El Rey, La Nube Escarlata, El Caballero Carmesí y La Araña.

Advertencia: La historia se desarrolla en un semi-universo-alterno, alejado de la línea temporal del manga de FT. Los personajes en su mayoría son OoC (Out of Character) además de incluir algunos OC (Original Character). Muertes de personajes en los próximos capítulos. Sexo explícito en este capítulo.

Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. Escribo sin lucro alguno. El concepto de 'Rey de Espadas' es de mi invención.

Reviews: Al final del capítulo, los que no pude responder por mensaje privado.

"Pensamientos"

—Diálogos

-aclaraciones-

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EL REY III: Youtou.

Frente a él se encontraba un ejército, compuesto -a simple vista- por más o menos diez mil individuos. Ese gran ejército estaba situado sobre una hermosa pradera que se teñiría de sangre. Sangre de sus enemigos, porque él no caería. Y él los miraba desde la cima de una gran piedra, como se mira a las hormigas.

—¡Rey de Espadas! ¡No pasarás de este lugar! —proclamó alguien que seguramente era el comandante de las tropas. Seguido por un aullido estruendoso de parte de las tropas. Algunos de los soldados se encomendaban a Dios, pidiendo prevalecer sobre el villano, de ellos dependía que este villano no siguiera su camino. O talvez por miedo a morir. —¡Tu cabeza será del rey de Prounce! —agregó la misma persona.

La indumentaria de las tropas se conformaba por una pechera de acero, espada y escudo en mano. Botines de acero, junto a protectores de brazos del mismo material. Había de todo tipo de guerrero. Arqueros, espadachines, magos, grandes bestias acorazadas. Y varias criaturas que solo aparecen en los cuentos. Y él -Rey de Espadas- vistiendo una armadura que cubría gran parte de su cuerpo, armadura negra con detalles violeta. El yelmo en uno de sus brazos, y una capa blanca ondeando por el viento. Se dejó caer de la gran roca, y en el aire se colocó el casco de combate, una ranura dejaba al descubierto sus pupilas jade que ardían con deseo de derramar sangre.

Sin vacilación se lanzó de frente contra el ejército. Emulado por sus oponentes. El choque fue inminente; tomó la espada del primero que cruzó su camino y con maestría le rebanó el cuello de un tajo, se agachó y esquivó un espadazo, se puso a la misma altura de dos soldados, y atravesó la cabeza de uno, la fuerza fue tal que logró encajar la misma espada en la cabeza de otro. Se hizo a un lado para esquivar una lanza, en pleno vuelo tomó la misma y con media vuelta, seis más habían muerto. Soltó la lanza y de inmediato la sustituyó por dos espadas, que lanzó como si fuesen dagas; cada una cegó diez vidas. "Van veintinueve". Otros tres habían muerto atravesados por otra lanza, con las manos desnudas le rompió el cuello a un incauto que valientemente se lanzó a pelear. Se encontraba rodeado; dio un salto de tres metros e hizo una parábola hasta posicionarse en otro lugar. Aterrizó de pie, aplastando en el proceso a dos guerreras. "Qué lástima… y van treinta y cinco". Todo eso había pasado en menos de dos minutos. La batalla siguió, y él seguía disfrutando de la carnicería.

La confianza que el ejército había tenido por ser mayoría estaba empezando a palidecer, apenas habían pasado veinte minutos y ya más de mil soldados habían perdido la vida y él -Rey de Espadas- sin recibir ninguna herida, sin siquiera desenvainar su espada. Siempre tomando el arma ajena, y segando tanta vidas como fuese posible. Su modo de pelear era como si bailase en el campo de batalla, daba giros impresionantes y torcía el cuerpo en ángulos imposibles. «Muerte Certera» y «Dios de la Masacre» le quedaban a la perfección, aunque todavía no hacía gala de su habilidad, esa por la cual lo llamaban «Rey de Espadas».

Con gran velocidad arremetió contra un gigante de tres metros -con apariencia de bestia-, de un tajo le voló las piernas, y con un salto más lo decapito. Frente a él había más de las mismas criaturas. Sonrió mostrando su dentadura pulcra y limpia, aunque no fuera vista ya que portaba un yelmo. Y en su mano se materializó una espada ya desenvainada —Youtou: Hoshikudaki —murmuró, de un corte limpio en el aire, una cuarta parte del ejército fue borrada. "Solo ha pasado una hora". La sonrisa seguía presente, ya no era normal, esa sonrisa demostraba cuanto disfrutaba estar en un campo de batalla, aunque nadie fuera capaz de verlo.

—Señor, los cañones de Florence están listos para ser disparados —informó un soldado de bajo rango. Estaban en la línea trasera, apenas si podían apreciar el verdadero poder del caballero.

—¡Disparen! —ordenó de inmediato. Con la esperanza de que las pérdidas humanas no aumentaran.

El Rey de Espadas no mostraba señales de cansancio, estiró su mano izquierda y en ella apareció una nueva espada —Youtou: Shinpuu Shourai —susurró. Con un corte recto, una ráfaga de viento levanto a cientos de soldados del suelo, mandándolos a volar alrededor de 10 metros. Antes de que las victimas cayeran, se agachó y colocó ambas palmas en el suelo —Garden of End— pronunció entre dientes. Miles de espadas surgieron del suelo, a tiempo para empalar a los que habían sido elevados por el cielo. Sus sentidos lo pusieron sobre aviso, una gran cantidad de poder mágico se acercaba desde el norte, justo el lugar donde se erguía el reino de Prounce. Sonrió complacido, "Después de todo, no son tan aburridos".

La velocidad era abrumadora, una gran distancia fue recorrida en cuestión de segundos, en cámara lenta, mientras algunos soldados huían intentando evitar el fuego amigo. La bola, como un cometa, de colores pálidos, a unos dos metros de que lo impactara, dio un fuerte alarido anulando en seco el disparo, pero fue tomado por sorpresa al ver que era más de uno. El segundo ataque le dio en la cabeza, levantando una gran estela de polvo, antes de salir volando por la fuerza del segundo impacto; un tercero le dio en el plexo solar, y un cuarto, mucho más grande que los anteriores, le dio de lleno. El mundo parecía detenerse, los soldados vieron atónitos como la gran polvareda se iba expandiendo. El grito de alegría no se hizo de esperar, le habían dado, y ningún humano o siquiera monstruo sería capaz de sobrevivir a eso. Pero varios escépticos empuñaban sus armas con más dureza de la normal, aunque querían creer que habían vencido, algo les advertía que eso no sería así. Y el mundo volvió a correr.

—¡JAJAJAJAJAJA! —río con locura. Él no estaba en buen estado, su armadura había sido destrozada y dejaba al descubierto el cuerpo tonificado, bañado en sangre. Le hacía falta un brazo… se agachó y recogió el brazo, como si fuera lo más normal del mundo, colocó nuevamente el brazo en su lugar; la sangre, su sangre, se metió en las heridas, lentamente regenerando tejidos musculares. Los soldados fueron paralizados, debido al miedo. Se posicionó en una pose digna de cualquier depredador y de su espalda baja emergieron cuatro extremidades parecidas a colas. Colas con una tonalidad negra y roja. Sobre su ojo derecho salió una especie de cuerno, y el izquierdo cambio de tonalidad, mostrándose negro con pupila roja. No los hizo esperar, sin previo aviso se lanzó a los desprevenidos y paralizados soldados. Las 'colas' atacaban a diestra y siniestra, desde ángulos imposibles e inclusive desde debajo de la tierra. Haciéndolos imposibles de esquivar, mucho menos de predecir. La sangre se empezó a desparramar con gran rapidez.

—Mi señor, retírese, nosotros le detendremos en este punto —dijo un soldado de rodillas frente al jefe.

