Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Diálogos y narración pertenecen a mi autoría
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Séptimo one de la serie Complacencias
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Clasificación: M
Pareja: MadaSaku
Categoría: Angst/Hurt-comfort/Romance
Advertencias: todo lo que conlleva una clasificación M. Lenguaje vulgar, muertes (personajes secundarios), escenas de sexo.
Skipow: "Bueno, me ha encantado cada una de tus historias y es más, se me ha ocurrido algo para romper el esquema un poquitín. Amo a Madara y amo a Sakura, en conclusión me encantaría que el próximo capítulo tratará de un Madasaku, no sé si lo tuyo es la perversidad, pero el tema sería que Sakura sufriera el síndrome de Estocolmo. Uchiha Madara, un reconocido mercenario es contratado para secuestrar a la dulce hijita de un famoso empresario corrupto. Ella no tenía idea de que su padre era de tal calaña y al pasar los días con su secuestrador, se dio cuenta que no era del todo malo... dando un giro inesperado en la historia, termina completamente rendida ante el Uchiha mayor. Lo demás lo dejo en tus manos, has magia querida y deléitame 3"
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A los que sólo les gusta el SasuSaku, les invito a darle una oportunidad ;)
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"Beauty & the Beast"
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— ¿Hidan? —exigió con voz dura al micrófono incorporado en su chaqueta.
—En posición —escuchó la tranquila declaración en su oído derecho. El largo cabello negro ocultaba el aparato de comunicación.
— ¿Pain?, informe.
—La limusina acaba de llegar, un auto al frente con cuatro hombres, otro detrás con tres. En total siete guardaespaldas como de costumbre.
—Ocho contando al chófer —aclaró irritado, se suponía que su equipo de trabajo era un grupo de élite. Eran los mejores en su ramo, que tuvieran ese tipo de deslices era inaceptable.
—Jmn, ocho para derrumbar jefe —corrigió su centinela.
—Bien, actuaremos según el plan. Hidan, tú y Tenten corten la cabeza. Pain y Sasori destruyan la cola. Nos reuniremos todos en el botín, Gaara, serás respaldo.
—Copiado —resonaron cinco voces a la vez.
—Sean cuidadosos. Eliminen toda amenaza. Ni un rasguño al objetivo.
— ¿Sin sobrevivientes? —la excitación de su segundo al mando era palpable.
—Sin sobrevivientes Hidan —apagó el micrófono, podía oír a los otros pero ellos a él no.
Varado al lado de la desolada carretera, bajó del auto, dentro de veinte minutos aproximadamente tendría que entrar en acción. Abrió la cajuela, la superficie estaba limpia y completamente vacía. Retiró la alfombra que cubría el compartimento secreto colocado encima del neumático izquierdo, y sacó su maletín de viaje. Rápidamente usó la combinación, su armamento de bolsillo quedó al descubierto. Tomó la Glock colocándole un cargador nuevo, luego la guardó en la pistolera dentro de su chaqueta. Después cogió la Beretta haciendo lo mismo con ella. Reacomodó todo en su lugar y regresó al interior del vehículo.
Sólo quedaba esperar. Alcanzó su cajetilla de Marlboros y se llevó uno a la boca. El humo llenó sus pulmones, si había algo que disfrutaba además de disparar y follar, era fumarse un buen cigarro. Bajó la ventanilla para que el auto no se llenara del proverbial humo blanco, dando otra calada, estiró la mano y abrió la guantera. La foto de 4x6 lo llamaba a tomarla, así lo hizo.
La imagen era buena y clara, ya que fue tomada con un teleobjetivo. Jamás había visto una belleza tan singular y tan pura. La chica de ojos verdes y largo cabello rosado sonreía con candidez, ignorante a lo que estaba a punto de sucederle. Pain tenía varios días vigilándola, estudiando sus movimientos a distancia. Como toda niña rica y sobreprotegida que se preciara de serlo, la tímida chica era interna en un colegio de señoritas. Los fines de semana eran los únicos días libres en los que regresaba a la mansión de sus padres.
—Aquí, ojos de halcón. Objetivo a la vista. Comienzan a moverse.
—Ya saben qué hacer, nos vemos en diez —abrió comunicación.
—Copiado —obtuvo con unanimidad.
Giró la cabeza sintiendo su cuello crujir. Lanzando la colilla al pavimento, encendió por fin el auto. No había sensación mejor, que la adrenalina derramada en una cacería. Le echó un último vistazo a la fotografía. Sakura Haruno no era responsable por los pecados de su padre, pero eso no impediría que pagara por ellos. Sus instrucciones eran precisas, lo habían contratado para capturarla, así que eso es justamente lo que haría. Tomó una larga respiración y arrojó la foto de vuelta a la guantera. Hora de comenzar.
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— ¿Qué tal su semana Haruno-san?
—Algo complicada Ibiki, con los exámenes finales he pasado mis tardes estudiando —le sonrió a su siempre amable empleado.
La apariencia de su chófer y guardaespaldas personal podía ser algo hosca, incluso aterradora, pero Sakura sabía que el hombre era tierno y buena persona en su interior. Además era un genio al volante, lo cual era indispensable a la hora de cuidar su seguridad.
—Pronto estaremos en casa y podrá descansar. Mientras disfrute del viaje —subió el vidrio anti ruido permitiéndole privacidad.
Sakura se estiró hacia el mini bar, pasó de largo las botellas de vino espumoso que le encantaban a su madre y escogió una botella de agua y un vaso. Comenzó a ojear la revista de moda que se hallaba en un asiento, era eso o adormilarse durante el viaje de una hora de regreso a la ciudad. Su colegio fue un convento en el pasado, por lo que se ubicaba muy a las afueras. Al principio le gustaba ir pegada a la ventana, contemplando los kilómetros interminables de bosque que se extendían al lado del camino, pero después de tres años viendo lo mismo, ahora era aburrido.
— ¡Wow!, este vestido estaría perfecto para usarlo en mi fiesta —se entusiasmó enseguida.
Su cumpleaños sería dentro de dos semanas, además su graduación estaba muy próxima, por lo que su padre le prepararía una gran celebración. Lanzarían la casa por la ventana, no todos los días ella terminaba la preparatoria con promedio impecable, ni llegaba a la mayoría de edad. Aquel era otro motivo para amar a su querido papito, no porque él cumpliera cada uno de sus caprichos, sino porque le demostraba su amor a cada oportunidad, con sus cuidados, sus atenciones, sus generosas y buenas acciones.
Vació su agua en el vaso de cristal, a punto estaba de beberla cuando la limusina frenó de golpe. No acostumbraba a usar el cinturón de seguridad antes de llegar a la ciudad, por lo que salió disparada hacia enfrente, afortunadamente golpeó los acolchados asientos, pero el vaso se estrelló contra el cristal de separación, quebrándose de inmediato. Un pedazo de vidrio voló en dirección a ella, incrustándose en su mano al protegerse el rostro.
— ¿¡Ibiki, qué sucede!? —gritó asustada. Buscó una servilleta en el pequeño armario a su lado, la herida no era grave, aun así la sangre brotaba escandalosamente de su palma.
— ¡Señorita Sakura agáchese, estamos siendo atacados! —la voz de Ibiki resonó por la bocina de la cabina.
Apretó el botón que permitía descender el cristal tintado, lo que vio la hizo gritar de espanto. Dos motociclistas disparaban en contra del auto de sus guardaespaldas que se hallaba al frente. Ibiki maniobró rápidamente y pisó el acelerador a fondo.
No pudo resistir el impulso de mirar cuando huían por un costado, los atacantes habían dejado el auto lleno de agujeros, era obvio que los cuatro hombres en el interior estaban muertos. El dolor de su mano quedó olvidado mientras su corazón agitado latía furiosamente por el miedo. Regresó al asiento del que había salido volando, sus ojos atestiguando lo que acontecía. Una gran camioneta apareció de la nada, interponiéndose detrás de la limusina e impidiendo que sus otros guardianes los escoltaran y ayudasen.
— ¡Ibiki, hay más de ellos! —le informó viendo a dos hombres salir del nuevo auto, en sus manos cargaban armas muy grandes, mismas que empezaron a disparar, haciendo que el convoy de escoltas se desviara y diera volteretas a la orilla de la carretera.
Los atacantes siguieron disparando sin piedad, descargando todas las balas de sus ametralladoras. Estaba tan horrorosamente sorprendida, los que iban tras ellos tenían un armamento increíble, ¿Cómo saldrían de esta?, ya no contaban con la ayuda de los guardaespaldas armados que los custodiaban. Estaban perdidos.
— ¡Por favor agáchese, estoy llamando para pedir refuerzos, estaremos bien Haruno-san, la protegeré con mi vida!
Aquello era precisamente lo que no quería, que alguien más muriera. Sabía que era un riesgo normal para esos hombres enfrentarse a ese tipo de situaciones, pero aun así era tan desgarrador saber que estaban muertos por su causa, por intentar defenderla.
—Necesitamos ayuda, estamos siendo atacados por posibles secuestradores —escuchó a Ibiki informar por el bluetooth de la limusina—, nos persiguen dos motociclistas y una camioneta más, en caso de- ¡diablos!
Su chófer perdió el control del gran auto cuando las llantas explotaron, ¡se suponía que eso no debía pasar, la limusina estaba blindada!
— ¡Nos dieron, hay tres grupos, apresúrense! Estamos a cuarenta minutos de la ciudad, ¡son profesionales están muy bien armados, la limusina no va a resistir!
— ¡Ibiki! —comenzó a estremecerse, la camioneta y los motociclistas por fin los alcanzaron, uniéndose a un tercer vehículo que ya se encontraba ahí— ¡nos están rodeando! —cinco sujetos se aproximaron, todos con armas de distintos tipos apuntando hacia el lado del piloto.
— ¡Entrega a la joven! —una voz femenina le exigió a Ibiki, el cañón de su pistola directo a la cabeza de su chófer.
— ¡Púdranse! —gritó Ibiki sacando el arma que llevaba dentro de su saco.
—Entonces muere —la chica que todavía portaba un casco, disparó directo al vidrio, nada pasó.
—Las balas rebotan. Trae los explosivos, haz volar las cerraduras Ten —la voz de un hombre resonó con autoridad.
Sakura se quedó sin respiración al ver a la mujer correr a su motocicleta y regresar con una mochila. De inmediato comenzó a colocar en cada puerta un pequeño dispositivo. Aquel era el fin.
—Ibiki…
—Lo siento Haruno-san, yo… debí protegerla mejor.
Un chasquido y un ensordecedor ruido provinieron de cada cerradura provocando que las puertas se abrieran. Sakura permaneció inmóvil, un hombre de cabello rojo le apuntó inmediatamente directo al pecho, Ibiki bajó su arma al entender la amenaza. El que había dado la orden de usar explosivos, caminó directamente hacia el frente. Removió su chaqueta de cuero y desprendió su gran pistola de una funda. Su rostro era una máscara de frialdad, Sakura sabía lo que venía, empezó a temblar y sollozar, no quería ver morir a su amigo y custodio.
—Por favor… no —pidió en un susurro—. Ibiki es un buen hombre… no… no lo mate —se atrevió a encontrarse con los oscuros ojos que la escrutaban sin emoción.
—Lo siento niña, no necesitamos testigos —en menos de un pestañeo levantó su arma y colocó tres tiros certeros en el corazón, y la cabeza de su chófer.
— ¡Nooo… aaaaaahhhh!
— ¡Tómenla y vayámonos, ya! —alcanzó a escuchar antes de desmayarse.
…
Madara observó a la delicada jovencita en la parte de atrás, comprensiblemente cedió a la presión, cayendo inconsciente después de la tremenda impresión de ver a su empleado ser asesinado. ¿Qué se podía hacer?, era mejor así, al menos no daría tantos problemas gritando y pataleando. Pain la sacó con cuidado, colgándola a su hombro como si no pesara nada.
—Momento, ¿Qué demonios es eso?, ¿no dije que no la lastimaran? —se movió rápidamente hacia ellos, levantando en alto la palma sangrante—, ¿Quién fue? —gruñó enfadado.
—No es grave. Creo que se cortó antes de que la tomáramos, con esto —Tenten mostró algunos vidrios que permanecían en el alfombrado suelo de la limusina—, probablemente fue un accidente jefe —explicó la morena.
—Hmp, andando entonces, el avión espera —se dirigió a la camioneta con su equipo tras él.
En menos de diez minutos, llegaron a la pista en la que se encontraba el jet que usarían para ir hacia su escondite en medio de la nada. Era dueño de una isla, nadie conocía su ubicación, solo su equipo y los pocos isleños residentes. Kizashi Haruno no podría encontrarlos nunca ahí. Aquellos eran sus dominios, era imposible ser localizados, y más imposible aún para su rehén, escapar. No se sentiría completamente en calma hasta que no estuvieran en su fortaleza.
Descargaron todo el armamento utilizado, ocultándolo en el área de equipaje. Hidan sería su piloto en esta ocasión, él no tenía ánimos de volar. Los motores cobraron vida, se dejó caer en uno de los asientos abrochando su cinturón, los demás hicieron lo mismo. Sakura Haruno fue colocada en la parte de atrás, Tenten le había aplicado un sedante que la mantendría fuera de combate durante todo el vuelo, también la registró y hurgó a fondo con un artefacto especial buscando posibles chips localizadores, afortunadamente no portaba alguno en su cuerpo. Haruno había sido muy arrogante o muy ingenuo, pensando que su hijita no podría ser tomada.
—Para estas horas Haruno ya debe saber lo que le sucedió a su bebé —Sasori comenzó a repartirles botellas de whisky que tomó de la pequeña cocina del avión.
—Estará haciendo temblar la tierra para encontrarla —rió Gaara bebiéndose de dos tragos, el minúsculo frasco.
—Menos mal que estamos en el aire —se burló Tenten dejándose caer en el regazo del pelirrojo.
A Madara no le importaba que esos dos llevasen su relación más allá del plano laboral, entendía que la vida de un mercenario era muy solitaria, si Gaara y Tenten querían complicársela acostándose juntos, él no era nadie para interferir, a menos que ellos comenzaran a causarle problemas en las misiones, entonces sí, intervendría y los separaría aunque fuera a punta de balas. No permitiría que nada ni nadie arruinasen lo que hasta ahora había logrado.
— ¿Shimura encarará a Haruno diciéndole que el secuestro de su hija fue ordenado por él? —Pain se estiró en su asiento.
—No creo que necesite hacerlo, será el primer sospechoso de Haruno. Sabe que la jodió al robarle todo ese dinero a Shimura, Sin embargo ese no es nuestro asunto, lo único que debemos hacer es mantener cautiva a la hija de Kizashi hasta que Danzo nos dé nuevas órdenes.
—Si la paga no fuera tan buena, jamás aceptaría hacer de jodida niñera de la mocosa —Sasori aportó aburrido.
