Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto.

Diálogos y narración pertenecen a mi autoría.

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Quinto one de la serie Complacencias

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Clasificacion: K

Pareja: SasuSaku

Categoría: Romance

Tathuhime: "Quiero un Sasuke sordo-mudo que escribe canciones para su amigo Naruto, quien es un importante músico de Japón. Dichas canciones son inspiradas en la vecina de Sasuke, Sakura, la cual vive con su novio y no sabe de la condición de Sasuke y lo considera un engreído y pomposo... de ahí para adelante, que vuele tu imaginación".

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Aclaraciones:

Letras en cursiva: comunicación escrita.

Letras en negrita: comunicación en Lenguaje de señas.

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"El amor no se grita con la voz, sino con el corazón"

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– "Nos encontramos de frente, intento en vano captar tu atención. Siempre estás ausente, no descubres mi cauta inspección. Cada día es más faaaacil, perderme en tus ojos de hiel. Sé que no soy nadie, sólo un extra aspirando a un papel…en tu obra…en tu vida…en tus sueños…tus anhelos…si tú quieres…si me dejas, ¡me hago cargo de cumplir tus deseooos!" –mantenía el control del reproductor de música a escasos centímetros de su boca, simulando que se trataba de un micrófono.

–Ya estás de nuevo con tus conciertos matutinos –Gaara apareció de repente.

Vestía un traje gris oscuro, el color preferido para sus juntas con los accionistas de la empresa de su padre. Sakura le sonrió como siempre hacía, más por hábito que por ganas, pausando la música para poder hablar con él.

– ¿Qué puedo hacer?, adoro esa y todas las canciones de Naruto Uzumaki, ¡es tan kawaii! –ahora si su sonrisa fue sincera.

Se dejó caer en el sofá de dos plazas, aun le quedaba un poco de tiempo antes de prepararse para irse a su trabajo.

– ¿Quieres ponerme celoso? –se sentó a su lado para plantarle un beso en la mejilla–, porque no lo lograrás, yo soy más guapo –bromeó con suficiencia.

–Claro que lo eres, ¡pero no tienes su voz, ni su magnífica creatividad! –provocó juguetona.

–No creo que ese cantante escriba sus canciones, siempre tienen a alguien más que lo haga por ellos –explicó Gaara levantándose y acomodándose el saco–. Cantantes como él, sólo son imagen y voz –se sacudió de la manga una pelusa imaginaria.

–Hjmn, si tú lo dices. ¿Cenamos esta noche? –olvidó su pequeña obsesión por el cantante de moda. Era hora de regresar a la realidad.

Cada viernes ella y Gaara cenaban fuera, para así no quedar atrapados en la rutina de su relación. Irónicamente, esa tradición estaba tan establecida, que ya se les había hecho costumbre hacerlo.

–Claro, te veo en el restaurant. Mi padre quiere que me quede con él a discutir unos asuntos después de la junta, seguro me mantendrá ocupado el resto de la tarde –tomó su portafolios de la mesita de centro y se dirigió a la puerta–. Que tengas un lindo día –se despidió con la mano en la perilla.

–Igual tú. Adiós –suspiró hondamente cuando él salió del departamento.

Gaara y ella llevaban dos años de relación, pero uno viviendo juntos. Se habían conocido en la universidad, por supuesto, pertenecían a carreras distintas. Él, un prolífero experto en finanzas. Ella, una trabajadora social con un corazón cándido y el deseo de ayudar a los demás.

La atracción había surgido de inmediato. Gaara además de apuesto, era un joven inteligente, culto, y muy seguro de sí mismo. Sakura por su parte, también era muy bella e interesante, por lo que no tuvo dificultad para que él se fijara en ella.

Últimamente atravesaban por algunos problemas, ya que él quería por fin fijar la fecha de su matrimonio, pero ella se negaba. No sabía por qué, pero la idea de casarse y formar una familia con el pelirrojo, la dejaba fría. Suponía que tenía que ver con su triste historia familiar. Como hija de padres divorciados, se resistía a crear un compromiso formal con otras personas, por miedo obviamente, a perderlos después.

Sacudió la cabeza librándose de aquellas preocupaciones. Debía prepararse para el trabajo, el cual, era su motivo de alegría. Trabajaba en una institución del gobierno, ayudando a niños desatendidos y maltratados, a integrarse de nuevo a sus familias. Le encantaba lo que hacía, ya que le permitía contribuir su grano de arena, para crear un mundo mejor.

Una hora después, salía de su departamento. El edificio estaba en una de las mejores zonas de Tokio, por supuesto, su novio podía permitirse vivir en ese lujo. Esperó pacientemente el ascensor, que no se tardó ni dos minutos en subir hasta su piso. Al momento de entrar, se acomodó en su lugar preferido, el rincón de la esquina derecha. Estaba acomodándose sus audífonos para poder proseguir con su concierto personal de Naruto Uzumaki, cuando las puertas se abrieron intempestivamente.

Su vecino –el dueño del departamento de enseguida–, entró quitado de la pena. Parecía que saldría a correr, ya que su ropa no era precisamente formal, sino un conjunto deportivo. Su primer impulso hubiese sido saludarlo con un animado buenos días y una deslumbrante sonrisa, como hacía con todas las personas con las que se encontraba…si no lo odiara tanto.

Sabía que se apellidaba Uchiha, porque el buzón lucía una placa con ese apelativo. Pero fuera de ese detalle, ella no tenía idea de cuál era su nombre, o a qué diablos se dedicaba. El hombre, era un pomposo engreído de lo peor. Siempre que se encontraban, nunca la saludaba y ni siquiera le dedicaba una mirada.

Aun así, recordó que ella poseía una educación muy superior a la de él, por lo que, haciendo acopio de toda su cortesía, suspiró fuertemente y se guardó en el fondo de su pecho, toda la animadversión que le provocaba ese hombre.

–Buen día –articuló cuando él se colocó delante de ella, por supuesto, dándole la espalda.

Silencio. El ascensor se sumergió en una tensión insoportable. ¡Que ganas de tomarlo de los hombros y zarandearlo con fuerza para que aprendiera modales!. Lo odiaba, en verdad lo aborrecía. Se sintió enferma de pronto, ella que era tan tranquila y buena, ¿Por qué debía soportar esa desconsideración?.

«Estúpido arrogante». Seguro se creía el hombre más maravilloso de la tierra, porque sin duda alguna, el muy malnacido, lo parecía. Era demasiado atractivo para su propio bien. Increíblemente atrayente, con el cabello más singular y sedoso que había visto en su vida, eso sin contar sus exquisitos rasgos y sus poderosos ojos negros, que le daban la imagen de un perfecto depredador felino. Por si fuera poco, alto y con cuerpo atlético y esculpido. ¡Maldito y mil veces maldito!

Se mordió el labio, controlando su temperamento. Ella echando humo por cada poro de su cuerpo, y él de lo más relajado, balanceándose de adelante hacia atrás. Unos segundos después, la sensación de enfado fue mutando a un sentimiento de malestar. No entendía por qué le afectaba tanto el rechazo de su vecino, probablemente porque era una mujer sociable que le encantaba hacer amigos nuevos cada día. Sí, seguro a eso se debía, y no a la idea de no parecerle lo suficientemente interesante como para llamar su atención.

Cuando el ascensor llegó al vestíbulo y las puertas se abrieron, se apresuró a salir de ahí, no soportaba respirar su mismo aire. Sin brindarle siquiera una mirada, se dirigió a la salida. Quien la viera, diría que trataba de escapar de la muerte. Si tuviera alas, las usaría para desaparecer de inmediato y esconderse entre las nubes. Lamentablemente lo más que podía hacer, era casi ponerse a correr.

–Buenos días señorita Haruno, ¿se le hizo tarde? –preguntó el portero al verla trotar a la calle buscando un taxi disponible.

–Buenos días Iruka –respondió con una sonrisa forzada, pendiente de que el señor Uchiha no estuviera a la vista–. Sí, tengo que apurarme, hasta luego.

Cogió el primer vehículo desocupado que encontró. Para su mala suerte, su viejo Volkswagen estaba en el taller. Gaara insistía en que se deshiciera de su tierno pulgarcito, hasta había ofrecido comprarle un auto nuevo. ¡Ja!, como si fuese a aceptar. Su viejo amigo era irremplazable, jamás lo cambiaría o lo vendería, estaban juntos hasta el final. Ninguno de sus allegados conocía su conmovedora historia, era una parte muy vulnerable de su vida que no pensaba compartir con nadie.

Con aquel cambio de rumbo en sus pensamientos, fue capaz de olvidarse del trago amargo que acababa de pasar en el elevador con su vecino. Le sonrió al taxista que ya comenzaba a sacarle plática, y se dispuso a continuar su día con toda la actitud positiva que ella poseía. El sol brillaba hermosamente en el cielo, su trabajo la esperaba, y en la noche, una cena con el amor de su vida. Si, a ese paso no volvería a acordarse del gruñón señor Uchiha.

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Sasuke dejó salir de golpe el aliento que había estado conteniendo. Siempre que se encontraba con su deslumbrante y preciosa vecina, le sucedía lo mismo. La joven pelirosa de piernas largas y confiables ojos verdes, lo tenía aullándole a la luna. Obviamente en sentido figurado, ya que él no podía hablar, mucho menos sería capaz de aullar.

Saludó a Iruka con un ademán de manos, el portero le devolvió el gesto acompañado de una sonrisa. De inmediato se enfiló calle abajo, y comenzó a correr con rumbo al parque que se encontraba a tres cuadras. Las mañanas de Tokio estaban llenas de vida. Personas en constante movimiento, el tráfico en su máximo esplendor, en fin, un invariable hervidero de ruidosa actividad. Mismo que a él en nada le afectaba, ya que no podía percibir más que el silencio.

Con su mente completamente relajada y tranquila, se enfocó en su principal interés. La mujer de quien estaba inexplicable e irremediablemente enamorado desde hacía un año. Su vecina. La fría e inalcanzable dama de al lado. Con quien soñaba secretamente, y a la que observaba a escondidas cada vez que se le presentaba la oportunidad.

No conocía su nombre, ¿cómo saberlo sin la capacidad de poder preguntárselo?. Simplemente sabía que vivía con su pareja, y que al parecer, eran muy felices, ya que ella nunca borraba la brillante sonrisa de sus labios. O bueno, casi nunca, solo cuando se encontraba con él.