—NO…

Él era el comandante de las tropas, no podía salir a la fuga o bajaría la moral, aunque tuviera que hacerle frente a un demonio —…¡Rey de Espadaaaaasssss! —rugió para ahuyentar el miedo que amenazaba con minar su valor. Con una espada en la mano izquierda y con un escudo en su brazo derecho, arremetió contra su enemigo. No le dio oportunidad, lo embistió con mucha fuerza. Cortándole dos extremidades, pero ya nada lo sorprendería viniendo de ese sujeto. Las extremidades se regeneraron a una velocidad espantosa. Ahora tenía tres "¿Tres?" fue demasiado tarde, la cuarta cola emergió del suelo y lo empaló sin piedad atravesando de lado a lado el estómago y elevándolo un par de metros sobre el suelo. El tiempo se detuvo para los soldados -apenas si eran una cuarta parte-, atónitos y sin poder hacer algo observaron como el Rey de Espadas decapitaba al líder.

La moral había caído abruptamente, muertos de miedo emprendieron la huida. Era más que un monstruo, las palabras «Invencible» y «despiadado» lo describían perfectamente. Se percató que sus enemigos huían despavoridos. Sonrió malignamente, sin el yelmo, su sonrisa era perturbadora. —¡YOUTOU: TENCHU!

Con un simple movimiento una espada de dos metros apareció en sus manos, con lentitud enterró la espada en el suelo; unas manos fantasmagóricas surgieron del suelo, y con un simple toque, arrebataron la vida de los últimos soldados. Ellos caían como marionetas sin hilos.

La hermosa pradera, ahora sólo teñida de carmín combinado con el verde radiante que antes fue, le daba una tonalidad imposible de describir. Con cadáveres floreciendo por cualquier lugar, como si fuesen flores, algunas partes habían sido destruidas -el impacto de Florence, el ataque de Hoshikudaki-. La sangre de los casi diez mil hombres muertos, fluían formando un río carmesí.

Había sido herido, pero ya se encontraba recuperado, las colas que antes estaban en su espalda baja habían desaparecido al igual que el cuerno en su rostro. Su sonrisa permanecía, una sonrisa insana, impropia de un ser humano. —¡JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA! —rio jubilosamente extendiendo los brazos y mirando el cielo. Su estruendosa carcajada era lo único que se escuchaba. Después de tranquilizarse, con parsimonia tomó el primer cadáver que se encontraba a su alcance y lo decapitó, puso la cabeza a un lado y el cuerpo en otro, repitió lo mismo con el resto de cadáveres. Al final de su lenta labor, se erguía una torre de cien metros formada por los cuerpos decapitados del ejército que había osado enfrentarlo.

Dicha torre se podía mirar desde tres kilómetros a lo lejos. "Sublime" permanecía imperturbable, aunque su gozo fue breve, ya que su cara se contorsionó en aburrimiento, le vino una idea a su cabeza. Volteó su cabeza en un ángulo imposible para cualquiera, pero no para él. Con su mano derecha hizo un movimiento, murmuró algo en un idioma desconocido y las cabezas del ejército comenzaron a flotar por arte de magia, su sonrisa hizo presencia y con otro movimiento las cabezas emprendieron vuelo hacia Prounce, formarían una lluvia sangrienta. Llenarían de terror los corazones del pueblo y sería un claro aviso. Los siguientes serian ellos. Emprendió el camino en dirección al reino de Prounce, con un único propósito.

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Natsu despertó, sin exaltación alguna, como si hubiese soñado con un maravilloso día. Ya no más pesadillas, sólo simples sueños que había empezado a disfrutar. Su sonrisa lo demostraba. —Ufufufufufu —con una mano hizo ademan de tratar de detener la alegría que lo embriagaba—. Jajajajajajajaja

Pero su alegría era grande, se puso de pie y dio unos pasos con dirección a la ventana. La luz del día le dio de lleno en la cara, cerró los ojos, para poder acostumbrarse. Un nuevo día había empezado, una semana había transcurrido después de que despertó, y era hora de actuar: —Mejor vuelvo a dormir —pero él prefirió regresar a la camilla.

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En el despacho del maestro de Fairy Tail se encontraban Erza, Siegran, Laxus, las hermanas Strauss, Cana, Gray y Levy.

—Se puede saber para que me has convocado anciano —murmuró con fastidio el pelinegro, fastidio causado por la presencia del peli azul.

—Un viejo amigo mío me ha pasado información que me preocupa —pronunció, escrutando con su mirada a los presentes.

Los mismos se miraron entre sí, varios pensamientos circulaban entre ellos, miradas acusativas, talvez en esta ocasión alguien destruyó más de lo que debería al cumplir una misión.

—Si es por la destrucción del puerto de Hargeon, eso fue culpa de Erza —señaló Mirajane haciendo honor a su apodo 'La Demonio'.

—Q-q-qué, si solo es un puerto pequeño, algo sin importancia además ellos usaban el nombre del gremio para secuestrar mujeres… ahora que lo recuerdo, tú dañaste el tren de Crocus —contraatacó la aludida.

En un parpadeo, ambas mujeres se enfrentaron. A los demás les resbaló una gota por ver la escenita de las magas de clase S. Al maestro sólo se le saltó la vena en la sien derecha. "Realmente han hecho ese lio". Suspiró resignado. —No es eso —dijo tranquilizando a ambas magas.

—Entonces si no es por ellas dos, de seguro es por el exhibicionismo de ese pervertido —dijo Cana mientras señalaba a Gray.

—Oye, me prometiste que no dirías nada sobre que me fuiste a sacar de la cárcel —trato de defenderse el acusado, pero más se echó tierra encima.

Bueno para los demás eso no era algo que los sorprendiera, sabían que tarde o temprano sucedería.

—¡Joder mocosos! ¡Guarden silencio!

Ellos de inmediato se callaron.

—Mi preocupación es acerca del rumor que recorre los bajos mundos, es sobre Natsu y su reciente pérdida de magia. Que se encuentra indefenso y débil… —Lissana iba a protestar, pero una mirada del anciano la hizo callar—. Como es bien sabido, Natsu fue considerado como uno de los potenciales a mago santo, debido al gran poder que maneja… manejaba —se corrigió. —Como Dragón Slayer de Fuego y posible usuario de magia ancestral.

—¿A qué quieres llegar Jiji? —preguntó Laxus, después de todo, eso ya casi todo el gremio lo sabía.

—Por lo mismo, Natsu se hizo de un sinfín de enemigos, sumando a eso, que accidentalmente aniquiló varios gremios oscuros —suspiró con pesadez, recordando todo el papeleo burocrático que realizó—. Ahora existe el peligro de que esos mismos enemigos busquen la oportunidad perfecta para matarlo o algo peor.

—¿Qué puede ser peor que la muerte maestro? —intervino Siegran, quien había permanecido en silencio durante toda la tonta discusión.

—Que algún gremio oscuro le ofrezca poder-

—¡Imposible! ¡Natsu no es así! —exclamó ofendida, Lissana, y no era la única. Todos se conocían desde niños, y sabían que él nunca se dejaría influenciar de esa manera.

—Natsu ha cambiado, y ahora todo puede suceder, Lissana. Conocí a varios magos, que cuando perdieron el poder que siempre habían tenido, la ansia de recuperarlo los lleva a intentar cualquier método…y más preocupante es esa oscuridad que sentimos cuando él estaba inconsciente… pedí a Polyushka que investigara, pero-

—Claro que no es normal Jii-san, la sensación era abrumadora, nunca antes había sentido algo así —interrumpió Erza.

—Lo mismo digo, a pesar de mis ochenta años nunca había presenciado algo tan oscuro y macabro como lo de hace unos días, Polyushka dijo que algo en el interior de Natsu había luchado por salir, pero la magia que lo aprisiona es igual de poderosa y gracias a la intervención de ustedes, la cosa no paso a peor —observando a las cinco mujeres presentes: Cana, Lissana, Mirajane, Levy y Erza—. No quiero ni imaginar tener que enfrentarme algo así, Natsu es un chico lleno de misterios —añadió.

