Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 17
Ya estaba lloviznando cuando cruce la esquina para entrar a mi calle, Bella se hallaba bajo mi brazo y los dos ocupábamos un solo puesto de la camioneta, mis manos vagaban por sus brazos y cabello mientras nos quedábamos en un silencio acogedor, hasta ahora había dado por sentado que se quedaría conmigo hasta el partido.
Entonces vi un Ford desvencijado, aparcado en el camino de entrada de la casa de Anthony y Bella se incorporó de golpe mascullando algo en vos baja y seca.
Maggie Black estaba de pie detrás de la silla de ruedas de su padre, al abrigo de la lluvia en el porche, el rostro de Billy se mostraba tan impasible como la piedra mientras que Bella rechinaba los dientes, aparque el auto en el bordillo y Maggie clavaba la mirada en el suelo con expresión mortificada.
— ¡Esto es pasarse de la raya! — exclamo Bella furiosa.
— ¿Le dirán a Anthony? — aventure enfadado cruzándome de brazos.
Bella asintió con sequedad respondiendo con ojos entrecerrados la mirada del viejo rey a través de la lluvia, pero al menos Anthony no había llegado todavía.
— Deja y lo arreglo yo — sugerí empezando a preocuparme al ver la mirada oscura y llena de odio de Bella.
— Quizás sea lo mejor — se cruzó de brazos con el ceño fruncido — pero ten cuidado la niña no sabe nada —
— Maggie no es mucho menor que yo — le recordé.
— Sí, ya lo sé — me aseguro con una amplia sonrisa — has que entren a la casa para que pueda irme — hizo un puchero lastimero — volveré al atardecer —
— ¿Qué ocurre? — le pregunte acariciándole la mejilla.
Sus ojos se entristecieron.
— Quería quedarme contigo — murmuro irritada, me reí inclinándome para rozar mis labios con los suyos solo queriendo reconfortarla, ella acepto.
— yo también — dije pegando mi frente a la suya.
Suspiro.
— bien, me voy —
— ¿No quieres llevarte la camioneta? — se alejó de mí y puso los ojos en blanco.
— Puedo llegar a casa más rápido de lo que puede llevarme este auto — asentí y puse la mano en la manija, sabía que me iba a separar de ella y aunque fuera por un corto tiempo eso no me gusto.
— ¿Sabes? No tienes por qué irte, eres mi novia, punto — no pude evitar sonar como un niño caprichoso.
Ella me sonrió.
— Tengo que hacerlo aunque no quiera — recargo su cabeza en mi hombro y le deslice un rizo hasta detrás de su oreja — además tienes que decirle a Anthony sobre tu nueva novia —
Puse mala cara.
— Vale — refunfuñe.
— Nos veremos pronto — sonrió de oreja a ojera y cuando me di vuelta para salir de la camioneta sus manos atraparon mi chaqueta y me giro para plantarme un beso.
Me quede sorprendido por un segundo hasta que mis brazos se enrollaron a su alrededor y ella se engancho a mi cuello con sus manos en mi cabello, abrió levemente la boca y con dulzura succione su labio inferior, soltó un suspiro y se separó para besar mi mejilla, luego mi mandíbula, siguiendo hasta que llego a mi cuello donde se demoró unos dos segundos antes de apartarse con una deslumbrante sonrisa.
Yo estaba hecho un lio, mi respiración era errática y mi imaginación volaba con la velocidad de un torpedo.
¡Hay señor! ¿Por qué me la pones tan difícil?
— Pronto Isabella — jadee saliendo de la camioneta antes de que se le ocurriera otra forma de dejarme sin aliento, aunque no me quejo pero no sería responsable de lo que pasaría si eso volviera a pasar…
Cuando alce la vista las manos de Billy se aferraban con fuerza en los brazos de la silla y su rostro ya no era tan impasible como antes, solté una risita… Isabella a veces puede ser tan adolecente.
— Hola Billy — salude con entusiasmo — Hola princesa — me pase las manos por el cabello tratando de eliminar mi estúpida sonrisa de la cara — Anthony se fue todo el día espero que no llevéis mucho tiempo esperándole —
— No mucho — los ojos de Billy me traspasaron — solo le traíamos esto — señalo la bolsa marrón que estaba en su regazo.
— Gracias — le dije sin saber que podría ser — vengan pasen para que se sequen — me mostré indiferente mientras los oscuros ojos de Billy me escrutaban — deme eso rey — ofrecí mientras cerraba a puerta y le echaba una mirada a Bella que seguía inmóvil y solemne a la espera de irse.
Le lance un beso coqueto antes de cerrar la puerta y me fuera gustado escucharla cuando soltó la risita.
— Deberías ponerlo en el frigorífico — comunico Billy — es pescado frito casero de Harry Clearwater, el favorito de Anthony — se encogió de hombros restándole importancia.
— Gracias — repetí aunque lo decía de corazón, cuando me acorde de llevarle comida a Anthony como me lo dijo Alice ya estábamos a mitad de camino y aunque Bella dijo que podríamos devolvernos ya era muy tarde — ando buscando variedad para los pescados, de seguro traerá más esta noche así que esto ayudara para salir de la rutina —
— ¿Se fue a pescar? — Pregunto Billy con un sutil brillo en la mirada — ¿Allí abajo como siempre? Quizás pase a saludarlo —
— No lo sé — mentí frunciendo el ceño — dijo algo de un sitio nuevo pero esas cosas no me llaman la atención y él lo sabe por lo que no dice mucho — me miro pensativo y resople enfurruñándome más todavía.
— ¿Maggie? — Dijo sin dejar de observarme — ¿Por qué no vas a traer el nuevo cuadro de Rebecca? Se lo dejare a Anthony también —
— ¿Dónde está? — pregunto Maggie enfurruñada, la mire pero solo miraba el piso con gesto contrariado.
— no me acuerdo, solo búscalo ¿Si? — Maggie asintió y arrastro los pies hacia la lluvia.
Camine hacia la cocina y metí el pescado dentro de la nevera que ya estaba hasta el tope, oí la silla venir hacia mí por lo que cerré de golpe la puerta y me recargue en ella con los brazos cruzados.
Billy y yo nos encaramos en silencio.
— Anthony no va a volver hasta dentro de un rato — dije con vos dura, Billy asintió con rostro inescrutable — gracias de nuevo por el pescado frito — asintió de nuevo y resople cruzando los tobillos, se percató de que había dado por finalizada nuestra pequeña charla.
— Eddie… — comenzó con tono conciliador.
— Edward — corregí siendo demasiado grosero.
¡Pues me vale madre!
— Bien, Edward — volvió a decir dándose cuenta que eso no ayudaría sino para empeorar las cosas — Anthony es uno de mis mejores amigos… —
— Eso ya lo sé — dije cortante.
Me ignoro.
—… me he dado cuenta que estas con una Cullen... —
— De eso también me he dado cuenta yo — dije sarcásticamente.
Me ignoro de nuevo.
—… Quizás no sea asunto mío, pero no creo que sea una buena idea — me incorpore dejando caer mis brazos con mis manos formando puños.
— Tienes razón — masculle entre dientes — no es tu asunto — arqueo la cejas que ya empezaban a amostrar algunas canas.
— Tal vez no sepas, pera la familia Cullen goza de mala reputación en la reservación —
— La verdad es que estaba al tanto — replique con vos seca, el viejo rey se sorprendió — sin embargo esa reputación es inmerecida, ya que ellos nunca han puesto un pie en la reserva ¿O sí? — se detuvo en seco ante la escasa alusión que yo hacía ante el acuerdo.
— Es cierto — admitió mirándome con prevención — pareces… bien informado con respecto a los Cullen — sonreí secamente.
— incluso más que tu — dije mirándolo desde mi altura.
— podría ser…—
— No, es exactamente como es — replique.
— ¿Esta Anthony tan bien informado? — pregunto con un brillo de astucia en los ojos.
Resople.
— A Anthony le gustan los Cullen — dije evasivo y eso no pareció satisfacerlo.
