Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Narración y diálogos pertenecen a mi autoría.
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Cuarto one de la serie Complacencias.
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Clasificación: T
Pareja: SasuSaku
Categoría: Romance
Asuna-dono: "Haz uno donde Sasuke es un hombre de clase media en el siglo XIX que está cegado por la ambición y el poder, quiere tener prestigio y fortuna, y Sakura es una lady de buena posición y heredera de una fábrica de sombreros. Sasuke como caza-recompensas da con Sakura, y con su atractivo físico y técnicas en seducción quiere casarse con ella y que ella así le brinde todo lo que desea, y lo que empieza como un juego de seducción y engaño para engatusarla, se vuelve el martirio de Sasuke al enamorarse de ella. Ahí puedes meterle otras cosas para que sea más original, ya que en sí la historia se escucha muy cliché, jajaja es sólo que la época victoriana siempre me ha encantado y confío en tu creatividad para volverla algo más interesante ;). Saludos y felicitaciones por tu trabajo, y está bien si no la escribes, estoy ansiosa por leer otra de tus complacencias :D".
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"La mejor riqueza"
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–Así que…Sakura Haruno –leía la información recabada por su socio y amigo, Naruto Uzumaki.
–Justo como la pediste, no es vieja, pero tampoco absurdamente joven, por lo que te resultará bastante fácil atraerla hacia tus redes. Hace poco se quedó huérfana de padre, este le heredó una cuantiosa fortuna, además del negocio familiar, el cual es bastante lucrativo. No cuenta con hermanos, o familiares cercanos que puedan obstaculizarnos –señaló sentándose en el duro sillón floreado.
–Hmp –asintió caminando lentamente por todo el salón.
Sakura Haruno, rica heredera. Veintiún años de edad, delgada, ojos verde jade, cabello largo y rosado, piel blanca, estatura un metro sesenta y cinco, aproximadamente.
– ¿Qué fue de la madre? –cuestionó dejando de leer para mirar directamente a su compinche.
–Murió en el alumbramiento de Sakura –respondió con las manos detrás de la cabeza.
– ¿La información es fiable?
–¿Con quién crees que tratas Sasuke?. Hice la investigación yo mismo. La seguí a todas partes, además, pagué una módica cantidad a unos informantes muy buenos.
– ¿Los criados? –supuso con el ceño fruncido–, te he dicho que no sobornes a los empleados domésticos, podrían delatarnos, imbécil.
–No estos, ella acababa de echarlos, al parecer no eran de su total confianza, estaban tan resentidos, que ni siquiera notaron que los estaba utilizando. Les dije que ella tal vez era una prima perdida mía, y que necesitaba información antes de acercármele para comprobar si tenía razón o no de mis sospechas. Lo creyeron todo, más cuando les agradecí con unas cuantas monedas –sonrió ladinamente.
–Bien –se tranquilizó.
Naruto sabía cómo hacer su trabajo, no por nada tenían años en el negocio de la estafa de mujeres solteras y ricas, sin consecuencias negativas para ellos hasta ahora.
–Debo confesarte que me da envidia que seas tú el que irá por ella, Sakura Haruno es hermosa, me hubiera encantado que esta vez fuera mi turno de seducir –sus labios se fruncieron con decepción.
–Si es tan hermosa, ¿Por qué sigue soltera? –arqueó la ceja con suspicacia–, a su edad, ya debería de haber parido por lo menos dos hijos –indicó releyendo las hojas, intentando encontrarle el pero, a aquella supuesta hermosa señorita.
–Bueno, dicen que se carga un genio de los mil demonios, pero nada que no puedas dominar. Así mismo, corren rumores de que su padre nunca creyó digno a ninguno de los pretendientes que la asediaban, y con justa razón, tenemos suerte de que el señor Haruno ya esté muerto –apuntó dando un suspiro.
–Una gatita salvaje, ¡qué bien! –soltó con sarcasmo.
No le apetecía domar a una chiquilla mimada y malcriada, sin embargo, agradeció que por lo menos fuese atractiva. No sería la primera vez que sedujera a una mujer fea, en eso consistía su trabajo, en hacerlas caer y aprovecharse de su fortuna, el hecho de que le gustaran, era un bono extra que no muchas veces conseguía. Recordó con aprensión a su última benefactora, Tsunade Senju, una viuda con complejo de adolescente, la rubia mujer no estaba tan mal, sin embargo sobrepasaba los cincuenta años de edad, hubiese podido ser su madre, sintió escalofríos sólo de pensarlo.
– ¿A qué estás pensando en Tsunade? –le picó con humor su amigo.
–Hmp –lo fulminó con la mirada.
–No te molestes, de no ser por ella, y por mi fallecida esposa, Kamisama la tenga en su gloria –se llevó la mano al pecho y miró al techo– Chiyo Akasuna, no hubiéramos podido llegar hasta aquí, al menos no con el dinero que te permitirá acercarte a lady Haruno.
–Ya lo sé, no pienses ni por un segundo que me arrepiento –aceptó cínicamente.
Tsunade no había querido casarse con él, ya que según ella, todavía amaba inmensamente a su fallecido esposo. Mas sin embargo, eso no fue obstáculo para disfrutar de su grandiosa fortuna, misma que se había casi evaporado gracias a sus excesos y, al mal hábito de apostar de la rubia. En cierta forma, durante el tiempo que duraron juntos, logró tenerle un cariño especial, por supuesto que jamás la amó, pero era una mujer agradable y fuerte que supo vivir la vida. Para su mala suerte, aquel negocio ya era parte del pasado, Tsunade ahora estaba junto a su fallecido esposo, y él, simplemente con un poco de dinero que había conseguido guardar para sus emergencias.
Naruto era un cuento similar, solo que el rubio si tuvo la desgracia de casarse con su antigua víctima. La octogenaria Chiyo Akasuna no era muy rica, pero contaba con algunas propiedades que fácilmente Naruto vendió tras su muerte. Con ese dinero y con el que él mantenía ahorrado, le sería muy fácil hacerse pasar por un caballero solvente y de buena cuna, todo lo contrario a su realidad.
Konoha no era muy grande, aunque por supuesto que a comparación de los pueblos en los que él y su amigo habían hecho sus negocios, era una ciudad entretenida y muy bella. Hacía pocas horas que había llegado, pero sabía que no tenían tiempo que perder, no si querían seguir contando con su lujoso y desenfadado estilo de vida.
–Por lo que describes aquí de su rutina, ella sale todas las mañanas a caminar con su dama de compañía, creo que esa sería la ocasión perfecta para un "encuentro casual", ¿no te parece? –preguntó dejándose caer en el sillón que quedaba frente a su amigo.
–Así es, yo pensé lo mismo. Deberíamos de darnos una vuelta también, aunque sea sólo para que te vea y despiertes su interés y curiosidad, no es bueno que le reveles tanto de ti, como ya te dije, no es una mujer fácil de conquistar –señaló sagaz.
–Hmp, eso es porque no se ha topado con un hombre como yo. Naruto, si quisiera, Sakura Haruno caería rendida a mis pies con una sola mirada –se ufanó soberbio.
–No estés tan seguro Sasuke, en este proyecto no hay que correr riesgos. Ya te dije, únicamente hay que hacer que te vea. Dentro de dos días hay un baile, la presentación en sociedad de una señorita, una tal Hanabi Hyuga, ya logré colarnos ahí, esa será tu prueba de fuego, ya que lady Haruno estará ahí también.
– ¿Para qué esperar? –sonrió con suficiencia.
–Porque es una dama difícil a la que tienes que conquistar, no a una mujerzuela de taberna. Enredarla en tus redes tomará tiempo y dedicación, no simplemente sonrisas torcidas y miradas lujuriosas. Escucha mi consejo Sasuke, tengo días observándola, créeme cuando te digo que es mejor ir poco a poco –simplificó sin perder la calma.
–Hmp.
–Bien, mañana por la mañana conocerás a tu futura esposa, Sakura Haruno, y más te vale dejarle una buena impresión, de lo contrario, estaremos arruinados –sentenció seriamente.
...
– ¿Cómo amaneciste? –preguntó su nana descorriendo las pesadas cortinas de terciopelo dorado.
Sonrió animada cuando la luz del nuevo día bañó su rostro. Shizune se acercó a su lado, ayudándola a salir de la cama.
–Mn, ¿te he dicho que adoro la manera en la que me despiertas? –cogió la taza de chocolate que segundos antes su nana, y ahora dama de compañía, le había traído.
–Esa es la idea, por eso lo sigo haciendo –sonrió la mujer de cabello negro y ojos oscuros, mientras la ayudaba a colocarse su bata–. Nada como tu sonrisa para mantenerme feliz a mí también.
–Entonces espero que nada arruine mi buen humor. ¿Las doncellas tienen listo mi baño?, me encantaría tomar mi paseo más temprano, pasé una noche muy fastidiosa, necesito relajarme con mi caminata –explicó, dejando vacía la pequeña taza, anhelando otro sorbo de la espesa y dulzona bebida.
– ¿Tuviste algún mal sueño? –cuestionó preocupada.
–No, simplemente no pude descansar adecuadamente. Me mantuve revolviéndome en la cama, tal vez me estoy volviendo más inquieta con la edad –argumentó restando importancia al asunto.
