Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 15
Cuando abrí mis ojos solo pude ver la tenue luz de otro día nublado, me hice una bolita tapando mi rostro con mis brazos y suspire, algo pululaba en mi mente, como uno de esos sueños que olvidas no más te despiertas y sin embargo quedas con la sensación, gemí fastidiado y cruce los tobillos esperando volver a dormirme.
Entonces todo lo del día anterior golpeo mi conciencia.
— ¡Mierda! — masculle sentándome de golpe sintiendo como la cabeza me daba vueltas, me pase las manos por el cabello y la serena risa de procedente de la mecedora me hizo mirarla.
Lucia tan hermosa.
— tu cabello es igual a la melena de un león, me gusta mucho —
— ¿Isabella? —
— ¡Es Bella! — resoplo delicadamente mientras se levantaba y una sonrisa se extendía por mi cara lentamente.
Cumplió su promesa.
— ¡Te quedaste! — un estallido parecido a la adrenalina me inundo, me levante de golpe, cruce toda la habitación y la encerré en mis brazos.
Me quede helado en cuanto comprendí lo que había hecho, me separe de ella tomándola por los hombros y baje la vista alarmado de haberla tomado por sorpresa.
— Te dije que lo haría — me recordó con dulzura y su mano acaricio mi mejilla con delicadeza, me reí y la volví a abrazar inclinándome para esconder mi rostro en su cuello.
— pensé que era un sueño —
— No eres tan creativo — se burló.
— ¡Anthony! — la solte de golpe y me dirigí hacia la ventana, la patrulla ya no estaba así que debió de haberse marchado hace rato.
— se fue hace una hora… ¿Sabías que tiene una copia de las llaves de tu camioneta? Así que oculta las tuyas debajo de los asientos para evitar que escapes, es bastante buena la idea, pero tengo cierta decepción ya que puedes caminar o cualquier otra cosa que implique un aventón — se encogió de hombros y me mordí la boca mientras me quedaba de pie discutiendo conmigo mismo sobre las ganas que tenia de tenerla de nuevo en mis brazos y que necesitaba asearme — no sueles estar tan confundido por las mañanas —
— Necesito un minuto humano — pedí pasándome las manos por el cabello.
— Esperaré — sonrió y se sentó de nuevo en la mecedora balanceándose de un lado a otro, y volviendo a tarareara la canción de la tarde de ayer, era melodiosa y bastante suave.
Recogí lo que necesitaba junto a una toalla limpia y corrí hacia el baño sin reconocer mis emociones, no me conocía a mi mismo ni por dentro ni por fuera, jamás pensé que esto se sintiera de este modo, dicen que cuando las personas están enamoradas o embarazadas tiene un brillo peculiar en su persona pero pensaba que eran simples chorradas ahora me miro al espejo y encuentro a un tipo parecido a mí pero que no soy yo, este tenía ojos verdes muy brillantes y un suave rosa en la cara dándole vida a su piel pálida ¡Hasta su cabello se veía jodidamente bien!
Estaba a punto de quitarme la camisa cuando me di cuenta que no tenía ninguna, me mire desconcertado y pecho y efectivamente estaba descubierto, fruncí el ceño confundido mientras entraba a la ducha, recordaba haberme puesto camisa anoche, sí, claro que lo hice, esa de agujeros por todos lados…
— ¿Alguna buena razón por la cual amanecí sin camisa? — pregunte entrando a la habitación y quitándome mechones de cabello húmedo de la frente, trataba de no mirarla para que mi vos sonara segura aunque sabía que mi corazón me delataba estúpidamente.
Hasta podría ver el modo en que choca contra mis costillas teniendo en cuenta que sigo sin camisa…
Ella me miro sonriendo complacida.
— Te veías incómodo — respondió simplemente levantándose y cruzando la habitación a una velocidad nada normal para abrazarme por el cuello — Hola de nuevo Edward — susurro.
Suspire y la encerré en mis brazos, me incline para esconder mi rostro en su cuello y adsorber ese delicioso olor que desprende su cabello cuando note que no tenía que hacerlo mucho.
— ¡Te fuiste! — le acuse.
— no podía salir con la ropa que entre ¿Qué pensarían los vecinos? — Hice un mohín mientras me alzaba para verle el rostro — dormiste profundamente no me he perdido de nada — sus ojos centellaban — empezaste a hablar en sueños pronto —
Gemí.
— ¿Qué dije? —
Sus ojos dorados se dulcificaron.
— que me querías —
— Eso ya lo sabes — le recordé apoyando mi frente en la suya y cerrando los ojos — te quiero — susurre sosteniéndola fuerte contra mi pecho, se sentía como una muñequita en mis brazos, pequeña, dulce y frágil.
Un suspiro tembloroso abandono sus labios.
— Ahora tú eres mi vida — se limitó a decir.
No había nada más que decir por el momento, nos quedamos ahí, abrazándonos el uno a otro sin la menor intención de separarnos.
— Hora de desayunar — dijo al fin de manera informal — ¿Ves? Puedo acordarme de tus necesidades humanas — sonrió entusiasta y me separe de ella caminando hasta mi armario.
— Adelántate que buscare una camisa — puso mala cara pero asintió mientras salía de la habitación en un parpadeo.
Después de todo Isabella sí que es una adolecente…
No había alcanzado a inclinarme cuando ya la tenía de nuevo a mi lado.
— No se cocinar — anuncio arrugando la frente.
Me eche a reír y ella se cruzó de brazos enfurruñada.
La cocina estaba alegre y brillante parecía adsorber mi estado de ánimo, Isabella se sentó en la mesa mientras me miraba preparar mis cereales y agregarle todas las cosas que a Lizzi y a mí nos gustaban, podía sentir sus ojos fijos en mis movimientos, puse el desayuno encima de la mesa y me detuve (sin querer ser irónico) a preguntarle:
— ¿Quieres uno? —
Puso los ojos en blanco.
— limítate a comer Edward — me reí y termine sentándome para obsérvala mientras comía.
Lucía una bonita camisa manga larga blanca, con unos ajustados jeans negros y unos zapatos en negros con unas cositas diminutas que brillaban recubriendo todo el tacón y su cabello suelto en ondas suaves y sedosas, estaba fascinado, me encantaba la forma en cómo se vestía, sencilla y perfecta pero entonces veías esos zapatos y… ¡Puf! ¡Toda una belleza caliente!
