Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Trama y narración pertenecen a mi autoría
.
Esta historia únicamente se publica en este sitio, prohibido tomarla y colocarla en otro lado.
.
.
.
Undécimo One de la serie Complacencias
.
.
.
Clasificación: M (Lemon, lenguaje altisonante, y lo que se acumule)
Personajes: Itachi/Sakura/Sasuke
Categoría: Romance, drama.
Advertencias: OoC, sobre todo en los personajes de Naruto y Minato N.
Femele: "Es envolvente la forma en la que desarrollas tus historias y te pido que me complazcas con una que tenga carreras de carros, escolar, mafia, triángulo amoroso Itachi-Sakura-Sasuke. Donde Itachi trabaje como parte de la mafia pero sea bueno, y Sasuke venga de un internado, y a Madara como líder de la mafia conformada por Akatsuki... y no se deja fluir tu gran imaginación".
.
.
.
"Triángulo de cuatro lados"
Parte I
.
.
.
Los precisos golpes contra el saco de box resonaban por toda la habitación, el gimnasio era uno de los espacios más amplios y luminosos en su ático. El eco de los puñetazos se oía fenomenal rebotando en cada extremo del lugar.
Disfrutando de su soledad, se concentró en perfeccionar sus movimientos. Gracias a su ascenso dentro de la organización, hacía tiempo que no peleaba en las jaulas, sin embargo, le gustaba mantenerse en forma. Nunca se sabía cuándo podía venir algún peleador novato a querer quitarle el título de invicto, que él poseía desde los quince años.
Lanzando algunas rápidas patadas más, dio por finalizada su tercera tanda de ejercicios. Se acercó a la pequeña nevera y sacó una botella con agua, vaciándola sobre su sudada cabeza y tomando algunos sorbos. Miró por el gran ventanal, aprovechando los cinco minutos de descanso que le quedaban. Había algo maravilloso en atestiguar el amanecer desde aquella vista. Toda la ciudad parecía postrarse a sus pies, parpadeó cuando los primeros destellos del Sol lo cegaron. Sería un caluroso día.
Tronando los músculos de su adolorido cuello, y secándose las gotas de agua remanentes de su cara y torso, regresó a su rutina. Su cabello largo le obstaculizaba la visión, por lo que tomó la liga que mantenía siempre en su muñeca y se ató la negra cabellera en un descuidado y masculino moño. Konan le sugería continuamente que se cortara el pelo, él simplemente se reía, sabía que su amiga estaba celosa de su espesa y bien cuidada melena.
Olvidándose de las trivialidades, volvió a la carga sobre el costal, golpeándolo con una explosión de renovada energía.
— ¿No crees que abusas?, ese pobre saco no te puede responder, está indefenso a tus ataques —cantó una burlona voz tras él.
—Hn, entonces tal vez alguno de ustedes debería ayudarme con mi entrenamiento —sugirió acercándose hasta los recién llegados.
Sasori, un pelirrojo con cara de modelo. Deidara, un irreverente rubio, especialista en explosivos. Y Yahiko, su mano derecha.
De todos sus compañeros y amigos dentro de la familia, aquellos tres eran sus favoritos. El trío siniestro, contaba con su total confianza. Desde muy niños se habían acompañado en las buenas y en las malas. Perdió la cuenta de todas las ocasiones en las que se salvaron la vida unos a otros.
—Eso no va a suceder, la última vez tuve que acomodarme la nariz yo solo, fue jodidamente doloroso, no gracias —rió Deidara, apartándose de inmediato.
— ¿Qué tal tu Sasori?, prometo no golpearte en el rostro —provocó, sabiendo que aquel era el punto débil del vanidoso pelirrojo.
—Ja, ja. Púdrete imbécil, esta preciosidad está valorada en millones, no dejaré que tus puños de gorila estén ni a tres metros de ella —reía al tiempo que se dirigía a buscar una bebida energética.
—Eso me deja entonces una sola opción —señaló divertido.
—Sé paciente, estoy algo oxidado —Yahiko se quitó la camisa, era una prenda de dos mil dólares, no la estropearía con su sangre.
—Oh si, duelo legendario. ¡Yahiko, alias Pain, contra el prodigio invencible de la jaula, la bestia Itachi Uchiha! —ovacionó Deidara dejándose caer en la máquina de pesas más cercana.
—Cuidado Yahiko, recuerda que la vez pasada que entrenaste con Itachi, Konan casi te lanzó fuera de casa porque estabas tan estropeado que no tenías aliento ni para follarla.
—Vuelve a nombrar a mi mujer, y te aseguro que todos los millones del seguro serán insuficientes para reparar tu cara de muñeco —advirtió sin quitarle la vista a Itachi, que ya estaba en guardia.
Ambos acallaron las risas a su alrededor. Itachi comenzó a sentir la adrenalina bombeando por su cuerpo. Extrañaba tan adictiva sensación, ese momento en el que su vida dependía de sus instintos. Las peleas, las carreras, lo clandestino. Madara no le prohibió directamente dejar de lado aquello, no obstante, él sabía que sus capacidades debían enfocarse en otros aspectos más importantes del negocio. Las apuestas, ya eran trabajo de alguien más. Kakashi Hatake, un miembro de la organización de los Namikaze, que sólo trabajaba con ellos, debido a que Madara estableció una sociedad con la mafia del Este.
El primer golpe de Yahiko fue rápido y directo, Itachi apenas pudo esquivarlo. Conocía bien la manera de pelar de su amigo. Ese fue un movimiento distractor. Yahiko proyectó una tanda de patadas, Itachi cubrió sus costillas, soportando el ataque sin mayor daño. Al percatarse de una apertura en la defensa de su oponente, atacó. Su puño conectó directamente en la sien del hombre. Yahiko no se amilanó, sobrellevó el golpe y lanzó también el suyo, estrellándolo en el pecho de su amigo.
— ¡Paren, tiempo fuera!
Los dos se pusieron firmes y giraron hacia donde Sasori acababa de descolgar el teléfono de la pared.
—Madara. Quiere hablar contigo —le cedió el aparato al de cabello negro.
—Aquí Itachi. ¿Qué sucede? —cuestionó extrañado, su padrino/tío/jefe, no solía molestarlo a esas horas.
—Se trata de Sasuke —la profunda voz sonó aburrida.
— ¿Le ha pasado algo? —se puso rígido al oír el nombre de su pequeño hermano.
—Nada grave, bueno, al menos no para mí. Aunque seguro a ti te afectará. El mocoso cabrón, por fin logró que lo echaran del internado —explicó repentinamente divertido.
Itachi se tragó un gemido. Era la sexta vez que expulsaban a Sasuke. A lo largo de aquellos años, su hermanito se las había ingeniado para pisar los mejores internados de Suiza y a su vez, ser vetado en la mayoría de ellos.
— ¿Qué hizo? —realmente no quería enterarse, pero necesitaba saberlo y averiguar si sería perdonado y aceptado de nuevo.
Por nada del mundo quería a su hermano en la misma ciudad que Madara. Sasuke obviamente no estaba de acuerdo con él, y no porque deseara estar cerca de su tío y tutor, sino porque su hermano anhelaba estar con él.
—Robó el auto del director, y se escapó junto con otros compañeros para organizar una carrera clandestina a las afueras de Zúrich. El auto terminó destrozado en una zanja, no te preocupes, tu hermano no tiene ni un rasguño. Así que no, no hay redención para él esta vez Itachi.
—Joder —murmuró resignado. Por lo menos Sasuke estaba bien.
—No hay más opción. Te advertí que si volvía a cagarla, tendríamos que traerlo a casa, hay que meterlo en cintura, antes de que se convierta en un peligro.
—Madara, sólo busca atención. Arreglaré todo para ir a pasar un tiempo con él, lo calmaré, haré que me prometa comportarse mejor. No lo quiero de regreso —concluyó molesto.
Se apresuró a planear su viaje, posiblemente podría ausentarse unos pocos días, esperaba que fuesen suficientes para contentar a su hermanito y que accediera a terminar el colegio en Suiza, luego continuar con su carrera universitaria en Inglaterra. Mientras más lejos estuviera de allí, más tranquilo se sentiría. Él no había podido librarse del legado familiar, pero Sasuke no se vería arrastrado por ese mundo de sangre y muerte.
—Lo que tú quieras es irrelevante Itachi. Las oportunidades de Sasuke han terminado. Y tú eres demasiado ingenuo si piensas que puedes seguir excluyendo a tu hermano de esto. Él también es un Uchiha, su lugar está aquí, dentro de la organización, es hora que se convierta en un miembro útil para la familia. En un hombre hecho a sí mismo, que se rija por el código, como tú. Si continúas sobreprotegiéndolo, sólo lograrás convertirlo en un inepto —decretó con apabullante sinceridad.
—Él es mejor que esto —apretó con rencor el aparato, casi estropeándolo.
—Esto es lo mejor a lo que podrá aspirar. Suficiente Itachi, tu capricho de verlo convertido en abogado, no eran más que sueños absurdos. En memoria a tus fallecidos padres, te dejé decidir sobre el chico, mira lo que hizo. No más. Sasuke viene en camino. Permitiré que viva contigo, moldéalo a tu imagen. Ah, no creo que sea necesario subrayarlo, pero, por si acaso, estoy hablándote como tu jefe. Esto es una orden, no una petición —advirtió terminantemente mientras colgaba.
— ¡Hijo de puta! —envió el teléfono a chocar contra la pared, volviéndolo añicos— Maldito bastardo…
Sus amigos lo observaban preocupados. Yahiko fue el que tuvo la valentía de acercarse y preguntarle qué le sucedía. Aunque claramente el estallido de Itachi estaba relacionado con Madara. El jefe era el único capaz de lograr que su camarada perdiera su temperamento de esa forma.
—Va a iniciar a Sasuke —escupió apenas controlando su arrebato—. No voy a dejar que se apropie de mi hermano.
—Bueno, no es como si el chico fuese un pobre niño inocente. Y que Sasuke esté contigo, será lo mejor. Lejos te era muy difícil vigilarlo, al menos aquí puedes ser tú el que lo guíe.
—Sasori tiene razón, el muchacho estaba convirtiéndose en una bala perdida, amigo. Aquí estará bajo nuestra tutela. No te preocupes, te ayudaremos a controlarlo y a alejarlo de la influencia de Madara.
Asintió con entereza. Lo que Sasori y Yahiko expresaban, es lo que él ya sabía, pero que se negaba a analizar y aceptar. Su hermano no era ningún santo, él creía que el comportamiento borde de Sasuke se debía principalmente a su edad y al hecho de mantenerlo en el exilio desde muy niño. Pero reconocía que era hora de actuar, de lo contrario, Sasuke podría transformarse en un verdadero problema. En fin, renegar de la situación sería una pérdida de tiempo, únicamente esperaba que su hermano no le pusiera las cosas difíciles, y que aun tuviera alguna clase de poder sobre el adolescente rebelde que estaba por caerle encima.
.
.
El pitido de la alarma la sacó de su sueño. Tanteando torpemente la mesita de centro, dio por fin con el botón de apagado del fastidioso reloj despertador. Sentándose sobre la gigantesca cama de cuatro postes, removió la ligera manta de flores que la cubría. Parpadeando y bostezando, comenzó a estirar sus extremidades, no era una chica de mañanas. Cuando terminó de desperezarse, consiguió los ánimos suficientes para correr las cortinas y hacer que el sol alumbrara por completo su amplia y bonita habitación.
Se duchó, vistió y peinó, ingeniándoselas para que le quedara tiempo suficiente para desayunar. Tomó su mochila y se miró por última vez en el espejo de cuerpo completo. Asimilando lo que tenía días negando, el uniforme ya le quedaba pequeño. Ganó unos centímetros más de altura, así mismo su pecho había crecido dos tallas extra el invierno pasado, por lo que los botones de la blusa apenas le cerraban, menos mal la chaqueta cubriría sus atributos. Intentó bajar un poco su falda, hasta ahora pudo librarse de que sus padres no le llamasen la atención.
— ¿Tendré que comprarme otros uniformes? —se planteó dubitativa.
Ya tenía un montón de ellos, lástima que eran de la misma talla inservible. A pesar que sus guardianes poseían una inmensa fortuna, producto de los turbios negocios de la mafia, le desagradaba acarrearles gastos innecesarios. Sólo le quedaba medio semestre más en el colegio, bien podía aguantar esos pocos meses así. Se alzó de hombros restándole importancia, nunca fue una joven a la que le preocuparan mucho esas banalidades.
Encontró a Kakashi y a Kurenai ya sentados en el comedor, esperándola como cada mañana. Se dirigió a su lugar después de darles un beso en la mejilla a cada uno. Una de las empleadas se apresuró a servirle en cuanto se acomodó al lado de su padre.
— ¿Cómo amaneciste hija? —Kakashi dejó de lado el periódico que leía, concentrando toda su atención en la hermosa jovencita.
Sakura le sonrió alegre, bromeando después con la posibilidad de asistir al colegio por las tardes para no tener que levantarse tan temprano. Kurenai rio junto con ella, la chica era el centro de sus vidas, la luz que iluminaba su sucia y pecadora existencia.
A pesar que Sakura no era su hija biológica, y que Kurenai no era el amor de su vida, Kakashi adoraba a su familia. La cual estaba compuesta por la viuda de uno de sus mejores amigos Asuma Sarutobi, y la niña huérfana del matrimonio Haruno. Era responsabilidad de la organización cuidar de ellas, debido a que, sus familiares habían sido leales a los Namikaze.
Jamás se dejaba desprotegido a nadie que naciera dentro de su círculo. El modo en el que fue elegido para tal honor, fue muy simple. Él era el único soltero —con una posición privilegiada por ser uno de los subjefes de Minato—, para asumir el cargo de las dos mujeres. Cosa que hizo con mucho gusto. A Kurenai la tomó como su esposa, y pensaba serle fiel hasta la muerte. A Sakura como hija, moriría por ella.
Había sido testigo de su nacimiento y de sus primeros pasos. Kizashi y Mebuki fueron asesinados antes de escucharla hablar, en un ataque masivo organizado por la mafia del Sur, el mismo en el que Kurenai perdió a su esposo. En esos días, su niña contaba con diez meses de edad, una bebé preciosa. Con enormes ojos verdes y cabello lacio y rosado. Fue amor a primera vista, en el instante en que Minato se la entregó en los brazos, llorando e hipando, la adoró.
Recordó cómo se prendió a su cuello, abrazándolo con fuerza, exigiéndole calmarla y cuidarla. Con ayuda de Kurenai, lo hizo. La primera palabra fue papá, la segunda galleta, la tercera jódete —nunca dijo que ser padre fuese fácil—, y la cuarta mamá. Cuando tuvo edad suficiente, le contaron la verdad. Sakura era una niña muy madura y lista, por lo que aceptó y superó su situación. En ningún momento dejó de llamarlo papi, tampoco perdió aquella complicidad de madre e hija que tenía con Kurenai.
Todo marchó bien, hasta que tuvieron que irse. Su capo le encomendó una misión que sólo alguien con sus conocimientos podía llevar a cabo, así terminó convirtiéndose en el enlace entre Minato y Madara Uchiha, jefe de la mafia en el Norte, los Akatsuki. No es lo que hubiera elegido, menos cuando había tenido que desarraigar a su esposa e hija de todo lo que conocían. Pero tampoco pudo negarse. Sacarlo del Este no fue nada más por trabajo.
Para su buena o mala fortuna, Sakura había dejado de ser una niña hacía tiempo ya. Y era tan exótica y espectacular, tan única, que lamentablemente atrajo y mantuvo la atención del sucesor de Minato, sobre ella. Naruto Namikaze. Aquello no habría generado un problema, de no ser porque el hijo de su jefe tuvo que ser comprometido con la heredera de los Hyuga, otra de las poderosas familias que controlaban el mismo territorio, y con quien Minato no quería problemas.
Así pues, se tomó la decisión de alejar la tentación del joven, para prevenir alguna tragedia. Como un buen gesto de Minato hacia su nuevo socio, llevaba encargándose un año ya, del sistema de apuestas de Madara Uchiha. Su misión era coordinar y simplificar cualquier acto legal e ilícito que pudiera generarles grandes ganancias económicas. Desde carreras de caballos, galgos, autos; hasta luchas en cuadriláteros, peleas callejeras y encuentros de box. Así como partidos de fútbol, de rugby, hockey, etc.
Hasta ahora todo fluía muy bien en su trabajo con los Uchiha, Madara estaba más que satisfecho con el dinero que le hacía ganar a diario, por lo que se aseguraba de tenerlo contento.
Sin embargo en casa, las circunstancias no eran las mejores. Su hija no salía nunca de la mansión, lo único en lo que se concentraba era en sus estudios, por supuesto era la mejor alumna y eso estaba bien, pero sólo hasta cierto punto. A Kakashi le gustaría verla más alegre, rodeada de amigas de su edad y comportándose como una jovencita, no como una ermitaña de ochenta años. También le encantaría que se encontrara un pretendiente, así eliminaría definitivamente la amenaza de Naruto Namikaze, que a juzgar por sus llamadas y mensajes constantes a su niña, seguía obsesionado con ella.
—Bueno, queda la mitad del semestre solamente, tres meses y se acaba el tormento de las mañanas —la consoló con cariño.
—En eso tienes razón papi. Pronto tendré el resto de mi vida para pasármela durmiendo hasta tarde —su sonrisa decayó.
Ella era lo que podía considerarse una princesa de la mafia, por lo que su futuro ya estaba perfectamente trazado. Porque era el mismo que compartían todas las demás mujeres nacidas en su condición. Ella no tendría la oportunidad de ir a la universidad y estudiar una carrera, de lograr una profesión y ejercerla en el mundo real. No, lo que le aguardaba era el título de esposa y madre. Esposa de un hombre de alto rango así como su padre, con una posición codiciada dentro de la organización. Ahora, lo que desconocía era en cuál de los dos grupos criminales a los que su papá servía, estaría el elegido para ella.
— ¿Volveremos algún día al territorio del Este, papi?, ¿o mi esposo pertenecerá al Akatsuki? —recordó un detalle que le heló la sangre.
—Sakura. Sabes cómo es esto, créeme que daría mi vida si supiera que con eso puedo salvarte de ese destino, pero no es posible. Conoces nuestras reglas —cogió su mano por encima de la mesa.
—Lo sé papi. Los hombres dominan y cuidan de sus mujeres —apretó la cálida palma de su padre, agradeciendo el apoyo que le proveía.
Su existencia no era culpa de él, sino de sus padres biológicos, quienes decidieron traerla a un mundo tan prohibitivo y reducido. En el que jamás tendría la posibilidad de cumplir su sueño de ser doctora.
—No puedo evitar que tengas que casarte algún día con alguien como yo, pero te aseguro que cuando suceda, lo harás con el hombre que tú elijas. Eso es algo que sí puedo prometer —afirmó determinante. Él tendría la última palabra sobre los prospectos de Sakura, si no podía darle a su hija lo que quería, al menos se aseguraría de que fuese feliz.
—Gracias papi. Hay algo que tienen que saber —miró con cuidado hacia su madre, luego regresó la vista a su padre—, no quiero casarme con alguien de la familia del Este —informó más seria de lo normal.
— ¿Huh?, bueno eso es una sorpresa, nena. Hay varios chicos ahí que serían excelentes opciones para ti. Prácticamente te criaste con Shikamaru, Chouji, Gaara, ellos tendrán puestos muy importantes… —Kurenai guardó silencio al verla hacer una mueca.
—Lo sé, pero es que Naruto-… —se mordió el labio con fuerza, conteniendo lo que temía develar.
— ¿Qué pasa Sakura? —Kakashi se hacía una idea, esperaba estar equivocado—. ¿Qué te dijo Naruto?
—Él… él dijo que… que… —repetir aquella conversación la llenó de pavor.
Conocía al rubio desde la cuna. Naruto había sido un niño alegre, espontáneo y muy tierno, era su mejor amigo y lo adoraba porque siempre estaba con ella, haciéndola reír. Conforme pasaron los años, incluso se planteó la posibilidad de convertirse en su esposa, es lo que él quería, así que se lo repetía desde los doce años. Sin embargo, esa idea quedó descartada cuando Naruto fue iniciado en el negocio de su padre.
Todo hombre dentro de la mafia, debía endurecerse. Convertirse en alguien apto para portar con orgullo el tatuaje que los identificaba como miembros de la organización. Para ello, muchos perdían gran parte de su humanidad. No se engañaba, sabía que todos a su alrededor estaban cubiertos de sangre, su padre incluido. Pero al menos Kakashi se esmeraba por ocultar aquella fea faceta de sí mismo. Naruto en cambio…
—Que si me casaba con alguien que no fuera él… convertiría la celebración en una boda sangrienta…
Se estremeció cuando su padre golpeó la mesa con su puño. Su madre soltó un jadeo.
—Por eso no quiero regresar. Si me caso con alguien de aquí, ¡Naruto se quedará en paz, no creo que él pueda cumplir su promesa tan lejos de sus dominios! ¿Cierto? —indagó insegura.
—Ese chico está fuera de control. Hablaré con Minato para que lo vigile. No puedo creer que te haya amenazado.
—Bueno, es el siguiente en la línea de mando, se cree intocable —supuso Kurenai angustiada.
—Logré calmarlo, le dije que no pensaba casarme nunca, claro que lo que él entendió es que estoy dispuesta a ser su amante. Papi, Naruto sigue esperando que regrese, no podemos volver…
—Jodido crío. Piensa que puede rebajarte de esa manera. Eres una Hatake, te casarás de blanco, con alguien que te respete y te trate como una reina. No importa si tengo que quedarme al servicio de Madara para siempre, no permitiré que Naruto te ponga las manos encima. He conocido a varios miembros del Akatsuki, nena, entre ellos puede estar el hombre que quieras como esposo. Apuesto que darían su brazo derecho por una cita contigo —aseveró intentando calmarse.
—Gracias papi, cuando llegue el momento me encantará conocerlos —se levantó y se abrazó a él, Kurenai sonrió al ver que la tensión de Kakashi se disipaba rápidamente, nada como Sakura para aplacar la parte sanguinaria de su marido.
—Bien. De todas formas le advertiré a Minato, Naruto podría hacer una estupidez y ofender a los Hyuga, si eso pasa, destruiría la alianza que tenemos con ellos. Eso significaría una guerra. Minato es el más interesado en evitar que eso pase. Estoy seguro que le pondrá a su hijo una correa. Ahora vamos, te llevaré a la escuela.
Sakura se despidió de su madre y partió junto a Kakashi. Lo conocía lo suficientemente bien para saber que se hallaba muy afectado todavía, tanto que necesitaba sentirla cerca, y cerciorarse de que estaría bien.
—Sakura, lo mejor será que no vuelvas a hablar con él —advirtió encendiendo el auto.
—Eso pensé. Pero si dejo de contestar sus mensajes y llamadas, sospechará que algo sucede. Sé que cree que estoy de acuerdo con sus planes, pero funciona de momento papi. Naruto no ha hecho alguna locura.
—No las hace, sólo las piensa —murmuró para si—. Está bien, pero no le des alas, sigue la corriente y ya, bebé.
—De acuerdo —prometió. Ahora que Kakashi sabía de las amenazas de Naruto, se sentía segura, su padre la protegería.
.
—Listo, llegamos. He aquí tu nueva guardería. No lo arruines mocoso, a tu hermano le costó trabajo conseguir que te aceptaran a mitad de semestre.
Sasuke se mofó con gesto socarrón. Contempló el inmenso e imponente edificio frente a él. Como todas las escuelas en las que había estado la mayor parte de su vida, era un colegio de ricos. Pero, a diferencia de los anteriores, en este se encargaban de educar a personas como él. Miembros e hijos de la mafia.
—Te recogeré aquí mismo a las tres en punto, no me hagas esperar, ¿entendido? —advirtió el rubio de cabellera larga.
—Si Itachi me hubiese prestado uno de sus autos, no tendrías que servirme de chófer.
—Chico, después del desastre que hiciste en Suiza, tendrás suerte si Itachi te deja montar una bicicleta —se burló con regocijo.
—Tsk. Conduzco desde los once. Gané esa carrera, pero mandé a la mierda el Aston Martin por simple diversión. El estúpido viejo se rio de mí, pensó que podía castigarme, bueno, ¿quién se ríe ahora? —se vanaglorió soberbio.
—Pues felicidades Toretto. Ya conseguiste lo que querías, disfruta del resultado —le desabrochó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del coche, apresurándolo con un empujón.
—Hmp. Dile a mi hermano que espero que esta vez sí me reciba en casa. No puedo creer que se largara antes de verme —acusó molesto.
Madara tuvo el mal tino de enviar a Itachi a solucionar algunos asuntos de trabajo, así que Sasuke no pudo encontrarse con su hermano, como tanto esperaba. Después de la decepción, se confortó al saber que como premio de consolación, tendría el departamento de Itachi para él solo, para hacer lo que se le viniera en gana. Error. Itachi, ordenó a Deidara y Sasori ocuparse de él, por supuesto, los bufones de su hermano lo trataban como si fuera un niño de cinco años y no lo dejaban ni respirar.