— así que no es asunto mío pero si de Anthony —
— ¡Esa mierda sigue siendo asunto mío! — Dije conteniéndome para no gritar — solo mío… ¿De acuerdo? — impuse con más calma, Billy reflexionaba mis no tan amables palabras en silencio solo interrumpido por el repiqueo de la lluvia.
— Si — se rindió finalmente — imagino que es asunto tuyo —
— Imaginas bien — resople — gracias —
— Piensa bien lo que haces Edward — sugirió.
— Vale rey — murmure con rapidez.
Frunció el ceño profundamente.
— Lo que quería decir es que dejaras de hacer lo que haces — lo mire a los ojos y supe que estaba sinceramente preocupado por mí pero mi vena adolecente le importo un pito porque dije:
— a mí nadie me dice que debo o no debo hacer —
Se ofendió.
— ¿Ni siquiera tus padres niño? — recalco la palabra.
— Soy un hombre hecho y derecho — contraataque — y que conozca a mi padre no significa que me conoce a mí — me cruce de brazos claramente molesto.
Nos quedamos mirándonos y parece que iba a decir algo pero la puerta sonó con un fuerte golpe contra la pared y los dos nos volteamos para ver aparecer a Maggie con el cabello mojado hasta soltar gotas.
— no hay ninguna pintura en el auto — se quejó con el ceño fruncido.
— Mmm — gruño su padre separándose de mí y girando su silla para encarar a su hija — supongo que me lo deje en casa —
— Estupendo — dijo Maggie agitando las manos y levantando los ojos al cielo de forma teatral.
— Bueno Edward, dile a Anthony… — vacilo antes de continuar — que hemos pasado por aquí —
— lo hare — murmure.
Maggie estaba sorprendida.
— ¿Nos vamos ya? —
— Anthony va a llegar tarde — explico Billy al tiempo que hacia rodar las ruedas de la silla y sobrepasaba a Maggie.
— Vaya — gruño Maggie que parecía molesta — bueno, entonces nos vemos después Ed —
— Claro — afirme.
— Ten cuidado — me advirtió Billy pero no le conteste.
Cerré la puerta antes de que si quiera ellos desaparecieran de mi vista.
No me importo.
Subí a darme una ducha para ver si se me pasaba la irritación y el enfado, el agua caliente ayudo mucho, cuando entre a mi habitación con una toalla enrollada en mi cintura y la otra secándome el cabello, estaba tan concentrado en lo que sucedería que lo que acaba de suceder perdió todo interés para mí, lejos de la influencia de Jasper y Bella intente convencerme que lo que había pasado no debería alertarme, mire dentro de mi armario, encontré unos vaqueros y una camiseta gris, me puse un gorrito-tipo-bala de lana gris con rayas negras que hacia juego con los guantes negros me puse mis botas y recogí el impermeable, iba a mitad de escalera cuando sonó el teléfono, me tropecé a mitad de escalón porque corrí para responder.
Antes de agarrar el teléfono supe que si ella había querido hablar conmigo solo tenía que materializarse en mi habitación.
— ¿Uh? —
— ¿Edward? — dijo Mike.
— Ah, hola, Mike — luche durante unos momentos para entender de nuevo a la realidad, me parecía que había pasado meses en vez de días desde la última vez que hable con el — ¿Qué tal el baile? —
— ¡Fue jodidamente genial! — y siguió hablando sin más incentivo de mi parte.
Murmuraba algunas mierdas incoherentes para que supiera que estaba en la línea, pero no le estaba prestando atención, Mike y Jessica junto al instituto me parecían irrelevantes en estos momentos, mis ojos no se despegaban de la ventana intentando juzgar el grado de luz real a través de las nubes espesas.
— ¿Has oído lo que te he dicho? — me pregunto Mike irritado.
— disculpa… ¿Qué? —
— ¡Te he dicho que Jess y yo nos besamos! — Chillo con entusiasmo — ¿Te lo puedes creer? —
— Eso es genial Mike — dije sinceramente.
— ¿Y qué hiciste tu ayer? — me desafío irritado porque me importaba más un frijol que lo que me estaba contando.
— No mucho — hice una mueca — solo salí a hacer squeibor un rato — escuche el auto de Anthony entrar al garaje y lo sentí como mi salvación.
— ¿Y qué paso con Isabella Cullen? —
La puerta principal fue azotada y escuchaba a Anthony quejándose mientras que estaba atareado con las cosas de pesca.
— mmm… — dude sin saber que más contarle.
— ¡Eddie! — Me llamo Anthony — necesito una manito aquí hijo —
A esto es lo que se le llama salvado por la campana…
— me tengo que ir, nos vamos Mike — me despedí.
— ¡No! ¡Espera! Tienes que contarme —
— nos vemos en trigonometría —
— ¡Eres tan jodidamente extraño! — apenas pude escucharle decir antes de colgar de golpe.
Solté una risita.
Ya lo había escuchado antes.
— ¡Hola Anthony! — Lo salude llegando a su lado y ayudándolo a meter todas las cosas de pesca debajo de las escaleras — ¿Qué tal te fue? —
— ¡Genial! Han picado bastante —
— Billy trajo pescado frito de Harry —
— ¿Eso hizo? — Los ojos de Anthony eran cegadoramente brillantes — es mi favorito —
¿Enserio? Si no me lo dices no me doy cuenta.
Subió mientras yo preparaba la cena, cuando bajo estaba solo estaba con una toalla alrededor de la cintura y gotas de agua le bajaban por el pecho y el cabello, nos sentamos a comer en silencio y mientras el disfrutaba su comida yo me preguntaba desesperadamente en cómo abordar el tema y cumplir mi misión.
— ¿Por qué me miras tanto? — pregunto sacándome bruscamente de mi ensoñación.
Baje la mirada a mi plato de comida.
— ¿Mirarte? — Balbucee revolviendo la comida — solo me decía que cuando tenga tu edad tengo que lograr mantenerme en forma —
Yo era tan cobarde.
— ¿Me estás diciendo gordo? — lo mire y estaba con el ceño fruncido y mirándose el pecho desnudo, me reí estúpidamente y negué con la cabeza.
— Solo olvídalo Anthony — rodé los ojos — no estas gordo — tampoco es que estaba en una condición física extraordinaria pero para la edad que tiene tener abundante cabello y no tener una panza era todo un desafío — de todas maneras tendrás que vestirte rápido —
Aquí vamos… Jesús dame fuerzas, por favorcito.
— ¿Por qué? —
— Porque… porque… — trague saliva — porque vendrá alguien a conocerte — dejo caer el tenedor contra el plato y resonó en toda la cocina, me encogí.
¿Por qué estaba tan ridículamente nervioso?
— ¿Conocer a alguien dijiste? — inquirió atónito.
— si —
— ¿Quién? — todavía no había levantado el tenedor.
— no te pongas melodramático ni nada ¿De acuerdo? — Solté terminando de comer y levantándome de la mesa, necesitaba una distracción — todavía estamos empezado así que no me sueltes ninguna de esas charlar idiotas que les compete a los padres —
Anthony lucia pálido… tan pálido como el papel.
— ¡No! — trono de pronto.
— ¿Qué? —
— ¡He dicho no! — Golpeo la mesa con la mano — ¡Estas castigado! — despotrico de pronto levantándose de la silla.
Me quede estático a mitad de camino hacia el fregadero.
— ¿Qué mierda…? — Masculle girándome en mis talones para encararlo — ¿Pero qué coño? ¿Por qué diablos estoy castigado? — estaba tan sorprendido que no me dio tiempo a gritar.
— pensé que podía soportarlo, enserio pensé que podía — se dejó caer en la silla como si fuera un saco de papas — pero tú no me puedes hacer esto a mí, hijo — se pasó las manos por el cabello de forma desesperada — eres mi único hijo ¡Y eres todo un hombre, nunca me sentiría más orgulloso por eso! Así que ¿Cómo pretendes que acepte lo que me estás diciendo? — deje el plato en la barra y ladee la cabeza confundido.
Mi padre estaba hecho un manojo de nervios y furia contenida.
