Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto

Diálogos y narración de esta historia pertenecen a mi autoría.

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Segundo one de la serie Complacencias.

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Clasificación: T.

Pareja: SasuSaku.

Categoría: Romance/Drama.

Lxdy . Blue: "Me gustaría un shot en el que escribieras como se vivieron ambas partes del primer y para nada esperado embarazo. Desde el retraso, las sospechas, el miedo y al final la inevitable alegría y emoción en ambos…Un Sasuke nerviosísimo por su falta de un sueldo seguro, una Sakura bastante necia en lo de seguir trabajando. Descuida a su esposa, a pesar de ser muy atento con el asunto del embarazo, incluso algo sobreprotector, pero más o menos distante en cuanto a la relación de pareja. Entonces, las hormonas hacen pensar a Sakura que tiene otra…Para finalizar, a gritos y sombrerazos, el noveno mes llega, y el bebé se adelanta una semanas, por lo que Sasuke, harto de la situación, decide ese día poner su celular en silencio, una muy mala decisión…"

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"Esperando lo inesperado"

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La rubia de cabello largo y enormes ojos azules la observaba fascinada ir de un lado a otro en la habitación, le encantaba atestiguar lo feliz que lucía su amiga ante esta nueva etapa que se avecinaba en su futuro. Sakura empacaba apresurada todas sus posesiones en unas cajas de cartón que Sasori –el vecino–, le había conseguido desde hacía dos semanas.

Su colección de novelas románticas estaba apilada en la cama, esperando empaquetarse junto a sus velas e inciensos aromáticos. De pronto la pelirosa paró en seco al conseguir percatarse de la presencia de su amiga en la recamara.

–Ino –le sonrió ampliamente.

–No puedo creer que vayas a dejarme sola, todo por ese misterioso y magnético hombre que te sedujo con su indiscutible mal humor –la joven de ojos verdes la miró divertida mientras ella resoplaba–. Porque aceptémoslo Saku, ese Uchiha se carga un genio de los mil demonios, tú eres la única capaz de aceptar vivir con él.

–Mn, tal vez –se encogió de hombros–, o tal vez detrás de ese carácter que tanto críticas se encuentre un hombre sensible, cariñoso, atento y gracioso, que fue el que me cautivó –ambas guardaron silencio por algunos segundos mirándose atentamente–…mn… ¡na! –expresaron juntas.

–En serio te voy a extrañar frentona –se acercó a ella y la rodeó con sus delgados brazos.

–Yo más cerda, ¡todavía me parece increíble que vaya a compartir mi vida con Sasuke-kun!

–Te ves feliz Saku, y sé que esto es lo que en verdad deseas, por eso…aunque no me guste dejarte volar con tus propias alas, lo haré –soltó melodramática.

–Gracias Ino –se desenganchó de su agarre delicadamente y comenzó a guardar sus libros.

–Ah, y ya sabes, si pasa cualquier cosa, y no es que este insinuando que su relación fracasará, puedes volver aquí. Este pequeño y acogedor espacio siempre será tuyo –prometió seria, pasándole la cinta adhesiva para cerrar la caja.

La pelirosa aguantó las lágrimas que lucharon por desbordarse. Ino era una amiga maravillosa, la mejor que podría tener. No poseían mucho, de hecho ambas luchaban por vivir más o menos bien con sus bajos salarios de enfermeras. Si tenían un techo sobre sus cabezas, era gracias a la abuela de la rubia, que le heredó aquella modesta y pequeña casa en el centro, misma que les sirvió cuando decidieron emigrar a la gran ciudad para comenzar sus estudios.

–Lo sé, no te preocupes Ino. Esta es la decisión más importante que he tomado en mi vida, y estoy segura de ella, por eso no creo que tenga que volver a hacer uso de tu hospitalidad –suspiró cerrando por fin la última caja.

–Eso espero Saku. Ah, por cierto, sé que no me lo pediste, pero me tomé el atrevimiento de hacerte una lista de los anticonceptivos más recomendados del mercado y los más accesibles –sonrió pícaramente al ver el bochorno de su amiga.

– ¡Ino! –la reprendió poniéndose colorada.

–Va, sé que no usas nada…

–Sasuke-kun se encarga de eso –explicó nerviosa.

–Y estaba bien, ya que sus encuentros no eran tan seguidos, pero ahora que vivirán bajo el mismo techo… –movió las cejas sugestivamente.

– ¡Ya!, harás que me dé un ataque –la golpeó en el brazo avergonzada.

– ¡Ouch!, sólo quiero serte de ayuda. Te recomendaría esos parches que se colocan semanalmente, o esas inyecciones, sin embargo creo que el concentrado de hormonas que tienen es fuerte para ti…

–Dije que ya, no te preocupes, iré a consultar a un médico competente –resaltó haciendo que Ino inflara las mejillas infantilmente.

–Bien, bien. O también la píldora, aunque eres una distraída y probablemente olvidarías tomarla a diario –apuntó frunciendo el ceño.

– ¡Ahsh, logras sacarme de mis casillas!

Se molestó falsamente rodando los ojos y lanzándole una mirada fulminante, Ino cambió su expresión sonriéndole tristemente.

–En serio te echaré de menos –dejó salir un sollozo.

–Y yo –rompió a llorar abrazándose de su mejor amiga.

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Se mordía el labio, eso le indicaba lo intranquila que se sentía, Sasuke colocó la última de sus cajas al lado del sofá de dos plazas, enseguida se enderezó y la escrutó con sus intimidantes ojos oscuros que parecían no transmitir nada.

–Listo, oficialmente ya vivimos juntos –formó una mueca que asemejaba a su más sensual sonrisa.

–Si…ya somos una pareja viviendo en unión libre –desvió el rostro, evitando mostrarle su sonrojo–. ¿Desempacamos de una vez?

–Tengo una mejor idea –indicó avanzando lentamente hasta ella.

– ¿Cuál? –él tomó su mentón y le sostuvo la cara.

–Hn, inauguración –sus pupilas ardieron de deseo, incendiándola al instante.

En menos de dos pestañeos se encontraban en la cama, ambos a medio vestir. Él sobre ella llenándola de besos desesperados y caricias abrasadoras, y ella jadeando tratando de seguirle el ritmo. Adoraba la sensación de poseer y a la vez entregarse a Sasuke.

Al principio temió no ser lo que él esperaba, reconocía que su experiencia era bastante limitada en comparación a la suya. Él fue su primer hombre en el plano sexual –y sería el único–, mientras que el pelinegro había tenido una que otra relación seria. A eso se le sumaba la diferencia de edades, ella con veinte años cuando lo conoció y él con veinticuatro. Pero ahora, casi un año después, constataba que aquel temor estaba completamente superado.

Gimió extasiada regresando al presente y sintiéndolo moverse en su interior. Enredó sus dedos en su espeso y revuelto cabello negro azulado, él acercó su boca a la suya bebiendo sus sonoros balbuceos, simplemente el paraíso, estar en los brazos del otro no se comparaba a nada de este mundo.

–Te amo Sasuke-kun –se perdió por fin en el éxtasis de su liberación.

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El repiqueteo de la lluvia en la ventana y el palpitar del reloj de pared, ponían en evidencia el estado de intranquilidad en el que se hallaba. Eran las cinco de la tarde, su turno había terminado hacía dos horas, sin embargo, el doctor Hatake –al cual admiraba profundamente–, no tuvo tiempo de recibirla antes, por lo que resignadamente, debía aguardar para su cita.

–Listo Sakura, ya puedes pasar –le anunció Matsuri, la recepcionista del ginecólogo.

–Gracias –se irguió lo más segura que pudo y se dirigió al consultorio antes de tener oportunidad de arrepentirse.

–Sakura, buenas tardes. Pasa y siéntate por favor –la invitó con una enorme sonrisa en el rostro.

