Capítulo 3
El sol se asomaba entre las cortinas e iluminó el rostro del pequeño. El muchacho frunció las cejas y abrió los ojos, parpadeando contra la luz de sol. Scorpius bostezó y se frotó los ojos con sus pequeñas manos, alejando el sueño. Negó con la cabeza y miró fijamente a nada en particular. Poco a poco, los acontecimientos acaecidos ayer se filtraron en su mente y sonrió feliz. Había sido una noche de diversión. Quería repetirla de nuevo.
Scoripus se deslizó de la cama acolchada y se dirigió a la planta baja, en busca de su padre. Lo encontró en la cocina, leyendo el periódico mientras disfrutaba de su café.
Draco alzó la vista y sonrió cuando vio a su hijo que se dirigía a él.
—Buenos días, Scorpius. ¿Has dormido bien?
Scorpius se subió a su silla –la cual tenía una almohada, por cortesía de los elfos domésticos.
— ¡Sí, papá!
Draco rió y le mando hacer unas tortitas para su hijo. Las tortitas se mostraron ante Scorpius, cortadas en pequeños trozos y con sirope de chocolate.
—Papá, quiero pedir ago—inició Scorpius.
—Se dice "algo", Scorpius, no "ago"— lo corrigió Draco—. ¿Qué quieres pedir?
—¿Cuándo Harry volver?— preguntó emocionado Scorpius.
—Tienes que decir; cuándo va a volver Harry, Scorpius. ¿Por qué lo preguntas?— le preguntó Draco curioso. No sabía que su hijo estuviese ya tan apegado a Harry. ¿Cuándo pasó eso?
—Porque me gusta y quiero ver a Harry otra vez. ¿No puedes llamar a Harry, papá?—Scorpius puso mala cara.
Draco rió sorprendido.
—Scorpius, no puedo llamar a Harry y decirle que nos visite de nuevo.
—¿Por qué no?—preguntó inocentemente Scorpius.
Draco suspiró.
—Porque él tiene mucho trabajo, y además, lo viste ayer. No puede visitarnos todos los días.
—Pero yo quiero ver a Harry —gimoteó Scorpius.
—Deja el lloriqueo de inmediato, Scorpius—dijo Draco con firmeza—. No siempre puedes conseguir lo que quieres. Estoy seguro de que Harry nos visitará de nuevo, pero tienes que ser paciente.
Scorpius estaba triste y puso mala cara, pero no respondió. Él sabía que no debía insistir a su papá cuando usaba ese tono. Pero ¿cómo se suponía que iba a tener a Harry como segundo padre, cuando su papá no quería visitar a Harry?
Teddy entró en la cocina bostezando. Él parpadeó aturdido y se sentó en la mesa de la cocina.
—Son gofres ¿quieres?—le preguntó su padrino.
Teddy asintió y volvió a bostezar.
Al rato, Teddy se despertó por completo cuando olió los gofres.
—Gracias— sonrió y comenzó a comer.
Harry se sentó frente a él.
—¿Qué opinas de que vayamos a volar?— sugirió sonriendo.
Teddy lo miró sorprendido.
—¿No tienes papeles que redactar?
Harry negó con la cabeza.
—No, tengo tiempo. Además, esos papeles me rehúyen—bromeó.
Teddy sonrió.
—De acuerdo. Me gustaría ir a volar.
Una hora más tarde, Harry y Teddy estaban listos para irse, cuando fueron detenidos por una llamada de Shacklebolt.
—Harry, tengo que hablar contigo de un nuevo caso—dijo, con voz grave.
Harry miró a Teddy.
—¿No puede esperar a mañana? Teddy y yo estábamos a punto de ir a volar.
—Lo siento, Harry, pero esto es más urgente—insistió Shacklebolt.
Harry suspiró.
—Teddy, espera aquí. Voy a hacer una llamada rápida.
—Está bien, Harry —dijo Teddy en voz baja, y se sentó en una silla de la cocina. ¿Por qué tenía la sensación de que al final hoy no volarían?
Harry se agachó, para mantener la conversación.
—¿Qué puede ser tan urgente para no esperar a mañana y ser informado?
—Sólo tengo información de que un mago oscuro ha ido extendiendo pociones clandestinamente. Al parecer, al igual que cualquier mago oscuro normal, intenta traficar con pociones, pero por la información que hemos reunido, parece que es muy cuidadoso. Harry, los medimagos no pueden encontrar un antídoto. Temen que las victimas vayan a morir —explicó Shacklebolt con cara seria.
—Y, ¿qué quieres que haga? No puedo hacer trabajo de campo hoy, Shacklebolt, no puedo defraudar a Teddy de nuevo—dijo Harry, un poco desesperado. No se atrevió a pensar en cómo se sentiría Teddy si lo dejaba de lado de nuevo por un caso. Ya había pasado con anterioridad, ya que tuvo que cancelar una salida con Teddy por un caso. Odiaba ver el rostro decepcionado de su ahijado.
