Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Diálogos y narración pertenecen a mi autoría.
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Noveno one de la serie Complacencias
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Clasificación: M (lenguaje soez, ligero lemon)
Pareja: Sasuke (Charasuke)/ Sakura
Categoría: Romance
Aclaraciones: Obviamente OoC en algunos personajes.
Agness-celty: "Me gustaría una historia con las personalidades de Road to ninja adaptadas en universo alterno, escolar, con un Charasuke mujeriego que siempre esté detrás de Sakura porque ella lo ignora, sin darse cuenta que está enamorado de ella y no sabe demostrarlo. Sakura, seria, enamorada de Sasuke pero por su orgullo no quiere aceptarlo y porque piensa que él solo está jugando con ella, mmm tal vez con lemmon, lo demás lo dejo a tu maravillosa imaginación"
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"Agua y aceite"
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«No de nuevo». Resopló con cansancio. Encima de su banca, la cual era la primera de la fila, la ya tan típica rosa roja, la esperaba. ¿Hasta cuándo se rendiría ese estúpido?, se preguntó con fastidio. Cogió la rosa sin siquiera olerla o apreciarla, abrió la ventana y la arrojó desde el que era, el segundo piso.
Cualquiera que la viera, pensaría que era una bruja amargada sin corazón. Sólo aquellos que conocían su situación podrían comprender la magnitud del daño que descubrir esa pequeña flor en su lugar, le hacía.
En otras circunstancias, sería dichosa de recibir tan humilde presente, sin embargo, aquel gesto, no era más que el banal intento del mujeriego del salón por llamar su atención. A Sasuke Uchiha no le importaba otra cosa que enredarla en su juego, volverla una de sus tantas admiradoras cabezas de chorlito que lo seguían como moscas y lamían la suela de sus zapatos.
¡Jamás!
Nunca caería. No ella, no Sakura Haruno, la única chica que no babeaba y se desvivía por él.
El ruido de sus compañeros entrando al aula, fue suficiente distracción para hacerla dejar de pensar en el cínico casanova. Se sentó y comenzó a sacar su libro, sería buena idea repasar el tema de hoy antes de que llegase el profesor.
—Siempre tan aplicada, la perfecta alumna. Un magnifico símbolo de inteligencia y belleza.
Apretó las manos en puños al percibir la segura y confiada voz delante de ella. Alzó el rostro, cuidando que su expresión no reflejara absolutamente nada. La constante lucha por mantenerse impasible e indiferente, comenzaba.
—Buenos días a ti también, Sasuke —asintió iniciando su lectura.
— ¿Te ha gustado mi regalo?, la corté de camino a la escuela, la vi, y enseguida pensé en ti. En tu resplandeciente y singular hermosura.
— ¿Regalo?, oh, debes estarte refiriendo a la rosa roja que le obsequias a cada ser vivo de sexo femenino que se arrastra o camina por aquí —opinó con sarcasmo.
—Si me hicieras caso no tendría que mirar a otro lado Sakura. Tu rechazo es tan doloroso y tan continuo, que tengo que buscar consuelo —se alzó de hombros con simpleza.
—Ya. Pobre pequeño de corazón frágil. Mira Sasuke, en estos momentos no tengo tiempo, podrías por favor dejarme continuar con mis estudios —pidió con aburrimiento.
—Sakura, si de verdad supieras lo que causas en mí, tal vez serías menos fría conmigo y me darías esa oportunidad que tanto te he pedido —murmuró cabizbajo.
—Y si tú de verdad comprendieras que no me interesas y nunca lo harás, tal vez dejarías de molestar e insistir con tus tontas flores —zanjó seria.
Sus determinados ojos verdes se encontraron con sus asombrados ojos negros. Ella hastiada, él parecía ¿herido?, estaba a punto de pedirle disculpas, pero la risa divertida que él lanzó segundos después, acabó con sus intenciones.
—Mn, ya caerás, soy un hombre paciente Sakura —advirtió juguetón, dándose la vuelta y yéndose hacia donde varias chicas del grupo lo esperaban.
« ¡Imbécil, bastardo, maldito playboy, maldito gigoló!… maldita tonta por fijarte en él». Parpadeó rápidamente, desvaneciendo cualquier rastro de llanto que quedaba en sus pupilas. Enterró el rostro en el libro evadiéndose de lo que sucedía a su alrededor. Que la colgaran si le daba la satisfacción de verla mal por su causa.
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— ¿Entonces lo harás, convencerás a Sakura de asistir a la fiesta que Karin dará en mi casa? —preguntó Sasuke a un Naruto que lo miraba como si estuviese loco.
—Déjame ver si entendí. ¿Pretendes que convenza a mi mejor amiga, de presentarse en la casa del tipo que aborrece, a la fiesta que dará una de sus tantas novias? —cuestionó con incredulidad.
—Karin no es mi novia, es una amiga —señaló con rapidez.
—Sí, una con bastantes derechos, que te manosea y te coquetea como todas en la escuela —completó poniendo los ojos en blanco.
—Hmp, ¿Qué puedo hacer?, soy irresistible —sonrió de lado como hacía cada vez que alardeaba de su buena fama.
—Sasuke, eres mi amigo, de verdad que te estimo, pero no creo poder convencer a Sakura de que asista a tu casa, no tengo tanto poder sobre ella. Además no quiero hacerlo, has tomado el gusto por molestarla y eso no me parece —advirtió con paternalismo.
—No lo hago con esa intención, Sakura me gusta de verdad, pero ella no me deja acercarme y eso me duele —suspiró teatralmente—. Si estás tan seguro que se negará, no le digas que es en mi casa, ni que yo estaré ahí. Que sea sorpresa —propuso sagaz—. Anda, hazlo por mí, por los viejos tiempos en los que eras el nuevo y nadie quería jugar contigo, excepto yo —sabía que era un movimiento sucio apelar al pasado de Naruto, pero estaba desesperado por tener a Sakura.
La chica de cabello rosa y ojos verdes, era cada día más inalcanzable. No sabía qué más hacer para atraerla. Se resistía a todos sus avances. No le gustaban sus empalagosas frases, nunca aceptaba sus frescas y llamativas flores, desdeñaba con facilidad sus intentos de conversación. Verdaderamente parecía odiarlo.
—Ese es un golpe bajo Sasuke…
—Hey, eso sólo te demuestra lo interesado que estoy por ella… por favor Naruto, eres el único capaz de ayudarme.
—Tsk, ¡bien!, pero si le haces daño…
—Te prometo que todo estará bien, es más, cuando Sakura me dé el sí, estará agradecida contigo por ser el cupido que intervino para que nuestra relación se hiciera realidad.
—Para con eso, no soy una de tus fanáticas a las que mareas con tu palabrería.
—Bien, como sea, no me falles Naruto.
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— ¿Convivencia de amigos el sábado por la noche?, mn, no sé —se llevó la mano a la barbilla en señal reflexiva.
La propuesta de su mejor amigo sonaba bastante bien. La mayoría de la escuela asistiría a la estúpida fiesta —orgía disfrazada— de Karin, en la residencia de Sasuke. Lo que menos le apetecía era quedarse en casa, rumiando en lo que estaría haciendo el sátiro de Uchiha con la arpía de la pelirroja. Una tarde de pizza y películas con el buen rubio, le ayudaría a distraerse y dejar de flagelarse con su insana atracción por cierto moreno.
—Únicamente tú y yo, ¿cierto? —aclaró cada vez más entusiasmada—. No lo tomes a mal, pero no quiero a la celosa de Hinata en medio de nosotros, amenazándome con cortarme el cuello si me acerco a ti demasiado.
—Sí, seremos solo tú y yo.
— ¡Bien, entonces cuenta conmigo!
Naruto se odió por engañar así a Sakura. Abrió la boca para retractarse y contarle la verdad, pero en el último momento se arrepintió. Aquel era el único favor que le haría a Sasuke, más le valía a su amigo no arruinar la oportunidad con Sakura, si no él mismo se encargaría de molerlo a golpes.
El resto de la semana pasó sin más incidentes. Sakura se alegraba y entristecía a partes iguales, de que Sasuke no la hubiera molestado con más coqueteos absurdos. Así era mejor, se convenció a sí misma al salir del colegio y verlo rodeado por su grupo habitual de admiradoras.
— ¡Sakura!
¡Demonios no!. Maldijo al escucharlo tras ella. Acelerando el paso continúo con su camino.
— ¿¡Que rayos!? —cuestionó molesta al sentir un jalón en su brazo.
—Lo siento, no podía hacer que te detuvieras. Te llamé, pero pareciste no escucharme —sonrió con aquella estúpida mueca torcida, con la que le encantaba conquistar chicas.
—Como sea. Suéltame —ordenó al percatarse que él había comenzado a acariciar con demasiada confianza su muñeca.
—Claro —la dejó ir sin perder la frescura de su expresión—. Quería saber si irás a la fiesta que Karin estará dando mañana en mi casa. Por supuesto estás cordialmente invitada.
Sakura apenas pudo frenar el estremecimiento de su cuerpo. Sasuke era verdaderamente un caso. El canalla tenía la desfachatez de invitarla a su estúpida fiesta, sabiendo como lo aborrecía a él y a sus excesos. Respiró hondamente, de nada le serviría perder los estribos.
—Que amable de tu parte. Pero debo declinar tu grandiosa invitación. Verás, ya tengo un compromiso al cual no puedo faltar.
De haber podido se habría puesto los ojos en blanco a sí misma. Su declaración sonó como si su noche de sábado realmente fuese a tratar de un gran evento, y no de la tarde de películas con su mejor amigo, que ella y Naruto planearon.
—Oh, ¿y puedo saber cuál es ese compromiso?. ¿No me digas que saldrás con algún admirador?, eso me rompería el corazón —murmuró muy cerca de su rostro. Sus penetrantes ojos negros la miraban con intensidad.
—¡Eso no te incumbe!. Pero no, no es nada de eso. Ahora, si me disculpas, debo irme ya —se dio la vuelta sin esperar respuesta.
Durante varios minutos sintió su mirada en la espalda, pero se rehusó a girarse para verificarlo. Necesitaba alejarse cuanto antes de ahí, un minuto más en su presencia y no podría retener más aquella fachada de frialdad que se esforzaba por mantener.
Sasuke no dejó de devorarla con los ojos, hasta que desapareció de su vista. Acalló las voces de sus fanáticas llamándolo. Si Sakura no estuviera tan a la defensiva, la seguiría y le ofrecería llevarla. Apretó las manos y se las guardó en los bolsillos. Debía tomarse aquello con filosofía, el terreno estaba casi preparado para que su fiera de ojos verdes cayera. ¿Qué tanto era esperar un día más, cuando venía esperando años?. Sakura sería suya, sonrió con certeza.
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—Vaya, te tomaste muy en serio lo de sábado de relajación, ¿verdad? —apuntó Naruto al verla aparecer. Su terca amiga vestía unos shorts raídos y viejos que le llegaban a la mitad de los muslos, así como una vieja camiseta de una conocida banda de rock, su colorido sostén rojo sobresalía por el escote bajo de la holgada prenda.
—No pensé que fueses tan quisquilloso, Además, ¿Por qué luces como si fueras al baile de primavera?
Colocando la mochila que contenía su pijama y su cambio para el día siguiente, en el asiento de atrás, lo miró con sospecha. Naruto lucía bastante arreglado, el rubio era guapo, pero esa tarde parecía haberse esmerado en verse atrayente, con su pantalón negro y su camisa blanca de vestir.
—Si bueno, sobre esto —se señaló de pies a cabeza—, es que vengo de una comida con mis padres.
—Oh, bien. ¿Qué dijeron Minato y Kushina de que pase la noche en tu casa?, Tsunade intentó llamarlos para asegurarse que no haya problema, pero no han respondido —se dejó caer en el asiento del copiloto.
Naruto ocultó su mortificación encendiendo el auto. Claro que sus padres no tendrían problema, no era la primera ocasión que Sakura pasaba la noche con él. Sin embargo esta vez el plan era otro, por eso no se había dignado a comentarles nada a sus viejos, quienes estarían fuera todo el fin de semana en una escapada al campo para celebrar la promoción de Minato en su trabajo.
—Es que tenían una pequeña salida, y no estarán en la casa. No lo dije antes porque si tu madrina se enteraba tal vez no te daría permiso.
La madrina de bautizo de Sakura, Tsunade Senju era la tutora legal de la pelirosa. Su pobre amiga, había quedado huérfana a muy temprana edad, Naruto intuía que ese hecho era el causante de que ella fuese tan desconfiada y cerrada.
—No creo que le moleste, sabe que tú y yo somos como hermanos. Que estemos solos en tu casa no significa que hagamos ese tipo de cosas, ¡ugh! —se sacudió visiblemente—, solo de pensarlo me han dado escalofríos.
Un beneficio de vivir con Tsunade, es que la mujer siempre estaba fuera de casa, era una doctora bastante reconocida, por lo que se la pasaba en su trabajo. Sakura era muy independiente, desde niña se acostumbró a valerse por si misma y perdió el miedo a estar sola.
—Ja. Ja. Que graciosa, es reconfortante saber que te doy asco.
—No me das asco, simplemente no eres mi tipo.
—Claro que no. No tengo el cabello azabache ni los ojos negros como cierto compañero de la escuela por el cual babeas.
— ¡Qué dices!, estás orate. Yo no babeo por ese idiota de Sasuke —chilló indignada.
—¿Y quién dijo que me refería a él?. Pude haber estado hablando de Sai. Te has atado la cuerda tú solita —rió al verla sonrojarse furiosamente.