—Ni tú ni ninguno de nosotros, pero el dinero lo vale —acotó Madara cerrando el tema.
— ¿Podemos al menos divertirnos con ella? Será muy aburrido sentarnos en nuestro pulgar viendo a la maldita pared —sugirió Pain con sonrisa sombría.
El gran hombre de mirada mortal y cabello naranja, no tenía ese apodo sin motivo. A Pain le encantaba causar dolor a todo ser vivo, era bastante habilidoso en eso. Su especialidad era el uso de cualquier arma punzocortante, desde cuchillos, hasta kunais y shurikens. Hacer correr sangre por medio de heridas estratégicamente suministradas, era su pasatiempo favorito.
—No hasta que Danzo ordene otra cosa —advirtió directo, su estoica expresión no dejó lugar a malinterpretaciones.
—Estoy de acuerdo en que no la rasguemos como a un pavo en navidad, ¿pero qué tal si la usamos para liberar tensión?, en la isla no hay muchas distracciones, las putas escasean, y la verdad es que estoy cansado de las mismas caras. ¿Podemos joderla? —ofreció Sasori.
—Si veo tu miembro fuera de tus pantalones para otra cosa que no sea orinar, voy a rebanarlo en rodajas, ¿he sido claro? —hizo más entendible su punto, cuando sacó su navaja de caza de su bota derecha y la presionó en los testículos del pelirrojo.
—Perfectamente jefe —carraspeó su subordinado levantando las manos en señal de rendición.
Madara confiaba en sus hombres plenamente, sabía que acatarían sus mandatos siempre. Él los había entrenado personalmente, su equipo le era fiel hasta morir. Eso no significaba que a veces no cometieran alguna estupidez debido a su corto temperamento o su inmadurez. Por eso los vigilaría de cerca.
— ¿Y un poco de tortura psicológica? —sugirió Gaara con una enorme sonrisa.
Hacía mucho que no tenían una misión de tomar rehenes, visiblemente estaban desesperados por jugar un poco con su desafortunada víctima. Por lo general no mantenían mucha interacción con sus presas, sólo lo suficiente para apuntar, disparar y matar. Comprendía el entusiasmo de cada uno, sus muchachos eran especialistas en varias áreas, Gaara era perfecto para la obtención de información e investigación. Cuando se necesitaba de un interrogatorio, él era al que llamaba. Gaara podía hacer hablar hasta al más duro, sus métodos no eran dolorosos, pero eran brutales para la mente.
—Por favor —pidió con ilusión.
—Ya veremos —consintió dando su brazo a torcer, podrían ser semanas las que Sakura permaneciera con ellos, con algo tendrían que entretenerse—. No quiero heridas graves, ni violación. Danzo lo prohibió.
Cerró los ojos y se recargó en su asiento, dejando que los otros celebraran. La misión había sido un éxito, por lo tanto se permitió descansar satisfecho.
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Sakura abrió los ojos con cuidado, los párpados le pesaban y su vista era borrosa. Se removió poco a poco, todo el cuerpo le dolía y la superficie sobre la cual yacía, tampoco ayudaba. No estaba en su cómodo colchón ortopédico, se dio cuenta al sentir el duro suelo bajo la endeble colchoneta. Se quedó mirando fijamente al techo, hasta que se acostumbró a la oscuridad.
¿Qué le había sucedido?, se preguntó desorientada. Las imágenes llegaron una a una, a la vez que la consciencia le fue regresando por completo. La bilis trepó por su garganta, se sentó de golpe y vació el contenido de su estómago en un lado.
Ibiki y todos sus guardaespaldas estaban muertos. Fueron masacrados sin piedad por hombres malos que tenían la intención de secuestrarla. «Y a juzgar por lo que veo, lo lograron», se estremeció con pánico mientras las lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas.
¿Qué iba a hacer?
¿Esperar hasta que aparecieran?
¿Tratar de escapar?
Quería hacerse un ovillo y desaparecer. Nunca en toda su corta vida había estado tan aterrada. ¿Qué le harían?, ¿sólo pedir rescate por ella, venderla, usarla, matarla?. Su respiración se volvió errática, necesitaba controlarse o se asfixiaría. Cerró los párpados, balanceándose de atrás hacia adelante, tomó aire en largas inhalaciones, después de varios minutos retomó el control de sí misma.
Se puso de pie muy despacio, para no hacer el mínimo ruido. Intuía que era mejor que ellos creyeran que seguía durmiendo. Se acercó cautelosa a la puerta que había en el cuarto, la luz que se colaba por debajo, era la única fuente de iluminación, el lugar no contaba con ninguna ventana o lámpara. De hecho, el catre en el piso era todo el mobiliario.
Pegó el oído en la madera, no se escuchaba absolutamente nada. Tomó la perilla y la giró con delicadeza, le sorprendió que cediera y se abriera sin dificultad, pensó que tendría llave. Al mirar por la rendija que abrió, se percató que no había más opción que subir un pasillo de escalones que quedaba al frente. Apretó los labios y volvió a inhalar profundamente, era salir y enfrentarse a lo desconocido, o quedarse ahí y volverse loca. Esperando solamente a que ellos vinieran y le hicieran cosas inimaginables.
Eligió la primera opción. Subió uno a uno los peldaños de cemento, al llegar a la cima, se encontró con un largo e iluminado pasillo. Parecía estar en un edificio y no en una casa. Las paredes blancas sin ningún adorno que le diera más pistas. Siguió caminando, sus pasos algo inestables por los nervios. Le aterraba encontrarse con alguno de ellos. Apoyándose en la pared, se percató que su mano herida estaba vendada, alguien la había curado. Pasó puertas en su camino, todas cerradas, no se atrevió a intentar abrirlas. Llegó al final del camino encontrando una desviación a la derecha, miró por la esquina antes de dar la vuelta, unas puertas de vaivén le obstaculizaban la vista. Eran como las que se encontraban en algunos hospitales. ¿Estaría en una clínica?
Decidida a salir de ahí cuanto antes, se dirigió hacia ellas, abriéndolas lentamente salió por fin a una estancia vacía, parecía un área de recepción. No le interesó registrar más allá de la entrada que estaba abierta de par en par, sus pies corrieron a la salida, afuera estaba oscuro, no le importaba. Necesitaba escapar.
— ¿A dónde demonios crees que vas? —una mano la tomó del cabello y la jaló hacia atrás.
— ¡No! —gritó desesperada— ¡Suéltame! —exigió descontrolada intentando golpear al sujeto que la apresaba con fuerza— ¡Ahhhh! —cayó de rodillas al sentir una patada en la parte posterior de sus rodillas, el agarre en su cabello se intensificó, trayéndole lágrimas de dolor.
— ¿Qué sucede aquí? —dejó de pelear vencida, al escuchar al recién llegado.
Nunca olvidaría esa voz, era el asesino de Ibiki. El hombre de fríos ojos negros que prometía muerte con la mirada.
—La muy estúpida intentaba escapar, si no hubieras dado la orden de mantenerla con vida, la dejaría perderse en la maldita selva para que se la tragara una anaconda.
¿La selva?, ¿ya no estaba en la ciudad?. Levantó el rostro y comenzó a inspeccionar a su alrededor, por las puertas abiertas podía ver hacia afuera, lo que vio la dejó con la boca abierta. Helechos, maleza, una pared de verde le impedía conocer qué se escondía más allá.
—Ya no estás en Kansas Dorothy, te recomendaría no intentar salir, nosotros seriamos el menor de tus problemas —el que la sostenía la zarandeó, lastimándole el cuero cabelludo.
— ¿Qué van a hacerme? —preguntó temblorosa.
—Serás nuestra invitada durante algún tiempo —el hombre siniestro se colocó frente a ella, agachándose para quedar a su altura. Ella bajó la cabeza, verlo a la cara la llenaba de escalofríos—, Hidan tiene razón, si abandonas el edificio, lo más probable es que te pierdas y mueras devorada por algún animal —apretó la mandíbula cuando él tomó su barbilla y le levantó el rostro—. Haz lo que te ordenemos y vivirás. Lo único por lo que debes preocuparte, es por obedecer, ¿entiendes, Sakura?
Que él dijera su nombre con tanta familiaridad, como si fuesen viejos amigos, la desconcertó mucho. Esperaba más gritos y amenazas, pero él permanecía tranquilo, comunicándose con ella civilizadamente. Aquello le ayudó a coger un poco de valor.
—Solo quiero ir a mi casa… por favor… déjenme ir —rogó permitiendo escapar un sollozo—, mi papá les dará lo que pidan… ¡Ahhhh! —si el otro hombre seguía jaloneándola de esa manera, le arrancaría todo el cabello.
—Suficiente Hidan —la presión en su cabeza desapareció, el sujeto a su espalda retrocedió dos pasos—. No es el dinero de tu padre el que buscamos, no es necesario que intentes negociar. Te daré dos salidas y dejaré que decidas cual tomar. Una, te permito permanecer aquí arriba con nosotros, dándote algo de libertad para moverte a tu antojo siendo supervisada por mi equipo. Por supuesto acatarás todas las órdenes que se te den. Dos, te niegas a obedecer y continuas luchando contra lo inevitable. Entonces regresarás al sótano donde permanecerás las veinticuatro horas del día, amordazada y amarrada. ¿Qué prefieres?
Sabía cuál elegiría sin lugar a dudas, no era una estúpida. O se sometía o la sometían a la fuerza, tan simple como eso.
—La uno… yo obedeceré —tragó con fuerza, de nuevo su estómago se revolvió.
—Si tratas de escapar alguna vez, te prometo que quebraré tus piernas para que no quieras intentarlo de nuevo. Rompe mi confianza y no te gustarán los resultados, Sakura —amenazó con un profundo y ronco timbre, haciéndola helarse hasta los huesos.
Asintió dócilmente. Si no querían el dinero de su padre, ¿entonces qué buscaban?. No tentaría más a su suerte molestándolos con sus preguntas. Debía resistir, tal vez si hacía todo lo que le pedían, tarde o temprano la dejarían ir, sí, esa ingenua idea era demasiado increíble incluso para ella. Pero si se dejaba arrastrar por la desesperanza, terminaría corriendo hacia la selva lo cual sería como un suicidio. No quedaba más que creer en la palabra de unos asesinos, ¿en verdad estaría bien?, ¿despertaría pronto de aquella pesadilla?
Cerró los ojos y comenzó a rezar, alguien iba a encontrarla, alguien la rescataría, de lo contrario… no podía ni quería pensar en lo que sucedería con ella.
…
Madara le asintió a Hidan, quien tomó a la chica de los brazos y la levantó para llevarla a una de las habitaciones de la planta baja. Se encontraban en el edificio de la pequeña clínica que había mandado construir para los habitantes, no estaba abierta todavía al público, por lo que les serviría por el momento. No quería llevar a Sakura a ninguna de las cabañas que ellos poseían ahí, el objetivo era asustarla y doblegarla, no ofrecerle unas vacaciones.
Rió un poco ante el divertido engaño, en la isla no existían anacondas, sin embargo sabía que la pequeña mentira de Hidan, tendría un positivo efecto en el buen comportamiento de su rehén. Si Sakura pensaba que se hallaba más segura ahí, que vagando por los alrededores, no se arriesgaría a escapar. Claro que no es como si realmente pudiera lograrlo, de llegar a la orilla se encontraría con el mar, las pocas barcas que había, estaban bien custodiadas por sus dueños, pescadores que eran leales a él y jamás la ayudarían a salir de ahí.
La otra opción era el helicóptero que él y su equipo utilizaban para sus viajes, dudaba que Sakura tuviera alguna habilidad piloteando. En resumen, Sakura no tendría a donde ir o donde esconderse.
Se dirigió afuera y respiró el aire salado que provenía del mar, la noche era fresca. Encendió un cigarro y comenzó a fumar mientras se recargaba en la pared, siempre que podía, disfrutaba de esos pequeños momentos de calma. Su vida era una montaña rusa, una constante espiral que consistía en únicamente matar o morir. A veces, sólo a veces, extrañaba la tranquilidad que venía con una vida común y normal. Una vida aburrida sin estrés o problemas. No recordaba desde cuando no dormía más de tres horas seguidas. Prácticamente tenía que descansar con un ojo abierto, era eso, o arriesgarse a ya no despertar.
Exclusivamente en la isla, era posible darse esa clase de respiro. Pero los hábitos bien arraigados, no se olvidaban, a pesar que sabía que ahí estaba seguro, sus noches las pasaba casi en vela. El cigarrillo se consumió por fin. Dejó de flagelarse por sus decisiones. Hacía mucho que había vendido su alma al diablo, tomando el camino que lo llevó hasta donde ahora estaba. De nada servía que se preguntara cómo habría sido, si aquel fatídico día no hubiera tomado la pistola y disparado al asesino de su hermano. Lo hecho, hecho estaba, querer cambiar el pasado simplemente por unos hermosos ojos verdes, era una estupidez.
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— ¡Levántate holgazana!, ¿de verdad piensas que lo único que harás es descansar y pasarla bien? —cayó al suelo sin meter las manos cuando le dieron un fuerte empujón—. Si quieres comer, tendrás que ganarte la comida.
Se levantó adolorida, la camilla de hospital sobre la cual pasó la noche, era muy alta. El rudo despertar no había sido necesario, con que le hubieran dicho que debía levantarse habría bastado, pero al parecer la mujer que la miraba con dagas en los ojos, quería una excusa para hacerla sufrir.
—Ya estoy de pie… qué… ¿qué necesitas que haga? —ofreció con humildad, mirándola a la cara para hacerle saber que estaba dispuesta a obedecer.
—Primero que todo, háblame de usted y baja la mirada que no somos iguales. Altanera. Maldita niña rica, ¿piensas que por haber nacido en tu cuna de oro, eres mejor que yo? Aquí no vales nada, si quisiera te metería un tiro entre las cejas y a nadie le importaría una mierda —escupió con veneno.
Sakura hizo de inmediato lo que le dijo, no discutiría con ella. Claramente la mujer buscaba provocarla, intimidarla para regodearse en su miedo. Y por supuesto que estaba aterrorizada, pero demostrarlo únicamente la haría ver más débil, ya era un blanco fácil, necesitaba soportar en silencio todas las cosas que le hicieran. Si los ignoraba y les mostraba indiferencia, a lo mejor se cansarían de hacerlo y la dejarían tranquila.
—Así está mejor. Irás a traer agua de la bomba que está afuera, los pisos deben quedar limpios para antes de la inauguración de la clínica. Algunas isleñas se ofrecieron a ayudar, pero tú puedes hacer el trabajo sola. Si veo que te aprovechas de la buena voluntad de alguna de ellas para cargarlas con el trabajo, te azotaré hasta que caigas desmayada, ¿he sido clara?
