Capítulo 11

A la mañana siguiente, cuando Draco se sentó a desayunar, tenía una sonrisa de satisfacción en su cara.

—¿Por qué estás tan contento, papá? —le preguntó Scorpius curioso y se subió junto a él en la silla.

A Harry le daba la sensación de que Draco estaba planeando algo diabólico en lugar de estar feliz. Entonces, oyó el cambio de nombres. ¿Si Draco era papá, se suponía que él iba a ser papi?

Harry gimió y golpeó su cabeza contra la mesa. Esos Malfoys eran confusos. Y diabólicos. Y engreídos.

Harry todavía estaba ocupado, haciendo una lista mental de todo lo que eran los Malfoy, cuando Draco respondió a su hijo, sonriéndole a Harry con malicia.

—Oh, vi algo que quiero y estoy haciendo un plan para conseguirlo.

Harry levantó la cabeza, cauteloso, y entrecerró sus ojos cuando vio a Draco mirándolo. ¿Por qué ese bastardo lo miraba de ese modo?

Scorpius ladeó la cabeza.

—¿Qué quieres, papá?

—Es una sorpresa. Te lo enseñaré cuando lo tenga —Draco se estaba divirtiendo.

—Oh —Scorpius asintió sonriendo.

—Harry, ¿puedes firmarme esto? La señorita Hearp lo quiere como una prueba de que irás mañana —Teddy le dio a Harry un papel anunciando la reunión de padres.

—Claro —Harry convocó una pluma y garabateó su nombre.

Teddy le dio las gracias y lo metió en su mochila.


Cuando se dirigían a la escuela, Scorpius se quedó inmóvil y detuvo a los dos adultos, poniéndoles sus manos en las piernas.

—Es el momento de los besos —anunció Scorpius feliz y dio una palmada.

Harry se puso rojo cuando recordó el beso que le había dado Draco la noche anterior.

—Euhm, sabes, Scorpius, si no nos damos prisa, vosotros dos llegaréis tarde al colegio —dijo rápidamente, tratando de evitar el beso. No quería volver a confundirse de nuevo.

Teddy miró con recelo a su padrino. ¿Por qué se estaba sonrojando?

Draco sonrió con satisfacción y giró la cabeza de Harry hacia él, tomándole de la barbilla.

—Oh, estoy seguro de que hay suficiente tiempo para darte un beso, Harry —ronroneó y empujó sus labios contra los de Harry, mordiéndolos suavemente. Harry jadeó cuando sintió un ligero escozor y abrió la boca para responder automáticamente. Draco se aprovechó de eso y deslizó su lengua dentro. Con una última lamida a la lengua de Harry, Draco se retiró sonriendo.

—De acuerdo, podemos continuar nuestra caminata hacia la escuela —dijo Draco satisfecho y agarró la mano de Scorpius.

Harry frunció el ceño cuando se dio cuenta de lo que acababa de suceder. Tomó la mano de Teddy, que lo miraba preocupado

Prongslet, ¿estás bien? —le preguntó. Nunca había visto a su padrino tan rojo después de tener que besar a Draco. Aunque por lo general no hacían más que darse un casto beso que duraba sólo dos segundos.

—Oh, estoy bien, Teddy. Sólo estoy pensando cómo castraré a Draco y saldré impune.

Draco rió divertido al escuchar eso.

Teddy frunció el ceño.

—¿Qué significa "castrar"?

—Es quitar la habilidad de tener bebés —dijo Harry maliciosamente.

—Eso no suena divertido —se atrevió a decir Teddy.

—No, no lo es y si lo hace, entonces no podré divertirme con él —Draco hizo un mohín.

—Serías capaz de hacerlo aún así, pervertido —Harry soltó un bufido—. No podrás hacerlo conmigo.

—Ah, pero te dije ayer que no me pongo abajo, Harry. Tú irás ahí —Draco sonrió con suficiencia.

— ¿Quién dice que seré el de abajo por ti?

—Papá, ¿qué significa "el de abajo"? —preguntó Scorpius inocente.

Antes de que Harry pudiese dar una respuesta más diplomática, Draco respondió:

—El que está abajo es el que lleva al bebé.

—Pero, ¿por qué no quieres ir abajo, papi? Te verías bien con una barriga. —Scorpius sonrió inocente—. Papá no.

—Me ofendería si significase que fuese a ser el de abajo; no lo seré —señaló Draco divertido.

Pero Harry no estaba prestando atención a Draco, sino a cómo Scorpius le había llamado. Le había llamado "papi".

