Hola. Bienvenidos al capítulo siete, la historia lleva ya más de 50,000 palabras. Y pensar que sería mi primera historia, he de admitirlo. Estoy bastante sorprendido por mi propia imaginación. Como especial, hare este capítulo para dar un toque de la pareja de Gray y Juvia. Aunque considero que ese mamon tsundere no se merece a tan devota mujer. Y heme aquí, haciendo un fic que los incluye a ellos como pareja, que loco y controversial resultó ser -yo-. Además de que también me desagrada el Jerza o como mierdas se llame, ese mamonazo de Jellal -que no tiene los testículos bien puestos-, no se merece a la pelirroja. El amor sí que elimina el sentido común en las féminas -algunas, no en todas-. Es como dice el dicho de mi abuelita, "Entre más me pega, más lo amo". Se nota la conducta machista de Mashima-san. Llegue a la conclusión de que las chicas en FT tienen poco cerebro -algunas-. Pido mis más sinceras disculpas -a las mujeres- si les llegue a ofender con mi remembranza. Pero deben comprender que lo que escribo es desde un punto de vista de un hombre. Así que por lo anterior el harem morirá el día de hoy. =P Solo bromeo, si quieren leer, lean y si buscan un fic del tipo fresa, vayan a otro lado. Esto es para machos, machazos. Jajajajajaja.
El Rey, La Nube Escarlata, El Caballero Carmesí y La Araña.
Advertencia: La historia se desarrolla en un semi-universo-alterno, alejado de la línea temporal del manga de FT. Los personajes en su mayoría son OoC (Out of Character) además de incluir algunos OC (Original Character). Muertes de personajes en los próximos capítulos. Sexo explícito en este capítulo. Hay una parte de este capítulo, que pongo una canción. La canción es Just A Dream, interpretado por Sam Tsui y Cristina Grimmie. Solo como referencia.
Disclaimer: Fairy Tail pertenece a Hiro Mashima. Escribo sin lucro alguno. El concepto de 'Rey de Espadas' es de mi invención.
Reviews: Al final del capítulo, los que no pude responder por mensaje privado.
"Pensamientos"
—Diálogos
-aclaraciones-
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EL REY VII: Epitafio.
Observó el cielo azul, de un azul puro y sin ninguna nube. Recostado sobre la nieve, como si no tuviese algo más importante que hacer.
—¿Eh? —volteó a un lado. Un recuerdo llegó a su mente, suceso que había pasado hace algún tiempo con su mejor amigo.
Unos meses antes de que Natsu perdiera su magia DS…
El ambiente era lo usual en un bar de mala muerte, humo de cigarros adornando el lugar. Hombres con aspecto de maleantes, distribuidos por varias mesas en grupos de dos o tres personas. El lugar siendo alumbrado por bombillas que sólo brindaban una tenue luz. En una mesa estaban bebiendo alegremente dos chicos.
—Oye Gray, una ronda más *hic*—dijo un sonrosado pelirrosa con su clásica bufanda enrollada en su cuello. Efectos del excesivo alcohol que ingerían desde hace unas horas. Ambos jóvenes se relajaban después de haber cumplido con éxito la misión que el consejo mágico les había encomendado.
—Vamos, Natsu. Juvia se enojará *hic*con nosotros si llegamos *hic*ebrios—respondió con humor. Al momento de pedir una ronda más de cerveza. —Hay que celebrar que no *hic*destruimos algo *hic*en esta ocasión —. El pelinegro con su pantalón y sin camisa, estaba sonrosado por el alcohol en su cuerpo.
—Gray *hic*¿Cómo conociste *hic*a Juvia? —preguntó con curiosidad.
— ¿Eh? *hic*verás, fue hace algunos años —, con alegría comenzó a relatar su primer encuentro con la chica que se convertiría en su compañera.
FLASHBACK DENTRO DE UN FLASHBACK
8 años antes de los sucesos actuales…
Blanco, era lo único que se podía ver a donde quiera que se mirara. Izquierda-derecha, frente-atrás. La tormenta era tan fuerte que le dificultaba caminar. Pero todo era parte del viaje que se había propuesto. Ir a oriente, donde los magos más fuertes se encontraban.
—Mierda, sí no fuera un mago de hielo, estuviese bien jodido —dijo al recordar como su maestra lo entrenó para resistir las bajas temperaturas. Maldijo su suerte, pero no todo podía salir mal. Con una sonrisa en su rostro, caminó unos metros hasta llegar a una cueva.
—Ufff, pondré algo de fuego —pero un sonido extraño lo sacó de su cavilación. A su espalda, sintió como un líquido pegajoso lo bañaba, con pesar volteó sólo para encontrar unos filosos dientes. Dientes pertenecientes a una sola criatura, —Nako Aguura —pronunció con temor. Sus instintos lo obligaron a agacharse, justo a tiempo para esquivar un zarpazo letal del monstruo. A duras penas, logró salir de ese lugar como alma que lleva o que persigue el diablo. —Tal parece que soy demasiado pequeño como para que decida perseguirme —pensó algo exhausto después de haber corrido sin rumbo fijo.
—¡Oh! —una idea llegó a su cabeza. —Je ese gato sobre alimentado me tuvo miedo —dijo mofándose, dio un paso sin siquiera fijarse de donde estaba. —¿Eh? —sintió como una fuerza sobrenatural lo jalaba hacia abajo, fue ahí donde se dio cuenta. —¡Un acantilado! —fue el último pensamiento, antes de caer al rio. Hizo lo posible para nadar, pero la fuerza del rio no se lo permitió, dio contra una piedra y todo se volvió negro.
END FLASHBACK DENTRO DE UN FLASHBACK
—Sus bebidas jóvenes —fue sacado de su relato cuando una camarera (bar de mala muerte, igual la camarera) le entregaba las bebidas que hace unos minutos le habían pedido.
—Graci*hic*as —dijo, con la intención de agarrar la botella de licor. Pero gracias al licor en sus venas, en vez de tomar la botella, terminó por presionar la nalga de la camarera.
—¡Oh! Que chiquillo tan travieso —dijo la señora algo mayor a los cuarenta, con un sonrojo en sus mejillas. Mientras agarraba tímidamente su delantal y jugaba con el trapo blanco. —Atrás de la taberna te espero —le susurró al oído, haciendo que un escalofrió recorriera la espalda del chico. La camarera se retiró casualmente, contoneando sus caderas de manera seductora.
—¡JAJAJAJAJAJA *hic*JAJAJA! —la estruendosa risa de su amigo no se hizo esperar. Risa que lo sacó del shock causado por la mujer. Repentinamente el pelirrosa se calló, llamando la atención del pelinegro. Vio como la cara de Natsu se volvía pálida, como si la borrachera terminara su efecto. —Natsu, ¿acaso *hic*has visto un *hic*fantasma? —preguntó con duda, conocía a su compañero también como para darse cuenta de que algo no iba bien. Su cerebro hizo click y con temor giró su cabeza en dirección hacia la puerta de la taberna. Fue en ese momento que comenzó a sudar a mares.
—¡GRAY, MALDITO INFIEL! —fue lo último que escuchó antes de que se desatara el infierno en esa taberna.
Algunas horas después…
El ambiente era tenso, el lugar que antes era una mal oliente taberna, ahora se encontraba limpia. Como si un maremoto hubiese barrido con toda la inmundicia del lugar. Fue tan rápido que los comensales no tuvieron tiempo para refugiarse como es debido, se podía ver como algunos hombres se encontraban sobre las mesas destrozadas, sobre la barra o en los travesaños del local.
La mujer peliazul, sentada. Con su pierna cruzada, luciendo un pantalón negro de mezclilla y una blusa violeta sin mangas. Su mirada seria concentrada en Gray, quien llevaba algún tiempo hincado sobre una loza y con varias más sobre sus rodillas, con las manos atadas impidiendo cualquier movimiento. Había hecho el intento de explicar el malentendido. Pero la ira de la mujer no cedía.
—Nee, Juvia-sama, entiendo que estés furiosa, pero… —habló el pelirrosa tranquilamente. —…¿Por qué yo también estoy castigado? —se quejó. El chico amarrado con una soga, pendía del travesaño. Aunque fuera un mago de fuego, consideró que lo mejor era no escaparse. "Lo mejor es que Juvia me libere", pensó en las consecuencias que caerían sobre él si escapase. —Juvia-sama, recuerde que Gray es un pervertido de primera clase —dijo con picardía. Sonrió al ver que sus palabras habían hecho efecto.
—¡Cállate desgraciado! —vociferó el pelinegro, para luego quejarse de dolor. Dolor causado por que Juvia había colocado una baldosa más sobre su regazo. —Juvia, no veía bien, te juró que solo quería tomar la botella —rogó por piedad.
—No le crea Juvia-sama, el me trajo hasta este lugar —dijo el pelirrosa. Con una sonrisa diabólica.
"Desgraciado", fue su último pensamiento. Con temor cerró los ojos. Esperó el dolor, pero no pasó nada.
—¡Ugya!
Abrió los ojos al escuchar ese gritillo femenino. Con sorpresa vio como las cuerdas que mantenían al pelirrosado apretaban con más fuerza, principalmente en cierta parte. Debilidad de cualquier hombre.
—Natsu-san debió haberlo detenido, ¿verdad? —habló con una sonrisa. Mientras con su mano derecha apretaba más la cuerda.
—Detente Juvia, temó que al final le agarre gusto a esto —con lagrimillas en los ojos, pidió piedad. Su plan de joder al pelinegro se había vuelto en su contra.
—Se le olvidó el 'sama', Natsu-san —suspiró de cansancio y sin previo aviso cortó la cuerda que ataba al chico. El susodicho cayó de sopetón al suelo.
—Juvia que mala eres, me hubieras dicho que me perdonabas —. Prendió fuego a la cuerda para poder liberarse por completo. —Eso me dolió —se quejó.
—¿Y bien? ¿De que hablaban? —pronunció al volver a tomar asiento. Natsu con un tenedor comenzó a pinchar al pelinegro.
—Sobre como Gray y tú se conocieron —acotó. Recibiendo un cabezazo por parte del atado.
—¡Oh!… ¿Y era necesario ingresar a un bar? —insistió.
—Bueno… verás… celebramos que no destruimos ninguna propiedad durante la misión —el nerviosismo se notaba en el chico pelirrosa.
—Les estaba esperando para cenar en mi casa… no llegaron así que me preocupe…
—Perdón Juvia, le insistí a Gray que nos agarraría la tarde, pero él es muy terco —mintió Natsu. Gray negó con la cabeza, ya que había sido amordazado por su gran amigo. Gimió de dolor cuando una baldosa -aún más- fue colocada sobre sus piernas.
—Entiendo… ¿Por qué quieres saber algo así? —lo vio con curiosidad.
—Gray es mi mejor amigo, le aprecio de sobremanera. Me sorprendí bastante cuando me dijo que tenía a alguien especial —sus ojos ónix brillaron. —Él siempre negó cualquier invitación por parte de las chicas de Magnolia, así que eso me llevo a preguntarme '¿Qué clase de persona era la mujer que había enamorado a mi amigo?' Debía ser una persona impresionante. No me equivoque en eso. Así que solo quedaba la duda, ¿Cómo? —explicó lo que había pasado hace algún tiempo.
Las palabras del chico conmovieron su corazón. "Porque esa tonta pelirroja no se enamoró de ti", prefirió guardar sus pensamientos para no incomodarlo. —Jeje… Gray-sama y yo, nos conocimos hace unos ocho años…—la chica comenzó su relato.
OTRO FLASHBACK DENTRO DE UN FLASHBACK
El lugar era pintoresco, aunque no igual que una gran ciudad, pero tenía ese aire campirano que hacía que cualquiera se enamorara de un poblado así. Sus casas adornadas por bellas flores, niños corriendo alegremente por el camino. Campesinos dedicándose a la siembra y recolecta de los preciados alimentos.
Una niña jugaba en el río. Su cabello celeste y su piel nívea. No mayor a los ocho años. Usando una blusa que le permitía disfrutar el aire fresco del día. Con una faldita que le llegaba hasta las rodillas, perfecta para poder jugar en el agua. Estuvo de esa manera por unos minutos.
*SPLASH*
La niña había sido derribada por algo, con prisa se puso de pie, en busca de la persona que la había tirado en el río. Pero eso era imposible, después de todo, la gente del pueblo prefería no acercarse a ella por temor. Ese pensamiento la llenó de tristeza, causando que las nubes grises hicieran presencia y opacaran al intenso sol. "¡NO! ¡Juvia debe ser fuerte!", con valor se tragó la tristeza y con su blusa se limpió las lágrimas rebeldes que caían por su rostro.
—Ahh
Un gemido la sacó de su pensamiento, buscó con la vista al responsable del sonido. Dio con un chico en la ribera del río. Un pelinegro, casi de su edad. Aunque estaba semidesnudo. "Que extraño", pensó. Otro gemido dio el chico, haciendo que reaccionará. Se movilizó hasta el caído, y con esfuerzo lo sacó del agua. Jadeó un poco, debido a que el chico no era ligero. Entró en pánico. "¿Qué hago?", dio algunas vueltas tratando de calmarse.
"Bien, lo mejor será que busque heridas", con la mente clara, comenzó la búsqueda, dando con una herida en la cabeza. La examinó detenidamente. "Debo llevarlo con la señorita Nino", tomó uno de los brazos del chico y lo pasó por su cuello. Comenzando el largo camino hasta la casa de Nino.
—Oye, mira. Es la abandonada llevando a un niño —murmuró una señora.
—Oh mi Dios. Pobre criatura, caer en las manos de la abandonada —comentó otra más.
No les importaba si sus palabras llegaban a los oídos de la pequeña peliazul. Las lágrimas amenazaban con salir, pero respiró profundo para no llorar. "No, hoy debo ser fuerte", se dio ánimos para continuar su camino. Aunque no era la primera vez que era tratada así, las palabras aun dolían. Era lo mismo cada día, por eso prefería ir por los alrededores de la villa. "La casa de la señorita Nino, está en el centro de la aldea… solo por hoy debo ser fuerte", nadie se había dignado a ayudarla. Tropezó e inevitablemente cayó al suelo, las risas y burlas de los espectadores no se hicieron esperar. Las lágrimas comenzaron a salir, se mordió el labio para no hipar. Con esfuerzo se puso de pie, estaba resignada a no recibir ayuda.
—¡Viejas malolientes, lárguense a joderse el culo!
La pequeña peliazul levantó la vista, se encontró con una silueta femenina. Con un brazo en su cintura. Una falda violácea larga hasta los tobillos, cabello negro como cascada hasta su espalda baja. Sonrió. "Nino".
—Mi pequeña Juvia… deja, que yo te ayudo… —la mujer se agachó hasta la altura de la niña, extendió su mano y con cariño puso de pie a la pequeña. Limpió la suciedad de la falda de la niña y notó que estaba húmeda.
—Juvia ¿Qué sucedió? ¿Quién te hizo daño? —sus ojos negros, mostraron una chispa de ira. Volteó rápidamente para ver a la multitud, dio un paso. Pero fue detenida por un pequeño jalón en su falda.
—Señorita Nino, ayuda al niño, está herido —. La nombrada fijó su vista en la dirección que Juvia señalaba, encontrándose con un pequeño semidesnudo. Con rapidez examinó al pequeño. Notó una herida profunda en el cráneo, busco signos vitales y rápidamente cargo en brazos al pequeño. Con maestría colocó a la niña en su cabeza y echo a correr. —¡Vamos Juvia!
….
—Señorita Nino, ¿Cómo está el niño? —. Se había puesto de pie al momento en que la puerta del pequeño consultorio se abrió para dar paso a la mujer. Había estado frente al horno, en busca de calor y así secar sus ropas.
—Ya te dije que solo me digas Nino —suspiró cansada. —El chico estará bien, lo trajiste a tiempo —añadió mientras le revolvía el cabello. Caminó hasta la cocina de su hogar. Un perchero de madera resguardaba los implementos de cocina, además de un horno que hacia el papel de estufa. En el centro del lugar una mesa de caoba permanecía de pie. La muchacha tomó asiento. Perdiéndose en sus pensamientos.