Cerró la puerta y se dejó caer en la cómoda silla que se encontraba frente al elegante escritorio. Hacía ya cierto tiempo de su última visita al médico, la verdad es que no había tenido la necesidad, ya que su vida sexual era nula antes de conocer a Sasuke. Pero ahora, las cosas eran muy distintas, necesitaba hacerse del consejo de un especialista para empezar con su control natal, además de sus chequeos periódicos. Nadie mejor que Kakashi Hatake para ello, a pesar de ser hombre y uno bastante atractivo –reconoció sonrojada–, le tenía mucha confianza y estima.

– ¿En qué puedo ayudarte? –cuestionó con cierta curiosidad, debatiendo si estaba ahí por una consulta real, o sólo por algún consejo sobre sus prácticas en el hospital.

–Mn…bueno, vine aquí como su paciente. Quiero…quiero que me recete el método anticonceptivo que crea más indicado para mí, además de una revisión –expuso relajándose al ver la expresión tranquila del especialista.

–Ah bueno, siendo así, primero necesito realizarte unas preguntas de rutina, ya sabes, para tu expediente –tomó de un cajón unas hojas y las sujetó a una tablilla–. ¿Lista? –volvió a sonreírle.

–Por supuesto.

Respondió sin problema los cuestionamientos del doctor, desde la historia de las enfermedades familiares, su primera relación sexual, si era alérgica a medicamentos, hasta la fecha de su último período.

–Hmn, entonces, tienes un leve retraso –apuntó interesado, registrando aquella información.

–Sólo de cinco días –respondió nerviosa, ella era muy exacta.

No creía que pudiera estar embarazada, en un momento la posibilidad le había quitado el sueño, luego recordó que Sasuke usaba los preservativos religiosamente, por lo tanto no existía amenaza alguna de que aquello sucediera.

–Dices que tu novio utiliza un método de barrera en cada relación, ¿cierto?

–Así es –asintió con seguridad.

– ¿Sin excepción? –arqueó la ceja suspicaz, con una mujer tan bonita como la pelirosa, sería muy fácil olvidarse de todo y entregarse al momento, pensó el doctor.

–Bueno…una ocasión –recordó el instante que compartieron el primer día que ella llegó a vivir al departamento, Sasuke estaba tan salvaje, que no se molestó en sacar los preservativos del cajón–, pero fue una única vez…y…y yo aún no estaba en mis días fértiles –argumentó aferrándose a aquella esperanza.

–El método del ritmo no es el más confiable Sakura, si tuvieron relaciones sin protección, aunque sólo haya sido una vez –aclaró antes de que ella protestara–, pudiste haber quedado embarazada. Asumo que eso no te haría muy feliz –expresó al ver su rostro de horror.

–Es que…apenas llevamos casi un mes viviendo juntos, somos algo jóvenes…no… –sus ojos se empañaron–, esto sería una complicación –confesó conteniendo un sollozo.

–Bueno, tampoco es un hecho, haremos una prueba de sangre para confirmar o desechar la posibilidad, ¿si?. Tal vez tu ciclo se alteró debido a los cambios que has experimentado en tu vida últimamente –quiso calmarla.

–Ojalá –murmuró todavía asustada.

–Bien, entonces concentrémonos en ello –se puso de pie dispuesto a realizar el examen que los sacaría de dudas.

– ¿Los resultados…?

–Mañana mismo, ven entre las doce y la una de la tarde, haré un espacio para informarte lo que arroje el análisis.

–Gracias –intentó en vano sonreír, si estaba embarazada su mundo caería en pedazos, se estremeció por dentro.

Arribó a casa cerca de las siete de la tarde, se sentía ligeramente más sosegada, de nada le serviría comerse las uñas o arrancarse el cabello, el doctor Hatake le había aconsejado darse un baño caliente y tomarse un té cuando llegara a su hogar, ya después podría preocuparse si los resultados no eran los esperados.

Se dejó caer en el sofá y encendió la lámpara de la mesita de al lado, con ojos críticos observó la superficie del sencillo departamento. Era ideal para una pareja de amantes, pero extremadamente inadecuado para una familia, aunque fuera una pequeña de un hijo. La sala y el comedor coincidían en el mismo espacio, la cocina que estaba a la izquierda prácticamente contaba con lo elemental, la recamara al fondo de un estrecho pasillo era amplia y con buenas vistas, al lado, un cuarto de tres por tres fungía como estudio para Sasuke.

–Podríamos convertir ese espacio en el cuarto del bebé –mencionó mordiéndose el labio, el azabache se enfurecería al perder "su refugio" como él mismo lo llamaba–. Recapitulando, hay una estancia amplia, y una cocina que se mantendrían intactas, La recamara podría achicarse y así ampliar esa habitación que más bien parece armario, aunque dudo que quepa otra cosa además de la cuna –una lágrima errante resbaló por su mejilla derecha.

Decidió olvidarse de sus problemas por esa noche. Se tomó un baño que duró casi una hora, luego trató de leer una de sus novelas favoritas, pero le fue imposible. Se fue a la cama sin probar alimento, no contaba con apetito ni ganas de cocinar la cena. Sasuke no tardaría en llegar, eran raros los días que él regresaba tarde del trabajo, pero agradecía que este fuera uno de ellos, no deseaba enfrentarse a él hasta no saber qué pasaba en realidad.

Sintió unos besos en el rostro que bajaban a su cuello, las manos de Sasuke acariciaban sin pudor su cuerpo, colándose debajo del camisón que usaba para dormir. Abrió los ojos, «las doce», leyó en el reloj digital.

– ¿Acabas de llegar? –susurró acariciándole el cabello.

–Hn –respondió recargado en su hombro, besando su sien mientras subía la fina prenda de cama.

–Hueles a alcohol –señaló perdiendo todo rastro de sueño.

–Suigetsu insistió en ir a celebrar el nuevo contrato. ¿Fuiste con el doctor? –se separó un poco de ella y se desvistió rápidamente.

–Aja –él se acomodó de nuevo a su espalda.

– ¿Y? –podía sentir su lengua recorriéndole la nuca, sus manos la tomaron posesivamente de la cintura atrayéndola hacia su pelvis y haciéndola notar su excitación.

Sabía a qué se debía el interés de Sasuke por ese tema, estaba impaciente por dejar de usar los preservativos y encomendarle a ella la responsabilidad de cuidarse. Se quedó muda, por mucho que quisiera engañarse, presentía que sí estaba embarazada, pero discutirlo en ese momento no se le antojaba en lo más mínimo.

–Te amo Sasuke –murmuró.

Él la giró acomodándola boca arriba, sus labios chocaron en un encuentro que hizo detonar toda la pasión que se tenían. Se colocó sobre ella y comenzó a hacerle el amor, olvidándose por completo de su pregunta. Ella lo recibió feliz, al día siguiente todo se arruinaría, pero por lo menos esa noche se amarían con la intensidad y la necesidad de siempre.

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Finalmente logró dejar de llorar, sus ojos rojos e hinchados harían saltar a Sasuke de preocupación cuando entrara por aquella puerta. Estrujó de nuevo el papel entre sus manos, «positivo», ¿cómo podía una sola palabra desbaratar su vida de ese modo?, estaba desolada.

Frente a ella se hallaban las vitaminas y las indicaciones que le había dado el doctor, suspiró con tristeza. No se sentía lista, no podía convertirse en madre todavía, tal vez en algunos años, cuando su estabilidad económica y emocional fuera la indicada. Se tragó un sollozo, el bebé no esperaría, no tenía alternativa o salida, el aborto quedaba fuera de su vocabulario, Sasuke y ella tendrían que asumir aquel error.

–No –se corrigió inmediatamente acariciándose el vientre–, no serás un error, tal vez llegas en el peor momento…definitivamente llegas en el peor momento –rió sin humor– pero te juro que te querré con toda mi alma, porque amo a tu padre, y por ese simple hecho te amaré a ti –reconoció serenándose.

Comenzó a formarse otra perspectiva con respecto a la nueva vida que crecía en su vientre, considerando que su hijo ya era una realidad y no una simple sospecha, optó por ser positiva. En su desesperación e incertidumbre estaba tomando la noticia de la peor manera, un hecho tan hermoso cómo el de ser mamá no debía convertirse en un suplicio, sino en una bendición, examinó de repente.

