Capítulo 12
Draco sonrió cuando su hijo llegó dando saltitos hacia él con una sonrisa en su rostro. Cuando llegó miró a Draco, y miró a su alrededor confundido.
—¿Dónde están papi y Teddy, papá?—le preguntó y cogió la mano de Draco.
—Teddy necesitaba un poco de tiempo a solas con Harry y volverá a la escuela el lunes—Draco respondió.
—¿Así que él no irá mañana a la escuela?—Scorpius le preguntó curioso.
—No, no lo hará.
—Oh—Scorpius asintió. Supuso que era justo, ya que Harry había pasado mucho tiempo con él.
Por un momento se hizo el silencio.
—Papá, ¿estás enfadado porque haya llamado a Harry papi? —Scorpius le preguntó en voz baja.
Draco rió divertido.
—Es un poco tarde para preguntar eso, ¿no te parece? Pero para responder a tu pregunta, no, no estoy loco. De hecho, tienes que llamarlo papi.
Scorpius comenzó a emocionarse.
—¿Te vas a casar con papi, papá?
—Sí, pero primero tengo que hacer que tu papi acepte que le gusto mucho—Draco sonrió.
—Pero papi te quiere —dijo Scorpius confundido.
—Sí, pero cuando haya acabado, me querrá más—Draco rió entre dientes. No podía esperar.
Ellos llevaban más o menos una hora en casa, cuando Harry y Teddy aparecieron. Ambos tenían la cara roja de los vientos de octubre y se sintieron aliviados cuando entraron en la caliente casa.
—Ve a cambiarte de ropa. Voy a pedir chocolate caliente —Harry sonrió y colgó su chaqueta en el armario.
Teddy asintió con la cabeza y sonrió antes de salir corriendo hacia su habitación.
—He escuchado chocolate caliente. ¿Te importa si Scorpius y yo bebemos con vosotros?
—Son tus elfos domésticos. Sí quieres chocolate caliente, seguro que ellos lo conseguirán para ti. No necesitas mi permiso para ello —Harry puso los ojos en blanco y se dirigió a la sala donde fue asaltado por una mancha pequeña y rubia.
—Te extrañé, papi.
Harry se rió entre dientes y llevó al niño y lo puso sobre su cadera.
—Yo también te he echado de menos, Scorpius —se sentó en el sofá, mientras Scorpius se sentaba junto a él. Teddy entro en la sala también, iba vestido con un suéter negro y pantalones de deporte. Se acurrucó al lado de Harry.
Draco entró y se sentó en una silla frente al sofá donde estaba Harry.
—Los elfos domésticos traerán leche con chocolate caliente y galletas.
Harry asintió y acarició distraídamente el pelo de los niños.
—Del tipo materno —Draco musitó con una sonrisa.
—Vete a la mierda —Harry musitó de nuevo.
—¿Qué estás esperando? —Draco hizo un guiño y Harry puso los ojos en blanco
—Entonces, Teddy, ¿te has divertido hoy?—preguntó Draco sonriendo.
Teddy asintió e inició un relato sobre lo que habían hecho hoy obviando la conversación que había tenido con Harry.
Finalmente, los dos chicos estaban demasiado ocupados bebiendo chocolate con leche caliente y comiendo galletas como para decir nada.
—Oye, Harry, ¿ya le has pasado la información de Severus a Shacklebolt sobre las diferentes posibilidades? —preguntó Draco casualmente.
Harry lo miró fijamente por un momento antes de golpearse su frente.
—¡Sabía que se me había olvidado algo! Voy a enviarle esa información—dijo molesto—. Vuelvo enseguida.
Cuando Harry se había marchado, Teddy le hizo una pregunta.
—Draco, ¿crees que papá va a ir a trabajar mañana?
Draco, ni siquiera se había sorprendido de que Teddy hubiese llamado papá a Harry, meneó la cabeza.
—No, él dijo que volvería el lunes. No romperá su promesa.
Teddy, tranquilo, sonrió.
Harry apareció de nuevo en la habitación pasado un cuarto de hora y se acomodó en el sofá.
—Ya está hecho.
Draco sonrió ante el tono de satisfacción de Harry.
Al día siguiente, mientras Scorpius y Draco iban hacia la escuela, Harry cogió a Teddy y se lo llevó de compras para permitirle escoger lo que quisiera. No le importaba el dinero que costase. Con las bóvedas de los Potter, Black y Lupin (el último era para cuando Teddy fuera mayor), Harry era uno de los hombres más ricos del mundo. Ni siquiera un día de compras podría hacer mella en su fortuna.