Entonces fue cuando recordé todas las bromas pesadas que le había estado jugando y que por mi nerviosismo no le había aclarado a quien es que iba a conocer, me sentía ofendido… pero más divertido y estaba aguantando todas las ganas de no reírme a carcajadas hasta llorar.
— Anthony tranquilízate — murmure yendo hasta él y colocándole una mano en el hombro — sé que te acostumbraras a su presencia —
Era imposible no jugar a torcer las cosas con mi padre.
— ¿Vive aquí? — Asentí y trago saliva pesada — ¿No dijiste que no te gustaba nadie de aquí? —
— Técnicamente no vive en el pueblo — me encogí de hombros restándole importancia — así que no me dejes solo y sube a cambiarte que debe de estar por llegar — sonreí maliciosamente — se muere de ganas por conocerte — su rostro se volvió más pálido que antes y me preocupe por si le estaba dando un aneurisma.
Estaba a punto de abrir la boca para aclararle que era una chica la que venía a nuestra casa pero afuera sonó el rugido de un motor y Anthony se levantó de golpe en la silla y asintió varias veces.
— apoyarte… sí, sí, claro — balbuceo moviendo las manos nervioso — olvida lo que te dije, no estas castigado, hee… solo estaba sorprendido y fue una reacción instintiva — se pasó las manos por el cabello con rostro desencajado y corrió escaleras arriba para cambiarse.
Solté una risita mientras sonaba el timbre de la entrada.
Esto le enseñara a no dudar de su hijo jodidamente responsable ¿Quién coño entiende a los padres? Uno es bueno, educado, casi que maravilloso, que no le ha dado ningún problema porque posiblemente deje embarazada a una chica y creen que uno es gay… pero uno es todo lo contrario y es la decepción de la familia.
Sino fuera porque Isabella me está esperando afuera mi cabeza estuviera echa un lio.
Cuando abrí la puerta Isabella estaba con una sonrisa tan grande que le partía su hermoso rostro, hacía muy difícil pensar que no se había salido de una revista de modelos de impermeables.
— Hola Edward —
— Isabella — sonreí cuando estrecho los ojos y abrí los brazos para que saltara dentro de ellos, lo hizo de inmediato y enterré mi rostro en su cuello — ¿Alice no te atosigo para que te colocaras tacones? — se rio rodeándome los hombros con sus brazos.
— Por esta vez no, dijo algo que no combinaba con los uniformes — se separó de mi dando saltitos entusiastas — ¡Mira! — se abrió el impermeable y tenía una camisa beisbolera con el nombre de Cullen en letras negras y plateadas.
— Te ves bien — sonreí con diversión.
— ¡Oh! ¡También hay una para ti! — se fue hasta donde estaban las escaleras y recogió una bolsa negra sacando una camisa igual a la suya pero que era considerablemente mucho más grande que la propia Isabella.
Se me formo un nudo en el estómago.
— ¿Enserio? — balbucee entre emocionado y avergonzado.
— Claro — sonrió con ternura — eres parte de mi familia ahora y todos saben eso — trague pesado y me abalance hacia ella para rodearla con mis brazos.
— ¡Te quiero Bella! — susurre tomándola del rostro y aplastando mis labios con los de ella, se quedó estática por un momento pero luego rodeo mi cuello con sus brazos y suspiro antes de apartarse.
— ¿Eso es un gracias? —
Nos reímos juntos pero un carraspeo detrás de nosotros nos hizo mirar en dirección hacia las escaleras.
Era difícil no reírse de su cara.
El pobre de mi padre tenia tantas emociones pasando por su rostro que tuvo que agarrarse de la barandilla de las escaleras para no caerse de culo, sonreí con disculpa y me fulmino con la mirada antes de bajar los ojos a Bella y no sabía que emociones tenían cuando la miro pero el agradecimiento era la que más lo dominaban.
Me mordí la boca para no reír a carcajadas.
— Anthony — me solté de Bella y le tome la mano solo para descubrir que también cargaba guantes — ella es Isabella Cullen, mi novia — estaba tan jodidamente orgulloso por eso que ella lo percibió y soltó una risita tonta.
— ¡Oh gracias al cielo! — Susurro más para el mismo que para nosotros — Hola Isabella, no sabes cuánto me alegra de conocerte — camino hacia nosotros y extendió las manos para saludarla.
Bella lucia divertidísima casi podría decirse que estaba aguantando las ganas de reírse a todo pulmón.
— Hola señor Mesen — saludo convirtiendo su vos de caramelo en una mucho más dulce e irresistible.
Supongo que ya sabe que pasa por la cabeza de Anthony.
— Llámame Anthony — sonrió con nerviosismo — ven, entra, dame la cazadora —
— gracias y si es así entonces solo llámame Bella, Anthony — mi padre asintió varias veces mientras que con manos temblorosas colocaba la cazadora de mi novia en el perchero.
No sabría decir si estaba hasta la madre de nervioso o aliviado.
— siéntate aquí, Bella — hice una mueca.
Isabella se sentó con un ágil movimiento en el sillón individual obligándome a sentarme con el Jefe Mesen en el sofá, le di una mirada fulminante y ella me lanzo un beso coqueto a espaldas de Anthony.
Rodé los ojos.
— Así que… ¿Qué van hacer chicos? — pregunto mirando solo a Bella que por un momento abrió los ojos totalmente avergonzada, pero se recompuso tan rápidamente que mi padre no se dio cuenta.
Me removí incómodo y avergonzado.
— Jugaremos beisbol con mi familia — contesto lanzándome una fugaz mirada de brillosa diversión.
Algo me dice que Anthony está pensando cosas que no debería.
— eso está bastante bien — asintió de acuerdo y solo en Forks el que llueva a cantaros no es ningún impedimento para hacer deportes al aire libre — bueno, eso es llevarlo a tu terreno, supongo ¿No? —
¡Joder! ¡No puedo creer que Anthony llego hacer una broma como esa! Mi cara se coloreo tan rápidamente que sentía mis mejillas arder y Bella con una sonrisa maliciosa asintió de acuerdo pero sus ojos me miraron como la noche anterior.
De nuevo me siento como si estuviera vestido como una jodida manzana.
— si señor — se rio entre dientes — estoy segura que jugara estupendo ya que batea para mi equipo — mi boca estaba en el piso.
¡¿Qué coño…?! ¿Cómo se atrevió a seguirle el juego?
— Estupendo — me levante fulminándolos con la mirada a los dos a pesar de que no me veía nada amenazador por culpa del maldito color en mi cara — basta de bromitas a mi costa, nos vamos — volví al recibidor y por la sonrisa de Anthony supe que mi padre se había cobrado los meses de angustia que le había hecho pasar.
Resople quitándome la cazadora y agarrando la camisa beisbolera que me estaba ofreciendo Isabella, no me sorprendí de que me quedara perfectamente.
— No vuelvas demasiado tarde Eddie — asentí colocándome la cazadora — cuida de él — dijo mirando a Isabella y antes de que pudiera hacerlo yo, mi padre agarro el impermeable de ella y se lo ayudo a colocar.
— ¡Anthony! — refunfuñe.
Me ignoraron los dos.
— no se preocupe que lo hare señor — prometió solemne a lo que Anthony no pudo cuestionar nada porque cada palabra estaba impregnada de sinceridad.
— ¿Nos vamos? — me queje abriendo la puerta enfadado y caminando hacia afuera, los dos rieron cómplices.
Resople exasperado y justo antes de llegar a las escaleras me detuve en seco ¡Esto tiene que ser una maldita broma! Detrás de mí camioneta había un gigantesco Jeep, las llantas creo que eran más grandes que la propia Isabella, protectores metálicos cubrían las luces traseras y delanteras además de llevar de llevar cuatro enromes faros antiniebla sujetos al guardabarros y el techo era de un color rojo brillante.
Anthony dejo escapar un silbido por lo bajo.
— Poneos los cinturones chicos — advirtió.
Isabella me tomo de la mano y me jalo para que empezara a caminar hacia el Jeep, estaba a punto de subirme mientras calculaba cuanto tenía que saltar pero en un suspiro ella me guio hacia la puerta del conductor y la abrió mientras en un movimiento inesperado me sentó en el asiento frente al volante.