La ilusión se abrió paso en ella al imaginarse por primera vez el rostro de su bebé, ¿se parecería más a Sasuke, o a ella?, ¿nacería un niño, o una niña?, ¿Cómo sería cuando aprendiera a andar, o cuando dijera su primer palabra?. Su mente se perdió en aquellas fantasías, un precioso niño de cabello negro azulado gateando por el departamento, ella llevándolo al parque, Ino consintiéndolo y maleducándolo, Sasuke enseñándole a jugar fútbol o ayudándolo con los deberes escolares, la infinidad de escenarios le derritió el corazón de ternura. Iba a tener un hijo, pronto se convertiría en mamá, visualizó su vientre hinchándose, creciendo cada día más a la espera de su bebé.

Escuchó la llave entrar en la cerradura, el momento había llegado. Por fin le daría la noticia a Sasuke, sólo esperaba que él la tomara con la mejor actitud, sonrió acariciándose el abdomen aún plano. Se levantó de su lugar para encararlo de pie, presionando contra su pecho el resultado del análisis, a la vez que usaba sus manos como protección, no es que creyera que Sasuke fuera agresivo, simplemente era un mecanismo de defensa que su cuerpo activaba inconscientemente.

–Sasuke –saludó con voz temerosa.

– ¿Qué tienes? –sin que ella pudiera detenerlo él la cogió por los hombros, obviamente se dio cuenta de lo mal que se encontraba–, Sakura, ¿Qué te pasa? –la escrutaba con precisión.

–Yo…Sasuke no fue a propósito, los accidentes pasan y…sé que es pronto pero yo te amo –comenzó a recitar las palabras que asaltaban su mente.

– ¿De qué estás hablando?, lloraste –frunció el entrecejo.

– ¿Recuerdas el día que llegué a vivir aquí? –lo vio asentir no muy seguro–, esa ocasión nos dejamos llevar, tú no tomaste precauciones y…ayer que fui con el médico…yo sospechaba que algo sucedía…en fin, él me hizo unos estudios –el azabache se dio cuenta del papel que ella estrujaba y se lo arrebató de las manos.

–No –negó mientras sus ojos leían rápidamente la arrugada hoja.

–Estoy embarazada Sasuke, no hay duda de ello –la mirada enfadada de su novio la atemorizó bastante.

–Se suponía… –apretó la mandíbula molesto–, que esto no pasaría.

–Lo sé, pero ha sucedido, vamos a ser papás. Sasuke –intentó tomarlo del brazo cuando se apartó–, ¡yo también estoy asustada, no estaba en nuestros planes, pero es nuestro hijo, tenemos que tomarlo de la mejor manera! –su voz se quebró.

–No estoy listo para ser padre Sakura –respondió fríamente.

– ¿Y crees que yo si estoy lista?, ¡tengo veintiuno, tú tienes cuatro años más que yo!

– ¿Ahora yo tengo la culpa? –atacó furioso.

– ¡Tú fuiste el que no usó el preservativo!

–No pareció importarte en ese momento –señaló incisivo.

– ¡Basta!...no quiero que hagamos de esto un infierno Sasuke. Debemos buscar soluciones, no atacarnos entre nosotros –respiró profundamente retomando algo de control.

–Hmp –desvió la mirada a la puerta, Sakura no necesitaba ser vidente para saber que en cualquier momento Sasuke escaparía por ahí.

–No tomes esa actitud, necesitamos hablar… –le sostuvo el rostro entre sus manos acariciándole las mejillas.

–No podemos tenerlo Sakura…no ahora. La constructora que abrí con Suigetsu apenas está despegando, invertí mucho en eso, prácticamente todos mis ahorros y la parte de la herencia que me dejó mi padre. Además los gastos del departamento –colocó sus manos sobre las de ella que permanecían todavía en su cara–, tu sueldo es una broma, podría decirse que trabajas gratis…tener ese niño traería más problemas que beneficios –resopló con frustración.

Alejó sus manos del contacto del azabache, las horribles palabras que él dijo, le parecían despiadados cuchillos rasgando su alma. ¿Eso era lo que él sentía en realidad, que su inocente hijo sería una carga?, «que no traería beneficios» su bebé no era un estúpido negocio que había salido mal, ¡era una vida!

–Él ya viene en camino Sasuke, me puedes decir… ¿Cómo podríamos no tenerlo? –lo miró directo a los ojos, rogando porque no dijera lo que ella temía, si lo hacía, la destruiría en ese instante.

–Tú sabes a qué me refiero…somos jóvenes, más adelante…puedes embarazarte otra vez –murmuró agachando la cabeza.

– ¿Quieres que aborte a mi bebé? –las lágrimas le nublaron la vista, se estremeció con fuerza cuando él asintió.

Se dio la vuelta y se apresuró a la recamara, continuaba llorando mientras tomaba rápidamente su ropa del armario, se iba. No podía quedarse al lado de ese hombre, ¿Cómo no se dio cuenta antes de que era un egoísta?. Sacó la maleta y comenzó a guardar sus pertenencias con torpeza y desesperación.

–Sakura –él intentaba detener sus manos.

– ¡Suéltame! –gritó con coraje.

– ¿A dónde vas?...Sakura –le arrebató la maleta y la regresó a su lugar.

– ¡Dame mis cosas Sasuke! –él le impedía llegar al armario y tomar nuevamente su equipaje.

– ¿A dónde vas? –repitió afectado, no esperaba que ella quisiera abandonarlo, ¿Por qué?, ¿no había jurado que lo amaba?– este es tu hogar…

–Has dejado claras tus prioridades, no quieres ser padre, así que no voy a obligarte a que lo seas. Pero no voy a permitir que me prives a mí de ser madre, ¡jamás haré algo como lo que tú tan cobardemente has sugerido!. Me voy con Ino, ella me apoyará…es mi amiga y me quiere, tal vez nuestros trabajos sean una basura, pero te aseguro que ella me recibirá con los brazos abiertos, ahí mi bebé y yo estaremos bien –no pudo seguir hablando porque sus sollozos se volvieron incontenibles–, ¡quítate de mi camino!– cayó de rodillas al suelo cuando perdió las fuerzas, aquello era una pesadilla.

–No quiero que te vayas…yo… –la levantó rápidamente del piso y la sujetó con fuerza, ella se resistía golpeándolo en el pecho, pero no la soltó, continuó sosteniéndola hasta que se rindió y lo abrazó.

Nunca la había visto así de desolada, era claro que con su reacción la lastimó inmensamente. La cargó llevándola a la cama y se recostó junto a ella, lucía tan indefensa, su fragilidad lo conmovió profundamente. Ella estaba embarazada de su hijo, Sakura le daría un bebé y él lo arruinaba con su maldita estupidez, en el momento que las palabras salieron de su boca, fue consciente de su error. Reconoció que jamás debió decir aquello, pero el miedo lo empujó a hablar sin pensar.

Enterró el rostro en su pecho, él le acariciaba tiernamente la cabeza y besaba su frente, limpiaba cada una de sus lágrimas, lo amaba, no quería separarse de él, pero tampoco podría quedarse a su lado si la condición era deshacerse de su hijo.

–Déjame ir –pidió en un susurro, él se tensó y la apretó más a su cuerpo.

–Yo…reaccioné mal Sakura, la noticia me ha tomado por sorpresa, no quiero perderte –confesó acomodando la cara en su cuello.

Si existía una mujer con la que quisiera pasar el resto de sus días y formar una familia, esa era Sakura. La amaba, por eso la convenció de mudarse a su lado, no concebía la posibilidad de que ella se fuera y no volverla a ver jamás.

–Dime la verdad Sasuke… –lo miró a los ojos, si se atrevía a mentirle, se iría para siempre sin mirar atrás– ¿quieres este hijo? –esperaba con angustia la respuesta.

–Si –contestó con seguridad–, me ha tomado un segundo arrepentirme de mi reacción Sakura, no me abandones, estaremos bien, te lo prometo –colocó su mano en el vientre de ella.