—Yo no… yo… ¡ash, tonto! —renegó dándole un golpe en el brazo—. Mejor escuchemos música, no quiero seguir hablando de tonterías —se apresuró a sincronizar su celular con el estéreo del auto.
—Sakura, si aceptaras de una vez tus sentimientos por Sasuke, ¿no crees que sería más fácil para todos, incluida tú?
—No sé de qué me hablas —se hizo la desentendida, comenzando a tararear la canción de su banda favorita.
—Tú sabes a qué me refiero —se detuvo en el estacionamiento de la tienda de comestibles, debía seguir hasta el último minuto la farsa, así que como era costumbre en sus tardes de películas, necesitaban comprar las golosinas y chucherías que estaban acostumbrados a comer.
—Cuántas veces tengo que repetirte que Sasuke Uchiha no provoca nada en mí. O bueno sí, molestia, repulsión, y sobretodo náuseas. Ahora vayamos a surtirnos de nuestro manjar.
Salió del vehículo con rapidez, por supuesto que no iba a continuar debatiendo con Naruto acerca de sus sentimientos por Sasuke. Jamás aceptaría que aquel zángano le atraía, no sólo por vergüenza, también por orgullo. Claro que no necesitaba confesarle nada al rubio, como su mejor amigo, Naruto la conocía perfectamente y sabía que mentía cada vez que negaba su enamoramiento por el casanova de Uchiha.
Compraron sus cosas sin más retrasos. Conforme se iban acercando al vecindario de Sasuke, Naruto comenzó a sudar frío. Sakura estaba distraída cantando y devorando un chocolate, pero eso no duraría por más tiempo, ya que él estaba a punto de virar en la conocida calle del azabache.
—Naruto…
Ahí iba ya.
— ¿Qué hacemos aquí? —preguntó Sakura con tensión.
—No quise decirte antes porque sé cómo te pones cada vez que menciono a Sasuke, pero necesito pasar a recoger unas cosas con él. No te molestes, ¿sí?, si quieres puedes esperarme en el auto en lo que voy y regreso.
—Pero claro que te esperaré aquí, no me apetece nada entrar a ese nido de víboras.
Sakura trató de no enojarse con su amigo. Naruto tenía todo el derecho de acercarse o hablarle a Sasuke sin que ella se pusiera como un basilisco. El rubio lanzó un tembloroso suspiro, haciendo que se sintiera todavía más culpable. ¿Qué clase de amiga era, que ni su propio mejor amigo podía sincerarse con ella, de lo intimidado que se sentía por su carácter?
—Anda, ve. No te preocupes por mí, me entretendré jugando con el celular —incluso fue capaz de plasmar una sonrisa que tranquilizara a Naruto.
—Bien, te prometo que no tardo —murmuró desviando la mirada.
Sakura lo vio partir apresurado. En la comodidad del auto de Naruto, sintiéndose protegida por las sombras, se concentró en registrar lo que acontecía a su alrededor.
Sasuke vivía en un buen barrio, las casas eran grandes y espaciadas entre sí. En la acera se encontraban varios autos estacionados, la música resonaba hasta donde ella se encontraba, por lo visto había una cantidad considerable de asistentes, al menos, en los cinco minutos que ella llevaba ahí, contó cerca de treinta personas llegando. Más mujeres que hombres.
Renegó fastidiada, ¿a ella qué diablos le importaba la fiesta y quién asistiera?
Cerró los ojos y se reclinó en el asiento, decidida a no presionar a Naruto para que se diera prisa. Estaba a punto de quedarse dormida, cuando se sobresaltó del susto al escuchar a alguien tocando su ventana.
—Esto debe ser una broma —apretó los dientes al verlo saludarla del otro lado del cristal.
—Hola Sakura —el guapo rostro de Sasuke estaba casi pegado al vidrio.
— ¿Por qué a mí? —escondió la cara entre sus manos.
— ¡Sakura! —lo escuchó de nuevo llamarla, a la vez que tocaba con más fuerza.
— ¿¡Qué!? —abrió la puerta y bajó del auto.
—Wow, te ves sexy —la contempló sin reparos, deteniéndose más de lo permitido en su escote y sus largas piernas.
—Deja de verme así, depravado —se abstuvo de cubrirse con las manos, aquello únicamente le daría la ventaja a Sasuke.
—Si no quisieras que te viera así, no te vestirías de esa manera. En fin, vine a decirte que Naruto ha tenido un problema, así que se tardará algunas horas en regresar. Pensé que en lugar de quedarte aquí, aburrida y esperando, preferirías pasar a la fiesta —le ofreció su brazo, lanzándole su sonrisa más cordial.
— ¡Pero claro!, y ya que estamos en confianza, ¿por qué no nadamos también desnudos en tu piscina? —exclamó con ironía—. Si crees que iré contigo a alguna parte lejos de este auto, vas listo. Llamaré a Naruto.
—Sí, haz eso. Aunque no creo que te responda, está con Hinata, y ya sabemos lo que esa loca hace cuando le arruinan los planes con Naruto.
—Mientes —apretó los dientes. Naruto no le haría algo así.
—Lo juro, incluso les presté la habitación de mis padres. Quería que la mía quedara disponible por si te animabas a conocerla.
Sakura desvió la mirada y se tragó el nudo que se formó en su garganta. Se hallaba dividida entre la furia y la traición. ¿Cómo pudo Naruto decepcionarla de esa manera?, se suponía que tenían planes. Claro que pasar la tarde y parte de la noche, viendo películas y comiendo como cerdos, no era tan interesante ni atractivo como el sexo, pero eran mejores amigos, para algo debía de contar ese lazo. A juzgar por la expresión sincera de Sasuke, no. Naruto acababa de dejarla botada mientras corría a divertirse.
Sintió una mano cálida levantando su barbilla. Inclinó el rostro y observó lo cerca que Sasuke se encontraba de ella. El joven la miraba atentamente, su boca a nada de colisionar con la suya.
—Pareces molesta. No me digas que los rumores son ciertos y tú y Naruto son más que amigos. ¿Estás celosa de Hinata, Sakura? —cuestionó extrañamente serio—. ¡Respóndeme, ¿te gusta Naruto?!
— ¡Suéltame, me haces daño! —se quejó cuando él apretó con demasiada fuerza su mentón.
—Contesta —exigió aflojando su agarre, pero su mano seguía presionando.
—No son celos. Y no, no me gusta Naruto. Déjame ir —en vez de exigente, su voz sonó suplicante.
— ¿Entonces por qué esa cara? —dejó caer su mano, pero no se alejó.
—Que te importa —resopló majadera, recordando su animadversión.
—Sakura —advirtió entrecerrando los ojos.
—Naruto y yo veríamos películas hoy, él me invitó a su casa para pasar una tarde de amigos. Si quería venir a tu fiesta y estar con Hinata o con quien quisiera, no debió hacer planes conmigo. ¿Contento?, ¿puedo irme ya?
Se dio la vuelta, dispuesta a tomar sus cosas del auto del rubio y salir pitando de allí, no seguiría esperando como una vil perdedora, a que Naruto regresara a la hora que le diera la gana.
—Puedes pasar a la fiesta mientras él termina —propuso con tono relajado.
—Prefiero caminar descalza sobre brasas ardientes —sacó su mochila, estaba a punto de colgársela sobre el hombro, cuando Sasuke se la arrebató—. ¿Pero qué haces idiota?, ¡dámela ahora mismo!
— ¿La quieres?, por qué no vienes por ella —sonrió de lado, caminando hacia atrás, alerta de que ella hiciera algún movimiento para quitársela.
—No estoy jugando Sasuke, dame mis cosas, mi dinero y llaves están ahí —no podría entrar en su casa, Tsunade llegaría en la madrugada de su trabajo en el hospital, no pasaría horas sentada en la acera hasta que su madrina volviera. Eso sin mencionar que necesitaba pagar un taxi para llevarla de vuelta.
—Entonces definitivamente deberías intentar recuperarla —se dio la vuelta, saliendo disparado hacia su casa.
— ¡Bastardo! —gritó enfadada al verlo correr.
Llenándose de valor, se dirigió con presteza hacia la enorme residencia. Sabía que estaba por internarse en la boca del lobo, pero no podía hacer otra cosa, su orgullo no le permitiría correr asustada ante el estúpido desafío de Sasuke.
Al entrar, la fuerte música, las luces estroboscópicas y el olor a marihuana, de inmediato colmaron sus sentidos. Se cubrió la nariz por el ofensivo aroma. Muchos cuerpos se entrelazaban, dificultándole moverse entre ellos. No tenía ni la más mínima idea de por dónde comenzar a buscar al azabache.
— ¡Hey! —renegó cuando una mano pellizcó su glúteo derecho. Intentó encontrar al infractor, pero con tantas personas sería un gasto innecesario de energía.
A modo de codazos y puntapiés en las espinillas, pudo abrirse paso hasta el piso superior. A los dormitorios. Probablemente Sasuke había corrido hacia su habitación. Conocía a la perfección a ese degenerado, no descansaría hasta hacerla entrar en su alcoba. Ahora, la pregunta del millón, ¿Cuál sería la suya?
Los amplios pasillos no estaban tan atestados de gente, pero varias parejas se amontonaban en las puertas esperando su turno. Cuando dobló en una esquina, una cara conocida se atravesó en su camino. Suigetsu Hozuki, uno de los compinches de Sasuke le cortó el paso.
— ¿En dónde está? —preguntó sin andarse por las ramas.
—No sé de qué me hablas, ¿podrías ser más específica? —preguntó con falsa confusión.
—No tengo tu tiempo, así que si no quieres que estrelle mi puño en tu cara, vas a decirme en dónde se encuentra esa sabandija —amenazó balanceando su gancho derecho.
—Por ahí, última puerta a la izquierda —señaló perdiendo la sonrisa burlona.
No desaprovechó ni un segundo más, le urgía salir de aquella casa de los horrores. Abrió la puerta sin detenerse a tocar, mucho menos a asegurarse de que aquello no fuese una trampa. Entró y la oscuridad la recibió. Un empujón la hizo avanzar atropelladamente y caer en la cama, el sonido de una llave entrando y girando en la cerradura, la puso en alerta.
— ¿Qué te llevó tanto tiempo? —reconoció la profunda voz de Sasuke, antes de que él encendiera las luces y la dejara momentáneamente ciega.
Parpadeó furiosamente hasta que sus pupilas se acostumbraron de nuevo. Cuando logró enfocar su mirada, reparó de inmediato en lo que ante ella se exponía. La habitación de Sasuke en toda su gloria. Aquello no era lo que se imaginaba.
Ciertamente había esperado algo más sórdido, un lugar sacado de las más oscuras fantasías de un sátiro como él. Tal vez algún tipo de mazmorra en la que se expusieran toda clase de aparatos de tortura sexual. No. La aseada y confortable recamara en la que se encontraba, nada tenía que ver con sus exageradas ideas. No había ningún banco de nalgadas, tampoco cadenas o floggers colgando de las paredes, menos un tubo en el que pusiera a bailar a sus conquistas. Solo una amplia cama con un extraordinario colchón ortopédico, una pantalla plana de más de sesenta pulgadas, un par de sillones, un escritorio con libros y una laptop encima —en el que seguro el haragán de Sasuke fingía estudiar o hacer sus tareas—, entre otras cosas.
— ¿Buscabas algo en especial? —se acercó con parsimonia dejándose caer a su lado en la cama—. Pareces decepcionada.
—Busco mis cosas, ¿dónde están?, dámelas para que pueda salir de esta dimensión desconocida en la que me has obligado a entrar —exigió retomando su bravuconería.
—Paciencia. Te prometo que te entregaré tus valiosas pertenencias en cuanto terminemos aquí.
— ¿Cómo dices? Espero que no estés sugiriendo lo que creo que estás insinuando —amenazó indignada, si Sasuke pensaba que se iba a acostar con él, le daría una paliza.
—Tranquila. Sé que me deseas, pero no nos apresuremos. No hablaba de sexo. Ya que Naruto te ha dejado plantada, ¿por qué no pasas conmigo esa noche de amigos que planeaste con él?. Hay algunas películas que podríamos ver, o videojuegos, incluso si eso no te atrae, podemos únicamente conversar y conocernos mejor… —propuso galante.
Sakura estuvo a nada de carcajearse de la incredulidad y lanzarle un rotundo NO. Pero la repentina expresión de vulnerabilidad que descubrió en Sasuke, la frenó de hacerlo. ¿En serio el azabache le estaba pidiendo una ñoña noche de amigos?. Obviamente no podía bajar la guardia, lo más seguro es que aquello fuese una de sus tretas para engatusarla y hacerla caer en su trampa mortal de robarle la virginidad, pero aun así…
—Anda, ¿por qué pasar la noche sola, amargándote por la traición de Naruto, cuando podrías descubrir lo agradable que puedo ser? Te juro que no intentaré nada, lo único que busco es que me dejes pasar el rato contigo, Sakura.
— ¿Vas a decirme que prefieres estar aquí conmigo viendo películas o jugando al Xbox, a ligando y teniendo sexo con alguna de tus bobas y plásticas admiradoras? ¡Por favor! —si aquello era una broma, no iba a caer.
—Así es —confirmó resuelto.
—Pff, no te creo…
—Pruébame. Y no, no es ninguna insinuación sexual —aclaró cuando la vio abrir la boca con la intención de lanzar otra de sus ofensas—. Déjame mostrarte que estoy realmente interesado en ti, Sakura.
