Como ya sabrán los personajes no son míos y la historia de un 100% un 40% es de mi invención y lo demás es de la autora Stephenie Meyer.
Capítulo 24
Me acomode el cuello de la camisa extremadamente blanca y asquerosamente cara.
Esto era extraño, Anthony me miraba con la cabeza ladeada y una cerveza en las manos tenía miles de preguntas pero solo falto mi cara de confusión para que supiera que estaba igual que él. Ninguno de los dos sabía porque yo me encontraba vestido de etiqueta, eran las seis de la tarde y según lo que me habían contado los hermanos Cullen esta era la hora donde empezaría todo pero ¿Qué era eso que empezaría? Hasta hace solo unas horas atrás lo único que me preocupaba era que no tenía suficientes nachos para mi maratón de películas de Vin Diesel.
Volvía a tener los pies sobre el respaldo del sofá y la cabeza guindando, metía doritos a mi boca y escuchaba a Maroon 5 desde la laptop… me sentía tan relajado.
— Eddie ¿Qué te eh dicho sobre estar de cabeza? — Me regaño Anthony — tienes que cuidarte —
— No estoy haciendo nada que diga lo contrario — refute.
— Isabella se enojara por esto —
— ¿Desde cuándo te importa Isabella? —
— siempre y cuando te cuide no lleva toda las de perder — bufe agitando mi mano llena de dorito ya que la otra tenía la fea escayola que era más que incomoda.
Anthony se había puesto difícil desde que regrese a Forks, había adoptado dos posturas definidas con respecto a mi mala experiencia, en lo que se refería a Carlisle sentía un respecto que rayaba la adoración y eso es tan jodidamente difícil de conseguirlo, estaba pensando seriamente que Carlisle tiene que tener algún súper poder para que todos queden encandilados cuando no más diga unas cuantas palabras, aún sigo diciéndole un par de teorías a Bella pero ella niega rotundamente cada una, por otro lado (el lado malo) se obstina en culpar a mi adorable novia por la locura que hice ya que si no fuera porque ella '' era muy abierta y sin censura sobre sus sentimientos '' no me hubiera ido de casa, por supuesto yo también estaba en el paquete (pero con menos culpa) por perder la cabeza y no ser '' una persona madura que acepta sus sentimientos como son '' y bla, bla, bla… estaba seguro que Anthony jamás había hablado tanto en su vida.
Después de esa fatídica y difícil tarde en que Carlisle y Anthony se sentaron con nosotros como padres preocupados por sus hijos, empezaron a aparecer reglas antes inexistentes, ahora había toques de queda para Isabella y horarios de visitas para mí.
— Vete a pescar papá — lo azuce para que me dejara solo por fin — estaré perfectamente bien —
— Llama a Carlisle si te duele algo de nuevo —
— ¡Sí! ¡Vete! — me queje y ya me lo imaginaba haciendo una mueca, pero me hizo caso y se fue cerrando la puerta con un suave pop.
Estaría emocionado por tener toda la tarde la casa para mí solo pero Bella se fue de caza anoche y no llegaría hasta por la madrugada de hoy, así que decidí hacer lo que tenía en mi lista cuando '' mi novia iba a divertirse sin mí '' como ver películas y comer chatarra, a pesar de que lo haría con ella las probabilidades eran pocas de que entendiera de que se trataba la trama ya que siempre terminábamos en un debate del porque no podíamos hacer una inocente sesión de besos.
Suspire.
Estaba aburrido y ya había pasado todos los niveles de todos los juegos de mi consola, metí otro puñado de doritos a la boca y decidí que lo mejor sería era echarme una siestecita así no tendría sueño cuando Bella llegara, estaba subiendo las escaleras cuando tocaron el timbre.
¿Bella?
Mi corazón se aceleró con la esperanza de que fuera ella así que aguante las ganas de correr (porque seguía sin poder hacer mucho esfuerzo) y camine lo más paciente que pude, abrí la puerta de sopetón…
… y mi sonrisa desapareció.
— ¿Qué hacen aquí? — pregunte a los dos hermanos Cullen que me miraban don diversión.
— ¿Decepcionado? — inquirió Emmett con una enorme sonrisa.
— La verdad, sí — me encogí de hombros agradeciendo de que ya hace un par de semanas pudiera hacerlo sin que me doliera nada — esperaba que fuera…—
— Bella, lo sé — respondió Jasper alzando la esquina de su boca.
— ¿Qué quieren? — pregunte apoyándome en una pierna, ellos me visitaban a menudo aquí a mi casa, bueno Emmett lo hacía, ya que Jasper trataba de no hacerlo porque Anthony estaba un poco más en la casa de lo habitual por lo de mi accidente.
Como siempre pasaron sin ser invitados y caminaron hacia el comedor.
Jasper se acercó a la ventana y la abrió mientras que se sentaba en el marco, su autocontrol había mejorado pero aún seguía abriendo todo lo que pudiera darle ventilación a la habitación (me di cuenta hace poco pero me hacía el tonto para no hacerlo sentir incomodo) Isabella se había puesto toda rara al principio y revoloteaba a nuestro alrededor con cara de constipada pero después se relajó y se acostumbró a que ellos pasaran más tiempo conmigo.
— Creí que no podían entrar a la casa de ningún humano sin permiso — bromee y me senté encima de la mesa.
— Edward deja de ver series de chicas — Emmett puso los ojos en blanco — venimos a secuestrarte — sonrió abiertamente.
— ¿Por qué? —
— No podemos decírtelo — se encogió de hombros — ordenes de la enana — fruncí el ceño y me gire para preguntarle a Jasper de qué diablos hablaba Emmett pero él negó con la cabeza.
Suspire.
— estoy ocupado —
— viendo el dorito en toda tu cara yo diría que no lo estás —
— Solo váyanse, no tengo ánimos de nada — me pase las manos por el cabello — juro que cuando me pregunten diré que si lo hicieron —
— Sabía que te pondrías difícil — se quejó gruñendo un poco — me dieron permiso de traerte por las malas así que es mejor que no lo hagas —
— Es inútil que luches, está más que ansioso de llevarte a las malas — aviso Jasper riéndose.
— Voy a cambiarme — rodé los ojos — a veces pueden ser tan jodidamente fastidiosos —
— ¿Sabes que estas insultando a un par de vampiros qué pueden aniquilarte en cualquier momento? — amenazo Emmett estrechando los ojos.
Me reí.
— ¿Y qué? — rete.
— Déjalo ya Emmett — Jasper suspiro cansado de siempre lo mismo — jamás nos tendrá miedo — había recibido constantes amenazas sobre mi vida de Emmett pero nunca conseguía hacer nada más que me riera consiguiendo que se acomplejara de que está perdiendo su toque.
