Quiero aclarar que personalmente no sé nada sobre las pasantías en moda, tengo una amiga que estudia moda y sé lo que sé gracias a ella. También quiero disculparme por no actualizar mis otras historias, he estado muy liada por la situación del corona y la universidad esta siendo... difícil.

Estoy trabajando en un sistema para poder continuar con mis historias de manera más clara y también tengo muchas otras ideas que estoy segura de que os encantarán. También he estado tanteando otras paginas de fanfiction, porque el formato puede ser mejor.

Dicho esto, gracias por todo el apoyo y los comentarios que he estado recibiendo, y espero que disfrutéis mucho de esta historia.

(En principio es un one-shot)


— ¡Marinette! — escuchó un sonido amortiguado, de repente la chica se dio cuenta de que estaba escuchando algo, música, no lograba concentrarse en nada. ¿Tenía los ojos cerrados? No, eso no era posible, necesitaba terminar las costuras del vestido¡Marinette despierta! — se sobresaltó al sentir el empujón obligándola a abrir los ojos.

Al parecer era posible soñar que estaba despierta y trabajando.

Dio un tirón a sus auriculares para intentar reducir la sobrecarga de sensaciones y miró a su compañera con una mirada agradecida, la cual respondió con un asentimiento antes de darse la vuelta y ponerse a trabajar. Dirigió su mirada a pieza de tela en sus manos, sobre la que había estado durmiendo, mierda, por suerte no la había manchado.

A partir de ahora vería con distintos ojos esos magníficos vestidos que tenían cuentas y cristales añadidos a mano. Específicamente, sus manos.

Miró a su alrededor, la aguja estaba en el alfiletero y todas las cuentas estaban en el bol, genial, no había hecho ningún desastre. Suspiró con cansancio y buscó el vaso de café en su mesa para rellenarlo.

No quería ser desagradecida, ciertamente estaba aprendiendo mucho en sus pasantías, también era cierto que hacía dos días que no dormía en su cama así que no sabía por dónde empezar. Para ser sincera esta no había sido su primera opción, pero tras analizar bien su oferta sentía que había tomado una buena decisión, y mantenía su palabra, pero era difícil. Solo llevaba dos semanas allí y ya había pasado tres noches en el edificio, en un sofá en la sala de descanso, no lo recomendaba, solo con el maldito proyecto de las cuentas en un vestido que ni siquiera era su diseño. Respiró hondo. Sabía que no entraría directamente en el departamento de diseño, era una pasante, tenía que probar en todos los sectores, y eso era algo que le interesaba, bastante si era sincera, después de todo ella no quería unirse a ninguna marca, quería crear la suya, triunfar o fallar bajo su propio nombre y para eso tenía que saber cómo funcionaba todo. Solo que este resultaba ser el peor sitio para empezar, eso es todo. Las revisiones de calidad eran constantes y los mínimos que exigen para las mismas eran prácticamente inalcanzables, a menos que por su puesto no pararas de trabajar… nunca, y lo peor de todo era su jefe de departamento.

Algunos describirían a Dominique Dufour como un genio excéntrico, pero todos los que trabajaban bajo su mando podían decir con certeza, a sus espaldas, claro está, que estaba como una cabra. Estaba completamente loco, era desagradable y endemoniadamente exigente. La mayoría del tiempo solo quería clavarle agujas en los ojos a su muñeco vudú, que hubiera hecho ¡si hubiera tenido tiempo!. Su trabajo ni siquiera era esencial, no consistía en coser todas las cuentas del vestido, eso era demasiado arriesgado, ¿confiar a una pasante algo que podría determinar el resultado del producto final? Eso era simplemente de locos. Era probable que ni siquiera usasen las piezas en las que los pasantes y empleados en prácticas habían puesto tanto esfuerzo. Sacudió la cabeza, ya había acabado y punto. ¿Podía hacerlo mejor? Sin duda, pero no pensaba pasarse otros seis días intentando demostrarlo, eso era suficiente.

Suspiró de nuevo y sacó su teléfono para mirara la hora y si tenía algún mensaje mientras el café se hacía. Mierda se había saltado la hora de la comida, podía llorar ahora mismo. Y eran prácticamente las 6, así que… eran casi las 6 significaba revisión diaria de Dufour.

Cada día antes de poder irse a casa Dominique se paseaba por el taller haciendo una "revisión de calidad" para determinar si de verdad habían "trabajado" y si se "merecían" irse a casa. No es como si les obligara a quedarse, puesto que la esclavitud ya no estaba a la moda, legalmente, no podía, pero si no tenían el visto bueno de ese psicópata los pasantes no podrían continuar a su siguiente departamento. Se dio la vuelta con urgencia, definitivamente pasaría la prueba de hoy, sin duda.

— ¡Marinette! — fue demasiado tarde. La taza de café se balanceó y se derramó por toda la encimera. No hubo mayor daño… que el de su ropa.