Su sinceridad fue un bálsamo reconfortante, apreció que él se abriera de aquella forma, Sasuke no era muy romántico o desenvuelto, todo lo contrario, su torpeza emocional hacía que a ella le costara trabajo comprenderlo, pero en esta ocasión él se esforzaba por dejarle claro lo que quería. Lo abrazó aliviada, no podía condenarlo por haberse dejado invadir por el miedo, ella misma continuaba confundida y aterrada.

–Te creo Sasuke…te amo –permitió que él se aproximara a su rostro y la besara con devoción.

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–Dime la verdad Ino, eres mi mejor amiga así que no defraudes mi confianza –amenazó muy seria–, ¿me veo…me veo muy gorda? –preguntó llena de inseguridad.

–Ay Sakura, te ves hermosa –la animó rápidamente la rubia.

– ¡Mientes!, te advertí que me dijeras la verdad cerda. ¿Cómo puedo verme hermosa si ni siquiera me cierra el traje?, mira estos botones, están a punto de salir volando y dejar tuerto a alguien –señaló su uniforme, desde el escote hasta el vientre, la tela se estiraba sobre su figura haciendo evidente que apenas le quedaba.

–Es normal, estas embarazada de cuatro meses y sigues usando el mismo uniforme que cuando eras talla cinco, no seas exagerada frentona. Además, tu pancita es muy tierna –sonrió sincera.

–Yo no lo creo, estoy gorda y fea, esa es la verdad –su voz se rompió.

–Ah no, no de nuevo frentona, sé que las hormonas son unas perras, pero basta ya de llorar –la cogió de las manos apretándoselas fuerte para brindarle consuelo.

Quería salvar a su amiga de otra escena vergonzosa, se encontraban tranquilas comiendo en la cafetería del hospital, Sakura no podía soltarse llorando frente a la mitad del personal.

–Lo siento. Pero te aseguro que no son las hormonas, tengo espejos en casa, ¿sabes? –aportó desanimada–. Por si no fuera suficiente, Sasuke hace meses que no me toca –resopló tristemente.

– ¿En serio?, diablos, eso sí es grave, pero si antes no te quitaba las manos de encima. Aunque, no deberías tomártelo tan seriamente, puede ser que se preocupe por tu salud…

–Yo le expliqué que no habría problema, que podíamos continuar perfectamente con nuestra vida sexual, pero parece no interesarle. Creo que…no le gusta verme así de ancha –agachó la cabeza

–Tal vez no quedó muy convencido con tu explicación. No digas eso, él te puso así, no te ensanchaste por obra de Kamisama, es absurdo que te envenenes con esas ideas absurdas. ¿Por qué no lo intentas de nuevo esta noche?, ponte el mejor de tus vestidos, uno que muestre lo grandes y jugosos que están tus pechos –rió perversa–, le dices que lo necesitas y que no hay peligro de daño para el feto, después te le abalanzas y lo haces tuyo salvajemente –completó con entusiasmo.

–Cerda…estás loca –informó controlando la sonrisa.

–Es una excelente idea, llévala a cabo y mañana te veré llegar con una cara de arrogante satisfacción, eso será mejor que seguir soportando esas feas expresiones de amargada que tienes en este momento –bromeó logrando que Sakura se ilusionara un poco.

–Mn…bien, lo intentaré, pero si las cosas no salen según el plan, tendrás que consolarme por el resto de tus días.

–Sabes que para eso estoy…

–Gracias Ino, por estar siempre para mí.

–Ah ah, nada de cursilerías –se puso de pie motivada–, vayamos a adelantar nuestro papeleo, no quiero que nada te retenga aquí después de tu hora de salida –la ayudó a levantarse.

–Y que lo digas, estoy ansiosa por salir de aquí y seducir nuevamente a Sasuke-kun.

Llegó al departamento casi al anochecer, desde que supo que Sakura estaba embarazada, trabajaba el doble. La constructora que había fundado con uno de sus mejores amigos, tenía días buenos y malos, no podía confiarse y dejar a la suerte su estabilidad financiera, no ahora. Se dejó caer sin cuidado en el sofá, desde ahí pudo escuchar la ducha, Sakura estaría dándose un buen baño, mejor, tendría tiempo de desligarse de las cuestiones laborales antes de saludarla.

–Hola Sasuke-kun, ¿Qué tal el día en el trabajo? –la escuchó minutos después. Permanecía muy cerca de su oído, abrió los parpados al sentir su beso en los labios.

–Hmp, normal –respondió escuetamente, no le gustaba tratar esos asuntos con ella, prefería que no se preocupara por nada más que por el embarazo.

–Bien. Hoy preparé la sopa de tomate que tanto te gusta –comunicó atenta.

Suspiró con cansancio, el agotamiento del extenso día de trabajo le quitaba las fuerzas completamente. Aun así, no quería ser descortés con ella, comería un poco de lo que había preparado y después se iría a dormir, no poseía mucho apetito, pero sería una grosería decírselo a Sakura. La miró por fin detallando su figura, su mirada se quedó fija en su esplendorosa sonrisa, el brillo en sus magnéticos ojos lo cautivaba siempre.

–Te ves muy hermosa –halagó juicioso.

–Me vestí para ti –giró 360 grados para que apreciara lo bien que se le veía aquel vestido verde. Luego se sentó a horcajadas sobre él, enredándole los brazos en el cuello–, ¿de veras te gusta cómo me veo Sasuke-kun? –rozó su nariz con la suya y comenzó a acariciar los mechones rebeldes de su espeso cabello.

–Aja –asintió dirigiendo la vista a su escote.

–Entonces demuéstramelo Sasuke-kun –susurró a centímetros de su cara.

Comenzó a besarlo con una lentitud devastadora, burlando su boca con roces provocativos, acercándose y alejándose antes de que la alcanzara, su traviesa lengua delineándole por encima los delgados labios, él quería comérsela, tomarla de la nuca y poseerla de una vez por todas, tenía meses dominando la pasión que sólo ella despertaba en él.

–Sí, así Sasuke-kun…bésame…hazme tuya –murmuró presionando su cuerpo contra el suyo.

Su abultado estómago se presionó contra su abdomen, fue como un balde de agua fría que terminó con su fiebre. La alejó cuidadosamente de él, ayudándola a sentarse a su lado. El rostro de ella mostraba desconcierto.

–No podemos, no quiero dañarte a ti o al bebé –explicó intentando no evidenciar su propia frustración.

No debía arriesgarla a ningún peligro, recordó cómo Naruto –su mejor amigo–, le había recomendado ser muy cuidadoso con Sakura, explicándole que los primeros tres meses eran los más riesgosos, él ya había pasado por eso con el primer embarazo de su esposa, así que lo aconsejó enseguida. La pelirosa ya sobrepasaba los cuatro, pero prefería no arriesgarse, no se perdonaría ser el causante de la pérdida de su hijo.

–Ay Sasuke, ya te expliqué que no hay peligro, si te preocupa ser muy salvaje o muy apasionado, como siempre lo has sido –recalcó sonrojada–, vamos a tomárnoslo con calma, ¿si?. Te aseguro que todo estará bien –sonrió para darle confianza.

–Mejor no Sakura –escogió negarse.

–Pero…Sasuke por favor, te extraño tanto –suplicó nerviosa–. Si quieres, podemos ir a hablar con mi ginecólogo, el doctor Hatake te asegurará que es perfectamente normal tener relaciones en esta etapa del embarazo –propuso esperanzada.

–Entiende Sakura –acarició su mejilla cautelosamente, como si ella fuera de cristal y temiera fracturar la tersa superficie–, no los expondré, sobre eso no hay discusión.

–No será más bien que ya no me deseas, que no te provoca ni un poquito el tocarme –supuso herida.

–Sakura…lo que dices es una tontería –apretó los dientes ofendido, si ella supiera las ganas que tenía de saltarle encima en ese momento, se asustaría.

