Capítulo 13

Harry sonrió cuando los dos muchachos saltaron sobre su cama y se acurrucaron junto a él.

—¿Estás realmente bien, papá?—le preguntó Teddy en voz baja.

—Por supuesto que estoy bien. La herida no era tan profunda, por lo que los medimagos no han tenido problemas para cerrarla—Harry sonrió y acarició el pelo negro de Teddy.

—¿Dónde te duele, papi?—le preguntó Scorpius preocupado.

Harry señaló su lado derecho, donde Scorpius estaba acurrucado. Scorpius se sentó alarmado.

—Lo siento, papá, no sabía que era aquí.

Harry se rió, pero tuvo que parar antes de que su costado protestase. Tiró de Scorpius hacia abajo.

—No seas tonto, no me duele. Puedes abrazarme todo lo que quieras.

Scorpius suspiró aliviado y se acurrucó de nuevo con Harry.

Harry levantó la vista cuando sintió un peso establecerse al lado de sus piernas.

—Gracias por ayudarme, Draco—él sonrió.

Draco hizo un gesto con la mano en el aire.

—No me las des. Lo haría todos los días—dijo con una mirada bastante intensa en sus ojos.

Harry se giró; no estaba acostumbrado a esas miradas tan penetrantes.

—Sí, pero aún así. ¿Qué pasó con Lorflaye?

—Los Aurores se lo llevaron—le informó Draco con una sonrisa.

—Bueno, es una buena noticia—Harry murmuró—. Ahora, ayúdame a conseguir mi ropa, para que podamos volver a casa. No quiero llegar tarde a la noche de los padres.

—Harry, no puedes ir a la reunión de padres—Draco frunció el ceño y apoyó la mano en la pierna de Harry. El calor causado en la pierna hizo que Harry se sonrojara un poco—. Tienes que quedarte en casa para descansar. Una maldición cortante no es algo para tomarse a la ligera.

Harry puso los ojos en blanco.

—Estoy bien, en serio. Puedo ir a la reunión de padres. Ahora, dame mi ropa.

—Y yo digo que es mejor si te quedas en casa esta noche—Draco se cruzó de brazos y lo miró.

—Sí, voy a descansar—Draco sonrió, contento de que Harry estuviese de acuerdo con él —, después de haber ido a la reunión de padres—ahora fue el turno de Harry de sonreír cuando Draco frunció el ceño.

—¿Y si colapsas?—preguntó Draco con una mueca.

Harry suspiró y se pellizco la nariz:

—No voy a colapsar. Sólo tengo que hablar con la señorita Hearp, profesora de Teddy y luego podemos volver a la Mansión Malfoy.

Draco lo observó.

—¿Sólo vas a hablar con la profesora de Teddy?

Harry asintió con la cabeza.

—De acuerdo, puedes ir, pero te acompañaré, por si te desmayas—Draco respondió con tono definitivo.

—¿Y quién va a vigilar a Teddy y Scorpius?—Harry levantó una ceja.

—Ellos vienen con nosotros.

—Se supone que Teddy está enfermo, recuerda.

Draco se encogió de hombros.

—Entonces diremos que nos lo hemos traído porque no querías que se quedara solo. Estoy seguro de que Teddy actuará como si estuviera enfermo.

Harry suspiró y sacudió la cabeza.

—Está bien, dame mi ropa.

Draco la encontró colocada en una silla y se la entregó. Los chicos se bajaron de la cama y un velo apareció frente a la cama, escondiendo a Harry de la vista de todos.

Cinco minutos después, Harry apareció de nuevo, vestido con sus pantalones vaqueros y un suéter negro.

—Bien, estoy listo para irnos.

Draco asintió y después de llenar el papeleo necesario, se apareció junto con Harry y los chicos de regreso en la Mansión. Harry protestó y dijo que podía aparecerse por sí solo, pero Draco dejó claro que no quería arriesgarse a que la herida se abriera de nuevo si Harry se aparecía.

Cogieron sus chaquetas y se dirigieron a la escuela. Respiraron aliviados cuando entraron en el cálido salón y se quitaron las chaquetas. Draco agarró a Teddy y Scorpius de las manos y siguieron a Harry, quien se fue en busca de la señorita Hearp, mientras asentía cortésmente a otros padres, que lo reconocieron. Cuando por fin la encontró, estaba sin aliento y ocultó la necesidad de colocar la mano en su costado. Si Draco lo veía, Harry sería enviado a casa inmediatamente.