—Si señora.
—Y si mientras estás fuera, tratas de huir, solo desenfundaré mi arma —señaló a la pistola en su cintura— y te dispararé en la espalda. Soy muy buena usándola, no tendrías oportunidad ni de avanzar un metro.
Soltó un suspiro trémulo cuando la oyó salir. Tenía hambre, sed, y necesitaba una ducha. Afortunadamente la habitación en la que pasó la noche tenía un baño, no había agua corriente pero le sirvió para aliviarse. Se limpió rápidamente las lágrimas que dejó escapar a escondidas, si quería comer, era hora de ponerse a trabajar.
Al salir a buscar la dichosa bomba de agua, casi cae al suelo. Sentir de nuevo el sol en su rostro, era un maravilloso milagro, si acaso habían pasado ya tres días, pero pensó que no vería la luz del día otra vez. Nunca volvería a dar las cosas por sentado. En su perfecta vida, jamás se detuvo a oler las rosas o a contemplar las estrellas, placeres tan sencillos como esos, habían quedado olvidados en su banal rutina. ¿Quién le hubiera dicho que extrañaría hasta el canto de los pájaros?
Después de respirar el aire puro de la naturaleza, caminó a la deriva. La malvada mujer ni siquiera le había dicho dónde localizar los artículos que requeriría para comenzar a limpiar el lugar. Obviamente debía encontrar un balde y acarrear el agua, ¿no?. ¿Acaso la bruja esperaba que transportara agua con las manos?
— ¿Qué haces aquí? —uno de los pelirrojos salió de entre las plantas, ¿Por qué tenían que estar armados hasta los dientes?, no es como si ella pudiera vencerlos aunque no llevaran nada. El hombre tenía atadas dos pistolas a sus muslos, además de una funda para cuchillo en su bota izquierda y un machete en su mano derecha.
—Yo… la mujer dijo que recogiera agua para limpiar la clínica —explicó rápidamente, recordando mirar al suelo.
— ¿Ah sí?, la bomba está en aquella dirección —señaló con recelo el lado contrario por el que ella venía—. Querías escapar —acusó malhumorado.
— ¡No!, yo… ella no me dio ninguna indicación. Le juro que estaba buscando la bomba de agua… —se encogió un poco cuando él caminó hacia ella, quedando a escasos centímetros de su cuerpo.
Podía sentir perfectamente el calor que emanaba del alto y fuerte chico. No había estado tan cerca de otro hombre —únicamente de su padre, pero él no contaba—, a pesar de que el pelirrojo era muy guapo, a ella no le resultaba atractivo, por el contrario, la posibilidad de que él la tocara le daba náuseas.
—Podría creerte. Qué tal si te llevo hacia donde está el agua, para que no vuelvas a perderte. Pero antes… podríamos dar un paseo para que conozcas los alrededores —cogió un largo mechón de su cabello y se lo colocó tras la oreja, tomándose el tiempo de acariciar su mejilla—, además, seguro agradecerías un baño, ¿no?. Hay un pequeño riachuelo por allá —indicó entre las palmeras y helechos, sabía que si dejaba que la arrastrara lejos de la clínica, la tendría a su merced para hacerle lo que quisiera—, podría ayudarte a quitarte este estropeado uniforme, luego tallaría tu espalda —una fría sensación estranguló su garganta, él recorrió con los dedos su columna vertebral por encima de la maltratada y sucia blusa escolar.
—Sasori, ¿no te di instrucciones claras? —se apartó del pelirrojo y miró tras ellos, el hombre de larga cabellera y ojos negros permanecía observándolos.
—No pensaba forzarla Madara, todo hubiera sido consensual, ella estaba de acuerdo, ¿cierto bonita? —le sonrió burlón.
Parpadeó rápidamente intentando no dejar ver su consternación, temía que si abría la boca para explicarle al recién llegado lo sucedido, comenzaría a llorar y nadie podría pararla.
— ¿Quieres ir con Sasori al riachuelo? —Madara, como ahora sabía que se llamaba el que suponía era jefe de todos ellos, se aproximó un poco más.
—Yo… necesito agua… la mujer, me ordenó limpiar —se las arregló para responder.
Si decía que no, el pelirrojo iría tras ella tarde o temprano para cobrárselas, lo sabía. Pero si decía que sí, sería peor, Madara podría decidir no interferir y entregársela al lascivo hombre que esperaba ansioso llevársela para violarla. Por lo que se concentró en evadir la pregunta cambiando de tema.
—Sígueme —asintió conocedor.
No necesitó que se lo dijera dos veces, se alejó de inmediato de Sasori y caminó tras Madara. Sus caros zapatos se hundían en la tierra, haciéndole difícil alcanzarlo. Él era enorme, sus pasos largos y firmes pronto la adelantaron algunos metros. Comenzó a correr, asustada de que él pensara que lo hacía para engañarlo y escapar. Sin percatarse que una raíz sobresalía del suelo, tropezó con ella, cayendo contra algunas rocas y raspándose los codos y las rodillas.
— ¡Ouch! —se quejó lastimada, quedándose tendida.
¿Y si mejor se quedaba ahí para siempre?, estaba tan agotada, mental y físicamente. ¿A quién quería engañar?, no saldría de ahí con vida. Conocía a la perfección sus rostros, ellos no se ocultaban, podía fácilmente reconocerlos y acusarlos. Había visto suficientes películas para saber que los asesinos no dejaban testigos que pudieran denunciarlos y hacerlos caer en prisión. Estaba tan jodida, de varias maneras y formas. Se giró y permaneció boca arriba, sus ojos enfocados en las blancas nubes que atravesaban el profundo y azulado cielo.
Moriría con aquella perfecta vista, se rendía, ya podían dispararle porque no se levantaría. Reconocía que no peleó mucho, pero ella no era una luchadora. Era una tonta chica, que jamás pensó que sus preocupaciones tuvieran que ir más allá del color a elegir para el vestido de su fiesta. Sus padres la habían mantenido en un capullo protector, ignorante a la fealdad que se alzaba en el mundo. Pero no era culpa de ellos, era suya, por no ser más fuerte. Por ser incapaz de adaptarse para sobrevivir y no poder lidiar con su nueva realidad.
Lo único de lo que se arrepentiría, sería de no haber vivido y experimentado todo. A pesar de que tuvo cada cosa material que deseó, habría algo que ya no conocería. El amor.
— ¿Vas a levantarte alguna vez?
Sonrió sin humor. La pregunta sonó con un matiz de verdadera curiosidad. El matón en serio estaba confundido, indagando si ella voluntariamente se quedaría ahí. ¿Por qué no simplemente la levantaba y la hacía retomar el camino?. Alguien tan poderoso y amenazador como él, no necesitaba preguntar, sólo mandar, eso lo sabían ambos. ¿Por qué le daba opción?
— ¿Dónde te lastimaste?
Se agachó a su lado recorriéndola con la mirada, sus ojos eran evaluadores y precisos, revisando los daños.
—Nunca saldré de aquí con vida, ¿cierto?
La expresión reservada y seria no fluctuó. Su cara parecía tallada en granito. Ahora que lo observaba resignada, liberada del miedo habitual antes presente, pudo descubrir que él era un hombre muy atrayente. Pasaba de los treinta, eso seguro, sin embargo no era tan viejo como su padre. Tenía algunas líneas de expresión cerca de los ojos, ninguna en la boca, así que no era alguien que sonriera mucho. Su piel era lisa, sin cicatrices grotescas que arruinaran sus cinceladas facciones. De hombros y torso anchos, un cuerpo bien trabajado sin duda. Su cabello largo y lacio brillaba lozano con el sol, el color parecido a las alas de un cuervo, tan espeso que quería pasar sus dedos entre las finas hebras.
—Tarde o temprano me matarás, ¿Por qué no lo haces ahora? —pidió indiferente.
—Eso no está decidido aún.
—Soy tonta, pero no tanto. No pedirás un rescate, no has cubierto tu rostro ni el de tus ayudantes… es cuestión de tiempo. Sólo, antes de que lo hagas… ¿puedo pedir mi último deseo? —dejándose llevar por la fatalidad de su situación, se volvió osada.
El gran hombre malo arqueó la ceja intrigado. Así que sí podía obtener una reacción de él, se llenó de orgullo ante la expresión interesada que él le dedicó.
— ¿Me darías un beso?
— ¿Un… te golpeaste la cabeza?
—Nunca he dado uno. Papá es muy sobreprotector, dijo que no estaba lista para las citas, Además, en el internado no había ningún chico. Los únicos hombres con los que he tenido contacto son los empleados y ahora ustedes. De todos eres el menos peor. No quiero morir sin saber lo que se siente —explicó con fría lógica.
—Vaya, gracias por lo que me corresponde —comentó sarcástico—. No estás por exhalar tu último aliento todavía, así que no estés tan desesperada por morir. Andando, debo encargarme de varias cosas —la cargó en brazos y comenzó a caminar con ella a cuestas.
—Pero…
—Si estás tan interesada en experimentar, tal vez deba entregarte a Sasori después de todo —advirtió impaciente.
— ¡No!, por favor no me lleves con él —se tensó enseguida.
—Entonces cierra la boca. Y yo que tú me mantendría en silencio acerca de tu evidente necesidad de adquirir experiencia sexual, los otros no son tan considerados como yo. Si le hubieras pedido un beso a Pain o a Hidan, no te habrían dado sólo eso. Hacer evidente tu inocencia, simplemente logrará que deseen poseerte con más insistencia.
—No estaba pidiendo sexo —se defendió ofendida.
—No con palabras… —la bajó sin tacto cuando llegaron a su destino.
—No entiendo —se mordió el labio nerviosamente.
—Ése es precisamente el problema, desconoces tus alcances —sus escrutadores y contemplativos irises, la hicieron sentir extraña. No era incomodidad, era algo más… una sensación ajena a ella. Un calor bochornoso comenzó a recorrer su cuerpo, abrumándola con su intensidad—. Quieres que te diga lo que me provoca el verte ahí, de pie delante de mí, con tus carnosos labios entreabiertos, pidiendo ser saqueados. O como tu agitada respiración hace que mi atención vaya directo a tus firmes y llenos pechos. Sería tan fácil tomarte contra esa pared, abrirte las piernas y joderte hasta cansarme…
—Ba-basta… no-no tienes que ser tan crudo —se abrazó a sí misma, retrocediendo temerosa de que él hiciera precisamente eso.
—Si escuchar eso te pareció rudo, como dije, será mejor que dejes de provocarnos. Tus castos oídos lastimados serán la menor de tus preocupaciones si alguno de nosotros pierde el control —señaló cruel antes de desaparecer por donde habían venido.
Él tenía razón, jamás debió provocarlo así. Momentáneamente cayó en la desesperación, su mente empezaba a trastornarse, se percató angustiada. ¿Qué se había metido en su cabeza para creer que su captor era atractivo?
Quizás era gratitud porque él no la trataba tan mal como los otros…
Quizás era porque su libido se hallaba sacudida ante el evento estresante de su secuestro…
Quizás de verdad era el hombre más increíble que había visto en toda su corta vida…
Quizás, quizás, quizás. Quizás ya estaba loca.
….
…. . ….
….
Madara entró a la clínica muy temprano cuatro días después. Se había alejado todo lo posible de la chiquilla coqueta, dejando que su equipo se encargara completamente de su cuidado. Era preferible así, él era un hombre maduro de 33 años, difícilmente influenciable, no obstante, tenía que admitir que Sakura le atraía. Posiblemente era por su exótica belleza, reconocía que en todos sus años, no se había encontrado con una mujer tan magnifica como ella.
Por lo mismo, debía mantenerse apartado. Sus órdenes eran claras, no poner sus manos sobre Sakura Haruno. Si quería desfogar sus tensiones sexuales, cualquier otra serviría, inclusive podía utilizar a alguna de las isleñas, ellas acudían de inmediato a su cama cuando tenía necesidad. Karin sería una excelente opción, la pelirroja no era tan hermosa como su rehén, pero era la más llamativa del lugar. Únicamente debía recordarle que eso no la haría especial ante sus ojos, ella era una amante posesiva, si no tomaba cuidado, pensaría que tenía alguna oportunidad con él, nada más alejado de la realidad.
Le pareció extraño no encontrarse con alguien en el área de recepción, no es como si se requirieran montar turnos de guardia, simplemente que era sospechoso que nadie saliera a su encuentro. Se dirigió a la pequeña estancia que fungiría como cafetería y zona de espera. En realidad el edificio era muy pequeño, no serviría más que para atender los partos de las residentes y alguna que otra emergencia. La idea de construir el lugar había sido de Tenten, su subalterna era una blandengue, aunque pregonara lo contrario. Ante el mundo se comportaba como una mujer desalmada, pero con las personas que gozaban de su confianza, era caritativa y dulce. De hecho, en su tiempo libre, ella misma se encargaba de transmitir sus conocimientos médicos a los hombres y mujeres que se harían cargo del pequeño hospital.
Al acercarse a la zona de descanso, comenzó a escuchar por fin voces y ruidos. Atravesó la puerta encontrando a su equipo, todos se hallaban ahí, incluida su insana tentación.
— ¿¡Qué diablos!? —espetó sorprendido cuando se percató de lo que hacían.
Cada uno se giró asustado hacia él. Hidan acunando la serpiente que permanecía a escasos centímetros del rostro de Sakura, Tenten intentando esconder las tijeras con las que acababa de cortar un largo mechón rosado. Pain retrocedió algunos pasos, soltando las muñecas de Sakura que había tenido apresadas, haciéndola mantenerse sentada en la silla. Sasori permanecía entre sus piernas, sosteniéndolas abiertas, a la vez que desabotonaba los botones de la desgarrada blusa. Todo mientras Gaara grababa con su móvil la escena frente a él.
—Ayu- yuda —graznó la chica mirándolo sólo a él. Sus ojos verdes estaban anegados en lágrimas, haciéndolos lucir opacos y sin brillo.
—Mi pene sigue en los pantalones —Sasori informó poniéndose de pie, dejando que las piernas de Sakura se cerraran.
— ¿Alguien va a explicarme qué está sucediendo? —demandó con firmeza.
—Nos divertíamos un poco, estábamos aburridos —ofreció Gaara guardando su celular.
—Afuera. Ahora.
Los vio salir despreocupados, el miedo al ser descubiertos ya olvidado. Sabían que si no les había dado un tiro a estas alturas, no lo haría más tarde. Y no se equivocaban, no pensaba corregirlos por su comportamiento, tenían razón, permanecer ahí era demasiado fastidioso, en algo necesitaban sacar su energía. Sólo les advertiría no ir tan lejos al molestar a Sakura, ella parecía a punto de un colapso.
—Vete a descansar, no te molestarán por el resto del día —anunció condescendiente.