—Eso no depende de él, Sasuke. Si fuera por Itachi, te habría preparado una fiesta de bienvenida. Aunque no tan fastuosa como la que te preparará tu tío.
—Hmp. Como sea —azotó la puerta con fuerza.
No necesitaba fiestas, únicamente a Itachi. Y a juzgar por el humor que seguro tendría desde que se enteró que lo expulsaron, dudaba que estuviera igual de contento que él. Bueno, ya lo arreglaría, su hermano mayor lo perdonaría, después de todo, era su punto débil.
Entró a la escuela sin prestar gran interés a su alrededor. Para él, no significaba nada más que otro aburrido e innecesario lugar en el cual perder su tiempo. Era absurdo que lo obligaran a estudiar. Pronto se convertiría en otro de los hombres de Madara, no necesitaba ningún certificado para eso. Poseía una inteligencia muy superior a la del promedio, no había nada que pudieran enseñarle que no supiera ya. En Suiza fue el mejor en todo —menos en conducta claro—, por eso Itachi pudo salvarlo de la expulsión continuamente.
Encontró su aula sin esfuerzo, Deidara le había dado la información que requería para instalarse sin problemas. Algunos estudiantes ya se hallaban sentados, otros más pululaban por ahí, jugueteando y terminando sus deberes. Se quedó al frente, asimilando con indiferencia lo que acontecía a su alrededor. «Bueno, al menos es una escuela mixta», sonrió torcidamente al ver a una rubia que se lo comía con la mirada.
Caminó rumbo a las bancas del final, allí podría dormir a gusto sin ser molestado. Se dejó caer con soltura, colocando descuidadamente su mochila en el suelo. Cruzándose de brazos y cerrando los ojos, se preparó para evadirse del mundo.
—Ho-hola —una suave y melódica voz lo distrajo.
Abrió los párpados, fiscalizando a la chica frente a él. Sus ojos la recorrieron desde la rosada y larga cabellera, hasta los pequeños y coquetos pies al final de sus largas piernas. Magnifica. Bastante excéntrica, pero sin duda bellísima. Lástima que no esperó hasta que fuese él quien se acercase a ella. Como buen cazador, él acechaba a la presa, no la presa a él.
— ¿Qué quieres? —preguntó con aspereza.
— ¿Huh?, lo siento, no quería molestarte, yo solo… solo quería, ehm, venía a ofrecer mi… mi…
— ¿Tu cuerpo, tus servicios? No me interesa. Yo elijo a mis mujeres y tú no eres mi tipo —provocó con impaciencia.
Era un hombre que no se privaba de nada. Sin embargo, a veces llegaba a hastiarse de cada chica lanzada y frívola, que se le atravesaba en el camino sólo por su apariencia. A la bonita pelirosa se le notaba a kilómetros que era una cualquiera, bastaba mirar cómo le quedaban las prendas, que lejos de parecer uniforme escolar, lucían como disfraz de stripper. Apostaba a que por más mal que fuese tratada, siempre regresaría a rogarle. Por eso, a pesar de que disparó su libido a nuevos niveles, dejaría para después la diversión.
— ¡No!… o-olvídalo, discúlpame —se dio la vuelta y corrió a su lugar, que era de los primeros en la fila.
—Joder hombre, ¿Por qué le hablaste así a Sakura?, tratar mal a esa inocente es como patear a un cachorrito.
— ¿Tú quién diablos eres? —el chico que se sentó a su lado lucía ofendido.
—Me llamo Suigetsu. Así que tú eres el hermano de Itachi. ¿Sasuke, no? —los ojos violetas del rubio albino, se abrieron asombrados.
Sasuke no le respondió, hasta no saber si el tipo era un aliado o enemigo, no le daría más información.
— ¡Oye, oye!, somos del mismo bando —sonrió perspicaz.
—Hmp. Trabajas para Madara —supuso con interés.
—Mi familia lo hace. Pronto yo lo haré también.
—Bien. ¿Qué hay para pasar el rato? —cabeceó, en un gesto que abarcó el salón de clases.
—Es una escuela, no un maldito club. A nadie le importa esto. Venimos aquí a disimular que somos ciudadanos respetables de la sociedad, eso es todo —explicó con sencillez.
— ¿Es así? —un gran abanico de posibilidades se abrió ante él. Por lo visto sus compañeros ignoraban lo bien que podían pasársela, aprovechando su inmunidad y medios ilimitados.
Bueno, él les mostraría. Si no le quedaba más remedio que pasar los siguientes tres meses, encadenado a esa banca, por lo menos haría que valieran la pena.
—No sabes de lo que te estás perdiendo, Suigetsu —palmeó su hombro con complicidad.
.
Sakura superó las ganas de llorar que el nuevo barbaján del salón le había provocado. No volvería a cometer un tremendo error de juicio similar. Tonta. Fue una ingenua al pensar que alguien como ese chico, podría necesitar su ayuda. Como alumna novata el año anterior, se identificaba perfectamente con ser la novedad, en un grupo ya bien conformado. Precisamente, por eso creyó buena idea acercarse y ofrecerle apoyo, hacerlo sentir bienvenido. Giró el rostro en dirección a la parte de atrás, La mayoría de sus compañeros lo rodeaban, él era muy guapo, su popularidad no tardaría en extenderse hacia toda la escuela. Contrario a ella, que prefería el anonimato.
Regresó la vista a sus libros, decidida a dejar en el olvido su humillación. Ojalá pudiera conseguirlo. Apretó los dientes al rememorar sus insultantes palabras. Las ganas de salir corriendo a cubrirse de pies a cabeza, la perturbaron. Él la había mirado de una manera tan confusa, primero con deseo, luego como si fuera una cucaracha bajo la suela de su zapato. Se sintió sucia y expuesta. De no ser porque no quería darle gusto, lo primero que haría al salir del colegio, seria correr a comprarse otro uniforme. Pero no permitiría que su opinión influyera en ella. No le interesaba lo que pudiera pensar. Que asumiera lo que se le diera la gana.
Sasuke estiró los brazos cuando el timbre que anunciaba el primer receso, evitó que el profesor continuara condenándolos al ostracismo. Después de tres horas de clases, estaba hambriento, pero no de comida. Evaluó a las jóvenes frente a él, ya sabiendo cuál sería su elección.
—Vamos, te diremos dónde se encuentra el comedor —invitó Suigetsu al lado de Juugo, otro de sus nuevos amigos.
—Adelántense, primero saciaré otro tipo de apetito —rio al escuchar sus silbidos de aprobación.
Se presentó ante Sakura. Ya con mejor humor, estaba más que dispuesto a concederle algunos minutos de su compañía.
— ¡Hey! ¿Retomamos donde lo dejamos esta mañana? —ofreció plantando las manos en su mesa y aproximándose a su rostro.
— ¿Disculpa? —no pedía perdón por no haberlo escuchado, su tono era de irritación.
—Ya sabes, cuando te acercaste a darme un cálido recibimiento —aclaró sin perder la insolencia.
—Creí que dijiste que no era tu tipo —se puso de pie cuidadosamente, con disimulo tomo el bajo de su falda y lo estiró todo lo que pudo, Sasuke asimiló su incomodidad al dejar expuesta la blanca piel de sus muslos.
—Estaba cansado, no soy muy amable por las mañanas —sin disculpas, ¿en serio creía que su ingenio y sus muecas torcidas bastarían para justificarlo?
—Bueno, supongo que eso lo arregla todo, ¿no? —ironizó, guardando sus cosas.
Sakura negó con la cabeza, llevaba toda la vida alejándose de chicos como él. Además ya tenía un ególatra arrogante tras ella, no le hacía falta otro Naruto que le complicara más la existencia.
—Lo siento, necesito ir a la biblioteca —quiso pasar a su lado, él la frenó cubriéndole la salida.
—Oye. Sí, tal vez lastimé tu orgullo, pero ambos sabemos lo que buscabas cuando te acercaste a mí, deja de hacerte la interesante, ya me tienes —cogió entre sus dedos uno de sus sedosos mechones.
—Lo que buscaba era brindarte mi amistad. Llevo un año no sólo en esta escuela, sino también en la ciudad, sé lo abrumador e intimidante que puede llegar a ser. Tú has entrado a mitad de curso, creí que te hacía un favor. Pero a juzgar por lo que vi, te has adaptado fácilmente, obviamente fue una estupidez de mi parte, pensar que teníamos algo en común. Ahora, por favor déjame pasar —exigió con sobriedad.
Sasuke se quedó mudo. Con torpeza se quitó de su camino, la autoridad de sus fríos ojos verdes era incuestionable.
— ¿En serio creíste que te daría la hora del día? Aquí va un consejo, aléjate de Sakura, perdiste tu oportunidad cuando la trataste como a una más del montón, esa mujer es otra cosa —picó Suigetsu, burlándose ante el chasco que acababa de llevarse.
—Inalcanzable —completó Juugo en concordancia.
— ¿Entonces lo decía en serio, no coqueteaba?, ¿quería ser mi amiga? —resopló todavía incrédulo.
—Sí. Sakura es auténtica, lo que ves es lo que hay. Son contadas las personas a las que les dirige la palabra, muchos la tachan de altanera, yo digo que es una chica con clase.
— ¿Clase?, pues luce como una prostituta —aunque no parecía querer dar esa imagen, quizás no tuviera dinero—, ¿es becada?, ¿por eso estudia tanto? —indagó con una nueva idea, si Sakura era una buscadora de oro, sería fácil conquistarla, él tenía mucho que ofrecerle.
— ¿Estás de broma?, en esta escuela no se otorgan becas, y por favor, ¿qué cerebrito querría estudiar con los retoños de la mafia? Y no. Sakura es hija de Kakashi Hatake, el encargado de las apuestas de la organización, ese tipo es como el Midas de nuestros tiempos.
— ¿Hatake? —el apellido no le sonaba de nada.
—No es miembro de Akatsuki. Se le considera un préstamo de la mafia del Este. Fue enviado por Minato Namikaze para reforzar su sociedad con Madara—contó Suigetsu con paciencia, como si fuera culpa de Sasuke no saber nada de la familia a la cual pertenecía.
—Ya veo.
Lo que Sakura le dijo acerca de no estar acostumbrada a la ciudad ni la escuela, cobró sentido. Así que la preciosa chica no era lo que él pensó. Después de todo, la tierna Sakura sí era su tipo.
— ¿Esa mirada de depravado, significa que sigues fantaseando con que puedes conseguirla?, yo que tú me daría por vencido. Tienes mucho de donde escoger. Ino, la rubia que no te quitaba los ojos de encima, es buena opción, o Karin, esas te darán lo que quieras sin problemas.
—Tú no eres Sasuke Uchiha. Si fuera fácil, ¿en dónde estaría lo divertido?. Dices que Sakura son problemas, bueno Suigetsu, déjame decirte mi secreto. A mí me fascinan los problemas —admitió con un nuevo objetivo fijado en su mente.
.
.
Itachi se irguió al escuchar las puertas del ascensor abrirse. Sasuke salió peleando con Deidara, ajeno a que él estaba de regreso. Los observó interactuar, su hermano alcanzaba casi la altura de su amigo y tenía algunos músculos más, indiscutiblemente Sasuke ya no era el jovencito desgarbado al que visitó hacía casi dos años. El rubio dijo algo que sonó como una burla, Sasuke se encendió enseguida, en su rostro se reflejó la intención asesina de atacar.
— ¡Sasuke! —evitó la confrontación.
— ¿Itachi? —la mortal expresión de su hermano, se disolvió. Su cara se iluminó con emoción.
—Niño —estrechó a su hermanito fuertemente.
No era dado a sensiblerías ni a muestras públicas de afecto, pero jamás le negaría a su hermano un abrazo.
— ¡Aww, que adorables, abrazo grupal! —les cayó encima el rubio.
Sintió el cuerpo de su hermano tensarse. Deidara era un experto arruinando momentos. Se separó de Sasuke, palmeándole la espalda y dirigiéndolo al sofá más cercano. Con un ademán despidió y agradeció a su amigo.
—Pensé que tardarías toda la semana en volver, me alegro que no fuera así —admitió Sasuke contento de encontrarse con Itachi.
—Yahiko y yo terminamos nuestro encargo rápidamente —tomó asiento frente a él—. Sasuke, ¿Por qué lo hiciste?, sabes que esto no es lo que yo quería para ti —suspiró, ocultando su decepción.
—Lo sé Itachi. Pero lo que tú querías no era lo que yo quería tampoco. Soy un Uchiha igual que tú, nací para esto. Soy el mejor corredor de autos, y un peleador decente. A pesar de que me alejaste de ti, encontré mi camino de vuelta. Déjame apoyarte, trabajar juntos, quiero ser tu segundo cuando Madara te deje al frente —propuso esperanzado.
Desde que su tío se enteró que su esposa no podría darle más descendientes, y que su único legado serían sus dos hijas, había concentrado todas sus energías en forjar a Itachi, lo veía como a un hijo, por lo que al retirarse —o morir— le heredaría el cargo.
—Tsk. ¿Crees que jugar carreras y darte de golpes por ahí, es en lo que consiste ser parte de la organización?, Sasuke. Estás tan equivocado —se puso de pie con inquietud—. Akatsuki es… es otra realidad, es como estar condenado al inframundo. Hasta ahora sólo has probado la superficie, lo entretenido. "Lo cool". ¿Qué harás cuando tengas que ensuciarte las manos?, cuando tengas que dispararle a alguno de nuestros enemigos. Torturarlos para que hablen, apuñalarlos hasta que supliquen misericordia. Ibas a escapar Sasuke, ¡ibas a ser libre! —renegó dando un puñetazo a la pared.
— ¡Voy a hacer lo que tenga que hacer Itachi! Lo mismo que has hecho tú desde los trece años. Y sobreviviré, tengo tu fuerza, no me romperé. Escapar es para cobardes, tú no me has enseñado a ser cobarde, hermano. Si tanto reniegas de lo malo de este mundo, entonces cambiémoslo. Apropiémonos de él y mejorémoslo. Por tus camaradas, por los míos. Por los miembros más débiles a quienes Akatsuki protege. Por ti, por mí —apretó los hombros de su hermano obligándolo a mirarlo.
Itachi tomó su cabeza, juntando sus frentes.
—Has crecido. Al enterarme de lo que hiciste, pensé que seguías siendo un niño irresponsable e inmaduro. Me enorgulleces hermano.
—Hn. ¿Eso quiere decir…?
—No puedo hacerte cambiar de opinión, y siendo honesto, estoy contento de tenerte aquí —Sasuke logró sorprenderlo con la profundidad de sus pensamientos, su hermanito ya no era un niño—. Cuando llegue la hora, ascenderemos al trono juntos —prometió resuelto.
El frente unido que él, Sasuke y sus hombres formarían, se convertiría en una amenaza para aquellos quienes no tuvieran la misma visión. Por lo que tarde o temprano sus enemigos incrementarían. Y cuando eso ocurriera, Itachi no se tentaría el corazón para acabar con ellos.
.
.
Sakura siguió caminando directo a la salida de la escuela, podía sentir como los misteriosos ojos negros de Sasuke la seguían, pero lo ignoró con habilidad. El atractivo recién llegado, había tomado el gusto por acecharla durante toda la semana. No la molestaba más allá de sus intensas miradas, aun así, ella estaba siempre alerta.
Al llegar a casa y entrar a su habitación, respiró con abatimiento. Sobre su cama, entregado como una ofrenda, se extendía el vestido que usaría a la noche siguiente. En un evento al que tendría que acudir con sus padres. Una fiesta de la que no deseaba ser participe, ya que justamente se realizaba en honor al tipo que la perseguía no sólo en su día a día, sino también en sus sueños. Sasuke. Quién iba a imaginar que el guapo joven de cabello y ojos oscuros, era sobrino del nuevo jefe de su padre. Ciertamente ella no.
Con renuencia y desaliento, cogió la fina prenda y la guardó al fondo de su vestidor. Fingiría que no existía hasta que no le quedara otro remedio más que aceptar su mala suerte y ponérselo.
A pesar de sus esfuerzos y suplicas. El sábado llegó más rápido de lo que esperó. Su madre contrató a tres especialistas para que las peinaran y maquillasen. Así que mansamente se dejó hacer. A la hora de partir, su padre alabó el gran trabajo que las esteticistas hicieron con ellas.
—Estás muy callada esta noche hija, ¿todo bien? —cuestionó su madre ya en la limosina.
—Sí, claro. Es que, ya saben que no me gustan estas cosas —se excusó con debilidad.
No le contó a su padre el exabrupto que tuvo con Sasuke, ni pensaba hacerlo. Kakashi se enfurecería al saber que el sobrino de Madara la trató como a una mujerzuela y después intentó seducirla.
—Hmn, compréndela Kurenai, es la primera reunión de Akatsuki a la que asiste. Nos quedaremos una hora a lo mucho, nena. Lo suficiente para conocer al chico y que Madara quede satisfecho con nuestra aparición.
—Si —por fin llegaron. Tenía que controlarse o empezaría a temblar.
Había esperado librarse de tratar con Sasuke. La mansión en la que se llevaría a cabo la celebración era enorme, ideal para perderse en ella y esconderse hasta que fuera hora de irse. Claramente las intenciones de su padre eran otras. Era de esperarse que, como colaborador importante de Akatsuki, presentara sus respetos al nuevo Uchiha.
— ¿Listas?
Subieron los trece escalones que los dirigieron derecho a la entrada. La puerta se abrió para ellos, Sakura apretó más el brazo de su padre. Kakashi las escoltaba como el caballero que era.
Iba a vomitar. La majestuosidad del interior, era equiparable a la del exterior. Sakura estaba acostumbrada al lujo y el derroche, de hecho, la casa de Minato era muy similar a esta. No era la suntuosidad lo que la alteraba tanto, sino lo que habría al llegar al salón. La orquesta tocaba magistralmente, ya podía ver a cientos de personas reunidas alrededor del lugar, bebiendo champaña y riendo con hipocresía.
—Tengo que ir al baño —se separó de su padre y miró hacia el suelo, si Kakashi descubría su expresión, se daría cuenta que algo sucedía.
— ¿Eh, ahora?
—Es urgente. Bebí mucha agua —mintió con desesperación, incluso comenzó a bailar ridículamente para hacerlo más creíble.
—Bueno, si es así, Kurenai, acompaña a-
— ¡No! Mira, ahí viene una camarera, le pediré que me oriente, ustedes adelántense, no quiero que tu jefe piensa que llegas tarde papi —detuvo a una empleada que regresaba con una charola vacía—, disculpe, puede indicarme por favor dónde se encuentra el tocador.
—Claro, acompáñeme por favor señorita —asintió la chica con amabilidad.
—Sakura —escuchó a su padre.
—Tal vez me tarde, mi estómago se siente raro. Estaré bien papi —siguió a la mujer, sin darle tiempo a sus padres de detenerla.
Recorrieron un largo pasillo, hasta que finalmente la empleada le señaló una puerta de color caoba. Se encerró después de darle las gracias. Al mirar su reflejo, contuvo un gemido, estaba tan blanca como una hoja de papel. Salpicando un poco de agua en sus muñecas, se dejó caer en uno de los sofás que decoraban la estancia.
Aquel respiro era momentáneo, no podía quedarse toda la velada ahí sentada, ocultándose temerosa de ser descubierta. Así mismo, sus padres no tardarían en ir por ella. Del pequeño bolso que cargaba, sacó su móvil. Escribió rápidamente un mensaje a su madre, comentándole que todo iba bien y en cuanto pudiera estaría con ellos.
—Tienes que enfrentarlo Sakura —resopló infundiéndose coraje.
No quería hacerlo, si Sasuke se enteraba quién era y qué hacía su padre, conocería su posición dentro de la organización, sabría que tenía una ventaja sobre ella. ¿Y si la amenazaba igual que Naruto?, era sobrino del jefe, un Uchiha. Kakashi ni siquiera era miembro de Akatsuki, no había nadie que lo respaldara, estando tan lejos de casa eran vulnerables. Cerró los párpados con derrota, si tenía que elegir entre hacer lo que Sasuke quisiera, y el bienestar de su familia, su decisión estaba clara. Salvaría a sus padres una y mil veces.
Dio un respingo cuando la puerta se abrió. Entraron tres mujeres, todas preciosas y muy elegantes. Se puso de pie y les correspondió el saludo. De regreso al salón, sus fuerzas menguaron. Deteniéndose abruptamente, cerró con fuerza los párpados, mareada. Aire, no alcanzaba a respirar. Requería de unos minutos más para recomponerse. Su salvación llegó en forma de unas puertas francesas a su izquierda, que conducían a lo que supuso era una terraza.
El viento le acarició la cara, las puertas se cerraron tras ella, acallando el ruido. Caminó hacia la orilla, aplanando las palmas en la balaustrada y mirando fascinada los amplios jardines.
—Justo lo que necesitaba —inspiró y exhaló con satisfacción—, que preciosa vista —asimiló enajenada. La luna resplandecía en el firmamento, acompañada de montones de estrellas que brillaban en consonancia. En la periferia de su ojo derecho, percibió un movimiento.
—Concuerdo contigo.
Se giró asustada, dominando apenas el grito de sorpresa. Un alto hombre emergió de las sombras. Era… espectacular. Vestía completamente de negro. Los primeros tres botones de la camisa estaban desabrochados, y las mangas dobladas, exponiendo unos tatuados y fuertes brazos. En su mano izquierda sostenía su saco, en la derecha un vaso con un líquido ambarino. Su cabello era largo y negro, lo sostenía en una desordenada y baja coleta.
—No temas, no voy a hacerte daño —informó al verla trastabillar hacia atrás—. ¿Tienes frío?
Itachi quiso estirar la mano y atraer al hermoso ángel que apareció ante él. La preciosa chica se abrazaba a sí misma y se estremecía, despertando su sentido protector.
—Aquí —se acercó con cautela, dejando su whisky en la barandilla, colocó la chaqueta sobre ella. La joven jadeó cuando sus manos se posaron más de lo cortésmente permitido, en sus hombros.
Así, tan cerca, fue capaz de contemplarla con mayor atrevimiento. Su cabello rosado caía en una masa de rizos en su espalda. Su tez era muy clara, de rasgos perfectos. Poseía hipnóticos y singulares ojos verdes, y unos labios rosados y regordetes. Ansiaba degustarlos y morderlos a su antojo. Aprovechando que ella seguía quieta, pasmada en el mismo sitio, examinó también su cuerpo. El escote del vestido no dejaba al descubierto sus pechos, pero no era necesario, porque lo que la tela cubría, su silueta lo sugería, y que par de fabulosos senos tenía. Mismos que armonizaban con una cintura estrecha, caderas redondeadas y trasero firme y respingón. Sí, lo había verificado perfectamente cuando ella salió a la terraza y lo sorprendió.
— ¿Quién… quién eres tú? —cuestionó sonrojada.
Esa sí que no se la esperaba. Él era conocido por todos los miembros de Akatsuki, obviamente la candente mujer pertenecía a la organización, la invitación a la fiesta fue sólo para los que estaban dentro del circulo de la familia del Norte. ¿Cómo era posible que no supiera con quién trataba?
—Me llamo Itachi. ¿Cómo te llamas tú? —decidió omitir su apellido, sería refrescante charlar con alguien que no se contuviera ni intimidara ante su reputación.
—Sakura.
—Bueno Sakura, un placer conocerte —cogió su mano derecha, que aún permanecía bajo el calor de su saco. Besó su dorso con desenvoltura, contento de apreciar su timidez, ella no dejaba de ponerse colorada—. Y dime, qué haces aquí afuera, ¿la fiesta no ha sido de tu agrado? —en contra de su voluntad, liberó su mano. De continuar así, el contacto con su piel lo haría perder el control y saltarle encima.
—Ahm, pues… lo que sucede es que… —se mordió el labio inferior con nerviosismo.
—No, vas a lastimarte —tomó el maltratado y rollizo borde con su pulgar, pasando la yema por encima y calmando el dolor—. Qué te pasa que te has puesto así. ¿Alguien te ha molestado?
Sakura observó la feroz reacción de Itachi. No supo por qué, pero le complació verlo tan interesado y preparado para lanzarse a su defensa. La espontánea afinidad surgida entre ellos, la empujó a descargarse. Intuía que él soportaría con agrado el peso de su confesión.
—No. Es que, para serte sincera, prefiero evitar al festejado —proclamó liberada. Los comprensivos ojos de Itachi indicaban que podía confiar en él.
— ¿A Sasuke?
— ¿Lo conoces? —Itachi abrió la boca pero ella se le adelantó—, pero que tonta soy, por supuesto que lo conoces. Seguro que todos aquí lo hacen ya que es el sobrino del jefe.
—Así es —asintió él.
—Está en mi escuela, en el mismo salón que yo y, lo cierto es que no me cae muy bien. Es un poco cretino, por lo que prefiero no verlo —compartió impertinente, sin darse cuenta del cambio en Itachi.
