Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto.
Diálogos y narración pertenecen a mi autoría.
.
.
.
Décimo One de la serie Complacencias.
.
.
.
Clasificación: M
Pareja: Sasuke/Sakura
Categoría: Romance/Drama/Angst (?), un poco de todo.
Chocolatito: "Me gustaría un fic donde Sasuke es yakuza y se obsesiona con tener a Sakura con él desde la preparatoria hasta la universidad, que Sasuke la secuestre y la medique para que no recuerde a nada ni nadie, después de que ella volviera en sí de su medicación, que años después sus amigos casi no reconociéndola le hablen y ella se asuste diciendo que ella no los conoce y se le acerque un Sasuke con sus guardaespaldas con niño de 3 años en brazos de pelo negro y ojos verdes…"
.
.
.
"La bella durmiente"
.
.
.
Entró con precaución a la lóbrega y enorme habitación. La lámpara que se encontraba junto a la cama, lanzó un pobre destello cuando él la encendió. Las hermosas facciones de Sakura se iluminaron tenuemente, sin embargo, la oscuridad aun combatía por el dominio, creando sombras en el perfil de su amada.
Acomodó con cuidado la sábana de seda que cubría su delicado cuerpo. La temperatura era buena, puesto que sus manos se conservaban cálidas y sus mejillas sonrosadas. Acarició el brazo sobre el cual permanecía la vía de los medicamentos, su vena estaba algo amoratada, seguramente por los constantes pinchazos a los que se le sometió antes.
La observó impasible, deleitándose con su peculiar belleza, ansiando despertarla y disfrutarla, lamentablemente aún faltaba para eso. Si la despertaba en ese momento, corría el riesgo que ella se diera cuenta de lo que le había hecho. Apretó las manos en puños y llamó a su autocontrol. Qué tanto eran unos días más, comparado con los años que llevaba aguardando. Sólo un poco de paciencia y, su anhelo más profundo quedaría finalmente satisfecho.
.
…
Su nombre era Sakura Haruno, acababa de cumplir veinte años, pero él la deseaba desde que tenía quince. Era de clase media, sin embargo, gracias a una beca pudo estudiar en el mismo colegio y ahora en la universidad a la que él asistía. No tenía hermanos, y sus padres se dedicaban al negocio de las plantas, atendían un pequeño local del cual se ocupaban la mayoría del tiempo. Ella era buena en prácticamente todas las materias, incluso deportes, y su meta era convertirse en doctora.
No si él podía evitarlo.
Poseía medios ilimitados para obtener lo que quisiera, y la quería a ella.
Su padre había asegurado, que con el paso del tiempo sus deseos por su compañera, terminarían extinguiéndose. Pero conociéndolo bien, le concedió el capricho de poner a su disposición a varios hombres para que cumplieran con la encomienda de investigarla y vigilarla, con el único fin de que se quedase tranquilo y esperase a que fuera el momento adecuado de actuar —eso si no se aburría antes—.
Lo cual no sucedió.
Por el contrario, sus ansias de poseerla, aumentaban día a día. Se imaginaba apoderándose de su exquisito e inmaculado cuerpo, haciéndola suya de todas las maneras posibles. Sakura había madurado gloriosamente. De ser una niña tierna, evolucionó a una mujer segura y hermosa.
Una mujer que, a pesar de su belleza e inteligencia, seguía soltera. Gracias a él por supuesto. Desde las sombras se encargó de eliminar toda la competencia. Deshaciéndose de los pocos novios que ella se atrevió a tener. No la culpaba a ella, que a fin de cuentas ignoraba la atención que él le profesaba en silencio y desde lejos. Ella nunca confió en que sería suficientemente buena para atraerlo, además de que suponía, le temía por todos los rumores —que en su mayoría resultaban ciertos—, que los demás esparcían sobre él.
Pero ya no debía preocuparse, porque por fin iba a realizar lo que por tanto tiempo soñó.
Con un profesionalismo asombroso, sus empleados más confiables, lograron raptarla. Aprovechando que esa semana comenzaban las vacaciones de invierno, y que el campus estaba prácticamente desierto, la durmieron y secuestraron de su dormitorio. Todo fue pacífico y seguro, no se permitiría dañarla de ninguna manera.
Su desaparición se anunció tardíamente en las noticias, ya que la universidad pensaba que estaba en casa, y su familia dedujo que ella continuaba enfrascada en sus proyectos finales. Cuando los malos entendidos fueron aclarados, habían transcurrido demasiados días como para seguir cualquier pista de su paradero. Colocando una gran cantidad de dinero en las manos indicadas, el asunto fue olvidado. Las voces poco a poco se acallaron, se instaló en todos la resignación.
Recibió la aprobación de su padre, además de las felicitaciones de la organización por llevar el asunto tan discretamente. Su hermano hizo algo parecido en el pasado, pero Itachi había actuado de forma descuidada, tomando a una chiquilla apenas legal, lejos de su aldea. Al ser tan insignificante, la policía ni siquiera intervino, pero la pueblerina y obligada esposa de su hermano, lo odiaba, él tenía que someterla por la fuerza con bastante frecuencia. Sus vidas eran un infierno, ya que hasta antes de su primera hija, llevaba varios intentos de suicidio. Itachi por su parte, continuaba tan encaprichado, que se negaba a dejarla libre.
Eso no les sucedería a Sakura y a él. El medicamento para generar amnesia, que mandó traer desde otro país, se aseguraría de ello.
Viajando a una de las islas privadas, propiedad de los Uchiha, comenzó el milagroso tratamiento. Cuando Sakura despertase después de meses de administración de las drogas, sería otra persona. No tendría conciencia de nada, él podría modelar su mente a su antojo, convirtiéndola en lo que él quería que fuese. Su mujer.
…
.
Abrió los párpados cuando sintió unas manos recorriéndola de arriba abajo, una boca caliente y exigente se presionaba en su cuello, lamiendo y mordiendo.
¿Dónde estaba?
Se tensó al sentir una fría brisa que la hizo consiente de estar desnuda.
—Sakura —aquellos labios se movieron con destreza hasta llegar a su oído. Se llenó de escalofríos al mirar a unos profundos ojos negros que la contemplaban con intensidad—. No te asustes —el atractivo hombre acarició con cuidado su mejilla.
Lo miró desconcertada, ¿Quién era ese extraño?, ¿Quién era ella?
Su mente estaba en blanco.
El aire comenzó a faltar en sus pulmones. Empezó a gimotear agitada y ansiosa.
Los fuertes brazos del hombre de cabello negro la estrecharon, ella pudo sentir sus duros músculos, además de percatarse de todos los tatuajes que portaba. Le dio aún más miedo.
—Shh, tranquila, soy yo, Sasuke, tu marido —explicó besando su frente.
— ¿Ma-marido? —lo miró con confusión.
—Tuviste un accidente, te golpeaste fuerte la cabeza. El médico advirtió que tu memoria posiblemente resultaría afectada, algo de una lesión en tu lóbulo temporal. Pero descuida, todo estará bien…
—Yo… no…
Se concentró en el desconocido que estaba sobre su cuerpo, algo en su olor, su toque, le indicó que no era la primera vez que lo veía y sentía. Imágenes borrosas de él acariciándola y besándola, incluso entrando en su cuerpo, bailaban intermitentemente en su cabeza.
Sasuke se dio la vuelta y la atrajo hacia su pecho, acariciando su espalda con movimientos delicados y reconfortantes. A juzgar por la mirada perdida que ella poseía, sabía que estaba empezando a dar sentido a su realidad. Días atrás, aprovechando que ella se encontraba en un estado de semi -consciencia había tomado su virginidad. Ella lo asimilaría como una de sus tantas vivencias a su lado, relacionando esa primera vez que estuvieron juntos, con otras tantas a lo largo de su vida como pareja.
—Todo está bien. Descansa.
El pequeño pero voluptuoso cuerpo, por fin se relajó. Echando un vistazo, comprobó que estaba dormida. Según el especialista, era normal que ella durase más tiempo inconsciente que despierta, esto a causa del remanente del medicamento. Menos mal dichos efectos irían desapareciendo. Se concentró en continuar con la exploración de su cuerpo, le fascinaba acariciarla, saber que ya le pertenecía en su totalidad.
No había marcha atrás ni posible salida, Sakura estaba a su merced.
.
.
Su nombre era Sakura. Sakura Uchiha.
Era la esposa de Sasuke Uchiha. Tenía veintiún años, y vivía en aquella isla desde hacía algunos meses, cuando tuvo un accidente de coche y su marido la llevó ahí para su recuperación.
No tenía padres ni hermanos, tíos o primos. Únicamente a Sasuke y a la familia de éste.
Sentada en uno de los muchos balcones, dejando enfriar su desayuno, contempló con mirada tranquila la inmensidad del mar. Aun no asimilaba del todo la información, pero hacía lo posible por conseguirlo, no anhelaba otra cosa que no fuese recordar.
Sasuke era un hombre muy atento y comprensivo, siempre a su lado, pendiente de lo que ella necesitase. Sin embargo, llegaba a intimidarla en ocasiones. Era tan enigmático, tan atractivo, tan fuerte y sensual. No por primera vez, se preguntó: ¿Qué habría visto alguien como él, en una chica como ella?