—Criado por un dragón, sin recuerdos de su infancia antes de que conociera a Igneel, y la habilidad de hacerse más fuerte en combate —enumeró Laxus.

—Por eso mismo, para protegerlo de cualquier cosa, y para que tengamos tiempo buscando una solución a su pérdida de magia —fue interrumpido una vez más. "Estos mocosos ya no respetan"

—Propongo algo —soltó Cana. El resto de los presentes se le quedo viendo inquisitivamente.

—Habla por favor. Cana —solicitó el maestro.

—Bien, como ha dicho: se necesita protegerlo y vigilarlo las 24 horas… —quien sabe de dónde, la morocha saco otra botella de licor— …así que creo que lo mejor será que Natsu cambie de casa, la casa del bosque es un lugar perfecto para una emboscada. Por lo que hoy me encuentro muy caritativa, propongo que-

—Que Natsu se quede en mi casa —interrumpió Mirajane, se dio cuenta a donde quería llegar Cana, pero no se quedaría de brazos cruzados. Cana y Mira chocaron miradas.

—Esa es una buena idea, pero creo que lo mejor será que se quede en Fairy Hills, ahí vivimos varias magas, Erza, Bisca, Laki, Evergreen, y yo —pronunció tranquilamente Levy, mientras se acomodaba los lentes y cerraba su librito.

Había puesto en jacke a Mira con ese argumento, pero ella no cedería, aún tenía algo en la manga, aunque tuviera que recurrir a algo bajo. —Tienes razón, Levy, pero ahí también se encuentra Erza.

Un incómodo silencio llegó, ambas mujeres tenían la razón.

*Toc* *toc* *toc* Alguien llamó a la puerta, antes de que se batieran en duelo Erza -por la mera costumbre-, Mirajane, Levy y Cana.

—Pase.

La manzana de la discordia atravesó la puerta. "Perfecto" Gracia divina le fue concedida, porque si no hubiese aparecido Natsu, tendría que gastar bastante dinero en reparar su oficina. Natsu vestía una camiseta blanca con unos pantalones cortos negros y sus típicas sandalias. La única cosa que le faltaba para ser Natsu era la bufanda blanca.

—Hola Viejito —saludó casualmente—. Hola —añadió, con una señal saludo a los demás presentes.

—Me alegro que hayas venido mocoso, precisamente discutíamos sobre algo importante.

—¡Oh! ¿De qué se trata? —sus ojos mostraron interés, comprendiendo que la conversación, en cierto grado, giraba en torno a él.

—Mocoso, es necesaria tu opinión en este asunto, después de todo se trata de tu seguridad, y de tu nuevo hogar.

En unos cuantos minutos, le explicó a detalle como estaban las cosas; Natsu había tomado lugar entre Mirajane y Lissana.

Suspiró, no había mucho que pensar. —Quiero que quede algo en claro: Igneel sólo selló mi magia. Y eso no significa que no pueda defenderme. Mi cuerpo se recuperó por completo, y exceptuando la falta de magia, me encuentro bien —pronunció con tono aburrido—. Pero, no quiero poner en peligro a Happy, así que acepto quedarme en tu casa Liss~.

Lissana espabiló. —No fui yo la que propuso eso, Tsu-kun, fue mi hermana.

—Ahhhh —Natsu sonrió con picardía—. Gracias~ Mira-chan~.

Y como estaban tan cerca, la estrechó entre sus brazos. Extrañamente, ella no protesto, simplemente volteó el rostro, tratando de ocultar el suave sonrojo, cuando el abrazo terminó. Levy y Cana solo suspiraron como señal de derrota. Natsu, el desinteresado, se puso de pie, dispuesto a salir del lugar, olvidando el asunto que lo trajo.

—Antes de que sigas, hay algo que quiero preguntarte, no lo hice antes ya que recién habías despertado, pero han pasado una semana, así que es necesario que respondas —sus palabras ocultaban una orden implícita en ellas.

—Saa —internamente maldijo por no haberse ido antes—. ¿Y si me niego? —con sus palabras restó importancia a la orden del maestro.

La actitud de Natsu los sorprendió, después de todo, al único que escuchaba y obedecía sin rechistar era al tercero. El maestro lo vio fijamente y Natsu devolvió la mirada con igual intensidad. El ambiente fue tenso, el anciano sólo suspiró y habló:

—¿Que sucedió en tu mente?

Había previsto la probabilidad de esa pregunta. Y por lo tanto tenía una respuesta de antemano. —En mi mente me encontré con Igneel. Hablamos sobre varias cosas, y encontré el fin a mi tormento, eso es todo — mintió a medias.

—¿Qué hacia Igneel en tu mente? —preguntó Levy, ávida en busca de conocimiento, e interrumpiendo el ambiente enrarecido.

Natsu le sonrió antes de responderle. —Eso no lo sé, solo discutimos, de cuan decepcionado estaba de mí, considerándome indigno y que la próxima vez que lo visitara le llevara un presente.

Una verdad a medias no hacía daño. Aunque Levy no quedo satisfecha, su mirada profunda buscaba indicios de un engaño.

—Esa respuesta no dice todo lo que necesito saber. Hubo un momento, cuando permanecías durmiendo, en que liberaste una energía maligna, digna de un rey demonio —añadió Makarov en busca de más detalles.

Natsu igualmente había previsto este suceso. Teniendo unas opciones en mente: Si hablaba ¿que decía? La verdad o una mentira blanca, también podía ser una verdad a medias. Pero llegó a una respuesta apropiada.

La oficina se mantuvo en silencio durante unos cinco minutos, por lo que Makarov comprendió cual era la respuesta, el chico se negaba a hablar. Algo que lo enfureció, su energía mágica hizo acto de presencia, haciendo que Natsu diera un paso al frente.

—Eso no es asunto tuyo —cortó tajantemente. El ambiente se puso tenso, la energía de Makarov no quería ceder, y Natsu, al final cedió, dándole una mirada indescifrable —. Agradezco que se preocupen, pero no puedo hablar de algo que ni yo conozco.

—Vamos, Abuelo, déjalo en paz, es mejor darle su espacio —intervino Laxus calmando el ambiente—. Entonces dinos ¿Entrenaras? —preguntó para cambiar de tema, después de todo en Fairy Tail todos son una familia, y él jugaba el papel del hermano mayor. —Hare lo que este a mi alcance para ayudarte —añadió.

—¡Oh! ¡Era por eso que vine! ¡Jajajaja! Gracias Laxus. Pero ya he tomado una decisión —de pie, frente a Erza, se inclinó ligeramente—. Por favor, enséñame a manejar la espada.

La pelirroja se sorprendió por el pedido, y los demás se sorprendieron por ver un atisbo del Natsu de antaño. ¿Una persona podía cambiar tanto en tan poco tiempo? Natsu lo hizo, ahora era lago maduro, pensaba lo que decía y, lo más insólito, su sonrisa era extraña, inexplicablemente extraña, aunque era de Natsu, al mismo tiempo parecía lo contrario.

Erza, salió de su aturdimiento y aceptó, con una sonrisa en su rostro. —Claro que sí. Pero no seré suave, así que prepárate.

Se puso de pie y ella con su magia convocó dos espadas entregándoselas a Natsu, tomó al mencionado y estaba a punto de salir. —Alto ahí Erza, yo también entrenare a Natsu —se adelantó Mirajane, y le tomó del otro brazo.

—Yo también quiero ser de ayuda —habló Siegran, parando la disputa de ambas féminas.

Natsu tenía la respuesta de antemano, así que no lo pensó. —Gracias Siegran, pero si Mirajane me entrena, es seguro que quedare exhausto.

Siegran desvió la mirada, comprendiendo que lo mejor sería no insistir.