— ¿Dices que asiste contigo al colegio?, ¿Qué edad tienes? —le pareció preciso saberlo, antes de continuar haciéndose ideas sobre ellos.
—Ah, tengo diecisiete. ¿Y tú?
«Los suficientes como para saber que debería detener esto aquí», pensó con amargura. Por otro lado, ella lucía muy madura, así mismo, en su mundo no sería mal visto una relación entre ellos. Claro que esperaría hasta que cumpliese su mayoría de edad.
—Veinticinco —respondió automáticamente.
—Ocho años. Bueno, siete, en dos meses cumpliré dieciocho —sonrió coqueta. Algo que no iba con su personalidad en absoluto.
¿En serio estaba minimizando su diferencia de edades?, el hombre era prácticamente un desconocido. ¿Qué tal si su ocupación consistía en ser uno de los sicarios de Madara?. En su destino estaba ser la esposa de un hombre de la mafia, pero no por eso iba a elegirse al peor. Se dio una reprimenda mental. Su imaginación no había volado tan alto antes, ¿cómo de un casual encuentro, saltaba de cabeza a un tema tan trascendental como su boda? Seguramente Itachi nada más trataba de ser educado, dándole conversación, era ella la que no dejaba de inventarse historias.
«Gracias Dios». Sus ganas de besarla regresaron con intensidad. Para mejorar las cosas, la chica era tan transparente, que en su cara se reflejaba el mismo pensamiento. Si bien, su cerebro le ordenaba tomarla y saquear su boca de una vez por todas, la prudencia y las buenas costumbres, le impidieron portarse como un bárbaro. Sakura era una señorita de sociedad, probablemente la pariente lejana de alguien de los altos puestos.
—Me da gusto escuchar eso —retomó la conversación, si no podía devorarla todavía, se enfocaría en conocerla.
—Y tú, ¿Qué haces aquí afuera?, ¿también te cae mal Sasuke? —no podía ser la única que no tragara al vanidoso Uchiha.
— ¡Je! —sonrió divertido negando con la cabeza—. Es cierto que Sasuke es un verdadero dolor de cabeza, pero no, no me cae mal. De hecho le tengo mucho afecto —su reacción fue lo que previno, ella se tensó y se alejó de él—. ¡Hey!, tranquila —acarició su mejilla con el propósito de distraerla y relajarla nuevamente—. No pienso contarle nada. Además estás en tu derecho de tener tu propia opinión sobre él.
—No creo que sea bueno pregonar que me cae mal el jefe de mi padre —se mordió la lengua, ¿qué le hacía este hombre?, que con sólo sonreírle, le quitaba sus defensas y la dejaba débil y lista para exponerle todos sus secretos.
—Técnicamente el jefe es Madara —corrigió ameno.
—Pero él es su sobrino. Los familiares directos de los jefes, son como unos mini jefes más a los que hay que adorar —debatió resentida, recordando a su ex mejor amigo.
— ¿Eso crees?
—Es así. Yo nunca le faltaría el respeto a Sasuke en su cara, por miedo a que él se cobre la afrenta con mi papá.
Itachi asintió, comprendiendo su aprensión. Guiándola por la cintura, la hizo caminar hacia atrás, hasta que su menudo cuerpo chocó contra la orilla del balcón. Apretándola con cautela, la tomó por las caderas, cargándola para sentarla sobre la fría y sólida piedra.
—Sé que es duro para las mujeres entender lo que sucede en nuestro mundo. Y no lo digo porque esté insinuando que no son igual de inteligentes que nosotros. A lo que me refiero es que para ustedes, es cuestionable este medio de vida, es inexcusable que desde jóvenes se nos enseñe a portar un arma, a pelear, a matar. Que implanten en cada uno, el lema de que somos superiores, y que ante la batalla, nuestro deber sea cubrirnos y regodearnos en la sangre de nuestros enemigos. ¿Verdad?
—A- algo así, sí —admitió muy a su pesar. No se le olvidaba que ese mundo de demonios ávidos de poder, dinero y muerte, era al que pertenecía.
—Se podría decir que casi todos los hombres nacidos y jurados en sangre, somos la encarnación del mal. Sin embargo, no es así Sakura. Dentro de toda esta situación oscura en la que se te ha condenado a vivir, hay algo que nos redime. Y eso es, los profundos lazos de hermandad que creamos con los miembros que nos son leales, que luchan y mueren, porque creen en esto, en la familia, en Akatsuki. Ni Madara, mucho menos Sasuke, tomarían venganza contra uno de sus hombres, únicamente porque su hija no lo idolatre —aclaró comprensivo, esperando haber explicado su punto y eliminado sus temores.
—Eso lo sé. A cualquiera de sus hermanos no lo castigarían por algo así, pero mi padre no es un Akatsuki.
— ¿Qué?, imposible, no puede haber nadie en esta fiesta que no sea parte de nuestra organización. A menos que… —se concentró en observarla, en adivinar de dónde provenían tan originales y peculiares atributos— ¿De quién eres hija Sakura? —inquirió con voz ronca.
—De Kakashi Hatake. Dime Itachi, ¿de verdad sigues pensando que Sasuke o Madara se tocarían el corazón, para no hacer daño a mi padre si les doy algún motivo? —lo miró retadoramente.
Así que Sakura pertenecía a la familia del Este, con qué razón le resultaba desconocida. A buena hora su tío decidió formar alianza con Minato Namikaze.
—Ya veo. La pérdida de nuestros socios, ha sido nuestra ganancia. Y no me refiero a Kakashi, quien por cierto es el mejor en lo que hace, sino a ti Sakura, una joya como tú es difícil de encontrar.
—Gra-gracias —lo dicho, él la convertía en un lío balbuceante en un segundo.
—Hn. Eres hermosa, un ser de luz. Tu padre ha hecho un maravilloso trabajo preservando tu pureza —exaltó con franqueza—. Volviendo al tema. No. A Kakashi no se le considera un hermano, pero gracias a sus incomparables habilidades, goza del favor de Madara. La prueba es que asistió a esta reunión como invitado de honor, no te preocupes por su posición dentro de Akatsuki, Sakura. Kakashi Hatake es una adición muy valiosa. Ni golpeando a Sasuke, harías que tu padre cayera de nuestra gracia. Aunque espero que no sean esos tus planes, podrías lastimar tus lindos nudillos —atrapó sus manos entre las suyas, acariciándolas expertamente.
— ¡No se me ocurriría algo así! —exclamó de inmediato—. Odio las confrontaciones y los problemas, así que me mantengo fuera de su camino —sus manos continuaban unidas, no quería alejarse, hechizada ante el esmero que Itachi prodigaba para hacerla sentir mejor.
—Buena táctica —convino con aprobación.
Estaban tan cerca, que bastaría con inclinarse algunos centímetros y la probaría. Al menos obtendría méritos por haberse resistido tanto. Ningún hombre en su sano juicio desaprovecharía una oportunidad como esa. Ella separó los labios, humedeciéndolos en una sugerente invitación.
—Sakura…
El sonido estridente de un celular rompió la romántica atmósfera. Se echó hacia atrás de golpe, en parte aplacado, sospechaba que Sakura no se encontraba preparada para un movimiento tan osado de su parte.
— ¿Sí? —la vio ponerse lívida—, yo… lo siento papi, me distraje en el jardín, ahora mismo voy para allá —cortó la llamada y guardó el aparato con prontitud—. Tengo que irme, mis padres están vueltos locos buscándome —hizo amago de saltar.
—Permíteme —la atrapó al vuelo, colocándola en el piso con reverencia, como si se tratase de una preciada posesión—. Te acompaño —ofreció servicial, se resistía a dejarla ir.
—Sí, gracias —accedió a que la dirigiera en dirección a las puertas.
—Ah, Sakura. Antes de que la cotidianidad irrumpa de nuevo en nuestras vidas, podrías… ¿me darías tu número? —si sus amigos y colegas lo vieran en ese momento, no lo creerían, Sakura tenía el talento de convertirlo en un idiota.
—Oh… cla-claro —accedió gustosa, sacando su móvil y pasándoselo para que se marcara a su propio teléfono y así quedara registrado también.
—Hmp. Espero que no te moleste que te bombardeé con mensajes durante todo el día.
Ella rio creyendo que bromeaba, más temprano que tarde se daría cuanta que hablaba muy en serio.
La siguió en silencio, disfrutando exclusivamente de caminar a su lado. Al llegar a la entrada del salón, reconoció a Kakashi Hatake y a su esposa, claramente esperaban impacientes a su hija.
—Sakura, te perdiste casi toda la- —su madre guardó silencio al verla acercarse del brazo de Itachi.
—Lo siento, es que me sentía un poco mal y salí a tomar algo de aire fresco. Papá, mamá, les presento a-
—Itachi Uchiha —la interrumpió su padre mirando directamente al joven que la escoltaba.
— ¿Qué?... ¿U-Uchiha? —susurró espantada—. Eres pariente de Sasuke —concluyó sintiéndose como la más estúpida de la fiesta.
—Su hermano —declaró culpable—. Nos disculpan por favor —Itachi la sujetó de la muñeca, alejándola unos metros de sus desconcertados padres.
—Seguro estás riéndote de lo tonta que soy —desvió el rostro avergonzada, a la luz de las lámparas, el parecido con Sasuke era innegable.
— ¡Hey, no! Mi apellido no cambia nada. Lo que te dije en la terraza es cierto. No pienso acusarte con Sasuke, y respeto que no te caiga bien. Si no te lo dije antes, es porque me gustó que no tuvieras ni idea de quien era yo. Estoy harto de que todos actúen de una forma tan contenida y falsa a mi alrededor. Admítelo, de haber conocido mi relación con Madara y Sasuke, jamás me habrías concedido un minuto de tu tiempo.
Calló para no admitir la verdad.
—Mis padres nos miran raro. Tengo que irme…
—No. No hasta que me asegures que estamos bien —sostuvo su barbilla, obligándola a encararlo.
—Estamos bien Itachi —aseguró, los motivos para omitir su identidad le parecieron honestos.
— ¿Tan bien que, puedo esperar un mensaje tuyo de buenas noches cuando llegues a casa? —propuso con atrevimiento, aprovechando que ella le daría una nueva oportunidad.
—Puede ser —su descaro le arrancó una carcajada.
— ¿Alguno de los dos va a explicarme esto? Por qué sin duda, exijo saber qué sucede. También agradecería que no tocaras con tanta familiaridad a mi hija, Itachi.
—Papi… —Sakura se alejó angustiada, colocándose junto a su padre.
—Mis disculpas Hatake. Lo que pasa es que tu hija y yo hemos hecho buena amistad, quería despedirme de ella. Por cierto, ¿espero que no te moleste que Sakura y yo nos tratemos con regularidad?. Es una joven muy inteligente y madura, creo que de nuestra convivencia podría resultar algo muy bueno.
Kakashi midió al joven delante de él. Al sucesor de Madara Uchiha. No se dejó engañar por su sonrisa amable, no después de las veladas proposiciones que acababa de lanzarle respecto a su nenita. Sí, como bien le dijo a su hija, él apoyaría un matrimonio entre ella y un miembro de Akatsuki, sin embargo, Itachi Uchiha no era su primera opción. El mayor de los sobrinos de Madara, poseía una fama admirable así como temible. Hábil en los negocios, una bestia insuperable en el ring, y por supuesto, el requisito principal de cualquier jefe, una perfecta máquina de matar. ¿Sería capaz alguien como él, de apreciar y preservar la inocencia de un ser tan especial como Sakura?
A juzgar por la radiante mirada de su niña, ella creía que sí. Afirmó con un adusto asentimiento, vigilaría muy de cerca cómo se daban las cosas. Si Itachi Uchiha resultaba ser el feroz protector que Sakura requería, sólo el tiempo lo diría.
—Si mi hija está de acuerdo, no veo ningún inconveniente. Creo que esto es tuyo —le retiró a Sakura el elegante saco negro que la cubría.
—Gracias. Maravilloso —se dieron un cordial apretón de manos para sellar el acuerdo—. Entonces, por lo pronto me despido, señora Hatake, con permiso. Sakura, un placer conocerte —se alejó con una educada reverencia.
— ¿Estás molesto papi? —indagó con Itachi ya fuera de su alcance.
Kakashi no respondió, esperaría hasta que estuvieron lejos de la mansión de Madara. Ayudándolas a entrar en la limosina, se tomó un instante para servirse un vaso de coñac, después de tan reveladora noche, lo necesitaba.
— ¿Qué pasó entre tú y Sasuke Uchiha? —bebió el licor de un trago y se sirvió otro mientras esperaba la contestación de su hija.
— ¿Co-cómo? —eso no era lo que esperaba.
—El sobrino menor de Madara me preguntó por ti, dijo que eran compañeros de salón y que le gustaría haber tenido la oportunidad de verte en la fiesta, porque quería disculparse contigo. Encontrártelo es lo que te tenía tan nerviosa, ¿verdad?. Al sospechar que no ibas a aparecer, tuve que decirle que te dejamos en casa, enferma de gripe, afortunadamente nadie que te conozca te vio llegar. ¿Qué te hizo?, seguramente algo muy malo para que te la hayas pasado escondida, esperemos que Itachi no te delate.
— ¡No lo hará! —defendió con rapidez. Su padre le lanzó una advertencia, Kakashi era un blandengue con ella, pero podía tornarse muy estricto también, no le gustaban las mentiras, mucho menos quedar mal ante sus superiores—. No fue nada malo papi. En su primer día quise ser su amiga, era nuevo, y nuestros compañeros pueden llegar a ser muy duros. Le hablé en un mal momento, por lo que le parecí una fastidiosa. Rechazó mi amistad, lastimando un poco mi orgullo, eso fue todo.
— ¿Segura? —preguntó su madre.
—Sí. De veras. Al principio no supe de quien se trataba, de haberlo sabido, me habría quedado lejos, alguien como él no necesita mi atención ni mi simpatía.
—Hmn. Pues lucía muy arrepentido. Incluso me pidió permiso para visitarte.
— ¿¡Qué!? Sasuke quiere… ¿Qué le dijiste? —se dejó caer contra el respaldo de su asiento, demasiado impactada.
—Qué querías que dijera, Madara estaba respirándome en la nuca. Le contesté que sí, que te haría bien tener un amigo. No sabía que Itachi ya había solucionado eso.
Tragó con dificultad, el nudo en su garganta era del tamaño de una pelota de baseball. ¿Qué tramaba Sasuke?, ¿de verdad lo sentía? Quizás sí pretendía arreglar su falta, convertirse en su amigo. Si era hermano de Itachi, algo bueno le habrá inculcado el mayor.
—Está bien papi. Hiciste lo que debías.
—No sé cuáles sean las intenciones de Sasuke, hija, pero las de Itachi me quedaron claras —dejó el vaso vacío de lado, extendiendo sus palmas hacia Sakura, ella respondió entrelazando sus dedos—. Tómate las cosas con calma, ¿de acuerdo?
—Sí papi. Pero quiero ser sincera contigo. Itachi me cayó muy bien, y… creo que le gusto, así que, quisiera ver si tenemos futuro.
—Yo me casé a los dieciocho con Asuma, me bastó una mirada para saber que era el elegido. Pero Kakashi tiene razón Sakura. La mayoría de las jóvenes de nuestro círculo, son prometidas desde muy niñas, a muchas ni siquiera les gusta su marido, pero se casan porque ésa es la tradición, porque el compromiso que sus padres les imponen, las obliga. Tú no tienes que pasar por algo similar, aprovecha la libertad de elección que Kakashi te ha concedido.
Sakura se arrojó con agilidad, y cayó en el regazo de su padre, abrazándolo conmovida. Al tanto de que su destino pudo ser muy diferente, pudo acabar como la esposa forzada de Naruto. Hinata Hyuga nunca sabría que le estaría eternamente agradecida por quitarle al rubio de encima.
—Gracias papi, te prometo que no defraudaré tu confianza.
No se apresuraría, seleccionaría al mejor partido para ella. La imagen de cierto hombre de cabello largo, con el que ya sentía una conexión, apareció en su mente. ¿Sería que su corazón ya tenía un ganador?
.
.
Recostada sobre su sofá predilecto, ubicado en uno de los grandes ventanales de su recamara, Sakura respondía entretenida a uno de los tantos mensajes de Itachi. Estaba tan compenetrada en la tarea, que ni siquiera oyó a su madre entrar a la habitación.
—Tienes visita —Kurenai sonrió al ver a su hija pegar un salto—, ¿Qué te tiene tan ocupada?, desde ayer por la noche no sueltas el móvil.
—Ah, no es nada. ¿Dices que tengo visita?, ¿Quién? —preguntó desconcertada.
— ¿No lo imaginas?
Según el último texto de Itachi, él se pasaría la tarde encargándose de la contabilidad de uno de los clubes de la organización, por lo que no podía tratarse de él.
—Es Sasuke Uchiha —al distinguir que su hija no tenía ni idea, decidió dejar el suspenso.
—Oh… ¡Oh! —se puso de pie exaltada—. ¿Entonces iba en serio?
—Muy en serio, te trajo una caja de chocolates. Le diré que bajarás en un segundo. Ah, no olvides que él piensa que estás enferma.
—Cierto, ya voy —no quería tratar con Sasuke, pero evadirlo acarrearía problemas a su padre.
Corrió a su baño y se ató el cabello en un recogido alto y desparpajado. Para simular una nariz irritada y goteante, se maquilló la punta con labial rojo. Era domingo, por lo que su atuendo consistía en unos pantalones de yoga y una camiseta sin forma. Colocándose sus pantuflas de conejo, se dispuso por fin a enfrentarse al incómodo visitante.
Cuando Sakura apareció, Sasuke se levantó del sofá en el que se hallaba plácidamente sentado. Si aún le quedaban dudas de que ella no trataba de atraparlo, la forma en que iba vestida, acabó con ellas. Su padre dijo que estaba enferma, pero sus fachas iban más allá de su estado de salud. Aquella era una declaración de desinterés. Sasuke sonrió. ¿De verdad creía que lo ahuyentaría con ese aspecto?, lejos de desistir, lo estimuló más. Sakura era una belleza natural, al encontrarse con sus seductores ojos y atestiguar su lindo sonrojo, descubrió que no requería de artificios para resultarle asombrosa.
—Ayer quería verte… esperaba tener la oportunidad de disculparme adecuadamente. Conocí a tus padres, Kakashi dijo que te encontrabas indispuesta, ¿te sientes mejor?
—Ahmn, sí. Sólo algunas molestias, mañana estaré como nueva —se mantuvo alejada de él, cruzada de brazos en una actitud defensiva.
—Me alegra escucharlo. Te traje esto —extendió torpemente la caja de chocolates.
Nunca había requerido poner de su parte para llamar la atención de alguna mujer. En Suiza le bastaba chasquear los dedos y tendría una fila de chicas a su disposición. Le gustaba el cambio, aunque lo sacara de balance.
—No debiste molestarte. Gracias —no quedándole remedio, tuvo que acercarse y tomar el presente, dejándolo en la mesa de centro.
—No es nada —se quedaron en silencio, simplemente analizándose mutuamente. Alguien tenía que apurarse a decir algo y deshacer el enrarecido ambiente. A juzgar por la postura rígida de su anfitriona, no sería ella—. Me gusta tu calzado —se guardó las manos a los bolsillos, tampoco era bueno conversando, para ser honesto consigo mismo, no imaginó ser tan inepto a la hora de cortejar a Sakura.
Ella dirigió la vista a sus pies, levantando el rosado y esponjoso conejo para mostrárselo de cerca.
— ¿En serio?
—Hmn, sí. Te ves tierna, muy… muy linda —la habitación se puso muy caliente de repente, su cara ardía.
—Gracias. Y, si tanto te gustan… pues, las pongo a tu disposición —no lo resistió más, soltó una gran risotada—. Pensé que era algún truco. Realmente lo estas intentando, ¿no?
Al notar su creciente incomodidad, no fue capaz de continuar con su frío tratamiento. Sasuke lucía tan fuera de lugar, tan inseguro. Nada de presunción ni insolencia. Parecía el adolescente que era, y no el heredero de una gran dinastía de súper mafiosos. No podía asegurarlo, pero incluso creyó verlo ruborizarse.
—Me equivoqué. En mi defensa, todas las personas que se me acercan, siempre quieren algo, algo que no es precisamente conocerme. Ambicionan mi dinero, beneficiarse de mi reputación para ganar notoriedad… usarme por mi atractivo. ¿Ser mis amigos?, no, nunca. Hasta ti. ¿Definitivamente lo arruiné?, porque, si me dices que puedes darme una segunda oportunidad… que hay posibilidad de que vuelvas a ofrecerme tu amistad… —se acercó con prudencia, cogió un rizo que escapaba de su peinado y lo acomodó tras su oreja— me gustaría probar… me gustaría mucho ser tu amigo Sakura.
—Las cosas que dijiste… nadie me había tratado de un modo tan horrible. Me sentí —apretó los labios, conteniendo sus emociones.
—Lo sé. Perdón Sakura.
— ¿Por qué?, por decirme todo eso, o porque a pesar de que pensabas tan mal de mí, todavía querías utilizarme como a una pu-
—Por todo —situó su índice en el centro de su boca, sellando sus protestas. No quería que palabras tan vulgares, brotaran de unos labios tan castos—. Perdón por todo —reiteró arrepentido. Percatándose del daño que le había causado.
La honestidad que transmitía su oscura mirada, removió algo en su pecho. Con ambas manos retiró la suya, ya tenía lista su respuesta. Sin dejarlo ir, presionando su palma con las de ella, lo calentó con un confortable apretón.
—Si lo dices en serio… si verdaderamente lo sientes y… si necesitas una amiga, sí. Sí te perdono, y sí te doy otra oportunidad —concedió sin resentimientos. Contenta de haber arreglado las cosas con Sasuke, Itachi también estaría feliz al saber que ella y su hermano se llevarían bien.
—Hn. Gracias Sakura. No te vas a arrepentir.
Liberó el aliento que estuvo conteniendo.
—Ahora me voy —no iba a tentar a la suerte, y arriesgarse a incomodarla—. Estás enferma, tengo que dejarte descansar. Te veo mañana en la escuela. ¿Almorzamos juntos? —propuso optimista.
—Seguro —sería una novedad saltarse su ida a la biblioteca y convivir con el resto de los alumnos.
—Hasta luego entonces. Cuídate y, recupérate —antes de pensarlo, se inclinó y le besó la mejilla—. Adiós.
Sasuke no esperó a comprobar su reacción, se apresuró a salir de la residencia de los Hatake. Era muy grande, la mejor del sector, descartó totalmente la idea de que ella no tuviera dinero. Atravesó los bastos jardines llegando por fin a la salida. En el SUV lo esperaba Sasori, su hermano no estaba enojado, aun así le prohibió conducir hasta nuevo aviso.
—Vaya, ya era hora. Que contento te ves, ¿te follaste a la chica? —chismoseó interesado.
—Tsk, ella no es así. Además, no intentaría algo como eso en la casa de sus padres —se abrochó el cinturón cuando el pelirrojo encendió la camioneta.
—Cierto. ¿De quién se trata? Supongo que será una yegua de cría muy fina, estas mansiones no pertenecen a cualquier pelele —registró el complejo con ojo crítico.
—Y pensar que creí que Deidara era el peor del trío. ¿Alguna vez dejas de decir estupideces? —definitivamente necesitaba convencer a Itachi, de darle su propio auto y liberarse de sus inoportunos niñeros.
—Oye, no me compares con Deidara. Eso me gano por querer hacerte ameno el viaje de regreso.
Sasuke se estiró y encendió la música a un volumen bastante alto.
—Listo, con esto bastará para mejorar el trayecto. Guarda tu ingenio para cuando estés con mi hermano.
—Uchiha tenías que ser —masculló el pelirrojo apretando la boca.
Sasuke cerró los ojos y se relajó. La parte más complicada estaba hecha. De ahora en adelante estaría muy cerca de Sakura. Requeriría paciencia, una mujer como ella sería muy difícil de ganar. Sin embargo él lograría enamorarla, porque ella valía toda la pena.
.
—Siete.
Itachi dejó de sonreír y puso el celular sobre el escritorio. Confrontando a Yahiko, lo miró curioso, esperando explicase lo que quiso decir.
—Llevo menos de cinco minutos sentado frente a ti, y es la séptima vez que te distraes con el celular poniendo cara de idiota. Asumo que se trata de una mujer. ¿Tayuya?
Itachi se irguió en toda su altura, fulminándolo.
—Que seas mi mejor amigo, no te exime de recibir una paliza, ¿sabes?. Soy tu jefe, háblame con respeto —su amenaza perdió peso, cuando su celular vibró con otro mensaje entrante y él lo tomó de inmediato, concentrándose en leer lo que Sakura acababa de escribirle.
—Ocho.
— ¿No tienes algo mejor que hacer? —volvió a su silla.
—Nop. Terminé con la selección de las chicas. Con el nuevo personal, esta noche el Sharingan estará a reventar. ¿Entonces? —levantó las cejas traviesamente.