Interiormente recordó su noche de pesadilla. Ciertamente no había soñado nada, ni siquiera había tenido oportunidad de dormir bastante como para desarrollar un buen sueño. Únicamente un presentimiento extraño se instaló en su pecho, impidiéndole el descanso que anhelaba, y sumiéndola en una angustiosa noche.
–Hmn. Bueno, ya pasó, hoy es un nuevo día, así que olvídate de eso. Después de tu paseo tenemos que ir con la modista, seguramente ya tiene listo tu vestido para la presentación de Hanabi –le recordó Shizune con una sonrisa de anticipación.
Sakura suspiró silenciosamente, su nana estaba demasiado emocionada por aquel baile. La pobre Shizune, imaginaba que por fin encontraría un buen hombre que la llevara al altar, era innecesario recordarle que ella no necesitaba de un marido. Los hombres solo la perseguían por su fortuna, además de por su belleza rara y exótica, de nada serviría decirle a Shizune, que ella aspiraba a más que eso. Asimismo, para muchos de esos caballeros, ella ya era casi una solterona, se rió discretamente. El futuro que le aguardaba si se casaba, sería el de convertirse en una esposa sumisa y madre de una docena de niños. No. ¿Para qué pensar en cosas tan desagradables?, mejor enfocarse en la fábrica de su padre, su negocio familiar era más importante que cualquier plan de matrimonio.
Varios minutos después, se preparaba para salir de su casa en compañía de Shizune y de dos criadas, tenía pensado hacer unas compras, pero no quería que le prepararan el coche y privarse de su caminata. El clima era perfecto, se amarró las cintas de su llamativo sombrero de día. La pieza fabricada en H&H –Haruno's Hats–, era una de sus creaciones, y combinaba perfectamente con su discreto vestido lila.
–Eres la mejor promoción para H&H, nadie como tú para lucir la nueva línea –alabó Shizune caminando a su lado.
–Gracias. Tienes razón, escogí éste por ser el más deslumbrante de la línea de día. El que llevaré al baile será de la línea nocturna, Chouji y yo hemos trabajado tanto en el.
–Todas las damas se quedarán con la boca abierta, querrán hacerte su pedido ahí mismo. Ah, y los caballeros babearán por ti, será imposible que no seas la sensación, seguramente por fin podrás escoger un marido adecuado.
–Hmn, si, seguramente –murmuró por educación, su mente ya trabajaba en otra cosa, en la línea de otoño.
Llegaron a la magnífica plaza de Konoha, la cual estaba dividida por distintos senderos bordeados de árboles, además de jardines saturados de flores de temporada. Sakura saludaba de lejos a las personas que reconocía, no quería acercarse para enfrascarse en una conversación intrascendente y aburrida. Respiraba profundamente, embargando sus sentidos de aquella frescura veraniega, contemplando a las parejas que se acomodaban en los bancos de madera.
De repente, como si una fuerza invisible y magnética tirara de ella, su cabeza giró cuarenta y cinco grados a la derecha. Allí, de pie junto a un enorme castaño, a escasos diez metros de distancia, un hombre llamó poderosamente su atención, tanto así, que se quedó estática en el sitio.
Se trataba de un caballero demasiado atractivo, sus facciones delicadas no le quitaban masculinidad a sus inexpresivos rasgos. Tenía unos ojos pequeños y rasgados, sus pupilas de un tono tan oscuro, le recordaron a un pozo sin fondo. Su nariz fina y labios delgados pero llenos, creaban una total simetría con sus pómulos. Era alto y delgado, pero no enclenque, bajo el pantalón negro, la camisa blanca y la chaqueta de corte elegante, bien se adivinaban unos músculos tonificados y fuertes. Pero lo irreal era su cabello, una mata de mechones negros rebeldes y desiguales, que con ayuda del sol, se tornaban azulados. Apretó las manos con fuerza, imaginando que estrechaba por encima de sus guantes esas hebras sedosas y brillantes.
No se imaginaba de quién se trataba, su conocimiento de la sociedad de Konoha era basto, por lo que podía suponer que ese hermoso hombre era un extranjero. No se atrevía a despegar sus ojos de él, que también la miraba, jamás se había sentido tan nerviosa. Su cuerpo entró en tensión total, sus pulmones le recordaron que necesitaba usarlos y volver a respirar, pero estaba tan desconcertada, que olvidó cómo hacerlo.
«Perfecto», pensó Sasuke con sobrada satisfacción. En seguida reconoció a su presa, ¿Cómo no hacerlo?, sus extraños rizos rosados escapaban debajo del ala del sombrero, y sus increíbles ojos jades, brillaban como preciosas esmeraldas. Su figura era ideal, de proporciones delicadas, no confiaba mucho en aquellos vestidos ampones e incómodos, pero el instinto le decía que Sakura gozaba de un cuerpo esplendoroso y muy femenino, eso le gustó. Su boquita rosada permanecía ligeramente abierta, y sus mejillas resaltaban con un sonrojo tan incontrolable, que le pareció tierna. Sería un trabajo tan fácil, su próxima esposa prácticamente ya suspiraba por él.
Incapaz de retirar la mirada, lo vio asentir a modo de saludo, cosa que la dejó más perpleja aun, ¿habría notado él su escrutinio?. ¡Pero por supuesto que sí!, si prácticamente se había quedado pasmada, contemplándolo como a un suculento pastelillo en una vitrina. ¿Se le acercaría?, y de hacerlo, ¿Qué haría ella?. Su respuesta fue contestada de inmediato, el misterioso caballero se dio la vuelta y tomó un camino contrario al suyo. Aliviada y mortificada a partes iguales, no pudo evitar lanzar un gemido de decepción.
– ¿Qué pasa Sakura? –preguntó Shizune, que por fin se dio cuenta que ella no la seguía y regresó a su lado.
–Nada, no pasa nada.
Simplemente que acababa de encontrarse con el hombre más espectacular que había visto en su vida. El único caballero que hubiera podido hacerla cambiar de idea sobre el matrimonio, razonó sorprendida, y el cual, no creía volver a ver jamás.
Con aquella fatal conclusión, decidió olvidarse del asunto. Ella no estaba hecha para casarse, jamás entregaría su corazón y su libertad a ningún pomposo esclavista. Sonrió para que Shizune no se angustiara, era momento de regresar a ser quien era y olvidarse de fantasías. Debía seguir con el resto de su día.
...
– ¡Ah!, te ves…simplemente hermosa Sakura –Shizune la contemplaba con una expresión de inmenso orgullo.
El escote del vestido era algo escandaloso, eso sin contar el color, el cual se trataba de un escarlata, muy parecido al de su sombrero. Los listones y encajes negros, junto con otros pequeños adornos del mismo color, le daban una apariencia sensual pero refinada. El semi recogido era lo último en la moda, acompañado de trenzas que rodeaban su cabeza, y que hacían lucir aun mas su suave y abultado cabello largo. La habían peinado desde temprano, por lo que los rizos sueltos que llevaba, al ser lacio su cabello, ya comenzaban a volverse ondas, pero ni así se perdía el impacto de su imagen.
–Gracias –se removió incomoda, jamás se acostumbraría al corsé, en ocasiones podía librarse de él, pero esta noche debía ser la perfección personificada, las apariencias así lo exigían.
No es que a ella le resultara importante la opinión de la sociedad, pero debía aceptar que con tal de seguir teniendo un negocio tan prospero como H&H, necesitaba soportar aquellas incomodidades.
Arribó al baile cerca de las seis, la puntualidad era un asunto de vital importancia para ella, así se lo había inculcado su responsable padre. Shizune permaneció a su lado mientras eran recibidas por los anfitriones y conducidas al amplio salón de la mansión. Algunas de sus conocidas ya se hallaban ahí, Ino Yamanaka, esposa de un acaudalado banquero, la miró con envidia mal contenida, lo mismo que Tenten Hyuga, quien era esposa del sobrino del dueño de la casa.
–Pero que miradas tan envenenadas, si sus ojos fueran armas, ya estarías en el suelo desangrándote –murmuró Shizune discretamente.
–Mn, Tenten debe guardarme rencor por el rumor con Neji, e Ino debe envidiar que yo todavía tengo cintura, lo opuesto a ella –contuvo la sonrisa.
Ino estaba embarazada de seis meses, y su abultado vientre se veía más voluminoso aun, dentro de aquel ampón vestido turquesa.
–Eso que ni qué. Aunque no tarda en venir a restregarte eso en la cara.
–Sí, la última vez no paró de hablarme de los increíbles beneficios de ser madre de tres "perfectas criaturas" a los veinte años, ¡ja!, como si eso fuera una bendición.
–Sakura-san –escuchó una temerosa voz a su espalda.
–Hinata, ¿Cómo estás?, que gusto verte –saludó con verdadero interés.
Hinata era la hermana mayor de Hanabi, y contrario al resto de las invitadas de la fiesta, tenía algo en común con ella. Tampoco estaba casada. De hecho, Hinata poseía aún menos posibilidades de encontrar un marido, ya que era extremadamente tímida, incluso corría el rumor de que sus padres pronto la enviarían a un convento.