— ¡Cierto! ¡Son un par de adorables vampiros! — me burle yendo hacia la escalera mientras escuchaba gruñidos por parte de ellos dos.
Si en ese momento fuera sabido para donde me llevarían, de seguro que hubiera puesto más empeño en luchar contra Emmett (aunque fuera perdido igual) pasamos toda la tarde en Portland, dentro de una tienda especializadas en trajes de etiqueta, según ellos todo era por orden de Alice incluso tuve que llamarla para preguntarle si un corte de cabello era totalmente necesario, a lo que me respondió con un '' tu cabeza parece un nido de pájaros, absolutamente si es necesario Edward '' por lo que no pude discutir ya que me tranco el teléfono.
— Esperaba encontrarte en coma, no así — Anthony señalo mi traje con la barbilla.
— Tampoco sé de qué va todo esto — respondí lacónicamente, afuera se escuchó un auto y unos segundos después alguien toco la puerta, con lo de esta tarde tenía miedo de quien fuera.
— Parece que pronto lo descubriremos — asentí mientras me levantaba para ir detrás de él.
— ¿Edward Mesen? — pregunto una voz extraña a Anthony.
— hijo, te buscan — asome la cabeza, era un tipo que estaba vestido de chofer y tenía una limosina estacionada en la calle.
— Aquí — dije con el ceño fruncido.
— acompáñeme por favor — ordeno educadamente.
— ¿Por qué? —
— eso no puedo decirlo —
— ¿Cómo sé que es de confianza? — El modo policía de mi padre salió a mi rescate — ¿Y si intenta secuestrarlo? — se cruzó de brazos intentado lucir amenazador.
¿O era yo que siempre veía gracioso a Anthony?
— ¿En una limosina? — pregunto el señor alzando las cejas incrédulo.
El teléfono sonó antes de que mi padre se pusiera a recitar las diferentes estrategias que podría tener un secuestrador, me reí entre dientes a pesar que todo era muy extraño.
— ¿Diga? — conteste el teléfono.
— ¿Por qué veo a mi chofer salir pintando de tu casa? — pregunto Alice y por su voz se notaba irritada.
— Oh, eso no es culpa mía — mire por sobre mi hombro y Anthony tenía unas acaloradas palabras con el chofer, volví a reírme.
— Solo montante en el auto Edward — dijo con paciencia.
— ¿Por qué? —
— solo hazlo —
— No — refunfuñe tercamente — hasta que no me digas de que viene todo esto —
— eso no me consta a mí, Bella te lo dirá —
— ¿Isabella? —
De la nada la limosina se me antojo un montón.
— ¿Vendrás? — pregunto oliendo una victoria fácil.
Suspire y colgué el teléfono.
Después de explicarle a Anthony que los Cullen la habían mandado se quedó tranquilo, me monte un poco más ansioso en el buen sentido, lo único que sabía es que vería a Bella antes de lo esperado a pesar de que estaba seguro que no podía salir nada bueno de mi indumentaria formal. A menos que… agite la cabeza tratando de no pensar en eso, me negaba a siquiera pensar en esa posibilidad, daba miedo.
La limosina se detuvo y cuando baje el vidrio no me sorprendió mucho que la casa Cullen apareciera a mi vista, me baje confundido y suspire llenándome de paciencia, camine hasta la puerta para encontrármela abierta y entre aún más confundido.
La casa estaba vacía.
— Edward — mi corazón prendió marcha — salgo en un segundo — mire para todos lados buscando de dónde provenía su voz, esto no podía resultar más extraño
Y justo cuando alce la vista hacia las escaleras ella estaba ahí.
Lucia hermosa, impactante, maravillosa... mi boca se abrió de la impresión mientras que ella bajaba las escaleras lentamente, dejando que pudiera escanear por completo todo su vestuario con mis ojos.
El vestido era de un verde profundo haciendo que su piel se viera totalmente irresistible, era sencillo, elegante y de satén que brillaba cada vez que caminaba, la parte de arriba era en forma de corazón adornado con unos suaves tirantes de seda, su cabello, ese hermoso y perfecto cabello de color chocolate que le llegaba hasta el final de la espalda caía en cascadas de rizos y no sé cómo lo consiguió pero tenía flores pequeñas y diminutas esparcidas por aquí y por allá que se movían libremente con los mechones.
— ¿Cómo estoy? — Pregunto dando una vuelta haciendo que sus rizos se alborotaran en el aire al igual que la falta del vestido — ¿Te gusta? —
— Uh…— balbucee.
— Estaba pensando en colocarme algo más brillante pero creo que este me sienta bien — su sonrisa era cegadora sobre todo ahora que sus labios eran de un hermoso y suave rosa — quería uno en color azul, tú sabes, porque es tu favorito pero lo pensé mejor y escogí éste… combinan con tus ojos — me miró atentamente esperando que yo dijera algo o hiciera cualquier cosa.
Demonios, tenía para decirle miles de cosas pero no sentía mi lengua.
En realidad no sentía nada de mi cuerpo.
— ¿Edward? — Pregunto parpadeando varias veces — ¿No te gusta? — las comisuras de sus labios bajaron y no se en que mundo podría existir alguien quien le dijera que no a esa pregunta.
— Bueno… uh… yo…— solté una risita nerviosa rascándome la parte de atrás de la oreja y tuve que mirar el techo para poder hablar — Si hay una facultad de nuestra naturaleza que puede considerarse maravillosa esa es: La vista… —
— Así no es…— empezó ella.
La ignore.
—… Porque me ha permitido admirar a la criatura más hermosa sobre esta tierra — me pase la mano por el cabello totalmente avergonzado, sé que lo que dijo Charlotte Bronte no va así, pero como lo dije explica muy bien lo que siento en este momento.
— Gracias — susurro con miles de sentimientos impregnados en esa simple palabra, sus brazos me rodearon con dulzura y automáticamente los míos hicieron lo mismo.
Baje un poco la nariz para adsorber su delicioso aroma.
— Cuando quieras —
¿Ven? ¡Puedo ser absolutamente romántico! ¿Cómo te quedo el ojo Darcy?
— ¿Nos vamos? — se separó de mí y empezó a jalarme hacia afuera de la casa, aún confundido, entre a la limosina detrás de ella teniendo cuidado en no apoyarme con la mano mala a veces era fácil olvidarlo y terminaba con dolores un buen rato.