—Por ahora, sólo necesito que mires el archivo de nuevo, a ver si puedes encontrar algunas pistas en cuanto a quién puede ser y el motivo de su elección en las personas que fueron envenenadas. El trabajo de campo puede esperar unos días —respondió Shacklebolt.
—De acuerdo, envíame el expediente. Lo revisaré—suspiró Harry.
—Te lo enviaré en un cuarto de hora. Gracias, Harry. Te veré mañana en el trabajo.
—Sí, adiós—Harry cerró la conexión flu.
—¿No te tienes que ir?—la voz suave de su ahijado le sorprendió y se dio la vuelta.
—No, Shacklebolt me necesita para revisar un expediente. Pero todavía tenemos tiempo para ir a volar, no te preocupes—Harry sonrió de forma tensa.
Teddy sonrió débilmente, ya que sabía que iban a volar poco rato, porque su padrino tenía otro caso. A veces deseaba que su padrino no fuese Auror, de esa manera tendría más tiempo para él y así no tendría que preocuparse de la seguridad de Harry. Desde que Teddy entendía completamente el concepto de ser Auror y lo que hacían, siempre temía el día en el que Harry no volviese. Que Harry lo abandonaría, al igual que sus padres.
Como Teddy había predicho, su salida sólo duró una hora antes de volver a casa, donde Harry desapareció inmediatamente hacia su despachó. Teddy trató de pasar el tiempo leyendo y mirando fotos de sus padres. No fue hasta la hora de cenar que vio a su padrino de nuevo. Teddy no se atrevió a pedirle que le leyese un cuento antes de dormir, porque vio que Harry estaba muy tenso. En cualquier caso, estaba claro que su padrino estaba muy preocupado.
Esa noche, más tarde, Harry le metió en la cama y le dio un beso rápido de buenas noches, antes de regresar a su estudio.
Quien fuera el responsable de las pociones, sabía cómo ocultar sus huellas. Por lo general, después de una semana de estudiar el caso e interrogar a las víctimas, Harry tendría una idea de dónde buscar al culpable. Pero por desgracia, no tuvo esa suerte, en este caso. No sólo le daban el archivo con algunas pistas que pudieran valer la pena, tampoco podía cuestionar a las víctimas, ya que habían entrado en estado de coma. Los medimagos estaban desesperados. Incluso los más inteligentes, que eran capaces de encontrar un antídoto para cada veneno, no tenían la menor idea de cómo ayudar a esa gente. La poción se ingería, pasado un tiempo se trasladaba al torrente sanguíneo antes de disolverse por completo, sin dejar rastro. Sin embargo, el efecto del veneno era instantáneo, y sólo una hora después el corazón se sobrecargaría, les daría una fiebre alta y dolor de estómago, antes de caer en coma.
Harry había tratado de encontrar una conexión entre las víctimas, pero nada. En todo caso, las víctimas no se relacionaban unas con otras. Había una mujer de treinta años, con tres hijos que estaban en casa; un hombre que trabajaba en el Ministerio en el Departamento de Deportes; un chico de unos veinte años que empezaba a trabajar con vendedor de ropa; un hombre mayor que estaba retirado y vivía bastante aislado y, finalmente, un niña; una niña de apenas siete años. Esa víctima había calado profundo en Harry. ¡Era sólo una niña, por amor a Merlín! ¿Qué clase de persona le haría algo así a una niña inocente?
Así que, apenas sin pistas, Harry se quedó con el caso. Dado que este caso era complejo, a menudo trabajaba hasta tarde y Teddy se había tenido que quedar con su abuela. Harry sabía que a Teddy no le gustaba estar con su abuela, pero Harry no quería correr riesgos. No se atrevía dejar a Teddy en casa sin ningún tipo de protección. A pesar de todo, Harry no confiaba en la casa. Si esta persona logró hacer un veneno sin rastro, ¿quién decía que no era capaz de irrumpir en una casa muy protegida?
Al final de la semana, estaba muerto de cansancio. Se llevó el archivo a casa y pasó todo el fin de semana tratando de encontrar pistas que se le hubiesen pasado por alto. Pero todo el esfuerzo, fue en vano.
Había visitado a Teddy el domingo, pero tuvo que dejarlo con su abuela, a pesar de las protestas de Teddy. Andrómeda aseguró a Harry que Teddy podría quedarse todo el tiempo necesario y que no tenía que preocuparse por nada.
La segunda semana fue un momento culminante para el caso. Algunos de los Aurores habían logrado localizar algún veneno en una bebida de la próxima víctima —una mujer joven que se iba a casar—. No era mucho, pero ahora podían ver qué tipo de ingredientes se podían utilizar para el veneno. Los Maestros de Pociones del Ministerio abandonaron. A pesar de su conocimiento, no pudieron identificar uno de los ingredientes. No se sabía cuál era, pero se sospechaba que fuera el causante del estado de coma.
Harry estaba frustrado. Incluso con la poción, no pudo encontrar al mago oscuro. Necesitaba un milagro… o un maestro en pociones excepcionalmente bueno. El problema era: ¿dónde podía encontrar a esa persona?