Cuando finalizaron las compras, Harry tomó a Teddy para ver una película. Eran casi las cinco cuando decidieron volver a casa. La reunión de padres comenzaba a las siete y Harry había decido dejar a Teddy en casa de Draco, al fin y al cabo, se suponía que Teddy estaba "enfermo".
Estaban casi en la mansión cuando una explosión los lanzó a un lado del camino. Teddy gritó de miedo y Harry maldijo, mientras protegía a Teddy con su cuerpo. Cayeron en un montón de hojas, junto a un árbol. Harry se deshizo de ellas y sacó su varita, mirando a todas partes para tratar de encontrar al culpable. Una ráfaga roja pasó junto a Teddy y dejando la marca de una quemadura en un árbol. Teddy se estremeció fuertemente y gimió.
—¡Hey, cobarde! ¿No crees que es la hora de mostrar tu cara o eres demasiado cobarde para no atreverte a mirarme a la cara? —Harry gritó, frustrado, mientras se ponía delante de Teddy.
Un hombre peludo, con una barba marrón sucia y el pelo largo y castaño, con hojas sobre él, salió de detrás de un árbol. Era de estatura media y sus vestimentas estaban rotas y con barro. Con sus ojos azules le lanzó una mirada de demente obsesionado.
—Al fin te tenemos, Potter —el hombre escupió y se tropezó con él.
Por un momento, Harry pensó que ese hombre era el que le había enviado la carta y el que había envenado a toda esa gente, pero lo descartó cuando vio la cicatriz roja en la mano del hombre. Era Peter Lorflaye, un criminal que había estado huyendo durante meses. Era buscado por el asesinato de su novia y por prender en llamas su casa. También era un Mortífago.
—Lorflaye, no quieres maldecirme —Harry dijo con calma. Estaba tratando de encontrar una manera de distraer a Lorflaye para poder enviar a Teddy a la mansión. El problema era que Lorflaye bloqueaba su camino. Tenía que invertir la posición de alguna forma…
El hombre se rió con una risa fuerte y horrible, una clara señal de que se había vuelto loco.
—Por supuesto que no voy a maldecirte, ¡voy a matarte! ¡Y cuando haya acabado contigo, yo seré el mago más poderoso del mundo! —atacó con su varita y Harry tuvo tiempo suficiente para poder lanzar un escudo que protegiese a Teddy y a él de una maldición cortante. La maldición era lo suficientemente poderosa como para cortar un brazo o una pierna —eso sí tenías suerte de que no te golpease en el cuello—.
Harry susurró un hechizo en voz baja y los árboles y rocas se levantaron de su lugar y comenzaron a atacar al hombre, dándole tiempo a Harry para hablar a toda prisa con Teddy.
—Teddy, escúchame atentamente.
Teddy asintió con la cabeza, con sus ojos grandes por el miedo.
En unos minutos, los árboles y las rocas dejaran de atacar. Voy a distraerlo y cuando diga "vete", tienes que correr lo más rápido como sea posible a la mansión y advertir a Draco, ¿de acuerdo? Y te quedas ahí, ¿entendido?, no quiero que vuelvas. Simplemente dile a Draco lo que está ocurriendo y dónde me encuentro y luego quédate en la mansión con Scorpius. ¿Puedes hacer eso por mí? —le preguntó susurrando.
Teddy tragó saliva, pero asintió brevemente.
Harry sonrió brevemente.
—Ese es mi chico
—¿Vas a estar bien, papá? —Teddy le susurró asustado y tembloroso.
—Por supuesto que voy a estar bien, te lo prometo.
Como Harry había predicho, los árboles y rocas cayeron después de un minuto, dejando el camino libre para que el hombre atacase.
—¡Voy a matarte, Potter! —Lorflaye gruñó.
Harry no respondió, sino que simplemente lanzó un hechizo en una roca cercana al hombre, haciendo que explotase. Lorflaye maldijo y se lanzó hacia un lado como Harry había planeado. Harry continuó haciendo que las rocas y árboles estallasen y Lorflaye, maldiciendo, las esquivaba. Finalmente, el camino a la Mansión quedó libre y mientras Harry mantenía la vista sobre Lorflaye y continuaba disparando maldiciones contra él para distraerlo, gritó:
—¡Vete!
Cuando Teddy escuchó a su padrino darle la señal, empezó a correr tan rápido como pudo, a pesar del miedo que sentía en su interior. Durante todo el camino a la Mansión rezó para que Harry estuviese bien y no saliese dañado. No quería perder a su padre.
