Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Trama y narración pertenecen a mi autoría
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Continuación del Undécimo one de la serie Complacencias
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.Advertencia.
Clasificación M: Lenguaje vulgar y altisonante. Muerte de personaje secundario. Violencia. Escenas de sexo, las cuales pueden ofender la susceptibilidad de alguna persona.
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"Triángulo de cuatro lados"
Parte II
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Su antigua vida llevaba cinco horas detrás de ellos, aún faltaba acumular cientos de minutos más. Era preciso que pusieran toda la distancia posible. Sakura cambió la canción que resonaba a través del estéreo, con el propósito de hacer el viaje ameno y llevadero, tenía todo el camino colocando melodías alegres y ruidosas.
— ¿Tienes hambre?, podríamos parar por algo de comer. Vi un anuncio, estamos por llegar a un pequeño poblado —sugirió Sasuke.
No quiso detenerse antes, ya que llevaban pocos kilómetros cruzados, pero notando la incomodidad y cansancio de Sakura, no podía postergarlo más.
El paisaje lleno de un primaveral verdor, hacía de mirar por la ventana toda una bonita experiencia. Enfocada en el fresco aroma, Sakura asintió. Le gustaría estirar las piernas y llenar su estómago, la pesadez ya no estaba presente, suponía que ese era tan buen momento como cualquier otro para obtener algunos nutrientes.
—Perfecto —Sasuke disminuyó la velocidad al vislumbrar las sencillas construcciones de pequeñas granjas, esparcidas a ambos lados de la autopista.
Como no quería desviarse mucho de la vía escogida, aprovechó el primer local abierto a la orilla de la carretera. El negocio yacía al lado de una gasolinera, por lo que matarían dos pájaros de un tiro. Llenarían el tanque de combustible, y obtendrían provisiones para no tener que detenerse más adelante.
—Dentro de todo lo aterrador que esto puede resultar, debo admitir que me entusiasma entrar a un sitio como este —señaló Sakura el edificio frente a ellos.
Bajo circunstancias normales, jamás habría puesto un pie en: "El paradero de la tía Gina". La vieja cafetería era todo un monumento a los restaurantes de caminos que retrataban en las películas. La fachada tenía grandes ventanas por las que se apreciaba a varios comensales sentados en coloridos boots. Había algunos camiones y autos en el estacionamiento, así que no eran los únicos viajeros que paraban para un descanso.
Sasuke bajó primero, luego se dirigió a abrirle la puerta. Ambos aprovecharon para extender sus músculos y aliviar los nudos de tensión. Tomados de la mano, entraron por fin. Sakura registró la superficie, en la barra permanecían cuatro hombres que a juzgar por la distancia que los separaba, no tenían relación. En las mesas de la izquierda, había dos familias, y un trío de mujeres que reían y conversaban despreocupadas.
—Buenas tardes, bienvenidos. Pueden escoger el lugar que deseen, en seguida estoy con ustedes —invitó una bonita rubia de ojos cafés que pasaba con una charola con tres malteadas en la cima.
Sasuke la condujo hacia la derecha. Se dejó caer en el sofá de plástico rojo, su amigo se acomodó frente a ella. Por la ventana tenían una vista directa hacia su auto. El moreno tomó un menú y le pasó otro a ella. Había tantas grasosas y deliciosas opciones, que no sabía muy bien cuál elegir.
—Creo que ordenaré unas tiras de pollo con extra barbicue, unas papas bañadas en queso y una malteada de vainilla con chispas de chocolate y galleta en la cima —sugirió emocionada.
Su sonrisa cayó al ver la mueca de Sasuke.
— ¿Mala combinación?
—Hn. Es tu primer día de independencia. Seguro querrás experimentar todos los placeres de la vida, pero creo que eso es un poco demasiado. Tu pequeño y delicado estómago podría estallar con una bomba como esa. Por qué no hacemos esto, pide el pollo, con un poco de esa salsa aparte, así puedes probarla. En vez de la malteada, un té helado. Si aún tienes hambre después de terminar la comida, llevaremos la malteada como postre —propuso conocedor.
Sasuke quería consentirla, mimarla hasta la saciedad, comenzando con algo tan simple como la comida. Pero Sakura no estaba acostumbrada a tales excentricidades. Comprendía que ahora que las ataduras estaban rotas, ella pudiera desviarse un poco hacia los excesos, por eso quería prevenirla, cuidarla sobre todo, ya que para eso viajó a su lado, esa era su principal función.
—Me gusta la idea.
Cuando la joven camarera estuvo de regreso, tomó sus órdenes. Sakura notó de inmediato la radiante sonrisa que le dedicó a Sasuke. La rubia incluso se paró derecha, sacando el pecho, empujando los senos presumiendo su atractivo escote.
—Creo que anotaste con Niky —resaltó después de que la mujer se fue a conseguir sus bebidas.
— ¿Huh? —preguntó confundido.
—La mesera. Claro, ante esas luces altas que te lanzó, leer su pequeño nombre fue lo último que pasó por tu mente, ¿no? —rio bromista.
— ¿De qué hablas? —frunció el ceño.
—Oh vamos, no te hagas el desentendido. La bonita mesera estaba coqueteando contigo, ya sabes, la sonrisa deslumbrante, el pestañeo incesante y el ofrecimiento de pechos…
—No lo noté —desvió el rostro hacia afuera, lanzando otra mirada al exterior, vigilante.
—Sabes, no porque estés conmigo tienes que volverte ciego a esas cosas. Eres hombre, entiendo que tengas que… satisfacer ciertas necesidades. Ella luce como una mujer dispuesta, puedo perderme un rato para que… pues… —murmuró abochornada.
Los ojos de Sasuke la traspasaron. No sabía si se hallaba interesado u ofendido. Estaba a punto de preguntarle, pero el regreso de Niky se lo impidió.
—Aquí tienen. Té de limón para usted —evadió a Sakura—, té negro sin azúcar para ti —se inclinó casi encimándose sobre Sasuke—. Su comida estará lista en cinco minutos. Algo más en que pueda servirte mientras tanto —le cerró el ojo al azabache.
—No. Gracias —la despidió con semblante aburrido.
La rubia no se desmotivó, asintió complaciente y se alejó moviendo exageradamente las caderas, unas caderas que estaban envueltas en diminutos shorts de mezclilla, revelando largas piernas bronceadas.
—Corrijo, no luce dispuesta. Luce desesperada —se carcajeó al verlo resoplar.
Sasuke comenzó a reírse con ella. Levantándose de su lugar, rodeó la mesa para dejarse caer a su lado. Ella se movió, dándole espacio, el sofá era estrecho, por lo que fue imposible no tocarse. Pasando un brazo por encima de sus hombros, la atrajo aún más hacia él. Besando su sien con cariño, le susurró en la oreja.
—Tu deber como mi próxima esposa, es espantarme a las locas admiradoras, no entregarme a ellas.
Su aliento caliente y mentolado la hizo estremecerse.
—Tienes razón. Debo protegerte de psicópatas como esas. No quiero que termines encerrado en algún sótano, encadenado a su cama rogando por salir. ¿Crees que deberíamos abstenernos de tocar las bebidas?, solo por si acaso, que tal si te puso roofies —se mofó divertida.
Sasuke adoró verla contenta, aunque las bromas fuesen a su costa.
—Fuera de juego, retomando tu sugerencia. Eso no va a pasar, ¿de acuerdo? No tienes que darme permiso, no lo necesito ni lo quiero. Aunque este compromiso no sea por amor, respeto nuestro convenio —sin dejar de abrazarla, acarició su mejilla.
—No estamos casados todavía. Claro que cuando lo estemos las cosas serán diferentes, pero mientras tanto, no voy a interponerme en tus aventuras.
Ella sería una verdadera esposa para Sasuke. La única mujer que satisfaría todas sus necesidades. Pero para eso todavía tenía que prepararse, empezando por superar su amor por Itachi. En el transcurso, Sasuke merecía que alguien más le diera lo que ella no podía.
—No seré infiel —aclaró ofendido—. Aunque me des autorización —la silenció antes de que continuara—. Sakura, no es mi estilo. Además, no soy un animal que no puede controlarse. No me trates como si estuviera desesperado por correr tras la primera mujer que se me cruce por enfrente. Es más, ni siquiera tengo cabeza para eso en estos momentos.
Sakura se sintió fatal. Ciertamente la única vez que Sasuke se portó de modo inadecuado, fue cuando se conocieron, y eso porque se imaginó lo peor de ella. Desde que se convirtieron en amigos, él le mostró su verdadero ser, una faceta respetuosa, leal, cariñosa, y para nada superficial.
—Sasuke… lo siento. Tienes razón, estoy comportándome como una idiota.
—Esto tiene que ver con lo que Itachi te hizo ayer, ¿cierto? —la apretó protector, recordando su conversación de más temprano.
Sakura admitió que si con un mudo asentimiento. Itachi había logrado quitarle toda la seguridad que poseía. No es que no supiera lo valiosa que era como mujer. Aquello se trataba de las posibilidades que como hombres poderosos y atractivos, Sasuke e Itachi siempre iban a tener, la desventaja en la que ella se encontraría contra el resto de hermosas y dispuestas chicas que estarían al acecho en una fila interminable.
—Itachi quería lastimarte porque sigue resentido. Lo observé mirarte, cuando estaba contigo, todo a su alrededor desaparecía, se enfocaba únicamente en ti. Las mujeres del Sharingan son todas iguales, él jamás se metió con ninguna, son trabajo, ganancias, no significan más que números. Tú eres… una Diosa.
— ¡Ay Sasuke!, ¿Cómo lo haces?, ¿Cómo logras arreglarme con tanta facilidad? —con el rostro resguardado en su cuello, el lugar más cercano para besarlo fue su duro mentón—, eres muy bueno para mi autoestima.
— ¡Aquí están sus platillos!, disculpen la tardanza —la voz de la camarera sonó aguda y algo agresiva.
La despacharon con un escueto gracias, continuando en la misma reveladora posición.
— ¿Crees que le haya escupido a nuestra comida? —conjeturó recuperando el buen humor.
—Es muy probable —admitió con un suspiro resignado—. Bienvenida al mundo real, donde la comida grasosa con escupitajo es el manjar de los simples mortales —aportó travieso.
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Itachi estaba seguro de que lo que planeaba hacer en ese instante, no era lo más recomendable ni apropiado. Pero no le importó. Llamando a la puerta de la casa de los Hatake, esperó impaciente a que le dieran entrada.
Hacía aproximadamente dos horas, Kakashi se puso en contacto con él para revelarle información sumamente interesante. Él y su esposa viajaron al Este, por lo que quería que cuidase de Sakura, que había lucido triste y desmotivada al dirigirse a casa de Konan. Al tener a Yahiko a su lado, rápidamente se dio cuenta que su falsa prometida, obviamente les mintió a sus padres. No era extraño que Sakura se ingeniase la excusa de pasar el fin de semana con su amiga, ambos estuvieron de acuerdo en fingir que las cosas marchaban bien. Pero, era extraño que ella no aprovechara la oportunidad para correr al territorio de Naruto Namikaze y disfrutar con él.
No estaba ahí para preguntarle sus tramposos motivos. No, lo que ella hiciera con su socio temporal, ya no era de su incumbencia. Mientras no lo evidenciara ante los demás, dejándolo como un cornudo imbécil, ella podía hacer de su vida una fiesta, pensó sombrío.
La buscaba para algo más atrevido y entretenido. Sin nadie alrededor, sería sencillo aceptar la propuesta que ella le ofreció la tarde anterior. Quería llevarla a la cama, y por la lujuria que corroía sus venas, intuía que no saldrían de ella hasta la noche siguiente, en la que Kakashi y Kurenai estuviesen regresando. La posibilidad de que continuase molesta le pasó por la cabeza, pero lo desechó en un segundo. Basado en la desesperación que le mostró al ir a buscarlo, ella lo recibiría gustosa. Su propósito no era una reconciliación, exclusivamente buscaba el uso de su cuerpo. Sus ojos brillaron de anticipación cuando una de las empleadas lo recibió.
—Buenas tardes señor Uchiha. ¿Puedo ayudarlo? —preguntó moviéndose a un lado y permitiéndole pasar.
—Vengo por Sakura, dígale que estoy aquí por favor.
—La señorita Hatake no se encuentra aquí. Ella está al cuidado de su amiga Konan, porque los señores salieron de viaje —anunció la joven mujer, extrañada por su petición, ya que suponía como prometido de Sakura, tendría esa información.
—Lo sé, es sólo que pensé que sería hasta tarde cuando se fuese con Konan —resolvió sagaz.
—Ya veo —sonrió amable—. No, el joven Sasuke la recogió muy temprano. Minutos después de que los señores partieran.
— ¿Cómo dice?, ¿Que mi hermano fue el que… Sasuke estuvo aquí?. No, debe ser un error —discutió atónito.
—No. Estoy segura, él pasó por la señorita Sakura. Traía lentes y una capucha, pero yo lo reconocí —explicó impertinente.
Itachi asintió escuetamente, dándose la vuelta y saliendo de allí. Rumbo a su auto marcó el número del móvil de Sasuke, la llamada fue directo al buzón. Todavía extrañado, se atrevió a contactar a Sakura. Obtuvo el mismo resultado. ¿Qué diablos sucedía?
—Diga —escuchó la voz de Yahiko.
—Consigue la dirección de los amigos de mi hermano. Juugo y el otro chico, Suigetsu. Tráelos al ático. Mi hermano y Sakura salieron juntos, ninguno me responde el celular.
No entendía por qué Sasuke buscaría a Sakura si ya no eran amigos, asimismo, ¿qué no se suponía que su hermano estaría en el departamento de uno de sus compañeros toda la tarde?, ¿Qué hacía llamando a la puerta de su ex y llevándosela?
—En camino. ¿Quieres que ponga a Sasori a rastrear sus celulares? —como siempre Yahiko demostrando su eficiencia al adelantarse a sus mandatos.
—Sí. Apresúrense —finalizó la llamada, saliendo disparado hacia su departamento.
Entró gritando el nombre de su hermano, obviamente el menor no le respondió. Subió a su habitación, metiéndose sin llamar, todo estaba ordenado y limpio. Buscó en su vestidor, la ropa continuaba en su sitio, así como el resto de sus pertenencias.
— ¿Qué pasa? —contestó de inmediato su teléfono al sentirlo vibrar y sonar en su bolsillo.
—Tengo a Suigetsu, Deidara lleva al otro. Los celulares no emiten señal. Itachi, el mocoso Hozuki no quiere hablar, pero el auto de Sasuke está aparcado en su estacionamiento.
—Tráiganmelos, ¡ya!
Los siguientes minutos fueron una combinación de sospecha, impaciencia y consternación. Toda clase de teorías se crearon en su cabeza, cada cual más descabellada que la anterior. Cuando el trío siniestro por fin apareció, su control era casi inexistente, por lo que al instante estuvo sobre los secuaces de su hermanito.
— ¿Dónde están Sasuke y Sakura? —demandó exigente.
Suigetsu y Juugo se miraron entre sí. Este momento iba a llegar, sólo que no esperaron que cuando sucediera, la expresión de Itachi fuera así de atemorizante. Aquí era verdaderamente la ocasión de reafirmar su lealtad a su amigo Sasuke. Carraspeando para aclarar su garganta y esconder los nervios, Suigetsu dio un paso al frente. Estuvo a punto de tambalearse al ver a Yahiko llevarse las manos a la cintura, lanzando su saco hacia los lados y revelando las pistoleras con sendas armas que llevaba atadas al pecho. Se enderezó con esfuerzo, concentrando sus ojos serenos en el próximo jefe.
—Se fueron —confirmó con gravedad.
— ¿Cómo dices? —la ceja de Itachi se arqueó en señal de incredulidad.
—Sasuke está tomando de vuelta la oportunidad que te dio y que desperdiciaste… señor —completó con respeto al ver a Itachi acercarse y cernirse sobre él.
—Escúchame bien niño, porque solo lo diré esta vez. No estoy para malditos acertijos. Habla claro. Todo. Ahora —advirtió manteniendo apenas su temperamento.
Suigetsu asintió. Lo que diría a continuación era demasiado importante como para equivocarse y arruinarlo. Posiblemente sus vidas estaban en juego. A saber cómo reaccionaría Itachi después de escucharlo. Debía manejar con tacto la revelación que iba a lanzar.
—Sakura se arrepintió de lo que hizo con el tipo del Este. Ella y Sasuke hablaron largo y tendido sobre ello. Él, tu hermano —aclaró viéndolo a los ojos, midiendo como asimilaba sus palabras—, creyó en Sakura, no le pareció que fuera falsa ni mala. La perdonó.
— ¿Perdonó que le fue infiel a su propio hermano? —se inmiscuyó Sasori encrespado.
Suigetsu se pasó la palma por la frente, el clima en el departamento era perfecto, aun así sudaba a cántaros. Si no apreciara tanto a Sasuke y a Sakura, jamás se habría metido en esta locura que posiblemente iba a significarles a él y a Juugo la muerte.
—La perdonó. ¿Por ser su amiga? —fue el turno de Yahiko para indagar. Itachi se mantenía callado y erguido en el mismo sitio, probablemente tratando de desentrañar el comportamiento de su hermano.
— ¡Porque la ama! —el estallido de Juugo los hizo sorprenderse a todos, incluido Itachi que se sacudió como si lo golpearan— Él la adora, ¿no te diste cuenta? Como la miraba, como la trataba… como sufría —declaró concentrado en el par de ojos que lo miraban desconcertados.
Suigetsu contuvo la respiración, maldito Juugo y su impaciencia. Él estaba a punto de confesarle eso mismo a Itachi, pero de una manera más sutil, sin dejarle caer la bomba para que explotase en la cara de todos.
—Eso no… yo le pregunté y dijo que simplemente eran amigos, que la había buscado porque estaba arrepentido de tratarla mal… que…
—Te mintió —interrumpió Suigetsu la defensa de Itachi. Respiró hondo, si tenía que irse al demonio todo, que se fuera de una vez. Caminó hacia el bar de licores que los Uchiha tenían para las visitas. Cogió una botella de whisky, se sirvió el trago y se lo bebió de inmediato. Recargándose en la barra, comenzó por fin—. Sasuke la vio antes que tú, y le gustó, mucho. Pero cometió el error de ofenderla, cuando quiso arreglarlo, ya era tarde, ella ya te conocía. Fijaste tu atención en ella, ella en ti —se alzó de hombros—. Sasuke se hizo a un lado, porque él no quería ser tu competencia. Se contentó con verlos felices a los dos, con eso fue suficiente…
—Hasta que no lo fue —riñó Deidara indignado ante la traición del hermano de su jefe.
—Hasta que Itachi la apartó —concluyó con valentía.
No era justo que atacasen a Sasuke y a Sakura por escoger aquella salida. Sí, ellos no sabían la verdad, todo lo que estaba detrás de la decisión que sus amigos se vieron obligados a tomar. Por eso mismo estaban él y Juugo ahí, para defenderlos, para hacer que Itachi cediera y comprendiera el proceder de su hermano, de eso dependía el regreso de ambos chicos.
— ¿Pero de qué hablas?, ¡ella engañó a Itachi, a Sasuke, a todos! Tu hermano debe ser un verdadero estúpido para pasar por alto su traición, amigo. Probablemente le hará lo mismo.
—Tenemos que encontrar a Sasuke, Itachi. Deidara puede estar en lo correcto, tu hermano corre peligro con ella. Los del Este tal vez tengan algún plan y… lejos de nosotros será incapaz de defenderse.
—No debió confiar en esa traidora, eso es ser demasiado ingenuo. Ustedes como sus amigos debieron prevenirlo, no ayudarlo —regañó Sasori.
— ¿Por qué se fueron? —la voz de Itachi era plana.
—Tú sabes por qué. Aquí no tenían posibilidad de estar juntos —Suigetsu rodeó la barra, acercándose otra vez hasta Juugo.
— ¿Dónde están? —Yahiko estaba listo para irse a rescatar al hermano de su mejor amigo, y pensar que creyó que Sasuke por fin había madurado y dejaría de darles problemas. Iluso.
—No lo sabemos, no nos lo dijeron…
—Quieren que les recuerde a quien le deben lealtad —avanzó Deidara sacando uno de sus cuchillos.
—No hemos hecho el juramento —Juugo aclaró—, y es verdad que no lo sabemos, pero de hacerlo, tampoco lo diríamos. Ellos son nuestros amigos. No tienen que preocuparse por Sasuke, Sakura jamás le haría daño.
Itachi acalló toda la diatriba que continuaba tras él. Caminó en dirección al balcón, abriendo las puertas de par en par. Miró sin ver realmente. Las palabras del amigo de Sasuke repitiéndose incesantemente en su cabeza.
—Sasori dijo que te llevó a ver a una chica, ¿puedo saber de quién se trata? —preguntó con sonrisa cómplice.
—Es una amiga. Está enferma, solo fui a ver como se encontraba.
Sakura.
¿Cómo pasó por alto aquel sonrojo de vergüenza?
¿No quiso verlo?
¿Por qué Sasuke no confió en él?
¿De haberlo sabido, algo habría cambiado?
Al final, Sakura era una mujer que no valía la pena. Pero eso no pareció importarle a su estúpido hermano, que tuvo la idiota idea de dejarse encandilar y huir con ella.
Estaba tan furioso. Consigo mismo, por no ver la verdad y haber hecho sufrir a su hermanito. Con Sasuke por no decirle lo que sentía, por no ser más fuerte y resistirse a la tentación que esa desgraciada le despertaba. Con ella por jugar con ambos, por aprovecharse de Sasuke y utilizarlo para dañarlo a él.
Apretó la mandíbula, no era momento de ofuscarse. Rumiar en el pasado, en el hubiera, era tiempo desperdiciado. Tenía que actuar, recuperar a Sasuke sano y salvo. Ya cuando lo tuviera de vuelta, se preocuparía por darle un escarmiento por ser un mocoso confiado y manipulable.
— ¡Yahiko!
Su amigo estuvo junto a él de inmediato.
—Saca a esos dos de aquí, no los dañen. Mantenlos vigilados. Investiga los vuelos, los autobuses, trenes, carreteras, todo. Prepara varios hombres, cuando Kakashi regrese, lo estaremos esperando. Si Sakura no quiere que nos deshagamos de su padre, tendrá que volver y traernos a Sasuke.
—Hecho. ¿Crees que los Hatake…?
—No lo sé, a estas alturas ya no sé nada —suspiró con derrota.
—Yo me encargo —ojalá los Hatake no estuvieran también metidos en ese desastre, Itachi acabaría con ellos de la peor forma posible. No existían muchas cosas de las que él no fuera capaz por su amigo, por Akatsuki, pero ciertamente prefería evitar ese tipo de masacres.
Con sus órdenes ya muy claras, cada quien se dirigió a su destino, al finalizar el día ya tenían que haber encontrado a la pareja fugitiva.
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Kakashi entró al despacho de su jefe y cerró la puerta. Minato ya lo esperaba tras su discreto y elegante escritorio de madera de roble, al verlo, se levantó en seguida para alcanzarlo y darle un abrazo. Tenían varios meses sin verse, únicamente estableciendo contacto por teléfono y correos electrónicos. Además de ser su capo, Minato era su amigo. Menor que el por diez años, Kakashi siempre lo vio como a una figura paterna, un mentor, un modelo perfecto para imitar.
—Kakashi —Minato palpó su espalda con gesto fraternal—. Me alegra tenerte aquí de nuevo. Madara está muy satisfecho con tu trabajo, has dejado una muy buena impresión de nuestra organización ante los Akatsuki, me enorgulleces —lo arrastró hasta una de las sillas que tenía para los visitantes, en vez de regresar a su lugar, se dejó caer junto a él, en la otra silla disponible.
Ante el cálido recibimiento, Kakashi se relajó. Aprovechando que Kurenai se encontraba de paseo con algunas de sus amigas, se concentró en poner al tanto a Minato sobre los acuerdos y los avances de sus negociaciones con el capo del Norte. El tiempo transcurrió rápidamente, al finalizar la charla importante ambos acordaron cerrar la reunión con unos tragos de celebración. Kakashi estaba por dar el primer sorbo a su escocés cuando una observación de Minato lo puso en guardia.
—Pensé que Sakura los acompañaría —señaló el gran jefe con interés.
—Ella está muy ocupada con sus exámenes finales, no quisimos distraerla —respondió con diplomacia.
—Hmn, Sakura y sus peculiaridades —sonrió con condescendencia—. Menos mal que también tiene belleza. Hace poco alcanzó la mayoría de edad, ¿cierto? —indagó ya sabiendo la respuesta.
Kakashi se removió un poco inquieto, no le gustaba que la atención de Minato se volcase sobre su hija. Sobre todo porque como subordinado, no le quedaba más opción que responderle. ¿Por qué tenía su jefe tanta curiosidad?, ¿seguiría pensando que Sakura era un problema para el compromiso de Naruto?
—Si —no ofreció más información, optando por mantenerse cauteloso, apegándose a responder escuetamente las preguntas de su jefe.
—Siempre fue una niña muy inteligente. Muy habilidosa para casi todo, y muy testaruda también, ¿no? —no esperó contestación—, ella y Naruto parecían hechos del mismo molde —rio complacido—. ¿Sigue siendo igual? —se terminó el vaso de licor que mantenía en su mano derecha.
—Sakura tiene carácter, pero es respetuosa y obediente cuando se requiere —se sintió en la necesidad de defender a su niña, que en nada se parecía al descarriado e ingobernable de Naruto.
—Eso es bueno —sonrió como si hubiera esperado aquella réplica, Kakashi se dio cuenta tardíamente de que había caído en una trampa—. Porque tengo un requerimiento para ella —se dirigió hasta su lugar detrás del escritorio, a su trono.
— ¿Requerimiento? —un escalofrío le recorrió la columna vertebral, pero se mantuvo firme.
—Más como una orden —aclaró Minato poniéndose serio—. Déjame explicarme —se acomodó plácidamente en su lugar—. Naruto encontró en mi sobrino Nagato a su compañero perfecto de juegos, por lo que últimamente está más rebelde de lo normal —suspiró cansinamente—. Es difícil controlar a alguien que no le teme a nada, que no le importa nada, que no le interesa nada. Luego recordé, realmente si hay algo que mi hijo quiere…
Kakashi rechinó los dientes. Intuyendo qué seguía.
—Si quiero que se case con Hinata Hyuga, y que se mantenga tranquilo por un tiempo prudente, debo darle un buen incentivo. Tú entiendes Kakashi, sabes que para mantener la familia, a veces son necesarios ciertos sacrificios.
Kakashi negó lentamente con la cabeza, sus manos estaban firmemente sujetas a los brazos de la silla.
—No puedes estar sugiriendo… —confrontó a su jefe y amigo.
—Naruto debe tenerla. Por supuesto hay que prepararla, a través de ella controlaremos a mi desalmado hijo. Sakura puede domarlo, tiene que hacerlo —decretó definitivo.