–Yo…bien, gracias por preguntar –sonrió con la mirada clavada en el piso–. Me encanta tu sombrero, ¿es de la colección diseñada por ti? –cuestionó poniéndose colorada.
–Sí, que bueno que te guste, puse mucho esfuerzo en este trabajo –admitió halagada–. ¿Qué tal la familia?, tu hermana debe sentirse muy contenta –caminaron juntas hacia el fondo del salón.
–Sí, Hanabi está impaciente por ser presentada –comentó decaída.
–A su edad es normal. Todas sueñan con lo mismo –explicó tomando un bocadillo y pasándole otro a la morena.
–Todas excepto nosotras, ¿verdad? –rió por fin, la mayoría de la sociedad sabía que Sakura era alérgica a esos bailes.
– ¿Tanto se me nota? –preguntó cómplice–. He escuchado algunos rumores con respecto a tu futuro, espero que no sean ciertos –cambió a un tema más importante.
–Lamentablemente así es, mis padres han decidido que me iría mejor en Suna –su semblante se ensombreció.
– ¿Piensan recluirte en un convento?
–Es un retiro espiritual permanente, creen que me sentiré más cómoda allí. Obviamente no nací para ser una buena esposa, ya que ningún hombre se ha interesado en mí –explicó resignada.
–Lady Hyuga, su padre la está buscando –llegó por ella una de las muchachas de servicio.
–Disculpa Sakura-san, espero que disfrutes de la velada, nos vemos después –hizo una pequeña reverencia y se alejó apresurada.
A partir de ese momento Sakura se paseó por el salón, saludando y conversando con las personas que le dedicaban plática. Por eso no fue fácil ignorar a los dos caballeros que aparecieron de repente, llamando la atención de todos los invitados, y dejándola muda en su sitio. ¡Era él!, el hombre pelinegro del parque.
No había querido pensar en él nuevamente, sobre todo porque sabía que era probablemente imposible encontrárselo otra vez. Que equivocada estaba, el magnífico caballero de sus sueños, permanecía a tan sólo unos pasos de ella.
Con toda la discreción de la que era capaz, se acercó hasta donde los recién llegados conversaban, no pudo escuchar las presentaciones entre ellos y el dueño de la casa, pero tenía una muy buena vista de ambos hombres. Su pelinegro especial, venía acompañado de un rubio de ojos azules, tan impecablemente vestido como él.
– ¿Qué tanto les ves a esos hombres, los conoces? –la voz interesada de Shizune la distrajo momentáneamente.
–Sí, digo no. Simple curiosidad. ¿Tú tienes idea de quiénes son? –cuestionó mirándolos de reojo.
El rubio y su caballero andante ya se mezclaban entre la multitud. Obviamente las miradas de apreciación de las damas, no se hicieron esperar. Pero ellos parecían no darse cuenta, o al menos, no mostraban interés en ser el foco de atención.
–Ni idea, pero puedo averiguarlo. ¿Quieres que lo haga? –se ofreció servicial.
Claramente, su nana ya veía como candidato a esposo, a cualquiera de esos dos. Muy tentada estuvo de decirle que lo hiciera, Shizune no dudaría en recabar información y transmitírsela en seguida, pero no quiso evidenciarse. Seguramente ese hombre no se interesaría en ella, ya era demasiado vieja como para llamar la atención de jóvenes casaderos, por lo general, ellos iban en búsqueda de quinceañeras, cuya ambición era simplemente encontrarse un esposo.
Negó con la cabeza y le dedicó una gentil sonrisa a su nana, Shizune hizo un gracioso puchero de decepción, ciertamente lamentando la oportunidad que se le escapaba a Sakura de conseguir un marido. Continuó andando por todo el salón, intentando infructuosamente dejar de concentrarse en su caballero oscuro. Lo buscaba de reojo, encontrándolos siempre a él y a su acompañante, con una persona distinta, por lo visto esos hombres eran muy sociables.
De repente Ino la interceptó, como tanto había temido, la enorme rubia comenzó a recitarle las bendiciones que la asaltaban en su vida. Sakura fingía asimilar sus palabras, asintiendo de vez en cuando y sonriendo de manera que no pareciera tan forzada, pero la verdad es que no registraba nada de lo que la mujer le decía. Tanta fue su distracción, que cuando una provocativa y rasposa voz interrumpió sus pensamientos, ella se sobresaltó asustada.
– ¿Se encuentra bien?, disculpe, no quise incomodarla.
Parpadeó como si no creyera lo que sus ojos veían, el caballero oscuro se hallaba frente a ella, sonriéndole y mirándola como si no existiera nadie más en esa fiesta.
– ¿Ah?, no…no se preocupe, yo…estaba muy entretenida en la plática –atinó a responder.
– ¿En serio?, no veo cómo, su acompañante la dejó sola minutos antes de que yo le suplicara un baile –mantenía su enorme mano de largos y finos dedos, extendida hacia ella.
– ¿Ah si? –comprobó efectivamente que Ino ya no estaba a su lado. "Seguro Ino se dio cuenta que no le ponía atención y se molestó".
–Hn. Entonces, si ya no está ocupada… –dejó inconclusa la frase.
Sakura notó cierta impaciencia en él, no fue hasta que reparó nuevamente en su mano, que comprendió que todavía esperaba que aceptara su invitación a bailar.
– ¡Oh, lo siento! –sintió hasta las orejas arderle–claro, claro. Por supuesto me honraría concederle esta pieza –lo tomó apresurada, apretándolo más de lo necesario. Al instante, el contacto de su mano, la estremeció y casi la puso a temblar.
Sasuke experimentó algo similar, pero descartó en seguida la sensación, argumentando para sí, que aquel escalofrío se debía a sus ansias por conquistarla, y no a algún efecto que ella pudiera despertar en él, al verse tan atractiva esa noche. La guió con delicadeza hacia el centro del salón, otras parejas se hicieron a un lado para darles sitio. La cadenciosa melodía los envolvió de inmediato, él la atrajo por la espalda, amoldándola a su fuerte y alta figura.
Contempló con nuevo interés sus facciones, de cerca, lucía incluso más hermosa. Su profunda mirada jade, y su sonrisa tímida, aunadas al contacto de sus turgentes senos chocando en su duro pecho, lo hicieron apretar los labios y respirar profundo. ¡Su cuerpo no podía traicionarlo, evidenciándolo así!, como bien le había aclarado Naruto, lady Sakura no era cualquier mujer a la cual seducir y dejar olvidada, era su futura esposa, y tenía que tratarla con respeto, aunque su excitación le ordenara otra cosa.
– ¿Se encuentra bien? –preguntó Sakura, preocupada ante la expresión de incomodidad de su caballero oscuro.
–Perfectamente –sonrió para tranquilizarla–. Por cierto, estaba tan impactado con su belleza, que no tuve la atención de presentarme ante usted lady Haruno, mi nombre es Sasuke Uchiha y…es un enorme placer conocerla –la miró tan fijamente, que Sakura perdió la conexión con el resto del mundo.
¡Qué hombre!. Controló la súbita tentación de abanicarse el rostro. El tal Sasuke Uchiha, acababa de flecharla por completo, sobre todo por la osadía de su cumplido. ¿En verdad la consideraba bella?. El brillo en sus ojos le indicaba que sí. Hubiese querido formular una respuesta ingeniosa, que se equiparara a la audacia de él, sin embargo, no pudo más que sonrojarse furiosamente y evadir su mirada.
–No la incomodé, ¿verdad? –susurró cerca de su oído.
–Yo…no, por supuesto que no. Y, lord Uchiha, ¿su estadía en nuestra ciudad es pasajera, o…? –cambió torpemente el tema.
–O, diría yo. ¿Así que se ha dado cuenta que no soy de Konoha?
–Sí. Debido a mi negocio, conozco a casi toda la sociedad de aquí –explicó dedicándole una sonrisa.
–Ya veo. Konoha es una ciudad muy interesante, aunque no me había atraído tanto como para permanecer aquí más de lo requerido…sin embargo, creo que he cambiado de opinión. Me gustaría establecerme en la ciudad, junto con mi amigo y socio, Naruto Uzumaki.
– Vaya, ¿y puedo preguntar qué lo hizo reconsiderar su decisión? –murmuró cuando él se acercó a su rostro.
–Algo, o…más bien alguien –compartió misterioso.
– Ah…espero no ser indiscreta al cuestionar… ¿quién? –indagó, mientras él la dirigía con maestría por la pista.
– ¿No se lo imagina? –respondió con una media sonrisa.
–Oh –el corazón comenzó una carrera desenfrenada en el centro de su pecho. ¿En realidad se estaba refiriendo a ella?
–Lady Sakura –se atrevió a tratarla con más confianza, ella no se ofendió, le pareció tan maravillosa la manera en la que él pronunció su nombre–. ¿Le gustaría pasear conmigo por los jardines?, Lord Hyuga me comentó que son el orgullo de la mansión, tal vez allí, podamos conocernos mejor.
No esperó la respuesta de la joven, con un empujón discreto, la llevó hacia las puertas de cristal que daban al patio. Conquistar a Sakura Haruno sería más simple que quitarle un caramelo a un infante. La dulce señorita no era capaz ni de sostenerle la mirada, visiblemente apenada por la pericia con la que él la hacía sonrojar. Aquello le daba bastantes esperanzas, ya que una mujer sólo se comportaba tímidamente frente al hombre que le atraía.
