Capítulo 6

Snape los condujo a través de un pasillo a una habitación que servía como sala de estar y se veía un jardín que estaba tras la casa.

—Sentaos —les ordenó Snape y él se sentó en una silla cercana a la ventana.

Ahora que se sentaba a la luz del sol, Harry podía verle mejor. No había cambiado mucho, a excepción de su cabello, que estaba ligeramente más corto que cuando había estado en la escuela y que ahora tenía una cicatriz en su cuello. Estaba totalmente vestido de negro; un suéter, pantalones de vestir y botas negras.

—¿Pasé su inspección, Potter? —dijo Snape con sarcasmo y antes de que Harry pudiera replicar, el hombre llamó a un elfo doméstico y ordenó un poco de té.

—Así que, Draco, ¿te importaría decirme por qué has traído a Potter contigo? —preguntó Snape, cruzando sus piernas.

Draco le dio un vistazo a Harry y luego se giró hacia Snape.

—Bueno, está aquí porque necesita tu ayuda con cierta poción.

Snape sonrió maliciosamente.

—¿De verdad? ¿Por qué no estoy sorprendido? Había pensado que te darías por vencido en Pociones después de tus lamentables intentos en la escuela.

Harry le fulminó con la mirada.

—Veo que sigue siendo un bastardo. Al parecer estar cerca de la muerte no le brindó nada bueno a su carácter.

Snape le miró con el ceño fruncido.

—Y veo que tú sigues siendo un mocoso arrogante que no sabe cuándo cerrar la boca —siseó.

Harry se levantó de su silla, hirviendo de rabia y apretando su varita. Si alguien podía hacerle enojar tan rápidamente e irritarlo, ese era Severus Snape. Había pensado que el hombre había cambiado, pero no era así. Expresó sus pensamientos:

—Sabe, cuando escuché a Draco decir que aún estaba vivo, pensé que era una oportunidad para enterrar viejos rencores y comenzar de nuevo. Demonios, incluso estaba preparado para agradecerle por salvar mi trasero todo el tiempo, pero si va a ser un charlatán y patético imbécil, entonces puede irse al diablo, para lo que me interesa. Dios mío, ¡no es de sorprenderse que no tenga amigos si los trata a todos así! En primer lugar, no sé cómo le pudo agradar a mi madre —gritó furioso.

El último comentario fue bajo; Harry lo supo tan pronto como lo dijo. Snape palideció y sus ojos negros ardieron. Lily Evans era un asunto delicado entre ellos dos. Harry sentía que probablemente había herido a Snape, pero no le importaba en ese momento. Fue un error pensar que Snape estaría dispuesto a ayudarle. Ese hombre estaba atascado en el pasado y nunca dejaría ir sus viejos rencores hacia Sirius y James. Debido a que ninguno de ellos estaba vivo, Snape no podía hacer sino molestar a Harry por su gran parecido con su padre y su padrino.

—Harry —dijo Draco con voz alarmante. Había palidecido. Nunca esperó que eso se le saliera de las manos tan rápido.

—Oh, ¡a la mierda! Me voy. Te veo luego, Malfoy —dijo Harry con brusquedad y salió resueltamente del lugar, su magia crepitando a causa de su enojo. Tan pronto como estuvo afuera, se apareció en su casa. Iría al trabajo más tarde, pero mientras necesitaba calmarse.


Por un momento, todo quedó en silencio en la Mansión Snape. Draco se debatía entre ir tras Harry (por razones que no entendía) o quedarse con su padrino, quien seguía muy pálido. Pensó que era mejor quedarse con Snape por un rato. Harry necesitaría serenarse primero.

—Sev, ¿estás bien? —preguntó Draco con suavidad, sus ojos mostrando preocupación.

Era signo de su cercana relación el que Snape no le hechizara después de preguntar eso.

Snape exhaló, y frotó sus ojos.

—Sí, estoy bien. Sólo que nunca pensé que Potter usaría a Lily. No es muy Gryffindor de su parte —rió por lo bajo sombríamente—. De hecho, es más una cosa que un Slytherin haría. Nunca se me ocurrió que Potter tenía algo de Slytherin en él.

Draco le miró. Nunca había preguntado qué significaba la madre de Potter para su padrino, ya que no quería molestarlo. Pero después de su reacción, imaginaba que habían sido bastante cercanos.