Se dio la vuelta para alcanzar a su equipo y hablar con ellos, pero se detuvo de nuevo cuando comenzó a escuchar los apagados sollozos.
—Oye, no era más que un juego… —se acercó renuente, Sakura yacía en el suelo llorando sin fuerzas.
—Me alegra… sa-saber que mi sufrimiento les ayuda a pa-pasar el rato —respondió entrecortadamente—. Lo único que han hecho desde que me trajeron aquí, es… es torturarme… ¿Por qué tengo que su-sufrir antes de que po-por fin me mat-t-ten? —cuestionó con desolación.
—Necesitas dormir.
— ¡Necesito salir de aquí!... tengo miedo todo el tiempo… Sasori me sigue siempre con la mirada —sus manos se encajaron en el frente de su camiseta, atrayéndolo hasta que sus miradas se encontraron. La tristeza de antes, reemplazada por la impotencia y el rencor—, sé lo que me hará si me sorprende sola. Por eso nunca me despego de Tenten, aunque ella me grita, me insulta y me abofetea a cada oportunidad, Gaara le aconseja qué cosas decirme para hacerme llorar. Llegó al extremo de inventar que mi padre es un mal hombre, que trafica con mujeres y con drogas. Pain encaja agujas en mi cuerpo, en partes donde no deja marca pero duele mucho. Hidan me despierta en la madrugada y me baña a cubetazos con agua helada, además me quita la comida… tengo hambre —lanzó un gemido lastimero—. Si no vas a ayudarme solo mátame, pon una bala aquí y acaba con mi tormento —rogó señalando su sien.
Apretó la mandíbula al verla desplomarse. Definitivamente su equipo hizo más que sólo divertirse, habían ido demasiado lejos, ahora tendría que encargarse de limpiar su desastre. No podía seguir delegándoles el cuidado de Sakura, la obligación de mantener a su cautiva viva recaía directamente en él. Pero si no ponía atención, los chicos terminarían matándola con sus abusos, eso si es que no se suicidaba ella primero. Podía ver la evidencia del maltrato, se hallaba desnutrida y golpeada. Resopló molesto, no le quedaba más que llevarla con él a su cabaña.
….
... . ...
...
Sakura se removió en la amplia y agradable superficie, bajo ella podía sentir el fresco y suave roce de unas sábanas satinadas. Cerca estallaba el ruido de las olas agitadas del mar, un olor limpio y a la vez salvaje llenaba su respiración. Lentamente abrió los ojos, hacía bastante que no descansaba tan a gusto. Por un momento le llegó la idea de que estaba en casa, a salvo y feliz. Eso duró hasta que se sentó en la cama y se dio cuenta que se encontraba en un desconocido lugar. Lo último que recordaba era…
—Esos bastardos torturándome —se abrazó a la manta que la cubría. Tenten, Gaara y compañía habían estado abusando de ella física y psicológicamente, no lo suficiente para romperla, pero cerca—. Así que por fin morí y estoy en el cielo —se recargó en la cabecera de madera maciza.
Sus descansados ojos registraron a detalle la sencilla pero elegante recamara en la que se encontraba. Era muy masculina, consistía de una cama, un buró a cada lado, un gran ropero que parecía del mismo material, y dos sillones con una mesita central colocados a su izquierda. Sin duda la invitaban a sentarse y relajarse disfrutando de una taza de té y un buen libro. Todo era muy agradable, incluso los colores neutros que decoraban las paredes, pero lo que más la atrajo, fueron las puertas corredizas de cristal que estaban entreabiertas, permitiendo que las blancas y transparentes cortinas se removieran con la brisa.
¿En dónde había ido a parar? Se levantó curiosa con el propósito de indagar cada rincón. Lanzó un jadeo de sorpresa al descubrir que ya no llevaba puesto su uniforme, ahora vestía un humilde camisón de algodón blanco que casi le llegaba a los tobillos. Era algo grande, tuvo que acomodárselo varias veces porque los tirantes resbalaban de sus hombros. Revisó sus brazos y piernas, alguien le había dado un baño de esponja, su piel brillaba limpia, lo mismo que su cabello.
Caminó descalza sobre los pisos de madera llegando a las puertas de cristal, la hermosa vista frente a ella la hizo abrir la boca con incredulidad. Salió enseguida hacia la enorme terraza, una mesa con dos sillas y un camastro decoraban escuetamente el abierto espacio. Bajó los tres escalones que descendían a la playa, la arena blanca de inmediato cubrió sus pies. Una sola palabra se formó en su mente.
Libertad
Tomó el extremo del largo camisón para que no entorpeciera sus pasos y corrió. Se dirigió directo al cristalino y precioso mar que tenía adelante, hundiéndose en el. El agua fría golpeó su cuerpo, para ella fue un respiro. Dejó que lavara sus miedos y calmara sus heridas…
Por un instante volvía a ser libre, no existía nadie más en el mundo. Sólo ella y la inmensidad azul a su alrededor.
Las saladas gotas de alivio que brotaban de sus ojos, se confundieron con las del mar. Saltó, jugó, nadó, gritó y se carcajeó.
No supo cuánto tiempo permaneció así, el cielo había comenzado a oscurecerse y su cutis parecía el de una pasa, sin embargo no quería salir de ahí, y no lo hubiera hecho de no haber sido por él.
—Creo que ha sido suficiente diversión por hoy.
Madara.
— ¿Puedo hacerlo mañana otra vez? —pidió caminando hacia la orilla. Notó que él miraba hacia otro lado cuando por fin reapareció de entre el agua.
Sus mejillas se calentaron en segundos, tenía la ropa pegada al cuerpo, haciendo evidente que no llevaba nada debajo. Cruzó los brazos cubriendo sus senos, él le había advertido no provocarlo de nuevo, ella no tenía la intención de que le repitiera aquellas palabras vulgares que le dijo días atrás. No quería hacerlo enfadar y que decidiera regresarla a la clínica, junto al quinteto de malnacidos carceleros. Todavía no tenía idea de a dónde la había llevado exactamente, pero este lugar era de lejos mucho mejor que en el que estuvo antes.
—Ya veremos, andando —se dio la vuelta y comenzó a caminar alejándose hacia la (notó tardíamente) cabaña.
— ¿Es tu casa? —investigó admirada, colocándose casi a su lado.
—Hmp.
— ¿Eso es un sí?
—Hmp —gruñó con enfado.
— ¿Entonces un no?
—Sólo camina —ordenó llegando hasta la terraza por la que había salido en la mañana.
—Quiero saber…
—Escucha, te traje aquí porque era evidente que no ibas a sobrevivir mucho tiempo más a manos de mi equipo. Pero eso no quiere decir que sea tu amigo, o que me interese entablar comunicación de algún tipo contigo. Todavía puedo amarrarte y lanzarte al sótano de la clínica si no te callas. ¿Soy lo suficientemente claro?
—Si sigues siendo el malo de la película… ¿Por qué me dejaste disfrutar afuera todo el día? —quería comprender.
Él era espeluznante cuando la miraba y le hablaba así, pero también poseía un lado muy humano que la desconcertaba. Que la motivaba a presionar, a querer saber y conocerlo bien.
—Merecías una recompensa. Llámalo retribución por el mal trato recibido.
Así que era por un tardío sentido de justicia, asimiló aún más confusa. Al menos era algo a su favor.
—Mientras haga lo que dices… ¿puedo seguir aquí?
—Puedes —confirmó entrando a la habitación.
—Necesito otro baño… la sal —empezó a rascar sus brazos que ya picaban.
—El baño está por el pasillo. Lávate y después puedes tomar comida de la cocina. Luego vuelve aquí y duérmete, estuviste dos días fuera de combate, pero todavía pareces cansada.
— ¿Dos días? —con razón había recuperado gran parte de su vitalidad—. Tú… ¿Dormirás… hay otra cama por aquí?
—Hn. No te preocupes por mí —lo vio tomar una camisa limpia del ropero y dirigirse después a la salida.
— ¿Vas a salir?
—Eso no es de tu incumbencia —zanjó brusco.
—Pero… y si alguno de ellos viene y-
—No lo harán. Permanece aquí. Mientras lo hagas, estarás bien.
—Una última pregunta… ¿Quién…? —señaló hacia su cuerpo, esperando dar a entender su interrogante.
—Una isleña. No soy tu enfermera particular —espetó cortante desapareciendo de ahí.
Bueno, saberlo la tranquilizó. Madara bien pudo aprovecharse de su estado de inconsciencia, pero no lo hizo. Le concedería algunos puntos. Intuía que aquí estaría mil veces mejor que en la clínica, y no porque el lugar fuese mucho más agradable, lo cual era un plus. Sino porque ahí podría bajar la guardia. Madara no la devoraba como si quisiera saltarle encima a la menor provocación, tampoco la insultaba sin motivo o la amedrentaba por el puro placer de hacerlo. De hecho, si él no le hubiera dicho tan claramente que le afectaba su apariencia, pensaría que no tenía ningún efecto sobre él.
La esperanza de salir viva de ahí, comenzó a volverse por fin una realidad. Se dirigió a buscar el cuarto de baño, encontrándolo de inmediato al salir por el corto pasillo. Se aseó lo mejor que pudo, envolviéndose con una enorme y mullida toalla después, ni soñando se pondría de nuevo el mojado camisón estropeado por la sal. Encontrar algo que ponerse se volvió una prioridad, por lo que en vez de ir a la cocina por su cena, regresó a la habitación. Sin más opción que buscar en el ropero, comenzó a fisgonear.
—Esto servirá —descolgó una camiseta, Madara era enorme, así que seguro le quedaría como un vestido.
¿Era normal que se sintiera tan cómoda en la cabaña de su secuestrador?. Recordó uno de sus cuentos preferidos, así debió pasarle a Alicia cuando cayó en el agujero del conejo. Era desgarrador reconocer que no tenía más alternativa que ir con la corriente. Si Madara le había dicho que estaría bien mientras obedeciera, optimistamente le creería. Ciertamente ahí, parecía de todo menos una rehén. «Haré de cuenta que soy su invitada».
La camisa volaba sobre su delgado cuerpo, cubría hasta la mitad de sus piernas, eso era mejor que seguir enredada en la toalla. Ya resuelta la problemática de su vestimenta, se enfocó en su estómago vacío.
La pequeña cocina sólo contaba con lo más elemental, sabía que en la isla tenían energía gracias a paneles solares, por lo que los habitantes podían gozar casi de cualquier lujo de la modernidad, sin embargo Madara vivía de manera muy modesta. O era un hombre verdaderamente primitivo, o tenía otra vivienda mucho más espléndida en algún lugar escondido de la isla.
Sea como fuese, tarde o temprano lo descubriría. Después de tomar algo de fruta, pan y pescado, se sentó a la mesa. Dejando de pensar en él, empezó a devorar su comida, tenía que recuperar sus fuerzas.
….
…. . ….
….
Madara entró a la cabaña sin hacer ruido. Dormía en el camastro de la terraza sin que ella supiera, levantándose apenas salía el sol y desapareciendo de su presencia. Así era mejor. Convivía con su cautiva lo menos posible, la vigilaba de lejos, manteniendo las distancias para no tener que hacerle frente a sus constantes preguntas, ni a su escurridizo encanto. Era la forma de conservar la cordura, la de ella y la suya propia.
Todas las lámparas estaban apagadas, pasaba de las doce de la noche, por lo que presumía se hallaba ya durmiendo en la recamara. Necesitaba su ducha, podría haberse bañado en la cabaña de alguno de los otros o en la clínica, pero extrañaba su privacidad. A mala hora cedió ante Sakura y la llevó a su refugio.
El lugar estaba muy limpio, el aroma exótico de flores salvajes y coco perfumaban el aire, todo obra de la pelirosa entrometida que se había adueñado de su casa. Nunca fue su intención que ella se sintiera tan cómoda y segura, pero ya nada podía hacerse, tampoco la lanzaría de nuevo hacia los chicos. Prefería saberla ahí disfrutando en la cabaña, que preocuparse porque algo le sucediera con ellos y cagar la misión.
Danzo Shimura aún no daba nuevas instrucciones, hasta que no lo hiciera, Sakura podía seguir viviendo relajadamente en la isla. Entró al baño desnudándose rápidamente, aquello no le llevaría más de cinco minutos. Se aseó minuciosamente, esquivando cualquier otro pensamiento que no fuera terminar y salir de allí. Se quitó el exceso de agua del cuerpo y del largo cabello, luego colocó la toalla en su cintura, no se pondría la misma ropa sucia, tendría que ir a su recamara y entrar a hurtadillas para conseguir algo limpio. Una vez más renegó de Sakura Haruno.
Entró sigilosamente, sus pupilas adaptándose en cuestión de segundos a la oscuridad. Con velocidad se aproximó hasta el ropero y lo abrió, cualquier cosa que tomara le serviría, la única ropa ahí era suya. Descolgó el gancho en el que colgaban unos pantalones cargo y una camiseta oscuros —todo su vestuario era de ese tipo—. Su cuerpo se tensó cuando la lamparita de noche se encendió de repente.
—Hola extraño —la melodiosa vocecita resonó desde la cama.
De nada servía seguir siendo cuidadoso. Tomó la ropa y se dio la vuelta para encarar a la impertinente jovencita. La tranquila expresión de Sakura se deshizo cuando dejó de darle la espalda. Sonrió con suficiencia, los verdes ojos se lo comían de la cabeza a los pies. La atención de Sakura, fija en sus marcados pectorales y su eight pack. Flexionó inadvertidamente los antebrazos, alardeando de sus músculos. Sabía que tenía muy buen aspecto, su trabajo lo requería, además a él le gustaba cuidarse y ejercitarse. Para algunas mujeres, podría parecer algo rudo con todos sus tatuajes y las perforaciones en sus pezones, otras solían adorarlo. A juzgar por la reacción de Sakura, ella correspondía al segundo grupo.
— ¿No te dijo Matsuri que dejaras de ponerte mis camisetas? —se cruzó de brazos frunciéndole el ceño.
Le había encomendado a una de las mujeres de la isla, llevarle a Sakura algunos vestidos para que desistiera de apropiarse de sus camisas de trabajo. Verla en esas fachas sólo lograba cautivarlo más, por supuesto no lo dio a notar.
—La ropa que me trajo me pica, no estoy acostumbrada a las rígidas texturas —se alzó de hombros, en ningún momento dejó de estudiar su cincelado pecho.
—Eres una mimada —no la molestaba, establecía un hecho—. Ya te acostumbrarás. Deja de ponerte mi ropa —exigió sin sonar severo.
—Tienes mucha. No veo por qué no pueda tomar prestadas algunas. Además las estoy lavando y las regreso a su lugar. Cada día lo hago mejor, ¿te diste cuenta que limpié los armarios de la cocina y pulí los pisos?. Nunca había trabajado tanto —platicó orgullosa.