Si, para su mala fortuna, ella lo odiaba. Podía sentirlo cuando se encontraban, ella lo aborrecía, tal vez porque intuía la mal sana obsesión que tenía por ella. No la culpaba, ella se merecía a alguien mejor. Por lo menos, a un hombre que pudiera darle conversación, adorarla con bellas palabras y cantarle románticas canciones de amor. Un caballero capaz de escuchar su melódica voz cuando le platicara sus problemas, o de oírla llegar a casa cuando regresara del trabajo. Ese, evidentemente no podría ser él.

Desde hacía mucho había aceptado su condición. Por supuesto, al principio fue difícil y traumático. Cuando a la corta edad de cinco años, fue quedándose sordo, su mundo tan pequeño y perfecto como él lo conocía hasta ese entonces, desapareció. Sus padres y su hermano lo apoyaron de inmediato, brindándole esperanzas, que con el paso del tiempo, se fueron perdiendo en la fatalidad de la situación.

Dos años estuvo luchando por conservar su sentido auditivo, mismo tiempo, en el que desarrolló un increíble talento para los instrumentos. Porque en el fondo lo sabía, conocía bien lo que le deparaba el futuro. No le quedaba mucho tiempo para experimentar cada increíble sonido existente. Únicamente una prórroga. Por lo que intentó aprovechar al máximo esa pequeña extensión de contacto con el mundo, antes de quedar completamente aislado.

Fue cuestión de nada, para que a su pérdida de la audición, le siguiera la desaparición del habla. No soportaba ver a los demás compadeciéndolo, cuando se comunicaba con ellos con esa voz demasiado grave y estrangulada. No porque fuese sordo, era idiota. Distinguía la lástima en sus expresiones, ante sus intentos lamentables de pronunciar palabras.

La vida siguió. Fue muy triste no ser capaz de escuchar a su madre contarle cuentos por las noches, o sentarse con su padre para disfrutar en la televisión sus programas favoritos. Tampoco era posible jugar con su hermano de igual manera que antes. Pero lo más doloroso, fue despedirse de su música, no oírla, no sentirla, no crearla.

Se sacudió esa vieja sensación de desaliento y sonrió tenuemente. Gracias a su perseverancia y por qué no, a su genialidad que le dio una buena disposición de adaptación, componía de nuevo. Sus canciones eran muy buenas, su amigo Naruto se lo reiteraba siempre. Aunque no todo el crédito era suyo, quien hacia posible surgir su magia –como todos sus conocidos llamaban a su talento– y le brindaba una fuente inagotable de inspiración, no era otra que su musa de la puerta de junto.

Era un hecho que jamás podría tenerla, pero eso no impedía que pensara en ella y siguiera deseándola con todas sus fuerzas. Por supuesto, jamás se atrevería a dar un paso en su dirección, respetaba la relación que ella tenía con el hombre al que había decidido amar. El corazón de su amada estaba ya ocupado, ahí, no había ni habría espacio para él, nunca.

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Bajó del auto antes de darle la oportunidad a Gaara de mostrar su caballerosidad y abrirle la puerta. Lo cierto es que aquellas acciones habían dejado de parecerle necesarias. Además, no se hallaba de muy buen humor.

La cena transcurrió sin abruptos o sobresaltos. La conversación, en torno a Gaara y los asuntos de su compañía. Un tópico casi desconocido para ella, y por demás aburrido. Reconocía que estaba mal de su parte ser tan cerrada respecto a esos temas, pero escuchar de números, de fríos acuerdos para generar más dinero, y de socios millonarios a los cuales ella no conocía –ni quería conocer–, le generaba sueño.

Para rematar. Gaara no prestaba la mínima atención a sus intereses. Ella también quería contarle las actividades de su día. Justo esa tarde, había conseguido regresar a tres hermanos con su madre, quien logró superar su adicción al alcohol y fue capaz de recuperar a sus pequeños para brindarles una mejor vida. ¿Pero a él le importaba escucharla?, seguro que no, ya que siempre la criticaba por tener un empleo tan peligroso y para colmo, mal pagado. Como si ella se la pasara tratando con criminales o no recibiera un solo yen. Claro que no ganaba lo que él, pero su sueldo le serviría para vivir –si no estuviese con Gaara–.

Comprendió que tal vez a su novio le sucedía lo mismo que a ella, probablemente Gaara tampoco era bueno en esos temas, así que, ¿Por qué no darle una oportunidad?. Por supuesto, ella también debía cambiar su actitud y mostrarle más interés a él.

–Oye, ¿ya te comenté que hoy regresé a tres niños con su madre? –decidió hacer el acercamiento–. La señora Chow estaba teniendo serios problemas con la bebida, por lo que hace más de ocho meses tuvimos que retirar a Shin, Mai y Soung de su custodia. La estuve monitoreando todo este tiempo, aconsejándola, apoyándola para que no se dejara vencer –su tono se volvió apasionado al recordar la labor que hizo con esa familia de cuatro–. Y finalmente funcionó, después de este tiempo de rehabilitación y terapia, ella es otra persona. Fue tan gratificante atestiguar el encuentro…

–Mn, seguro que si –murmuró Gaara llegando al ascensor del estacionamiento subterráneo–. Aunque no sé para qué te esfuerzas tanto, seguro recaerá en un par de semanas, si no es que en algunos días. Los alcohólicos y drogadictos no son de fiar.

Sakura apretó el bolso con sus dos manos, simulando acomodarlo en su hombro. La ira que la asaltó al oír las palabras de Gaara, le ensombreció el rostro y la puso tensa. Gaara no era un hombre que se dejara arrastrar por las emociones, pero quería creer, que incluso alguien tan racional como él, tenía un corazón. Su comentario fue simplemente cruel.

–Sé que éste no será el caso. Sobre todo, porque yo estaré ahí para prevenir que eso suceda –respondió al entrar al elevador.

Se guardó el comentario de que tenía fe en la señora Chow. Gaara se burlaría de ella por ser tan confiada y sensible.

Gaara no dijo más, seguro se dio cuenta de que no sería adecuado darle réplica. El ascensor volvió a abrirse en la recepción, una mujer de ojos gris claro y cabellera larga negra, entró y se acomodó a su lado.

–Buenas noches –saludó sonriéndoles con amabilidad.

–Buenas noches –le regresaron el saludo.

– ¿Cuál es su piso? –preguntó Gaara con caballerosidad.

–El décimo –respondió con voz dulce.

–El de nosotros también –Sakura dejó de lado su anterior apatía y siguió mirando a la chica.

–Ah, bueno, entonces llegaremos sin demoras –rió tímidamente, concentrándose después en su móvil y enviando un mensaje.

El rostro de la joven no le pareció conocido. Pero no le resultó extraño verla allí, era claro que estaba de visita. Sakura no se llevaba con todos los vecinos de su piso, pero si los conocía. La amable señora Chiyo, y el maleducado señor Uchiha.

No concebía la idea de que alguien visitara voluntariamente a ese engreído, y menos con tan buena actitud. Por lo tanto, la muchacha seguro buscaba a la amable y encantadora viejecita.

Cuando las puertas se abrieron, la vieron apresurarse al departamento con el número 110. La puerta se abrió de inmediato, sin que ella tuviera que hacer sonar el timbre.

Sakura apretó los labios. Ahí estaba él, su insoportable vecino, resplandeciendo con una enorme sonrisa dirigida a la bella pelinegra. No alcanzó a escuchar su afectuoso saludo, era obvio que esos dos eran amantes, ya que la linda joven había logrado sacarle tremenda expresión de alegría a ese gruñón. Pasó de largo con la vista clavada en su puerta, apurándose a abrir. Gaara entró tras ella, cerrando delicadamente.

–Qué suerte tienen algunos cretinos –no pudo detenerse de expresar su disgusto.

– ¿De qué hablas? –Gaara la observó con curiosidad.

–De ese tipo. No sé cómo puede andar con una mujer tan linda y amable, siendo él un grosero insoportable –lanzó con acidez.

– ¿Un grosero?... ¿acaso te ha hecho algo? –cuestionó poniéndose serio. Claramente dispuesto a convertirse en su caballero andante y defenderla de cualquier agravio.

Contuvo un resoplido y se abstuvo de poner los ojos en blanco, no necesitaba que Gaara la defendiera de nada ni nadie.

–Mn, no me faltó al respeto, si eso es lo que te estás imaginando. Simplemente que es un maleducado, las veces que me lo he encontrado, nunca responde a mi saludo, prácticamente me ignora y me deja con la palabra en la boca, debe pensar que soy poca cosa como para fijar su atención en mí –aclaró más afectada de lo que hubiese querido.

– ¿Qué no te saluda?... ¿y cómo esperas que lo haga?. Sakura, nuestro vecino es sordomudo. ¿No te habías dado cuenta? –la expresión de Gaara era de humor.

–Sordo…mudo –sintió el color drenársele del rostro.

Gaara comenzó a reír con ganas. Si hubiera podido, le habría lanzado algo, sin embargo, estaba tan entumecida por la impresión, que le fue imposible moverse. ¿Se podía ser más estúpida?. Era una idiota, una inconsciente, y una muy mala persona. ¿Cómo se ponía a hablar mal de él si ni siquiera lo conocía?, lo había juzgado y condenado, basada únicamente en sus propias impresiones. ¡Sus erróneas y prejuiciosas impresiones!. ¿¡Y es que cómo imaginarse la verdad!?, él era tan joven, tan perfecto…

«Tengo que disculparme», planeó de pronto. «Aunque por qué lo haría, él no sabe la absurda opinión que yo tenía de él», se sentía terrible. Era una desconsiderada, había despotricado contra un hombre incapacitado auditiva y verbalmente, simplemente por ignorante, por no haber investigado más.

«Pero de alguna manera se lo compensaré señor Uchiha, se lo prometo», decidió firmemente.

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Observó el reloj del microondas suspirando impaciente. Si quería encontrarse al señor Uchiha en el elevador, como el día anterior –y como casi siempre–, debía esperar cinco minutos más para salir. Gaara hacía mucho que se había ido, no es como si le importara, seguía muy molesta con él. No por aclararle la situación del vecino, sino por burlarse de ella. Su novio era insoportable a veces.

Ideó un plan perfecto. Sólo esperaba que las cosas salieran acorde a ese plan. Su departamento olía a galletas recién horneadas. Su especialidad, las enormes galletas de avena y nuez –que ya estaban perfectamente empaquetadas–, serían su rama de olivo. Cuando el reloj marcó las nueve y media, se dirigió a la salida.

El pasillo estaba desierto. Caminó despacio, dándole oportunidad a su vecino de salir de su departamento. Esperó otros segundos antes de llamar al ascensor, hasta que escuchó una puerta detrás de ella abrirse.