Lo tenía todo… sencillez… dulzura… pureza… sensualidad…
— ¿Por qué tiene todo eso dentro? — pregunto de pronto, sacándome de mis pensamientos y ladee la cabeza confundido.
¿Eran ideas mías o parecía medio… cohibida?
— ¿Uh? — Seguí su vista hasta mi cuenco de cereales llenos de chocolates y fresas flotando — me gusta dulce pero no me gusta agregarle azúcar —
— Como si necesitaras ser más dulce — ella se rio y rodé los ojos.
— ¿Qué tenemos planeado para hoy? —
Se mordió la boca jugueteando con un mechón de cabello.
— ¿Bella? — Pregunte mientras seguía comiendo y como ella seguía sin responderme, empecé a impacientarme — ¿Y bien? — presione.
— ¿Qué te parecería conocer a mi padre? —
El sonido que hizo la cuchara al caer contra el cuenco de cereales fue todo lo que se escuchó en la cocina.
— Ya lo conozco — musite con los ojos muy abiertos.
— Uh, sí, pero me refería — sonrió inocentemente — como mi novio —
— Oh —
— Eso también incluye a mi madre — murmuro en vos baja y me encogí — y mis hermanos — murmuro aún más bajo como no queriendo echarle más leña al fuego.
Volví a encogerme.
— ¿Ahora tienes miedo? — parecía esperanzada.
— Si —
— No te preocupes — dijo con suficiencia — yo te protegeré —
Hice una mueca.
— No le temo a ellos — me explique — ¿Qué, si no les gusto? ¿No les sorprendería que llevaras a casa a alguien, bueno, a alguien como yo? —
— Oh… eso — estaba a punto de encogerme de nuevo pero su sonrisa irritada me confundió — ya están al tanto de todo, hasta cruzaron apuestas sobre si te traería de vuelta, aunque no consigo imaginar la razón por la cual alguien apostaría contra Alice, de todos modos no tenemos secretos en la familia y tampoco sería viable, con eso de la precognición de la pequeña duende y mi poder de leer mentes —
— Y con Jasper haciéndote sentir todo el amor con que te arrancaría la cabeza —
— Prestaste atención — comento con una sonrisa de aprobación.
— Se hacerlo de vez en cuando — hice una mueca — ¿Así que la pequeña Alice me vio regresar? —
Su reacción fue extraña.
— Algo por el estilo — comento con incomodidad mientras bajaba la mirada a mi cuenco de cereales, sospechaba que era para que no le viera los ojos — ¿Esta bueno? —
— Si — murmure curioso.
— No parece muy apetitoso — arrugo la nariz con desagrado y me reí aun dándole vueltas a su reacción cuando pregunte por Alice.
Estaba lavando lo que ensucie cuando de la nada apareció a mi lado haciéndome dar un respingo, termino de hacerlo por mí a la velocidad de la luz y se giró con una arrebatadora sonrisa en su rostro.
— creo que también deberías presentarme a tu padre —
— ¿Ah, sí? — camine hasta sentarme encima de la mesa y ella me siguió enarcando una ceja — ¿Qué? —
— ¿Lo harás? —
— ¿Por qué? —
— Porque me gustaría ser tu novia oficialmente — dijo con un gesto inocente y sus hermosos ojos grandes y dulces llenos de esperanzas.
¿Cómo decirle que no a eso?
— no es necesario Bella — trate de zanjar el tema.
— Pero quiero hacerlo — insistió y me pase las manos por el cabello — ¿Vas a decirle a Anthony que eres mi novio sí o no? — quiso saber uh, bueno, quizás exigir quedaría mejor.
— ¿Eso eres? —
— Así me llamaste anoche — me recordó frunciendo el ceño — ¿Lo recuerdas? —
— ¿Si? — Resoplo irritada — digo sí, claro que sí — se cruzó de brazos empezando a molestarse — ¿Sabes? Tenía la impresión de que eras algo más — sonreí inocentemente.
— No creo que tu padre necesite todos los detalles morbosos — enarco una ceja — y no pienses que me vas a distraer con eso — mi cara se descompuso y suspiro rodeándome el cuello con sus brazos — quiero tener una excusa del porque vas a estar merodeando mi casa y yo la tuya, no vaya a ser que me tome por una loca obsesiva que esta prendada de su hijo o algo así —
Estoy seguro de que eso le fascinaría a Anthony, con tal y de hacerse pensar que lo único que me pasa es que le tengo una transitoria fobia a las chicas.
— ¿Estarás? — Rodee su pequeña cinturita y acaricie sus rizos — ¿De verdad estarás? —
— Hasta que te hartes de mí —
— Nunca lo are — suspire — te querré siempre Bella —
Cuando nos separamos había una especie de tristeza en sus ojos, le acaricie la mejilla con delicadeza y se mordió la boca acariciándome la cara.
— ¿Nos vamos? —
Asenti.
— Pero tengo que alistarme — me levante de un salto y dio un paso hacia atrás dejándome vía libre para caminar.
Daba vueltas en mi habitación sin encontrar que colocarme, tendrían que hacer un libro de etiqueta que titulara Opciones de cómo comportarte frente a la familia de tu novia vampira yo sería el primero en comprarlo, en medio de un suspiro termine quitándome la camisa y dejándome los jeans que cargaba, me puse una camisa de manga corta color verde y una chaqueta negra junto a unas Converse.
— Genial — dije bajando las escaleras — estoy presentable — me acomode los puños de la chaqueta y ella me sonrió apareciendo al final de las escaleras.
Sin previo aviso se lanzó suavemente encima de mí y aun así tropecé con mis propios pies y caímos sentados en las escaleras, la mire avergonzado y ella no aguanto más y se lanzó a reír escondiendo su rostro en mi pecho.
— ¿Estas bien? — pregunto aun riéndose.
Hice una mueca.
— Si — menti porque la verdad me dolía el trasero y la muñeca con la que me apoye — ¿Nos vamos? No quiero avergonzarme más — me pase las manos por el cabello y me miro con ojos brillantes.
— lo siento fue mi culpa — se mordió la boca sonriendo — te advierto una cosa — sus ojos me escanearon por completo y me removí incomodo quitando mi vista de ella — no es esta bien que tengas un aspecto tan apetecible — soltó una risita divertida.