Esperaba que Anthony no viera que mi novia (con un poco más de 110 libras) me haya subido sin ningún esfuerzo a este gigantesco Jeep.
A paso humano rodeo el auto y antes de montarse en el asiento del copiloto se despidió de Anthony haciendo gestos con las manos.
— Así que tu padre pensaba que eras gay — dijo cuándo cerro de un portazo.
Me reí.
— digamos que ese día estaba aburrido —
— Eres tan idiota Edward — se rio entre dientes — no fue nada agradable que mi suegro no le importaba mucho si en vez de ir a un partido de beisbol con mi familia aprovecháramos a que ellos no estaban para encerrarnos en mi habitación — me mordí la boca para no reírme pero eventualmente termine fallando y una risa nerviosa se escapó de mis labios.
— siento que hayas pasado ese mal rato — volví a reírme — no sabe que puedes leer el pensamiento —
— créeme, casi que no necesite hacerlo… pero en parte fue divertido — negó con la cabeza riéndose y yo sonreí como idiota viendo sus risos revolotear en el aire.
Suspire pasándome las manos por el cabello.
— ¿Por qué… — pregunte mientras miraba confundido todas las hebillas del arnés para conducir a campo traviesa —… tengo el privilegio de conducir? —
— digamos que a Emmett no le gusto tu fea camioneta — puse mala cara mientras intentaba buscar todos los sitios donde se enganchabas las hebillas, no llevaba tres cuando Bella-vampira-de-poca-paciencia-Cullen soltó otro suspiro y me ayudo a colocarlos.
Gracias a la lluvia que era bastante espesa Anthony no podría darse cuenta que las manos de Isabella iban y venían abrochando las hebillas a una velocidad poco humana, deje de intentar ayudarla y me concentre en no hiperventilar porque de vez en cuando sus manos rozaban alguna parte de mi anatomía con una caricia electrizándote.
— Listo — sonrió enderezándose en el asiento — enciéndelo y conduce que yo te iré diciendo la dirección — asentí girando la llave y sintiendo el motor rugir debajo de mi pie — no te emociones mucho Edward — advirtió supongo yo viendo mi sonrisa de oreja a oreja.
— Ponte el cinturón — mi voz sonaba aguda.
— No se te ocurra… ¡Joder! — me reí de la palabrota que salió de sus labios cuando mi pie aplasto el acelerador de forma brusca.
Ni siquiera sentí nada porque el arnés me tenía bien sujeto, solté una carcajada y gire bruscamente para después pisar el acelerador mucho más que antes.
Estaba jodidamente eufórico.
— ¡Edward baja la velocidad! — Grito Bella por encima del rugido del motor — bájala o más nunca vuelves a conducir algo que no sea tu fea camioneta — rodé los ojos pero reduje velocidad a una considerablemente más segura — ¡No vuelvas a hacer eso nunca! — me regaño mamá gallina.
— Lo are cuando quiera Isabella — resople — ¿Dónde guardáis este tanque? —
— Remodelamos uno de los edificios exteriores para convertirlo en garaje — se quitó algunos mechones de cabellos de la cara — pero si fuera sabido que te pondrías como Dominic Toretto…—
— ¡No puedo creer que hayas visto esa película! — chille divertido.
Me ignoro.
—… entonces fuéramos corrido todo el camino para evitar un accidente —
— ¡Oh vamos! — Me queje siguiendo la dirección que me señalaba su mano — tu misma dijiste que conducía estupendamente y… alto — caí en la cuenta de lo que me había dicho y se me revolvió el estómago — ¿Correr todo el camino? O sea ¿Qué una parte si la vamos a correr? — mi vos se elevó varias octavas (y claramente no era de emoción) y ella sonrió ampliamente.
— No serás tu quien corra —
— ¡Me dará un infarto! —
— Si cierras los ojos, estarás estupendamente — quise girarme para fulminarla con la mirada pero su mano señalo otra dirección y tuve que seguirla.
Me mordí el labio sintiendo mi nivel de chico malo palpitar adolorido.
Se inclinó para besarme y me concentre en la carretera porque esto si podía hacerme perder la concentración y podríamos tener un accidente, sus labios besaron debajo de mi lóbulo y me estremecí aguantando un gemido… fue entonces cuando escuche el suyo.
¡Santa mierda! ¡Santa. Jodida. Mierda! ¿Cómo diablos pudo escapársele ese delicioso sonido? Mis manos se aferraron al volante y pude ver mis nudillos volverse blancos.
Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña y como veían que resistían fueron a buscar otro elefante… dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña y como veían que resistía fueron a buscar otro elefante…
Le dedique una fugaz mirada después de unos veinte elefantes que decía (mejor dicho que chillaba) vuelves hacer eso y tendremos un accidente monumental.
— Hueles a lluvia y luz del sol — movió sus manos nerviosa — de las dos maneras que nunca creí posible que se combinarán tan deliciosamente…— se calló abruptamente y de reojo mire como se mordía el pulgar con los ojos cerrados.
— ¿Y eso es bueno o es malo? — pregunte en vos baja.
— De las dos maneras — suspiro girando la cabeza hacia la ventana — siempre de las dos maneras —
Llegamos a una carretera secundaria con aspecto más de un camino forestal que de una carretera, la conversación resulto imposible a pesar del arnés, yo iba rebotando levemente arriba y abajo en el asiento, sin embargo Bella sonreía sin parar y cantaba una canción vieja que se escuchaba en la radio.
— Detente ahí Edward — dijo señalando al final de la carretera donde los arboles formaban grandes muros verdes.
La lluvia se había convertido en fina llovizna poco a poco y el cielo brillante se asomaba entre la lluvia.
— lo siento mucho pero desde aquí tenemos que ir a pie —
Trague saliva.
— ¿Sabes qué? Mejor te espero aquí — dolía menos en el orgullo si me acobardaba horita a que si le vomitaba encima.
— ¿Qué le ha pasado a tu coraje? — Sonrió divertida — estuviste fantástico esta mañana — resople y me cruce de brazos en un estéril intento de evitar que me quitara el arnés.
— No se me olvida la última vez — forcejeó conmigo unos segundos hasta que logro quitarme los brazos del pecho y comenzó a desatarme los cinturones — déjame Bella, ya los suelto yo… lárgate — proteste apartando sus manos.
— Bueno…— musito pensativa mientras terminaba de desatarme — me parece que tendré que forzar la memoria —
— ¿Forzar mi memoria? — puede que mi vos sonara tantito aguda — ¿Cómo? — y puede también que se me haya quebrado en la última silaba.
Presentía que me iba a doler.
— Algo como esto — en un movimiento rápido se sentó encima de mí y me quede estático — gatito lindo… — susurro desabrochándose el impermeable — ahora, dime — en el fondo de sus ojos había una diversión latente — ¿Qué es lo que te preocupa? — su efluvio desorganizo mis procesos mentales y mi corazón empezó a latir de forma alarmante cuando perezosamente se despojó de la prenda.
Estaba hecho un auténtico y jodido lio.
No mires, no mires, no mires, no mires… ¡Demonios! Juro que trate enserio que trate de ver solo las pecas pero fue malditamente imposible ya que mis ojos (abiertos como platos) se fueron hacia esos lindos, redondos y grandes pechos que Isabella descaradamente estaba poniendo en mi cara.
— Edward — susurro apoyando sus manos en mi cabello haciendo que los botones de su camisa beisbolera se abrieran más de lo que ya estaban — no me has respondido —
¿Qué tenía que responderle?
— Edward — repitió inclinándose hacia mí con su rostro a escaso centímetros del mío — dime — me acaricio por detrás de la oreja y mi respiración se volvió pesada.
— Yo… yo… bueno… — trague saliva — no quiero estamparme con un árbol y morir — mi voz sonó temblorosa — Oh, y mi orgullo — apenas fui consiente en como reprimía una sonrisa.
Se inclinó para meter su nariz en el hueco de mi cuello mientras deslizaba sus manos hacia abajo, me estremecí por completo y mis labios formaron una línea tratando de no soltar ningún sonido.