—Papi, ¿pasa algo? —preguntó Scorpius preocupado cuando su "papi" no respondió.

—No, no pasa nada, Scorpius, pero tenemos que darnos prisa si ambos queréis llegar a tiempo al colegio —dijo Harry distraído.

Scorpius asintió y aceleraron el paso.

Teddy estaba furioso de rabia. Eso era demasiado. ¿Cómo se atrevía ese niño a llamar a su padrino "papi"? ¡No tenía ese derecho! ¿Por qué se le había permitido, cuando a Teddy se le había prohibido años atrás? Sí alguien tenía ese derecho, era Teddy. Harry era su padrino, había cuidado de él desde el momento en que sus padres habían muerto. Le tranquilizaba cuando tenía alguna pesadilla, le había dejado llorar y le había abrazado cuando tuvo la edad suficiente para saber que sus padres nunca volverían. Le había defendido contra Ginny cuando ella se quejaba de que era demasiado pegajoso. Harry había estado ahí, durante toda su vida y no le permitía llamarlo "papá" aunque era la única figura paternal que Teddy conocía. No era justo. No era justo que a ese mocoso rubio se le permitiera llamar a Harry papi, saliéndose con la suya. Todo su cuerpo empezó a temblar. No era justo.

Se detuvieron frente la escuela y Scorpius les dio un beso en la mejilla tanto a Harry como a Draco antes de irse a jugar con sus amigos.

Teddy, no obstante, se mantuvo quieto delante de Harry, con la cabeza gacha. Harry frunció el ceño y miró dudosamente a Draco que se encogió de hombros. ¿Por qué no iba Teddy con sus amigos? Nunca se quedaba allí.

Harry se arrodilló y trató de captar la mirada de Teddy.

—Teddy, ¿qué pasa? ¿Por qué no vas con tus amigos?

—¿Por qué no puedo llamarte "papá"? —preguntó Teddy de repente en voz baja.

—Hn... —Harry se sorprendió por la pregunta. Después de que Andrómeda le dijera a Teddy que Harry no era realmente su padre, Teddy había dejado de llamarlo "papá". Nunca había hablado de ello después del comentario de Andrómeda. Qué había hecho que… Oh, porque Scorpius le había llamado "papi".

Teddy levantó la cabeza y Harry se sorprendió cuando vio las lágrimas en sus ojos marrones.

—¿Por qué Scorpius te llama papi y yo no puedo? ¿Te gusta él más que yo? ¿He hecho algo malo? ¿Por qué te gusta Scorpius más que yo? ¿Es porque te recuerdo a mi papá? —Las lágrimas comenzaron a caer y el cuerpo del niño tembló fuertemente junto con los sollozos.

—Oh, Teddy —murmuró Harry y abrazó al niño contra su pecho—. No me gusta Scorpius más que tú y no has hecho nada malo. Si quieres llamarme papá, puedes hacerlo.

—¿Entonces puedo llamarte papá? —preguntó Teddy con la voz quebrada y se aferró con sus manos a la chaqueta de Harry.

—Por supuesto que sí —respondió Harry con dulzura y le acarició la espalda—. Shhh, todo está bien —empezó a mecerle.

Los sollozos se detuvieron, pero Harry todavía sentía las lágrimas deslizarse por su cuello, donde Teddy había enterrado su rostro. Se dio cuenta de que no había pasado mucho tiempo con Teddy las últimas semanas. De alguna manera su trabajo, Draco y Scorpius, exigían mucha de su atención. Se decidió a arreglar eso.

—De acuerdo, ¿sabes qué? ¿Qué dices de pasar todo el día conmigo a solas? Podemos hacer lo que quieras —sugirió Harry y acarició el cabello de Teddy, quitándolo de sus ojos.

—Pero tengo clases —Teddy se mordió el labio.

Harry se encogió de hombros.

—Faltar algunos días al colegio no hace daño a nadie. Escribiré una nota a su profesora diciéndole que estás enfermo y que volverás el próximo lunes.

—Vaya, vaya, Harry, corrompiendo al niño. Deberías avergonzarte —Draco sonrió lacónicamente.

Harry puso los ojos en blanco.

—Oh, cállate. Dame algo de pergamino y una pluma para poder escribir esa nota.

Sin discutir, Draco conjuró un pergamino y una pluma negra y se los entregó a Harry. Harry apartó a Teddy por un momento para poder escribir la nota en su pierna y luego buscó el papel de la tarde de los padres que había que darle a la profesora.