Los sábados no trabajaba, pero le gustaba visitar algunos refugios y casas hogar, para convivir con los niños y distraerlos de sus penas por estar separados de sus padres. Sin embargo, esta mañana sería distinta. El elevador se abrió al llegar a su piso. Podía sentir a su vecino a escasos pasos detrás de ella, sabía que entraría también y se preparó para ello. Al poner los pies dentro de la caja metálica, giró de inmediato, absteniéndose de refugiarse en su rincón alejado, permaneció en el centro, haciéndose a un lado cuando él la siguió.

Las puertas se cerraron de nuevo. Con toda la seguridad que pudo, viró su rostro hacia él. El señor Uchiha acababa de presionar el botón que los llevaría al vestíbulo, acomodándose a algunos centímetros de ella, no la miró en ningún momento. Combatió contra el nerviosismo que se atoraba en su garganta, y prosiguió con su brillante idea.

Antes de arrepentirse, estiró rápidamente su brazo hacia él. Lo tocó por el hombro, captando así su atención. Él giró en seguida, escrutando su rostro sin cambiar su serio semblante. Ahí estaba, su oportunidad de redimirse ante el vecino, y sobretodo, ante ella misma. Con toda naturalidad, le sonrió. Una sonrisa que no muchos habían visto, una sonrisa, que sólo era dedicada a personas importantes y especiales para ella.

Él abrió los párpados perceptiblemente, como asombrado de ver esa expresión en ella. Pensó que la ignoraría, pero después de contemplarla por algunos segundos, él le sonrió también, y por Kamisama, ese hombre atractivo, acababa de volverse increíblemente más hermoso.

Con más confianza, alzó su mano y dibujó con sus labios un hola. Él alzó su mano también, repitiendo el patrón de su boca. Sakura sentía las lágrimas empujar detrás de sus ojos. Había sido tan injusta al criticarlo. Con solo ver el brillo de su mirada, sabía que él era un ser único.

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Sasuke no podía creerlo. ¿No estaría soñando?. Tal vez había muerto mientras dormía, y ahora estaba en el paraíso. Su bello paraíso con la mujer más extraordinaria del planeta.

La vecina, lo saludaba y le sonreía, por primera vez, desde que la conocía, no había hielo para él en sus preciosos ojos verdes. Cuando la sintió salir de su departamento, se apresuró a seguirla. Constantemente lo hacía, esperaba a que ella saliera de su hogar, para él hacer lo mismo y encontrársela.

Era un acto masoquista de su parte, ya que ella jamás lo miraría con interés, mucho menos con amor. Sin embargo, era imposible para él no torturarse con su cercanía. Embriagarse de su olor y mirarla de reojo, era suficiente. Era lo único a lo que aspiraba.

Pero ahora, ella lo tocaba, le sonreía, y hasta le hablaba. Quería saltar de felicidad. De repente, ella comenzó a revolver entre sus pertenencias, sacando de su enorme bolso un recipiente de vidrio que contenía un montón de galletas. La vio retirar la tapa sin dificultad, de inmediato, le acercó el contenedor. Cogió una sin dudarlo.

Su musa no retiró las galletas, por el contrario, lo instó a tomar más. No le gustaba mucho lo dulce, pero no quiso desairarla. Cogió otra, luego otra, una más, en menos de diez segundos, tenía ambas manos repletas de galletas. Ella cerró el contenedor y lo guardó de nuevo. Sacando ahora una pequeña libreta con una pluma.

Escribió algo apresuradamente, antes de mostrárselo, le hizo algunas señas que él supo entender. Le preguntaba si sabía leer. Asintió al instante, ella le mostró lo que acababa de escribir.

¡Mucho gusto, mi nombre es Sakura Haruno = )!

¿Cómo te llamas?

Estaba a punto de pasarle la libreta, cuando se dio cuenta que no podría sostenerla con las manos ocupadas. Rieron ambos, él se dedicó a comer, le urgía responderle. Cuando dio el primer bocado, el delicioso sabor lo sorprendió. Ella era buena cocinera. No tardó mucho en devorarse el resto de las deliciosas galletas.

Tomó la libreta justo al instante en el que el elevador llegó al primer piso. Salieron juntos, deteniéndose cerca de las puertas de cristal que Iruka custodiaba.

Soy Sasuke Uchiha. ¡Encantado de conocerte!

Escribió de inmediato. Ella asintió y volvió a sonreír, él la miro embelesado. Sakura. Un nombre precioso y bastante apropiado para ella.

No sabía porque se le había acercado de repente, después de un año de simplemente toparse "casualmente" en el elevador. Pero tampoco le importaba, quería seguir disfrutando de su compañía, conocerla a fondo…y parecía que esa era la misma idea de Sakura, ya que su siguiente propuesta casi lo hizo abrir la boca de la sorpresa.

Gracias Sasuke, igual yo. ¿Irás al parque a correr?. Yo también me dirijo hacia allá. Voy a regalar galletas a los ancianos que se sientan a leer el periódico. ¿Me acompañas?

Asintió entusiasmado. Nadie podría frenarlo de no hacerlo. La acompañaría hasta el mismísimo infierno si ella quisiera. La vio suspirar aliviada, aquel gesto le confirmó que ella en verdad buscaba su compañía. Sakura guardó la libreta y le hizo una seña con la cabeza. Por primera vez no era consciente del silencio que lo rodeaba, la pelirosa que caminaba a su lado, lo hizo olvidarse de todo lo demás.

Regresó a casa cuatro horas después. Su vecino era encantador. Sasuke, ahora conocía su nombre, no tendría que llamarlo señor Uchiha nunca más.

En un principio pensó que él se desharía de ella en el parque, para continuar con su ejercicio o hacer las actividades que él hacía. Pero no. La había acompañado en todo momento, sonriendo amablemente a los ancianos que se encontraban a su paso. Después de acabar sus reservas de galletas, habían entrado a una cafetería cercana a refrescarse. Su conversación escrita continuó durante dos horas, prácticamente las hojas en blanco terminaron agotándosele.

Se dejó caer en el sofá mientras releía la perfecta caligrafía de Sasuke. Recordaba cada detalle de su "conversación". Trabajaba en casa, le gustaba el arte, salía a correr a diario, tenía un hermano mayor al igual que varios amigos, practicaba varias disciplinas de combate, y le fascinaban los tomates. Sus padres no vivían en Tokio, sino en Kanagawa. No mencionó tener novia, aunque eso no significaba que no la tuviese. Su cumpleaños estaba próximo, faltaban tan sólo seis semanas para que cumpliera los veintiséis –igual que ella–.

La idea de prepararle un pastel para ese día tan especial, se asentó en ella. Además de comprarle algún regalo.

De repente, una gran sonrisa se formó en sus labios. Él le había preguntado muchas cosas acerca de su persona. Hacía mucho que nadie se interesaba tanto en su vida, por lo que no tuvo empacho en "contarle" casi todo acerca de sí misma. Su profesión, su edad, sus gustos, incluso algo de su relación con Gaara. Únicamente omitió su delirante pasión por la música de Naruto Uzumaki, y la historia de su auto pulgarcito. Fuera de aquellos secretos, había sido un libro abierto.

Sasuke elogió de inmediato su dedicación laboral, no sólo leyó pacientemente su última buena acción, sino que la presionó para que le "contara" más, acerca de la señora Chow y el reencuentro con sus hijos. Quedaron de salir juntos nuevamente, ya que él se ofreció a acompañarla a los orfanatos y casas hogar, cada sábado por la mañana.

Estaba muy contenta, presentía que ella y Sasuke, forjarían una muy buena amistad.

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Allí estaba de nuevo frente a aquella puerta, la cual se había abierto para ella en bastantes ocasiones. Supuso que Sasuke aparecería en cualquier momento, la hora acordada para su encuentro eran las siete de la tarde, y él era muy puntual. No la decepcionó, segundos después de que ella se colocara frente a su apartamento, él abrió la puerta.

La expresión de felicidad que le dedicó al ver el pastel de cumpleaños en sus manos, fue suficiente recompensa a sus horas de esfuerzo en la cocina. Esperaba que los regalos que le tenía preparados, le proporcionaran otra sonrisa de esas.

Él se hizo a un lado de inmediato, abriéndole el paso. Con más confianza de la que debería, se dirigió a la enorme cocina, colocando en la encimera de granito, la deliciosa tarta de fresas y nuez. Sasuke sacó su móvil del bolsillo y escribió de inmediato, igual que hacía siempre que se encontraban.

¡Gracias!. Aunque no debiste molestarte.

Él esperaba paciente a que ella escribiera también en su celular, tenían la costumbre de entablar largas conversaciones escritas, usando cada quien sus teléfonos móviles. Pero ese día sería diferente. Aquel era el segundo regalo que le daría.

Estaba segura de ser la única amiga de Sasuke que no conocía la Lengua de señas. Aquello la molestaba, porque debido a su ignorancia, tenían que mensajearse para comunicarse, estando a centímetros de distancia. Eso impedía que la conversación fluyera con la normalidad que él merecía, ya que por lo general no podía verlo a los ojos, por estar texteando y, leyendo a su vez, su celular. Incluso Iruka sabía algunos signos.

Por eso. Con la iniciativa que la caracterizaba, había dedicado varias horas de su tiempo –muchas de ellas en la noche, evitando dormir–, para aprenderlo.

Puso su móvil al lado del pastel. Sasuke la miró extrañado, obviamente esperaba iniciar con ella la sesión de mensajes.

Suspiró fuertemente y sonrió traviesa. Ya quería ver su cara cuando le expresara lo que quería decirle. Comenzó a mover cuidadosamente sus manos, no es que hubiese olvidado como hacerlo, pero estaba tan nerviosa, que no quería estropearlo. Él se concentró en sus ojos, después bajó la mirada, sus cejas se alzaron con incredulidad.

"No fue una molestia, al contrario, es un placer cocinar para ti. ¡Feliz cumpleaños Sasuke!"

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Sasuke casi se atragantó al dejar de respirar. ¡Sakura conversaba con él por medio de la Lengua de señas!

En esas seis semanas que llevaban frecuentándose y conviviendo como amigos. Ella no había dado indicios de estar aprendiendo a comunicarse con él de esa manera. Y a él ni se le hubiera ocurrido sugerírselo. Ella no tenía por qué adecuarse a su situación. Desde que se había quedado sordo, sabía que su lucha constante sería adaptarse él al mundo, no el mundo a él.

La vio mover sus manos de nuevo.