— ¿Sigues preocupado? — murmuro contra mi piel para luego empezar a repartir besos a lo largo de mi cuello.
— Sí, sí, si — luche por concentrarme en otra cosa que no fuera su cuerpo encima del mío — me preocupa estamparme contra un árbol y mi orgullo — sus traviesas manos encontraron el final de las dos camisas que cargaba encima y metió sus manos dentro provocándome un respingón.
¿Por qué coño me haces esto a mí Señor?
A este punto ya jadeaba.
— ¿Y ahora? — susurraron sus labios contra el lóbulo de mi oreja.
— Arboles — empuñe mis manos — morir, orgullo — mi cuerpo parecía un maldito hervidero ¡Y no recordaba como era la maldita canción del elefante!
Se levantó levemente en sus rodillas para besarme la mandíbula provocando que nuestros cuerpos hicieran fricción y sus manos hacían cosas raras en mis costillas.
Yo estaba al borde del colapso.
— Edward, en realidad no crees que te vayas a estampar contra un árbol ¿A qué no? —
— No-o — jadee — aunque podría — repuse sin mucha confianza, ella olía una victoria fácil ya que mi mente estaba en miles de cosas lejos de lo que estábamos discutiendo.
Me beso llegando hasta mi otro lóbulo y saco sus traviesas manos de adentro de mi camisa para colocarlas encima de las mías y guiarlas hasta que estuvieran en sus piernas.
Me estaba dando permiso para tocarla… ¡Cristo! ¡Santísimo Cristo!
— ¿Crees que dejaría que te lastimara un árbol? —
— No —
Mis manos empezaron a subir.
— Y estoy segura de que tu orgullo de chico malo sobrevivirá como la última vez —
— Si —
No podía despegar mis ojos de su cuerpo.
— Ya vez — sonrío contra mi tembloroso labio inferior — no hay nada de lo que tengas que preocuparte… ¿A qué no? — se estremeció cuando casi fantasmalmente toque las suave curva de su lindo trasero y fue todo lo que necesite para rendirme.
— No — dije y casi gemí.
Entonces me tomo del cabello y casi con rudeza fue ella la que se abalanzo hacia mi boca moviendo sus labios como nunca lo había hecho, en estas circunstancias ella no podía reclamarme porque no me estaba comportando de un modo que asegurara que salvaría mi cuello… así que hice lo primero que me paso por la mente en ese momento: Devolverle el beso con doble intensidad.
Mis brazos se enrollaron entorno a su cintura para colocarla encima de donde mi instinto gritaba que debía ella de estar, abrí su boca con mi lengua y luche con la de ella sintiendo el leve movimiento de vai-ven que hacían nuestros cuerpos unidos como si estuvieran soldados, despegue mi boca de la suya y baje hasta su cuello dando regueros de besos hasta que me topé con esas lindas y preciosas pecas.
Solté un gemido.
— Edward — murmuro ella jadeando.
— Bella — dije yo de la misma forma y en un acto de puro instinto saque mi lengua y lamí su fría y dura piel que ahora no era posible compararla con el granito, sentía que ardía con la fuerza de un millar de soles.
— No — dijo arrastrándose hacia atrás y chocando su espalda con el volante — no, no, no — chillo sin aliento mientras se soltaba de mi agarre con desespero y abría la puerta del auto para saltar hacia el suelo de forma grácil pero tambaleante.
Nunca la había visto tambalearse.
— ¡Malditasea Edward! — Grito llevándose las manos al cabello y apartándolo bruscamente del rostro — ¡Eres mi perdición! ¡Eres mi jodida perdición! — se dejó caer en el suelo y rodeo sus rodillas con los brazos como si buscara apoyo.
— Eres indestructible — susurre rodeándome el estómago e inclinándome hacia delante para tratar de calmarme.
Mi cabeza daba vueltas, mi respiración estaba errática y mi corazón estaba como loco, aunque claro eso no era problema ante de la enorme y jodida erección que había en medio de mis vaqueros.
¡Baja!... ¡Baja!... ¡Baja!... ¡Baja!... ¡Baja!... ¡Baja!...
— Eso creía antes de conocerte — ladee levemente la cabeza para observar cómo se levantaba y me daba la espalda con los brazos cruzados — será mejor que salgamos de aquí pronto antes de que cometa alguna estupidez, así que apresúrate — gruño la última palabra y sentí el cabreo recorrerme las venas, ni siquiera un maldito por favor o un puto minuto en que me reconozca que esta mierda duele como el infierno y cierre la boca en señal de te entiendo.
¡Me enciende y quiere que me apresure a enfriarme! ¡Esto es el maldito descaro personificado!
— ¡Estoy listo! — Replique más alto de lo normal mientras bajaba del Jeep y agarraba mi gorrito-tipo-bala que no supe en que momento logro quitármelo, salí dando un sonoro portazo — no te vayas a caer — dije de forma sarcástica mientras saltaba a su espalda y enrollaba mis piernas y brazos a su alrededor.
— Edward… — mascullo con furia al no sentirme completamente listo como acababa de proclamar.
¡Que se joda!
— Corre Isabella, corre fuerte ¡Quizás así me enfrié tan rápido como quieres! —
— Cierra los ojos — ordeno severamente.
Hundí mi cabeza entre sus risos chocolates hasta llegar a sus omoplatos y cerré los ojos con fuerza, no supe en que momento nos estábamos moviendo y estuve tentado a mirar hacia afuera pero como que lo pensé mejor y decidí ahorrarme la vomitada que de seguro me ganaría por mi estupidez.
No estuve seguro de que habíamos parado hasta que alzo su mano y toco la mía en una suave caricia.
— Ya paso gatito —
Me atreví a levantar la cabeza y efectivamente era cierto, nos habíamos detenido y estábamos entre unos helechos y arbustos con varios árboles a nuestro alrededor, podría decirse que estábamos en el límite de algo ya que por ambos lados se podría observar la niebla y la claridad del día, parece que Alice tenía razón.
Me deshice de mi presa estranguladora y trate de caer al suelo ágilmente, solo que por causas justificadas (como tener el cuerpo entumecido, el maldito dolor pulsante en mi entrepierna y la cólera que corría por mis venas) me hicieron perder el equilibrio y me tambalee hacia atrás, en mi intento de no caerme me sostuve de una rama pero como mi suerte es asquerosamente fea la rama se partió y caí al suelo de espalda llenándome de barro, hojas y ramitas.
— ¡Malditasea! — grite furioso con el arrebol en mi rostro mientras golpeaba el suelo con la rama que todavía estaba en mi mano.
Bella me miro sorprendida, era obvio que no estaba totalmente segura si podía reírse a mi costa en esta situación, pero mi cara roja como un tomate y mirada asesina venció sus reticencias y rompió a reír escandalosamente.
Me levante dignamente a pesar de que mi orgullo de chico malo estaba retorciéndose de forma dolorosa, comencé a limpiar el barro de mis vaqueros y a quitar hojas y ramitas de mi cabello logrando que solo riera más.
Resople furioso.
Comencé a caminar hacia donde estaba la luz y me puse mi gorrito-tipo-bala de mala gana mientras murmuraba palabrotas en francés y después en alemán… a veces era tan productivo no tener nada que hacer los domingos.
Sentí sus manos alrededor de la mía.
— ¿A dónde vas Edward? —
— A jugar beisbol, ya que tu no pareces interesada voy a suplantarte y así lograr que se diviertan sin ti —
— pero si no es por ahí… —
¡Auch!
Pero aun así me di la vuelta sin mirarle y camine con grandes zancadas hacia la dirección contraria, esta vez se puso delante de mí con sus manos en mi pecho, bloqueándome el paso.
Resople cruzándome de brazos.
— No te enfades, no pude evitarlo — se mordisqueo el labio tratando de aguantar una risa — deberías haber visto tu cara — sonrió y a la final termino riéndose de nuevo.
— ¡Ah claro! Aquí tú eres a única que tiene derecho a cabrearse ¿No? — le pregunte alzando los brazos al cielo.