—¿Puedo verlo? —la delicada voz le llamó la atención.
—Claro… solo no lo despiertes —ordenó. Juvia a paso apresurado entró al cuarto que fungía como enfermería. Dejando atrás a Nino.
Permaneció de pie por bastante tiempo, atenta al menor movimiento. Pudo verlo a la perfección, algunos mechones negros que escapaban rebeldemente de las vendas. Una cruz adornando su cuello, de complexión delgada con los músculos algo trabajados. Pequeñas cicatrices por el cuerpo. Señales de lucha.
"¿Cuántos años tendrá?"
"¿Cómo se llama?"
"¿Y sus padres?"
Preguntas sin respuesta se arremolinaban en su mente. Sus ojos se abrieron grandemente, al ver como el paciente con pereza abría los ojos. Salió corriendo en busca de Nino.
—¡Nino, ha despertado! —exclamó.
—Era de esperarse, después de todo han pasado cinco horas —tomó de la mano a Juvia y recorrieron el pasillo que separaba la cocina del paciente.
Ingresaron tranquilamente, encontrando al chico sentado al borde de la cama.
—Hola, pequeño —saludó. Ganándose una mirada desconcertada. Estuvieron en silencio por unos minutos.
—¿Quién eres? —insistió ella. Al ver que el niño guardaría silencio.
—No recuerdo mi nombre —expresó con temor. Temor característico en alguien indefenso.
END DE OTRO FLASHBACK DENTRO DE UN FLASHBACK
—¡Oh! Era de esperarse de Gray, perder la memoria de una manera tan tonta —mencionó el pelirrosado. — ¡Auch! —exclamó al recibir un golpe por parte del aludido. Durante el relato, Juvia lo había liberado. —Y ¿Qué sucedió después? Nino sí que es una buena persona —sus ojos brillaban con intensidad. Anhelando conocer el resto de la historia.
—Me hice amigo de Nino y de Juvia —agregó el pelinegro observando a los ojos a la peliazul.
—El resto algún día te lo contare —finalizó la chica sonriéndole al Dragón. Se puso de pie y besó con dulzura al joven pelinegro. Se sonrieron. Natsu permaneció sentado, con la vista en otro lado, algo sonrosado.
Ambos magos rieron suavemente, se colocaron al lado de sus amigo. Cada uno ofreció su mano a Natsu, quien aceptó gustosamente para salir con rumbo a la casa de la chica.
…
Suspiró con pesadez, emergiendo de sus memorias. Se arrastró. A duras penas podía respirar. Con la vista logró localizarla, ella apoyada sobre una roca. —Juvia —susurró, quería gritar pero las fuerzas le faltaban. Unos metros más y podría estar con ella. —Juvia —volvió a pronunciar. Las lágrimas comenzaban a surgir. Podía verla con claridad, ella recostada en la roca. Roca donde su amigo descansaba. La nieve manchada de carmín. —Juvia —la llamó nuevamente. Estaba cerca. Podía verlo. Ella con la cabeza gacha. Sin movimiento alguno. —Juvia… por favor… —reunió fuerzas para ponerse de pie, pero falló. Fue entonces que lo notó. La mitad de su cuerpo no estaba. Sus piernas se habían ido. Se mordió el labio para evitar gritar, había algo más importante por hacer.
Finalmente llegó con ella. —Juvia —imploró. Lo sabía desde un principio, pero aún tenía esperanzas. Con lo último que le quedaba de fuerzas tomó la mano de su amada. Lloró. Intentó gritar, pero ya no podía. La observó por última vez. Lo sabía, sería la última vez. Un corte en el rostro de la joven mujer. Una herida en el corazón. Su ropa hecha jirones. Hacía falta el gorrito. Ella sonreía. Su rostro, mostraba una suave sonrisa. Como pudo, se las ingenió para poder besarla. Un suave roce. Frio, sin el calor que ella siempre le dio. "Estaré contigo pronto, Juvia". Cerró los ojos, para no volver a ver las tranquilas aguas. Su último pensamiento se tornó en su amigo. "Perdón Natsu, ya no podre fastidiarte".
Gray había muerto. No murió solo. Juvia estaba a su lado. Natsu dormía pacíficamente sobre la gran roca. Una tormenta de nieve hizo presencia. Minuto a minuto, comenzó a cubrir el paisaje de un blanco puro. Ocultando el rojo de la sangre derramada hace unas horas. Haciendo un vago intento de regresar su pureza a la montaña. Montaña mudo testigo de la feroz lucha de dos amantes, por salvar a alguien querido.
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Mente de Natsu.
Igneel observaba en silencio el cuerpo tendido de su hijo. Sus pensamientos iban a mil por hora, en busca de respuestas. El sujeto que les había dado una paliza era demasiado fuerte para ser un simple humano, él lo sabía. No había ningún humano con ese tremendo poder, ni cuando había sido libre para vagar en los cielos había sentido algo semejante. Salió de su meditación cuando el 'pequeño' se removía inquieto, con intenciones de despertar.
—Igneel, ¿Qué sucedió? —preguntó mientras trataba de orientarse. El pelirrosa casi se había recuperado de las heridas infringidas por In.
—Bueno… ese sujeto nos dio una paliza… —admitió con vergüenza. —Además te dejo algo…. —procedió a mostrar los objetos. Una espada con mango azul, funda azul y adornos de oro. Espada del estilo europeo. Además de dos orbes traslucidos.
—Ese desgraciado… era demasiado fuerte —maldijo con impotencia. Observó con inquietud los objetos. Y reconoció de inmediato la espada. —Youtou: Tenbuhourin (Espada de la calamidad: Tesoro del cielo) —la sostuvo en sus manos. Procedió a observarla. Sin sacarla de la funda. La colocó en el suelo. Observó los otros objetos. Parecidas a lacrimas mágicas. Dio un soplido sobre una de ellas para ver el interior, pero algo lo sorprendió. Su subconsciente fue arrastrado adentro del orbe. Igneel, se quedó esperando pacientemente.
…..
Observó con calma el lugar. "Ese sujeto no me mató… así que no creo que deba estar en guardia". Comenzó a caminar por el denso bosque. —Este lugar se me hace conocido —habló para sí mismo. Caminó por varios minutos. —Si… este bosque debe ser el de Magnolia —. Concluyó después de haber examinado el lugar minuciosamente. Era de noche.
—Exacto.
Volteó hacia el lugar de donde provenía la voz. Encontrando a In, sobre un árbol. Sin mencionar palabra alguna, desapareció. Para luego aparecer detrás de In. Su mano envuelta en llamas, la blandió como si fuera una espada. Dio un corte con la intención de decapitarlo, lo atravesó limpiamente. Trató de escuchar el sonido de un objeto caer, pero nada de eso sucedió. Regreso su mirada a In, encontrándolo sentado sin el menor rasguño.
—Jajajaja… todo lo que ves son parte de mis memorias, cosas que ya sucedieron —agregó alegremente. Sus ojos carmín fijándose en un punto en específico. El chico siguió con la vista la dirección que señalaba tácitamente In, encontrándose con algo asombroso.
—Son recuerdos dije —habló In. Adivinando cada pensamiento de Natsu.
Frente a ellos, a unos cuantos metros. Yacía un chico durmiendo, usando un árbol como recostadero. Natsu Dragneel veía a Natsu Dragneel dormir tranquilamente.
—Fufufufufufufu —la risa de In resonó por el lugar. Le costó unos minutos comprender lo sucedido. "¿Desde cuándo soy observado por In? ¿Qué tan fuerte es?"
—Es hora Ei (A) —habló el pelinegro para luego desaparecer como niebla. —No lo olvides… estos son recuerdos pasados… no puedes hacer nada para cambiar algo —se escuchó la voz de In en el bosque.
La advertencia era clara. "Algo me sucederá". Hizo un rápido recuento sobre el momento en que había sido esa siesta. "Mierda", había dado con el clavo del asunto. Una figura emergió del bosque, pasando a su lado. Abrió los ojos sorprendido. —Siegran —el peliazul siguió su camino. Decidió seguirlo. Sin preocuparse por esconderse.
—Vaya, pensar que este chico tiene un gran poder oculto —murmuró. Se quedó observando al chico. Como dormía pacíficamente con su bufanda cumpliendo la función de almohada.
—Quiero su poder para revivir a Lord Zeref… y construir el mundo perfecto —continuó con su monólogo. Inspiró una bocanada de aire. En su mano derecha apareció una especie de sustancia negra, sin forma definida. Observó con paciencia su mano, hasta que esta adquirió la forma de garra. Con sólo cuatro dedos. Sonrió de manera macabra y de un golpe; golpeó la cabeza del chico.
—¡Ese poder será mío! —exclamó con júbilo.
La reacción fue instantánea. Una luz con un fulgor asombroso hizo presencia. El peliazul voló alrededor de diez metros partiendo los arboles a su paso.
—No debes jugar con poderes no-humanos —pronunció Natsu -del pasado- después de ponerse de pie.
"EHHHHHH" Natsu estaba con la boca desencajada por la sorpresa. La voz que había escuchado no era la suya. Se rascó las orejas en busca de algún problema auricular, pero no fue así.
—Has dañado el sello, debo matarte —Natsu -el del pasado- permanecía de pie. Con una postura de pelea.
"¡Mi voz!" Algunas lágrimas salían de sus ojos, aterrado por el terrible acontecimiento. "¡Es de una chica!"
Natsu -del pasado, con voz de chica- avanzó unos pasos, levantó el brazo derecho en alto. La luz comenzó a reunirse alrededor y de un sólo movimiento bajó el brazo, con ello destruyendo lo que estaba por delante.
—El daño ha sido hecho… —con esas palabras Natsu -el del pasado- cayó al suelo.
Permaneció de pie, observando el lugar. "Ese ataque es aterrador, reunir luz cuando es de noche…" Caminó en dirección del área destruida. "Supongo que no es Siegran… ¿Quién rayos era?" Dedujo cada pequeño detalle. "¡¿EH?!... ¿Me he vuelto inteligente?", asombrándose él mismo por tan buena deducción. No hubo más tiempo para celebrar el descubrimiento -de su inteligencia-.
….
Igneel no se sorprendió al ver que su hijo volvía a aparecer después de haberse ido por unos minutos. Lo miró con expectación, esperando que el chico hablara. Dejando que el pequeño se tomara su tiempo en digerir las cosas.
—Descubrí quien fue el desgraciado que rompió el sello, ese orbe son memorias de ese desgraciado pelinegro —dijo calmado, aunque sus palabras demostraran lo contrario.
—¿Estás seguro? ¿Quién es? —enfatizándose en el responsable del rompimiento del sello.
—Se parece a Siegran, pero no es él.
—¿Algún gemelo malvado? —añadió con sorna.
—Eso no sabría decirlo, hasta que hable con Siegran —pronunció con seriedad.
—Ya era tiempo —sus palabras molestaron al chico. —Pensé que aun sigues dolido por la traición de tu amigo,
—No es eso —hizo referencia a la declaración de guerra que realizo cuando aún era niño. —Sólo… simplemente no puedo dejar de lado mi rencor… pero eso y esto son asuntos diferentes.
—¿Diferentes? Vienen a ser lo mismo, solo consúmelos con el fuego —añadió, mostrando sus instintos de dragón.
—Ese bastardo planeaba usar mi poder para regresar a la vida a Zeref… aunque fue destruido por alguien… raro —aseguró. No quería entrar en detalles.
—Ya veo. Quieres el otro orbe —. No lo preguntó, simplemente puso el objeto al alcance del chico.
—Naaa… será para otro día —pronunció. Pero no quitó la mirada de dicho objeto, observando como Igneel jugaba con la pequeña pelota, pasándola entre sus dedos.
—¿Seguro? —dijo con un tono juguetón.
—Tsk. Qué más da.
Igneel sonrió. Le dio el orbe al chico y solo observó cómo su hijo volvía a desaparecer.
…
—Joder. Ese desgraciado. Donde diablos estoy…
Se cuestionó. Estaba varado en un lugar desconocido. Lleno de nieve, pero siendo solo un recuerdo, la nieve no le afectaba. Caminó durante unos minutos, en línea recta. En un lugar donde solamente podía caminar sin detenerse, comenzó a pensar sobre muchas cosas. Su situación con sus féminas. "Mira-chan es hermosa, me gusta su carácter, sus hermosos ojos, su forma de ser. Ahhh. Por Dios, realmente me enamore de una buena mujer" se revolvió el cabello. "Si ella me pide que deje a las demás, creo que-" sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando llegó a su destino.
Frente a él estaba Juvia. Un domo de hielo y dentro del mismo había agua. El domo ubicado sobre una gran roca. Toda la nieve del lugar se había evaporado -en unos diez metros, usando la roca como radio del fenómeno- , y donde debería haber pasto verde, solo se hallaba hierba seca y marchita. No hubo necesidad de ser un gran genio, la respuesta al fenómeno era solo una: "Yo". Vio a Juvia caer, con señales de cansancio. Se aproximó a ellos.
—¿Juvia te encuentras bien? —preguntó el pelinegro. Se acercó a ella, para tenderle una mano y poder levantarla del suelo nevado.
—Sí, Gray. Sólo estoy cansada por haber usado tanta magia —respondió la maga.
—Será mejor que descanses, me haré cargo de seguir protegiendo a Natsu —se colocó frente al domo, donde se podía visualizar a Natsu sumergido en ese lugar. En la misma posición que había adquirido días antes. Con las piernas cruzadas y el cabello color salmón flotando inquieto.
—Gracias Gray. Natsu nos deberá un gran favor —respondió ella sonriendo.
—Claro, pero todo sea hecho por un buen amigo —le devolvió la sonrisa y se dedicó a su labor. Llevaban varios días realizando dicho proceso. Ambos magos controlaban la temperatura del chico.
—Haber creado el domo fue nuestro último recurso —pronunció la mujer.
—Es cierto, quien sabe lo que hubiese pasado si no lo hubiésemos hecho a tiempo.
Unos días atrás la temperatura del pelirrosa se elevó tanto que la nieve a su alrededor y las plantas inclusive se secaron y marchitaron. Con su magia combinada crearon un lugar casi cerca del cero absoluto, la única manera para ayudar a Natsu, fue apostar por él.
—¿Crees que ya se ha calmado? —preguntó dudosa la chica.
—No sé Juvia, pero no quiero arriesgarme a que se haga carbón.
—Dormiré unas horas —añadió antes de depositar un suave beso en los labios de su amado.
—Descansa —respondió después de haber terminado el beso y la chica emprendió la marcha hacia la cueva que ahora era una casa improvisada.
El pelirrosa los observó conmovido por el cariño que le tenían. Se prometió solo una cosa. "Los protegeré a cualquier costo".
—Será mejor que regreses siendo un DS nuevamente Natsu —añadió mientras miraba al Natsu encerrado en el domo.
—Dalo por hecho Gray —habló. Aunque su voz no llegara al pelinegro. Nuevamente se hundió en sus pensamientos. Pensamiento vagando alrededor de cierta pelirroja. "Erza, sin querer me diste una gran lección. Fui demasiado tonto contigo, tal vez… solo tal vez si hubiese dicho las cosas con claridad desde un principio…" se revolvió el cabello. Negó rotundamente. "No, no existe el 'Tal vez' ni el 'Hubiera'… ¿Debería cancelar la encomienda que le di a Cana?" Los recuerdos le vinieron a la mente.
FLASHBACK
Algunos días después del anuncio del pelirrosa -donde el chico reclamaba propiedad absoluta sobre las hermanas Strauss-.
El famoso no mago se encontraba limpiando unos cuantos vasos. Con su traje de barman, ubicado en la posición que el maestro le había asignado hace solo unos días. Aun resultaba extraño para algunos ver al destructor pelirrosa siendo el nuevo encargado de servir las bebidas, crear deliciosos platillos y llevar el estricto control de las misiones que realizaban cada miembro del gremio.
—Natsu, un tarro de cerveza, bien frio —pidió contenta la morocha. Con su usual sonrisa, jeans negros y un bikini colorido cubriendo sus pechos, dejando muy poco a la imaginación.