No esperó otra propuesta, así que arrastró a ambas mujeres fuera del gremio. Sin importarle la opinión de los demás.

—Vaya, hoy en día estos jóvenes ya no respetan —con esas palabras dio por terminada la reunión.

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El tiempo transcurrió, entrenó cada día con Erza el uso de la espada, y con Mirajane sus habilidades físicas en combate. Laxus se presentó en algunas ocasiones para ayudarlo con el entrenamiento. Gray siempre llegaba a molestarlo como era costumbre.

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En la casa de la familia Strauss más Natsu. Por la noche. Quince días después de que empezara el entrenamiento…

—Tsu-kun, tú comida está deliciosa —le felicitó la albina menor, ya que Natsu decidió que tenía que agradecer la hospitalidad.

—¡Hombre! Es cierto, serias un buen esposo para mi hermana.

Con esa frase, Mirajane y Lissana se sonrojaron, después de todo, Elfman no especifico de cuál de ellas hablaba.

—Estoy seguro que cualquier hombre sería feliz al lado de ellas —respondió, con una sonrisa suave, haciendo que ellas se sonrojaran aún más.

—Por Dios. Tsu-kun, Elf-nii, sí serán —Lissana se encontraba haciendo un puchero, que la hacía lucir más linda.

—Elfman mañana te entrenaré personalmente —Mirajane le prometía un día lleno de puro dolor. Algo que hizo a Elfman callar inmediatamente.

—Vamos, Mira-chan, no seas tan mala, sólo es un juego —Natsu intervino, salvando a Elfman. Extrañamente Mirajane obedeció sin oponerse, con sus mejillas teñidas de un suave rosa.

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Después de haber cenado amenamente, Natsu se fue a la habitación que le habían dado hace un tiempo. Dejó la puerta entre abierta, se sentó mientras esperaba a que ella apareciera.

—Natsu quiero hablar contigo —entre penumbras, la suave voz femenina rompió el silencio de la habitación, a paso sereno acortó la distancia entre ellos. Gracias a la tenue luz del cielo nocturno, pudo ver a Mirajane usando solamente un camisón celeste, de esos que se transparentaban en ciertas partes; ella, se desató el cabello, dejando que cayera, tan largo que algunos mechones cubrieron esas partes que debían permanecer ocultas.

—¿Que necesitas Mira-chan? —Natsu sonrió con arrogancia absoluta, mientras, en un movimiento brusco la tendía sobre la cama, y se subía sobre ella, colocando ambos brazos para que no escapara, cosa que no sucedería.

—No lo soporto más —dijo, con un tenue rubor y una mirada anhelante. Acercó su rostro, hasta que sus labios tocaron los de Natsu—. Eres~ tan~ nn~ malo~ —se quejó ella entre besos.

Le rasgó el camisón, dejando los hermosos pechos al aire libre. Sin duda alguna, se prendió del izquierdo, saboreando el pedazo suave de carne, dulce y apetitosa. —¿Por qué soy malo? —respondió, mientras apretaba el pezón derecho entre su pulgar e índice; lo estiraba, y pellizcaba, arrancándole gemidos amorosos.

—Mm~ Ah~ —Mirajane acarició la melena rosa, mientras cerraba los ojos y disfrutaba de la sensación, dejando que él se amamantara, así como lo haría un niño. Natsu se sentó en la cama, asegurándose de llevarse a la mujer consigo, y continúo con el ataque a la dócil mujer. Ella sentada sobre las caderas de Natsu, manteniendo sólo sus bragas blancas, comenzó a frotar su intimidad contra la dureza del pantalón—. Coqueteas~ mmm~ con Lissana~ mmm~, frente a mi~.

Las manos de Natsu acariciaban la esbelta retaguardia, dejó que uno de sus dedos se escabullera debajo de la braga. Y con sutileza, acarició ese lugar que la volvía loca.—Justo ahí —fue el gemido que recibió, ese gemido tan delicioso para su oído. Sonrió de lado, y hundió el dedo, al mismo tiempo que mordía con vehemencia el pedazo de carne que tenía a la altura de su boca.

—¡AAAHHHH! —Mirajane se retorció, con su retaguardia bajo ataque, y el frente en llamas, liberó su liquido sobre las entrepierna del hombre. No pudo resistir la sensación de placer combinada con dolor, más el lento escrutinio del intruso en su interior; eran jóvenes, y Natsu había sido su primer hombre, y aunque al principio pensó que él era un inexperto, con el correr de los días, eso fue desmentido. Él demostró que sabía complacer a una mujer, siempre tocaba cada zona erógena, suave o fuerte, lento o rápido, y la volvió adicta a ese placer.

Natsu la devolvió a la cama, dejando que ella se recuperara. Mientras tanto, se quitó la playera blanca y la bermuda negra, quedando en ropa interior. Ella extendió los brazos, con ese sonrojo que la hacía lucir endemoniadamente atractiva, aun con la poca luz, ella irradiaba una belleza divina. —Te~ necesito~ —imploró, con la voz entrecortada, una voz llena de deseo.

Nuevamente se subió sobre ella, besándola con exigencia, acariciándola con sutileza. Haciéndola que temblara, que lo deseara y… asegurándose de que no olvidara quien era su dueño. Dejando marcas en lugares visibles, porque él era el hombre, y egoístamente quería dejar en claro a cualquiera que la mirara, que ella tenía dueño… Y ella se dejó hacer, sin oponer resistencia, demostrando que lo amaba, aunque por el momento el sentimiento no fuera mutuo.

—Te~ necesito~ —volvió a implorar, con esa faceta, llena de lujuria y amor. "Jodeme" imploró mentalmente.

Su sonrisa se ensanchó, llena de orgullo y soberbia, amaba ser el único que podía ver de esa manera a La Demonio, tan débil y sumisa. Con la sensación de poder, decidió jugar con ella, quería obtener algo y no se detendría hasta lograrlo. Con una sonrisa malvada colocó su pene sobre la braguita húmeda de la albina, Mirajane se mordió el labio para no gritar, porque en la cama siempre era una chillona, esperando que él la penetrara, pero eso no sucedió. —Aaaahhh~ —gimió al sentir como Natsu rozaba su entrada, lo anhelaba, pero él se negaba a cumplirle. Simplemente rozaba su humedad. Lo vio a la cara, y descubrió su malvada sonrisa.

—Dámelo~ mmm~ —rogó.

—¿Qué quieres que te dé? —susurró con voz ronca, llena de deseo. Deseo por ella, se acercó y mordió suavemente uno de los pezones, que ella le ofrecía—. Dime… ¿Qué es lo que quieres?

—Soy tuya, no me hagas sufrir —como mujer tenía su orgullo, pero algo en su interior, le pedía someterse a él, y solo a él. —T-t-tu verga, métemela y jódeme bien duro hasta qu aahhh~ —gritó fuerte cuando él finalmente la poseyó.

—Bien dicho, mi princesa demonio.

Natsu fue lento, embriagándose con la sensación que lo apretaba, percibiendo como cada pliegue lo apretaba con fiereza, extiendo todo a su paso. Asegurándose de que ella tomara su forma. Aumentó el ritmo.

—Aaaaaaahhhhhh~ —volvió a gritar. "Llegas tan profundo".

—Ssshhhh, Liss podría escucharte —le susurró al oído, pero no hacia el intento de hacer algo para que ella no siguiera gritando. Nuevamente aumentó sus embestidas, y de esa manera aumentaron también los gritos de Mirajane. —Másssss~ —imploró. Y Natsu no se hizo de rogar. Le dio la vuelta -dejándola a cuatro patas- y siguió embistiéndola sin piedad. Tomó uno de sus pechos y con los dedos índice y corazón, comenzó a estirar el rosado pezón. Ella fue atraída hacia él y comenzaron a besarse.