Se puso de pie, comenzando a dar vueltas por el amplio espacio. El rostro horrorizado de su pequeña se le vino a la mente. Lo peor no es que Minato le estuviera pidiendo que sacrificara a su única hija, sino la manera en la que lo hacía. Su frialdad y determinación dejaban claro que negarse no era una opción. Y encima tenía el descaro de obviar que su hija sería la amante, ¿Qué en nada importaba su estatus, su apellido dentro de la organización?
Dejando para después su indignación por tal degradación, volvió a su debate interno. El estómago se le ató en nudos. A lo largo de su vida había cometido toda clase de actos atroces, ninguno le quitó el sueño, ninguno le generó una pizca de remordimiento, su mano nunca tembló. Nació en ese mundo, era su camino y lo aceptó con resignación. Sin embargo, entregar a Sakura a aquel monstruo que la devoraría sin contemplaciones, que aplastaría su voluntad, reduciendo su fuego a frías cenizas. Naruto consumiría el alma de su hija. No fue capaz de imaginársela vencida, ella era su todo, la hermosa niña dueña de su corazón. Criarla fue su redención.
—Sé que quieres casarla como se merece alguien de su condición. Después habrá tiempo para ello. No me gustó la manera en la que los Hyuga nos acorralaron, así que esa deuda será cobrada —prometió imperioso.
—Está comprometida —soltó con una exhalación. Sakura le pidió no decirle nada a Minato todavía, temía que Naruto se enterase y se enfureciera. Hecho que era altamente probable de suceder. No le quedaba más opción, el plan de Minato los puso contra las cuerdas. Si no sacaba este As ahora, más tarde sería imposible.
— ¿Cómo dices?, eso no… ¿Con quién?, seguro es algo que se puede deshacer.
—Con el mismísimo heredero de Madara. Itachi Uchiha. El próximo líder de Akatsuki quiere a mi hija como su esposa, y ella lo quiere también. No podemos desarmar ese compromiso Minato, no sin exponernos a destruir la relación con la mafia del Norte —respondió tranquilo, aliviado en lo más profundo de su ser de no tener que acatar la demanda de su jefe.
— ¡Y no pensaste en consultármelo! —se puso de pie enfadado.
—Me diste vía libre sobre cómo educar y proceder con mi hija. Además, sabes que ella es un gran partido, está en edad casadera, era obvio que iba a llamar la atención de algún miembro de Akatsuki.
Minato lo fulminó con una mirada, analizándolo, queriendo ver a través de él.
—Madara tampoco ha dicho nada al respecto. ¿En verdad existe un compromiso?, no estarás inventando esto solo para evitar hacer lo que digo, ¿verdad Kakashi?
Irguiéndose con gravedad, enfrentó a su jefe.
—¿Por quién me tomas? Si Madara no te lo contó, es porque lo dejó a mi criterio. Y sí, admito que no lo dije antes por Naruto, de hecho, de no haberme dicho tu plan de usar a mi hija como sedante para tu hijo, seguiría guardando el secreto hasta que estuviese casi hecho.
Minato se resistió en un principio, pero terminó por creerle y ceder.
— ¡Joder! Que inconveniente. No podemos hacerle un desaire de este calibre a Itachi Uchiha, si él ya escogió a Sakura, no hay nada que hacer. ¿Seguro que no estaría dispuesto a elegir otra mujer del Este?, hay varias jóvenes que…
—Ninguna como Sakura, tú mismo lo has dicho, mi niña es terca, pero es la más hermosa —su corazón comenzaba a retomar un ligero compás.
Minato asintió vencido. Asumiendo finalmente que no podía disponer de Sakura para sus propios fines.
— ¿Cuándo es la boda?
—Antes de finalizar el año.
—Tienes razón, mi hijo no debe enterarse. Si puedes apresurar las cosas, mejor —regresó a su lugar, sentándose pesadamente.
Kakashi registró su reacción con detenimiento. Minato le pareció más mayor de repente, incluso agobiado y derrotado. Verdaderamente se había confiado en que Sakura controlaría la locura de Naruto.
— ¿Crees que puedas someterlo? —indagó preocupado.
—Eso espero —resopló inseguro—. Kakashi, si Sakura no se casa con el sucesor de Madara, regresará de inmediato al Este, ¿has entendido?, la única razón por la que no deshago ese compromiso, es porque no necesito que Itachi y Madara se ofendan y nos declaren una guerra. Sin embargo, si son ellos los que deciden cambiar de opinión, Sakura será para Naruto, ¿te queda claro?
—Como el cristal. Entonces, en el caso hipotético de que se cancele el compromiso, Sakura se vuelve propiedad de tu hijo, ¿cierto? —cuestionó retóricamente—. ¿Qué pasa si Sakura no está de acuerdo con los planes que has trazado? Yo le prometí libertad de elección… —consultó solamente para cerciorarse que Minato no cambiaría.
—No es algo que esté a discusión. Acatará lo que se le mande, así como tú, simplemente porque yo lo exijo. Si te da problemas, recuérdale quien es su capo, a quien le debe todo lo que posee. Adviértele también, que así como se le fue dada esta vida, también se le puede retirar.
Kakashi apretó los párpados y guardó sus argumentos.
—Hiciste un juramento Kakashi. La organización antes que todo —le recordó Minato con intransigencia.
—Lo hice.
Sus ojos negros se volvieron nebulosos al ver a Minato asentir satisfecho. Siempre pensó que su muerte llegaría sirviendo al Este, dando su vida por los Namikaze, y que a su funeral asistirían todos sus colegas y amigos. Incluso le enorgullecía imaginarse a Minato pronunciando el discurso de despedida, alabando lo leal que fue, la fidelidad con la que siempre se entregó a la organización. Su jefe consolaría a Kurenai y a Sakura, juraría protegerlas y cuidarlas ahora que él no podría hacerlo. La palabra traición jamás estuvo en su repertorio.
Ahora lo estaba.
Sí, hizo un juramento y recibió su tatuaje. Sí, prometió morir por el Este. Sí, las órdenes de su capo no se desobedecían.
Pero. También juró proteger a su hija. También se la tatuó en el alma. También prometió morir por ella. Su futuro no sería destruido.
Estaba consciente de que tal vez exageraba, Itachi y Sakura lucían enamorados, un verdadero compromiso. Por supuesto que se casarían, y toda esta absurda y peligrosa situación jamás saldría a la luz. Aun así, ante la amenaza de Minato, algo se rompió en él.
La confianza y lealtad absolutas hacia su líder, eran cosa del pasado.
Si su hija se veía de algún modo en peligro. Minato se arrepentiría de este día. Él le haría saber que el amor de un padre, de este padre en particular, nunca debió ser subestimado.
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La oscuridad cayó sobre ellos antes de que se dieran cuenta. Pasada la media noche, Sakura convenció a Sasuke de parar en un motel de carretera para tomar un descanso. Su buen amigo arguyó que todavía contaba con las suficientes fuerzas para manejar, pero ella no quería que se sobrepasara, por lo que después de un debate de quince minutos, pararon en un despoblado lugar a las afueras de una pequeña ciudad.
Sasuke fue el encargado de conseguir la llave. Pidió la habitación más discreta y regresó rápidamente, no le daba confianza dejar a Sakura sola por más de cinco minutos.
Cargando sus pocas pertenencias, se refugiaron por fin en su sencillo y decrepito refugio. Sakura ahogó un gemido, Sasuke a su vez hizo una mueca. Había una cama matrimonial al centro, cubierta por una colcha percudida que parecía ser de la generación de Madara. Un sofá floreado a su derecha, así como dos mesitas a cada lado del lecho, una con una lámpara, otra con un teléfono de disco y una guía telefónica amarillenta de los años setenta. El piso cubierto con una alfombra color mostaza, con manchas blanquecinas de alguna sustancia desconocida que era mejor no detallar.
—Eso debería estar en un museo —señaló Sakura la vieja televisión que se apostaba sobre una gran cómoda de madera.
—Esta habitación debería estar en un museo —aclaró Sasuke negando mortificado.
No quería que Sakura pasara la noche ahí. El sitio no solo era espantoso, era insalubre. Probablemente si pasaban una luz ultravioleta por cada superficie, encontrarían más secreciones que en un set de películas porno.
—Es… original. Ciertamente no es el Ritz, pero servirá —sonrió ella con optimismo.
— ¿Segura?, aún hay tiempo de regresar a la ciudad y buscar un hotel.
—No. Dijiste que no era seguro. Que nadie se imaginará que tú me traigas a sitios así —extendió los brazos abarcando todo—. Vamos, esto no es tan malo, además, tenemos cable —aportó con entusiasmo.
Sasuke resopló, ¿cómo olvidarlo?, el gran cartel de neón que anunciaba los cuarenta canales, incluidos el Playboy y el PornStarz parpadeaba directamente sobre la ventana, probablemente no los dejaría dormir ante la cegadora magnitud de las coloridas luces.
—Bien, voy a darme una ducha. Así todas las bacterias del baño saltarán a mi cuerpo, por lo que cuando sea tu turno no tendrás de que preocuparte —bromeó dándole un beso en la frente.
La oyó reír antes de tomar su mochila y encerrarse en el minúsculo cubículo. Luego de preparar las prendas que usaría y guardar su cuchillo y la pistola que escondía en la cintura de sus pantalones, removió la cortina que dividía el compartimento de la regadera. El cabezal estaba algo oxidado, pero el área parecía limpia a simple vista. Se alzó de hombros y abrió el flujo de agua, desvistiéndose sin demora, entró al pequeñísimo espacio y comenzó a asearse. Afortunadamente él y Sakura tuvieron la previsión de llegar a una tienda a comprar provisiones, así como sus productos de limpieza personal, por nada del mundo iba a usar los corrientes jabones del motel.
Talló sus magros músculos rápidamente. El agua estaba casi en el punto exacto de congelación, los dientes comenzaron a castañearle, al tiempo que sus nueces se encogían contra su cuerpo; menos mal que no las necesitaba, desde que conocía a Sakura era prácticamente un monje, ya sólo le faltaba el hábito, y ella presionándolo para que se enredase con una camarera, ¿podía ser más despistada? Sonrió resignado, luego volvió a temblar. Se enjuagó con valentía, y aguantó como un campeón. Pensaba dejarle a su amiga el privilegio de una ducha caliente, así que por nada del mundo tocaría la otra llave.
Salió del baño diez minutos después, Sakura se hallaba recostada en la cama, recargada en la cabecera. Sus ojos verdes concentrados en la pantalla viendo lo que parecía una vieja comedia romántica.
—Tu turno —señaló tras él.
—Espera, estoy a punto de ver como Verona convence a Kat de ir a la fiesta con él. Es tan dura, si ella no sale Bianca tampoco, su padre no las quiere en citas porque teme que se enreden con algún tipo —le platicó con exaltación—. Siempre se imagina lo peor, me recuerda un poco a papá.
—Que interesante —desterrando todas sus reservas y sometiendo a duras penas la voz en su cabeza que le gritaba que no se sentara ahí, a menos que estuviera cubierto con un traje hecho de látex, se dejó caer a su lado—. No soy muy aficionado a este tipo de películas —admitió estirando el brazo robándole una de sus saludables botanas, realizadas con frutas deshidratadas.
Sakura le pasó la bolsa, a la vez que continuaba contándole lo que había captado de la historia. Ante su evidente interés, su curiosidad despertó también. Durante la próxima hora, ambos estuvieron pendientes de cómo se desarrollaba la trama.
—Oh… que poema tan más bonito.
Sasuke la apretó cuando ella se refugió en su pecho.
—Me encantó como logró que lo perdonara.
—Hn. Bueno, ya te divertiste, creo que es hora de que te bañes para ponernos a descansar. Mañana tenemos que retomar el camino muy temprano —la tomó de la mano ayudándola a levantarse.
Con un gran suspiro, Sakura estuvo de acuerdo. En la privacidad del desangelado baño, usó el nuevo celular que compró con el mismo número anterior, y envió un escueto mensaje a sus padres, aquel sería el único signo de vida que ellos recibirían en mucho tiempo. Se entristeció, pero así tenía que ser por ahora. Su ducha duró un poco más que la de Sasuke. Al salir, lo encontró tendido en el horrible sillón floreado.
—No tienes que dormir ahí, soy más pequeña que tú, creo que me acomodaré mejor allí —ofreció apenada de que él siempre tuviera que llevarse la peor parte sólo por ser el hombre—. Basta de actuar como un caballero. Mereces la cama, conducir durante tanto tiempo es una tortura para tu espalda, ¿no?
—Puedo soportarlo —lanzó con obstinación. Aguantando en silencio la tremenda molestia por la dureza y todos los bordos que el maldito mueble tenía.
—Pero es que…
—No discutas Sakura. Yo me quedaré aquí, y no hay más que decir.
Sakura siguió sus órdenes. Apagó las luces y se acomodó en el mullido colchón. Ambos se fueron a acostar con la ropa puesta, temerosos de lo que pudieran contraer si exponían su piel más de lo necesario en aquellas superficies.
Apretó los párpados he hizo todo lo posible por dormir. A pesar del cansancio, el sueño se negó a aparecer. La cama le era ajena, el aire que se respiraba en la habitación era demasiado pesado, con un olor dulzón desagradable que la mareaba un poco. Todo lucía mejor cuando no estaba rodeada por tantas sombras. Ni siquiera podía contar con que las luces del letrero la consolasen, ya que Sasuke cubrió la ventana con las rugosas cortinas. Así, en medio de tanta negrura, el dolor y el miedo brotaron nuevamente.
Se removió intranquila, no quería dejar que su cerebro la atormentara con las preocupaciones habituales.
¿Cómo estaría Itachi?
¿Qué estaría haciendo?
¿Pensando en ella, como ella lo hacía con él a cada minuto del día?
Apretó los párpados frustrada. Se suponía que para eso estaban escapando. Todo sería mejor. ¿Por qué de pronto huir ya no parecía tan sencillo? Se sentía tan sola, tan miserable…
— ¿No puedes dormir? —Sasuke sonaba conocedor.
No respondió de inmediato. No confiaba en que su voz no se rompiera. No quería admitir tampoco lo aliviada que estaba al darse cuenta que él seguía al pendiente de ella.
— ¿Qué necesitas?, ¿la luz encendida? —ofreció alentador.
—A ti —murmuró bajito—, te necesito a ti —repitió más alto—. Por favor… abrázame Sasuke. Necesito tenerte junto a mí —reconoció con esfuerzo.
El cuerpo de Sasuke cayó tras ella, estrechándola fuertemente de inmediato. Se dio la vuelta y enterró la cara en su cuello, llenándose los pulmones de su particular aroma. El estímulo sensorial la hizo entrar en relajación. Su agotamiento la abrumó a tal punto, que cerró los ojos y se dejó llevar por la oscuridad. La respiración de Sasuke armonizó con la suya, pronto, ambos dormían plácidamente en los brazos del otro.
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Kakashi y Kurenai regresaron el domingo por la tarde, un poco preocupados, ya que el único mensaje que recibieron de Sakura fue en la madrugada, diciéndoles que estaba muy entusiasmada con una película y que se acostaría muy tarde. Por la mañana intentaron contactarla para avisarle de su llegada, pero ella no respondió, así que tuvieron que anunciarle por correo de voz que arribarían cerca de las dos a casa, y querían hablar con ella de inmediato.
La pareja bajó del auto con gesto sombrío. Como era de esperarse, Kakashi le contó lo sucedido a su mujer. Sin reparar mucho en la calle ni en los jardines, ambos entraron distraídos a la residencia, desesperados por encontrar a su hija.
Lo que los recibió al atravesar la puerta, no fue la cálida sonrisa de Sakura. De uno de los salones, aparecieron algunos miembros de Akatsuki, armados y apuntando directamente hacia ellos, listos para volar sus cabezas. Kurenai gritó sorprendida, Kakashi la atrajo hacia sí, colocándola a su espalda y cubriéndola con su cuerpo.
— ¿Qué significa esto, Itachi? —el que sería su próximo yerno, se acercó lentamente hacia ellos.
— ¿Dónde están? —demandó Itachi con autoridad.
Si Kakashi no tuviera la experiencia que sus años y su cargo le habían dado, habría temblado ante aquel poderío. El Itachi Uchiha frente a él, no era el mismo joven amable y respetuoso que cortejó a su hija. El oscuro hombre, se asemejaba mucho a un demonio en ese momento. Su mirada helada, su postura imponente. Su presencia avasalladora.
— ¿Dónde están quienes?, ¿Por qué tus hombres nos apuntan de esta manera? —preguntó con la misma firmeza—. ¿Dónde está Sakura?
Itachi resopló como un toro enfurecido. Pero a excepción de aquel sonido, su máscara imperturbable se mantuvo.
—Eso es precisamente lo que quiero que me digas. A dónde se llevó la zorra de tu hija, a mi hermano —exigió aproximándose hasta quedar a escasos cinco pasos de él.
Yahiko estaba al lado de su amigo, respaldándolo. Su deber era dar apoyo, pero también analizar la situación y percatarse de cosas que Itachi, tal vez por su estado tan volátil, no veía. El desconcierto en los rostros de los padres de Sakura, fue evidente. No tenían idea de lo que su jefe hablaba, incluso Kakashi no sólo lucía confuso, sino ofendido al escuchar como Itachi llamó a su hija.
—Sasuke huyó con Sakura —se apresuró a clarificar—. Ellos escaparon de la ciudad ayer, después de que ustedes se fueron. Ya investigamos en el aeropuerto, en las estaciones de autobuses y trenes. Compraron dos boletos de tren rumbo al Sur, pero no abordaron, por lo que creemos que salieron por carretera, pero no hay pistas de cuál camino tomaron.
— ¿Por qué Sakura haría algo así?, ¿Por qué se fue con Sasuke si está comprometida contigo? —indagó Kurenai con desconfianza.
— ¿Qué le hiciste a mi hija? —demandó Kakashi.
—Sakura y yo ya no estamos comprometidos desde hace días. Ella es una traidora, me engañó con Naruto Namikaze, y al comprender que no la iba a perdonar, que no iba a casarme con ella, sedujo al tonto de mi hermano y lo engatusó para irse con ella. Supongo que por venganza —asestó Itachi ya cansado de tantas vueltas. Era imperioso encontrar a Sasuke, antes de que Sakura le causara algún daño.
—Con… ¿con Naruto? —Kurenai miró escandalizada a su marido.
— ¿Cómo sabes de Naruto y por qué piensas que Sakura te engañó con él? —Kakashi desapareció la corta distancia que los separaba y lo encaró desconcertado.
La petición de su hija fue que Itachi no supiera del pasado que la perseguía. Mientras Naruto se quedara como un mal recuerdo, despotricando en el Este sin poder realmente acceder a su hija y molestarla, Kakashi no dudó en evitar ese tema con su futuro yerno.
—Porque los vi —explicó simple y contundente—. Un día después de proponerle matrimonio, se vio con ese hijo de puta y se besuqueó con él. Yahiko tiene las fotos, ¿quieres verlas? —se burló colocando su rostro a centímetros del suyo, sus estaturas eran muy similares, ambos se miraron a los ojos, en una lucha de voluntades que duró hasta que Kurenai volvió a inmiscuirse.
—Eso no… ¡Sakura no haría algo así, menos con Naruto!... Kakashi —gimió asustada.
— ¿Están seguros que Sakura y Sasuke se fueron juntos?, ¿por voluntad propia?
Itachi no se perdió la lucha colosal que la madre de Sakura hacía para mantenerse sosegada frente a todos ellos. Las pistolas apuntando en su dirección, no tuvieron el mismo resultado que mencionar el nombre de Naruto Namikaze. Al escuchar de él, la mujer casi comenzó a temblar. Kakashi, aunque más discreto, del mismo modo no parecía tan duro ni compuesto como antes.
—Los amigos de Sasuke confirmaron que se fueron porque quieren comenzar una relación —aportó Yahiko.
Kakashi cabeceó con un seco asentimiento. Su rostro volvió a teñirse de color.
—Entonces vamos a suponer que así fue, y mi hija y tu hermano están juntos y bien… Ahora, vuélveme a explicar cómo es que Sakura te engañó con Naruto, quien es su peor pesadilla desde que tiene trece, debo añadir. ¿Cómo es que no lo mataste por tocarla?, y, ¿cómo Sasuke terminó llevándosela para estar con ella?
Kakashi no entendía nada. Toda aquella situación le generó un dolor de cabeza terrible y una presión sofocante en el pecho. No encontró sentido a lo que Itachi decía, mucho menos al actuar de su hija. Era como estar leyendo un libro y haber empezado por la mitad. Inconexo, impreciso, ilógico.
Itachi no se detuvo a considerar la declaración de su ex suegro. Supuso que Sakura le dijo la verdad al jurarle que sus padres no sabían nada de sus enredos con el próximo líder del Este, así que comprensiblemente eran incapaces de asimilar lo que les dijo. Haciendo acopio de toda su paciencia, se decidió a explicarse.
—Sakura tiene una relación con Naruto. Yo mismo vi su celular, descubrí todos los mensajes que intercambió con él, todas las llamadas que se hacían… él no sabe de mí. Ella admitió engañarnos a ambos —expresó sin emoción.
—Sakura no tiene ninguna relación con Naruto —refutó Kakashi entre dientes.
—Oh lo hace, créeme. Tal vez para ti sea impensable que tu niña tan inocente y pura sea una mentirosa, pero lo es. La vi, la confronté, y no lo negó. Lo que no termino de comprender, es cómo ustedes ignoraban ese hecho —inquirió verdaderamente extrañado.
Sakura y sus padres eran una auténtica familia. Una en la que los lazos eran estrechos. En la que la confianza y la comunicación eran parte de su día a día, que ellos desconocieran totalmente la otra cara de su descarado ángel, era muy poco creíble.
—Kakashi, él llegó hasta ella… —susurró Kurenai con espanto— ¿y si ya sabe todo, y si la amenazó? —concluyó angustiada. Era la explicación más posible.
— ¡Dejaste que ese animal tocara a mi hija!, se suponía que uno de tus mejores hombres la cuidaría, ¿¡Cómo diablos Naruto la arrinconó y la atacó de esa manera!? —Kakashi reclamó indignado, yéndose casi encima de Itachi. Fue detenido por Sasori y Deidara, que actuaron con rapidez y lo sometieron muy apenas.
—Itachi… Naruto no es el amante de Sakura, ¡es su acosador! Ella está aterrada de él, jamás lo aceptaría de buen agrado. Tienes que decirnos qué pasó… se supone que él no podía alcanzarla aquí, se supone que ser tu prometida la haría intocable —Kurenai no le gritó, pero su recriminación tuvo el mismo efecto que si le hubiera plantado una bofetada.
Itachi rehuyó su escrutinio. Sin saber qué hacer con la energía que hormigueaba por todo su cuerpo, comenzó a pasearse por el salón. Seguía molesto, pero ahora la confusión se estaba sumando también a su malestar. Yahiko, intuyendo que él estaba desconcertado y disperso, se acercó a la madre de Sakura.
—¿Cómo que su acosador?. Con todo respeto señora, yo los vi muy juntos, él la abrazó, ella lo besó. Incluso recibió un anillo que parecía ser de compromiso.
Kurenai no perdió el tiempo. Sin esperar autorización de su marido, empezó a revelar el secreto de su hija.
—Naruto quiere a Sakura para él. Pero ella nunca lo quiso así. Eran muy buenos amigos. Y sí. Si Minato no hubiera arreglado el compromiso con la chica Hyuga, mi hija y él habrían terminado irremediablemente juntos —admitió con facilidad—. Desde niños la escogió. Alejó a todos los amigos que ella tuvo. Nosotros no lo vimos tan mal en un principio, los hombres de la mafia son posesivos, solo que… al crecer, empeoró —con paso cuidadoso pero decidido, alcanzó a Itachi.
Los demás se tensaron, no obstante, ante la mano levantada de su jefe, desistieron de apuntar sus armas. Además seguía siendo difícil para Deidara y Sasori contener a Kakashi.
—Naruto no entiende que Sakura no lo ama, él está obsesionado con ella. Ni alejándolos la dejó en paz. La llama, la mensajea a todas horas, lo último que hizo fue amedrentarla para no casarse con nadie. Incluso tuvo la audacia de decirle que si lo hacía, convertiría la celebración en una boda sangrienta —se estremeció indignada—. Itachi, todos esos mensajes que ella respondió, no fueron más que su intento por mantenerlo tranquilo. De alguna manera necesitábamos ganar tiempo. Sakura no quería regresar al Este, para no poner en peligro a nadie más. Estaba decidida a ser feliz aquí, con un miembro de Akatsuki que llamara lo suficientemente su atención, que la enamorase, alguien fuerte que la protegiera de él. Alguien a quien Naruto no se atreviera a desafiar —acarició su mejilla con cariño.
Itachi retrocedió impresionado. No dejó que sus emociones asumieran el control. Si quería resolver de una vez por todas esta situación. Entender el actuar de Sakura, que de repente se había transformado de una dulce mujer enamorada, a una manipuladora infiel, necesitaba escuchar. Escuchar y razonar. Ciertamente la conducta de su ex prometida no había tenido mucho sentido. Como Sasuke bien le recalcó, si ella hubiera querido a Naruto, ¿Por qué acostarse con él?, pudo mantenerse virgen para su "amante", manteniéndolo aplacado a él con migajas, por supuesto que nunca la habría presionado para dar un paso que ella no quisiera dar.
Se alejó de todos, desesperado por comprender. El impacto de ver las fotos que Yahiko le entregó, había sido tan brutal, tan estremecedor, que ni siquiera tuvo oportunidad de procesar lo que sucedía. De igual modo, que Sakura admitiera engañarlo, fue el último golpe. Con el fin de evitar que su mundo se cayera a pedazos, que todo a su alrededor se desvaneciera, tuvo que endurecerse. Mitigó su sufrimiento de la única forma que encontró. Evadiéndolo. Enterrándolo bajo capas interminables de insensibilidad y violencia. Respiró hondamente, regresando hasta la madre de Sakura, que seguía plantada en el mismo sitio.
—Ella no… ¿Por qué no sabía nada de esto?, ¿Por qué no confió en mí?, ¿Por qué ustedes se quedaron callados?... ¡Por qué no me lo dijo! —la madura pero hermosa mujer se sacudió, no se apartó, sin embargo—. No puedo creerlo. Eso no puede ser… —no podía ser, porque si era… Si era cierto, había perdido lo mejor que jamás le sucedió—. Yahiko, tú los viste… Tú… ¿Qué diablos ocurrió en ese parque? —acechó a su amigo, atrapándolo por la nuca y atrayéndolo cerca de su cara—. ¿Ella corrió hacia él, contenta de verlo?
Yahiko confrontó los negros y enloquecidos ojos de su líder.
— ¿Se colgó a su cuello, abrazándolo como si su vida dependiera de ello?, como lo hace conmigo. ¿Lo besó desesperada?… nos has visto besarnos, ¿lo besó igual?, hambrienta, enajenada... enamorada —su voz titubeó un poco—. ¿Sonrió encantada, lloró emocionada al ver el anillo?... ¡Responde maldita sea! —demandó perturbado. Para nada contento con el presentimiento en su cabeza, con la palpitación errante de su corazón.