—No necesitas hacerlo. Las mujeres de la isla me ayudan.
—No me gusta que vengan aquí. Una de ellas es una majadera —hizo un puchero.
— ¿Te hicieron algo? —preguntó extrañado. Los residentes eran muy amables y serviciales con él y su equipo. Estaban agradecidos de que ellos los ayudasen y protegieran.
—No, pero fue grosera y desagradable. Ella me dijo… no importa —negó rápidamente y su cabello ya antes alborotado, quedo aún más despeinado. Maldita sea si no se veía apetecible.
— ¿Qué te dijo? —indagó dejándose llevar por la curiosidad, acercándose y sentándose a su lado.
—No lo repetiré —se mordió el labio mirando hacia abajo.
—Dime Sakura —cogió su barbilla levantándole el rostro, haciendo colisionar sus miradas.
Su rosada lengua salió y humedeció su preciosa boca. Apretó la mano en su pierna, haciendo retroceder su erección. Debía recordar su misión, el objetivo principal de aquello era esconder a Sakura de su corrupto padre, no encandilarse con ella y querer follársela. Su único motor era el dinero, no había espacio para finales de cuento. Ninguna mujer encajaba en su modo de vida, menos una princesa malcriada que apenas y raspaba la mayoría de edad. Respiró profundamente llamando a todo su control, pero eso fue peor, su rico perfume natural flotó hasta él, seduciéndolo y cegándolo, borrando cada pensamiento coherente que no fuera estirar la mano y atraparla.
Ella lo observaba con sus inmensos ojos verdes, su naricita de botón se movía graciosamente, a la vez que tomaba aire. Su piel antes lechosa, ahora era bronceada. La enorme camiseta colgaba de sus delgados y femeninos hombros, el deseo de lamer su cuello, su clavícula y toda ella, lo asaltó con fuerza.
—La pelirroja dijo… dijo que tú… que tú eras suyo —murmuró muy bajito.
— ¿Eh? —la declaración de Sakura lo sacó de golpe de su ensoñación.
—Querías saber lo que ella me dijo, eso fue lo que habló conmigo. Además me llamó puta de cara pálida —se quejó indignada.
—Le diré a Karin que se mantenga al margen —con el cerebro funcional, se puso de pie.
— ¿Es cierto?
— ¿De qué hablas? —indagó con la fría calma que lo caracterizaba.
—Ella es… ¿tu novia? —su ingenuidad no tenía límites. Únicamente alguien tan inocente como ella, pensaría que hombres como él tenían novias.
Quería aclararle que no. Que a él no le interesaban los compromisos de ningún tipo. Que Karin no era más que una distracción casual, y que últimamente no se había acostado con ella. La emoción que descubrió en su rostro expectante, lo frenó. Decidido a cortar por lo sano sus obvias fantasías, preparó las palabras que esperaba la disuadieran de seguir haciéndose ilusiones.
—No es que tenga que darte explicaciones. Pero si lo quieres saber… Sí, Karin es mi mujer, propiamente dicho, mi amante. Las novias son para los críos inmaduros, yo soy un hombre —completó gélidamente. Desapareciendo de la habitación sin dedicarle un segundo repaso.
…
¿Cuándo había pasado de ser la victima secuestrada de este hombre, a volverse su admiradora número uno?
Apagó la lucecita y se acomodó de nuevo en la cama. Abrazándose a la enorme almohada, enterró el rostro y ahogó sus sollozos ahí.
¿Por qué sus palabras le habían calado tanto?
¿Por qué su cuerpo había entrado en calor al descubrirlo en la recamara?
Desde que lo oyó entrar, sus ojos no dejaron de seguirlo. Debió haberse quedado callada haciéndose la dormida, pero tenía tanto deseando tenerlo cerca. Él era el único con el que podía hablar libremente, por más amenazas que le lanzara, sabía que todas eran palabras vacías. Que Madara no le haría ningún daño.
¿De dónde venía ese anhelo?
De su increíble y deseable cuerpo…
De su profunda y ronca voz…
De sus hermosos e hipnóticos ojos…
¿Importaba?. Ahora que sabía que él era un hombre tomado, ¿Qué diferencia habría?. Debería estar concentrada en salir de ahí, angustiada por descubrir cuál sería su futuro. ¿Tan rápido se le olvidó que Madara mató a Ibiki?. Sus padres, seguro estaban devastados, moviendo mar y tierra para encontrarla, y ella enamorándose del causante de todo.
¿Qué diablos le pasaba?
Lo cierto es que no quería pensar en eso. No quería recordar porqué estaba allí, ni cómo llegó. Era más fácil evadirse y fantasear con Madara.
Sí, él era el único que acallaba sus miedos. Con él a su lado no estaba perdida ni sola.
….
…. . ….
….
Escuchó la madera del suelo crujir. Alguien se acercaba peligrosamente a él. Sus sentidos en alerta total, —como siempre—. Antes de que su atacante le pusiera las manos encima, abrió los ojos y le saltó derribándolo al suelo, su arma apuntando a la cabeza del intruso.
— ¡Sakura! —colocó el seguro de la pistola y la guardó en la cinturilla de sus pantalones—, ¿Qué jodidos pretendías sorprendiéndome así? —seguía sobre ella, intentando relajarse para no ahorcarla.
— ¡Estaba a punto de despertarte, saltaste antes que pudiera hacerlo! No quería asustarte…
—Tienes suerte que tenga buenos reflejos, pude haberte disparado —se irguió llevándola con él.
—Quería hablar contigo antes de que desaparecieras como cada madrugada —declaró con simpleza. Así que ella lo sabía, y él de idiota pensando que la había burlado.
Miró hacia el cielo, ya no estaba oscuro, pero el Sol aun no aparecía en el firmamento.
— ¿Por qué la urgencia? —se pasó las manos por el cabello dando un resoplido.
—Según mis cálculos… hoy cumplo 18 años —informó algo decaída.
No se equivocaba, aquel era el día de su cumpleaños. Él ya lo sabía, pero no tenía intención de admitírselo.
—Me preguntaba si… —comenzó a juguetear con los dedos— no quisiera que pasara desapercibido. Sé que no tendré la gran fiesta que mi familia había planeado —la escuchó aclararse la garganta, su voz había temblado un poco—, pero no me gustaría estar sola hoy.
— ¿Y esperas que yo me convierta en tu entretenimiento?
—No. No tienes que hacer nada, únicamente quedarte aquí… por favor… para no sentirme… abandonada.
—Tengo cosas de las que debo encargarme. Tenten dijo que hay que revisar las chozas de algunos residentes, la temporada de tormentas está por comenzar, debemos ver el material que se necesita para reforzarlas —¿Por qué su decepción le afectaba?
—Entiendo… entonces no te molesto más.
—Sak-… —estiró su mano para alcanzarla, pero ella ya había entrado y cerrado las puertas.
.
—Ponte uno de los vestidos que Matsuri te trajo
— ¿Eh? —sacó la cabeza de debajo de las mantas. Madara estaba frente a ella.
—Irás conmigo.
— ¿De veras? —sonrió inesperadamente feliz.
—Hn, andando. Te espero afuera.
Debería estar llorando a mares por todo lo que le habían quitado, no celebraría con su familia, sus amigos, con la gente que la amaba. Pero no pudo, la tonta sonrisa no desapareció de su cara.
.
El día se pasó en un borrón. No apartó a Sakura de su vista en ningún momento, ella lo siguió pacientemente por todos lados, sin quejarse ni darle problemas. Llegada la hora del almuerzo, incluso se sentó con él y el resto de isleños disfrutando de la sencilla comida. Tenten, la única de su equipo que atestiguó todo aquello, sólo lo miró con confusión, sabía que él no le daría explicaciones, no tenía por qué hacerlo, él era el maldito jefe nadie lo cuestionaba.
Regresaron a casa casi al anochecer. Se dejó caer en su camastro, contemplando el paisaje. Sakura atrajo una de las sillas sentándose a su lado.
—Gracias.
—Hn.
—No hay anacondas en la isla verdad —estableció acusatoria. Él tuvo que contener la sonrisa que amenazaba con formarse.
— ¿Intentarás escapar?
—No tendría a dónde ir, soy buena nadadora, pero no soy Flipper.
—Bien. No, no hay anacondas, a menos que contemos a alguna que otra isleña.
—Wow, ¿de dónde vino eso? —rió encantada—, Madara tiene sentido del humor…
—Sólo después de las seis —se recargó cómodamente en su lugar. Hacía mucho que no se sentía tan a gusto y despreocupado.
—Puede que no te interese oírlo pero… la pasé bien hoy.
—Me alegro por ti —y sinceramente lo hacía, él podía no ser un buen hombre, pero no por eso deseaba que Sakura sufriera. La secuestró porque era su trabajo y le pagaron muy bien por ello, así de simple.
—No te molesto más. Hoy ya has tenido suficiente de mí —se puso de pie con renuencia, se notaba que lo que menos quería era irse.
—Sakura…
— ¿Si? —se detuvo esperanzada.
Se levantó también, invadiendo su espacio personal. ¡Qué diablos!, era su cumpleaños, podía hacer una pequeña concesión con ella. Además tenía que admitir que se moría de ganas de ceder y entregarse a sus locos impulsos, aunque fuese por un segundo.
—Felicidades —susurró cerca de sus labios… antes de apresarlos con los suyos.
El beso comenzó torpe, ella estaba tan impactada, que le tomó unos instantes abrir la boca y permitirle la entrada. Su suavidad lo volvió loco, dominó su lengua con la suya, sus movimientos precisos y experimentados la tenían jadeando y gimiendo excitada. La apretó contra su pecho, ella se abrazó a su cuello, aferrándose a su cabello. Sus delgados dedos se enredaban entre las largas hebras azabaches. Se separó unos milímetros tomando rápidas respiraciones.
—Más… Madara —lo urgió enfebrecida.
Escuchar su nombre salir con esa pasión, lo lanzó al precipicio. La besó de nuevo, solo que ahora con más ímpetu. La húmeda caricia se volvió una lucha, sus dientes chocaban, sus lenguas combatían y danzaban juntas al mismo ritmo desenfrenado, Sakura era una habilidosa aprendiz, le seguía el paso muy de cerca. Cogió sus mejillas, sosteniéndole el rostro y manteniéndola quieta. Mordió su hinchado labio inferior, estirándolo y torturándolo para después calmarlo con tiernas lamidas.
—Mnn —ella echó la cabeza hacia atrás, dándole acceso a su cuello.
Colocó pequeños besos en él, acariciando también con su nariz la tersa superficie. Quería llegar a sus hombros y retirarle el desfavorecedor vestido, sin duda lucía mejor con sus camisas.
— ¡Madara!
El grito indignado de Karin los sacó de su lujuria. Se apartó de Sakura como si quemara, no le importaba haber sido sorprendido besándola. Lo que le afectaba es que de no haber sido por Karin, él hubiera continuado con lo que hacía. Sakura se estaba convirtiendo en una obsesión muy peligrosa, una que tenía que desaparecer.
— ¡Entra a la cabaña! —estaba furioso con ella por provocarlo, y consigo mismo por caer como un hormonal adolescente.
—Pero…
— ¡Ahora! —no le importaban sus lágrimas, no le importaba nada más que deshacerse de ella.
Ahí se acababa su buena fe, no volvería a acercarse a Sakura, no le daría la oportunidad de atraerlo de nuevo.
….
…. . ….
….
Sakura limpió por enésima vez la superficie de la mesa. En los últimos diez días no había podido cruzar palabra con Madara. Él se negaba a regresar a la cabaña y convivir con ella. Sabía que estaba furioso, seguramente la odiaba por provocarle problemas con su novia —o más exactamente su amante— Karin.
La voluptuosa pelirroja no dejaba de lanzarle miradas de odio cada vez que acompañaba a Matsuri a dejarle provisiones. Desde la primera vez que vio a la mujer de Madara, la animadversión surgió en ambas.
La isleña le había presumido que ella era la dueña del corazón del mercenario, insultándola y burlándose de ella en el proceso. Sakura siempre logró mantenerse indiferente y calmada ante sus ataques, era una dama, no se rebajaría a pelear. Sin embargo cuando nadie la veía, se derrumbaba de dolor. No quería estar enamorada de él, sobretodo porque Madara jamás le correspondería. Además, ellos no tendrían futuro, él era un criminal, ella su víctima. ¿Qué tan equivocado sería una relación entre ellos?
Mucho.
Aun así no podía sacárselo de la cabeza. Los besos que compartieron la mantenían despierta la mayoría de las noches. ¿Qué habría pasado si Karin no hubiese llegado a interrumpirlos? Posiblemente todo. Entregarse a él sería un colosal error, no obstante, sabía que su cuerpo y su corazón no pondrían objeción.
Escuchó la puerta abrirse. Dejándose conducir por la emoción corrió a la entrada.
— ¡Mada-…! —su sonrisa desapareció al ver que no se trataba de él.
—Oh, pobrecita. ¿Decepcionada por qué no soy él? —Gaara rió burlón.
—No te me acerques… si lo haces le diré a Madara —advirtió refugiándose detrás del sillón.
—Y por qué crees que al jefe le importaría lo que suceda contigo. No eres más que una maldita carga, una muy bien pagada debo admitir, pero una molestia al fin y al cabo. O dime, ¿ha venido a verte en todo este tiempo?, no. Está harto de ti.
—Eso no es cierto, él… él me aprecia —se movió lejos del pelirrojo cuando él se acercó.
— ¿Apreciarte? —se carcajeó divertido—, no eres más que la inútil hija de un bastardo corrupto. Si piensas que el jefe siente algo por ti, simplemente porque no te ha matado, estás orate. Madara te toleraba porque le dabas lástima, nada más. Menos mal que ha entrado en razón y te ha dejado a tu suerte mientras se divierte con Karin.
—No… no es cierto —negó insegura—. Y mi padre no es un corrupto, ¡deja de inventar esas calumnias horrorosas sobre él!
—Eres patética. No sé qué es más triste, que creas que el jefe siente algo por ti, o que no sepas la clase de rata que es tu papito —se cruzó de brazos mirándola con fingida compasión.
— ¡Cállate, mi papá es incapaz de faltar a la ley!, el delincuente asqueroso y repugnante eres tú, que tortura y secuestra por placer —no debía estar agitando la bandera roja ante el peligroso criminal, pero no iba a permitir que hablara así de su padre.
Kizashi Haruno era un hombre admirable, un pilar de la sociedad. Su padre ayudaba en infinidad de causas benéficas, sus empresas le daban trabajo a miles de familias. Era un ser humano como muy pocos.
— ¡Maldita mocosa idiota! —de un salto la alcanzó y la tumbó al piso.
— ¡Ahh, suéltame! —pidió cuando él la sometió apretando su cara contra la madera.
