Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 23
Vi una deslumbrante luz nívea al abrir los ojos, por un segundo pensé que estaba en el momento más famoso de la humanidad, ese donde tenías que seguir la luz.
Pero después repare a mí alrededor y me di cuenta que estaba en una habitación blanca, con las persianas bajadas, mi cuerpo estaba sobre una cama fría, desnivelada e incómoda con una almohada estrecha y llena de bultos, un molesto pitido sonaba desde algún lugar. Esperaba que eso significara que seguía vivo.
La muerte no podía ser tan incómoda.
Unos tubos traslucidos se enroscaban alrededor de mis manos y debajo de la nariz un objeto pegado al rostro, alce la mano para quitármelo cuando unos dedos helados atraparon mi muñeca.
— no lo hagas — ordeno suavemente.
— ¿Isabella? — gire mi rostro para encontrarme con el suyo exquisitamente muy cerca del mío.
Esta es mi confirmación de que seguía con vida.
— ¡Ay, Bella! ¡Lo siento, lo siento mucho! —
— Shh… — me callo acariciando mi muñeca con su dedo — ahora todo está bien — inspire hondo tratando de recordar algo de lo que haya pasado pero nada venía a mi mente.
— ¿Qué coño paso? — gruñí al ver que mi mente se resistía.
— Estuve a punto de llegar tarde — susurro — pude no haber llegado a tiempo — su voz atormentada hizo que mi mente nublada se aclarara por unos segundos.
Entonces supe que estaba muerto…
… porque oí la voz de un ángel a través del turbulento sueño llamándome al único cielo que yo anhelaba.
— ¡Oh no, Edward, no! — grito la voz del ángel horrorizada, se escuchaban miles de cosas a alrededor pero no quería saber que era sino enfocarme solo en la esa maravillosa voz — ¡Edward! ¡Edward! ¡Por favor, Edward! ¡Tienes que escucharme! ¡Edward! ¡Edward! — suplicaba y quise responderle pero no encontraba los labios, de hecho no encontraba nada de mí.
Cuanto deseaba poder decirle cualquier cosa.
— ¡Carlisle! — Llamó el ángel con angustia — ¡Edward! ¡Edward! ¡Oh, no, no, no, por favor, no, no! — su voz se convirtió en sollozos sin lágrima.
— ¡Que idiota fui! Creí que tenía a Lizzi en su poder —
— Nos engañó a todos — sentí su mano en mi cabello y mi cuerpo comenzó a relajarse levemente.
— tengo que llamar a mis padres — pensé en voz alta.
— Alice ya se encargó de eso — mis ojos se abrieron como platos — Elizabeth está aquí, bueno en el hospital, se marchó para comer algo —
— ¿Cómo? — Intente levantarme — ¿Cómo que está aquí? Ella debería estar en Roma o Londres, no lo recuerdo pero no debería estar aquí — estaba empezando a ponerme furioso conmigo mismo porque en cuanto intente sentarme me maree.
Debe de estar tan preocupada.
— Tranquilízate cariño — sus manos empujaron mis hombros con delicadeza — necesitas descansar, volverá enseguida así que no te preocupes — suspiro — debes mantenerte en reposo — ¡Reposo mis calzones! Lizzi estaba aquí y yo me estaba recobrando del ataque de un vampiro, mierda y más mierda.
— ¿Qué le has dicho? —
— Oh, bueno — sus ojos se agrandaron con una expresión grave — estabas en tu patineta…—
—… esqueibor — corregí.
—… esqueibor yendo hacia la playa y justo cuando cruzabas una esquina un auto que iba a excesiva velocidad te arrollo y se dio a la fuga entonces alguien que estaba por ahí encontró el número de mi teléfono en tu bolsillo y después llamo a emergencias — hizo una pausa para eliminar la expresión alarmada y muy creíble con la que me contaba la tapadera — tienes que considerar que es una coartada que pudo pasar — asentí en medio de un suspiro y me dolió.
Eche una ojeada por debajo de la sabana para saber que era ese enorme bulto que estaba a un lado de mi cuerpo. La escayola era grotescamente grande ¿No había, no sé, una más decente? La maldita escayola parecía como si fuera una pata de elefante y no una patita de bebé elefante, sino una patota del maldito elefante líder de la manada.
— ¿Cómo estoy? — pregunte a pesar de que apenas podía moverme.
Diría que no hay muchas probabilidades de que me digan la frase '' le daremos de alta mañana por la mañana señor Mesen '' de hecho creo que me dirán esa de '' has tenido mucha suerte '' aunque considerando que estaba luchando (quizás no luchar, mejor como un, aguantar valientemente los porrazos) contra una vampira había tenido un poco más que suerte.
— tienes rotos un brazo y cuatro costillas algunas contusiones en la cabeza y moraduras en todo el cuerpo, también has perdido mucha sangre por lo que te hicieron varias transfusiones — su nariz se arrugo adorablemente — no me gusta, hizo que olieras bastante mal por un tiempo —
— Eso debió de suponer un alivio para ti — sonreí levemente.
— No, me gusta cómo hueles —
— ¿Cómo lo conseguiste? —
De inmediato supo a que me refería.
— No estoy segura — susurro esquivando mi mirada.
Mi cabeza dolió un poco al recordar un momento de esa noche.
Estaba empezando a acostumbrarme al dolor cuando de la nada, una quemazón en mi hombro irrumpió en mi cuerpo provocando que todos los demás dolores desaparecieran, este era muchísimo peor que los demás.
Mierda, sí estaba en el infierno… me estaba quemando.
— I-iss-sa-aa… — intente llamar al ángel, ella tiene que tener algún súper poder que me ayude a salir de aquí —… bella-aaa — mi voz sonaba tartamuda y patosa.
Ni yo me entendía.
— Edward te vas a poner bien… ¿Puedes escucharme? — deseaba decirle que si — te amo Edward — cuanto deseaba poder responderle lo mismo.
— Me duele — me quejé con la voz aclarándose.
— Lo sé Edward — entre los pitidos de mis oídos escuche como a los lejos hacia una pregunta y alguien respondía o hablaba, no sabría decir — Edward, Carlisle te administrara algo que te calme el dolor —
— Arde — intente decirle.
— ¿Arde? — imitó confundida.
— Arde — volví a decir sintiendo la quemazón — ¡Me arde! ¡Me arde el hombro! — Conseguí gritar saliendo al fin de aquel terrible sueño — ¿No ven el fuego? — pestañee varias veces e intente retorcerme.
No podía verle la cara solo podía sentir aquella terrible quemazón.
— ¿Edward? —
— ¡Fuego! ¡Malditasea, que alguien apague el fuego! — grité a todo pulmón.