Yahiko negó con dificultad, la mano de Itachi apretaba inclemente su cuello, reteniéndolo.
—Ella… ella no corrió hacia él. Fue Naruto quien la alcanzó, su rostro estaba… estaba… pálido. El beso fue, fue algo bruto. Sus manos no lo rodeaban, más como que lo contenían. Sakura gimió… un quejido, un… un lamento de dolor —se concentró en recordar, cuando lo hizo, su cuerpo tembló con un turbulento escalofrío—. Ella lloraba cuando le puso el anillo.
— ¿Contenta? —exigió Itachi, ya esperando la respuesta.
—Yo… ¿me equivoqué, no es cierto? No lo vi. Itachi lo siento, ¡joder no me di cuenta! —trastabilló cuando Itachi lo empujó y les dio la espalda— Sus lágrimas no eran de entusiasmo… —musitó enojado consigo mismo.
—Estaba aterrorizada —Itachi recordó cuando ella corrió al salir del ascensor, cuando su sonrisa de alivio se formó automáticamente en su antes apesadumbrado rostro—. ¡Estaba jodidamente petrificada, y tú la abandonaste ahí, con ese maldito loco!... Y yo… yo también.
La puerta se abrió sin un llamado, impidiendo que se derrumbara ante todos ahí. Uno de los hombres que tenía vigilando la calle —por si Kakashi de algún modo se las ingeniara para escapar de ellos—, entró llevando a un chico ya muy bien conocido por él.
Suigetsu se tragó un juramento. Debió suponer que al primero que Itachi buscaría por respuestas, era al padre de su amiga. Lo que lo puso en estado de alarma, fue que Itachi y su trío no platicaban calmadamente con él, como debería ser al tratarse de un miembro tan importante del Este, sino que lo tenían acorralado y sometido.
— ¿Qué haces aquí?
Se quedó mudo, no pensaba confesar lo que había ido a hacer por encargo de Sakura.
— ¡Responde! —el matón a su lado lo zarandeó, pero ni así habló.
—No creo que hayas estado paseando simplemente y te perdiste, ¿verdad?. Regístralo. Después de lo que he descubierto de Sakura... Ella jamás se habría ido sin explicarles a sus padres el porqué de lo que hacía.
— ¡No! —intentó pelear pero no era rival para el mastodonte que le arrebató la carta de su bolsillo.
—Dásela al destinatario —ordenó Itachi señalando a Kakashi.
— ¿No vas a leerla? —indagó Suigetsu asombrado.
—No la escribió para mí.
Suigetsu fijó sus escrutadores ojos en el hermano de su mejor amigo. Itachi no lucía como lo había hecho el día anterior. Su expresión era agotada y arrepentida. Atormentada.
Kakashi no perdió tiempo en separarse de los dos mocosos que lo tuvieron cautivo. Cogió la carta que el chico albino le trajo. Mantuvo sus manos firmes mientras rasgaba el sobre. Leyó las palabras ahí escritas, ansioso por saber de su hija. Luego, con el corazón encogido, parpadeando incesantemente, volvió a leer.
Papi:
Si estás leyendo esto, es que pude hacerlo. Pude tomar la decisión más difícil que se me ha planteado en mi corta vida. Me fui. Huí con Sasuke. Por favor no lo hagas. No te preguntes por qué lo hice, no te tortures con por qué no confié en ti. No te culpes. No podía ser de otra manera, te juro que fue la única salida que encontramos.
Vino papá, me buscó no importándole la distancia, no importándole su inminente boda. Está decidido a conseguirme y creo que Minato lo apoya. Itachi puso a Yahiko a cuidarme, piensa que lo engañé, que todo este tiempo estuve jugando con él, por despecho, para castigar a Naruto porque va a casarse con otra y no conmigo. No sabe que eso es lo que más anhelo, que él se case, que se olvide de mí y me deje libre. No se lo dije papá, no debe enterarse, porque tú entiendes lo que pasaría. No puedes decirle. No quiero una guerra. No quiero sangre derramada por mí. No quiero ni pensar en la posibilidad de perderlo así. Él está decepcionado, me odia, le di motivos para hacerlo, así debe quedarse. Lo prefiero enojado y lejos, a muerto. Por lo que más quieras papá, no te preocupes por mi reputación, si él te confronta, no lo ataques por insultarme, está en su derecho de creer lo peor de mí.
Suigetsu y Juugo nos ayudarán a que crea que Sasuke y yo nos fuimos porque Sasuke me quiere, y porque yo estoy dispuesta a darle una oportunidad, algo que Itachi no permitiría de seguir en su territorio. Sasuke es mi mejor amigo, a él si le conté, sé que no actuará como su hermano. Nos cuidaremos entre nosotros. Sasuke se casará conmigo, así que estaré protegida. Cuando sea momento, regresaremos. Esperamos que para ese entonces, Itachi esté listo para recibirnos. Confiamos en que su amor por Sasuke nos haga inmunes a su ira. Tal vez ya hasta haya encontrado a otra mujer, alguien que él vea digna de su amor, de ser su esposa, como no lo fui yo.
Papá, perdón. Perdón por tantas molestias. Seguramente cuando me adoptaste no pensaste lo mala hija que resultaría, ¿verdad?. Te quiero papi, dile eso a mamá también. Que lo siento, que lamento todo lo que he causado, que me duele no darles la boda con la que todos soñábamos. No quería dejarlos, pero tampoco quiero que cuando Naruto regrese, tú termines siendo asesinado por defenderme. Te amo demasiado, los amo mucho, mucho, como para no hacer nada.
No intenten contactarnos, no responderemos. Pero estaremos bien.
Tu hija que te ama, Sakura Hatake.
Cuando terminó, no se sentía más tranquilo. Todo lo contrario. Con un nudo en la garganta, alcanzó a Itachi, pasándole el blanco papel. Su yerno lo tomó sin vacilación.
Itachi apretó la fina hoja, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no rasgarla antes de poder enterarse de lo que contenía.
—Si no te lo hubiera contado Kurenai, de cualquier manera te habría dado esa confesión. Aunque Sakura me rogó no decirte, necesitas saberlo. ¿Quieres que te diga por qué? —declaró al verlo terminar y doblar la carta.
— ¿Por qué?, sabes lo que haré. Ella tiene razón. Le arrancaré la piel a tiras. Naruto Namikaze va a entender por fin, que jamás debió fijarse en ella. Que nunca debió ambicionar tener a alguien tan valiosa, alguien que le pertenece al Norte —prometió determinado—. Minato se enfurecerá, y se desatará una guerra. Entonces voy a cubrir las calles del Este con la sangre de todos tus camaradas y hermanos —presagió siniestro.
—Y eso es precisamente lo que quiero que hagas. Quiero que Naruto desaparezca —el trío siniestro, el amigo de Sakura que aún seguía ahí, e Itachi, abrieron los párpados sorprendidos. Seguro pensando que no era mejor que una rata, un traidor, por volverse contra su familia—. Pero sobretodo quiero, que Minato comprenda, que jamás debió ordenarme entregarle a mi hija como si fuera una prostituta, al bastardo de su hijo.
— ¿Qué hizo qué? —la voz de Itachi sonó profunda y salvaje.
—Me ordenó entregarle a Sakura, a Naruto. Para tenerlo controlado, el desquiciado está fuera de control. La idea era usar a mi hija como tranquilizante, Naruto se sometería al tenerla como amante. Menos mal pude disuadirlo, contándole que ella ya estaba comprometida contigo. Pero me advirtió que si la boda no se llevaba a cabo, continuaría con su plan original.
—Nunca harías eso —constató Itachi, la ira por lo que Kakashi le transmitió, avivó las llamas de la venganza que ya ardían dentro de él.
—No. No lo haría. Itachi, no te pediré que me aceptes en tus filas. A tus ojos, debo ser un hombre débil, un ingrato por darle la espalda a mi capo. Mi destino no importa. El de Sakura y el de Kurenai sin embargo…
No se arrepentiría de volverse contra los que un día fueron sus aliados. Muchos años atrás, cuando la idea de tener una familia ni siquiera le cruzaba por la cabeza, fue un hombre sanguinario y letal. Poner por encima de todo a la organización, era algo inconsciente, mecánico. Si le ordenaban matar, apretaba el gatillo de forma irreflexiva. Si le pedían torturar, afilaba sus cuchillos. Si Minato quería algo —mujeres, propiedades, más riqueza—, se lo conseguía. De todas las familias mafiosas dominando el país, el Este siempre fue la más ruin. Y lo seguían siendo.
Era él, el que había cambiado.
Una mujer dolida y unos inocentes ojos verdes, fueron los que reemplazaron la ira, la sed de sangre, la crueldad. Aunque por supuesto no perdió su esencia. Sólo que sus instintos evolucionaron. Ya no se concentraba únicamente en la supervivencia. En lugar de continuar enfocando sus habilidades destructivas en crear más caos para alguien a quien adoraba con ciega devoción, las utilizó para la preservación y protección de ellas. Ellas que se ganaron su lugar a pulso. Que lo amaban incondicionalmente, a pesar de sus defectos.
—Kakashi —su esposa lo llamó mortificada.
—No tienes razones para ser leal a alguien que no lo ha sido contigo o con tu familia —estableció Itachi con empatía—. Antes de Sakura, Sasuke era mi motivación, yo entiendo Kakashi. Esa es precisamente la lealtad que importa. Akatsuki no es el Este, no somos violentos por placer. No ejercemos el poder a través del miedo, no con los nuestros. Tu hija será una Uchiha. Te juro que esta vez será bien protegida, y ustedes junto con ella —prometió palmeando su hombro.
Kakashi respiró aplacado. Cierto, cada familia tenía su reputación. La de los Akatsuki era que para ellos no era una debilidad poseer sentimientos por sus seres cercanos. Más allá de eso, explotaban esa cualidad para volverse más implacables. Tanto para con sus hermanos, así como con sus mujeres, los miembros del Norte eran defensores y fieles.
—Antes tenemos que encontrarlos —acotó Sasori, registrando a Suigetsu—. ¿Seguro que no sabes dónde están?, como te puedes dar cuenta, ya no es necesario cubrirlos.
Suigetsu sintió que podía respirar de nuevo. Aunque probablemente no sería por mucho tiempo. La guerra era inevitable. Sin querer hacer esperar más a los padres de Sakura que lo miraban esperanzados, respondió.
—Eso parece. Pero no, ellos no nos dijeron nada, se lo prohibimos a Sasuke. No queríamos que si nos torturaban, el dolor nos hiciera quebrarnos y confesarlo —admitió encogiéndose de hombros.
—Formarán un equipo formidable con mi hermano cuando sea el momento —auguró Itachi dándole su aprobación—. Yahiko, Sasori, Deidara —sus amigos asintieron en señal de que lo escuchaban—. Lo primordial es encontrar a mi hermano y a Sakura. Enfóquense en eso —ordenó serio.
— ¿Y si llegan tarde… si ellos ya están casados? —indagó Kakashi cuidadoso.
—Nos enfrentaremos a ello si se da el caso. Ella no sabe lo que Sasuke siente, ¿cierto? —miró a Suigetsu.
—No. No quiso decírselo porque sabía que se sentiría culpable por no devolver sus sentimientos. Itachi, Sasuke se mantuvo siempre leal a ti. Él no vio otra opción, ella no iba a exponerte, a exponernos a todos. Y tú no ibas a perdonarla. Sasuke te ama, pero lo más importante fue alejarla de él.
Itachi asintió, reconociendo la verdad en la declaración del amigo de su hermano. No pensaba seguir haciéndose el desentendido respecto a los sentimientos de Sasuke. Se negó a darse cuenta antes, posiblemente porque estaba absorto en su propia felicidad, y concebir que algo se interpusiera entre él y Sakura era impensable, menos que aquel obstáculo fuese su propio hermano. En verdad no sabía qué haría si Sasuke se casaba con ella antes de dar con ellos. No quería considerar ese escenario. Pero por otro lado, tampoco deseaba el sufrimiento de su hermanito. Ambos la querían, que jodido lío.
Apagó esa preocupación para más adelante, así como su dolor y culpabilidad por haber alejado a Sakura de una manera tan despiadada.
—Hay que hablar con Madara —dirigió su atención a Kakashi.
Su suegro estuvo de acuerdo. Sasori y Deidara partieron a conseguir más pistas del posible paradero de su hermano y Sakura. Yahiko llamó a Konan para que le hiciera compañía a Kurenai, mientras ellos tres se dirigían a la casa de su tío. Era hora de poner a prueba el apoyo que su todavía jefe, estaría dispuesto a darle.
.
El despacho de Madara era muy similar al de Minato. Piezas costosas decorando las paredes, un escritorio que valía su peso en oro, una barra con licores finos y costosos. Un espacio totalmente varonil.
El dueño de todo el Norte los miró con curiosidad desde su cómoda butaca. Los tres permanecieron de pie, esperando a que él los invitase a sentarse en las tres sillas que se disponían frente a ellos. Madara los apreció uno por uno. Sus expresiones estaban cerradas a su inspección, justo como se acostumbraba de hombres tan duros como ellos.
—Bien, a qué debo esta inesperada visita —señaló los asientos, dándoles su consentimiento de relajarse.
Itachi se mantuvo de pie, pero Kakashi y Yahiko acataron su ofrecimiento. Su sobrino no esperó a que encendiera su habano y empezara a disfrutar de su exquisito trago de armañac. Sin pararse siquiera a tomar aire, comenzó a recitarle una historia bastante entretenida, que implicaba a su prometida, al hijo del jefe en el Este, y al mismísimo Sasuke. Durante los siguientes minutos, se enfocó en su sucesor, recreado con fascinación por la reacción rabiosa que tenía al finalizar su monólogo.
No era algo cotidiano que Itachi explotase su temperamento Uchiha. Para ser el próximo líder necesitaba de un extremo autodominio, y esa era justamente su mejor virtud. Itachi era tranquilo, paciente y centrado, a menos que Sasuke y ahora también su mujer, estuviesen inmiscuidos, como era el caso.
—Sin duda entiendo tu sentir Itachi. Por supuesto que no puedes dejar que Naruto Namikaze pase por encima de ti, ofendiendo a tu prometida de ese modo. Sin embargo, matarlo es ir demasiado lejos.
—¿¡Quieres que lo deje vivir!?, después de aterrorizarla, de obligarla a tocarlo… de forzarlos a huir —azotó las palmas sobre la fría madera, inclinándose para quedar cara a cara con su tío—. Sasuke y ella podrían estar muertos ahora, ¿que si algún enemigo nuestro los reconoce?
—Modera tu tono hijo, no te lo voy a repetir —advirtió poniéndose formal—. Sé que estás preocupado, por eso pasaré por alto tu exabrupto —se mesó el largo cabello—. Pero si no puedes controlarte lo suficiente para escucharme, haré que te encierren en una de las celdas del sótano hasta que te calmes.
Yahiko alcanzó la muñeca de Itachi, apretándolo y alejándolo de Madara.
—Escuchen todos. No ha sucedido algo grave hasta ahora que justifique la muerte del hijo de nuestro socio. ¡No! —evitó que Itachi lo interrumpiera—. Él no sabía que ella era tu prometida, ella no se lo dijo, todo lo contrario, le siguió el juego. Sé por qué lo hizo, y lo agradezco. Ustedes deberían estar pensando como ella. Una guerra no nos llevará a nada Itachi, más que a disminuir nuestras filas. Si, quieres retribución, porque él la tocó siendo tuya.
—La amenazó y la acosó con mensajes también —arguyó conteniéndose con lo poco que le quedaba de cordura. Sabía que Madara cumpliría su promesa de meterlo en sus calabozos secretos.
—En ese entonces no era tu prometida. Sakura como próxima Uchiha, es la que debería exigir venganza, y no lo hizo. Porque es más consciente y más madura que tú al parecer. Tal vez deba nombrarla mi sucesora a ella. Ya que sería una mejor líder, una que no sacrificaría a sus hombres por un arrebato. Kakashi, entiendo tu posición, y si Minato te hubiera obligado a entregarle a Sakura a pesar de estar comprometida con mi sobrino, sería el primero en respaldarte para recuperarla. Comprendo que tu lealtad hacia tu capo esté rota, Minato se equivocó al rebajarla siendo hija de quien es. Te respeto por poner a Sakura en primer lugar. Si lo deseas, tienes un puesto permanente en esta familia, ya que has probado tu valía con creces —poniéndose de pie, rodeó el gran escritorio.
Acomodándose el cuello de la camisa y doblando con pulcritud las mangas, se dirigió a la barra, necesitaba algo más fuerte que su anterior elección de bebida relajante.
—Nada ha sucedido, aún. Esperaremos hasta encontrarlos y cerciorarnos de que estén bien. Si no lo están, tienes mi permiso para incendiar el Este y cortar en trozos al hijo de Namikaze —llenó un vaso hasta el tope con su mejor Bourbon.
»E Itachi, párate un minuto a pensar en tu actitud. No te dice nada el hecho de que ella haya preferido decirle la verdad a tu hermano y no a ti. Si fuera tú, trabajaría en ello, la confianza en una relación lo es todo. Sakura sabía lo que harías, y lo temía, no le des razones para demostrarle que estaba en lo correcto al ocultarte algo tan importante. No si esperas recuperarla. Se fue con Sasuke porque él le dio la seguridad que tú fallaste en proporcionarle, ¿Qué mujer va a querer estar en el centro de una guerra? —bebió ávidamente esperando a que sus palabras produjeran un efecto en Itachi— ¿Qué es más importante para ti, la cabeza de Naruto, o el corazón de tu amada? —con aquel último consejo, se quedó en silencio.
Yahiko se levantó y se colocó al lado de un desanimado Itachi. Madara había dado en el blanco.
—También lo hizo pensando en ti, en su familia y amigos. Quería protegerlos a todos —le reiteró a su amigo como consuelo, fue inevitable que el tema de la carta saliera a colación con Madara, así que él también estaba al corriente de la voluntad de Sakura. Ahora la admiraba más.
—Kakashi, Yahiko, denme unos momentos a solas con Itachi.
Los dos hombres salieron de inmediato. Itachi contempló a su tío, no sabía que más verdades iba a lanzarle a la cara, siendo sincero consigo mismo, no quería seguir escuchándolo, porque él llevaba razón en todo.
—Cuando me dijiste que querías casarte con la niña del Este, tuve mis dudas. Una foránea no es la elección que te habría recomendado nunca, menos si venía de una organización tan primitiva como la de Minato. Tú sabes por qué no confío en nadie más allá de nuestro territorio, no piensan como nosotros. Los Akatsuki hemos descubierto cual es el motor que nos impulsa.
—No es el dinero, no es el poder, no son las armas —pronunció lo que hacía mucho Madara le había recitado en ese mismo lugar, cuando le prometió que se convertiría en su sucesor.
—Son nuestros lazos. Las mañas y creencias del Este, son cuestionables. Lo primero que imaginé fue a Sakura Hatake rebanándote la garganta en su noche de bodas, admito que no fueron más que prejuicios, porque Kakashi no ha actuado con otra cosa que no sea honorabilidad. Tengo a nuestros mejores contadores vigilándolo, nunca ha tomado un dólar que no sea suyo.
— ¿Por eso no te opusiste?, ¿porque confías en él? —Madara rellenó su vaso, llenando otro a continuación que le alcanzó a él.
—Porque tú confiabas en ella. Tenías un brillo muy juvenil en tus ojos, ni siquiera de niño luciste tan emocionado —se burló con paternalismo.
—Yo no-… —comenzó a contradecirlo indignado.
—Calma. No fue algo muy evidente, debido a que te conozco bien, es que me percaté de lo ilusionado que estabas. Te felicito Itachi. Ahora sé que serás un buen jefe. Me preocupaba que nunca encontraras a esa mujer que se encargara de ser tu centro, de depurar lo malo que hacemos y vemos casi a diario.
Itachi se agitó inestable, su tío raras ocasiones dejaba al descubierto su fase amigable. Madara era áspero, terco, totalitario. Itachi siempre supuso que era la personalidad más adecuada para forjarlo y encaminarlo. Eso contribuyó mucho a que le tuviera un poco de resentimiento. No obstante, aprovecharía la oportunidad que su tío le daba para dejar salir una de sus más profundas turbaciones.
—Ahora que estamos en la hora de las confesiones… yo también me preocupaba por eso. De no ser capaz de amar como aman todos ustedes. No creas que lo ocultas bien, tú adoras a mi tía, ni siquiera te planteaste la opción de separarte o engañarla cuando supiste que no te daría el varón que necesitabas. Yahiko tampoco se lo pensó dos veces para casarse con Konan cuando la conoció, a pesar de que ella no era la mujer que le recomendaron. Obito… uff, él y Rin son pareja desde preescolar, ¿no? —rio terminándose su bebida—. Y así podría seguir con cada uno de los hermanos que están casados.
—Ya viste que te equivocabas, tu momento llegó. Y sí. Es una de nuestras leyes por una razón. Si un hombre no es capaz de tomar responsabilidad en algo tan sagrado como el matrimonio, de respetar a su otra mitad, a la madre de sus hijos… ¿Qué te hace pensar que será leal a su juramento con la familia?
—Cierto.
—Esa misma lealtad debe de ponerse en práctica también con nuestra sangre. ¿Sasuke…?
—No me lo dijo. Yo no sabía que la quería —explicó perdiendo el buen humor que había logrado conjurar ante la aprobación de Madara.
El mayor lo dejó seguir, Itachi necesitaba desahogarse.
—Sasuke no quiso interponerse. Él me dejó el camino libre… dejó que conquistara a Sakura mientras él aguantaba en silencio.
—¿Crees que cuando los encontremos, siga siendo así? Me preocupa lo que pase entre ustedes Itachi, no quiero que su relación de hermanos se fracture por esto. ¿Si él no se aparta lo harás tú?
—Joder si lo sé. No logro concebir la idea. La amo, y él… él es… tú mejor que nadie sabe cómo amo a mi hermano. Supongo que así debió sentirse Sasuke.
—Ya que los dos están en la misma situación, la única opción será que Sakura elija —decidió Madara apiadándose de su sobrino—. Ruega para que todavía esté a tiempo de hacerlo y que no se hayan casado. Porque si es así…
No necesitó continuar. Itachi comprendió el resto. Meterse entre su matrimonio sería traición.
Afinando los últimos detalles para llevar a cabo la búsqueda de la pareja, y cerciorándose de que Itachi y Kakashi no desatarían una matanza, fue como finalmente concluyó la reunión.
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— ¿Qué conseguiste? —preguntó Sakura saliendo de la ducha.
Sasuke cerró la puerta de la habitación y dejó la bolsa de comida en la sencilla mesa de la pequeña pero funcional cocina. Durante las últimas dos semanas, estuvieron moviéndose de un lado a otro, conduciendo durante el día, y quedándose en moteles por las noches. Sakura tenía una divertida colección de cajas de cerillas con el nombre de cada lugar que pisaban.
Conforme fueron avanzando, el hospedaje fue mejorando, este último sitio lucía muy agradable y limpio.
—Sándwiches y ensaladas —respondió él sacando los recipientes con la comida.
Sakura sonrió satisfecha. Esperando a que Sasuke se reuniera con ella, se dejó caer en la cama, lista con el control remoto para buscar una buena película de romance o comedia, como ya era usual.
—Queso para ti, pavo para mí. ¿Qué estamos viendo? —consultó sentándose junto a ella.
—El gran golpe. La sinopsis dice que es sobre un secuestro que sale mal —atacó despiadadamente los bocadillos que Sasuke le colocó en las piernas.
La película logró el objetivo de distraerlos. Terminaron su comida, pellizcando el plato del otro sin pedir permiso. Sasuke retiró la basura aprovechando un comercial, no les gustaba dejar migajas en el colchón que los molestaran a la hora de dormir.
Aquella ocasión en la que se durmieron abrazados, no fue la única. Por el contrario, fue la que les dio la pauta para hacer del compartir la cama, una costumbre. Sasuke estaba encantado con ello. No se imaginaba nada mejor que despertar con el cuerpo de Sakura enredado al suyo, claro que siempre se levantaba antes de que ella abriera los ojos y sintiera la erección que le provocaba. Parecía que su atolondrado miembro tenía mente propia, y se empeñaba en ponerlo en evidencia cada vez que podía, manifestándose en todo su esplendor ante el más mínimo roce de la pelirosa.
—Oh… que lindos, hacen muy bonita pareja. Aunque no sé si yo podría enamorarme de alguien que me secuestró —Sakura era una parlanchina en los momentos de más romance. Sasuke se preguntaba si lo hacía para desviar su atención del beso que acontecía en la pantalla y liberar la tensión que se creaba entre ellos.
—No es como si su vida hubiera sido muy buena antes de conocerlo. Y él la trató muy bien, es un criminal bastante blando —le siguió la corriente.
—En eso tienes razón, sin mencionar que es muy caliente —rio al verlo poner los ojos en blanco.
Cuando la película terminó ya era muy tarde. Siguiendo la rutina conocida, Sasuke la dejó haciéndose cargo de limpiar un poco y acomodar las mantas mientras tomaba su baño. El clima afuera se presentaba bastante bochornoso, a pesar de su ducha helada para enfriar su lujuria y refrescarse, seguía acalorado. Decidió simplemente ponerse unos pantalones de ejercicio que usaba como pijama, guardó la camiseta de nueva cuenta, no la necesitaría. Solo esperaba que Sakura no se incomodara ante sus escasas prendas.
—Tal vez debamos revisar el termostato, ¿soy yo o hace demasiado calor?
—Yo me siento bi-… —Sakura se quedó a medias al girar y verlo salir.
Indudablemente Sasuke no tenía nada que envidiarle al atractivo y bien formado actor que acababan de ver en la pantalla. Sus abdominales y pectorales marcados, sus brazos elegantemente abultados, sus piernas esculpidas y firmes…
Contrario a ella que había comenzado a ganar unos kilos extra a causa de estar constantemente en reposo y comiendo manjares que no se distinguían precisamente por su bajo contenido calórico, Sasuke aprovechaba cada minuto libre que la carretera les dejaba, para mantenerse en forma, tanto con su cuerpo como con sus armas.
— ¿Qué pasa? —preguntó Sasuke extrañado.
Sakura se puso colorada, seguro que a él no le pasaba inadvertido que se había quedado inmóvil mirándolo como una estúpida.
—Nada. Baja la temperatura de la refrigeración, total, la manta es muy abrigadora —le dio la espalda y se concentró en dejar la cama preparada.
Minutos después, la habitación se sentía más fría y ellos estaban listos para irse a descansar. Sasuke se recostó junto a ella, sin más ceremonias que un sencillo buenas noches, cerró los párpados, extenuado. Quedándose dormido al tocar la almohada.
Para ella no fue así de simple.
La visión de Sasuke con el torso descubierto, era todo en lo que fue capaz de pensar. Peor aún, lo tenía a su lado en tales circunstancias. Si estiraba la mano, podría acariciar la piel sedosa que cubría esos duros músculos.
« ¿Y después qué?» Se recriminó confundida.
¿Qué haría si lo alcanzaba y Sasuke se despertaba?