Al sentir el fresco de la noche, no pudo más que acercarla a su cuerpo. Era un movimiento peligroso, inclusive desvergonzado, pero necesitaba que ella se diera cuenta de sus intenciones. No podía permitirse un cortejo largo, no con los fondos de los que disponía. Necesitaba que ella accediera a un compromiso con él lo antes posible, para así planear el matrimonio a más tardar en un mes, ya que si dejaba pasar más tiempo, corría el riesgo que ella descubriera su verdadera condición.
Para su buena suerte, contaba con la ventaja que le daba el ser tan buen partido, al menos aparentemente. Además, Sakura se sentiría presionada a aceptarlo debido a su edad. Que fuese soltera a los veintiuno, seguro la mantenía en el centro de las habladurías. Sí. Ella se sentiría afortunada de cazarlo lo antes posible. Después de todo, un marido trofeo como él, era el sueño de toda mujer.
Sakura tenía miedo de decir palabra y romper aquel hechizo. Ser dirigida por esos fuertes brazos en su cintura, era una experiencia indescriptiblemente satisfactoria. Sasuke no se detenía a apreciar los podados arbustos o las jardineras de lirios, más bien, se concentraba en internarse en lo profundo del jardín, alejándose de otros invitados y buscando las sombras para que los ocultasen.
Por fin se detuvo bajo un gran roble, el enorme tronco le sirvió de pared, a la vez que Sasuke la aprisionaba colocándole los brazos a los costados de su cabeza. Nuevamente, la penetrante mirada que él le dedicó, la puso nerviosa de inmediato, provocando que se lamiera los labios al sentirlos bastante resecos.
– ¿Es esa una invitación? –preguntó su caballero, admirando su rosada boca.
–Yo…Lord Uchiha, nos hemos alejado bastante, los invitados comenzarán a murmurar y…
– ¿Cree en el amor a primera vista? –acarició tiernamente la mejilla sonrosada de su futura esposa.
–No creía –admitió haciéndose escuchar apenas.
– ¿Y ahora? –acercó su rostro al de ella, rozando levemente las puntas de sus narices.
–Ahora ya no sé qué creer –cerró los párpados al sentir la lengua de él recorrerle el labio inferior.
Toda su vida, su padre la había animado a experimentar el verdadero amor, así como él había hecho con su difunta esposa. Sakura no albergaba tantas esperanzas respecto a encontrar a quién amar. Aun así, su padre jamás la presionó a aceptar a ninguno de sus bastos pretendientes, quienes únicamente la buscaban por el beneficio económico y social que ella pudiera aportarles, y no por sus sentimientos. Era difícil, por no decir imposible, que en la sociedad y la clase a la que ella pertenecía, floreciera una unión debida al amor. Es más, ella ni siquiera sabía cómo debía reaccionar si es que tenía la fortuna de experimentarlo alguna vez.
Por eso le fue imposible frenar los avances de Sasuke, y por eso, le correspondía torpemente el beso que él le daba en esos momentos.
Los efectos de aquel asalto a sus sentidos, no se hicieron esperar. Su cuerpo se sacudió ante la oleada de energía que Sasuke le transmitía. Sus labios, antes temerosos, se abrieron como capullos al sol, permitiendo que la lengua de su caballero negro, saqueara y conquistara a su antojo las profundidades de su boca. No supo qué hacer con sus manos, así que las enredó en el cuello y los suaves cabellos de Sasuke, los guantes le impedían constatar lo sedoso de sus hebras, pero no necesitaba comprobar nada, bastaba con ver brillar por el influjo de la luna los azulados mechones, para creer en su exquisitez.
Sasuke juzgó que era momento de parar, sólo que su mente no estaba en contacto ya con su cuerpo. Tener a Sakura entre sus manos, despertó completamente su lujuria. Apretó con fuerza su cintura, no quería que se apartara de él jamás, al menos, no hasta hartarse de la deliciosa miel que producía su boca. La idea de subirle el vestido y proclamarla suya de una vez por todas, hizo que su masculinidad se tensara en agonía. Los pantalones comenzaban a apretarle dolorosamente, mientras su frente se cubrió de una fina capa de sudor. No. Nunca perdía el control, peor todavía, a manos de una mujer. Aunque la idea de comprometer a Sakura Haruno de aquella forma, era bastante tentadora, ¿Qué mejor manera de apresurar el matrimonio, que despojándola de su virtud?, porque si de algo estaba seguro, es de que ella seguía siendo virgen. Su inexperiencia y la docilidad en su entrega, la delataban.
–Sakura –levantó su mentón y apreció la nube de deseo que oscurecía sus pupilas.
No. Alguien podía aparecer y descubrirlos. Su propósito no era envolverse en chismes o destruir la reputación de su futura esposa. Asimismo, ¿Qué tal si ella no gozaba del encuentro?, por más deseoso que él estuviera, tomarla contra el tronco de un árbol, resultaría traumático y contraproducente. Necesitaba seducirla, mostrarle con calma y paciencia, los placeres de la carne, volverla adicta a él.
–Sé que esto puede sonar precipitado, pero nunca me había sentido de esta manera. Nadie ha provocado en mí lo que tú provocas –confesó metido en su papel–. Sería para mí un honor si aceptaras convertirte en mi esposa –pidió con los ojos brillantes y la mejor de sus sonrisas.
–Pero…si apenas lo conozco –no se podía creer lo que acababa de escuchar.
Por supuesto, llevar pocos minutos de tratarse, no era el mayor de los obstáculos, ya que, había mujeres que no conocían a sus maridos hasta el día de la boda. Pero eso se debía a que sus familias concertaban los compromisos, no ellas. Afortunadamente para Sakura, ella dependía solo de sí misma, así que no necesitaba de nadie que decidiera por ella, imponiéndole su retorcida voluntad.
–No me diga que este beso no ha sido suficiente para despertar su interés. Sakura, soy un hombre maduro de veintiocho años, sé lo que quiero cuando lo veo, y usted es a la que quiero. Le aseguro que no tengo problema en darle el tiempo adecuado para que se acostumbre a mí una vez casados, no la presionaré, si es eso lo que la preocupa. Simplemente, que a mi edad y con mi experiencia, no me van los compromisos largos –argumentó acariciando la base de su cuello, entre más la desconcentrara, más rápido obtendría su consentimiento.
– ¿A eso vino a Konoha, a encontrar esposa? –cuestionó con aprensión.
La manera tan veloz de actuar de Lord Uchiha, proponiéndole matrimonio a las primeras de cambio, se lo sugería. La posibilidad de que él únicamente se lo pidiera porque no había encontrado a otra candidata mejor, la hizo ponerse a la defensiva.
–…una mujer que esté lo suficientemente desesperada como para no negarse. No crea que por mi edad y mi condición de dama sola, estoy rezándole al cielo encontrar marido. Al contrario, si sigo soltera, es por convicción, no por falta de pretendientes –espetó con nuevos bríos, alejándose unos pasos de él.
–Vine a Konoha a reclamar una pequeña herencia, no a buscar esposa, ciertamente Lady Haruno, si sigo soltero, probablemente es por las mismas causas que usted. Verá, a mí tampoco me falta variedad de donde elegir. Únicamente, que como un tonto, me dejé llevar por lo que sentí al mirarla y al conocerla. Discúlpeme si la ofendí, nunca quise que mi propuesta le generara tal malestar. Creí ver algo especial donde no lo hay, no se preocupe, eso me servirá de lección, para dejar de ser tan ingenuo –finalizó con una mueca triste.
Por fin salía a flote el carácter del que Naruto le había advertido. A Sakura Haruno le sobraba la dignidad que a él le faltaba. Hubiera querido mandarla al demonio cuando le contestó con aquella altivez, pero no se podía dar ese lujo. Necesitaba conquistarla, y si para ello su orgullo masculino se veía afectado, pues que así fuera. No dejaría que una presa tan buena se le resistiera. Apeló pues a su conocimiento sobre mujeres, entre más ofendidas y recelosas se mostraran, más debía ser su imperturbabilidad.
–No, yo…discúlpeme usted Lord Uchiha, tiene razón. Esto ha sido muy especial para mí también –atinó a comentar con más tranquilidad.
Por supuesto que un hombre así, podía tener a la mujer que quisiera, y esa, al parecer, era ella. Sakura quiso gritar de emoción. ¿Cómo se le ocurrió pensar que a él le daría igual cualquier esposa?. Creer que ella no lo había atraído por sus propios méritos, era menospreciarse a sí misma. Lord Uchiha estaba prendado de ella, bastaba ver como la devoraba con la mirada.
–Hn, es agradable saber que no nos comportamos así con otras personas –asintió risueño.
– ¡No, claro que no! –negó fervientemente, ella no era una casquivana.
–Entonces, con más razón, ¿no cree que mi proposición es acertada?. Es obvio que somos el uno para el otro –volvió a acercarla a su cuerpo.
–Es que…no sé, esto no tiene sentido…
–El amor es así, al menos, eso me han dicho. Pero viendo la pasión que reflejan sus ojos y, sintiéndome como me siento, no puedo creer otra cosa –colocó su frente contra la suya.