La mirada de Sakura se desvió, colisionando en todas partes menos en los serios y sinceros ojos de Sasuke. ¿Podría hacerlo?, tal vez. ¿Quería hacerlo?, definitivamente no lo sabía. Estaba temerosa de darle una oportunidad, de dejarlo entrar y que él terminara por destrozarle el corazón. Lo único que la salvaba hasta ese momento, es que Sasuke no sabía las emociones que despertaba en ella. Lo absurda y profundamente enamorada que se hallaba por él. «Eres una boba Sakura, si aceptas serás su estúpida. Pero una estúpida muy feliz», la incentivó una voz.
— ¡Bien, hagámoslo! Pero si te aprovechas de mi confianza…
—Gracias. No lo haré, lo juro —sonrió alegre, en un descuido de ella, se acercó y besó rápidamente su mejilla.
—Sin besuqueos —advirtió sonrojándose—, y necesitamos provisiones, una noche de películas no es lo mismo sin las calorías.
—Arreglado —se levantó corriendo hacia su vestidor.
Sakura lo siguió, dentro del enorme cuarto, además de la ropa y los zapatos de Sasuke, había un mini bar, estaba lleno con bebidas alcohólicas y también refrescos.
—Supongo que prefieres uno de estos —le pasó una lata de soda con sabor a cereza.
—Gracias —la cogió titubeante, viéndolo tomar una para él.
—Andando —la invitó a regresar a la alcoba después de tomar una bolsa grande llena de golosinas y latas de papas fritas—. Elige tú —le pasó el control y señaló la pantalla—, tengo una nueva aplicación en la que colocan películas muy buenas.
—Está bien. Pero no me culpes cuando escoja algo totalmente de chicas —se dejó caer en la cama, recargándose en la cabecera. Él cayó a su lado, cuidando de no tocarla con su cuerpo, sin embargo estaba lo suficientemente cerca como para ponerla nerviosa.
Después de considerar varias opciones, se decidió por fin por una película de terror. Odiaba ese tipo de filmes, pero tal vez si estaba completamente asustada por lo que pasaba en la televisión, podría distraerse y olvidarse de con quién se encontraba.
—Buena elección —alabó Sasuke apagando las luces.
Su plan para conquistar a Sakura estaba por fin en marcha. Creando el ambiente idóneo, lanzó una mirada por el rabillo del ojo, anticipando cualquier queja que ella pudiera lanzar sobre su cercanía. Menos mal no se apartó y tampoco le dijo que se alejase o encendiera la lámpara.
La película comenzó con varios sustos y muertes violentas, como era de costumbre en películas de terror. Sakura fingía mirar entretenida, pero sus ojos estaban fijos sobre un punto imaginario en la pared, al costado de la pantalla. Por nada del mundo iba a saturar su cerebro con esas horrorosas imágenes mentales. Obviamente la música tétrica, los gritos y las luces destellantes, no ayudaban en nada a mitigar su estado de pánico. Sintiéndose tentada ante los estímulos auditivos, no pudo refrenar su mórbida curiosidad, por lo que tontamente desvió la mirada hacia donde no debía.
— ¡Ay no! —giró el rostro, espantada ante el aterrador espíritu que desmembraba a un hombre.
Sasuke aprovechó su reacción, atrayéndola hacia su pecho y permitiéndole que se refugiara ahí. Ella no se resistió, por el contrario, agradeció internamente el movimiento audaz. De esa manera podría culparlo por aprovecharse más tarde, mucho más tarde, cuando ya no sintiera la necesidad de buscar su protección.
— ¿Quieres que cambiemos de película? —ofreció considerado, acariciando con movimientos suaves su espalda.
—No, estoy bien, sólo fue la impresión —murmuró todavía con la cara en sus duros y cincelados pectorales, que se sentían a través de la suave camisa que él vestía.
—Como desees —susurró en su oído, olfateando después su cabello, haciéndola estremecerse.
Sakura se recordó que no era una cobarde, con más valentía de la que se creyó capaz, derivó de nuevo su atención hacia el frente, pasado lo peor, la película siguió su curso. Inconscientemente comenzó a fantasear sobre lo que ella y Sasuke podrían hacer aquella noche. Estando tan cerca de él, no se consideraba tan fuerte, su aroma embriagador, aunado a su irresistible cuerpo, eso sin contar que aquella noche se estaba comportando como todo un caballero en su brillante armadura… Era peligroso continuar sobre esa línea de pensamiento, pero no podía parar. Parecía que Sasuke estaba logrando seducirla por fin. ¿Qué tan patética era, que habían bastado un refresco, unas papas fritas y un acogedor abrazo para que cayera como tonta?
—Sasuke, tengo un poco de frío —soltó esperando que él continuara con su faceta de galante príncipe. Si iba a flaquear, al menos sacaría el mayor provecho que pudiera.
—Permíteme —se estiró, tomando una manta que estaba a los pies de la cama.
Antes de cubrirlos a ambos, amablemente le retiró los botines, quitándose él sus zapatos también, argumentando que así estarían más cómodos. Otro instante después, estuvieron cubiertos.
—Tranquila —indicó con voz suave, cuando ella se tensó al sentir su palma en su descubierta cadera.
Sus manos eran tan suaves y cálidas, además de grandes. Fácilmente abarcaban varios centímetros de su piel expuesta.
—Sasuke no…
—Shh, no sabes cuánto había esperado esto —la acercó más a él.
Sentada casi sobre su regazo, Sakura sabía que debería de poner más resistencia. Bueno, el memo no llegaba aun a su cerebro, por lo que sumisamente le permitió seguirla acariciando y manejándola como si de una muñeca de ventrílocuo se tratara. Las manos de Sasuke estaban por todos lados, sus piernas, su espalda, su cintura, clavícula.
—Déjame que te bese, por favor necesito probar tu boca —murmuró en su oído.
La piel se le erizó, sintiendo sus labios vagar por su cuello, asintió en acuerdo. Nunca debió de entrar en esa casa, mucho menos en la habitación, se reprochó por su debilidad. Nada de eso importó cuando su boca chocó contra la suya. Gimió y se sorprendió, él le separó los labios con su traviesa lengua. La succionó y lamió hasta que se cansó, hasta que el oxígeno pareció escaparse de sus pulmones.
—Sasuke no…
—Sabes mejor de lo que imaginé. Eres deliciosa Sakura, simplemente exquisita.
Su cuerpo fue manejado de tal manera, que cuando menos lo imaginó, ya estaba tendida de espaldas sobre la cama, con Sasuke instalado entre sus piernas, frotándose contra ella, mordiéndole el cuello y acariciándole los pechos.
—Vas muy rápido… Sasuke para… por favor —pidió entre avivada y asustada. Jamás había estado en una situación parecida, podía apreciar perfectamente la erección de Sasuke contra su centro, sus mejillas probablemente estaban completamente rojas por la vergüenza.
—Lo siento —no esperaba escucharlo disculparse—. ¡Joder, perdón Sakura! —besó su frente cariñosamente, apartándose hacia un lado—, eres tan irresistible, yo… me dejé llevar. ¿Estás bien?, ¿te hice daño? —se giró en su dirección, acunando su rostro.
—No, está todo bien. Gracias por detenerte —lo tranquilizó de inmediato, esperaba no estar cayendo en un error al confiar en él. Sin embargo, el correcto actuar de Sasuke le generó seguridad.
— ¿Quieres continuar con la película? —cuestionó retomando el control de su respiración.
— ¿Podemos buscar una comedia?, mis nervios están algo alterados —admitió con una sonrisa conciliadora.
Sasuke exhaló relajado, afortunadamente no había arruinado las cosas con Sakura. Era tan idiota, estaba bien que estuviese desesperado por ella, pero no por eso tenía que actuar como un maldito violador. Menos mal ella había estado igual de afectada que él, de lo contrario, probablemente ya lo hubiese castrado por aprovechado. Ante esa revelación quiso bombear el puño en el aire, Sakura le respondió.
Sakura, la fría e inalcanzable. La fuerte fierecilla indomable, le regresó cada roce, cada toque, cada beso. Aquello ameritaba un festejo, lástima que no pudiera acercarse a su bar y tomar una botella de su mejor licor, debía seguir con su cuidada faceta de chico bueno. Si no, todo el camino tan bien logrado hasta ahora, se iría al demonio.
—Lo que tú quieras —por fin respondió a la pregunta que le hizo.
Sakura se alegró de que Sasuke no volviera a intentar nada, porque estaba positivamente segura que no podría rechazarlo nuevamente. Pasaron las siguientes dos horas concentrados en la pantalla, de vez en cuando hacían algún comentario y reían con la película. El ambiente se volvió relajado y llevadero. Si alguien le hubiera dicho que iba a ser capaz de pasar el rato así con Sasuke, le habría llamado loco y se habría reído en su cara, aquello solamente había sido posible en sus más profundas fantasías.
Cuando la película acabó, parecía que ninguno de los dos quería poner fin a aquello. Ella no se movió de su lugar, Sasuke tampoco, simplemente se dedicaba a mirarla, como si temiera que cualquier palabra que dijera la haría salir de su pasividad. Pero, por más emocionante e increíble que fuera, tenía que terminar, se dijo Sakura al retirar la manta que la cubría. Necesitaba volver a su casa, a su vida.
—Bueno, ha sido agradable…
— ¿De veras tienes que irte ya?, no es como si tu madrina te esperara, ibas a pasar la noche con Naruto, ¿no? —se apresuró Sasuke con intención de persuadirla—. No tiene que acabar tan pronto.
—Yo… no sé si eso sea prudente Sasuke… —se puso de pie, no debía ceder, aunque eso era lo que más le gustaría.
Si pasaba la noche ahí, habría rumores. Habladurías que estropearían su buena y recatada reputación. Ya podía imaginarse a toda la escuela cotilleando de ella el lunes, de cómo había caído ante el mujeriego de Sasuke. Es más, registrando la intensa mirada que él le lanzaba en esos momentos, tal vez lo que estaría en boca de todos no serían simples rumores, a juzgar por la sensación de cosquilleo entre sus piernas, bien podía visualizarse perdiendo todas las reservas y entregándose a él.
—Me llevas a mi casa, po-por favor —susurró con las mejillas sonrosadas y mirando hacia otro lado.
—Lo haré. Con una condición —se aproximó a ella. Era tan excitante verla comportarse de esa manera tan tímida e inocente, aunque no se confiaba, sabía que si cometía un error, ella volvería cerrarse en banda y a ponerse en pie de guerra como siempre que estaba con él.
— ¿Qué condición? —sí, ahí estaba ya aquel brillo combatiente de testarudez y desconfianza en sus hechizantes ojos verdes.
—Que me concedas una cita.
— ¿Una… cita? —su desconcierto alcanzó un nuevo nivel. ¿Sasuke Uchiha en una cita?, aquello parecía un segmento de "aunque usted no lo crea".
Si Sasuke era conocido por algo, era por su falta de seriedad y compromiso hacia las mujeres. Además, no es como si lo necesitara, a las chicas de la escuela les bastaba con que les lanzara una sonrisa torcida para que se le arrojaran a los brazos. Sabían que él no haría más esfuerzo que ese.
Una cita, sonaba bastante serio, al menos para ella, que no había tenido una. ¿Era muy inocente de su parte querer creer en él?, nunca deseó tanto acallar sus protestas como en ese momento en el que él la observaba temeroso y expectante. «Dios, espero no arrepentirme de esto»
—Una oportunidad —completó Sasuke.
—Bien, si, qué demonios da —respondió como si aquello no fuera la gran cosa. Como si no estuviera abriéndose el pecho y dejando expuesto su corazón bombeante, ante el chico más asediado del colegio.
—Hn, genial. ¿Mañana por la tarde? —se abstuvo de festejar con un salto y un grito de victoria.
—Mañana por la tarde —concordó con un asentimiento—. Ahora, llévame a casa —comenzó a buscar sus botines para largarse de ahí lo más pronto posible. Ya le había sacado un beso, un manoseo y una cita, no quería seguir expuesta a la persuasión de Sasuke.
—Andando —le tendió la mano cuando regresó con su mochila.
Al salir de la recamara, se preparó para lo que podrían encontrarse. Colgándose su mochila al hombro, caminó lo más altiva y erguida posible, afrontaría con dignidad el pasillo de la vergüenza. No habían hecho algo inapropiado, pero eso los demás no lo sabían. Afortunadamente los pocos invitados que permanecían ahí, estaban o demasiado bebidos, o concentrados en sus propios asuntos.
—Interesante —murmuró con sarcasmo para sí misma, al ver a un trío de dos mujeres y un chico devorarse en el suelo sin ningún pudor.
En la planta de abajo la situación era muy parecida. Intentó mantener a raya los comentarios listillos y mordaces, definitivamente aquel no era su ambiente. Nunca comprendería cómo la mayoría de jóvenes estaban tan desesperados y ávidos de entregarse a los excesos y a la degeneración. No es que ella se sintiera superior o que navegara con la bandera de la moralidad envuelta a su alrededor, simplemente aquellas prácticas le parecían vacías e innecesarias. Suponía que la mayoría de aquellos chicos tenían conflictos emocionales serios, por lo que elegían sumergirse en aquel mundo de evasión y hedonismo.
Lo peor del caso es que ella estaba enamorada de uno de esos jóvenes. ¿La vida de Sasuke sería tan caótica como para justificar su comportamiento?. El anhelo de conocerlo mejor, de entablar una verdadera conversación con él y ver más allá de su desagradable faceta de superficial mujeriego, la golpeó inesperadamente. ¿O fue el aire fresco de la noche al salir de la casa?. No lo sabía, estaba demasiado confundida y mareada. Pero lo que sí le quedó claro, es que debía ser menos dura y más empática. Ella no era juez para condenar a los demás por cómo habían decidido vivir su vida.