Se sentía tan bien gritar.
Alce mi mano (la que no estaba enyesada) y acaricie suavemente algunos mechones chocolates quitándoselos del rostro, espere pacientemente a que terminara de responder, suspiro acercándose más a mi caricia aunque seguía sin mirarme.
— Era imposible contenerse — susurró — totalmente imposible, pero lo hice — alzo la mirada y esbozo una media sonrisa — debe de ser porque te quiero — sonreí por eso.
El pinchazo en mi cabeza volvió a aparecer.
— ¡Carlisle! ¡El hombro! — chillo Bella asustada.
— Lo ha mordido — la voz de Carlisle había perdido la calma.
— ¡Apáguenlo! — rugí.
— Bella, tienes que hacerlo — sentí como mi cabeza giraba por instinto buscando la voz de Alice.
— ¿Alice? — la llame.
¿Dónde estaba? ¿Desde cuándo?
— ¡No! — rugió Isabella.
— ¡Alice! — gemí y sentí sus dedos frio en mi cabeza, acariciando mi cabello.
— Hay otra posibilidad — intervino Carlisle.
— ¿Cuál? — suplico Bella.
— Intenta succionar la ponzoña — mientras Carlisle hablaba el dolor en la cabeza aumentaba y algo pinchaba y tiraba de mi piel pero no era suficiente para rivalizar con la quemazón.
— ¿Funcionara? — Alice parecía tensa.
— No lo sé — reconoció Carlisle — pero hay que darse prisa —
— papá yo… yo… — Isabella vaciló sonaba angustiada — no sé si podré detenerme, no sé si seré capaz de hacerlo —
Yo también la quería.
— ¿No tengo un sabor tan bueno como mi olor? — bromeé con una sonrisa a pesar que sonreír hacia que me doliera toda la cara.
— Mejor aún, mejor de lo que imaginaba — su expresión era ilegible, cuestione que me estuviera diciendo la verdad pero también cuestione como reaccionaria si colocara una cara de deleite.
Mejor no pensaba mucho en eso.
— Lo siento Bells — acaricie su mejilla — lo siento mucho —
Miro al techo.
— Tienes mucho por lo que disculparte — reclamo.
— ¿Por qué debería disculparme? —
— Por estar a punto de apartarte de mí para siempre — su voz reflejaba tristeza y un matiz de pánico.
— Lo siento, no mejor un… Perdóname Bells — baje la voz un poco y mire directamente a sus bellos y brillantes ojos, para que me creyera, para que se diera cuenta que deseaba tanto apartarme de ella como ella de mí.
El dolor estaba desapareciendo, sentí cómo perdía la conciencia, deslizándome hacia alguna parte, me aterraba volver a perderme en un sueño nebuloso y oscuro.
— Isabella — intente decir — Isabella… Bella… — no escuche mi voz pero ellos al parecer sí.
— Estoy aquí Edward —
— Quédate conmigo —
— Estoy aquí — su voz sonaba agotada pero triunfante.
Suspire satisfecho, el fuego ya no existía y los otros dolores eran mitigados por el sopor que se extendía por todo mi cuerpo.
— ¿Has extraído toda la ponzoña? — pregunto Carlisle desde un lugar muy, muy lejano.
— La sangre está limpia — dijo Bella con serenidad.
— ¿Edward? — ese era Carlisle… creo.
— ¿Mmm? —
— ¿Hay quemazón? —
— No — suspire — gracias Bella —
— Te quiero — contesto ella.
— Lo sé — inspire aire, estaba tan cansado…
Entonces escuche mi sonido favorito sobre cualquier otro en el mundo… la risa sedosa y acampanada de Isabella.
Su mirada era clara y dulce.
— Sé porque lo hiciste — su voz resultaba reconfortante — aunque sigue siendo una locura, debiste haberme esperado, deberías habérmelo dicho — frunció ligeramente el ceño y lo alise con mi dedo.
— no me hubiera dejado ir —
— No — se mostró de acuerdo — no lo hubiera hecho —
El pinchazo se hizo más fuerte que los anteriores y sonidos distorsionados y horribles inundaron mi cabeza, hice una mueca de dolor mientras sentía el estremecimiento en el cuerpo.
Ese último lamento lleno de agonía antes de que se quebrara repentinamente…
Bella se preocupó de inmediato obligando a apartar mi mente de esos recuerdos que no necesitaba en mi memoria.
— Edward ¿Qué te pasa? —
— ¿Qué le ocurrió a la psicótica? —
— Emmett y Jasper se encargaron de ella después de que te la quite de encima — concluyo Bella en su voz había un hondo pesar — esa… esa… — gruño un poco — estaba desnuda y no pude… quería hacerle…— hubieron unos ligeros movimiento en sus manos y casi sonreí al saber de dónde venía su pesar — ¡Y ella te hizo…! ¡Después quiso…! ¡Ah! — cuchicheo mal geniada.
Isabella estaba celosa.
Isabella quería matarla pero no pudo.
Isabella era tan encantadora cuando es toda sanguinaria.
Creo que me volví a enamorar de ella.
— ¡Juro que no pasó nada! — Murmure divertido — ¡Luche por mi virginidad con uñas y dientes! — hice una expresión triunfadora y ella me miro entre colérica (supongo que tenía uno que otro pensamiento macabro) y divertida.
Sonreí con entusiasmo.
— Al menos sé que nunca me engañaras con otra chica — ella sonrío arrogantemente mostrando toda la fila de afilados dientes.
— ¿Cómo podría? — metí mi mano por su nunca y acaricie detrás de su cuello — no hay nadie tan increíble como tú — sus ojos brillaron cegadoramente y su labio inferior tembló un poco.
Ella a veces podía ser tan vulnerable.
— Pero yo no recuerdo a los chicos allí — forcé a mi memoria a recordar pero solo logre que me doliera la cabeza — no, no los recuerdo —
— había demasiada sangre y tuvieron que salir —
— Pero Alice y Carlisle… — apunte maravillado.
— ya sabes… ambos te quieren —
— ¿Mi suegro me quiere? — pregunte incrédulo.
Ella abrió la boca no sé si para reírse o regañarme pero se detuvo y sacudió la cabeza dándose por vencida, estaba por decir algo cuando un recuerdo cruzo mi mente como un destello demasiado brillante, fruncí el ceño aguantando el pinchazo de dolor que eso me provoco.
— La Tablet — dije cerrando los ojos y volviéndolos abrir — ¿Alguien la vio? — pregunte con inquietud.
— Sí — respondió Bella con una nota endurecida en su voz… una llena del más letal y palpable odio.