—No se trata de Tayuya, sabes que ella sólo me servía para una cosa. Es alguien que conocí ayer en la fiesta que Madara le organizó a Sasuke.
—Ya veo. Con razón te desapareciste por tanto tiempo. Me sorprendes Itachi, ese comportamiento es impropio de ti. ¿Te fuiste de la celebración con el fin de seducir a una mujer? —inquirió perplejo.
Itachi tomó una de sus Montblanc y se la lanzó a su amigo. Yahiko desvió el rostro, salvándose apenas de perder un ojo.
— ¡No estaba seduciendo a nadie! Sakura es una dama —acotó encrespado.
— ¡Hey, sólo bromeaba!, ¿Qué diablos hombre? Que sensible, estás en esos días del mes o qué —siguió provocando, maravillado de ver a su jefe y hermano como nunca imaginó verlo.
—Yahiko… —advirtió.
La puerta se abrió de repente, Sasori entró relajadamente.
— ¡Toc, toc! Tengo mi reporte jefe, el bulto aterrizó en el nido, ya lo resguarda Nanny McPhee. Cuando los dejé estaban a punto de cenar, si todo marcha bien, para las ocho p.m., ricitos negros estará en cama, escuchando su cuento y posteriormente soñando con Bugattis —caminó hacia la barra en el fondo de la oficina. Buscó la botella de Grey Goose, y se sirvió una abundante cantidad. Después de pasar la tarde con Sasuke, lo necesitaba.
— ¿Nanny McPhee? —se burló Yahiko.
—Así nombró Sasuke a Deidara —explicó caminando de regreso a ellos, sentándose en un sofá cercano—. Yo soy Mary Poppins, me negué a aceptar algo que estuviera por debajo de mi encanto —aportó jovial.
—Hn. ¿Algo más? —Itachi se quedaba más tranquilo al dejar a Sasuke bien cuidado.
Su hermano necesitaba aprender rápido cómo defenderse. Por lo mismo, comenzarían con su entrenamiento a la tarde siguiente. Ya tenía las primeras armas que iba a obsequiarle, un cuchillo de caza elaborado de titanio; y una Glock 19X, que sería fácil de utilizar.
—Todo tranquilo. Sólo salimos por la tarde a hacer una visita. Parece que el chico está enamorado —delató juguetón, tal vez sí era más molesto que Deidara, reconoció sinvergüenza.
—Pues no es el único —Yahiko señaló a Itachi—. A los hermanos Uchiha les llegó la primavera —no pudo resistir jugar nuevamente con su amigo.
—Tsk. ¡Cállate! —le arrojó otra pluma— Lleva aquí una semana —se concentró en ignorar a Yahiko y se centró en Sasori.
—Pues no pierde el tiempo. No sé de quién se trata, ¿quieres que investigue?
—No. Esperaré a que me lo cuente él, pero mantente alerta —su móvil vibró, recordándole que no respondió el mensaje anterior.
Sakura:
Parece que estás muy ocupado, ¿verdad?
Dejaré de molestarte para que puedas trabajar.
Hablamos luego.
— ¡Mierda! —no quería que pensara que la estaba evadiendo.
Itachi:
Me distraje un poco. No me molestas.
De trabajar a hablar contigo, te escojo a ti en un latido de corazón.
¿Qué haces?, ¿sigues leyendo el libro que tu padre te regaló?
—No jodas. ¡Era en serio!, ¿Quién lo atrapó, Tayuya?
—Se llama Sakura, y es una dama…
Eludió el tono burlesco de Yahiko, que continuó hablando de él con Sasori, como si no estuviera en la misma habitación con ellos. Ya les daría una lección más tarde, lo primordial era el aparato que mantenía entre sus manos, y que le iluminaba el rostro cada vez que brillaba con un nuevo texto entrante.
.
.
.
Permaneciendo sola en la mesa del comedor escolar, esperando a sus compañeros, Sakura tecleaba con rapidez la pantalla del móvil, ansiosa por responder la pregunta de Itachi.
Sakura:
Apunto de almorzar con tu hermano y otros amigos
¿Y tú?
Tuvo razón al pensar que Itachi se pondría muy contento al saber que ella ya no detestaba a Sasuke.
Itachi:
Celoso. Me gustaría estar ahí =(.
Pero hay exceso de trabajo. ¿Tal vez el domingo?
Sakura:
Por supuesto. ¿Comida o cena?
Itachi:
Ambas =).
Sakura:
Tenemos un trato.
Guardando el celular al verlos llegar, les dedicó una sonrisa.
—Te escogí ensalada de pollo con mucho tomate, ¿está bien? —le acercó la bandeja a Sasuke.
—Perfecto. Gracias —se sentó a su lado, como venía haciéndolo toda la semana.
—Hola Sakura, ¿Qué hay? —la saludaron Suigetsu y Juugo acomodándose junto con él.
—A ustedes les traje hamburguesas.
—Eres un amor —se concentraron en devorar su platillo.
—Y bien, ¿van a decirme qué es lo que han estado tramando esta mañana?, ¿por qué faltaron a la tercera clase?
Cuando vio salir a los tres chicos, los detuvo y cuestionó, gracias a su nueva amistad con Sasuke, había convivido con ellos esos días, por lo que se sintió con la libertad de preguntarles. Pero Sasuke le dijo que no se preocupara, que le explicaría todo a la hora del almuerzo.
—Sasuke… —sospechaba que él era el que tenía todas las respuestas.
—Esto va a estar bueno —se rio Suigetsu, hora de descubrir que tan importante era la dulce chica, para el cabecilla de su pequeño grupo.
—Hmp. Estuvimos preparando un evento con alumnos de otros salones —le dio un mordisco a una rodaja de tomate.
— ¿Qué tipo de evento? —se hacía una idea. «Algo malo». Pero quería que él se lo ratificase.
—Carreras de autos —confió sin empacho.
—No creí que se lo dijera —susurró Juugo en el oído de Suigetsu.
—Yo tampoco…
Sakura dejó caer su tenedor sobre su comida. Sasuke era un joven rebelde y problemático, como cada hombre que perteneciera a la organización, era adicto a la adrenalina, al peligro… Respiró profundamente, no iba a volverse loca, él acababa de confiarle sus planes, regañarlo o censurarlo, únicamente crearía distancia entre ellos.
—Tú… ¿vas a competir, o sólo lo organizas? —se mordió el labio inferior, era su amigo y el hermano del hombre que le gustaba, no quería que se pusiera en riesgo.
—Sakura —unió sus manos, enlazando sus dedos—. Quita esa cara de espanto. Soy el mejor, no me verán ni el polvo —le encantaba que ella expresara sus sentimientos con tanta claridad. Ser importante para Sakura significaba mucho para él.
—No lo dudo… es que…
—Sakura no te ha visto conducir —intervino Juugo—, ¿Por qué no la llevas a dar una vuelta?, así se dará cuenta de lo bueno que eres —sugirió conciliador.
Sasuke agradeció el apoyo de sus amigos, ellos habían sido testigos de lo bien que controlaba el volante. Sasuke no poseía su propio vehículo aún. Itachi estaba sobrecargado de trabajo, incluso tuvo que enviar a Yahiko para entrenarlo en su lugar. Sabiendo que el amigo de su hermano era más complaciente, se las ingenió para que lo dejase sacar el juguete favorito de Itachi del garaje. Un Hennessey Venom GT, Sasuke prefería el Venom F5, pero su hermano no era tan fanático de la velocidad como él, por lo que tendría que conformarse.
Yahiko le autorizó el uso de la tremenda máquina, siempre y cuando se concentrara en su adiestramiento con armas y no diera problemas en la escuela. Poco sabía Yahiko que Sasuke estaba tan a gusto en su colegio, que no le acarrearía esfuerzo alguno ser el mejor del salón —o bueno, el segundo, no le quitaría el título a Sakura, aunque podría—.
Perjudicarla en algún sentido, era inconcebible. Esa semana en la escuela, resultó ser la mejor de su vida. Conocer a Sakura una experiencia refrescante y maravillosa. Era graciosa, lista, desinteresada, conversaban por horas, no importaba el tema, ella pondría todo de su parte para hacer de una simple plática, un momento inolvidable. Además se adaptó con facilidad a ellos, entendiéndolos, atendiéndolos y cuidándolos.
—Es una buena idea. La carrera es mañana, pero esta tarde podemos ir a algún lugar, ¿te gustaría? —propuso entusiasmado por mostrarle sus inmejorables habilidades de conducción.
Sakura consideró su plan. Toda la semana tuvo la esperanza de salir con Itachi. Conversar por mensajes y llamadas ya no era suficiente, quería verlo, tocarlo. Sus deseos se vieron coartados sin embargo, por el mensaje de antes, de que su cita quedaba pospuesta hasta el domingo.
—Sí. Le pediré permiso a mi papá, aunque no creo que me diga que no.
—Paso por ti a las seis —besó su mejilla, ya era un hábito.
—Aww, ¿no se ven lindos, Juugo?. Votaré por ustedes para rey y reina del baile.
— ¡Cállate Suigetsu! —no quería que Sakura conociera sus intenciones todavía.
—O mejor no, serías un rey muy amargado.
Sakura se divirtió en el almuerzo viéndolos pelear, sus padres tuvieron mucha razón respecto a que le encantaría tener amigos. El resto del horario fue algo similar, Sasuke cambió su lugar para sentarse cerca de ella, charlaban entre clases, ayudándose incluso cuando no entendían los temas que sus profesores explicaban. Los demás alumnos los miraban raro, pero a ellos no les importaba.
.
.
—Wow, ¿con esto competirás mañana? —su boca quedó abierta por el asombro.
El coche en el que Sasuke llegó a buscarla, era muy impresionante. Sólo con verlo, se podía apreciar que sería muy veloz.
—Hn —abrió la puerta invitándola a subir—. Este es de mi hermano. Pero casi nunca lo usa, yo por otro lado —la ayudó a entrar y a ponerse el cinturón.
— ¿Quién está detrás? —esperó a que Sasuke se colocara en su sitio y encendiera el auto. Una SUV negra los seguía de cerca.
—Mi escolta, Itachi y Madara creen que soy un niño. Hasta que no estén seguros de que puedo cuidarme solo, uno de sus hombres vigilará mi espalda. ¿Te molesta?, puedo perderlo fácilmente —al salir de la zona residencial, aumentó la velocidad.
—No. Eso sólo logrará molestar a tu hermano, Itachi te quiere mucho, por eso se preocupa tanto, no lo tomes a mal —acarició su hombro.
—Eso supongo. Oye, hablas de mi hermano como si lo conocieras, ¿lo haces? —tomó una salida que los llevaría a las afueras de la ciudad, ahí podría acelerar al máximo y mostrarle a Sakura de lo que era capaz.
—Oh… pues…
Se quedó callada, mientras se planteaba si sería prudente contarle la verdad a su amigo. Ya confiaba en Sasuke, pero le daba un poco de vergüenza confesarle lo que sentía por Itachi. Aunque, quién mejor que el hermano menor de su interés amoroso, para aconsejarla y ayudarla.
—Antes de que te lo diga, tienes que prometerme dos cosas.
— ¿Qué cosas? —frunció el ceño extrañado.
—La primera, que no te vas a enojar…
Para explicar su relación con Itachi, necesitaría dejar claro cómo se conocieron, ¿que si Sasuke se molestaba al enterarse que en la fiesta no quiso saludarlo?, y que por el contrario, corrió a esconderse de él.
—La segunda, no te vayas a burlar de mí.
Itachi era varios años mayor. Probablemente le sobraban las mujeres, comparada con ellas, no sería más que una mocosa inexperta e insignificante. Lo sabía bien, claro que no por eso, soportaría escucharlo de alguien más. Menos de Sasuke.
—Prometido. No me enojaré, y menos me burlaré de ti, eres mi amiga, no te haría daño nunca —intuía que lo que Sakura estaba por decirle era muy significativo. Se detuvo en la acera de un parque por el cual pasaban, así le dedicaría su completa atención.
Sakura empezó a relatar desde el horroroso momento en que se vieron por primera vez. Lo mal que se sintió por su rechazo, y lo asustada que estaba de exponerse ante él y su tío. Creyendo que se aprovecharía de su poder para atormentarla u obligarla a hacer algo que no quisiera, amenazándola con dañar a su padre.
—En verdad lo siento, ahora sé que no eres así, pero en esa ocasión… me sentía muy angustiada y… al llegar a la fiesta lo único que pude hacer fue correr. Necesitaba evadirte.
—No te pongas así —limpió sus lágrimas de arrepentimiento—. No me conocías, y te di motivos más que suficientes para que tuvieras esa baja impresión de mí.
—En la terraza en la que me oculté, me encontré con Itachi. En un principio no me dijo quién era, permitió que hablara mal de ti, me consoló y tranquilizó, se portó tan atento…
Sasuke entrecerró los ojos, basándose en el tono soñador de Sakura, no le iba a gustar en qué iba a terminar aquella confidencia.
—Intercambiamos números, incluso le pidió permiso a mi padre para tratarnos más… —encendió la luz del interior, comprobando lo que temía, sus mejillas estaban muy ruborizadas.
— ¿Los mensajes que siempre estás leyendo y respondiendo en tu móvil…? —ella asintió y sonrió.
Quiso gritar y golpear algo. Y él de estúpido pensando que sería alguna amiga de su antigua ciudad. Creyó lo que Suigetsu le dijo, que ahí ella no se llevaba con nadie, que si quería a Sakura no tendría ningún rival que le hiciera frente. Se restregó el rostro con las manos, recargándose contra su asiento y echando la cabeza hacia atrás, intentó por todos los medios calmar su respiración.
—Te gusta mi hermano… —concluyó sin inflexión en su voz.
—Sí, mucho. Pero no sé si sea recíproco. Es decir, si, parece que está interesado, ya que de no ser así, no contestaría mis mensajes o me llamaría seguido, es sólo que no sé qué tan en serio esté yendo…
—No me ha comentado nada, aunque tampoco he tenido tiempo de verlo —continuaba con la vista al frente, resistiéndose a encararla.
—Eres su hermano, y no me gustaría ponerte en una posición difícil, pero… quizás seas el único que puede sacarme de la duda. Sasuke, tú lo conoces bien, ¿crees que Itachi únicamente quiera jugar conmigo?
Al escucharla tan vacilante, giró el rostro y se encontró con sus ojos verdes. El temor al rechazo de Itachi, a la ridiculización por su parte, se leía claramente en ella. Lo mejor sería acabar con sus ilusiones ahora que se le daba la oportunidad, poner en mal a su hermano y aprovecharse de lo frágil que ella estaría. Pero…
¿Por qué tenía que ser precisamente Itachi de quien estaba enamorada?. Su hermano era su otra mitad, su modelo a seguir, poco más que un héroe. Traicionarlo. Pelear contra él, convertirse en su rival incluso si el premio era quedarse con Sakura. Impensable. No podría, al menos no sin hablar con él y conocer sus planes.
—Para ser honesto, no lo sé Sakura. Itachi ha salido con muchas mujeres, hasta donde tengo entendido, ninguna ha significado nada, sin embargo, no es un aprovechado. Nunca las ha engañado prometiéndoles una relación seria —le constaba porque él seguía su ejemplo.
— ¿Crees que si le pregunto qué espera de mí, me lo dirá?
—Sí, lo creo. ¿Qué si sólo quiere jugar? —apretó la mandíbula, ya preparado para contener su furia si ella le decía que se lo permitiría.
—Yo… yo no aceptaría. Padre quiere lo mejor para mí, y yo también. No creo que ser la diversión de tu hermano sea suficiente —agachó la cabeza, humillada con ese pensamiento.
—Y harías bien. Si Itachi no sabe tratar a alguien como tú, no te merece Sakura —sostuvo su mentón, alzando su cara y conservándola levantada—. Pero estoy convencido de que no será así. Eres perfecta.
—Lo dices porque eres mi amigo —toda ella se iluminó, enternecida y halagada.
Amigo. Que amarga podía saber esa palabra a veces.
—Lo soy. El mejor que vas a tener, el que va a estar ahí para felicitarte cuando consigas lo que quieres —aun si eso era estar con su hermano—, o para consolarte si no es así.
Tan sólo doce días le bastaron para perderse por ella. Aunque, ¿Cómo no caer?, no tenía el blindaje que da la decepción del primer amor. Se mantuvo alejado de las emociones humanas para simplificar su vida, justo cuando tomaba el riesgo con Sakura, sucedía lo peor. De haber sabido lo peligroso que era acercarse a ella, lo dañado que terminaría por su desamor, se habría quedado en Suiza.
—Gracias. Seguiré tu consejo, cuando vea a Itachi hablaré con él. Claro que no espero que me pida matrimonio, pero ya debe saber lo que quiere de mí. En fin, esta salida no fue para abrumarte con mis cosas. Vamos Sasuke, muéstrame lo que puedes hacer —lo incentivó motivada.
Le sorprendió gratamente la disposición de Sasuke de tornarse su confidente, pero él era un chico y ellos por lo general no soportaban mucho las charlas sentimentales. Era hora de la acción.
—Hn. Ya verás, espero que no te quejes después —el motor rugió con fuerza.
—Sabes, también le pedí permiso a papá de salir con ustedes mañana por la noche. Quiero verte competir y ganar, incluso apostaré por ti —por supuesto su padre pensaba que irían a una reunión con compañeros y no a carreras clandestinas.
— ¿En serio? —no retiró la vista de la carretera, aunque quería estacionarse de nuevo y abrazarla.
—Aja. Voy a ser tu principal animadora —lo apoyaría así como él hacía con ella.
Sasuke negó con la cabeza, entre más tiempo pasaban juntos, más motivos encontraba para quererla. ¿Itachi sabría lo afortunado que era? Una idea se plasmó en su mente. Ya sabía cómo lo averiguaría. Una charla no lo haría retroceder, sospechaba que las palabras no serían suficientes para apartarse de Sakura y dejársela a su hermano. Necesitaba hechos. Después de su victoria, tendría su respuesta y tomaría su decisión.
.
.
Itachi:
Buenos días.
Oye, hoy tengo que supervisar todos los clubes
que tenemos en la ciudad. No podré estar en
contacto. Espero que disfrutes tu día, extrañaré
nuestras conversaciones. Cuídate, por cierto,
estoy desesperado por que se llegue mañana
y poder verte.
—Tu amigo Juugo ya llegó Sakura.
Dejó de leer el mensaje —era la décima vez ese día—, y guardó su celular en el bolso. El escrito era un buen augurio, Itachi era tan atento y encantador, si se dejaba llevar por lo que Sasuke le contó, Itachi la consideraba algo serio. El mayor no se tomaría tantas molestias únicamente para seducirla. Suspiró esperanzada, en su cita lo comprobaría.
Cogió un cárdigan negro que iba muy bien con su bolso y sus tacones. No pensaba irse tan arreglada, pero Sasuke le comentó que después de las carreras irían a festejar a otro sitio, así que se vistió lo mejor que pudo.
— ¡Hola Juugo! —saludó a su amigo jovialmente.
—Luces muy hermosa, ¿lista?
Sasuke le encomendó la tarea de recoger a Sakura, él debía coordinar las carreras que habría antes de la suya, por lo que necesitaba estar desde temprano en el lugar de encuentro.
—Sí. Adiós mamá —con un beso en la frente y una mirada contenta, Kurenai los acompañó a la puerta.
—Cuídense y pásenla bien. Sakura no olvides tu hora de llegada —no quería que Kakashi la castigase en su primera salida oficial.
—Gracias mami, no te preocupes, regresaré puntual —la abrazó emocionada.
—Con permiso señora Hatake.
—Hasta luego, mucho gusto Juugo.
…
—Vaya, no pensé que vendría tanta gente.
Las carreras eran cerca del que hace tiempo fue el distrito industrial, en la sección menos turística de la ciudad. No había mucho que ver, más que montones de fábricas en ruinas. Suponía que ahí sería fácil correr los autos sin la preocupación de la policía. Llegó junto con Juugo al centro de la muchedumbre reunida, la bebida fluía con facilidad de mano en mano. Varias antorchas daban luz, estratégicamente repartidas alumbrando perfectamente a pesar de la profunda oscuridad. Al ver a sus compañeras de colegio, a las que por poco no reconoció por lo distintas que lucían, se sintió como una monja. Mientras su vestido morado le llegaba a las rodillas, las otras chicas iban casi desnudas, con faldas minúsculas y tops escotados.
— ¡Sakura, gané! —Suigetsu la alcanzó, levantándola en peso y dando una vuelta con ella.
— ¡Felicidades Sui! —rió divertida y mareada.
—Hmp, no es para tanto. Bájala ya.
— ¡Sasuke! —lo alcanzó cuando Suigetsu la dejó ir.
—Llegaron justo a tiempo, es mi turno —la tomó de la mano, llevándola con él a donde los cuatro autos que competirían ya se encontraban.
Sakura reconoció a los otros tres chicos, uno era hijo de un respetado político, los otros dos eran de familias dentro de la organización.
— ¿Listo para hacerme ganar dinero? —bromeó para disfrazar su intranquilidad.
Certificó de primera mano lo fácil que él dominaba un auto tan veloz, aun así, algo podría suceder. ¿Qué si los otros chicos manejaban con la misma pericia?, o peor, ¿Qué si alguno perdía el control y se impactaba contra Sasuke? Aterrada por la posibilidad, no pudo detener sus miedos y se los contó.
—Si alguno de esos principiantes pierde el control, ya estaré muy lejos como para que puedan chocar contra mí, no te preocupes —rio desenfadado—. ¡Hey!, ¿Qué te dije acerca de preocuparte? —acercando sus rostros, le propinó el casto beso en la mejilla que sabía la reanimaría—, mejor piensa qué harás con el dinero que te haré ganar. ¿Cuánto apostarás?
—Dos —respondió sosegada, su seguridad en sí mismo le produjo paz.
— ¿Doscientos dólares? —examinó conforme, aquella era buena cantidad para introducir a Sakura en el mundo de las apuestas.
—Dos mil —aclaró—. Juugo los tiene, me hará el favor de ingresarlos.
—Eso es un gran voto de confianza —se quedó pasmado.
—Tengo fe en ti. Además no es tanto, papá siempre se excede con mi mesada, no gasto mucho, así que cuento con unos buenos ahorros —dejó de reír, un tipo larguirucho anunciaba la última carrera—. No te lastimes —rogó acariciándole el mentón—, no importa el dinero… no importa otra cosa que tu seguridad, ¿entendido?
—Hn —asintió.
Había corrido miles de veces, pero ninguna de esas ocasiones sería tan satisfactoria como esta. Llegaría primero a la meta, no por los diez mil que le aguardaban si vencía, no porque quisiera el reconocimiento que obtendría; no por demostrar que era el mejor, ni tampoco por todas las mujeres que se le lanzarían encima con la intención de felicitarlo. Lo haría por Sakura, para llegar rápidamente de nuevo hasta ella.
—Cuídenla —ordenó a Suigetsu y a Juugo que ya volvía. Sus camaradas se limitaron a asentir y alejar a Sakura fuera del peligro.
La multitud se volvió loca. Se aproximó más a Suigetsu y se apretó a su brazo. Sasuke se acomodó en su auto, lanzándole una última sonrisa antes de que su cara se pusiera seria y concentrada. El rugido de los autos se mezclaba con los bramidos de las personas, el nombre de Sasuke era el más aclamado.
— ¡Él va a arrasar! —auguró el rubio, abrazándola para resguardarla de los demás.
—Más le vale —se tragó un gemido al verlos arrancar y salir disparados, dejando una estela de polvo tras ellos.
Cerró los párpados. De niña, Kurenai le había enseñado algunos rezos, ya que ella siempre estaba preocupada cuando su papá salía de casa por viajes hacia otros territorios. Recitó todos en su mente, repitiéndolos con fervor. Fueron los cinco minutos más largos de toda su existencia. No poder ver y saber cómo le estaría yendo a Sasuke, la tenía agobiada al punto del colapso.
— ¿Por qué no llega?
—Sakura es un tramo largo, las vueltas son difíciles, les tomará unos min- —se interrumpió al escuchar un característico sonido— ¡joder, ese loco voló!
— ¿¡Sasuke!? —su mano se mantenía en su pecho, sintiendo sus furiosos latidos al detectar un auto acercándose.
La mancha cromada se detuvo a unos metros de ellos, cruzando la meta. Sakura no supo cómo en un momento estaba al lado de Suigetsu, y al segundo después Sasuke la sostenía en brazos.
— ¡Lo hiciste! —chilló sobreexcitada, agradecida de que sus plegarias fueron atendidas— ¡Eres el mejor!
—Dejaste en ridículo a un Valkyrie y un Tesla Roadster, ¡eres un puto genio Uchiha! —Suigetsu se unió al festejo.
—Ni siquiera supieron qué los golpeó —fue el turno de Juugo.
—Bueno, ahora eres más rica de lo que eras cuando llegaste. ¿Invitarás los tragos?