¿Fingir que fue un movimiento accidental al estar "dormida", luego darse la vuelta y hacerse la desentendida?. ¿Argumentar que quería cerciorarse de que no tuviera frío, y la única manera era manosearlo y asegurarse que estuviese cálido? . O. Enfrentarlo y decirle que al verlo así, algo se removió en ella, obligándola a portarse tan intrépidamente. Y que su torso no era lo único que buscaba tocar.
Cerró los ojos y recordó el beso que la pareja del filme compartió casi llegando al final. Como él tomó sus mejillas y se apoderó de sus labios, las lenguas de ambos devorándose con pasión, la química innegable que transmitían. Su imaginación se desvió por caminos peligrosos. De repente ya no estaba visualizando a la actriz oriental que desempeñó tan bien su papel. Sino a ella. Era su cabello rosado el que era halado tan desesperadamente, era su boca la que hormigueaba, hinchada y usada. Las palmas fuertes que la sostenían, tampoco eran las del carismático y simpático actor.
Gimió angustiada, levantándose de la cama y alejándose de la tentación.
Se encerró en el baño, pero no encendió la luz, no podía enfrentarse a su traicionero reflejo en el espejo. Se sentó en la tapa del inodoro, esperando impaciente a que la extensión de su deseo menguara.
Sacudió la cabeza con vehemencia. Era la última vez que veía ese tipo de películas, que no servían más que para meterle ideas absurdas en el cerebro. Hacerla fantasear con tonterías. ¿Cómo podía estar pensando en…?
Ella amaba a Itachi. Sin embargo…
Se abrazó a sí misma, rememorando la seguridad que le daban los brazos de Sasuke cuando se despertaba de madrugada, asustada ante las pesadillas de Naruto encontrándola. Se estremeció al contar, todas las ocasiones en las que anheló que él siguiera apretándola contra su pecho al amanecer.
¿Sería porque eran tan parecidos? ¿Buscaba en Sasuke lo que ya no tenía en Itachi?...
No.
A pesar de ser hermanos, de tener el mismo color de ojos… apretó su muñeca, jugando con la pulsera que Sasuke le regaló, él también portaba la suya. Itachi no, desconocía que había hecho con ella, probablemente tirarla.
Regresando de sus desvaríos, se enfocó en sus atribulaciones. Por supuesto que se les notaba que eran de la misma familia, y como todos los Uchiha, poseían características que a simple vista los haría iguales. Pero ella había visto más allá. El cabello de Itachi era completamente negro, oscuro como una noche sin luna ni estrellas. El de Sasuke tendía a tornarse azulado cuando le daba el sol. Itachi era ligeramente más moreno, Sasuke era de un blanco pálido, como si se bañara con leche de cabra. Rio ante el pensamiento. La mirada que Itachi le mostraba al mundo era cautelosa, desconfiada, más calculadora. La de Sasuke era hostil y retadora, pero cuando lo conocías bien, se volvía abierta, cálida. Eso sí era algo que los hermanos tenían en común, algo que ella pudo disfrutar por parte de los dos.
De temperamento fuerte. Itachi manejaba bien su carácter, supuso que por sus experiencias, su cargo y edad. Sasuke era más impulsivo, pero no por eso descuidado ni poco racional.
Pensando en cada uno, se dio cuenta que exclusivamente estaba trayendo a colación sus virtudes, sus rasgos más atractivos. Ahí fue cuando lo comprendió. No podía ver nada mal en ellos, y no porque estuviese cegada y engañada de que no existía algo malo con los dos. Si escarbaba un poco, habría toda clase de esqueletos escondidos.
¿Le importaban sus defectos?... No.
¿Le asustaba que alguno de ellos le hiciera daño?. No.
Ninguno la lastimaría, al menos no de manera física. El sufrimiento emocional al que Itachi la sometió era otra cosa, pero en su defensa ella lo lastimó primero.
Amaba a Itachi y así comenzaba a hacerlo con Sasuke. Pensó que le costaría trabajo abrirse a su amigo, entregarle lo que sería suyo por derecho al casarse con ella. Los vellos en sus brazos se erizaron, alejada de la presencia poderosa de Itachi, que la subyugaba con facilidad por su encanto. Sus sentimientos estaban reaccionando ahora a Sasuke.
Además, ¿Por qué sería algo tan sorprendente?, cuando se conocieron le pareció muy guapo. Al verlo entrar al salón, se había quedado contemplándolo cautivada. No iba a engañarse a sí misma y fingir que no estuvo interesada.
Que Dios la ayudara. Ingenuamente creyó que estaría a salvo. Que su dolor por alejarse de Itachi la haría inmune al atractivo de Sasuke. Claro que no quería hacerlo esperar por siempre. Pero tampoco olvidarse tan rápido de su amor por Itachi, de ser capaz de sentir por alguien más lo que sintió por él.
¿Y en realidad era así?
La enorme ola de desolación que la inundó por completo, al pensar en lo lejos que se encontraba de él, le dejó claro que no. Si Itachi entrara por esa puerta, extendiendo sus brazos hacia ella, iría sin titubear. Solo que, si Sasuke hacía lo mismo, su respuesta sería la misma.
Renegó en silencio. Deseando que Sasuke no estuviera durmiendo plácidamente del otro lado, para poder gritar su turbación y tormento. Si quería aprovechar las pocas horas que les quedaban, tenía que dejar de prolongar su "introspección", porque no la estaba llevando más que a volverse loca.
Saliendo sin hacer ruido, corrió a acomodarse en la cama. Sasuke seguía en la misma postura, roncando levemente. Tapándose hasta la barbilla y dejando medio metro de distancia entre su amigo y ella, decidida a no pegársele como lapa, comenzó a contar ovejas. Obligándose a dormir para que el sueño borrase de su mente la crisis anterior.
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—Mmnnm…
—Creo que es hora de… pff- algo de tu cabello entró en mi boca —la risa de Sasuke acabó de despertarla.
Lo primero que registró, es que la piel de Sasuke era tan tersa como se veía. Tenía la cara prácticamente en ella, su mejilla izquierda reposaba descuidadamente sobre su pectoral derecho. Se mordió el labio mortificada, sus manos lo enredaban como un panda se aferraría a sus tallos de bambú.
—Lo- lo siento —se disculpó alejándose de él.
—No te preocupes. Parece que esta vez sí estaba muy cansado —lo vio restregarse los ojos.
— ¿Qué significa tu tatuaje?, no sabía que te gustaran los animales salvajes.
Al retirar sus musculosos brazos del camino, pudo apreciar con facilidad el tatuaje que Sasuke tenía en su costado izquierdo. La noche anterior no quiso preguntarle, ya que su cabeza no estaba muy funcional como para una charla.
Sasuke se recargó contra el reposacabezas, acariciando inconscientemente la imagen de la pantera negra. Era un tatuaje relativamente pequeño a comparación de los de su hermano, pero significaba mucho para él.
—No recuerdo mucho de mis padres y mi vida con ellos, pero hay algo que sí se mantiene fresco y claro en mi mente. Yo agonizaba por una mascota, de preferencia un gato, había visto una caricatura en la que el protagonista era uno, incluso tenía su propia banda. Era el capo de capos —sonrió divertido—. Siempre estaba pidiéndole a mi padre que me permitiera tenerlo. Para mi mala suerte, mamá era alérgica.
—Oh… ¿así que no hubo gato?
—Nop. Poco después papá y mamá fueron asesinados, y la mascota fue en lo último que se me ocurrió pensar. Itachi convenció a Madara de enviarme a Suiza y esconderme ahí. En el primer internado en el que estuve, solían llevarnos a expediciones. Una de las salidas fue al zoológico de la ciudad. Aquella fue la primera vez que pisé un lugar así. Mis padres no eran malos, solo que ese tipo de actividades las consideraban aburridas, para gente común, nosotros prácticamente éramos realeza —se burló con ironía—. Recuerdo que todos los niños escogieron a su compañero, era necesario que paseáramos en pareja para no perdernos. Yo no elegí a nadie, y supongo que mi expresión era tan agresiva, que nadie me escogió a mí.
Sakura lo escuchaba conmovida, percatándose de que sus ojos se perdían en la lejanía, en el pasado.
—Vagaba por detrás de los demás, los niños se volvían locos, riéndose con los changuitos, los hipopótamos, los elefantes, yo... yo no disfrutaba nada, solo quería regresar, estar con Itachi. Entonces, en uno de los hábitats, una mancha negra se removió de entre los arbustos. Me quedé pasmado, podía jurar que sus ojos amarillos me traspasaban. Uno de los empleados se acercó a mí, imagino que se percató que no era miedo, sino fascinación.
»Comenzó a hablarme de ella. Dijo que eran animales independientes, feroces. Que por lo general preferían estar solos. Hábiles, elegantes y sigilosos. Supongo que en ese momento tan vulnerable, me sentí identificado. Ella estaba ahí, no le quedaba más remedio que aguantar y sobrevivir, a pesar de que sus instintos le dictaban que no pertenecía a esa jaula. Ya no quise más un gato, porque ya no era ese niño inocente y soñador. Por supuesto sabía que tampoco podría conseguirme una pantera, dónde diablos iba a meterla —rio travieso.
— ¿Cuántas veces regresaste a verla?
—Cientos —le maravilló que fuese tan intuitiva—. Su nombre era Zahara, era preciosa. Se quedaba quieta mirándome, mientras yo hacía lo mismo. Creo que nos consolábamos mutuamente. Para mi cumpleaños número catorce, Itachi me hizo una visita, el tatuaje de mi chica fue el regalo que le exigí —Sakura rio, imaginándose a la feroz criatura igual de hechizada con Sasuke.
— ¿Sigue en el zoológico? —extendió su brazo y apretó su mano al verlo negar con pesar.
—Murió hace dos años. Conseguí que la cremaran, luego pagué para que sus cenizas se esparcieran en la selva. Cuando tienes dinero hasta para quemar, las personas no se plantean tus excéntricas ordenes, solo las acatan. Hubiera querido liberarla, pero siempre estuvo en cautiverio, así que no habría sobrevivido. Estás… ¿llorando?
—Pues claro que sí, ya sabes que soy muy sensible. Y la historia es tan hermosa. Triste, pero linda a la vez. Tú la acompañaste, y ella te acompañó.
Sasuke le besó el rostro lloroso. Contento de exponerle a Sakura cosas que eran tan significativas para él. No cabía duda de que su relación se hacía más fuerte conforme pasaban los días.
—Es tarde, necesitamos movernos —avisó decaído, lo cierto es que no se le antojaba separarse de su tierno abrazo.
—Lo sé. Gracias, por confiar en mí —expresó todavía pegada a su costado.
Él era el que no terminaría de agradecerle nunca aquella oportunidad, besó su frente con adoración. La imagen de su hermano haciendo precisamente lo mismo, destelló instantáneamente. Pero como hacía desde que se fugaron, lo selló en un compartimento hondo y oscuro en los recovecos de su mente.
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— ¡Sasha, ya estoy aquí!
Sakura emergió de la recamara donde había estado acomodando los sencillos muebles que escogieron. Iba sin la peluca rubia que utilizaba siempre que estaban fuera. Después de varias semanas de estar yendo de un lado a otro, desviándose para rehacer y deshacer el camino andado, por fin se establecieron en una ciudad que estaba en el borde del territorio del Sur.
Era una metrópoli de primer mundo, con varios sitios turísticos y de gran auge empresarial. Sería sencillo ocultarse entre toda la población que vivía ahí. A pesar de que ciudades grandes como esa se caracterizaban por una vida frenética y estresante, ellos optaron por conseguir una vivienda en una zona tranquila y pintoresca. La comunidad a la que pertenecían, se definía sobre todo, por familias y personas veteranas. Sus vecinos más cercanos en el edificio, eran una viejecita de setenta años al otro lado del pasillo, y una madre soltera con su hija adolescente en el apartamento de junto.
— ¿Y bien? —preguntó con expectación, tomando un trapo limpio de encima de la barra que dividía la cocina de la sala, limpiándose las manos con el.
Todavía no terminaban de acomodar las pocas cosas que decidieron comprar para hacer del pequeño espacio algo acogedor. Contaban con lo básico y necesario, ya que no sabían cuánto tiempo estarían ahí, por lo que era mejor mantenerse ligeros.
—El contacto del amigo de Suigetsu tenía razón. Hay un circuito especializado en carreras clandestinas. No son igual de exclusivas que las de la mafia, de hecho son de baja categoría, mas como arrancones. Lo cual es un juego de niños para mí —Sakura sabía que su arrogancia estaba perfectamente justificada, porque Sasuke era un experto a la hora de competir—. Pero será mejor así, para pasar inadvertido. El sábado haré mi aparición.
Lo abrazó emocionada. Estaba ansiosa y contenta a partes iguales. No se habían casado todavía, ella no se hallaba lista y tampoco tenían prisa, ya que existía una posibilidad muy grande de que Itachi ya tuviera gente vigilante, por si ellos aparecían en alguna oficina gubernamental o iglesia. El dinero seguía sin ser problema, pero Sasuke quería seguir sumando efectivo. Por razones obvias, no podían conseguir un empleo normal, así que se apegarían a las viejas prácticas.
— ¿Y el auto?
—Hecho también. Admito con vergüenza que tuve que comprar algo totalmente cliché…
— ¿Y eso sería…? —le acarició la mejilla, disfrutando cuando se sonrojaba así.
Sasuke la hizo esperar por su respuesta, Sakura había tomado el gusto de tocarlo mucho, no sabía si lo hacía de manera consciente, lo que importaba es que a él le encantaban ese tipo de gestos tan delatores. Ella estaba más sonriente, más despreocupada, más desinhibida.
—Un Dodge Charger R/T… del setenta… ¡no te rías! —se ofendió falsamente al verla apretar los labios.
—Sabía que tenías una fijación insana con esa película —comenzó a carcajearse.
—Hn, deja de reírte o voy a darte un motivo para que de verdad lo hagas —amenazó juguetón.
—Uy, qué miedo tengo don Vin Diesel… ¡No! —corrió despavorida escapando de él y sus claras intenciones de hacerle cosquillas—. ¡Me rindo, me rindo!, lo juro no volveré a reírme de ti… ah… ja… umpfh —jadeó cuando cayeron sobre el piso alfombrado, él encima amenazándola con pellizcarle las costillas, ella con sus palmas en su pecho, sosteniéndolo—. Al menos por hoy, jaja.
—Graciosa —se levantó llevándola con él.
— ¿Tienes hambre?, preparé una pasta. Te parece si nos sentamos y me das más detalles —caminó hacia la sencilla cocina.
Sasuke la vio alcanzar los platos de la alacena. Lo cotidiano de la escena no le pasó por alto. Si tan solo pudieran quedarse así, como una pareja normal, en un mundo no color de rosa, pero tampoco tan oscuro como al que pertenecían... Lo disfrutaría hasta que ya no pudiera hacerlo.
Comieron y conversaron, pasando después al sofá para ver una película de acción, extrañamente la obsesión de Sakura por filmes melosos, había desaparecido. Los días siguientes fueron monótonamente parecidos a ese, Sasuke no podría estar más feliz.
…
La noche de la carrera estuvo llena de emoción. Gracias a todos los presentes, ellos fueron una pareja más entre la multitud. Era muy agradable que nadie ahí los reconociera. Por supuesto debido al atractivo de Sasuke y a la belleza de ella, recibieron varias miradas de mujeres y hombres. Pero no era más que una coqueteo insignificante que se desvanecía al pasar.
Pronto fue el turno de Sasuke para competir contra el primero de sus contrincantes, un joven que conducía un Mustang de reciente modelo, Sakura no sabía muy bien de qué año, ya que no era experta, pero se veía veloz. Esperaba que su "prometido" pudiera superarlo. Encontró un grupo de chicas que no se veían intimidantes, por lo que se acercó a ellas, ya que no había nadie que le hiciera compañía mientras Sasuke corría.
Las mujeres la miraron sin interés, descartándola por ser no más que una rubia linda, lo cual implicaba competencia para ellas. Hasta que el azabache se acercó y le dijo que no se moviera de ahí pasase lo que pasase. Dándole un último vistazo y un beso en la frente, regresó de nuevo a su auto.
—Que divino, ¿es tu novio? —curioseó una morena de ojos cafés y boca muy roja.
—Si —asintió sonriente. Se sentía tan ansiosa, que la distracción fue bien recibida.
—No lo había visto por aquí. ¿Es nuevo en esto?
Sakura se planteó que tanta información compartir. La chica se veía agradable, pero era común que la mafia tuviera a sus informantes en todas partes, más en aquellos lugares. Apegándose a la historia que ella y Sasuke idearon, para cuando esto sucediera, comenzó a dar contestación a las preguntas de la mujer.
—Lo es. No habíamos tenido dinero para que arreglara el auto, es un regalo de su abuelo.
—Espero que sea un buen corredor, Kiba no es bueno con los novatos. Me llamo Tenten, ¿Cuál es tu nombre?
—Sasha —expresó con naturalidad, como si aquel nombre estuviese acompañándola desde que nació.
Tomando la mano de Tenten, la apretó con energía. Sus ojos se desviaron al lugar en el que los chicos estaban ya acelerando sus autos, listos para la señal de inicio. Una mujer de cabello negro con una minúscula falda se puso al frente, en el medio de ambos. Su mano derecha levantada y sosteniendo un pañuelo verde. Ciertamente aquello parecía más bien una escena de película, Sakura quiso reír, aunque supuso eran los nervios.
Cuando la mujer bajó de golpe la colorida tela, los coches salieron disparados. Sakura no alcanzó a ver mucho, pero el Mustang iba muy cerca del Charger de Sasuke. Si la morena no la hubiera sostenido de la mano, habría corrido tras ellos, intentando saber quién era el que iba a la delantera.
—Calma, se nota que es tu primera vez viéndolo correr.
Asintió escuetamente, la piedra en su garganta le impidió formar palabra. Sólo se volvió a sentir tranquila cuando lo vio regresar, Sasuke bajó del auto, sonriéndole sin problema. Lo alcanzó en largos pasos, abrazándolo. Registró apenas lo que él le informaba. Por supuesto fue el ganador.
Ya que le faltaba una carrera más, no podían irse. Parecía que al verlo competir, otros más se habían interesado en retarlo. Sasuke no quiso decir que no, por lo que se enfrentaría a otro joven que tenía el título de ser el mejor.
—Oye niño bonito, ten cuidado. Kabuto es un corredor sucio, si siente que no puede ganarte, tratará de hacer trampa. Ha sacado a varios de la carretera —advirtió la morena, que decidió mantenerse con ellos para aconsejarlos.
—Lo tendré en cuenta —agradeció con un asentimiento.
—Ten cuidado por favor —sintió el apretón de Sakura, su rubia novia no lo había soltado desde que regresó de su carrera anterior.
Sin decirle nada, respondió a su abrazo. Luego la dejó con su nueva amiga y se dirigió a ponerse en posición.
— ¿De verdad es peligroso? —preguntó angustiada. Sasuke se veía tan seguro y confiado, que no creyó que estuviera tomando aquellas advertencias con la debida seriedad que merecían.
—Lo es. Pero tu novio parece que sabe lo que hace, así que no pongas esa cara.
Concentrándose en el coche que se alejaba, hizo lo único que sabía hacer, y que podría resultar de ayuda, ponerse a rezar. Se habían movido de la línea de salida, a la de meta. Si Sasuke llegaba primero, lo sabría de inmediato. Asimismo, desde ahí podrían ver bien gran parte de la carrera.
—Allá vienen —le anunció Tenten.
A lo lejos vio los dos autos, el negro de Sasuke, y el rojo del otro tipo. Según Sasuke era un motor igual de potente que el suyo, aunque probablemente tenía varias añadiduras.
—Pero que… ¡qué no se supone que eso no está permitido! —gritó alarmada al ver al malnacido del tal Kabuto invadiendo el lado de Sasuke, echándole encima el auto casi sacándolo de la pista.
—Son carreras de la calle linda, nadie va a quejarse por eso —quiso confortarla la morena.
Sasuke logró frenar y virar el auto a tiempo, evitando salirse y golpear a su vez el otro vehículo. Sakura se encajó las uñas en las palmas, Kabuto no dejaba que Sasuke volviera a rebasarlo. Estaban a punto de llegar a la meta, ¡Sasuke iba a perder!. Aunque para ella lo importante era verlo llegar bien, sabía que él no se lo tomaría de la mejor manera. Las carreras eran su vida, por eso era el mejor, en ese ámbito, el no conocía lo que era la derrota.
Lo vio orillarse a la izquierda, Kabuto hizo lo mismo, luego pareció que iba a orillarse a la derecha nuevamente, así que Kabuto se adelantó he hizo eso. Error, Sasuke aceleró y regresó al lado por el que venía. Cuando Kabuto quiso impedírselo, ya era tarde, Sasuke lo había rebasado, fue por puro milagro que la delantera del auto de Kabuto, no rozara con la trasera del de Sasuke. Finalmente la competencia terminó.
Sakura se apresuró a encontrarlo. Al verlo bajar y ver su furiosa expresión, intuyó lo que estaba por suceder. Por supuesto que el desgraciado de Kabuto merecía una lección, pero aquello empeoraría las cosas. Estaban en territorio desconocido y peligroso, tenía que detener a Sasuke o terminaría en una lucha que quien sabe si podría ganar.
Aprovechando el miedo que la embargó al verlo casi ser sacado violentamente de la carrera, y el anhelo que no disminuyó aunque dejó de ver sus historias románticas, lo besó.
Sasuke estaba listo para ir a destruirle la cara a puñetazos a la serpiente tramposa que por poco y lo vence. No, más que eso, ese hijo de puta casi lo hace volcarse. En su furia ciega, apenas registró unos delgados brazos ciñéndose en su cuello. Sus ojos se encontraron con los de Sakura por breves instantes, antes de que ella atrajera su cabeza y… uniera sus bocas.
Desconcertado y sin saber a ciencia cierta lo que sucedía, se quedó quieto. Luego, su cerebro sacudido por la sorpresa, comenzó a trabajar, obligándolo a reaccionar. « ¡Esto no es un simulacro!», gritaba una voz emocionada en su interior. Al percatarse que los dulces y suaves labios pegados a los suyos, eran los de Sakura, los de la mujer a la que amaba con cada onza de su ser, se dejó llevar.
La abrazó con vigor, claro que no lo suficiente para lastimarla. Ella se relajó en sus brazos cuando sus lenguas se tocaron, parecía que había estado asustada de ser rechazada. « ¡Pff!, como si fuera capaz de eso». Después de ese titubeo, no hubo otro. La intensidad acumulada gracias a la adrenalina de la carrera, a la satisfacción de ser el ganador… a la espera eterna de que este día sucediera… fue suficiente combustible para hacerlos explosionar. Era un beso famélico, ambos morían por descubrir el sabor del otro.
La degustó con codicia. Se hallaba tan feliz, más porque fue ella quien dio el primer paso, ¡por fin estaba lista para él!
Sakura gimió extasiada. Nunca imaginó que un beso con Sasuke se sintiera así. No pensaba comparar, no era justo y tampoco recomendable, así que se esforzó en que el nombre de Itachi no pasara por su mente. No se sentiría culpable, por primera vez en mucho tiempo, solo quería sentirse bien. El beso de Sasuke estaba logrando aquello. Él la degustaba con destreza, como imaginó que besaría alguien como él. Pero debajo de esa maestría con la que la dominaba, podía apreciar una emoción profunda, unas ansias que la hicieron temblar. ¿Por qué Sasuke estaría tan entusiasmado y nervioso?, ¿acaso…?
—Sakura… —se separó unos centímetros, mordiendo sus rosados labios, deseando dejar su marca en ella por siempre— yo…
—Vámonos. Quiero irme de aquí —no sabía si lo hacía por alejarse del contrincante de Sasuke, que seguía merodeando cerca, o porque necesitaba estar a solas con él, para hablar de esto, o para continuarlo…
Sasuke la tomó de la mano, conduciéndola al lado del pasajero y haciéndola entrar en el coche.
—Vuelvo enseguida, solo recojo nuestro dinero —prometió ya sin la ira de antes.
Durante el camino de regreso, ninguno se atrevió a hablar. Sakura se llevó la mano a los labios, si Sasuke se acercara con intenciones de besarla, ¿lo apartaría?. Claramente no debería, ya que ella fue la que inició el contacto. No quería mandarle señales mezcladas, pero por otro lado, no sabía si sería capaz de llegar más lejos.
Al entrar al departamento, protegidos por la noche y el silencio, se acercaron el uno al otro.
—Nunca esperé que hicieras algo así —comenzó Sasuke, ayudándola a deshacerse de su falso cabello. Sus largos mechones rosas se desbordaron a su alrededor como un halo.
— ¿Te molestó? —inquirió insegura.
— ¿De verdad no lo sabes Sakura?, después de todo este tiempo, de todo lo que he hecho… ¿no te das cuenta?
Sus manos buscaron su rostro entre la penumbra, acariciando despacio las calientes y ruborizadas mejillas.
—Sasuke yo… —se tragó un sollozo, había sido tan ciega. No. No quiso darse cuenta, porque no podía verlo sufrir, mientras ella elegía a su hermano—. Lo siento mucho…
—Shh, ya no importa. ¿Puedo hacerlo?, ¿puedo demostrártelo? —pidió añorante.
—S-
No había terminado de pronunciar la corta aceptación, cuando sus labios estaban sobre los suyos otra vez. Fue muy tierno, expresó con total seguridad el amor que le tenía. Ella lo besó igual, aceptando sus sentimientos, jurando en silencio que haría todo lo posible para corresponderlos, para entregarse completamente.
—Gracias —murmuró todavía incrédulo—. Sakura, que no puedas ser feliz con Itachi, no quiere decir que no vayas a ser feliz conmigo. Te prometo que iremos despacio, seguiré esperándote hasta que estés lista.
—Ya casi lo estoy —sonrió entre lágrimas, movida por su confesión. Luego lo atrajo hasta ella para enroscarse contra su pecho.
En algún momento tenía que seguir con su vida. Increíblemente, no es que ya no sintiera nada por Itachi, sino que en esta realidad, —su nueva realidad—, sus sentimientos eran también para Sasuke. Oró para hacerlo bien está vez, para no volver a lastimar al hombre que con su amor, estaba dándole de nuevo esperanza.
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Sakura se pasó la palma de la mano por la sudorosa frente, a la vez que corroboraba que la mesa estuviese lista. Sasuke no tardaría en llegar de su última carrera. Desde hacía un mes, que él competía ya normalmente cada fin de semana. Acordaron que ella no lo acompañaría, ya que como pareja llamaban más la atención que cuando él se presentaba en solitario. Su fama estaba creciendo como la espuma, así como sus ganancias.
Siempre lo recibía con la cena caliente y una botella de vino, pero esta noche sería un poco diferente. Al día siguiente era el cumpleaños de Sasuke, su amigo por fin alcanzaría como ella, la mayoría de edad. Así que le tenía preparada una sorpresa. Algo que incluía mucho más, de los besos y abrazos que se daban recientemente.
¿Que si estaba lista?