No tenía dinero. No tenía clase, no tenía ni siquiera una profesión. Él le contó que lo suyo fue un amor a primera vista, algo prematuro que nació en su adolescencia, para posteriormente madurar en la relación que tenían —antes de su accidente al menos—. Incluso le mostró las hermosas fotos de la boda. Después de sus caricias y tentativos besos, sabía que él decía la verdad. Su piel se erizaba ante su fino toque, sus mejillas se sonrojaban cuando lo descubría mirándola con aquella intensidad que él poseía, sus rodillas flaqueaban al tenerlo cerca.
Debía ser amor.
Dios. Ojalá pronto aquella confusión pudiera desaparecer.
―Otra vez jugueteando con la comida, debes alimentarte bien, estás demasiado delgada, no sé cómo Sasuke puede encontrarte atractiva.
Sakura ocultó su desagrado al escuchar la fría voz. Giró el rostro, encontrándose con la seria mirada de la madre de Sasuke, la estirada dama no ocultaba la antipatía que le tenía. No comprendía por qué continuaba en la isla, cuando era obvio que la odiaba. Ella no quería decírselo a Sasuke, importunarlo con esa clase de quejas, le parecía infantil. A eso se sumaba el hecho de no recordar nada, quizás la animosidad de su suegra era justificada, ¿acaso la había ofendido en el pasado?, a lo mejor Mikoto la odiaba por no ser de la misma clase que ellos. No lo sabía, pero esas dudas la carcomían.
―Yo… es que no tengo mucho apetito. Puede que se deba al accidente…
―Ahí vas ya a escudarte de nuevo en eso. Si de verdad quieres retomar tu vida, deja de pensar como si te hubieras quedado lisiada. No creas que no me doy cuenta de lo que haces sufrir a mi hijo con tu rechazo ―la refinada y hermosa mujer se colocó frente a ella, tapando los cálidos rayos del sol que le acariciaban el rostro.
―Yo no rechazo a Sasuke, es simplemente que… no recordar ―su pecho se apretó con agonía, a la vez que sus pupilas se empañaban.
No eran justas las recriminaciones de su suegra, ella de verdad se esforzaba por recuperarse, por recobrar su vida, y sí, a simple vista no era muy efusiva con Sasuke, pero en la medida de lo posible, intentaba corresponder a sus atenciones cuando estaba cerca de ella.
― ¡Ja!, pero si te encoges cada vez que él quiere tocarte, si eso haces en público, no quiero ni pensar lo que harás en privado.
Su suegra no tenía ni idea. Sí, no recordaba nada, y su marido la abrumaba, eso no impedía que dentro del dormitorio él hiciera con ella lo que quería. Era incapaz de negarse, en primera porque, aunque se avergonzaba, también lo deseaba; y en segunda, porque tanto el doctor como Sasuke insistían que continuar su relación como si nada hubiese sucedido, era la mejor forma de que ella recuperara sus memorias.
― ¿Qué sucede aquí?
―Hijo, ¿ya has terminado tus compromisos de trabajo?
― ¿Qué pasa Sakura, por qué estás llorando? ―se apresuró a llegar a su lado al verla pálida y descompuesta.
―No pasa nada ―negó tratando de limpiar las lágrimas que manchaban su cara. Él se arrodilló frente a ella, capturando sus mejillas entre sus grandes manos.
― ¿Cuántas veces debo decirte que dejes a mi esposa tranquila, madre? ―su tono acerado la hizo estremecerse un poco. Al percibirla angustiada, le colocó un beso en la frente.
―Yo solo le daba unos cuantos consejos. Mírala, está muy delgada, eso no le hace bien.
―Está perfecta ―debatió molesto.
―Tú no eres objetivo. Los sentimientos por Sakura te ciegan, no ves que…
―Suficiente. Déjanos solos ―ordenó severo.
Su madre asintió y se dio la vuelta, desapareciendo de la terraza. Hasta Mikoto Uchiha intuía que no era buena idea seguir molestando al próximo jefe de la organización.
―Ella tiene razón, por más que lo intento, soy un desastre.
―Shh, sabes que llevará tiempo. Incluso si no recuerdas, no importa, yo estaré a tu lado ―prometió paciente.
―Eres tan bueno. No sabes lo agradecida que estoy por tenerte conmigo, no sé qué haría sin ti ―se abrazó a su cuello con desesperación.
El tacto de Sasuke era lo único capaz de reconfortarla. Su cerebro estaba cubierto por nada más que sombras y bruma, pero mientras su mente revuelta no sabía qué pensar ni en qué creer, su cuerpo actuaba por cuenta propia. Sus labios buscaron los suyos, encontrándose en un beso tierno y cuidadoso. Aquella sensación era lo que la anclaba a la tierra.
Sasuke festejó para sus adentros. Sakura siempre parecía un conejillo asustado, manteniéndose alejada y ensimismada, por eso que tuviera esas reacciones espontáneas con él, era un deleite poco frecuente. La mantuvo abrazada, dejándola que llevara el ritmo, era un beso lento, más una caricia que un acto pasional. Lo alargó todo lo que pudo, hasta que se apartó sonrojada. Le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, sin duda ya más tranquila.
―No tendrás que averiguarlo, porque no voy a dejarte nunca ―prometió retomando sus palabras―. Dime, ¿mi madre te estaba incomodando?
No sabía si ir a agradecerle a su madre, ya que debido a su intervención Sakura había saltado a sus brazos, o sacarla de una vez por todas de la isla para que dejara de molestar a su mujer. Mikoto Uchiha era una madre celosa de su posición en la vida de sus hijos, seguramente creía que Sakura la desbancaría muy pronto, y no se equivocaba. Él estaba loco por la ingenua y sencilla mujer de ojos verdes, haría lo que fuera para mantenerla contenta.
―No, es que… cuando ella está cerca, me siento tan inadecuada. Ella… no aprobó nuestro matrimonio, ¿verdad? ―cuestionó insegura.
Le sorprendió mucho la perspicacia de Sakura, ella no recordaba ni entendía nada, aun así, era una chica sumamente lista y sensible. Sí, para su mala suerte, su madre no aceptaba su relación. De hecho, había puesto el grito en el cielo cuando él le confió sus planes, ella siempre quiso verlo casado con una mujer de su mismo estrato social, una perfecta niña mimada hija de alguno de los socios de su padre, que conociera el negocio y que no tuviera más ambición que ser la esposa florero del siguiente jefe. Lástima para Mikoto, que él quería a Sakura.
―No, no lo hizo ―no tenía sentido mentirle en eso, su madre continuaría mostrando su rencor, por lo que Sakura se daría cuenta si la engañaba.
―Y, aun así, te casaste conmigo. ¿Por qué Sasuke?, siendo honesta, no puedo comprender los motivos, somos tan distintos… acaso, ¿hubo algo que te obligó a ello?
― ¿Algo que me obligó a pedirte matrimonio? ―arqueó la ceja ocultando su diversión, Sakura nunca había hablado tanto ni tan seriamente con él, por lo regular se mantenía callada y complaciente, demasiado tímida como para indagar y dejarle ver sus dudas.
―Olvídalo ―negó de inmediato, completamente abochornada para seguir aquella línea de pensamiento.
―Nos casamos porque quisimos, no estabas embarazada si eso es lo que quieres saber. De hecho, esperamos hasta la noche de bodas para estar juntos, yo nunca te hubiera faltado al respeto de ninguna manera Sakura, te quiero demasiado como para hacerte algo así ―aseveró acariciando su mejilla―, y si, tal vez tengamos muchas diferencias, pero eso no impide que seamos perfectos el uno para el otro. Olvídate de mi madre, ella ya no será un problema.
―Gracias por aclarármelo, es algo que no dejaba de darme vueltas en la cabeza. Sasuke, haré todo lo posible por recordar, te lo juro… ―prometió con decisión.
Si era verdad lo que Sasuke afirmaba, era bastante injusto para su marido que ella lo tratara como a un desconocido.
―No te fuerces, claro que me gustaría que me recordaras, pero si no lo haces, siempre puedo volver a conquistarte ―propuso con arrogancia, misma que Sakura ingenuamente malinterpretó como esperanza.
― ¿Te digo algo?, ya lo estás logrando, tal vez no recuerde nuestra vida juntos, y eso hace que me contenga, pero me siento tan bien a tu lado, que sé que es muy probable que ya esté de nuevo enamorada de ti.
No podría entregarle su cuerpo como lo hacía cada noche de no ser así, de eso estaba convencida.
―Hn. Intento darte tu espacio para no abrumarte, pero diciéndome eso haces que me sea imposible ―la atrajo hacia su cuerpo y la besó con intensidad―. Vamos a la recamara ―la apremió con tiento.
Sakura se dejó arrastrar, consciente de que esta vez estaba muy ansiosa por poner de su parte. Por lo regular se quedaba quieta sumisamente, únicamente disfrutando del placer que Sasuke con su pasión, le suministraba.
No hoy, en esa ocasión quería tomar parte activa. Lo ayudó a desabotonarse la camisa mientras él se quitaba el saco.