— ¿Cómo de apetecible? Puedo cambiarme…— estaba a punto de levantarme pero me tomo del brazo con una mueca exasperada.
— Eres todo un idiota — se quejó frunciendo el ceño y acercando su rostro al mío — ¿Debo explicarte porque me resultas apetecible? — Suspiro de forma atolondrada y el olor de su respiración comenzó a desestabilizar mi mente — aunque admito que te ves mejor sin camisa…— las palabras murieron cuando lentamente sus labios presionaron los míos.
Con el corazón a mil, la tome del rostro con fuerza y abrí mi boca cuando ella lo hizo también, esta vez sí era enserio, se dejaría besar enserio y las malditas mariposas maricas en mi estómago se alborotaron provocándome cosquillas en todo el cuerpo, nuestros labios comenzaron a moverse de forma rítmica, enterré mi mano en su cabello y abrí mas la boca tratando de saborear sus dulces labios y justo cuando sentí su lengua pedir permiso para entrar a mi boca… colapse.
Caí sobre las escaleras y un zumbido extraño se escuchaba en mis oídos.
— ¿Edward? — Me llamo alarmada — ¿Estas bien? ¡Demonios! Estas pálido… ¿Edward?... ¡Edward! — me palmeo la mejilla y alce ligeramente la cabeza para verla, bueno tratar de verla, mis ojos no enfocaban nada.
¿Por qué Isabella no me dijo que tenía una hermana gemela?
— Necesito un segundo — susurre aturdido.
— ¿Qué voy hacer contigo? — Gimió desesperada — ¡Ayer te bese y me atacaste! ¡Y hoy colapsaste! — gentilmente me sentó y puse mi cabeza en mis manos mientras me reía.
En algún momento moriría de vergüenza por sobrepasar el límite de la humillación.
— ¿Estas mareado? — Pregunto colocando su mano en mi frente, sonreí tontamente y negué con la cabeza — ¿Cuántos dedos ves? — alzo su mano frente a mí pero no sé cómo quería que le respondiera cuando no dejaba a de moverlos — ¡Edward! —
— ¡¿Qué?! — Hice un mohín irritado — ¿Cuatro, quizás? —
— Ugh, estas grave —
— Estoy bien — suspire y me fulmino con la mirada — vale, vale creo que me olvide de respirar… tranquilízate —
— Tendré que ser más cuidadosa contigo — me acaricio el rostro con suavidad y empecé a alegrarme porque podía enfocarla bien, entonces mi mente tradujo sus palabras: tendrá que ser un beso cada dos o tres días.
¡Mierda! ¡No soportaría vivir así!
— ¿Qué? ¡No! — Me levante tambaleándome — estoy bien ¿Ves? Más que bien, es más, si quieres vuelve a besarme…— me incline para besarla pero ya no estaba sentada donde se suponía que tenía que estar.
Gruñí.
— Edward — me giro con cuidado y sonrió divertida — no puedo llevarte de esta guisa a mi casa — me cruce de brazos porque estaba tratando de distraerme.
— ¿Me besaras de nuevo? —
— ¿Y qué tal si te pasa algo de nuevo? ¿Qué pensara mi familia? —
— ¿Qué estoy drogado porque besas delicioso? — sus ojos se abrieron como platos llenos de vergüenza y me pase las manos por el cabello — aunque lo más probable es que piensen que estoy demente, así que… ¿Cuál es la diferencia? —
— Pues bien…— sus ojos se estrecharon con la usual mirada de mamá gallina — vamos, de todas maneras no soy imparcial cuando tus ojos brillan de esa manera — una lasciva sonrisa se formó en sus labios y esta vez me toco a mi sentirme avergonzado.
Era mejor que yo con las frases.
Mi cuerpo se agito ante su mirada y sentí mis manos picar con fuerza pero antes de que siquiera pensara en actuar ya tenía las manos de Bella en mi pecho, inmovilizándome.
Gemí desesperado.
— No — sentencio.
— pero…—
— no —
De forma involuntaria mi boca formo un puchero.
— ¡Ah! ¡No me mires así! — se quitó unos mechones de cabello de la cara y comenzó andar hacia la puerta, podía saber que estaba en tención por la forma en que sus hombros estaban rígidos.
— Bells…— lloriquee.
— Edward no me lo hagas más difícil —
— Prometo respirar — seguí lloriqueando pero negó con la cabeza y cerré la puerta detrás de mí — así me ayudarías a distraerme y no tendría que pensar en lo que estoy a punto de hacer — me miro por sobre su hombro y sonreí inocentemente esta vez queriendo parecer un chico bueno.
Volvió a negar con la cabeza y suspire resignado.
— a ti lo que te preocupa no es dirigirte a una casa llena de vampiros sino a no poder conseguir su aprobación ¿Me equivoco? —
— no —
— Eres increíble —
Se echó a reír.
— qué bueno que te divierto — murmure abriendo la puerta para que condujera, porque claro, no tenía ninguna idea de donde pudiera vivir.
Estaba decidiéndome en si debía preguntar o tener paciencia, sea lo que sea que decidí se me olvido en cuanto giro bruscamente para tomar un camino sin pavimentar, no estaba señalizado y apenas se podía ver entre los helechos, el bosque nos invadía por ambos lados del sendero, luego a unos escasos kilómetros, los arboles fueron desvaneciéndose para dar paso a una pequeña pradera o un jardín, no sabría distinguirlos.
No sabía lo que pensaba encontrarme pero esto en definitiva no estaba dentro de mi mente.
La casa era grande, antigua y muy elegante, el tipo de casa que le encantaría a Lizzi y pondrían en las revistas de diseños de interiores y exteriores, tenía cuatro pisos de altura y era rectangular, el monovolumen era el único auto a la vista y podía escuchar el rio fluir en algún lugar cercano.
— ¡Esto es genial! —
— ¿Te gusta? — pregunto con una sonrisa.
— Es bastante encantadora — se rio entre dientes y le puse un mechón de cabello detrás de la oreja.
— ¿Estás listo? —
— no, nunca estere listo… ¡Andando! — me baje del auto y mientras se reía lo rodee y le abrí la puerta — señorita — le ofrecí mi mano y sus ojos brillaron mientras me la daba.