—Sí, Cana… solo dame unos segundos —pronunció el chico. Dándole una suave sonrisa, sonrojando a la morocha en el proceso. Tal como había dicho Natsu, el tarro estaba listo para ser besado por los suaves labios de la mujer. La morena procedió a beber su delicioso néctar.
—Ugyaa~ esto esta delicioso~ —pronunció cantarinamente. Natsu no movió su imperturbable sonrisa.
—Aquí hay uno más —ofreció un tarro más de cerveza. Sonriendo de manera enigmática. Algo que pasó desapercibido para Cana.
—Mmmm~ No hay nada mejor que una buena bebida después de una exitosa misión —habló después de golpear con fuerza el tarro contra la barra. —Natsu dame más~ —ronroneó.
—Eh, perdón Cana… pero tendrás que esperar, debo ir a la bodega por más cerveza —habló, depositando un trapo blanco que usaba como limpiador de vasos. No espero respuesta alguna, y dándose la vuelta, ingresó a la cocina, dejando a la morocha en la barra. [¿Recuerdan lo de la canción?, en la historia ya ha pasado un minuto del inicio]
I should put it down. Should got that ring.
Cuz I can still feel it in the air.
See your pretty face run my fingers through your hair.
La suave canción, se podía escuchar por toda la cocina. Una alegre peliblanca disfrutaba de la melodía, mientras se dedicaba a preparar los alimentos del día. Usando una falda larga, que dejaba al descubierto su larga y bien tornada pierna.
—My lover, my life. My baby, my wife —sus caderas contoneándose al compás de la melodía.
You left me, I'm tied
Ella desconocía que desde hace un par de segundos era observada por un par de ojos verde-ónix. Ese alguien se acercó a paso lento.
'Cuz I know that it just ain't right.
Con una sonrisa zorruna, rodeó con sus brazos a la joven mujer. Sorprendiéndola, acercó su boca hasta el oído de la chica.
—I was thinking about you, thinking about me. Thinking about us, what we gonna be? —susurró. Enviando una pequeña corriente eléctrica por el cuerpo de la albina. La mujer reconoció la voz masculina y se dejó llevar por el momento. Se apoyó contra el tórax del chico y acarició con ternura las manos que posesivamente aprisionaban su vientre.
—Open my eyes; it was only just a dream. So I travel back, down that road —ambos cantaban a doble voz. Tal espectáculo era sólo de ellos. Lentamente ella buscó los ojos de su amante, encontrándolos y perdiéndose en ellos. La melodía seguía en el radio mágico.
Will you come back? No one knows.
I realize, it was only just a dream.
Cerraron la distancia. Un beso suave, se dio la vuelta y enrolló sus brazos alrededor de la cabellera salmón.
When I'm riding I swear I see your face at every turn.
I'm trying to get my usher on, but I can let it burn.
Natsu en busca de más contacto, la apretó entre la alacena y su cuerpo, presionando los pechos de la mujer con su tórax, hábilmente movió su mano derecha hasta la abertura de la falda. Con maestría comenzó a acariciar el bien formado trasero.
And I just hope you'll know you're the only one I yearn for.
No wonder I'll be missing when I'll learn?
El beso se intensificó, llevando algunos segundos. La canción dando cierto ambiente romántico, que fácilmente los enviaba a otro mundo. Y cierto aroma…
Abruptamente la mujer rompió el contacto y angustiada profirió: —¡Ay! ¡Dios, la comida se quema! —para darse cuenta del error cometido. — ¡No te rías! — exclamó ruborizada.
Didn't give it all my love, I guess now I got my payback.
Now I'm in the club thinking all about you baby.
—Perdón, Liss… pero no fue mi culpa —habló sonriendo. Ella le había dado la espalda. Observó cómo lentamente la chica se giraba para encararlo y volvió a sonreír.
Hey, you were so easy to love. But wait, I guess our love wasn't enough.
—Tú eres- mmm~ —la peliblanca no pudo decir nada más. Al instante fue acallada por otro pasional y exigente beso. El chico le mordió el labio inferior, haciendo que la mujer gimiera. Momento que aprovechó Natsu para introducir su lengua y explorar -una vez más- a su amante. Las defensas de Lissana se desplomaron sin ningún remedio, se separó a duras penas. Natsu comenzó a besar el cuello de la chica.
I'm going through it every time that I'm alone.
And now I'm wishing that you'd pick up the phone.
—Tsu-kun~ aquí noo~ mmm~ en la bodegaa~ —entre gemidos, lo comenzó a llevar hasta una puerta pequeña, ubicada al fondo de la cocina. Se las ingenió para abrir la puerta, ingresando entre empujones y caricias -ella aseguró la puerta- y arrastró al chico hasta una ventana que brindaba luz al lugar. El lugar era extenso, después de todo era el edificio del gremio más grande de Fiore.
Con ansiedad le desabrochó el corbatín. Teniendo acceso completo al cuello del chico, sin pedir permiso -cosa que no necesitaba hacer- dio varios besos en la mandíbula, un par de chupones en el cuello del pelirrosa. Y Natsu, bueno él… simplemente se dejó consentir por Lissana. Sin oponer resistencia alguna. Sin que la chica se percatara, una delgada extremidad surgió de la espalda baja del chico, dirigiéndose a la puerta. Puerta que Lissana había cerrado momentos antes, con asombrosa maniobrabilidad, abrió la misma.
—Vaya Liss~ mmm~ eres demasiado ansiosa~ —pronunció con voz ronca, llena de lujuria avergonzando a la albina menor.
—¡T-t-tú eres el culpable! —exclamó abochornada. Aun así siguió con su labor, le quitó el chaleco negro y sin cuidado alguno le rompió los botones superiores de la camisa. La magia de la albina menor hizo presencia, transformándose en una gatita albina. —¡JE! Has sido un chico malvado~, Tsu-kun~, es necesario castigarte~ —sonrió ladinamente. Vorazmente le mordió la clavícula, con la fuerza suficiente para dejarle una marca que no sanaría en un par de días. Un hilillo de sangre comenzó a surgir de la mordida, Lissana procedió a lamer con lentitud, jugando con su lengua sobre esa zona. —Mmm~ —la chica se hundió en su mundo de lujuria.
Natsu sonrió. "Con que esas tenemos ¡EH!". —Liss~ he sido un niño malooo~ —le susurró, provocando más a la mujer. El sonido de la tela siendo rasgada retumbó en el almacén, Lissana con su magia destrozó la prenda en un instante, comenzando con una lenta tortura. Ahora la mujer era una especie de gata encelo, llena de una insaciable lujuria.
Bajó con lenta parsimonia arrastrando su delicada lengua por el tonificado cuerpo masculino, saboreando la piel tostada y el sudor del joven. Marcando su terreno, haciéndolo de su propiedad -aunque no fuese la única-. Llegó hasta el minúsculo botón, con malicia lo mordisqueó y lo estiró, siendo recompensada con sonoros gruñidos del joven. Con su mano derecha comenzó a acariciar la hombría sobre la ropa, movimientos lentos y tortuosos. Cambió de pezón, degustándose del siguiente. El mismo proceso, duro y exigente. Sin olvidar de atender con su mano el viril miembro del chico.
—Eso mmm~ no es suficiente ohhh Liss~.
Escucharlo suplicar por más, que pronunciará su nombre, que estuviese excitado por sus caricias, era algo que le daba cierto orgullo como mujer. —Mmm~ Aun no… esto es solo el comienzo —procede a bajar; dejando a su paso un camino de besos, pequeños mordiscos y ligeros rasguños por el abdomen musculoso del joven. Llega hasta su objetivo, los pantalones de seda negra. Una hebilla dorada con forma de dragón adorna el pantalón. Se moja los labios de manera sensual, echa un vistazo hacia arriba sonriendo felinamente.
—Liss~ por favor~ —ruega, después de todo… es un juego delicioso. Y aun no debe salirse del papel.
Lo mira, ve la ansiedad reflejada en los ojos verde-ónix. Ama lo que ve, con malicia aprieta el miembro viril; escucha el gruñido casi animal del hombre. Y disfruta esa sensación de poder sobre Natsu. —Aun noo~ —gime. Con su boca comienza a besar el pantalón, precisamente sobre el bulto. Con su lengua moja esa parte, con impaciencia comienza a aspirar el aroma de esperma. —Mmmm~ ahhh~ —. Su mano derecha viaja hasta su intimidad, enterrando un dedo en su húmeda vagina. Con su otra mano, despedaza la ropa del chico, siendo sus labios abofeteados por un erecto pedazo de carne. Se maravilla, y lo olfatea directamente.
—Wow, hay un montón de esmegma~ bajo la cabeza miau~ —con esas palabras comenzó su labor bucal. Su lengua deslizándose entre el prepucio, saboreando cada parte que podía. Su boca siendo insuficiente para poder meterse todo el miembro masculino. Un lento sube y baja, que al pasar del tiempo aumentó en velocidad e intensidad. Los sonidos de chapoteo y succión llenaban la habitación. La albina sintió cómo el pene se contrajo con violencia en su boca. Aumentó la velocidad en que hundía sus dedos en su propia intimidad. Dos manos se posicionaron en su cabellera albina, con fuerza el miembro masculino se incrustó hasta su garganta, depositando el líquido caliente directo en su estómago, el ahogamiento aturdió su mente y cuerpo. Fue durante medio minuto en que su garganta era usada como vagina, Natsu empujó el pene varias veces hasta dejar la última gota del espeso brebaje.
Natsu observó el rostro carmín de su mujer, con la vista ligeramente nublada y pequeñas lágrimas, con la boca abierta y un líquido lechoso escurriendo por la comisura de sus labios carmín. Sin siquiera poder evitarlo, se le puso dura de nuevo.
—Mmmm~ —gimió de éxtasis al momento de degustar la leche que le habían dado. De manera inconsciente se relamió los labios de manera sensual, inclusive su mano derecha, manchada de sus propios jugos amorosos.
—¿Ahora donde quiere mi dulce gatita, su leche tibia? —habló felizmente el chico. Moviendo su pene frente al rostro de la mujer, la susodicha siguió con la mirada la trayectoria de la vara de carne, completamente hipnotizada. Natsu le propinó un par de 'pollazos' en el rostro, para despertarla. La mujer con iris en forma de corazón, se recostó sobre el suelo frio y separó las piernas, con sus manos abrió sus labios vaginales, invitándolo…
—Lo quiero adentro, tan adentro para que no se desperdicie nada…
Sonrió. Sin hacerse del rogar, se incrustó de un golpe en el vientre de la albina.
—¡AAAAHHHHH! —los ojos de la albina estaban por completo nublados de placer orgásmico.
—Liss~ te has venido por tan poca cosa —habló al sentir una presión fuerte alrededor de su pene. La mujer rodeó con sus brazos el cuerpo de Natsu en un intento de aferrarse a algo. Natsu hizo fuerza con sus piernas y se puso de pie, junto a la albina. Con ambas manos posicionadas en la cadera de la fémina, la subió y la empaló de un golpe.
—¡OHHHHHHHHH! —fue el grito femenino que inundó la habitación. La mujer enterró sus garras en la espalda del pelirrosa, haciéndolo gritar de sorpresa. Pero esa acción solo despertó su lado salvaje. Sin piedad alguna la subía hasta dejar sólo el glande dentro para luego bajarla de un sólo movimiento, repitiendo el proceso una y otra vez. Los segundos se convirtieron en minutos. Llevándola incontables veces al orgasmo.
Sus fuerzas comenzaron a abandonar su cuerpo, convirtiéndose en una muñeca de trapo en los fuertes brazos de su amante. Hace menos de dos meses en que se había entregado al pelirrosa en cuerpo y alma, a tal grado de anhelarlo cada momento. Su magia lentamente comenzó a desaparecer, dejándola con sus ropas de antes, algo que no le importaba en lo más mínimo. Sonrió para sí misma y anhelante, buscó los labios del pelirrosa.
—Tsu-kun~ bésame —le pidió con ternura, a pesar del acto salvaje del cual era participe. Sus caderas bajando y subiendo a una velocidad anormal, sus piernas enrolladas en la cintura del chico. Su hombre cumplió su deseo, la besó de forma salvaje y exigente, con pasión desbordada y un sinfín de amor.
—Liss~ voy a entrar~ —le advirtió.
—¡AAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH!
Natsu observó maravillado la expresión de puro placer de Lissana. Su rostro con un carmín, sus ojos nublados y su lengua de fuera. Con sus dientes tomó la lengua de la chica, dándole mordiscos y lamidas lujuriosas.
—Natshu nyo she deshegash
Unas embestidas más al útero, y de un gruñido animal, soltó toda la carga en el interior. Mordió el hombro izquierdo de porcelana, a medida que la llenaba al completo. Transcurrieron un par de minutos en ese proceso. Observó la expresión de placer absoluto de su mujer albina. Haciendo uso de la magia del tiempo, restauró su camisa y chaleco, los utilizó como sábana y depósito a una inconsciente mujer sobre los trapos. Su oído tan agudo cómo el de una bestia salvaje, logró capturar unos ligeros gemidos provenientes de una mujer que hacia lo posible para acallarlos mordiéndose el dorso de la mano.
—Por Dios, Liss… aún no he tenido suficiente, lo mejor será…—habló al aire. Sonriendo ligeramente. En un parpadeo desapareció del lugar dejando a la albina completamente sola.
Minutos antes.
Se había cansado de esperar a que Natsu llevara su preciada bebida, y por eso, ingresó a la cocina en busca del pelirrosa. Escuchó algunos gruñidos y gemidos provenir de la puerta entre-abierta de la bodega, poseída por la curiosidad, ingresó con el mayor sigilo posible. Grande fue su sorpresa al encontrar una escena tan candente. Sin saber qué hacer, optó por quedarse a ver. Separados por algunos estantes, observó cómo -de manera salvaje y apasionada- se demostraban amor Natsu y Lissana. Asombrada y estupefacta quedó al ver como la albina llegaba al orgasmo una y otra vez. Sin poder evitarlo, comenzó a darse amor a sí misma. Una mano jugando con su pecho izquierdo y la otra en su intimidad debajo del pantalón negro de mezclilla. Mordiéndose el labio inferior, para de esa manera acallar sus gemidos. Con sus ojos cerrados hundiéndose en su imaginación. Sin importarle el tiempo que, de manera apremiante, caminaba sin detenerse.
…
—…castigar a la fisgona —susurró esas palabras directamente al oído de cierta mujer, haciendo que ella respingará del susto.
Giró su rostro con lentitud, un evidente sonrojo impreso en sus mejillas y un hilillo de saliva escurriendo entre la comisura de sus labios. —Na-tsu —avergonzada se cubrió su pecho izquierdo, y velozmente se puso de pie, en dos pasos largos había esquivado al chico lista para salir de la habitación. Velozmente una mano apretó fuertemente su muñeca derecha.
—Si sales de esta habitación, haré cómo que si nada sucedió… ¿Eso es lo que quieres Cana? —habló con seriedad. La morena tenía su mano en el pomo, su respiración era errática.
—Natsu, yo… —dudó la morocha, mordiéndose el labio con impaciencia.
—No te preocupes, seguiremos siendo solamente amigos —dijo el pelirrosa al momento de soltar la muñeca femenina. Las dudas que la mujer tenía se esfumaron, cerró la puerta, dándose la vuelta. Ahora fue el turno de ella de agarrar la muñeca derecha del hombre.
—Quiero que seamos más que amigos —le susurró suavemente. —Pero no soy una cualquiera, que se acuesta con cuanto hombre encuentre en el camino —añadió con temor. Después de todo había algunos rumores corriendo por la ciudad. —Pero… pero… —las dudas volvieron nuevamente.
Natsu volteó a verla, la mujer temblaba ligeramente. Sonrió en comprensión, después de todo, él sabía la verdad detrás de esos rumores. Con su mano derecha alzó la barbilla de la mujer, mirándola directamente a los ojos. Con su lengua comenzó a lamer la comisura derecha de los labios morenos. Mordió suavemente el labio inferior, haciéndola suspirar. Ella puso sus manos como defensa, tratando de alejarse.
—Yo-yo so-ymmm~ —volvió a gemir cuando el chico mordió lujuriosamente su lóbulo derecho.