Su compañera soltó un aullido casi inaudible al verla y era normal, una de las peores cosas del maniático de su jefe era que según él: "no podéis trabajar en la industria de la moda si no tenéis sentido de la moda en absoluto". El muy capullo no permitía fallos, en los primeros tres días echó a un compañero suyo por usar una camisa de patrón escocés: nada de crímenes contra la moda, o manchas en la ropa o arrugas ya que estamos, lo cual es muy difícil de conseguir cuando llevas trabajando prácticamente 48 horas seguidas.

¡Está bien! — aseguró ella un poco alterada — tengo un cambio solo tengo que ir a buscarlo y correr al baño y… — dijo mientras se limpiaba y la encimera con servilletas.

— ¿Estás segura?, son las seis, los baños están a reventar toda la gente se está preparando para el lunático — mierda, eso era verdad. Los baños no eran especialmente grandes así que su planta siempre ocupaba los baños de tres plantas cuando se acercaba la hora de la inspección.

Mierda… mierda, hoy iba a pasar la inspección, joder — se mordió el labio mientras daba vueltas en círculos. En el peor de los casos podía cambiarse allí si fuera necesario, pero había cámaras por todos lados, quizá podía ponerse el vestido encima de la camisa,, quizá podría usar layering para camuflar su mal aspecto, pero tenía que secar bien la camisa para que no se filtrara la mancha…

— ¿Y si usas los vestuarios de los modelos? — sugirió la chica, llamando la atención de Marinette quien abrió los ojos ante la probabilidad de salvarse. Técnicamente, ellos no estaban permitidos en esa zona, no, Dominique no los dejaba, el psicópata quería controlarlos lo más posible y los vestuarios pertenecía a otro departamento, ayudantes de plató y costureros, por lo que estaba fuera de los límites. Pero Dominique no tenía que saber esto.

— ¿Crees que podría lograrlo? — preguntó Marinette desesperada por alguna opinión externa pues su, muy cansada, mente no lograba decidir que era peor.

— No, si no te das prisa — la animó dándole el empujón que necesitaba.

— Gracias Lila — exclamó la chica mientras salía corriendo de la sala, con una velocidad envidiable pasó por su cubículo y agarró su bolsa de tela con su cambio y corrió.

Algo que no había pensado era qué se suponía que debía hacer una vez se encontró frente al pasillo lleno de puertas cerradas. Por su puesto que estaban cerradas, joder. No tenía tiempo de pensar mucho más así que empezó a probar abrir las puertas una tras una, su labio iba a empezar a sangrar si seguía mordiéndolo así.

Clic.

Agradeció a todos los dioses de la suerte soltando un suspiro ahogado mientras abría la puerta y la cerraba tras de sí, comprobando muy rápidamente que estaba vacía.

Encendió la luz con urgencia y dejando caer su bolso en el suelo comenzó a desabotonar su blusa con prisa. Se había traído un vestido de un material flexible para que no se arrugara en la bolsa, un cárdigan y una camisa para usar bajo el vestido en caso de que hiciera más frío, todo con tonos neutrales, y sus sandalias negras. Lo había comprobado mil veces, esto iba a salir bien, podía ver la luz al final del túnel.

Ejem — alguien carraspeó y el túnel se le vino encima. Marinette se cubrió la boca evitando que un grito saliera y se paralizó, estaba jodida — ¿te escondes de alguien? — reconocía esa voz, ¿dónde la había escuchado antes? — o quizá esperas a alguien — sugirió el chico asomando la cabeza desde el sofá. ¡¿QUÉ TAN MALA PODÍA LLEGAR A SER SU SUERTE?! Pensó mientras suplicaba a la tierra bajo sus pies que la tragara y acabara con su sufrimiento de una vez.

Repentinamente consciente de su estado se cubrió el pecho con urgencia: — Lo siento, no sabía que estaba ocupado — murmuró rápidamente recogiendo sus cosas del suelo y dirigiéndose a la puerta de nuevo.

¿A quién le importaba si tenía la mancha de café más grande de la historia?, si la encontraban allí con Adrien Agreste, estaría muerta de por vida. Lila le había advertido en sus primeros días, tras su primer tropiezo con el chico, literalmente tropezó con él, que era peligroso acercarse al niño dorado de Gabriel, no dio muchos detalles, solo comentó que podía llegar a ser un cretino, no pensaba arriesgarse.

Pero nada más abrir la puerta, esta se cerró con la misma. No necesitaba girarse para saber qué estaba él detrás de ella, o más bien acorralandola. Lo había escuchado ir tras ella, no sabía por qué, no importaba, no estaba en una posición para pararse a preguntar.

— He dicho que lo siento — insistió la chica con voz temblorosa, el hecho de que ese chico la ponía nerviosa era innegable. Era alto, guapo, muy guapo, ¡era modelo por amor a dios!, y era amigo de Chloé, y si eso no decía algo de su personalidad, no sabía qué lo haría — ¿puedes dejarme salir, por favor? — pidió girándose para verlo, mucho más cerca de lo que había pensado, bajó la mirada — tengo prisa — añadió mordiendo el interior de su labio, intentó no aparentar estar intimidada pero le resultaba muy difícil.