— Muy caballero —
— tengo mis momentos —
Mientras caminábamos hacia el porche me alise la camisa junto a la chaqueta, me pase las manos unas cinco veces por el cabello y estaba a punto de hacerlo de nuevo cuando Bella me tomo por sorpresa y rodeo mi cintura con un brazo metiendo su mano en el bolsillo trasero de mis jeans.
— Te ves guapísimo — sonrió con dulzura y le rodee los hombros con mi brazo, mientras sonreía tontamente, seguía sorprendido de la facilidad con que podía tocarme y preocupado de que en algún momento pueda tener un infarto.
El interior de la casa era aún más sorprendente, si por fuera se veía grande por dentro no había palabras para describirlo, era bastante espaciosa y muy luminosa, lo más posible es que haya habido varias habitaciones pero eliminaron algunas paredes para que hubiera más espacio, el muro trasero, orientado hacia el sur, había sido reemplazado por una vidriera y afuera era un amplio jardín que llegaba hasta el ancho rio.
Comenzamos a subir las escaleras en forma de caracol y mi cabeza giraba para todos lados viendo todo a mí alrededor, consiente que tenían muchas tonalidades claras y todo estaba pulcramente limpio, Lizzi babearía si viera esto.
Mientras más subíamos empecé a escuchar música, era una pieza de opera pero estaba a bajo volumen y se escuchaba genial, como si rebotara en toda la casa.
— Les dije que no hicieran nada de esto — su sonrisa era alegre pero a la misma vez avergonzada — así que… no te cohíbas mucho — asenti agradeciendo que estaba a acostumbrado a casas enormes.
Recuerdo la primera vez que vi las casas de Ethan o Kellan o cuando me toco buscar habitación en la casa de Charlie… horrible sensación.
Caminamos hacia una habitación que lucía incluso más iluminada que el primer piso y cuando entramos… no me impacto el hecho de que la mayoría de las paredes eran de vidrio, tampoco que olía delicioso y el famoso Chef Buddy estaba sazonando algo en la enorme pantalla de televisión, sino que habían cuatro vampiros cocinando y moviéndose de un lado a otro.
— Familia — los llamo Bella y todos alzaron sus vistas con enormes sonrisas… bueno tres de cuatro — les presento a Edward Mesen mi novio — anuncio solemne y evite encogerme ante esas dos últimas palabras.
— Nos diste una razón para usar la cocina por primera vez — dijo el Doctor Cullen limpiándose las manos y caminando hacia una mujer que no había visto antes para rodear su cintura con un brazo — Hola Edward — sobra decir que estaba putamente nervioso ya que mis labios temblaron mientras le devolvía la sonrisa.
¡Por todo lo santo! ¿Quién no lo estaría? ¡Era el padre vampiro de mi novia vampira!
El Doctor lucia relajado, fresco y joven, a pesar de haberlo visto antes no podía dejar de sorprenderme de su perfección, la mujer que estaba a su lado seguramente era Esme Cullen, tenía los mismos rasgos pálidos y perfectos que los demás, su cabello tenia ondulaciones color caramelo y su rostro era en forma de corazón, algo en ella, no sabría decir con exactitud me recordaba a las películas de cine mudo, todos vestían de manera informal en tonos claros que encajaban con la casa.
— Espero que te guste — dijo Esme uniendo las manos con una sonrisa que estaba llena de hoyuelos — preparamos comida mexicana para ti, mi hija dijo que era tu favorita —
— Edward, ella es Esme, prácticamente mi madre — presento Bella señalándola con un gesto de la mano — y ya conoces a mi hermano Emmett — rodo los ojos con una sonrisa irritada y me pregunte que le estaría diciendo él en su mente.
— ¡Que hay Edward! — saludo despreocupadamente con un tono me que daba la sensación de que lo conocía de toda la vida, alzó su mano (con un cuchillo en ella) y me saludo haciendo marcar los hoyuelos en sus mejillas, le devolví el saludo con la cabeza intentando no cohibirme demasiado ya que sabía que lo hizo de forma inconsciente.
La hermana Playboy de Bella ni siquiera quito su vista del bol de ensaladas que tenía en las manos así que mire de nuevo a Esme para agradecerle.
— Gracias — dije en idioma español tratando de que tuviera el acento mexicano.
Los ojos de Esme se iluminaron.
— Como gustes tesoro — me respondió ella con un acento mucho mejor que el mío, ya le preguntaría más tarde que dijo a Bella porque gracias era la única palabra que entendía — espero que tengas hambre —
— Sí, tengo mucha — asenti varias veces y los tres se rieron.
— Mentira madre, ya comió — dijo Bella como si me regañara por mentir pero sin perder la diversión de la situación.
Claro ella (y sospecho que todos) era consciente de que estaba nervioso hasta la medula.
Entonces se escuchó algo caer contra el suelo.
— ¡Perfecto! — exclamo la melodiosa vos de Rosalie y descubrí que no había sido algo que se cayó contra el suelo sino que alguien lo partió con sus propias manos.
Emmett suspiro y se situó al lado de Rosalie que se había cruzado de brazos mirándome despreciablemente.
— Me alagan que hagan esto — murmure pasándome las manos por el cabello — sé que ustedes no comen — sonreí e incluso sentí mis labios temblar más cuando trate de estirarlos para que formaran una sonrisa.
— Claro — Esme me sonrió con disculpa — es muy considerado de tu parte — esta vez la sonrisa me salió mucho más fácil y me sorprendió la confianza con que lo hizo.
— No necesitas tratar de arreglar nada Edward — mire a Bella que tenía el ceño fruncido — ignora a Rosalie… eso hago yo — sonrió con irritación y me mordí la boca para no reírme al escuchar el resoplido que provenía de la susodicha.
— Si, por supuesto, sigamos fingiendo que esto no es un riesgo para todos nosotros — soltó enfurecida, Emmett le palmeo el hombro pero se arrebató la mano de forma brusca.
— Yo no le diré nada a nadie — anuncie seguro.
— Edward lo sabe Rosalie — regaño Esme mirándola con desaprobación.
— ¡No! ¡Él debe saberlo! — Rosalie se adelantó un paso y Bella me estrecho más contra ella — toda la familia se verá implicada si esto acaba mal — nos señaló despectivamente y sentí furia contra esa hermosa pero odiosa vampira.
Por eso es que detesto a las rubias.
— Mal seria si Bells… fuera yo — murmure frunciendo el ceño y enterrando la nariz en el cabello de mi novia… para lo que no estaba preparado era para la risa bulliciosa que sonó en toda la cocina.
