Este es un one-shot dedicado a un dúo que me fascina ver interactuando en la historia: Nami y Usopp.

Disclaimer: One Piece, su histora y sus personajes son proiedad de Eiichiro Oda y editorial Shueisha.

Tras haberse levantado y puesto el kimono que por aquellos días llevaba, Nami se dio cuenta de que debía comprar un poco de jabón para las manos, faltaban unos cuantos días para el asalto a Onigashima y trataba de estar lo más limpia posible durante los días que le quedaban en aquella tierra de Wanokuni. Justo terminaba de atar su cabello, recogerlo para evitar el calor, cuando escuchó la voz del cocinero.

-¡Nnnnnnami-san! ¿Adónde vas esta mañana? -le preguntó mientras daba vueltas alrededor de ella, com un tenue torbellino.- ¿Puedo acompañarte?

-No, así está bien Sanji-kun. Solo voy a comprar jabón al mercado, no hace falta que vengas, será rápido -sonrió la joven pelinaranja, quien tras ya ese tiempo en Wanokuni, conocía bien los caminos del lugar.

-Pero cómo dices eso, Nami-san, yo soy tu caballero protector, debo ir contigo para evitar que te pase algo -aseguró el cocinero, frente a la jovencita, con una rodilla en el suelo y ofreciendo s mano derecha.- En estas tierras hay maleantes y samuráis malencarados. No querrás toparte con ellos sn alguien que te proteja, ¿verdad?

Nami giró sus ojos hacia el cielo, pero, tan temprano, prefirió no ser descortés con Sanji quien, después de todo, se desvivía por ella a todo momento. Luego saludó de vista a Usopp, quien se encontraba ahí cerca clasificando algunas de sus semillas.

-En serio, estaré bien, sé cuidarme sola -afirmó ella, con cierto gesto de fastidio, aunque sin perder la compostura.

-Pero Nami-san -insistía el cocinero-, una flor delicada como tú frente a esos gusanos desalmados... ¡no podría soportarlo si algo te llegara a suceder! No te dejaré ni a sol ni a sombra.

La pelinaranja iba a responder con algo más de fuerza, como usualmente debía hacerlo una vez que Sanji la sacaba de sus casillas, pero antes de que lo hiciera, Usopp intervino.

-Oye Sanji, ¿no crees que te estás pasando? Si ella dijo que volvería rápido.

-No digas eso Usopp -casi lo reprendió el rubio.- Nami es una señorita delicada, fina y frágil.

-Ni que fuese un trofeo, ella es más que eso -afirmó el tirador mientras negaba con la cabeza. Nami lo veía atenta y con ojos bien abiertos, pero cuando tuvo oportunidad, escapó de ahí para deshacerse de Sanji mientras éste seguía discutiendo con Usopp.

-Nada de eso, yo siempre estaré dispuesto a protegerla y ella sabe que... ¡¿Nami-san?! ¿Dónde está?

-Yo creo que a veces la abrumas -dijo Usopp, regresando a clasificar sus semillas.

-¡Tú qué sabes! Lo que pasa es que ella sabe que aquí también me necesitan.

Horas más tarde, Usopp trabajaba en su taller. Sentado en un banco, frente a una mesa de madera, inspeccionaba algunos de sus materiales usando un monóculo con aumento. La fiel rana de la que se había hecho amiga durante su estadía en Wanokuni, descansaba en uno de sus hombros, adormilada por el silencioso trabajo del tirador de la tripulación del Sombrero de Paja. Y si bien Usopp estaba absorto en su labor, pudo notar que alguien entraba a su taller.

La navegante de la tripulación caminó hacia el interior de ese taller vistiendo el traje de kunoichi con el que ella y Shinobu habían estado investigando a Orochi y sus allegados, y que dejaba ver sus largas y torneadas piernas que sus casi 1.70 metros de estatura presentaban. A veces no se daba cuenta de que su sensualidad destellaba sin que ella lo intentase, pero para sus compañeros esto era imposible que pasara desapercibido, tal vez para Luffy en ocasiones; por ello Usopp la vio de reojo y prefirió seguir trabajando.

-Si quieres puedes dejar el clima tact en la mesa, le daré un vistazo ¿qué le sucedió?

-No es eso, no vine por esa razón -respondió la navegante.

Usopp entonces se quitó el monóculo y volteó a verla para preguntar qué la traía por ahí, cuando fue sorprendido por un beso en su mejilla derecha, aunque no muy lejos de la boca. El tirador se quedó viendo a la joven, abría sus ojos grandes y no sabía muy bien que decir.

-Eso es por lo de la mañana -le dijo ella con una sonrisa amplia. Él seguía con rostro de desconcierto.- Me gustó mucho eso de "ni que fuese un trofeo"... se sintió bien escucharlo. Después de todo lo que hemos pasado, precisamente no me gusta que alguien piense que soy un trofeo para ganar o mostrar.

-Ah... bueno... yo solo lo dije tal cual lo pensé -afirmó Usopp, mientras veía que ella se sentaba cerca de él-. Sanji fue quien me contó lo que pasó en Whole Cake, cómo detuviste a una de los Yonkou, así que él debería saber mejor que nadie que no eres cualquier chica.

-Y ayudé a Luffy a derrotar a un comandante -presumió ella con una sonrisa orgullosa.- No es que no me guste la atención que Sanji me ofrece, a veces sienta bien, pero en otras ocasiones sí es demasiado, sobre todo cuando no confía en mí, cuando quiere decidir por mí, como aquella vez cuando conocimos a Jinbe en la Isla Gyojin... no importa que intente protegerme, es su forma de ser, pero no me gusta que crea que puede pensar por mí.

-Yo sé de lo que eres capaz... a veces temblamos un poco, pero cuando es el momento correcto, sabemos pelear -sonrió Usopp, mirándola a esos brillantes ojos color miel.

Entonces ella acercó su rostro al de él, tanto que el corazón del nariz larga comenzó a acelerarse de inmediato.

-Tú sí que me entiendes, creo que mejor que nadie en este barco.

Ella sabía a la perfección que sus atributos, pero, en especial, su actitud seductora y su aire sensual, podían rendir sin mucho esfuerzo a la mayoría de los hombres, lo había aprendido durante toda su vida, y a veces le había sido necesario para robar dinero con más efectividad en aquellas épocas cuando más necesitaba los berries; sin embargo, ese no iba a ser el momento, porque, para ella, Usopp era uno de sus amigos más preciados. La jovencita cerró sus ojos, sonrió y luego se levantó de donde estaba sentada.

-Solo quería darte las gracias por hacerme sentir bien -afirmó mientras caminaba hacia el exterior de ese taller, aunque luego se le ocurrió algo juguetón para molestar al tirador.- Sabes, si no fuera por Kaya... a lo mejor podrías invitarme a comer.

Usopp suspiró y soltó una pequeña risa al tiempo que se colocaba el monóculo nuevamente.

-Me da gusto que sea mi amiga.