— Eso ya lo veo, chérie — frunció el ceño ante el mote, y alzó la mirada para fulminarlo con ella. Él no parecía afectado por su mirada, más bien parecía entretenido — yo no soy quién para ir juzgando el sentido de la moda de nadie — aclaró con tono ligero — pero ¿estás segura de que quieres salir así? — cubrió más su pecho, como pudo — no quiero decir que no seas capaz de petarlo con esto — desvarío desviando su mirada — es solo que no parece ser tu intención — volvió a mirarla con las cejas alzadas. Tuvo que tragar saliva, se estaba sonrojando. Joder.

— Primero que nada — se recompuso como pudo — no me llames chérie, no me conoces — aclaró nerviosa — y… no — tragó su orgullo antes de volver a dirigirle la mirada — no es mi intención, solo quería cambiarme porque mi ropa se manchó, el que tu estés aquí es solo una gran y estúpida broma del destino — explicó con toda la dignidad que le quedaba. Y fue cuando Adrien sonrió, y su piel se erizó, ¿cómo demonios hacía eso? sin embargo no creía que él lo hubiera notado porque no apartó la mirada de sus ojos. Sentía su corazón latir en la garganta, ¿qué se suponía que debía hacer en esta situación?

— Adelante, entonces — Adrien se separó de puerta solo para hacer un gesto con las manos.

La chica lo miró de arriba a abajo con incredulidad: — Ya claro, ni de coña — dijo por instinto con una mirada irritada.

La carcajada de Adrien resonó en las paredes confundiendola un poco: — Me refería en el vestuario — dijo entre risas, señalando a una esquina donde unas cortinas tapaban el final de la habitación — a menos que tengas otros planes, chérie — la fastidió a propósito. Le dirigió una mirada de advertencia.

— En tus sueños — respondió la chica con una indignación divertida en su tono, por alguna razón aquella conversación se estaba tornando en una gran broma.

— Gracias por el consejo — bromeó Adrien con un guiño, sacándole una risa estrangulada a la, ahora muy nerviosa, Marinette quien intentaba evitar por todos los medios el contacto visual — ¿Y bien?

Tras un momento de recapacitación miró al chico dudosa: — ¿Lo dices en serio? — Lila no le había dado muchos detalles sobre Adrien, eso era cierto, pero no le parecía que aquel chico fuera del todo como se lo habían descrito. Sin embargo también le habían dicho que varias personas habían intentado acercarse a él para conseguir su favor, y por eso ahora su padre era super sobreprotector con él, y que lo mejor era mantenerse alejada del niño dorado.. Pero ahora no tenía muchas opciones, así que cuando él asintió con una mirada reafirmante, echó a correr y cerró las cortinas.

No necesitaba mucho tiempo para cambiarse, tampoco es como si dispusiera de mucho. Se mordió el labio mientras se deslizaba en el vestido, se sentía nerviosa, era hiperconsiente de la presencia del chico al otro lado de las cortinas y no podía sacudirse esa sensación. No podía quitarse aquella expresión sincera del chico de la cabeza, se había planteado que aquello pudiera ser una especie de broma, pero esa mirada…

Sacudió la cabeza para despejarse, se estaba sonrojando de nuevo y ya había pasado suficiente vergüenza por un día. La mala suerte la había estado arrastrando todo el día y ya había tenido suficiente. Comprobó su aspecto en el espejo mientras se soltaba el cabello y lo peinaba con los dedos.

Salió del vestidor con rapidez, y pudo encontrar a Adrien tumbado en el sofá con los pies sobresaliendo por uno de los extremos, uno de sus brazos le cubría la cara de la luz, mientras el otro descansaba en su estómago.

— ¿Ya está? — preguntó el chico un poco ahogado, antes de tragar saliva. Ella sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

— Hmm, sí — asintió, no sintiéndose capaz de hablar con propiedad. El chico se incorporó con lentitud, y pudo apreciar que sus orejas estaban completamente rojas, se sintió sonreír antes de poder evitarlo. — Muchas gracias — dijo con su recién recuperada confianza, no ser la única afectada por la situación era definitivamente reafirmante.

Pero con la misma rapidez que vino, se fue. No sabía que decir, toda esa situación era incómoda y tensa, había, quizá, un millón de cosas que necesitaba aclarar pero su mente estaba en blanco, esa era la razón por la que le latía de esa manera el corazón, tenía que serlo, se mordió el labio nerviosa. ¿Por qué la miraba así?¿Tendría algo en el pelo?¿O el vestido descolocado? Se revisó así misma, pero todo estaba en su sitio.

— Ejem — se aclaró la garganta nerviosa, lo mejor sería acabar con todo eso de una vez — Yo… será mejor que me vaya, gracias de nuevo — se aferró a su bolso y se dispuso a salir.

— Espera — se frenó en seco, oh no ahora qué, pensó la chica preparándose para lo peor — supongo que esto está implícito pero, esto no ha pasado — la chica tragó saliva, por alguna razón sus palabras la confundieron — tu no me has visto ¿entendido? — aclaró.