—Ese *kiss*es el *kiss*puntoooo *kiss* aca*kiss*boooo

La sensación que la embriagaba, la estaba llevando al mundo de la inconsciencia. Pero Natsu, la jalo contra sí -aún más- y llegó aún más adentro. "Mi uterooooo" depositando su semilla en su interior.

—…

Mirajane no pronunció nada, ni siquiera se quejó cuando Natsu marcaba su hombro, dejando una señal violácea sobre la piel de porcelana.

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Al mismo tiempo que el encuentro sexual entre Mirajane y Natsu ocurría…

Ligeros gemidos se escuchaban en la habitación contigua. Su mano derecha, pellizcaba con pasión su seno izquierdo, mientras que con la otra jugaba con su intimidad. Un trapo funcionaba como mordaza, para así no soltar sus alaridos.

Primero un dedo, bombeando con velocidad en su interior, luego dos no fueron suficientes, lo necesitaba de gran manera.

—Tsu-kun~ —murmuró entre dientes. Imaginando que él era, quien con sus hábiles manos recorría su joven cuerpo. Haciéndola temblar con su simple toque, que con la dulzura de un caballero la besaba por primera vez. Estaba ansiosa, lo anhelaba. Que Natsu la tomara por primera vez, entregarse sólo a él y a nadie más. Que fuera ella, en vez de su hermana—. Tsu-kun.

Sus dedos eran insuficientes para aliviar el picor que tenía por dentro. Bajó su otra mano y con cuidado, tocó su floreciente botoncito rosa. Un choque eléctrico recorrió su cuerpo, mordió con fuerza el trapo en su boca, para acallar el grito. Se había corrido. Su cuerpo dio ligeros espasmos, hasta tranquilizarse. Suaves lágrimas corrieron por sus mejillas. Le dolía, haber perdido a Natsu, pero más le dolía que la mujer que se lo arrebató fuera su adorada hermana. Con tristeza, se sumergió en el mundo de los sueños.

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De vuelta con Natsu y Mirajane…

La apoyó contra la pared, ella alzó el trasero. Natsu besó la nuca, luego la espalda hasta que llegó a su objetivo.

Ella suspiró cuando sintió como Natsu comenzaba a comerle su conejito. "Tan rico~… más~". Estuvieron unos minutos, haciéndolo, sumergidos en un mundo solo para los dos. De improvisto la embistió de manera fuerte, elevándola unos centímetros del suelo y dejándola de puntillas. "OHHHHHHHH". El semen se desbordaba desde su interior. Cuanto tiempo llevaban fornicando, porque eso era lo que hacían, aunque lo amara. Lo sabía muy bien, él aun no la amaba. Por el momento sólo tenía ojos para Erza. Una descarga eléctrica golpeó su cuerpo y mente, sumergiéndola en sus recuerdos.

FLASHBACK

Algunos días antes…

Apenas habían terminado otro día de entrenamiento de Natsu, al lado de Erza y a su lado. Y lo pudo ver nuevamente, aunque él lo tratara de ocultar, aunque hubiese mentido frente a todos, aunque lo negara. Aun la seguía amando. "Sí que es afortunada", con cautela se abalanzó sobre él. Y quedo sobre la espalda del hombre.

—¿Que pasa Mira? —preguntó Erza, extrañada por el raro comportamiento de su rival.

—No es algo que te interese, porque no vas con tu noviecito, el entrenamiento ha terminado —atacó mordazmente. La encaró, con los puños cerrados lista para pelear. Pero Erza simplemente se retiró cabizbaja, sin decir palabra alguna.

—No debiste hacer eso Mirajane —le recriminó Natsu.

Pero ella le sonrió, tenía una estrategia que seguir. Y lo primero era confirmar los verdaderos sentimientos de Natsu. —Aun la amas —no fue una pregunta, sólo una afirmación.

Parpadeó sorprendido, para luego suspirar con pesar, ella lo conocía bastante bien. —Pensé que era un buen mentiroso —dijo, dispuesto a regresar a la nueva casa, avanzó hasta estar frente a frente—. Ya no duele como antes, con el tiempo ese amor morirá.

—Entonces te ayudare a acelerar el proceso —y lo besó. Natsu trató de apartarse pero ella le negó ese derecho. El beso duro unos minutos pero Natsu no lo correspondió, solo se quedó de pie, estoico.

—Has terminado ya, Mirajane —le dio la espalda, listo para irse—. Lo mejor será que busque otro lugar para vivir —agregó.

—Espera —tomó fuertemente la mano, negándose a soltarlo.

—Te aprecio demasiado Mirajane, y por eso no quiero hacerte daño.

—Te amo tanto, que no me importan los riesgos que corra para estar contigo.

—Inclusive si debes pasar por sobre tu hermana…

—¿Lo sabes?

—Ya no soy tan tonto, como para no darme cuenta —suspiró con pesar y la encaró—. Después de todo es mi culpa por no haber sido claro con ustedes desde un principio.

—Es lo mismo que te sucede, aunque nos hubieras pedido que no te amaramos, en el corazón no se puede mandar —ella se encontraba llorando, lágrimas sinceras escurrían por su bello rostro. Natsu la abrazó.

—Me amas tanto, como para hacer lo que yo te diga, sin importar que tan malo sea —sus palabras eran oscuras y tenebrosas. Esa pregunta la tomó por sorpresa, pero su resolución era grande.

—Te amo tanto, como para detenerte cuando desvíes tu camino. Te amo, y porque lo hago, te detendría inclusive si debo hacerte daño —dijo con valor. Natsu le sonrió.

—Jajajajajajajaja… como era de esperarse de ti, Mira-chan… aunque no era lo que esperaba escuchar, pero si era lo que quería escuchar —le revolvió el cabello. Aunque su rostro estuviera empañado en lágrimas, aún era hermosa, con su cabello en una cola de cabello y su camisa negra con calcomanía de la banda 'GirlsDeMo'.

—¿Y Liss? —comentó, aun podía hacer que ella cambiara de opinión.

—Esta es una batalla entre mujeres, y no aceptare perderte por segunda vez… aunque tenga que lastimar a mi hermana en el proceso —su resolución no flaquearía.

—Soy demasiado afortunado por poder tenerte… pero, quiero mantener esto en secreto ¿Aceptas?

—¿Es por ella?

—No, es por ti… no quiero que piensen mal sobre ti, o que te estoy usando…ya tienes suficiente conmigo —dijo, haciendo referencia al daño que él podría causarle.

—Nunca me ha importado lo que los demás digan sobre mi… más bien seré la envidia de muchas mujeres —le menciono, mientras comenzaba a acariciar el fornido tórax del chico, y procedía a besarlo por segunda vez. Besó que el correspondió—. Te hare olvidarla, y grabare mi nombre en tu corazón —le prometió.

El beso concluyó y Natsu hizo una pequeña reverencia, como las que se hacen al invitar a una dama a bailar un vals. —Bienvenida a mi mundo.

Mientras el permanecía con la mirada gacha, una sonrisa perversa se formó en su rostro. Mirajane fue ajena, a esa sonrisa y a los pensamientos del joven.

Ninguno de ellos se dio cuenta, pero Erza observó desde lejos siendo incapaz de escuchar lo que ellos hablaron, pero si capaz de ver como ella lo besaba. Besos que aumentaron de intensidad.

END OF FLASHBACK

Cuando despertó de sus memorias se encontraba frente a una Lissana durmiente. En su rostro de joven mujer se observaban algunas lágrimas rebeldes recorrer sus mejillas. "Perdón Lissana" pensó. Antes de percatarse que se encontraba en cuatro patas y Natsu detrás de ella.

—Altoo~ —trató de protestar, pero una fuerte nalgada la hizo gemir. Lissana no reaccionó. —Por favor —rogó, a lo que Natsu respondió dándole sus propias bragas. La orden fue clara. De inmediato metió el trapo, húmedo por sus jugos y la esencia de Natsu, en su boca y lo hizo a tiempo, ya que otra nalgada más había sido proporcionada a su mejilla derecha -antes había sido la izquierda-. Sus jugos desbordaban en gran cantidad su pequeño tesoro, señal de que lo disfrutaba. "No puedo evitarlo", pensó complacida.