Esperaba que sí. Si tenía que pasar, ¿qué mejor momento que ese?
Corrió a ducharse. Escogió un vestido nuevo que tuvo oportunidad de comprar cuando fue por los víveres de la semana. Era un diseño sencillo pero muy bonito, de finos tirantes con escote provocativo. De un discreto color verde que combinaba con sus ojos, los cuales parecían brillar aquella noche con luz incandescente. Cuando la puerta se abrió, varios minutos después, ella ya estaba esperándolo.
Sasuke se detuvo abruptamente, impresionado por lo que se desplegaba ante él. La mesa tenía un mantel blanco, algunas velas encendidas, platos de cerámica y copas de cristal, la comida, la cual suponía sería uno de los mejores manjares, al centro lista para servirse. Pero aquello fue secundario. Lo que verdaderamente lo atrapó, fue ella.
Sakura le sonreía nerviosa, su largo cabello rosa estaba lacio y perfectamente cepillado. Y su cuerpo… debajo de la frágil y transparente tela, sus largas piernas y maduros senos eran completamente apreciables… tragó con dificultad al vislumbrar el contorno de sus erectos pezones.
— ¿Qué… qué significa… esto? —como pudo logró evitar que su mano temblara al señalarla.
—Ya son más de las doce. Feliz cumpleaños, Sasuke —se acercó tentativamente, un paso igual de corto y lento que el otro—. ¡Felicidades! —repitió alcanzándolo para un abrazo.
Aquello era demasiado. Tal vez si no portara ese vestido, tal vez si su sonrisa no fuera tan inmensa… tal vez si sus labios no estuviesen tan cerca…
—Hmpf —la oyó gemir cuando su boca terminó apoderándose de la suya.
No sabía qué clase de fantasía era esa. O a qué hora las velas se habían apagado y su deseo se materializó tan rápidamente. No es que se quejara. Mientras la llevaba hasta la mesa y la sentaba encima, conteniendo su rostro para que sus lenguas no se separasen, no pudo evitar que su corazón latiera como loco.
—Eres lo mejor que me ha pasado nunca… —confesó con voz rota.
Sus viejos recuerdos cayeron sobre él como rocas pesadas y afiladas, intentando empañar su emoción. Los años anteriores, el día de su cumpleaños no había traído nada, más que una solitaria habitación, con una botella de whisky y su computadora portátil esperando la vídeo-llamada de su hermano. Era suficiente. No le iban las fiestas. No le interesaban los regalos, tenía todo el dinero del mundo para comprar lo que quisiera o le hiciera falta. No tenía amigos, mucho menos novia. Sólo a Itachi, y su ya tan familiar aislamiento.
—No sabía qué regalarte, pensé durante mucho tiempo que es lo que te gustaría, qué necesitabas… espero haberme envuelto bien —acunó su mentón con ternura.
—Te amo Sakura… te amo tanto… ¡hmnm!
Fue ella la que lo besó profundamente. Las yemas de sus dedos bajaron por su cuello, haciéndolo estremecerse. Uno a uno, se deshizo de los botones de su camisa. Cuando llegó al último, y estaba por quitarle la prenda, sostuvo sus muñecas un segundo.
— ¿Estás segura?, no lo haces únicamente porque es mi cumpleaños, ¿verdad? —aunque se mostró seguro, inafectado porque su respuesta fuese afirmativa, lo ocultó bien.
—Tonto. Basta que me des una mirada y te des cuenta si lo quiero o no. Mírame, ¿tú qué crees? —invitó temblorosa.
Sus pupilas estaban dilatadas, su piel enrojecida y caliente, sus pezones… casi se tragó la lengua al verlos. Asintiendo con satisfacción, dejó que lo desnudase de cintura para arriba. Sus manos vagaron por su pecho, trazando sus pectorales y abdominales. Él no quería perder la oportunidad de explorarla igual. Sosteniendo los delgados tirantes, los bajó con un movimiento, Sakura aprovechó para liberar los brazos y tomarlo por el cuello, atrayéndolo hacia abajo.
Acalló una maldición. Era preciosa. Sus ojos se perdieron en esa diminuta cintura que quería sostener, en sus lechosos pechos, en su elegante clavícula…
La besó con ferocidad, acomodándose entre sus piernas, llenándose las palmas con sus exquisitos senos. Masculló una vulgaridad cuando Sakura lo envolvió con las piernas, atrayéndolo hasta su centro, restregándose contra su enhiesto miembro. Pronto perdería la cabeza. Acometió contra ella, sabía que sin la barrera de sus pantalones y la fina seda de sus braguitas, ya estaría enterrado hasta el fondo, haciéndola suya con desesperación, pero antes de hacerlo…
—Sasuke- qué —balbuceó al verlo caer de rodillas.
Retirando del camino el vestido, lo subió hasta atorarlo contra sus caderas. No oía ni veía nada más allá de su objetivo.
—Eso no… no es nece-¡ah!
Recorrió con su dedo medio la abertura de su sexo, apartando con facilidad su provocativa ropa interior. Su lengua fue la siguiente. No era el hecho de que llevara meses en absoluta abstinencia, es porque era ella. Era Sakura, a quien jamás imaginó tener en tales circunstancias. Lamió fascinado, sosteniendo su pierna derecha sobre su hombro, abriéndola para él, para su boca y sus dientes. Presionó su clítoris con el pulgar, luego mordió el brote, succionándolo hasta que ella estuvo a punto de venirse en su cara.
Sabía que estaría muy desconcertada, jamás se había atrevido a demostrarle aquel lado dominante y agresivo. Su intención no era asustarla —aunque no es como si ella se estuviese quejando—, sin embargo había perdido el control.
—Sasuke…
—Prometo que después te lo compensaré —se puso de pie, ya buscando en su cartera uno de los preservativos que compró después de su primer beso, su pantalón así como sus bóxer, acabaron en el piso, golpeando sus pies. Poniéndose el condón, la acercó a él, besándola con exigencia—, mañana seré tierno y lindo, justo como mereces, pero hoy…
Sin apartar la mirada de sus ojos resplandecientes y salvajes, entró en ella. Tan caliente, tan húmeda y apretada. Ni en sus mejores sueños concibió una sensación parecida. Gruñó en su boca, besándola por centésima vez. Sus labios lo acogieron, dispuestos y magullados, insaciables.
Al haberse acomodado sin problema, y al apreciar sus caderas meneándose contra él, frenética por que se moviera. La recostó sobre su espalda y comenzó a embestirla, sus pechos iban y venían, llamando su atención hasta ellos. Capturó uno de sus pezones, degustándolo y chupándolo afanosamente. Sakura lo sujetaba por el pelo, arañando su cuero cabelludo, perdida en su propio placer. Echándose sus cremosos muslos a los hombros, la penetró con más fuerza, profundamente. Quería que lo sintiera por el resto de sus días. En ese instante era dueño de su cuerpo, pero necesitaba ser dueño de su corazón, de su mente. El único modo para eso, era…
—Te amo —reiterarle hasta el cansancio que siempre estaría ahí para ella.
Sakura cerró los párpados. Las palabras de Sasuke, sumadas a todo lo demás, le provocaron una culminación inmediata. Gritó su orgasmo con satisfacción. Su cerebro estaba en blanco, así era mejor. Solo el presente importaba. Sasuke y ella. Atrayéndolo por el rostro, lo besó descontrolada, esperando que fuera suficiente respuesta a su declaración.
Sus rítmicos movimientos incrementaron. Parecía incansable, irreprimible. Saber que era la causante de aquella reacción tan primitiva. Que posiblemente él prefería dejar de respirar a separarse de ella, la hizo sentirse sumamente especial. Lo contuvo al percibirlo tensarse sobre ella. Sakura experimentó la dulce agonía por segunda vez, y con orgullo lo vio estallar en pedazos. Entrando hasta lo más recóndito de su ser y quedándose ahí.
Él le colocó un delicado beso en la frente, agradeciéndole en susurros apenas discernibles. Se mantuvieron abrazados por un instante que se volvió eterno. Porque aunque Sasuke la soltó minutos después, ya estaba irremediablemente adherido a su alma.
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—Tenemos una pista.
Itachi levantó la vista de los últimos documentos que Madara le ordenó revisar con tal de tenerlo distraído y ocupado. Era eso o volverse loco ante la falta de noticias.
—Cerca del territorio del Sur hay un piloto que ha ido ganando fama —continuó Sasori, al notar que gozaba de su completa atención.
— ¿Se trata de Sasuke? —indagó Yahiko junto a él. Su amigo se había vuelto su cuidador. Claramente no confiaban en que no iría al Este a desatar el caos.
—Es lo que creo. Se hace llamar Indra.
—Ese es el nombre del bisabuelo. Tiene que ser mi hermano.
Por primera vez después de tantas semanas desperdiciadas, se atrevió a tener esperanza. Ni siquiera habían podido dar con las identidades falsas que el desaparecido contacto de Suigetsu les suministró. Sasuke había cubierto perfectamente su rastro. Eso en cierta manera fue un alivio, si él no podía encontrarlos, Naruto Namikaze tampoco podría. Aunque el hijo de su socio en el Este, fuese ya un hombre casado, Kakashi advirtió que no se daría por vencido con Sakura. Itachi esperaba ansioso a que se apareciera en el Norte a reclamarla, así tendría la justificación ideal para matarlo.
—Nuestros pasajes están listos para esta tarde. Los tres iremos contigo —anunció el pelirrojo con eficiencia.
—Bien, muévanse. Si todo sale bien, esta noche nos encontramos con mi hermano...
Un hermano que hacía pocos días había cumplido su mayoría de edad. Apretó la mandíbula, venciendo la emoción. Nunca, ni una sola vez, dejó de felicitar a Sasuke el día de su cumpleaños. A pesar de la larga distancia, la comunicación jamás falló. ¿Podrían las cosas regresar a ser lo que fueron?
No con Sakura en medio de ellos.
Esos interminables meses sin ella, únicamente le sirvieron para confirmar lo que ya sospechaba. No podía dejarla ir.
¿Seguiría siendo suya?, cuando la encontrara —porque por supuesto que lo haría—… ¿volvería a gritarle que lo amaba?
—Y con ella —susurró decidido.
«Voy por ti».
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— ¿Seguro que es por aquí? , esto está muy solitario —Sakura miró a través de la ventana. No debería quejarse, el hacerlo haría que Sasuke se arrepintiera de llevarla con él.
Sasuke estiró la mano y apretó la suya, calmándola con su ternura. Desde la noche que hicieron el amor por primera vez, él dejó de tener reservas respecto a sus sentimientos. La acariciaba y besaba a cada oportunidad, además cumplió su promesa de ser caballeroso y lindo cuando la tocaba íntimamente.
—Kabuto me aseguró que era una carrera privada —motivo por el cual permitió que Sakura lo acompañase—. El tipo que quiere retarme no se interesa por la fama, pero oyó de mí y le gustaría comprobar qué tan bueno soy.
—Me parece increíble que confíes en un tramposo como Kabuto —se quejó mientras llegaban al que fuera antes, el primer aeropuerto de la ciudad, que ahora era solo un lugar abandonado y escalofriante.
La puerta de malla que daba acceso a las pistas estaba abierta de par en par. Sasuke siguió de frente, a cientos de metros se alcanzaban a distinguir algunos autos.
—La segunda ocasión que lo vi se disculpó, dijo que yo era un verdadero corredor, que tenía mucho potencial. Incluso me presentó a su jefe, he estado corriendo un par de veces para él, ya que me consigue carreras más importantes y con mejores ganancias.
—No me habías dicho eso —externó desconcertada.
—No quería que te preocuparas sin motivos. Prometí mantenernos independientes, pero a veces es necesaria la protección de alguien más. Además ya no importa, hemos estado aquí suficiente, hay que movernos al siguiente punto.
Sakura asintió comprensiva. Decidió dejar el tema por la paz. Aparte de que confiaba en Sasuke, estaban por llegar a los coches que ya esperaban. Un moderno Challenger plateado, así como una Lincoln Navigator de reciente modelo.
Sasuke se detuvo al lado del auto de Kabuto, el chico ya estaba abajo, charlando con un hombre que les daba la espalda. Era alto y esbelto, su cabello estaba cubierto con la capucha de una sudadera negra. Apagó su auto y bajó también, indicándole a Sakura que lo esperara dentro.
— ¡Hey, aquí estás! Mira, él es Indra, el corredor del que querías saber —Kabuto le anunció al tipo.
Sasuke asintió hacia su colega, girando después su mirada al desconocido. El cabello de un brillante color rojo le cubría gran parte de los ojos y el rostro.
—Hn —saludó con un apretón de manos—. ¿Correrás contra mí con eso? —señaló el Challenger.
—Ese es el auto a utilizar, sí. Pero yo no soy tu contrincante —aclaró con voz sombría—. Es mi primo el que espera vencerte, aunque primero hay que negociar los términos de la apuesta.
—Si es tu primo el que quiere retarme, ¿Por qué no está él frente a mí? —preguntó receloso. Buscó la mirada de Kabuto, intentando saber si había algo turbio. Su compañero se veía igual de extrañado que él.
El hombre pelirrojo sonrió mordaz. Escudriñando en uno de los bolsillos de su sudadera, sacó una cajetilla de cigarros. Los vellos de Sasuke se erizaron. Con una calma irritante, encendió perezosamente su cigarrillo y se lo llevó a la boca, dándole una profunda calada.
—Poniéndose bajo control. ¿Sabes?, está muy molesto porque hace poco se casó, y el regalo de bodas que le fue prometido, fue desenvuelto por otro —exhaló el humo, echándoselos a la cara.
Sasuke actuó rápidamente, pero cuando levantó la pistola que ocultaba bajo su chaqueta, para apuntar a la cara del extraño, otra arma ya se ubicaba contra su frente.
—Bájala Uchiha.
— ¡No le dejaré tocarla!
— ¿Y cómo vas a impedirlo? —se burló él—. ¡Oye, perra traidora, si no quieres que los sesos de tu amante queden regados por toda la pista, sal ahora! —gritó sin quitarle los ojos ni el cañón de encima.
Sasuke negó frenéticamente.
— ¡Vete! —ordenó a Sakura, que ya se había percatado que aquello era una trampa.
Las llaves estaban en el contacto, lo único que tenía que hacer era saltar al asiento del piloto y largarse sin mirar atrás. El auto era rápido, ella sabía manejar a la perfección, él le enseñó a dominar el Hennessey y el Porsche, así que el Charger no le significaría ningún problema. En los largos segundos que transcurrieron después de su mandato, rogó con todas sus fuerzas para que ella le hiciera caso. Para que escapara y regresara corriendo hasta Itachi. No le importaba que su cerebro se esparciera en el pavimento. No mientras ella estuviera a salvo.
Moriría feliz, aquellas semanas fueron las mejores de toda su existencia, valieron toda la pena. Pero sólo si Sakura…
— ¡No! ¡Ve hacia mi herma- argh! —un golpe en la cabeza dado por detrás, lo derribó de inmediato. Su pistola cayó al suelo y fue pateada lejos. A su lado Kabuto también fue abatido.
— ¡Sasuke! —la oyó correr angustiada hacia él, pero jamás llegó.
Sakura vio con horror como el hombre que estaba con Kabuto encañonaba a Sasuke. Ignorando completamente el deseo de su novio, y su propio sentido de auto preservación, acató la demanda del encapuchado. Bajó del auto y se lanzó hacia ellos antes de que le disparara en la cabeza a Sasuke. Al mismo tiempo, vio emerger de la camioneta a otras cuatro figuras. Tres de las cuales sometieron a Sasuke y Kabuto. Una de ellas la alcanzó a ella.
— ¿¡Cómo te atreviste a engañarme!?
Naruto.
— ¡Creíste que no vendría por ti, que no te encontraría! Ni aunque te escondieras bajo tierra escaparías de mí.
Cayó al piso después de una bofetada certera que él le propinó en la mejilla izquierda.
— ¡Debería matarte! —su peluca rubia fue extraída con tal brutalidad, que incluso algunos de sus cabellos rosas fueron arrancados en el proceso—. ¿Por qué lo hiciste Sakura?, te dije que eras mía, que si alguien más te tocaba… que si alguien se atrevía siquiera a mirarte… —cayó de rodillas frente a ella y apresó sus mejillas con rudeza, atrayéndola hacia él. Sakura renegó cuando la lengua de Naruto lamió la sangre que corría de su labio roto.
— ¡Déjame! —en vano trató de apartarlo.
— ¡Hijo de puta no la toques!
— ¡Callen a ese bastardo! ¿Es esto en lo que querías convertirte?, en una puta para este cabrón del Norte. ¿Es así como te gusta ser tratada? Iba a darte todo… ibas a ser mi mujer… reinar junto conmigo… —Sakura apretó la boca, resistiéndose a gritarle que estaba harta de su acoso. Se percibía claramente lo trastornado que Naruto estaba, lejos de escucharla y negociar con ella, perdería por fin la razón—. Bien, eso te daré. Voy a convertirte en mi puta Sakura. Voy a joderte hasta hartarme, luego te compartiré con mis hombres. Pero antes, esa mierda del Norte va a pedirme perdón por haberte follado. Voy a cortarle las bolas y hacer que se las trague —prometió siniestro.
La mención de torturar así a Sasuke fue lo que la quebró.
— ¡Noo!... ¡no por favor! Naruto no —imploró arrodillándosele—. Haré lo que me digas, seré la mujer más obediente. La más complaciente… pero por favor… deja ir a Sasuke —Naruto la fulminó con odio, por lo que se apresuró a continuar—. Él no tiene la culpa… es mi amigo. Yo lo convencí de traerme hasta aquí. No podía esperarte. No sabiendo que ibas a casarte con otra. Yo debería ser la única señora Namikaze. ¡No Hinata Hyuga! —lo atrapó por el cuello de la camisa, zarandeándolo con dramatismo.
Su garganta quemaba, el ácido de las mentiras corroyó todo su interior. Sin embargo siguió y siguió, y siguió… ella era la debilidad de Naruto. Para la supervivencia de Sasuke, se valdría de cualquier recurso.
— ¡Estaba tan celosa, tan desesperada porque ibas a ser suyo y no mío! Si me hubieras amado habrías luchado por nosotros… ¡por mí!. ¿¡Pero qué hiciste!?, condenarme a las sombras, rebajando mi linaje intentando convertirme en una simple amante… —cubrió su terror con simulada indignación, pegándole en el pecho—. Fue tu culpa que yo me fuera. Que yo usara a este pobre tonto…
Si pudo soportar mantener una farsa frente a Itachi, el hombre al que amaba… al que había destruido con su engaño. Convencer a Naruto sería una cosa de nada.
—Pero tú… pensé que estabas de acuerdo. ¡Sabes que tenía que hacer ese sacrificio!, por los dos. Si rechazaba a Hinata, su familia no-
— ¡Hiciste tu elección y no fui yo!... eso es todo en lo que pensaba…
—Sakura… amor no fue así.
Aquí era cuando venía lo realmente difícil. Permitió que la abrazara, cerró los párpados, imaginando que aquel beso era una réplica del que le había dado Sasuke minutos atrás, antes de que este pandemónium se desatara. Había llegado demasiado lejos como para que esto la detuviera, Naruto estaba creyéndole, debía darle un incentivo mayor para acabar completamente con las dudas que pudieran quedarle. Separó los labios, dejando que él marcara el ritmo, rozando sus lenguas, capturando su aliento, dejándola muerta por dentro.
— ¡Debes estar jodiéndome! ¿Vas a creerle?, ¡esta puta te engaño y tú la vas a perdonar!
— ¡Cállate Nagato! Sakura es mi mujer. Y tiene razón, nunca debí ponerla en segundo lugar —la atrajo hacia sí.
—Probablemente todos los del Norte se la han cogido ya, ¿vas a volverte su maldito reciclador de basura?
—No… Sasuke no me ha tocado, era una farsa. Nadie me ha tenido. Serás el primero, y el único —murmuró en su oído.
Para cuando Naruto descubriera que lo embaucó, Sasuke ya estaría a salvo en el Norte, así que ella era lo de menos.
—Puse a Gaara a seguirla, nunca salió con él. Solo la vez que nos vimos por su cumpleaños…
—Lo busqué como mi amigo, verte solo un momento, y que me confirmaras que ibas a casarte… me sentó muy mal… —respiró aliviada al verlo asentir tolerante— ¿Por eso has dado conmigo?, ¿Gaara nos ha estado siguiendo?
—Así es. Le ordené cuidarte. No pude venir antes, ya sabes porqué…
Por su matrimonio. Y ella creyéndose segura. Naruto estuvo al acecho siempre. Prácticamente se sirvió a sí misma en bandeja para su deleite.
—Me iré contigo ahora. Pero tienes que dejar intacto a Sasuke. Es mi amigo no quiero que sufra solo porque no quiso dejarme desprotegida… por favor… Naruto —oró dándole cortos besos—. Además, es hermano del próximo jefe… si lo lastimas, Itachi te cazará, no quiero preocuparme porque algo malo te suceda…
—No le tengo miedo al Norte…
—Lo sé, pero hazlo por mí, por favor, ¿sí?
Los largos segundos de silencio amenazaron con paralizarle el corazón, si Naruto no la escuchaba…
—Está bien, lo dejaré vivir, solo por ti —decidió con tono resignado.
El oxígeno hinchó sus pulmones, casi lloró de alivio. Permitiendo que Naruto la ayudara a ponerse de pie, le dio la mano y comenzó a seguirlo.
—Gracias —su tono plano fue increíblemente convincente— Ya puedes volver a casa, yo regresaré a donde pertenezco —al pasar al lado de Sasuke, su cuerpo intentó rebelarse. Quería alcanzarlo, decirle que lo amaba, que ella se iba, pero una gran parte de su corazón, la que no le pertenecía a Itachi, se quedaba ahí con él…
Sasuke por supuesto no dijo nada, sólo la miró con sus intensos ojos negros, prometiéndole con su determinada mirada que eso no acababa ahí. Que la rescataría. Ella no estaba tan optimista.
—Este es tu día de suerte —lanzó Naruto con desprecio—, no vuelvas a cruzarte en mi camino.
Sakura se abrazó a sí misma, el primo de Naruto no la perdía de vista. El único consuelo con el que contaba por ahora, es que el rubio no permitiría que ningún daño la alcanzara. Shikamaru, Chouji, y Gaara, se movieron a su vez. Todos en dirección a la camioneta. Desaparecerían de ahí. Finalmente alejándolos de Sasuke.
—Itachi va a acabar con todos ustedes, va a matarlos uno a uno…
La calmada voz de Sasuke la hizo detenerse y girar. Todo ocurrió como en cámara lenta, pudo ver lo que sucedería, pero fue incapaz de detenerlo…
—Dile que lo estaré esperando, bueno, eso si… sobrevives
— ¡No!
Los dos disparos resonaron tan estruendosamente, que no pudo escuchar su propio alarido de dolor. Un grito agonizante y perturbador, que lanzó al ver a Sasuke recibir las balas que mancharon su pecho y lo arrojaron contra el suelo.
— ¡Sasuke! —se separó del agarre asfixiante de Naruto y se arrojó contra el cuerpo inerte. Evadiendo a Nagato que guardaba su arma después de haber disparado a Sasuke a quemarropa—. No… por favor no… respira —oprimió su pecho y costado, luchando por detener el sangrado.
Los ojos de Sasuke estaban desenfocados, su respiración se volvió errática, el dolor le trasfiguraba el rostro ante cada inhalación.
— ¡Llamen a una ambulancia! —tenía que hacer algo, no podía quedarse ahí y simplemente verlo morir— ¡Por favor ayúdenlo!
Sus manos, su blusa, su pantalón, se mancharon de rojo. Un color tan vivo, tan intenso. La vida de Sasuke se escurría literalmente entre sus dedos.
—Tenemos que irnos —Naruto la tomó por el brazo.
— ¡No me toques! —lo apartó de un manotazo— ¡No te atrevas a tocarme nunca más, te odio! ¡Te odio, te odio, te odio! —arrojó histérica—. ¡Dijiste que lo dejarías ir!... —lloró inconsolable. No le quedaban motivos para fingir. Quería luchar, saltarles encima, sacarles los ojos y golpearlos hasta acabar con ellos.
—Nagato actuó por cuenta propia. Aunque no puedo culparlo, el idiota no debió provocarlo. Ahora contrólate antes de que vuelva a pegarte —amenazó fastidiado.
—Vete niña, yo me encargaré. Mientras ellos sigan aquí, Indra no recibirá ninguna ayuda —se acercó Kabuto sosteniéndose el brazo derecho, que guiándose por el ángulo extraño en el que estaba, posiblemente lo tendría quebrado.
No podía separarse de él. Temía no volver a verlo jamás. Sasuke por fin se había quedado inconsciente, alcanzó la vena de su cuello, sintiendo apenas el tambaleante pulso. Asimilando que lo que Kabuto decía era cierto, como pudo se puso de pie. Implorando con fe que Sasuke sobreviviera. No permitió que Naruto tomara su mano, lo aborrecía. Asimismo, ese odio alcanzaba para ella también.
Despacio y sin dejar de mirar hacia atrás, se alejó. Ella ocasionó esto. Ella en su ilusión de evitar lo inevitable, envió a Sasuke —un hombre inocente cuyo error fue amarla—, a las puertas de la muerte.
—Al anochecer estaremos en casa de donde nunca debiste salir. Te sentirás mejor. Te olvidarás del maldito Norte, y serás feliz conmigo amor.
Selló sus labios, pronto Naruto se daría cuenta que aquello nunca sucedería. La camioneta empezó a moverse, su cerebro se apagó. Ella estaba perdida ya para el mundo, y a pesar de sus esperanzas, probablemente Sasuke también.
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Itachi tomó una gran respiración, preparándose para atravesar la puerta de terapia intensiva que le prohibía el paso. Antes de bajar del avión, rogó que aquel asombroso piloto que se hacía llamar Indra, fuese Sasuke. Ahora, frente al hecho de que dicho hombre estaba debatiéndose entre vivir o morir… ojalá que no se tratara de su hermanito.
Investigando más temprano en el circuito de carreras clandestinas de la ciudad, pudieron enterarse de que el joven había sido baleado. No tenían los detalles completos. Otro de los corredores estuvo involucrado, fue el que se encargó de llevarlo a uno de los hospitales manejados por Orochimaru, el jefe del Sur. Afortunadamente Madara mantenía buenas relaciones con él.
—No puede ser él. Sakura estaría aquí, al pendiente. Preocupada… ¿cierto?, y no lo está —se aferró a un clavo ardiendo.
— ¿Quieres que sea yo el que se cerciore?
—No. Tengo que ser yo.
Yahiko asintió. Dirigiéndose a la pared contraria y recargándose ahí. Serían cinco segundos, diez a lo mucho. Comprobaría que el joven que acababa de salir de cirugía, no era Sasuke, y se daría la vuelta. Entró cuidadoso, el pitido del monitor cardíaco sonaba suavemente.
No estaba muy acostumbrado a los hospitales. Regularmente tenían doctores y equipo médico para emergencias en las casas de seguridad, así era más fácil mantener control de la situación. Postergó todo lo que pudo el acercarse a la cama de pulcrísimas sábanas blancas.