—No creo en rumores sin fundamentos, nos conocemos desde niños. Cualquier imbécil que se atreva a dudar de ti, lo haré trizas —. Esas palabras minaron por completo los temores de la morocha. Soltó algunas lágrimas, torpemente trató de enjugárselas, ocultando su rostro. Natsu negó rotundamente ese derecho. Sin mediar palabra la arrinconó contra la pared y tomó posesión de los exquisitos labios, que siempre lo habían tentado a pecar. Suaves 'mmm~' morían en la garganta de la morocha.
Con la costumbre que lo caracterizaba, o ya sea gracias a la continua práctica; sus manos viajaron con asombrosa velocidad al bien formado trasero, lo tocó por sobre la ropa. Sin darle tregua a la morocha, metió la mano derecha por debajo del pantalón llegando al jugoso manjar. Lentamente comenzó un suave roce, con sus dedos corazón y pulgar presionó el delicado botón.
Las piernas le comenzaron a fallar. Completamente vencida, enrolló ambos brazos en la cabellera salmón, correspondiendo el beso en igual intensidad. Repentinamente se sintió en el cielo "Oh mi Dios, me vine solo por un beso y un par de caricias", su pantalón de mezclilla se hallaba completamente empapado. Sus piernas colapsaron, pero el chico se negó a dejarla caer, con ambas manos tomándola posesivamente de las nalgas, la levanto y aprisionó su cuerpo contra la puerta de la bodega. "¡QUEEE RICOOOO!", pérdida en el mar de sensaciones, no se dio cuenta hasta el momento en que su pecho izquierdo era succionado con vehemencia por un sediento hombre.
La había levantado, hasta dejarla completamente en el aire, para evitar que ella cayera colocó su muslo derecho cómo soporte. Abandonó la boca de su nueva mujer, observó los labios entreabiertos pidiendo más atención, con los ojos fuertemente cerrados y un gran sonrojo, gotas de sudor bañaban sus bellas facciones, cómo el fresco roció baña a una hermosa flor. "¿Cómo será tu cara deformada en placer?", se cuestionó mentalmente. Sus ojos llegaron hasta el bikini negro, se relamió los labios y con sus filosos caninos rasgo la tela. Cómo bestia hambrienta comenzó a mamar desesperadamente el pecho izquierdo "¡Joder! ¡La magia de Lissana!", ingresó todo lo que pudo del voluptuoso pedazo de carne en su boca. Siendo incapaz de comerlo por completo, se dedicó a jugar solamente con el pezón, primero con su lengua y después siendo mordisqueado.
Su mente nublada por el placer, sin darse cuenta comenzó un suave vaivén de sus caderas, su intimidad siendo acariciada por el muslo tonificado del varón. Su orgasmo era inminente, en cualquier momento… —¡AAAAAHHHHHH! —el momento que la llevó a la locura fue cuando el pelirrosa cambió de pecho, y con ambas manos estiró los pezones y sus pechos tanto como fuese posible. Baño con jugos amorosos la pierna desnuda del pelirrosa. Ella lentamente cayó al suelo.
Con la respiración entrecortada, produciendo algo de vapor por la alta temperatura, y su cuerpo completo temblando ligeramente. Se apoyó contra la puerta. El cinturón de su pantalón había sido retirado y el botón se encontraba removido, abrió los ojos ligeramente para ubicarse. Su sorpresa fue grande al encontrarse con el trozo de carne erguido en su totalidad. "¡Es demasiado grande!". Tragó duro, presa de un ligero nerviosismo. De manera inconsciente su boca comenzó a producir más saliva, cómo si fuese a darse un gran festín.
Cana sacó su lengua, y abrió grande la boca, lo más que pudo. Colocó ambas manos en el suelo, cómo soporte para lo que está por venir. Natsu comprendió el pedido, y sin mediar palabra introdujo lentamente su virilidad en la cavidad pequeña de la morocha.
—Cana te daré algo mejor que la cerveza —habló antes de empezar con la 'garganta profunda' de la morocha. La reacción natural no se hizo esperar, la mujer por no estar acostumbrada a algo tan grande, se comenzó a sofocar. —Cuando la saque, respiras, solo relaja tu garganta, no seré rudo —le ordenó. A lo que ella asintió obedientemente, estuvieron realizando el proceso de manera lenta y delicada. Comprendiendo que la chica era de rápido aprendizaje aumentó la velocidad de las embestidas. De su espalda baja surgieron algunas 'ramas' de un color sangre. —Es injusto que sea solo yo el que este disfrutando —murmuró mientras con ambas manos llegaba a lo más profundo de la garganta, algunas extremidades surgieron de su espalda baja y se dirigieron rápidamente a la mujer, introduciéndose por debajo del pantalón, ascendiendo suavemente por las piernas hasta llegar a su destino. Otras más, aprisionaron por completo los exuberantes senos, enrollándose fuertemente y comenzando a jugar con los duros botones rosas. Los ojos de la morena se nublaron por completo, había sido arrastrada al cielo de una manera violenta, su boca por fin cedió. Sin poder pensar claramente, se dejó hacer y deshacer un sinfín de veces.
—¡Cana, ten tu nueva bebida! —- Con un gruñido soltó su semilla en la garganta, depositando directamente en el estómago de la mujer. En ningún momento había detenido el ataque despiadado de sus extremidades anormales. Con lentitud comenzó a sacar su virilidad, soltando a lo largo del camino el líquido lechoso que tanto añoraban sus mujeres. Dejó la punta en la boca de la chica, terminando pacientemente de depositar hasta la última gota. Cana se hallaba completamente en las nubes del placer. Su cuerpo siendo torturado sin querer oponer resistencia. —Ahh, creo que se me paso la mano con Cana —con mala gana suspiró. Cargó entre sus brazos a la mujer y comenzó a caminar en dirección de la otra mujer -Lissana-. El cuerpo femenino sufría de continuos espasmos, cómo si tuviese un ataque epiléptico. —Sí, definitivamente debo ir lento con una novata —añadió.
Con delicadeza la colocó sobre una caja, se dirigió a la durmiente Lissana. Observó la cara ligeramente sonrojada de la chica, un tenue rosa contrastando con su piel blanca. Sonrió perversamente, hizo a un lado la gran falda celeste y con sus manos separó las piernas de la chica, mirando como un líquido lechoso escurría desde el interior de su mujer. Satisfecho con su labor, dio media vuelta y tomó a la morena. Recostó a la mujer boca abajo, de tal manera que la cabeza de la chica quedara a escasos centímetros de la intimidad de la albina. La voluminosa delantera contra el suelo frio y duro, con una extremidad rojiza levantó al aire el trasero de la mujer. Con una perfecta coordinación, hizo un agujero por sobre la ropa, sin dañarla siquiera. Se colocó encima de la morocha y con su mano derecha colocó la punta de su pene en la húmeda entrada.
—¡UGYA! —. La chica regresó de la ensoñación al sentir cómo un intruso se abría paso en su interior, extendiendo las paredes -que hace un momento eran vírgenes-. La primera penetración fue suficiente para que casi llegara al orgasmo, el intruso lentamente comenzó a salir, y de un golpe regresó a besar su cérvix. La morocha apretaba fuertemente los dientes mientras era penetrada una y otra vez. Pronto fue incapaz de contenerse y comenzó a gemir desesperadamente.
La sensación de ser apretado fuertemente, lo volvía loco. Observó como la mujer comenzaba a gritar y con su mano derecha -la izquierda agarra fuertemente la cintura de la mujer- enterró la cabeza de la mujer entre la intimidad de la albina. —¡COME! —le gruñó.
—¡Mmmm Ahhh! —la chica había perdido la cordura, cuando sus labios tocaron algo suave, comenzó a dar pequeñas lamidas, que segundos después cambiaron a mordiscos y chupones. Besaba fuertemente los muslos de la albina y subió hasta llegar a su destino, su lengua saboreó la esencia de la mujer y del hombre. Como si algo se hubiese encendido en su interior, comenzó a beber fervientemente, con su lengua empezó a penetrar a la chica, en busca de más alimento. La inconsciente Lissana, apretó sus piernas en busca de más contacto. —Tsu-kun máss porfavorr mmm —suplicó con los ojos cerrados. Sus delicadas manos viajaron hasta posicionarse en la cabellera negra y comenzó a apretarla contra su intimidad.
Con ambas manos agarró fuertemente la cintura de la mujer, hizo su cadera hacia atrás, dejando el glande dentro y de un solo empujón entró hasta superar la última barrera. —¡OHHH! —rugió como animal al momento de liberar una gran carga en el útero de la morocha, sintiendo como ella apretaba con fiereza extrayendo hasta la última gota.
—Tsu-kun ahhhh —gimió la albina al llegar al orgasmo, la morocha había mordido el delicado clítoris, al sentirse presa del orgasmo y ser llenada de una manera animal. Ambas mujeres respiraban dificultosamente. Lissana abrió los ojos de sorpresa al ver a Natsu de pie, con el pene incrustado en alguien desconocida, siguió con la vista hasta ubicar a esa alguien entre sus piernas, lo único que podía ver era una cabellera castaña, —C-C-Ca-na —tartamudeó sorprendida.
Natsu salió finalmente del interior de la mujer. —Cana ahora es mía, al igual que tú y tu hermana —resolvió la duda de la albina menor. "Y Ultear y Meredy", pensó "pronto les seguirá Levy, quien sabe, puede que Evergreen y Bisca o inclusive Laki también" movió la cabeza en afirmación. Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir como una lengua delicadamente limpiaba cualquier rastro de semen en su virilidad, bajó la vista encontrándose con la mirada de Lissana. —Con nosotras es suficiente —respondió, dejando en claro su postura. La mirada celeste chocó con la mirada verde-ónix. La mujer en ningún momento abandonó la labor, engulló el pene como si fuese un dulce y estuvo jugando con él en su boca por unos segundos. Natsu se agachó hasta estar a la altura de la mujer. —No pienso reemplazarlas, mucho menos abandonarlas —dijo suavemente, mientras le acariciaba la mejilla.
La chica se dejó guiar por los mimos, y ya se encontraba de pie. Natsu besó suavemente el dorso de su mano izquierda, haciendo que su corazón temblara de alegría. Un leve rosa tiñó su rostro, se mordió el labio inferior y suspiró resignada. —Eres un tramposo, siempre obtienes lo que quieres —agregó mostrando un poco de molestia fingida. Rodeó con sus brazos la cabeza del chico y lo besó suavemente, —por Dios, eres insaciable —dijo al sentir la erección del chico golpear fuertemente su abdomen.
El chico con impaciencia le quitó la blusa a la mujer, dejando al descubierto un sostén de encaje. —Liss usa tus pechos —le ordenó. Ella sonrió alegremente y se puso en cuclillas. Guío con su mano la erección por debajo de sus senos, dejó caer una gran cantidad de saliva entre sus pechos y lentamente comenzó su labor.
—Ohh qué rico se siente Liss —gruñó. Haciendo que la mujer ganara confianza, y aumentó la velocidad del sube y baja de sus pechos. Con su boca comenzó a comerse la cabeza, dando lengüetazos y mordiscos a la delicada zona.
Un sonido irritante perturbó su descanso, abrió los ojos perezosamente y una sensación calidad en su vientre, le hizo recordar lo que había sucedido hace unos minutos. Sonrió amargamente al encontrarse sola en el lugar, pensando lo peor un par de lágrimas corrieron por sus mejillas.
—¡Cana, ven!
Asombrada buscó al chico encontrándolo de pie y a Lissana de rodillas. —¡Cana! —volvió a escuchar. Se limpió las lágrimas y cumplió la orden del chico. Se sonrojó furiosamente al sentir como de su intimidad comenzaba a escurrir un líquido, se tocó nerviosamente y llevó su mano a su nariz, olisqueando el líquido. Reconoció el aroma.
—¡Lámbelo!
Sin dudarlo cumplió con lo pedido.
—Mmmm —de manera inconsciente gimió de gusto.
—Agáchate —le susurró al oído, siendo obedecido de inmediato.
—¡LISS! ¡ME VENGOOO! —rugió al momento de explotar en la boca de la mujer. —No te lo tragues.
La aludida obedeció y se quedó con una gran cantidad de esperma en la boca. —Muéstramelo —. Ella abrió ligeramente la boca y enseñó como jugueteaba con el líquido blanco en su lengua y boca. —Comp- —. No terminó a decir nada, cuando vio como Cana devoraba la boca de Lissana, de manera sedienta. Ligeros 'mmm' eran producidos por el par de mujeres. —Si tanto lo desean, hay más para las dos —dijo pícaramente, a la altura de las dos mujeres. Lissana se apoyó exhausta sobre sus brazos, echo la cabeza hacia atrás soltando pequeñas nubes de vapor.
—Natsu quiero ser tuya por siempre —le dijo la chica con una mano en su zona intima. Su cabello castaño cayendo como cascadas, un rubor en su rostro y una mirada suplicante, llena de deseo. "Maldición, es demasiado hermosa", el chico con su pulgar acarició los labios, delineándolos suavemente. —Cana o Lissana, quien irá primero —. Esas palabras hicieron que la albina se moviera velozmente sobre Natsu, derribándolo en el acto.
—Ella es una novata, yo iré primera —con su mano derecha colocó la erección del chico alineándolo con su húmeda entrada; la peliblanca se empaló de un golpe. Y comenzó a cabalgar al chico. —¡AHHH TSU-KUN! —exclamó presa del deseo, se recostó sobre el tórax del chico y dejó que sus caderas hicieran el resto, bajando y subiendo como si de eso dependiese su vida.
"Pensar que la puritana de Lissana sería tan puta… aunque comprendo su razón", pensó la morocha. Igual de deseosa que la albina.
—Natsu, yo también —suplicó, mientras comenzaba a friccionar su intimidad contra el brazo derecho del chico.
Con su mano derecha -ya que la izquierda se encontraba ocupada-, la hizo hacia atrás, tomando distancia. *PLAF* —¡UGHYU! —fue la respuesta de la albina, al ser nalgueada.
Sonrió mordazmente, al sentir como la chica apretaba con fuerza. *PLAF* *PLAF* dos nalgadas más fueron proporcionadas por el chico. —¡AGH! ¡UMMM!
"¡OH! Lo había olvidado" su sonrisa se ensanchó más. Con su mano derecha tomó la cabeza de la chica y la presionó contra sus labios, comenzando un beso apasionado. La chica se retorció al sentir como algo extraño comenzaba a abrirse en camino en su entrada trasera.
—¡Oh! —Cana exclamó sorprendida al ver como una extremidad delgada comenzaba a surgir de la espalda del chico, para luego abrirse camino en la parte trasera de la albina. —¡¿QUÉ?! —su sorpresa fue mayor al ver como más de esas 'cosas' se arrastraban en su dirección. Sus ojos se ensancharon en asombro, cuando varias de esas cosas se unían formando un pene casi igual de grande al soldado de Natsu. "No me digas, Natsu puede con varias mujeres a la vez", pensó cuando aún podía hacerlo. —¡MMMMM! —Cana había sido empalada de un golpe.
—¡AAAHHHH! —la albina menor fue incapaz de soportar el ataque a sus dos agujeros. Explotando en un orgasmo, hasta el momento, inigualable. Su cuerpo convulsionando fuertemente.
—Lissana ha sido una niña mala… —el chico se logró poner de pie, lentamente. Como si fuese alguna clase de robot, sin necesidad de usar brazos o apoyarse en algo. Con sus brazos aprisionando el cuerpo delicado de la mujer. —… y a las niñas malas, hay que recompensarlas —. De su espalda baja surgieron más extremidades que envolvieron los brazos y piernas de la mujer, dejándola en el aire. Debajo de su pene, se formó un apéndice color sangre igual de forma y tamaño. Colocó ambas manos en la cintura de la mujer.
—Tsu-kun detenteeeee —la chica fue doblemente penetrada sin compasión alguna.
—Oh mi Dios —alcanzó a decir la morocha al ver como su 'hermana' era follada de una forma salvaje, incluso más salvaje que la vez anterior. Su intimidad siendo bombardeada de manera continua, por esa 'cosa'. Se puso de pie y a paso lento se aproximó al chico, sus pechos chocaron contra la espalda amplia y sudorosa del muchacho. Con picardía comenzó a acariciarlo por todo el cuerpo, depositando suaves besos a lo largo de su paseo. El tiempo avanzaba sin detenerse.