— ¿Estás bien? —sintió de nuevo esa fuerte mano en su espalda baja.
—Sí, solo el cambio de ambiente —permitió que la acercara a su cuerpo, al tiempo que se dirigían al lujoso vehículo que Sasuke poseía—. Gracias —se dejó caer en el asiento cómodamente, él rodeó el auto y subió también—. Vivo en la calle…
—Conozco tu dirección —sonrió Sasuke con lo que esperaba fuera un gesto amable, y no una mueca de lunático acosador.
Por supuesto que conocía a la perfección su dirección y montones de datos más de ella, no en vano había estado obsesionado con Sakura desde la secundaria. Y claro, cómo no estarlo, era la única mujer que se le seguía resistiendo, aunque aquello estaba a punto de cambiar, empezó a planear la cita que tendrían al día siguiente. Definitivamente necesitaba sorprenderla, dejarla muy satisfecha para que aceptara seguir saliendo con él y obtener así el premio final.
Ajena a las elucubraciones de Sasuke, Sakura se concentró en disfrutar del paseo. Sintió vibrar su celular así que lo tomó del bolsillo de su mochila.
— ¿Es tu madrina? —se interesó Sasuke al verla fruncir el ceño.
—No, estará de guardia en el hospital toda la noche. Se trata de Naruto, pero que ni crea que le voy a responder —farfulló entre dientes recordando su enojo. No se le olvidaría fácilmente, como el traidor de su mejor amigo la dejó botada sin consideración.
Sasuke sonrió internamente, no le gustaba la cercanía que tenían Sakura y Naruto, por más que ellos afirmaran que no existía algo romántico entre ellos, él no estaba tan convencido. Era de los que creían que entre un hombre y una mujer no podría haber simplemente amistad. Por lo que aquel distanciamiento le resultaba tranquilizante.
El viaje duró cerca de quince minutos, a esas horas el tráfico era bastante fluido. Sasuke aparcó frente a la casa de la madrina de Sakura. Se trataba de una casa grande con dos plantas, de color azul bebé, montones de macetas adornaban el pórtico, también contaba con un caminito empedrado que parecía sacado de un cuento.
—Listo. Gracias —se apresuró Sakura a abrir la puerta para escapar cuanto antes.
—Espera —la mano de Sasuke la sostuvo por la muñeca, manteniéndola en el asiento—. Te acompaño.
—No es necesario.
—Insisto —se desabrochó el cinturón de seguridad y bajó del auto.
A Sakura le urgía deshacerse de él. Seguir exponiéndose a su presencia solo servía para destrozar su tan siempre presente, sentido común. Las luces estaban apagadas y las farolas de la calle se encontraban lo suficientemente alejadas como para iluminarlos, por lo que al llegar al frente de la puerta, la oscuridad los engulló. Aunque sus facciones estaban perfectamente cubiertas por la penumbra, Sakura percibía cómo le ardía el rostro, la peligrosa cercanía de Sasuke, aunada a los recuerdos de horas atrás, le provocaron una combustión espontánea.
—Sana y salva —murmuró él con una sonrisa coqueta.
—Er, sí. Gracias de nuevo. Hasta ma-mañana —se giró con la intención de meter la llave en la cerradura y desaparecer en la protección de su hogar—. ¡Qué! —profirió un gritillo del susto, cuando Sasuke colocó sus fuertes brazos alrededor de su cabeza.
Sentirlo tras ella, pegando su duro pecho a su delicada espalda, la llenó de agitación. Prácticamente la mantenía arrinconada entre su alto y fibroso cuerpo, y la entrada de la casa. Cerró los párpados y rezó por fortaleza, hasta que Sasuke no se hubiera ido, no estaría a salvo.
¿Por qué tenía que oler tan ridículamente irresistible?, ¿Por qué su cerebro había decidido entrar en paro esa noche, dejándola expuesta y vulnerable?, pero sobretodo, ¿Por qué continuaba resistiéndose, cuando aquello era lo que había deseado desde que conoció a Sasuke a los doce años?
—Sakura… —ella gimió y se estremeció, él paseaba la nariz de manera desperezada por su cuello y hombro.
—Sasuke, en verdad necesito un respiro —suplicó, intentando estampar algo de seguridad a su temblorosa voz. Sus conflictivas emociones eran demasiado agobiantes como para manejarlas adecuadamente en su presencia.
—De acuerdo. ¿Mañana a las cuatro? —por fin se apartó de ella.
—Perfecto —graznó abriendo apresuradamente, cerrando la puerta prácticamente en su cara.
Se recargó pesadamente contra la madera, permitiendo que todo la golpeara, se deslizó hasta el piso al quedarse sin fuerza. Quería llorar, pero también reír. ¿Por dónde comenzar?
Hizo lo que se juró nunca hacer. Quebrantó todas sus reglas, defraudó sus preceptos, ¿y por qué?, ¿por ser el interés pasajero del chico más atractivo de la preparatoria?, ¿por ser después de todo, no más que una ingenua crédula?.
—Pero y si… ¿si me equivoco?. ¿Y si Sasuke de verdad siente algo por mí, así como yo por él?
Se llevó las manos a las sienes, como si con aquel gesto la respuesta a su deseo… a su sueño, obtuviera confirmación.
No. Supo por qué lo hizo. Porque después de tantos años resistiendo, fingiendo, negándolo. Por fin fue sincera, con Sasuke, pero especialmente con ella misma. No quería sufrir, sin embargo, en su empeño por resguardar sus sentimientos, estaba haciendo precisamente eso. El dolor de no tener a Sasuke, era equiparable al dolor que le generaba verlo con todas las demás, sabiendo que ellas conocían el sabor de su boca, el calor de sus abrazos, mismos que por cobardía, ella se estaba perdiendo.
Lo alejaba y él corría hacia la otra dirección, refugiándose para posiblemente no sentir su rechazo. Y todo porque ella no soportaba la idea de que le rompiera el corazón, estúpidamente no se percató que ya estaba hecho. Su miedo más profundo era una realidad, con Sasuke o sin él, aquello ya era insostenible.
—No más. Saca la cabeza de la arena. Arriésgate Sakura, no puede ser peor de lo que ya es —admitió dejando escapar una sincera sonrisa de esperanza.
.
Sakura corrió a abrir la puerta cuando el timbre resonó por la casa. No porque estuviera nerviosa por su cita —que lo estaba—, sino porque Tsunade se hallaba descansando placenteramente, después de su agotador turno. Abrió al segundo timbrazo, su respiración estaba agitada por haber bajado las escaleras apresuradamente.
Sasuke sonrió complacido, sus sagaces ojos recorriéndola desde la rosada y despeinada cabeza, hasta los pequeños pies, enfundados en unas botas altas que le llegaban casi a las rodillas.
—Tsunade está durmiendo, así que no quería que el ruido la despertara. ¿Nos vamos?
—Claro —aceptó y se apartó, para dejarla salir y cerrar la puerta.
Sin que ella lo notara, ya que estaba de espaldas a él, se la bebió con la mirada. Vestía un bonito y apretado vestido que se le ceñía a la estrecha cintura y las destacadas caderas, sus piernas lucían kilométricas, perfectamente tonificadas y suaves, como el resto de su piel. La idea de ella, aferrándose a su cintura mientras le concedía por fin su virginidad, hizo que se le acelerara el pulso. Luego se giró hacia él, con su hermosa e inocente sonrisa de labios gruesos y rojos, fue incluso peor, la imaginó arrodillada, con esa boca formando una perfecta O recibiéndolo dispuesta.
—Joder —clavó las uñas en las palmas, haciendo retroceder su erección.
— ¿Sucede algo? —cuestionó insegura.
—El calor. Luces preciosa. Andando —la atrajo a su costado, abrazándola por el talle y pegándola a él lo más posible.
Sakura se dejó guiar. Internamente se recriminó por vestirse así, probablemente se había esmerado demasiado, ella era más de jeans y cómodos shorts, pero se atrevió a arreglarse poniéndose su único vestido, para Sasuke. Porque además de querer sorprenderlo, también estaba dispuesta a hacer lo posible para que lo suyo funcionara. Él estaba acostumbrado a chicas hermosas y femeninas, mujeres que no dudarían en sacar toda su artillería para capturar su interés. Su intención era demostrar que ella podía estar en la misma liga.
—Para ti. Espero que sea de tu agrado y que esta no la lances por la ventana.
Se mordió el labio al ver el enorme girasol que Sasuke le ofreció. Era muy hermoso, estaba plantado en una macetita de cerámica. Sonrió y lo aceptó con humildad. Al escuchar su atinado comentario, se ruborizó de vergüenza. Sasuke lo hizo sonar como si su maleducado comportamiento no tuviera importancia, pero ella sabía que su frío rechazo lo había lastimado. Se notaba en la vacilación de su tono al mostrarle la preciosa plantita.
—Yo… realmente siento eso. Gracias, prometo cuidarla bien —la cogió con cuidado, colocándola a sus pies donde no pudiera volcarla por accidente.
—Descuida, entiendo.
Después de eso se sumieron en un cómodo silencio, el paseo no duró mucho, apenas lo suficiente como para escuchar tres canciones en la radio. Sakura se maravilló al ver que Sasuke se estacionaba en uno de los parques más grandes y bonitos de la ciudad.
—Pensé que sería bueno dar un paseo para conocernos mejor. Más tarde podemos ir a cenar a un pequeño local de comida italiana que queda cerca, ¿te parece? —sugirió girándose en su lugar para mirarla directamente a los ojos.
—Me encanta la idea.
Comenzaron su recorrido por una de las veredas más apartadas, disfrutando de los árboles a su alrededor y de los patos y ardillas pululando cerca de ellos. El día era maravilloso, el clima se prestaba para disfrutar de una tarde tirados en el pasto, contemplando el cristalino lago. En determinado momento, Sasuke le pidió esperarlo mientras desaparecía hacia rumbo desconocido. Regresó minutos después, un cono de helado en cada mano.
—Empecemos, ¿Prefieres vainilla o chocolate? —se dejó caer a su lado.
—Vainilla —escogió el cono y le dio una probada, estaba delicioso.
Él no perdió de vista la rosada lengua, sus ojos se entornaron cuando ella se batió la mejilla.
— ¿Puedo? —se acercó hasta que sus rostros estaban a pocos centímetros. No había pasado un segundo después de que ella asintiera, cuando él ya estaba besando la mancha, llevándose entre los labios el dulce sabor.
— ¿Por qué Sasuke? —la miró con confusión, por lo que se apresuró a aclararle—, ¿Por qué insistes conmigo?, ¿Por qué después de tantos rechazos, no te has rendido?
—Precisamente por esto. Porque sabía que llegaría este día, y que valdría la pena.
Su respuesta la sorprendió mucho, incluso la dejó sin palabras por breves instantes.
—Tienes muchas admiradoras, muchas chicas que matarían por estar en mi lugar…
—Ellas no son tú. Me gustas Sakura, más que gustarme, me tienes loco por ti. Creo que eso es evidente.
—Yo… no quiero arruinar el momento pero, me gustaría que fuésemos sinceros. No sé si pueda pasar por alto tu… tu reputación, tu forma de ser.
Andarse por las ramas no serviría de nada. Si había una posibilidad de estar con Sasuke, debía de tomar el toro por los cuernos y saber a qué se iba a enfrentar. Quería algo serio, por lo que antes de que continuara haciéndose ilusiones, era urgente descubrir si él deseaba lo mismo.
—Tú también me gustas. Sin embargo, no sé si buscamos lo mismo —confesó, lanzando la precaución al viento.
—Yo te busco a ti. Sí, he salido con muchas de la escuela, pero nunca ha sido más allá de pasarla bien y divertirme. Contigo no, contigo quiero más, quiero una relación, Sakura. Por qué no probamos si se puede, conozcámonos, sin prejuicios, sin peros. Sólo tú y yo. Déjame descubrir qué hay después de la chica seria y contenida, permíteme aprender tu color y platillo favoritos, o qué música y libros prefieres. Sé que eres inteligente, la más aplicada del salón, pero también me gustaría saber qué te hace reír, qué te pone triste, tus temores, todo Sakura.
Sasuke la observaba con profundidad, con tal hambre y emoción, que su desconfianza se esfumó por arte de magia.
—Y quiero que me conozcas también. Que descubras que no soy solo el típico mujeriego, y que no quiero más de lo mismo. Que te necesito, únicamente a ti. ¿Lo harás, Sakura?, ¿serás capaz de dejar de lado mis errores y defectos, para concentrarte en mis virtudes?
Al obtener la confirmación que buscaba, dio su brazo a torcer.
—Si Sasuke. Al menos, lo intentaré…
—Hn. Con eso me basta por lo pronto —juntó su frente con la suya, dándole un pequeño beso en la nariz, acariciando con cuidado su mejilla.
Después de que ambos mostraran sus cartas, la convivencia se volvió fácil. Pasaron dos horas en el parque, charlando y riendo, luego cenaron lasaña. Al finalizar la cita, Sakura se hallaba admitiéndose que acababa de enamorarse un poco más de Sasuke.
.
— ¡Sakura, Sakura espera!
Naruto llegó corriendo hasta ella, Sakura lo miró conteniendo la risa. El rubio había corrido por toda la escuela intentando alcanzarla. Lo vio jadear, intentando recomponerse. Eso y más merecía por haberla abandonado.
—Llevo, ah, gritándote… eh, desde que entraste a la escuela…
— ¿Oh si?, disculpa, no te escuché —mintió sin vacilación.
—Eres cruel Sakura…
— ¿En serio quieres empezar esta discusión Naruto?, porque te aseguro que no quedarás bien parado después de que trapee el suelo contigo, por haberme dejado colgada en la fiesta de Sasuke.