Lissana se removió inquieta en la cama.

Natsu se acercó a Mirajane y susurró unas palabras: —La próxima será tu hermana.

Y sin darle tiempo a protestas, la empaló de un sólo golpe, llegando hasta lo más profundo. "Ohhh~ mi Dios". El clímax para la albina fue inminente, apretó tan fuertemente, que Natsu pensó que lo aplastaría. Como si quisiera exprimir hasta la última gota. —Se ve que te gusta, Mira —susurró. Ella ya no soportó su propio peso, algo que Natsu notó. Y con gran maestría enganchó sus dos brazos bajo las rodillas de la albina, elevándola. Quedando su conejito -siendo masacrado- justo enfrente del rostro de su hermanita, rociando algunas gotas sobre ella. El morbo de la situación tenía su mente dormida, tanto que no notó cuando Lissana lentamente despertaba.

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Despertó, se tocó el rostro y sintió algo húmedo -que no eran sus lágrimas-, "¡Mira-nee!" quiso gritar, pero al percatarse de la situación su rostro se sonrojó furiosamente. "¡Tan salvaje!". La curiosidad pudo más que su raciocinio y se quedó quieta observando como Natsu bajaba a su hermana una y otra vez. Su temperatura subió más y más. Sin darse cuenta su mano derecha viajó hasta su intimidad, y comenzó a masturbarse lentamente, aumentando el ritmo a medida que sucedía el acto. Acercó su rostro hasta la conexión entre su hermana y Natsu, olisqueo el aroma, con parsimonia acerco su otra mano. "No puedo evitarlo", pensó completamente hipnotizada.

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Mirajane abrió los ojos, al sentir como una mano llena de dudas, la empezaba a tocar. Bajó su mirada, sólo para encontrar a su pequeña hermana frente a su intimidad. Quiso protestar, pero los labios de Natsu la acallaron. La electricidad recorrió su cuerpo, cuando un cálido aliento le pegó de lleno en su zona intima. —¡AAAAAHHHHHH! —gritó al momento en que Lissana besaba su clítoris y Natsu inundaba su intimidad una vez más.

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El aroma que desprendía su hermana, fue como un afrodisiaco, aletargando su mente y dejando que sus deseos más bajos se manifestaran. Sin siquiera ser consciente de lo que hacía, acercó su boca hasta el floreciente botón, pasó su lengua, dejando que sus pupilas se maravillaran con el nuevo sabor y lentamente lo mordisqueó. Despertó del trance cuando su rostro fue bañado, en gran cantidad, por un líquido tibio, y también gracias al alarido placentero de Mirajane. Con un sonoro plop la masculinidad del chico salió -aun erecta- del interior, regando una gran cantidad de semilla en su rostro. Desprevenida y con la boca abierta, una cantidad se coló en su interior, instintivamente, su deseo de mujer, degustó por unos segundos y luego lo tragó, en cada momento gimió de gusto. —Mm~

Su mundo cambio, el paladar de niña maduró y exigía probar nuevamente aquel líquido que le había dado vida, acercó su boca hasta el glande, enrollando lentamente su lengua, pasándola por debajo de la uretra, incitándolo a que rociara su paladar.

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Mirajane se encontraba fuera de combate, con la cabeza descansando sobre su hombro derecho y con su pecho subiendo y bajando con parsimonia. Sintió como unos suaves labios se posaban en su anatomía y una lengua inexperta comenzaba a lamer el resto de semen que salía. "Perfecto". Sonrió, sonrisa digna de cualquier demonio que está a punto de devorar a un cordero.

Lissana pasó su lengua lentamente, bajó por todo el falo y subió, con los ojos cerrados y sus mejillas sonrojadas, se metió la cabeza del pene a la boca. Como si fuese un bon bon. Pero de repente fue privada de su dulce. "Nooo" Abrió los ojos con sorpresa. Vio como Mirajane era acomodada sobre su cama. Natsu la tapó cuidadosamente y sus miradas se encontraron, la suave sonrisa que Natsu mantenía se ensanchó a más no poder. Y ella recuperó la cordura. La vergüenza invadió su rostro manifestándose como un carmín brillante. Retrocedió hasta quedar al pie de la cama, estaba por caerse, pero Natsu la tomó de la mano.

—Lo disfrutaste Liss —afirmó, empleando un tono ronco, con el propósito de seducirla, algo que estaba funcionando bien, aunque ella tratara de negarlo:

—¡No es lo que crees! —Replicó, con una voz aguda, llena de nerviosismo—. Enserio no-no —pero sus ojos se fijaron en la anatomía erecta del chico.

Natsu descubrió el lugar que ella miraba tan intensamente y sin mediar palabra, acercó su cadera hasta estar a la altura del rostro de la albina. —Hay más leche para ti, claro, sólo si quieres —hizo una pausa mientras con su mano movía su miembro de izquierda a derecha—. ¿Quieres más Lissana?

Quedó hipnotizada por las palabras y por segunda ocasión hizo a un lado su raciocinio. Abrió su boca y procedió a realizar su labor. —Ohhhh … Diosss… que buena eres Lissss —escuchar a Natsu gemir, y diciendo su nombre -y no el de su hermana- la excito más, con su mano prosiguió a jugar con su intimidad, mientras su boca se mantenía ocupada.

Suaves ronquidos inundaban la habitación, acompañados por tiernos sonidos de succión y pequeños chapoteos. Natsu con brusquedad tomó la cabeza de Lissana y comenzó a mover las caderas con fuerza. "Tan deliciosoooo", pensó mientrastrataba de resistirse pero no pudo competir con la fuerza masculina. —¡OHHHHHH! —gritó, inundando la garganta de la chica. Ella tragó todo lo que pudo, para no ahogarse, el miembro comenzó el lento retiro, dejando que el líquido saliera a borbotones. Finalmente salió, dejando que ella gimoteara gustosamente.

Lissana se limpió el resto de líquido lechoso que quedó en su rostro y lamio lo último que brotaba de Natsu, se estaba transformando en una adicta, aunque realmente él la estaba moldeando a su entero gusto. Ella jugó en su boca y finalmente lo tragó. "Que rico sabor".

Esos ojos celestes nublados de lujuria, sus bellas facciones cubiertas de un líquido lechoso junto a un carmín suave y tierno, todo eso sólo provocó que su erección permaneciera imbatible. Trago en seco, y después se relamió los labios. Mirajane había despertado su libido, la primera vez lo hicieron hasta el amanecer, y lo mismo sucediendo en las siguientes ocasiones, su libido era tal, que una mujer no era suficiente, ahora tenía al alcance a la tierna y dulce Lissana, y no dudaría en tomarla, la haría gritar, que gritara pidiendo más… y llegó la hora.

—Lisss~ —le susurró al oído. Extendió su mano y ella dócilmente se dejó guiar. Besó el cuello desprotegido de la joven, mientras ella con sus brazos rodeaba su cabellera rosa. Con un simple click el sostén fue retirado, dejando desprotegido el tesoro que resguardaba. Succionó la tierna piel, y estuvo seguro que en unas cuantas horas aparecerían las marcas que tanto le gustaba dejar en Mirajane, sólo que ahora lo haría con Lissana.

—Natsu~ —suspiró. Ya no le importaba las consecuencias de esto, ni siquiera tenía importancia si era la segunda o la última. Con premura, buscó los tan ansiados labios del pelirrosa, lo besó, mezcló la esencia de el con su saliva, haciendo una mezcla rara, pero con un sabor singular, su lengua inexperta rápidamente fue diezmada.

Natsu colocó ambas manos en la cintura de la mujer, y con un movimiento la elevó, ella enrolló sus piernas alrededor de él, buscando como sostenerse. En esa posición la llevó contra la pared.