—Ah Ah Ah Ah UHGDNASM —la albina siendo incapaz de pronunciar palabra alguna, se dejó embriagar por el placer. Ahora había sido reducida a un simple juguete sexual, en manos de un maniaco.
— ¡OHHHHHHH! —rugió al momento de llenar a la albina. Incontables embestidas produjeron que el cuerpo de la chica se quebrará, con espasmos cada tres segundos y una respiración errática, la depósito suavemente en el suelo. Sus colas se movieron a una velocidad vertiginosa, aprisionando a la morocha. Con facilidad le rompió el pantalón de mezclilla, quedando solo una braguita negra de encaje.
—Nat-su qui-ero el re-al —musitó, mientras se retorcía de placer brindado por el pene artificial. Con una orden mental, retiró el apéndice artificial. Aproximando a la mujer a escasos centímetros, la tomó de la barbilla. —Cana, quiero que me prometas algo —sus palabras fueron arrastradas con un toque malévolo.
La mujer no dudó. —Siem-pre se-ré tu-ya —habló entrecortadamente.
—¡Oh! Eso ya lo sabía —habló con altanería, como si fuese el dueño del mundo. Con sus dedos aprisionó el pezón de la morena.
—Mmm Ent-onceess.
—Quiero a Erza —su mirada se tornó demoniaca y en sus palabras habían impreso un toque de maldad.
—Mmm yo te la entregareeee —cedió la chica, sin importarle en lo más mínimo lo que había prometido.
—Niña buena, ten tu premio —con movimientos fuertes reinició lo que había dejado pendiente. Soltó a la chica de sus ataduras, agarrándole las nalgas para que no cayera. La chica enrolló piernas y brazos en el cuerpo masculino, —ahhh mmm eshhtooo essshhh ellll shielloooo —las caderas femeninas se movían desesperadamente.
—Cana, eres mía, solo mía ¿entendiste?
Las palabras de su amante la hicieron estremecer, llena de un sentimiento difícil de comprender. Ya sea el calor del momento o algo desconocido. —Shhii, mashh, ummm meeee shenash AHHHH —la chica fue presa por otro brutal orgasmo. Se podía vislumbrar un líquido blancuzco comenzar a salir de la 'copa interna' de la mujer. Señal de haber sido llenada en demasía. Natsu colocó a la morena al lado de la albina. Y cayó de rodillas, totalmente exhausto. —Ah… Ah… Mierda, use demasiada… magia… el arco del tiempo… Ah… y las colas son demasiado… Ah… para mi cuerpo… —habló de manera errática y con esas palabras el chico se desplomó inconsciente.
…..
—Por Dios, Tsu-kun rasgó por completo mis ropas —se quejó la albina, sentada con los pechos al aire mientras sostenía sus ropas totalmente rasgadas.
—Mmmm sólo unos minutos más —murmuró la morocha entre sueños.
—Oye Cana, despierta —la peliblanca movía a la mencionada, con el intento de despertarla.
—Natsu eres insaciable, pero confórmate con Lissana, ahora estoy cansada.
Una vena sobresaltó en la sien de la chica. —¡JE! Esta desgraciada… —la albina se puso de pie -pasando por encima del chico- y se dedicó a buscar en la bodega, específicamente en la nevera del gremio. —Genial, creo que con esto se despierta… —la albina con algo pesado entre los brazos llegó hasta la morocha. —Caanaaa —cantarinamente la llamó. —Despierta dormilonaa —con una dulce sonrisa vació la carga entre sus brazos, demostrando ser hermana de 'La Demonio'.
—¡SANTA MIERDA! —de un salto la morocha se puso de pie. Bañada completamente en un líquido sumamente frio. La chica completamente despierta, olisqueo el líquido y se puso a llorar cómicamente. —¡NO! ¡Porque el licor, si era tan pronto para morir! —maldiciendo su suerte y golpeando el suelo.
—JAJAJAJAJA —la estruendosa carcajada no se hizo esperar. Llamando la atención de la morena. Cana abrió grande los ojos, al ver a Lissana sosteniendo un barril. Su cerebro rápidamente conectó los hechos. Y comenzó una pelea de mujeres. Cana tacleó a la albina. Lissana intentando evitar el daño, colocó su codo para amortiguar la caída.
—¡ARGH! —el chico gritó adolorido, despertando de golpe.
Minutos después…
—Vaya forma de despertarme —el chico se sobaba la entrepierna con lagrimillas saliendo de sus ojos. Observando fijamente al par de mujeres de rodillas a un metro frente a él.
—Fue culpa de Cana —acusó, señalándola.
—¿Qué? Tu comenzaste —se defendió la aludida, poniéndose de pie para reanudar la pelea.
—¡Silencio! —ordenó con voz fuerte, haciendo temblar a ambas mujeres. Se rascó la nuca restándole importancia al asunto. Una pequeña honda de magia hizo presencia, comenzando a restaurar las ropas de las mujeres y las propias.
—Wow —la morocha se sorprendió en sobremanera al ser testigo de algo increíble.
—¿Cómo hiciste esto? —musitó la menor. —No se supone que no puedes usar magia —lo miró inquisitivamente.
—Nunca dije que no pudiera usar otra magia aparte de la DS —la mirada celeste de la chica lo había incomodado, como si ella fuese capaz de leer su mente. —Jejeje… Ehem, lo mejor será regresar, después de todo hay que preparar el almuerzo —agregó tratando de cambiar el tema.
—Eso no es posible, llevamos horas en la bode- —las palabras de Cana murieron por la sorpresa, al ver la ventana de la bodega. Afuera se podía notar que apenas se acercaba el medio día.
—Imposible —musitó con incredulidad Lissana.
—¿Co-cómo? —Cana regresó de su asombro exigiendo una respuesta.
El chico colocó ambas manos cerca de su rostro, y como si anunciara un gran descubrimiento les habló: —¡Magia! —sin esperar respuesta alguna se puso de pie, encaminándose a la salida de la bodega. Las miró de reojo, y ellas se apresuraron a colocar su brazo alrededor de él. Natsu pasó su brazo derecho en la cintura de Lissana y el izquierdo rodeando a Cana.
—Tsk, es imposible que pasemos los tres juntos —murmuró al llegar a la puerta.
END FLASHBACK
—¡Buen día Nii-chan! —palabras pronunciadas de manera jovial por un niño pelinegro de unos siete años o menos. Sus ropas eran harapos, con hollín en la cara. Su vestuario que irradiaba un aura de tristeza y pena, era lo contrario a la sonrisa que tenía el pequeño dibujado en su rostro. Detrás del chico una trenza larga se movía con el viento.
Gray se sorprendió de sobremanera. Ya fuese por su poder como mago o las incontables batallas a las que se había obligado a participar desde muy joven, algo en su interior le decía que el pequeño no era alguien común y corriente. "Este mocoso pasó desapercibido, hasta poder sentarse justo frente a mí". La mirada de Gray no era amigable en absoluto. "No. Él simplemente apareció de la nada".
…
Natsu abruptamente fue sacado de sus pensamientos. Se puso de pie listo para pelear, pero se detuvo en seco. "Solo es un recuerdo… ¡No puede ser!", se alarmó enormemente. Conocía el poder -en carne propia- de In. Sólo esperaba que Gray no hiciera una locura.
…
—Uyy que miedo, Nii-chan, pero sólo vengo a hablar con un viejo conocido —habló jovial. Sonriendo abiertamente. —Así que harías el favor de deshacer el hielo que lo resguarda —no fue una petición, simplemente fue una orden.
—¿Y si me niego?
—Necesitas mucha magia para mantener este tipo de sellado —su sonrisa se mantenía imperturbable. —Y necesitaras esa magia —sus ojos mostraron un brillo aterrador. Gray adoptó una pose de pelea. *BOOM* El estruendo le llamó la atención. "¡Juvia!", el sonido provenía de la cueva. Observó al pequeño, pero él había desaparecido. Además el 'ataúd' de hielo había sido traspasado fácilmente. El vapor empezaba a surgir, clara señal del nivel de calor que Natsu mantenía. Con la frialdad que lo caracterizaba, tomo una decisión. "Perdón Juvia", concentró su magia en la roca y comenzó la regeneración del hielo. Le tomó unos minutos y las explosiones no se habían detenido, algo que indicaba que Juvia luchaba férreamente.
…
Natsu observaba con impotencia el desarrollo de estos últimos minutos. —¡Maldición Gray, solo mueve el culo y ve por Juvia! —rugió, en un vano intento de que sus palabras llegaran al pelinegro. Sin más opción empezó un vano intento de salir de los recuerdos de In. Su magia empezó a borbotear de ira, su fuego a descontrolarse de gran manera.
—Oye Ei (A) no lo lograras de esa manera…—sonrió divertido el pelinegro In. Jugueteando con la punta de su trenza, en su forma adulta. —…hoy te enseñare lo que es la verdadera desesperación e impotencia…—su sonrisa cambio a una expresión de frialdad. Sus ojos mostraban un brillo malicioso. Natsu tragó duro. Salió corriendo hacia el lugar donde debería estar batallando Juvia. Dejando atrás a su amigo. Corrió sin detenerse, la cueva no se encontraba lejos.
…
La escena que se desarrollaba era asombrosa. Ya no había tal cosa como una cueva, el lugar se encontraba destrozado. Algunas partes cortadas de manera perfecta. Y varios -pequeños- estanques causados por la magia de la peliazul.
—¡Escaldar! —rugió la maga. Un cañonazo de agua salió disparado a toda presión contra su contrincante, derritiendo la nieve a su alrededor y emanando vapor por toda su trayectoria. El adversario con una velocidad asombrosa esquivó el ataque, dejando que impactara en varios árboles provocando otra explosión. Sin darle tiempo a la maga, avanzó hasta colocarse al costado izquierdo de la maga. Ella sonrió con seguridad. Natsu se lanzó al ataque al ver que su amiga seria presa de un ataque potente.
—Púas de acero —la nieve alrededor de la chica tomó forma de puercoespín y lanzó incontables estacas hacia el adversario. —Perdón por la demora querida —habló casual el pelinegro que de inmediato se posicionó al lado de su amante para dar inicio a la feroz lucha.
—¿Y Natsu? Este sujeto va detrás de Natsu —habló la chica al ver a Gray.
—Lo sé. No es el único, alguien más se le adelantó, no pude detenerlo —. Informó con pesar el pelinegro. La chica con su magia comenzó a reunir pequeñas corrientes y estas comenzaron a rotar a una considerable velocidad. El pelinegro tomo posición y con su magia impulsó al desconcertado rival por los aires La mujer no necesito ninguna señal para enviar su ataque, ahora parecían sierras rotatorias con un único objetivo. Sin ninguna reacción de parte del adversario, las sierras le dieron de lleno, partiéndolo en varios pedazos.
—Aún no ha terminado, Gray —murmuró ella. Gray permaneció callado.
Cuando el sujeto dio contra el suelo, provocó una pequeña cortina de nieve, pero segundos después se esfumó. Se puso de pie, sus ropas totalmente destruidas, la capa que ocultaba su identidad ahora ya no estaba. Se podía ver con claridad la identidad del sujeto. Gray quedó sinceramente sorprendido al ver a la persona enfrente suyo.
—Sie-gran —murmuró. No era el único, Natsu también lo estaba.
…
—Maldito Siegran, como te atreves a atacar a nuestros camaradas —rugió el pelirrosa.
…
Gray sacudió la cabeza despabilándose completamente, justo a tiempo para esquivar el ataque de su camarada. No había opción. Juntó sus manos y comenzó el ataque. Aunque los pensamientos no le permitían combatir a su manera.
—¡Revolución de estrellas! —murmuró el peliazul. Lanzando una especie de polvo dorado, que a su paso hacia añicos lo que tocaba. Gray y Juvia se hicieron a un lado, dejando que el ataque impactara en la ladera de la montaña. Asombrados por el poder destructivo, independiente de lo lento que era el ataque.
Repentinamente la chica cayó sobre sus rodillas, su respiración era entrecortada. Y la respiración del pelinegro mostraba señales de cansancio. Ninguno de los dos se había logrado recuperar del desgaste mágico al apoyar a Natsu por varios días seguidos.
—¡Extinción de la oscuridad! —. El peliazul elevó sus manos al cielo y la oscuridad comenzó a reunirse en una esfera de mediano tamaño.
—¡Susanö! (Dios del mar) —Gray se colocó frente a Juvia y con su magia comenzó a formar un gran escudo -semejante a un espejo en forma de círculo- de hielo, justo a tiempo para detener el impacto del ataque de 'Siegran'. El choque de dos poderosas técnicas creo un pulso de poder que los envió volando varios metros. Llegaron cerca del pelirrosa -el sellado-. Ambos magos se pusieron de pie, con dificultades para permanecer de esa manera. Buscaron con la mirada al enemigo, pero no lo localizaron.
—¡Tenma Koufuku! (Bendición de las tinieblas) —. Una especie de neblina apareció por el lugar, neblina de un color purpura. Ellos se pusieron en guardia, preparados para lo que sea con lo poco que les quedaba de poder.
"Tsk. Si solo tuviera mi magia al completo, esto sería fácil" Gray se percató de algo extraño y echo a correr en la dirección del pelirrosa.
—¡Hoshikudaki! (Rompe estrellas) —. Se paró en medio del ataque que iba dirigido a Natsu, extendió los brazos dispuesto a recibir el ataque. El suelo fue manchado de una gran cantidad de sangre, abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba varios metros por encima del suelo. Pudo verla con claridad, una mujer con el cabello de un suave rosa, un kimono blanco y una espada goteando sangre. Sonrió, había evitado que el ataque le diera a su amigo.
…
Natsu caía de rodillas incapaz de frenar o siquiera hacer algo para detener esa masacre. —¡MALLLDITOOOOSSSSSS! —las lágrimas comenzaban a escapar libremente. Varios sentimientos lo invadieron, odio, ira, enojo, impotencia. Fue sacado de su letargo al oír el grito desgarrador de la mujer. —¡Huye Juvia! —vano intento de detenerla.
…
—¡GRAAAAAAAAAYYYYYYY! —fue la exclamación de la peliazul. Las lágrimas caían como cascada. Corrió hacia el caído, pero fue tomada por sorpresa, "¿Eh?", una especie de extremidad le había perforado el pecho de un sólo golpe, la sangre cubrió su ropa y la ira nubló su juicio. —¡CHŌ RITSU MAHŌ! ¡GRAN GEISER! —su magia explotó, mandando a volar todo a su alrededor, era agua a alta temperatura y a gran presión. Afectando el lugar a unos cien metros a la redonda.
…
Natsu se colocó con los brazos extendidos para atrapar a la chica. Grandes lágrimas escurrían por su rostro, lentamente Juvia cayó, Natsu hizo el intento por atraparla, pero todo fue en vano. Ella traspasó sus brazos y termino recostada sobre la roca. —Malditos, malditos, malditos, malditos, ¡MAAAALLLLDIIIITOSSSSS! —de rodillas trató de curar las heridas de la chica.
…
—Jeje… Gr-ay —murmuró débilmente. Los recuerdos se amontonaron en su mente, los recuerdos al lado de su amado. Los días llenos de felicidad al lado del pelinegro. Levantó su rostro buscando al pelinegro, localizó una silueta de la mitad del chico -de pie-. Sonrió con amargura, sus ojos comenzaron lentamente a nublarse, extendió una mano hacia el chico, como si quisiera alcanzarlo, pero todo esfuerzo era inútil. —Te… a-mo… —fueron las últimas palabras de la peliazul. Su mano cayó con lentitud, al igual que su cabeza y su leve respiración se detenía para siempre.
…
Se agarró fuertemente la cabeza, se estiró los cabellos en desesperación. Les odiaba sin duda alguna. —¡AAAAAHHHHHHHHH!
El espacio comenzó a quebrarse debido a la presión mágica.
….