"¿Lo hice bien?, tal vez no. Porque no me has respondido"

Estaba a punto de coger su celular, claramente mortificada por haberse equivocado. Antes de que lo hiciera, él colocó su mano encima de la suya, impidiéndole tomarlo. Negó con la cabeza.

"Lo hiciste perfectamente. ¿Cuándo aprendiste?"

Sonrió al notar como lanzó el aire fuera de sus pulmones, claramente aliviada.

"No hace mucho. Durante estas semanas"

"¿Ah si?, ¿a qué hora?. Cuando no estás en el trabajo o con Gaara, estás haciéndome compañía"

Sakura se había vuelto una parte importante de su día, le encantaba pasar tiempo con ella. Se veían prácticamente a diario. Antes de conocerse, ella siempre se la pasaba sola, –al igual que él, aunque en su caso era por gusto–, a excepción de los viernes, cuando salía a cenar con su novio. Por lo que al hacerse amigos, unos muy buenos amigos, les encantaba visitarse, comer y "platicar".

"Antes de dormir. El internet ha mostrado ser una herramienta muy útil en este caso"

Rio cómplice.

"¿Así que?, ¿te ha gustado mi sorpresa?"

"¡Me encanta!"

¿Y cómo no?. Ahora podría contemplarla mientras se comunicaban. Además, que Sakura aprendiera su "idioma", significaba que él le importaba lo suficiente como para adecuarse a él.

"Bien. Eso me hace muy feliz. Ahora, pasemos a lo importante".

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Sakura sacó una caja de velitas. De inmediato, las colocó en el pastel. Le hizo gracia ver a Sasuke contarlas, seguro no imaginaba que colocaría las veintiséis velas que significaban su edad. Las encendió con cuidado y corrió a apagar las luces, Sasuke permaneció en su sitio, simplemente siguiéndola con la mirada, ella sabía que lucía más emocionada que él.

"Bien, antes que todo, piensa en un deseo, y después… ¡soplas y las apagas!"

Sasuke hizo exactamente lo que ella le ordenó. Se pasó la mano por el mentón, fingiendo escarbar en su mente su deseo. Por un instante, sus ojos parecieron brillar con auténtica esperanza, luego la miró y le sonrió. Asintió para hacerle notar que estaba listo, ella preparó la cámara de su móvil. Captó el momento justo en el que él soplaba y apagaba sin problema, todas las velitas.

Aplaudió emocionada, rodeando la encimera para abrazarlo con todas sus fuerzas, sin el menor reparo…sin la más mínima contención…simplemente dejando a sus sentimientos libres. Aunque ella no tuviera muy claro lo que esa presión en su pecho significara, sabía que jamás había sentido algo así, ni siquiera con Gaara, y eso la sorprendió. Corrió a encender la luz de nuevo, echando en falta de inmediato su calor.

"Ahora, otro regalo"

Sacó un sobre de su bolso y se lo tendió.

"¿No han sido suficientes regalos ya?"

Cuestionó Sasuke plenamente sonrojado, agachó la cabeza impidiendo que Sakura lo notara. Tomó el sobre rozando sus dedos, ella se mordió el labio ante el escalofrío que se descargó en su piel.

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Sasuke casi temblaba, todavía podía sentir los brazos de Sakura rodeándole el cuello, y sus palmas afianzándose a su pequeña cintura. Cuanto la amaba, y ahora ese sentimiento parecía incontenible. Era la primera mujer que llegaba tan adentro. Con sus detalles, con sus sinceras sonrisas, con su vitalidad y su belleza, y por supuesto, con su dedicación y bondad.

Antes de abrir el sobre, recordó su deseo. Un beso, simplemente eso. Habría podido desear que ella correspondiese su amor y que estuvieran juntos por toda la eternidad, pero era realista. Ella amaba a Gaara, debía hacerlo, ya que soportaba demasiado y jamás se quejaba.

Como la soledad en la que la tenía inmersa. O su apática actitud respecto a su trabajo e intereses. Sus diferencias abismales en cuanto a gustos y personalidades. Él era frío, calculador, intelectual. Ella era cándida, desinteresada y emocional. Sakura no le había contado aquello, pero él era demasiado receptivo –seguramente debido a su condición–, y lo notaba. Pero ella debía ser feliz a su modo, al menos eso quería creer con todas sus fuerzas, porque si se permitía pensar lo contrario, no cejaría en su empeño hasta tenerla a su lado, y eso no era posible.

Abrió con cuidado pues, su último regalo. La tarjeta de cumpleaños azul, con el personaje de un famoso gato, contenía un hermoso mensaje escrito a puño y letra.


Hoy conmemoraremos el hermoso día de tu nacimiento. El increíble día en el que llegó a la vida un ser tan bello y especial como tú, Sasuke. La fecha que ahora recordaré debido a ti, y la cual se volverá la favorita de mi calendario. Con todo mi cariño y amor, ¡te deseó un muy feliz cumpleaños!, gracias por significar tanto para mí. Atentamente, tu amiga Sakura.


Adheridas con un clip metálico en el interior de la tarjeta, se hallaban dos entradas a una exposición de pintura y escultura que se presentaba esa semana en Tokio. Seguro le habían costado una pequeña fortuna a Sakura, reconoció culpable.

"¿Te gustó?, iremos mañana, bueno, o puedes llevar a alguien más…no es necesario que me lleves a mí. Es un boleto para ti y para quien quieras que sea tu acompañante"

Ella se puso muy nerviosa, incluso desvió la mirada. Por supuesto que la llevaría a ella, no le apetecía pasar su tiempo con alguien que no fuese Sakura. Estaba muy contento, y no precisamente por las entradas, sino por las palabras dedicadas en su tarjeta. Eran conmovedoras e incluso reveladoras, no le gustaba hacerse ilusiones, pero cuando ella tenía ese tipo de detalles, le era imposible evitarlo.

Estiró su mano y la cogió por el mentón, girando su rostro para que volviera a mirarlo.

"No se me ocurriría llevar a nadie más", explicó lentamente, para que no le quedara la menor duda de que ese era su deseo. "Este ha sido el mejor cumpleaños de mi vida, gracias Sakura", se atrevió a acercársele. El beso que le dio en la frente y luego le repitió en la mejilla, fue algo espontáneo, salido directamente del corazón.

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Sakura no supo porque de pronto comenzó a temblar, sólo se percató que sus piernas parecían gelatina y que necesitaba sostenerse con todas sus fuerzas a Sasuke para no caerse de bruces contra el suelo. Así lo hizo, sus tiernos besos la habían dejado mareada, y eso que ni siquiera eran besos de amor, sino de amistad o probable agradecimiento. Aun así, se aferró al cuello de Sasuke, sintiendo sus delicadas manos rodeándola, atrayéndola a su cuerpo, y brindándole una protección que la hizo querer llorar de emoción contenida. El olor del cuerpo de Sasuke era tan embriagador, que no tuvo control sobre su nariz, que terminó paseándose por el cuello de él. Saturándose de su esencia, embebiendo su masculinidad, en esos momentos se olvidó de su amistad y se dio por enterada que lo veía y lo quería como a un hombre. Su hombre.

Se apartó asombrada. Él lo permitió, preocupándose en seguida por la expresión atónita que ella le mostraba. El tremendo shock de descubrir con tal intensidad sus sentimientos, fue como un marro estrellándose contra su cabeza. Tartamudeó torpemente una disculpa, ni siquiera recordó que él no la escuchaba. Sasuke la tomó por los hombros, intentando calmar el calvario mental por el que atravesaba.

No quiso asustarlo, así que se controló lo suficiente para sonreírle y expresar con sus manos una excusa estúpida.

"Yo…olvidé que dejé un guisado en la estufa, ahora vuelvo, tengo que ir a mi departamento".

Él se ofreció a acompañarla, pero ante su rápida y rotunda negativa, no trató de insistir más, a pesar de que seguía mirándola con suspicacia e inquietud.

Aprovechó que él "charlaría" con sus padres a través de la cámara de su computadora y salió disparada hacia su hogar. Al entrar al apartamento, lo sintió ajeno, vacío, atemorizante. Nada comparado a lo que sentía al atravesar la puerta de Sasuke.

Gaara estaba fuera por asuntos de su trabajo, y no volvería hasta dentro de tres días. Aquello era un gran alivio. Él conocía su amistad con Sasuke, la había regañado por ser tan bondadosa de juntarse con él, incluso le había hecho el comentario desagradable de que únicamente le faltaba rescatar perros callejeros para convertirse en una verdadera santa. Eran esos detalles los que la hacían sentirse menos culpable en este momento, en el cual, ansiaba correr de nuevo con Sasuke para decirle lo que provocaba en ella y fundirse en sus brazos.

Pero no debía. Ella era una mujer atada a una relación, Gaara merecía su lealtad. Además, que ella estuviera enamorada de Sasuke, no significaba que él también lo estaba de ella. Resopló mortificada, ¿Qué haría?. Continuar con Gaara, a pesar de que el simple pensamiento de él tocándola o besándola, le generaba aversión. No, ni ella ni su novio merecían eso. Tampoco podía hablarle a Sasuke de lo que sentía todavía. Sería injusto no dar por terminado su noviazgo, antes de iniciar uno nuevo con Sasuke. Claro, siendo optimista y esperando que él sintiera lo mismo por ella.

Con su estado de ánimo más tranquilo, se dirigió de nueva cuenta al apartamento de Sasuke. Le envió un mensaje y él abrió de inmediato. A partir de ese momento no volvieron a tener problemas, probaron con gusto la tarta preparada por ella, pidieron la cena a un restaurante exclusivo y comieron en casa. No necesitaban más, aunque el otro no lo supiera, ambos estaban encantados disfrutando exclusivamente de sus compañías.

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Sakura se sonrojó furiosamente ante el espejo de cuerpo completo que tenía en el vestidor. ¿No estaría insinuándosele mucho a Sasuke con aquel vestido tan provocativo?. Apartó la mirada de sus desnudos muslos y se inspeccionó el tentador escote. El vestido era sencillo, pero en ella, lucía bastante favorecedor. Remarcando sus redondeadas caderas y dejando en evidencia su pequeña cintura y sus largas piernas. La idea de cambiarse se desvaneció ante el sonido del timbre. Sasuke estaba ya ante su puerta.