Sasuke se debatía entre besarla y dejarla libre. Durante toda la carrera, no perdió de vista su objetivo. Le sorprendió su determinación, era el mejor, pero esa noche había sido inalcanzable.
—Sí, ¡todo corre por mi cuenta! —le urgía celebrar y no precisamente por su triunfo, sino por tenerlo de regreso sano y salvo.
— ¡Así se habla Sakura!
—Suigetsu, ya que estás tan entusiasmado recoge nuestro dinero. Hoy brindamos en el Mangekyó —Sakura y sus amigos aplaudieron.
Ese sería el último club en el que su hermano haría una parada. Cuando se encontrara con ellos por "casualidad", ¿Cómo reaccionaría Itachi frente a Sakura?. De eso se trataba todo. Del interés que demostrara su hermano por su amiga, dependía su futuro.
.
—Ya has terminado —Yahiko entró al despacho en el que Itachi revisaba los últimos reportes de ganancias.
—Sí. Todo parece ir muy bien. Hidan resultó perfecto como gerente —se desabotonó los primeros tres botones de la camisa, cansado y acalorado.
—Bien, entonces vayamos por unas bebidas. Sasori y Deidara nos esperan con Konan —invitó, también hastiado del largo día.
—Francamente lo único que quiero es dormir…
—No son ni las once. Camina anciano —lo empujó de la silla—, hasta Madara se divierte más que tú.
— ¡Ouch!, golpe bajo —rio al saber que probablemente era cierto.
Decidido a distraerse y entretenerse después de mucho trabajo, siguió a Yahiko. El Mangekyó era de los clubes más exclusivos, para clientes muy ricos y distinguidos.
Su estructura constaba de cinco pisos, en donde cada nivel especificaba una temática diferente. La planta principal era lo que podría considerarse normal, se tocaban varios tipos de música, contaba con tres barras y los camareros eran de ambos sexos. En el piso 2 se concentraban los rockeros y góticos, usualmente tocaban bandas en vivo.
En el tercero, fluía la mayor cantidad de drogas, exclusivamente sonaba música electrónica, cada fin de semana amenizaban Dj´s famosos. Las meseras eran sólo mujeres con uniformes diminutos, que repartían bebidas psicodélicas. De los cinco, era el que poseía la pista más grande.
El cuarto nivel, la tan amada y buscada zona oscura; sin pista de baile, constaba de treinta compartimentos, mismos que por lo regular eran usados como calabozos. Todo lo consensual era permitido. Striptease, prácticas sadomasoquistas, sexo, etc... Por último y no menos importante, el área VIP —a la cual se dirigían—, se tenían los mejores licores, la música era tenue, el propósito principal era la intimidad y la comodidad. Los hombres más influyentes del país, a menudo cerraban sus tratos ahí, después bajaban a los niveles inferiores a disfrutar de los excesos.
— ¿Qué hace ella aquí? —saliendo del ascensor, se detuvo molesto al ver el cabello rojo de
Tayuya.
—Quita esa cara. Sabes que Tayuya es cercana a Konan, ella no la rechaza por sus orígenes humildes, como hacen las demás. Se podría decir que es la única amiga que tiene, nosotros somos todos hombres, a veces necesita de otra mujer que la entienda.
—Dudo que Tayuya sea amiga de alguien —continuó en el mismo sitio, negándose a tratar con su ex amante.
— ¡Ay por favor!, ¿ya te comprometiste con tu dama? —Itachi negó con renuencia—, entonces no estás engañándola. Además, tampoco te estoy diciendo que vayas y te la folles, simplemente siéntate y pasa el rato con nosotros.
— ¡Bien!, pero que sea la última vez. Consíguele otra mascota a tu esposa, Tayuya no es de fiar —advirtió caminando hacia los demás.
— ¡Itachi, cuanto tiempo sin vernos! —soportó el empalagoso saludo de la pelirroja, por los viejos momentos compartidos, no la desairaría frente a sus amigos.
.
Sakura vio los números del ascensor cambiar conforme se acercaban al último piso. No lo iba a negar, se sentía muy emocionada. Según Sasuke, el Mangekyó era el mejor de los negocios nocturnos propiedad de Akatsuki. Considerando la fila permanente de afuera, la cual pasaron de largo sin menor problema, seguro era verdad. Apenas podía creer que estuviera ahí, los porteros ni siquiera les habían pedido sus identificaciones, obviamente gracias al Uchiha menor.
— ¿Qué hay en el quinto nivel?, siempre me quedo atorado en el tercero —se movió Suigetsu a su derecha.
—Mucha tranquilidad y una buena vista —«y mi hermano», especuló Sasuke, ansioso por acabar con su inquietud.
—Yo quería bailar. Pero considerando que es la primera salida de Sakura, supongo que algo relajado es mejor.
Como la única mujer en el cuarteto, evidentemente sus amigos la consentían demasiado. Dejaría que Sasuke los llevara a conocer la zona VIP, después, cuando fuese conveniente, los convencería de que estaba lista para experimentar otro nivel y unirse a la algarabía.
Las puertas metálicas se abrieron. Los cuatro chicos emergieron, Sakura explorando cada superficie. Suigetsu preparado para encontrar mujeres. Juugo con la intención de tomar algo. Sasuke buscando a Itachi.
Lo localizó casi al instante. El variopinto grupo por el que estaba rodeado, hacía fácil detectarlo.
—Miren, ahí está mi hermano y sus compinches, vamos a saludar —cogió de la mano a Sakura, impidiéndole reaccionar.
Al llegar a la mesa, el primero en verlos fue Yahiko. Luego Deidara y Sasori, por último una mujer de cabello azul. Itachi ni cuenta se dio, ya que se hallaba distraído secreteándose con una pelirroja.
— ¡Sasuke, ¿Qué tal la carrera?! —Deidara había insistido en acompañarlo, pero al saber que Juugo y Suigetsu estarían con él, le permitieron un soplo de independencia.
Al oír el nombre de su hermano, Itachi dejó de hablar con Tayuya. Ella se afanaba en convencerlo de retomar sus encuentros, él ya no sabía de qué otro modo mandarla al infierno sin ser cruel. Giró el rostro en dirección al recién llegado, quedándose inmóvil.
— ¿Sa-Sakura? —sus miradas se encontraron, sus ojos verdes lucían decaídos y enturbiados.
La observó acercarse a Sasuke, buscando su amparo escondiéndose tras él. Su hermano la rodeó con su brazo en un gesto puramente protector. Cuando él le murmuró algo al oído y ella asintió sumisa, dándose media vuelta con la intención de irse sin siquiera saludarlo, comprendió la situación.
—Creo que llegamos en mal momento. Si nos disculpan, nos vamos —Sasuke no esperó a que alguien le respondiera. Simplemente se encaminó a la salida llevándose a Sakura y sus amigos con él.
—Eso fue extraño, ¿Qué le pasa a tu hermano, Itachi? —Konan los escrutaba contrariada.
— ¿Dijiste Sakura?, ¿tu Sakura? —investigó Yahiko.
— ¡Mierda! —no tenía tiempo ni ánimos de aclarar nada.
Se puso de pie y corrió a alcanzarla, «está imaginándose lo peor de mí».
— ¡Sakura! —profirió alterado.
Se detuvieron cerca de los elevadores. Sasuke enfrentándolo, obstruyéndole el camino.
— ¡No es lo que crees! —quiso rodear el cuerpo del menor, pero su hermano lo detuvo.
—Déjala en paz —advirtió contenido.
— ¡Voy a explicarle! —la actitud de su hermano le pareció acertada.
Sabía por Sakura que ellos tenían una buena relación, a juzgar por la cara furiosa de Sasuke, una profunda y sincera amistad. Eso le agradó, su hermano sería un gran aliado a la hora de proteger a su mujer.
—A ella le gustas de verdad. Si tus intenciones no eran serias, no debiste ilusionarla…
—Sasuke, ¿crees que si no me interesara de la misma manera, correría como un jodido idiota detrás de ella?. Estábamos tomando un descanso después del largo día. Tayuya vino con Konan, la esposa de Yahiko. Ella está interesada en mí, no lo niego. ¡Pero yo no, le dejaba claro que entre nosotros no pasará nada! —expuso abierto.
Sasuke obtuvo lo que fue a buscar. Ciertamente su hermano no se expondría de ese modo por nadie, menos por una mujer con la que sólo quisiera acostarse. Atestiguar su exasperación fue suficiente. Sus manos se convirtieron en puños. Era todo tan injusto, ¡él la vio primero! De no ser por su equivocación… por un maldito malentendido, ella sería suya. Si no lo hubiese estropeado, Sakura no habría desaparecido de la fiesta, corriendo directo a los brazos de Itachi.
Era su culpa. Lo asumiría y viviría con ello, porque no había más opción.
—Buscas algo formal… —terminó con sencillez, ocultando su aflicción tras una falsa sonrisa.
—Creo que por fin sentaré cabeza. ¿Qué te parece que tu mejor amiga sea tu cuñada? —confió contento.
No le avergonzaba que Sakura y los otros dos estuvieran escuchando la conversación, de hecho era mejor así. Para que le quedase claro que no la dejaría escapar. Lo suyo era especial, amor a primera vista. Con el plus de que no estaba obnubilado solamente por su belleza, su mente era igual de excepcional. Se atrevió a mirarla, su sonrojo y sonrisa le proporcionaron el permiso que solicitaba para acercársele.
Sasuke no lo frenó.
Se paró frente a ella, tomando su rostro suavemente, acercó sus labios a los suyos.
—Sakura, estoy muy contento de que estés aquí, porque así no tengo que esperar hasta mañana para hacer esto.
Él sería el jefe de Akatsuki, un hombre respetado por varios, temido por muchos. Un comportamiento así quedaba fuera de lugar. Sentimientos débiles como el amor, debían expresarse en privado. Al diablo todo, él era Itachi Uchiha, podía hacer lo que le diera la gana. Unió sus bocas en un toque simple, sintiendo su calor, su exquisitez. A continuación, aprovechando su experiencia, separó sus labios con la lengua, demandando la entrada. Su sabor lo consumió.
Sakura no supo ni qué la golpeó. Su corazón se marchitó al verlo tan cercano a la otra mujer, concluyó que ya tenía las respuestas que buscaba. Pero luego él corría tras ella, y decía todas esas cosas, liberándola de la miseria y dándole de nuevo esperanzas.
Era demasiado. No quería detenerse a razonar.
Rodeó su cuello. Los fuertes brazos de Itachi la sujetaron con firmeza, adhiriéndola a su torso. Se puso de puntillas y alzó la cabeza, queriendo profundizar el contacto. Su piel se erizó, la sangre transitando en sus venas, ardía. ¿Así era cuando la pasión, el deseo y la lujuria se combinaban? Itachi la devoraba sin guardarse nada, dándole una prueba del tsunami que juntos podían provocar.
Al separarse de su húmeda caricia, urgidos por un respiro, sus cuerpos se mantuvieron juntos. Los escalofríos remitieron paulatinamente.
—Bueno, eso fue esclarecedor. Así que sí es la Sakura de los mensajes. Me alegra ver que resolviste el problema. Me preocupaba ser el que pagara las consecuencias si tu dama te mandaba a volar, ya que yo fui quien te sonsacó a beber y a sentarte junto a Tayuya.
Yahiko no bromeaba, ocasionarle una complicación a su amigo, era lo último que pretendía.
—Bueno, ¿vas a presentárnosla?, podemos regresar a la mesa, Konan despejó el camino —esa era la clave para decir que Tayuya se había ido.
Por supuesto la pelirroja insistió en quedarse a molestar, pero como mujer inteligente, sabía que no era bueno tentar a su suerte, e importunar más a Itachi.
— ¿Vienes?, aún tenemos que hablar —Itachi esperaba que el beso esclareciera cuales serían sus circunstancias, pero si no era así, requería explicarle que de ahora en adelante, estarían juntos.
Sasuke ya no tenía otra cosa por hacer ahí. Su hermano se encargaría de Sakura. Se dio media vuelta haciéndoles una seña a Juugo y Suigetsu, si los otros ignoraban su partida, mejor.
— ¡Hey, a dónde van! ¿Sasuke?
Claro, Sakura tenía que ser quien lo detuviera.
—Creo que está todo claro. Tú te quedas con Itachi, ¿no?
—Vinimos a celebrar. Juntos los cuatro. Si se van me voy con ustedes, Itachi y yo podemos vernos mañana, ¿cierto? —se apartó del mencionado.
Había salido esa noche con sus amigos, e iba a pasarla con ellos. No le fue complicado desentrañar el plan de Sasuke. La llevó al Mangekyó para que se encontrase con su hermano y pudiera verlo, ahora incluso pretendía dejarlos disfrutando a solas. Ansiaba aprovechar la ocasión y pasarla con Itachi, por supuesto que sí. Sin embargo, su prioridad eran sus camaradas. Su objetivo, compensar a Sasuke.
—No tiene que irse nadie. Vengan, celebremos tu victoria, ¿Por qué es eso lo que venían a festejar, verdad? —Itachi alcanzó a su hermano—. No hemos pasado tiempo como quisiera, pero me entero de todo lo que te sucede —lo retuvo por los hombros, mirándolo con orgullo—. Le has dado un buen uso al auto, mejor que yo, por eso… y porque no he recibido ninguna queja de tu colegio. El Hennessey ya es tuyo.
Un premio de consolación, ¡qué bien!. Sasuke se abstuvo de liberar su sarcasmo. Se quedarían, no le arruinaría la diversión a los otros, especialmente a Sakura, que por ser tan buena amiga, estaría dispuesta a seguirlo a donde sea que se perdiera.
—Gracias. ¡Festejemos entonces!
.
Sakura e Itachi serían perfectos como pareja. A nadie le pasó desapercibida la manera en la que se complementaban. El modo en el que se miraban con complicidad. Él respetaba y cimentaba sus opiniones, ella admiraba y estimulaba su ingenio. Él despertaba su ímpetu, ella templaba su temperamento.
Bebieron, rieron, disfrutaron. Compartiendo anécdotas, bromas, tonterías. Al casi finalizar la velada, a ninguno le extrañó cuando Itachi volvió a besar a Sakura. La emoción de ver al próximo jefe de Akatsuki enamorado, fue algo por lo que todos brindaron, incluido el joven de corazón roto.
.
.
El encuentro del domingo por la tarde, inició con una comida en el mejor restaurante de la ciudad. Sakura ya no se hallaba tan nerviosa ni insegura porque ya sabía qué esperar.
—Así que Sasuke actuó como nuestro cupido —comenzó Itachi después de haberse acomodado en su mesa y ordenado sus platos.
—Eso creo. Él sabía que estarías ahí, y que a mí me urgía hablar contigo para aclarar la situación. Es tan buen amigo —aseguró con franqueza.
—Ahora no sólo es tu amigo, sino tu cuñado también —tomó sus manos por encima del mantel.
Sakura se sonrojó ridículamente, desacostumbrada a actos tan osados y directos por parte de hombres como Itachi. La noche anterior, antes de que todo finalizara y Sasuke la regresara a su casa, Itachi le reiteró de nuevo sus deseos. Él aspiraba a algo serio con ella.
—Eres tan adorable —halagó complacido por su reacción tan automática, tan humana.
—Hmn, gracias. Es algo muy increíble, dejando fuera a papá y mamá, antes no tenía a nadie, ahora los tengo a ustedes dos y a varios amigos más, el paquete completo. Me gusta el cambio —sonrió tiernamente.
—Eso es bueno, quiere decir que te va mejor el Norte que el Este, no tendrás inconveniente en hacer de ésta tu ciudad. Y dime, ¿por qué te fue complicado socializar?
—Ninguno. No hay nada que extrañe de allá. Respondiendo a tu pregunta… Los hombres me veían como un trofeo al cual ganar, y las otras chicas, pff, eran demasiado superficiales y aburridas. Los colegas de papá siempre estaban presionándolo, recriminándole que era una mala idea que asistiera a la escuela, que debía educarme en casa como al resto, porque después me creería más lista y querría aspirar a otras cosas para las que las mujeres no servimos —recordó con rabia.
Gracias a Naruto, desde la adolescencia había tenido que alejarse de todos los demás chicos, y las mujeres, esas ni siquiera la consideraban por creerla afortunada de poseer la atención del rubio.
—Apuesto que Kakashi no cedió.
—Papá los mandó al infierno. Dijo que yo no me creía lista, que lo era, y él estaba orgulloso de mí. Que se preocuparan por sus propios hijos y lo dejaran a él criarme a su modo. Lo amo, por mí ha estirado las reglas todo lo que ha podido, siempre buscando mi bienestar —reveló con un nudo en la garganta, orgullosa y conmovida.
Sakura era un soplo de aire fresco en un mundo tan caótico y duro como el suyo. Por encima, guiándose exclusivamente por su inmensa y etérea belleza, parecía la típica princesa consentida, adiestrada e influenciada para ser la perfecta señorita; para ser el mejor accesorio de alguien poderoso, sólo admirada de lejos, perpetuamente codiciada. Pero ella era mucho más que eso, era una mente privilegiada, un alma sensible y noble, un ser pasional, fuerte y correcto.
Él la quería. Él la tendría.
No para coartarla ni cambiarla; para disfrutarla, para vivirla y respirarla. Para amarla y adorarla, convertirla en su reina. Ella sería el rayo de Sol que lo mantendría cálido, el destello de luz que alejaría las sombras. Su fortaleza y debilidad.
—Puedo ofrecerte lo mismo Sakura. Mientras sepas en dónde y a quién perteneces, puedes conservar tus alas —prometió con honestidad.
Sakura lo miró directamente, comprendiendo su declaración. Ese atisbo de libertad, de aceptación, probablemente nadie en el mundo de la mafia se lo daría. Itachi era excepcional.
—Gracias, no esperaba menos de ti Itachi —terminó de otorgarle su rendición.
Disfrutaron de la comida que les fue traída. Al salir de ahí, Itachi la complació llevándola al cine, era algo absurdamente común, pero que de su mano, se convirtió en un suceso extraordinario. Sentados en la última fila, lo que menos importó fue lo que se proyectaba en la pantalla. Se abrazaron y besaron hasta que las luces se encendieron. Su tiempo juntos concluyó ya muy tarde en la noche, cuando después de un paseo y una ligera cena, Itachi la devolvió a su hogar.
Fue la mejor cita de sus vidas, y la primera de muchas.
.
.
Los días transcurrían rápidamente.
Sakura intercalaba su tiempo entre la escuela, la familia, y el ático de Itachi. Conviviendo con su novio y su cuñado, los hermanos Uchiha y ella, instauraron una peculiar dinámica. Trataban de que al menos uno de ellos estuviera siempre al pendiente; acompañándola, distrayéndola, ayudándola… Si Itachi no podía, Sasuke tomaba el relevo.
Había tardes en las que simplemente pasaban el rato, sentados los tres en el sofá viendo películas. Otras veces, Sakura preparaba la cena mientras los chicos se dedicaban a entrenar, luchando entre sí. Solían reunirse mucho en grupo también. Sakura se adaptó al trío siniestro sin problema, así mismo, le brindó su amistad a Konan. Ambas mujeres se acoplaron a la perfección.
Pero en medio de toda la felicidad, se cernía una oscura cuestión que Sakura era incapaz de resolver todavía. Naruto Namikaze.
Naruto N:
Buenos días amor. ¿Estás pensando en mí?
Pronto será tu cumpleaños, estoy preparando
una gran sorpresa. Seguro te encantará. Por otra parte
estos días no he podido hablar contigo como debería.
Espero que no estés molesta, ya que no respondiste
mi último mensaje. Sabes que tengo que arreglar el asunto
del maldito compromiso. Mi padre quiere adelantar la boda
Tengo un plan perfecto, te lo diré cuando sea seguro, ¿de acuerdo?
Te extraño Sakura, no sabes lo desesperado que estoy
por verte otra vez y estar contigo.
Te amo.
Sostuvo el móvil con manos temblorosas.
— ¿Qué sucede amor, estás bien?
Itachi no podía enterarse de esto. Les dedicó su mejor sonrisa de no pasa nada y se puso de pie, excusándose para ir a encerrarse al baño. Su primer impulso fue borrar el mensaje, pero llegado el caso de que este problema se saliese de control, necesitaría hablar con Minato, y él le exigiría pruebas. Llena de repulsión, le dio respuesta al texto de su sádico acosador, previniendo que al no contestarle, él optara por llamarle.
Sakura:
Si, una semana y seré mayor de edad.
¡Urra por mí! No estoy molesta, entiendo que
como el próximo jefe, debes ser alguien muy ocupado.
Yo igual estoy inmersa en la escuela, pronto me
graduaré, he ahí el porqué de mi silencio. No pasa nada, ¿OK?
Hablamos luego.
Besos.
Envió el mensaje con una sensación de desasosiego. Dejándose caer en el resplandeciente piso de mármol, comenzó a derramar silenciosas lágrimas. Impotente y aterrorizada.
Su máximo sueño, era que cuando se casara con Itachi, Naruto retrocediera. Siendo la esposa del Uchiha que se quedaría a cargo de Akatsuki, tendría protección ilimitada, estaría fuera de su alcance. Naruto no se arriesgaría a una guerra sólo por tenerla, la dejaría en paz por fin. Ella sería libre de esa pesadilla, libre para amar a Itachi, dejando en el olvido tan horrible episodio.
.
— ¿Por qué esa cara? —Yahiko le propinó un codazo.
—Sakura no ha regresado. La noté extraña, algo le pasa —sus ojos estaban fijos en el pasillo por donde su novia desapareció. No era la primera vez que Sakura actuaba raro.
—Será la presión de cumplir los dieciocho y no saber si vas a proponértele de una vez —se llevó a la boca una rebanada de pizza.
— ¿Crees que sea eso?, no se lo he sugerido, pero es algo obvio. Ya lo hablé con Madara, cuando Sakura sea mayor de edad nos comprometeremos, y antes de finalizar el año, nos casaremos.
— ¿Qué dijo tu tío? —interrogó terminando de comer.
—Que hubiera preferido a una mujer que fuese miembro original de Akatsuki, como Izumi. Por supuesto le hice ver el beneficio de tener una relación "familiar" con Kakashi Hatake, así que me dio su bendición —ironizó indiferente, la opinión de Madara lo tenía sin cuidado.
—Hmn, bien hecho. ¿Y qué dice tu suegro?
—Él también está de acuerdo. La única que no conoce los planes es Sakura, no quiero abrumarla. Pero si lo que la tiene así es la incertidumbre, entonces hablaré con ella y se lo diré justo ahora.
—No te precipites. Espera hasta la fiesta sorpresa que le han organizado tú y Sasuke, ya falta una semana. Quizá lo que la inquieta es el colegio. Es una chica que se exige mucho, tal vez reprobó algún examen —se alzó de hombros.
Itachi consideró el consejo de su mejor amigo. Optando por hacer lo que Yahiko sugería. No arruinaría lo que su hermano y él habían dispuesto para la celebración de Sakura. Por otro lado, no le gustaba nada su sospechoso comportamiento.
—Creo que tengo un encargo para ti —decidió al verla regresar. Lucía fatal. Aunque hubiera intentado ocultarlo, se notaba a leguas que había estado llorando.
— ¿Tú dirás?
—Vigílala —le encomendó, impulsado por un mal presentimiento.
— ¿Uh?, ¿que no le encargaste esa tarea a Obito? —destacó confundido.
—No, él la protege a distancia. Pero quiero que lo reemplaces y que no sólo la cuides, sino que me mantengas informado de todo lo que hace. No necesito advertirte que ella no puede saberlo, ¿verdad?
— ¿Crees que oculta algo malo?
—Ella no me traicionaría, pero puede que algo externo la atormente y no se me ocurre otra cosa para descubrirlo.
—Bien. Será como digas. Me convertiré en su sombra hasta que averigüemos qué le sucede —prometió con sobriedad.
.
.
El día de su cumpleaños fue viernes.
Inició de lo mejor, con una llamada de Itachi a la media noche. Desvelarse no significó un problema, ser despertada de manera tan romántica por su novio, fue un detalle precioso. Hablaron hasta ya muy entrada la madrugada, ninguno se atrevía a finalizar la conversación.
Le siguió un desayuno con sus padres, recibió sus felicitaciones y sus presentes con mucha emoción. Kakashi le obsequió un Porsche 911 en color rojo cereza —desde que conoció a Sasuke, empezó a sentir interés por los autos rápidos, él le enseñaba a conducir en sus ratos libres, en poco tiempo perdió el miedo a la velocidad—. Kurenai, sabiendo que esa noche saldría con Itachi a una cena para celebrar, le compró un elegante outfit que mandó traer de Milán.
— Felicidades cumpleañera.
Sasuke le pasó un ramo de geranios rojos con un girasol al centro, que expresaban: «Siempre pienso en ti, eres mi sol». La abrazó con afecto. Subyugando apenas, el amor insondable y prohibido que le profesaba en secreto.
— ¡Son hermosas, gracias, gracias! —se volvió un poco loca, le encantaban las flores.