Gire mi rostro sorprendido hacia ellos que seguían riéndose incluyendo a Bella, me mordí la boca nervioso y cuando mire de reojo a Rosalie casi podría decirse que tenía la sombra de una sonrisa en su fría expresión.
— Mamá te dije que era divertido — anuncio Emmett riéndose más fuerte.
Quizás no era furia… estupidez quedaría mejor.
— ¿Dónde están Alice y Jasper? — pregunto Bella sonriendo y dándome una mirada extraña, pero nadie tuvo la ocasión de responder, ya que ambos aparecieron afuera de la ventana.
Caminaban agarrados de las manos encima de una rama y no tambaleaban si quiera, cayeron sin hacer ruido dentro de la casa, la pequeña Alice echo a correr (pareciendo más a una centella de pelo negro y tes nívea) y se lanzó encima de Bella rodeándole el cuello con sus delgados brazos.
— ¡Hola Bella! — Saludo ella con entusiasmo — ¡Hola Edward! — se lanzó encima de mí también y me abrazo por el cuello provocando que me agachara y soltara el agarre de Bella.
Todos tenían los ojos dilatados pero a mí me agrado, después de todo, eso era natural para ella.
— Mmm… hueles delicioso — me alabo dándome un beso en la mejilla — hasta ahora no me había dado cuenta — se separó de mi sonriéndome de oreja a oreja mientras que los demás estaban estupefactos y en el caso de Bella helada como un tempano de hielo.
Estaba tan sorprendido como todos los demás, sabía que mis ojos abiertos de par en par me delataban, pero también estaba muy complacido de que ella pareciera aceptarme por completo.
— Hola Alison — salude pasándome las manos por el cabello.
— solo dime Alice — me corrigió mirándome con diversion.
Alguien resoplo a mi lado.
— Buena suerte con eso — refunfuño Bella cruzándose de brazos.
Me reí entre dientes y le alborote los rizos castaños haciendo que las dos se rieran y ella me apartara las manos con dulzura, mire al frente y oculte la incomodidad cuando todos sin excepción nos miraban con sus penetrantes ojos dorados.
Nadie parecía querer decir algo y sus ojos no disminuían la intensidad, hasta esa rubia odiosa nos miraba de esa forma.
Me encantaría poder decirles que algo se está quemando.
— Hola Edward — saludo Jasper dedicándome una sonrisa cordial.
Sentí una sensación de alivio y de repente me encontré muy a gusto a pesar en la situación en la que me encontraba, Jasper se mantuvo casi inmóvil manteniendo las distancias, al recordar lo que este era capaz de hacer (y en efecto estaba haciendo) mi reacción instintiva fue el pánico pero por más que quise sentirlo o alguna emoción parecida fue imposible y solo me deje llevar agradeciéndole al final, inspiré profundamente y me fije en que Bella miraba fijamente a Jasper con una ceja arqueada.
— Hola Jasper — hice un ademan con la mano torpemente, de todos los de la familia de Isabella, Jasper sería el único capaz de ponerme los pelos de punta, al menos esta vez no tenía cara de '' púdrete viejo '' — me alegro de conocerlos a todos — vale eso no era de una forma tan literal — tienen una casa preciosa —
— Gracias — contesto Esme — estamos encantados de conocerte —
— Y de que hayas venido — agrego Carlisle con sentimiento y me di cuenta de que pensaba que yo era valiente.
— Claro Doctor Cullen — asenti pasándome las manos por el cabello.
Hizo una mueca.
— llámame Carlisle por favor —
— vale Doctor Cu… digo Carlisle — le sonreí de oreja a oreja y al igual que con Esme me sorprendí de que ya me sintiera en confianza con ellos.
Bella y Alice volvieron a reír causando que los demás rieran también.
Y ahí estaba yo, parado, inmóvil, viendo a la extraña y peculiar familia de vampiros reírse de mi dificultad para abreviar nombres… era como encontrarse formando parte de un cuento de hadas y lo peor de todo es que Isabella era la Princesa de Brillante Armadura que rescata al Príncipe No-Encantador de las garras del Dragón antes de que lo use como palillo de dientes.
— Todo es tan luminoso — murmure mirando para todos lados y viendo nuevas estancias de la casa.
— ¿No es lo que esperabas? — me pregunto Esme sonriendo.
Ella e Isabella se ofrecieron a mostrarme la casa porque querían esperar a que el almuerzo estuviera listo para mí, Alice se quedó abajo en la cocina con Carlisle yendo y viniendo con su entusiasmo de siempre y por alguna razón a Emmett no lo dejaron venir con nosotros.
— No — admití mordiéndome la boca.
— nada de ataúdes, ni cráneos apilados en los rincones, ni fosos…— se burló Bella.
— No — suspire — no esperaba fosos —
Las dos me miraron alzando las cejas.
— ¿No esperabas fosos? — inquirió Esme.
— ¡Que decepcionante debe ser para ti! — Bella soltó una carcajada — creo que ni siquiera hay telarañas — volvió a reír con los ojos brillando de malicia.
Torcí la boca.
— Nada de eso — riño Esme — ¡Jamás permitiría que mi casa tuviera telarañas! — Frunció cómicamente el ceño y ese gesto me recordó tanto Lizzi que le sonreí con sentimiento — la habitación de Rosalie y Emmett… el despacho de Carlisle… — hacía gestos con las manos conforme pasábamos por delante de las puertas — la habitación de Alice y Jasper… el armario de Alice… —
— ¿Armario? — pregunte ladeando la cabeza.
— créeme… no querrás entrar ahí — susurro Bella estremeciéndose.
Me llevaron al último piso y cuando Esme abrió la puerta bajo la avergonzada mirada de Isabella (que me recordó mucho cuando una madre alardea sobre la universidad en la que aceptaron a su hija) mi boca se abrió de pura impresión.
No habían habitaciones, ni nada que obstruyera el espacio, como toda la casa las paredes eran de vidrio, la mitad derecha de la estancia estaba vacía excepto por una alfombra mullida de color hueso, habían instrumentos apilados a la izquierda por toda la pared del lado de la puerta (guitarras, una batería, bajos, teclado ¡Hasta una pandereta!) y en una esquina había un enorme piano de cola de color blanco tan hermoso que me robo el aliento con solo verlo.