—Ah~

El cambio repentino la hizo gemir. "Ohhh que bueno". Natsu empezó a rozar fervientemente su erección contra el pedazo de tela, sin dejar de besarla, apenas si separaban para dar una bocanada de aire, y volvían al deseo. Ella, tantos años esperando por este momento, amándolo en secreto, exigía que ese tiempo perdido fuera retribuido. Finalmente se separaron, y un hilo de saliva los mantuvo conectados. —Natsu~ waa~ besas tan~ —susurró, embriagada de muchas sensaciones.

—Lissanaaa —respondió, con la misma voz ronca y cargada de deseo. Ella desenrolló sus piernas y el bajó lentamente, llenando de besos todo el virginal cuerpo. Ella se mordió el dedo, para evitar gemir más de la cuenta—. Aahhhh —algo que Natsu no permitiría, él era un experto y ella una primeriza, y como tal, conocía cada punto que debía tocar para hacer que cualquier mujer se derritiera.

Natsu finalmente llegó a ese tesoro que había sido reservado, durante muchos años, para que el indicado lo abriera y obtuviera la gloria de ser el primero, porque el primero se llevaría lo mejor. Sólo hacía falta quitar la última barrera. —Liss —pronunció, aunque su voz era suave, tenía un tono de autoridad, y ella sin más remedio quitó sus manos.

—Se gentil. Ah~ Tsu~

Dejó que su cálido aliento golpeara la tela húmeda, y con su lengua contorneó toda la feminidad, cubierto por la transparencia, florecía orgullosamente un botón cereza, con los incisivos mascó ligeramente el diminuto pedazo de carne, causando que ella vociferara su nombre. Tuvo que usar sus manos, para que ella no cayera… después del tiempo suficiente, rasgó la tela, dejando que el valiente conejito, el cual no era nada más que la tanga, caerá muerto. Señal de en unos minutos dejaría de ser una niña para pasar a ser una mujer. "Mi mujer" pensó, y eso lo llenaba de orgullo.

La vista era agradable, el pequeño manjar goteando mieles sólo para ser bebidos por tan ávida boca, coronado de unos vellos blancos como la nieve. "Vaya. Son iguales aquí abajo, hermanas tenían que ser". Con maestría comenzó a beber del néctar, ella apretó sus piernas, y con sus manos lo empujó más. Los dulces gemidos de Lissana no se hicieron esperar, y su quinto orgasmo llegó. Nuevamente ella resbaló poco a poco por la pared, Natsu la sostuvo con su propio cuerpo, y nuevamente la volvió a besar. —Se mía Lissana —le susurró, terminado el beso, y sin contemplaciones la empaló de un golpe.

—Y solo tuya —le juró con suaves lágrimas corriendo por su rostro, mientras se aferraba a él, y dejaba que él marcara el ritmo. Hicieron el amor, durante un buen tiempo, hasta que ella no pudo más.

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Lo primero que vio al despertar fue a su hermana contra la pared, subiendo y bajando al ritmo que Natsu imponía. La más joven, gritaba llena de gozo, creando senderos rojos en la espalda masculina. Un último grito, más fuerte que los anteriores, y Lissana cayó rendida. Proclamando cuanto lo amaba, y susurrando cosas inaudibles. Segundos después Natsu retiraba su miembro de la intimidad de su hermanita, los recuerdos le llegaron de golpe y comprendió lo que había sucedido. "La hizo su mujer… no, ahora, somos sus mujeres".

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Cargó a Lissana hasta colocarla en la cama y encaró a la albina mayor. —Hola dormilona —saludó juguetonamente. Para después besar suavemente a la mujer.

Agarró la mano del muchacho y llevó dicha mano hasta su seno izquierdo, donde estaba su corazón. —Siente como late de alegría… gracias por querernos —le sonrió con dulzura, sonrisas que solo él había podido ver.

—Te equivocas Mira, soy yo el que está agradecido.

Le dio otro beso, y se unió a ella. Lo hicieron hasta la saciedad. Mirajane en cuatro, mientras le devolvía el favor a su hermana; Lissana cabalgándolo y Natsu comiéndose a la mayor; Natsu rompiéndole el culo a la pequeña mientras Mira consentía a la llorona.

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Gritos era lo único que se escuchaba, gritos desgarradores y sollozos. El reino de Prounce se encontraba ardiendo, rodeado por llamas negras que no permitían escapar a nadie, hace dos horas que la masacre había empezado, al principio valientes hombres le hicieron frente. Pero, en cuestión de segundos, esos valientes se habían encontrado cara a cara con la muerte en forma de persona: El Rey de Espadas.

Paso a paso se hacía camino hasta el castillo real, en busca de aquel que había osado oponerse. Los soldados que aun custodiaban la ciudad, hacían lo posible para salvar a los ciudadanos -a los que se podía-. Refugiándolos en túneles subterráneos que abarcaban toda la ciudad. La familia real, posicionada en la entrada a las catacumbas gritaban órdenes con tal de resguardar la mayor cantidad de vidas posibles. De 1 millón de habitantes que eran originalmente, ahora sólo había un poco más de la mitad refugiados, mientras el resto hacía tiempo para que sus familias o seres amados lograran escapar. Niños llorando, voluntarios cargando moribundos en camillas improvisadas, los heridos entraban en filas continuas. Algunos -los que más suerte tenían- solo les hacía falta una extremidad y otros que llegaban casi, cuando sus vidas se extinguían.

—Vaya, escapan como cucarachas bajo las rocas —murmuró indignado, a la vez que desenterraba su espada de un incauto. Debía admitirlo, los ciudadanos de Prounce eran valientes -algunos- a pesar de la masacre que llevaba causando desde hace dos horas, aún seguían llegando para pelear. Cuando mataba a uno, dos más lo reemplazaban. A unos pocos metros se encontraba la entrada principal a las catacumbas. Solo podía observar como ríos de personas fluían en el lugar. Sintió impotencia.

Dio un salto y se colocó sobre lo alto de un edificio. —Tal parece que tendré que utilizarlo —y emprendió la retirada.

El grito de alegría no se hizo esperar por parte de aquellos que habían sobrevivido, al observar que el despiadado enemigo se retiraba con el rabo entre las piernas. Ilusos.

Llegó a lo alto de una montaña, podía observar a la perfección la destrucción que había causado en Prounce. —¡Youtou: Tenma Koufuku!

En su mano derecha apareció la empuñadura de una espada, color violeta. Solo la empuñadura, ya que no tenía hoja. Con un movimiento ascendente, de la empuñadura surgió una niebla negra que rodeó a la ciudad. No hubo gritos, ni uno sólo. Como si solamente fuera una simple neblina. Pasados los minutos, la niebla desapareció. Y en su lugar sólo quedó un agujero negro, tan profundo que no se podía vislumbrar el fondo. Guardó silencio durante unos minutos, tratando de escuchar por si había quedado algún sobreviviente. Confirmando que ya no había nada, se echó a reír.

—JAJAJAJAJAJA

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Un movimiento a su lado lo alertó y a la vez lo despertó de su propio mundo. A su lado derecho, Mirajane Strauss y al izquierdo Lissana Strauss. Ambas mujeres desnudas, cubiertas nada más por una manta. Se puso de pie, sin importarle si despertaba a las bellas mujeres y mucho menos le importó su propia desnudez. El sol ya se había erguido, fuerte y radiante. La luz le dio de lleno en la cara, cerró los ojos, esperando para que se acostumbraran.

—Buenos días Natsu —lo saludaron, al tiempo en que unos suaves pechos se presionaban contra su espalda—. Wow, tan enérgico como siempre —dijo la mujer mientras acariciaba la erección del joven.

—Hola Mira-chan

Se dio la vuelta para encararla y comenzó con un beso apasionado. —Tan *kiss* ansiosa *kiss* estás.