— No estaba enfadada contigo — aclaro dulcemente con ojos brillantes mientras se acercaba a mí y me rodeaba el torso con sus pequeños brazos, resople y trate de soltarme pero fue inútil.
— ¿"Eres mi jodida perdición"? — cite amargamente.
— Eso fue simplemente la constatación de un hecho —
— Si te habías cabreado — insistí tercamente frunciendo el ceño.
— tienes razón si estaba enfada —
— ¡Pero acabas de decir que no! —
Ahora estaba confundido.
— No estaba enfadada contigo Edward — suspiro y su rostro se volvió serio de pronto — ¿Es que no lo entiendes? —
— ¿Entender qué? — exigí aún más confundido por su brusco cambio de humor.
— Nunca podría enfadarme contigo — rodeo mis hombros con sus manos y enterró su rostro en mi pecho — eres tan valiente, tan leal, tan entregado, tan… apasionado — hizo un puchero y la rodee con mis brazos acariciando su mejilla con mi dedo pulgar.
— ¿Entonces? — susurre recordando lo insensible y perra que había sido al rechazarme y luego a decirme que me apresurara.
No podía interpretarlo salvo como frustración por ser tan jodidamente humano, tan idiota, tan hormonal, tan lento, tan débil… tan común y corriente.
Se paró de puntitas y metió sus manos por debajo del gorrito acariciando mi cabello, sus ojos eran de una triste dulzura.
— Estaba furiosa conmigo misma por la manera en que te provoco y no dejo de ponerte en peligro, mi propia existencia ya supone un peligro para ti, algunas veces de verdad que me odio a mí misma, debería ser más fuerte, debería ser capaz de… —
Le tape la boca con la mano.
— no lo digas — ladeo el rostro alejando su mano de su boca pero aun así la mantuve en su rostro acariciando su labio inferior con mi pulgar.
— Te quiero — dijo con sus ojos fundiéndose con los míos — es una excusa muy pobre para todo lo que te hago pasar, pero es verdad — mi corazón se aceleró y me rodeo con sus brazos pegando su oído a mi pecho.
Era la primera vez que me decía que me quería, al menos con tantas palabras y tal vez no se hubiera dado cuenta pero ya yo lo creía así.
— ahora intenta cuidarte ¿Vale? — se paró en puntitas de nuevo y rozo sus labios con los míos pero me quede orgullosamente quieto y ella lo noto — siento haberte echo pasar un mal rato y… y… — sus ojos bajaron a sus zapatos que se movían de un lado a otro.
Estaba avergonzada, y no solo avergonzada… totalmente abochornada.
Al menos esta sentida porque me provoco una erección monumental que duele como el puto infierno arde.
— Está bien — comunique acariciándole los brazos.
— No volverá a pasar — sin poder evitarlo solté una carcajada amarga — ¿De qué te ríes? — frunció el ceño y negué con la cabeza soltando risitas.
¿Cómo le digo que aunque yo no quiera que pase el maldito pene tiene vida propia?
— de nada, es mejor que vayamos, le prometiste al Jefe Mesen que llegaríamos temprano ¿recuerdas? —
Asintió.
— Entonces es mejor que nos pongamos en marcha —
— Si, señorita —
Seguimos andando tomados de las manos y unos cuantos metros más adelante, llegando donde había una luz brillante y de pronto nos encontrábamos allí en el borde de un inmenso campo abierto en la ladera de los montes Olympic.
Tenía dos veces el tamaño de un estadio de beisbol.
Estaban todos con los mismo uniformes que teníamos Isabella y yo, Emmett, Esme y Rosalie sentados en una lisa roca y eran los que estaban más cerca de nosotros y aún más lejos estaban Jasper y Alice que parecían lanzarse algo el uno al otro aunque no vi la bola en ningún momento, parecía que Carlisle estuviera marcando las bases pero ¿Realmente podía estar poniéndolas tan separadas una de las otras?
Los tres que estaban en las rocas se levantaron cuando estuvimos a la vista, Esme se acercó hacia nosotros y Emmett la siguió después de echarle un vistazo a Rosalie que se había levantado con gracia y estaba avanzando a grandes zancadas hacia el campo sin mirar en nuestra dirección.
Rodé los ojos.
— ¿Es a ti a quien hemos oído Bells? — pregunto Esme cuando estuvo lo bastante cerca.
— sonaba como si estuvieran ahogando a un oso — aclaro Emmett.
— ¡Oh cállate! — se quejó Bella agitando su manos libre, el grandote se rio y ella rodo los ojos símbolo de exasperación.
Ignorando su intercambio le sonreí a Esme que me miro fascinada.
— Era ella — dije.
— Edward resultaba muy cómico en ese momento — explico Bella sonriendo y aguantándose las ganas de reír de nuevo, resople y ella se mordió la boca con una mirada divertida.
Alice había abandonado su posición y corría (mejor dicho danzaba) hacia nosotros hasta detenerse con desenvoltura a mi lado y tomarme de la mano con una sonrisa tipo el gato rizón y algo me decía que eso no era bueno.
— Hola Alison —
— Edward ya te dije que era…—
— Alice — regaño Bella.
— ¡Eso! ¡Así es Edward! — Soltó una risita tintineante y le sonreí con ternura — venga vamos para que juguemos —
— ¿Qué? — Masculle confundido — pero si me dijeron que yo solo miraría — mis pies comenzaron a caminar por la fuerza de la pequeña vampira y Bella tenía una mirada glacial en su rostro.
— ese plan no es seguro…—
— ¡Bah! — Trono Emmett interrumpiendo a Bella — el chico estará estupendamente, relájate hermanita — de la nada ya tenía a la enorme masa de musculo que era él a mi lado y trague saliva pesada.
¿Y ahora que carajos me podrán a hacer para divertirlos?
— La pequeña duende dice que puedes clavar en el aro — anuncio una vez nos detuvimos.
— hee… si —
— Eso está bien — sonrió mostrando sus hoyuelos — entonces serás capaz de batear una pelota de Alice — trague saliva y mis ojos se convirtieron en platos.
¿Qué yo seré capaz de qué?
Alice y Emmett me dejaron plantando en la primera base mientras que se fueron a buscar los instrumentos necesarios, mire a mi alrededor y por la cara expectante de todos supongo que estaban deseos de saber si puedo batear decentemente, Bella me dio una sonrisa de disculpa y antes de que pudiera abrir la boca para decirle que me sacara de este lio aparecieron los traviesos hermanos con sonrisas divertidas en su rostro.
— Solo relájate — comunico Emmett — será divertido —
— ¿Para ti o para mí? — pregunte nervioso provocando las risas de todos.
Me dejaron el bate en las manos y como ya tenía mi gorrito Alice decidió colocarse la gorra que estaba destinada para mí, tomo la pelota, el guante (que tenía su inicial bordada) y corrió hasta detenerse a una distancia perfecta para un humano, Emmett se colocó detrás de mí con su guante y alrededor habían muchas firmas, más tarde le preguntaría a Bella a que jugador famoso le pertenecía cada una.
— ¡No tengas miedo Edward! — me apoyo Bella y mire por sobre mi hombro para encontrarla sonriendo — ¡No lo pienses solo hazlo! — Esme se unió a sus sonrisas de ánimos y asentí en su dirección.
Inspire hondo y solté.
Me puse en posición apretando fuertemente el bate, Alice sonreía entusiasmada y en movimientos capaces de que mis ojos humanos lo vieran alzo una pierna grácilmente y la dejo caer soltando la bola en el proceso, me quede por un segundo idiotizado en su grácil figura, pero cuando reaccione la pelota ya estaba en el guante de Emmett.
— ¡Strike! — grito Esme.
Todos rieron a excepción de Bella y puse mala cara.
— ¡Tú puedes Edward! — me animo ella con confianza.
Asentí sin mirarla.
De nuevo la pequeña vampiro hizo el mismo movimiento que la vez anterior y pensé en batear una línea, lo que fue inútil porque una bola curva me sorprendió y el guante de Emmett resonó de nuevo.
— ¡Strike dos! — canto Esme.
Gruñí.
— Chico esto es deprimente — se burló Emmett.