El viernes, Harry se encerró en su oficina con un suspiro. Había puesto su cerebro en marcha para poder encontrar un maestro de pociones adecuado, pero no podía pensar cuál era la persona idónea para hacer el trabajo. Se preguntó si este sería uno de los casos, que al final, caerían en el olvido.
—Si la muerte fuese una persona, se vería igual que tú—dijo una voz divertida arrastrando las palabras.
Harry se sobresaltó y vio que era Draco Malfoy apoyado en la pared de su oficina, con una sonrisa en el rostro.
—Merlín, Malfoy, no hagas eso de nuevo. Casi te hechizo—frunció el ceño y metió su varita de nuevo en el bolsillo.
—¿Volvemos a lo de Malfoy? Recuerdo claramente que mi hijo exigió que utilizásemos nuestros nombres de pila. Además, a lo mejor necesitas más formación, si puedo acercarme tan sigilosamente a ti —Draco arrastró las palabras y volvió a sonreír.
—Eres un suplicio, Draco— Harry puso los ojos en blanco.
—No creo que mi hijo quisiera que nos insultásemos. Él quiere que seamos amigos ¿recuerdas? — sonrió con dulzura Draco.
Harry, cautelosamente, entrecerró los ojos al instante.
—¿Qué quieres?
—¿Por qué crees que quiero algo? ¿No puedo tener una charla amistosa con uno de mis amigos?—preguntó, inocente.
—Malfoy, eres un Slytherin y siempre queréis algo— dijo Harry inexpresivo.
Draco colocó una mano sobre su corazón.
—¡Ay, duele tanta desconfianza sobre mis motivos! Deberías estar avergonzado— Draco hizo un puchero.
Harry puso los ojos en blanco.
—Corta el rollo, Draco dime lo que quieres. No estoy de humor para juegos —suspiró, y se frotó los ojos por el cansancio.
Draco lo miró.
—No, al parecer, no. Mi hijo te extraña. Quiere volver a verte —respondió finalmente.
—¿Por qué?
—Supongo que se ha encariñado contigo. Puedo ser paciente si quiero, Harry, pero el constante lloriqueo de mi hijo es demasiado incluso para mí. Si vienes, lo harás feliz y dejará de llorar, por tanto no me importa que vengas. Entonces ¿qué te parece? — preguntó Draco expectante.
—¿Qué me parece el qué?— preguntó Harry confundido.
—Pues, el venir a casa a cenar una vez más, obviamente— dijo Draco.
Harry suspiró.
—Lo siento, pero realmente, no puedo ir a cenar. Estoy demasiado ocupado con un caso.
—¿Qué caso?—preguntó el rubio curioso.
—Esto no es de tu incumbencia—dijo Harry restándole importancia.
—Hey, tal vez te puedo ayudar.
—Lo dudo.
—No pierdes nada con probar, ya sabes.
—Está bien, pero si le dices una sola palabra de esto a otra persona, me voy asegurar de no dirigirnos la palabra nunca más. O de que no vuelvas a caminar.
—No hacía falta ser tan violento. Te juro que no se lo diré a nadie.
Harry suspiró.
—En las últimas semanas se han producido diversos ataques contra gente al azar. De alguna manera, el mago, se las arregla para envenenar a éstas sin que se den cuenta.
—¿No puedes interrogar a las víctimas y preguntar si alguien vio algo sospechoso o tuvo una pelea con alguien?—sugirió Draco.
Harry le miró sombrío.
— No es posible, ya que todas ellas se encuentran en estado de coma.
—¿Y qué? Podríais despertarlos del coma, seguro que hay hechizos para eso —Draco se encogió de hombros, no veía el problema.
—No podemos. Lo que hay en ese veneno se asegura de no dejar ningún rastro y que las víctimas no sean capaces de recuperarse. Ninguno de los medimagos o maestros de pociones del Ministerio no son capaces de encontrar un antídoto para el veneno. Hace una semana, un par de Aurores lograron encontrar un poco de veneno en una taza, pero hasta ahora la investigación no dice nada. Bueno, eso no es del todo cierto. Los especialistas han logrado identificar todos los ingredientes, menos uno, y cabe la posibilidad de que sea el que los mantenga en coma —Harry terminó su explicación—. Así que todavía no tenemos ni idea de a quién capturar y cómo curar a las víctimas.
—¿Todos los maestros de pociones lo probaron? —preguntó Draco pensativo.
—Todos los que están en el Ministerio—Harry asintió con la cabeza—. Pero no hallaron el último ingrediente.
—Pero tú no acudiste al mejor experto de pociones del país —dijo Draco.
Harry lo miró confundido.
—¿De qué estás hablando?
Draco puso los ojos en blanco.
—Sí, él sabía que te habrías olvidado de él, a pesar de la ayuda que te prestó todos estos años. ¿Cómo puedes haberte olvidado de él?
—Corta el rollo, Draco, y dime de quién estás hablando —dijo Harry impaciente.
—Severus Snape, obviamente. Él es el mejor en su campo. ¿Cómo puedes haberte olvidado de él?—se burló Draco, sacudiendo la cabeza.
Harry lo miró estupefacto.