Con su mano derecha le apretó el pecho izquierdo, pellizco el botón que empezaba a florecer de excitación. "Solo por ti" pensó la mujer.

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Un sonido de succión le molestaba el sueño, por lo que no tuvo más opción que despertar. Abrió los ojos con lentitud, pasó sus manos sobando sus ojos, para que despertara completamente, lo primero que vio fue a Natsu -desnudo- sentado en la orilla de la cama con las manos apoyándose sobre el colchón. —Ohhh Miraaa —gimió él, y fue en ese momento en que observó una cabellera albina subir y bajar a una velocidad constante.

—Ohhh un poco más Miraaaaa —rugió liberando su carga en la boca de la mencionada. Tomó de la mano a Lissana, guiándola hasta su miembro, y con la mano de Lissana comenzó a masturbarse lentamente, soltando los últimos restos de semen sobre el rostro de la mayor.

—Buenos días Tsu-kun —mordió el lóbulo derecho haciéndolo gemir.

—Lissss buen día.

—Hola Mira-nee —saludó. Mirajane se comía los últimos restos, y se puso de pie. Mostrando su cuerpo casi por completo desarrollado. "Hermosa" pensó la menor.

—Hola hermana —devolvió el saludo y procedió a besar a Natsu en la boca, haciéndolo degustar de su propia esencia. El beso concluyó, y las miradas de ambas hermanas se encontraron. Sostuvieron la mirada, como si discutieran sólo con los ojos. Una batalla que duro un par de minutos y Mirajane suspiró resignada.

—Debo hacer el desayuno —mencionó. Antes de salir de la habitación, tomó la sabana para cubrir su cuerpo. Y dejó a Lissana y Natsu a solas.

—Liss- —pronunció siendo acallado.

Ella con su dedo índice selló sus labios. —No digas más Tsu-kun, no me importa si soy la última en tu vida, solo quiero estar contigo —y le brindó una sonrisa radiante. Se bajó de la cama y se puso en cuclillas, lentamente paseó su lengua desde la base ascendiendo delicadamente hasta la punta. Con su lengua penetró la uretra del chico. Enviando nuevas sensaciones. Con cariño metió la punta del pene en su boca, rozando sus dientes la carne blanda, su lengua se enrolló alrededor, y procedió a meter toda la anatomía en su boca. Bajó poco a poco, con esfuerzo se tragó todo el falo, lo mantuvo en su garganta, vio a los ojos a Natsu y comprendió, sabía lo que se venía en camino. Respiró hondo y dejó que Natsu marcara el ritmo. Con su mano libre, se comenzó a dar placer a sí misma, mientras disfrutaba la sensación de ser violada por la boca. Ambos llegaron al clímax, y ella pudo degustar de la semilla una vez más.

—Mira se tardara en hacer el desayuno Lisss —le susurró al oído. Le ofreció su mano, algo que ella aceptó gustosamente, la posicionó sobre su palo y la penetró con violencia. —¡AAHHHHHHH! —se pudo oír por toda la habitación. Con movimientos rítmicos atacaba sin piedad el conejito de la albina menor. Estuvieron haciéndolo durante varios minutos, hasta que Mirajane llamó a todos a desayunar. —¡Sólo un poco más Mira-nee! —exclamó extasiada.

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Es extraño que Elfman no haya despertado aun —dijo la mayor. Los tres se encontraban disfrutando de sus alimentos, preparados por Mirajane.

—Talvez quedo traumado con los gritos que pegaban anoche sus dos hermanas —mencionó casualmente, algo que hizo que ambas mujeres se sonrojaran fuertemente. "Aunque creo que el somnífero que le puse, fue demasiado fuerte". En la cena que él mismo había preparado la noche anterior, se había asegurado de darle algo a Elfman, para que así no interrumpiera la fiesta que tenía planeada.

—Buen día Mira-neechan, Lissana, Natsu —saludó aun bostezando.

Sus hermanas se sonrojaron en extremo, —¿Qué les suce- —fue callado cuando un tenedor se impactó en su frente. —¡Cállate! —masculló.

—Mira-nee —le recriminó Lissana.

Elfman se arrastró hasta la mesa, se sentó en silencio y se quitó el tenedor, dejando escapar un chorrito de sangre. —Ten Elfman —Natsu le sirvió un plato de comida. —Sera mejor que te pongas algo en la frente —añadió.

—Es de hombres sangrar y no morir —. Y empezó a ingerir sus alimentos.

"Si, este sería un buen día" pensó sonriente, mientras de manera sutil manoseaba a las Strauss.

FIN DEL CAPITULO

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Vaya escribiré algunos detalles con respecto a las personalidades de algunos.

Levy McGarden: No pertenece a Shadow Gear. Encargada de la biblioteca del gremio. Maga asombrosa, posee un extenso conocimiento, el cual le permite emplear grandes magias, pero debido a su poca capacidad mágica el realizar grandes conjuros la fatiga de gran manera. Puede analizar la estructura mágica de los conjuros que ve a través de sus lentes, y por lo tanto es capaz de saber el daño que puede causar ciertos ataques, sumándole la habilidad de desarmar runas mágicas. Siempre con la mente fría y calmada, con un libro en su mano y sus fieles anteojos acompañándola. Solo ha llegado a demostrar cierta preocupación hacia Natsu. Y su magia preferida es Solid Script. La perfecta Kuudere.

Laxus Dreyar: Líder de la tribu Raijinshu, realiza misiones de clase S. Se preocupa por los miembros del gremio, cuando escucho que Natsu había sido herido, dejo la misión que realizaba y regreso al gremio, previniendo de esa manera cualquier ataque a alguno de sus hermanos. Al ser uno de los mayores ve a los demás magos como hermanos menores. Es el candidato ideal para convertirse en el sucesor de Makarov, al poner primero al gremio -como familia- antes que todo lo demás.

Elfman Strauss: En la misión cuando perdió el control de su magia y estuvo cerca de matar a Lissana, se prometió que se haría alguien fuerte. Haciendo a un lado su cobardía que lo había caracterizado, entrono su mente, alma y cuerpo. Adopto una personalidad digna de los hermanos Strauss, solo se comporta dócil cuando se trata de sus hermanas.

Mirajane Strauss: La hermana mayor de la familia Strauss, adopto una personalidad fuerte para poder proteger a sus hermanos. Solo con sus hermanos -ahora también Natsu- demuestra realmente quien es. Siempre usa ropas estilo gótica, porque simplemente le gusta. Se puede ver el ligero cambio -para los miembros del gremio- ya que ahora no es tan mal hablada.

Con referente a las Youtou, no son simples espadas, contienen un gran poder mágico y además de que poseen habilidades especiales, en sí, las Youtou nunca han aparecido en la historia, debido a que el Rey no deja a nadie con vida. Y la persona que les dio el título de youtou a las espadas fue él mismo, después de todo, cada espada que usa trae calamidad.

Youtou: Hoshikudaki - Espada de la Calamidad: Rompe Estrellas.

Youtou: Shinpuu Shourai - Espada de la Calamidad: Ascensión del Viento Divino.

Garden of End - Jardín del Fin.

Youtou: Tenchu - Espada de la Calamidad: Retribución Divina.

Youtou: Tenma Koufuku - Espada de la Calamidad: Bendición de las Tinieblas.

IMPORTANTE

A favor de la Campaña 'Con voz y voto'. Un favorito no expresa en ningún modo lo mucho que te puede gustar una historia.

Creo que para el autor siempre es satisfactorio leer las apreciaciones de la gente que lee uno de sus escritos. No los estoy exigiendo, para nada, pero no cuesta más de un minuto (creo), dejar un comentario sobre que te pareció. Esto no sólo nos motiva, sino que nos ayuda a mejorar cuando nos hacen ver en que fallamos para no volver a cometer el mismo error; siempre con el respeto y la buena onda que esto implica.