―No he querido preguntarte, pero me da curiosidad, qué significan estos tatuajes ―acarició sus musculosos pectorales; el pecho, la espalda y los brazos de Sasuke estaban llenos de tinta, contrastando bellamente con su pálida piel.
―Son parte de mi historia, de las costumbres de mi familia ―se estremeció al sentir sus pequeñas palmas recorriéndolo con soltura―. Nuestros hijos varones los portarán también ―besó su oreja y bajó hasta su cuello.
― ¿Hi-hijos? ―se atragantó cuando él comenzó a bajarle los finos tirantes del vestido.
―Tendremos mínimo tres, esos eran nuestros planes. Pero no hay prisa, esperaremos hasta que estés lista ―prometió falsamente. No sólo le había hecho el amor sin ningún cuidado, también de manera anticipada, arruinó todos los preservativos que guardaba en la habitación, así cuando sucediera, ella lo atribuiría a un accidente. Si las cosas seguían por el rumbo que él las llevaba, Sakura estaría dando a luz a su primer hijo a mediados del próximo año, nada mejor para atarla a él, que un embarazo.
Asintió conmovida por su paciencia. Estaba por darle las gracias, pero el gemido de sorpresa y vergüenza que soltó al verse desnuda de cintura para arriba, se lo impidió.
—Tan perfecta y hermosa —alabó Sasuke con orgullo.
—Gra- gracias —hizo todo lo posible por no cubrirse los pechos con los brazos, estaba decidida a ser la mejor esposa para su considerado marido.
Por eso mismo, se mantuvo firme cuando él comenzó a acariciarla sin ningún reparo. Las manos grandes y ásperas de Sasuke le resultaban secretamente bastante excitantes. Eran las manos de un verdadero hombre, de alguien hecho a sí mismo. Se abrazó a su cuello, al tiempo que él la atraía por la minúscula cintura. La besó con una urgencia febril, su lengua la avasallaba, barriendo las inseguridades que las despiadadas críticas de su suegra habían conjurado. A Sasuke parecía de verdad resultarle irresistible.
―Déjame verte entera ―exigió desnudándola por completo.
La colocó cuidadosamente sobre la enorme cama. Nerviosa, se lamió los labios y comenzó a impacientarse al verlo desvestirse tan lentamente.
―No me habías dedicado esa mirada, me gusta que me desees tanto como yo a ti ―apuntó con tono ronco.
― ¿Si? ―preguntó tratando de sonar tentadora y sensual.
―Hn. Me enloquece saber que eres mía ―se colocó sobre ella, pendiente de no lastimarla con su fuerte y fibroso cuerpo.
Sin duda lucía enloquecido, gimió Sakura al sentir como apretaba y succionaba sus pezones, su intensidad no era nueva, pero sí aquel desenfreno. Parecía que su marido se había estado conteniendo con ella. Sin más preámbulos, bajó hasta su parte más íntima. Encontrando el valor que se juró iba a demostrar, separó más las piernas y le dejó hacer lo que quiso. Él la degustó sin contemplaciones, haciéndola arrojar su vergüenza al viento, al mecer sus caderas disfrutando de tan inmenso placer.
Lo sentía jugar con su lengua, succionar la sensible y caliente carne entre sus labios. Aquello era una locura. Antes de que el orgasmo la arrasara, Sasuke separó su boca. Se acercó al cajón del buró, tomando un condón, se lo colocó lentamente. Con una sonrisa satisfecha, escaló de nueva cuenta hacia su rostro, dedicándole un beso suave en la comisura de sus labios, haciéndola bajar la guardia, para después devorarla sin darle oportunidad siquiera de respirar. Gritó al sentirlo penetrarla rudamente, no fue doloroso, porque ya estaba muy húmeda, pero si inesperado.
Sasuke no desaprovecharía aquella oportunidad. Sakura estaba más que dispuesta a complacerlo, así que le mostraría lo que le gustaba. Hasta ahora había sujetado al máximo sus feroces instintos, no queriendo asustarla. Ocultar sus impulsos de poseerla, le resultó un calvario. La cama comenzó a golpear contra la pared mientras se hundía en ella con dureza. Lamió su cuello, acercándose a su oído para reiterarle que siempre sería suya.
―Sas- !Sasuke! ―le clavó las uñas en la espalda, pero él no le dio descanso posible.
Sus cristalinas y dilatadas pupilas lo miraban desenfocadas por la pasión, esa era la forma en la que siempre quería tenerla, enfebrecida y desesperada por él, por su toque. La besó de nueva cuenta, apropiándose de sus jadeos, desgarrando sus labios, estropeándolos para cualquier otro que no fuese él.
―Si no puedes recordar cómo éramos antes, te daré nuevas vivencias, me aseguraré de que jamás olvides esto, siempre me tendrás grabado en tu mente Sakura, en tu mente y en tu cuerpo ―prometió con fiereza.
―Sa- Sasuke ―sus sentidos estaban embotados. Sobre estimulada, enajenada en aquellas poderosas sensaciones.
― ¿Sientes eso? ―disminuyó el ritmo, negándole por segunda vez la culminación―, como reaccionas ante mí, como imploras por mí…
―Por- por fav-favor ―balbuceó rendida, estaba casi ahí, tan cerca… si solo Sasuke le permitiera…
―Hn. ¿Lo quieres? ―instó provocador.
― ¡S-sii! ―se mordió el labio, probando su sangre.
―Entonces tómalo Sakura, tómalo todo de mí, porque soy el único que puede darte este placer.
La tomó con ímpetu, apretando la mandíbula tratando de sostener su propia liberación. Sakura se vino con un estridente gemido, al sentir sus espasmos apretándolo dolorosamente, se rindió también, corriéndose en su interior con despreocupado abandono.
…
.
Salió de la recamara duchado y arreglado, dejando a su mujer durmiendo plácidamente. No le sorprendió que, al entrar en su despacho, su madre ya estuviera esperándolo. Seguramente llevaba ahí desde que la corrió de la terraza.
―Ya era hora ―reprendió molesta.
―Paso por alto tu tono, únicamente porque vengo de excelente humor ―se dirigió a su colección de licores, sirviéndose una copiosa cantidad de coñac.
―Lo imagino, toda la casa escuchó lo vocal que es tu… esposa ―señaló con tirantez―. Por eso la escogiste, ¿no?. Sasuke, sé que los hombres pueden ser tan básicos y simples como sus impulsos se los dicten, pero hijo, pudiste haber dejado a Sakura como tu amante, y conseguirte una buena esposa, una que, si esté al nivel de la familia que representas. No puedo creer que estés tan cegado y obsesionado por una furcia que para lo único que sirve es-
― ¡Basta! ―arrojó el vaso de cristal vacío, estrellándolo contra la pared―. Sakura es mi esposa, y hablarás de ella con respeto, no sólo ante mí, sino ante ella también. Esta fue la última vez que toleré tus maliciosos comentarios. Haz las maletas madre, ya no eres bienvenida a quedarte en la isla.
―Pero- pero… la celebración por tu nuevo cargo es en dos meses, dijiste que me encargaría de ella…
―Debiste pensar en eso antes de perturbar a Sakura. Por la fiesta no te preocupes, mi inteligente esposa se encargará de la planeación.
―Sasuke, no puedes estar hablando en serio, cuando le diga a tu padre…
―Mi padre está de acuerdo conmigo. Sabe que si permito que sigas aquí, terminarás destruyendo todos mis planes. Mi relación con Sakura por fin comienza a ir bien, no voy a dejar que lo arruines. El helicóptero está esperándote. Tienes una hora para salir de aquí ―sentenció terminante.
Su madre no dijo más. Sabía que sería inútil continuar insistiendo. Si algo tenía que lo caracterizaba, era su voluntad de hierro. Una vez que tomaba una decisión, nada lo hacía cambiarla. Prueba de ello era Sakura. Sonrió con satisfacción al pensar en lo agradecida que estaría con él, al darse cuenta que su madre ya no sería un incordio.
Esperaba que también le agradeciera la confianza que depositaría en ella, al encomendarle la organización de la fiesta. Sakura era capaz de eso y más, únicamente debía estimular su creatividad e iniciativa.
Sin más que preocuparse por el momento, se concentró en sus negocios. Tenía las manos metidas en varios asuntos ilegales, los cuales había dejado de lado por su esposa. Su padre le concedió una prórroga durante algunos meses, sin embargo, con las cosas marchando tan bien, no sería necesaria más demora, Tomando el teléfono, se dispuso a llamar a su hermano, para comenzar con el trabajo.
.
― ¿Que me encargue de preparar aquí una celebración por tu ascenso? ―repitió estupefacta.
Dejando la copa de agua que bebía con su cena, Sakura observó con preocupación a su marido.
―Así es. Confío en ti, además, hacerlo va a ayudarte a que retomes otra faceta de tu vida. No tienes por qué preocuparte, puedo contratar una asistente que te ayude con lo más difícil. Alguien que se encargue de hacer las llamadas y los presupuestos, claro que tú tomarías las decisiones. Doy fe de tu buen gusto y criterio ―la halagó con verdadera admiración.