Marinette resopló con suavidad cuando entendió el sentido de sus palabras, en esa situación en específico si alguien debía querer que lo que había pasado se mantuviese en secreto, esa era ella. Ella era quien había pasado por el momento más vergonzoso de su vida frente a un desconocido, ella era quien sería despedida si se descubría aquel pequeño rendez-vous. Pero por su puesto, ¿qué importaba ella? Era una simple pasante, y él era la cara de la compañía después de todo.

Claro — dijo seca — yo no te he visto, y tu a mi tampoco — aclaró, un trato recíproco es lo mínimo que esperaba, no quería que ningún tipo de chantaje surgiera de aquel accidente.

— Por supuesto — exclamó con palabras apuradas — eso es lo quería decir … — volvió a intentar explicarse.

— Ya — lo cortó, dirigiéndose a la puerta — un placer no haberte conocido — enfatizó antes de salir.

Llegó con, literalmente, doce segundos de ventaja, pues nada más sentarse en su cubículo, y coger la aguja para fingir que estaba haciendo algo, Dominique entró por la puerta junto a una, bastante, sorprendida Lila.

Había estado imaginando como sería el momento en el que pasara la estúpida prueba y la dejaran irse a casa a dormir desde que comenzó a coser las cuentas, pensó que se sentiría poderosa al ver la ligera sorpresa en los ojos de Dominique cuando comprobaba su trabajo bien hecho, pero sinceramente estaba ligeramente cabreada y tenía demasiada energía nerviosa como para prestar atención, y no paraba de repetir la conversación que había tenido con Agreste una y otra vez.

Recogió sus cosas, frustrada, mientras intentaba sonreír a las personas que venían a felicitarla, o a comprobar su trabajo.

— Hey — Lila llamó su atención. Y ella le sonrió como saludo — llegaste por los pelos ¿no?— intentó bromear la chica, pero a Marinette aquella broma le cayó un poco pesada, hizo una mueca. — ¿Ocurrió algo? ¿Pudiste usar los vestuarios? — continuó la chica. Marinette cerró su kit de costura y procedió a doblar la tela.

— Estaban cerrados — pensó en voz alta, y por lo bajó pudo escuchar a Lila exclamar con sorpresa, ¿quizá demasiado exagerado?, no estaba de humor para sobreanalizar esta situación.

— ¿Entonces qué hiciste al ver que los vestuarios estaban cerrados? — ¿no estaba hablando quizá un poco demasiado alto?

Marinette terminó de recoger sus cosas y la miró. Lila había sido muy amable con ella desde que había llegado a la empresa, se había dado a la tarea de enseñarle todo lo que ella sabía, y se lo agradecía, pero a veces la encontraba demasiado… entrometida.

— Improvisé — concluyó la conversación con un tono que ella misma describiría como pasivo agresivo en una reflexión posterior. Solo quería pensar, estaba enfadada y quería estar sola, estaba segura de que no era demasiado pedir.

Lila sonrió, desconcertada pero continuó, agarrándose a su brazo para acompañarla mientras salían de su taller: — Oh vamos, Mari — insistió — compartelo para la posteridad — pero paró al ver la mirada de la chica, incluso aunque de verdad quisiera compartir esa información con Lila, que no quería, había prometido no hacerlo y ella jamás faltaba a su palabra — bueno… debes estar contenta ¿Le viste la cara a Dominique? — rió continuando un monólogo disimulado como una conversación, pero Marinette no la estaba escuchando.

¿Qué demonios se creía aquel tío? "¿Estás esperando a alguien?" Gilipollas, no, además qué ganaría ella de ir por ahí difundiendo que Adrien Agreste la había pillado… Uff, menos mal que pensaba largarse de Gabriel, por qué querría trabajar en un sitio como aquel, por ahora, tanto su jefe inmediato, como el CEO, como su hijo, habían resultado ser completos cretinos, y no es como si sus diseños fueran para tanto…

— Eh, Mari… se me ha quedado algo, puedes adelantarte — sintió a Lila marcharse, pero no le prestó atención.

No estaba segura de poder controlar su expresión enfadada, así que bajó la mirada y la fijó en algún lugar del suelo y se colocó sus auriculares, para tener una excusa y poder ignorar a la gente deliberadamente. Y pulsó el botón para llamar al ascensor.

Resopló para sí misma, indignada. Una vez se largara de allí no pensaba trabajar nunca con Gabriel y sus asociados, eran todos unos psicópatas, egocéntricos y cretinos, hump. Ya sabía por qué le había ofrecido un año de contrato, seguro que les costaba mucho que la gente se quedara…

El timbre del ascensor le llamó la atención, alzó la mirada para entrar, pero la verdad es que no estaba prestando nada de atención a sus alrededores, lo hacía únicamente para no chocar con nada. Entró y se giró y al ver que el botón de su planta ya estaba pulsado continuó con su muy larga sesión de despotrique en su cabeza.

Si hubiera estado prestando más atención se hubiera fijado en los únicos otros dos pasajeros del ascensor. Adrien intentó que no se notara demasiado su reacción ante la mirada, francamente, asesina de la chica, no sabía muy bien si su guardaespaldas tendría oportunidad contra ella en un combate. Pero pronto se dio cuenta de que la chica ni siquiera había notado su presencia.