Gracias a Carlisle (y que yo hubiera rogado tantito) me cambiaron a una escayola mucho más decente y fácil de manejar me llegaba justo por debajo del codo para facilitar el movimiento y abarcaba hasta mi mano, lo único increíble de esto es que era la mano con que yo escribía por lo que me daba cierto poder para vagar en clases y una excusa para pasar todos los fines de semana en la casa de Bella estudiando los apuntes de sus cuadernos.
— ¿Ya me podrías decir de que va todo esto? — Trataba de no sonar quejumbroso solo porque hoy estaba más hermosa de lo que ya era — pensé que regresarías en la madrugada —
— Te mentí — se rio entre dientes — tenía salir a conseguir un par de estos — gire mi rostro y ella alzo la suave tela del vestido para que pudiera observar el precioso y exquisito zapato que cargaba puesto.
Era solo un tacón fino, de color plateado y estaba sujetado al pie con una cinta de satén amarrada hasta el tobillo, mi sonrisa idiota no se hizo esperar, fue una suerte que no babeara el piso de la limo.
¿Es que nunca iba a acostumbrarme a que fuera tan sexy?
— Tú realmente tienes una cosa con los zapatos — me dio una sonrisita burlona y enfadado me gire hacia la ventanilla, odiaba cuando podía adivinar tan bien mis pensamientos — ¿Te eh dicho lo guapo que estas? —
— No — fruncí el ceño.
— Estas guapísimo — susurro acercándose a mí y acariciando mí brazo — el negro hace contraste con tu piel — la mire de reojo y una sonrisa burlona estaba en esos carnosos labios.
Volví a mirar la ventana.
Si quería saber para qué diablos andábamos como andábamos, tendría que evitar que su belleza me dejara más idiota de lo que ya era, jamás la había visto como está ahora y menos con esa boca como la tiene ahora, si supiera que podía obtener lo que quisiera de mí hoy… me estremecí, debía tener cuidado con ella.
Era el peligro montado en hermosos zapatos.
— Isabella, sabes que odio las sorpresas de todo corazón —
— Me sorprende que no lo hayas adivinado — estoy seguro que ella está disfrutando todo esto — estaba desesperanzada porque conozco a los chicos y sé que les es difícil mantener la boca cerrada — eso me recordó algo.
— ¡Nunca vuelvo a salir con tus hermanos! — Me queje resoplando furioso y recordando la tarde estresante que pase porque me hicieron probar como treinta trajes teniendo la jodida escayola.
¿Es que no podían entender lo difícil que era colocarme un traje con esa mierda en el brazo? Y dígame cuando tocaba abrocharme los botones… esos malditos y diminutos botones.
Estaba seguro que esas diminutas cositas me odiaban.
— La verdad es que…— ella empezó pero fue interrumpida groseramente por el sonido de su teléfono maldije en mi fuero interno y lo saco del pequeño bolsito de mano, miro la pantalla antes de contestar — dígame Anthony — contesto con prevención.
— ¿Anthony? — pregunte con recelo.
Mi reciente experiencia hacía dos meses me había vuelto hipersensible con la gente que amaba, mi madre y yo intercambiamos nuestros roles naturales y casi todo los días hablamos por mail, algunas veces por teléfono solo cuando el horario de ella se lo permitía y todos los días Anthony y yo nos despedíamos con más ansiedad de la necesaria además que su instinto paternal empezó a desarrollarse con mucha más rapidez después de eso.
Isabella se ladeo para mirarme al notar el recelo en mi voz, sé entero que entre nosotros hubo una discusión y que ella era el tema a discutir pero no pudo acceder a la mente de mi padre y yo no le dije nada al respecto por lo que siempre andaba preocupada cuando se dirigía a él, sus ojos me miraron con un brillo especial que contenía cierta tristeza ella entendía el motivo de mi reacción por lo que siempre se hace fielmente responsable a pesar que no sabe (ni nunca se enterara) porque Anthony y yo discutimos.
Eso era una de las pocas cosas que nunca le diría.
— ¡Me estas tomando el pelo! — dijo soltando una carcajada.
— ¿Qué pasa? — inquirí ahora curioso.
— ¿Por qué no me dejas que hable con ella? — Sugirió con evidente placer — Hola Lauren, soy Isabella Cullen — saludo con aparente educación, al menos para la otra persona, yo la conocía muy bien sabía detectar el rastro de amenaza en su voz.
Y eso me encantaba de sobremanera.
Antes de que el torbellino de sugerentes imágenes se aparecieran en mi mente, caí en cuenta de la terrible verdad poco a poco, baje la vista al traje que llevaba puesto junto a la incómoda corbata que valía más que toda mi ropa junta y sin poder evitarlo mire a mi alrededor, a su vestido y después a la limosina, preguntándome cómo diablos no me había dado cuenta antes.
¿Se puede ser tan estúpido en la vida? Culpaba a Bella por eso… ella quemo un par de mis neuronas estos últimos meses.
— Lamento que se haya producido un malentendido, pero Edward no está disponible esta noche — escuchaba como su voz cambiaba segundo a segundo a un tono más amenazante — para serte sincera, él no estará disponible ninguna noche para alguien más que no sea yo — su sonrisa era hermosamente perversa — y no te lo tomes personal, eso va para todas ustedes — soltó una risita divertida — ¡Lamento estropearte la velada! — exclamó sin el menor atisbo de que eso fuera cierto.
Cerró el teléfono de golpe mientras que su cara casi se partía en dos por su ancha y ridícula sonrisa, sentía como todo mi cuerpo temblaba de rabia y mi ira coloreaba mi cara extendiéndose hasta mi cuello que se sentía amarrado por la corbata.
— ¿Me eh excedido mucho al final? No quiero que pienses que soy una celopata y todo eso — se encogió de hombros — es solo que no me gustan las chicas que andan mirándote como si fueras un pedazo…—
— ¡Vamos al baile de fin de curso! — grite total y completamente cabreado.
Para más vergüenza mía era totalmente obvio a donde iríamos desde un principio, estoy seguro de que me hubiera dado cuenta de la fecha de los carteles que decoraban todo el instituto si fuera prestado más atención y no es culpa de Bella ¡Que va! A pesar que no las pasamos todo el tiempo juntos (sin tener la insistente mirada de Anthony) era culpa mía de que no le prestaba atención a cosas que nunca me han importado.
¡Y ella me lleva a esa mierda de baile! Ni en sueños se me había ocurrido que ella quisiera ir, mucho menos que tenga una idea de que yo quisiera ir ¿Es que no me conocía de nada?
— No te pongas difícil Edward — murmuro estrechando los ojos ya que no esperaba una reacción tan fuerte de mi parte.