—Así que, ¿desde cuándo llamas a Potter por su nombre? Es más, ¿desde cuándo andan juntos sin intentar hechizarse el uno al otro? ¿Y qué quiso decir Potter con eso de verte luego? —preguntó Snape, su voz era neutral. Entonces sus ojos se agrandaron un poco. No mucho, pero Draco, quien le conocía de toda la vida, lo vio—. Merlín, no estarán juntos, ¿verdad?

—¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no! Sólo somos amigos —se defendió Draco. «Bueno, amigos que se besan porque se lo ordena un niño de seis años —agregó por si acaso, pero imaginó que Snape no querría escuchar eso».

Snape levantó una ceja.

—¿Sólo amigos? ¿Desde cuándo vosotros dos sois amigos?

—Bueno, nos encontramos hace unas pocas semanas en el Callejón Diagon. Scorpius desapareció y Harry lo encontró. Scorpius sugirió que podíamos ser amigos y decidimos darle una oportunidad a ello, dado que la guerra ya terminó y mi padre no está —explicó Draco—. Cenamos la noche siguiente y conocí a Teddy, mi primo. Después de eso no nos vimos por dos semanas hasta que lo vi de nuevo en el Ministerio, donde estaba a punto de desmayarse. Me contó un caso que tenía y que estaba buscando a un experto en pociones que le pudiera ayudar a identificar el ingrediente desconocido de un veneno. Le sugerí que te visitáramos. Parecía bastante sorprendido de escuchar que seguías vivo —caviló—. ¿Por qué no le dijiste que habías sobrevivido?

—¿Por qué lo haría? No le debo nada. Varias semanas después de la batalla final me desperté en el hospital y me dijeron que podía marcharme cuando quisiera. No surgió en mi cabeza la idea de informarle a un mocoso arrogante que todavía vivía —dijo Snape, despectivo.

—Bien, ese mocoso arrogante estaba planeando agradecerte por salvar su vida y había dejado a un lado su orgullo para pedirte ayuda. Pienso que, por lo menos, pudiste haberlo escuchado en vez de insultarlo de inmediato —dijo Draco ligeramente—. ¿Es de sorprenderse que te insultara también y que intentara herirte sacando a colación a su madre?

Por una vez en su vida, Snape no pudo replicar. En vez de eso, le miró enfurecido, pero Draco vio que estaba pensando en lo que acababa de decir.

—¿Por qué nunca hablaste con él de su madre? —preguntó Draco con curiosidad. Imaginaba que Harry apreciaría eso.

Snape hizo una mueca desdeñosa.

—¿Por qué? Él nunca pareció interesado en ella. Además, si quería saber sobre su madre debería haberle preguntado al chucho y al lobo.

—¿Quizás no tuvo ocasión de hacerlo? —apuntó Draco.

Snape resopló.

Draco suspiró.

—Escucha, sólo dale una oportunidad. Intenta hablar con él en lugar de insultarlo inmediatamente. Creo que te sorprenderías si lo hicieras. También pienso que Harry de verdad apreciaría que le hablaras de su madre.

Snape le miró con ojos indescifrables.

—¿Por qué te estás preocupando tanto en intentar conseguir que me lleve bien con Potter?

Draco miró fijamente el techo mientras pensaba en la pregunta.

—¿Por qué, ciertamente? No lo sé. Es sólo una sugerencia.

—Pensaré en ello —dijo Snape en voz neutra.

Después de eso, la conversación fue sobre Scorpius.


Teddy frunció el ceño al ver el estado en el que estaba su padrino. La boca de Harry estaba duramente presionada, una señal de que había estado furioso y de que aún seguía algo enojado. Zapateaba con insistencia, indicación de que estaba impaciente.

Teddy se preguntó qué habría sucedido mientras estaba en la escuela. ¿Había tenido una pelea con Draco? ¿O había peleado con el hombre al que iban a visitar?

—¿Prongslet? —preguntó Teddy indeciso cuando estuvo frente a su padrino.

Harry asintió y puso su mejor sonrisa.

—Hola Teddy, ¿tuviste un buen día en la escuela?

—Sí, fue divertido. ¿Cómo estuvo tu día? —preguntó y tomó la mano de Harry, temiendo por un momento que Harry le apartara. No lo hizo.

Harry exhaló lentamente.