Corrió no importándole el peligro de lastimarse un tobillo con aquellos enormes tacones, no quería hacerlo esperar. Irían a la exposición de arte –había gastado una gran parte de sus ahorros en las entradas, pero Sasuke valía eso y más–, aunque antes, él le tenía una sorpresa. Cosa que a ella la dejó muy emocionada. Tal vez sería sólo una comida antes de asistir a la exposición, al menos eso suponía, no le importaba de que se tratara, la simple idea de pasar con el más horas, era lo que la hacía feliz.

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Aguantó el impulso de abrazarla y besarla. Sakura lo desarmaba con su belleza cada vez que la veía, pero esta ocasión se estaba superando. La vio parpadear repetidas veces y morderse el labio, seguro esperaba nerviosa a que él le hiciera un cumplido. No la decepcionó, rápidamente le hizo saber lo hermosa que lucía esa tarde. Se vio recompensado por su sonrisa tímida y un furioso sonrojo que la acompañó hasta que bajaron al estacionamiento.

Sakura se empeñó en que se fueran en su viejo pulgarcito, y él, como hombre que satisfacía y cumplía todos sus deseos, no se opuso.

"¿A dónde vamos?, necesito saber la dirección para poder conducir hacia allá", pidió ella sacando las llaves de su bolso.

"¿Y si me dejas conducir a mí?, no me gustaría que lo supieras hasta que estemos ahí".

"Desde que tengo a pulgarcito nadie que no sea yo lo ha conducido", la renuencia de ella para confiarle su auto, le pareció cómica.

"Te prometo tratarlo bien", extendió su mano para que le pasara las llaves. "Te juro que si no te gusta mi manera de conducirlo, me estacionaré y te dejaré el lugar del conductor", prometió ya no tan divertido, la expresión tormentosa de Sakura le llegó al alma.

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Sakura tragó con dificultad, dejar que Sasuke condujera a pulgarcito, era el acto de fe y confianza más grande que pudiera realizar. Si él conociera su historia, se daría cuenta del tremendo esfuerzo que le estaba costando considerar su petición. Se asombró un poco al comprender, que la idea de compartir con el aquella parte de su pasado, no la ponía en guardia como normalmente sucedía con otras personas. Sin duda, era debido al amor que le tenía.

"Bien, trátalo con cariño, ¿sí?, a él no le gusta que lo critiquen o maltraten", sabía que estaba portándose como una loca, pero su auto era más que una pertenencia, era su objeto más querido.

"Seré paciente y cuidadoso", prometió con seriedad.

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La tensión de Sakura no desapareció en todo el camino, pero se contuvo bastante bien, casi estuvo a punto de felicitarla por su buen control y exagerado dominio. La vio suspirar aliviada, cuando se estacionó afuera del edificio al que acababan de llegar.

Sakura no le había mentido, pulgarcito no era un auto fácil de manejar, todo lo contrario, parecía muy dispuesto a ponerle trabas a la hora del cambio de velocidades, era curioso que ella estuviese tan encariñada con un auto que apenas y funcionaba.

"¿Dónde estamos?, no reconozco este sitio". Preguntó ella, retomando la facilidad de movimiento en sus manos.

"Es un viejo teatro, es de un amigo. Quiere reformarlo para ofrecer varios tipos de espectáculos. La fachada está algo vieja y descuidada, pero dentro se ha rehabilitado casi todo". Salió del mini vehículo y le abrió la puerta galantemente. La mirada curiosa e interesada de Sakura, se paseó por el frente del lugar.

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A pesar de la pintura descascarada, los ventanales opacos y las letras del nombre corroídas, a Sakura le encantó el diseño antiguo y elegante del desgastado edificio. Entraron por las puertas recién abiertas, en el recibidor se encontraba un hombre alto y delgado, de cabello plata y ojos oscuros, se acercó a ellos de inmediato, a la vez que saludaba a Sasuke con un abrazo y empezaba a conversar con él a señas.

"Que gusto verte de nuevo. Está todo listo, yo no puedo quedarme, pero Lee estará por aquí para cerrar en cuanto ustedes quieran partir". Sonrió ameno.

"Gracias Kakashi. Ella es Sakura Haruno, la amiga de la que te he contado", la presentó con formalidad.

–Mucho gusto señorita Haruno. Un placer conocerla. Soy Kakashi Hatake, amigo de Sasuke desde hace mucho. Espero que disfrute de lo que él y yo le hemos preparado –ofreció su mano saludándola cálidamente.

Se dio cuenta que a pesar que Kakashi le había hablado de manera normal, no dejó de hacer señas para que Sasuke no tuviera problema en saber lo que él decía. Le respondió de igual manera, no quería excluir a Sasuke, aunque él era muy bueno en leer los labios, quería evitarle esa tarea.

–Igualmente, puede llamarme Sakura si gusta. Por supuesto que disfrutaré, aunque no sé cuál sea la sorpresa, este sitio es muy hermoso –halagó entusiasmada.

Los muebles del vestíbulo eran nuevos, lo mismo que las alfombras, pero el toque elegante y sobrio, bien podría sugerir que eran los mismos sillones y mesas que el teatro tenía en sus inicios.

–Gracias Sakura. Tengo el firme propósito de convertir el lugar en un tesoro nacional –bromeó risueño–. En fin, me despido, tengo unos compromisos que no puedo postergar. Nuevamente, bienvenida, espero verte pronto.

–Hasta luego –dejó que besara galantemente su mejilla.

"Nos vemos después Sasuke, se quedan en su teatro". Partió segundos después.

"Bien, ¿Qué sigue?", preguntó sin disimular su sonrisa.

Él no le respondió, simplemente la tomó de la mano y la dirigió por el largo pasillo que llevaba al corazón del edificio. Las butacas estaban cien por ciento reformadas, tapizadas de un rojo sangre, y extraordinariamente cómodas y suaves, comprobó al sentarse en la tercera fila. El techo era muy alto, había cientos de palcos alrededor, se imaginó el lugar atestado de personas, fácilmente cabrían mas de mil. Frente a ella, el escenario estaba cubierto por una gran mampara blanca.

"No entiendo nada. ¿Para qué está esa división?", su excitación la hizo mover las manos torpemente.

"Ahora verás". Sasuke se puso de pie he hizo una seña con la mano.

Las luces se apagaron enseguida, dejándolos sumergidos en un mar de oscuridad. Sintió su mano acariciar la suya, claramente intentaba calmarla. Cosa que le generó el efecto inverso, el cuerpo se le llenó de escalofríos, su toque era tan electrizante y cautivador. Con esa penumbra sería tan fácil perderse en su abrazo.

Salió de su mundo de fantasía cuando una película comenzó a proyectarse frente a ellos. Viró la cabeza para cerciorarse de que aquello era lo esperado. ¿Para que querría él llevarla a ver una película?, por supuesto que podría estar subtitulada para su comprensión, al menos eso imaginaba, aunque, la idea de platicársela por medio de la Lengua de señas, la desvió de su preocupación.

"Quiero que hagamos cosas cotidianas. No por mi condición, perderemos la oportunidad de hacer lo que hacen normalmente los demás", señaló adivinando sus dudas.

"Lo bueno de estar contigo, es que no me hacen falta esas cosas cotidianas. Tú no eres normal para mí, al contrario, eres muy especial", aclaró apresurada.

Antes de que él leyera en sus ojos todo el amor que le salía por los poros, regresó la vista a la pantalla. Fue una maravillosa revelación darse cuenta del tipo de película que disfrutarían.

"Tenía que ponerle mi toque", rió divertido.

Claro, tenía que ser. ¡Era una película muda!. No resistió el impulso de reír y acurrucarse a su lado, su sorpresa fue mejor de lo que había esperado.

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La tarde se pasó en un suspiro. Además del mágico momento vivido en el teatro, la exposición de arte fue un éxito también. Hacía mucho que Sakura no disfrutaba así de la compañía de alguien. A cada minuto que transcurría, su idea de terminar con Gaara, se afianzaba más. Independientemente de lo que resultara su vida amorosa con Sasuke, no quería continuar con una relación que no iba hacia ninguna parte.

Sentados en el suelo de su sala, con una taza de café en la mesita de centro frente a ellos, continuaban con su "plática".

"¿Ya me vas a contar por qué le tienes tanto amor a pulgarcito?", cuestionó Sasuke aprovechando que ella se encontraba relajada.

Se mordió el labio y comenzó a juguetear con uno de los cojines.

"Yo…soy hija de padres divorciados", abordó renuente. No es que no quisiera abrirse con él, de hecho, ansiaba contarle todo acerca de ella, pero también le daba algo de vergüenza, su historia podría considerarse algo patética.

"Me lo mencionaste brevemente cuando nos conocimos", le recordó invitándola a continuar.

"Los demás niños se burlaban de mí por eso, en ese tiempo no era tan bien visto que las parejas se separaran". Suspiró y después dio un sorbo a su café, la expresión comprensiva de Sasuke le dio fuerzas. "Como comprenderás, no tenía amigos. Cuando salía de la escuela, lo que menos quería era estar en la casa, mi madre no llevaba muy bien la separación, así que se ponía algo insoportable".

"¿Y tu papá?"

"El comenzó a viajar mucho, supongo que al sentirse libre, no le pareció mala idea mantenerse comunicado conmigo únicamente por cartas o escasas llamadas telefónicas. En fin, mi abuelo materno vivía cerca, él era un hombre algo solitario, ya sabes, de esos señores chapados a la antigua, mi madre no lo trataba mucho porque le parecía serio y amargado".

Sonrió de repente recordando al hombre de duras facciones y cabellos canos. Su abuelo era un anciano muy independiente, además de fuerte. A pesar de ser muy mayor, Sakura nunca notó los estragos de su edad.

"Al principio, nunca hablábamos, sólo nos sentábamos en su viejo sofá a ver la televisión a blanco y negro. Como dije, a él no le iba eso de la modernidad. Obviamente, con el pasar de los días nos fuimos sintiendo en confianza. Él me preguntaba cómo me iba en la escuela, yo era incapaz de mentirle, así que le contaba lo infeliz que me sentía al ser ignorada por mis compañeros. A partir de ese momento, él me prestó más atención, me dijo que no podía hacer nada respecto a los demás, pero que intentaría hallarme a un amigo que no fuera tan exigente y prejuicioso. En una ocasión, lo encontré muy alegre, lo hubieras visto, parecía un niño con juguete nuevo".

Sasuke sonrió al verla tan añorante y concentrada.

"Me llevó al patio trasero, donde tenía infinidad de cosas guardadas. Bajo una manta polvorienta, estaba el, mi pulgarcito. Sasuke no te imaginas las condiciones en las que se encontraba ese viejo Volkswagen, ni siquiera tenía vidrios", rió y de repente sintió sus mejillas húmedas. "Yo…simplemente lo abracé. Juntos lo arreglamos, lo reparamos con tanto amor, quedó como nuevo. Nos llevó algo de tiempo, pero valió la pena cada hora que le invertimos".