–Mírame, estoy gorda, me he puesto fea, ya no te atraigo, por eso inventas esos estúpidos pretextos –apartó su mano que todavía le acariciaba el rostro y se puso de pie con los ojos empañados–, te he dicho hasta el cansancio que todo va a estar bien, pero es claro que a ti no te intereso en estas circunstancias –apretó su vientre defensivamente.

–Eso no es cierto –se irguió también.

– ¡Entonces tócame, hagamos el amor como antes! –pidió esperanzada.

–Cuando el bebé nazca…

– ¡Cuando el bebé nazca ya no me interesara que me toques!, esta fue la última vez que te rogué Sasuke, no pienso volver a exponerme a tus rechazos –su voz se perdió en sollozos.

–Sakura… –trató de tomar sus manos.

– ¡Déjame, quiero estar sola! –se apartó dolida y corrió a la habitación.

Escuchó la puerta cerrarse de un portazo, quería correr tras ella, pero Sakura no le permitiría acercarse. ¿Por qué no lo entendía?, si tan sólo ella pudiera comprender y compartir sus miedos. Se dejó caer nuevamente en el sofá, esa noche tendría que pasarla allí. Se pasó las manos por el cabello queriendo arrancárselo, la privación sexual, la presión del trabajo y sus peleas con Sakura, terminarían por destruirlo, exhaló derrotado.

–Aunque todo esto valdrá la pena por ti –pensó en su hijo.

Sí, cuando su primogénito naciera, todo regresaría a su cauce, y Sakura y él, volverían a ser tan felices como antes, incluso más con el nuevo miembro de la familia, se consoló optimista.

Listo, ya estaba, Sasuke no la deseaba más. Habría querido creerle, pero su renuencia a tener relaciones con ella no tenía fundamentos, ella se los había refutado una y mil veces y él seguía en lo mismo. Se acomodó en la cama y dejó que las silenciosas lágrimas cayeran libremente. No mintió al advertirle que no le rogaría más, él tomó su decisión, así que ella tomaría la suya.

Por ahora no podría irse, Ino tenía la visita de su padre en casa y no la incomodaría. Continuaría en el departamento con Sasuke, era su derecho como madre del bebé que ambos esperaban, si a él le desagradaba su nueva figura, pues ese sería su problema. Ella solamente pensaría en el bienestar de su hijo.

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Regresó del hospital después de la hora acostumbrada, el equipo de enfermeras había querido organizarle una pequeña celebración por su próximo alumbramiento. Entró al departamento cargada con las bolsas de regalos que sus amigas le llevaron con ropa y accesorios para el bebé. Apenas cerrar la puerta escuchó la voz preocupada de Sasuke.

– ¿Dónde estabas?, estas no son horas de andar en la calle y mucho menos en ese estado –señaló cruzado de brazos, su expresión era de enfado mal contenido, lo vio alzar la ceja cuando ella acomodó los paquetes en la mesita de centro.

–Mis compañeras de la clínica me hicieron una especie de fiesta, no podía simplemente darme la vuelta y correr a la casa porque mi hora de llegada ya había pasado, no soy cenicienta Sasuke. Además, sé cuidarme sola –recalcó cansada.

Él continuaba con la misma actitud estúpida de no tocarla, al menos no cómo ella quería. Reconocía que se desvivía en atenciones, siempre le masajeaba los pies aunque ella no se lo pidiera, le acariciaba el vientre mínimo cinco veces al día, la besaba amorosamente, pero siempre conteniéndose de profundizar más sus acciones. Varias ocasiones hubiese querido mandarlo al demonio cuando le decía que ya faltaba poco para retomar su relación dónde la habían dejado, pero su sonrisa encantadora y la ternura con la que la miraba hacían que se dominara.

–Hmp, había esperado este día desde hace mucho, odio que en tu estado sigas trabajando. Por lo menos ahora te dedicarás únicamente a cuidarte a ti y al bebé –se acercó más relajado.

–Bueno…mn, sobre eso –él se agachó quedando a la altura de su estómago y colocó un beso en la cima.

– ¿Qué pasa? –se levantó y la abrazó para retenerla en su lugar.

–Pues…le pedí a la doctora Tsunade que no me diera la baja todavía, Sasuke no te molestes si, lo que pasa es que no quiero pasarme todo el día aquí y aburrirme por no tener nada qué hacer –se adelantó a la reprimenda.

–Tienes muchas cosas qué hacer, puedes continuar con la ropa que le tejes al bebé, con la decoración de la recamara…ya te ingeniarás algo, pero seguir trabajando cuando estas a punto de parir, no es una opción Sakura. He cedido en todos tus caprichos pero ya no más, esta vez no me llevarás la contraria –sentenció dándose la vuelta–. Ahora, vamos a cenar.

–No es justo, no tienes derecho a prohibirme trabajar –atacó indignada.

– ¿Qué no tengo derecho? –cuestionó incrédulo–, soy el padre del bebé, por supuesto que tengo derecho a intervenir en tus decisiones cuando creo que estas actuando mal. ¿Qué pasó hace una semana? –le recordó con el cuerpo tenso.

–Me desmayé –respondió a regañadientes.

–A estas alturas, ya no deberías sufrir síntomas cómo ese, sin embargo, ahí estabas tú, la gran enfermera, sobrecargándote de trabajo sólo para tener algo qué hacer, exponiéndote a ti y a mi hijo –recalcó furioso–, al estrés y al agotamiento. Basta Sakura, sé que me guardas rencor por no tocarte como ambos queremos, pero no voy a permitir que tu resentimiento arrastre al bebé.

Sakura se estremeció, reconoció que había sido obstinada la mayoría de las veces, pero no creía que trabajar estuviese dañando al bebé, su hijo era su prioridad, y estaba claro que también la de Sasuke. Se planteó ver las cosas desde la perspectiva de su pareja, era excesiva la manera en la que se preocupaba por ellos, pero interiormente lo agradeció, era obvio que los amaba.

Asintió vencida, no tenía caso seguir discutiendo cuando Sasuke se llevaba la razón. Él suspiró aliviado y se aproximó nuevamente a ella. La besó en los labios delicadamente y permaneció abrazándola un buen rato.

– ¿Tienes hambre? –le preguntó al separarse.

–No, me di un buen festín con la comida que las chicas compraron, hasta traje un poco para ti –punteó una de las bolsas.

–Hn, lo comeré más tarde, ven –la tomó de la mano dirigiéndola a la recamara.

La ayudó a desvestirse, acariciando las curvas y los lugares más recónditos de su cuerpo, él parecía disfrutarlo tanto cómo ella. Estaba claro que no le desagradaba verla así de amplia, sus ojos resplandecían con un ardor que la hacía sentirse anhelada.

Se durmieron hasta muy tarde, literalmente no habían tenido relaciones sexuales, pero habían hecho el amor de una manera que no asemejaba para nada a la convencional. Con cada caricia cargada de erotismo, cada palabra impregnada de sensualidad, cada mirada llena de pasión y cada beso dado con el alma.

–Te amo –lo escuchó suspirar a su espalda, sus manos firmemente afianzadas en su vientre, sintiendo los golpecitos que el bebé daba de repente–, los amo –su aliento escurriéndose a través de su cabello, la arrulló hasta que se quedó dormida.

Respiró con culpabilidad, se suponía que su control era mejor que eso, tantos meses peleando contra su libido para terminar perdiendo a unas semanas del nacimiento del bebé, era un aprovechado. Pero admitía que disfrutó de uno de los mejores momentos de su vida, su toque fue tan superficial, que no creía haber dañado a su hijo, aun así, jamás se había sentido tan unido a Sakura, es como si hubieran alcanzado un nivel de conexión más allá del plano físico.

Se repitió mentalmente que de ahora en adelante tendría más cuidado, ella ya no estaría insegura ni se sentiría rechazada, logró demostrarle todo lo que ocasionaba en él, así que sin duda, ya no tendrían problemas por seguir esperando hasta que naciera el bebé.