Eché un vistazo por la ventanilla, estábamos a mitad de camino hacia el instituto y no había manera de que me escapara de esto.
— ¿Por qué me haces esto a mí? — Pregunte cabreado — ¿Sabes lo odiosos, irritantes y de cuarta que son estos bailes? —
— francamente gatito ¿Qué otra cosa creías que íbamos a hacer? — señalo alrededor abarcando con su mano toda la limo y no pude evitar que un color diferente al de la rabia se instalara en mi cara.
Esta avergonzado.
Primero por no haberme dado cuenta: ¡Por favor! ¡Me consideraba un poco más inteligente!
Segundo por haberme pasado de la raya con las vagas sospechas: aunque en realidad eran más bien expectativas que mí subconsciente iba creando conforme pasaban las horas viendo las risas cómplices y la insistencia en que me vistiera como es debido de los hermanos Cullen.
Sabía que se era un gran evento pero ¡El baile de fin de curso! Era lo último que se me hubiera ocurrido y estaba apretando tanto las manos que no me di cuenta que lo hacía, incluso, con la mano mala.
— Mierda — masculle relajando los tendones y moviendo el brazo para dispersar el dolor, no se iba pero recordé que Jasper me había dado una bolsita con tres pastillitas.
Busque en el bolsillo interior de la chaqueta y saque mi medicamento para el dolor, seguramente Alice vio que esto pasaría, la abrí con impaciencia sintiendo la punzada en mi brazo.
— ¿Te estas drogando? — me paso una botella de agua.
— ¡Sí! ¡Es la única manera de que pueda soportar toda esta ridiculez! — Ella rodo los ojos restándole importancia a mi rabieta.
— esto es completamente innecesario ¿Por qué estás tan molesto? —
— ¡Porque estoy loco! — chille más cabreado.
— gatito…—
— ¡Gatito, nada! ¡A mí no me vengas con tus gatitos! — Rezongue dejando la botella de agua a mi lado — ¡Estoy verdaderamente molesto! Así que es mejor que te vayas inventando una buena disculpa — sus ojos me miraron con reproche y frustración — ¿Qué? —
— Hazlo por mí — insistió haciendo un puchero.
Mire a la ventanilla con rabia contenida, ante esos espectaculares ojos dorados no era más que un idiota enamorado por lo que me derretí y me rendí a regañadientes.
Isabella era una jodida tramposa.
— Bien — contesté con un mohín — pero ya veras, odiare cada segundo que pase en ese gimnasio — advertí — ¡Además! ¡Mira esta corbata! Estaré asfixiándome antes de que llegue a los sudorosos cuerpos que se restriegan con otros cuerpos sudorosos — me miro atentamente con una pequeña sonrisita en los labios.
—Acuérdame de agradecerle a los chicos por el excelente traje — se pegó más a mí y agarro la corbata, con sus muy eficientes manos la quito de alrededor de mi cuello y abrió un par de botones — esto va mejor con tu estilo —
Asentí de acuerdo al menos ya puedo respirar.
— ¿Te eh dicho lo guapo que estas? — pregunto con los ojos muy abiertos llenos de dulzura.
Suspire.
— Si —
— bueno, ahora estas más guapo que antes — me guiño un ojo y sin poder evitarlo una sonrisa se posó en mi cara.
Era una coqueta de primera.
— ¿Y porque no vamos y le agradecemos a los chicos? — inquirí fingidamente emocionado.
— Buen intento de escaparte de esto — se rio entre dientes — pero ellos estarán ahí también —
— ¿Van a estar ahí? — eso me consoló un poco.
— claro, todos planeamos asistir este año —
— ¿Todos? — Asintió y la sensación de alivio desapareció, mi relación con Rosalie no había avanzado nada, ambos actuábamos como si no existiera el otro — así que todos estaban al tanto de esto — refunfuñe.
— Anthony no, aunque Alice lo llamo unos minutos después que te fueras para contarle — sonrío — la única que no se dio por enterada fue Lauren — empezó a reírse divertida y rodé los ojos preguntándome cómo diablos a Lauren se le pudo ocurrir que, en todo caso que fuera al baile, lo haría sin mi novia.
Llegamos al estacionamiento y un auto (aparte de la ostentosa limosina en la que veníamos nosotros) destacaba por encima de todo los demás, el descapotable rojo estaba muy cerca de nosotros, hoy las nubes eran finas y algunos rayos del sol se filtraban a los lejos.
El chofer abrió la puerta esperando a que saliéramos pero lo que hice fue cruzarme de brazos, quedándome obstinadamente en mi asiento, ella no podía hacer nada para sacarme usando sus poderes vampíricos, el aparcamiento estaba lleno de gente, de testigos mejor dicho, estaba sintiendo una profunda satisfacción.
Ella suspiro con paciencia.
— Hay que ver, eres valiente como un león cuando alguien quiere matarte, pero un baile…— sacudió la cabeza incrédula.
Trague saliva pesada.
— Isabella —
— Bella, gatito, es Bella —
— Isabella... — resoplo irritada —… yo no se bailar — confesé pasándome las manos por el cabello.
Tenía una expresión sorprendida.
— Pero en L.A…—
— ¿Enserio creías que estas cosas me importaban cuando estaba haya? — Resople — jamás eh ido a un baile, no me gustan, no se bailar y además me perturbaba la forma en como las chicas miraban a los chicos esperando que las invitaran —
— ¿No querrás decir que te perturbaba la forma en cómo te miraban? — se burló sonriendo un poco.
— Uh, bueno, eso también — me encogí de hombros.
— Edward no voy a dejar que nada pase — prometió — es más, voy a estar contigo todo el tiempo — sus brazos rodearon mis hombros haciendo que nuestros rostros quedaran muy cerca — no puede ser tan malo si estás conmigo ¿Verdad? — exhalo su aliento y poco a poco mis procesos mentales empezaron a fallar.
— Mmm — balbucee y rozo sus labios con los míos por unos segundos asegurando su victoria — está bien… vamos — me sentía un poco mejor al verla a ella sonreír radiante de felicidad.
Salimos y siendo el caballero que estaba seguro que ella quería que fuera esta noche, le tendí mi brazo (el bueno) que ella tomo entusiasmada, empezamos a caminar hacia el gimnasio y reí tontamente, había por todos lados arcos con globos y las paredes estaban festoneadas con guirnaldas de papel de seda.
— Parece un escenario listo para rodar una película de terror — volví a reírme, aguantando una carcajada.
Al menos estaba esperando los desastres típicos de un estúpido baile de estudiantes, así podría divertirme viéndolos, no es que sea malvado pero no pueden culparme por quererme reír un rato.