"Sakura", se acercó a ella acariciando su rostro, limpiando las lágrimas que empañaban sus ojos.

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Le fue imposible permanecer alejado. Sencillamente se inclinó y la besó. Sakura lo permitió con una disposición absoluta. Tanteó sus labios viéndola cerrar los párpados, sintiendo también sus manos rodearle el cuello. Ella lo quería, de no ser así, lo habría apartado de inmediato. Apuró su boca a unirse con la suya, el choque de sus lenguas fue maravilloso, nada que pudiera compararse a anteriores experiencias.

Tanta emoción le atenazaba el pecho, la apretó con cuidado pero con determinación, haciéndole saber que ya no estaba dispuesto a soltarla, a alejarse de ella. Así fue durante algunos minutos, bien pudieron ser horas, con Sakura en sus brazos perdió el contacto con la realidad.

Ella se apartó poco a poco, incrédula y confundida.

"Sasuke esto no…", ni siquiera terminó, se levantó apresurada y la vio responder el teléfono, al parecer había sonado. "Es Gaara", le informó sosteniendo el aparato entre su hombro y su cabeza. "Necesito hablar con él, ¿podemos vernos mañana?", le pidió intranquila.

Asintió sin tener más opción. La vio mover los labios saludando a su novio. Durante esa tarde, había olvidado conveniente que ella tenía ya una relación, un compromiso formal además. Se giró no esperando a que lo acompañara, tendría que esperar hasta el día siguiente para poder saber si ella se sintió igual que él con aquel beso. Ojalá y sus sospechas fuesen ciertas, y Sakura lo viera como algo más que a un amigo.

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No pegó el ojo en toda la noche, ¿Cómo hacerlo si no podía quitarse ese increíble beso de la cabeza?. Salió del ascensor con un cansancio insoportable. El día estuvo cargado de actividad, había sobrepasado su horario saliendo cuatro horas más tarde de lo estipulado. Corrió a su departamento a cambiarse, quería refrescarse antes de ir a buscar a Sasuke, no sabía que le diría, pero necesitaba verlo.

Gaara llegaría a la mañana siguiente, siendo un especialista en los negocios, había cerrado su trato en un tiempo record. Agradecía en parte aquel hecho, pretendía aclarar la situación con él cuanto antes, incluso ya tenía la mayor parte de sus pertenencias empacadas, no podía seguir allí después de que terminaran su noviazgo.

Abrió la puerta para salir en busca de su vecino. Una risa contagiosa y elegante la frenó, haciéndola asomar la cabeza. El ruido provenía del departamento de Sasuke. Miró con contrariedad cómo él estrechaba a la misma mujer que semanas atrás lo visitó. La bonita y tierna pelinegra. Ambos se besaron las mejillas, para posteriormente perderse de su vista, encerrándose en el apartamento.

Cerró su propia puerta y se dejó caer en el sillón. No tenía la menor idea de quién era esa joven, Sasuke no le habló jamás de ella. Bien podía ser su prima, su amiga, infinidad de opciones. Podría ir a buscarlo y averiguar, sin embargo, le daba miedo que él la echara de allí y prefiriera quedarse con su actual invitada.

Un zumbido en su bolsillo le avisó de un mensaje entrante. Era Sasuke, respiró hondo al leer el texto.

¿Cómo estás?. ¿Tienes pensado venir?

En estos momentos estoy algo ocupado,

pero de todas formas me gustaría verte, si es

que más tarde puedes.

Frunció el ceño no muy contenta. Así que quería verla, pero hasta después de que terminara la visita de la desconocida que tan sonriente había recibido. ¿Tenía celos?. Por supuesto que sí. Algo inusual e incomprensible. Tan cansada como se sentía, no se creía capaz de tener una conversación sincera con él. Asimismo, prefería desligarse de Gaara. ¿Qué tanto era esperar un día más?. Respondió de inmediato.

La verdad, un poco cansada, hoy fue un día

duro en el trabajo. ¿Te importa si lo dejamos

para mañana?. Preferiría dormir temprano y reponer

mis energías. Pero sí estoy muy interesada en verte.

Hay algo que necesito aclarar.

Él no se demoró en responder.

Comprendo. Descansa y no te preocupes.

Nos vemos mañana después de tu trabajo.

Por un momento quiso preguntarle cuál era su ocupación esa noche, y que hacía con él una mujer tan atractiva. Se olvidó en seguida de sus inseguridades. Recordó plenamente el beso que todavía latía en sus labios, si a Sasuke no le interesara, no la habría estrechado y besado con tanta pasión. Con aquella certeza, se dirigió a la cama. Los acontecimientos de los últimos días, empezaban a cobrarle factura.

..

De pie junto a la ventana escuchó entrar a Gaara al departamento. Se giró con expresión seria y contenida. Desviando el rostro cuando él intentó besar su boca.

–Hola Gaara –se alejó, salvando su espacio personal.

– ¿Pasa algo?, te siento rara –era lógico que él notaría su cambio de actitud, ya que siempre lo recibía con una sonrisa y los brazos abiertos.

–La verdad es que sí. Yo…no sé cómo empezar. Es algo difícil de decir –se abrazó a su cintura en gesto protector.

–Nunca te ha quedado bien andarte por las ramas Sakura. Simplemente dilo y ya –pidió escrutándola con precisión, intentando seguramente meterse en sus pensamientos.

–Es sobre nuestra relación –lo miró directamente a los ojos.

–Viendo la tensión en tu cuerpo, no creo que vayas a decirme que por fin has aceptado que acordemos la fecha de la boda –señaló astuto–. ¿Quieres terminar conmigo, Sakura? –el tono tranquilo no la engañó ni por un segundo. Gaara no era de los que daban salidas fáciles.

–Gaara, en estos días, he comprendido que no estamos hechos el uno para el otro –aceptó sin retroceder.

– ¿Qué te hace pensar eso?, yo creí que estábamos muy bien. Tenemos bastante tiempo juntos, nunca te habías quejado. ¿Qué ha pasado?... ¿hay otro hombre Sakura, me dejas por alguien más?

Su agilidad mental no la sorprendió, Gaara era un hombre sumamente inteligente y observador cuando se lo proponía.

–Sí, hay otro –confirmó conteniendo la ansiedad que le generaba la situación. Gaara merecía saber la verdad–. Pero no ha pasado nada entre él y yo, al menos, nada significativo…

–En otras palabras, no te has acostado con él –reformuló el pelirrojo con frialdad.

–Si quieres ponerlo en esas palabras. Mira Gaara, lo nuestro no marchaba bien desde antes de que yo conociera a esta persona. Pero creo que los dos nos cegábamos a ver la realidad, a ti no te gustan los fracasos, y a mí me gustó la compañía y, la nueva sensación de por fin tener a alguien en mi vida de forma permanente.

– ¿Quién es él? –exigió súbitamente concernido.

–No necesitas saberlo. Te repito que entre él y yo no hay ninguna relación. Que yo sienta cosas por él, no quiere decir que después de marcharme de aquí empezaremos un noviazgo –no pensaba exponer a Sasuke a la furia de Gaara.

–Es el sordo, ¿no? –se acercó peligrosamente a ella–. Por supuesto que sí, ¿Quién más si no?, se la pasan juntos todo el tiempo –sonrió sin diversión al verla abrir los párpados y confirmarle su sospecha.

–Se llama Sasuke –defendió enfadada, el tono desdeñoso de Gaara le molestó bastante.

–Como sea. Lo sabía, no podías resistirte a hacer tu acto de caridad, ¿verdad?. Sakura la defensora de las pobres almas desdichadas. ¿No te das cuenta que lo que sientes por ese tipo es lástima y no amor?. Seguro quieres compensar la triste vida que ha tenido, pero nada más. Tú me quieres a mí, sé que te he descuidado, pero te prometo remediar las cosas. No dejaré que nuestro compromiso se rompa por esas tonterías.

Sakura se quedó momentáneamente sin palabras. ¿Cómo se atrevía Gaara a siquiera sugerir que ella no conocía sus propios sentimientos?. Aborreció inmensamente la superioridad con la que desestimó su amor por Sasuke, y no conforme con eso, todavía hablaba de él con esa crueldad deliberada. La indignación trepó rápidamente por su garganta, haciéndole escupir su resentimiento.

–Lo último que Sasuke me inspiraría es lástima. Él es un hombre maravilloso, capaz de hacerme temblar con apenas una mirada. Si no te he engañado con él, es porque no quiero ensuciar el profundo amor que siento, y que estoy segura me corresponde. Pero de eso tú no entiendes nada, no eres más que números y fría condescendencia, ¿o crees que no me daba cuenta de tu falta de empatía y tu nulo interés hacia mis actividades?. Gaara, el importante ejecutivo, y Sakura la humilde trabajadora social. Mira Gaara, no quiero que arregles nuestro "compromiso", quiero que lo rompas. Yo no puedo ni quiero seguir contigo. Te quise, por supuesto lo hice, pero eso fue hace mucho ya. Es más, estoy segura que tú tampoco me quieres ya. Separémonos con madurez por favor. Es lo único que te pido.

–Si es lo que quieres, adelante. Pero no vengas corriendo a mí cuando te aburras de tu nueva mascota –advirtió retomando su implacable mordacidad.

–Eso no se me pasaría por la cabeza ni aunque fueras el último hombre sobre la Tierra –se rindió a sus esfuerzos por entablar algo de cordialidad–. Ya he preparado mis maletas, pero no puedo llevármelas hasta la tarde. Volveré después del trabajo a entregarte tu llave y a sacar mis pertenencias –informó resuelta.

– ¿Qué, tanto te urge irte a vivir con él?

–No me voy a vivir con Sasuke. Una compañera me rentará un cuarto en su casa, hasta que consiga un mejor lugar.

–Hmn, cómo no –la miró sarcástico.

–Adiós Gaara. Se me hace tarde –se despidió educadamente y salió de allí antes de ponerse a llorar. No por él, sino porque en el fondo, hubiera querido que quedaran en los mejores términos.

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Sasuke abrió la puerta cuando Hinata le informó que estaba afuera de su departamento. El día anterior había ido a recoger las nuevas canciones de Naruto, pero aún faltaban unos arreglos que tuvo que hacer a otras de sus composiciones. La novia y representante de su mejor amigo, le sonrió igual que siempre y lo saludó con un beso en la mejilla.