–Sólo sé su nombre –su voz volvió a perderse. Se mordió el labio inferior, signo inequívoco de que estaba reconsiderando el decir que sí.
– ¿Qué más necesita saber?, pregúnteme todo lo que quiera, yo aclararé sus dudas y eliminaré todas sus reservas, mi hermosa Sakura –prometió con tono sensual.
–No había pensado en casarme nunca, ¿sabe?. No estoy muy convencida de entregar mi libertad a ningún hombre, sobre todo porque me encanta mi independencia. Gracias a mi padre poseo un negocio muy lucrativo, por lo que cuento con medios propios para mantener un buen estilo de vida.
–Yo jamás te quitaría tu libertad Sakura, en cuanto a tu negocio, puedes seguir encargándote de el, por lo que escuché, tú misma diseñas los sombreros que tu empresa fabrica, ¿cierto?
–Así es –asintió orgullosa.
–Hmp, lo haces muy bien –halagó al ver el sombrero que ella portaba esa noche–. Yo tengo mis propios negocios, de los cuales destacan un viñedo en una granja también agrícola, además de unas cuantas fábricas productoras de lana y algodón –comentó desenfadado–. Podríamos unificar nuestras propiedades y hacerlas crecer, Sakura, quiero entregarte lo que poseo, mis bienes, mi persona, pongo todo a tus pies. Solo di que si –propuso seriamente.
–Es que es tan…increíble. Yo, quisiera, te juro que así es, pero… ¿puedes darme algo de tiempo?, unos días para conocernos, tratarnos y ver que un matrimonio entre ambos es posible –jamás había estado tan tentada a decir que si, la palabra casi escapaba de sus labios, pero logró retenerla.
–Eres tú la que duda, yo estoy convencido que seremos felices. Pero te comprendo. ¿Qué te parece entonces si me permites visitarte asiduamente?, espero que no tengas nada en contra de un formal cortejo.
–Me encantará verte. Puedes visitarme cuando quieras, serás bien recibido en mi casa –aceptó de inmediato.
Ya se estaba arrepintiendo de pedirle tiempo. Esas ansias de abrazarlo y besarlo de nuevo, tenían que ser producto del amor, ¿no?. Pero no lo admitiría, la idea de que se conocieran más a fondo, tampoco era mala.
Lo observó con cuidado, en verdad era un hombre magnifico. Él le ofreció el brazo para que regresaran de nuevo al salón. En sus planes nunca contempló el casarse, aunque claro, tampoco había conocido a alguien que la inspirara a hacerlo. Así como Sasuke Uchiha, lo hacía en ese momento.
...
– ¡No puedo creer que el día con el que tanto soñamos por fin vaya a llegar! –Shizune estaba rebosante de alegría.
La modista y sus ayudantes le tomaban las medidas para el vestido de novia, Sakura lo hubiese cosido ella misma, pero a Sasuke le urgía que se casaran, por lo que no disponía más que de escasas dos semanas.
Dos semanas también, llevaba él visitándola diariamente desde que se presentaron en el baile de los Hyuga. Ella estaba encantada, pues adoraba enormemente la compañía de su prometido y próximo esposo. Sasuke era un hombre muy ingenioso y divertido, su experiencia respecto a viajes y costumbres de otras ciudades, la mantenía siempre entretenida. Era un caballero refinado y conocedor, los modales con los que la trataba, simplemente impecables. No había vuelto a acercarse a ella físicamente, a menos que se tratara de saludarla y de despedirse con un casto beso en la mano. Pero Sakura no necesitaba más demostraciones de su fervor, ella ya conocía que tipo de hombre pasional se escondía debajo de su capa de cortesía.
–Dirás con el que tú soñabas, porque yo estaba muy bien así –mencionó bromista, girándose en el banquillo para que midieran su busto.
– ¡Bah!, tonterías. Ese brillo en tus ojos delata lo desesperada que estas por convertirte en la señora Uchiha –Shizune terminó de servir el té de la tarde.
–Sí, no puedo negar que no me importa perder mi libertad, al menos, no a manos de Sasuke.
–Él jamás te impondrá nada, se nota a leguas que lo tienes a tus pies. Todas tus contemporáneas se mueren de envidia. Ellas no tienen un marido tan buen mozo y tan complaciente como el tuyo –le pasó la tacita con una enorme sonrisa–. Cambiando el tema, ¿ya le escribiste a tu padrino para contarle que por fin te casas?
–Sí. Ayer por la noche terminé la carta, esta mañana mandé a un criado a enviarla al correo –comentó con una mueca.
–Hjmn, te has tardado mucho, es probable que no le llegue a tiempo para asistir a la boda, porque asumo que lo habrás invitado, ¿verdad? –le frunció el ceño.
–Claro que lo invité, pero si no alcanza a llegar, tampoco me enfadaré –sonrió con picardía.
– ¡Sakura!
–Nana, ya sabes cómo es Kakashi. A pesar de que está metido en sus propias actividades, siempre me advirtió que no me casara a menos de contar con su aprobación, cosa que no creo lograr nunca, sus estándares de calidad, son más altos que los que yo aplico a mis sombreros –explicó desesperada.
–Es comprensible, él te quiere mucho, y busca lo mejor para ti. Además, Sasuke es perfecto, apuesto a que Kakashi no tendrá objeción alguna –la reconfortó con una palmada en las manos.
–No lo sé, no me pienso arriesgar. Por supuesto que los presentaré, pero cuando ya sea la señora de Uchiha, y mi padrino no tenga opción más que de sonreírle a mi esposo.
–Ay niña, sigues siendo una pilla. ¿Por lo menos le comentaste el nombre de tu marido en la carta? –investigó resignada.
–No podía no hacerlo. Quién sabe, tal vez hayan escuchado hablar uno del otro, Sasuke me dijo que vivió por aquellos pueblos…
– ¿No le platicaste acerca de las villas que tu padrino tiene por Suna?
–No se me ocurrió. Recuerda que Kakashi no posee muy buena fama, no quiero que Sasuke se haga ideas equivocadas, mejor que se conozcan en persona, así sabrá que los rumores sobre mi padrino, son infundados.
–Tienes razón. La reputación de Kakashi el "despiadado" podría preocupar a tu prometido, mejor no exponerte a que te genere problemas.
–Yo no me avergüenzo de Kakashi, pero si, mejor prevenir que lamentar –asintió convencida.
...
– ¿Quién lo diría?, Sasuke Uchiha vestido de novio –rió Naruto entrando a la modesta habitación.
–Hmp, cállate idiota. ¿Tienes lo que te pedí? –se quitó la chaqueta y la colocó cuidadosamente en la percha.
–Aquí tienes. El regalo para tu futura esposa, ¿crees que obsequiarle este cuchitril a Lady Haruno sirva para que ella te ceda una parte de su fábrica? –preguntó concernido.
–Lo hará. Cuando se dé cuenta que deseo compartir mis "bienes" con ella, tendrá que hacer lo mismo. Será un signo de confianza –explicó leyendo las nuevas escrituras de su antigua granja.
La propiedad que pensaba obsequiarle a Sakura, era una casucha en ruinas, misma que había pertenecido a su familia, y la cual, era su única posesión verdadera. Algunos siglos atrás, se trató de una villa preciosa, en donde efectivamente, se elaboraba vino, pero de eso hacía ya demasiado tiempo como para recordarlo. Sus bisabuelos, no supieron cuidar de la tierra ni de la fortuna que se les confió, por lo que rápidamente dilapidaron la herencia y destruyeron el patrimonio de las próximas generaciones.
–Esperemos que así sea, de lo contrario, no podrás poner las manos en su dinero tan fácilmente, y recuerda que nos gastamos el último céntimo en ese traje que vistes –exhaló preocupado.
–Hmp. Sakura caerá en la trampa. Tranquilízate, en cuanto menos lo esperes, disfrutaremos de las ganancias de H&H –aportó optimista.
– ¿Y no piensas que tu esposa pondrá el grito en el cielo, cuando se dé cuenta que despilfarramos su dinero?
–La mantendré distraída –se alzó de hombros con indiferencia.
– ¿Sabes?, tal vez si ella tuviera algo más de que preocuparse, en lugar de su fábrica.
– ¿Algo cómo qué? –arqueó la ceja con perspicacia, no le gustaba la implicación de Naruto.
–Como un hijo –aclaró el rubio.
–No tendré hijos con Sakura –negó de inmediato–. No la arruinaré más de lo necesario. Ya bastantes problemas tendrá, cuando me separe de ella después de que acabemos con su fortuna, como para encima dejarla con la carga de mi descendencia.
–Pero que blando estás, ¿a ti qué te importa cómo le vaya?, no puedes negar que mi idea es muy buena. Cuando las mujeres se embarazan se olvidan de lo demás.
Apretó los labios con enfado. Naruto no se equivocaba, antes no le habría importado en lo más mínimo lo que pasara con su esposa después de abandonarla. Pero Sakura no era cualquier mujer, sobre todo, porque despertaba sentimientos en él, que no había sentido antes. Eso lo frustraba, si no tenía la cabeza fría, sus planes no saldrían como ellos querían. No. Dejarse arrastrar por emociones como aquellas, sería el fin de su carrera de seductor, y su profesión, era lo único que conservaba en la vida, lo único que importaba.
