Capítulo 8
—Si te preocupa lo que yo piense, entonces no tienes por qué. Eres más que bienvenido a quedarte —dijo Draco después de un momento de silencio.
Harry le miró.
—No quiero molestar.
Draco puso los ojos en blanco.
—No molestarás. Tengo un montón de habitaciones que podéis elegir.
—Bueno, de acuerdo. Dejaré de trabajar en el caso, informaré a Kingsley mañana. No estará muy contento —murmuró Harry.
— ¿Tienes el vial del veneno contigo, Potter? —preguntó Snape.
—Sí —Sin negarse, Harry le dio el pequeño frasco.
Snape lo estudió.
—No es mucho, pero me las arreglaré. Empezaré a investigarlo mañana.
—Gracias —dijo Harry sin mirarle a los ojos.
Snape le miró.
—De nada.
—Bueno, ya que os quedaréis aquí ahora, supongo que deberíamos traer tus cosas y las de Teddy —Draco se dio una palmada en las manos y se levantó.
Harry pareció sorprendido.
—¿Qué? ¿Ahora?
—Sí, ¿por qué no? Vais a vivir aquí, así que ya podemos recoger vuestras cosas. Te ahorrarás tener que ir de tu casa a la mía. Sería ridículo si te vas a casa esta noche y luego mañana te mudas. Puedes instalarte esta noche.
—Pero ¿y Teddy? Él no sabe nada —protestó Harry.
—Estoy seguro de que no se opondrá; especialmente cuando escuche que te saldrás de ese caso —Draco hizo un guiño.
—Podría dejar el caso, pero eso no significa que deje de ser Auror —le advirtió Harry.
— ¿No crees que es más prudente si dejas tu trabajo de Auror hasta que el culpable sea atrapado? Detener el caso no significa que te deje en paz si trabajas en otros —interrumpió Snape con calma.
—Estuve de acuerdo con lo de dejar el caso y mudarme a esta casa, pero me niego a dejar mi trabajo por completo. No hay nada que podáis cambiar al respecto —dijo Harry, obstinado.
—Está bien, hazlo a tu manera, mocoso necio —Snape frunció el ceño.
—Así que Harry y yo recogeremos las cosas necesarias y Sev puede vigilar a los niños —dijo Draco.
Snape le miró fulminante, pero permaneció sentado.
—Dame un minuto para explicárselo a Teddy —dijo Harry, cansado.
Draco asintió y cogió a Scorpius, quien parpadeó adormilado.
—Teddy, hay algo que necesito decirte —murmuró Harry y acarició con su mano a través del negro cabello de su ahijado.
Teddy bostezó y frotó sus ojos, incorporándose.
— ¿Qué pasa, Prongslet?
—Algo sucedió en el trabajo y Draco y yo hemos decidido que lo mejor es mudarnos aquí con Draco temporalmente hasta que los problemas se solucionen —explicó Harry.
Teddy se vio confundido.
—¿Qué sucedió?
—No necesitas saber qué. ¿Te parece bien que vivamos aquí durante un tiempo?
Teddy asintió lentamente.
—Supongo que sí.
—Bueno, ahora iremos a recoger algunas cosas y regresaremos. Tú te quedarás aquí con Scorpius y el Profesor Snape —dijo con una sonrisa.
—Me parece recordar que ya no soy un profesor, así que puedes excluirlo, Potter —dijo Snape secamente.
—¿Cómo te tiene que llamar entonces? —preguntó Harry con educación, sin querer arruinar esa extraña tregua.
—Yo llamo a Sev tío. Teddy también puede hacerlo —dijo Scorpius felizmente y saltó hacia Snape. Por su gran sonrisa, Draco le había dicho que Harry y Teddy se mudarían con ellos.
Harry miró a Snape.
—Supongo que puedo tolerarlo —resopló.
Harry sonrió secretamente.
—Ten —Draco le dio su túnica—. ¿Listo?
Harry asintió y con un último gesto de despedida hacia Teddy y Scorpius, salió de la Mansión junto con Draco. Tan pronto como pudieron, se aparecieron; Draco aferrándose a Harry, ya que no sabía donde vivía éste.
Draco parpadeó cuando llegaron a una casita de campo cercana a un campo abierto.
—Y yo que pensé que estarías viviendo en Grimmauld Place.
Harry rió por lo bajo.
—Disculpa por decepcionarte, pero nunca quise vivir en Grimmauld Place.
—¿Por qué no? Por lo que tengo entendido, tu padrino de la dejó a ti.
—Demasiados malos recuerdos. Además, tomaría años hacer que la casa quedara limpia de nuevo —explicó Harry tranquilo y abrió su puerta.
—¿Tan mal está?
—Oh, sí.
—Pensé que había un elfo doméstico allí. ¿No limpiaba el lugar de vez en cuando?
Caminaron a la habitación de Harry.
—Había un elfo doméstico, pero era muy viejo y no hacía más en esa casa que murmurar comentarios viles hacia nosotros y Sirius, y alabar a la madre muerta de Sirius, que tenía su pintura en la pared. En mi vida he conocido a alguien tan horrible —sacudió la cabeza Harry, divertido.