Igneel estaba con los ojos cerrados, esperando con paciencia a que el chico regresará. Sintió una peculiar presión mágica, abrió con desganó su ojo izquierdo. El orbe comenzaba a mostrar fisuras, mientras más grandes se mostraban las rajaduras más notable se hacia esa presión. —Supongo que lo hicieron enojar —nuevamente cerró el ojo, restándole importancia al asunto. Decidió que lo mejor era dormir.
Un sonoro crack hizo eco por el lugar. El orbe cedió, rompiéndose en pedazos.
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—¡AAAAAAAAHHHHHHHHH! —su grito fue de agonía, como si estuviese muriendo. Pero lo cierto es que el chico se encontraba intacto físicamente, lo contrario a su estado mental. Arrodillado frente al lugar en el cual se habían despedido por última vez, prometiéndoles regresar siendo más fuerte. Con muchos sentimientos que se transmitieron por una sonrisa, un abrazo, sin necesidad de palabras.
Se tomó con fuerza la cara, sus prominentes uñas se enterraron en la carne —¡MALDITA SEAAA! —de un sólo movimiento se rasguñó la cara. En un vano intento de reemplazar el dolor de la perdida de alguien querido por dolor físico. De su rostro comenzó a gotear pequeñas cantidades de sangre.
"Estúpido hijo, no importa lo que hagas ahora, ellos ya se han ido, muéstrales tu respeto dándoles un buen lugar como última morada. Jamás les olvides, y devuelve el favor que te hicieron" Igneel habló intentando que su hijo recuperara la cordura. Pero el chico, demasiado hundido en su dolor, no hizo caso al consejo del dragón.
Las aves trinaban por toda la montaña, una suave canción de tristeza. Como si entendieran que su canto era lo único que podía dar consuelo al dolor. Su trinar como único acompañamiento a los alaridos de dolor del pelirrosa, alaridos que después se convirtieron en sollozos. Había despertado de su largo sueño. Solo para encontrarse con la triste realidad. Sus mejores amigos habían sido asesinados cruelmente. Lleno de rabia, comenzó a olisquear el aire. —¡MALDITOS, LES HARE PAGAR CON SANGRE LO QUE HICIERON! —rugió, memorizando el aroma de aquellos a los cuales asesinaría lentamente.
Se puso de pie, avanzó unos metros hasta dar con la mitad del torso del pelinegro. Las piernas, usando solamente bóxer. Sonrió con amargura. —Aun muerto, no se te quitó lo pervertido, Gray —las laceraciones que tenía en el rostro se combinaban a la perfección con las lágrimas que seguía derramando, dándole un toque tétrico y perverso.
Tomó la mitad de su amigo y entre sus brazos lo llevó hasta el lugar donde estaban el cuerpo de Juvia y la otra mitad de Gray. En el suelo, armó el cuerpo de Gray y procedió a crearles un ataúd de hielo a los dos. Con su magia de hielo creo un trineo y a una velocidad vertiginosa se dirigió a Patche.
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Las miradas de los pobladores mostraban asombro. Algunos se compadecían del chico. Natsu se las ingeniaba para trasladar los dos féretros de hielo buscando algo en particular. Como transporte usaba el mismo trineo, sólo que ahora iba halando para que el transporte se moviera.
—¡Hermanito, no te preocupes te ayudaremos! —exclamó una pequeña niña de cabello castaño. Con una tierna sonrisa, no mayor de diez años. Detrás de ella había varios niños más aparentemente de la misma edad. "Vaya no recuerdo que los ciudadanos de Patshe sean tan amables", dio un amago de sonrisa. —Gracias, disculpa, sabes si en la ciudad hay algún tanatopraxista —habló deteniendo su caminar. Y con ello el trineo.
—Tana-to ¿Qué? —habló sorprendido uno de los niños. Desconcertando al pelirrosa.
—Um. Alguien que maquille los muertos —se escuchó detrás de ellos la voz de un adulto. —Eso es lo que busca, ¿verdad? —el señor vestido de manera particular, con una bata de medico a medio cerrar y un cigarrillo en la boca. Unas grandes gafas y su cabello gris alborotado. Si no fuese por el tono de voz, Natsu fácilmente le hubiese confundido con un anciano. El susodicho observaba los féretros. Sonrió con tristeza, como si comprendiera el sentimiento.
—Sí, eso es lo que busco, me caería bien la ayuda de uno —respondió con la voz apagada. Los niños se mantuvieron callados.
—Es el destino supongo. Yo puedo ayudarte en esa gratificante labor —mencionó el peligris exhalando un halo de tabaco. Sin esperar respuesta alguna emprendió el camino, seguido por Natsu quien halaba el trineo y los pequeños que empujaban el mismo.
Caminaron por varios minutos, inclusive llegó el momento en que no podía ser utilizado el trineo debido a su tamaño y la estrechez de las calles. Natsu optó por crear pequeños trineos, con la ayuda de los niños logró llegar a su destino. Una casa algo particular. "Esperaba encontrarme con algo tétrico, pero es muy diferente". El lugar frente al pelirrosa era una especie de casa de muñecas, con flores gigantes adornando el lugar. Colores alegres que transmitían vida y no los grises que caracterizaban el resto de Patshe. Decidió obviar eso y se adentró en la casa del peligris.
—Gracias niños, ahora pueden retirarse —habló el peligris. Los niños se esfumaron como si fueran neblina. —Sorprendido, la magia hoy en día es capaz de hacer lo posible imposible —comentó con una taza de café humeante en la mano.
—¿Lo imposible? Puede regresar a los muertos del sueño eter-
—Eso es territorio de Dios, algo que ni con magia podemos lograr —habló con solemnidad. —Te lo dice alguien que está acostumbrado a ver a La Muerte todos los días.
—Cierto —suspiró con tristeza.
—Deberías ir con un doctor, para que sane tus heridas, además me darás tiempo para realizar mi labor —ordenó. —Por cierto ¿Cuáles son los nombres de tus amigos? —añadió.
—Ellos son Gray Fullbuster y Juvia Loxar, quiero que les trates bien, el dinero no será problema —respondió.
—Ummm… es triste que un amor haya muerto a tan joven edad, quedaran de tal manera que ambos parecerá que duermen. ¡Ah! Lo olvidaba, me llamo Stein. Sera un placer embellecer por última vez a los amantes —después de todo esa era su labor. Maquillar cadáveres para el último adiós. Embellecerlos de tal modo, que los muertos parecieran que solo dormían profundamente. Que en cualquier momento despertarían y asustarían a los dolidos. — Serán 200,000 jewels —dijo con una sonrisa de zorro. Natsu no replicó, no estaba de humor para hacer algo semejante.
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Sisilia es una ciudad peculiar, los colores que adornan sus calles siempre son cálidos y alegres. La algarabía es el vestido de la ciudad, ya sea que un suceso triste les suceda, ellos siempre celebran. Muy distinta a Patshe, ambas ciudades se encuentran separadas por una cadena de montañas.
—Oye Charle, fue buena idea comprar helados en Sisilia… mmm, son tan deliciosos —murmuró una pequeña peliazul. Acompañada por una gatita blanca con forma de peluche. Ambas saboreaban el delicioso postre que apenas segundos atrás habían comprado en una carretilla. La niña llevaba su cabello recogido en dos coletas hasta la mitad de su espalda. Una blusa manga larga azul con falda plegable color blanco a juego con sus medias negras.
—Claro Wendy, siempre es bueno comer algo dulce, además la misión nos dejó buena paga —mencionó la gatita blanca usando un vestido de acuerdo a su tamaño. Una bolsita en su espalda, donde iba el valioso dinero para la aldea. A unos cuantos metros un chico de cabellera rosada caminaba perdido en sus pensamientos.
"Vaya, pensar que al bajar de la montaña me iría por el lado contrario y terminaría en Sisilia… argh, será un dolor en el trasero regresar a Magnolia" al recordar Magnolia se puso triste de nuevo. "No sé qué debo decirles. Mierda, yo estaba a cargo de Gray" perdido en sus remembranzas no se fijó de la pequeña, chocando y siendo él alguien grande, indudablemente la pequeña dio contra el piso.
—Auch —se quejó la niña en el suelo, haciendo que Natsu bajará la vista. El helado de la pequeña yacía en el suelo, también.
—Rayos, perdóname, estaba distraído —habló el chico, extendió su mano para levantar a la pequeña.
—¡Aléjate de Wendy! —exclamó la gata pequeña.
—C-Charle, cálmate —la peliazul habló tímidamente, poniéndose de pie para detener a la gatita antes de que se abalanzará sobre Natsu.
—Es que no lo ves Wendy, este tipo tiene pinta de violador —con esas palabras, Wendy fijó su vista en el pelirrosa. Sorprendiéndose por el aspecto tétrico del joven. Sin dudarlo acercó sus manos hasta el rostro del chico sorprendido, y activó su magia de sanación.
—¿Eh? —Natsu se había quedado quieto, después de todo era la primera vez que le decían violador. Sintió una sensación cálida en el rostro e instintivamente cerró los ojos. La sensación duró unos breves minutos.
—¡Listo! —exclamó la pequeña, juntando sus manos con alegría. El chico se palpó el rostro, asombrado de no encontrar las cicatrices que se había hecho en la montaña.
—Gracias —. Le dio una suave sonrisa, haciendo que la pequeña se sonrojara incluyendo a la pequeña gata. Sonrisa que se apagó lentamente.
—D-de nada —pronunció nerviosa por la cercanía del chico. Segundos después vio la tristeza en los ojos verdes del muchacho, se sorprendió por ver tan repentino cambio. Sintió una punzada en el pecho y de manera inocente se palpó la zona donde reside su corazón.
Natsu puso su atención en el helado, y comprendió lo que había sucedido. Suspiró. —Fue mi culpa, lo mejor será compensarlo —habló y sin esperar una respuesta, arrastró a la pequeña peliazul y ella arrastró a la gatita. Algunos minutos después, ambas disfrutaban de un nuevo postre, siendo en esta ocasión dos copas de helados de varios sabores. Los tres en una mesa.
—Me llamo Natsu, de nuevo debo agradecer por la ayuda —mencionó observando como ambas degustaban de manera lenta el postre.
Ella negó efusivamente —No es nada, solo quise hacerlo.
—Lo mejor que puedo hacer es compensar el helado que perdieron.
—No, para nada… también fue mi culpa por no fijarme por donde caminaba. Me llamo Wendy, y ella Charle —señaló a la gata, la misma había preferido prestar toda su atención al postre. El silencio se hizo presente, algo incómodo para ambos magos.
—Bien, fue un gusto conocerte Wendy… talvez nos volvamos a encontrar —habló con una sonrisa tenue y apagada. Causando que la pequeña se volviera a sonrojar. Sin esperar algo más, se alejó del lugar.
—Lo mismo digo, Natsu-san… talvez… solo talvez… —susurró para sí misma, ensimismada en sus pensamientos de un reencuentro lejano, con un ligero rubor en sus suaves mejillas.
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Un vehículo negro se abría camino por la ladera de la montaña. A una velocidad considerable, el conductor un chico de cabellera rosada y traje negro. Ojos verde-ónix, sin la llama que lo había caracterizado últimamente.
"Vaya… por lo menos este vehículo se conduce con el pensamiento… no es tan complicado como ese cachivache de Erza…". Aun en su mente se mantenían las palabras del peligris. "Tienes cinco días… aun con magia, el proceso de descomposición no se puede detener… llévate a Kuruguru, cuando llegues a tu destino, el auto regresara por si solo…" le advirtió. Se sumergió en sus recuerdos, recuerdos de ellos tres juntos -Gray, Juvia y él-. Las incontables peleas que tuvieron desde pequeños. Incontables luchas que encontraron su fin cuando Gray le presentó a Juvia -como novia-. El carácter de la peliazul no dejaba lugar a luchas sin sentido. Las risas que se dieron en los momentos divertidos. Recordó las palabras del pelinegro. "Yo era un témpano a la deriva, hasta que encontré mi océano en ella". Eso sucedió cuando Gray trataba de animar al pelirrosa -por lo sucedido con Erza y Siegran-. Incontables, imborrables e inolvidables momentos con ellos. Sin querer evitarlo, las lágrimas se aglomeraron en sus ojos para luego caer libremente por su rostro.
El tiempo a veces es efímero, como agua entre las manos; y en otras ocasiones los segundos se convierten en siglos.
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En un bosque de ubicación desconocida, alumbrado únicamente por la luz de la Luna. Dos siluetas avanzaban a paso constante por el bosque, una más grande que la otra. La silueta pequeña tropezó, pero rápidamente se puso de pie.
—Padre, ¿por qué estamos aquí? —preguntó con temor. El bosque era oscuro y tenebroso, con sonidos de animales extraños. El nombrado le dio una mirada dura y sin sentimiento. Haciendo que la pequeña temblara ligeramente.
—Mocosa, estarás aquí por quince días —habló un hombre fornido de cabello castaño, dándole una mirada fría y carente de sentimientos. La pequeña tembló aún más fuerte.
—Padre, este lugar me da miedo —habló con tono suplicante, intentando convencer a su padre.
—Los débiles no tienen derecho a elegir —acercó una de sus manos en dirección de su hija. —Los fuertes son los que mandan en este mundo —su mano derecha llegó hasta la pequeña, con un movimiento la elevó unos centímetros y a una velocidad asombrosa la envió volando a través de los árboles.
La pequeña asombrada, sintió el frio golpear su piel de una cruel manera. Algunas lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. "La señorita Luna está hermosa", pensó mientras rompía el aire. Su cuerpo desnudo, bañado por la luz de Luna cayendo a una velocidad considerable.
"¿Eres digna de ser mi hija?" se cuestionó, observando la dirección en que había mandado a volar a la pequeña pelinegra. "El bosque de Yomi Jin Ryou (Espíritu Divino del Inframundo), será perfecto para mis planes". El hombre caminó en la misma dirección de la pequeña, llegando a un acantilado. Cruzó los brazos, observando con paciencia.
…
—Ah… Ah… Ah… Ah... —la pequeña pelinegra respiraba dificultosamente. Estaba completamente desnuda, mostrando su cuerpo carente de cualquier atributo femenino. Su cabello desordenado y maltratado. Rodeada de varias criaturas mágicas, se defendía a diestra y siniestra. Su magia yendo y viniendo, se agachó a tiempo para esquivar un zarpazo de una bestia con aspecto felino, contratacó con un gancho a la mandíbula. En medio del aire, un colazo la mando a estrellarse con un árbol de tronco grueso. —Puaj —la violencia del golpe le hizo escupir algo de sangre. Las bestias aprovechando el momento se lanzaron veloces contra la pequeña.
Desde lo lejos el fornido observaba de manera fría y analítica el desenlace de la situación. "Para ser el quinto día, la mocosa me está decepcionando", sus ojos se enfocaron en el momento en que la niña con gran esfuerzo destruía a las bestias.
…
—Pa-dre, por fa-vor perdó-name —la pequeña sollozaba tristemente, oculta en la base de un árbol. Asustada por los ojos feroces que la observaban en la oscuridad del bosque. —Padre, per-dóna-me por ser dé-bil…—la pequeña no podía detener su llanto. Sus dientes comenzaron a rechinar por la baja temperatura.
"Tsk, que pérdida de tiempo" el impasible padre era espectador de las suplicas, sin siquiera mover un dedo para ayudar a su hija. "Séptimo día y aun nada". Con un movimiento de su mano, el árbol donde se ocultaba la pelinegra fue destruido completamente, dejando a la niña en un mar de bestias hambrientas.
La pequeña se limpió las lágrimas y los mocos. Sus ojos mostrando miedo, pero decidida a sobrevivir se posiciono para dar comienzo a otra larga batalla por sobrevivir.
…
Su andar era calmado, de sus manos escurriendo copiosamente un líquido carmín. Sus ojos negros mostraban una frialdad pura y carencia de sentimientos. Un ruido en los arbustos llamó su atención, repentinamente un conejo negro saltó. Con su magia distorsionó el espacio, destruyendo al conejo en el acto. Sin remordimiento alguno siguió su camino.
"¡Jo! Después del doceavo día; por fin ha mostrado señales de ser digna de llevar mi sangre", el padre permanecía en la misma posición. De pie con los brazos cruzados y ojos blancos carentes de sentimientos.