―Yo… no lo sé Sasuke ―estaba muy agradecida, pero desconocía si sería capaz de organizar un evento tan importante.
Qué tal si arruinaba las cosas, suponía que la celebración del nuevo puesto de su esposo, se convertiría en el acontecimiento del año. Con su cerebro en corto circuito, lo más probable es que aquella fiesta fuera un rotundo fracaso.
―Ten un poco de confianza en ti Sakura, no te lo estaría pidiendo si no supiera de lo que eres capaz. Si tenías todo para ser una brillante doctora, una simple fiesta es como un juego de niños.
― ¿Yo iba a ser una doctora? ―su rostro mostró una gran confusión.
Sasuke maldijo mentalmente, aquello había sido un resbalón. Por supuesto su intención no era darle guiños de su pasado, no es como si ella pudiera recordar, pero era mejor no arriesgarse.
―Al menos ese era uno de tus sueños, hasta que nos conocimos y nos enamoramos. Decidiste que ser mi esposa y construir nuestra familia, era más importante. Por supuesto que yo quise apoyarte en tener una carrera, pero insististe en que después no podrías dedicarnos el tiempo que merecíamos ―se las ingenió para sonar bastante sincero.
―Nuestro amor fue más importante ―asimiló ella con un asentimiento.
―Eso no quita que hagas lo que deseas, ni que seas la mujer más inteligente que he conocido ―alcanzó su mano y se la llevó a los labios, besándole el dorso con galantería.
Como la idea de dedicarse a la medicina no la entusiasmó mucho, supuso que Sasuke decía la verdad. Regresando al asunto de su anterior preocupación, comenzó a ver con otra perspectiva, la propuesta de preparar la celebración para Sasuke. Su comprensivo marido llevaba la razón, idear la fiesta, sería una buena distracción, asimismo, una manera perfecta de sentirse útil.
―Bueno, me has convencido. Y respecto a que alguien más me dé una mano, me parece bien. Así no me sentiré tan presionada y no tendré que molestarte si algo se me complica ―sonrió empezando a ilusionarse ante el nuevo reto.
―Jamás serías molestia, cualquier cosa que requieras, puedes buscar mi ayuda. De cualquier forma, le pediré a Naruto que contrate a alguien, creo que su prima necesitaba un trabajo ―la familiar de su fiel socio era perfecta, conocía el negocio y sabría ser prudente con su esposa.
―Entonces no se hable más. Mañana mismo doy inicio con la planeación ―accedió motivada.
.
.
― ¿Qué tal este? ―preguntó Sakura amedrentada, ante el color que tenía pensado elegir para la mantelería. Ya sabía cuál sería la respuesta de Karin, y a pesar de que se estaba acostumbrando a sus cortantes y frías negativas, no dejaba de intentar poner su toque para la celebración de su esposo.
― ¿No cree que es demasiado… corriente? ―fue la respuesta de la soberbia pelirroja.
Sakura suspiró hondamente y dio vuelta a la página del catálogo, así sería hasta que la joven asistente que Sasuke contrató, se diera por vencida con sus sugerencias y le arrebatara el libro para tomar la decisión ella misma.
En aquellas cinco semanas, la señorita Uzumaki prácticamente se apropió de la organización de cada detalle, socavando su autoridad o desdeñando su opinión como si fuera una Doña nadie y no, la esposa del jefe.
Sakura no quería hacer de aquello un problema. Sasuke le tenía confianza a Karin, al ser la prima de uno de sus mejores amigos, llevaban una buena relación de amistad. Sentía que si se quejaba del censurante trato de la chica, sólo la haría quedar como una envidiosa incompetente. Ya que hasta ahora, todas las sugerencias de la pelirroja, habían sido atinadas, y Sasuke se hallaba muy contento con los avances, aunque ignorara que Sakura no tuvo nada que ver con ellos.
―Sabes qué, ahorremos tiempo, toma, estoy cansada así que iré a recostarme ―arrojó el libro a la mesa y huyó de ahí.
Tal vez era un comportamiento cobarde, pero en ese momento en el que su cabeza latía y su orgullo se encontraba tan magullado, no le importaba ser vencida otra vez.
Al arrojarse sobre la cama, se abrazó a la almohada y dejó que el cansancio y la tristeza fueran arrasadas por el sueño. Cuando volvió a abrir los párpados, ya era de noche y Sasuke estaba tras ella, abrazándola y besándole el cuello intentando despertarla.
― ¿Estás bien?, llevas durmiendo desde las dos de la tarde, ¿Qué sucede Sakura?
―Yo… ―bostezó y se dio la vuelta para encontrarse con su rostro lleno de preocupación―, necesitaba un respiro de Karin. Además, no es como si se me necesitara para algo, ella es capaz de tomar todas las decisiones por su cuenta ―explicó con sencillez. Haber descansado tan bien, y tener a su esposo a su lado, mirándola tan interesado, le dio la confianza que necesitaba.
―Eso es lo que ella mencionó, pero no quise creerle.
― ¿De qué hablas? ―¿de verdad Karin admitió fácilmente a su marido, quitarle toda la autoridad?
―Dijo que no estabas interesada en la fiesta, que prácticamente te desentendías de todo y le dejabas la responsabilidad de la organización a ella ―Sasuke la miró decepcionado.
― ¡Qué!, eso no es… ¡es ella la que siempre está diciendo que mis ideas son vulgares! ―se sentó de golpe en la cama, sus ojos abiertos por el shock.
―Karin no se atrevería a ofenderte de ese modo, sabe que yo no lo permitiría. Tú en cambio, he notado que cada vez luces más desanimada y hastiada, realmente no te importa la organización de mi evento, ¿cierto? ―no había enojo, pero si tristeza.
Sakura se puso de pie, alejándose de Sasuke y dándole la espalda. Sus ojos se llenaron de lágrimas ante la evidente condena de su marido, que estaba creyéndole a una empleada cizañosa, y no a ella, una esposa que había estado ilusionada y entusiasmada de apoyarlo.
― ¿Sakura?
― ¡No quiero verte en este momento, déjame sola! ―sollozó todavía intentando no mostrarle su dolor. No sabía por qué estaba llorando con tanto sentimiento, por supuesto que la disgustaba, pero su reacción tal vez estaba siendo desproporcionada. ¿A qué se debería que no pudiera contener el llanto?
―Te he hecho llorar… Sakura lo siento. No debí poner tanta presión en ti, no te sientas culpable por no querer ayudarme, sólo te lo pedí porque necesitabas algo para distraerte, no quería que siguieras dándole vueltas a lo de tu falta de memoria. Mira, no me importa que Karin organice la celebración, la única que me importa eres tú ―la abrazó por la espalda, haciéndola girar en sus brazos y estrechándola contra su pecho.
― ¡Pero es que si quiero ayudar, es ella la que no me deja!… Sasuke… me estoy mareando ―sintió que el piso temblaba bajo sus pies, Sasuke reaccionó en seguida, cargándola y llevándola hacia la cama―. Todo me da vueltas…
―Llamaré al doctor. Tranquila Sakura ―sacó su celular de su bolsillo y empezó a gritar órdenes, Sakura intuyó que estaba a punto de perder la conciencia.
― ¿Crees que sea mi cabeza?… tal vez los recuerdos… ―lo que estaba a punto de decir se perdió en el vacío que siguió.
.
Después de despachar al doctor que permanecía en la isla para la atención de Sakura, Sasuke regresó a la habitación. Al entrar, sus asustados ojos verdes se encontraron con los suyos. Con una radiante sonrisa de felicidad, se dirigió a ella, sentándose a su lado para acariciarle la manchada mejilla. Ahora comprendía su estado de ánimo tan volátil, así como su cansancio interminable.
― ¿Esa sonrisa quiere decir que estás contento? ―preguntó ella insegura.
― ¿Tú no? ―tomó sus manos entre las suyas, llevándolas a sus labios y besándolas con adoración―, ¿no te pone feliz que vayamos a tener un hijo?
―Sí. Claro que sí ―asintió más relajada―, es que, pensé que tendría tiempo de… recordar.
―Te consta que tuve mucho cuidado, y sí, tal vez toda la responsabilidad sea mía, pero el doctor recomendó que no tomases ninguna clase de anticonceptivo así que…
―No te estoy culpando. Sasuke, de verdad estoy emocionada. Olvida que dije eso ¿sí? Ahora ya tendremos algo más que festejar ―si no dejaba de obsesionarse con su pérdida de memoria, terminaría cansando a su marido.
¿Por qué le daba tanta importancia?, Sasuke no lo hacía. No le exigía que lo recordase, ni a él ni a sus planes. Así que para qué seguir enfrascada en lo mismo. Mientras se disgustaba por eso, su vida se le iba entre los dedos. Debía disfrutar del momento, de la increíble e inesperada sorpresa que el destino le regalaba.
―Sobre eso. Ya entiendo tu falta de interés, tu estado te ha jugado una mala pasada. Descuida, no tendrás que alterarte de nuevo con esas tonterías, Karin se hará cargo para que tú puedas disfrutar de un embarazo tranquilo y sin complicaciones ―prometió protector.