No había duda de que la chica estaba enfadada, y algo dentro de él no podía parar de preguntarse si había sido por su culpa. Los cierto es que el encuentro había sido más bien desafortunado, y raro.

Al principio Adrien había pensado que lo habían descubierto en su escondrijo habitual, pero la falta de gritos y órdenes inmediatas, lo habían confundido, mucho. Y tras verla, su confusión sólo pudo crecer. Esos vestuarios eran solo para modelos y ayudantes de cámara, por lo que si no estaban siendo utilizados estaban cerrados, se había hecho así para evitar, entre otras cosas, usos ilícitos, y espionaje corporativo, puesto que dentro de los vestuarios no podía haber cámaras, su padre tenía sus prioridades claras.

La chica parecía aterrorizada al verlo, y de repente se dio cuenta de que quizá era él quien había pillado a alguien, y eso le hizo gracia… hasta que la vio temblar. No era su intención asustarla, quizá fastidiarla un poco, pero en retrospectiva, Adrien era un imbécil. Pues claro que se asustaría, el era un hombre y ella estaba medio desnuda, en una habitación cerrada, y no había parado de llamarla chérie¿Por qué demonios había hecho eso? Algo en su pecho tembló, en ese momento se había sentido correcto pero aquello... parecía cualquier testimonio de un asalto sexual.

En su defensa, aunque realmente no serviría para defenderse contra nada, todo se había sentido, casi natural. Eso no estaba bien, mierda.

"Esto no ha pasado" sus palabras volvieron a perseguirlo "tu no me has visto ¿entendido?"

Al pensar en eso, no puedo evitar mirarla un poco inquieto. Recordaba a la chica vagamente, había chocado con ella, literalmente, un par de veces por la empresa. (Después de la tercera vez, su padre había mandado a revisar sus credenciales en temor de que fuera una de esas fans locas.) Pero ella siempre parecía un poco intimidada por él, y cansada, casi siempre.

"Un placer no haberte conocido" no podía sacarse eso de la cabeza. Había causado quizá la peor primera impresión que podía existir. La miró de nuevo, se había recogido el pelo y llevaba un par de bolsos de tela que parecían llenos. Con su mano libre se dio un pequeño "masaje" en el cuello. Parece cansada, y estaba seguro de que él había colaborado un poco al mal humor que la chica mostraba.

Las puertas del ascensor se abrieron y ella salió. Tuvo que reprimir el deseo de llamarla, además ni siquiera sabía su nombre, eso lo trastocó, más de lo que debía. Por su puesto que no sabía su nombre, no se lo había preguntado, pero ¿por qué? En alguna parte de su cabeza chérie, resonó riéndose de su estupidez, y le sentó como una patada en la barriga.

Intentó quitárselo de la cabeza. De verdad que lo intentó.

Pero era muy difícil, porque cuanto más repasaba el encuentro, más ganas tenía de conocerla mejor, porque había sido sincera e ingeniosa, graciosa y lo había puesto en su sitio a pesar de la situación, y la verdad es que era bastante guapa. Se mordió el labio, ese no era el punto… pero, no podía ignorar que aquella chica le había hecho sonrojar como un niño de catorce años.

Le estaba dando demasiadas vueltas, y lo sabía. Pero no podía evitarlo, no era algo que pudiera solucionar fácilmente, ni siquiera estaba seguro de que exactamente quería solucionar. Toda esta situación se estaba saliendo de sus manos.


Su madre solía decirle que no se fuera a dormir con algo en la cabeza, solía decirle "duerme profundamente y no sueñes en nada" y en ese momento deseó tener el control suficiente como para hacerlo. No era como si pudiera mandar a paseo su cerebro solo para poder dormir en paz.

Tragó saliva, y se incorporó en la cama desarropándose mientras intentaba relajarse. Intentó respirar hondo, los sucesos del sueño aún demasiado presentes, de llevó las manos al pecho, ¿qué sentido tenía aquello?

Se abofeteó con suavidad la cara para intentar despejar cualquier poco de sueño que pudiera llegar a tener, incapaz de controlarlo los resquicios del sueño comenzaron a repetirse en su mente. Estaban en el vestuario de nuevo, y todo era demasiado realista, en es momento tener una gran imaginación jugaba en su contra, todo sucedía casi como en la realidad. Pero ella no tenía prisa, se dio cuenta, no estaba cansada, agobiada ni tenía prisa, solo estaba avergonzada. "No me llames chérie" "¿Y cómo debería llamarte?" susurró en su oído estaba muy cerca, no, no. A partir de ahí todo fue colina abajo, ¿por qué tenía que susurrar en su oído? ¿Por qué se había acercado tanto?

Los detalles se empezaban a emborronar en su cabeza, "si tienes tantas ganas de besarme, solo hazlo" se cubrió la boca amortiguando el sonido estrangulado que salio de él. ¿Pero qué le pasaba en la cabeza? ¿Cómo había llegado hasta ese punto? ¿por qué el sueño parecía tan real? su corazón se agitaba tan solo por recordarlo.