— Aquí es donde los chicos juegan a la banda — anuncio Esme señalando con un gesto de la mano — allí es donde Bella y Alice bailan… — señalo el espacio vacío del lado derecho — Jazz toca el teclado… Emmett la batería…— soltó una risita divertida — de hecho esta es nueva… — siguió hablando pero mi mente solo se concentró en el enorme piano de cola que estaba en la esquina.
Eso me trajo recuerdos bastantes desagradables.
— ¿Tocas? — me pregunto Esme dándome un leve apretón en el brazo ya que se dio cuenta que no le estaba prestando atención, agite mi cabeza para reordenar mi ideas y la mire con una sonrisa de disculpa.
— Es muy hermoso — conteste evasivo — ¿Es tuyo? —
— No — se rio negando con la cabeza — era del padre de Bella — mi cabeza giro automáticamente hacia ella que se mordisqueaba el labio de forma nerviosa — ¿No te ha dicho Isabella que es música? —
— Mamá — reprocho Bella con una sonrisa exasperada — siempre cuento contigo para que me eches de cabeza — ella se rio alborotando sus ondas de color caramelo y apenas pude escuchar las risas que provenían del segundo piso.
¿Por qué coño me sorprende?
— No, no lo ha hecho — resople estrechando los ojos — supongo que debería haberlo sabido —
Esme ladeo la cabeza con confusión.
— Isabella puede hacerlo todo — le explique frunciendo el ceño — ¿Verdad? —
Esta vez las risas resonaron muchísimo más fuertes que antes e incluso sentí las paredes temblar, sospechaba que Emmett estaba divirtiéndose bastante esta tarde.
— Espero que no hayas estado alardeando — le riño Esme — es de muy mala educación —
— Tantito… así de pequeñito… — sonrió con inocencia mientras juntaba el dedo índice y el pulgar para enfatizar su punto.
El rostro de Esme se suavizo y rio de buena gana y ambas intercambiaron miradas cuyo significado no comprendí aunque la faz de Esme parecía casi petulante.
— De hecho — rectifiqué — es bastante modesta —
— Bueno, toca para él — le animo Esme.
— Acabas de decir que alardear es de mala educación — objeto Bella echándose los cabellos hacia atrás mientras rodaba los ojos.
— Cada regla tiene su excepción — replico alegre — además ese es mi trabajo querida… ¿Verdad Carlisle? —
— Por supuesto — di un respingón en cuando escuche la vos de teléfono caliente del Doctor Cullen a mis espaldas, me dedico una sonrisa de disculpa — adelante Bells — la azuzó con las manos y una sonrisa entusiasta.
Isabella se encogió.
Oculte mi sonrisa porque estaba seguro de que me golpearía si se diera cuenta de lo mucho que estaba disfrutando esto, no porque de haber podido ruborizarse lo estaría haciendo, sino que de todos los momentos en que la he visto siendo tan humana, nunca se había parecido tanto como ahora, si pudiera me la comería a besos… pero sus padres están detrás de nosotros.
— Me encantaría oírte tocar — dije sonriendo inocentemente ella estrecho los ojos con rabia y me mordí la boca para no reírme.
— Pues decidido — anuncio Esme jalándome para que caminara hasta el piano, Carlisle hizo lo mismo con Bella y ambos nos hicieron sentar en el banco, ella me dedico una avergonzada y exasperada mirada antes de volverse hacia las teclas.
Sus dedos revolotearon ante las teclas de marfil y una composición, tan compleja y exuberante que me resultaba imposible creer que un único par de manos la estaba interpretando, me hizo quedarme boquiabierto de puro asombro y a mis espaldas oí risas no solo de Carlisle y Esme sino que sospeche que sus hermanos también estaban detrás de nosotros.
Bella me miro con indiferencia mientras la música seguía surgiendo n descanso, nuestro alrededor sin descanso, le sonreí como el idiota que soy y acaricie su mejilla mientras me inclinaba para besar su mejilla fugazmente.
Entonces una nota fuera de lugar sonó en la habitación e hice una mueca.
— ¿Te sucede algo? — susurro bajando la intensidad del sonido.
— nota equivocada — le dije sonriendo y ella hizo un morrito enfadado.
— Entonces no me distraigas — se quejó haciendo un puchero — Esta es la favorita de Esme y estaba tratando de cambiar de canción cuando… un momento — se quedó en silencio y la música fue disminuyendo hasta que dejo de tocar, su mente parecía maquinar algo importante — ¿Cómo supiste que me había equivocado? — soltó con sospecha, me removí incomodo mirando las teclas y giro su rostro al mío mientras me daba la típica mirada de me estás guardando un secreto.
Y todo lo que mi mente fue capaz de procesar fue todo el deseo que tenía por ser yo el que mordiera ese bonito labio, me encanta cuando hace eso es tan dulce y sensual… ¡Mierda! Agite mi cabeza ahora no era momento de fantasear con mi idioteces, inspire profundamente y gire mi rostro hacia las teclas, al igual que ella mis dedos revolotearon antes de que se posaran en las teclas y comenzaran a moverse con la misma melodía que ella interpreto pero sin la gracia natural y la elegancia que Isabella desprendía por cada poro de su cuerpo.
— Edward…— susurro con los ojos muy abiertos y sorprendidos.
Seguí tocando a pesar de que estaba putamente nervioso y mis dedos parecían engranajes oxidados, tenía unos cuatro años desde que no tocaba como ahora, siempre he sabido que es como andar en bicicleta, nunca se olvida pero ahí que practicar de todas formas.
La pieza fue disminuyendo hasta que desapareció y sonreí dando gracias a que al menos esto me haya salido bien y que mi oído musical siga estando mejor que mis manos.
— Ahora me siento menos insignificante — inspire hondo y solte — tenia años que no hacia esto — sonreí con la paz procedente después de tocar el piano y si cierro los ojos todavía puedo imaginarme a Lizzi sentada frente a mí con sus ojos brillantes y llenos de orgullo, pero no lo hice y solo me dedique a mirar la hermosa pero asombrada cara de mi novia.
— ¿Años? — soltó incrédula.
— Es hermosa tu canción Isabella, te felicito — me acerque a ella con lentitud y roce mis labios con su mejilla — eres impresionante — y hasta pude sentir el brillo de mis ojos cuando pronuncie esas palabras.