Una pálida mano entró en su campo de visión y cogió la nota y el papel. Harry la miró sorprendido.

—Yo se lo daré a la profesora. Será mejor que vayas con Teddy ahora, antes de que los profesores lo noten —explicó Draco.

Harry lo miró agradecido y se paró, poniendo su brazo alrededor del hombro de Teddy.

—Gracias.

—No hay problema. Divertíos hoy —Draco le guiñó un ojo y se fue al colegio en busca de la señorita Hearp.

—Vamos, podemos ir a ese parque al que siempre te encanta ir. —Harry sonrió y juntos caminaron hacia el parque con un lago grande (aunque no era tan grande como el de Hogwarts) que se encontraba al otro extremo de la ciudad.


No era la primera vez que Harry agradecía el hecho de ser un mago. Había enviado una lechuza a Shacklebolt, diciéndole que no sería capaz de ir a trabajar hasta el lunes, ya que su ahijado estaba enfermo y que lo necesitaba. Jugaron al escondite, al pilla-pilla y después Harry conjuró una pelota y le enseñó a jugar a fútbol.

Cuando llegó la hora del almuerzo, Harry compró algunos sándwiches e hicieron picnic debajo de un gran árbol que los ocultaba a la vista de los demás. Antes de que se sentaran, Harry había conjurado una gran burbuja que los mantenía calientes.

—No me mentiste cuando dijiste que podía llamarte papá, ¿verdad? —preguntó de repente Teddy, bajito.

Harry, lo miró y sonrió.

—Por supuesto que no. ¿Por qué iba a mentir acerca de eso?

Teddy se encogió de hombros y cogió un hilo suelto de sus pantalones.

—No lo sé. Sólo pensé que no te gustaba que te llamara papá porque no dijiste nada cuando la abuela me dijo que no debía llamarte papá.

—Conque todavía te acuerdas, ¿eh? —murmuró Harry—. La razón por la que no me opuse entonces, era porque no quería ver a tu abuela triste. Aún estaba deprimida por la pérdida de su hija y su yerno, y creo que ella pensaba que sus recuerdos serían reales si llamabas papá a tu padre verdadero y no a mí.

—Pero papá está muerto. Nunca he sabido de él o de mi madre. Realmente pensé que eras mi verdadero padre cuando era pequeño —dijo Teddy, un poco avergonzado de admitir eso.

—Lo sé. A menudo copiabas mi pelo y mis ojos. Yo pensaba que era tierno —Harry sonrió—. A todos los efectos, soy tu padre. Si quieres llamarme así, no tengo ningún problema con eso. Prácticamente eres mi hijo, de todas formas.

Teddy irradió alegría al escuchar eso. Entonces se le ocurrió algo.

—¿Crees que mi verdadero padre se enfadaría conmigo si te llamo papá? —era una pregunta que le estuvo molestando durante años.

Harry miró hacia el cielo, pensativo.

—No, no lo creo. Tu padre era un gran hombre y yo estoy contento de haber podido conocerlo. Estoy seguro de que él sólo quiere que seas feliz. Y si estás contento con llamarme papá, no se enfadará al respecto.

Teddy asintió aliviado. Luego le hizo otra pregunta

—¿Tuviste un padrino?

Harry sonrió con tristeza.

—Sí, lo tuve.

—¿Creciste con él?

Harry negó con la cabeza.

—No, lamentablemente, no. Me encontré con él por primera vez cuando tenía trece años. Fue falsamente acusado de un crimen y estuvo en la cárcel durante los primeros doce años de mi vida. Se escapó cuando yo tenía trece. Vino a buscarme y me prometió que me llevaría a su casa tan pronto como pudiese. Nos mantuvimos en contacto a través de cartas y, a veces, podía reunirme con él.

—¿Dónde está ahora?

—Murió cuando yo tenía quince años. Me rescató cuando estuve en problemas y alguien lo mató.

—Lo siento, papá —susurró Teddy. No podía imaginar lo que su padre debía sentir. Él no creía poder afrontar la pérdida de su padrino.

—No lo sientas. Murió de forma heroica, como él quería. Está en un lugar mejor, con sus mejores amigos. Era el mejor amigo de mi padre, de mi madre y de tu papá. Tu madre era su prima —Harry sonrió.

—¿En serio? —el niño sonrió.

Harry asintió.

—¿Qué piensas de jugar a fútbol de nuevo?

Teddy aplaudió y se levantó. Jugar al fútbol con su padre parecía de lo más divertido que podía hacer en ese momento.