Estaba frustrado consigo mismo, ¿por qué no paraba de repetir el beso en su mente?¿cómo podía ser tan agradable si era solo su imaginación?

Necesitaba relajarse, Nathalie le había escrito anoche, lo necesitaban en una sesión dentro de una hora, no podía permitir que hubiera pruebas fotográficas de su enlelamiento.

Tenía sentimientos encontrados, porque por un lado, la había cagado, pero bien, con esa chica... pero por otro, no podía no desear que en algún momento ese sueño se cumpliera, no podía parar de pensar si su imaginación se compararía con la realidad, aunque primero debía disculparse.


— Estamos con los preparativos para la nueva colección. Los prototipos están en línea para su aprobación y necesitamos las fotos de pruebas, además el equipo de marketing está a tope, pero dadas tus credenciales creo que esta es la mejor opción — le contaba la mujer de recursos humanos mientras la acompañaba — te asignaremos a un equipo de desarrollo y serás una especie de asistente, sé que no suena muy atractivo — dijo rápidamente — pero ya verás, cómo retocar la ropa y crear un plató, todo eso… — era muy claro para Marinette que la mujer no tenía ni idea de lo que hablaba.

— ¿Cuándo podré ir al departamento de diseño? — preguntó Marinette directamente.

— El departamento de diseño a pedido que no se le envíen pasantes — contestó la mujer incómoda — con la nueva colección en un momento tan crítico han dicho que no tienen tiempo para cuidar de nadie — la mujer intentaba no mirarla a los ojos.

Marinette hizo una mueca, sus prácticas obligatorias terminaban en dos semanas y si las cosas seguían así, no iba continuar aguantando esto: — Procure que la próxima vez, se me traslade a el departamento de diseño, por favor.

— Por supuesto — exclamó la mujer con urgencia soltando una risa un poco forzada — en cuanto algún equipo de diseño esté dispuesto, serás la primera en saberlo — le aseguró entrando por una puerta que daba al plató.

Marinette suspiró antes de seguirla.

Una de las cosas por la que había elegido ir a Gabriel, era porque le ofrecía una pasantía de preferencia, porque había sido muy recomendada por sus profesores, además de que si un departamento la solicitaba, tendría un contrato fijo por un año. Y la verdad es que eso había sido muy tentador, necesitaba un trabajo, porque para montar su propia marca, necesitaba dinero. Pero visto lo visto, incluso aunque le pagaran su peso en oro, Gabriel era bastante difícil de defender.

El plató estaba oscuro, así que no podía entender muy bien sus dimensiones pero era bastante espacioso. La mujer llamó al fotógrafo y este se acercó para hablar con ella. Mientras tanto Marinette intentó ver qué clase de fotografías estaban haciendo, cuando escuchó un estruendo. Abrió los ojos sorprendida, algunas personas del equipo se acercaron apurados al modelo, quien al parecer se había caído.

— Marinette — la llamó la mujer de recursos humanos — este es Jean-Philippe, el director creativo de este equipo — ella sonrió mientras saludaba al hombre con un apretón de manos.

— Bienvenida, querida — la saludó un poco distraído, miró a su espalda — ¿todo bien, Cécile? — una de las chicas en la multitud asintió — siento mucho que esto no sea lo que esperabas — dijo el hombre volviendo su atención a Marinette — pero realmente necesitábamos ayuda, ¡Clara! — llamó a alguien que estaba entrando — ¿Ha llegado ya Adélie?

— Acaba de llegar, vengo a recoger sus cambios — asintió la chica un tanto apurada.

— Que Marinette te ayude — indicó el hombre dándole un empujón, y ambas asintieron — Adrien, necesitamos ir terminando, Adélie ya ha llegado — avisó el hombre volviendo a su posición tras la cámara.

Pero Adrien estaba en shock — Adrien ¿te encuentras bien? — Jean-Philippe preguntó preocupado, no, la verdad es que no estaba bien — ¿has desayunado?

— Estoy bien — murmuró incorporándose.

— ¿Estás seguro? Estás muy rojo.

Adrien maldijo por lo bajo — tengo calor… — asintió un tanto agitado — terminemos rápido con esto — continuó. Uno de los ayudantes de maquillaje se acercó para disimular su sonrojo.

Decir que fue difícil concentrarse sería una simplificación excesiva, por suerte para él, estas solo eran las fotos de prueba para la muestra de concepto y no tenían demasiado tiempo. Intentó no parecer demasiado contento cuando dieron por terminada la sesión, dejó los zapatos antes de salir del set: — No te alegres tanto ¿quieres? — le riñó Jean-Philippe divertido — ve a cambiarte anda, Clara debería estar en el vestuario 4, y ten cuidado, son prototipos — añadió distraído mientras revisaba su agenda.