–Lo pensaré, no me gustaría repartir su atención entre un hijo y yo, ella podría desencantarse de mí –argumentó.
–No lo creo, esa mujer está loca por ti. Pensé que lo habías arruinado todo, al apresurarte con la propuesta en la primera noche, pero vaya que supiste echártela a la bolsa.
Sonrió para ocultar sus remordimientos, su boda se llevaría a cabo en menos de una semana. Sakura marcharía hacia el altar con toda su inocencia y la confianza que su amor por él despertaba. Mientras que él, la estaría esperando como el lobo avaricioso y despiadado que era, para devorarla y destruir su vida.
...
Por fin era el marido de Sakura Haruno. Sasuke contempló con escasa satisfacción la enorme mansión en la cual viviría de ahora en adelante. Había sido afortunado al ser "persuadido" por su esposa de quedarse a vivir en Konoha y no en Suna, donde se suponía que él tenía sus propiedades. Sakura creyó ingenuamente, que era Sasuke quien sacrificaba todo por ella, al no obligarla a dejar la ciudad donde su fábrica se encontraba. Ella podría seguir encargándose de todo, mientras él la ayudaba.
Sasuke no erró en sus suposiciones. Sakura le confirió el derecho a la mitad de su negocio, en compensación por el "hermoso" regalo que él le hizo. Tan conmovida se había sentido, que propuso en seguida, pasar unos días de luna de miel, en la granja que él puso a su nombre. Por supuesto Sasuke no le permitió seguir con la idea, para su buena suerte, la producción de sombreros estaba a la alza, por lo que no podían descuidar el negocio por un viaje de placer, que bien podía posponerse.
Resopló abatido, nada de lo que tenía hasta ahora, le daba la alegría que él hubiera esperado. Peor aún, lo último en lo que pensaba era en el dinero. Su único interés en ese momento, era en subir las escaleras y sorprender por fin a su nueva esposa con su noche de bodas. Su cuerpo ansiaba deshacerse de las ansias que lo atormentaban. Desde que conoció a Sakura, su apetito sexual estaba desbocado.
Dejó pasar los pocos minutos que ella le pidió esperar, y se dirigió por fin a la alcoba. Llevaba consigo una botella del mejor vino de la colección de Sakura. Ya se imaginaba el delicioso líquido corriendo por el cuello y los pechos de su mujer, aquella noche sería inolvidable.
Llamó a la puerta en una única ocasión, la vocecita de Sakura le respondió al instante. Entró con una sonrisa sincera en los labios, la cual desapareció al momento de encontrarse de frente con ella. Era tan perfecta, sus enormes ojos del color del jade, su sedoso cabello cayéndole hasta la cintura y su deliciosa silueta recortada por el camisón blanco que vestía, terminaron de enviarlo al precipicio.
Sakura no se asustó cuando Sasuke se le fue encima. Había conversado con Shizune, sobre lo que sucedería entre ellos ahora que eran marido y mujer. A pesar de sus nervios y la vergüenza que las palabras de su nana le generaron, reconocía que estaba desesperada por entregarse a su esposo. Lo amaba con locura, así como él a ella, a juzgar por su reacción.
Rápidamente la pasión los envolvió, lanzándolos a la experiencia más maravillosa de su vida.
...
– ¿Pasa algo linda? –preguntó Shizune al llevarle el desayuno a la cama, la cara de Sakura estaba un poco pálida–. No me digas que tienes malestares matutinos, ¿será acaso que pronto tendremos un nuevo miembro en la familia? –cuestionó emocionada.
–Claro que no nana –sacudió unas hojas que tenía en el regazo, mostrándoselas a Shizune–. Por fin me animé a leer la carta que me envió mi padrino hace un mes –informó mordiéndose el labio, pensativa–. Dice que quiere verme cuanto antes, que intentó venir en cuanto se enteró de mi boda, pero tuvo un accidente, el cual lo retiene en cama todavía –la expresión de Shizune se tornó seria.
–¡Ay no!. Pobre, y tú pensando que estaba molesto contigo.
Sakura asintió. Habían pasado ya un par de meses de su boda con Sasuke. Al no ver a su padrino en persona, concluyó que Kakashi no la visitaba porque estaba muy decepcionado y enfadado con ella, por lo que temerosa, había esperado para leer sus regaños. Fue un alivio haberse equivocado. Aunque la idea de su padrino lastimado, tampoco le gustaba nada.
–Tendré que ir a verlo nana, por lo que comenta, tiene que hablar conmigo seriamente.
–Pero, el viaje es muy largo. ¿Crees que Sasuke esté de acuerdo en acompañarte?
–No. No podemos ausentarnos ambos en la fábrica, la nueva colección está a punto de lanzarse, es imposible viajar los dos –se puso de pie de un salto.
–¿Entonces planeas irte sola?, ¡peor todavía!. Sasuke no te dará su permiso, es demasiado peligroso, son cinco días hasta Suna, los caminos están llenos de bandidos –exclamó preocupada.
–Llevaré una pequeña guardia, nana. Viajaré solo de día, Sasuke no se puede oponer, mi padrino me necesita. Asimismo, sabes que él no me impone nada –sonrió enamorada.
Su vida era color de rosa. Desde que estaba casada, las responsabilidades habían disminuido, Sasuke la ayudaba en todo. Controlaba a los empleados, se encargaba de las negociaciones en la fábrica, en pocas palabras, le quitaba de encima todas las tareas aburridas y fastidiosas, así ella podía concentrarse en ser una buena esposa y en diseñar sus sombreros sin ninguna distracción.
No se equivocó, Sasuke no se opuso a su viaje, más cuando ella le explicó lo importante que era Kakashi para ella. La dejó marchar, con la promesa de que sería precavida en el camino, y de que regresaría lo antes posible. La despedida fue larga y memorable. Habían hecho el amor toda la noche, prometiéndose reencontrarse pronto para continuar disfrutando de su amor.
Salió muy temprano, tres días después de leer la carta de su padrino. Shizune quiso acompañarla, pero Sakura no se lo permitió. Debía quedarse al cuidado de la casa y de Sasuke, no quería que por su ausencia, su marido se mal pasara o enfermara.
El viaje fue cansado y desesperante por momentos, ya que ni su costura ni sus libros, lograron distraerla de sus preocupaciones. Llegó en tiempo récord a la hacienda de su padrino. Le había prometido al cochero darle una buena compensación si lo hacía.
La recibieron como una invitada de honor, evidentemente Kakashi dispuso que se le diera aquel trato de reina, si es que ella se dignaba a aparecer. Con la noticia de que su padrino se encontraba durmiendo, aprovechó para darse un buen baño y desembarazarse de las fastidiosas secuelas del viaje. Después de comer algo ligero, rechazó la propuesta de una empleada de pasear por los cultivos. Le urgía mas conversar por fin con su padrino. Cuando se enteró que ya estaba despierto, se dirigió de inmediato a su encuentro.
–Mi niña –sonrió el hombre al verla entrar en su dormitorio.
– ¡Padrino! –corrió emocionada hacia sus brazos abiertos.
Kakashi tenía el cabello plateado tan largo y desordenado como siempre, la cicatriz que estropeaba el lado izquierdo de su perfecto rostro, le confería un aire muy masculino. Se hallaba recargado sobre varias almohadas, la delgadez de su cuerpo le venía bien, ya que los músculos se le marcaban sutilmente, haciéndolo ver elegante.
–Pensé que no habías recibido mi carta –la acomodó cerca de su pecho, mientras le dispensaba un beso en la sien.
–Lo siento, la verdad es que no quería leerla, tenía miedo descubrir que estabas molesto conmigo.
–Entonces, te casaste –asintió serenamente.
–Ese era un hecho consumado padrino. Desde que conocí a Sasuke, supe que me convertiría en su esposa, lo amo tanto –platicó feliz–. Pero, ya hablaremos de él después. ¿Cómo estas, qué fue lo que te pasó? –lo recorrió de pies a cabeza buscando sus graves heridas.
–Me caí del caballo cuando viajaba a verte. Iba tan alterado, que no controlé bien a Sansón, ya sabes que es un animal muy temperamental, supongo que sintió mi tensión y se puso inquieto.
–¡Ay no!. Padrino, cuanto lo siento, jamás quise preocuparte de esa manera. ¿Entonces, por mi culpa sufriste el accidente? –su rostro adquirió un tono cenizo.
–No mi niña, tú no tuviste nada que ver. Fue mi impulsividad la que me provocó este drama. Además, ya casi estoy completamente recuperado, los remedios que me recetó el doctor del pueblo, han surtido su efecto –sonrió cálidamente, tranquilizándola al instante–. Y dime, ¿Cómo es ese marido tuyo?, ¿Cómo te trata? –la interrogó con interés.
–Sasuke es un sol. Es el hombre más maravilloso que he conocido. Tiene siete años más que yo, es inteligente, gracioso, amable, respetuoso, y muy bueno para los negocios. Me ha ayudado mucho con la fábrica –platicó animada.
– ¿Le has dado control sobre tu empresa? –arqueó las cejas con sorpresa.