Gaara la fijó ahí, colocándole la rodilla sobre la espalda y sosteniendo sus manos tras ella para que no intentara moverse.
— ¿Por qué piensas que te secuestramos? ¿El nombre de Danzo Shimura, te suena?
Si, le sonaba. Era el nombre de un reconocido traficante. A pesar que se decían cosas bastante malas de él, la policía no tenía pruebas suficientes para encarcelarlo, y si las conseguían, desaparecían de inmediato. Se rumoreaba que él sobornaba a los altos mandos para que lo dejaran cometer sus delitos.
—Pues él y tu papi son socios. Ambos se reparten el mercado de trata de blancas. Además de otros sucios y turbios negocios.
— ¡No! —forcejeó con fuerza, pero no la suficiente para escapar.
—Oh sí. Lo que pasó fue que tu papá tuvo la no tan brillante idea de quitarle algunos millones, los cuales pensó que Shimura no iba a extrañar. ¿Pero qué crees?, lo hizo. Así que nos contrató a nosotros por una astronómica cantidad. El objetivo, secuestrarte y hacer pagar al ladrón traidor de tu papi —murmuró cerca de su oído.
Sakura aprovechó la cercanía y que él bajó la guardia. Impulsó su cabeza hacia atrás, el crujido fue espantoso, pero Gaara se lo merecía.
— ¡Maldita perra! —cayó de espaldas cubriéndose la nariz sangrante.
Sakura quiso correr, sin embargo él tomó su pie y la hizo caer. El golpe sacó todo el aire de sus pulmones, dejándola sofocada. Gaara aprovechó para colocarse encima y darle una fuerte bofetada.
—Cuando Danzo de permiso de matarte, voy a ser el primero en levantar la mano para ofrecerme a destazarte —prometió con anticipación—. Aún no me crees. Sigues pensando que miento y que tienes al papá más bueno del mundo. Lo cierto es que él y todos a su alrededor están cubiertos de mierda, Sakura. Todos saben la verdad, hasta la puta de tu madre. Es más, tu leal chófer que dio la vida por ti, era uno de los encargados de violar a las nuevas chicas para someterlas. El cerdo de Ibiki quebraba sus espíritus a punta de golpes y abusos.
— ¡Cállate…! Solo cállate por favor —suplicó devastada.
No. Se rehusaba a creer todo lo que Gaara le decía. El nada más quería torturarla. Eran puras mentiras. Su padre, su madre, Ibiki… no eran capaces de algo tan atroz como el tráfico de personas.
— ¿Recuerdas cuando la hermana de tu madre necesitaba un trasplante?
—No más…
— ¿De dónde piensas que salió el riñón que salvó su vida? Del cuerpo sin vida de una jovencita de quince años que los esbirros de tu padre secuestraron de las zonas marginales. Kizashi Haruno no sólo comercia con sexo obligado Sakura. También mutila niños por sus órganos…
— ¡Basta!
— ¿Qué pasa aquí?
Sus ojos vidriosos por las lágrimas le impidieron ver al recién llegado, pero no necesitaba verlo para reconocer a Madara. El peso de Gaara fue retirado casi de inmediato, pero ella no se levantó. Se hizo una bola y dejo salir todo su horror por medio de gritos y llanto.
— ¿Qué le has hecho? —exigió Madara recogiéndola del suelo.
—Sólo le dije la verdad —escuchó responder a Gaara.
— ¡Dime que no es cierto!... Por favor, niégame que mi padre es ese monstruo cruel que Gaara asegura que es… —sollozó desgarrada.
Madara limpiaba sus lágrimas con tiento, acariciando su rostro con devoción. Pero no negó nada. ¡Era verdad!
—Tarde o temprano iba a enterarse.
— ¡Lárgate Gaara! —advirtió Madara siniestramente, conteniéndose apenas, de sacar su pistola y volarle a Gaara la cabeza de un disparo.
Sabía que algo había pasado cuando el pelirrojo no regresó de inmediato con las armas que le pidió sacar de su escondite secreto en la cabaña.
—Ahora todo tiene sentido… por eso no pidieron un rescate… por eso me mantienen cautiva aquí, porque esperas a que Shimura te diga qué hacer conmigo…
Tomó a Sakura en brazos y la llevó a la habitación. Necesitaba colocarla en la cama y aplicarle un sedante. Los hechos eran demasiado atroces para que su frágil mente los asimilara con facilidad. La instaló con delicadeza y se dirigió al ropero. Sacó un pequeño estuche del fondo y regresó a su lado.
— ¿Qué vas a hacer? —preguntó atenta a sus movimientos, a pesar del evidente mal estado en el que se encontraba, se puso en guardia.
—Te inyectaré un calmante, te ayudará a relajarte y dormir un poco…
—No quiero dormir… ni relajarme…
— ¿Entonces qué quieres? —su penetrante mirada recayó directamente sobre él.
—Olvidar. Ayúdame a olvidar Madara —se hincó en el colchón y extendió su mano hacia él.
—No creo que sea prudente que…
— ¿Desde cuándo un hombre malo y rudo como tú es prudente? Quieres esto tanto como yo… admítelo. Deja de huir de mí —exigió desinhibida, era la hija de un criminal, ¿Por qué no comportarse como tal?—. Eres un mercenario, no necesitas el permiso de nadie para hacer y tomar lo que te plazca. Aquí estoy, a tu alcance —se ofreció a él acariciándose sus desnudos hombros.
—No quieres de verdad esto, cuando acabe vas a estar arrepentida —se resistía a caer en la tentación, aunque verla tan seductora hacía que le costara más trabajo continuar negándose.
—Te aseguro que no. Te deseo tanto, desde que me tomaste en brazos y amenazaste con tomarme contra la pared, mi mente no ha podido dejar de pensar en esa imagen —se lamió y mordió los labios incitadora
—No digas que no te lo advertí —se quitó la camisa y la arrojó tras él, luego desabrochó sus pantalones y los sacó por sus piernas, en menos de un pestañeo estaba desnudo. Sakura tenía razón, era un maldito forajido, era hora que actuara según su condición y tomara lo que llevaba anhelando desde que la vio por primera vez.
Sakura pensó que se asustaría, que cuando Madara dejara salir al animal que llevaba dentro la haría gritar y correr aterrorizada. Las sensaciones que la embargaban nada tenían que ver con el miedo. Abrió las piernas permitiendo que su fascinante y musculoso hombre se metiera entre ellas y la clavara contra el colchón. Sus castos ojos jamás habían visto un cuerpo desnudo que no fuera el suyo, Madara era tan perfecto, ansiaba lamer cada trozo de su bronceada piel.
Él besó sus labios con fuerza, haciéndola probar su sangre por el áspero trato. Podía respirar su desesperación, el aroma espeso de su lujuria y excitación la hizo humedecerse. Sus callosas manos la acariciaban por todas partes, metiéndose por debajo de la amplia camiseta y recorriendo sus costillas, llegando a sus pechos acunándolos con consideración, para apretarlos con fuerza después.
—Quítatela —exigió separándose de su boca, ayudándole a sacar por la cabeza la única prenda que la cubría.
Sintió el rubor dominar su cara cuando los negros ojos recorrieron con hambre desmedida su desnuda humanidad.
—Simplemente perfecta —halagó satisfecho, tumbándola de espaldas nuevamente.
Él comenzó a descender, primero por su cuello y hombros, luego a sus senos. Lanzó la cabeza hacia atrás, profiriendo un gemido impúdico gracias a los besos húmedos que él salpicaba entre cada pezón. Sus manos fueron a parar a su cabellera, apurándolo a continuar. De haber sabido que se sentiría tan bien, habría saltado a sus brazos antes.
Él provocaba cada cima con la lengua y los dientes. Ella le pidió más, Madara le dedicó una malvada sonrisa antes de inclinarse y succionar con voracidad sus ahora sensibles picos. Parecía desatado, ella únicamente podía concentrarse en recibir sus eróticos ataques.
Nunca había estado tan excitado. No se suponía que Sakura respondiese de manera tan ardiente. Su inocente rehén era más pura que la blanca nieve, sin embargo se comportaba como una experimentada ninfa. Cada vez que la tocaba, ella reaccionaba como un volcán en erupción. Todo su sensual cuerpo era una zona erógena. Cuando le hubo dado la adecuada atención a sus pechos, dejándolos duros y llenos de marcas de succión, bajó por su vientre. Arañó sus costados al tiempo que con la lengua hurgaba en su ombligo. Ella se retorcía y lo instaba a ir mas allá, empujándolo de los hombros.
—Pronto —prometió dándole algunos largos lametazos en los huesos de sus prominentes caderas.
—Madara… —rogó sin saber muy bien qué era lo que quería.
—Abre, déjame saborearte —ordenó separándole más las piernas—. ¿Quieres que te pruebe, Sakura? —repartió ligeros besos en sus muslos, manteniéndose a propósito alejado de su mojada entrada.
—Sí… Sí, por favor —lo único que sabía es que su centro lloraba por un roce, necesitaba que la tocara, sentía que podría morir si no lo hacía.
—Tan hermosa…
Su aliento caliente golpeaba su parte más íntima, prácticamente tenía el rostro del hombre encajado entre las piernas y le importaba un carajo. Cuando sus dedos separaron sus pliegues y su lengua la recorrió hasta rozar su clítoris, lanzó un chillido de asombro y de placer. Quería que volviera a hacerlo, que la hiciera llegar usando sólo su boca.
Madara la mantuvo abierta para poder devorarla. Chupó con fuerza, endureciendo más el hinchado brote. Su lengua salía y entraba de ella, penetrándola superficialmente, sabía que Sakura necesitaba más. Utilizó dos de sus dedos para estirarla y estimularla sin dejar de mamar su clítoris, su sabor aumentó a medida que lo hacía su pasión. La sintió tensarse, a punto de acabar.
—Hazlo, muéstrame cuanto te gusta lo que te hago, dame tu primer orgasmo corriéndote para mí —ordenó encendido.
Su grito de placer fue música para sus oídos. Su interior estranguló sus dedos que continuaban entrando y saliendo de su cuerpo. La vio estremecerse y temblar. Sus grandes pechos se movían agitados mientras intentaba coger aire. Escaló hasta su boca y la besó con ardor. Permitiendo que se disfrutara en él, que saboreara su propia ambrosía.
—Otra vez… pero ahora quiero correrme contigo en mi interior —pidió con las pupilas desenfocadas de deseo.
No esperó a que se lo rogara una segunda vez. La apresó de la cintura, tomándola y poniéndola encima de él.
—Móntame, así podrás ir a tu ritmo —no se había acostado con una virgen, pero tampoco era un bruto, esa posición le facilitaría a ella controlar las embestidas y decidir de qué manera se sentía más cómoda.
Apretó las sábanas a su lado, mientras la veía acomodarse detrás de su erección. Sus suaves manos lo rodearon dándole un ligero apretón, estaba a un apretón más de gritarle que dejara de jugar con él antes de que lo hiciera explotar, pero su fascinada mirada lo detenía.
—Quisiera probarlo —admitió sin apartar los ojos del miembro en cuestión.
—Después. Tendremos más ocasiones para que experimentes —gruñó al borde.
—Sí… prométeme que no será la única vez…
—Lo prometo —en ese momento le habría cedido todas sus cuentas bancarias, no razonaba, lo único que quería era enterrarse en ella.
La vio respirar profundamente y levantarse un poco. Manteniendo firme su erección con una mano, fue dejándose caer encima de ella. Sakura expulsó un quejido pero no se detuvo. Vio desaparecer su pene y apretó los dientes, casi creyó que se quebrarían por el esfuerzo. Sabía que entrar en su virgen cuerpo sería la gloria, sus paredes vaginales lo estrangulaban y engullían con un agarre mortal.
— ¡Duele! —se quejó ella.
—Va a pasar —aseguró atrayéndola por la nuca y apoderándose de sus bien usados labios—, muévete despacio, deja que tu cuerpo se acostu- ¡nhg! —sus manos saltaron a sus caderas, ayudándola a empujarse cuando comenzó a mecerse.
—Se siente… mnnm… ¡Madara! —sus movimientos se volvieron más audaces. Obviamente ya no tenía dolor.
—Me fascina como te mueves —la incentivó satisfecho. Sakura saltaba en su pene como una profesional, la cogió por las nalgas, indicándole como menearse de adelante hacia atrás. Ella captó rápidamente el mensaje—. ¡Así! —jadeó cuando sus inquietos dedos comenzaron a vagar por su ancho pecho. Sakura le dio una traviesa sonrisa antes de pellizcar sus pezones.
—Me fascinan estos —jaló los aros de platino que colgaban de cada pezón—. También quiero lamer cada uno de tus tatuajes… —para dar más credibilidad a sus palabras, chupó sus labios provocativamente.
—Joder…
—Pensé que eso estábamos haciendo —se burló con coquetería, rebotando más rápido.
La sostuvo de la cintura y se dio la vuelta, quedando encima de ella. A esas alturas ya estaba perfectamente acostumbrada. Empezó a pistonear con velocidad, entrando y saliendo con rapidez. Ella enredó sus largas piernas en su cintura, luego le apretó el trasero incentivándolo a hacérselo más rudo. Sus pechos brincaban sin control, colisionando contra sus pectorales llenándolo de deliciosos escalofríos. La cabecera comenzó a golpear la pared, opacando un poco el sonido de piel abofeteando piel.
— ¡Madara! —sus uñas rastrillaban su espalda y bajaban de nuevo a sus glúteos, creando senderos de lava. Marcándolo.
—Eso es… gime mi nombre —mordió su cuello, él también quería estampar su sello y mostrar a los demás que Sakura le pertenecía.
Usó su boca como si fuera un hierro ardiente y grabó su marca en todos los lugares precisos, a la vez que continuaba moviéndose en su interior. La casa podía caerles encima pero él no se apartaría de ella. Su apretado y caliente canal era su nuevo lugar favorito. Su paraíso personal. Apostaba a que podría estar ahí, follándola por días y nunca se aburriría.
—Estoy cerca… ¡más, más rápido! —exigió su insaciable pelirosa.
Se sentó con ella encima, una de sus grandes manos en su trasero la subía y bajaba sobre su erección, mientras que la otra la sostenía firmemente por la nuca, para arremeter contra su dulce cavidad. Se tragó su gemido de liberación. Soltó su cabellera para presionar su clítoris y alargar su orgasmo. Estimulado por sus convulsiones, su pene estalló finalmente, vaciándose en su ardiente y húmedo interior.
—Ese fue la mejor corrida que he tenido —cayeron en un lío sudoroso, entrelazados en un abrazo. Sakura se durmió inmediatamente pero su sonrisa de satisfacción no desapareció.
Acababa de cometer una gran equivocación al meterse con su misión, pero no le importaba, cada onza de placer que ella le dio, había valido la pena. Dejaría que todo se fuera al infierno por la mañana, mientras tanto disfrutaría de su noche enredado a su delicioso cuerpo.