Sin aliento, comenzó a golpear frenéticamente la puerta cuando llegó a la Mansión.
Draco abrió la puerta.
—Cálmate, la puerta tiene que estar ahí muchos años —bromeó, pero su sonrisa desapareció cuando vio el estado de Teddy.
—Teddy, ¿qué pasa? ¿Dónde está Harry?—preguntó Draco preocupado.
—Papá está peleando con otro hombre. Me dijo que tenía que advertirte —Teddy jadeaba y sus ojos se llenaron de lágrimas—. ¡Necesita ayuda! Está abajo, en el camino.
—De acuerdo, Teddy, quédate aquí. Voy a ayudar a Harry, ¿de acuerdo? Cuida de Scorpius —le ordenó Draco y cogió su varita.
Teddy caminaba con las piernas temblorosas hacia la sala de estar y se desplomó en el suelo, abrazando sus rodillas, al escuchar la puerta cerrada.
Scorpius, sorprendido, levantó la mirada de su libro con imágenes de dragones cuando vio a Teddy sentado en el suelo.
—Teddy, ¿Qué pasa? ¿Dónde están papi y papá?—preguntó y miró a su alrededor como si esperase de inmediato a que entrasen en la habitación.
El shock se disipó y el cuerpo de Teddy temblaba con sus sollozos.
—Teddy —Scorpius gritó confundido y dejó caer el libro aleatoriamente sobre el sofá y caminó rápidamente hacia Teddy. Se deslizó al lado del chico mayor y puso sus brazos alrededor de Teddy, frotándole la espalda al igual que hacía su padre cuando él estaba triste.
—¿Por qué estás triste? —Scorpius le preguntó, confundido—. ¿Es porque extrañas a papá y papi? Volverán, lo prometo. Papá siempre vuelve y papi también lo hará.
Teddy rió con voz temblorosa y hundió su cabeza más profundo entre sus rodillas.
A Scorpius le temblaba el labio mientras trababa de pensar en algo para distraer a Teddy. Cuando él perdió a su papá, siempre pensaba en su libro de dragones. Había una imagen de un dragón blanco de ojos grises y Scorpius le había apodado a ese dragón "papá", porque pensó que su papá se vería como él si se convertía en un dragón. Tal vez esa era una idea. Tal vez podría distraer a Teddy si le leyera su libro de dragones en voz alta. Papá le había dicho que era bueno contando historias.
—¡Ya sé lo que tengo que hacer! ¡Voy a contarte una historia de dragones!—Scorpius dijo entusiasmado y dio una palmada. Se levantó rápidamente y se dirigió hacia el sofá para ir a buscar el libro. Llevó el libro consigo a Teddy y se sentó junto a él de nuevo, abriendo el libro. Cuando encontró la imagen del dragón que él quería (bueno, en realidad, dos dragones: un dragón blanco de ojos grises y un dragón negro con ojos verdes), comenzó a fantasear con una historia de cómo se conocieron y cómo eran amigos que tenían muchas aventuras.
Los sollozos de Teddy se detuvieron pasado un tiempo, y empezó a escuchar la historia. Scorpius sonrió cuando se dio cuenta de que Teddy le escuchaba, pero no se detuvo. Sabía que había sido una buena idea utilizar el libro de dragones, funcionaba cada vez que echaba de menos a su papá.
Draco recorrió el camino utilizando palabras irritantes cuando vio a Harry enfrascado en una pelea con un loco.
«Ni siquiera está trabajando ahora y todavía consigue que le ataquen —pensó Draco, irritado».
Apuntó con su varita hacia el hombre y le disparó una maldición cortante, era una versión más débil que la maldición cortante. Podría cortar los músculos e incluso romper el hueso, pero no amputaría miembros. La maldición cortante golpeó al hombre en la rodilla y con un grito, cayó al suelo.
Harry miró hacia arriba y suspiró aliviado cuando vio a Draco corriendo hacia él. Gracias a Merlín que estaba allí, ya que no creía poder haber aguantado mucho más tiempo.
—¿Estás bien?—preguntó Draco jadeante y cuando se detuvo al lado de Harry, manteniendo un ojo sobre el hombre que había sido maldecido, antes de que perdiese el conocimiento Draco pudo ver que tenía muchos cortes y contusiones en su cuerpo—. He venido tan pronto desde el mismo instante en el que Teddy me dijo lo que pasaba.
—Estoy bien —Harry sonrió, pero de golpe se quedó sin aliento y se dejó caer al suelo con la mano a su lado. Lorflaye no había quedado tan inconsciente como habían pensado y ahora estaba sonriendo como el loco que era y vitoreaba.