―Es que de verdad yo no tenía ningún problema con la fiesta. Karin, ella saboteaba todas mis… ―su queja fue disminuyendo de tono al ver la expresión condescendiente de Sasuke. Era claro que creía que estaba exagerando debido a sus hormonas―. Olvídalo ―murmuró bajando la cabeza.
―Sakura…
―Ni siquiera me crees, ¿para qué gastar energía intentando explicártelo? ―farfulló molesta.
―Lo hago. ¿Quieres que corra a Karin?, sólo tienes que pedirlo. Es un buen elemento, además de una amiga, pero si quieres que se marche, te prometo que la despediré sin contemplaciones ―aseguró sincero.
Genial, ahora la hacía ver como una berrinchuda sin corazón. Si Sasuke despedía a Karin, sería debido a ella, no quería cargar con eso en su conciencia, porque a pesar de que la pelirroja era una insoportable altanera, la verdad era que hacía un buen trabajo, sino, Sasuke no estaría tan satisfecho con el avance de la fiesta.
―Que se quede, solo… exígele que las mesas deben tener arreglos con casablancas y uno de los postres a servirse debe ser natilla de chocolate. Lo demás puede elegirlo ella ―zanjó seria.
―Así será. Tus deseos son mis órdenes ―se acercó a su boca, besándola con ardor.
.
.
―Luces hermosa.
Sakura lo miró a través del espejo y sonrió ruborizándose. Llegó hasta ella, contemplándola embelesado. Su vientre aun lucía plano, pero el brillo en sus ojos y los senos abultados y más redondeados, eran signos inequívocos de su estado. Los únicos que sabían la noticia eran su padre y su hermano. Lo habían felicitado de inmediato. Su padre esperaba que fuese un niño para que asegurase el futuro de la organización, siendo tan arcaico y tradicional en sus ideas, creía que únicamente los varones podían llevar la batuta del negocio. A Sasuke francamente no le importaba, niña o niño, él educaría a su primogénito para convertirse en el líder que él era.
― ¿En qué piensas?, te quedaste callado.
―Soñaba con el futuro miembro de la familia Uchiha ―respondió, a la vez que sacaba del bolso de su smoking, un collar de diamantes que hacía juego con los aretes que ya portaba―, ¿me permites?
― ¡Sasuke!, no debiste ―regañó modesta.
―Es un simple detalle. Ahora sí, estás lista.
Bajaron juntos hacia los amplios jardines donde se llevaría a cabo el festejo, Sakura se veía preciosa colgada de su brazo. La presentó con orgullo a varios de sus socios, todos la alabaron y lo felicitaron, no nada más por su nuevo cargo, sino por su exquisito gusto.
― ¿Qué hace ella todavía aquí? ―sintió a Sakura tensarse cuando vio acercarse a Karin.
―Está aquí para cerciorarse de que todo marche bien. No te alteres, no le hace bien al bebé ―aconsejó con paciencia.
No entendía porque Sakura le tenía tanto recelo a Karin. ¿Acaso serían celos?, se planteó con agrado. Que Sakura tuviera emociones tan intensas por él, era muy buena noticia. Sin embargo, no quería que nada la alterara esa noche en la que todo iba saliendo tan bien, lo principal era la salud de su esposa, Sakura estaba embarazada y nada debía disgustarla. Le aclararía que la pelirroja no era más que una empleada, que no debía preocuparse porque él únicamente tenía ojos para ella.
―Es que… verla me pone de malas…
―Karin solamente hace su trabajo, es su deber revisar que todo vaya perfecto, ¿de acuerdo?
―Está bien.
―Señor Uchiha ―interrumpió la mencionada―, hay algunas cosas que tengo que comentarle, ¿tendrá un momento para mí? ―preguntó con lo que parecía coquetería, Sasuke esperaba estar equivocándose.
― ¿Tiene que ser ahora? ―indagó con parquedad, nada que ver con el tono cariñoso y tierno que solo usaba con Sakura.
―Bueno no. Puedo esperar hasta que termine la fiesta ―sugirió pasándose las manos por el descarado escote.
―Hmp, hasta más tarde entonces ―tomó a su esposa por la cintura y continuó su presentación con el resto de invitados.
Sakura respiró con facilidad cuando dejaron atrás a la pelirroja. Su sexto sentido no la engañaba, esa mujer tramaba algo. Y definitivamente ese algo, tenía que ver con Sasuke. La muy atrevida ni siquiera había simulado su interés por su marido, los ojos le brillaban con deseo y malicia. Menos mal que las horas de Karin en la isla, estaban contadas, no tendría que preocuparse más por sus intrigas.
Al llegar a la mesa en la que aguardaba la familia de Sasuke, decidió olvidarse de Karin. Aquella era también su familia, aunque no los recordara y jamás lo hiciera. Se sorprendió bastante cuando el padre de Sasuke se levantó y la abrazó con cariño.
―Sakura, hija, luces maravillosa ―pensó que el serio señor la trataría con formalidad, fue agradable darse cuenta que aparte de Sasuke, alguien más la apreciaba.
―Gracias señor Fugaku.
―Sé que no me recuerdas, pero estoy muy contento de que ya estés bien, incluso me darás un nuevo nieto, eso no puedo pagártelo con nada ―murmuró al tiempo que acariciaba sus mejillas.
―No tiene que hacerlo, para mí es una gran dicha. Señora Mikoto, buenas noches ―su suegra ni siquiera se levantó, solamente le lanzó una tiesa sonrisa.
―Cuñada, un placer verte en tan buena forma. Deja que te abrace también ―el hermano de Sasuke la apretó con cuidado de no lastimarla. Era un hombre grande y fuerte, justo como su marido, eran muy parecidos, aunque Itachi parecía más taciturno, como si algo lo entristeciera.
―Gracias ―besó su mejilla al separarse de él.
―Mira, ella es mi esposa Izumi ―señaló a una hermosa mujer de cabello y ojos castaños que estaba sentada al lado de la madre de Sasuke.
―Mucho gusto, sé que probablemente ya nos conocemos, así que esto debe ser raro, sin embargo como concuñas que somos, me gustaría que seamos amigas, eso si no lo éramos ya ―sonrió con timidez mientras se acercaba a la mujer.
―Claro. Encantada con la idea ―fue la sincera respuesta de la bonita morena.
Se sentó a la mesa con ellos, la conversación entre Sasuke, su cuñado y su suegro, fluyó fácilmente. Hablaban sobre sus negocios y los nuevos socios que podrían salir de aquella velada. Sakura aprovechó que Sasuke se entretenía con cuestiones de su trabajo, para acercarse a su concuña.
―Sasuke me comentó que tú e Itachi tienen tres hijas, pensé que las traerías contigo ―indagó interesada. Le hubiera gustado conocer a las primas de su futuro bebé.
―Ellas se quedaron en Tokio, al cuidado de las niñeras. No es bueno cambiar su rutina de sueño ―Sakura se quedó muda cuando la que le respondió fue su suegra y no Izumi.
―Seguro que podríamos haber cuidado su horario de sueño aquí también ―de ningún modo volvería a bajar la cabeza ante la madre de Sasuke, ahora era una mujer más segura, no permitiría que el fuerte carácter de la matriarca Uchiha, la opacara.
―Bueno, cuando tengas a tu hijo, seguro serás una grandiosa madre ―Sakura apretó los dientes ante el sarcasmo de Mikoto.
―Le aseguro que lo intentaré, y afortunadamente, Sasuke me respaldará. Me hubiera encantado conocer a las niñas, en otra ocasión será Izumi, por supuesto están invitadas a venir a la isla cuando quieran.
―Gracias Sakura, me encantaría ―Izumi le dedicó una amplia sonrisa.
―De hecho, ese es un buen plan. En casa no sales, y Sakura necesita de alguien que la acompañe ahora que está embarazada, tú puedes aconsejarla, amor ―Itachi intervino al escuchar la propuesta de su cuñada.
Sasuke prestó más atención a la conversación de su familia. Itachi tenía un brazo sobre los hombros de su esposa, aprovechando que ella no se alejaría. Le pareció asombroso ver a Izumi sonreír ante la idea de Sakura, su esposa había logrado lo que ellos jamás hicieron, que Izumi se abriera y se sintiera en confianza.
― ¿De verdad lo apruebas? ―Izumi miró de reojo a su marido.
―Sabes que te daría la luna si me la pidieras ―Sasuke ocultó la sonrisa, su hermano tuvo el valor de besar a su renuente esposa en la boca, Izumi no pudo apartarse, por lo que recibió de lleno el apabullante beso de Itachi.
― ¡Itachi, compórtate!
―No seas aguafiestas madre. Itachi sólo le demuestra a su esposa cuanto la quiere ―apoyó Sasuke, sonriendo junto con su hermano que le guiñó el ojo.
Mikoto ya no pudo decir más, era evidente que continuar con su reprobación y malas caras, no la llevaría a nada. Ni siquiera contaba con el apoyo de su marido, mucho menos de sus nueras, por lo que sabiamente apretó los labios y permitió que los demás siguieran disfrutando.