Corrió hacia su estudio en donde ya tenía las nuevas notas. Al regresar, se encontró con el novio de Sakura a mitad de su sala. Inspeccionaba imperturbable cada rincón de su estancia.

–No sé cómo diablos darme a entender, ¿puede usted traducirle lo que quiero decirle? –le preguntó el pelirrojo a Hinata.

–Sí, yo conozco la Lengua de señas. Pero dígame, ¿Quién es usted y qué quiere con Sasuke?

–Él sabe quién soy.

"Este hombre dice que quiere decirte algo, que traduzca a señas sus palabras. ¿Quién es Sasuke, en verdad lo conoces?"

"Es el novio de una amiga y vecina".

Hinata asintió, rememorando de pronto el rostro del serio hombre. Lo había visto una vez en el ascensor. Respiró más tranquila, seguro era un asunto de vecinos.

–Bien, dígame –sonrió amable.

–Dígale que gracias a él, mi novia y yo estamos teniendo problemas –Sasuke veía intercaladamente a su amiga y al recién llegado, captando tanto las señas de Hinata, como el movimiento de los labios de Gaara–. ¡Que su maldita condición de discapacitado, ha hecho que Sakura se apiade de él más de la cuenta!

Hinata abrió la boca estupefacta, a la vez que sus manos caían y se apretaban en puños.

– ¿Qué le pasa, no va a continuar? –el pelirrojo frunció el entrecejo.

–No voy a decirle algo así a Sasuke. ¿Está usted loco?, ¡no le voy a permitir que lo insulte!

– ¡Es la verdad!, si mi novia se acercó a ti –se aproximó a Sasuke empujándolo por el pecho, se dio cuenta que Sasuke comprendía casi todo lo que le decía, por lo que habló incluso más lento para darse a entender mejor–. Fue. Porque. Le. Das. Lástima. Ella te aborrecía –continuó implacable–, fue, hasta que se dio cuenta que eras sordo, que quiso conocerte. Ella es así. No, lo, puede, evitar. Le remuerde la conciencia no ayudar a los necesitados. Incluso te ha puesto por encima de mí. Hasta ese grado llega su sacrificio. Pero no te equivoques. No te quiere, solo le das pena –concluyó al verlo ponerse pálido.

– ¡Fuera de aquí, largo! –Hinata lo tomó del brazo y lo sacó a empujones con facilidad, ya que Gaara se lo permitió.

"Sasuke…"

"No pasa nada Hinata", espetó rudamente, un dolor profundo se instaló en su pecho. "Es verdad, Sakura nunca me saludaba o hacía el intento de hablar conmigo. Como no me di cuenta de que se acercó a mí por lástima. Seguro pensó en realizar su buena acción del día haciéndose amiga del pobre vecino sordomudo".

Era un grandísimo idiota. Todas las señales estaban claras. Ella lo visitaba a diario, le cocinaba, lo entretenía. No era más que su forma desinteresada de esparcir el bien. Se dejó caer atormentado en el sofá, de todas las cosas que quería que ella sintiera por él, la lástima no entraba en la lista. Con razón no había querido verlo la noche anterior, ella probablemente se arrepentía de haberse dejado besar por él, seguro tenía miedo que volviera a saltarle encima. Se sentía asqueado. Agradeció al cielo que no le contó su secreto, si ella se enteraba que tenía un año amándola en secreto y siendo su inspiración, no se quitaría de encima su compasión. Pero ya no más, no necesitaba la caridad de nadie, mucho menos la de Sakura Haruno. Esa mujer podía irse por donde había venido, no seguiría siendo su loable causa.

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Salió del elevador muy motivada. Primero iría al departamento de Sasuke, le pediría su ayuda para mudar sus cosas a la casa de su amiga Tenten. Ya quería expresarle las recientes noticias, ¿Cómo reaccionaría él cuando supiera de su rompimiento con Gaara?, esperaba que la felicitara y después la besara, ella por supuesto, no se opondría.

Le mandó un mensaje esperando a que apareciera. Segundos después, la puerta se abrió completamente, dejándola pasmada y muy aturdida.

– ¿Si? –la mirada de superioridad que le lanzó la mujer pelinegra vestida únicamente con una bata de baño, la tomó desprevenida.

–Yo…estoy buscando a Sasuke, él… ¿se encuentra aquí? –titubeó con el corazón latiéndole a toda marcha.

–Él está ocupado. En la ducha, esperando a que me reúna con él –aclaró aburrida, en su mano izquierda sostenía el celular de Sasuke.

–Ah…oh, yo…bueno, siendo así…creo que mejor me voy –articuló antes de que su garganta se cerrara por el nudo que la atravesaba.

–Sí, creo que es lo mejor. ¿Quieres que le dé algún recado? –preguntó sin mucho interés.

–No. Nada en absoluto –negó con una enorme sensación de derrota.

–Como gustes –le cerró la puerta en la nariz.

Cubrió su boca conteniendo a duras penas el sollozo lastimero que pugnaba por escapar. Como pudo, entró al departamento de Gaara, afortunadamente él no se encontraba por ningún lugar. Corrió a la recamara por sus cosas, que ya estaban listas para transportarse. Tomó el intercomunicador y le pidió a Iruka que subiera para ayudarla. No podía permanecer más tiempo en ese lugar, a tan sólo escasos metros de donde Sasuke disfrutaba con otra mujer.

El portero apareció después de unos minutos. Con las manos llenas, los ojos rojos y el corazón destrozado, caminó por última vez a través del espacioso pasillo. En ningún momento miró hacia atrás, no había nada para ella allí.

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Sasuke se bebió el segundo whisky de la tarde. Hinata entró a la cocina con su ropa ya en su lugar. Había sido idea de ella, plantársele a Sakura en aquellas fachas para mostrarle que él no necesitaba de su compasión. Que lograba tener a las mujeres que quisiera, a pesar de su condición, la cual para él no era un problema –al menos no hasta saber que ese era precisamente el motivo por el que Sakura se había acercado a él–.

"Ya se fue, eso ayudará a que te deje en paz, al menos por el momento", le sonrió con tristeza al verlo tan decaído.

"Gracias Hinata, no tenías que hacerlo"

"Claro que sí, eres mi amigo. No iba a dejar que esa mujer te siguiera dando falsas ilusiones. Si quieres que la ponga en su lugar, lo hago".

"No gracias, prefiero ser yo él que cierre esto con ella, pero no ahora, no me siento capaz en este momento".

"Naruto viene para acá. Lo siento, no pude evitar decírselo. Como tu mejor amigo quiere apoyarte".

"Gracias, no me caería nada mal su compañía". Distraerse, olvidarse de ella aunque fuese por unas horas, le ayudaría a recomponer un poco su estropeado orgullo.

Aventó el lápiz y se puso de pie, su inspiración se negaba a aparecer. Era el quinto día en el que no sabía nada de Sakura, ni un mensaje, mucho menos una visita. Había evitado salir a correr por las mañanas como hacía a diario. Incluso las tardes se las mantenía recluido. Le parecía extraño no tener noticias suyas, no pensó que cejaría tan fácil en su propósito de seguir haciéndose la redentora. Suspiró profundamente, dirigiéndose a la salida y tomando sus llaves, necesitaba despejarse, igual y se la encontraba, así podría poner a prueba sus sentimientos. Darse cuenta si aún le seguía atrayendo con la misma intensidad que antes.

Saludó a Iruka en la entrada del edificio, este le regreso el ademán. Distinguió la intención del portero de hacerle algunas señas, por lo que se detuvo a su lado.

"Hace días que no lo veía señor Uchiha, ¿se encuentra bien?", preguntó con más habilidad.

"He estado un poco ocupado. Veo que has mejorado el Lenguaje de señas", lo halagó interesado.

"La señorita Haruno me animaba a platicar con ella de esa manera. Es una lástima que ya no esté aquí, pero usted podrá seguir con mis clases".

"¿Qué dijiste?, ¿Cómo que Sakura ya no está aquí?... ¿ella y su novio se mudaron?", se encogió por dentro. ¿No volvería a verla nunca?

"Disculpe, no soy muy bueno todavía en esto, ¿podría repetirme la pregunta?", Iruka se rascó la cabeza avergonzado.

Le repitió las señas con cuidado, lo más lento que pudo. Le urgía su respuesta.

"Ah, ya. No, el señor Sabaku sigue en el edificio, es ella la que se mudó. Desde el martes pasado, yo mismo le ayudé con sus maletas. Se veía muy triste", compartió apesadumbrado.

Se giró en redondo y subió de nuevo a su departamento. ¡Sakura se había ido, y sin siquiera decirle adiós!. Lo más importante, ya no estaba con Gaara, ¿habría terminado su relación con él?, ¿Por qué?, ¿por él?. ¡Entonces por qué no decírselo!. Aunque, tal vez intentó hacerlo. Fue él quien no quiso recibirla. ¿Sería posible…?. Negó confundido, sabía que debería de haber hablado con ella, pero su decepción y dolor no se lo permitieron. ¿Dónde estaría?, necesitaba encontrarla, saber de una vez por todas lo que ella sentía por él.

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–Hola Sakura, te busca un hombre. Lo dejé en tu cubículo –le informó su compañera Ino mientras ella se dirigía a su espacio de trabajo.

–Ah, gracias –sonrió por inercia. La verdad es que su ánimo era bastante sombrío desde que se había mudado del departamento de Gaara, y no precisamente porque echara en falta a su ex novio, sino a Sasuke.

Entró a su minúscula oficina –si es que podría llamársele así–, e intentó plasmar su rostro más profesional, no sabía de quién se trataba, pero lo más seguro es que fuese algo relacionado con su trabajo. El rostro se le desencajó, transformándose de inmediato en una expresión de estudiada indiferencia.

–Sasuke –murmuró deteniéndose lo más lejos posible de él.

"Hola", la miró serio. "No sabía que te gustaba Naruto Uzumaki", desvió los ojos hacia el fondo de pantalla que se mostraba en su monitor, luego a su libreta de notas, y por último, a su enorme calendario al lado de la entrada. En cada superficie, un rubio muy guapo de ojos azules, posaba con una guitarra y su mejor mueca de seducción.

Se alzó de hombros como restándole importancia al asunto, ¿a él qué diablos le importaba?.

"¿Que deseas?", preguntó tajante.

"Necesitaba verte. No te despediste de mí".

"No pensé que te importaría, esa tarde estabas muy ocupado", se dejó caer en una de las dos sillas que tenía para las visitas, señalándole a él, el asiento principal detrás de su minúsculo escritorio.