¿Cómo es que ella siendo tan perfecta esta con alguien como yo?
Trate de no pensar mucho y para distraerme mire a mi alrededor por si había otra cosa que mi novia multi-talentosa pudiera hacer y que no me haya dicho, en eso me percato que estamos solos y que la puerta está cerrada.
— ¿Dónde están todos? — pegunte en vos alta.
— Abajo — murmuro — sutilmente nos han dado un poquito de privacidad — cuando la mire tenía el ceño fruncido con su labios atrapado entre sus dientes.
— ¿Sucede algo? — pregunte tomándola por los hombros, sus ojos se fijaron en los míos con cólera y ladee la cabeza — ¿Qué? — balbucee confundido.
— ¿Por qué no sabía que tocabas el piano? — cuchicheo de mal humor.
— no hubo una oportunidad de…— estrecho los ojos con una mirada de hielo que me hizo callarme, eso rectificaba que obviamente si hubo oportunidad solo que lo omití.
Suspire.
— Tú tampoco me dijiste nada — me queje haciendo un morrito — estamos a mano —
— ¡No es lo mismo! —
— tienes razón, tu eres compositora… yo no —
— ¡Edward! — Espeto — ¿Por qué no me lo dijiste? —
— ¿Por qué no mejor te lo digo y nos ahorramos esto? — pregunte con una sonrisa calmada, gruño frustrada y asintió de mala gana.
Me reí.
— Uh… bueno… mi madre me enseño y a ella le enseño mi abuelo Carrick — me pase las manos por el cabello y apoye la cabeza en una mano con el codo encima del piano — ¿De verdad quieres escuchar toda la historia? — pregunte torciendo la boca.
— si quiero —
— No es muy alegre — advertí.
— ¡Da igual! — resoplo exasperada y me tomo la mano mientras me miraba intensamente, supongo que era uno de esos momento donde desearía poder husmear en mi cabeza.
— Mi madre adora el piano, no lo toca muy bien ya que el abuelo perdió la paciencia pero me encantaba verla tocar — sonreí con nostalgia — a los seis años me hizo tomar clases de piano hasta que a los diez ya sabía todo respecto a él, incluso yo llegue a darle clases de cómo mejorar su técnica — me reí y la sombra de una sonrisa estaba apareciendo en su rostro.
Creo que ya me está empezando a perdonar.
» Tenía un don, podía memorizar fácilmente cualquier pieza de piano pero mis manos siempre eran más retrasadas con respecto a eso, trabaje bastante duro para poder arreglarlas, como veras no pude conseguirlo del todo — me dedico una mirada llena de escepticismo — a los catorce estaba logrando conseguir algo de fama, había participado en varios concursos locales y había ganado, me iba bien, mi madre sin que yo se lo pidiera gasto todo sus ahorros en un piano de cola para mí y aunque era de segunda mano era una antigüedad… apuesto a que el vendedor ni siquiera lo sabía cuándo Lizzi se lo compro.
» Ella trabajaba en un colegio privado y un padre de uno de sus alumnos empezó a rondarla, pensé que estaba bien y que a ella le gustaba, al principio fue así pero después empezó a cambiar, su actitud estaba tornándose extraña, ya no salía de noche, cerraba todo dos veces antes de que nos acostáramos y a cada ruido extraño saltaba y corría a ver que era, me estaba empezando a preocupar ya que hasta sus excentricidades había dejado.
» Un día salí de mi escuela temprano y andaba en mi squeivor, estaba obsesionado con pasar por la puerta que servía para las mascotas así que todos los días entraba por detrás acostado encima del esqueí, me daba la ventaja de ser silencioso y gracias a eso descubrí que ese tipo estaba acosándola porque estaba obsesionado con ella.
Inspire hondo ya que recordarlo me estaba empezando a hervir la sangre, Bella me dio un apretón de mano y se mordió la boca preocupada seguramente ya se estaba arrepintiendo de hacerme contarle, sonríe con dulzura acercándome a ella y rodeándola con mis brazos.
— No debí entrometerme — se disculpó volviendo hacer pucheros con ojos dorados brillantes de culpas.
— Está bien — le frote los brazos tratando de tranquilizarla — ¿En qué iba? —
— En que eras tan silencioso como un gatito — murmuro jugueteando con un mechón de su cabello, rodé los ojos ¿Por qué de todos los animales tenía que compararme con un gatito? ¿No había nada más intimidante? Bella recargo su cabeza contra mi hombro y me debatí en si decirle unas alternativas más favorecedoras que una bola de pelos que juega con estambre.
Tantas opciones… un tigre… un león… ¡Un puma! ¡Un guepardo! Tantas razas de putos gatos enormes pero… ¿Un gatito? ¡No me jodas!
— Enfrente a mi madre después que le chille a ese tipo que se fuera de mi casa… uh… bueno… quizás chillar y patearle el trasero fue lo que hice exactamente — ella soltó una risita y asintió — termino contándome todo y me confeso que estaba muy asustada, informo a la autoridades y estas le dijeron que mientras no tenía pruebas contundentes entonces no abrirían un caso — resople todavía indignado por eso — fue unas veces más a la casa pero como que también le hice lo mismo que la última vez que lo había visto —
» Empecé a faltar a la escuela y a las clases de piano para poder vigilar a mi madre, ella nunca lo supo por supuesto, en una de mis efectivas vigilancias vi que el muy maldito volvía de nuevo a mi casa pensado que yo no estaba y la ataco — mis manos se convirtieron en puños — corrí, abrí la puerta de sopetón y se lo quite de encima, no fue tan fácil como las otras veces después de todo era un pijo escuálido pero logre atinarle una botella en la cabeza.
Suspire.
» Luego de eso fue suficiente para abrir un caso, le colocaron orden de alejamiento y una fianza para que pudiera salir de la cárcel, decidimos mudarnos pero no teníamos dinero y Anthony no era de mucha ayuda, un día en que no estaba Lizzi lleve a unos tipos para que vieran el piano, sabía que era una antigüedad así que busque y busque hasta que lo conseguí vender al precio que debía ser, cuando llego Lizzi y vio que no estaba me acento unos buenos golpes.
Me removí incomodo porque mi adorable y menudita madre pegaba bastante fuerte.
— ¿Te golpeo? — pregunto horrorizada.