–Claro, es mi esposo…
–Pero ese es tu patrimonio Sakura. La fábrica que tu abuelo con tanto esfuerzo fundó, y tu padre mantuvo para ti, para tu futuro.
A Sakura no le agradó el tono de censura en la voz de Kakashi. Por lo que se apresuró a defender su postura.
–Padrino, es normal que los esposos compartan sus bienes. El mismo Sasuke me regaló uno de sus negocios más productivos. Una granja que posee un viñedo.
– ¿Una granja con un viñedo?, ¡no!, ese canalla –murmuró entre dientes.
– ¿Padrino, qué te sucede? –se asustó al verlo entrecerrar los ojos y removerse alterado.
–Sakura. ¿Has ido a visitar esa disque granja?. ¿Has probado el vino que se produce en esos viñedos?, mejor aún, ¿Sasuke ya te llevó a conocer sus supuestas fábricas de algodón y de lana?
– ¿Conoces a Sasuke, padrino?, porque yo nunca te hablé de las propiedades que él tiene. ¿Cómo sabes acerca de las fábricas? –las palabras de Kakashi sugerían que así era, pero, ¿Por qué su padrino tenía esa actitud recelosa?
–Sakura, te han estafado cariño –soltó por fin, su mirada tornándose compasiva.
– ¿Cómo dices? –externó contrariada.
–Sasuke es un caza fortunas, hija. Y lamentablemente, tú caíste en sus redes. No habría querido decírtelo, pensaba en hablar primero con el sinvergüenza que te sedujo, aclararle que contigo no podía jugar, pero veo que ya es muy tarde…
–Pero, ¿Por qué me dices eso?, tú no lo conoces, no sabes la maravillosa persona que él es –agitó la cabeza para sacudirse esa sensación de temor.
–Cuando llegó tu carta, me enfoqué en investigar sobre ese tipo. No me mires así Sakura, sabes que yo nunca dejaría a la suerte tu futuro. Grande fue mi sorpresa al descubrir, que ese canalla se ha dedicado a desfalcar a las damas de por aquí, Sasuke Uchiha arrastra una fama muy negativa en Suna –relató con franqueza, de nada le valían a Sakura las palabras adornadas–. Por eso estaba tan inquieto, tenía que llegar a tu lado cuanto antes para defenderte. No pensé que te convencería tan rápido de desprenderte de H&H…
–Yo no me he desprendido de nada. Es cierto que le di autoridad a Sasuke para decidir y manejar las finanzas, pero él…confío en él padrino. ¡Tiene que ser una equivocación!... ¡Sasuke no puede ser lo que tú dices!...él es un hombre decente, me ama…él me ama padrino –sus ojos se empañaron.
–Sakura, hay una lista interminable de mujeres a las que él ha dejado sin un centavo. Hace no más de un año que intentó casarse con una dama de por aquí, pero el hermano de la muchacha descubrió sus mentiras y pudo impedirlo. Él huyó enseguida, junto con ese compinche que es igual o peor que él.
– ¿Na-Naruto? –le tembló la voz.
–Ese mismo, el rubio encantador de momias, ese sí se casó con una anciana, que bien podía ser su abuela. A su vez, Sasuke estuvo liado con una viuda alegre, con la que llevaba una vida de excesos…Sakura, tienes que separarte de ese chacal, antes de que sea demasiado tarde cariño –aconsejó abatido, Sakura lucía devastada.
Sakura controló una risa histérica. Su padrino no lo sabía, pero ya era demasiado tarde. Ya le había entregado a Sasuke lo más importante, su corazón. Quiso que la tierra se abriera y se la tragara, desaparecer para siempre. Únicamente así, dejaría de sentir ese dolor que le desgarraba el alma. Lo peor de todo, no fue saber a qué se dedicaba su marido, sino, comprender, que él nunca la amó, que simplemente fue un medio para obtener lo que a Sasuke de verdad le interesaba, su dinero.
Fue tan ciega, tan tonta. Se culpaba por haber sido tan estúpida. Ella, que nunca confío en encontrar a la persona adecuada con quien compartir su vida, cayó rendida ante un vividor despreciable. No se dio cuenta hasta qué punto había sido su sueño conseguir el amor, que se dejó deslumbrar por el brillo falso de Sasuke Uchiha. Si, él le prometió la luna y las estrellas, pero fue ella la que quiso creerle, la que se atrevió a confiar en ese enamoramiento inmediato, a pesar de sus reservas. ¡Pobre ilusa desesperada!
–Sakura, no puedo imaginar cómo te sientes. Lo mejor será que te quedes aquí, en cuanto yo pueda viajar, regresaremos juntos a Konoha, me encargaré de desaparecer a ese miserable de tu vida, te lo prometo mi niña –aseguró Kakashi con determinación.
–No padrino. Te agradezco tus intenciones, pero eso no es necesario, yo misma me haré cargo de resolver esta situación. Fui yo la que se las arregló para caer en el engaño, seré yo la que acabe con el –respondió estranguladamente.
–Pero…
–Me tomaré esta noche para descansar adecuadamente, pero mañana mismo parto de nuevo a casa –sonrió con la mirada vacía.
–Sakura…
–Gracias padrino. Te juro que si necesito tu ayuda, no dudaré en pedírtela –apretó sus manos con fuerza.
–Si eso es lo que deseas –suspiró Kakashi con resignación.
–Es lo que tengo que hacer –asintió limpiando las escasas lágrimas que escaparon de sus ojos.
Aquella noche no fue capaz de probar bocado, se dedicó a merodear por su habitación, intentando no pensar más en el sufrimiento que la aquejaba. Por supuesto, no pudo pegar el ojo en toda la noche, por lo que a la mañana siguiente, su aspecto era horrible. Sus ojeras y la palidez de su rostro, evidenciaban lo desmejorada que se sentía.
Se despidió de Kakashi sin mucha ceremonia. Le prometió mantenerse en contacto con él, su padrino no ocultó la preocupación que le daba el dejarla ir sola. Pero no tuvo elección, más que respetar sus deseos. Camino a Konoha, Sakura decidió desviarse un poco del sendero, necesitaba una prueba más, de que las palabras de Kakashi eran verdad.
Tardó un día y medio en llegar a la granja que su marido le regaló. Las cercas que delimitaban la propiedad, no eran más que un montón de leños podridos que en un pasado muy lejano, constituían una hermosa valla. La maleza y los árboles muertos, deprimían el rudo paisaje que se extendía frente a ella. Les pidió al cochero y a su guardia, que la esperaran unos minutos, mientras ella se dirigía por un camino de piedras –ya casi inexistente–, hacia la casucha que se vislumbraba en la lejanía.
La casa era más grande de lo que se hubiera imaginado, pero las condiciones de abandono en las que se encontraba, le indicaron que su "granja", llevaba deshabitada toda una vida. Empujó la puerta de madera que ni siquiera cerraba correctamente, dentro, la luz del día se filtraba por pequeños huecos del techo. La pintura descascarada de las paredes, las ventanas sin vidrios, los pisos sepultados en suciedad, dieron el toque de horror necesario que ella necesitaba, para terminar de aceptar la fatal realidad.
– ¿Por qué Sasuke? –se dejó caer en el suelo, ya que los pocos muebles que se adivinaban bajo unas sábanas corroídas y mugrientas, no le dieron la confianza de sostenerla.
Comenzó a llorar sin ninguna contención, dejando todo el sentimiento fluir a través de las lágrimas. Experimentando el dolor más grande de su vida y, rezando a su vez, encontrar alivio algún día. Fue hasta cierto tiempo después, cuando su mente llegó a una conclusión, no podía verlo. La traición de Sasuke había acabado con su voluntad de luchar, ¿para qué confrontarlo?, Sasuke nunca la amó, pero ella a él sí. Y en nombre de ese amor, llevaría a cabo el acto desinteresado, de proporcionarle la felicidad que él quería…
...
– ¿Tienes noticias? –preguntó Sasuke con el corazón en un puño.
Naruto negó solemnemente. Sasuke se dejó caer vencido sobre el mullido sofá. Ya serían cuatro meses de la desaparición de Sakura de su vida. Suspiró con dolor, apenas y poseía ganas de vivir, no comía ni dormía como debería, por lo que su estado era lamentable, parecía un alma en pena. Desde que recibió la carta que ella le escribió, al abandonarlo definitivamente, no tenía paz.
Sakura se había enterado por medio de su padrino, de lo que él era. Pero contrario a lo que Sasuke pensó que pasaría, no lo enfrentó ni lo lanzó a la calle como merecía. No. Su hermosa esposa, con toda su bondad, le cedió completamente su fábrica, al igual que la casa donde antes viviera. Prácticamente, le concedió toda su fortuna, para que fuese feliz. Fue lo que explicó en su breve despedida.
En otro tiempo, él hubiera saltado de alegría, orgulloso de su victoria, al obtener por fin, fama y dinero, sin necesidad de permanecer atado a alguna mujer. Pero ahora, se sentía el hombre más miserable del mundo. Ninguna fortuna equivalía a la presencia de Sakura en su vida. La amaba tanto, que dolía. Pero ella no lo perdonaría jamás.