—Oh, nada especial.

—¡Harry!

Ambos se giraron para ver a Scorpius corriendo hacia ellos con una enorme sonrisa en la cara. Su maestra, una mujer de corto cabello castaño recogido en una coleta, corría tras él.

Scorpius emitió un chillido y se abrazó a las piernas de Harry, ignorando la mirada asesina que recibía de Teddy.

—¡Scorpius! ¡No puedes escaparte corriendo! Lo siento, señor Potter, pero no pude retenerlo más —se disculpó la mujer y se apartó un mechón de cabello—. ¿Conoce a Scorpius?

—Sí, es hijo de un amigo mío —Harry sonrió educadamente.

Los ojos de la mujer se ensancharon.

—Oh, es amigo de Draco Malfoy. Bueno, supongo que puedo dejarlo con usted ¿entonces?

—Sí, no hay problema —Harry asintió. Sí, definitivamente eso aparecería en los periódicos al día siguiente.

—¡Mira, Harry, Mira! ¡Hice un dibujo para ti! —dijo Scorpius entusiasmado y agitó un trozo de papel en el aire mientras brincaba.

Antes de tomar el papel, Harry llevó a los dos niños hasta un banco situado bajo un árbol. Pensó que podía esperar hasta que Draco llegara a recoger su hijo.

Tan pronto como estuvieron sentados, Scorpius saltó a su regazo y agitó el papel en su cara.

—¡Mira, mira!

Harry sonrió y tomó el papel. Su sonrisa se congeló cuando vio lo que Scorpius había dibujado. Era un dibujo de él, Teddy, Scorpius y Draco. En él, Scorpius y Teddy estaban sentados en un banco, jugando con una pelota. Scorpius había dibujado a Harry y a Draco uno al lado del otro y parecían estarse cogiendo de la mano; tenían grandes sonrisas en sus rostros y sobre ellos había varios corazones dibujados y pintados de rojo.

Teddy miró el dibujo desde donde se había sentado junto a Harry y parpadeó al verlo. Huh, definitivamente algo ocurría con ese niño. No había forma de que eso sucediera.

—¿Te gusta? ¿Está bonito? —preguntó Scorpius, sus ojos grises estaban muy abiertos y se encontraba rebotando en el regazo de Harry.

Ausentemente, Harry envolvió un brazo alrededor de la espalda de Scorpius para evitar que se cayera.

—Es muy bonito, Scorpius. Puedes dibujar muy bien —elogió Harry al jovencito rubio sobre su regazo, quien sonrió de oreja a oreja y le abrazó.

Harry se preguntó por qué Scorpius había dibujado algo como eso, pero no lo pensó. Quizás Scorpius quería mostrar que Harry y Draco eran amigos y no había encontrado un símbolo mejor que un corazón. Si, probablemente era eso, nada más.

Harry dobló el papel y quiso devolvérselo a Scorpius, pero el niño se negó a tomarlo otra vez.

—No, ¡es para ti! Tienes que quedártelo. —Scorpius sonrió y le dio un beso a Harry en la mejilla, justo como hacía cuando le daba un dibujo a su papá.

Los ojos marrones de Teddy resplandecieron de celos. Se enroscó contra el hombro de Harry y le dio un toque en el codo con su brazo. Harry miró hacia abajo con una sonrisa y abrazó a Teddy.

—¡Ahí estás, Scorpius! ¿Por qué no me esperaste en la puerta con tu maestra? —preguntó Draco y se acercó a ellos, alzando una ceja al ver a su hijo sentado en el regazo de Harry. Parecía que cada vez que veía a su hijo en compañía de Harry, Scorpius siempre estaba, de alguna manera, pegado al cuerpo del mayor.

Scorpius hizo un mohín.

—Vi a Harry y quise darle mi dibujo —dijo orgullosamente.

Draco miró a Harry, quien se encogió de hombros.

— ¿Así es? ¿Has hecho uno para mí también?

Scorpius asintió.

—Pero te lo doy cuando estemos en casa —el niño sonrió.

—Bien, entonces vamos a casa, ¿sí? —Draco sonrió y recogió a Scorpius de su lugar en el regazo de Harry. Cargó a su hijo y éste pasó sus pequeños brazos alrededor de su cuello.

Scorpius miró a Harry, que se había levantado y sostenía la mano de Teddy.