En su camino hacia la sala no pudo evitar pensar en ella, la había visto entrar al plató con la esperanza de que fuera Adélie, para que lo dejaran marcharse, sin embargo había resultado mucho mejor. ¿No es cierto? Esa era una oportunidad, una oportunidad para disculparse e intentar … algo. Sintió el rubor subir por su cuello, todo era culpa de ese estúpido sueño.

Llamó dos veces a la puerta antes de gritar: — ¡Clara! — siempre era mejor asegurarse antes de entrar a un vestuario. No pudo evitar sonreír ante ese pensamiento, supongo que ahora ella también lo sabe… Eso lo llevó a pensar ¿dónde demonios se ha metido? Sabía que la había visto en el plató, pero después había desaparecido con la misma, respiró profundamente mientras se apoyaba en la puerta, no podía permitirse perder su cordura ahora, pensaba entrar en la universidad el semestre que viene…

La puerta se abrió a su espalda, y perdió el equilibrio chocando con alguien a su espalda, rápidamente volviendo a sus propios pies mientras se disculpaba: — Perdón, estaba… — se giró — distraído — terminó la frase como pudo, probablemente parecía un idiota, pero ¿a quién le importaba?

Ella. Estaba allí.

— Oh, ya estás aquí, bien — Clara llamó su atención entrando detrás de él — ven, mira, esto en prototipo así que… — Clara se acercó a él y lo hizo girarse, para enseñarle algo en su espalda — todas estas alteraciones son temporales — continuó explicando la mujer — por lo que debemos devolvérsela al equipo de diseño o al equipo de costura tal y como nos la dejaron, necesito que le quites los alfileres y las pinzas y que lo planches, y cuando esté listo lo pones en el perchero, cuando todo esté listo, los interesados bajaran a por sus prototipos, estaré justo enfrente por si me necesitas — terminó la mujer, antes de darle una mirada amenazante — pórtate bien — ordenó con dureza y se fue.

Marinette respiró hondo, sabía que este día llegaría, no esperaba que fuera tan pronto, ni tan directamente, pero trabajando en la misma empresa ¿cuántas posibilidades había de no encontrarselo? No, en serio, ¿cuantas? necesitaba saber exactamente cuán mala es su suerte. Tragó saliva y respiró hondo dispuesta a hacer su trabajo, pero al alzar la cabeza pudo verlo mirarla fijamente. Tuvo que apartar la mirada, demasiado intenso, abortar, abortar...

Después de una, no muy larga, estaba cansada, conversación con Alya anoche pudo ver que su irritación no era del todo merecida, si que había sido un poco cretino, pero la había ayudado al fin y al cabo y había muchas razones por las que él desearía mantener aquello en secreto, Marinette se quedó dormida mientras Alya los enumeraba pero pilló la idea.

— Date la vuelta por favor — puede que no fuera ideal, o más bien fuera la peor situación que se pudiera imaginar, probablemente pensaba que lo estaba acosando o algo así, tenía que continuar. Y ¿quién sabe? a lo mejor algún día se reiría de esto. Algún día.

Pero eso no pasaría si él continuaba mirándola así. Tragó saliva y reunió todo su valor, el hecho era que ella no era culpable de nada, no tenía por qué estar intimidada, genial, ahora solo tenía que creérselo.

— Hay mucho trabajo — dijo repentinamente, manteniendo su mirada curiosa — así que haz el favor de darte la vuelta para terminar con esto de una vez — ordenó incómoda.

El chico hizo una mueca divertida antes de darle la espalda con las manos alzadas en señal de rendición, y ella comenzó a buscar los alfileres en la chaqueta.

Colocó sus manos en sus hombros y comenzó a buscarlos por tacto. La chaqueta americana tenía un diseño ligeramente asimétrico, y estaba que los colores claros con los que estaba confeccionado eran provisionales, porque unos colores oscuros fovorecerían el diseño mucho más, habiendo retirado los alfileres de su espalda, continuó con las mangas solo para asegurarse, después los bordes y por último el pecho, antes de quitarle la chaqueta. Ella nunca había pensado demasiado en la moda masculina, pero viendo ese conjunto, en su mente estaba claro que aún era quizá demasiado básica, por lo menos la de Gabriel, colgó la chaqueta en una percha y se dio la vuelta para continuar. La camisa por su parte era mucho más interesante, lo que la hizo pensar, por qué habían emparejado esa camisa con una americana, una sección de cambio de textura irregular, rodeaba toda la camisa dejando una impresión mucho más resistente que la chaqueta, no pudo evitar fruncir el ceño. Además, el corte alto de los pantalones rectos y anchos, combinado con la camisa más ceñida creaban un conjunto bastante completo. Eso no parecía muy inteligente.

Se quitó esos pensamientos de la cabeza, no estaba en posición para quejarse, o hacer sugerencias siquiera, así que continuó su trabajo quitando las pinzas de su cintura, y algunos alfileres en el borde de los pantalones.

— Ya está — murmuró la chica levantándose tras quitar el último alfiles de sus pantalones — puedes ir a cambiarte… — pero antes de siquiera terminar la frase el chico había desaparecido detrás de las cortinas.

Eso había sido raro.