— No escuche mucho de lo que dijo — tampoco se me antojaba recordar esos momentos — tendré que hablar con Alison más tarde —
— Ella vivió todo el tiempo en la oscuridad y por eso no recordaba nada — su voz sonaba tranquila aunque su rostro seguía oscurecido por la furia — — ahora ella por fin lo entiende — intente colocar su cabello hacia atrás para poder acariciar su clavícula que se vislumbraba en esa bonita camiseta que decía I Love L.A pero no pude.
Al seguir la línea de mi antebrazo encontré una vía intravenosa sujeta al dorso de mi mano, esto posiblemente deje mi orgullo de chico malo bajo el subsuelo pero hay una cosa que no soporto, es más le tenía pavor a estas horribles y punzantes cosas.
— ¡Ay! — chille bajando la mano.
Estoy seguro que eso que gimió adolorido fue mi orgullo de chico malo.
— ¿Qué sucede? — pregunto alarmada y sorprendida por mi muy poco masculino grito.
— ¡Agujas! — Chille de nuevo — agujas punzantes… agujas que están dentro de mi cuerpo — me estremecí y mire hacia el techo.
Inspire hondo a pesar del dolor de mis costillas.
— ¡Te asustan las agujas! — exclamó Bella en voz baja y moviendo la cabeza de un lado a otro — ¿Una vampira sádica que quiere violarte y torturarte hasta llevarte a la muerte? Claro, sin problemas, él escapa para reunirse con ella pero una vía intravenosa… — su cara lucia divertida al menos mi fobia le parecía entretenida como para hacerla pensar en cosas menos desagradables.
— ¿Por qué estás aquí? —
Me miró fijamente.
— ¿Quieres que…— lucia confundida —… me vaya? — y ahora parecía herida, sus cejas se fruncieron tanto que casi se tocaban.
— ¡No! — Proteste de inmediato — no, ni se te ocurra — me aterre de solo pensarlo — solo quería decir es ¿Porque cree Lizzi que estás aquí? Necesito tener prepara mi historia para cuando ella vuelva —
— Oh, oh — las arrugas de su bonito rostro desaparecieron.
— Sí, oh — concorde.
— la culpa me embargaba porque sentía que te presione con mis sentimientos cuando te los declare en tan poco tiempo de conocernos por eso vine a L.A para convencerte de que volvieras a Forks — sus ojos parpadearon en el punto exacto entre preocupación y tristeza, fue tanto así que casi me lo creo yo también — aceptaste una reunión en el hotel donde me estaba alejando con Carlisle y Alice, por supuesto yo estaba bajo supervisión paterna — agregó con un despliegue de virtuosismo que solo provoco que rodara los ojos — después que hablamos dijiste que lo ibas a pensar esa noche y te fuiste a tu casa… el resto es historia — sonrío triunfalmente.
— ¿Y los detalles? Ella querrá detalles —
— bueno, podríamos decirle a tu madre que saliste huyendo porque tus sentimientos por mi te asustaron al ser tan grandes y maravillosos, después de todo eres un chico de diecisiete años además ese tipo de amor solo pasa en las películas…—
—… y te estas armando una gran, pero gran, película — le informe interrumpiendo sus extrañas cuartadas.
— ¿No te gusta? —
— Uhg, no soy tan cursi —
Suspiro resignada.
— Sí, no lo eres — estaba a punto de decirle algo dulce y muy de su época para borrarle esa expresión cuando sonrío con suavidad — en toco caso Edward no tienes por qué preocuparte, tu único trabajo es curarte — sus dedos viajaron por mi rostro hasta detenerse en mis labios y acariciarlos con ternura.
No estaba tan atontado por el dolor ni por la medicación para no reaccionar ante eso, por supuesto tuve las mismas reacciones de siempre y no fue hasta que el Holter al que estaba conectado se disparó violentamente que me di cuenta que mi orgullo de chico malo estaba por abandonarme para siempre.
— ¡Oh Dios! — Gemí — ¿Por qué? — mi lamento era tan patético como el chillido de mi corazón en ese maldito aparato.
Isabella soltó una risita traviesa mientras que su mirada estaba fija en mí, casi podría decir que estaba tramando algo, demonios casi podía ver como los engranajes en su cabeza giraban rápidamente.
— Hmmm… me pregunto si…— se levantó de la silla donde estaba sentada y lentamente empezó a acercarse a mí, mi respiración empezó a acelerarse, sabía que iba a hacer.
Ah, no sabía si era una maldición o una bendición que fuera tan jodidamente sexy.
El pitido se aceleró de forma salvaje cuando sus labios rozaron los míos y se abrieron lentamente para seguir con el beso, suspire mientras mi mano buena la tomaba de su cuello y hacia más presión provocando que se doblara más y quedara con su precioso cuerpo ligeramente recostado en el mío, esto era la maldita gloria, mi corazón lo sabía, ella lo sabía y ahora yo lo sabía porque el Holter parecía una maquina con vida propia, sentí su lengua tocar la mía y…
… el pitido ensordecedor se detuvo del todo.
Se separó torciendo la boca.
— Parece que debo tener más cuidado que de costumbre — sus ojos tenían encendidos las alarmas de mamá gallina — quizás tenga que…—
— Seguirme besando, joder — la abrace con mi único brazo clavando mis ojos en los suyos — así que trae esa dulce y sexy boca junto a la mía para borrar esa fea mueca — sus ojos se abrieron como platos y sentí como dejaba de respirar.
Ese grito de vitoria que se escuchó dentro de mi cabeza fue mi orgullo recomponiéndose.
— ¿Tengo que ir por ti? — pregunte elevando una ceja, totalmente desafiante y rudo muy rudo.
¿Ven? ¡Puedo ser increíblemente rudo! ¡Toma eso H!
— Eso de estar al borde de la muerte…— empezó a murmurar impactada pero la calle elevándome para besarla ya que ella todavía seguía sorprendida.
También yo, pero demonios, la tenía demasiado cerca no podía pensar en otra cosa en estos momentos por supuesto el pitido del holter empezó a chillar de nuevo y ella se compadeció de mí y me hizo recargarme en la cama ya me estaba empezando a doler el pequeño esfuerzo que hice, aun así no deje de besarla, uh, bueno, no es que quisiera dejar de hacerlo.
Acaricie sus labios con mi lengua y sentí como se estremecía abriendo ligeramente su boca para mí, su mano empuño la bata que tenía puesta y mi mano acariciaba su espalda con suavidad, no supe como paso pero podía sentir la ligera curvatura de su cadera, la suavidad de la tela de su camisa y su fría piel de porcelana en mi dedo pulgar… ¡Cristo Santo!
Sentí su cuerpo tensarse y se apartó bruscamente.
Dolió el vacío.
— Lo sien…— empecé.