"Sakura yo…"

"¿Qué quieres Sasuke?, no sé qué hagas aquí, pero estoy muy ocupada".

"Nunca me dijiste que tú y Gaara tenían problemas en su relación".

"No me dio tiempo. Además, para ser justos, esos problemas no fueron evidentes para mí, hasta que te conocí. ¿Por qué Sasuke?", preguntó, permitiendo aparecer su desilusión, "¿Por qué no me dijiste que tenías novia?, ¿Querías jugar conmigo, o yo interpreté mal tu beso y ni siquiera estabas interesado en mí?".

"Hinata no es mi novia. No interpretaste nada mal, yo…siento cosas por ti. Pero, ese día, estaba muy enojado", confesó recordando su amargura, las palabras de Gaara lo habían dejado hundido.

"Así que no es tu novia, vaya, no quiero pensar lo que harás con tus parejas formales".

"No hicimos nada, trabajo con ella, eso es todo", la miró sincero. "Ella inventó que estábamos juntos, para alejarte", reveló poniéndose de pie y caminando hasta ella, se agachó colocándose a su altura. Sakura lo observó contrariada.

"¿Para alejarme?, ¿Por qué ella querría alejarme de ti si no son nada?", ¿esa mujer le había mentido para meterse entre ella y Sasuke?

"Porque yo no quería volver a verte".

"¿Entonces qué haces aquí?", su sufrimiento fue tan palpable, que Sasuke se apresuró a tomarla de las manos.

"Gaara me dijo lo que yo significaba para ti. Me dijo que me tenías lástima, que en un principio me odiabas, y que no fue hasta que supiste de mi condición, que te compadeciste de mí y me brindaste tu amistad", explicó volviéndola a estrechar cuando terminó de comunicarle los hechos.

"¿Y tú le creíste?", se soltó de su agarre y se levantó indignada. "Gaara estaba despechado, le dije que no podía seguir con él, que estaba enamorada de ti. Él no me conocía absolutamente nada, y veo que tú tampoco Sasuke. Sí, al principio no me caías bien, pero eso fue porque pensé que yo tampoco te agradaba, nunca me saludabas. Cuando supe que no me respondías los saludos, porque no me escuchabas, me sentí como una tonta. Yo quería conocerte, ¿crees que buscaba tu compañía simplemente por piedad?", rió insultada. "Siento desengañarte Sasuke, pero no soy tan compasiva. Te buscaba porque me gustabas", – ¡Grandísimo idiota!

Le gritó a todo pulmón. Él la miraba en shock, claramente afectado ante su explosión de temperamento. Pero no podía hacer más, tenía que sacar de su sistema tanta frustración y dolor.

"Yo también estoy enamorado de ti Sakura", se aproximó anhelante.

"No lo creo. No necesito ese tipo de cariño Sasuke. Esa falta de confianza, y esas inmaduras jugarretas no me van. Márchate, no tengo más que decirte. Debiste enfrentarme si tenías esas dudas, no inventar esos estúpidos enredos amorosos. Vete", pidió resuelta.

Increíblemente él le hizo caso, salió de allí sin intentar nada más. Que fácil había sido, ¡Cuánto amor!, era claro que no iba a insistirle, debió haberse sentido agradecida. No era así. Se dejó caer devastada, si él la hubiese besado, ella lo habría perdonado.

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Una hora después, seguía sin poder concentrarse en sus casos. Se masajeó la sien en un esfuerzo inútil por relajarse y sosegar un poco el impacto de su encuentro con Sasuke. Tenía que hacerse a la idea de que no volvería a verlo. Aquello había terminado antes de empezar.

El repiqueteo constante de los teclados, las impresoras y copiadoras, el cuchicheo de los empleados, y el ruido de los teléfonos sonando, cesó de repente. Todo se quedó quieto durante varios segundos. Sakura se sorprendió cuando una voz bastante familiar, provino desde afuera de su cubículo.

–"Me parecía, muy ingenioso, espiarte de lejos, cuidarte a mi modo…Nunca, me habría atrevido, a cruzarme de frente, en tu camino…Es que eres todo, y yo soy nada. No vale la pena, hacerme esperanzaaas…Más sin embargo, perdido en mis fantasías, tú me sonríes, hasta me acaricias…me permites besarte, ¡que cabeza la míaaa!...Si tus ojos verdes, se dirigen a mí, te puedo jurar que te sigo hasta el fin…"

El mismísimo Naruto Uzumaki se plantaba de rodillas frente a ella, dedicándole una de sus canciones favoritas. Todo ocurrió en un instante, una niebla tenebrosa la cubrió, haciéndole perder el conocimiento, desmayándose y cayendo encima de su ídolo.

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– ¿Qué me sucedió? –abrió los ojos poco a poco, lo primero que saltó a su vista, fue la expresión preocupada de Sasuke.

"¿Cómo te sientes?, ¿estas mareada?", la ayudó a recobrarse y acomodarse en el sofá de la recepción.

"¿Qué haces aquí?, pensé que te habías ido", el color le volvió al rostro al tenerlo tan cerca.

"Me fui, necesitaba prepararte una sorpresa", sonrió tiernamente. Sakura tuvo que evadir su cara para no devorarlo a besos. Él la cogió por la barbilla, captando su atención. "¿Te gustó la canción de Naruto?, le pedí que iniciara con esa. Si no te gustó, te cantará todas las que quieras, tú sólo elige cuál"

"¿¡Entonces no fue un sueño!?", se puso de pie alterada. Efectivamente, el rubio cantante estaba tras ella, sonriéndole desenfadadamente y guiñándole el ojo a Sasuke.

–Cómo es que… –comenzó a hablar, pero cambió a la Lengua de señas para encarar a Sasuke. "¿Cómo es que él está aquí?".

Naruto rió divertido, rodeando el sofá y quedando cerca de ellos.

"¿No se lo has dicho?", Sasuke negó jovial.

–Sasuke es mi mejor amigo –le contó sin problema–, además, él es quien escribe mis canciones, que por cierto, son todas inspiradas en ti.

Sakura se quedó sin aire. No podía ser cierto. ¿O sí?, pero cómo. Ella llevaba tan sólo unas semanas de conocer a Sasuke, ¿ella su inspiración?, ¡si claro!

–¿Cómo van a ser inspiradas en mí?. Sasuke y yo nos acabamos de conocer hace seis semanas, eso no podría ser posible.

–Bueno, según tengo entendido, él te conoce desde hace un año, ¿no?. O dime, ¿acaso no te suenan estos títulos: desde lejos, a escondidas, cartas a un amor no correspondido, esperanza jade, espacios reducidos…?, por cierto, esa canción hace alusión al ascensor donde siempre se encontraban –señaló juguetón.

– ¡Ay por Kamisama!

Regresó la vista a Sasuke. Él estaba sumamente sonrojado.

"¿¡Te gusto desde hace un año!?, y yo pensando que me odiabas", comenzó a llorar conmovida.

Sasuke la abrazó de inmediato, acariciando su cabeza, manteniéndola pegada a su corazón, que latía frenéticamente.

–Ahora comprendo porque me gustaban tanto esas canciones, eran para mí… –sollozó sin levantar la cara. Naruto se dio a la tarea de explicarle a Sasuke las palabras de Sakura, ya que él no la veía.

Sakura por fin pudo levantar la cabeza y hacerse algo de espacio entre los brazos de su amado. Estaba tan feliz, todavía no podía creer lo que le estaba pasando.

"Dile que la amo", le pidió Sasuke a su amigo con señas, "nada como tu voz para que ella lo sepa".

Naruto abrió la boca pero Sakura le impidió pronunciar palabra. Con delicadeza tomó las mejillas de Sasuke en sus manos, acariciándolas con tiento y devoción. Le dio un beso que pareció detener el tiempo, transmitiéndole su inmenso amor.

"No necesito que uses tu voz, me basta con esto", rozó su firme pecho, en donde su corazón palpitaba sólo por ella. "Ese es el único sonido que me interesa". Él asintió, atrayéndola a sus labios, uniendo sus bocas y acompasándolas al mismo ritmo de sus latidos.

– ¡Sí! –gritó Naruto entusiasmado, haciendo que todos los compañeros de Sakura lo miraran–, por fin dejaré de cantar canciones de desamor, estaba empezando a deprimirme. Además, Hinata-chan comenzaba a encelarse por la repetida mención de los ojos verdes –continuó con su balbuceo.

Sasuke y Sakura continuaron besándose sin interrupciones. Ajenos a las risas que Naruto provocaba. El silencio nunca les pareció tan atractivo, pensaron ambos, perdidos en su propio mundo.

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Waaahhhhhh

Dios ben-di-to. Ya se me hacía que me quedaba para siempre escribiendo este one. Me embebí, me embebí. No pude contenerme, la idea me encantó. Se imaginan, un Sasuke todo talentoso y romántico, uff, me dejé ir, sorry.

Pues otra complacencia cumplida. Qué puedo decir, espero con todo mi corazón que te guste a ti Tathuhime (de verás que bonita idea para un fic), y a las demás personas que lo lean. Esta sugerencia es relativamente muy nueva, fíjense que había tenido la intención de publicarla en San Valentín, porque se me hizo bien tierna y cursilona, haha. Pero no la terminé, la empecé, sin embargo me faltó tiempo. So, la retomé hasta hoy.

En otro rumbo de ideas, ¿Qué rollo con el nuevo manga de Naruto?, ya lo leyeron. Ese Kishitragedias se estaba tardando en crear controversia. Btw, yo no pierdo la fe. Amo el SasuSaku desde que era sólo pura especulación y esperanzas, so, a mí me seguirán encantando Sakura y Sasuke juntos, sin importar lo demás. De hecho, por eso escribo tantos fics AU's de ellos, porque me inspiran como no tienen idea. No sé, se me hace que lucen y quedan bien como pareja, pero en fin, a ver qué pasa en los siguientes tomos, hay que ser pacientes y esperar lo mejor =). No perdamos la cabeza antes de tiempo.

OK, pues espero regresar muy pronto, sino, ya saben que sigo pendiente aunque no me aparezca, cualquier cosa, me la hacen saber. Gracias por todo su apoyo, me renuevan los ánimos cada vez que los leo.

Por lo pronto, me despido. Deseándoles les esté yendo de maravilla, cuídense mucho. Ya saben, les mando un besote bien amistoso, y un abrazo quiebra costillas. Nos leemos pronto, que no decaiga el SasuSaku, y para mí, ¡siguen siendo Canon!

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SasuSaku CANON