Aún continuaba molesta. Si, la noche había salido bien para ella, aun así Naruto era su mejor amigo, si no podía contar con él, confiando en que estaría ahí para ella cuando juró estarlo, su amistad no tenía futuro.
—En verdad lo siento. Hinata, ella… —se sonrojó al recordar su alocada noche con la pelinegra.
Probablemente Sasuke le había pedido a Hinata que lo entretuviera, él solo pensaba tomarse treinta minutos para que su amigo hiciera su movimiento, jamás imaginó que el azabache le lanzaría aquella distracción para deshacerse de él toda la noche.
—Sí, sí, como sea. Me fallaste, confié en ti y me echaste a los lobos. De no haber sido por Sasuke, me habría quedado en el auto, esperándote como una idiota hasta el amanecer.
—No era mi intención, Sakura por favor…
—Hola Sakura. Naruto, ¿sucede algo? —ambos giraron hacia Sasuke.
—Ho-hola —Sakura no pudo sostenerle la mirada, por lo que se evadió en los casilleros.
—Nada, solo le pedía a Sakura disculpas por lo del sábado. Ella estaba a punto de decirme cómo salvaste su noche, después de que yo la arruiné —Naruto demostró su amargura, aquello era culpa de Sasuke. Esperaba que no terminara sacrificando su hermandad con Sakura, por haber apoyado a su amigo.
—Sin duda fue algo muy desconsiderado de tu parte Naruto, no pregonas siempre que Sakura es tu mejor amiga.
— ¡Qué!, pero si tú-…
—Vamos Sakura, te acompaño al salón —la cogió de la mano sin permitirle titubear.
—Claro. Hablamos después Naruto, en este momento en realidad sigo muy desconcertada.
Naruto abrió y cerró la boca sin llegar a decir nada. No podía creer que Sasuke acababa de poner el último clavo en el ataúd de su amistad con Sakura. ¿Por qué hizo aquello?, si sabía perfectamente que había sido un favor para él. Segundos después, un mensaje entrante del moreno, lo tranquilizó un poco. Sasuke le decía que no se preocupara, que él mismo se encargaría de que Sakura lo perdonara, solo que todavía no, ya que ella no estaba lista. Bien, con esa esperanza de que Sasuke pudiera interceder por él, no tuvo más remedio que conformarse y dirigirse a sus clases.
.
Los días transcurrieron como en un sueño. Sakura no podía creer el inmenso cambio de Sasuke, él siempre la buscaba y la acompañaba en cada ocasión, casi podía decirse que ella era el centro de su universo. Su grupo de admiradoras relegado al olvido, él únicamente tenía ojos para ella. Aunque podía sentir la animadversión de cada alumna del colegio, no le importaba, sabía que era el precio a pagar por ser la primera novia oficial de Sasuke Uchiha. Él se lo había pedido en una de sus tantas citas, ella no dudó en gritarle que sí y sellar su acuerdo con un húmedo y apasionado beso.
Era como si el mundo hubiera desaparecido y solo existieran ellos dos, encerrados en su perfecta y preciosa burbuja de amor. Ni siquiera Naruto podía penetrar en la barrera que habían construido.
Sasuke la recogía cada mañana y juntos llegaban a la escuela, en clases siempre estaba tras ella, y a la hora del almuerzo igual, llevando su bandeja y sentándose a su lado. Por las tardes, después de terminar las tareas y trabajos, pasaban horas besándose y acurrucándose en casa de ella, aprovechando la ausencia de su madrina.
— ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Sasuke por tercera ocasión.
—Ya te dije que estoy bien —rió Sakura, negando con resignación.
Se hallaban en la biblioteca de la escuela, ella quería adelantar su ensayo para la universidad y Sasuke se rehusaba a dejarla sola.
— ¿Por qué no vas a pasar el rato con Suigetsu o Juugo, incluso Naruto?, creo que voy a tardarme una hora más aquí —advirtió risueña, era entrañable saber que él prefería estar ahí aunque se aburriera.
— ¿No me quieres aquí? —hizo un gracioso puchero.
—Claro que sí, simplemente no me gusta que tengas que esperar sin hacer nada, mientras me concentro en mi trabajo.
—Estando a tu lado, no me importa —alargó sus brazos tomando su mano entre las suyas, luego se la llevó a los labios y le dio un ligero beso en cada nudillo.
— ¡Sasuke! —se abochornó ante su tierna mirada—… te quiero tanto.
—Hn, y yo a ti.
Sasuke esperaba que hoy fuera el día, tenía dos meses de novio con Sakura, y aun no pasaban de segunda base. Estaba casi al borde, todos aquellos días absteniéndose iban a matarlo. No estaba acostumbrado a esperar, admitía que Sakura era increíble, su plática era interesante, su compañía más que agradable, pero estaba llegando a su límite. Por supuesto no iba a rendirse, había sacrificado mucho para tenerla, comenzando con su libertad, así que haría que valiera la pena.
—Me daré prisa.
Como buen chico, permaneció a su lado los siguientes sesenta minutos, animándola cuando se quedaba sin ideas, incluso le masajeó los hombros al percibirla tensa y frustrada.
Al llevarla a casa, lo invitó a entrar, la expectación creció de nuevo en él. Últimamente sus besos estaban subiendo de nivel, pasaban más tiempo acariciándose que hablando, por lo que no lo tomó desprevenido el hecho de que momentos después de llegar, estuvieran jadeando recostados en el sofá.
— ¿Quieres… quieres conocer mi habitación? —preguntó ella con los labios hinchados y los ojos vidriosos.
¡Por fin!, ¿era posible explotar de felicidad?
—Solo si tú quieres que la conozca —le colocó un beso en el cuello, en el punto exacto en el que su pulso latía.
—Va-vamos…
Sakura lo condujo escaleras arriba. Tsunade llegaría hasta la noche, por lo que no tenían prisa. Estaba segura del paso que quería dar. La intensidad de su amor por Sasuke, exigía que así lo hiciera, su cuerpo ya no se conformaba con menos, ansiaba entregarse a él. Dirigiéndose hacia su cómoda, sacó del cajón un paquete de preservativos y lo colocó en la mesita al lado de su cama, se sonrojó furiosamente cuando Sasuke le arqueó una ceja.
—Mi madrina me los dio, dijo que ante todo la prevención —explicó abochornada.
—Estoy de acuerdo con ella amor —comenzó a desabotonarse la camisa.
Sakura lo miraba con avidez, era la primera vez que vería un hombre desnudo en vivo y a todo color. Sus dedos picaban por tocar los esculpidos músculos que quedaron al descubierto frente a ella. Sus ojos casi se salieron de sus cuencas cuando él se quitó el pantalón. Su erección era hermosa, grande y muy atemorizante.
—Ven, déjame ayudarte —la apremió a acercarse al contemplarla inmóvil, parecía un conejito asustado, era tan tierna.
Se acercó con pasos lentos, dando una gran exhalación fue cogiendo valor conforme se aproximaba más a su novio. Sasuke abrió los brazos y la recibió con un dulce y contenido beso, quería calmarla, mostrarle que a pesar de su deseo, no la lastimaría de ninguna manera.
Sakura se relajó en las diestras manos de Sasuke, su boca la invitaba a abrirse con cada roce, el calor se expandía en su interior, haciéndola humedecerse, preparándose para él. La desnudó poco a poco, tan sutilmente, que no tuvo tiempo de apenarse.
Cayó en la cama con él encima suyo, sus caricias continuaron, dándole tiempo a adaptarse a la sensación. Le besó desde la clavícula hasta los pechos, succionando y lamiendo con detenimiento cada excitado pezón.
—Eres preciosa —alabó con franqueza.
—Yo… mn… gra- —fue acallada con un beso que hizo que se le curvaran los dedos de los pies. Sasuke era un infierno de buen besador. Con sólo su lengua, hacía que se olvidara de todo excepto de él.
Gimió y separó más las piernas, él aprovechó para hacerle notar de lleno, lo estimulado y preparado que lo ponía. Bajó hasta su vientre, arremolinando la lengua en su ombligo, sus oscuros ojos negros registraban cada expresión de regocijo que ella era incapaz de reprimir. Cuando tuvo suficiente de la sedosa piel de su vientre, se dirigió al punto palpitante y cálido entre sus muslos.
—Sasu- Sasuke n-no… —luchó sin convicción para apartarlo de aquel íntimo lugar.
— ¿No te gusta? —dio un ligero lametazo a su abultado y rosado clítoris.
— ¡Si- no!... no sé…
—No hay nada de qué avergonzarse, además, sabes delicioso —constató. Sin vacilación enterró la cara y comenzó a degustarla ya sin reservas, Sakura se rindió.
Sus suspiros, junto a los ruidos de succión de Sasuke, eran lo único que se oía en la silenciosa habitación.
— ¡Ah! —exclamó sorprendida al sentir dos dedos penetrarla.
—Estás tan lista, no falta mucho —presagió Sasuke con voz ronca, si no entraba en ella pronto, aquello iba a acabar antes de empezar. Continuó con lo que hacía, dilatándola y estimulándola, estaba muy estrecha y él sobreexcitado. Segundos después, Sakura se retorcía y se estremecía bajo su boca—, ¡si, así, dámelo todo! —ordenó orgulloso de tenerla gimiendo y gritando su nombre, sus dedos entraban y salían con rapidez, empapados de los jugos de su orgasmo.
— ¡Sasuke! —apretó los párpados ante la desconocida y arrebatadora sensación.
Él tomó uno de los preservativos con prisa, apenas reuniendo el control suficiente para no rasgarlo cuando se lo colocó en su hinchado miembro.
—Solo dolerá al principio, tranquila amor —besó su frente y luego saqueó de nuevo su gastada boca, distrayéndola al introducirle la lengua hasta las amígdalas, a la vez que se clavaba en ella de un solo empellón.
Sakura estaba siendo bombardeada por tantas emociones y sensaciones, que la molestia del rompimiento de su himen, apenas y quedó registrada en su cerebro. Se concentró en Sasuke, en sus devastadores besos que borraban sus quejidos y, en las profundas embestidas que colisionaban en su interior, dando en el blanco sobre un punto en específico que la hacía elevarse sobre el firmamento.
Sasuke intentó refrenarse, pero aquello era demasiado intenso. Las uñas de Sakura arañaban sus hombros y espalda, marcándolo, haciendo que el dolor y el placer se mezclaran en una combinación avasalladora. Él quería hacerle lo mismo, jamás había estado tan perdido en su excitación. Lamió su cuello, preparándolo para su mordisco de amor, luego le alzó la pierna derecha, entrando más profundamente en ella, al tiempo que le hincaba los dientes y comenzaba a succionar la pálida piel en la que deseaba imprimir su huella. No se detuvo a pensar en ese instinto posesivo que sólo Sakura despertaba en él, simplemente se dejó llevar e hizo lo que le dictó la conciencia.
—Sas… ¡SASUKE! —llegó por segunda vez al clímax.
—Mía, por fin eres mía —murmuró entregándose a su propio orgasmo, el cual pareció durar minutos, esperaba que el condón pudiera contener todo su simiente, sesenta días de acumulación eran jodidamente demasiado.
—Eso fue… fue —Sakura negó con la cabeza, todavía mareada y completamente saciada, no había palabras para describir lo que era estar con Sasuke.
—Lo siento —jadeó algo descolocado—. Debí ser más suave, espero que me perdones por haber sido tan rudo —acarició el contorno de su rostro, besando sus ruborizadas mejillas con cariño.
—Fue perfecto. Te amo Sasuke —admitió con el corazón desbocado. No lo decía simplemente por el calor del momento, desde hacía días que lo sabía.
— ¿Si? —preguntó desconcertado—, ¿de verdad me amas? —¿a alguien como él?, eso no podía ser posible, ¿o sí?, sonrió incrédulo y estúpidamente feliz.
—Claro que lo hago, eres maravilloso, tan tierno y atento, tan diferente a como te imaginé en un principio. Te amo —reiteró admirada, Sasuke lucía extasiado.
—Eso hay que celebrarlo —propuso rebosante de alegría.
Minutos después, estaban de nuevo enredados entre los brazos del otro. Esta vez sin embargo, fue paciente y cuidadoso, hicieron el amor de manera lenta y dulce. Para Sakura fue revelador y muy significativo, intuía que Sasuke acababa de mostrarle una faceta que jamás le mostró a nadie.
.
.
—Éste sábado habrá una fiesta en mi casa.
Sakura levantó la vista de su libro, aquella mañana tendrían un examen muy importante de Química, por lo que estaba repasando nuevamente los temas que vendrían en la prueba. No le gustaban las cosas de último minuto, pero la tarde y noche anteriores había estado muy distraída teniendo sexo con su novio, como para preocuparse por otra química que no fuera la que ellos tenían en la cama.
— ¿Fiesta en tu casa?, ¿tu familia celebra algo?
— ¡Pff!, sabes que no somos ese tipo de "familia" —resopló Sasuke divertido.
Sakura se reprendió silenciosamente, Sasuke le había contado acerca de sus padres, quienes se la pasaban trabajando y cuando no, estaban fuera de la ciudad en viajes de placer —cada uno por su lado—. Su hermano era un caso similar, intercalando su tiempo entre la universidad y escapadas de fines de semana con sus juerguistas amigos. Prácticamente su novio vivía solo en aquella inmensa casa, llena de lujos pero ausente de calor de hogar.
— ¿Entonces, qué tipo de fiesta es? —preguntó curiosa.
—Suigetsu cumple años, me pidió que hiciéramos algo, como en los viejos tiempos —se alzó de hombros despreocupadamente.