— Me ha parecido oír a tu madre — me interrumpió con la respiración levemente acelerada, abrí los ojos y no pareció como si estuviera enojada porque me haya dejado sobrellevar un poquito, de hecho tenía una sonrisa en sus coralinos labios.
Por primera vez no enloqueció y yo no me desmaye por falta de respiración así que la necesitaba de nuevo sus labios pegados a los míos, para ver si me salía tan bien como esta vez, era mero intereses científico con un toque de deseo, solo eso.
— Ven aquí Bells — ordene estirando mi mano y ella negó con la cabeza — ¡No he terminado de besarte! — Me quejé haciendo un puchero — estaba resultando tan bien… más que bien…—
— tu madre, ya te lo dije —
— ¿Te has enterado de eso que llaman cerrojo? — sonreí ampliamente y ella me miro con una expresión divertida y luego se echó a reír tapándose la boca.
— Eres tan humano — sacudió su cabeza alborotando sus rizos chocolates, me reí un poco pero pare abruptamente cuando empezó a alejarse de mí.
¡Mierda!
— ¿A dónde vas? — una oleada de pánico irracional me invadió cuando vi que se estaba alejando de mi alcance, no podía marcharse… podría no volver nunca.
Ella miro mi rostro con preocupación.
— Al sillón de allí — señalo el mueble de cuero y sonrío con dulzura — me voy a echar una siesta — se tumbó boca abajo con su cabeza encima de sus brazos haciendo que todos sus rizos se esparcieran por su figura, fue entonces cuando note sus largas y esbeltas piernas en unos shorts con sus bonitos y delicados pies envueltos en Convers rojas.
Parecía una adolecente cualquiera de esta ciudad y no una vampira lectora de mentes haciendo una imitación de estar dormida.
— Que no se te olvide respirar — susurre con sarcasmo.
Suspiró profundamente, pero no abrió los ojos.
Entonces escuche los pasos de mi madre que caminaba en compañía de otra persona, tal vez una enfermera, se escuchaba preocupada y cansada quise pegar un salto, levantarme para abrazarla y decirle que todo iba a estar bien pero no estaba condiciones para hacerlo, mierda ni siquiera estaba en condiciones para reírme.
La puerta se abrió y su cabeza pelirroja se asomó con cuidado.
— ¡Lizzi! — la llame con amor, alivio, alegría preocupación y un montón de sentimientos más, de puntitas camino hacia el lado de mi cama mirando a la delicada figura '' inconsciente '' de Isabella sobre el sillón.
— nunca se aleja de ti ¿Verdad? — musito para sí.
— ¡Lizzi! ¡No sabes cuánto me alegro de verte! — sus delgados brazos me rodearon con cuidado y de inmediato sentí sus lágrimas rodar por mi cuello.
— Edward me siento tan mal…— sollozo y le abrace con el brazo bueno.
— lo sé Lizzi y lo siento, lo siento mucho pero ahora todo va a estar bien ¿Si? — La reconforte acariciando su cabello — no pasa nada mamá —
— estoy contenta de que al fin hayas abiertos tus bonitos ojos — se sentó al borde de mi cama y de pronto me di cuenta que no tenía ni idea de que día era.
— ¿Qué día es? —
— Es viernes cariño — me acaricio el cabello de esa forma única que me hacía sentir siempre como un pequeño niño — has estado desmayado por bastante tiempo — mi cabeza intento recordar el día que fue cuando esa psicótica… no, no necesitaba hacerlo — te tuvieron que mantener sedado por horas tenías muchas heridas —
— lo sé —
Me dolían todas.
— Por suerte el accidente fue en una calle donde transitan mucha gente aun de noche — su labio tembló ligeramente — si no quien sabe que hubiera pasado…—
— Shhh…— susurre tomándola de la mano — ya paso, no importa, mira estoy perfectamente bien —
— Sí — se limpió una lágrima y sonrío levemente — eso es lo que me dijo la pequeña Alice —
— ¿Has conocido a Alice? —
— ¿La hermana de Isabella? Por supuesto, ellos estuvieron aquí desde el primer día, es una jovencita encantadora y muy alegre —
— Oh, sí — sonreí — y eso que no la has visto en todo su esplendor —
— ¡Hablando de esplendor! — Sus mejillas se colorearon — el doctor Cullen es… muy guapo —
— ¡Mamá! — Me queje avergonzado — ¿Cómo puedes decirme…? Espera ¿También conociste a Carlisle? —
— Claro — sus mejillas profundizaron el rubor — ¿Sabes, cielo? Yo amo a Charlie pero tengo que admitir que el doctor Cullen es un hombre encantador…—
— Mamá —
Me ignoro.
—… es muy joven y no se parece a un doctor…—
— Mamá —
Volvió a ignorarme.
—… es más estuve seriamente pensando en decirle que se inscriba como modelo… —
— ¡Lizzi! — me queje y esta vez sus ojos se enfocaron en mi cara.
— ¿Sí, cariño? —
— Deja de divagar — rodé los ojos — estas igual que cuando viste por primera vez a Channig Tatum — soltó una risita divertida y no pude evitar no sonreírle porque tenía mucho tiempo que no la había escuchado reír.
— Aunque…— murmuro girándose para ver a Bella que yacía en el sillón con los ojos cerrados — no me habías dicho que tenías tan buenos amigos en Forks — me encogí de hombros y luego me quejé — ¿Qué te duele? — pregunto preocupada.
Los ojos de Isabella se centraron en mi rostro cuando mi madre dejo de verla.
— Estoy bien — les asegure — solo tengo que acordarme de no moverme — Bella asintió ligeramente y volvió a acomodarse en el sillón a sumirse en su falso sueño — ¿Cómo esta Charlie? — pregunte para evitar el tema de mi más que cándido comportamiento.