Sakura la pasó muy bien, gozó de la cena y de la compañía. Al final llegaron a un acuerdo de que Izumi y los niños pasarían una corta temporada en la isla, Itachi tenía que hacer un viaje de negocios, así que estaba agradecido de que su hermano cuidara de su familia.
Sasuke no confiaba nada en Izumi. Si por él fuera, no habría apoyado el plan de Sakura, sin embargo, prohibirle relación con la esposa de su hermano, suscitaría sospechas en su mujer. No se arriesgaría a que Sakura pensara que había algo mal con ellos. Decidió extender el contrato de Karin para mantenerlas vigiladas. A su mujer no le iba a gustar nada la idea de que la pelirroja continuara en la isla. Esperaba poder mantener la discusión bajo control, prefería arriesgarse a una pelea con Sakura, a que la pelirosa se enterase de la verdad por boca de su resentida cuñada.
.
―De verdad no es necesario que me acompañes a todos lados Karin ―Sakura se contenía para no estallar.
Izumi y sus pequeñas llevaban un día en la isla, como Sakura había querido que se sintieran cómodas, tomaron esas horas para despejarse y reposar por el largo viaje. Estarían tres días más, así que esa mañana, con sus invitadas ya descansadas y listas, Sakura planeó un paseo por los alrededores y un picnic. Para su mala suerte, Sasuke ordenó a Karin hacerle compañía y auxiliarla en todo lo que necesitase. Aquello fue motivo de ruptura entre ella y su marido.
Sakura riñó que no necesitaba niñeras, menos una tan desagradable como la pelirroja, y Sasuke concluyó que no iba a ceder, Karin se quedaría como su dama de compañía y eso era todo, no habría más discusión. Por supuesto Sakura no tomó aquello de buena manera, así que ahora ella y su marido se encontraban distanciados y disgustados.
―Izumi estará conmigo.
―El señor Uchiha dio instrucciones precisas que debo seguir, señora. Así que si tiene algún problema háblelo con él. Mientras tanto, yo iré con ustedes ―concluyó terminantemente.
―Pero…
―No te esfuerces Sakura, los empleados de nuestros maridos son leales a ellos, no a nosotras, nada de lo que digamos los hará cambiar de opinión.
Sakura apretó los dientes al ver asentir a Karin ante las palabras de Izumi. Sasuke la iba a escuchar de nuevo, aun no podía creer que hubiera puesto a esa mujer como su sombra, sabiendo la animadversión que le tenía.
Intentaron pasar un día de recreación, lo cual fue difícil gracias al constante escrutinio de su "guardaespaldas". Aun así, se las arreglaron para conocerse un poco mejor. Sakura no tuvo mucho que compartir gracias a su falta de memoria, sin embargo, aprovechó para hacerle a Izumi toda clase de preguntas respecto a la maternidad, después de todo, la morena adoraba a sus hijas, por lo que no tuvo reparo en aconsejarla. Pasearon y comieron, además de nadar un poco cerca de la orilla. Al regresar, todas estaban muy agotadas.
Sakura se dirigió a la habitación que compartía con su esposo, él no estaba por ninguna parte, decidida a esperarlo para convencerlo de deshacerse de su fastidiosa guardia, se recostó sobre la cama con su E-Reader, leería uno de los tantos libros que compró por internet sobre el embarazo. Así estaría despierta cuando él por fin se dignara a plantarle cara.
.
―Sasuke… ―Izumi se quedó petrificada al encontrarse a su cuñado en su recamara.
―Hn. ¿La pasaron bien en su paseo? ―se levantó del sillón en el que estuvo esperándola.
―Sabes que sí. Tu espía debió de contarte todo lo que hicimos y dijimos ―cerró la puerta tras ella.
―Cuidado. Yo no soy Itachi, así que te aconsejo que midas la manera en la que te diriges a mí ―advirtió con frialdad.
Izumi se tensó ante la amenaza. Estaba acostumbrada a reaccionar siempre a la ofensiva cuando trataba con su marido, pero reconoció que ver la tenebrosa expresión de Sasuke la atemorizaba. Él llevaba la razón, con Itachi podía portarse todo lo majadera y enojada que quisiera, porque sabía que él no la dañaría, al menos no de la manera que Sasuke haría.
―Me molesta tu cercanía con Sakura. Podrías meterle ideas en la cabeza, mi esposa es dulce, muy inocente, no me gustaría que en tu amargura, dañaras lo que ella y yo tenemos.
―Si tanto desconfías de mí, ¿por qué permitiste entonces que nos invitara? ―cuestionó intentando calmar sus nervios, Sasuke no la atacaría a excepción que ella le diera un motivo, cosa que no pensaba hacer.
―Porque negarme habría sido peor, pero no te equivoques, estoy observándote, cualquier desliz, cualquier insinuación que ponga en peligro mi relación con mi esposa… ―la acechó peligrosamente.
―No tengo intención de decir nada, ni siquiera a qué se dedican todos los Uchiha. Tienes razón, ella luce feliz. Es una mujer hermosa y buena ―rememoró la ilusión de Sakura al enseñarle las fotos de su boda, sin darse cuenta que eran todo un montaje―. Decirle la verdad, únicamente haría que su vida se convirtiese en un infierno. No le deseo a nadie lo que he vivido, así que no la destruiría de esa manera.
Aunque le gustaría tener una aliada en la familia, alguien que entendiera su desesperación y tratara de ayudarla a escapar, no era una egoísta, podía percatarse fácilmente que Sakura era muy dichosa. El tratamiento que usaron con ella era irreversible, decirle que Sasuke era un monstruo que la secuestró y drogó durante meses, sólo para moldearla a su antojo, sería una crueldad. Por más que ella odiara a Itachi y a los demás miembros del clan, no desbarataría el mundo de fantasía de Sakura.
―Hmp. Eres miserable porque quieres, Itachi te adora, si dejaras de ser la perra obstinada que has sido hasta hoy, podrías disfrutar de su amor y de tu familia…
― ¡Eres un cínico igual que él!, tu hermano me secuestró, mis hijas son el resultado de sus abusos… ¿Cómo puedes pedirme que sea feliz con un delincuente como él?...
―¿Y resistirte y ser infeliz de que te ha servido?. Mira a Sakura, ella no me recuerda, pero está decidida a darnos una oportunidad, a ser feliz conmigo y el bebé que espera...
Sasuke no era dado a los sentimentalismos, pero estaba harto de ver el semblante melancólico de Itachi, de saber que cada día él y su esposa luchaban por despedazarse el uno al otro. La terca de su cuñada no podía ver eso, aceptar que si tan solo cediera, su hermano pondría el mundo a sus pies.
―Es diferente, ella desconoce lo que hiciste―susurró confundida ante la intervención de Sasuke, él siempre se había mantenido al margen.
―Podríamos darte el mismo tratamiento.
― ¡No!... no por favor, no quiero olvidar a mis hijas ―sus hijas habían pasado de convertirse de su máxima agonía, a su única felicidad. Eran fruto de la violencia, pero aun así quería recordar siempre el momento en el que las trajo a la vida y le dieron un trozo de la paz que tanto anhelaba, y que su forzado marido le quitó.
―Me parece que lo que te niegas a dejar atrás, es el odio que sientes por Itachi. Reacciona Izumi, llegará un momento en el que mi hermano se harte de tus desplantes, ¿Qué harás cuando suceda?, ¿nunca has escuchado el dicho de que se atrapan más moscas con miel?
― ¿Por qué me estás diciendo todo esto?, ¿a ti qué puede importarte lo que me suceda? ―increpó con resentimiento, a toda costa evitaba escuchar la verdad detrás de las palabras de su manipulador cuñado.
―Me importa mi hermano. Me importa Sakura, que seguro ya te considera una amiga. Ella no tiene mucho en este mundo, así que no quiero quitarle tu compañía, pero no confío en ti, y mientras no lo haga, la única manera de que exista una relación entre ustedes, es que Karin esté de por medio.
―Ya. Sakura la odia. No debiste enviarla a ella.
―No había nadie más. Pero si te portas bien, quien sabe, tal vez en un futuro cercano… ―dejó inconclusa la frase, sabiendo que ella imaginaría el resto―. Me voy, pero piensa en lo que te he dicho Izumi, todavía hay tiempo ―pasó a su lado sin dirigirle otra mirada.
Izumi se dejó caer en la cama, tenía la garganta atenazada y los ojos vidriosos. ¿Sería posible?. Negó con la cabeza, no era la primera vez que se planteaba aquella idea.
Ceder. Darse por fin por vencida y dejarlo ganar.
Por el bien de sus hijas, por su propia tranquilidad… Quería lo que Sakura poseía, esa bendita ignorancia que la mantenía contenta. La pobre chica no tenía ni idea de la bestia con la que vivía, y no lo hacía porque Sasuke se cuidaba de no demostrárselo. Él en verdad parecía quererla mucho como para protegerla así.