— Desde luego hay vampiros presentes más que de sobra — murmuró ella mientras nos acercábamos a la entrada, había una fila por lo que caminábamos lentamente.
— no puedo creer que me hagas hacer esto — refunfuñe cuando nos detuvimos para tomarnos una foto, me gire para mirarla y ella también estaba haciendo lo mismo, el flas se activó y avanzamos hacia la mesa de las entradas.
— Quería venir — dijo apretando mi brazo — es la primera vez que tengo novio ¿Eso no es lo que hacen las parejas? ¿Ir a bailes, tomarse fotos y divertirse? — se rio entre dientes pero supe que me estaba ocultando algo por el modo que me privaba de su hermosa mirada.
Estaba por decirle algo inteligente pero me distraje cuando capte la pista de baile, había dos parejas bailando grácilmente y daban vueltas mientras se reían, los otros bailarines se tuvieron que apartar para darles espacio al no poder competir contra ellos. Los Cullen y los Hale lucían llamativos y hermosos, aún todavía no podía creer que trataran de pasar desapercibidos, sonreí perversamente mientras me inclinaba hacia el oído de Bella.
— ¿Quieres que eche el cerrojo a las puertas mientras masacran a todos estos incautos pueblerinos? — susurré como si urdiéramos alguna conspiración, eche una mirada a la pista de baile, Alice, Emmett y Jasper me miraban mientras se reían.
Les alce mi pulgar.
— ¿De qué parte te pondrías tú? —
— Oh, me pondría de parte de los vampiros, por supuesto —
Ella me miro.
— Cualquier cosa con tal de no estar aquí —
— ¡Lo pillaste! — me reí.
Rápidamente me di cuenta hacia donde estaba intentado caminar, por lo que me plante en mi sitio y negué con la cabeza.
— Tengo toda la noche — me amenazo estrechando los ojos.
Esboce una sonrisa inocente.
— De verdad no puedo bailar Bella —
— No te preocupes, tonto — se puso frente a mí y rodeo mis hombros automáticamente rodee su cintura — te enseñare —
— ¿Qué? — pregunte con pánico.
— Un paso a un lado y después al otro — ordeno clavando sus engatusadores ojos en mí.
— No, no puedo…—
— ¡Solo hazlo! —
— ¡Bien! — Lo hice y no sé cómo diablos termine pisándola, ella me miro divertida — ¿Ves? ¡Te lo dije! ¡Soy totalmente descoordinado! —
— ¡Clavas el balón en el aro, Edward! — se quejó incrédula.
— ¡Eso es diferente! —
Suspire irritado.
Me tomo del brazo y empezamos a caminar hacia donde estaba su familia, comencé a arrastrar mis pies y disimuladamente consiguió hacerme caminar implementando sus poderes vampíricos.
Ellos bailaban el vals como unos profesionales, los mire espantado.
— Solo son dos paso gatito — Dijo Bella volviendo a rodear mis hombros y acercándose a mí lo suficiente como para que tuviera que bajar la cabeza para mirarla — Sígueme ¿Sí? —
— Bells…— susurre con la garganta seca.
Hice lo que ella hacía, solo podía ver como sonreía y su cabello flotaba en el aire, de repente estuvimos dando volteretas en la pista de baile, ella tenía razón era más fácil seguirla que tratar de aprender.
— ¡Estas bailando! — me felicito sonriendo.
— Me siento como un pato borracho — solté una risita.
— En este preciso momento, ninguna te ve así — su sonrisa se ensancho más mientras que sentía como se apretaba a mi cuerpo, suspire idiotizado y de la nada la sensación de que estábamos volando apareció en mi sistema.
Alice atrajo mi atención en una de las vueltas y me sonrío para infundirme valor, le devolví la sonrisa y me sorprendió darme cuenta de que realmente estaba disfrutando esto, aunque fuera solo un poco.
Pegue mí frente a la de Bella y me incline mientras rodeaba su cintura con mi brazo bueno y la levantaba dándonos una vuelta, ella era increíblemente ligera por lo que fue más fácil de lo que pensaba, su risa explotó en mi oído antes de que le diera un beso fugaz que me hizo prender el corazón, sus pies tocaron el piso y me abrazo dejando su oído muy cerca de donde se escuchaba el retumbe incesante. Su sonrisa era tan maravillosa que en ese instante me asuste un poco al saber todo lo que estaba dispuesto a hacer para mantenerla en su rostro.
— De acuerdo esto no es ni la mitad de malo de lo que pensaba — admití bastante complacido con toda esta locura del baile.
Pero Bella no me estaba escuchando, la sentí tensa en mis brazos y cuando me incline un poco para mirarla no me miro, sino que siguió fija con sus ojos en la puerta.
Estaba enojada.
— ¿Qué pasa? — pregunte siguiendo el hilo de su mirada.
Maggie Black caminaba hacia nosotros, llevaba puesto un vestido sencillo y simple de color blanco con tirantes, la falda que estaba por encima de la rodilla era de una tela suave que caía graciosamente por sus piernas que parecían largas a pesar de solo cargar unos zapatos bajitos del mismo color del vestido, su cabello estaba recogido en una coleta alta que danzaba cada vez que se movía.
Después de pasar la primera sorpresa de reconocerla, no pude evitar sentirme mal por la pequeña princesa, parecía realmente incomodo casi de una forma insoportable, su expresión era de culpabilidad cuando noto que la mirábamos y Bella no de una forma amistosa de hecho, la escuche gruñir bajito.
— ¡Compórtate! — le regañe en un susurro.
Se separó de mí y me miro con el ceño fruncido.
— Quiere hablar contigo —
En ese momento Maggie llego hasta nuestra altura con el rostro sonrojado de vergüenza y una mirada de disculpa.
— Hola Ed, esperaba encontrarte aquí — parecía como si realmente hubiera esperado justo lo contrario, aunque su sonrisa era tan dulce y cálida como siempre.
— Hola princesa — sonreí a mi vez — ¿Qué se te ofrece? —
— ¿Puedo…? — pregunto indecisa mientras observaba a Bella por primera vez.
Me sorprendió que no tuviera que alzar el rostro para verla ya que a pesar de no cargar tacones, Maggie tenía la misma altura que Isabella, calcule que si mi novia se quitaba sus fabulosos zapatos sería la más pequeña de los tres.
Isabella asintió separándose de mí con la expresión ausente… aparentaba serenidad.
— Gracias — mascullo Maggie apenada y con voz amable.
Isabella volvió a asentir, me lanzo una mirada antes de dar media vuelta y marcharse, sonreí viendo que su vestido bailaba al son de sus delicados pasos.