— Está en Italia — su rostro se ilumino — ¡Ay, Edward! ¡Tengo tan buenas noticias para ti! —
— ¿Noticias? —
— Con todo lo del accidente pensé mejor las cosas — fruncí el ceño confundido y ella empezó a acariciarme el cabello de nuevo — Charlie hablo con tu antiguo instituto y logramos meterte en un programa que te ayudara a estudiar de lejos ¿Te lo puedes creer? —
— ¿Qué? —
— ¡Si, cariño! ¡Es muy fácil! — la sonrisa de mi madre era inmensa — solo te darán los contenidos de cada clase y harás tus respectivas pruebas vía internet con los profesores de las materias… — abrí la boca para decir algo cuando me callo —… con lo inteligente que eres estoy seguro que no tendrás ningún problema y volverás al siguiente año como si nada, ¡Edward! ¡Te va a encantar todas las ciudades que Charlie tiene en la agenda! Haremos recuerdos de cada una que visitemos, probaremos todas las comidas y aprenderemos como prepararlas uh, bueno, tu aprenderás y yo les daré el visto bueno…—
— Aguarda un momento Lizzi — la interrumpí con el ceño profundamente fruncido, Isabella mantuvo los ojos cerrados pero estaba demasiado tiesa como para aparentar que estaba '' durmiendo cómodamente '' — ¿De qué diablos hablas? Yo vivo en Forks —
— pero ya no tienes que hacerlo, tontito — se rió alegremente mientras alborotaba mis cabellos — Charlie y yo hemos hablado y no solo eso, te extrañamos muchos, te queremos de vuelta con nosotros para recorrer el mundo como la familia que siempre fuimos — sus ojos se aguaron y mi corazón se estrujo — todo estará arreglado para cuando salgas del hospital…—
— Mami — susurre apretando su mano — quiero vivir en Forks —
— ¿Quieres vivir en Forks? — pregunto confundida.
— Sí quiero — ella miro a Bella con sospecha — porque me gusta esa ciudad, tengo un par de amigos…—
— aquí están Ethan y Kellan —
— No estaremos aquí — le recordé tratando de que el mal genio no entre en mi sistema — ya me acostumbre al instituto, a las clases ¡Hasta a la nieve! Además, mi papá está muy solo, él me necesita, siempre lo hizo y ahora reconozco eso —
— ¿De verdad quieres quedarte en Forks? — Estaba aturdida, la idea seguía siendo inconcebible para su mente, volvió a mirar a Bella estrechando los ojos con recelo — ¿Seguro, Edward Anthony Mesen? — me estremecí al escuchar mi nombre completo, estaba molesta.
— Muy seguro Lizzi — suspire con pesar — ya te lo dije, tengo una vida en Forks —
— Cariño, tú odias Forks —
— ¡Ahora no! ¡Ya no tengo catorce años Lizzi! — exclame agitado haciendo que soltara un gemido de dolor, sus manos revolotearon por todo mi cuerpo seguramente buscando un lugar donde soltarme un manotazo por ser grosero con ella.
El único lugar que no estaba vendado era la frente por lo que me dio una palmada que hizo tronar mi cabeza, volví a quejarme y por el rabillo del ojo mire que Bella intentaba por todos los medios posibles ocultar una sonrisa.
— ¡No me levantes la voz jovencito! — me regaño con el ceño fruncido.
— ¡Lo siento! — hice un puchero y ella sonrío un poco — mami, Forks no es tan malo, enserio me gusta —
Lizzi no se tragó todo el cuento a pesar que le estaba contando la mitad de la razón por la que no me quiero ir de Forks, miraba entre Bella y yo en repetidos movimientos de cabeza, su mirada era de mucha concentración.
— ¿Es por esta chica? — susurró.
Estaba por intentar mentirle a mi mamá pero sabía que no me creería.
— En parte, sí — admití mirando el techo porque sentía mi rostro sonrojado al estar consciente de la enorme importancia de esa parte — ¿No has hablado con ella? —
— Por supuesto que sí — dijo frunciendo el ceño — ¿Cómo no hacerlo? Escapaste de Forks por ella, quería hablar contigo de eso — me mordí la boca repetidas veces negándome a mirarla, sabía que ella estaría molesta por toda la cosa de la fuga, al igual que Anthony.
— mamá…—
— ¡¿Cómo pudiste rechazar sus sentimientos de esa forma?! — me regaño toda molesta.
— mamá lo siento por… ¿Qué? — mi cabeza se volteó hasta ella tan rápido que me dolió todo el cuerpo.
— creo que… no, es más, estoy segura que esos sentimientos que rechazaste siguen ahí, estaba muy preocupada por ti a pesar de la horrible cosa que le hiciste —
— ¿Ella te dijo eso? —
— ¡Claro que no! — Su mano volvió a golpear mi frente pero con menos fuerza que la vez anterior — ella es una chica encantadora y muy educada, tu padre y yo hemos estado hablando —
— Oh —
— ¿Oh? ¿Eso es todo lo que vas a decir? —
— ¿Lo siento? —
Me volvió a golpear la frente.
— A mí no es a quien tienes que pedirle disculpas —
— Vale, vale — resople — le pediré disculpas a Bella por escapar de sus sentimientos — rodé los ojos ante su dramatismo.
— Cariño no escapaste de los suyos, escapaste cobardemente de los tuyos — suspire aguantando colocar los ojos en blanco, ahora ya sabía de donde había sacado Isabella la extraña y cursi tapadera.
Ella tosió ligeramente (sabía que esa tos eran carcajadas disimuladas) y se giró cambiando de posición para luego sumirse en su falso sueño, mi madre la miro con cautela temiendo haberla despertado.
— Ella se ve muy enamorada de ti — susurró con seguridad, sus ojos verdes como esmeraldas me miraron con curiosidad y preocupación — ¿Qué sientes tu por ella cariño? ¿Es verdad lo que dijo Anthony? —
Tendré que decirle a Anthony que si quiere seguir comiendo en casa tiene que cerrar la boca y hacerse el tonto con ciertos temas.
Mire de nuevo al techo.
Aunque la amara con toda mi alma, esta no era una conversión que quisiera sostener con ella, en realidad con nadie más que no sea Isabella Cullen, busque una manera de decirle algo que suene muy adolecente sobre el primer amor.
— yo… yo…— me pase la mano libre por el cabello totalmente incomodo — ¡Yo estoy loco por ella! —
¡Ya lo había dicho!
— Bueno — vacilo acariciando mi cabello — ella parece una buena persona, es educada, cortés y muy dulce además ¡Mira esa cara! ¡Y ese cabello! — Me guiño un ojo cómplice — Ella es increíblemente hermosa —
— Sí, lo es — estuve perfectamente de acuerdo.
— Pero, cariño, nunca pensé que pasaría tan pronto…— balbuceo con voz insegura.
Esta era la primera vez que había intentado implementar un tono de voz firme y maternal desde que tenía seis años e iba corriendo hacia las olas sin esperarla, sabía que su preocupación radicaba en que jamás había mostrado interés por una chica y ella no tenía la menor idea de cómo tratar con asuntos desconocidos.
— Tranquila Lizzi — la acerque a mí para abrazarla — solo es un enamoramiento adolecente, no tienes por qué preocuparte — suspiro asintiendo y escondió su rostro en mi cuello.
— Al menos ya sé que no seguirás gastando más dinero en revistas Playboy — la aparte bruscamente con el rostro teñido del más intenso color carmesí.
— ¡Lizzi! — gruñí con furia y vergüenza.