Se dio cuenta que para su buena o mala suerte, Itachi la quería de la misma manera. Era un sentimiento enfermizo y egoísta, pero esa obsesión es la que la mantenía con vida todavía. Así mismo, él no gozaba haciéndole daño, por el contrario, era ella la que lo provocaba hasta que terminaba abusándola, así podía justificar su odio. No se engañaba a sí misma, sabía que si continuaba respirando, es porque su marido todavía la deseaba, aun sostenía la esperanza de convencerla de entregarse totalmente a él.
Y lo haría, porque ya no podía más. No conseguía las fuerzas para seguir luchando contra sí misma. Para seguir renegando de su destino.
.
―Qué bueno que continúas despierta ―entró sonriente y se dirigió a darle un beso. Sakura desvió el rostro, por lo que sus labios fueron directo a su mejilla derecha―. Sigues molesta.
― ¿Esperabas que se me hubiera olvidado que pusiste a esa desagradable mujer a vigilarme? ―señaló enfadada.
―No la puse a vigilarte, la puse para tu servicio. Para lo que Izumi, las niñas y tú, pudieran necesitar. Sakura ―se quejó al verla levantarse, alejándose de él.
―Pero, ¿Por qué ella?, sabes que no la soporto. Pensé que se iría terminando la fiesta, no que se quedaría aquí. ¡No la quiero aquí! ―externó malhumorada y herida―. Qué pasó con eso de que si yo te lo pedía te desharías de ella, ¿eran mentiras?
Hasta ese momento Sasuke jamás le negó nada. Le resultaba difícil de aceptar, que justo en algo que le causaba un malestar terrible, como la desagradable imposición de Karin, no quisiera escucharla ni prestarle atención a sus sentimientos.
―Te pones así porque estás celosa. Karin es una empleada excepcional, precisamente por eso está a tu disposición, quiero lo mejor para ti ―intentó tomarla entre sus brazos, pero ella siguió apartándose.
―Pues no parecía mi empleada, parecía mi vigía, mi carcelera. ¿Por qué no puedo ir a ningún lado sin ella?, no soy una niña. Y no son celos. Si tanto quieres conservarla, entonces que trabaje contigo, ¡aléjala de mí! ―exigió alterada.
― ¡Se hará lo que yo diga, y no hay más discusión!, lo siento si no te gusta, lo hago por tu bien, aunque seas incapaz de comprenderlo ―zanjó definitivo.
―Lo que tú digas, qué eres, ¿mi dueño, mi jefe? ¿Ni siquiera lo vas a considerar, no te importa lo que estoy sintiendo? ―lo miró confundida y contrariada.
Desde que abrió los ojos luego de su accidente, se esforzó por asimilar dónde estaba y con quién, aunque no lo recordara, aunque un hombre así le pareciera ajeno e inalcanzable, increíble incluso. Nunca trató a su marido como a un extraño, ni puso en tela de juicio lo que él le contaba sobre su vida y sobre sí misma. Aceptó sus palabras como su realidad. Él había asegurado amarla, entonces por qué se comportaba como si ella no le importara.
―No me mires así ―pidió Sasuke, temeroso de haber causado una fractura irreparable en su matrimonio―. No soy el malo, no contigo ―murmuró desesperado por sostenerla.
―Yo… estoy cansada, quiero dormir ya ―le dio la espalda, abrazándose a sí misma, congelada hasta los huesos ante la desconocida sensación de inseguridad―. Sola ―aclaró, por si él no acababa de entender que necesitaba desmoronarse en privado.
¿Y si por eso no recordaba?, porque su vida no era tan maravillosa como le dijeron que era. Se sacudió aterrorizada. ¿Que si había algo que estaba ansiosa por olvidar?
― ¡No! ―la exclamación de Sasuke la hizo dar un salto―. Sakura no, no me apartes… ―se quedó paralizada al sentir sus fuertes brazos apresarla por detrás―. Lo siento… ―besó su cabello, la giró y la sujetó a su pecho. Implorándole disculparlo―. Si me importa lo que sientas. Solo que olvido que no estoy en la oficina, olvido que contigo mis órdenes no son ley. No me alejes, no me rechaces ―sus besos eran necesitados, percibió su arrepentimiento, su dolor.
―Has sido tú el que me ha apartado Sasuke. Al pasar por encima de mis emociones ―explicó entre lágrimas.
―No llores. No soporto verte llorar.
―Te amo, y me afecta mucho lo que me acabas de decir.
― ¿Qué? ―la miró atónito.
―Te amo… ―repitió, sintiéndose de pronto mal por no habérselo externado antes, sobretodo siendo algo que desde hacía días atrás ya reconocía―. No recuerdo la primera vez que te lo dije, y tal vez nunca lo haga. Pero te aseguro que esta ocasión no lo olvidaré, preferiría haberlo dicho bajo otras circunstancias, pero necesitas entender que me hiciste daño. Eres mi mundo Sasuke, y no lo digo de forma figurativa. Literalmente mi vida gira a tu alrededor. Demuéstrame que soy igual de especial para ti ―exigió envalentonada, con la certeza de que aquel amor sí era recíproco, debía serlo, tenía que serlo o no se hubiera casado con él.
―Lo eres, ¿no lo he dejado claro ya? ―ella suspiró aplacada y asintió―. Eres tan especial, me cautivaste desde el primer instante en el que te descubrí, sentada al frente de nuestra clase, con esa expresión de desconcierto y pavor, te veías tan asustada… quise levantarte y llevarte lejos. Protegerte en una caja de cristal donde nada ni nadie pudieran acercarse a ti y hacerte daño. Pero luego el timbre sonó y el profesor entró, tuve que guardar mis intenciones para después ―si ella supiera que tan ciertas eran aquellas palabras, saldría corriendo.
― ¿Qué tanto esperaste? ―quiso saber con una sonrisa, ilusionada ante el recuerdo que Sasuke le estaba confiando.
―Hasta que estuviste lista ―besó tiernamente la punta de su pequeña nariz, luego rozó sus labios en un casto toque.
―Gracias. Hiciste lo correcto, adoro mi caja de cristal ―admitió señalando a la pared de vidrio, desde la que podía contemplarse una gran parte de la isla.
―Hn, sabía que lo apreciarías. Te amo, siempre serás mi prioridad. Te daré todo lo que me pidas ―todo menos la verdad… menos tu libertad, admitió para sí.
Todas las reservas de Sakura cayeron ante la sincera mirada de su esposo. Lo besó con pasión, reiterando en ese beso sus emociones. En aquel instante no le hacía falta otra cosa, ni siquiera sus recuerdos. Su mente ahora estaba fija en disfrutar su presente y en construir un futuro al lado del hombre de su vida.
.
Karin no volvió a significar un problema, a la mañana siguiente fue enviada a la ciudad. Sakura se sintió mejor al saber que la pelirroja seguía contando con trabajo, pero fuera de su vista y de la de Sasuke. Disfrutó de una semana conviviendo con su concuña y sus sobrinas. La actitud de Izumi tuvo un cambio radical, se mostró más risueña, abierta y feliz. Sakura supuso que era debido a que ya no estaba la negativa presencia de Karin para coartar sus interacciones.
Los días dieron paso a los meses. Sakura dio a luz a una hermosa niña, su suegro se mostró desanimado al saber que no era un varón, pero al ver que era la misma imagen de Sasuke y de casi toda la familia Uchiha, la decepción se le fue de inmediato.
Su existencia era maravillosa, vivían todo el año en la isla, Sasuke manejaba sus negocios desde ahí, dejándola sola únicamente cuando algún trato requería de su completa atención. Aquel paraíso se convirtió en su refugio, contaba con todas las comodidades y servicios que ella y su familia pudieran necesitar, por lo que nunca se les ocurrió regresar a la ciudad. Sin embargo, a veces era inevitable viajar hasta allá, como en esa ocasión, en la que debían asistir al primer cumpleaños del quinto hijo de su cuñado.
― ¿Qué tal este mamá? ―Sakura dio un respingo al escuchar la vocecita de Sarada.
Su pequeña de cuatro años, le mostraba con entusiasmo un llamativo juguete. Con una sonrisa nerviosa le dio un asentimiento de aceptación a su dulce niña.
―Estoy segura que a tu primo le va a fascinar ―tomó a su hija de la mano y se dirigió hacia las cajas de la exclusiva tienda.
Por eso no le gustaba la ciudad. Le daba una sensación de inquietud estar rodeada de tantas personas. Pero su hija insistió en que quería pasear por el centro comercial y escoger el regalo ella misma, por lo que sus padres no pudieron negarle su deseo. Sabía que estaban siendo seguidas por tres de los mejores guardaespaldas de su marido y, que Sasuke no estaba muy lejos de ahí, sin embargo, no lograba calmarse.
― ¿Sakura, Sakura Haruno? ―inquirió una mujer a su espalda―. ¡Por dios eres tú! ―señaló sorprendida al verla girarse―. Te ves tan diferente, ¡pareces otra!
Atrajo a su hija hacia ella, envolviéndola de manera protectora. Sarada se abrazó a su cintura, escondiendo la cara contra su vientre. Miró con recelo a la rubia frente a ellas, era una mujer probablemente de la misma edad que la suya, iba acompañada de un hombre que parecía ser su pareja, ya que estaban muy juntos. Ambos la miraban con asombro, como si estuvieran viendo una aparición.