Me acerque a Maggie rodeando su cintura con mis manos y ella colocando las suyas en mis hombros, solo dimos un paso a un lado y luego al otro sin movernos mucho, me di cuenta de inmediato que era tan mala como yo en esto del baile por lo que me relaje y bromee:
— ¡Ya no eres una pequeña princesa! — solté riéndome.
Maggie había tenido un estirón que le permitió llegar hasta mi mentón sin problemas, sus curvas se acentuaron y marcaron, su rostro ya no tenía la niñez de la última vez que la vi aunque sus ojos oscuros seguían siendo brillantes y su sonrisa risueña.
— Oh, cállate — me palmeo el hombro y se rio entre dientes.
— ¿A qué se debe que su alteza haya visitado a los pobres y simples plebeyos? — pregunte tratando de ocultar que no estaba nada interesado en la respuesta, por la reacción de Bella, me hacía una idea próxima.
— ¿Puedes creer que mi padre me haya pagado para venir aquí? — admitió un poco avergonzada.
— ¡Ah! ¡El dinero! Siempre es un buen método, claro que lo creo — musité sonriendo — bueno al menos espero que te estés divirtiendo ¿Hay algo que te haya gustado? — hice movimientos con mis cejas para que entendiera a que me refería.
Ella soltó una risita y sus mejillas se colorearon mientras ambos mirábamos a un grupo de chicos que estaban cerca del ponche y por las risas tontas tenía la sensación que no era solo ponche.
— En realidad, sí — admitió y su rojo se profundizo cuando baje mi mirada hacia ella — pero está comprometido — sentí la curiosidad burbujear en mi interior pero ella aparto la vista rápidamente con sus manos temblando levemente en mis hombros — A apropósito, estas muy atractivo esta noche — susurro con timidez.
Sonreí avergonzado.
— ¡Vaya, gracias! ¡Es todo un alago de tu parte! — Me reí y ella me empujo levemente, también riéndose — ¿Y porque te pago el viejo rey para que vinieras? — pregunte rápidamente a pesar que ya sabía la respuesta.
Maggie no le agradó mucho el cambio de tema.
— Dijo que era un lugar seguro para hablar, te juro que al viejo se le está yendo la cabeza — siguió mirando a otro lado, soltando una risa incomoda, me uní a ella sin muchas ganas — tengo que darte un mensaje así podré tener el cilindro maestro que necesito —
— Está bien, dámelo, me encantaría poder ayudarte a terminar tu coche — le jale un mechón de la coleta y sonrío divertida, era un alivio que Maggie no se creyera ni una palabra de lo que contaban las viejas leyendas.
Isabella estaba apoyada en la pared, jugueteando con su cabello mientras que sus ojos vigilaban mi rostro pero mantenía el suyo inexpresivo, me di cuenta de cómo un chico de último año la miraba con interés e indecisión, fruncí el ceño por eso pero ella no pareció percatarse de que estaba a punto de ser abordada.
— no te enfades ¿Vale? — aseguró Maggie sintiéndose culpable.
— No es posible que me enfade contigo princesa — le asegure con mi mirada fija en el chico que '' disimuladamente '' miraba a Bella — ni siquiera voy a enfadarme con Billy, di lo que tengas que decir —
Así yo podría ir donde Bella y pasar mi brazo por sobre su hombro.
— es un tanto estúpido… lo siento Edward, pero quiere que dejes a tu novia y me dijo que lo pidiera por favor — eso me hizo mirarla molesto.
— sigue con sus supersticiones ¿Cierto? —
— Sí — se encogió de hombros — no creyó que…—
— Tuve un accidente — le ataje bruscamente.
— ¡Lo sé! — soltó sacudiendo la cabeza con expresión molesta.
— Cree que Bella tuvo algo que ver — no fue una pregunta y me enfade a pesar de mi promesa, la pequeña princesa rehuyó mi mirada.
— mira Maggie sé que tu padre no te lo va a creer pero espero que ti si, Isabella me salvo la vida, ella con su padre y hubiera muerto de no ser por ellos —
— Lo sé — aseguró escuchando la sinceridad de mis palabras, al menos esperaba que ella pudiera ser capaz de convencer a su padre.
— lamento que hayas tenido que hacer esto, pero ya has cumplido ¿De acuerdo? —
Asintió pero seguía luciendo incomoda.
— ¿Hay más? — pregunte clavando mis ojos en los suyos, rápidamente sus mejillas se tornaron carmines y suspire — suéltalo, venga —
— Olvídalo — sacudió la cabeza.
— dilo y ya está, Maggie —
— es bastante desagradable —
— Dímelo — insistí.
— vale… pero, ostras, es que suena tan mal…— bajo la mirada a nuestros pies que se habían detenido hace bastante tiempo — me pido que te dijera, no, que te advirtiera…— levando las manos de mis hombros y dibujo en el aire unas comillas — '' estaremos vigilando '' el plural es suyo no mío — aguardo mi reacción con recelo.
Se parecía tanto a la frase de una película de mafiosos que me reí.
— siento que hayas tenido que hacer esto princesa — volví a reírme y una sonrisa llena de alivio apareció en su rostro.
— Mmm, bueno, no me ha importado demasiado — dijo alborotando mi cabello juguetonamente — ¿Entonces le puedo decir que se meta en sus asuntos? — pregunto esperanzada.
— Sí — suspire y ella se rió malvadamente — pero no tan macabro como lo estás pensando — le toque la frente tres veces.
Volvió a reírse.
— Como sea — le restó importancia y alzo la miraba cuando la música se acabó — ¿Quieres bailar otra vez o vamos a sentarnos a algún lado? —
— No lo creo Maggie — respondió Bella por mí — él está conmigo —
Maggie se sobresaltó y miro a Bella con los ojos como platos, estaba justo a nuestro lado, camino un par de pasos y quito mis brazos de la cintura de Maggie con delicadeza y rodeo mi brazo con los suyos.
— no te eh oído llegar — mascullo incomoda — espero verte por ahí Ed — miro un momento más de lo necesario las manos de Bella y después me miro con aprensión.
— Claro princesa, nos vemos luego — sonreí.
— Lo siento — añadió despidiéndose con la mano de mala manera, se dio la vuelta y se encamino hacia la puerta de salida.
Rodee a Bella con mis brazos y pegue mi frente a la suya adsorbiendo su exquisito olor.
— ¿Estas mejor ahora? — bromee.
— No del todo — comento malhumorada.