— ¿Qué? — Se encogió de hombros — solo recuerda siempre usar…—
— ¡Mamá! — La interrumpí escandalizado — ¡Cállate! —
— ¿Por qué? El sexo entre adolescentes es normal…—
— no puedo creer que hayas dicho esa palabra —
Me ignoro.
—… aunque tienes que tener cuidado, sé que debe ser difícil para ti, ella tiene el cuerpo como esa artista que adoras tanto…—
— ¡Basta, por favor! — masculle sintiendo el rubor bajar hasta mi cuello.
—… pero confío en ti y sé que la cuidaras mucho — sonrío adorablemente sin tener la menor idea que me acababa de hacer la peor humillación de toda mi vida.
Mire a Bella que había volteado la cara hacia la pared y su cuerpo se sacudía ligeramente, me imaginaba sus enormes carcajadas si estuviéramos solo así que decidí ignorarla por mi propio bienestar tanto mental como en el orgullo.
Mi madre giro la cabeza y suspiro contemplando el enorme reloj que estaba pegado a la pared.
— ¿Tienes que irte? —
Se mordió el labio.
— se supone que Charlie llamara dentro de poco… no sabía que ibas a despertar…—
— No pasa nada Lizzi — intente disimular el alivio que sentía para no herir sus sentimientos — no me quedo solo —
— Pronto estaré de vuelta, he estado durmiendo aquí — sonrío con la mejor sonrisa de mamá gallina.
— ¡No tenías por qué hacerlo! Ni siquiera me di cuenta —
— Estaba muy nerviosa — me acaricio el cabello — estaré de vuelta por la noche — trate de encogerme de hombros pero me retracte al hacer una mueca por el dolor del cuerpo.
Tengo que recordar que me duele el cuerpo más seguido.
— ¿Seguro que no quieres que me quede? Podrías necesitarme —
— no te preocupes, descansa un rato, Isabella se quedara conmigo —
Ella sonrío con nerviosismo mirando hacia Isabella.
— ¿Sabes? Esa es la razón por la que quiero quedarme — negó con la cabeza con resignación y me miro con seriedad — estaré de vuelta a la noche así que cuidado señorito — agito su dedo en advertencia y resople sonoramente.
— ¡Ni siquiera me puedo mover, joder! — me queje.
Su mano impacto con mi frente y mi cabeza patino unos segundos.
— ¡Cuidado con esas malas palabras! — le saque la lengua retadoramente y ella me devolvió el gesto a la final termine sonriendo mientras la veía ser tan alegre y joven — te quiero mamá —
— Y yo también cariño — beso mi frente con ternura — ten más cuidado la próxima vez, no quiero perderte, nunca — asentí obedientemente.
En ese momento entro una enfermera con muchos ánimos de trabajar para revisar todos los tubos y goteros, mi madre palmeo la grotesca escayola en mi mano y se marchó mientras yo escuchaba todas las indicaciones de la enfermera, asentí distraídamente y justo cuando la puerta se cerró detrás de la mujer con uniforme Bella se levantó para sentarse rápidamente en el lugar que había estado ocupando mi madre.
— ¿Revista Playboy? — Pregunto arqueando las cejas — eso se considera infracción adolecente —
— ¡Era un crio! — me queje.
— Ya… claro — rodo los ojos.
— solo las tenías porque… bueno porque…—
— No quiero saber para que las tenías — hizo una mueca horrorizada.
— ¡Isabella! — chille molesto y solo conseguí que se riera — ¿Qué tal tu siesta? — pregunte para cambiar de tema.
Necesitaba cambiar de tema.
— Interesante — contesto mientras entrecerraba los ojos.
— ¿Por qué me miras como si tuviera las respuestas del universo? —
— Estoy sorprendida — bajo la mirada a sus manos que jugaban con un rizo chocolate — creí que tu madre y recorrer el mundo… creí que era eso lo que querías —
Le mire con estupor.
— pero no te dejarían recorrer el mundo conmigo, además tendrías que estar todo el día encerrada y solo podrías salir de noche, como una auténtica vampira — casi pude ver una sonrisa, solo casi.
Su rostro se tornó grave.
— Me quedaría en Forks, Edward — explico sin mirarme — allí o en cualquier otro lugar similar, donde no pudiera hacerte daño — ladee la cabeza confundido.
Al principio no entendí nada, luego poco a poco a pesar de los medicamentos inducidos en mi organismo el horrendo puzzle empezó a armarse en mi cabeza provocando un dolor agudo, punzante y agónico que surgía desde mi pecho.
Prefería mil veces la quemazón de la ponzoña.
— Quédate quieto — ordeno suavemente.
— ¡Quiero levantarme! — grite sintiendo el dolor en mis costillas cuando hice un esfuerzo para hacerlo, apenas era consciente del pitido de la máquina y la cara de Isabella congelada como una estatua.
De la nada entro una enfermera rápidamente, me negué rotundamente a que me sedaran de nuevo mientras intentaba ahogar la agonía que amenazaba con aplastarme, prometí que me tranquilizaría y termine cayendo en la cama hiperventilando, la enfermera se marchó dándole a Bella una mirada de reproche.
No podía permitir cerrar los ojos en este momento.
Isabella me puso sus manos frías en mi cara mientras que le miraba con ojos encendidos, la tome del rostro respirando con dificultad.
— Isabella no me dejes — susurré — no me dejes — mi voz sonaba quebrada ¡Y me importaba un maldito comino!
— No lo haré — me prometió — ahora relájate antes de que llame a la enfermera para que te sede —
Aun sentía la agonía en mi pecho y ella se dio cuenta.
— Gatito — me acaricio el rostro con suavidad — no pienso irme a ningún sitio, estaré aquí tanto tiempo como me necesites —
— Siempre — mi mano tembló ligeramente — siempre te necesitare —
— Edward…—
— ¿Juras que no me dejaras? — susurré.
Intente controlar mi respiración ignorando el hecho de que tenía un agudo dolor en las costillas, su rostro se acercó más al mío mirándome con esos esplendidos ojos totalmente serios a pesar que estaban más cercanos al negro que al dorado.
— Lo juro — su voz sonaba solemne.
Continúe sosteniendo su mirada mientras me tranquilizaba, me alce un poco (ya que no podía dolerme más el cuerpo) y como pedí sus labios rozaron con los míos con suavidad.
— ¿Mejor? —
— No —
Volvió a besarme.
— ¿Mejor?
— falta poco —
Mordisqueo mi labio inferior suevamente.
— ¿Ahora?
— ¡Demonios, no! —
Se rio y sacudió la cabeza volviendo a sentarse.
— Esa fue una reacción exagerada — me regaño.