Tres pasos y se congeló.
Pálido y vencido, conectado a un respirador, así lo encontró. Ese bulto inmóvil postrado y prácticamente muerto, no podía ser su hermano. Sasuke era tan vital, tan voluntarioso y altanero.
— ¿Qué te han hecho? —susurró con agonía.
Sintiendo como suyo el daño que le infligieron a su desprotegido hermano.
— ¿Quién fue?, ¿Quién se atrevió?
La falta de respuesta fue sofocante y su furia incomparable. Según los doctores, las probabilidades de recuperación eran escasas. ¿Era así como acabaría?. Ni siquiera había tenido oportunidad de empezar. Toda su vida temió que algo así sucediera, por eso peleó tanto para tenerlo lejos, a pesar de que estar sin su hermano fue como cercenarse la mitad del cuerpo.
—Joder niño… ¿Por qué?
¿Por qué no le dijo la verdad?
¿Por qué eligió alejarse, poniéndose en peligro?
—¿Por qué tuve que tenerte tan sobreprotegido? Yo causé esto. No estabas listo…
Apretó los párpados dándose la vuelta. Podría pasarse el resto de sus días ahí, recriminándose lo que hizo mal, lo que no hizo… el punto es que eso no haría que Sasuke abriera los ojos y se pusiera bien. Necesitaba respuestas, y las quería ya.
Dedicándole una última mirada a su pequeño hermano, le prometió volver. Salió apresuradamente, no se tomó un momento para tranquilizarse. Se quitó la ropa estéril que le hicieron usar. Arrojándola descuidado sobre una silla cercana.
—Es él —Yahiko dio un rudo asentimiento, esperando instrucciones—. Cuando esté mejor, hay que trasladarlo al Norte. Por lo pronto quiero que Sasori se quede aquí, custodiándolo. Dile que llame a Kisame y a Obito para que lo respalden. Tú y Deidara van conmigo a hablar con el tal Kabuto Yakushi, necesito que me explique lo que sucedió, y dónde está ella.
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Kabuto Yakushi los recibió sin problema. A simple vista parecía un tipo cualquiera, pero su mirada sagaz y su expresión contenida, les dijo que no era un hombre común.
—Si gustan tomar asiento —señaló con el brazo que no tenía enyesado, un par de sillones.
—Lo que me gustaría Kabuto, es saber qué diablos pasó, y quién fue el que le disparó a Sasuke.
El larguirucho joven se acomodó los lentes con nerviosismo, como haría cualquiera que lo viera. Probablemente sus ansias asesinas eran evidentes en toda su cara.
Kabuto no se arriesgó a molestarlo más. Empezó a hablar sin dejar fuera un solo detalle. Itachi apretó el puño al oír que su hermano y Sakura cayeron en una trampa. «Sakura» su vista se nubló al imaginar como ella en lugar de escapar, corrió a salvar a Sasuke, poniéndose directamente a disposición del monstruo de Naruto. Siendo golpeada por él… humillada… abusada…
—…fue tan inesperado, la chica los había convencido de dejar a Indra, digo a Sasuke libre. El rubio loco solo tenía ojos para ella… Pero el otro, el pelirrojo…
—Nagato —aportó Yahiko.
—Le disparó cuando Sasuke les advirtió que tú los matarías. Antes de hacerlo… le dijo que si sobrevivía, te dijera que te estaría esperando.
Itachi se abstuvo de golpear la pared, sus puños debían mantenerse intactos, porque con ellos iba a destrozar a ese cabrón que atacó a su indefenso hermano. Desde que supieron la amenaza que representaba el Este, se encargaron de investigar a cada miembro importante. Nagato Uzumaki era igual de peligroso que Naruto, un asesino a sangre fría. Un verdadero psicópata
—La muchacha se volvió loca. No quería separarse de Sasuke, pero tuvo que hacerlo para que recibiera ayuda. Obviamente se la llevaron.
—Otra vez se sacrificó —concluyó furioso—. Y no sirvió de nada. Por fin la tiene Yahiko, ¿crees que esté… que esté bien? —tenía que estarlo, de lo contrario…
—Él no la matará.
—Esa no fue mi pregunta. Todos aquí sabemos que hay muchas cosas peores que la muerte. Sakura va a pelear. Él va a someterla, y si Nagato tiene algo que decir… —negó imaginándose el resto—. Le avisaré a Madara.
—Supongo que vamos al Este.
—Supones bien Yahiko.
Kabuto los vio salir, agradecido de no estar en los zapatos del tal Nagato y de Naruto. Según Orochimaru, los Uchiha eran los hombres más controlados y fríos en el mundo de la mafia. Bueno, pues aquel fuego que destelló en los ojos del hermano de Sasuke, que prometía una venganza implacable, contradecía esa creencia.
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Sakura se miró al espejo, no es que le importara algo su imagen en ese momento, pero Naruto le había ordenado limpiarse las lágrimas y la sangre, y con tal de alejarse de él, corrió a encerrarse en el baño. Tenía dos moretones, uno cerca de su ojo izquierdo, y el otro en la mejilla, además del labio superior roto e hinchado. Naruto la había golpeado por segunda vez cuando llegaron a su escondite y ella se rehusó a bajar de la camioneta.
Él se disculpó en seguida, pero nada le importaban sus palabras vacías. Le dio el tratamiento del silencio, mismo que lo estaba sacando de sus casillas. El muy cínico todavía esperaba que ella saltara a sus brazos contenta con lo que hizo.
—No va a tener lo que quiere. Antes me arrojo por la ventana, prefiero morir —susurró, dejando correr el agua y enjuagándose la cara.
Sus ojos volvieron a empañarse y el llanto a caer. La sangre en sus manos y en su ropa… la sangre de Sasuke, la arrojó de nuevo a la desesperación.
—Por favor… que esté bien. Que Kabuto haya podido salvarlo, por favor…
—Sakura abre. Tengo ropa para ti. Naruto quiere que te duches y te quites esas prendas sucias.
Girando hacia la puerta, la destrabó y abrió completamente. Gaara le extendió una mochila.
—Dile que no me importa lo que quiera. ¡Por mi pueden irse todos al infierno! —vociferó con hartazgo— ¡Largo, déjame en paz! —se encerró de nueva cuenta.
—Sakura… Naruto está al límite, si te escucha…
— ¡Que te vayas!... no me importa… no me importa nada…
Se metió a la bañera, haciéndose un ovillo. Cerró los párpados, luego los abrió. Todo en lo que podía enfocar su mente, era en el maltrecho cuerpo de Sasuke.
— ¡Sakura, abre ahora mismo, no quieres que derribe la maldita puerta y te saque a rastras!
—Te dije que era un caso perdido. ¡Enséñale quien manda o lo haré yo!
—Vete Nagato. Tú ocasionaste esto, ella estaba bien, ya era mía. Por qué tenías que dispararle al pendejo. Minato va a matarnos. Prácticamente acabamos de cargarnos su jodida sociedad con el Norte.
Sakura se concentró en escucharlos. Esperando que continuaran con su pelea y se olvidaran de ella.
—Me da igual el maldito acuerdo del cobarde de tu padre. ¡Y esa perra no ha sido tuya desde que se fue con los Akatsuki! ¿Por qué sigues confiando en que te ha sido fiel?, ninguna maldita zorra lo es. ¿No viste como lloraba por Uchiha?
—Ella no me traicionaría. No te metas. Y más te vale que no la toques. ¡Sakura tienes hasta tres!
Ni cinco segundos después, la puerta estaba siendo pateada abajo. Naruto entró sin mucho esfuerzo. En cuanto quiso tocarla, luchó. Pateó, arañó, gritó, escupió.
— ¡Tranquilízate! —un puñetazo la arrojó contra los azulejos de la pared—. ¿Qué diablos te sucede?
—No. Vas. A. Tenerme. ¡Nunca! —recalcó con ferocidad—. Jamás seré tuya. Prefiero morir. ¿Me oyes?... ¡prefiero morir a estar contigo! —cogió lo primero que encontró, la barra de jabón, aventándosela con furia. Por supuesto él la esquivó.
—Eso ya lo veremos. Estás muy afectada por lo que viste, por eso pasaré por alto tu berrinche —la sometió con facilidad, echándosela al hombro y llevándola afuera.
Terminó en un colchón mugriento, en la parte más baja de la casa, un sótano. Sin ventanas por las cual lanzarse. Sin más aditamentos que una silla y la colchoneta en la que fue tirada.
—Vigílala, si intenta algo, tienes permiso para corregirla —ordenó Naruto a Chouji—. Veremos cuanto te toma recobrar tus sentidos, cuando el frío, el hambre y la sed te dominen.
Lo vio salir sin mirar atrás. Chouji se acomodó en la silla vacía, sus ojos puestos directamente en ella. Se dio la vuelta, mirando hacia la pared. Esperando a que llegara la hora de su fin.
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— ¿Qué sucede, los encontró?
Madara asintió circunspecto, le alcanzó a Kakashi Hatake un trago de whisky y luego se dirigió a su escritorio.
— ¿Y bien?, ¿Cómo están?
—Estoy a punto de hacerle una llamada a Minato. Necesito que estés tranquilo Kakashi, vamos a necesitar de tu serenidad y de tus habilidades.
—Madara…
—No tenemos tiempo para esto. Si quieres que Sakura vuelva sana, harás lo que te digo, ¿entendiste?
— ¿Él la tiene, cierto? —se dejó caer en un sofá cercano, desarmado y abatido.
Su peor temor hecho realidad.
—Itachi irá por ella —aseguró, comenzando a llamar al jefe del Este, puso el teléfono en altavoz, así Kakashi escucharía toda la conversación.
—Madara. ¿Has visto la hora que es? —Minato respondió después de cinco timbrazos—. ¿Qué puede ser tan importante para que estés buscándome ahora? ¿Qué jodidos necesitas?
Madara tomó una larga respiración. Su semblante más mortífero y serio de lo normal.
—Puedes empezar entregándome a Nagato Uzumaki, el hijo de puta que se atrevió a dispararle a mi sobrino y lo dejó moribundo.
— ¿Cómo… dices?
—Luego, para continuar. Devolverme a Sakura Hatake, la prometida de Itachi, a quien tu hijo se llevó después de casi matar a Sasuke —prosiguió con la misma formalidad.
—Estás… ¿Madara de qué diablos hablas?
—Nagato y Naruto atacaron a mi sobrino, él estaba con Sakura. Solo lo hicieron para llevársela. Tengo entendido que Kakashi te dijo del compromiso que existe entre su hija y mi sobrino Itachi. Minato, ¿entiendes lo que han hecho tus hombres?. Solo hay una manera de arreglar esto. Entregas a Nagato, y devuelves a Sakura. El castigo de tu hijo, se decidirá dependiendo de la condición de la muchacha, si está intacta, puede que convenza a Itachi de no matarlo. Pero si ella ha sido maltratada, violada, o… peor —sus ojos se dirigieron a Kakashi, que se tiraba el cabello con fuerza—. Bueno, tú sabes qué pasará.
—Esto tiene que ser una broma, Nagato y Naruto no pudieron atreverse a tanto —la contrariedad era evidente en su tono.
—Lo hicieron. Esta llamada es tu última oportunidad Minato. Todavía puedo detener a Itachi de no desaparecer al Este, pero solo si entregas a los responsables del ataque a mi sobrino Sasuke.
La línea se quedó un minuto en silencio, ya que Minato asimilaba cuidadosamente los eventos que hasta hace segundos, desconocía.
—No voy a entregar a mi hijo para que lo maten como a un animal —advirtió finalmente.
—Entonces caerás junto con él. No solo es el Norte quien reclama retribución. Tus muchachos se metieron al territorio del Sur, Sasuke gozaba de la protección de uno de los hombres de Orochimaru, a quien también atacaron. Además, tengo en marcación rápida a tu consuegro, ¿Qué crees que pensará él del alboroto que tu hijo hizo?. Lo que dirá cuando se entere de los planes que tiene Naruto para su esposa. Por si eso no fuera poco, a mi lado está el mejor genio cibernético de este continente. El que desaparecerá todo tu capital en un chasquido.
—Kakashi no se atrevería…
— ¡Claro que lo haré! ¿Crees que voy a quedarme sentado, sin mover un dedo mientras mi hija es abusada por Naruto? No me importa nada Minato. Ni mis compañeros, ni el Este, ni tú. Se llevaron a mi hija en contra de su voluntad. Si algo le sucede…
—Si algo le sucede vas a rogar por una muerte rápida para ti y todos los que te acompañan, Minato —amenazó Madara—. Antes de que cometas una estupidez. Déjame decirte que Itachi no es un cobarde como tus hombres. Va a darle una oportunidad a Nagato de defenderse. Así que si no quieres ver arder tu ciudad, contigo dentro. Prepara un encuentro en la jaula, para esta noche. No tengo que decirte lo que sucederá si aprovechas este encuentro para traicionarnos.
Kakashi bullía con rabia contenida. Agradeció que Madara pareciera estar sintiendo lo mismo que él.
—Prepararé la pelea. No puedo informar del estado de Sakura, tengo que hablar con Naruto. Pero la mandaré de regreso sana y salva. Madara, después del encuentro de Itachi y Nagato, nuestra tregua termina.
—Hmp. No olvides que si la niña no está bien, se acaba mi benevolencia. Hasta nunca. No se te ocurra pararte cerca de mis fronteras —terminó la conexión.
Giró para encontrarse con su más reciente aliado.
—Así que Sasuke… —comenzó Kakashi.
Madara se deshizo del resto de su bebida. Su cara una mancha sombría de cólera y animosidad.
—Se salvará, es un Uchiha.
Kakashi asintió. Esperaba que así fuera, no quería que su hija cargara con la culpa de la muerte de su mejor amigo. La conocía al derecho y al revés. Ella estaría devastada, recriminándose su decisión de haber inmiscuido a Sasuke en su escape.
Su pobre niña. No dejó que su dolor lo ofuscara. Se puso de acuerdo con Madara sobre un plan de contingencia por si algo fallaba. Pero confiaba en que Itachi regresara con ella, si había alguien que pudiera rescatarla de Naruto, era él.
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El celular de Naruto vibró al dejarse caer sobre el sillón. Esperaría a que Sakura durmiera un poco, por la mañana trataría con ella, seguro que para ese entonces ya tendría una mejor actitud.
— ¿No piensas responder? —cuestionó su primo, sacando su navaja y comenzando a jugar con ella.
—Es mi padre —informó presionando la pantalla y aceptando la llamada—. Papá...
— ¿Dónde está Sakura? —tronó con autoridad la enfurecida voz de Minato.
—Donde le corresponde, a mi lado —regresó sin amilanarse—. ¿Quién te lo dijo?
— ¿Sabes lo que acabas de provocar Naruto?, Sakura no era tuya, no desde que se fue al Norte y se comprometió con Itachi Uchiha. Él viene por ella, y por Nagato, ¿¡En qué estaban pensando cuando le dispararon al sobrino de Madara!?
— ¿Qué dijiste? —se irguió apresuradamente— ¿comprometida…? —sacudió la cabeza, una niebla roja empezó a cubrirle la visión.
—Te diré lo que van a hacer. Van a regresar a casa ahora mismo. Nagato va a enfrentarse a Itachi, y tú devolverás a Sakura. Nos olvidaremos de esto de una vez. Naruto, si la tocas, Akatsuki te dará caza, los Hyuga también, todo el maldito Sur. ¿¡Comprendes!?
—Esa traidora… —murmuró sin atender las demandas de su padre.
Arrojó el teléfono contra la pared. Nagato arqueó una de sus rojas cejas, esperando que le contara el porqué de su violencia.
—Iba a casarse con el sucesor de Madara… —asimiló lentamente. Destruido—. Padre quiere que se las entregue. Itachi exige que te enfrentes a él por lo que le hiciste a su hermano —espetó tomando su propio cuchillo, ya con intenciones de dirigirse hacia el sótano.
—Te lo dije. Nunca fue de fiar. Hazla sufrir antes de acabarla. Iré a encargarme de la bestia, he deseado enfrentármele desde que lo vi luchar —sonrió taimado. Con un abrazo de despedida fue como finalmente se separaron.
Naruto caminó con firmeza. Cada paso afianzaba su decisión. Sakura fue todo lo que siempre importó. Creyó que toda la vida estaría con ella. Para eso precisamente fue que se convirtió en quien era. Desde pequeña todos la miraron, la querían. ¿Cómo podía un inútil y débil niño como él, defenderla y mantenerla? Necesitaba ser digno, el más venerado, el más temido. Nadie se atrevería a retarlo.
Entró sin avisar. Chouji se puso de pie, atento a su expresión y a su mano derecha, en la que sostenía el cuchillo.
— ¿Naruto?
—Sal —pasó por su lado, cayendo de rodillas detrás del pequeño cuerpo que les daba la espalda.
Alcanzando algunos de sus mechones, los llevó a su nariz. Respirando su delicioso aroma. Ella se removió inquieta, alejándose.
—Está viniendo por ti... —se agachó quedándose a centímetros de su oreja, sintiéndola temblar.
— ¿I- Itachi?
Anhelo. Ilusión.
—Lo amas.
No fue una pregunta. Aun así, ella se levantó, encarándolo. No tenía idea de que sus preciosas gemas verdes pudieran expresar tanto odio y desprecio.
—Lo hago. Voy a amarlo siempre. A ambos. A él y a Sasuke —le restregó con orgullo.
—Pues tu siempre termina ahora —la aplastó contra el colchón, colocándose encima, con su mano izquierda comenzó a estrangularla, con la otra le acercó el cuchillo a la mejilla—. ¿Crees que él siga queriéndote cuando no quede nada de tu perfecta belleza?, solo por eso me gustaría dejarte con vida —hizo una pequeña incisión en su sien—. Para ver cómo te repudia, y te desecha. Pero no lo haré, me has traicionado Sakura, ¡y yo no perdono la traición! —apretó más su agarre, eliminando completamente el paso del oxígeno—. Vas a morir hoy, pero antes, me daré el gusto de probarte, ahora estoy seguro que no seré el primero, pero seré el último en tenerte.
Sakura jadeó con horror, los enturbiados ojos azules de Naruto, presagiaban dolor y muerte. ¿Por qué no simplemente acababa con ella?. Además de todo el sufrimiento que le prodigó, ¿todavía quería torturarla más, violándola?, no podía soportarlo. Intentó gritar para pedir ayuda, pero le fue imposible. La enorme palma de Naruto acalló sus protestas.
Apretó los párpados y se preparó para lo peor al sentirlo rasgar su blusa. Su boca ansiosa mordió el nacimiento de sus pechos, dejándole un ardor insoportable. Cuando él soltó el cuchillo y metió sus dedos entre sus piernas, quiso que la oscuridad la tragara de una vez por todas.
Apunto de desmayarse por la falta de aire. Él la soltó y la dejó respirar, proveyéndole una bofetada para hacerla reaccionar.
—No. Vas a sentir cada cosa que te haré, y la vas a disfrutar —mandó inclemente.
Su garganta quemaba, lo mismo que sus pulmones. Trató de enfocarse en respirar, ignorando los besos exigentes y repugnantes que Naruto la obligaba a recibir. No lograba reunir energía para quitárselo de encima. Realmente iba a salirse con la suya. Si es que Itachi llegaba hasta ella, lo que encontraría iba a horrorizarlo.
Mordió su labio, conteniendo un grito de dolor que él le provocó al pellizcar su pezón con saña. No le daría la satisfacción de suplicarle, de hacerle ver que estaba ganando. Por el contrario, cerró los párpados, impidiendo a las lágrimas hacer su aparición.
—Te amaba, ¡te amaba tanto maldita! —recriminó Naruto aparentemente afectado.
—Estás loco… amar no es someter a través del miedo… amar no es amenazar… —gimió con esfuerzo—. Amar no es hacer daño… —tosió agitada— Itachi me ama, Sasuke me ama. Tú… tú estás obsesionado, solo quieres pose- poseerme, aplastar mi espíritu. Antes de convertirte en esto, te quería, te adoraba Naruto —recordó con un graznido—. Ahora te odio… ¡te aborrezco y nunca voy a perdonarte!
Él se quedó sorprendido, herido por el afilado rechazo. Pudo ver con claridad los sentimientos que ahora ella le dedicaba. Su pecho sangró.
—Entonces… ¿Qué más da? Si de cualquier manera ya no puedo ser digno, si no volverás a quererme… —cogió su rostro entre sus palmas, insensible a su gemido de dolor— Me conformaré con lo que pueda tomar.
Con aquel beso cruel dictó su condena. Lloró por última vez por el tierno niño que conoció. El ingenuo y juguetón rubio que la acompañó en sus horas de angustia. Que escaló con ella árboles y buscó ardillas. Que le sonreía a la vida con inocencia y alegría.
El Naruto que hacía mucho dejó de existir.
Extendiendo su mano, capturó con dificultad el cuchillo olvidado. Lo apretó con nuevos bríos. No podía fallar, no podía dejarlo respirar por más tiempo. Él era la fuente de sus males.
Preparada para atravesar su espalda, un grito la hizo vacilar.
— ¡No!
Gaara llegó rápidamente, ayudado de Chouji le retiró a Naruto de encima. Al verla sostener el arma blanca, le lanzó una señal de ocultarla. Algo en su mirada la hizo obedecer.
— ¿Qué diablos creen que hacen? ¡Suéltenme!
—Tu padre ha dado órdenes. Quiere a Sakura intacta… bueno, lo más intacta que se pueda. Tú vas directo a una casa de seguridad, donde Itachi Uchiha no pueda encontrarte —entró Shikamaru, preparando ya una inyección.
— ¡Jódanse!, no me importa lo que Minato quiera. ¡No voy a esconderme como una maldita rata! ¡Suéltenme, les juro que los mataré!, ¡Soy su jefe! —combatió para deshacerse del yugo en el que lo mantenían, pero fue incapaz de hacerlo.
Sakura se cruzó de brazos, manteniendo la blusa rasgada cubriendo sus pechos desnudos. Con alivio los vio encargarse de Naruto. Agradecida en su interior de no haber tenido que mancharse las manos con su sangre. Claro que merecía morir, pero ella no quería convertirse en su asesina. Con la fama de Naruto, seguramente había una larga lista de enemigos que harían los honores.
—Te quedarás aquí hasta que el próximo jefe del Norte venga por ti, eres quien asegurará que la tregua se mantenga —informó Gaara cuando Chouji se llevó a un inconsciente Naruto.
—Eso si Nagato no lo mata en la jaula —aportó Shikamaru dando su opinión que nadie pidió.
—Él no perderá… —ni siquiera se percató cuando la dejaron sola, siguió murmurando que Itachi no podía perder.
Él ganaría. Él la salvaría. Y juntos partirían al Norte, a encontrarse con Sasuke. Repitió hasta caer rendida.
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—El gimnasio está lleno con los miembros del Este —anunció Yahiko entrando al vestidor en el que Itachi se preparaba—. Shisui, Deidara, Kakuzu, y los hombres que Orochimaru nos prestó, están en posición por si algo sale mal.
Itachi terminó de vendarse los nudillos. Se levantó de la banca donde estuvo sentado, lanzando algunos golpes y patadas para calentar los músculos.
— ¿Minato? —preguntó sujetándose el cabello.
El líder del Este no se había dignado a plantarle cara todavía.
—En primera fila. Nagato llegó hace cuarenta minutos. Solo.
—Si las cosas se salen de control, ¿Cuáles son tus indicaciones? —consultó, repasando el plan armado horas atrás.
—Escapo sin mirar atrás, mientras Deidara hace estallar el gimnasio. Mi prioridad es averiguar donde esta Sakura e ir a rescatarla. Esperemos no llegar a eso.
—Esperemos —asintió, partiendo a la salida.
La muchedumbre de asistentes se enardeció al verlo aparecer. Silenció sus insultos, solo había dos hombres que llamaba su atención. Uno estaba ya sobre el ring, sonriéndole altanero. El otro estaba esperándolo abajo.
—Al finalizar la pelea, si sigues en pie, te daré las coordenadas de donde recogerla. Si no es así, se las daré a tu mano derecha. Sea como sea, los quiero fuera de mi territorio para antes del amanecer. Ella está bien, por lo que no te acercarás a mi hijo. Si permito que Nagato entre ahí contigo, es porque no debió atacar a tu hermano.
—No. No debió. En cuanto a tu hijo, ya veremos lo que tiene que decir Sakura al respecto. Disfruta del espectáculo —le dio la espalda, encaminándose hacia la jaula.
Se mantuvo estoico. El primer error que cometían muchos peleadores, era el de dejarse llevar por las emociones. Ser demasiado apasionado podía ser un punto a favor, ya que te daba el empuje necesario para dejar todo en la pelea. Sin embargo, también podía sacarte de balance si tu contrincante era alguien con la astucia suficiente para atacar tus puntos vulnerables. Como sería el caso con Nagato, que apenas lo vio entrar, lanzó sus malignos comentarios.
— ¿Qué tal tu hermanito?, ¿un tubo respira por él? ¿O es tan débil que ni siquiera llegó a un hospital, y murió en el mismo lugar donde lo dejamos tirado como la basura que es?
Itachi no movió un músculo. No le dio la reacción que esperaba. Nagato no lo sabía, pero este dominio suyo, era el que lo estaba salvando de ser destrozado en menos de un minuto. Saborearía cada golpe. Cada crujido de sus huesos. Cada laceración de su piel. Le cobraría con creces la agonía de Sasuke.
—Que serio… que malo… ¿Eso es lo que vio la putita en ti?, tu porte de gran jefe. Ah, así que no eres tan frío como aparentas. ¿Qué tiene esa perra, que tú y Naruto están tan locos por ella? —se carcajeó entusiasmado al obtener la reacción que buscaba.
La mención de Sakura fue como encender una cerilla en su torrente sanguíneo cargado de combustible. En un salto estuvo sobre él. Su puño conectó con su nariz, quebrándola con precisión. Nagato no se desconcentró, levantó la pierna, propinándole un rodillazo en las costillas derechas.
La multitud vibró.
—Cuando dejé a mi primo estaba a punto de follársela, luego iba a rebanarle el cuello —prosiguió al patearlo en la espinilla y hacerlo caer de rodillas—. ¿En serio crees que la dejará vivir?... han pasado varias horas. Ya la habrá torturado —se limpió la sangre de la cara sonriente—.Apuesto a que comenzó cortándole sus lindos y elegantes dedos… y esos pezones rosas que guardaba bajo la blusa, mmnn, seguro se los arrancó a mordiscos —susurró acercándose a su oreja.
Itachi se movió a la velocidad de un parpadeo. Lo atrapó por la nuca, atrayéndolo hacia sí, propinándole un cabezazo. Luego lo cogió de los tobillos haciéndolo caer de espalda. Subiéndose encima, aporreó su rostro con ganchos potentes y furiosos.
Sí. Sus intenciones de hacerlo suplicar y sufrir quedaron olvidadas. Pero no podía desperdiciar más tiempo ahí. No si Naruto estaba con Sakura todavía. Necesitaba apresurarse a terminar con Nagato y correr por ella.