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–Qué bueno que te convencí de acompañarme a mi día mensual de compras. Necesitaba un respiro del ambiente del hospital, últimamente me han quitado mi descanso, ¿puedes creer eso?. Menos mal que tú ya no tienes que aparecerte por ahí, con esa nueva epidemia de gripe, hay muchos pacientes –platicó Ino quitada de la pena.

Sakura apenas podía moverse, le faltaban escasas dos semanas para dar a luz, pero su vientre no podría estar más grande. En su último chequeo el doctor le había informado que todo marchaba perfectamente, que su hijo tenía el tamaño correcto y que sus latidos eran fuertes. Ella únicamente debía concentrarse en relajarse y esperar a que la naturaleza siguiera su curso.

–Entonces es una buena noticia que yo esté en casa y no exponiéndome al virus. Oye Ino, podemos parar un poco, estoy algo agotada –pidió agitada.

–Soy una desconsiderada, mi sobrino debe estar acabando con tu energía. Serás un niño muy grande y muy hermoso cuando salgas de ahí –se dirigió a la barriga de su amiga–. Ven, vayamos al área de comidas a bebernos algo refrescante –sugirió amable–, ¿y ya escogieron el nombre que llevará?

–Mn, he pensado algunos desde que el doctor Sarutobi me dijo que sería niño, pero no los he discutido con Sasuke –mencionó caminando cada vez más despacio.

– ¿Qué tu doctor no era el mangazo de Hatake? –hizo un puchero.

–Sí, él es mi médico, pero ese día el doctor Hiruzen lo estaba cubriendo.

–Ya veo, ¿y cuál fue la impresión de Sasuke?, ¿le gustó que estén esperando un varón?

–Él se emocionó a su modo, dijo que lo que importaba es que estuviera sano, sé que de haber sido niña, la habría querido igual –sonrió convencida.

–Pues es una gran noticia, me apresuraré a embarazarme también, así el tuyo tendrá un compañerito de juegos –rió animada.

–Falta que encuentres con quién. ¿Sigues saliendo con aquel detective de la policía? –preguntó interesada.

–Sí, Sai y yo hemos avanzado mucho en la relación, creo que este es el definitivo Sakura –aseguró entusiasmada–. Es más, debería empezar a buscar mi anillo de compromiso –se detuvo en el aparador de una elegante joyería por la que pasaban–, uy, mira ese, el rubí se vería provocativo en mi dedo –señaló concentrada en las sortijas.

–Ino la llamati-… –su cuerpo se volvió roca cuando echó un vistazo dentro del local, en el mostrador una pareja era atendida. El hombre se probaba un costoso y fino reloj, mientras la mujer lo detallaba con gesto aprobatorio–…Ino –llamó a la rubia con voz temblorosa– por favor…dime que mi vista está fallando y, que aquel hombre que le sonríe encantado de la vida a esa pelinegra, no es Sasuke –sus ojos comenzaron a empañarse.

Por supuesto que era Sasuke, el peinado, el traje con el que había salido a trabajar aquella mañana. Él le pasó un collar precioso a la mujer y ella lo aprobó encantada, sosteniéndolo entre sus manos y asintiendo para que seguro se lo comprara. No escuchó las palabras de la rubia cuando intentó detenerla, se dirigió directamente hacia el par de sinvergüenzas que tenía enfrente.

– ¡Cretino! –gritó llegando hasta ellos. Sasuke se giró y la miró estupefacto–, ¿con qué no me tocabas por el bien del bebé verdad?, ¡maldito traidor mentiroso!. No querías acercarte a la gorda porque ya tenías otra mujer con quien satisfacer tu lujuria verdad, ¡eres un bastardo! –continuó con el corazón saltándole del pecho, estaba tan dolida.

– ¿Sakura? –cuestionó como en trance, ¿en serio le acababa de llamar traidor?

– ¡Sakura tranquilízate! –Ino se puso a su lado.

– ¡Qué me tranquilice!, míralo Ino, ¡el muy infame no puede acompañarme a las consultas pero no tiene empacho en pasearse con su amante! –sus ojos enfrentándose a los de Sasuke.

–Yo no soy… –comenzó a explicar la bella mujer de ojos grises y cabello largo.

– ¡Tú cállate! –detalló a la delgada y refinada mujer.

–Sakura, estás completamente equivocada. Hinata no es mi amante. Además, sabes que dedo trabajar, tú dijiste que no necesitaba acompañarte a cada chequeo, diablos, ni siquiera sé porque te estoy aclarando esto aquí. Vámonos al departamento, ahí podremos hablar y… –comenzó a caminar hacia ella.

– ¡Yo no voy contigo a ningún lado!. Vete al demonio Sasuke, ya te he aguantado suficiente…

–Si lo dices por…

–No quiero escuchar de nuevo tus estúpidas excusas. Se acabó, terminamos. Debí hacer esto la primera vez que te rehusaste a tocarme, pero ya no más. No quiero volver a verte jamás. ¡Vámonos Ino! –pidió dándose la vuelta.

–Estas equivocada Sakura. ¡Escúchame maldita sea! –se le plantó enfrente antes de que saliera de allí.

–No tienes nada que decirme, al menos nada que quiera oír. ¡Apártate de mi camino Sasuke!

–Deja que se tranquilice, después podrán hablar, si es que hay algo que hablar –propuso Ino.

Asintió derrotado y se hizo a un lado, todos en la joyería los miraban entretenidos, Hinata estaba pálida y avergonzada, las mujeres presentes le dedicaban miradas de desaprobación, claramente creían que era la tercera en discordia.

–Sasuke lo siento. No debí pedirte que me acompañaras a comprar el regalo de mi suegro –se disculpó preocupada–, si quieres, cuando tu novia se calme le aclararé que estoy casada con tu mejor amigo –ofreció cordial.

Agradecía que la esposa de Naruto no se tomara a mal la desagradable escena. Sakura estaba completamente equivocada al atacarlo de aquella manera, ¿Cómo podía pensar siquiera que él tendría una amante?, ¿acaso no le demostraba a diario que la única en su vida era ella?

Hinata le dedicó una sonrisa de apoyo, le pasó el collar que minutos antes él había elegido para la madre de su hijo. Sonrió tristemente, si Sakura supiera que estaba en ese lugar comprándole un presente para cuando el bebé naciera. Aprovechó que la mujer de su amigo le pidió aquel favor, Naruto no estaba para acompañarla, y cómo ella no conocía bien la ciudad, él no pudo negarse.

Pagaron cada quien sus obsequios y salieron de allí. Estaba muy molesto, nunca creyó que Sakura fuese capaz de no confiar en él. ¿Qué más necesitaba hacer para qué ella le creyera?. ¿Acaso su palabra no era suficiente?, ella seguía pensando que le mentía, aquella desconfianza le lastimaba bastante.

–Cuando estaba embarazada también me ponía histérica a veces, todo dentro de una se mezcla, las hormonas, la inseguridad que nos genera el engordar…incluso el trato que nos dan los demás.

–Yo sólo quería que ella y el bebé estuvieran bien. Sakura nunca me creyó que me contenía para no dañarlos.

–Bueno, las personas creen que estar embarazada es sinónimo de enfermedad. Naruto también me trataba como si yo fuera de porcelana, pero la verdad, es que las mujeres somos fuertes Sasuke, soportamos muchas cosas. Tal vez tu miedo fuese justificado para ti, pero no para ella.

–Eso parece –de repente el celular en su bolsillo comenzó a sonar–, es Sakura –evitó la llamada y apagó el aparato.

– ¿No vas a responderle? –preguntó confundida.

–Probablemente quiere seguir gritándome, o llama para advertirme que me deja. Prefiero esperar a que su amiga la calme, si hablamos ahora terminaré por perder la poca paciencia que me queda.

–Oh…bueno.

–Vámonos, necesito regresar al trabajo.

–Sí. Verás que todo se aclarará –intentó animar al abrumado hombre.

...

–Sasuke no responde –informó la rubia con ansiedad.

–Te dije que no lo llamahh… –se dobló en el asiento por el dolor que la aquejaba–, no lo quiero cerca cuando nazca mi hijo… –las lágrimas no le permitían ver con claridad.