—Oh, ya entiendo —se puso tensa de repente—. Y… ¿tienes que estar presente?
—Bueno, es mi casa, él mi amigo. Sí, creo que sería buena idea asistir, ¿no crees? —su tono burlón la desconcertó bastante.
Por un instante, vislumbró al antiguo Sasuke, al arrogante y jugador, al Sasuke que no le gustaba.
—Ya, claro, pregunta tonta —desvió su atención de nuevo a su libro, pero las fórmulas parecían símbolos árabes.
—Me gustaría que asistieras, pero si no quieres no te sientas obligada. Se lo que piensas de esas fiestas, así que, si prefieres quedarte en casa, no me ofendo —completó con condescendencia.
A Sakura se le atoró la respiración. Desde que comenzó su cortejo y posterior relación con Sasuke, ellos no habían pasado ningún sábado separados, sus planes siempre la incluían a ella. Y la manera en la que él dijo "esas fiestas", la hacía sospechar. Sí, sabía cómo eran sus reuniones y las aborrecía. ¿De verdad su novio le estaba admitiendo, que pensaba pasar la noche en una orgía?. No con ella, disfrutando sanamente, yendo a ver una película o haciendo el amor, el cual era su nuevo y favorito hábito.
— ¿Te gustaría tenerme ahí? —se felicitó por su logro de sonar casual.
—Sabes que sí. Me encantaría follarte en mi cama, no entiendo porque sigues negándote a que te lo haga en mi habitación —sonrió perversamente.
Sakura se estremeció, tanto por la idea como por las burdas palabras, no es que no le gustara que Sasuke le hablara así cuando estaban en la intimidad, pero no era el lugar. Recordó su resistencia a visitar la casa de su novio, por supuesto que ella no quería hacer el amor en la misma cama en la que él se había metido con la mitad del colegio. Pero no lo admitiría, él se molestaría si le sacaba a colación su desagradable pasado.
— ¡Sasuke! —lo reprendió al ver entrar a otros compañeros.
—Por favor, como si todos no supieran ya que tú y yo nos acostamos desde hace días.
— ¿Acaso se los has dicho? —indagó escandalizada.
—No, pero no es ningún secreto. No soy conocido por mi casta conducta —rió divertido.
— ¿Qué rayos te pasa? —lo miró como si ante ella estuviera un desconocido.
Sasuke dejó de reír y apretó los labios con dureza. Eso exactamente le habían preguntado sus amigos y sus seguidoras. Si ya se había acostado con Sakura, ¿Qué diablos lo detenía para terminarla y regresar a las andadas?, le increpó Karin apoyada por Suigetsu. Cuando él se quedó callado no sabiendo qué contestar, su amigo propuso que necesitaba un descanso de su cadena pelirosa, por lo que se les ocurrió la dichosa fiesta. Sakura se rehusaría a ir porque odiaba ese ambiente, por lo que él tendría una noche libre, misma que le ayudaría a recordar los placeres de la soltería.
No era mala idea, necesitaba reconectar con su viejo yo. Le gustaba Sakura, y le encantaba más, que ella estuviera tan enamorada de él, eso lo ponía en ventaja. No quería terminar su noviazgo con ella, porque el sexo era fabuloso, además ella era suya, él era su primero y único, la simple idea de otro imbécil tocándola, corrompiéndola como sólo él podía, lo hacía ver rojo. Sin embargo estaba cansado de ser el novio modelo, cuando se miraba al espejo le costaba reconocerse. Sus amigos estaban de acuerdo en que estaba muy cambiado, debía mostrarles a los demás y a sí mismo, que no era así. Que Sakura no lo controlaba.
—Solo bromeaba. En fin, ¿irás o no? —presionó fastidiado.
—La verdad no tengo nada que hacer ahí, así que no.
—Bien —asintió conforme.
Sakura se giró hacia el frente al ver entrar al profesor. Pestañeó rápidamente, intentando aclarar sus ojos e impedir que las lágrimas cayeran por su rostro. Sasuke no fue nada discreto al demostrar que su negativa lo dejó satisfecho. Él en verdad quería estar solo en la fiesta. ¿Para qué?, pensar en la respuesta le generó un hueco en el pecho.
Cuando el timbre sonó, anunciando el final de la clase, Sakura entregó su examen, lo más probable es que lo reprobaría, pero ni siquiera eso hizo que dejara de lado sus temores respecto a lo que ocurriría el sábado.
—Te alcanzo en la cafetería —le comentó Sasuke al regresar por sus cosas a su banca—, necesito ir al baño.
Asintió todavía distraída. Permaneció unos minutos más en el aula, intentando tranquilizarse. Respiró profundamente, hablaría con él, le haría saber lo que estaba ocasionando en ella su extraño e insensible comportamiento. Al llegar a la cafetería se quedó helada. Sasuke estaba en el centro, rodeado por su séquito de fanáticas, reía y coqueteaba sin problema, permitiéndoles acariciarlo y abrazarlo.
—Triste ¿no?, parece que la influencia que tenías sobre él, por fin caducó. No debiste entregar tan fácil tu tarjeta V, Sakura. Ahora ya no tienes otra cosa que a él le interese —el comentario mordaz de Karin dio en el blanco—. Pensaste que eras diferente, mejor que nosotras por resistirte durante tanto tiempo. Al final Sasuke obtuvo lo que quería y tú, tú eres una idiota —pasó a su lado, riéndose como hiena.
Sin querer exponerse a otro ataque, se dio la vuelta y salió de ahí. De cualquier manera no podría comer nada, su estómago estaba hecho nudos. No regresó a las otras clases, prefirió esconderse en el invernadero del patio del edificio. Ahí nadie la buscaría, era su antiguo escondite, donde solía evadirse para llorar cuando por fin se quebraba al ver a Sasuke con una chica tras otra. No lloró, sin embargo. Simplemente necesitaba descansar, apagar sus inseguridades, posiblemente estaba exagerando, Sasuke la quería. Sí. Pensar en cómo solucionar aquello, cómo luchar por su amor, le ayudó a recobrarse.
— ¿Dónde estabas? —fue con lo que la recibió su novio al topársela en su casillero.
—Por ahí. ¿Podemos hablar?
—Hmp. Te llevaré a tu casa —le tendió la mano para que le pasara su mochila.
— ¡Adiós Sasuke! —se despidió una rubia escandalosa de escote amplio y de falda corta, era de las admiradoras más insistentes y viejas del azabache—, nos vemos en la noche.
—Hn, hasta la noche Yin —sonrió de lado, despidiéndose con un ademán.
— ¿Qué sucederá en la noche? —Sakura se detuvo en seco y lo enfrentó contrariada.
—Algunos de los chicos iremos a un nuevo club que abrieron el fin de semana. Pensaba decírtelo cuando te dejara en casa, pasaré por ti a eso de las ocho.
—Es lunes, mañana hay escuela Sasuke. No puedo salir de juerga entre semana.
—Como quieras. Tú te lo pierdes.
— ¿En serio?, la fiesta, lo de la cafetería, ¿y ahora esto?. Intenté ser comprensiva pero no voy a permitir que me veas la cara de idiota —espetó molesta.
—¿Qué tiene de malo que quiera pasar tiempo con mis amigos?. ¿La cafetería?, ¿qué, estás molesta porque no te acompañé? —contraatacó poniéndose serio también.
—Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Te vi Sasuke, te vi con esas tipas, rodeado de ellas.
— ¿Y? —curvó la ceja.
— ¿Y? —repitió indignada—, que no me parece que permitas que se tomen esas libertades contigo. Soy tu novia, merezco respeto —no tendría por qué explicarle a Sasuke su malestar, pero él no parecía muy dispuesto a ponerse en su lugar.
—No estaba faltándote al respeto. Además, así me conociste, sabes que soy popular, que todas en la escuela me siguen y me desean, estoy contigo, por lo que no deberías de quejarte.
—Hacía tiempo que no te portabas así. Desde que dijiste que querías algo conmigo, ¿ya se te olvidó?, o será que… como ya te di lo que buscabas, ya no es necesario fingir —permaneció expectante, aterrorizada de que Sasuke confirmara sus sospechas y la destruyera.
—No digas tonterías. Por eso mismo deberías confiar más en mí, ¿no?. Mira Sakura, me gusta estar contigo, pero estoy cansado de que absorbas todo mi tiempo, que desee retomar mis amistades, no tiene que ser algo que te moleste. Incluso te he invitado, eres tú la que se excluye.
Sintió a su corazón saltarse un latido. ¿Sasuke tendría razón?, en su afán de estar con él, ¿se había vuelto una novia asfixiante y dependiente?. Intentó conectar con su situación. Si, desde que lo conocía, él había sido un chico muy sociable que se hacía notar con su simple presencia. Todo lo contrario a ella, que se mantenía apartada. Tal vez era su tiempo para ceder también. Demostrarle que era capaz de adaptarse por él.
—Tienes razón, si la invitación sigue en pie, me gustaría ir a ese club.
— ¿Segura?
—Mjm.
—Excelente, te va a encantar salir con los chicos —sonrió sinceramente, inclinándose para darle un beso.
Sakura se abrazó a él, contenta de haber sorteado su primera pelea.
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—¿En serio te vas a enfurruñar cada vez que una mujer se me acerque?. Sólo estábamos bailando, tú no quisiste hacerlo, así que no sé por qué te encelas de que alguien más lo haya hecho —Sasuke estaba bastante furioso.
¿Quién se creía Sakura que era?, ¿su dueña?. Estaba muy equivocada si pensaba que él le iba a permitir doblegarlo y mangonearlo a su antojo. Tenía que aprender que si quería seguir gozando del privilegio de ser su novia, debía tragarse sus inmaduros celos y dejarlo ser, él no se iba a privar de la compañía de sus amigas para evitar sus berrinches.
—Fue una grosería que me exigieras irnos de ese modo, Ino es algo confianzuda, pero no hicimos nada malo, ¿crees que te engañaría ahí, en tu nariz, en una pista de baile?. De una vez te digo que no pienso seguir aguantándolo Sakura. Tienes dos opciones, acostumbrarte a que esa es mi manera de ser y aceptarlo, o enfadarte y ser ignorada hasta que se te pase el ataque de histeria —sentenció estacionándose frente a la casa de su novia. Era más temprano de lo que esperaba, Sakura con sus arranques, había logrado que la trajera en tiempo récord, no obstante, no dejaría que arruinara su noche, después de que ella se metiera a la cama, él regresaría con sus amigos.
— ¿Qué tal esta tercera opción? —por fin lo miró, sus ojos empañados le dieron un mal presentimiento—, terminamos Sasuke.
Aquella decisión había sido demasiado fácil de tomar. Desde que llegaron al dichoso club, fue ignorada por todos los amigos de Sasuke, ellos no repararon en ella, a menos que fuera para criticarla en su cara y burlarse cuando Sasuke la dejó olvidada en la mesa, yendo a divertirse por su cuenta. Por lo que aprovechó ese tiempo para martirizarse y darse cuenta de que el sueño llegaba a su fin. Sin duda esa se convertiría en la noche más horrible de su vida.
— ¿Qué dices? —soltó aturdido, si ella lo hubiera golpeado le habría sorprendido menos.
—Tú no puedes cambiar, no quieres cambiar —aclaró con la garganta atenazada—. ¿Crees que exageré esta noche?, como sea. Nunca ha sido tu intención dejar de ser un mujeriego, simplemente te contenías hasta que me acostara contigo, como ya lo conseguiste, ya no te importa.
—Sakura…
—Te diría que te pongas en mi lugar, que pensaras por un segundo que en vez de ser tú el asediado, fuera yo. Que me imaginaras rodeada de chicos, toqueteándome con confianza, halagándome con piropos subidos de tono, sacándome a bailar frente a ti, restregándose y abrazándome sin vergüenza. Pero para qué, no te importo, si eso sucediera no sentirías nada. Esta noche fue un martirio para mí, viéndote desfilar y flirtear con cada mujer que se te acercó, pero eso no es culpa tuya, sino mía, por enamorarme, por creer que podía confiar en ti…
—Sakura, no puedes estar hablando en serio. ¡Dijiste que me amabas! —debatió desesperado. Aun temblando de rabia ante las escenas que ella había conseguido conjurar en su cerebro.
—Sí, y no sabes cuánto me arrepiento de eso —admitió con un afligido sollozo—. Al menos ya no tengo que preocuparme de que sigas insistiendo conmigo, ya no tengo nada más que tú ambiciones, así que espero que me dejes en paz. No te quiero cerca de mí —abrió la puerta y salió a trompicones, apurada por huir de él.
— ¡Sakura! —la alcanzó antes de que entrara a la casa—. No.
— ¡Suéltame! —exigió cuando la atrajo hacia su cuerpo, estrechándola en un abrazo opresivo.
— ¡Me amas, se supone que el amor perdona todo, se supone que no puedes vivir sin mí! —aplastó su boca contra la suya, besándola con ansiedad, probó la sal de su llanto y bebió de sus lamentos.
Ella se resistió al principio, luego separó los labios y lo dejó entrar. Era un beso desgarrador, abrumador. Saqueó con violencia su cavidad. Quería castigarla por pensar que podía alejarlo de ella, era suya, lo amaba, así que le pertenecía.
—Vamos a tu habitación —murmuró despegándose apenas unos milímetros—. Sabes que lo deseas, lo necesi- —trastabilló cuando ella lo empujó lejos.
— ¡No vuelvas a tocarme, ¿no entendiste que terminamos?! —se limpió algo de sangre, el muy salvaje le había rasgado el labio.