…
Sakura gimió fascinada al sentir los labios de Madara besar sus hombros y su espalda. Aun así se resistía a abrir los ojos, Madara rió tras ella, ahora él sabía que estaba despierta. Le fue imposible acallar los ruidos de satisfacción que sus manos y sus labios le provocaban.
— ¿Cómo te sientes?
Que él se interesara por su estado la hizo caer todavía más por él. Su vida estaba de cabeza. Sentía que había entrado a la dimensión desconocida donde nada era lo que parecía. Su padre que se suponía era el hombre más bueno del mundo, resultó ser una bestia cruel. Mientras que su sanguinario y letal mercenario, ahora era el único ser en el que podía confiar.
—Desgarrada y perdida —respondió sin detenerse a pensar demasiado en sus palabras. Él se apartó de inmediato, llevándose todo el calor con él y dejándola fría.
— ¡Lo sabía!, no debí tocarte.
— ¡No Madara, espera!... no me refería a lo que sucedió entre nosotros, eso fue lo mejor que me ha pasado. Yo hablaba de mi padre —aclaró apresurada atrayéndolo de nuevo a su lado.
—Oh —permitió que se refugiara en su pecho.
— ¿Cómo pude ser tan ciega? —preguntó tragando el nudo de dolor.
—Es tu padre, no tenías motivos para pensar mal de él.
—No quiero volver a verlo… siento que todo el amor que le tenía se ha convertido en odio. Estoy tan asqueada… ¿Cómo puede…?... Esas pobres chicas.
—Shh —la apretó más fuerte cuando comenzó a llorar—. Gaara no debió abrir la boca.
—La forma de enterarme fue brutal, pero prefiero saber la verdad que seguir engañada. Ahora puedo hacer algo, puedo ayudar a esas mujeres…
—Sakura, ¿ya olvidaste que sigues aquí secuestrada?
—Cierto. Que estúpida, nada ha cambiado —asimiló bajando de su nube con el doloroso golpe verbal.
Y ella pensando que por haberse acostado con Madara él la amaría igual que ella lo hacía con él. Si acaso había empeorado su condición, ahora que le dio lo que todos los hombres buscaban, era muy probable que la hiciera a un lado y no volviera a dedicarle una segunda mirada. Aunque se resistía a creer que él haría algo así, pero, ¿Qué sabia ella? No era más que una imbécil que ni siquiera pudo notar lo retorcido y podrido en su propia familia.
—Hn. Todo ha cambiado.
— ¿A qué te refieres? —preguntó aturdida.
—Ya lo verás. Tengo que salir. Desayuna y descansa, vuelvo en unas horas —le dio un beso en los labios que la dejó queriendo más, y después salió de la cama.
Sakura lo vio embobada mientras tomaba su ropa y se iba. Las marcas de sus uñas bellamente resaltando en su espalda y sus duros glúteos. Se dejó caer sobre las almohadas, todo estaba mal, su existencia no era más que caos tras caos. Lanzó un gran suspiro, si tan solo pudiera dejar de pensar en Madara, haría que aquella fatal realidad le importara.
.
— ¡Despierta!
— ¿Qué- qué sucede? —abrió los párpados, poniéndose en alerta máxima al mirar a la hermosa morena al lado—. ¿Qué haces aquí?, ¿Qué quieres? —se bajó por el otro extremo poniendo la gran cama como barrera entre ellas.
—Vine a ponerte esto —señaló una pequeña jeringa llena de líquido entre sus manos. Su cara una máscara de rabia.
— ¡No!, no voy a dejar que me inyectes nada —tomó la lamparita, se la estrellaría en la cabeza antes de permitir que pusiera cualquier clase de veneno en su cuerpo.
—No seas idiota, si quisiera matarte ya lo habría hecho. En todo caso no te hubiera despertado.
—No confío en ti así que no dejaré que te me acerques, ¡vete! —advirtió abanicando la lámpara como si fuera un bate de béisbol.
—Bien, entonces tú explícale a Madara por qué no dejaste que te colocara el anticonceptivo que él me pidió inyectarte —se dio la vuelta caminando hacia la salida.
— ¡Espera!... ¿Madara te mandó?
— ¿Quién más? Parece que no eras tan estúpida como parecías. ¿Así que has logrado ganarte al jefe? Y nosotros pensando que no eras más que una mocosa idiota —Tenten siempre la trataba mal, pero su ira en ese momento era desmedida.
—Si él te envió entonces está bien… —bajó la lámpara poniéndola de vuelta en el buró.
Si Madara quería que comenzara a cuidarse, era porque ellos continuarían con su relación. Se abstuvo de comenzar a saltar emocionada. Tenten ya creía que era una tonta, no le daría la satisfacción de que lo comprobara.
—Acuéstate, no es necesario que te descubras —ironizó mordaz. Sakura se puso colorada, del susto había olvidado que estaba desnuda.
— ¿Es seguro?
—El fármaco es de los más suaves. Si ya estás embarazada no te dañará, pero si no lo estás te protegerá contra ello.
Se colocó en posición y esperó a que la morena le colocara la inyección. El piquete no resultó para nada doloroso.
—Gracias. Eres buena en esto —se cubrió con la sábana mientras Tenten se deshacía del algodón y la jeringa usada.
—Soy una profesional. Además tu gordo trasero amortiguó el golpe.
—Ja. Ja. Que graciosa.
—Si no estuviera segura que Madara me estrangularía, te habría inyectado el émbolo lleno de aire.
— ¿Por qué me odias tanto?... ¿yo que te hice? —cuestionó afectada.
—Eres una mustia, eso es lo que pasa. Desde que viste al jefe clavaste tus garras en él. Madara es el más rudo especialista en armas y asesinatos que he conocido, pero ahora que te le has metido por los ojos… él siempre nos había tratado como si fuéramos sus hermanos pequeños. ¿Sabes lo que le hizo a Gaara por decirte la verdad y abofetearte? —Sakura se estremeció ante el sufrimiento que vio en Tenten. Negó con la cabeza, no quería arriesgarse a hablar y que ella se pusiera peor— Le dio la peor golpiza de su vida. Pero las cosas no acabaron ahí. Gaara está colgado por las manos, ardiendo bajo el sol, con los brazos dislocados y no sé cuántas costillas rotas. Sólo apenas se ha desmayado por el dolor. No se ha quejado, aceptó su castigo con valentía, porque es un hombre fuerte… pero yo no soy tan fuerte como él. No puedo seguir viendo como sufre durante el resto de la semana sin hacer nada… y tengo prohibido ayudarle, ¡nadie puede!
— ¿El resto de la semana? —preguntó horrorizada.
—Es el plazo que debe quedarse ahí. Nadie se acerca, órdenes de Madara. Tendrá que seguir colgado allí durante otros cinco días —sollozó quebrándose completamente.
Sakura estiró la mano con la intención de consolarla, Tenten se puso recta, dándole otra mortífera mirada y yéndose de ahí, dejándola incomprensiblemente sintiéndose muy culpable.
…
Más tarde ese día, cuando Madara regresó, encontró a Sakura en la terraza mirando hacia el mar. La pelirosa parecía perdida en sus pensamientos, pero al notar su presencia sonrió dulcemente y corrió a sus brazos.
—Te extrañé —sus labios buscaron a los suyos para un beso frenético y desesperado.
La sentó en la mesa y se acomodó entre sus piernas. El choque de bocas continuó durante varios minutos, la acercó pegándola a su cintura, haciéndole notar la furiosa erección que su tacto le provocaba. Ella se restregaba eróticamente buscando más fricción.
—Tenten vino a verme… —informó entre besos.
—Hn —apretó su cabello, moviendo su cabeza hacia un lado para disfrutar de su cuello.
—Madara… sabes lo que siento por ti, ¿verdad? —sus pequeñas manos le acunaron del rostro, ella lo miraba insegura, esperando claramente a que él la tranquilizara acabando con sus dudas.
—Estás enamorada de mí —de lo contrario no se le hubiera entregado nunca. Él valoraba sus sentimientos, no sabía porqué, pero le encantaba saber lo que ella sentía por él.
—Si… y no espero que me correspondas… pero si quiero que me prometas una cosa… mientras estemos juntos, no habrá nadie más —exigió determinante.
Él se quedó serio, asimilando sus demandas.
—Si no puedes… —comenzó a alejarse de él.
—Estoy de acuerdo —no tenía nada que pensar, ni siquiera había tenido deseos de tocar a otra mujer que no fuera ella—. ¿Podemos continuar ya? —le sacó la camiseta por la cabeza y volvió a bajar a su cuello.
—Un último deseo —apretó sus hombros llamando su atención, resopló irritado, estaba impaciente por tumbarla en la mesa, ¿ahora qué?—, es sobre Gaara… quiero pedirte un favor…
….
... . ….
….
Sakura terminó de preparar las almejas y el pescado que una de las habitantes de la isla le había obsequiado. Madara seguro estaba por llegar, y ella todavía necesitaba ducharse y arreglarse para recibirlo. Si no hubiera sido por Tenten, no se le habría hecho tan tarde. Sonrió contenta, la morena comenzaba a convertirse en una buena amiga.
Posterior a que Madara retirara el castigo de Gaara gracias a su petición, Tenten la miró con otros ojos. Agradecida por su intervención y ayuda, había corrido a pedirle perdón por haberla tratado tan mal. Sakura la perdonó de corazón, ¿Cómo no hacerlo?, al oír la triste historia de cada uno, comprendió todo. Después de la dura vida que llevaron, pasando malos tratos, carencias, vejaciones… era casi justificable que hubiesen perdido su humanidad. Aunque en el fondo aún tenían un lado bueno, mismo que ella con el paso de los días fue conociendo.
Su estancia en la isla se había convertido en un verdadero deleite. Pasaba mucho de su tiempo conviviendo con los isleños, aprendiendo sus costumbres o ayudándolos en la clínica. También le gustaba estar con Tenten y el resto del equipo, viéndolos entrenar con Madara para mantenerse en forma. Ellos habían insistido en enseñarle a disparar, incluso a pelear con los puños para defensa personal. ¿Quién diría que después de unos días, se volvería una experta en vaciar un cargador y volver a colocarlo?, ¿o que sería capaz de arrojar un cuchillo a diez metros y dar en el blanco?
Por supuesto había días en los que ella y Madara no salían de la cabaña, el sexo con él era fuera de este mundo. Gracias a Madara se convirtió en toda una mujer. De no ser por su viril y complaciente amante, no hubiera descubierto jamás su lado apasionado e indómito. Hacían el amor en todas partes, incluido el mar. A él le encantaba verla bailar por horas entre las olas, con solo el brillo de la luna por testigo. Luego se unía a ella y se amaban hasta que la mañana los alcanzaba. Terminando saciados y felices.
La puerta se abrió y ella se espabiló ante el ruido. ¡Genial!, Madara acababa de llegar y ella no estaba lista.
—Me arreglo y comemos —se encontró con él para recibirlo con un beso, su seria expresión la frenó en seco—. ¿Pasó algo, por qué tienes esa cara? —Madara no era muy sonriente pero aquella oscuridad que lo rodeaba tampoco era común.
—Shimura ha llamado —levantó el teléfono satelital que sostenía en su mano izquierda.
Esas simples palabras acabaron de un tajo con sus sueños. Convenientemente había olvidado que no vivía ahí por gusto.
— ¿Vas a matarme? —preguntó con una calma asombrosa.
—Shimura pactó con tu padre, te devolveremos con él.
— ¡No!... no quiero volver con ellos. ¡Madara por favor… no me regreses ahí!
—Esas son mis órdenes.
— ¿Y vas a seguirlas? —después de tanta dicha, sentir lágrimas de agonía bajando por sus mejillas, era un puñetazo en las entrañas.
¿Por qué la miraba con esa frialdad?, si sus ojos le transmitieran algo, cualquier cosa, se permitiría arrojarse a sus brazos para que la consolara. Pero él permanecía ahí, indicándole de manera indiferente que su relación estaba llegando a su fin. Recordándole que a pesar de todos los momentos que vivieron juntos, ella no era más que un trabajo. Demostrándole que lo único que importaba en su vida era el dinero.
—Deberías estar feliz, vas a ser libre. Descansa, partimos mañana por la mañana —se dio la vuelta para volverse a ir.
—Te odio —no lo hacía, pero el dolor era demasiado, así que se dejó abrumar por el. Quería dañarlo, así como él la estaba dañando a ella.
—Bastante justo —aceptó sereno, desapareciendo después de darle una triste sonrisa.
—Te amo… —susurró al silencio que quedó tras él.
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Madara entró a la habitación tambaleándose un poco. Se suponía que pasaría la noche en la cabaña de Hidan. De no haber sido por la botella de whisky que se bebió, habría logrado mantener la decisión de no acercarse otra vez a ella. Se quedó de pie durante varios minutos, solo contemplándola. Lucía tan apacible, seguramente estuvo llorando hasta caer rendida, no quería encender la luz y ver las marcas de lágrimas estropeando su bello rostro de ángel.
Se desnudó sin hacer ruido y entró a la cama, aquella era su última oportunidad de sostenerla entre sus brazos. No la desaprovecharía. Con sutileza la estrechó por la cintura y la colocó en su pecho.
— ¿Madara?
—Duerme —acarició su espalda, dándole un casto beso en la cabeza.
—No. Si esta es nuestra despedida… entonces haremos que valga —se arrastró hasta llegar a su boca y lo besó con una intensidad que lo dejó sin respiración.
Ella debería de haberlo pateado y lanzado de ahí, prohibiéndole acercarse, mucho menos tocarla. ¿En cambio qué hacía? Su hermosa niña era el ser más comprensivo y desinteresado del planeta. Le ofrecía su amor aunque él estuviera a punto de deshacerse de ella. No la merecía, jamás seria digno de Sakura.
Esa noche quedaría grabada para siempre en su memoria, y sabía que en la de ella también. Hicieron el amor como si no existiera el mañana, y para ellos así era. Primero desenfrenadamente, sólo ella había sabido hacerle frente a su fuego. Luego muy despacio, tomó su cuerpo con reverencia, amándola con cada tierno toque del que sus manos y labios fueron capaces.
Antes de ceder al agotamiento, la escuchó murmurarle muy bajito aquellas dos palabras. Las mismas que retumbaban en su cabeza intentando salir, pero que difícilmente acalló. No la haría sufrir más. Si ella no lo sabía, sería más fácil superarlo. Así pues, se dedicó a velar su sueño hasta que el alba los alcanzó. Era hora del adiós.