Nagato alzó su brazo, queriendo alcanzar su cara. Sin dejar de golpearlo con el puño derecho. Lo tomó con la mano izquierda, torciendo su muñeca oyéndola partirse. El grito de dolor no aminoró en nada su cólera. Se levantó, llevándolo por el cuello junto con él. Lo recargó contra la malla de la jaula, su cara era una pulpa sanguinolenta, le daría un cuerpo que combinara. Cargó contra sus costados, abollándole las costillas. Presionándolo por los hombros, lo atrajo hacia su rodilla y atacó su abdomen.
Lo escuchó bufar, sofocado por la falta de aire. Con un duro codazo, lo mandó de nuevo al suelo. Con la intensidad del golpe, sus pulmones fueron severamente dañados. Se quedó erguido sobre su adversario. Nagato no se movía. El gimnasio quedó en completo silencio.
—¿Se creen fuertes por saber sostener una pistola?. Nagato disparó contra mi hermano, un joven desarmado y abatido. Luego se llevó a mi prometida contra su voluntad. A Sakura Hatake, a quien deberían brindarle su protección. Eso no es de hombres... Han visto de lo que soy capaz cuando se me provoca. Podría vencer a cada uno de ustedes con una mano atada a la espalda. Les recomiendo que no olviden este día. El día en el que Akatsuki les mostró como luce la verdadera fuerza —recitó imponente.
Cada par de ojos siguió sus movimientos, unos con respeto, otros ofendidos, unos más con rencor. De manera deliberada bajó hasta el cuerpo de Nagato.
—Agradécele a tu creador que tengo prisa —cogió su cabeza, torciéndola en un rápido movimiento, quebrándole el cuello.
Salió de la jaula sin más miramientos. Yahiko le dio un asentimiento, haciéndole saber que tenía la dirección. Pasó por delante de Minato.
—Espero no volver a verte.
—Si tu hijo le ha hecho daño, mi cara será lo último que verán tú y él —se detuvo y esperó a que su promesa quedara entendida.
Salieron de ahí sin contratiempos. Aunque no por eso bajaron la guardia. Mientras Yahiko conducía, se cambió la ropa. Llamó a su tío, informándole que estaba en camino a recuperar a Sakura, a la vez, se enteró del estado de Sasuke, el cual seguía en condición crítica.
Una hora después, se detuvieron en una casa a las afueras de la ciudad. Solo había un auto aparcado afuera. Sus muchachos rodearon la propiedad. Yahiko, Deidara y él se adelantaron a la entrada. Todos con su pistola desenfundada. La puerta estaba abierta, las luces encendidas. Un tipo pálido y pelirrojo permaneció sentado en el sofá.
—Está dormida en el sótano —cabeceó hacia la cocina.
—Vigílenlo —ordenó y se adelantó.
Sakura se despertó al escuchar ruidos. Eran pisadas pesadas bajando los viejos escalones. Se sentó con dificultad, alcanzando el cuchillo que guardó debajo del colchón. Estaba oscuro, pero la luz de luna se colaba por un pequeño tragaluz en una de las paredes. La perilla giró, la puerta se abrió con lentitud.
Parpadeó muchas veces.
Incrédula. Reconoció de inmediato su silueta.
Aliviada. Había venido por ella. Se había enfrentado a Nagato y salió victorioso.
Feliz. Todas las emociones duramente protegidas y reprimidas, se desencadenaron. Saliendo a la superficie como una bestia liberada.
Soltó el cuchillo y saltó a sus brazos. Unos brazos fuertes que la sostuvieron.
— ¡Itachi! —lloró contra su pecho—. ¡Viniste… viniste!
—Por supuesto que lo hice mi amor —sus bocas se unieron como si tuvieran fuerza magnética.
Fue un alivio inmenso encontrarla. Por primera vez en todo ese tiempo, se sintió completo. Ella respondió a su beso con la misma intensidad y pasión.
— ¿Por qué no me lo dijiste?, ¿Por qué no confiaste en mí? —reprochó acariciando su espalda, oliendo su cabello, besando cada parte de piel que alcanzó.
—Tenía miedo, no quería perderte. No quería una guerra —se aferró a su cuello.
—Está bien amor… ya acabó. Déjame verte, ¿te hizo daño?
Las sombras no dejaban que obtuviera una adecuada visión de ella, pero las manchas oscuras de su ropa eran inconfundibles. Sangre.
— ¿¡Qué te sucedió!? —exclamó alarmado
—No es mía —sollozó—. Sasuke… por favor dime que Sasuke está bien. Dime que lograron salvarlo. ¿Itachi?
Nombrar a Sasuke le generó olas de aprensión y culpa. Sin embargo no se alejó del toque de Itachi, no podía. Su cuerpo añoraba el suyo.
—Shh, él sigue luchando. Estará bien, no puede morir. Mi hermano no va a morir —aseguró sosteniéndola nuevamente—. Vamos, no estaremos seguros hasta salir de aquí —la cargó con facilidad, llevándola con el resto de sus hombres.
Sakura escondió la cara entre el hueco de su cuello y hombro cuando la luz la encandiló. Sus músculos tensos pudieron relajarse completamente. Tenía sueño, hambre, y apostaba a que estaba deshidratada.
— ¿Está bien? —Yahiko bajó su arma al ver que se trataba de ellos.
—Eso creo.
—Deberías de hacer que un médico la revise. Eso que veo ahí es…
Itachi la bajó de inmediato ante la observación de Deidara. Sakura giró la cabeza, pero él se la sostuvo con delicadeza, investigando lo que pretendía esconder.
— ¿Dónde está? —le exigió al pelirrojo que continuaba sometido por Yahiko.
La cara de Sakura estaba llena de moretones y sangre seca. Su blusa mal ajustada. Su cuello… profirió una maldición. Ella pegó un saltó, asustada por su exabrupto.
—Voy a matarlo amor. Dime que no se atrevió. Dime que no… que no te —la idea era impronunciable.
—No. No me violó. Lo detuvieron a tiempo. Esto no importa, él no importa —recalcó con decisión—. No dejemos que siga arruinando nuestras vidas. Itachi por favor vámonos —suplicó al verlo negar—. Si lo matas, nunca terminará. Y yo… ya no puedo más…
Quería dejar ir todo. Borrar a Naruto de su historia. Itachi la contempló contrariado. Debatiéndose si escucharla o no.
—Por favor —cogió sus manos, las cuales notó, estaban hinchadas y cortadas «por su pelea».
—Quiero que vuelvas a confiar en mí —le besó la frente—. Si se aparece por el Norte, no tendré consideración —hizo un voto silencioso para torturarlo durante meses antes de ponerlo tres metros bajo tierra—. Vámonos, necesito llevarte a que te atiendan esas heridas —ordenó tomándola de nuevo.
— ¿Qué hacemos con este? —Deidara apuntó a la cabeza de Gaara, que no se inmutó.
—No lo lastimen. Gaara fue amigo mío, nunca me hizo daño —abogó antes de quedar dormida en su apacible refugio.
—Hmp. Déjenlo —abandonaron el lugar.
Sakura se durmió en seguida. Itachi la sostuvo siempre. Sabía que aquellos momentos eran los últimos que compartirían, en los que podría mostrarle su amor y adoración. Antes de dejar el lado de su hermano, le había hecho una promesa. Recordó las difíciles palabras, mismas que cumpliría al pie de la letra.
—Duerme hermano. Recupérate. Cuando despiertes, ella estará a tu lado… Yo me apartaré. Será tuya. Lo único que tienes que hacer es vivir.
Regresó al presente. Acarició la maltratada mejilla, luego volvió a apretarla contra sí.
—Te amo —susurró en su oído antes de callarse para siempre.
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Sasuke tomó nota del penetrante olor que saturaba sus pulmones. Su respiración volvía a ser constante y fácil. Con los ojos cerrados, hizo un análisis de su condición. Su cuerpo le dolía, mucho. Tal vez eso fue lo que le regresó la conciencia. Tenía también un poco de frío, el aire acondicionado estaba a toda su capacidad, a lo mejor para aminorar el aséptico aroma de hospital. Tragó con cuidado, haciendo una mueca por el amargo sabor de su boca. Definitivamente estaba vivo. Salió airoso del ataque. Al rememorar los disparos que lo dejaron en tan frágiles circunstancias. Abrió los párpados de golpe.
— ¡Sakura! —gritó y tosió. Luego se quejó lastimeramente por el dolor que le provocó el movimiento.
—Tranquilo Sasuke. Todo está bien, respira lentamente hermano.
La modulada y profunda voz de Itachi lo consoló. Recuperó la calma, logrando enfocar sus empañadas pupilas en la figura alta que se inclinaba sobre su cama.
—Hermano… —la sonrisa de alivio de Itachi, hizo que se dibujara en su rostro una propia.
—Ya no hay peligro. Sakura está bien, en cualquier momento vendrá a verte, lo hace cada día.
—No estás mintiéndome, ¿verdad?. Na- Naruto se la llevó y yo —su monitor cardíaco empezó a pitar.
—Fui por ella. Está sana, a salvo —reiteró y la sinceridad brilló en sus ojos.
—Lo siento Itachi, perdóname. No pude protegerla… soy un fiasco. Nunca debimos irnos, tenía que haberla convencido de contarte. La puse en peligro por mi egoísmo, quería que me quisiera un poco, de la forma en la que te ama a ti. ¡Soy un traidor!-
—Cálmate. ¡Sasuke contrólate! —estableció al verlo angustiado—. No importa. Lo que hicieron ya no…
—Estuvimos juntos —escupió culpable—. Me metí con tu mujer…
¿Acaso le habían inyectado suero de la verdad? ¿Por qué diablos estaba confesándole todo a su hermano?. Sencillo. Quería purgar sus pecados. No se arrepentía, pero eso no quitaba el hecho de que le doliera haber sido desleal con Itachi.
Itachi retrocedió dos pasos, luego tres. Lo supuso, ahora tenía la certeza. Desde que regresaron al Norte, había establecido sus distancias con Sakura. Ella no le dijo nada, pero su comportamiento le sugería que se sentía mal por algo. Cada vez que se encontraban en la habitación de Sasuke, rehuía su mirada, su conversación era torpe y superficial, su semblante dubitativo e inseguro, como si quisiera decirle algo y no se atreviera.
Mantuvo su temperamento. Era eso lo que necesitaba, ¿no?. Que ellos estuvieran juntos. Más calmado de lo que hubiera creído posible, se acercó nuevamente a Sasuke.
—Está bien. No… no pasa nada. Yo ocasioné lo que sucedió. Aceptaré las consecuencias.
— ¿De qué hablas? —preguntó asombrado de no verlo estallar.
—Toda la vida he intentado ser el mejor. El más inteligente, el más letal, el más valiente. Cuando te vi medio muerto en aquel hospital del Sur —exhaló pesadamente, reviviendo el terror que lo dominó—. Juré que si sobrevivías, te daría lo que anhelabas. Me haría a un lado por ti, por tu felicidad —Sasuke abrió la boca, pero no dijo nada, sorprendido—. Sakura es libre hermano.
—No —negó al instante—. No yo no la merezco. Fuiste tú el que la rescató. Tienes razón, eres el mejor. Tú eres perfecto Itachi…
—No me interpondré entre ustedes. Nunca debiste guardarte lo que sentías, si me lo hubieras dicho antes, probablemente habría tomado esta misma decisión. Porque eres mi hermano y siempre te pondré en primer lugar —concluyó inamovible—. Te doy mi apoyo para que te cases con ella.
—Si me hubieran dicho que había una reunión para discutir mi futuro, habría llegado antes.
Sasuke e Itachi giraron sus cabezas hacia la puerta. Sakura los contemplaba con desazón. Entrando a la habitación y cerrando tras ella, se posó a los pies de Sasuke, olvidándose un segundo de su enojo, le dedicó una tierna sonrisa.
—Me alegra ver que has despertado.
—Sakura… —dijeron los dos a la vez.
— ¿Por qué mejor no lanzamos una moneda y se lo dejamos a la suerte? Sería más divertido y justo. O no, ya sé. Una partida de cartas. Aunque por lo que escuché, se peleaban por deshacerse de mí, no por ver quién me quería.
Sasuke e Itachi se sonrojaron. Visto desde el punto de Sakura, habían actuado como idiotas.
—Ambos te queremos, ese es precisamente el problema —aportó Itachi, decidido a acabar con el asunto lo antes posible—. Yo te fallé, te decepcioné. Tal vez ya ni siquiera sientes nada por mí… así que, Sasuke merece la oportunidad de-
—No. El que falló fui yo. Fui débil, y eso te puso en serio peligro…
Sakura apretó los labios, mirando al techo y asimilando la situación. Lo cierto es que ella tenía el mismo predicamento. Así lo externó, previniendo que ellos continuarían debatiendo quién debía ser su próximo esposo.
—No he dejado de amarte Itachi —explicó abierta, Sasuke hizo una mueca, agachando la mirada para ocultar su decepción—. Pero… también te amo a ti Sasuke.
Sí. Estaba dividida.
Separarse de Itachi solo sirvió para poner a hibernar su amor por él. Para darle la oportunidad a Sasuke de hacer mutar su amistad y enamorarla de forma profunda y permanente.
Ahora que los tenía a los dos frente a ella, mirándola con aquellos preciosos ojos negros que le transmitían los mismos sentimientos, comprendió que no podía elegir solo a uno. Porque eso la haría privarse del otro.
Era una locura. Era egoísta y absurdo. Era imposible.
—Es por eso que no puedo estar con ninguno —admitió en voz alta—. No puedo estar contigo sabiendo que Sasuke sufre por ello. Y no puedo amarte a ti, queriendo a Itachi. Los amo a los dos, de igual manera y magnitud. Y me siento la peor persona por ello… yo… les juro que no sé cómo dejé que eso sucediera… Lo único que puedo hacer es alejarme, así los tres podremos intentar continuar con nuestras vidas…
No le extrañó que los hermanos se quedaran pasmados, observándola con asombro e incredulidad.
—Voy a agradecerles siempre lo que hicieron por mí. Sé que mi familia y yo estaremos seguros aquí, y que Naruto ya no será una preocupación. Lo ideal sería irme, pero no creo que sea posible, trataré de no cruzarme en su camino. Los dos son maravillosos, encontrarán a mujeres que los amarán y valorarán como merecen, por separado —rio nerviosa, reteniendo las lágrimas—. Cuando menos lo esperen, ni siquiera importaré. Seré un recuerdo que se desvanece con el tiempo, algo pasajero. Su hermandad en cambio… se mantendrá. No causaré que se alejen otra vez.
Sin darles tiempo de detenerla y convencerla de lo contario, se dio la vuelta y salió de allí. Sasuke ya estaba fuera de peligro, por lo que no tardaría en ser dado de alta. Itachi regresaría a sus labores como sucesor de Madara, así que se concentraría en su trabajo. Poco a poco la superarían. Ella en cambio…
Sabía que no habría nadie como ellos. Pero esto era lo mejor. Corrió hacia la calle donde la esperaba su equipo de seguridad, necesitaba desarmarse en privado.
—Eso fue… —Sasuke se sacudió atontado— un giro inesperado. Aun así, no me importa lo que diga. Seguro está confundida por los días que pasó conmigo. Sé que lo que siente por mí no se comparará al amor que te tiene. Yo me haré a un lado, como al principio. Tú la convencerás de que regresen. No me veas así. Puedo hacerlo, puedo mantenerme al margen —riñó al ver a Itachi arquear las cejas con sospecha.
—Genial. Está bien. Ahora repítemelo sin la cara de sufrimiento —se burló con ironía.
—Hmp. Discúlpame si no me comporto como una estatua. Me perdí la clase de Madara de cómo ser el perfecto líder mafioso, ahí enseñan a esconder las emociones, ¿no? —regresó socarrón.
—No cambiará de opinión Sasuke —Sakura había sido clara y determinante—. Y tal vez así sea mejor. No puedo estar con ella sabiendo que tú la amas.
Sasuke asintió despacio. Concordando con el fundamento de su hermano.
—Entonces… ¿eso es todo? Ambos perdemos —concluyó abatido.
—Supongo que bastará con saberla bien —se aproximó a él, colocándole la palma en su hombro, ya que no encontró otra manera de confortarlo.
— ¿Podrás perdonarme?
Cuestionó avergonzado. No requirió que esclareciera a qué se refería, había cometido errores inimaginables. El peor sin duda, traicionarlo. Ser casi asesinado no iba a redimirlo de defraudar a su hermano.
—Sasuke, ahora eres lo único que me queda —sonrió con tristeza—. No hay nada que perdonar, mocoso, no puedo culparte por fijarte en ella, es hermosa —despeinó su ya desordenada cabeza.
—Hmp —se recargó sobre las almohadas—. Lo es. Y en mi defensa, yo la vi primero. Aunque, qué más da ya —suspiró deprimido.
Las siguientes horas las pasaron juntos, en silencio. Asimilando y aceptando su gran pérdida.
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—Sakura, Konan está aquí hija —Kurenai se asomó después de tocar.
Sakura permanecía en su sitio de siempre, en el sofá que daba al gran ventanal cuyo paisaje era uno de los jardines más bellos. Mirando hacia la nada.
— ¿Quieres que la haga pasar?
— ¡Dígale por favor que no me voy a mover de aquí, que el hecho de que ya no sea la prometida del jefe no significa que no sea mi amiga! —una sonrisa se formó al oír a Konan renegar.
— ¡Pasa! —invitó espabilándose.
Kurenai le dio una mirada de agradecimiento a la mujer de colorido cabello azul. Era una chica singular, muy extraña. Muy parecida a su propia hija. Las dejó dándose un abrazo. Sabiendo que la visita sería de mucha ayuda para Sakura, quien desde que fue rescatada, se la mantenía encerrada y decaída.
—Siento no haber respondido tus llamadas, no me sentía lista para enfrentarme a nada —comenzó Sakura guiándola al mismo sofá en el que estuvo descansando.
—Amiga, no lo hagas. No hay nada que disculpar. Te entiendo, Yahiko me contó todo lo que sucedió, créeme que no quería atormentarte, solo saber si te encontrabas bien —la alcanzó y le dio otro apretón.
Sakura se acomodó contra ella. Konan no era muy efusiva, producto de ser una niña huérfana que se crió en las calles. Por eso atesoraba el doble, aquel bello gesto físico que le dedicaba.
—Sin embargo, creo que ya fue suficiente de hacerte la reclusa. Eres mi única amiga, si no salgo contigo, no lo hago con nadie. Los chicos se han vuelto unos amargados desde que Itachi cayó en depresión por ti.
— ¿Qué dices?... I-Itachi está… ¿Cómo está?
Hacía más de un mes que no tenía contacto con los hermanos Uchiha. Su padre había intentado convencerla de retomar su compromiso, alegando que si no estaba casada con Itachi, Naruto podría atacarla otra vez. Por supuesto que no le dijo por qué terminaron, Kakashi no necesitaba saber que ella se convirtió en una descarada que deseaba a dos hombres.
Temía que su padre siguiera insistiendo, o peor, que le encontrara otro pretendiente con tal de tenerla protegida. Afortunadamente su madre la ayudó a convencerlo de que necesitaba un tiempo para superar lo que Naruto le hizo.
—Mal —admitió Konan sin diluir la noticia—. Se ha vuelto más temerario de lo normal. Su vida gira en torno al trabajo, las peleas, y el alcohol. Sasuke es un bicho similar. Desde que lo liberaron de la clínica, se la pasa compitiendo en las carreras, incluso le ha dado por viajar muy seguido al Sur. Ni parece que casi se muere hace poco, se exige demasiado en sus entrenamientos. Madara e Itachi no quieren que vuelva a estar expuesto por lo que no le dicen nada. Las mujeres los acosan el doble ahora que han ganado notoriedad por lo del pleito con el Este. Pero ellos son indiferentes a ello. Aunque eso no las hace desistir —platicó con intención, pendiente a su reacción.
Yahiko le dijo también sobre el porqué del distanciamiento de Sakura e Itachi. Konan no creía que el amar a dos hombres fuera tan malo. Más si dichos chicos eran tan calientes y parecidos. ¿Por qué sufrir y complicarse si podía tenerlos a ambos?
— ¿Qué mujeres? —investigó frunciendo el cejo.
—Tayuya le ruega a Itachi que le eche siquiera una mirada. Es la pelirroja con la que lo viste una vez. Antes pasaba tiempo con ella, pero desde que te conocí, me alejé, es una víbora. La admiradora de Sasuke se llama Teken, no, espera… es algo que suena muy repetitivo —se llevó la mano a la barbilla, queriendo recordar.
— ¿¡Tenten!?
— ¡Esa misma! Escuché que no deja de llamarlo y de buscarlo en los eventos. Por supuesto él no le da bola. Por ahora.
— ¿Por qué me estás diciendo esto? —discutió afectada al imaginarlos con aquellas vividoras.
Konan paró de sonreír. Alcanzó sus manos y las apretó maternalmente. Quería mucho a la dulce chica. Sabía que nadie le diría a Sakura lo que ella requería escuchar. La tan correcta pelirosa jamás admitiría ante sus padres sus prohibidas emociones. Si había alguien que pudiera aconsejarla para seguir su instinto, era ella.
—Porque sé lo que quieres. Los amas a los dos. Vine a convencerte de que puedes tenerlos.
Sakura hizo una cara de horror muy cómica. Konan la regresó a su asiento cuando se puso de pie dispuesta a esconderse en el baño.
—Sakura, puedes confiar en mí.
La joven reculó, mordiéndose el labio con preocupación. Después de mucho considerarlo, se liberó.
—Lo sé —sus hombros cayeron en derrota— Es que, me da mucha vergüenza. Mi papá no permitiría que yo… que yo… Él quiere que me case como se debe. Hasta donde tengo entendido, la bigamia no es permitida, ni siquiera en la mafia —bromeó con acidez—. Eso sin contar con que Itachi y Sasuke se matarían el uno al otro, antes de permitir un trío… —dejó escapar su fantasía más perversa y torcida—. Son posesivos, exigentes y arrogantes. ¿Compartirme?, imposible.
—Pero qué dices. Si eso es precisamente lo que hacían. Itachi nunca estuvo celoso de dejarte con Sasuke, Sasuke soportaba con facilidad que estuvieras con Itachi. Sakura, ellos son los hermanos más unidos que he conocido en mi vida. Nada romperá eso. Estoy segura que si no tuvieran miedo de que los vieras como unos pervertidos, ellos te sugerirían estar con los dos. Recuerda cuando los tres interactuaban, era perfecto. No me digas que no te dabas cuenta. Tal vez es porque ya estabas enamorada de Sasuke también, pero tu inconsciente se rehusaba a dejártelo saber.
—Yo…
No pudo reunir ningún argumento que contradijera la observación de su amiga. Comenzó a plantearse la posibilidad de hacer su sueño realidad. ¿Sería tan sencillo como Konan sugería?. Dejar de lado sus creencias, sus valores, su rigurosa educación.
¿Con tal de tenerlos a los dos?
« ¡Diablos, por supuesto que sí!»
—Pero, ¿Cómo lo haríamos funcionar? —las mariposas en su estómago volvieron a la vida.
—Bueno, las mujeres no nos cansamos después del primer orgasmo sabes.
— ¡Konan! —la reprendió escandalizada.
—Admite que estás pensando lo mismo que yo —alzó las cejas traviesa—. En momentos así reniego de que Yahiko sea hijo único —hizo un puchero, Sakura se carcajeó, eliminando toda su ansiedad.
—Aunque Itachi y Sasuke estuvieran de acuerdo… papá no permitiría… —se puso seria.
—Llegaremos a una solución. Primero hay que averiguar si es posible.
— ¿Cómo lo sabremos?
—Déjamelo a mí, pronto será mi cumpleaños y tengo una idea. Tú tendrás que cerrar el trato, pero considerando que no tienes nada que perder, creo que estarás dispuesta a arriesgarte al rechazo, ¿me equivoco?
Repasó con precisión los largos y tormentosos días de dolor y soledad. Su desesperación y melancolía. Luego imaginó a esas dos mujeres aprovechándose de Sasuke e Itachi en un momento de debilidad.
—No. No te equivocas. Estoy dispuesta a todo.
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—Gracias por venir muchachos, sé que últimamente han estado muy ocupados —Konan sonrió a los recién llegados.
Sasuke e Itachi se acomodaron en la mesa que ocupaban ella y el trío siniestro en la zona inferior del Magekyó. Incluso Suigetsu y Juugo estaban ahí, ya que eran parte del plan que la mujer ideó.
—Bueno, Yahiko no nos dio opción —se burló Itachi, no importándole que su mejor amigo lo aniquilara con la mirada.
—Ahora solo falta una persona y estaremos completos —Konan ignoró su comentario, viendo en dirección a la entrada—. Oh, justo ahí llega —aplaudió y gritó emocionada, haciéndose escuchar por encima de la escandalosa música.
Sasuke e Itachi se quedaron con idénticas expresiones descuadradas.
¿Sakura?
El chiflido de apreciación de Sasori los hizo salir del trance. Itachi le propinó un coscorrón, el pelirrojo se alzó de hombros, y se rio.
—Oye, soy un simple mortal.
Sakura apretó el paso, sosteniéndose derecha. Se echó el cabello hacia atrás, dejando sus hombros y escote al descubierto. Los hombres repararon en ella, barriéndola de la cabeza a los pies. Unos pies calzados en tacones de doce centímetros, que le daban el efecto a sus piernas de ser interminables. Había reservado una cabina de las más discretas y elegantes en el cuarto piso del club, donde pudo ponerse el provocativo vestido escarlata que lucía. Su padre jamás la habría dejado salir de la casa viéndose así.
La multitud se apartó como el Mar Rojo. Lo que le facilitó llegar hasta la mesa de sus amigos. Caminó hacia Konan, abrazándola y felicitándola. Luego saludó con un beso en la mejilla a los demás, dejando a Itachi y a Sasuke para el final.
— ¡Hola! —sus labios rozaron la comisura de la boca del mayor— ¡Hey tú! —fue el turno de Sasuke, imprimió un beso en el mismo lugar que marcara a su hermano.
—Sakura —cabecearon ambos. Sus ojos intentando mantenerse en su cara y no en sus pechos.
—Sakura, antes de que se me adelanten y, aprovechando que estás soltera y que el jefe y Sasuke no pueden desaparecerme por tocarte, ¿quieres bailar? —propuso Suigetsu poniéndose de pie.
—Claro —le arrojó su bolso a Konan y se contoneó de vuelta a la pista, la maldición que profirió Itachi al ver su espalda, la llenó de satisfacción.
Al establecerse en el centro, pasó sus manos por el cuello de Suigetsu, él la apretó de la cintura. La canción era el nuevo éxito de la temporada. Una música pegajosa y sensual.
— ¿Qué tal lo estoy haciendo? —le preguntó a su amigo acercándose a su oreja.
—Bueno, van a matarme. Pero tenerte así de cerca, habrá valido toda la tortura que me provocarán antes de por fin lanzarme al río —le cerró el ojo con jovialidad.