—¡Si me voy no regresaré Sakura!. No te pienso rogar, sabes que tengo una fila de mujeres esperando tomar tu lugar —advirtió soberbio, no iba a tolerar nuevamente sus desprecios.
—Hazlo Sasuke, adelante, no me importa con quien juegues, mientras no sea conmigo.
—Tú lo quisiste así —concluyó dándose la vuelta, yéndose sin mirarla otra vez. Secretamente esperaba oírla gritar su nombre y detenerlo, el portazo en la casa le indicó que no contuviera el aliento.
«Te arrepentirás Sakura, me amas, así que me vas a buscar, no podrás estar sin mí, me vas a buscar», suspiró mientras encendía el auto y pisaba el acelerador a fondo.
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—Te arriesgaste… y perdiste.
Lloró hasta que se quedó sin lágrimas. Desde el principio de su relación había estado esperando aquel desenlace, eso no lo hacía menos doloroso, sin embargo. Se consoló sabiendo que al menos Sasuke ya no la acosaría, insistiéndole con sus conocidas tácticas de seducción que cayera en sus redes.
Intentaría volver a la normalidad, eso sería lo mejor. Asimismo, ya no envidiaría a todas esas chicas que habían estado con él, ya conocía lo que se sentía. No se perdía de mucho, ¿verdad?. Rió histérica y luego comenzó a sollozar otra vez.
Enterró la cara en la almohada, ahogando los desgarradores gritos de reproche, todos dirigidos hacia ella. Se odiaba por su debilidad.
Tan patética.
Tan desesperada y tonta.
¿Podría volver a sentirse bien alguna vez?
Cuando el agotamiento la venció, no hubo descanso posible, solo un sueño plagado de pesadillas.
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No se encontró a Sasuke hasta el miércoles. Iba abrazado de dos chicas, y en clases ni siquiera la miró. Fue como si su noviazgo jamás hubiera sucedido. Con la diferencia de que ahora era el hazmerreír de toda la población femenina. Intentó acallar todo a su alrededor, encerrándose de nuevo en su introvertida fachada, concentrándose solamente en sus clases. A la hora del almuerzo se la mantenía en el invernadero, contemplando las plantas con gesto ausente. Pareció resultarle, cuando los demás se percataron que era indiferente a sus ataques, se olvidaron de ella.
— ¡Hey!, ¿podemos hablar? —alzó la cabeza de sus apuntes y contempló el rostro serio de Naruto.
Habían hecho las paces, aunque ya no pasaban ningún momento juntos, Sasuke no le concedió esa oportunidad. Verlo le sacó una sonrisa, Naruto estuvo faltando al colegio toda la semana, ya que se la mantuvo visitando algunas de las universidades que querían reclutarlo para sus equipos de fútbol.
—Claro —cerró su cuaderno.
—Supe que tú y Sasuke terminaron, ¿Cómo te sientes? —se sentó en la banca frente a ella. Faltaban unos pocos minutos para comenzar la clase, por lo que no disponían de mucho tiempo, pero él estaba bastante preocupado y no podía esperar más para acercarse y dejarle saber que tenía su apoyo.
— ¿Él te lo dijo? —investigó serena.
—No. Pero es algo evidente. Sakura, sabes que cuentas conmigo ¿verdad?, eres mi mejor amiga —cogió sus manos, sujetándolas con cariño—. No sé qué habrá sucedido, porque parecían estar muy bien juntos, no voy a presionarte para que me lo cuentes. Simplemente… si él te hizo algo malo, yo… —apretó los dientes, dejando ver un destello de ira en sus limpios y bonitos ojos azules.
—No Naruto, no vale la pena —lo calmó de inmediato.
Era muy tierno de su parte querer defender su honor, desde niños Naruto había sido muy protector con ella, tratándola como un hermano mayor.
—Sakura, te conozco, sé que te duele lo que él te está haciendo…
— ¿Lo que me está haciendo? —cuestionó desconcertada.
—Pavonearse con todas esas mujeres —completó sin tacto, aunque ella no resultó afectada. Simplemente se alzó de hombros y suspiró.
—Eso no es raro. Él es quien es. Hace lo único que sabe, fui yo la que intentó enseñarle trucos nuevos, pero eso ya no importa. Pronto acabará la escuela, estaré lejos de él y no volveré a verlo en mi vida. Gracias por preocuparte, pero no pasa nada —se inclinó cerca de él y lo beso en la mejilla.
Naruto se puso de pie y la atrajo a su cuerpo, la conocía tan bien, que podía ver perfectamente a través de ella. La envolvió fuertemente, Sakura lo apretó con agradecimiento, reconfortándose en su sincero amor fraternal.
Al separarse, se sentía un poco más ligera. Una extraña sacudida la hizo desviar la mirada, Sasuke observaba la escena desde la entrada, sus fríos ojos la fulminaban como si quisiera desaparecerla. Se abrazó a si misma apagando los escalofríos de temor, se hallaban a una distancia considerable, no obstante eso no la calmó. Era la primera vez que él reparaba en ella, y la amenaza que distinguió en su expresión no le gustó nada.
— ¿Qué sucede?
— ¿Eh?, no, nada —negó viendo sutilmente como Sasuke se sentaba en su lugar (el más apartado que pudo encontrar lejos de ella), todavía concentrado en lo que hacían.
— ¿Quieres que planeemos algo este fin de semana?
— ¿Cómo? —se forzó a mirar de nuevo a Naruto y a olvidarse de Sasuke, él ya no tenía ninguna influencia en su vida.
— ¿Que si estás libre el sábado?, ¿Qué te parece una tarde de películas?, hace tiempo que no disfrutamos de una noche de golosinas y filmes de mala calidad.
Sakura consideró la proposición de Naruto, lo más seguro es que su amigo supiera que esa noche Sasuke daría una fiesta en su casa, y no quería que ella la pasara sola, sintiéndose miserable al atormentarse con lo que su ex estaría haciendo.
—Bueno, pero que sea en mi casa, así podré pasarme el día en pijama —bromeó risueña—, gracias.
—Ni lo digas. Estaré ahí a las siete en punto —pactaron con otro abrazo. Ignorantes al joven de cabello negro que los vigilaba con furia apenas contenida.
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Sasuke le sonrió a la castaña que bailaba sobre su regazo, la fiesta estaba en todo su apogeo y apenas eran las diez, vaya que sus compañeros habían extrañado sus festejos.
—Vamos a tu cuarto —pidió la mujer sentándose a horcajadas sobre él.
—No lo creo —negó desviando el rostro de sus sugerentes labios— por qué no vas a clavarle las garras a otro, de momento no estoy interesado nena, pero tal vez mas tarde —levantó su vaso de whisky, dándole un gran trago después. La chica hizo una mueca y se levantó, dejándolo solo, para seguramente hacer lo que él le sugirió.
—Esa estaba buena, ¿Por qué la rechazaste? —Suigetsu cayó de golpe a su lado—. Déjame adivinar, ¿demasiado experimentada para tu gusto?, si estás esperando encontrarte a otra virgen como tu rosadita, no creo que la encuentres, ella era la última en la ciudad —se carcajeó divertido, dándole un golpe juguetón en el brazo.
—Probablemente —rió por compromiso, conocía a Suigetsu, si se percataba que su estúpida broma no le había caído en gracia, jamás se lo quitaría de encima.
Al recordar a Sakura, el humor se le agrió por completo. ¿Recordarla?, ¡ja! ¿A quién pretendía engañar?, no había dejado de pensar en ella ni por un segundo. Ella no le llamaba todavía, tampoco reaccionaba al verlo con otras. Se estaba impacientando. Se suponía que debía regresar arrepentida y pedirle que volvieran. Le daría algunos días más, no podía haberlo borrado ya de su mente.
— ¡Sasuke bastardo!
— ¿Hinata? —se levantó para encarar a la morena furibunda—, ¿Qué pasa linda?, ¿Por qué la ira?, no te va, te hace ver fea.
— ¡Eres un imbécil! —escupió con coraje intentando darle un bofetón.
— ¡Hey!, ni se te ocurra. ¿Qué diablos te sucede? —detuvo su muñeca con facilidad.
— ¿Que, qué me sucede?, ¡gracias a ti esa mustia me lo va a quitar!. Tú la has convertido en una zorra, ¡así que ya no tiene nada que perder, nada que la detenga para no acostarse con mi Naruto! —renegó enajenada, aprovechando la estupefacción de él para ahora sí, atestarle una bofetada en la cara.
— ¡Basta! —se la sacó de encima—, ¿estás hablando de Sakura?
— ¿De quién más va a ser?
— ¿Qué pasa con ella y Naruto? —preguntó aparentemente calmado, haciendo énfasis en el nombre de su amigo.
—Que justo ahora, están juntos, solos en su casa. Lo llamé para preguntarle a qué hora pensaba llegar, y me dijo que iba a quedarse con ella, que no me preocupara que sólo verían películas, pero yo no me lo trago. ¡Esa perra siempre ha querido quitármelo!
La visión de Sasuke se volvió como de túnel, la fiesta perdió sentido, se dio la vuelta y empujó al que se interpuso en su camino. El único objetivo claro en su cabeza, era llegar a la casa de Sakura y deshacerse de ese rubio traidor. Si Naruto se había atrevido a ponerle una mano encima…
Salió disparado en su deportivo, rebasando el límite de velocidad por mucho. Fue un verdadero milagro que la policía no lo detuviera, llegó a su destino en cinco minutos.
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—Iré a hacer más palomitas —anunció Naruto levantándose del sofá.
Apenas desapareció en la cocina, alguien llamó afuera. ¿Quién la buscaba a esas horas, y por qué tocaba de esa manera?. Si seguía golpeando con tanta fuerza e insistencia, derrumbaría la puerta.
— ¿Sasuke?, ¿Qué haces aquí?, te dije que no te-
— ¿Dónde está? —demandó entrando como una tromba, al reparar que estaba vestida con un conjunto de cama, que consistía en una fina blusa de tirantes y un minúsculo short, perdió el control.
— ¿Quién es Sakura? —Naruto apareció por fin, como el aire acondicionado de la casa estaba descompuesto, iba sin camisa.
— ¡Hijo de puta!
— ¡Sasuke no!
Sakura contempló horrorizada, como su ex novio se le fue encima a Naruto. Al tomar desprevenido a su amigo, fue el primero en asestar un golpe. Pero el rubio no se quedó quieto recibiendo su ataque, rápidamente se puso a la par, cubriéndose y regresándole el puñetazo.
— ¡Paren! —intentó acercarse, deteniéndose prudentemente, al verlos forcejear y chocar contra una de las mesas de la sala—. ¡Por favor ya separense! —suplicó en pánico.
Sasuke cayó sobre Naruto, de inmediato disparó sus puños contra su rostro, luego lo tomó por el cuello, asfixiándolo.
— ¿¡Te atreviste a follarla!?
Sakura soltó un jadeo, mitad sorpresa mitad indignación, la estaba haciendo pasar por aquella espeluznante experiencia, ¿únicamente por celos?. ¿Acaso estaba loco?, cómo se le ocurría a Sasuke que ella tenía algo que ver con Naruto. ¡Por Dios!, el rubio era prácticamente novio de Hinata, y ella no estaba de humor para comenzar una relación con nadie después de lo mal que la pasó con él. Iba a dejárselo muy claro, solo que la respuesta que Naruto le dio, la frenó de golpe, generándole un micro ataque al corazón.
— ¡Lo hice, me la tiré, con quien ella se acueste ya no es tu asunto Sasuke!
Naruto aprovechó la confusión y posterior devastación del azabache, para lanzarlo contra el piso. Ahora fue su turno de plantársele encima y devolverle el favor.
— ¿¡Crees que eres el único que puede tenerlas a todas!? —golpe—, ¿crees que puedes usarla y luego desecharla?, hacerla sufrir mientras te diviertes con otras, luego regresar y reclamarla para ti de nuevo —golpe.
— ¡Naruto! —hizo oídos sordos a las suplicas de Sakura, Sasuke necesitaba aprender una valiosa lección.
— ¡Me dijiste que ibas en serio, que no la dañarías!, me lo juraste y yo te creí. ¡El único hijo de puta eres tú!, que desperdiciaste lo más perfecto y valioso que tendrías en toda tu miserable vida, por tu inmadurez, por cobarde, ¡por no ver que ella es lo mejor que pudo haberte pasado! —golpe.
— ¡Ya déjalo… basta, lo vas a matar! —se rehusaba a apartar la vista de aquella escena grotesca, a pesar de sus ojos empañados, podía ver el desastre que Naruto había hecho con Sasuke. Incomprensiblemente, cuando Naruto empezó a reprocharle todas esas cosas al azabache, él dejó de luchar.
—Esto no es ni la mitad de lo que te mereces, pero no quiero seguir asustando a Sakura —gruñó Naruto apartándose del desmadejado cuerpo de su ex mejor amigo.
—Sasuke… —Sakura se arrodilló a su lado, estiró la mano con intención de tocarlo, pero al verlo tan lastimado, se abstuvo, no quería causarle más dolor—. No te muevas, voy por el botiquín de primeros auxilios —hipó abrumada.
—No me importa —Sasuke la detuvo cogiéndola por el brazo cuando iba a levantarse—. No me importa —repitió con determinación—. Sé que me amas, si te acostaste con Naruto para vengarte de mí, te perdono, me lo merecía. Yo flirteé con otras en tu cara, así que estamos a mano.
—Sasuke yo no…
—Te aseguro que no te engañé, y prácticamente tú tampoco, porque técnicamente terminamos así que no me debías fidelidad. Estabas en tu derecho. Comenzaremos de nuevo, esta vez haré las cosas bien… —hablar tanto y tan rápido, le estaba costando mucho, lo más seguro es que tuviera alguna costilla fracturada.