—Sí, la recuerdo —murmuró Draco.
Comenzaron a llenar las maletas con la ropa de Harry (Draco se sonrojó cuando llegaron a la ropa interior), y luego procedieron con la ropa y los juguetes de Teddy; eran principalmente libros, pero tenía unos pocos animales de peluche que no quería tirar que divertían a Harry, pues estos representaban a los Merodeadores: un lobo por Lunático, un perro negro por Canuto y un ciervo por Cornamenta. Harry había excluido prudentemente a la rata.
—¿Esto es todo? —preguntó Draco cuando volvieron al vestíbulo.
—Sí, podemos regresar a relevar a Snape de sus tareas de niñera —dijo Harry lacónicamente.
Draco rió entre dientes y negó con la cabeza.
Eran las nueve y media cuando regresaron a la Mansión. Harry buscó a su alrededor preocupado al no ver a ninguno de los niños.
Snape lo notó.
—Le ordené a un elfo doméstico que les diera la cena, ya que era tarde. Se fueron a la cama hace media hora.
—Oh.
—Severus, ¿te quedas para la cena? —preguntó Draco y se quitó el abrigo—. Lleva esas maletas a las habitaciones de Harry y Teddy, por favor —le dijo a un elfo doméstico que se había aparecido a su lado.
—Sí, amo Draco. Belke lo hará —chilló el elfo y se desapareció con las maletas.
—No veo por qué no—Snape suspiró.
Mientras los elfos domésticos preparaban su tardía cena, Snape y Harry fueron al comedor y disfrutaron de un poco de vino.
—Dime Potter, ¿por qué no te he oído mencionar los nombres de Weasley o Granger ni una sola vez? ¿No sería la Srta. Granger capaz de descifrar el ingrediente que vosotros no conseguís? —preguntó Snape repentinamente.
Draco escondió una sonrisa de satisfacción; Snape estaba tratando de tener una conversación cortés con Harry. Esperaba que Harry no tomara a mal esa pregunta.
—No he visto ni a Ron ni a Hermione en mucho tiempo—respondió Harry, neutral.
Snape arqueó una ceja.
—¿Y eso por qué? Me parece recordar que érais inseparables —se burló un poco.
Draco le miró con cautela cuando Harry entrecerró sus ojos. En lugar de arremeter contra él, como quería hacer, Harry dio un respiro profundo antes de contestar.
—Tuvimos… numerosas peleas y eventualmente dejamos de hablarnos. La última vez que escuché algo de ellos, estaban viviendo en Francia —respondió con una mueca.
—Esas peleas debieron ser horribles si habéis dejado de hablaros —caviló Snape.
Harry le miró fijamente.
—Si tiene curiosidad por las peleas, entonces podría sólo preguntar en lugar de ser evasivo —resopló.
Snape sonrió con suficiencia.
—¿Dónde está la diversión en ello? ¿Estás dispuesto a contarme lo que sucedió?
—¿Desde cuándo tiene tanta curiosidad por mi vida? —preguntó Harry.
Snape se echó el cabello hacia atrás y tamborileó sus dedos unos contra otros.
—Sígueme la corriente.
Harry elevó los ojos al cielo.
—Cuando Teddy tenía cinco, rompí con Ginny porque la encontré en la cama con otro hombre. Resulta que me estuvo engañando por un tiempo antes de eso. Ron estaba convencido de que yo estaba alucinando y afirmó que ella nunca haría eso. No me creyó. Hermione lo hizo, pero pensó que yo debía darle otra oportunidad a Ginny. Intentó conseguir que Ginny y yo volviéramos un montón de veces, hasta que estallé y les pedí que dejaran de meterse en mi vida. Aquello no fue buena idea, porque no me volvieron a hablar y se fueron a Francia —Harry finalizó su explicación.
—Siempre supe que la señorita Granger era una sabelotodo. El clan Weasley siempre ha sido testarudo —se burló Snape.
—¿Fue la historia tan interesante como pensaste que sería, o te decepcioné con mi aburrida vida? —preguntó Harry con sarcasmo.
Snape sonrió con suficiencia.
—Servirá como entretenimiento.
Harry puso los ojos en blanco, mientras Draco reía por lo bajo.
Cuando la cena terminó, Snape se fue a su casa, llevándose el vial de veneno con él.
Draco y Harry estaban sentados frente a la chimenea. Era octubre, así que comenzaba a hacer un poco de frío afuera y la chimenea estaba encendida.
—Mira, puedes tener una conversación decente con Snape sin que os insultéis o hechicéis el uno al otro —no pudo dejar de señalar Draco.
—No te acostumbres —Harry hizo una mueca.
Draco rodó los ojos y miró el reloj de péndulo que estaba junto a la chimenea.
—Son las once, ¿qué me dices de ir a dormir?
Harry se estiró y se levantó.
—Buena idea, voy a echarle un vistazo a Teddy, a ver si todavía está despierto.
Draco asintió.