–Sakura, también es su hijo, sabes que tiene derecho, no puedes apartarlo de él –Ino conducía a la vez que intentaba comunicarse nuevamente con el pelinegro.

–Si a él le hubiera importado no me habría engañado –debatió mordiéndose el labio, las punzadas en su vientre eran cada vez más fuertes y duraderas.

–No te consta que sea su amante…

–No me toca desde hace mhjm meses…estaban juntos en una joyería cuando se supone que él debería estar trabajando –aspiró profundamente–, ella sostenía un collar entre sus manos, ¿Qué otra cosa quieres que piense?.

–Eso de que no te toca es falso, dijiste que era muy atento, y mencionaste algo de una experiencia extrasensorial que tuvieron hace poco, ¿no es así? –arrojó el celular al tablero, Sasuke había apagado su móvil, pero no se lo diría a Sakura, no quería que se inquietara más.

–Seguro fue por lástima, o para que no lo descubrieraaahhh, ¡Ino date prisa, siento como si me quebraran todos los huesos de la espalda!

Se hallaba aterrada, interiormente rogaba por tener a Sasuke a su lado, pero jamás lo admitiría. Él tenía una amante y eso nunca se lo perdonaría. El dolor de la traición y el miedo por el inminente nacimiento de su bebé la sobrepasaban, quería cerrar los ojos y dejarse vencer, no saber más de nada, un movimiento en su vientre la hizo recuperar fuerzas, debía luchar, por su hijo necesitaba ser valiente.

–Ya estamos aquí –la consoló y bajó corriendo.

Algunos de sus compañeros las reconocieron enseguida, en cuanto Ino se dio cuenta que le daban asistencia a su amiga, tomó su celular y llamó a Sai, necesitaba pedirle un favor.

–Sasuke –el rostro de Suigetsu estaba serio por primera vez en su vida–, ¿Dónde diablos te metiste?, medio mundo está tratando de localizarte.

– ¿Por qué, pasa algo? –distinguió a un hombre desconocido a la espalda de su amigo.

–Él es el detective Sai Hirazawa, tiene casi una hora esperándote –informó apresurado.

– ¿Detective? –arqueó la ceja, no creía haber cometido algún delito. El sujeto era extraño, no mostraba expresión alguna que delatara sus propósitos.

–Soy novio de Ino, ella me llamó angustiada pidiendo que lo buscara aquí y lo llevara al hospital cuanto antes –le dirigió una severa mirada.

Ino y hospital le dieron la pauta para saber qué estaba sucediendo.

– ¡Sakura! –el corazón casi se le detuvo.

–Entró en labor de parto –confirmó formal.

Se dio la vuelta sin decir más, corrió al estacionamiento siendo alcanzado por Sai. El detective le quitó las llaves de las temblorosas palmas y le ordenó que se montara en el asiento del copiloto. No protestó, no perdería más tiempo del que ya había desperdiciado.

–Ino intentó contactarlo, pero dice que su teléfono la manda directo al buzón.

–Lo apagué…pensé que…no sé qué diablos pensé –dio un golpe a la guantera.

Nuevamente la culpa lo carcomía, era un desconsiderado. Rogaba porque Sakura y el bebé no corrieran ningún peligro, quería encontrarla todavía embarazada. Era su deber estar junto a ella cuando diera a luz, ser testigo del llanto de su hijo y recibirlo con los brazos abiertos.

El camino le pareció una eternidad, aunque el reloj marcaba que sólo diez minutos habían transcurrido. Bajó del auto sin mediar palabra. Exigió información a la enfermera que estaba tras el mostrador, la eficiente mujer le dio las indicaciones casi al instante. Al llegar al área de maternidad se encontró con Ino, ella se puso de pie acercándose a él.

– ¿Cómo está, ya nació? –su agitada respiración no impidió que demandara respuestas.

–Está…no sé cómo esta –Ino había perdido todo su característico buen humor, las lágrimas le recorrían las mejillas y sus ojos opacos denotaban miedo–. El doctor la revisa en estos momentos, yo no puedo estar ahí, creo que la pongo más nerviosa, pero tal vez tú si, ve a verla Sasuke, ella te necesita ahí aunque diga que no –le señaló el camino.

–Gracias –le pasó la mano por el hombro y se apresuró a la habitación.

– ¡Ahhhggghhh, doctor Kakashi ya no puedo más! –sollozó con voz estrangulada, la cabeza le daba vueltas, el aire escapaba de sus pulmones cada vez que le llegaba otra contracción.

¡Sakura!, imaginó la voz de Sasuke a su lado, lo extrañaba tanto

–Sakura ya estoy aquí –sintió sus manos posarse sobre las suyas.

– ¿Tú…pero…pero qué…ahhhahhgh…qué haces aquí?, te dije que no quería volver a verte –la presión en su pecho disminuyó al verlo junto a ella–. ¡Por tu culpa estoy así! –recriminó alterada.

–Verás que valdrá la pena –se atrevió a besar su frente–. Después te explicaré todo, ahora lo importante es que estén bien. ¿Usted es el doctor de Sakura? –se dirigió al hombre de bata blanca y cubre bocas que revisaba a su mujer.

–Así es, Kakashi Hatake a sus órdenes. Sakura estas casi lista, tenemos que llevarte ya a la sala de parto, quiero cubrir cualquier contingencia que pueda ocurrir –se dirigió a ellos de manera profesional y fiable.

–Sasuke Uchiha, el padre del bebé –se decidió a aclarar–. Puedo ir con ella –pidió temeroso de que le negaran la entrada.

–Enfermera, prepare al señor Uchiha para que reciba a su hijo. Sakura, intenta relajarte, todo acabará pronto –se apartó el cubreboca y le dedicó una amigable sonrisa.

Se dejó caer sobre la camilla y cerró los ojos, estaba aterrada por lo que venía, pero también preparada. Desde que supo que sería madre, se había mentalizado para este día. Sabía que el dolor iba a ser casi insoportable, y el parto podría durar horas. Aunque en estos tiempos los embarazos eran algo sencillo y hasta seguro, nunca habría garantías de nada, "las cosas malas suceden y ya, pero hay que tener fe", razonó evitando angustiarse.

El personal de su hospital no podía ser más dedicado, en menos de cinco minutos ella estaba lista para hacer su parte. El doctor Hatake entró detrás de Sasuke, ambos preparados también.

–Ya falta poco –Sasuke se posicionó a su lado derecho, le extendió una mano enguantada, ella no dudó en tomarla, lo odiaba, pero agradecía tenerlo ahí apoyándola.

Estaba cubierto de pies a cabeza por la ropa esterilizada del hospital, sólo sobresalían sus ojos, la miraba con tanto amor, que comenzó a replantearse si él en verdad la estaba engañando con otra mujer.

–Bien, puja cuando sientas ganas de hacerlo Sakura –indicó Kakashi posicionándose frente a ella, dos enfermeras se acomodaron a cada lado del doctor con el equipo médico–. Eres afortunada para ser primeriza, hay mujeres que tardan más de veinte horas –la confortó sereno.

–Mhjm, eso no me consuela Kakashi –pujó con fuerza apretando los dientes, casi pudo escuchar la mano de Sasuke partirse en dos, "justicia divina", pensó entre el sufrimiento, al menos ahora él podría compartir un poco de su dolor.

–Lo estás haciendo muy bien Sakura, otra vez –animó de nuevo el médico.

Sasuke la escuchó gemir torturada, echó la cabeza hacia atrás gritando y haciendo un esfuerzo sobrehumano para no dejarse vencer. Retiró el molesto cubreboca de su rostro y apostó un beso en su sien, ella se dejó acariciar por su dulce roce, tomando segundos bríos y pujando otra vez. La mano le hormigueaba, presentía que bajo el guante de látex sus huesos estarían fracturados y su piel seria morada, pero no le importaba, su molestia era mínima a comparación de la de su mujer.