—¡Desmaius! —Draco gruñó y Lorflaye cayó al suelo, tieso como una tabla. Rápidamente, Draco conjuró algunas ropas y ató al hombre para evitar que ese escapase y cogió su varita. Luego su atención fue dirigida hacia Harry, que jadeaba y tenía cara de dolor.
—Déjame ver —Draco ordenó en voz baja y se quedó sin aliento al ver el profundo corte en el costado de Harry. La sangre fluía constantemente de la herida y Draco maldijo. Lorflaye le había golpeado con una maldición cortante. Draco se arrancó un pedazo de camiseta y apretó la herida, e hizo una mueca cuando Harry siseó.
—De acuerdo, Harry, vamos a aparecernos en el hospital junto con el gilipollas ese, y luego iré a recoger a Teddy y Scorpius, ¿de acuerdo? —Draco dijo rápidamente y con cuidado recogió a Harry. Harry lo cogió del hombro y asintió, mordiéndose el labio. Se estremeció cuando el dolor comenzó a arder y presionó su cabeza en el hombro de Draco.
Con el rostro duro, Draco agarró a Lorflaye por el brazo y se apareció en San Mungo, en silencio, esperaba que Lorflaye obtuviese un castigo, que sirviese a ese hijo de puta.
—¡Necesito un poco de ayuda por aquí! —Draco gritó cuando llegó a la entrada de San Mungo.
Una enfermera alzó la vista y sus ojos se agrandaron cuando vio que se trababa de Harry Potter. De inmediato llamó algunos medimagos y llevó una cama a Draco para que pusiese a Harry en ella.
—¿Qué ha pasado?—la enfermera le preguntó.
—Ha sido atacado por un criminal. Ha sido golpeado por una maldición cortante—Draco explicó a toda prisa y de golpe cayó en Lorflaye—. Sería mejor si llamase a algunos Aurores.
La enfermera asintió. Mientras tanto, dos medimagos habían aparecido y se llevaron la cama con Harry en ella hasta el ascensor.
—Señorita, escuche, tengo que recoger al ahijado de Harry y a mi hijo, pero, ¿más tarde me puede decir dónde se han llevado a Harry? —preguntó Draco rápidamente.
—Por supuesto, señor. Puede ir a recoger a los niños —la enfermera sonrió, antes de que ella llamara a dos aurores.
Draco se concentró en la imagen de su casa y se apareció en el camino que lo conduciría a su casa y apretó el paso hacia la Mansión. Abrió la puerta y se encontró a los dos niños sentados en la pared de la sala de estar. Escuchó a Scorpius contando una historia sobre dragones y sonrió brevemente antes de entrar en la habitación.
Scorpius dejó de hablar y sonrió cuando vio a su padre.
—¡Mira, Teddy! Prometí que papá volvería.
Teddy se puso de pie, el miedo y la preocupación escritos en su cara.
—¿Está todo bien con papá? ¿Está herido?
Draco suspiró.
—Tuve que llevar a Harry a San Mungo, ya que ha sido golpeado por una maldición cortante. La maldición le golpeó en el costado, así que perdió sangre. Pero te prometo que va a estar bien.
—Quiero ver a papá—dijo Teddy convencido, no aceptando un no como respuesta.
Draco sonrió.
—Por supuesto, he vuelto para buscaros a Scorpius y a ti.
Scorpius parecía confundido.
—¿Papi está herido?—preguntó en voz baja, con el miedo creciendo en su cuerpo.
—Sí, pero se va a poner bien, te lo prometo—Draco dijo e hizo señas para que los chicos—. Ahora, vamos a salir a la calle y vamos a aparecernos en San Mungo. Sólo agarraos a mí con fuerza.
Caminaron fuera, Draco cogió a Scorpius y lo puso sobre su cadera, mientras abrazaba a Teddy.
—Esperad —advirtió, y se concentró en la imagen de la entrada de San Mungo.
Cuando llegaron allí, (de una sola pieza, con suerte), Draco bajó a Scorpius. La enfermera de su anterior visita se fijó en él y se acercó.
—Los medimagos han conseguido cerrar la herida del señor Potter, y ahora está descansando en la habitación 569. Tiene que guardar reposo durante una hora antes de que se pueda ir del hospital, e incluso después tiene que tomarlo con calma —advirtió la enfermera.
Draco asintió y le dio las gracias.
—Vamos, muchachos, vamos a ver a Harry.