— No, esa fue mi reacción frustrada — rodo los ojos y tome su manos para entrelazarla con la mía — ¿Por qué has dicho eso? ¿Te cansaste de salvar al pobre y mediocre humano? ¿Quieres que me aleje de ti? —
— No, no quiero estar sin ti, gatito, por supuesto que no quiero hacerlo — empezó a juguetear con un mechón de cabello — se racional, no tengo problema alguno en salvarte de no ser por el hecho de que soy yo quien te pone en peligro… soy yo la razón por la que estás aquí —
— Sí, tú eres la razón — torcí el gesto — por la que estoy aquí vivo —
— Apenas — dijo con un hilo de voz — todo vendado y con una escayola en el brazo —
— No me refería a esta vez — repuse con irritación — hay muchas de donde escoger, estaría criando malvas en el cementerio de Forks de no ser por ti —
Su rostro se crispo y me miro con angustia.
— Sin embargo, esa no es la peor parte — hablo como si yo no hubiera dicho nada — ni verte ahí, tirado, bañado en sangre, inconsciente y roto — su voz sonaba ahogada — ni pensar que era demasiado tarde, ni oírte gritar de dolor… podría haber llevado el peso de todo eso por toda la eternidad — su labio tembló ligeramente — lo peor de todo era sentir, no, saber que no podía detenerme, creer que iba a ser yo misma quien acabara contigo —
— Pero no lo hiciste —
— Pudo pasar con facilidad —
— Promételo — ordene desesperado.
Estaba hablando de dejarme y el pánico revoloteo en mi cabeza y mi pecho pugnando por salir.
— ¿Qué? —
— Ya sabes qué — seguía obstinadamente en silencio y mi mirada se hizo más severa y más desesperada.
— al parecer no tengo la suficiente voluntad para alejarme de ti, por lo que supongo que tendrás que seguir tu camino… con independencia de que eso te mate o no — añadió con rudeza.
No me lo había prometido y yo no iba a dejar pasar esto.
— me has dicho como lo evitaste… ahora dime porque demonios lo hiciste — exigí enfadado.
Ella gruño.
— ¿Por qué? — repitió a la defensiva.
— ¡Infiernos, sí! ¿Por qué? ¿Porque lo hiciste? ¿Por qué no te limitaste a que se extendiera la ponzoña? A estas alturas seria como tú — los ojos de Isabella parecieron volverse de un negro apagado y entonces comprendí que nunca había tenido la intención de que me enterarse de aquello.
Alice debió de tener la mente demasiado ocupada en miles de otras cosas o estaba muy atenta mientras que estaba cerca de Isabella ya que estaba muy claro que no se había enterado de la valiosa información que la pequeña vampira había dejado caer sobre mí.
Estaba sorprendida y furiosa muy, muy furiosa.
— Habla — gruñí.
Se mantuvo en silencio y no había que ser un genio para saber que no me iba a responder.
— no me hace muy orgulloso en admitir… ¿Sabes qué? Sí, demonios que si debería sentirme orgulloso porque sabía que existías en algún lugar ¡Y yo no soy así! O bueno no lo era, en fin, carezco de conocer qué diablos se debe de hacer en una relación pero…— tuve que detenerme para respirar —… pero en una relación tiene que haber cierta igualdad, uno de ellos no puede estar siempre lanzándose en una maldita picada para salvar al otro, sé que todo debe ser por igual —
Se cruzó de brazos y miro al frente con rabia e ira contenida. Al parecer decidido no enfadarse conmigo, ya tendría que hablarle a Alice para ponerle sobre aviso o quizás lo haya visto.
— Tú me has salvado — dijo con voz dulce.
— ¿De qué te vieras un poco menos exquisitamente perfecta con el cabello amarrado que suelto? — dije con sarcasmo.
— eres un idiota —
— Sí, lo soy — me pase las manos por el cabello — ¿No lo entiendes? Yo también quiero ser Superman —
— ¡Esto no se trata de tu orgullo! — se quejó.
— ¡Ah! ¡Malditasea! ¡Mi jodido orgullo no tiene nada que ver! — Exclame un poco más alto de lo normal — sabes lo que quiero decir, lo sabes perfectamente ¿O crees que me sentía bien huir como una rata siendo consciente de que estabas tratando de atrapar a una psicótica vampira? — miro al techo con una expresión neutra.
— No sabes lo que dices — susurro suavemente.
— Yo creo que sí — quise tomar su mano pero seguía cruzada de brazos — quiero cuidarte Isabella —
— Edward, no sabes lo que me estas pidiendo, llevo casi noventa años dándole vueltas al asunto y sigo sin estar segura —
— ¿Preferirías que Carlisle no te fuera salvado? —
— No, eso no — hizo una mueca — pero mi vida terminó y no ha empezado nada —
Estaba empezando a desesperarme.
— Isabella, tú eres mi vida — declare solemne — eres lo único que me dolería perder — resultaba fácil admitir lo mucho que la necesitaba porque esos hacen los hombres enamorados y yo estaba más que enamorado de ella.
— No puedo Edward — dijo calmadamente — no puedo hacerte eso — era como si mi declaración le fuera entrado por un oído y le fuera salido por el otro.
Ella se mostraba demasiado resuelta.
— ¿Por qué no? — Trate de que mi voz sonara como quería pero no salían con el volumen deseado — ¡No me digas que es demasiado duro! Después de hoy, en unos días… da igual no sería nada —
Me miró fijamente.
— ¿Y el dolor? — pregunto de forma sarcástica.
Procure que mi rostro no mostraba lo horrible que era todavía recordar la sensación de mis venas quemándose, del fuego extendiéndose por mi cuerpo.
Esta guerra la ganaba yo.
— Ése es mi problema — rebatí — podré soportarlo —
— eso no es valentía es locura —
— ¡No me importa! ¿Tres días? ¡Qué horror! — hizo una mueca enterándose que sabía más de la cuenta y no podía joderme con ese tipo de excusas, la mire irritado y endemoniadamente cabreado.
— ¿Y que pasara con tus padres? — inquirió con un brillo calculador en sus ojos.
Los minutos pasaban mientras que me devanaba los sesos buscando una respuesta para su pregunta, abrí y cerré la boca un par de veces provocando que una expresión triunfante apareciera en su bello rostro.
— Mira eso tampoco importa — dije intentando sonar convincente — Lizzi hizo sus elecciones y ella tendrá que aceptar las mías, Anthony es de goma y está acostumbrado a su aire sabrá como reponerse — suspire — tengo que empezar a vivir mi vida en algún momento —
— ¡Exacto! — Me atajó con brusquedad — yo no seré que le ponga fin a eso —
— ¡Si esperas a que este muriendo! — Grite — ¡Pues te informo, ya me estoy muriendo! — grite más fuerte ignorando el dolor, nos miramos de hito a hito con cólera.