Encendió la plancha de vapor y continuó con su trabajo, inconsciente de que en el vestuario había un muy nervioso y colorado Adrien, quien intentaba mantener su corazón dentro de su pecho.

¿Qué demonios había sido eso? ¿Era eso algo nuevo? Había sido modelo desde los nueve años, no podía permitirse sonrojarse como un tomate cada vez que alguien hiciera su trabajo a su alrededor. ¿Por qué era él único que parecía afectado? Pensó un tanto abrumado mirando hacía las cortinas cerradas ¿Por qué se había vuelto tan atractiva de repente? Se cubrió la boca, en un intento de suprimir un poco sus pensamientos que iban a mil por hora, lo miraba de una manera analitica, y estaba tan concentrada que ni siquiera lo había notado a él, ¿Por qué? Se miró al espejo, ¿Cómo no lo había notado? No estaba nada mal, lo cierto era que el conjunto no era su favorito, pero era Adrien Agreste, eso debía significar algo , ¿no?

— ¿Ya estás? — preguntó al otro lado de la cortina, sacándolo de su ensimismamiento de un susto.

— Casi — su voz salió estrangulada y apurada, repentinamente hiperconsciente de la presencia de la chica al otro lado de la cortina. Intentó sacudir esa sensación y se apresuró a cambiarse. — Aquí tienes — murmuró, alcanzándole la ropa, antes de proceder a echarse en el sofá, como quien no quiere la cosa, eso es.

— ¿No tienes cosas que hacer? — preguntó la chica, aunque estaba fuera de su campo de visión, por su tono de voz podía asumir que estaba un poco incómoda. Adrien se mordió los labios para contener una sonrisa, eso estaba mejor.

— No — respondió cantarín — esto era lo último en mi agenda hasta las siete — cuando tenía una cena con su padre — eres nueva aquí, ¿no? — buena manera de empezar una conversación, casual, de tranquis perfecto.

— Soy una pasante — explicó despreocupada.

— Espera, ¿qué? — se le escapó de los labios antes de poder controlar su tono, él había estado en Gabriel, desde siempre, había visto a muchos pasantes, ir y venir, pero Clara nunca lo habría dejado solo con una pasante, sobretodo a él, un camino completo de prueba y error había llevado a esa conclusión, entonces ¿por qué?

— Soy una pasante — enfatizó con un dije de irritación.

— Ah — Genial, Agreste, muy suave — quiero decir, que… ¿no lo pareces?

— ¿Es una pregunta?

— No — exclamó sentándose y buscando su mirada. Pero ella estaba terminado de planchar la camisa — no es una pregunta — aseguro — pero, no sé parece que sabes lo que haces... — eso le sacó una risa estrangulada.

— Bueno, he estudiado cuatro años de carrera para esto — replicó más bien entretenida.

— También es cierto — reflexionó el chico en voz alta —lo que quiero decir es que pareces mucho más centrada y profesional, tienes una mirada segura, y por cómo funcionas cuando estás trabajando, te habría confundido con una diseñadora — en algún punto había dejado de pensar, y solo decía lo que le venía a la cabeza, y fue entonces cuando ella encontró su mirada, parecía sorprendida pero de algún modo contenta — siento lo de ayer, me comporte como un imbécil ¿no es cierto?

— Sí — su carcajada llenó cada rincón del salón, directa y al punto.

— Lo siento, de verdad — la chica se mordió una sonrisa y apartó la mirada fingiendo que tenía algo más que hacer, era fácil ignorar lo encantador que estaba siendo si estaba ocupada — sé que no di la mejor impresión ayer, pero ¿crees que podríamos empezar de nuevo? — Marinette lo miró por encima del hombro, curiosa. El chico tendió su mano por encima del respaldo del sofá, e hizo una mueca moviendo las cejas.

Resopló una sonrisa: — No lo sé — bromeó la chica evitando su mirada, Adrien volvió a reír, como si fuera a aceptar un no por respuesta. Saltó el respaldo del sofá con gracia y aterrizó a su lado sobresaltándola.

— Vamos, prometo que soy divertido… — continuó ofreciendo su mano.

Fue entonces cuando ella se giró y mantuvo su mirada, más seria — Si no te molesta la pregunta… ¿por qué? — no sabía quién de los dos estaba más confuso por la pregunta.

— Porque tu también pareces divertida, y todo esto es muy aburrido — hizo un gesto a su alrededor — tú, eres interesante, directa, honesta, graciosa… — Marinette no pudo evitar que los colores subieran a su rostro.

— Solo nos hemos visto dos veces — masculló la chica incrédula.

— Imagina lo que podría hacer con una oportunidad de conocerte de verdad — cansado de sostener la mano en el aire, se acercó a ella y tomó su mano entre las suyas — ¿Qué me dices, chérie? — se acercó el dorso de su mano a los labios.

— Marinette — Adrien la miró a los ojos, y ella aprovechó para sacar su mano de su agarre — no me llames chérie… mi nombre es Marinette.

Marinette — dijo con suavidad — Hola Marinette, yo soy Adrien — Y eso la hizo reír.

Y eso era un buen comienzo.