…
Una máquina avanzaba a alta velocidad, abriéndose paso por el siniestro bosque. Girando de manera magistral entre los grandes árboles. Su velocidad era constante a pesar del terreno.
—¡Maldita sea! —vociferó el muchacho al momento de ser expulsado del vehículo, dando contra algunos árboles. El vidrio frontal había sido quebrado por el frenazo repentino del automóvil. —Maldita sea —después de algunos minutos el chico regresaba, detrás de él un paisaje de árboles caídos y una zanja. —¿Huh? —Natsu detuvo su marcha, observando el área alumbrada por los faroles. —Imposible… —musitó mientras observaba más de cerca.
Una niña, como característica principal el cabello negro y completa ausencia de vestimenta, sorprendió al pelirrosa. El pecho de la pequeña subía y bajaba con anormalidad, Natsu la examino rápidamente. —Fiebre, puede que hambre y tal vez hipotermia… será mejor que busque hierbas para curarla —levantó a la pequeña entre sus brazos y el vehículo automáticamente abrió la puerta. Depositando a la infante en la cabina y de manera fantasmal la temperatura subió unos grados.
—¿Qué hará una niña en este lugar tan peligroso?
El pelirrosa se dedicó a buscar plantas, olisqueando cualquier cosa que se cruzaba en su camino. Algunos ocasionales 'esta servirá' pronunciaba el chico. Con varias plantas bajo un brazo y con el otro arrastrando una gran presa, retornó. —Si no mal recuerdo, Lissana me dijo que debía machacarlas y crear algo de brebaje… a ver...—con magia de hielo creó una plataforma y un machacador, dedicándose a la labor por varios minutos.
Con su dedo índice, delineó los labios resecos de la pequeña, entreabriendo la boca infantil. —Ten, esto de seguro te sanará —murmuró suavemente haciendo que la pequeña bebiera la medicina.
…...
El calor había regresado a su cuerpo, además de que los escalofríos se habían esfumado. Perezosamente abrió los ojos, encontrando con su vista una pequeña fogata. A escasos centímetros logró descubrir un pedazo de carne, sobre una pieza de tela. Se incorporó lentamente en busca del alimento, con lágrimas de felicidad devoró la comida. —Gracias —murmuró tenuemente, acostumbrada a agradecer siempre por los alimentos a consumir.
—No es nada.
La pelinegra se sobresaltó, se puso de pie tan rápido que perdió el equilibrio.
—Debes ser más cuidadosa, pequeña.
La había atrapado antes de que la niña diera contra el suelo, amablemente la volvió a sentar. —Tu cuerpo se encuentra débil, no te sobre esfuerces —ordenó. El chico colocó el chaleco que se había caído en medio del estrepito.
—Gra-cias —murmuró sonrojada, tratando de cubrir su desnudez con el chaleco que Natsu segundos antes le había dado, percatándose de las vendas que cubrían sus heridas. Las lágrimas se comenzaron a acumular en sus ojos negros.
—Toma… —Natsu había puesto otro pedazo de carne en el plato improvisado.
—Gra-cias —tartamudeó nuevamente, aceptando la comida y comenzando a llorar amargamente.
Natsu se rascó la nuca, cohibido por el comportamiento de la pelinegra. —Oye Gracias-chan, ¿Por qué estás en este bosque? —preguntó con curiosidad, mientras la observaba comer rápidamente a la vez que se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano. Sus ojos negros notaron las banditas curativas por todo su cuerpo; provocando que su rostro se llenara de lágrimas nuevamente, mirando intensamente al joven de cabello rosa.
La intensa mirada lo incomodó un poco, hizo el rostro a un lado, notando la ausencia de las bestias sedientas de sangre. Lo único que los había mantenido a raya era su poder, pero siempre esperando el momento oportuno para matarlo. Su cuerpo se tensó ligeramente.
—Maldito imbécil, porque te atreves a interferir —susurró una voz grave, proveniente del bosque.
La pequeña pelinegra tembló fuertemente. —Padre, regresaré al entrenamiento, pero no le hagas daño —suplicó interponiéndose entre el chico y el hombre robusto, con la luz de la fogata se podía apreciar sus facciones. Cuerpo musculoso en demasía, casi dos metros de alto, un collar de cuencas rojas, cabello largo de un color ligeramente castaño al igual que la barba, los ojos blancos sin inmutarse en lo más mínimo por la súplica de la pequeña.
—Los débiles no tienen voz —habló taimado, con un movimiento veloz lanzó un puñetazo a la pequeña. Partiendo algunos árboles por la fuerza del golpe. —Como lo supuse, no eres un cualquiera, enclenque —su mirada se dirigió al pelirrosa, quien sostenía entre sus brazos a la niña.
—No debería intervenir entre la educación de 'padre e hija', pero… recién he curado las heridas de la 'hija', así que no puedo permitir que se lastimé de nuevo —con voz calmada, pero ocultando un ligero toque de odio.
Colocó a la pequeña en el suelo. —Gracias-chan, no intervengas —le sonrió tranquilamente.
—Alto, padre es muy fuerte —agarró fuertemente al joven, advirtiéndolo del peligro con la clara intención de proteger a su salvador.
—No te preocupes… tu padre debe aprender que en este mundo hay monstruos —le revolvió el cabello con gracia. Alejándola. Encaró al hombre, con los brazos al aire y ladeando la cabeza; le obsequió una mirada y sonrisa desquiciada.
Desapareció a una velocidad abrumadora, apareciendo con el codo a escasos centímetros del rostro de su oponente. El castaño sonrió complacido, y con la palma de la mano derecha detuvo el ataque, Natsu con la fuerza del impulso dio media vuelta en el aire enviando una patada directa a las costillas. El padre sonriendo interpuso la pierna en un ángulo casi imposible debido a su tamaño, frenando al pelirrosa. Aprovechó el momento y con el puño izquierdo lo golpeó con fuerza apuntando al costado derecho del joven. La sonrisa titubeó al momento en que el puñetazo traspasó la silueta, su cuerpo dio contra el suelo cuando Natsu incrustó la rodilla en la nuca. Natsu reunió fuego en su puño derecho enviando un poderoso ataque sin dar oportunidad alguna para un contrataque.
El bosque retumbó y la oscuridad se acobardó ante la luz. La pequeña con la boca abierta de sorpresa, al ver como alguien de apariencia invencible -según ella- era arrinconado con mucha facilidad por alguien débil -según ella-. Natsu de una pirueta se alejó del hombre, emprendiendo el camino hacia la niña.
Fue cuestión de segundos, en un borrón Natsu salió disparado gracias al potente golpe del castaño. —¡JAJAJAJA! ¡Pensar que hoy podría divertirme! —sin más palabras, corrió en dirección del cuerpo estampado entre varios árboles. Reunió magia en su puño derecho, frenó de golpe, enviando la fuerza del impulso a su puño y dando un golpe explosivo que logro abrir una zanja de varios metros. El polvo cubriendo el área por completo, su sonrisa se desvaneció cuando pudo ver como su puño era detenido por un solo dedo.
Aprovechando el shock del momento, se agachó posicionándose debajo del plexo tórax, su brazo completo cambio a una forma demoniaca, de un solo golpe lo elevó varios metros sobre el suelo. Las alas surgieron de su espalda y velozmente alcanzó al hombre, dio un giro en medio del aire y de una patada potente lo regresó al suelo. Se dejó caer sobre el sujeto, con las rodillas impactando la espalda baja y generando un cráter en medio de los arboles destruidos.
La onda de choque empujó a la pequeña, quien había sido testigo de la brutal lucha. Incrédula de ver como su padre era sometido de una manera fácil. Nunca antes, en su corta vida, había visto caer dos veces al castaño. Su mirada se centró en el muchacho, bajo la luz del sol pudo ver claramente las facciones del chico. Alto, no tanto como su padre, de un cabello singular y de complexión delgada. Incapaz de articular palabra alguna, inclusive cuando el chico estaba a su altura, sonriéndole cálidamente.
—Perdona, pero se me pasó la mano con tu viejo —revolviéndole el cabello sonrió apenado. —Vaya… —murmuró al momento de voltear y ver al castaño a duras penas de pie.
—¡MALDITOOO!
La musculatura del castaño aumentó considerablemente, al igual que su altura. Un aura de abrumador poder mágico fue liberada de golpe. Haciendo que la sonrisa del pelirrosa se ensanchará. Sus orejas cambiaron a una forma puntiaguda, el cabello castaño creció de igual manera. Brazos más gruesos.
—Pequeña, al parecer tendré que matarlo —. Con una sonrisa perturbadora le dio la espalda, de reojo observó como la pequeña corría internándose en la espesura del bosque. —Tsk… —chistó decepcionado. Inmediatamente cambio de forma, sus brazos cubriéndose con una especie de piel negro-violeta, al igual que el plexo solar y las piernas, un cuerno sobresaliendo de su sien derecha y las alas más grandes que su cuerpo. En un borrón desapareció, para luego aparecer chocando puños y generando ondas de poder. Se dio un intercambio de golpes por varios minutos, patadas y puñetazos, de arriba hacia abajo, diestra a siniestra. A pesar de la diferencia física, Natsu fácilmente mantenía el ritmo de la batalla. Ambos se separaron, el castaño respiraba de manera errada, producto del daño anterior. Las facciones de Natsu comenzaron a cambiar, su cabello creció hasta formar una melena leónica, la musculatura aumentó levemente, el cambio drástico fue en los muslos, que se ensancharon de manera desproporcionada y la aparición de una cola con la punta llena de cabellos. Los ojos verde-ónix adquirieron una naturaleza salvaje, ganando una pequeña raya vertical en el iris.
—Es hora de terminar esto…
—PUAJ
El desconocido recibió de lleno un golpe en medio del estómago, Natsu había enterrado su brazo por completo. Lo retiró, salpicando sangre en el acto. Natsu se hizo a un lado, dejando que el castaño se apoyara sobre sus rodillas. De un salto en el aire, elevó la pierna derecha, dando de lleno un golpe con el talón en la nuca, incrustándolo en el suelo. El suelo cambió de forma, varias rocas sobresalieron debido al impacto. El castaño regresó a su forma normal. Natsu regresó a la normalidad, preparándose para dar el golpe final, de su espalda baja surgieron enredaderas que rápidamente tomaron la forma de una prominente lanza.
—¡ALTOOO!
A escasos milímetros del golpe final, la voz de la pelinegra lo detuvo. Sudando copiosamente y respirando de manera entrecortada, llegó la niña. Natsu le dio un vistazo, y comprendiendo, desistió de su ataque.
—Mo…cosa —murmuró débilmente.
—Padre, siempre me enseñaste que los débiles no tienen voz…—la pequeña se puso a la altura del castaño. —…hoy aprendí que siempre habrá alguien más fuerte… —de soslayo miró al pelirrosa, quien solamente era un espectador. —…aunque es fuerte me salvó, aun siendo fuerte escuchó mi voz… —miró el cielo despejado, liberada de la oscuridad del bosque. —…padre eres fuerte, pero no quiero ser esa clase de fuerte… —poniéndose de pie se situó a un costado del caído y en su mano un hueso puntiagudo. —…adiós Jiemma… —con un solo movimiento traspasó el corazón de Jiemma. Sonidos de ahogamiento siguieron al impacto, después de algunos espasmos Jiemma dejó de moverse. La pequeña suspiro aliviada, libre de una terrible atadura, las lágrimas comenzaron a correr por su rostro.
Natsu se aproximó a la pelinegra, la cargó entre sus brazos dejando que se desahogara libremente, sin juzgarla o recriminarla. En silencio se abrió camino hasta Kuruguru. Se dejó caer pesadamente, liberando a la niña, en cambio ella no se quiso separar del contacto humano. "¿Cuánto ha sufrido, a pesar de su corta edad?... Aunque es bueno que llore, nunca es buena señal no sentir nada al asesinar a alguien… aunque no soy el mejor ejemplo", con su mano derecha comenzó a trazar círculos en la espalda desnuda de la infante, reconfortándola en el acto.
—Gracias-chan, ¿Quién eres? —no la miró, enfocó su vista en el hueco producto de la lucha, ahora el bosque era alumbrado por completo.
—No me lla-mo Gracias, mi nom-bre es Mi-nerva —explicó con torpeza. Haciendo distancia entre los dos.
—¿Solamente Minerva? —inquirió con aire confuso.
—S…si —dudó, después de todo hace unos minutos mató a su propio padre. Y Minerva era el nombre de su madre, la única que le mostró amor y cariño.
—Um… ya veo, desde ahora serás Minerva Dragneel, mi hija. Te mostraré el significado real de familia, serás fuerte, pero eso sucederá a su debido tiempo, ahora solo concéntrate en crecer —se puso de pie, sonriéndole de manera radiante a la pelinegra.
La primera muestra de cariño paternal, y que no provenía de su verdadero padre. No le hizo dudar, él la había salvado de la oscuridad que era Jiemma, ahora el destino le ponía una luz en el camino, luz que era Natsu. —Gr-graciashh —lloró de alegría. Tácitamente aceptando a su nuevo padre. Con miedo de que el chico desapareciera, se aferró con fuerza.
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—Papá —murmuró sentada en el lugar del copiloto. Observando al pelirrosa con mareos y en un estado patético. "Pensar que alguien fuerte pueda ser débil… jejeje me alegro de haber aceptado", con una blusa blanca de mangas largas combinada con una falda hasta por debajo de las rodillas de un color azul cielo y medias de color crema, acompañadas de zapatillas de charol. Minerva había cambiado de aspecto. Su cabello negro, ahora era por completo diferente, liso y limpio de impurezas, largo hasta sus hombros. Un moño rosa en su cuello.
—S…i… —el chico la vio de soslayo. Con un extraño aparato conectado a su brazo derecho, y pequeños tubitos que viajan directo al tablero del vehículo.
—¿Yo tendré una madre? —preguntó con nerviosismo, mientras se agarraba fuertemente la falda. La idea se le había cruzado hace unas horas, mientras compraban ropa en una ciudad en el camino.
FLASHBACK
—Bienvenido querido cliente —fueron recibidos amablemente por una señorita de buen parecer. Natsu acompañado de un bulto andante.
Con su mano señaló el bulto susurrándole unas cuantas palabras a la vendedora. —Tu papi me explicó la situación, no tienes de qué preocuparte —susurró, arrastrándola de inmediato.
—Ufff… de la que me salve —suspiró aliviado. El brazo de la vendedora se estiro mágicamente, tomando el hombro del chico. —Necesitamos una opinión masculina —habló con una sonrisa encantadora. "Mierda", pensó.
Natsu observó por largo tiempo como su nueva hija era tratada como una muñeca, probándole un sinfín de ropas: faldas, vestidos, blusas, chaquetas, pantalones, zapatillas, botines, jeans, bolsos, medias. Y cuando creía haber terminado, siempre surgía lo mismo, sólo que en diferente color.
"Mierda, solo le pedí algo que la cubriera"
—Ah, sí es así con Minerva, no quiero saber cómo será con Mira-
"¿Quién será Mira? ¿Acaso será mi nueva mami?" su mente era sencilla, con un nuevo padre debía venir una nueva madre.
—¿Qué le parece esto Natsu-sama? —preguntó la vendedora al momento de mostrar a Minerva con un traje de marinerita.
—Se ve bien, per-
—Si tiene razón, en celeste le quedara mejor —lo ignoró por completo, metiendo de nuevo a la pequeña al vestidor.
END FLASHBACK
—Ya la-s cono-ceras —. La pregunta lo tomó desprevenido, "Magnolia" sin poder evitarlo recordó su destino y por un momento la tristeza lo embargo. Pero rápidamente fue sustituida por la alegre risa de la pequeña.
—Tendré más de una mami —murmuró alegre.
—So-lo esp-era
—Sip, más rápido Kuruguru-chan —y la orden fue cumplida de inmediato.
"Mierda"
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Magnolia tiempo presente…
—¡BIENVENIDO CUARTO MAESTRO!
Los presentes rodearon al chico y el extraño vehículo. Las chicas -Cana, Mirajane, Lissana y Levy- fueron las primeras en abrazarlo, alegres del retorno. Happy con tranquilidad se posó sobre los cabellos salmón, degustando de manera inmediata su comida favorita.