― ¿No te acuerdas de mí, de nosotros? Somos Ino y Sai, ¿Qué te sucedió?, de repente solo desapareciste ―se acercó con una sonrisa.
Sakura retrocedió dos pasos. Aquellas personas eran completamente extrañas. Comenzó a mirar hacia todos lados, buscando una ruta de escape. ¿En dónde estaban sus guardaespaldas cuando los necesitaba?, ¿Por qué no acudían a ayudarla?, ¿acaso no se daban cuenta lo agobiada y perturbada que se encontraba?
― ¿Qué… qué sucede? ―la mujer titubeó al verla apartarse.
― ¡Sakura!
La capacidad de respirar le llegó de golpe. ¡Sasuke!.
― ¡Papi! ―Sarada se soltó de su agarre y corrió hacia Sasuke, que se acercaba rápidamente en su dirección.
Se dio la vuelta, olvidando a los desconocidos que aguardaban su respuesta. Acortó el camino y llegó al lado de su marido, su niña ya se hallaba colgada de las piernas de su padre. De inmediato tomó de los brazos de él, a su hijo Shisui de dos años y medio. Abrazó con fuerza a su bebé, olfateando sus sedosos cabellos negros y tranquilizándose con su aroma. Sus vivaces ojos verdes se animaron al verla.
―Creo que… nos hemos confundido de persona. Disculpen, con permiso ―al ver al hombre recién llegado, lo reconocieron en seguida.
Sasuke Uchiha, su ex compañero de colegio, y a juzgar por todos los hombres trajeados que lo custodiaban, por fin se había convertido en todo un líder mafioso. La mujer pelirosa a su lado, obviamente se hallaba bajo su protección ―o su yugo, aunque lucía muy contenta de estar en compañía de tan temido personaje―, así como los hermosos niños que se mantenían pegados a ellos, sus hijos. Se apresuraron a partir antes de que tomara represalias, decididos a dejar olvidado aquel episodio por su propio bien.
Sasuke revolvió la cabeza de su hija, distrayéndola y llamando su atención. Con una aguda mirada, le indicó a dos de sus hombres alcanzar a la pareja. Había que cerciorarse de que no dieran problemas.
― ¿Has conseguido el regalo de Izuna? ―la levantó en brazos dándole un sonoro beso en la frente.
―Sí ―mostró orgullosa el bonito juguete―. Mami, ¿Quiénes eran ellos?
―No- no lo sé. Nadie importante hija, ahora que está aquí papá, tenemos que apresurarnos, no queremos llegar tarde a la fiesta, ¿verdad? ―distrajo a su hija con lo que intuía sería más trascendente para la niña.
Transmitirles a sus hijos su aprensión, era lo último que pretendía. Se dejó guiar por la fuerte mano de su esposo. Ya afuera, instalados cómodamente en el vehículo familiar, suspiró sosegada.
― ¿Estás bien?
―Sí. Yo… estoy tan feliz, que a veces olvido que mi vida no comenzó cuando desperté a tu lado aquella mañana, hace ya casi cinco años ―habló libremente, Sarada repasaba su lección de inglés a través de sus audífonos, y Shisui comenzaba a dormirse en su sillita―. ¿Está mal que no me importe? ―cuestionó sin afectación.
―Hn. Cualquier cosa o persona que se haya quedado atrás, es prescindible. Esto ―entrelazó sus dedos en un fuerte apretón―, ellos ―señaló a sus hijos, luego a su vientre ligeramente abultado, donde su tercer hijo comenzaba a formarse―, es lo que realmente interesa ―besó cada uno de sus nudillos, culminando con un vehemente y apabullante beso en su boca.
―Te amo ―articuló cuando sus ávidos labios pudieron separarse―. Ahora, vámonos antes de que Sarada se dé cuenta que no nos estamos moviendo ―rió al imaginarse el regaño de su pequeña―. Dios no permita que tu lindo peanut llegue tarde ―dejando atrás el incómodo rato que pasaron en la tienda, partieron por fin hacia la casa de su cuñado.
.
.
―¿No amas esto?, ver sus sonrisas y saber que son todas tuyas ―preguntó Itachi concentrado a lo lejos, donde Izumi y Sakura charlaban y reían, ambas cuidando a sus hijos menores que jugaban el uno con el otro―. Ha valido la pena, ¿cierto?
―Cada segundo ―contempló a Sakura con el ardor y la misma hambre que la primera vez que la vio.
―Nunca me cansaré de agradecerte lo que hiciste por mi matrimonio.
―No fue gran cosa, afortunadamente la revoltosa de tu esposa entendió por fin su lugar ―bebió de su sake.
Itachi hizo una mueca ante el tono de su hermano al hablar de su mujer. Sasuke jamás le tendría afecto a Izumi, pero eso carecía de relevancia. Mientras ella fuera la mejor amiga de Sakura, estaría en buenos términos con ella.
―Dos antiguos compañeros la reconocieron en el centro comercial ―platicó con calma.
Observó con atención la serena expresión de Sasuke, su hermano menor era lo que podría considerarse un mal hombre ―todos en la organización lo eran―, pero, al atestiguar la absoluta devoción con la que observaba a su inocente Sakura, otra faceta de él salía a la luz. Una que lo volvía más letal y espeluznante.
―Ella… ¿recordó algo? ―indagó interesado. Siempre tuvo la curiosidad de si el tratamiento era tan eficaz como Sasuke pregonaba, o si por el contrario, bajo el estímulo adecuado, Sakura recordaría todo.
―Nada ―sonrió cuando Sarada corrió hasta ellos, pidiéndole que le sostuviera los zapatos que acababa de quitarse, para jugar con libertad sobre el pasto.
― ¡Cuídalos papi, son mis favoritos! ―se apresuró a alcanzar a sus primas.
― ¿Qué hiciste con ellos? ―exigió expectante.
―Lo que debía ser hecho ―se alzó de hombros indiferente―. Nadie amenaza la paz de mi familia ―decretó sombrío. Su hermano lo miró comprensivo, dándole su muda aprobación.
Sasuke regresó la vista hacia ella. Sakura le sonrió y le dijo hola con la mano, a la vez que se sentaba a Shisui en las piernas y lo señalaba para que el pequeño lo saludara también. Su hijo blandió la manita, desesperado por llamarlo.
Les devolvió el gesto. Recargándose plácidamente en su silla, con la tranquilidad que le daba, la seguridad de que Sakura era suya. La única verdad definitiva, es que le pertenecería por siempre, y que ni el mismo Diablo en persona, lo alejaría de ella jamás.
.
.
.
.
¡Hola!
Bueno, quiero empezar comentando algo que me pasó con esta sugerencia. Me costó trabajo, la verdad me fue algo complicado asimilar la idea, no supe identificar exactamente lo que chocolatito quería respecto a la historia. Traté de englobar en la trama lo que pidió, pero por primera vez no sé si lo logré, jajaja. No sé si quería que Sakura nunca supiera nada, o que recordara, o que se lo dijeran, etc, etc. Al principio el one había tomado una dirección que después de que leí y releí por centésima vez el mensaje de chocolatito, cambié; asumiendo por sus palabras que la intención es que Sakura siguiera en su mundo de ignorancia y jamás lo supiera. En fin, la otra idea que creé primero, era más complicada, por lo que me habría tardado más en terminarla.
Concluyendo, chocolatito: aunque no sé si realmente era lo que querías, espero que si llegas a leer el shot (ya que es una complacencia muy muy antigua y no sé si sigas por aquí, de hecho por eso me tomé la libertad de colocar a Sarada, porque en aquel entonces nadie sabía que iba a existir así que no la sugerían), lo disfrutes. Me gustó como quedó, ya ustedes dirán si también les pareció bueno. Obviamente no es un fic normal, pero tampoco creo que alcance el estándar de darkfic.
Tengo en espera otros escritos y por supuesto muchas ideas que me han enviado, las cuales son muy buenas y espero poder concretarlas. Una en particular es un triángulo amoroso Ita-Saku-Sasu, ya lo estoy trabajando, pero como siempre me sucede, me voy de largo con las palabras, hasta ahorita va en 25 mil y no he podido concluirlo. Por cierto, no tengo ni idea con quién deba quedarse Sakura, para inspirarme he visto varios vídeos de Naruto, con las mejores partes de Itachi, y me renació el amor por el personaje, por lo que me gustaría darle un final feliz por lo menos aquí, pero a la vez el SasuSaku es mi vida, y sacar a Sasuke de la ecuación es impensable, jajaja. Pregunta seria, les parecería muy impactante que me ideara un trío ¿?, jajaja. ¡Help! =D
Agradezco a quienes se pasen a leer, a las/los que comenten, den favoritos o follow. De veras gracias por el apoyo.
Les envío un fuerte abrazo y un cordial saludo. ¡Nos leemos pronto!
P.d. Otra pregunta interactiva ;P, ¿De las complacencias, cuál ha sido su favorita hasta ahorita, y por qué?, conocer sus intereses servirá para posteriores escritos. A las/los que me ayuden con la encuesta, muchas gracias. Hasta luego.
.
.
¡SasuSaku CANON!
.
.