— ¡Solo no lo pienses Edward! — deje mi postura y mire a Carlisle que me daba ánimos desde la parte más lejana del campo, asentí en respuesta y aunque estaba demasiado lejos sabía que podría verme perfectamente.
No lo pienso… esa era la clave, si no lo pienso entonces Alice no podrá ver que bateare, inspire hondo y solté lentamente mientras me colocaba en posición apretando con fuerza el bate.
Bateare una línea… bateare una línea… bateare una línea… fue entonces cuando la bola hizo vibrar mis manos al chocar con el bate, la golpee tan fuerte que se elevó por encima de unos metros y siguió, siguió y siguió hasta que cayó a unos treinta metros de donde estaba Carlisle.
Todos comenzaron a aplaudirme y a reírse y termine riendo con ellos, Bella llego a mi lado y me abrazo mientras que Alice y Emmett intercambiaban reclamos por alguna clase de apuesta a eso se le sumo Jasper que me sonrió en reconocimiento antes de atacar a Emmett por su dinero.
Parece que le hice perder dinero al grandote.
— Es la hora — anuncio Alice por encima de las voces de los demás.
Todos se quedaron en silencio y a los pocos segundos un trueno sacudió el bosque de en frente, a continuación retumbo hacia el oeste.
— Raro ¿A que si? — dijo Emmett dándome un suave codazo, parece que tiene el mismo don de Alice: Ese de ganarse la confianza en menos de unos segundos.
— A sus puestos chicos — anuncio Esme.
— Venga, vamos…— azuzo Alice tomando la mano de Emmett y echando a correr hacia donde les tocaba.
Ella corría como una gacela y él lejos de ser tan grácil, igualaba la misma velocidad, Bella llego a mi lado y me arrastro junto con Esme hacia afuera del campo, su cuerpo destilaba adrenalina.
— ¿Quieres seguir jugando? — pregunto con ojos brillantes.
Me reí negando con la cabeza.
— ¡Patéale el trasero vampírico a Emmett! — soltó una carcajada y después de ponerse de puntitas para robarme un beso corrió hacia el campo donde estaban los demás reunidos.
Su forma de correr era diferente a la de los demás, ágil, potente y elegante más parecida a una pantera que a una gacela por lo que pronto les dio alcance, su exhibición de gracia y poder me dejo sin aliento.
— ¿Edward? — inquirió Esme con una voz suave y melodiosa.
En ese instante me di cuenta que me había quedado con la boca abierta solo mirándola así que me recompuse rápidamente y llegue a su lado para alejarnos de primera base, camino a mi lado con sus manos en mi brazo y acompaso su ritmo al mío sin impacientarse, empujarme o jalarme.
En verdad se lo agradecía.
— ¿No se te antoja jugar? — le pregunte en voz baja.
— Prefiero arbitrar, alguien debe de evitar que hagan trampas y a mí me gusta — me explico.
— ¿Les gusta hacer trampas? —
— Oh, ya lo creo que sí, ¡Tendrías que oír sus explicaciones! — se rio entre dientes y sonreí — bueno, espero que no sea así, sino pensaras que se criaron con una manada de lobos —
— Te pareces a mi madre — los dos nos reímos y ella me dio un dulce apretón en el brazo.
— bueno, me gusta pensar en ellos como si fueran mis hijos, en más de un sentido, me cuesta mucho controlar mis instintos maternales ¿No te conto Bells que había perdido a un bebe? —
— No — murmure aturdido, esforzándome por comprender a que periodo de su vida se refería.
— Si, mi primer y único hijo murió a los pocos días de haber nacido, mi pobre cosita — suspiro — me rompió el corazón y por eso me arroje al acantilado, como ya sabrás — añadió con toda naturalidad.
— Isabella me dijo que te caíste — balbucee.
— Bella siempre tan dulce y considerada — esbozo una sonrisa — ella fue la primera de mis nuevos hijos, siempre pienso en ella de ese modo, incluso aunque, en cierto modo, sea mayor que yo — me sonrió cálidamente — por eso me alegro que te haya encontrado tesoro — aquellas cariñosas palaras sonaron muy naturales en sus labios — ha sido un bicho raro durante mucho tiempo, me dolía que estuviera tan sola —
— Entonces ¿No te importa? — Pregunte rascándome la nuca — ¿Qué yo no sea… bueno para ella? —
— No — se quedó pensativa — tu eres lo que ella quiere y no sé como pero esto va a salir bien — me aseguro aunque podía ver una chispa de preocupación en sus maternales ojos dorados.
Se oyó el estruendo de otro trueno.
En ese momento Esme se detuvo, al parecer ya se habían formado los equipos, Bella estaba en la parte izquierda del campo, bastante lejos en realidad, Carlisle se encontraba entre la primera y segunda base y Alice tenía la bola en su poder, en lo que debía ser la base de lanzamiento que estaba mucho más lejos que de donde me lanzo a mí.
Emmett hacia girar un bate de aluminio, solo perceptible por el sonido silbante ya que era casi imposible seguir su trayectoria en el aire con la vista, adopto la postura de bateo y Jasper se situó detrás atrapando la bola para el otro equipo, estaba seguro que si me concentraba lo suficiente podía ver el guante de Jasper con una marca y una firma exclusiva que presentía que había sido de un jugador.
— De acuerdo — Esme hablo con voz clara — ¡Batea! —
Alice hizo la misma maniobra que hizo conmigo y como ahora no estaba concentrado en batear podría decir que ella tenía el estilo de estar más cerca de la astucia, de lo fortuito, que de una técnica de lanzamiento intimidatoria, su mano fue tan rápida como el ataque de una cobra y la bola choco en el guante de Jasper.
— ¡Strike! — anuncio Esme.
Jasper lanzo la bola hacia Alice y esta sonrió entusiasta, se colocó en posición de nuevo y sin saber cómo el bate consiguió golpear la bola invisible provocando que el chasquido del impacto fuera atronador, ahora entendí con claridad porque necesitaban los rayos y una tormenta para poder jugar.
La bola sobrevoló el campo como un meteorito hasta perderse en lo profundo del bosque, ahora me siento estúpido al sentirme orgullo de que mi bateo logro casi haber llegado hasta donde estaba Carlisle.
— Eso será una carrera completa — murmure.
Esme hizo una mueca mientras que sus ojos y oídos estaban atentos.
— Bella es muy ágil — dijo con cautela — demasiado ágil —
Mis ojos la buscaron pero no pude encontrarla, Emmett solo era una mancha borrosa que corría de una base a otra y Carlisle era la sombra que lo seguía.
— ¡Out! — canto Esme con vos clara.
Contemplé con incredulidad como Bella saltaba de un árbol de veinte metros de altura hasta el piso y alzaba la mano con la bola en ella, hasta yo pude ver su sonrisa resplandeciente.
¿Cómo coño logro eso?
— Emmett será el que batea más fuerte — me explico Esme leyendo la pregunta en mi cara — pero Bella es pequeña, ágil y rápida, usa el impulso de los arboles como ayuda para ir más rápido que cualquiera de nosotros y eso la hace igual de fuerte — sonrió por lo bajo — los chicos intentaron imitar su truco pero solo conseguían destrozar árboles y en el caso de Emmett derribarlos — asentí recordando como grácilmente había saltado de un árbol (conmigo encima) hacia otro con la agilidad de una gata… o una pantera.
Las entradas sucedieron antes mis ojos incrédulos, era imposible mantener contacto visual con la bola teniendo en cuenta la velocidad a la que volaba y el ritmo al que se movían alrededor del campo los corredores de base.
Comprendí también porque necesitaban una tormenta para jugar cuando Jasper bateo una roleta hacia la posición de Carlisle tratando de evitar la infalible defensa de Bella, mi suegro corrió por la bola y luego se lanzó en pos de Jasper que iba disparado como un torpedo hacia primera base, cuando chocaron fue como una grúa de demolición frente a una pared de hierro forjado, inspire hondo y me levante para ver si les faltaba alguna parte del cuerpo.
— Están bien — anuncio Esme con una sonrisa divertida.