Sasuke la vio correr de regreso a su casa, yendo a colocar su regalo en agua.
— ¿Lista para irnos? —tomó su mochila como cada mañana que pasaba por ella.
—Alto ahí. Hoy no iremos en tu bebé. Iremos en el mío —le mostró la llave de su regalo.
Señaló el lujoso deportivo que permanecía bajo la sombra de un frondoso árbol, a la espera de ser estrenado.
— ¡Papi me compró un Porsche! —bailó alegre.
— ¡Wow! —Sasuke lanzó un silbido— lindo —alzó el pulgar—. Para empezar está muy bien. Porque si sigues bajo mi mala influencia, pronto estarás ganándome en las carreras clandestinas.
« ¿A quién engaño?, mi hermano te encadenará en un apresurado matrimonio, para impedir que te le escapes», pensó fatalista.
—Na, no creo que llegue a ser tan buena. Me basta con llevarte a pasear y ser el terror de todos los que se nos atraviesen —rio con descaro—, ¿nos vamos? —lo cogió de la mano.
—Hn. Increíble —halagó al comprobar el interior—, creo que esto empequeñecerá mi regalo, tu padre nos ha superado a todos.
—Las flores que me trajiste son incomparables. Además, no me importan los obsequios, me basta con tenerlos conmigo —Sasuke acercó su mejilla, para su distintivo beso.
Partieron sin más distractores. En el colegio se armó un gran barullo. Suigetsu se encargó de que toda el aula se enterara de su cumpleaños y la agasajasen por ello.
El día se le presentaba inmejorable.
Naruto N:
¡Feliz cumpleaños amor!
¿Lista para tu sorpresa?
Lamento decirte esto, pero tendrás
que esperar un poco, solo hasta mañana.
Lo prometo.
No te enojes por favor.
Espera mi llamada
Besos, ¡Te amo!
Dejó el labial a un lado. Imposibilitada para retocarse los labios.
—No permitas que esto te arruine la noche —se repitió como un mantra.
Tragando grueso y respirando profundamente, borró de su mente a Naruto. Comprobándose en el espejo, sonrió encantada con su look. El vestido se ajustaba a cada curva de su silueta, el escote palabra de honor dejaba ver el inicio de sus pechos. Era de un sobrio color cobalto, el toque llamativo lo daban el collar y los preciosos aretes de zafiros. Sin vanidad, reconoció que le encantaba lo preciosa que se veía. Dejaría a Itachi con la boca abierta.
Su predicción fue bastante acertada. Al encontrárselo en la planta baja, aguardando por ella. Itachi la recibió deslumbrado.
—Estás… me has dejado sin palabras… ¿en serio eres real? —la capturó en un exigente abrazo.
Quería arrojársela sobre el hombro y llevársela a su ático, fue paciente hasta donde pudo, pero no esperaría más. Besó castamente su frente, mesurándose por respeto a sus padres que los vigilaban de cerca.
—Pásenla bien, la quiero de regreso a las 2, ¿estamos?
—Por supuesto. Con permiso.
Dejando a Kakashi y su esposa detrás. Itachi se lanzó a su boca, aprovechando la protección que les proveía la noche.
—Quiero devorarte —advirtió vehemente.
— ¿Y si nos saltamos la cena? —propuso igual de avivada. Restregándose en su pecho y mordisqueando su boca.
—Me gustaría, pero no es posible. Mejor, apurémonos a terminar con ello para aprovechar las horas que nos queden después.
Plantar a todos los que esperaban en el Mangekyó para la fiesta sorpresa, sería una descortesía tremenda. Asimismo, Sakura merecía una digna celebración.
—Está bien, andando entonces— acordó satisfecha con la resolución.
.
Sakura se extrañó cuando en vez de dirigirse a algún restaurante lujoso, Itachi la llevó al Mangekyó. No le recriminó nada, a ella le daba igual donde pasaran el rato, mientras estuviese con él.
El ascensor los llevó hasta el último piso. Al salir, la inquietó la oscuridad. No veía nada. Envolvió el brazo de Itachi, temerosa de que su novio se alejara. Apenas habían dado dos pasos cuando el ruido estalló, así como los colores de las luces y el confeti.
— ¡Sorpresa! —saltó y gritó del susto.
Parpadeó aturdida, cegada por los focos. Sus amigos no le dieron descanso, uno a uno, la alcanzaron y abrazaron. Sasuke llegó al final.
—Felicidades —besó sus mejillas y su cabeza, oliendo sutilmente su cabello—. Tu regalo —le ofreció una caja pequeña—, ábrela —pidió ante los ojos de su hermano, que los miraba confiado y contento.
Sakura retiró la envoltura con mucho tiento, luego la guardó en su bolso. Bajo el pliego de oropel, había un fino estuche de una reconocida joyería. Levantó la tapa, dejando escapar un gemido. Tres hermosas pulseras de oro blanco permanecían recostadas en la cama de seda. Una muy femenina con una piedra negra. Las otras dos bellamente masculinas con una esmeralda respectivamente.
—Tuya —Sasuke tomó el brazalete pequeño y se lo colocó en la muñeca izquierda.
—Ónix —como los ojos de los hombres más importantes de su vida.
—Hn. Mía —cogió la segunda y se la pasó a ella, pidiéndole ayuda para abrocharla, Sakura lo hizo fascinada y conmovida—. Itachi —su hermano asintió, brindando su brazo, usando la tercera.
—Bien hecho hermanito. Esta piedra me recordará a ti amor, cada vez que me mueva y la vea brillar en mi muñeca —informó risueño, Sakura lloraba enternecida.
— ¡Los adoro! —exclamó atrayéndolos a los dos.
Hermandad. Amistad. Amor. Se conjugaron en un solo gesto.
El festejo salió excelente. Sasuke quedó satisfecho al verla resplandecer toda la velada. Itachi no bailaba, pero por ella hizo una concesión. Ahí, viéndolos en el centro de todo, abrazándose, besándose, riendo y hablando ensimismados el uno con el otro, era difícil no sentir envidia.
Sobre todo porque sabía perfectamente de lo que se perdía. Ya conocía lo que despertaba el roce de sus dedos en su piel, ella curó con tiento las heridas que Itachi le dejó después de que le ganó en sus peleas formativas. También apreció la suavidad de sus labios en cada beso amistoso y correcto, dado con inocencia y encanto en sus mejillas. El poder de sus sonrisas. El influjo de sus palabras.
Cuando fue hora de que se escabulleran, optó por darles la espalda. Cerró los párpados, desestimando el paisaje que se apreciaba a través del ventanal. No se habían quitado las manos de encima en toda la noche, por lo que ya sabía a donde iban… y lo que harían...
—Si tanto te afecta estar cerca de ellos, ¿Por qué te torturas siendo su mejor amigo? —la palma de Suigetsu cayó sobre su hombro.
—Es lo más que puedo aspirar a ser. E irme no es opción, ¿A dónde puedo ir, que ella no me siga... que no me encuentre?, si la tengo clavada aquí —señaló su sien—. Por lo menos si estoy con Sakura, me aseguro de que esté bien, de que Itachi la haga feliz.
—Y yo aquí pensando que era un masoquista por salir con Karin. Tú te llevas los honores hombre —palmeó su espalda—. ¿Quieres pasar la noche en mi departamento?
—Me quedaré con Juugo. No te sacrifiques por mí.
—Te diré que, convenceré a Karin de posponer nuestro maratón de sexo para mañana, no me dejarán fuera de su noche de Residen Evil 2.
—Hmp. Como sea.
La pequeña sonrisa de Sasuke fue suficiente recompensa para Suigetsu. Se sorprendió de sí mismo, nunca imaginó que llegaría el día en que antepusiera las necesidades de alguien más, sobre sus propios deseos egoístas. Se felicitó mentalmente, no era el mejor en casi nada, pero era muy bueno como amigo.
.
.
—Itachi… —gimió al sentir su mano acariciar desde su cuello hasta su vientre, pasando por encima de sus senos.
—Debí saber que te verías más hermosa así.
Sakura se estremeció al chocar con los oscuros y hambrientos ojos que la observaban sin parpadear.
— ¿Frío?
Sus ropas estaban diseminadas por el suelo de la recamara. Mantenían puestas sólo sus prendas interiores. Sakura un hermoso conjunto negro de encaje, él sus bóxer grises que no hacían nada por disimular su erección.
— ¿Miedo? —replanteó cuando ella negó.
—Tampoco —murmuró suavemente.
— ¿Entonces? —la abrazó con ternura.
Alzó el rostro, buscando y localizando en su expresión, el incentivo que necesitaba para desaparecer sus nervios. Con su palma derecha, palpó su mejilla, bajando tentativamente a su duro mentón. El rostro de Itachi era hermoso, no de una manera delicada, sino varonil y fuerte. Bajo las circunstancias equivocadas, definitivamente podría tornarse en un perfil severo y cruel.
—Anticipación —reconoció finalmente.
—Hn.
El encuentro entre sus bocas, se convirtió en un combate sin tregua. Itachi exigía, ella daba. Perdió terreno al jadear por oxígeno. Él aprovechó para tirar de su cabello y echarle la cabeza hacia atrás, buscando sus puntos vulnerables en la zona del cuello. Lamió por debajo de su oreja, pellizcando con los dientes hasta llegar a su clavícula.
Un calor sofocante se apoderó de ella. Sus dedos se mezclaron en las largas hebras negras, deshaciendo la apretada coleta. Itachi le dio la vuelta de repente, sosteniendo su espalda contra su trabajado pecho. Guiándola hacia el frente de un largo espejo, sostuvo su barbilla y la hizo enfrentarse a sus reflejos.
Estaba sonrosada, sus pupilas dilatadas y sus labios enrojecidos e hinchados. Él paseó la nariz por sus hombros, embriagándose de su perfume. Su boca se hizo agua al percatarse del contraste que sus cuerpos juntos creaban. Ella tan blanca, delicada y pulcra; Itachi tan grande, fuerte y tatuado.
Su respiración se atoró al percibirlo desabrochando su sostén. Sin tirantes que lo sujetaran, su cubierta cayó, las manos ásperas y cálidas de Itachi, fueron el remplazo.
—Mnm…
Itachi se dedicó a masajear los sedosos y pesados montículos, apresando los rosados pezones con cuidado, endureciéndolos y dejándolos listos para más tarde. Sakura estaba ida, perdida en su placer. Mientras una de sus manos continuaba con la tarea, la otra descendió hasta su cadera.
— ¿Itachi?
—Shhht —retuvo su cara y la distrajo con un beso lento.
Bajó las finas braguitas, las cuales se derrumbaron a sus pies. Abrió los ojos, aunque continuaban en medio de su baile de lenguas, no podía perderse esa imagen. Sakura en todo su esplendor, desnuda de pies a cabeza para él.
— ¿Qué-¡ah!? —con el pulgar comenzó a presionarle el clítoris, a la vez que su dedo medio comprobaba su húmeda entrada.
Sin apartarse de su boca ni soltar sus senos. La estimuló y preparó para el clímax. Atestiguarla deshaciéndose en sus brazos, era algo sin precedentes. Más allá de excitante. Si no tuviera tan magnifico autocontrol, ya estaría follándola contra la pared. Pero sería su primera vez, y tenía que salir perfecta.
Estaba cerca, retorciéndose desesperada. Sus uñas enterrándose con inconsciencia al brazo que la torturaba entre las piernas. La penetró con tres dedos, los jadeos incrementaron, sus paredes vaginales lo oprimieron con fuerza.
— ¡Itachi! —la mantuvo de pie, soportando su peso, orgulloso de proporcionarle tal culminación.
Fue levantada del suelo, la intensa sensación no se disipaba aun, la tenía temblando, ávida por más. Su fiero amante la colocó sobre las fastuosas sábanas, haciéndola imaginarse que viajaba entre nubes.
—Te amo —profesó con fervor cuando él la alcanzó, posándose sobre ella.
—Y yo te amo a ti. Sakura… —se estiró más allá de ella, alcanzando algo bajo una de las almohadas— Quiero que te conviertas en mi esposa, dime… ¿te casarías conmigo? —propuso serio, mostrándole un bello anillo de compromiso.
— ¡Oh Dios! —la fina pieza de platino, con un simple pero hermoso diamante rosa en el centro, le trajo lágrimas de júbilo. No tuvo que planteárselo— ¡Por supuesto que sí!
—Mi eterna primavera —sonrió Itachi, cogiendo su mano izquierda y sellando el trato. Le ajustaba de maravilla.
Sakura se lanzó a sus brazos, besándolo con todo el amor del que era capaz. Pronto el romántico momento fue dejado de lado. Itachi logró excitarla nuevamente en segundos, sin separarse de sus exquisitas cimas, las cuales succionaba ávidamente, se colocó el preservativo y tanteó lo empapada que seguía. Lista. Concluyó separándole las piernas, acomodándose entre ellas.
—Si… —Sakura lo atrajo hacia sí, arqueándose y rogándole.
La penetró despacio, registrando a detalle sus gestos. Cuando estuvo completamente dentro de ella, atisbó su mueca de dolor. Se quedó muy quieto, dándole tiempo de que atravesara la conmoción. Con castos roces de sus labios, mimó los arcos de sus pómulos y boca, en cuanto empezó a responderle, supo que estaría bien.
La punzada en su núcleo disminuyó, el grueso miembro de Itachi palpitaba en su interior, haciéndola consciente de sí misma, jamás se sintió tan pequeña y frágil como en ese instante. Se centró en los extáticos ojos negros que le transmitían alivio. La oscura mirada de su ahora prometido, fue un afrodisíaco y a la vez un bálsamo, que la hizo olvidar el impacto de su pérdida.
Comenzó a ritmo perezoso, con estocadas profundas y pausadas. Sakura parecía disfrutar, superando su incomodidad inicial. Conforme la respuesta de ella mejoró, la necesidad de él incrementó.
— ¡Itachi! —la pronunciación de su nombre en tales circunstancias, lo avivó en demasía.
— ¡Sujétate bien! —ordenó ásperamente.
Ella le rodeó la cintura con los muslos, abrazándose a su cuello como si no quisiera soltarlo. Verlo tan desatado y deseoso, tan salvaje y dominante, la llenó de un poder similar. Ella ya le pertenecía, igual que él era suyo. Se impulsó vigorosa, encontrándose con cada uno de sus asaltos.
Itachi la prensó del trasero, sus respingonas nalgas eran su deleite, el primer lugar en donde sus ojos se perdían cuando la veía.
— ¡Sí! —gimió gustosa a través de sus penetraciones.
Situando hábilmente su punto G, golpeó incesantemente ahí, estimulándola de inmediato. Levantándola del colchón, la recargó contra la cabecera, sitiándola sin posibilidad de escape. Apretó la cara contra su cuello, reprimiendo sus gruñidos, salía y entraba en ella con urgencia, reclamándola y poseyéndola enteramente. Sus uñas clavadas en sus labrados hombros, le dejarían marcas que durarían toda la semana. Montándola con determinación, se desvivió por postergar su nirvana, la haría llegar primero.
Por segunda ocasión, varios minutos después de lo que fue su primer orgasmo, Sakura alcanzó el éxtasis otra vez. Gritó más fuerte, su cerebro explotando en su cabeza. Se apretó a Itachi, exigiéndole no parar sobrepasada por la magnitud de sus convulsiones, sacudida hasta los huesos. Él la siguió. Maldiciendo y alabando lo gloriosamente estrecha que estaba.
—Te… amo —repitió entre jadeos, detenida en el tiempo, nadando en el limbo.
—Creo que te he estafado —aspiró con esfuerzo— se suponía que era yo el que tenía que hacer especial este día para ti, al final has sido tú la que me ha dado el mejor regalo —se recostó, llevándola con él, cepillando juguetonamente su nariz para devolverla al mundo real.
—Y lo hiciste. Este ha sido mi cumpleaños favorito.
Continuaron haciéndose cariños, disfrutando de su unión, hasta que fue hora de regresar a casa.
.
.
Escuchando sonar su celular, Sakura dejó de mirar embobada su anillo de compromiso. Sus padres estaban muy contentos por ella, la felicitaron durante el almuerzo, Kurenai ofreciéndose a ayudarla con todos los preparativos y Kakashi listo para financiarle la boda de sus sueños.
Con la cabeza todavía en la Luna, recordando su apasionada noche con Itachi, respondió sin verificar al número entrante.
—Sakura
Sus latidos se paralizaron.
— ¿Na-Na- Naruto?
—Hola amor, no sabes cuánto deseaba escuchar tu voz.
—Ho-hola, yo- yo también —casi se atragantó con la descarada mentira.
—Tengo lista tu sorpresa. Hazme un favor amor, sal afuera de tu casa.
«No Dios, por favor no».
— ¿Qué hay… qué hay afuera? —no sabía cómo eran los ataques de pánico pero aquel debía ser uno, porque estaba empezando a faltarle el aire.
—Sólo ve Sakura —su tono jocoso se tornó ácido.
—Está bien, espera…
Antes de salir de su habitación, se quitó el anillo que le regaló Itachi y lo guardó en su alhajero. Afortunadamente sus padres estarían fuera todo el día, por lo que nadie la detuvo cuando corrió hacia la calle. Al abrir el portal, se llevó de nuevo el móvil a la oreja.
—Ya estoy aquí —comunicó mirando hacia todas direcciones, esperando lo peor.
—Un segundo amor
Una Escalade gris dio vuelta en la esquina, estacionándose justo frente a ella. La ventanilla polarizada del conductor descendió poco a poco.
— ¿Gaara?
—Hola Sakura, cuanto tiempo —sonrió el pelirrojo.
—Súbete —instruyó Naruto y después colgó.
No se le ocurrió cómo zafarse, por lo que obedeció sin rechistar al mandato del rubio. La camioneta se movió en seguida.
— ¿De qué se trata esto Gaara? —el pelirrojo había sido un buen amigo, esperaba que todavía le tuviera consideración y le respondiera con la verdad.
—Es tu regalo. Por cierto, feliz cumpleaños, luces hermosa —le sonrió amable.
—Gra-gracias. ¿Mi regalo? Yo… si no regreso pronto padre se preocupará —¿Qué tenía planeado Naruto?
Cuando Gaara se dirigió al centro, se tranquilizó algo, al menos no planeaban sacarla de la ciudad.
—No te preocupes, regresaremos en un par de horas.
Aquello definitivamente eran buenas noticias. El resto del viaje lo pasó en silencio, no pudo reunir el valor para darle conversación a Gaara.
El pelirrojo aparcó en un parque, nunca había estado ahí, pero lo conocía, era una reserva que tenía varias hectáreas de árboles. Prácticamente un mini bosque en las entrañas de la capital.
—Vamos.
Bajó ayudada por él. Al inspirar el olor a pino, se infundió valentía, enderezándose como si todo fuese estupendo. Como si sus piernas no estuvieran a punto de colapsar. Caminaron durante algunos minutos, internándose en el corazón del lugar. Al rodear una jardinera de arbustos, lo vio. Cabello rubio, ojos azules…
—Hola de nuevo, Sakura.
Abrió y cerró la boca, el shock de tenerlo frente a ella nuevamente, la paralizó. Naruto la alcanzó, ciñendo su cintura posesivamente.
—Feliz cumpleaños, amor —bajó la cabeza y se apoderó de ella.
Apretó los labios rehusándose a permitirle el acceso, pero él era insistente, y muy fuerte. Oprimió su talle con dureza, haciéndola gimotear de dolor. Su lengua atacó viciosa, subyugándola fácilmente. Lo único que fue capaz de hacer, fue agarrarse a su camisa y resistir el ataque mansamente.
—Joder te extrañé tanto —continuó besándola, haciéndola caminar hasta recargarla en el tronco de un árbol —. Danos privacidad —despidió a Gaara.
Sakura se encontraba como en trance. Su estómago se revolvió y su garganta ardía por el llanto contenido. «¡Itachi!», clamaba en su interior. Pero él no podía ayudarla, de enterarse, mataría a Naruto, y luego Minato exigiría sangre. Debía callarse y resistir, como venía haciéndolo desde que inició. No faltaba mucho para su boda.
—Oh amor, lo que daría por llevarte conmigo de una buena vez… saber lo que se siente estar dentro de ti por fin —le restregó su erección.
— ¡Naruto! —chilló alarmada.
—Mi tímida virgen. No tengas miedo, no voy a desflorarte aquí —le informó divertido—. Mi padre quiere que mi boda con Hinata Hyuga sea en dos meses. No puedo hacer nada que atraiga la atención sobre nosotros —hizo una pausa para propinarle otro beso—, no me canso de tu sabor.
— ¿Entonces vas a casarte? —evitó sonar esperanzada.
—Tengo que, pero no te preocupes. Ya casado, a mi padre no le importará lo que haga. Finalmente podré volver por ti —aseguró resuelto—. No pongas esa cara, no serás mi amante por siempre, los accidentes pasan, tal vez me quede viudo antes de lo previsto —sugirió perverso.
Respiró profundo, reteniendo las náuseas.
— ¿De veras crees que Minato no se molestará?
—Para nada, él sabe lo importante que eres para mí, mientras haga las cosas como quiere, me apoyará.
Sakura lamentó escucharlo. Los mensajes que guardó de nada le servirían, y ella que había pensado que el jefe de su padre se pondría de su parte de ser necesario. Como era obvio, solaparía a Naruto, a pesar de que aquellos planes eran descabellados. ¿Quién sabe?, a lo mejor hasta lo ayudaría a deshacerse de su esposa con tal de molestar a los Hyuga.
—Mira, esto es para que veas que hablo en serio.
Soportó con espanto como él le colocaba un anillo en el dedo anular izquierdo. En el mismo lugar que lo hiciera Itachi la noche anterior. Parpadeó rápidamente, sin embargo las lágrimas corrieron libres.
—Sabía que te emocionarías —si no dejaba de besarla, iba a vomitarle encima—. Lamento decirte esto, pero ya tengo que irme. Apenas y pude organizar esta escapada para venir a felicitarte y darte tu regalo, no puedo ausentarme por más de un día, o Minato sospechará. Te amo Sakura, ¿lo haces tú también?
Al intuir que no podría mentirle sobre algo tan importante, se conformó con asentir. Naruto no lo tomó a mal, ella seguía hecha un mar de llanto, por lo que probablemente pensaba que estaba triste de verlo partir.
—Nagato ya debe estar esperándome en el aeropuerto. Adiós amor, cuídate mucho. Estaremos en contacto, ¿de acuerdo?
—Si… —susurró quebradiza.
—Hmn.
Con otro beso atroz, que duró toda una vida, terminó de desaparecer.
Cuando Gaara la regresó a casa, lo primero que hizo fue escapar al baño y arrojar su desayuno por el retrete. Luego se lavó los dientes y se metió a bañar. Se restregó el cuerpo con violencia, dejando marcas rojas por cada parte que Naruto mancilló. Quitándose el aparatoso anillo de esmeraldas y diamantes, lo lanzó con rencor sin importarle donde caería.
—Itachi… —se desmoronó en el suelo, llorando desconsolada.
.
—Hey Gaara, ¿Qué pasa, ya dejaste a Sakura en su casa?
—Lo hice. Pero quiero comentarte algo que me pareció extraño —conducía hacia el aeropuerto.
—Tú dirás.
—Nos estaban siguiendo, al principio no lo noté, pero al regresar lo confirmé.
—No es algo raro, Kakashi debe tenerla custodiada.
—No creo que haya sido un guardaespaldas, además, ¿Por qué se esconderían manteniéndose tan lejos?
— ¿Crees que se trate de algo malo?
—No lo sé. Pero te lo cuento porque pensé que querrías que investigara —sugirió deteniéndose en un semáforo.
—Estás en lo correcto. Nosotros tenemos que regresar hoy mismo, pero quiero que tú te quedes aquí y me informes. ¿Entendido?
—Entendido jefe. Cambio y fuera —encendió la direccional, dando vuelta en sentido contrario al que manejaba.
.
Sakura marcó la clave que la llevaría hasta el ático de Itachi. Quería verlo, sólo en sus brazos conseguiría olvidarse de su encuentro con Naruto. Seguía muy afectada, ni siquiera tenía idea de cómo llegó hasta allá si no estaba en condiciones de manejar. Supuso que su desesperación la volvió insensata.
— ¡Itachi! —su sonrisa apareció por arte de magia, al verlo mirando hacia afuera por las puertas de uno de los balcones.
Llegó hasta él, ansiosa por tocarlo. Por hallar consuelo.
—Sakura —viró para enfrentarla.
— ¿Qué… qué sucede?
Bajó los brazos a punto de abrazarlo. Sus ojos negros tan amables siempre, lucían sombríos e impenetrables.
Él la observó analítico, registrando cada centímetro de ella.
— ¿Dónde estuviste al mediodía Sakura? —preguntó con voz modulada.
Inestable y sofocada, como empujada por un puño de acero, se tambaleó dando varios pasos hacia atrás.
— ¿Po-por qué? —sus pupilas comenzaron a empañarse.
No era posible que supiera, ¿verdad?