— ¿Qué más podía hacer Bella? — Me encogí de hombros — ella es madre soltera de un varón, o se hacían las cosas a su manera o iba a terminar jodio, Lizzi no estaba a dispuesta criar a un traficante de droga o a un vago sin futuro… a veces es necesario mano dura — sonreí con diversión porque alguna veces era divertido ver como Lizzi me perseguía por todo el patio dispuesta a apalearme por ser sarcástico, odioso o incluso tratar de ignorarla.
En ese aspecto Anthony es mucho más paciente, tenemos personalidades similares así que por ende tiene que soportarme pero Lizzi jamás quiso aceptarme toda la mierda de '' sabelotodo '' o '' rebeldía adolecente '' (que nunca fue mi caso) por eso es que me hacía que le contara todo y tenemos una relación mucho más abierta y fluida de la que tengo con Anthony.
Bella me dedico una mirada llena de un extraño significado y asintió de acuerdo conmigo.
— Un día antes de que nos fuéramos… —
— Edward estas sonriendo con malicia… — murmuro con sospecha — ¿Por qué estas sonriendo con malicia?... ¡Oh! ¡Ya se! ¡Es tu segunda infracción adolecente! — me reí de su entusiasmo y supuse que estaba alegre de que pudiera adivinar correctamente.
Asentí de nuevo.
— el tipo tenía un genial Camaro del 66 ¡Era todo un clásico! No sabes todo lo que me costó destruirlo — Gemí aun teniendo el recuerdo de esa preciosura en mi mente — quedo irreconocible y por supuesto que descubrió que era yo porque estúpidamente deje mi firma — ahogo una carcajada contra mi pecho y rodé los ojos — me denuncio y me llevaron a que pasara una noche en la cárcel… con eso fueron otros golpes más que me acento Lizzi —
» En esa ocasión si llore de coraje porque me grito que no quería que fuera como él, cuando le grite que no me arrepentía de haberle hecho lo que le hice al auto, por suerte unos días después pudimos arreglar todo entre nosotros y aunque sigue sin perdonarme por haber vendido el piano, con el dinero pudimos mudarnos, nos trasladamos al otro lado del estado y compramos una casa nueva, bueno, no era tan nueva porque la agente de bienes raíces nos estaba estafando y cuando Lizzi lo descubrió fue a reclamarle al jefe de la empresa...
— Y fue cuando conoció a Charlie — aventuro.
Asenti.
— insistió en comprarme otro piano pero no acepte —
— ¿Por qué? —
— Porque no quería, no estoy hecho para ser pianista — abrió la boca para rebatírmelo pero se la calle tapándola con una de mis manos — no digo que no tengo talento, si lo tengo, soy bueno, pero sabía que tarde o temprano tendría que darme cuenta que no sería concertista, eso solo acelero el proceso ¡Y gracias al cielo por eso! Las esperanzas pueden llegar a hacer bastante daño — suspire — fue cuando descubrí el surf y lo adore enseguida —
Aparto mi mano con delicadeza pero aun así la deje contra su rostro.
— ¿Eres tan bueno como lo eres tocando el piano? — pregunto arrugando la frente.
— Soy incluso mejor — alardee sonriendo con vergüenza — eso me sale fácil y natural… casi que no tengo que esforzarme en practicar —
Asintió pensativa y dirigió su mirada a las teclas del piano con una expresión inescrutable.
— ¿Por qué dijiste que te sentías menos insignificante? — pregunto con una sonrisa y volviéndose hacia las teclas — después de todo lo que hiciste por tu madre ¿Cómo siquiera puedes pensar en eso? — estaba a punto de rebatir con cualquiera lo hubiera hecho cuando una música diferente inundo la habitación.
Era pausada, suave y melódica, toda una composición perfecta que era capaz de ablandar un corazón piedra, entre las perfecta notas reconocí fácilmente que era la canción que cantaba en el prado y en mi habitación, el orgullo fluyo por todo mi cuerpo y con una sonrisa partiéndome la cara la mire para encontrarla igual que yo.
— Tú inspiraste esta — susurro recargándose en mi hombro suavemente — ¿Te gustaría interpretarla conmigo? —
La pregunta sería si algún día sería capaz de dejar de hacer algo con ella…
— Sería un placer — solté una risita temblorosa, mis dedos revolotearon por las teclas y unos segundos después la melodía resonaba en todas las paredes, evite hacer muecas, las manos me dolían un poco pero todo se me quitaba cuando miraba de soslayo a Bella y descubría que estaba fascinada con lo que hacía.
— Es perfecta — susurre maravillado con las notas.
— Todavía le falta algo…— la mire interrogante y suavemente (como si siempre hubiera estado haciéndolo, tal era su perfección) su vos empezó a sonar junto a la melodía y me aguante en llorar como una nena.
Heart beats fast
Colors and promises
How to be brave
How can I love when I'm afraid to fall.
Dejo de tocar para subir su vos obligándome a intensificar mi ritmo y por ese pequeño instante (en que solo existíamos nosotros y nuestra música) todo encajo maravillosamente y me sentí a su altura.
But watching you stand alone
All of my doubt suddenly goes away somehow
One step closer
I have died everyday waiting for you
Darling don't be afraid I have loved you
For a thousand years
I'll love you for a thousand more…
No podía haber nada más glorioso que Isabella Swan.
Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa volviiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
¿Me extrañaron?
Bueno espero que les haya gustado y haberme ganado con este capi unos votitos y comentarios... LES CUENTO cambie el encuentro con la familia porque odie que Emmett no estuviera para ver a Bells en el libro asi que para no salirme de la adaptacion lo hice igual que la pelicula espero no haberlas enojado mucho por eso.
Pero volviendo al tema: ¿Les gusto mi gatito hoy? ¿No es una ternurita? este cap fue divertido escribirlo porque estaba tan metida en el personaje de Eddie que empece a sentir nervios de verdad asi que eso me ayudo bastante a como hacer el encuentro con la familia de VAMPIROS DE SU NOVIA jajajaja..
¿QUIEN QUIERE DARLE OTRO BESITO A NUESTRO EDDIE?
Miles de gracias...
¿Reviews? ¿Reviews? ¿Reviews?
¿Porfis?
¡No hagan llorar a la autora!
Les deseo lo mejor como que Edward-gatito-Mesen ruegue por uno de tus adictos y deliciosos besos.