Sin embargo el dolor de su cuerpo no se comparaba al de su corazón. Su declaración era genuina, haría todo lo que estuviera en sus manos para que ella volviera con él. Solo que eso no quitaba el hecho de que saberlos juntos minutos atrás, lo desgarraba. Iba a superarlo, desconocía cómo, ya que las náuseas lo invadieron al imaginarla desnuda debajo de Naruto, pero lo conseguiría.
—Ahora no es buen momento para discutir eso Sasuke. Déjame curarte, ¿puedes levantarte?, Naruto ayúdame a llevarlo a mi habitación —ordenó un poco más sosegada, si se dejaba llevar por la consternación no podría ayudarlo.
Naruto vaciló por un segundo, hasta que ella le lanzó una mirada de advertencia y tuvo que obedecerla. Con cuidado lograron subirlo hasta la recamara, acostándolo con delicadeza sobre la cama. Sakura corrió al baño por las cosas que necesitaría para limpiarle las heridas.
—Yo también estoy lastimado —refunfuñó Naruto siguiéndola.
—Cállate Naruto, aun no ajusto cuentas contigo, ¿Cómo pudiste inventar algo así?, tú y yo no tenemos ese tipo de atracción —lo reprendió indignada, haciéndolo a un lado para regresar al lado de Sasuke.
—Lo merecía. Déjalo sufrir por una hora y luego le aclaras todo.
—Ash, después hablamos —no perdería más tiempo peleando con su amigo. Regresó apresurada y se colocó al lado del lastimado joven—. Va a dolerte un poco, pero tengo que limpiarte o se puede infectar, creo que después será mejor que te lleve al hospital, me preocupa tu manera de respirar, necesitas un chequeo completo, le llamaré a mi madrina y…
— ¿Fue aquí? —la miró con agonía.
— ¿De qué hablas? —abrió el paquete de toallas antisépticas con el que pensaba asearlo.
— ¿Lo hiciste con él en la misma cama donde te hice el amor por primera vez?
— ¿Amor?, lo nuestro no fue hacer el amor Sasuke, fue sexo, nada más —tragó con dificultad, admitir aquello en voz alta no la liberó como pensó que haría.
—Tú sabes que no fue así —debatió encrespado.
— ¿Entonces cómo fue? —inquirió con fingido desenfado, sin embargo su cuerpo traidor la evidenció, cuando sus manos empezaron a temblar al limpiarle el rostro.
—Fue increíble. Lo mejor que me ha pasado. Escúchame bien, con nadie he sentido lo que sentí contigo cuando estuvimos juntos. No te equivoques, incluso cuando te follé duro y sucio, hubo amor —tomó su muñeca, acercando su convulsa mano para darle un casto beso en el dorso.
—Entonces por qué nunca lo dijiste… más importante aún, ¿Por qué no lo demostraste? —inquirió con un hilo de voz.
Quería aplastar la esperanza que pretendía resurgir de nueva cuenta en su interior. No debía, esta vez no solo sería ingenuo y estúpido creerle, sería suicida. Definitivamente el dolor de otra decepción por parte de Sasuke, la mataría.
—Porque soy un pendejo. Te diría que descubrí que te amo desde el primer momento en que te vi, pero lo cierto es que no fue así. De no haber sido por Hinata, que me dijo lo que tú y Naruto estaban haciendo, habría dejado pasar más de estos cinco días sin ti. Esperaba que fueras tú la que volvieras, la que me suplicaras darte otra oportunidad. ¿Qué imbécil, no?, sé lo que piensas, que de ser así me habría quedado esperando toda la vida, ¿cierto? —sonrió con diversión—. Contrario a todas las chicas del colegio, que se dejan tratar como objetos con tal de ganar mi atención, tú tienes dignidad.
Sakura registraba cada palabra, analizándola meticulosamente. Le resultaba fascinante que él estuviera abriéndose de esa forma tan genuina.
— ¿Pues sabes qué?, no es así. Más temprano que tarde te habría buscado. Te dije que eras mía, y si, egoístamente di por sentado que siempre lo serías, aunque yo no hiciera ni jodida cosa para merecerlo. Me pediste algo tan simple, algo que no me costaría nada de trabajo dejar de hacer... y me negué.
—Dijiste que coquetear con todas era tu forma de ser, que así te conocí, por lo tanto no pensabas cambiar. Me ofreciste dos opciones, que prácticamente eran lo mismo, dejarte hacer lo que quisieras con las demás. Cualquiera que hubiese escogido, yo iba a perder.
—No lo entiendes, no era el coquetear lo que yo buscaba. No podrían importarme menos esas fastidiosas mujeres. Era el control Sakura, dejarte ver el poder que tenías sobre mí, era impensable. Si ya antes de que fuéramos novios, yo era tu bufón, no quería saber lo que quedaría de mí, después de que descubrieras lo perdido que estoy por ti. Ahora lo entiendo con claridad. ¿Lo ves tú?
—Tú no eras mi bufón, yo…
—Me tratabas como basura, y yo lo permitía. Pero está bien, comprendo que aquel era tu mecanismo de defensa, tu manera de protegerte contra el mujeriego acosador del que ya estabas colada, pero no podías demostrarlo —la apaciguó con una sonrisa.
—Sí, lo siento por eso, así era más llevadero. Sasuke, quiero creerte, quiero confiar de nuevo en ti, en nosotros… pero, ¿Cómo puedo estar segura de que no me dices todas estas cosas solo por tus celos por Naruto? —Sakura abrió los párpados con sorpresa, al verlo tornarse de alegre a melancólico.
—Cómo pude olvidarme de eso —murmuró para sí mismo, pensando que ella no lo escuchaba—. Saber que tuviste sexo con él, me despedaza, ¿sabes?. Pero como te dije abajo, estoy dispuesto a sobrellevarlo. Estabas vulnerable, triste, no pensabas con claridad —justificó rápidamente—. No soy el único hombre con el que te has acostado, ¡gran cosa!, no importa. Te juro que no te lo recriminaré nunca, esta vez será la única que hablemos de ello y después quedará borrado. Nos enfocaremos en ser felices.
—No luces muy feliz en este momento… —señaló cuidadosa. Sasuke estaba tenso como cuerda de violín.
—Ya se me pasará, simplemente… es que, pensé que era mi amigo. Como sea, lo superaré, lo prometo.
—Sí, supongo que si yo puedo soportar que tú has estado con cientos de mujeres, tú aguantarás a un segundo chico en mi lista —suspiró teatralmente, tomándole el pelo.
—No han sido tantas. A decir verdad, han sido menos de las que imaginas, de las que todo el mundo supone.
—Por favor, pensé que estábamos siendo sinceros, no juegues conmigo Sasuke.
—En serio. Piensa en el número de mujeres con las que he tenido sexo —la vio fruncir el ceño y luego concentrarse—, ¿Listo?, ahora quítale la mitad —indicó serio—. ¿Ya?, bueno, pues réstale cien. El resultado divídelo entre 20 —Sakura comenzó a reír divertida, había logrado su cometido—. Si el resultado es cinco, estás en lo correcto.
— ¡Oh vamos, no me chupo el dedo!
—En serio, no bromeo. Si, flirteaba, demasiado diría yo. Pero no me acostaba con cualquiera, para ser más honesto, solo dormía con las que se asemejaban en algo a ti. Los ojos, la forma de la nariz, cualquier detalle que fuera parecido. Ahora, el dato de cuantas veces me he corrido con mi mano pensando en ti, ese es un asunto muy diferente. Ahí si serían más de unos cientos de veces, la suma aproximada podría acercarse peligrosamente a más de mil.
—Eres insufrible…
—Hey —paró de reír al oírla gemir, luego comenzar a llorar.
Sakura se dejó abrazar, intentando no colocar nada de su peso por temor a lastimarlo. El alivio en su pecho era reparador, se sentía como si le hubieran quitado un yunque de encima. No era su primera, pero tampoco era la número 500 de la lista. Le creía, todo.
—No me acosté con Naruto, Sasuke. Él te dijo eso para darte una cucharada de tu propia medicina, pero él y yo solo somos amigos. Nunca lo he visto de otra manera, y nunca lo haré. Por más dolida y desilusionada que estuviera, te amo, y no podría tener relaciones sexuales con alguien que no fueras tú.
Sasuke se quedó perplejo, luego empezó a carcajearse. Así que así se sentía respirar de nuevo.
—Joder, voy a matarlo. Voy a matarlo y después voy a revivirlo para matarlo otra vez. ¿Cómo se le ocurre poner esas imágenes mentales en mi cerebro? —exhaló renovado.
—Bueno, gracias a eso abriste los ojos.
—Si, por eso después de todas las veces que lo mate y reviva, voy a agradecérselo con un abrazo y una patada en las bolas—prometió vengativo—. Entonces… ¿estamos juntos?, ¿somos nuevamente novios? —le importó poco el dolor de sus costillas, él quería apretarla contra su pecho, sentirla suya, así que fue lo que hizo.
—Si Sasuke, me arriesgaré otra vez.
—No te arrepentirás amor —besó su frente con alivio.
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Dos semanas más tarde, Sakura mantenía su decisión.
—Por fin los morados desaparecieron —rastrilló la zona del pecho de Sasuke que estuvo vendada.
—Sí, ya no me duele tampoco.
—Oh, créeme, me di cuenta —se burló dándole un beso en la dura tetilla. Después de días de ser cuidadosos en la cama, Sasuke se había desatado aquella noche.
—Hn, vas a decirme que no extrañabas a mi yo salvaje —se giró en la cama, quedando sobre ella.
—No me oyes quejarme —abrió los labios dejándolo entrar. Sus besos eran como una droga ya bien conocida en su sistema. Completamente adictivos y necesarios.
—Te tengo una buena noticia —se separó un poco, mordisqueando todavía su boca, le era imposible dejar de tocarla y saborearla.
— ¿Ah sí?, dime.
—Hoy me llegó la aceptación de la universidad, la misma a la que tú asistirás. Ya podemos ir buscando nuestro apartamento, porque ni creas que dejaré que te quedes en uno de esos dormitorios que parecen cajas de zapatos.
—No estaba segura de que quisieras seguirme hasta allá —admitió conmovida.
— ¿Es que no lo sabes?, eres mi todo. Iría hasta el fin del mundo por ti. No volveré a perderte, estamos juntos hasta la muerte Sakura —prometió con certeza.
Se besaron con ardor, enajenados de nuevo en su pasión. Horas después de su segundo encuentro, retomaron la charla informal.
—La universidad será increíble, tendré a mi novio y a mi mejor amigo conmigo, ¿Qué mas puedo pedir?. Tsunade se quedará tranquila de que seré cuidada por Naruto y por ti, y yo podré concentrarme en mi carrera sabiendo que estás al alcance de una mano y no a miles de kilómetros de distancia —rió encantada.
—No veo el fin de sumar a Naruto en la ecuación, conmigo basta y sobra para cuidarte.
—Oh basta. En algún momento deben reconciliarse. No puedo creer que de verdad lo hayas pateado en los testículos —lo regañó enfadada, recordando la retribución de Sasuke.
—Hn, que diga que le fue bien, pude haberle contado a Hinata su broma, de ella no se habría librado con una simple patada. En fin, entonces, ¿Cuándo comenzamos a ver lugares?, podemos hacerlo por Internet.
—Por mí, mañana mismo —el tema de su amigo pasó a tercer plano.
—Como tú desees. Sera grandioso Sakura.
—Formaremos un hogar —propuso ella con convicción.
El hogar que él nunca había tenido, pero que a su lado, anhelaba construir.
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¡Hey!, una más.
Como podrán ver, la contención no es lo mío. Tardo mucho actualizando las complacencias porque las ideas que me mandan son muy buenas y se prestan para desarrollarlas lo más que se puedan, a pesar que sean solo shots.
Agness-celty, me propusiste dos ideas, y la que se me facilitó en ese instante, fue ésta, más porque me picó la motivación por escribir algo de Charasuke, pero si lees este fic, te percatarás que le coloqué ligeros aspectos de tu otra sugerencia, como la posesividad y los celos. En fin, ya cuando tenía este casi terminado, se me ocurrió una premisa para el otro XD, así que probablemente después también escriba la otra idea. Qué puedo decir, tengo mucha imaginación y nada de vida social, aunque eso sí, me falta tiempo por el trabajo =(, de algo tengo que comer.
Como sea, espero que te haya gustado, a ti y a las otras personas que estuvieron buscando algo del Sasuke OoC. La verdad hace años que vi road to ninja, así que no recuerdo muchas cosas, y era ponerme a ver la película o escribir, como comprenderán preferí lo segundo, además creo que lo poco que sale de Charasuke pues tampoco deja ver mucho su personalidad, solo se sugiere que como con todos los demás, es lo contrario al personaje real. Hinata, de igual manera me viene a la memoria que era muy atrevida y posesiva con Naruto, así que espero no haber errado tanto en las personalidades. Bueno, ya me darán sus impresiones si gustan. Saben que son bien recibidas y que de entrada cualquier apoyo que me brinden, es una grata recompensa a mi esfuerzo.
Aún quedan bastantes complacencias, todas ideas que ansío desarrollar, sean pacientes por fa, denme oportunidad de darles forma para traerles algo de calidad.
En fin, por lo pronto me despido, pero saben que vuelvo. Les mando un cordial saludo, un fuerte abrazo, mis mejores deseos. Cuídense mucho, no me canso de recomendarles. Aquí me tienen para lo que se les ofrezca, ¡nos leemos pronto!
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SasuSaku CANON