Harry se acercó de puntillas a la habitación de Teddy, que estaba junto a la suya, y abrió la puerta con cuidado. Teddy estaba profundamente dormido, acostado sobre su espalda con un libro abierto sobre su pecho. Harry sonrió y colocó el libro en la mesita de noche antes de tirar un poco más de las sábanas. Acarició el cabello de Teddy, coloreado de azul y un poco largo y le dio un ligero beso en la frente.
—Que duermas bien, Teddy —le susurró.
Teddy suspiró contento en su sueño y se giró.
Soltando todo el aire de sus pulmones, Harry entró a su nueva habitación (notando que era la misma donde durmió el pasado fin de semana), se cambió a un pijama y se desplomó en la cama. Había sido un día muy agotador. Su último pensamiento antes de dormir fue de cómo debía decirle a Kingsley que se retiraba del caso.
Harry parpadeó aturdidamente y se sentó en su cama. Al lanzar un hechizo Tempus se dio cuenta de que faltaba un cuarto de hora para las tres. Todavía era de noche, no parecía amanecer. ¿Qué lo había hecho despertar, entonces?
Una pequeña mano sobre su pierna lo explicó.
—Lumos —murmuró y la luz reveló a Scorpius parado junto a su cama, con el dedo pulgar en su boca, luciendo asustado.
—Scorpius, ¿qué sucede? ¿Por qué no estás dormido? —preguntó Harry confuso, su voz ronca por el sueño, y se sentó.
—Tuve un mal sueño —murmuró el niño, todavía con el dedo en la boca—. Yo quería ir con papá, pero está demasiado oscuro y entonces recordé que estabas cerca, así que vine aquí. ¿Puedo dormir contigo, Harry, por favor? Tengo miedo. No quiero dormir solo.
Harry asintió con la cabeza y abrió las sábanas e hizo espacio para que el niño subiera. Scorpius sonrió agradecido y trepó a la cama, acurrucándose cerca de Harry, quien abrió sus brazos y lo abrazó.
—Está bien, a dormir, prometo que no tendrás un mal sueño de nuevo —susurró Harry somnoliento.
Scorpius asintió y enterró su rostro en el pecho de Harry, disfrutando de la calidez confortable. Su mamá nunca le había permitido hacer eso. Decía que él era un niño grande y podía permanecer en su propia cama, incluso si tenía una pesadilla. A su papá no le importaba cuando se subía en la cama con él en la noche, pero su padre estaba demasiado lejos para ir cuando estaba oscuro. La oscuridad era espeluznante.
A los pocos minutos Scorpius volvió a caer dormido y justo como Harry le había prometido, no tuvo ninguna pesadilla.
Cuando Draco abrió la puerta de la habitación de Scorpius a la mañana siguiente, notó sorprendido que su hijo no estaba en su cama. Miró su reloj, las siete menos diez. Normalmente, Scorpius seguía durmiendo a esa hora, y no se despertaba fácilmente. ¿Dónde estaba? Salió de la habitación y trató de imaginar dónde podía encontrarse su hijo a esa hora.
Sus oídos captaron el sonido de una puerta abriéndose a unas pocas habitaciones de la de Scorpius. Al parecer Harry se había despertado.
Se giró hacia Harry para preguntarle si sabía dónde podría estar Scorpius, cuando sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Muy bien, Scorpius, ve a cepillarte los dientes y a ponerte tu uniforme. Te veo abajo para desayunar, ¿de acuerdo? —dijo Harry sonriendo.
Scorpius se paró frente a él y le sonrió.
—Sí, Harry —abrazó las piernas de Harry y luego corrió hacia el baño. Harry negó con la cabeza mientras reía.
—Ehm, Harry, ¿por qué mi hijo estaba en tu habitación? —preguntó Draco y caminó hacia el otro hombre.
Harry se dio la vuelta y pasó una mano por su cabello.
—Vino alrededor de las tres porque tenía una pesadilla. Estaba demasiado asustado para encontrar el camino a tu habitación y pensó en que yo estaba más cerca —respondió encogiéndose de hombros.
—Así que durmió en tu cama —dijo Draco secamente.
Harry asintió.
—Y casi me pateó fuera de ella también. Es un durmiente inquieto —rió entre dientes.
Draco negó con la cabeza cariñosamente y bajaron juntos las escaleras.
— ¿Vas a decirle hoy a Kingsley que te retirarás del caso?
Harry hizo un gesto y se sentó en la mesa donde los elfos estaban poniendo el desayuno.
—Sí, aunque no tengo idea de cómo va a reaccionar. No le gusta cuando los Aurores dejan un caso.
—Sólo tiene que aceptarlo.
Una vez más, Harry y Draco llevaron a Scorpius y Teddy a la escuela antes de que Harry se apareciera en el Ministerio. Antes de que lo hiciera, Draco le dio un alentador apretón en el brazo y le susurró "buena suerte". Por alguna razón, ello le dio a Harry una sensación de calidez.
Varios Aurores le dirigieron asentimientos como saludo y él se los devolvió. Finalmente llegó a la oficina de Kingsley. Respiró hondo y llamó.
—Adelante —dijo la voz baja de Kingsley.
Harry puso en su rostro una máscara de calma y abrió la puerta.