Había intentado hablar con Kakashi Hatake, quien amenazó con matarlo si lo volvía a ver en sus tierras, no le importó la amenaza, pero tuvo que retirarse al comprender que el padrino de Sakura, no le revelaría de ningún modo su paradero. Shizune trabajaba ahora con Kakashi, y tampoco quiso hablar con él cuando se lo suplicó.
Su única esperanza era Naruto, sólo que su amigo, no era tan eficiente como hubiese esperado. La investigación del destino de Sakura, no arrojó los resultados deseados. Bebió pues con desespero de la botella de coñac, perderse en la bebida, era el único alivio posible a su tormento, al menos por unas horas.
Naruto observó apesadumbrado el comportamiento autodestructivo de Sasuke. Si no se apresuraba a encontrar a Sakura, era muy probable que su amigo no viviera para ver llegar el próximo otoño.
...
Sakura se secó el sudor de la frente, llevaba toda la mañana en el sembradío y se encontraba sumamente agotada. Pero sonrió al considerar que sus esfuerzos valdrían la pena. El entorno árido que antes rodeaba su granja, ahora era un paisaje cálido y fértil. Los ruidos de los animales que vivían en los corrales –que mandó construir con el dinero que le prestó su padrino–, la hacían sentirse acompañada, a pesar de vivir sola.
Se dirigió hasta su hogar, resultaba increíble, que meses atrás, esa hermosa casa, fuese un cuchitril en ruinas. Tanta era su concentración, que se percató muy tarde de la figura que se apostaba al lado de su puerta.
Imposible, ese no podía ser Sasuke. Su apariencia era la de un espectro lastimero, y no la del hombre atractivo y deseable que era cuando ella lo conoció. Se acercó con precaución y se dio cuenta que en efecto, se trataba de su esposo. Estaba cadavérico, y su expresión no desprendía su habitual arrogancia.
–Sakura –articuló renovado.
–Sasuke, ¿Qué te ha pasado? –preguntó conmovida–, no me digas que te ha durado tan poco el dinero, que ya no tienes ni qué comer –expresó preocupada.
–Tengo dinero, lo que no tenía, eran motivos para vivir –la miró directamente a los ojos, comunicándole la profundidad de su dolor.
– ¿Quieres pasar? –lo invitó con una sonrisa cortés.
–Por favor –asintió acercándose a ella.
La sorpresa de Sasuke continuó aumentando al entrar a la casa. Parecía otro lugar, un verdadero hogar, y no el cascarón vacío que él había conocido.
– ¿Cómo me encontraste? –lo dirigió hasta uno de los sofás.
–Naruto me ayudó. Convenció a uno de los empleados de tu padrino de delatar tu paradero. ¿Por qué aquí?
Cuando Naruto descubrió por fin el escondite de Sakura, Sasuke no podía creerlo. Jamás imaginó que ella pudiera vivir en ese espantoso lugar, ni tampoco era capaz de discernir los motivos que ella tuvo para refugiarse allí.
–Ya comprendo. Era el único bien que continuaba siendo mío. No te lo regresé, porque lejos de proporcionarte ganancias, significarían gastos –«además así me sentía cerca de ti», se guardó el pensamiento–. ¿Para qué viniste Sasuke?, ¿es que faltó concederte algo más? –cuestionó tranquilamente.
–Tú dijiste que querías verme feliz, ¿no? –se levantó del sofá para arrodillarse frente a ella.
–Si, por eso te dejé mis propiedades, para que tuvieras lo que querías –tenerlo tan cerca la hizo removerse.
–Pero eso no es lo que quería Sakura. Admito que en un principio el dinero era mi motivación principal, después de todo, un hombre que de niño sólo conoció las privaciones y la extrema pobreza, no era muy difícil que se volviera un asqueroso vividor y cínico, ¿no? –Sakura distinguió de inmediato el desprecio que Sasuke tenía de sí mismo–. Mi única alternativa de sobrevivir, era complacer a las mujeres. Siempre fui atractivo, así que aprendí a explotar esa ventaja –en ningún momento apartó la mirada, quería que Sakura atestiguara su sinceridad–. La primera fue la esposa del panadero, nos daba de comer a mí y a Naruto, si yo…ya sabes…
– ¿Cuántos años tenías? –preguntó trémula.
–Doce –ni siquiera pestañeó–. Luego, la hija del posadero. Ella nos permitía dormir en un cuartucho donde guardaban los triques. Como puedes ver, me vendía muy barato –rió sin humor.
–Sasuke…
–No me tengas lástima, ni eso merezco. Pude haber hecho otra cosa, pude vivir decentemente como tantos marginados que salen adelante, pero tomé el camino fácil Sakura…
–Era lo único que conocías –arguyó descompuesta–, esas mujeres abusaron de ti, se aprovecharon de tu inocencia y tu necesidad –le acarició las mejillas–. ¿En dónde estaban tus padres mientras tanto?
–Hn. Languideciendo de hambre en este lugar –señaló a su alrededor–, yo no quise seguir su ejemplo, tal vez debí quedarme a morir con ellos.
–No digas eso –se mordió el labio, dominando el temblor de su boca.
–Te juro que nunca sentí nada por ellas, por eso me fue tan fácil vivir a su costa –se tragó el nudo de su garganta para poder continuar–. Hasta que te vi a ti, en ese parque…y todo dentro de mí se volvió un caos –su expresión se dulcificó–, claro que no lo reconocí, no supe qué era lo que me provocabas. ¿Cómo saberlo?, si nadie en la vida género en mí esas emociones…no fue hasta que me dejaste, que comprendí lo que me sucedía. Te amaba. Sé que no me crees, y no te culpo. Te imaginas, un delincuente como yo, obteniendo un tesoro como tú, eso es imposible…si continuara siendo un egoísta, te exigiría que cumplieras lo que me propusiste en esa carta y me hicieras feliz, de la única manera que podría serlo. Obligándote a volver conmigo. Pero no voy a hacerlo, porque yo también te amo, y voy a darte la felicidad que mereces, apartándome de ti. Librándote de mi sucia y corrupta presencia –informó formal.
– ¿En serio me amas?...
–Más que a todo. Tu fábrica, tu dinero, tu casa, todo está de nuevo a tu nombre, como debe ser…perdóname por haberte hecho daño Sakura, por arrastrarte a este matrimonio que únicamente te ha hecho sufrir.
–Sasuke…si es cierto lo que dices, entonces tienes que demostrarme tu amor, así como yo lo hice cuando te cedí mi patrimonio…pero no alejándote de mí, porque eso no me haría feliz, eso no es lo que quiero –confesó emocionada.
– ¿Entonces…?
–Quédate a mi lado, empecemos de cero aquí, en esta granja que tú me regalaste. Te demostraré que no necesitamos de nada más para ser felices –ofreció, atrayéndolo a sus brazos.
–Eso yo ya lo sé, no hay mejor riqueza que tu amor Sakura, y te prometo, que lejos de despilfarrarlo, lo haré crecer más cada día –sonrió renacido, sellando después el pacto, con un dulce y profundo beso.
...
–Las uvas lucen deliciosas, el vino que produzcan con ellas, será el mejor de la región –Shizune contempló el racimo que Sakura le puso en las manos.
–Hn, de eso me encargo yo –entró Sasuke a la cocina, cansado después de la larga jornada en el viñedo.
– ¿Naruto ya se fue? –cuestionó Sakura sonriéndole con cariño.
–Sí, le urgía llegar al lado de su inmaculada esposa –se dejó caer a su lado.
– ¿Cuándo dejarás de llamar a Hinata así? –Sakura apenas contenía la risa.
–Cuando se me olvide que Naruto la raptó del convento –rió bromista.
–Hiciste muy bien en actuar de casamentera con ellos, Sakura –asintió Shizune con orgullo.
–Lo sé, sabía que el encantador de momias y la monja harían una pareja estupenda…
–Hmp, casi tan buena como el caza fortunas y la dama de los sombreros –la atrajo de la barbilla mirándola con devoción.
–Sip. Casi tan buena –no alcanzaron a escuchar la carcajada de Shizune, ya que ellos ya se hallaban perdidos en sus besos.
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Uff, estos shots parecen fics cortos. Se me dificulta tanto acortarlos, espero no haya sido tedioso. Este tipo de historias me parece que se prestan para ser melosonas y románticas, por eso el exceso de melcocha haha.
Bueno, pues espero que te haya gustado Asuna-dono, no soy muy experta en la época señalada, además de que le puse el típico toque de Naruto, respecto a lugares y expresiones, pero a pesar de ello, ojalá lo disfrutes =). Gracias por tu idea, un placer complacerte, hehe.
Las demás sugerencias, no se me olvidan, por fis sigan teniéndome paciencia infinita, las llevaré a cabo, igual si siguen llegando, no me preocupa. Me preguntan si continúo recibiendo ideas, mientras ustedes las quieran plasmar, yo las hago, poco a poco, pero las hago ;).
Gracias por leer, también, si gustan comentar su opinión, igualmente muchas gracias por adelantado. Espero que estén muy bien, les mando un abrazo y un saludote. Cuídense mucho, ¡seguimos leyéndonos!
Ah, sí. No me canso de decirlo y qué, hahaha…..
¡SasuSaku CANON!