—Responde —exigió con el mismo tono monótono.
Sí, lo era.
—Ya lo sabes, ¿no? —sus hombros cayeron en derrota.
—Quiero que me lo digas tú. Que me admitas a la cara… tu traición.
Evadió su mirada, agachando la cabeza con culpabilidad.
— ¿C-cómo? —graznó acabada.
—Yahiko te ha seguido. Cuéntame, por favor. ¿Desde un principio has estado engañándome con Naruto Namikaze?
¿Seguida?, ¿cómo no lo imaginó?, iba a ser la esposa del próximo líder, claro que debía ser cuidada, «vigilada, investigada».
—Las cosas no son así, no… Itachi te juro que… —se interrumpió abruptamente.
¿Qué, qué?, era demasiado tarde para hablar ahora.
— ¿Ibas a casarte conmigo porque él va a casarse con otra?, ¿Por qué ya no serás la reina de la mafia del Este, así que te conformaste con ser la reina del Norte?
— ¡No! —¿Cómo llegaba a tan absurdas conclusiones?
— ¿O ni siquiera tenías la intención de llegar hasta el matrimonio conmigo?, ¿querías darle celos?, recordarle lo que se estaba perdiendo…
— ¡No tengo nada con Naruto!... te amo sólo a ti —necesitaba intentarlo, aunque no sirviera de nada, Itachi tenía que saber que daría la vida por él.
— ¿Ah sí?, Entonces, ¿Por qué estabas besándote con él en ese parque?, por cierto, ¿Dónde está el anillo que te regaló?
—Itachi…
Sus dientes chocaban entre sí, castañeándole no sabía si por nervios, pavor, o dolor. El día anterior fue el mejor de su vida, era intolerable que justo horas después, toda su felicidad se estuviera desvaneciendo.
—No lo niegas, aunque lo agradezco. Mentirme descaradamente empeoraría esta situación ya de por sí desmadrada. Dame tu móvil.
— ¿Qué?... no, ¿para qué? —negó confundida.
— ¡Ahora!
Su fachada de calma y estudiada indiferencia cayó. Sacó el móvil de su bolso y se lo entregó. No tenía modo de defenderse, ¿para qué azuzarlo más?
—Contraseña —se la dio. Cerró los ojos al comprender lo que estaba viendo, todas las llamadas, los mensajes que la inculpaban—. Jodida perra traicionera. ¿Sabes lo que hacemos en Akatsuki con las putas traidoras como tú, Sakura?
La expresión de Itachi no era la del hombre amoroso y considerado que conocía. Aquel era un extraño, el rey de todo, el que con una palabra se hacía obedecer, ya sea por respeto o miedo. No más Sakura mi amor, ahora era su enemiga, poco menos que basura.
— ¿Matarlas? —no importaría, ya se sentía muerta por dentro.
—Hn. Debes estar agradecida que no eres uno de nuestros miembros. Y que no lo serás jamás. Pensar que te consideré digna de ser mi esposa.
—Lo… siento —¿Qué más podía decir?
«La verdad»
— ¿Kakashi tenía conocimiento de esto?
— ¡No!, mi padre no sabe nada. ¡Ellos no tienen nada que ver, no te atrevas a tocarlos! —su temperamento cobró fuerza.
Fue educada para mantenerse compuesta ante cualquier situación, siempre sensata, siempre en calma, proyectando un carácter agradable y mesurado. Una dama de hielo en el mejor de los casos. El histerismo que la dominaba ahora, de nada le serviría, sin embargo no fue capaz de controlarlo.
— ¿Te atreves a amenazarme? —la tomó de la nuca, obligándola a sostener su desafío.
—Por favor… déjalos fuera de esto. ¡Castígame a mí, yo soy la responsable de todo! Ni siquiera Naruto sabe de ti —no es que defendiera a su verdugo, pero si Itachi decidía cobrarse la afrenta contra la familia del Este, de nada serviría su silencio—. Haré lo que quieras… yo… —toda su fuerza se marchitó al sentir la ira que manaba a raudales, dirigida directamente hacia su persona.
—Tú ya no me interesas. Fuiste mi distracción, no más. En consideración a lo de anoche, y a tu condición de mujer, voy a hacerte el favor de dejarte vivir, a ti y a tu familia. Pero no te equivoques, vigilaré de cerca a Kakashi, cualquier cosa sospechosa, no dudaré en enviarlos de regreso al territorio de Minato, en pedazos —prometió siniestro.
—Eres un monstruo… —justo igual que Naruto.
«Tú lo has obligado a ello, dile la verdad», tembló incontrolablemente.
—El peor de todos Sakura. Ahora, lárgate de aquí, antes de que me arrepienta. Quien sabe, todavía puedo reconsiderar convertirte en mi esposa, así tendría toda la vida para torturarte y hacerte pagar tu engaño.
Se odió por la ilusión que surgió en ella. Si Itachi decidía casarse con ella, por lo menos tendría la posibilidad de luchar porque la perdonase.
—Tsk. Es broma —se burló desalmado—, jamás elegiría a una mujer como tú. La madre de mis hijos será una joven virtuosa, no una zorra interesada y manipuladora. Toma —le regresó el móvil—, vete ya.
«Preferiste salvaguardar las alianzas entre los territorios, a tu felicidad. Ahora paga el precio», se recriminó con el corazón partido en dos.
Limpiándose las abundantes lágrimas con las palmas, trató de recomponerse un poco. Observó su anillo de compromiso. No habría tal. Con inmenso dolor, se lo quitó.
—Déjalo, a fin de cuentas no fue más que una baratija para satisfacer tus gustos vulgares —espetó con frialdad.
Sabía que no era cierto, que sólo lo decía para hacerle daño. Eso no aminoró su sufrimiento. Lo oprimió en su mano, agradecida por llevarse aquel recuerdo. El símbolo de su amor. Mientras tuviera su argolla, no olvidaría lo feliz que pudo ser su vida.
—Adiós Itachi… perdón.
«No por engañarte, sino porque en el proceso de salvarte, nos he destruido».
Lo último que Itachi vio fue su espalda, antes de que desapareciera tras las puertas del elevador. Apretó las manos, volviéndolas puños.
—Lo siento hermano —Yahiko salió del salón contiguo en el que se escondió.
—Prepárame una pelea para esta noche —mandó ya dirigiéndose hacia su habitación.
—Itachi… si necesitas hablar…
—No hay nada de qué hablar Yahiko. Sakura no es quien creí que era. Terminé con ella, fin de la historia.
—Tal vez hay alguna explicación…
— ¿Cuál?, fuiste quien me trajo esas fotos, claramente se apreciaba lo que hacía con Naruto Namikaze. Tenía montones de mensajes incriminatorios con él. Además, ni siquiera se defendió. No le des más vueltas al asunto Yahiko. Apégate a cumplir con lo que te ordeno —decretó con desapego.
.
Sasuke bajó de su auto y se encaminó hacia su ascensor privado, no sabía si Sakura se había quedado toda la noche en el departamento con su hermano, por lo que prefirió no arriesgarse a regresar temprano. Oraba porque ya no estuviese ahí.
Las puertas se abrieron justo en su cara.
— ¿Sakura?... —reconoció la figura inclinada— ¡Sakura! —exclamó alarmado al verle el rostro.
— ¡Sasuke!
Aguantó el duro impacto cuando ella se arrojó a sus brazos. Llorando inconsolable. Sus sollozos lo destrozaron, los lamentos expresaban un inconmensurable dolor. La sostuvo al percibir su debilidad, tomándola en brazos la llevó hacia una esquina, resguardándolos de los posibles mirones y de las cámaras de seguridad.
No supo cuánto tiempo estuvieron así, ella desahogando todo su sentir, él sujetándola y frotándole la espalda.
— ¿Qué tienes Sakura, qué pasó? —le susurró en la oreja, ella se rehusaba a sacar el rostro del hueco de su cuello. Tenía la camisa empapada desde el hombro hasta el pectoral derecho por su llanto, pero lo único que quería es que dejase de sufrir.
—I-Itachi, se acabó… terminamos —gimió herida.
— ¿¡Qué!? ¿Por qué?, eso no… ¡no puede ser posible! Mi hermano iba a entregarte el anillo de compromiso anoche. Sakura qué sucede… Háblame por favor —exigió apartándola, precisaba mirarla a los ojos.
Sakura titubeó. Si sostenía la mentira de su engaño ante Sasuke, lo perdería igualmente. No podía renunciar a él también. Separarse de ambos, acabaría con ella. Tomó su decisión.
—Júrame que no le dirás a nadie lo que voy a contarte, en especial a Itachi —imploró antes de recuperar la razón.
— ¿Qué… de qué se trata?
— ¡Sólo prométemelo! Dame tu palabra… júrame que sea lo que sea, te quedarás callado —suplicó desamparada, era con el único que contaba para ayudarla a soportar la carga.
Sasuke la examinó a conciencia, lo que debió haber visto fue lo desesperada que se sentía, porque asintió de acuerdo.
—No le contaré a nadie lo que me digas. Te lo juro.
Le creyó. Aquella sería una conversación difícil y larga, no quería tenerla en medio del estacionamiento subterráneo del edificio de Itachi. No quería arriesgarse a encontrárselo tampoco. No quería otra cosa que desaparecer…
—Vamos a mi casa, mis padres no están, así que podremos hablar sin problemas.
Sasuke le arrebató la llave del Porsche, Sakura no se hallaba en condiciones de manejar. ¿En qué diablos estaba pensando su hermano al dejarla irse de ese modo?, que no se percató de lo mal que iba. Quiso subir al departamento y enfrentarlo, pero primero se ocuparía de ella.
Como Sakura prometió, la mansión estaba despejada, los empleados se encargaban de sus deberes, por lo que no significaron inconveniente. Encerrándose en la biblioteca, acomodándose los dos en uno de los sofás, se dispusieron a comenzar.
—La historia que voy a contarte es extensa, te pido que no me interrumpas, y que me escuches hasta el final, ¿puedes?
—Claro que sí —alcanzó sus manos y las sostuvo entre las suyas, dándole confort, como tantas veces hizo ella con él.
Sakura se aclaró la garganta. Enfocándose en uno de los estantes llenos de libros frente a ella. Empezó relatando su infancia, lo bien que sus padres adoptivos la acogieron, los amiguitos de los que estuvo rodeada.
—Naruto, el hijo de Minato Namikaze, jefe de la familia del Este, era el más cercano a mí. De las cosas arduas y dolorosas que me ha tocado vivir en este mundo, se podría decir que perderlo a él ha sido lo que más me ha afectado. Era tan bueno, tan tierno; por supuesto, como todos los niños, no dejábamos de hacer travesuras y meternos en líos. Siempre me protegía, yo lo quería mucho. Escondidos detrás de las gradas del colegio, Naruto fue mi primer beso a los doce años.
¿En realidad aquellos recuerdos eran tan lejanos?, parecía que había transcurrido una eternidad. El Naruto de ahora, la hacía pensar en que el Naruto que ella admiraba de niños, fue una ilusión. Que nunca existió.
—En el Este, los miembros principales se inician a los trece años. Si todo marcha bien, hacen su juramento y obtienen su tatuaje a los quince. Para ese entonces, la mayoría ya han logrado su primer asesinato. Naruto, fue aprobado a los catorce, la ristra de muertes ascendía a veinte. El poder lo corrompió. Yo… lo desconocí por completo… comencé a temerle, así que intenté alejarme. Nuestros planes… sus planes —corrigió—, siempre fueron convertirme en su esposa. Estaba atrapada, papi es de los hombres más leales a Minato, si Naruto me quería, me tendría, porque papá no podría evitarlo.
»Por nuestras edades, logré ganar tiempo. Le dije que me permitiera concentrarme en mis estudios mientras tuviera oportunidad, él a su vez se enfocó en el negocio. Pero era una pequeña concesión, tarde o temprano me reclamaría. Creí que todo estaba perdido, hasta que Minato se vio en la necesidad de hacer un acuerdo con los Hyuga. Un compromiso matrimonial que obligaba a Naruto a casarse con la primogénita de esa familia.
Sasuke aun la sostenía, escuchándola atentamente.
—Naruto no lo aceptó. Minato ya comenzaba sus relaciones comerciales con Madara, por lo que tomó la decisión de nombrar a papá como su representante, convirtiéndolo a su vez en el enlace entre el Norte y el Este. Lo principal era separarnos a mí y a Naruto, para que no se estropearan las negociaciones con los Hyuga.
—Tú no lo amabas, así que para ti fue un alivio —se sintió en la necesidad de subrayar.
Sakura asintió.
— ¿Aquella vez no fue la última que escuchaste de Naruto, cierto?
—Está obsesionado Sasuke…
Le enseñó los mensajes y el por qué le siguió la corriente, le contó todas sus amenazas. También fue sincera al hablarle de sus planes de quedarse para siempre ahí y enamorarse de alguien que perteneciera a Akatsuki.
—Cuando conocí a Itachi, pensé que era el destino sonriéndome —rio sin humor—. Enamorarme del siguiente jefe, ¡y él correspondiéndome! ¡Wow! —comenzó a llorar nuevamente—. Naruto está loco, pero no se atrevería a retarlo. Todo se solucionaría, sólo debía aguantar un poco más su acoso, cuando me casara, Naruto desaparecería.
— ¿Por qué no nos lo dijiste Sakura? —reprochó tratando y fracasando no sonar tan severo.
—Sabes lo que Itachi habría hecho de saber… —Itachi era bueno, pero no dejaba de ser la próxima cabeza de Akatsuki, si alguien amenazaba sus dominios, "su posesión", tendría que responder con violencia.
—Sí, lo que ese maldito se merece. ¡Matarlo como a un perro rabioso por meterse contigo! —se puso de pie, yendo de un lado a otro, intentando calmarse.
— ¡Y entonces estallaría una guerra! —gimió angustiada—. Mi papá, Itachi, tú, todos nuestros amigos… todos estarían envueltos en ella, por mi culpa… —se cubrió la cara con las manos, acallando los sollozos.
—Lo siento —se dejó caer a su lado, cargándola y subiéndola a su regazo—. ¿Qué pasó, por qué Itachi y tú terminaron?
—Naruto vino hoy, hizo que uno de sus subordinados me llevara hasta él. Su regalo de cumpleaños consistió en hacerme una visita relámpago, para darme un anillo y contarme los planes que tiene para mí —Sasuke se tensó, apretándola más—. Me besó, Sasuke. Y yo… no pude detenerlo, no sabes que aterrador fue descubrir lo indefensa que estaba ante él, que si Naruto hubiera querido, habría hecho conmigo lo que quisiera…
Sasuke se juró que iba a matarlo. Ni siquiera eran celos. Era furia al escuchar lo expuesta que estuvo, lo sola que debió sentirse.
— ¿Sabías que Yahiko me vigilaba?
— ¿¡Qué!?
—Por tu sorpresa, supongo que no. Tu hermano le ordenó seguirme, así fue como se enteró. Piensa que le fui infiel.
—Joder —ya tenía el cuadro completo—. Y tú no le explicaste… —porque estaba aterrada de las consecuencias.
—No puede enterarse Sasuke. Si antes había alguna posibilidad de haberlo detenido, ahora no la hay. Itachi matará a Naruto.
—De cualquier manera lo hará, ¿crees que se quedará como si nada?, piensa que tú y ese degenerado le vieron la cara de idiota —Itachi buscaría venganza, si no dañó a Sakura, sin duda dirigiría su ira hacia Namikaze.
—Le dije que Naruto no sabía nada. Que la única mentirosa y traidora soy yo.
— ¡Joder Sakura!, ¿querías que te matara?
Negó incrédulo. Su hermano sin duda amaba a Sakura, hasta el punto de contenerse para no acabar con ella en cuanto se enteró de su supuesto engaño. Sabía de muchos casos que terminaban en tragedia, y eso que los implicados ni siquiera eran miembros de la mafia, sino ciudadanos comunes y corrientes.
—Al ver que no podía hacer nada, que lo perdí, ciertamente no me importaba.
—Ay Sakura. ¿Qué vamos a hacer? Si no te casas con Itachi, estarás desprotegida. No puedes regresar al Este, y nadie de Akatsuki te querrá tampoco. Ante los ojos de todos, tú siempre serás la mujer de Itachi, aunque él te haya… despreciado —eso es lo que la gente asumiría, ya que Itachi jamás permitiría verse humillado diciendo la verdad.
—Lo sé, yo… tengo un plan —se mordió el labio nerviosamente.
Era algo que había ideado como último recurso, algo que esperaba no tener que hacer. Claramente las circunstancias la obligaban a tan descabellada medida.
—Por favor no digas que es irte con él —no se lo permitiría.
— ¡No, jamás! No sólo porque no pienso convertirme en su amante, es porque si lo hago, él se deshará de su esposa.
— ¿Qué es entonces?
La vio inspirar profundamente. Aquello no le iba a gustar.
—Voy a escaparme Sasuke, huiré lejos, donde no me encuentre —listo, lo dijo.
— ¡No puedes irte! —su corazón se aceleró.
No podía dejarlo.
—Es la única salida. Si me quedo aquí, él vendrá por mí, probablemente a Itachi no le importe, pero a mi papá sí, ¡no quiero que termine muerto!
Eso es lo que pasaría, no le quedaba duda de ello.
—Hay otra manera —con cautela, acunó su mejilla, haciéndola mirarlo a los ojos.
No creyó que se le presentara nunca la oportunidad. Sakura amaba a Itachi, Itachi amaba a Sakura. Él los amaba a los dos. Era lo único que importaba. Estuvo contento con su relación. Dolido y devastado también, claro. Sin embargo, mientras todo marchase correctamente, mientras fuesen felices, viviría para apoyarlos. Bueno, todo estaba arruinado sin aparente reparación.
—Cásate conmigo, yo te protegeré Sakura —no titubeó.
Sakura abrió la boca, estupefacta.
—No… no puedo hacerte eso Sasuke. Permitir que te sacrifiques por mí… ¡no sería tan egoísta como para arruinar tu vida así!
Sasuke tenía un brillante futuro por delante. Era inteligente, capaz, confiable… bueno. A pesar de ser quien era, su corazón era noble. Cuando encontrara a una mujer a quien amar, sería el mejor esposo. Y la encontraría, era cuestión de tiempo. Se rehusaba a atarlo a su lado y quitarle esa posibilidad.
—No sería un sacrificio. Yo quiero hacerlo, sé que tú no sientes nada por mí, que al que amas es a Itachi, y probablemente siempre lo vas a hacer… —no pudo decir más, la realidad de esas palabras laceraba su garganta.
— ¿Que no siento nada?, ¡eso no es verdad! —ahora fue ella la que tomó su rostro entre las manos— Eres imprescindible en mi vida. Sí, amo a tu hermano, perderlo va a dolerme hasta que me muera. Pero te amo a ti también, por eso tuve que contarte todo, porque que tú te alejaras de mí, no era una opción…
—Entonces casémonos —susurró juntando sus frentes, sus narices se rozaban, sus alientos se entremezclaban.
No era la misma clase de amor que él le profesaba, estaba al tanto de que el amor de Sakura nacía de la amistad. Pero era algo. Con el tiempo, con su perseverancia, la enamoraría.
—No podemos. Tu hermano nunca lo permitirá. Él piensa lo peor de mí, te ama y querrá lo mejor para ti, hará hasta lo imposible por alejarnos —se estremeció por su cercanía.
Sasuke gruñó. Si, su hermano no consentiría que se casaran, pero no sería porque quisiera lo mejor para él. Sino por ella. Más allá de lo que podría estar sintiendo Itachi en esos momentos, intuía que no dejaría ir a Sakura tan fácilmente.
—Siendo así, me voy contigo.
— ¡No!, lo tomarían como traición. Nadie escapa de la mafia —se quedó horrorizada.
—Yo no soy parte de la mafia todavía. Y en todo caso, tú también estarías cometiendo traición, si nos vamos juntos, pueden pensar que fue por amor. Para fugarnos y casarnos lejos… cuando las cosas se calmen, regresaremos. Mi hermano tendrá que respaldarme —propuso optimista.
—Sasuke… —sonrió conmovida— ¿estás seguro? —lo cierto es que no quería luchar sola.
—Lo estoy —besó sus húmedas mejillas—. Pensándolo bien, es la mejor idea.
Ella se negaba a decirle la verdad a Itachi, y él estaba de acuerdo. En el caso de que Itachi le creyera, y decidiese actuar, su hermano tenía poder en Akatsuki, por lo que no le importaría una guerra con el Este con tal de cobrarse las afrentas de Naruto y defender a Sakura. Pero el jefe seguía siendo Madara, dudaba que su tío quisiera perder su sociedad con Minato. En aras de sus ganancias comerciales, le ordenaría a Itachi pasar por alto las ofensas de Naruto. Cosa que su hermano no toleraría. Sasuke ya podía visualizar en qué acabaría aquello. Una división del poder, debilitamiento de la mafia del Norte, y quien sabe que tantas consecuencias más.
—Entonces… ¿Cómo lo haremos? —tenían que trazar su plan.
.
.
Lo principal es que ni Itachi ni los padres de Sakura, debían sospechar nada.
Sasuke salió de su habitación al escuchar ruido abajo, su hermano ya estaba de regreso. Al bajar las escaleras y entrar al salón, se detuvo de golpe. Itachi permanecía sentado en un sillón. Aquello no sería extraño ni alarmante, de no ser porque sus nudillos se veían desgarrados, y su expresión era tenebrosa.
— ¿Qué pasó? —señaló a las cortadas de su hermano.
—Un encuentro en la jaula —respondió Itachi, mirándolo hermético.
—Un contrincante no muy digno, no tienes un solo golpe.
— ¿Has hablado con Sakura? —cortó su intento de conversación.
—No. ¿Pasa algo?
La idea era hacerse el desentendido cuando su hermano le platicase lo sucedido, ponerse de su parte y renegar de su amistad con la pelirosa. Esperaban que eso fuese suficiente para no hacer recelar al mayor.
—Terminamos.
Ver a Itachi tan contenido, tan firme e insensible, le resultó difícil. Prefería que gritara, que explotase y mostrara lo destrozado que se sentía, apostaba que ni en la jaula había logrado purgar sus sentimientos. Tragarse su dolor y hacer como si nada pasara, podría significar un peligro mayor. ¿Qué haría cuando no pudiera contenerse más?... «Arrasar con todo y todos».
—Sakura no resultó ser tan inocente como nos hizo creer…
— ¿Qué?, ¿inocente?, ¿esto, tiene que ver con su experiencia sexual?... ella, ¿no era virgen? —no tuvo el valor de preguntarle a Sakura si se acostó con su hermano, aprovecharía ahora, cualquiera que fuese la respuesta, eso no lo haría reconsiderar su decisión, simplemente le gustaría saberlo.
Algo raro sucedió. Itachi empezó a carcajearse divertido. No creía que estuviese volviéndose loco, porque su risa era perversa y arrogante, deliberada.
—Hn, lo era. Me gustaría ver la cara de ese pendejo cuando sepa que me la cogí antes que él —soltó mordaz.
—Itachi… —se mordió la lengua, indignado de que lo hiciera sonar tan soez. Claro eran hombres, y sí, él usaba las mismas expresiones a menudo, pero era de Sakura de la que estaba hablando tan groseramente.
—Me engañó. Nos engañó —dejó de reír, retomando su frialdad.
Se quedó quieto, oyendo como Itachi le relataba su versión de los hechos. Desde la perspectiva de su hermano, Sakura era la peor de las mujeres, haciéndose pasar por niña buena, para terminar resultando ser una zorra taimada y resentida.
—Evidentemente me escogió por despecho, porque Namikaze no iba a casarse con ella.
—Pero, ella se veía enamorada. Dices que incluso te dio su virginidad. Si quisiera a ese tal Naruto, no se habría acostado contigo —debatió lógico y cauteloso—. La virginidad es prácticamente un requisito en señoritas de su nivel. Ella te la entregó, seguro es porque confiaba en que se casarían pronto…
No estaba dentro del plan defenderla, pero no podía permanecer impasible mientras la calumniaba, asimismo, si había una posibilidad de que su hermano entrase en razón y la perdonara, quería intentarlo.
—Sasuke, para ser tan cínico respecto a algunas cosas, en otras eres muy estúpido —retrocedió ofendido, desconcertado por su rudeza—. Lo hizo para controlarme, para hacerme creer que me amaba —concluyó aburrido.
—Te desconozco —murmuró afectado.
—Pues acostúmbrate, este es quien soy ahora. Me di cuenta que he sido demasiado blando, ya que una mocosa mimada pudo verme la cara de imbécil. Necesito comportarme como el líder que soy, como el próximo jefe, no más deslices.
— ¿Qué vas a hacer? —era un gasto de energía razonar con ese Itachi. Rogaba porque aquello fuese una pose para cubrir su dolor, una etapa, de lo contrario estarían perdidos.
