se ve en Crepúsculo pero aun así respeto la preservación de la vida de mi gatito jajajaja…

Lamento mucho haberme tardado tanto pero ya el cap que viene lo estoy terminando solo le falta unas cosas al final y lo subo, tratare de que sea antes del fin de semana que viene pero no prometo nada.

Este cap esta dedicado (espero de corazón que quiera serlo) mi nueva amiga: Alejandrablack15, nena gracias por esos Inbox me animan mucho a seguir escribiendo.

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¿Porfis?

¡No hagan llorar a la escritora!

Les deseo lo mejor como que tengan súper poderes vampiricos para que puedas colarte a la habitación de nuestro enfurruñado Edward-gatito-Mesen.