En su rostro no había ningún tipo de compromiso.
— Te vas a recuperar — me recordó.
— No — dije lentamente — no es así —
Su frente se arrugo.
— solo te quedaran un par de cicatrices…—
— Te equivocas — insistí tercamente — voy a morir —
— De verdad Edward, saldrás en un par de días — lucía preocupada — solo serán un par de días, dos semanas a lo sumo —
Le miré.
— puede que no ahora, pero algún día moriré, cada día y hora y minuto que pasa envejezco — frunció el ceño cuando comprendió a que me refería.
— ¡Ah! — grito frustrada se colocó los dedos presionando su tabique nasal mientras que cerraba los ojos — se supone que la vida es así, que así es como debe ser, como hubiera sido de no existir y yo no debería existir — resoplé furiosamente y ella abrió los ojos irritada.
— Eso es una estupidez — agite mi mano libre en el aire — es como si alguien que le toca la lotería antes de recoger el dinero diga '' mira, dejemos las cosas como están, es mejor así '' y no lo cobra —
— difícilmente se me puede comparar con un premio de lotería —
— Oh, cierto — sonreí — eres mucho mejor — puso los ojos en blanco y trato de sonreír — a mí no me sonrías como un cubito de hielo ¿Estas enojada, cariño? Bien porque yo también lo estoy —
— Edward no vamos a discutir más este tema, me niego a condenarte a una noche entera — suspiro — fin de la discusión —
— ¿Crees que esto se ha acabado? Pues lo siento preciosa pero me conoces muy poco si piensas que es así — le avise con suficiencia — no eres el único vampiro que conozco —
Sus ojos se volvieron un tono más oscuro.
— Alice no se atrevería — su voz salió en forma de gruñido y parecía tan aterradora que por un momento no pude evitar imaginarme a nadie enfrentándola.
— Ella ya lo ha visto, por eso te perturban tanto las cosas que te dice — aventuré — algún día voy a ser como tú…—
— Ella también se equivoca — su mueca era fría como un tempano de hielo — te vio muerto pero tampoco ha sucedido —
— jamás me veras apostar contra la pequeña Alison — murmure tan frío como ella.
Estuvimos mirándonos por un rato largo, sin más sonido que el zumbido de las maquinas, el goteo, el pitido, el tic tac del gran reloj de la pared… al final la expresión de su rostro se suavizo y bajo sus manos para envolver la mía con delicadeza.
— Bueno — le pregunté acariciándola con mi pulgar — ¿Eso donde nos deja? — ella se rió forzosamente entre dientes.
— creo que se llama punto muerto —
Suspiré.
— ¡Auch! — masculle.
— ¿Cómo estás? — pregunto con los ojos de mamá gallina puestos en el botón de llamada.
— Estoy bien — mentí.
— No te creo — repuso amablemente.
— No me voy a dormir de nuevo — replique.
— Necesitas descansar — apuntillo con paciencia.
— También necesito un beso — sonreí y ella estrecho sus ojos.
— Buen intento — negó con la cabeza — pero, enserio tanto debate no es bueno para ti —
— Así que te rindes — insinué como quien no quiere la cosa.
— Ese fue otro buen intento — se burló mientras alargaba la mano hacia el botón.
— ¡No! —
Me ignoro.
— ¿Sí? — graznó el altavoz de la pared.
— ¡Traidora! — le chille con el ceño fruncido.
Me volvió a ignorar.
— creo que es el momento adecuado para más sedantes — dijo con calma importándole poco mi expresión furibunda.
— Envire la enfermera — fue la inexpresiva contestación.
Empecé a hiperventilar de nuevo y ella me miro con frustración.
— no te van a meter más agujas —
— En estos momentos no me importan las agujas — mascullé — tengo miedo a cerrar los ojos — de la nada su cara cambio y una sonrisa pícara se extendió por su rostro tomando el mío entre sus manos.
— Te dije que no iba a ir a ningún lado — pego su frente a la mía con todos sus rizos cayendo a mi alrededor sonreí divertido y me maraville con su delicioso olor — estaré aquí mientras eso te haga feliz —
— siempre —
— Ya déjalo — rozo sus labios con los míos — solo es un enamoramiento adolecente — gruñí en respuesta.
— me sorprende que Lizzi se lo haya tragado ¿Pero tú? — Acaricié su mejilla con mi dedo — pensé que me conoces mejor —
Una sonrisa triste se posó en sus labios.
— Eso es lo hermoso de ser humano — me dijo — las cosas cambian —
Mis ojos se fueron cerrando poco a poco.
— Que no se te olvide respirar — le recordé.
Ella soltó una carcajada.
— Bésame ¿Si? — murmure.
— Creo que es suficiente por hoy — la escuche decir divertida.
— Estoy convaleciente, tienes que ser una buena novia y complacerme — volvió a reírse y como aleteos de mariposa sentí sus labios en los míos pero se apartó rápidamente.
— Lo siento — escuche decir a alguien más, abrí los ojos de golpe para darme cuenta que era la enfermera y estaba muy concentrada haciendo sus cosas.
Isabella estaba en el lado opuesto de la habitación cruzada de brazos mirándome como con calma, yo no despegue mis ojos de ella hasta que la enfermera se fue.
Las medicinas actuaron rápido, ya empezaba a sentir la somnolencia.
— ¿Bells? — la llame sintiéndome atontado.
Un tacto frio acaricio mi mejilla.
— Aquí estoy —
— Quédate — dije con dificultad.
— Lo haré — prometió con su voz que sonaba como una canción de cuna — como te dije, me quedaré el tiempo que eso sea lo mejor para ti — intente negar con la cabeza, hacer alguna cosa pero todo mi cuerpo pesaba demasiado.
— No es lo mismo — mascullé — eso es trampa —
Se echó a reír.
— podemos discutir lo tramposa que soy cuando quieras gatito —
Creo que sonreí.
— vale —
Sus labios rozaron mi oído cuando susurró:
— Te quiero — soltó una risita — ¡Estoy loca por ti! — una extraña risa salió de mi boca.
— también estoy loco por ti —
— Lo sé — se rio en voz baja — sé que estás loco — gire mi rostro buscando algo… adivinó, porque sus labios se presionaron con los míos.
— Gracias — suspire.
— Cuando quieras —
Estaba perdiendo la conciencia y solo había una cosa que deseaba decirle.
— ¿Isabella? — tuve que esforzarme por pronunciar su nombre con claridad.
— ¿Sí, gatito? —
— Voy a apostar a favor de Alice —
Y entonces la noche se me echó encima.
¿Reviews? ¿Por favor?