—No lo he decidido aún. Olvidarme del compromiso, por supuesto. Pero desconfío de todos ellos. Lo más recomendable es que hablase con Madara…
—Si sabe que Sakura te… engañó —le creaba un conflicto enorme decirlo—. Creerá que los Hatake son desleales, incluso que los del Este pueden tener motivaciones ocultas. Yo no lo creo hermano, ella se equivocó, pero es una chiquilla, su inmadurez la llevó a comportarse así. Destrozar la alianza con Minato, incluso castigar a Sakura y sus padres… no. No estaría bien.
—No luces muy disgustado por su traición, es más, hasta pareces protegerla —reprochó suspicaz.
—Para nada. Por supuesto que me enoja que te haya sido desleal, yo la consideraba mi mejor amiga, bueno, la única. Incapaz de mentir, de usarnos. Pero si no me estoy volviendo loco, es porque esto hay que resolverlo con la cabeza fría.
— ¿Qué sugieres tú?
—Esperar. Investigar más, ver si la… infidelidad de Sakura es sólo eso, o si hay un plan más peligroso, que incluya a toda la mafia del Este. Te recomiendo, que ni siquiera comentes su rompimiento, te hará quedar como tonto.
Así Kakashi no se enteraría que las cosas con Naruto empeoraron. Los padres de Sakura no se inquietarían, ni los Akatsuki se enfurecerían por el engaño a uno de sus miembros, era preciso para su escape, que los demás no lo vieran venir.
—Hmp. ¿Por qué seré yo el tonto?
—Porque todos sabían que ibas a proponértele ayer, pensarán que te dijo que no. Mejor que crean que la dejaste después, cuando te cansaste de ella y la cambiaste por alguien mejor. Alguien de Akatsuki. Ese sería el castigo perfecto si descubrimos que los del Este quisieron vernos la cara.
—Vaya hermano, y yo aquí pensando que te estabas ablandando. Me gusta la idea, sin embargo, aunque yo no lo diga, ella podría hacerlo —apretó la mandíbula malhumorado, como cada vez que recordaba su engaño.
—Pues convéncela que se quede callada. Está en deuda contigo, asustada de lo que puedas hacerle. Te obedecerá.
Otra fase del plan también, por supuesto Sakura estaba ansiosa por acatar su orden y ocultar la verdad. Kakashi no tenía interacción con Itachi, según su amiga, su padre trabajaba desde una súper oficina en casa, controlando todo en línea. Sería fácil que pensara que ella seguía con su noviazgo. Y no tendrían que esconderlo durante mucho tiempo, a lo sumo unos cuantos días hasta que ellos tuvieran todo arreglado para desaparecer.
—Eso es verdad. Hazlo tú, dile que sabes la verdad, adviértele que por lo pronto lo mejor es guardar silencio, que no nos conviene un escándalo —se puso de pie, su cara ya no reflejaba turbación alguna.
Sasuke lo vio marcharse. No quiso retenerlo más. Su hermano estaba cerrado a todo. De no ser porque Sakura había confiado con él, contándole la verdad, probablemente se sentiría igual o peor. Esperaba estar haciendo lo correcto. Cuando Itachi supiera que se escapó con su ex, aquello lo decepcionaría aún más. ¿Podría su hermandad resistir su traición?
.
.
Los días transcurrían con monotonía. Sakura se concentraba en la escuela, era el único lugar en el que todavía podía sentirse como ella misma, al tener a Sasuke y sus amigos distrayéndola, le parecía menos duro ya no contar con Itachi. En casa se la pasaba en su recamara, evadiendo a sus padres para que no notasen su sufrimiento. La excusa que había inventado para no salir con su prometido, eran los exámenes finales, y el trabajo excesivo de Itachi.
Los mensajes de Naruto cesaron, pero no se engañaba, tarde o temprano él aparecería, y para ese entonces era mejor ya estar muy lejos. Cuando cenaba con Kakashi y Kurenai, la culpa la aplastaba por no decirles, por no acudir a ellos; por eso les escribió una carta, Suigetsu la entregaría cuando ellos se fueran. Sasuke insistió en que podían confiar en el rubio, y no erró en ello, Suigetsu contactó a alguien que les fabricaría los pasaportes falsos que usarían como nuevas identidades.
La oportunidad llegó dos semanas después. Sus padres se irían de fin de semana, como viajarían al territorio del Este, a una reunión con Minato, ella se quedaría en casa de Konan, obviamente aquello era una patraña, ya que desde que terminó con Itachi, no había tenido cara para hablar con la esposa de Yahiko. Afortunadamente Kakashi y Kurenai, en su infinita fe ciega en ella, le creyeron cuando les informó que su amiga no tendría problema en acogerla esos dos días.
—Ten, colócalo con tus ahorros —Sasuke le pasó un abultado sobre de lo que supuso era el dinero que ganaba en sus carreras. Lo guardó en su mochila, estaban a punto de que las clases terminasen—. Itachi estará ocupado toda la noche en el Sharingan, le dije que me quedaría con Juugo a dormir, no sospechará nada hasta la noche.
—Bien. Mis padres saldrán a las ocho de la mañana.
—Te recogeré a las ocho con uno.
Sasuke compró un auto que pasaría desapercibido fácilmente, no querían tomar un avión, ya que no podrían disimular todo el dinero en efectivo que cargarían. Así que viajarían por carretera. Aunque como medida distractora, Sasuke tuvo la idea de obtener unos pasajes de tren a su nombre, rumbo al Sur.
—Hasta mañana entonces —al sonar el timbre, cada uno tomó su camino, evitando llamar la atención sobre ellos.
Sakura apretó con fuerza el volante de su coche, al día siguiente estaría viajando hacia un territorio desconocido junto a Sasuke. Perdiéndose ambos quien sabe durante cuánto tiempo. Sin pensarlo dos veces, preparó el GPS del auto, buscando una dirección que no debía. Sin hacer caso a su cerebro, que gritaba en alerta, condujo en dirección contraria a su casa.
Si no volvía a verlo, al menos necesitaba decirle adiós a su modo.
Su corazón latía rápidamente en su pecho al avistar el letrero del club nudista. Se estacionó frente al edificio, el nombre encendido brillaba con luces rojas. Un hombre enorme con pinta de matón, custodiaba la puerta, algunos cuantos autos estacionados frente a la calzada, demostraban que a tan tempranas horas, ya contaban con clientes.
—Asómate, necesito verte por última vez —susurró sin quitar los ojos de la entrada.
Así pasó varios minutos, esperando, rezando… Su concentración se vio interrumpida por el toque en la ventanilla del copiloto. Giró la cabeza asustada, Yahiko. No quería que le avisaran a Itachi, por lo que quiso encender el auto e irse sin armar más alboroto, pero el amigo de su ex abrió la puerta y se dejó caer a su lado.
—No deberías estar aquí, Sakura.
—Yo… yo solo… —se mordió el labio. Recriminándose por su descuido.
—Bájate. Quiere verte —ordenó estirándose por la llave y cogiéndola sin darle oportunidad de detenerlo.
—Él, ¿sabe que estoy aquí? —se sintió aún más idiota.
—Esta es su ciudad, nada sucede sin que él no se entere. Me causas conflicto Sakura, no sé si eres una muy experta mentirosa, o realmente eres tan ingenua como te ves.
—Yo…
—Supongo que no importa. Andando, antes de que su humor empeore.
Resignada, bajó del auto. La maldición de Yahiko la hizo estremecerse, el hombre la miraba incrédulo, claramente ofendido al verla vestida con su minúsculo y apretado uniforme.
—Pareces una de las chicas del club y no la respetable prometida del jefe.
Abrió la boca para defenderse, pero mejor se lo guardó, no le creerían sus motivos para vestir así. La tomó del brazo, dirigiéndola al interior del Sharingan. El gorila los dejó pasar, al entrar, no pudo evitar pegarse más a Yahiko, asustada ante lo que podrían encontrarse.
La música sonaba fuerte, había distintos escenarios con un tubo de pool dance cada uno. Mujeres semidesnudas bailaban ya ahí. Varios hombres sentados alrededor, ofrecían billetes para que se acercaran y poder toquetearlas a su gusto.
—Esto es…
—Es negocio. Es trabajo. No todas son hijitas de papi. No las mires como basura porque no tuvieron la misma suerte que tú. Además, son más leales y honestas de lo que tú lo serás jamás.
—No te permito-
—Ya llegamos —abrió una puerta que se hallaba al final de un estrecho y oscuro pasillo.
La arrojó sin más ceremonia. Entró tropezándose, salvándose apenas de estrellarse contra el piso. Al estabilizarse y alzar el rostro, sus ojos se encontraron con los de Itachi.
Él la examinaba desde detrás de su escritorio. Deidara y Sasori también se hallaban ahí, sentados en un sofá de cuero negro cerca de la puerta, Yahiko se unió a ellos después de cerrar y eliminar los sonidos que venían del lascivo espectáculo allá afuera.
—Que inesperada visita. Se puede saber, ¿Qué demonios haces aquí Sakura? —no otra vez ese tono tan gélido.
Bajó la mirada, evadiendo su expresión que seguro sería igual de vacía que cuando todo terminó. No quería verlo así, no quería que su indiferencia fuese el recuerdo que se llevara de él.
—Yo… pasaba por aquí y… —negó con la cabeza, descartando su excusa.
Mañana ya nada importaría.
—Quería verte —aceptó sin reservas, permitiendo que en su cara se expusiesen cada uno de sus pensamientos.
Caminó hacia él. Rodeando el escritorio antes de que sus amigos la detuvieran, antes de que él se pusiera de pie, de que se pusiera en guardia. Cogió su rostro entre las palmas, sujetando sus mejillas. Apretó los párpados, evitando mirar directamente. Lo besó. Imprimió con su boca todo su amor, toda su desesperación y anhelo, su arrepentimiento. Él la atrajo hacia su regazo, estrechándola con intensidad. Sus lenguas se enzarzaban con ferocidad y ardor. Toda la pasión sin adulterar que ambos eran capaces de generar, se desbordaba en aquella caricia.
Itachi experimentó un dolor sordo en el esternón, como si algo comenzara a punzar, a descongelarse de a poco. No quería sentirlo. No estaba listo para eso. Pero el beso de Sakura era imparable, no podía separarse de ella.
—Te amo —la oyó jadear en un suspiro.
Con eso fue suficiente. El hielo se solidificó de nuevo. Ella pretendía alimentarlo con su dulce veneno, envolverlo otra vez con mentiras. Pero ahora la conocía bien, su canto de sirena no lo engañaría más.
La apartó con desagrado, siendo cuidadoso, sin embargo. Ella era muy frágil, fácil de dañar. Sus intenciones no eran romper su cuerpo, sino su espíritu.
— ¿Amor?, no tienes que mentirme para conseguir lo que quieres Sakura. Que por tu comportamiento, y la manera en la que vienes vestida, supongo que es atraparme con sexo. ¿Crees que soy tan pusilánime, tan predecible? —rio divertido.
Ella abrió los ojos con consternación. No se detuvo ahí.
—No sucederá. Aunque no niego que me gustaría follarte nuevamente, ahora sin el aburrimiento y la represión de la primera vez. Pero, mejor otro día, hoy me buscas en un mal momento. Acabo de hacerles unas audiciones a tres nuevas chicas, así que, estoy completamente acabado. Me dejaron seco —se burló inclemente—. Sin embargo, si tanta es tu necesidad de hombre. Sasori o Deidara pueden encargarse —los mencionados, al descubrir su juego, se pusieron de pie sonrientes, listos para seguirle la farsa.
— ¡No se me acerquen! —gritó alterada, horrorizada por la sugerencia. Luego lo fulminó con sus enormes ojos verdes, jamás habían lucido tan oscuros— ¿Me… engañaste? —pasó por alto el tremendo insulto que hacía alusión a la noche en que hicieron el amor— ¿Te… te acostaste con otras mujeres? —preguntó con un hilo de voz, se escuchaba tan perdida, tan rota.
—Bueno, no —esperó un poco, viendo resurgir su esperanza—. Técnicamente no fue un acostón, aquí no tengo una cama —se alzó de hombros—, tuve que ponerlas contra la pared y sobre la mesa —la aplastó despiadado, regodeándose en las lágrimas que emergieron de ella sin parar.
Los muros comenzaron a cerrarse a su alrededor, de repente el aire fue aspirado de la habitación, jadeó con dolor, sintiendo la garganta y los pulmones secos. Iba a morir, iba a asfixiarse, a caer tiesa a sus pies, y él sólo se reiría. ¡No! No le permitiría verla desvanecerse. Corrió hacia la puerta, ciega y sorda. Su cuerpo golpeó el pasillo, rebotando en su necesidad por salir de ahí, de conseguir oxígeno. Nadie la detuvo, porque no dejó que la alcanzaran. Empujó la salida, arrancando en línea recta, al punto brillante que era su auto, sin precaución. Al cruzar la calle, unos brazos la levantaron en vilo, impidiendo que un autobús la arrollara.
— ¡Sakura!, ¡hey tranquila, respira!... ¡Respira! —ordenó una voz lejana— ¡Joder, reacciona! —una bofetada la trajo de vuelta a la realidad—. Shh, tranquila —la arrulló cuando se rompió en sollozos—. Te mintió, no es cierto, no te engañó, respira…
—Tengo que irme… ¡tengo que alejarme de él! —«Antes de que me destruya», le imploró a Yahiko.
—Así no. Vas a estrellarte contra lo primero que se te atraviese —la abrazó por los hombros, conduciéndola al lado del pasajero de su Porsche—. Te llevaré a casa, ¿de acuerdo?
Cerró los ojos, recluyéndose en sí misma. Su cabeza bullía con las imágenes que Itachi le arrojó a la cara. No importaba que fueran mentiras, tarde o temprano se volverían reales. Itachi la odiaba, solo así entendía que quisiera lastimarla con tanta saña. Su decisión de abandonar todo, se afianzó.
Yahiko no dejaba de echarle un vistazo a la delicada joven que se estremecía a su lado. Había actuado por cuenta propia, al verla perderse de ese modo, corriendo como si escapara de la muerte, supo que necesitaría ayuda. Sakura se portó muy bien con Konan cuando la conoció, aceptándola y tratándola con amabilidad y respeto, nunca fue hipócrita, menos la ofendió ni rechazó por su origen, por el contrario, hicieron una muy buena amistad. En retribución a ello, se lanzó a salvarla.
Su móvil vibró en su bolsillo, deteniéndose en una señal de alto, comprobó el aparato. Itachi. Desvió la llamada, su jefe probablemente le marcaba para amonestarlo. Itachi era otro, apenas podía creer lo que acababa de hacerle a Sakura. Si, ella lo engañó primero, no merecía mucha consideración, aun así… estiró su mano apretando su rodilla, ofreciendo consuelo. Odiaba ver a una mujer llorar, y ella no sólo se deshacía en lágrimas, se estaba cayendo a pedazos.
—Por qué… pareces amarlo de verdad, ¿Por qué lo engañaste entonces?
Sakura no dijo nada, así fue mejor, no creía que su respuesta cambiara en algo las cosas. Su infidelidad era una traición inaceptable, aunque ahora estuviera arrepentida, Itachi jamás la perdonaría, ella por fin lo estaba comprendiendo.
Al llegar a su casa, la vio respirar profundamente, asumiendo una expresión completamente diferente. Una máscara de estudiada despreocupación, que le hizo darse cuenta del tremendo aplomo que ella poseía.
—Gracias Yahiko, no tenías por qué ayudarme, aun así, lo hiciste. Muchas gracias —reiteró tomando las llaves que él le dio.
—Permite que te dé un consejo. No lo busques Sakura, Itachi no está en su mejor momento, temo que si lo presionas, hará algo que no tendrá reparación.
—Descuida. No pienso acercarme de nuevo —sonrió con resignación.
—Bien, adiós —la observó entrar a su auto y posteriormente perderse en el interior de la residencia.
.
.
—Bien nena, cuídate y llámanos si necesitas algo. Estaremos disponibles para ti, ¿entendido? —Kakashi la mantenía pegada a su pecho.
Sakura se contenía para no romper en llanto. No sabía cuándo tendría la oportunidad de volver a abrazar a sus padres. No pensó que sería tan desgarrador separarse de ellos.
—Sakura, ¿Qué te sucede hija? —le extrañó que los delgados brazos de su niña se apretasen cual cadenas.
—Nada papi, es que… te quiero mucho… yo… Nunca te he agradecido por lo que hiciste por mí. Eras tan joven y… no te importó perder tus placeres de soltero por nosotras. Gracias papá, gracias por cuidarme, por aceptarme como tu hija. Has sido el mejor y siempre lo serás. Tú también mami, los amo… los amo mucho —externó sumamente sensible.
—Ay Sakura, cómo no hacerlo. Desde que te vimos nos enamoraste. Estamos tan orgullosos de ti —Kurenai se unió a ellos.
Conservaría ese momento en su mente. Ahí, en medio de la estancia, protegida por sus padres, nada podía dañarla, nadie la alcanzaría.
—Vaya, esto me preocupa nena. Te ves tan triste porque nos vamos, creo que me están dando ganas de cancelar el viaje o de llevarte también.
— ¡No!, no papi, es que, ya sabes, son esos días en los que nos ponemos muy sentimentales las mujeres. Pero estaré bien, comeré mucho helado con Konan.
Se apartó. Era ella quien tenía que protegerlos ahora, y la única manera era irse lejos.
Kakashi no se quedó muy convencido, pero Minato estaría esperando su informe, por lo que no le quedaba opción más que seguir con lo planeado, pero estaría en constante contacto. Más tarde le llamaría a Itachi para que estuviera al pendiente de Sakura también, seguro él lograría mejorarle los ánimos a su hija. La besó en la frente, Kurenai por su parte, la estrechó de nuevo y le besó ambas mejillas.
Cuando sus padres ya no estaban a la vista. Corrió a su habitación. Sacó la pequeña maleta de debajo de la cama. No tenía mucho ahí, únicamente algunos cambios de ropa, unas fotos y el dinero. Rápidamente se quitó el femenino vestido que traía, colocándose unos jeans, una camiseta y una anodina chaqueta. Se ató el cabello en un moño bajo, cubriéndose la cabeza con una gorra, resguardando así la mayor parte de su llamativo pelo. Justo al quedar lista, el timbre resonó.
Sasuke.
—Hey —la saludó con una sonrisa nerviosa.
—Vámonos, ¡por favor! —apremió sin corresponder su saludo, antes de que se arrepintiera.
Sasuke asintió, tomándola de la mano, la condujo hacia el aburrido sedán que consiguió para su fuga. El utilitario estaba aparcado en la calle, por lo que se aseguró de registrar que nadie estuviera notándolos. Guardó la maleta en la cajuela, luego le abrió la puerta ayudándola a entrar al auto.
Condujo por varios minutos, ambos en silencio. Ella abstraída en sus pensamientos y mordiéndose las uñas, él enfocado en la carretera. Al salir de la ciudad, se quitó los lentes y la capucha de su sudadera, que ocultaban gran parte de su rostro. Orillándose y apagando el motor, bajó apresurado, no había mucho tiempo, sin embargo era necesario.
Sakura se sobresaltó al escuchar el portazo. Miró hacia todos lados, confundida ante el paisaje. No había nada alrededor, ya no se hallaban en la ciudad. Sasuke rodeó el automóvil, deteniéndose a su lado. Descendió lentamente, curiosa por saber qué sucedía, ¿Por qué no se movían?
— ¿Sasuke?
—No estás sola. No eres la única que deja todo atrás —acarició sus hombros, buscando deshacer su tensión.
—Es la primera vez que viajo sin ellos —se acarició el pecho, paliando el malestar, queriendo cerrar el hueco enorme que se hacía cada vez mayor.
—Soy afortunado entonces, al contrario que tú, yo siempre me moví solo, por lo que estoy acostumbrado. Itachi me acompañó sólo la primera vez, y eso porque tenía cinco y lloraba tanto que Madara se desesperó y lo llevó con nosotros para calmarme —su titubeo traicionó su aparente entereza.
Ella se identificó de inmediato con aquel pequeño y asustado niño. Era prácticamente una adulta, pero no se sentía así en absoluto.
—Desde siempre él, Itachi ha sido mi fuerza. También tengo miedo Sakura, yo… yo no sé si mi hermano pueda perdonarme —suspiró agitado—, aun así… por ti… —lo vio restregarse el rostro con manos temblorosas—. Por ti no me importa. Por ti soy capaz de lo que sea.
El dique se inundó, desbordándose. La angustia, el dolor, la culpa, fluyeron libres… Se abrazó a su cuello, atesorando sus palabras, honraría su tremendo sacrificio. Nunca lo olvidaría. Él era su roca, ella sería la suya.
—Sasuke tú… tú me impulsas, sabes que no habría podido hacerlo sin ti, ¿verdad?. Gracias… gracias por estar aquí. Eres en quien más confío. Vámonos, si es a tu lado, con ojos cerrados iré a donde me lleves—asumió con entrega.
Era lo que los dos requerían para poder continuar. Una calma inmensa se instaló en Sasuke. Bajó su rostro hasta el de ella, uniendo sus labios a los suyos en un afectuoso y puro roce. Ofreciéndole su completa devoción.
—Andando entonces —le sonrió con timidez, siendo recompensado con una sonrisa igual de tierna y sincera.
Partieron rumbo al Oeste. No era un adiós, sino un hasta luego. Algún día volverían a ver a sus seres queridos, y cuando lo hicieran, lo harían como un frente unido, como un equipo imparable.
Como un sólido matrimonio.
.
.
.
.
¡Hola!
No me regañen, les dije que esta complacencia era larga, muuyy larga, prácticamente un fic, así que tuve que cortarla, iba ya por setenta y tantas páginas y aun colgaba mucha historia, así que dije, ¡nel!, hasta aquí, de por sí se me hizo pesado corregirla, a lo mejor se me fueron algunos errorcillos. Ojalá no les pareciera tediosa. La otra parte ya está totalmente diseñada, no la he empezado porque necesito un descanso, ya que este escrito me agotó mentalmente, y requiero despejarme, pero gracias a sus respuestas, pues bosquejé completamente el desarrollo y el final.
Ahora bien, hablando un poco de la trama, me gustaría comentar algunos puntos:
-Si leyeron la sugerencia, que lo más seguro es que sí, Femele me pide un Itachi bueno, lo más sencillo habría sido irme por el lado de convertirlo en agente encubierto, ya saben, típica donde al final es policía y detiene a todos o mata al malo. Lo cierto es que ese plot me dio flojera, ya lo he leído en otras ocasiones y no es de mis giros favoritos. Otra cosa, los que me leen saben que en la medida de lo posible, yo no defino a los personajes como buenos o malos, sino como seres humanos con defectos y virtudes, por lo que intenté plasmar un Itachi que a pesar de sus circunstancias, tiene cosas rescatables.
-Se me pidió mafia, así que en vez de mencionarla por encimita, opté por poner a todos los protagonistas envueltos en ese contexto.
-Se me solicitaron carreras de carros, en esta parte me pareció más importante desarrollar la conexión del trío, por lo que no hice muchas escenas así, pero en la siguiente retomaré un poco esto.
-Que más, ah sí, tal vez lo mas shockeante, Naruto. El rubio precioso es de las personalidades que generalmente mantengo intactas, me encanta su esencia y me es súper fácil plasmarlo. Como les comenté en el one anterior, me he estado viendo varios vídeos del anime, y pues me acordé de todo el NaruSaku que se pintaba en un principio e incluso en Shippuden, ya saben, ese interés que Narutín tenía por Sakura. Como necesitaba un antagonista más maquiavélico, me gustó la idea de involucrarlo a él, atreviéndome a convertirlo en todo un hombre obsesivo y de cierta manera aterrador, ya que la trama da para eso y más. Minato igualmente también estará muy cambiado, aquí sólo se menciona, pero la segunda parte tendrá más participación así como Madara. Creo que para eso son los AU´s, para poder jugar más con los personajes, ojalá les haya gustado.
En fin, creo que esas eran todas las aclaraciones. Respecto al one, pues ya me dirán qué les pareció. Me gustó el ItaSaku, Itachi también es de mis personajes favoritos, pobrecito, está muy dolido, aunque su sentir por el engaño no lo he desarrollado ampliamente aquí, pero lo haré. Se está portando muy mal, por eso Sasuke aprovechará para comerle el mandado =D. En la siguiente parte, obvio se viene SasuSaku, porque aquí estuvo muy ligero, jeje.
Bueno, ya para terminar, les pido paciencia, voy a tomarme una semana porque estaré fuera de la ciudad, pero regresando, ya descansada y motivada, me enfoco en acabar esta complacencia. Gracias a quienes comentaron, leyeron, mandaron alertas y demás. Eso ayudó mucho con la inspiración, cualquier cosa aquí me tienen.
Por cierto, sigo recibiendo sugerencias, ya sea por review o PM, que son la manera más sencilla de hacérmelas llegar. Les mando un abrazo, cuídense mucho, ¡nos leemos pronto!
P.d. Sigan comentándome sus complacencias favoritas, gracias. Besos.
.
.
¡SasuSaku CANON!