— no te enfades con el viejo rey, solo está preocupado…—
— No estoy enfadada con él — me corrigió con voz cortante — su hija me irrita, mucho —
Me eché hacia atrás para poder mirarle el rostro.
— ¿Por qué? —
— Me hizo romper mi promesa — la mire confundido — te prometí que estaría en todo momento contigo, se supone que esta noche sería solo de los dos — explicó con las comisuras de sus labios hacía abajo.
Me reí.
— Lo sigue siendo cariño — baje la cabeza y roce sus labios con los míos — en todo caso, estas perdonada —
— Gracias gatito — volvió a fruncir el ceño y me aguante las ganas de reírme de nuevo.
— ¿Y ahora? —
— Dijo que estabas atractivo — sus cejas buscaron a tocarse de lo fruncidas que estaban — y eso es prácticamente un insulto, estas muchísimo más que atractivo, estas maravillosamente guapo, irresistible, hermoso…—
— Tu punto de vista es un poco parcial — la interrumpí con una sonrisa.
— No lo creo — me miro aún con mal genio — además tengo una vista excelente — una expresión arrogante apareció en su bello rostro y no pude evitar soltar una carcajada.
Con ella era más fácil bailar por lo que seguimos dando vueltas en la pista de baile, cuando la canción termino y colocaron una más rápida a Bella no pareció importarle porque seguimos bailando a nuestro ritmo.
— ¿Vas a explicarme ya el motivo de todo esto? — me miro confundida y alce una ceja dándole una mirada significativa.
Suspiro.
Eso pequeña vampira, no podrás escaparte esta vez.
Nos detuvimos y tomo mi mano guiándonos en dirección hacia la puerta trasera del gimnasio, a una velocidad de vértigo salude a todos aquello que pasaban delante de mí.
Jessica y Mike bailaban alegremente, Mike me saludó con señas de las manos y le devolví el saludo con una sonrisa, Erick también se encontraba ahí bailando con una chica que se llamaba Cheney, parecía tan feliz de la vida con ella en sus brazos que ni siquiera miraba otro lado que no fuera su rostro aunque ella era una cabeza más alta que él, Lee y su novia Samanta, Tyler acompañado por Connie, también nos miraron. Estaba complacido de poder recordar los nombres de todos ellos.
De pronto estuvimos fuera del gimnasio, a la suave y fresca luz de un crepúsculo mortecino, caminamos sin detenernos hasta llegar a las mesas que se utilizaban cuando había sol, Bella se sentó con gracia encima de una y yo me acomode como pude en la silla rodeando su cintura con mis brazos y apoyando mi cabeza en sus piernas envueltas en satén.
Tenía una expresión severa.
— ¿Qué te preocupa? — pregunte con suavidad.
Una de sus manos acariciaba mi cabello mientras que la otra lo hacía en mi cuello, me sentía totalmente relajado justo ahora, un poco más de esto y me ponía a ronronear.
— El crepúsculo otra vez — murmuró — otro final, no importa lo perfecto que sea el día siempre termina acabando —
— Algunas cosas no tienen por qué acabar — susurre entre dientes.
Suspiro.
— te eh traído al baile — confeso arrastrando las palabras — porque no deseo que te pierdas nada, ni que mi presencia te prive de nada si está en mi mano, quiero que seas humano, que tu vida continúe como lo habría hecho si yo hubiera muerto en 1918, tal y como debería haber sucedido — me estremecí al oír sus palabras y me separe de ella dejando sus manos en el aire.
Sacudí la cabeza con enojo.
— ¿Y en qué extraña dimensión paralela habría asistido al baile alguna vez por mi propia voluntad? Si no fueras tan jodidamente coqueta y poseedora de esos hermosos y engatusadores ojos, nunca podrías haberme hecho aceptar toda la cosa del baile —
Esbozo una sonrisa pero esa alegría no le llegaba a los ojos.
— Tú mismo has reconocido que no ha sido tan malo —
— Porque estaba contigo —
Nos quedamos en silencio durante un rato, ella contemplaba la luna y yo a ella los rayos de luz chocaban con su nívea piel de porcelana, su cabello danzaba con la suave brisa y sus labios se veían más rojos que de costumbre, ella era un ángel de la noche, sentí mi corazón acelerarse un poco viéndola ser tan hermosa, tan única y perfecta.
¿Cómo logre ser yo el que capturara a semejante maravilla de la naturaleza?
Deseaba encontrar la forma de explicarle que si algo tan maravilloso como ella no existía en la vida humana normal, tenía muy poco interés en seguir llevando una.
— ¿Me contestarás algo si te lo pregunto? — inquirió con una suave sonrisa.
— siempre lo hago —
— Promételo — insistió sonriente.
— de acuerdo —
Presiento que me voy a arrepentir.
— Parecías realmente sorprendido cuando te diste cuenta de que veníamos hacia acá — comenzó.
— Lo estaba — me encogí de hombros.
— Exacto — admitió — pero algo tendría que haber pasado por esa extraña mente tuya, siento curiosidad…—
— siempre sientes curiosidad —
Me ignoro.
—… ¿Para qué pensaste que nos vestíamos así? —
Sip, aquí viene el arrepentimiento.
— No quiero decírtelo — fruncí los labios.
— Lo has prometido — objeto.
— Lo sé — suspire y me di cuenta que ella creía que no hablaba era porque me daba vergüenza — pero presiento que te vas a enfadar… o a entristecer — y eso era lo último que quería esta noche.
— No importa — me acarició la mejilla — quiero saberlo, por favor —
Apoye mi mentón en sus piernas, tratando de no ver su rostro.
— bueno, supuse que iba a ser una especie de… ocasión especial, ni de broma se me ocurrió que fuera algo tan humano y común como un… ¡Baile de fin de curso! — me burle.
— ¿Humano? — pregunto cansinamente.
Había captado la palabra clave a la primera, observe mi escayola oculta por la manga del caro traje de etiqueta y empecé a juguetear con los gemelos, ella esperaba mi respuesta en silencio con su intensa miraba sobre mí.
No pude aguantar más la presión.
— ¡De acuerdo! — Confesé atropelladamente — albergaba la esperanza de que tal vez hubieras cambiado de idea y que, después de todo, me transformarías — alce mi vista levemente, un poco asustado a decir verdad.
Una docena de sentimientos encontrados pasaron por su rostro, desde la ira al dolor y después que pareció serenarse y que sus hombros se relajaran, la expresión de sus facciones se tornó divertida.
— pensaste que era una ocasión para vestirse de tiros largos ¿A que si? — se burló, agarrando su vestido y balanceando la suave tela de un lado a otro.