—Te habías tardado —la hermosa albina menor, mostró alivio de verlo nuevamente.
—Me alegro que estés bien —la peliceleste lo tomó posesivamente de la mano.
—Espero que no hayas tenido alguna aventura —espetó Mirajane.
—He cumplido con mi misión —susurró suavemente la morocha.
Los presentes en su mayoría los hombres, envidiaron la muestra de afecto. Makarov fue uno de los primeros en hablar después de las féminas. Extrañado por el comportamiento del chico.
—Mocoso, esa no es cara de celebración, ¿sucede algo? —la pregunta hizo que el pelirrosa desviara la mirada. Levantando sospechas en los presentes.
—Wow, un gato volador y es azul, papi decías la verdad —una vocecita llamó la atención de muchos. Bajando su vista ubicaron a la dueña, encontrándose con una linda niña pelinegra. —Aye, soy Happy ¿Quién eres tú? —el aludido desplegó sus alas, quedando a la altura de la niña.
—¡Y habla! —exclamó asombrada. —Soy Minerva Dragneel —respondió con una sonrisa, abrazando al gato como un peluche. 'Minerva Dragneel' resonaba en la mente de los presentes, las mujeres con los ojos abiertos y las quijadas desencajadas por la sorpresa.
—Perdón, pero podrías repetirlo de nuevo —preguntó Lissana con una sonrisa forzada.
La pequeña Minerva se escondió detrás de Natsu. —Papi, ella me da miedo —y por segunda vez quedaron boquiabiertos al escuchar un 'papi' que hacia clara referencia a Natsu. —Minerva, guarda silencio que debo decir algo importante —le habló con cariño, revolviéndole el cabello. Los espectadores por completo estupefactos.
—¡Te largas por quince días y cuando regresas eras padre! —la albina mayor estalló de rabia. —¡¿Qué diablos sucede contigo?! —encarándolo y exigiendo una respuesta.
—Mira-chan… no es momento para eso, hay algo que debo decirles, después te explicare todo sobre Minerva —trató de tranquilizarla acariciándole la mejilla, Mirajane bufó molesta y de un manotazo retiró la mano del chico.
—Será para después, ahora debemos celebrar —de manera jovial intervino el viejo deteniendo una posible pelea que tenía el potencial para destruir gran parte de Magnolia. —Vamos, Natsu, no hagas esperar a los invitados.
—Maestro… —habló con tono grave, tragó duro. —…hay algo que debo decir… —un nudo se formó en su garganta. La mirada del chico se apagó considerablemente. —Gray ha muerto.
Sus palabras llegaron a oídos de los más cercanos, incrédulos lo vieron fijamente en busca de alguna señal que delatara que había mentido.
—¡Gray ha muerto! —volvió a decir, no lo había dicho para ellos, era algo que se repitió para convencerse de la realidad. Esta vez sus palabras llegaron hasta el último de los presentes.
—Es una broma —murmuró Lissana.
—Debe serlo —prosiguió Cana.
—S-i, SI, esos dos son unos desgraciados por jugar una broma así —Wakaba quería creer en eso.
Las miradas se concentraron en Natsu, quien abatido negó tristemente. Makarov sintió todo el peso del mundo caer sobre sus hombros, uno de sus incontables hijos se había ido antes que él. —Mi hijo —murmuró débilmente el anciano Makarov. Los presentes tragaron duro, incrédulos por las palabras del joven.
—Está en el auto —pronunció, al instante la puerta trasera del coche fúnebre se abrió.
—¡AAAAAAAAAHHHHHHHHH! —un grito desgarrador rompió el silencio. Los presentes buscaron al responsable del mismo, encontrando a Macao de rodillas detrás del auto, llorando profundamente. Laxus fue el primero en llegar con Macao ya que estaba a sólo unos dos metros, observó lo que Macao había visto. Incrédulo, pestañeo un par de veces. Ya en ese momento varios de los miembros de Fairy Tail habían visto el contenido del automóvil.
Incapaces de creer lo que sus ojos veían, uno a uno cayeron de rodillas. Aquellos que lo conocían desde niño, eran los más afectados. —¡GRAYYY! —la primera en reaccionar fue la pelirroja, a paso tambaleante se acercó al féretro.
En un ataúd de un blanco puro. Gray dormía apaciblemente, con las manos entrelazadas sobre el pecho. Usando un traje azul marino y un moño celeste en el cuello. Flores de diversos colores adornaban su féretro y a su lado, una hermosa mujer. Cabello celeste cayendo en cascada, su piel nívea y un suave carmín en sus labios. Un vestido crema resaltando sus atributos juveniles. Un ramo de rosas blancas entre sus manos. Ambos dormían pacíficamente.
Lentamente se acercó a Natsu, lo tomó del cuello; Erza había llegado antes de que Laxus se abalanzara sobre el pelirrosa.
—¡¿QUÉ PASÓ?! —exigió con lágrimas en los ojos y la voz quebrada.
Natsu se mordió el labio, buscando que las palabras salieran de su boca. —¡Maldita sea responde! —Erza cayó de rodillas, sin fuerzas para seguir gritando. Natsu abrió la boca, pero no dijo nada. Laxus no se resistió más y de un puñetazo mando a volar al pelirrosa, no se defendió ni se movió cuando Laxus se abalanzó de nuevo.
La pequeña pelinegra estaba sorprendida, ya que las personas pasaron de absoluta felicidad a un estado de tristeza. Vio cómo su salvador y padre adoptivo, era el centro del caos. Su mentalidad era simple. —¡Deja a mi padre! —exclamó la pelinegra, interponiéndose entre Natsu y el rubio, haciendo que este último se detuviera. Segundos después Mirajane también se interponía, defendió al pelirrosa. —¡Detente Laxus! —amenazó la albina mayor, con lágrimas en los ojos.
—Natsu explícate —exigió el viejo, a duras penas de pie.
Natsu se puso de pie. Observó a los presentes y comenzó a relatar lo sucedido. Omitiendo el posible vínculo entre Siegran y los asesinos. Sin entrar en detalles. Haciendo a un lado su encuentro con In. Dando identidades falsas, porque personalmente se haría cargo de los culpables. Y dejo a un lado el asunto de la hija. Hija que se encontraba acariciando al gato azul, quien estaba ido, asimilando lo ocurrido.
—Entiendo… lo mejor es que demos inicio al… entierro… —la voz de Makarov no era la misma, aquella voz impresa con un tono de cariño y alegría. Siempre sonriéndole a sus hijos, ahora simplemente parecía una sombre de lo que antes fue; era como si repentinamente hubiera envejecido en un parpadeo. Sus piernas temblaban, a lo que Wakaba sirvió de apoyo.
Siendo el gremio más fuerte, tenían ciertos privilegios, uno de ellos era el sepulcro, sin tediosos trámites, exentos de preguntas molestas.
El viaje al cementerio fue lento y tortuoso. En completo silencio sin creer que hace unas horas celebraban y reían alegremente dándole la bienvenida de manera oficial a Lucy, minutos después celebrando la ascensión de un nuevo maestro y listos para recibirlo. Ahora, lloraban con amargura la despedida de un amigo. La ciudad completa vestía de luto, la noticia del deceso de Gray corrió como pólvora por la ciudad. Desde el más viejo hasta los más jóvenes se abrían paso para ver pasar el desfile de los magos. Hoy no había espacio para las hadas de maravillosos colores, hoy esas hadas iban de uno solo: Negro cómo muestra de dolor, negro símbolo del vació. Vació que dejaba el mago que perfeccionó la técnica del exhibicionismo.
—Oh mi Dios, era tan joven —. Una señora desde la ventana de su casa pudo ver el féretro.
—Mira mi niño, la vida de un mago siempre está llena de peligros —. La madre trataba de hacer que su pequeño cambiara del sueño peligroso que había escogido, aunque tuviera que usar el dolor de otros para conservar su felicidad efímera.
—¡Oh mi Señor, porque una bella pareja! —una mujer de cabello cenizo, exclamó dolida por el destino del joven par. Elevó una oración al cielo, rogando por las almas de los jóvenes.
Muchas frases llenaron el desfile, incontables anécdotas comenzaron a surgir entre los ciudadanos. 'Yo lo saque de la cárcel un domingo', 'Entró a mi panadería, preguntando por su ropa', 'Me salvó de unos violadores', 'Me ayudo a llevar mis compras', 'Salvó la vida de mi madre'.
Muchas personas se unieron a la caminata silenciosa. Sin demora alguna, un gran desfile arribó al cementerio de Magnolia, pasando por las rejas de acero. Finalmente llegaron al lugar creado especialmente para las hadas. Un mausoleo sin igual, admiración de muchos. Adornado por querubines y rosas de piedra, una pequeña fuente alimentaba las flores de diversos colores y distintos significados. 'Rob McLay', 'Mavis Vermillion', 'Ruth Dremir', 'Iván Dreyar', 'Paula McCoy', eran los nombres que aparecían. Hoy se unirían dos más: 'Gray Fullbuster' y 'Juvia Lockxar'.
—Juvia es la novia de Gray, se amaban locamente. Inclusive en el último momento no se separaron, no dejare que lo hagan ahora… —. La voz del pelirrosa resonó en el lugar, de manera inconsciente dando su primer orden como cuarto maestro de Fairy Tail. Ninguno de los presentes objeto cosa alguna. Uno a uno, pasaron a dar la despedida final hacia el joven de cabello negro.
—Jodido pervertido, ¿Qué pasó con nuestro concurso de bebidas? —musitó la morena. Depositando una jarra de cerveza sobre el ataúd. Sus pensamientos se concentraban en el amigo que había perdido.
—Imbécil… haré pagar a los culpables —la albina mayor, a pesar de su fiereza, derramaba lagrimas sin contenerse.
—Gray… —la menor de los Strauss incapaz de contener sus lágrimas era acompañado por Elfman, siendo este su soporte emocional.
—Hombre —susurró débilmente. Su voz se quebró, dejando que sus lágrimas fluyeran con libertad.
—Perdón Gray, ahora es demasiado tarde para disculparme —la pelirroja lloraba amargamente. Mientras acariciaba el nombre sobre la lápida.
—Gray, Juvia. Perdón, talvez me tarde, pero, asegúrense que les encontrare y lo pagarán —Natsu se colocó sobre su rodilla izquierda para después depositar el gorrito y el crucifijo de plata.
Tomándose el tiempo necesario, sin apremió alguno, cada miembro se despidió del pelinegro. Lamentándose por la pérdida irremplazable. —¡Hijos míos! —el viejo Makarov con su traje negro, se puso de pie sobre una plataforma. —Hoy, uno de los nuestros se nos adelantó, su pérdida es algo que lamentamos enormemente. Le conocimos desde pequeño, muchos crecieron junto a Gray. Puedo asegurarles que el mocoso no estaría feliz si nos ve deprimidos… ¡Viviremos por aquellos que ya no pueden hacerlo!... ¡Su recuerdo estará presente siempre en nuestros corazones! ¡GRAY FULLBUSTER FUE, ES Y SERÁ UN HADA! —el discurso del viejo levantó de gran manera el ánimo. Cada miembro se retiró a descansar, con pesar y tristeza, pero con fuerzas para superar la tragedia. A excepción del algunos…
Natsu permaneció de pie, de su mano derecha se sostenía Minerva, mirando con expectación a su padre. "Los fuertes también lloran", hundida en sus pensamientos, todo acerca de la fuerza del pelirrosa. Detrás de ellos, las hermanas Strauss -Lissana siendo reconfortada por Mirajane-. Levy con un ligero rojo en sus ojos -aunque sus gafas fuesen capaz de ocultarlo- el rastro de lágrimas la delataba, Cana haciendo lo propio con una Erza destrozada.
El Témpano al fin descansa en su Océano.
Gray Fullbuster y Juvia Lockxar.
Los amantes elementales…
Hielo y agua… juntos por siempre.
X769 - X784
La lluvia hizo presencia, Natsu observó como la pequeña pelinegra comenzó a tiritar de frio. —Vamos, Minerva… iremos a casa —. La sola mención de la palabra hogar, hizo que en su cuerpo comenzara un calor reconfortante a surgir. —Si papá —mencionó la pequeña con una radiante sonrisa. Enfocó su vista al frente, encontrándose con sus mujeres y Erza. En silencio emprendieron el camino a la casa Strauss. "Dios, ahora debo enfrentarme a ellas" un ligero temblor recorrió su cuerpo.
FIN DEL CAPITULO
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¡Hola! Perdón por la demora.
Vaya capitulo llenó de sorpresas. No ahondare más en Nino, sólo es un personaje que tiene relevancia en la relación de Gray y Juvia. Sólo para dar algo de drama. La muerte de ellos, he de admitirlo. Cuando me planteé la historia, cuando iba por el capítulo uno, nunca se me pasó por la cabeza matarlos. Pero después me di cuenta, que era necesario algunas muertes importantes. Mashima nunca lo ha hecho, después de todo Igneel ya estaba medio muerto, Acnologia solamente le dio el último empujón. Simón es irrelevante. Así que terminó de esa manera, Juvia desde un principio no iba entrar al harén. Después de todo en este fic los hice muy OoC, así que me gusto más la relación entre ellos. Soy sincero, si usara la personalidad que Mashima les dio -a Juvia-. Sin duda alguna, Juvia entraría al harén de una o de otra manera. En esta historia ellos serían inseparables. Supongo que han de tener alguna idea de quienes son los asesinos.
La reacción de Natsu… él los vio morir en el orbe que le concedió In. Así que sabía que ellos realmente habían muerto, cuando regresó a la realidad, una parte de su mente ya había asimilado la perdida de ambos. Así que no fue tan emotiva como debería serlo.
¿Lissana es una vampira? Jaja nada que ver, es la influencia de la magia. Convertirse en animal, eso significa adquirir las habilidades y también el instinto salvaje a la hora del sexo. ¿Tentaculos? Jajajajaja esa magia tiene mucho eropower.
El encuentro entre Natsu y Wendy, Natsu por la debilidad del momento mostró su antiguo ser, ese carisma sin malicia alguna. Sólo fue por ese momento. Después de todo, para llegar al corazón de una inocente dama, la mejor arma es la inocencia. ¿Cómo consiguió el dinero? Mago poderoso, que sólo se dedica a los gastos de comida. Esta más que claro que tenía algo aguardado, me hubiese gustado describir el sistema bancario del mundo mágico. ¡Es un mundo lleno de magia, por Dios! Pero lo dejare para otro día. Y ¿El carro a control remoto? [Mueve las manos para anunciar el descubrimiento del siglo] ¡MAGIA!
Aclaró, Natsu dejo a 'Tesoro del Cielo' en su mente. Y 'Demonio Blanco' fue destrozado por In. ¿Cómo diablos logra mantenerse consiente en el auto, acaso no es un DS? La respuesta es solo una: Fuerza de voluntad.
¡Mini-Minerva! Por Dios, se me ocurrió de golpe, ya que si no recuerdo mal. Por este tiempo fue cuando Jiemma la abandonó desnuda en el bosque. Solo que en mi historia es algo más joven, 8 o 7 años. En ocasiones la mente de los niños es simple y a veces demasiado compleja. Minerva comprendió por mero instinto que Natsu no era peligroso. Si alguien te cuida, te sana y lucha por tu vida, ese alguien se gana un gran respeto. Natsu intervino por algo personal, Igneel nunca lo trato de esa manera, aun cuando no eran de la misma especie. ¿Entonces porque un padre de sangre haría lo contrario? Eso lo llevó a la lucha.
En el siguiente vendrán muchas cosas, la explicación sobre Minerva. Los dolores de cabeza que trae la paternidad. Los celos de las chicas, al ver como Natsu es demasiado amable con la pelinegra ¿Y Erza? ¿Habrá llegado su momento? ¿La pequeña dragona se volverá a encontrar con el pelirrosa?
¿Quién será la siguiente en sucumbir? ¿Levy, Erza, Bisca, Evergreen, Lucy? Jajajajaja, lo vuelvo a aclarar, no será un harem masivo. Pero eso no elimina la posibilidad de 'echarse una fría' o 'una camita al aire'. ¡VOTEEEENNN!
Entre más reviews, más rápido actualizare. e.e ¡Eso no es cierto!