El llanto estridente del recién nacido le quitó el aliento, ni siquiera había escuchado las palabras del doctor cuando informó que ya estaba hecho. Una de las enfermeras lo llamó, pero él no escuchaba más allá de aquel ensordecedor lamento. Se dejó guiar como un autómata, asentía a las indicaciones que le daban para cortar el cordón umbilical, pero sus ojos jamás se despegaron del pequeño recién nacido que se revolvía inquieto.

Al cargarlo por primera vez, supo que ese momento permanecería en su mente por siempre. El bebé se fue quedando quieto, al punto de que sus sollozos cesaron. Sus ojitos eran apenas unas rendijas que se abrían a la luz, "el color de su madre" reconoció con orgullo. Se acercó al lado de Sakura, ella mantenía los brazos abiertos, esperando ansiosa. Le acomodó al niño con sumo cuidado, sintiendo enseguida el vacío que quedó entre sus manos.

–Es perfecto, ¿verdad Sasuke-kun? –la sonrisa, las lágrimas, el dolor y el alivio, la expresión de Sakura era contradictoria en todos los sentidos.

Sentir aquel pedacito de calidez en sus brazos la hizo dichosa, era la viva imagen tanto de ella como de Sasuke, la máxima representación del amor que existía entre ambos.

–Así es…perfecto. Te amo Sakura –la besó en los labios, desesperado por que aquella unión durara para toda la vida.

–Y yo te amo a ti Sasuke… –se separó centímetros de él.

–Perdona por llegar tarde, Sakura…yo jamás te he engañado, Hinata es la esposa de Naruto, mi mejor amigo, ¿recuerdas que te hablé de él? –susurró cerca de su rostro.

Escarbó entre las cosas que Sasuke le comentó sobre su vida. La buena relación que poseía con su hermano y su madre que vivían cerca del campo, los pocos amigos con los que contaba y las vidas que llevaban cada uno de ellos.

–Sí. Pero… ¿Por qué estabas con ella? –se rehusó a apartar la mirada, leyendo en sus ojos la verdad que reflejaban.

–Naruto y Hinata viven en Osaka, sólo vendrían para el cumpleaños del padre de mi amigo –acarició su frente y después su mejilla–. Él tuvo que quedarse unos días más allí, así que ella se adelantó para ayudar con los preparativos a la madre de Naruto. Hinata no conoce bien la ciudad, además creyó que tendría mejor gusto, así que me pidió que la acompañara a comprar el regalo de su suegro. El reloj que me estaba probando…

–No era para ti –murmuró poniéndose colorada, había hecho el ridículo con aquel arranque de celos, lo peor sin duda, fueron las cosas hirientes que le gritó al ahora padre de su hijo–. Sasuke yo…

–Shh…no pasa nada –sonrió liberado, ella le creía–. No negaré que me dolió tu desconfianza, pero yo también tuve la culpa al no avisarte, incluso al insistir en contenerme tanto.

–Estabas muy preocupado ¿verdad?

–Aterrado de que algo le sucediera –desvió la vista al bebé que los contemplaba quieto.

–Ya no tendrás que sentirte así. Sólo, una cosa más –recordó el asunto del collar–, ¿Por qué ella aprobaba el collar que pusiste en sus manos?

–Le pregunté si sería el obsequio adecuado para una mujer que acababa de convertirse en madre –buscó en el bolso de su pantalón y sacó un estuche de terciopelo negro.

–Ay Sasuke-kun –suspiró emocionada.

–Felicidades Sakura, y…gracias por el regalo que acabas de darme –los abrazó a ambos.

– ¿Qué pasa Sasuke-kun? –preguntó curiosa, el pelinegro la miraba fijamente mientras alimentaba al bebé.

–Parece no tener suficiente, hace apenas tres horas que acaba de comer y se pega a ti como si su vida dependiera de ello. Aunque, en eso se parece a mí –sonrió de lado.

– ¡Sasuke! –regañó sonrojada–, es normal, los bebés deben comer seguido, bostezó profundamente.

– ¿Estas acabada cierto?, duérmete, yo estaré aquí cuando despiertes.

–Lo sé. Ino dice que nuestro hijo es muy hermoso –acarició los indomables mechones negros del pequeño–, que quiere tener una hija para que los comprometamos –rió al recordar las ocurrencias de su amiga.

–Hn, no debí dejarla al pendiente de ti –se sentó en la silla que estaba al lado de la camilla.

–Por cierto, ¿Por qué tardaste tanto?, sólo ibas por mi maleta.

–Quería dejar todo listo para cuando te den el alta… –desvió el rostro avergonzado.

–Ohh, eres tan atento. Kakashi dijo que mañana por la mañana podemos irnos.

–Sobre eso…no me comentaste que tu doctor era así de joven, pensé que el viejo que nos dijo el sexo del bebé era tu médico –la fulminó con sus preciosos ojos negros.

– ¿Sarutobi?, él estaba cubriendo a Kakashi –contuvo la risa, los celos de Sasuke la divertían.

–Hmp, no me gusta que él sea tu ginecólogo –apretó los labios con aprensión.

– ¿Por qué? –se hizo la desentendida–, él es muy competente, ya lo viste actuar, Kakashi cuenta con toda mi confianza.

–No me gusta que alguien como él te vea medio desnuda –se subió a la camilla cuidando no aplastarlos.

–Exageras…él es el mejor en su campo –se mordió el labio provocativamente, Sasuke tenía una mirada apasionada.

–Bien, entonces de ahora en adelante te acompañaré a cada cita médica, debemos cuidar lo que es nuestro, ¿cierto Jin? –apretó la manita del bebé.

– ¿Escogiste nombre para nuestro hijo? –preguntó enternecida.

–Es una sugerencia, si tú tienes uno en mente…

– ¡Jin es perfecto, me gusta, me encanta que lo hayas pensado! –besó su mejilla, él estaba muy cerca de su rostro.

–Sakura…quiero que nos casemos –soltó muy seguro de sí.

Se quedó con la boca abierta, por supuesto que ella esperaba pasar toda la vida a su lado, pero no imaginó que él quisiera proponerle matrimonio, Sasuke era un hombre de principios sólidos, pero no por eso hacía cosas que no quisiera. Supo enseguida que si le proponía boda, es porque al igual que ella, estaba irremediable e indudablemente enamorado.

–Yo también –rió al verlo suspirar aliviado.

–En cuanto puedas, iremos a comprar el anillo, quiero que lo escojas a tu gusto –propuso caballeroso.

–Eso no importa, además, que mejor compromiso que este –levantó al pequeño que seguía muy despierto.

–Cierto, Jin es la mejor muestra de que estaremos unidos para siempre.

Sakura le pasó al bebé y después se recargó en su pecho, confiada de que Sasuke velaría su sueño y el de Jin.

–Sakura…

–Mn –contesto sin abrir los ojos.

–Estos meses de celibato han sido una agonía…

–Para mí también Sasuke-kun…

–Aun así…volvería a hacerlo si este es el resultado –besó la frente de Jin.

–Yo también Sasuke-kun, yo también…

Se quedó dormida, anhelando lo que le aguardaba para el resto de sus días.

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Ufff, he leído fics con menos palabras que este shot.

Buenas!, medio año después, aquí vengo. Algo atrasada con las peticiones, pero no me he olvidado de mi compromiso. Tengo todas sus sugerencias juntas, listas para cuando me llegue la inspiración y el tiempo. Aunque debo confesarles que las que son del Universo ninja se me dificultan bastante, como que ese es territorio de Kishi y nunca me ha gustado meterme en el, por eso todos mis fics son AU, pero haré mi mejor esfuerzo.

Aquí varíe un poco lo que me pedías Lxdy, no quise meterle más complicaciones al nacimiento porque si no en serio que tendría que haber convertido en long fic este shot, aun así espero que te haya gustado =), porque lo hice con mucho cariño.

Gracias por el apoyo. Les mando mis mejores deseos, un abrazo bien fuerte, y los/las que quieran pueden dejar su opinión, o su sugerencia, no la tendrán al instante pero créanme que la realizaré. Me dio gusto saludarlos, cuídense mucho, nos leemos espero que pronto!