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Sakura vio aparecer la majestuosa mansión de sus padres al final de la calle. No sintió nada. Desde que se despertó sola en la cabaña, dos días atrás, era como si algo hubiera muerto en su interior. Pain y Hidan se habían encargado de regresarla, primero utilizando el helicóptero para sacarla de la isla, luego el jet llevándola a la cuidad. Ahí rentaron un auto y finalmente la dejaron en un sitio de taxis. Obviamente aquello era una fachada, el chófer que ahora la conducía de nuevo a su prisión, era uno de los tantos secuaces de Shimura, que se cercioraría de que ella no huyera a otro lado para que así se cumpliera el trato.
Bajó del vehículo sin mirar atrás. Sus padres corrieron a recibirla. Apretó las manos a los costados cuando su llorosa madre la estrechó como si no la hubiera visto en siglos. Pronto siguió su padre. ¿Cómo podía una persona que traficaba con mujeres para su propio beneficio, verse tan condenadamente inocente y confiable? De no haber sabido lo que ahora sabía, habría jurado que la alegría en los ojos de su padre era sincera. Que de verdad lloraba de felicidad por tenerla de vuelta.
—Hija… ¿estás bien?, ¿esos malnacidos te hicieron algo? —su perfecta madre la escrutó intentando detectar cualquier daño.
—Juro que los voy a encontrar nena, y cuando lo haga van a pagar con su vida.
—Y a ti papá… ¿a ti quién te hará pagar por todo el sufrimiento que has causado y sigues causando a esas pobres chicas que tomas de las calles y explotas en los burdeles de otro país? —Tenten y Sasori, a petición suya, le habían dado toda la información de los delitos de su padre.
— ¿Qué dijiste?... Sakura… hija —el color se drenó del rostro de ambos, Mebuki la miró con horror, Kizashi con sospecha.
—No intenten negarlo, sé por qué me secuestraron. Sé lo que haces papá, y sé que tú lo apruebas mamá —condenó mirándolos con repulsión—. ¿Por qué no se quitan las caretas de una vez?
— ¿Shimura te lo dijo?, ¡ese bastardo se atrevió a ponerte contra mí! —refunfuñó su padre con rigidez.
—Sakura, tu padre solo quiere lo mejor para nosotras…
— ¡Cállate mamá!, ¿Cómo puedes ser cómplice de algo así?... ¿Cómo vives sabiendo que miles de mujeres son violadas y asesinadas sólo para que tú puedas derrochar en tus lujos?... explícame porque no entiendo… ¿puedes dormir por las noches Mebuki? ¿¡No te repugna tenerlo a tu lado como tu compañero de vida… que te toque!?
— ¡Basta ya! —su padre la tomó violentamente del brazo y la metió a empujones a la casa.
De un puñetazo la mandó a estrellarse contra el piso de mármol. Ella se carcajeó histéricamente, la sangre brotaba de su labio partido pero, ¿Qué más daba?. Su padre por fin estaba demostrando quien era en realidad.
—Voy a acusarte… iré con la policía, y si ellos no me creen, iré a los medios. Todos sabrán el monstruo que eres… —prometió.
— ¿Crees que voy a permitirlo? Menos mal que previmos que algo así podía pasarte. El secuestro te volvió loca. ¡Doctor Yakushi! —llamó y un hombre delgado y de lentes apareció viniendo del salón.
— ¿Quién es él? —los ojos calculadores del hombre de bata blanca, estaban fijos en ella.
—Oh, él es el doctor Kabuto Yakushi. Tiene una granja donde se especializan en chicos con problemas, así como tú. Lo traje aquí para que te hiciera una profunda evaluación, sospechaba que después de todo lo vivido, regresarías algo trastornada. Pero no te preocupes nena, Yakushi se encargará de regresarte al buen camino —aseguró con sonrisa perversa.
— ¿Mamá? —¿Por qué estaba pidiendo el apoyo de aquella mujer?, era evidente que no iba a ayudarla.
—Tu padre tiene razón, no te preocupes hija, pronto estarás como nueva. Volverás a ser la niña tierna y complaciente que solías ser.
—Adelante doctor, si el medicamento no funciona, fúndale el cerebro con electroshocks. Haga lo que tenga que hacer, ¡pero arréglela!
— ¡No!
Gritó mientras intentaba inútilmente escapar, los guardaespaldas de su padre aparecieron de todas partes, ellos eran más y la abatieron de inmediato. No dejó de berrear y lanzar golpeas hasta que sintió un piquete en el brazo. La oscuridad la engulló rápidamente, en menos de un minuto, no supo más de ella.
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Abrió los párpados con dificultad cuando escuchó los gritos. Por lo regular no permanecía mucho tiempo consciente. Las enfermeras la mantenían saturada de medicamentos, atontándola hasta que se le hacía imposible sostener los ojos abiertos y volvía a caer dormida.
Mas ruidos asaltaron sus oídos, ahora de ¿explosiones y disparos?. Seguro era un sueño, ¿Por qué alguien dispararía ahí?, no había más que pacientes y equipo médico. Pasos se acercaban, corriendo hacia donde ella se encontraba. La habitación no tenía ventanas, solamente un cuarto de baño y la cama en la que ahora reposaba.
Se sobresaltó un poco cuando alguien abrió de golpe la puerta. La luz del pasillo le dio de lleno en la cara, encandilándola y haciéndola mirar a otro lado.
—Oh amor…
No, no esa voz. Comenzó a sollozar tristemente. Madara no estaba ahí, sino a miles de kilómetros. Todo era una alucinación, un engaño de su maltratada y abusada mente. Su amado mercenario no podía salvarla, él ni siquiera sabía que estaba encerrada, muriéndose lentamente en ese horrible lugar.
—Shh… Sakura, no llores. ¿Qué te han hecho? —sintió sus fuertes manos acariciándola.
—No eres real… me dejaste… no estas aquí —gimoteó torpe, su lengua se hacía nudos dentro de su boca.
—Volví por ti amor, duerme, cuando abras los ojos todo habrá terminado…
Asintió dócilmente, lo cierto es que tenia mucho sueño. Se dejó arrastrar por la voz que la arrullaba. Quien sabe, tal vez la muerte la reclamara y no tendría que regresar a su martirio.
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—Que hay jefe, ¿puedo entrar? —Hidan asomó la cabeza por la puerta.
—Pasa. ¿Qué noticias me tienes de Haruno? —preguntó sin quitar la mirada del cuerpo durmiente en la cama.
—Ya está en la cárcel. Las pruebas que Sasori envió al FBI y a la DEA, fueron suficientes para encerrarlo, no volverá a dar problemas, tampoco la esposa. Nunca pensé que jugaríamos del lado correcto de la ley, eso fue interesante —comentó con diversión—. ¿Cómo sigue? —asintió hacia Sakura.
—Por fin todas las malditas drogas están fuera de su sistema.
—Ella es fuerte, se va a recuperar. Es más, seguro me hará ganar la apuesta y despertará antes del anochecer —animó optimista.
—Casi la pierdo…
—No pienses en eso Madara. Mejor concéntrate en que ya la tienes aquí de nuevo, que todo salió bien. Bueno, no te molesto más, estaremos cerca por si necesitas algo.
La temporada de tormentas había empezado, afuera la lluvia golpeaba con intensidad. Todos los isleños estaban resguardándose en sus viviendas, su equipo aguardaba en la sala, preocupados por Sakura. Agradecía su apoyo, sin ellos, habría sido más difícil rescatar a su mujer de aquella maldita "granja de recuperación". No habían matado a nadie, no necesitaban dejar una masacre y que los ojos de la ley apuntasen hacia Sakura y hacia ellos. Pero cuando todo se calmara, iría en busca del doctor Yakushi y lo cocería a balas. Esa era una promesa que pensaba cumplir.
—Madara…
Se levantó del sillón en el que estaba sentado y corrió a Sakura que ya abría los ojos. Su piel estaba pálida de nuevo, se veía tan etérea, tan inocente.
—No era un sueño…
—No, no lo era.
—Me llamaste amor —sus enormes ojos verdes resplandecían con anhelo.
—Eso eres —sonrió complacido cuando se levantó de golpe y lo abrazó.
—No voy a permitir que vuelvas a enviarme lejos —se aferró a él como si temiera que si lo soltaba, desaparecería.
—No volverá a suceder. Lo juro.
— ¿Cómo me encontraste? —sus anchos hombros comenzaron a humedecerse con su llanto. Él esperaba que sus lágrimas fuesen de alivio.
— ¿Crees que iba a dejarte a tu suerte? Le ordené a Gaara quedarse cerca y vigilarte. Quería asegurarme que estarías bien, que retomarías tu vida… que estarías feliz.
—Sin ti eso es imposible. Gracias por rescatarme. Kizashi… él…
—Ya no será capaz de dañarte —aseveró mientras la recostaba en la cama, todavía estaba débil, necesitaba descansar.
—¿Lo mataste? —no había condena en sus ojos, pero tampoco satisfacción.
—No. Por mas que me hubiera gustado torturarlo por lo que te hizo, él es tu padre, no quiero que me odies. Me conformé con delatarlo con la ley, pasará el resto de sus días a la sombra. Todas sus posesiones, el dinero… fueron incautados. Tu madre también fue apresada, no participaba directamente en los delitos pero…
—Gracias, era lo correcto. Ahora ven, abrázame mientras disfruto de la lluvia —se giró de lado, concentrándose en mirar más allá de las puertas de cristal.
Se acomodó tras ella, abrazándola de cucharita. Apoyó la barbilla encima de su cabeza. La sensación de paz lo desbordaba. Con Sakura entre sus brazos, todo lo demás desaparecía.
— ¿Qué pasará ahora? —la oyó murmurar, su cuerpo moviéndose para estar más cerca del suyo, estaban prácticamente pegados, si continuaba así terminaría siendo otro tatuaje más en su piel.
—Lo que tiene que pasar. Comeremos… follaremos —mordió el lóbulo de su oreja haciéndola gemir y reír—, disfrutaremos de la vida aquí, o donde nos dé la gana. Pondré el mundo a tus pies Sakura. París, Hawái, los Alpes… clima cálido, frío. Dilo y se cumplirá.
—Cualquier lugar en el que estés tú —se giró quedando frente a él, su sonrisa era amplia y genuina.
—Sakura, no puedo cambiar lo que fui, lo que soy…
— ¡Hey! —cogió su rostro cuando él evadió su mirada— Te amo Madara, cada parte de ti. Sé lo que haces para vivir, también porque escogiste esa vida. Gracias a eso te conocí, nunca te pediría que dejaras de ser quien eres.
—Te prometo que de ahora en adelante mis trabajos serán más apegados a la ley. El equipo y yo podemos concentrarnos en misiones de rescate, o de eliminación de objetivos peligrosos y dañinos para la sociedad. Aun habrá acción y balas, pero sin remordimientos —selló su promesa con un dulce beso, ella estaba convaleciente, demostraría que podía ser delicado también.
—Solo prométeme que serás cuidadoso, no quiero perderte nunca.
Por fin el destino y él estaban en armonía. Descubrió que no necesitaría una vida común, mucho menos aburrida para sentirse dichoso. Sólo a Sakura. Hasta conocerla a ella, no había sabido lo que era sentirse vivo de verdad. Y lo mejor de todo, es que ella lo aceptaba, lo comprendía, lo apoyaba. Lo amaba sinceramente, y él, la amaba a ella.
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—No tienes que hacer esto —intentó hacerla cambiar de opinión por centésima vez.
—Tú lo hiciste —hizo un precioso mohín.
—Pero yo estoy acostumbrado —simplificó alzándose de hombros.
—Y eso qué, nada más dolerá al principio.
—No quiero que sufras por mi causa —si su equipo lo viera en ese momento, no dejarían de reírse jamás. Sakura lo tenía girando alrededor de su dedo meñique, Madara Uchiha había sido domesticado.
—Madara, es sólo un tatuaje —sonrió paciente—. Tú tienes mi nombre en tu espalda, yo tendré el tuyo también —decretó terminantemente.
—Hmp, bien —su móvil vibró con un nuevo mensaje.
— ¿Quién es? —arqueó la ceja concernida.
—Mi primo Sasuke —Madara sonrió ante la pantalla.
—Oh, ¿Cómo está?, recibió la ayuda que le enviaste para los huérfanos del monasterio.
—Sí. Agradece nuestra colaboración. Ha mandado fotos, los pequeños lucen contentos.
—Hace una gran labor. Aunque no sé cómo alguien puede vivir de manera tan casta. Yo me volvería loca.
—Sasuke tiene vocación, desde joven siempre quiso ser monje. Menos mal que yo no soy como él. Quieres que te dé una muestra —propuso traviesamente.
—Es un trato. Pero primero, mi tatuaje —se dio la vuelta en dirección al establecimiento en medio de la ruidosa y abarrotada calle de Londres.
Madara la siguió sin rechistar, cumpliendo su voluntad con una enorme sonrisa, como siempre.
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Oh Dios, y podría haber seguido escribiendo pero recordé que es un one shot, no una saga de libros, hahaha. Es el escrito de una sola exhibición más largo que he hecho.
De veras gracias a los que llegaron hasta aquí, sé que la lectura fue larga pero no le pude cortar, mi mente trabaja de maneras misteriosas e incomprensibles, así que sólo la dejo libre, haha.
No sabía si podía lograr algo que no fuera SasuSaku, pero al parecer si lo conseguí, ya ustedes me dirán qué les pareció. Por supuesto ayudó el hecho de que Madara sea casi un Sasuke pero en versión más malvada, haha.
Skipow, ojalá haya cumplido con tus expectativas. Lo hice con mucho cariño, para ti y para todas las personas que también disfruten de esta pareja.
Sasuke por supuesto no podía faltar, siempre he creído que de no ser por Sakura sería un hombre asexual, él nada más reacciona a ella, haha. Así que aquí lo puse mejor solo, dedicándose a Dios ;) =D.
Las complacencias por lo regular son SasuSaku, es el pairing que me motiva, pero creo que si se trata de otro Uchiha, también puedo hallarle el gusto, así que si quieren a Sakura con Itachi, o de nuevo con Madara, qué sé yo, ya saben, escríbanme su sugerencia. Ésta de hecho, es una muy reciente propuesta, pero la hice porque me gustó el reto y pues la inspiración me ganó. Por supuesto tengo otras complacencias a la espera de ser finalizadas, ya que las llevo a la mitad.
Por cierto, un guest me dejó una sugerencia, de Sakura siendo escritora de fics. Si no tienes cuenta te invito a que me comentes al menos algún seudónimo con el que te gustaría que reconociera tu complacencia, ponerle solo guest se me hace inapropiado, creo que el que su nombre esté al inicio, los hace parte de la experiencia =).
En fin, les mando un abrazo, deseo que estén muy bien. Cualquier cosa aquí me encuentran. Regreso antes de que lo imaginen. ¡Nos leemos, cuídense!
Y no importa que la pareja de este escrito sea otra…
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¡SasuSaku CANON!