Me pase la mano por el cabello pero sin darme cuanta fue la mano mala y me golpee ligeramente con la escayola, ella soltó una pequeña risa y alzo mi cara con sus manos.
— No sé cómo van esas cosas; al menos para mí me parecía más racional que un baile de fin de curso — Isabella seguía sonriendo y torcí el gesto avergonzado — no es divertido — me queje.
— Tienes razón, no lo es — admitió mientras se le borraba la sonrisa — de todos modos, prefiero tomármelo como una broma en vez de pensar que hablas enserio —
— Yo hablo enserio —
— Lo sé — suspiro profundamente — ¿Y eso es lo que deseas? — sus ojos se opacaron por la pena, así que mire hacia otro lado y asentí — de modo que estas preparada para que esto sea el final, el crepúsculo de tu existencia aunque apenas si has comenzado a vivir — musitó, hablando para sí misma — estas dispuesta a abandonarlo todo —
— No es el final, sino el comienzo — le contradije cubriendo sus manos con las mías.
— No lo merezco gatito — la tristeza era tal en su voz que una presión en mi pecho se instaló de forma dolorosa.
— Claro que lo mereces Bella — mis ojos estaban en los suyos con urgencia — ¿Recuerdas cuando me dijiste que no me veía a mí mismo de forma realista? Obviamente, tú padeces de la misma ceguera —
— Lo sé —
Suspire.
De repente su voluble estado de ánimo cambio, había tal determinación en su mirada que me confundió y sin previo aviso alzo su vestido hasta la rodilla y cayo suavemente en mis piernas, todo el motón de tela verde cubría mis piernas hasta llegar al piso, estaba seguro que si alguien nos veía pensaría que estábamos teniendo algo más que una simple charla de transformación de especies.
— ¿Estás preparado? — pregunto examinando mi rostro.
Trague saliva.
— ¿Ya-a? — tartamudee.
Sonrió e inclino su cabeza hasta que sus labios rozaron mi cuello, con sus brazos me rodeo los hombros y una de sus manos acarició mi nuca con suavidad.
— ¿Ahora, ya? — susurró abriendo la boca y sorprendentemente dándome un beso húmedo.
Mi respiración de acelero
— Bella…— gemí — no hagas eso — en todo caso volvió a hacerlo y me estremecí tomándola de la cintura y apretando mis dedos en su piel — ¡Basta! — susurre.
Hoy especialmente no quería sentirme frustrado.
— ¿Estás listo? ¿De verdad? —
— Sí — contesté en un susurro.
Isabella se iba a llevar un chasco si pensaba que me estaba tirando un farol yo había tomado mi decisión estaba seguro y no iba a echarme para atrás, no me importaba que mi cuerpo fuera tan rígido como una tabla, que mis dedos se estuvieran encalambrando en su cintura o que mi corazón tronara en mi pecho cuando su boca se abrió y suavemente sus dientes rasparon la piel de mí cuello, sentí su lengua hacer contacto y… se rió de forma enigmática alzándose hasta que su rostro quedo a la misma altura del mío.
Tenía una expresión de desaprobación en su bonito rostro, mientras que yo apenas si podía respirar, le fruncí el ceño enfadado y sacudió la cabeza incrédula.
— No te puedes haber creído que me iba a rendir tan fácilmente — dijo con un punto de amargura en su voz.
— un chico tiene derecho a fantasear —
Enarcó las cejas.
— ¿Fantaseas con convertirse en un monstruo? —
— No, no es eso — repliqué acercando a ella haciendo que se inclinara hasta que su espalda estuvo apoyada en la mesa, pegue mi frente a la suya, clavando mis ojos en los suyos — más bien fantaseo con poder estar contigo para siempre — su expresión se alteró, más suave, dulce y triste a causa del sutil dolor en mi voz.
— Edward — sus brazos me acercaron más a ella con nuestros cuerpos pegados de tal forma que ni siquiera el aire se interponía — yo voy a estar contigo… ¿No basta con eso? — suspiro y su olor empezó a hacer estragos mis procesos mentales.
— Basta por ahora — gruño un poco ante mi tenacidad — Mira, te amo más que a nada en el mundo… ¿No te basta eso? —
— Sí, es suficiente — contestó sonriendo — suficiente para siempre — y termine de inclinarme para unir mis labios contra los suyos fríos, pero al mismo tiempo, calientes y suaves.
Esta noche ninguno de los dos parecía darse por vencido, pero se lo que quiero y estaba dispuesto a luchar para conseguirlo.
¡Holaaaaaaaa!
¿Cómo están mis queridas lectoras? Yo un poco triste por haber terminado ya este primer libro de Meyers.
Sé que no fui la más rápida del mundo con las actualizaciones pero tenía que estudiar (para ser alguien en la vida o eso es lo que dice mi mamá) y como bien dicen por ahí, mejor tarde que nunca.
Quería agradecer a todas ustedes por apoyarme en este hermoso pasatiempo que es escribir y también dar gracias de que les guste las cosas extrañas y locas que aparecen en mi cabeza.
Sobre Amantes Inocentes, que es la continuación de Cambio de Roles y que será una adaptación de Luna Nueva, no estoy segura de cuándo será su fecha de publicación, tengo unos cuatro o cinco capítulos escritos pero estaba viendo mis problemas con el tiempo y realmente odiaría tener que dejarlo a la mitad por asuntos personales, además de que todavía me queda otro fic que terminar y estoy un tanto atareada con esas cosas, por lo que no aseguro su fecha hasta al menos tener la conciencia de que podré seguirlo de forma continua.
Bueno me despido de ustedes señoritas que son más fieles que hasta el mismo Edward y espero de todo corazón haberlas entretenido con esta adaptación, que por lo menos piensen '' ¡Vaya! ¡Al menos sé cómo sería Edward de haber estado en los zapatos de Bella! '' que era mi objetivo principal, me encantaron todas sus opiniones y adore cada uno de ellos, me hicieron reír (y hacer creer a mi mamá que estoy loca) y divertirme mucho.
Espero no haberlas decepcionado con este final y que hayan disfrutado de las inseguridades y el loco amor que le tiene Edward a Bella.
Miles de gracias chicas, enserio, muchas pero muchas gracias por todo su apoyo, no sé qué haría sin ustedes ¡Son lo máximo! ¡Las adoro un montón!
Así que solo me toca decir…
… Les deseo lo mejor como que Edward-gatito-Mesen fantasee con quedarse a tu lado por toda la eternidad.
Espero que nos volvamos a leer pronto.
:D
PD: Pronto actualizare Me prefieres a Mí, no me he olvidado de la historia y nunca lo haría.