—¿Tú también vendrás a nuestra casa, Harry? —preguntó Scorpius, sus ojos brillaban.

Harry negó con su cabeza.

—Lo siento, Scorpius, pero no puedo. Tengo que ir a mi casa con Teddy.

El labio inferior de Scorpius comenzó a temblar de nuevo, pero Harry se mantuvo firme. No podía ceder siempre ante el niño. Necesitaba aprender que no siempre podía conseguir lo que quería.

—No, Scorpius, de verdad no puedo ir, pero prometo visitarte pronto, ¿de acuerdo?

Scorpius, entendiendo que entonces no podría salirse con la suya, asintió.

—De acuerdo, Harry, adiós —se despidió.

Harry agarró a Teddy con firmeza y se apareció junto con él en su casa.

Draco suspiró y caminó cargando a Scorpius hasta Malfoy Manor. Bueno, al menos Harry no le había ignorado o hechizado. Pero de verdad necesitaría hablar con Harry sobre Snape. A pesar de lo desagradable que pudiera ser el hombre a veces, seguía siendo la única oportunidad de Harry para capturar al culpable.


Draco acababa de llevar a Scorpius a la cama esa noche, cuando el niño le dio un papel doblado. Pensando que ese debía ser el dibujo que su hijo hizo para él, lo abrió y lo vio. No pudo sino mirarlo desconcertado. Scorpius se había dibujado a sí mismo, a Draco, Teddy y a Harry. Teddy estaba leyendo un libro, Scorpius jugando con alguna clase de juguete y él y Harry estaban juntos, sentados sobre la hierba… con otro niño en el regazo de Harry. El niño dibujado tenía cabello negro y sus ojos (que Scorpius había hecho más grandes para que se pudiera ver su color con claridad) eran grises. Scorpius había vestido al jovencito desconocido con un suéter rojo y pantalones azules. ¿Quién era?

—¿Te gusta? —la voz alta de Scorpius irrumpió en sus pensamientos y Draco se volteó para ver a su hijo sonriendo.

—Por supuesto que me gusta; está precioso —le dijo con una sonrisa. Scorpius sonrió abiertamente—. Pero, Scorpius, ¿quién es el tercer niño de tu dibujo?

Scorpius miró el dibujo y comenzó a nombrar a las personas en él.

—Este es Teddy leyendo un libro, y este soy yo jugando con mi dragón. Tú y Harry están sentados en la hierba y ríen. Ese niño pequeño junto a Harry es mi hermanito —anunció orgulloso.

Draco le miró fijamente.

—Scorpius, tú no tienes un hermanito —dijo con cuidado, intentando imaginar por qué Scorpius había dibujado a un hermano que no existía.

En lugar de llorar o ponerse histérico, Scorpius comenzó a soltar risitas.

—¡Papá, tonto! Sé que no tengo un hermanito, pero tú y Harry me lo darán para poder jugar con él.

Draco decidió seguirle la corriente.

—Oh, ¿y de dónde vendrá ese hermanito?

—Saldrá de la barriga de Harry —dijo Scorpius, orgulloso de recordar de donde venían los bebés. Le había preguntado a mami una vez de donde venían los bebés, y ella dijo que venían de la barriga de una mujer. Scorpius imaginó que ello aplicaría también a los hombres.

—¿Y por qué este niño saldrá del abdomen de Harry? —preguntó Draco, ahora realmente confundido. Scorpius no quería decir lo Draco suponía que iba a decir, ¿verdad?

—Porque tú y Harry se casarán y entonces habrá un bebé en la barriga de Harry —explicó.

Draco pensó que lo mejor era dejar la fantasía de Scorpius intacta por esa noche. Le explicaría a su hijo al día siguiente que no podría tener a un hermanito porque él y Harry nunca se casarían. Harry era heterosexual —una de las principales razones por las que eso nunca sucedería—.

—Está bien, Scorpius, si tú lo dices —Draco sonrió y le dio a su hijo un beso en la frente—. Ahora sé un niño bueno y duérmete, ¿de acuerdo?

—Sí, papá —Scorpius le devolvió la sonrisa y se acurrucó en sus sábanas—. Buenas noches, papi.

—Buenas noches, hijo —dijo Draco y cerró la puerta tras él. Le dio un vistazo al dibujo de nuevo, antes de ponerlo en su escritorio.