Dejó fluir su risa, divertida y emocionada. Ciertamente Itachi y Sasuke parecían querer asaltar la pista y llevársela arrastrando de ahí
— ¡Joder Sakura!, ese vestido será el próximo tema de mis fantasías —suspiró cuando ella se dio la vuelta y movió la cadera, dándole una clara imagen de su espalda desnuda y su trasero apretado.
Cogiendo valor ante el cumplido. Se dejó llevar por el ruido, las luces y la muchedumbre. Bailando con soltura, gritando y saltando como si nadie la viera.
—Bueno, ahora puedo comprender la obsesión del loco del Este —empezó Deidara—. Jefe, en vista de que Sakura ya no es tu prometida, puedo hacerle una propuesta de…
—No sigas —se abrió la chaqueta mostrando la pistolera que escondía debajo—. Si aprecias tu miserable vida, ¡cállate y deja de mirarla!
—Si se pondrá así solo porque la miramos, creo que al finalizar la noche el Mangekyó estará en llamas —aportó Juugo rompiendo su conocida calma para meterse a la plática.
Konan tosió exageradamente, disimulando su risa. Menos mal no estaba tocando su trago, porque lo habría escupido.
—Si Itachi, ya relájate. Ella y tú ya no son nada —lo aplacó Yahiko.
— ¡Jesús! Cuando termine con Suigetsu quiero mi turno. No sabía que tu ex se guardara esos movimientos —Sasori se abanicó la cara.
—Luego voy yo. Es más podríamos hacer un sándwich, con tal de bailar con ella, no me importa compartir —Deidara les lanzó un guiño a los hermanos pelinegros.
Itachi bufó con furia. Sasuke a su lado hizo un sonido similar.
—Bien ya entendimos, sigues interesado en ella. Siendo así, debo contarte un chisme que escuché por ahí —Sasori colocó los codos en la mesa, acercándose a su jefe y su hermano.
— ¿Qué sucede? —demandó Itachi.
Sasuke aspiró con fuerza al ver a Sakura inclinarse y pegarse a la pelvis de Suigetsu. Konan contuvo la sonrisa, dándole un puntapié a su esposo que luchaba por no desbaratarse a carcajadas.
—Oí que tu ex suegro está preocupado de que esté soltera, quiere que salga de nuevo, que conozca a alguien. Ya hay varios interesados…
— ¡Nombres! —exigió Itachi poniéndose de pie y azotando las palmas en la mesa.
— ¡Oh no! Ese cabrón ya tuvo suficiente —estalló Sasuke irguiéndose, saliendo disparado hacia la pista al ver a Suigetsu oler el cuello de Sakura.
— ¡Sasuke espera! Llevaremos a Sakura a su casa, cuando regrese quiero un maldito informe —alcanzó el bolso de su ex, pisándole los talones a su hermano.
—Bueno, eso fue patéticamente rápido —festejó satisfecha—. ¡Misión cumplida! —Konan levantó su copa de champan y la chocó con las copas de los demás.
«Acábalos niña» le envió un pulgar levantado a Sakura, que ya era escoltada por los hermanos hacia la salida.
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Sakura fue arrancada de los brazos de Suigetsu. Abrió la boca para gritar indignada, pero la mirada de Sasuke le advirtió que cooperara. Itachi llegó tras él, enfurecido.
—Si no quieres que te lance sobre mi hombro y te lleve a la fuerza, muévete —su ex había perdido su gran habilidad de mantenerse frío y controlado.
Asintió sin querer hacer escándalo. Se despidió de Suigetsu con un beso en la mejilla, el gruñido de los hermanos la hizo poner los ojos en blanco.
—Tú y yo nos veremos las caras más tarde —amenazó Sasuke a su amigo.
Salieron a la estancia donde se encontraban los ascensores. Se encaminó hacia uno, ellos la detuvieron atrapándola cada uno por las muñecas. Forcejeó con fiereza.
— ¡Necesito subir al cuarto piso! Ahí están mis cosas.
—Bien, iremos por ellas y luego te llevaremos a tu casa —sentenció Itachi permitiéndole soltarse y subirse al elevador, ellos la seguían de cerca por supuesto—. Ya me parecía extraño que Kakashi te dejara salir vestida así.
— ¿Qué tiene de malo? Soy mayor de edad, puedo ponerme esto o una bolsa de basura si así lo deseo. Ustedes no tienen nada que objetar. Además el rojo me va —se cruzó de brazos altanera. Si quería que las cosas salieran como las habían planeado ella y Konan, necesitaba mantenerse firme.
—Por supuesto que te va, ¡todo te va! —se entrometió Sasuke.
—Tú mejor no digas nada. No puedo creer que me hayas separado así de Suigetsu, ¿por qué lo hiciste?, solo bailábamos.
—Tú sabes por qué. Me retorcía de celos ver cómo te tocaba —admitió sin problema—. Lo peor es que tú se lo permitiste —censuró indignado.
—Pues cuando estaba con Itachi no te parecía tan ofensivo —señaló cruzando los dedos mentalmente. Esperando que su respuesta fuese favorable y la ayudase a convencerlos de la propuesta que les haría al entrar en la íntima cabina.
—Eso es diferente. Itachi es mi hermano, yo estaba feliz de verlos felices —compartió orgulloso, antes de que el elevador se detuviera en el piso marcado con el número cuatro.
Salieron del ascensor en silencio. Los hermanos asimilando la verdad detrás de la confesión de Sasuke, ella más motivada que cuando la noche empezó. Se internaron en uno de los tantos pasillos de la zona oscura. Una azulada y tenue luz les indicaba el camino.
Sakura estiró la mano, esperando a que Itachi le pasara su bolso y así sacar la tarjeta llave que abría su compartimento rentado. Entró haciéndoles una seña para que la acompañaran. El espacio que escogió era una pequeña y elegante sala. Compuesta por un diván rojo y un sofá de cuero negro. En las paredes había varias lamparitas que iluminaban la superficie. Un gran armario a la derecha contenía toda clase de artilugios para placer sexual, como esposas, vendas, dildos —no necesitaría uno de esos, con los hermanos sería más que suficiente, les dio la espalda y sonrió ante el pensamiento—, entre otras cosas. Así como montones de preservativos, aceites para masajes, lubricantes normales y de sabores, etcétera.
Avanzó por el piso alfombrado, acomodándose en el diván. Era hora de la verdad. Con un estudiado ademán, señaló el sofá frente a ella. Sasuke fue el primero en obedecerla, sentándose sin dudarlo. Itachi la estudió con sospecha, pero ante su insistencia, también cedió, cayendo junto al menor.
—Estos días, no he podido dejar de pensar en ustedes —comenzó—. Y por lo que ha pasado hace unos minutos, creo que están igual que yo, ¿cierto? —Itachi y Sasuke giraron a mirarse, comunicándose sin hablar. Viraron hacia ella, asintiendo—. Me gustaría hacer un… experimento —se mordió el labio inferior—. Algo que puede que resuelva nuestra situación. No les diré de qué trata, es mejor la práctica que la teoría. ¿Estarían abiertos a que les muestre? —propuso osada y segura.
—Sakura… —Itachi no lucía muy receptivo.
—También pueden salir ahora mismo. Olvidarse de lo que he dicho y… olvidarse de mí. Pero hacerlo en serio. Mi papá quiere que conozca a un hijo de la cuñada de Madara. Posiblemente empezaré a salir con tus hombres, no quiero una escena como la de abajo, así que-
—Bien. Hazlo, muéstranos —aceptó el mayor, comprendiendo lo que sucedería si no cedía.
—Correcto —se puso de pie y tomó una gran respiración—. No digan nada hasta llegar al final.
— ¿A-al fi-final de qué? —Sasuke tartamudeó al verla aproximarse a ellos.
—De todo —extendió las manos, acariciando con las palmas las mejillas de los dos.
Eran tan guapos. El cabello de Sasuke estaba más largo. El de Itachi igual de bien atado, como siempre. Debajo de los trajes negros que vestían, podían adivinarse sus definidos músculos.
Infundiéndose valor, borró todas sus inhibiciones. Acalló la ruidosa voz espantada que provenía de su moralidad. Dejó volar su deseo, su amor por aquellos increíbles hombres.
Se inclinó alcanzando la boca de Sasuke. Besándolo en serio, sin reparos ni vacilación. Él por su parte le correspondió encantado, hambriento de sus labios después de no haberla tenido en casi tres meses. Permitió que la tomara de la cabeza y profundizara el beso. Cuando sus piernas empezaron a derretirse, se apartó.
Itachi los veía atento, sin delatar realmente nada de lo que pensaba. Se lamió los enrojecidos labios y se dirigió ahora a él. El beso fue diferente en todos los aspectos. Si, había mucha pasión y amor. Pero también añoranza. Su lengua se movió con lentitud, acariciando su alma. Mostrándole cuanto la había extrañado, cuan loco estaba por ella.
Que no se levantaran ofendidos fue un triunfo. Se enderezó con una sonrisa, la sospecha se desvaneció, dejando en ellos total comprensión de lo que se proponía.
Considerando que su último encuentro sexual fue con Sasuke, lo justo es que comenzara con Itachi. Tomándolo de la mano, lo hizo ponerse de pie y seguirla al diván. Se deshizo de su chaqueta, desprendiéndola diligentemente de sus hombros y brazos. Luego desabrochó la pistolera, dejándola escurrirse hasta el piso. Mientras ella desabotonaba la pulcra camisa azul, Sasuke se acomodó en el sofá, mirándolos con interés.
El torso de Itachi quedó finalmente descubierto. Con la yema de los dedos, trazo su pectoral izquierdo, dibujando el contorno de su corazón. Él se estremeció, tomando su mano y llevándola a sus labios, besándola con ternura.
—Bésame otra vez —pidió ronco.
Así lo hizo. Lo rodeó por el cuello, como era costumbre. Pegando su cuerpo al suyo. Cubriéndose con su calor y fuerza, su dulzura. Un escalofrío la desarmó al sentir como acariciaba la piel desnuda de su espalda baja. El poder que irradiaba de él era incomparable. El beso subió de tono, dominándola con rapidez, haciéndola gemir excitada. Se suponía que esa noche ella era la seductora, la maestra de ceremonias que dirigiría el evento principal. Sin amilanarse ante la experiencia y pericia de su ex prometido, lo alejó con esfuerzo.
Él sonrió conocedor. Limpiándose la boca y relamiéndose los jugosos labios con los que la había embrujado segundos atrás.
Sosteniéndolo por los hombros y haciéndolo girar, lo arrastró hasta quedar al borde del diván. Luego le dio un empujón. Itachi cayó recostado. No le permitió levantarse. Subiendo por sus piernas, se instaló a horcajadas en su cintura. Él sostuvo su nuca, atrayéndola de nuevo por un beso.
Gimoteó febril, gritando ante el rudo jalón de su largo cabello. Pero la victoria de Itachi no duró mucho. Cuando empezó a molerse contra su erección, lo oyó también jadear y maldecir. Bajó por su cuello, mordiendo y saboreando las abultadas venas, que por el esfuerzo de contenerse, eran evidentes. Aterrizó los labios en sus tetillas, succionando los pequeños discos, Itachi se retorció. Ella paladeó con ganas, distrayéndolo de notar como desabrochaba su cinturón y sus pantalones.
— ¡Sakura! —exclamó cuando ella coló la mano y apretó su rígido miembro.
—Sasuke, hazme un favor y trae un preservativo del cajón del armario —ordenó mirando por encima de su hombro.
Sasuke tragó con dificultad. Tenía los ojos brillosos, su pecho subía y bajaba agitado. Al levantarse, la firmeza detrás de sus pantalones, se hizo evidente.
—Que sean dos —le sonrió provocativa.
Lo vio asentir automáticamente. Regresando su atención a Itachi, descendió por su abdomen. Él se quitó los pantalones, mostrando su pene en su máxima gloria. Relegando sus tapujos e inseguridades, sacó la lengua y la pasó desde la base hasta la punta. El gruñido de su amante la incentivó, apretó la base, y atrapó la cabeza, succionando con codicia. Nunca hizo algo así, pero leyó la técnica. Si se basaba en la reacción de Itachi, pasaría la lección con honores.
—Aquí —oyó a Sasuke colocarse tras ella.
Se separó del mayor dándole un último lametazo. Enfrentó al hermano menor. Sasuke ya no portaba la chaqueta, y su camisa estaba a medio abotonar. Lo atrajo por la solapa, tanteó sus pectorales, haciendo lentos remolinos en el centro de su pecho. Luego, cogiendo cada lado de la fina prenda, se la arrancó. El tejido de sus heridas de balas, prácticamente cicatrizado, le confería más atractivo.
Él se encendió como pólvora, atrapándola y besándola descaradamente. No le importó degustar el sabor de su hermano, de hecho, eso pareció enardecerlo aún más. La devoró sin contemplaciones, pegándose sinvergüenza, restregándose atrevido.
—Condón —le exigió moviéndolo un paso atrás.
Al entregárselo, ella se lo acercó a la boca. El mordió la esquina del envoltorio, rasgándolo con los dientes.
—Voy a probarte mientras montó a tu hermano, ¿Qué te parece? —le susurró al oído derecho antes de girarse por Itachi.
— ¡Joder sí! —aceptó sobreexcitado, ya deshaciéndose de los pantalones y la ropa interior.
Le puso el preservativo a Itachi, él se sentó expectante, viéndola desenvolver el látex sobre él. Se miró a sí misma, asombrada de seguir vestida. Fue un gran halago a su ego que no necesitara pasearse desnuda para volverlos locos. Tomando los delicadísimos tirantes, los hizo caer por sus brazos. Sus pechos llenos y pezones erguidos, quedaron de manifiesto. Sasuke se aproximó, posando las manos en sus caderas, bajó con gracia el resto de la satinada tela. Ambos hermanos juraron en vano, ella no llevaba absolutamente nada debajo. El vestido no le había permitido usar ni una ínfima prenda.
Itachi la cogió de la cintura, acercándola a su cara. Sus senos a la altura justa de su boca. Succionó voraz cada pico, luego la hizo darse la vuelta, aproximándola con destreza hacia su miembro. Se dejó caer sobre él, lanzando un suspiro de placer. Sasuke no perdió tiempo. Tomándola de la barbilla, separó su labio inferior con el pulgar, la punta de su pene la rozó. Abriendo ampliamente la boca, lo dejó entrar. Al mismo tiempo, Itachi comenzó a moverse en su interior.
— ¡Mpfh! —gimió extasiada.
—Tan perfecta amor —la elogió el mayor, orgulloso.
Con la mano derecha sostuvo la erección de Sasuke, comenzando a lamer y succionar con enjundia, intentando llevarlo profundamente en su garganta. Simultáneamente, atrajo a Itachi por la nuca y lo colocó en su hombro, haciéndole enterrar la cara en su cuello, él empezó a prodigarle mordiscos que bordeaban entre el dolor y el placer.
—Pellízcale los pezones —ordenó con autoridad el próximo líder de Akatsuki, haciéndola subir y bajar rápidamente sobre su erección.
Sasuke se mordió el interior de la mejilla, reteniendo con dificultad su liberación. Haciendo caso a su hermano, acunó los pechos de Sakura y empezó a apretarlos con vigor, apresando las enrojecidas cerezas que coronaban las cimas.
— ¡Hijo de puta! —masculló al sentirla comenzar a tararear, ya que Itachi frotaba furiosamente su clítoris.
Sakura perdió un poco el ritmo. El orgasmo estaba muy próximo, casi en la superficie. Itachi aceleró las embestidas, su dedo medio destruyendo sin piedad su hinchado botón rosado.
— ¿Qué tal se siente amor? ¿Te gusta ser jodida por los dos? Somos tus dueños —mordió el lóbulo de su oreja—, no puedo esperar a que nos des esto —otro de sus dedos sondeó el pliegue de su virginal trasero.
Eso fue, eso lo consiguió. Gritó como nunca. Expulsando el orgasmo más alucinante en su corta carrera sexual. Sintió que duró para siempre. No supo si fue la tierra la que tembló, o solo ella. Sollozó con incredulidad ante la intensidad. Itachi protestó igual de perdido en su éxtasis, acometiendo con una final y profunda penetración.
—Ponte el condón —urgió a su hermano, ya saliendo de Sakura y manejándola de tal forma que quedó sobre él y de espaldas a Sasuke—. Tienes que sentir esto —invitó agitado, el interior de Sakura seguía convulsionándose.
Sasuke besó los omóplatos de la pelirosa, ella gimió rendida, pero se inclinó más, ofreciéndosele sin pudor.
Tomó sus nalgas con cada mano, eran tan suaves y blancas, próximamente dejaría marcas rojas de sus palmas allí. Pero eso sería después. Se metió con un solo empujón. Entró al paraíso. No le dio tiempo ni de recuperarse, se maravilló con la magnífica vista de su pelvis chocando aceleradamente contra su culo en forma de corazón. Gracias a su culminación, ella estaba deliciosamente lubricada y caliente.
—Casi la tienes, ¡más fuerte!, está por correrse de nuevo —aconsejó Itachi antes de enterrar la cara entre los pechos de Sakura.
— ¡Sí!
Ella se derrumbó sobre su hermano, enajenada. Estrangulándole el miembro con su segunda venida. Él perdió la coordinación, entrando y saliendo con frenesí. Al saberla satisfecha, se dejó ir, explotando dentro de ella, cayendo sin fuerzas.
—No sé qué tan divertido sea si yo soy el que va a quedarse sin aire —renegó Itachi debajo de ellos.
—Umnm… ¿van a golpearse entre ustedes por lo que acabamos de hacer? —preguntó Sakura sin importarle el resultado de su experimento. Supuso que su tranquilidad se debía a los extraordinarios orgasmos que acababa de tener.
Si Itachi y Sasuke se negaban a compartirla, al menos tendría este momento para revivirlo en su mente cada vez que quisiera. Y lo haría regularmente. Había sido lo mejor de su vida.
—Si fuéramos a hacerlo, lo hubiéramos hecho ya —aclaró el mayor acariciándole los largos mechones.
—No sentí celos. Sabía que yo disfrutaría también de ti —Sasuke paseó la punta de la nariz por el nacimiento de su cabello—. Ver a Itachi tocarte, solo hizo que la anticipación creciera hasta que me llegara mi turno —confesó relajado.
—Sí, verte así de perdida por los dos, fue muy ardiente —sonrió Itachi.
— ¿Creen que podamos funcionar? —fue imposible no hacer notar su esperanza.
Un silencio cómodo se estableció mientras los dos hermanos pensaban. Tanto el mayor como el menor se recreaban tocándola por todas partes, saboreando su lisa piel.
—Cuenta conmigo, eres demasiada mujer para mí, no tengo problema en que el hombre que más admiro y quiero, me ayude contigo. Yo estoy dentro, literal y figurativamente —respondió Sasuke convencido.
Sin Sakura su vida no tenía color, no encontraba un propósito. Su hermano y él se habían acercado a lo largo de ese mes, pero sabía que algo les faltaba. Tanto él como Itachi estaban incompletos, intentando que su lazo de familia los mantuviera a flote. Sakura era ese poder extra que los hacía creer que eran indestructibles. Con ella a su lado, el sol brillaría incluso en la noche.
—Te amo —empezó Itachi—. Pero no pensaba hacer nada al respecto mientras mi hermanito sintiera lo mismo por ti. Saber que ambos podemos aspirar a la misma felicidad. Que nos consideras dignos de entregarte a nosotros de esta manera… por supuesto que también estoy dentro —besó su frente, dándole una palmada en la espalda a Sasuke, conmovido por sus palabras anteriores.
Sakura chilló emocionada, no se creía que Konan hubiera tenido razón y que pudiera cumplir su sueño.
— ¡Gracias, los amo tanto! —lloró contenta—. Pensé que me rechazarían, que me dirían que soy una degenerada por proponerles una locura así.
—Oh, claro que lo eres amor —rio Itachi divertido—, pero no te querríamos de cualquier otra manera.
—Malos —les sacó la lengua al oírlos reírse a su costa—. Bueno, ahora solo queda ver cómo haremos para que esto funcione, papá no estará contento con nuestra relación de tres, pero… por ustedes haré lo que sea, incluso ir contra sus deseos…
—Eso no pasará. Yo sé exactamente qué hacer —planteó Sasuke con una alentadora sonrisa.
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—Sabía que llegaría este día hija. Eres la novia más hermosa del mundo —Kakashi besó sus mejillas después de que la ceremonia terminó—. Aunque te veas como toda una mujer, siempre vas a ser mi niña —halagó juicioso.
Toda ella una celestial aparición. Cubierta de encaje blanco. Inocente. Virginal. Pura de alma, cuerpo y mente.
—Lo sé papi —no le interesó que su vestido se arruinara, se mantuvo abrazada a él por varios minutos.
— ¿Eres feliz?
—Lo soy.
—Bien. Más les vale que te mantengan contenta, o pondré una bala en sus cabezas.
— ¿Cómo dices? —preguntó angustiada al escucharlo hablar en plural, se suponía que nadie sabía…
Kakashi asintió conocedor. Luego le dio un golpecito en la frente.
—Papi yo…
—No es de mi incumbencia cómo lo hagan funcionar. Solo me importa que seas feliz. No te juzgo nena, te amo por sobre todo.
Sakura volvió a abrazarlo. Impresionada por la aceptación total de Kakashi.
—Gracias.
—Shh. No se hable más. Ahora, ve y abraza a ese chico que está que se muere por que le llegue su turno —la condujo hacia Sasuke e Itachi, que conversaban amenamente.
Sakura vio a su papá darles un apretón a los hermanos, luego alejarse yéndose al lado de su madre. En pocos segundos partirían a la residencia del jefe de Akatsuki para la recepción y gran festejo.
Itachi la alcanzó, cogiendo su mano y atrayéndola hacia ellos.
— ¡Felicidades cuñada!, deja que te dé la bienvenida a la familia Uchiha.
Sakura esperó el consentimiento de su ahora marido, el casi líder del Norte —Madara haría el anuncio de su retiro después del brindis, dejándole el puesto a Itachi—. Cuando el mayor le sonrió, apretó a Sasuke, quedándose prendada de él.
—Júrame que estás bien con esto —increpó viéndolo a los ojos, cuidando que los asistentes a la boda no la oyeran.
—Hn. Muy bien. De los dos, Itachi es el que está obligado a casarse. Nuestros hijos tienen que nacer en el núcleo de su matrimonio, para que puedan heredar lo que les corresponde. No me importa mantenerme entre las sombras, siempre y cuando me dejes amarte hasta la muerte —aseguró sin pizca de resentimiento.
—No te preocupes hermano. Lo harás —Itachi se acercó a ellos—. Comenzando con la noche de bodas, nuestra cama es enorme, les va a encantar —vaticinó entusiasta.
—No puedo esperar. Más porque me concederás tu otra virginidad —bromeó Sasuke haciendo que se pusiera colorada.
Sakura jadeó falsamente indignada, proporcionándole un manotazo en el brazo. La carcajada de Itachi hizo que todos voltearan a mirarlos, admirados y divertidos por ver la fantástica interacción.
Cuando el fotógrafo llegó hasta ellos, se colocaron los tres en posición. Ella al centro, Sasuke e Itachi rodeándola con un brazo a cada lado. Fue colmada por una sensación de absoluta paz. Su futuro se pintó claro como el día. No importaba el mundo en el que había nacido, y al cual siempre pertenecería. Ningún peligro llegaría a ella mientras sus dos hombres estuvieran ahí para defenderla. Sus hijos crecerían en un ambiente lleno de amor, educados y cuidados por sus dos padres que jamás harían distinción. Se convertirían en los próximos líderes del Norte, llevando con respeto el apellido Uchiha.
Aquello era todo, el principio de su felicidad.
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—Míralas, no son lo más hermoso que has visto —le mostró una de las tantas imágenes que su espía le envió.
— ¿Quién es ella padre? —cogió la foto y señaló a una niña de cabello y ojos negros.
En el retrato, la pequeña de cinco años estaba sentada al lado de otro niño de su tamaño y las mismas facciones, todos en un pasto muy verde lleno de flores, sonriéndole a un bebé que sostenía una mujer de cabellera rosada.
—Ella es… ella será tu esposa algún día, Boruto —sonrió Naruto, hechizado con la belleza de ojos jades que miraba con devoción a sus hijos.
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Fin
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¡Hola!
Aquí es cuando por fin me paro a respirar. Discúlpenme la tardanza, han sido varias semanas, lo sé. Pero es que esto no se iba a escribir con el puro pensamiento y he andado con algunos obstáculos. Pero ya está. Igual y a varias(os) no les haya gustado la conclusión, pero al menos la tienen, hehe.
Como dije en mi nota anterior, el final de este fic se trazó con lo que me sugirieron. Acuérdense que lancé una pregunta en el shot diez, ¿que si les molestaría que terminara en trío? Si yo tomaba la decisión, déjenme decirles que habría sido un ItaSaku, y Sasuke hubiera muerto por el ataque de Nagato. Esa era la idea que me planteé en un principio, ¿por qué?, pues porque el SasuSaku es lo que predomina en mis historias y sentía que quería algo diferente. Además, como les platiqué, vi montones de vídeos de Itachi y me enamoré de él otra vez. En fin, la mayoría contestaron que preferían un trío que dejar de lado a Sasuke. Incluso una que otra dijo que el trío sería algo lindo de leer, como ya traía la espinita, he aquí.
Naruto no murió, no pude matarlo, me gustó su personaje, creo que fue bueno que no quedara en que ya todo sería bello, obvio que el mundo en el que ellos viven, siempre habrá un peligro latente. Cuando son escritos tan largos, donde suceden varias cosas, es difícil poder concentrarse en algo en específico que les haya gustado o disgustado, pero igual si quieren y pueden plantearme a grandes rasgos qué les pareció, yo encantada con su opinión. Siempre y cuando sea con respeto, como personas civilizadas que somos, todo cool.
La historia en lo particular no me pareció muy turbia. Me gustaría en un futuro volver a tocar este tema, pero a lo mejor de manera más oscura. Aquí me ganó el romance y eso sí, también el drama, jajaja, x ahí me escribieron que cuanto drama, no sé si fue de buena o mala manera XP. Las(os) que me leen saben que me encanta hacerla de emoción y en la manera de lo posible mis fics son muy cardíacos.
El sexo, pues igual también creo que lo manejé digerible para las que no les gusta. No anuncié que habría ménage, porque detesto spoilear, he ahí el porqué del intrincado aviso al inicio, jaja. De antemano una disculpa si eso les desagradó.
Bueno, pues creo que era todo. Ojalá hayan disfrutado del fic (xk sí, no se le puede llamar shot a este casi libro =P), y que se convierta en uno de los favoritos, así como lo es para mí. Sigo recibiendo sugerencias, voy despacio, pero no me detengo. También trataré de hacerlas más cortas, para que no se pasen la mitad de sus días leyendo todo esto, jeje.
Les mando un beso y abrazo cordial. Saludotes y mis mejores deseos. ¡Nos leemos pronto!
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¡SasuSaku CANON!