Y cuando los volví a ver los dos se empujaban entre si mientras se reían como par de adolecentes idiotas, sonreí por lo bajo, me recordaba cuando estúpidamente Ethan y Kellan chocaban entre ellos y a la final terminaba yo en el suelo (ya que no aguantaban que fuera mejores que ellos) porque teníamos que compartir costras y heridas.
El equipo de Emmett estaba arriba por una carrera ya que Rosalie revoloteo de base en base aprovechando uno de los largos lanzamientos de Emmett, cuando Bells consiguió el tercer out llego hasta mi lado y se lanzó a mis brazos chispeante de entusiasmo.
— ¿Qué te parece? —
— Solo una cosa — sonreí pegando mi frente a la suya — nunca volveré a sentarme a ver la insípida Liga Nacional de Beisbol, los equipos son demasiado comunes — se rio entre dientes.
— Ya, lo dices como si fuera un insulto — replico entre risas.
— ¡Claro que lo es! ¿Por qué no se apuntan para formar un equipo? ¡Yo sería su manager! — rodo los ojos y me reí acariciando algunos rizos que estaban sueltos de su coleta alta — aunque estoy un poco herido — bromee.
— ¿Por qué? — me pregunto intrigada.
— Bueno, sería estupendo encontrar una cosa en la que mi novia no pueda patearme el orgullo de chico malo — suspire negando levemente con la cabeza — ¿Es necesario que todo lo hagas mejor con cualquier otra persona en el mundo? — u na sonrisa que dejo mostrar todos sus dientes perfectamente blancos relumbro muy cerca de mí y provoco que me quedara sin aliento.
— Ya voy — dijo — me toca batear, deséame suerte —
— ¿La necesitas? — sus ojos brillaron con diversión y se soltó tras darme un fugaz beso en la mejilla.
Jugo con mucha astucia al optar por una bola baja, fuera del alcance de la excepcionalmente rápida mano de la rubia que defendía la parte exterior del campo y como era pequeña y ágil logro llegar hasta la segunda base escapando de los brazos de Emmett que quería hacerle trampa.
Luego fue el turno de Carlisle (mi superhéroe favorito) que golpeo la pelota tan lejos fuera del campo con un estruendo que me hirió los oídos, Bells y él completaron la carrera, ambas chicas le saltaron encima llenándolo de risas y vítores (¿Ya ven porque el tipo es genial?) Carlisle parecía una súper estrella con dos chicas guindando a ambos lados de sus brazos, fue imposible no reírme de eso.
El tanteo cambiaba continuamente conforme avanzaba el partido y se gastaban bromas unos a otros como los jugadores callejeros con los que mis amigos y yo algunas veces pasábamos el rato después de jugar un partido en los soleados campitos improvisados de L.A, incluso Esme tuvo que llamarles la atención varias veces lo que provocaba las risas de todos.
Carlisle estaba a punto de batear con Isabella como receptor cuando Alice profirió un grito ahogado que sonó muy fuerte, yo miraba a Bella como siempre y entonces le vi darse la vuelta para mirarla, los ojos de ambas se encontraron y en un instante circulo entre ellas un flujo misterioso, Isabella ya estaba a mi lado antes de que los demás pudieran preguntar a Alice que iba mal.
— ¿Alice? — pregunto Esme con vos tensa.
— No los he visto con claridad, no podría deciros…— susurro ella al tiempo en que todos se reunían.
— ¿Qué pasa Alice? — le pregunto Carlisle con su voz tranquila cargada de autoridad.
— Viajan mucho más rápido de lo que pensaban, creo que me he equivocado en ello —
Jasper se inclinó sobre ella con ademan protector.
— ¿Qué ha cambiado? — le pregunto.
— Nos han oído jugar y han cambiado de dirección — señalo como si fuera responsable de lo que sea que la había asustado.
Siete pares de ojos se posaron en mi cara deforma fugaz y se apartaron.
— ¿Cuánto tardaran en llegar? — inquirió Carlisle volviéndose hacia Bella.
— Menos de cinco minutos — dijo luego de una profunda mirada de concentración — vienen corriendo y están deseosos de jugar —
— ¿Puedes hacerlo? — le pregunto Carlisle y ella negó con la cabeza.
— Ni Emmett ni yo podemos hacerlo con carga — resumió al ver que el giraba ligeramente hacia el grandote — además lo que menos queremos es que capten el olor y comience la caza —
— ¿Cuántos son? — pregunto Emmett a Alice.
— tres — contestó.
— ¡Tres! — Exclamó con tono de mofa y flexionó los músculos de acero de sus intimidantes brazos y casi que le falto besarlos — ¡Déjenlos que vengan! —
Carlisle lo considero durante una fracción de segundo que pareció más largo de lo que fue en realidad, solo Emmett con su humor inquebrantable parecía impasible, el resto (incluyéndome) mirábamos a Carlisle con los ojos llenos de ansiedad.
— Nos limitaremos a seguir jugando — anuncio de forma fría — Alice dice que solo sienten curiosidad —
Intente captar el torrente de palabras que salían de la boca de este, pude conseguir la mitad de ese discurso de instrucciones pero me fue imposible escuchar lo que Esme le preguntaba a Bella ya que solo atisbe la imperceptible negativa de ella y el alivio en las facciones de Esme.
— Yo me encargo de él — comunico a Esme y se plantó delante de mí, mientras que los otros barrían el bosque oscuro con miradas agudas —quítate la beisbolera, los guantes y bájate más el gorrito de lana — mientras que soltaba los botones con manos temblorosas ella desapareció por unos segundos.
Reapareció con una beisbolera igual que la mía solo que en esta decía Jasper por detrás y la mía decía Edward (suerte que Alice no es una persona cruel y le puso mi nombre completo) me la puse rápidamente aunque esta vez me quedaba una talla más grande y Bella de forma desesperada bajo mi gorrito hasta que casi me tapaba los ojos, mis guantes también fueron cambiados y me estremecí del frio que había dentro de los otros de piel color café… supongo que Jasper no se pondrá más estas prendas.
— Los otros viene ya para acá — comente lo que parecía evidente y tendría que felicitarme por mi ingenio más tarde.
— Sí, quédate inmóvil, permanece callado — intentó ocultar bastante bien el nerviosismos de su voz pero aun así pude captarlo — y no te apartes de mí lado o del de Emmett por favor — rogo inspeccionando que algo le faltara a mi cuerpo y reajustando mi gorrito-tipo-bala por quinta vez.
— Bells — susurro Alice que estaba cerca de nosotros — eso no servirá de nada yo lo podría oler incluso desde el otro lado del campo —
— ¡Lo sé! — contesto Bella con una nota de frustración en la voz, el resto empezó a jugar con desgana y la mire acariciando uno de sus risos sueltos de la coleta.
— ¿Qué te pregunto Esme? — susurre.
Vacilo un momento antes de contestarme.
— Que si estaban sedientos — murmuro reticente.
Todos jugaron con apatía porque ninguno quería golpear fuerte, a pesar que el pánico nublaba mi entendimiento, fui consiente más de una vez de las mirada fija de Rosalie sobre mí, sabía que estaba enfada por la horrorosa (y a pesar de todo hermosa) mueca que hacía, Isabella no prestaba atención al juego sus ojos y su mente solo recorrían el bosque.
— Lo siento Edward — murmuro forzadamente y si pudiera llorar estaba seguro de que lo haría — exponerte de este modo ha sido estúpido e irresponsable por mi parte — me abrazo levemente y hundió su rostro en mi pecho, solo ataje a devolverle el abrazo — ¡Cuánto lo siento gatito! —
Se separó de golpe y note como contenía la respiración mientras se giraba para encarar el bosque con sus ojos fijos como platos en la esquina oeste del campo.
Se colocó delante de mí tratando de taparme con su menudito cuerpo, Carlisle, Emmett y los demás Cullen se volvieron en la misma dirección en cuanto oyeron el sonido que a mis débiles y patéticos sentidos humanos llegaban mucho más apagados.
¿Quién se ofrece como voluntaria para bajar el problemita de Eddie?
¿Reviews?
¿Porfis?