—¿Señorita Hearp?—preguntó Harry, le dio la mano a la mujer y la estrechó.

La señorita Hearp era una mujer de mediana estatura con el pelo castaño que le llegaba hasta los hombros y tenía unos tranquilos ojos marrones con pecas en la nariz.

Ella sonrió y le estrechó la mano.

—Buenas noches, señor Potter, me alegro de conocerle.

Harry sonrió.

—Igualmente. ¿Por qué escribió usted que necesitaba hablar conmigo?—preguntó, yendo directamente al grano. No quería admitirlo, pero estaba desesperado por acostarse y tomarse una poción para aliviar el dolor. La herida de su costado estaba curada, pero estaba cansado aún por la pérdida de sangre y la cicatriz le picaba.

—Sí, sígame, por favor, para que podamos hablar en privado—la señorita Hearp dio la vuelta y permitió que fueran a otra aula a través de la que estaban. Arqueó las cejas al ver a Draco, Scorpius y Teddy.

—Ellos vienen conmigo—explicó Harry, y se sentó.

—Buenas noches, Teddy, Scorpius —saludó la señorita Hearp—. Podéis ir a leer un libro allí o jugar con esos juguetes, mientras hablo con tu padrino.

Teddy asintió con la cabeza y tosió para demostrarle que todavía estaba un poco enfermo, antes de agarrar la mano de Scorpius y arrastrarlo a la zona de juegos.

Draco escondió una sonrisa cuando escuchó la tos de Teddy. Ese chico sabía jugar bien sus cartas.

—Por lo tanto, ¿cuál es el problema?—preguntó Harry educadamente, aunque estaba irritado porque tendría que tener esa conversación de nuevo. Tener la misma conversación cada año era molesto y cansado.

—Se trata de la capacidad de Teddy para cambiar sus apariencias—comenzó la señorita Hearp

—¿Sí?—Harry resistió la tentación de mover la pierna arriba y abajo.

—Estamos felices de que tenga esa increíble habilidad, pero tiene que dejar de usarla con tanta frecuencia, ya que distrae a los otros alumnos—explicó la señorita Hearp confiando en que Harry entendiese el problema.

—Las únicas veces que utiliza esa habilidad es durante el recreo para divertir a sus amigos de clase. Me dijo que cuando está en clase no la usa. Así que no veo el problema. Los niños no pueden distraerse durante la clase ya que él no cambia de apariencia—explicó, molesto.

Draco puso discretamente una mano sobre su espalda para calmarlo.

—¿Teddy le ha dicho que no cambia de apariencia en clase? Lo he pillado dos veces en el último mes. Lo siento, señor Potter, pero cuando Teddy dice que no usa esa habilidad en clase, me temo entonces, que está mintiendo—sonrió la señorita Hearp.

Harry se pellizcó la nariz.

—¿Ha pensado en el hecho de que cuando él cambia de apariencia en clase, es un accidente y no adrede?

—A mí me parece que tiene un perfecto control sobre su capacidad, por lo general, significa que lo hace a propósito, sí— respondió la señorita Hearp, perdiendo su sonrisa.

Teddy que estaba escuchando también, se mordió el labio. No era culpa suya que su capacidad de cambiar apariencias a veces actuase por su cuenta cuando estaba triste o enfadado. No podía controlarla perfectamente, cuando sus emociones eran fuertes, él cambiaba de apariencia sin darse cuenta.

—Los niños de su edad no tienen un perfecto control de su magia, por eso van a Hogwarts, Durmstrang o Beauxbatons cuando cumplen once años, para que aprendan a controlarla. Si Teddy cambia de apariencia en clase, es accidental y debido a que sus emociones son intensas—Harry respondió molesto—. Un niño explota cuando está molesto, Teddy cambia de apariencia.

—¿No puede enseñarle a que tenga un mejor control? Realmente afecta a mi enseñanza—la señorita Hearp comenzaba a sonar molesta.

—Si afecta a su enseñanza, entonces usted no está en condiciones de ser maestra en una escuela de magia elemental—Harry se burló—. Cuando se enseña a niños magos, tiene que acostumbrarse a que su magia se descontrole de vez en cuando. Si no sabe manejar eso, le sugiero que enseñe a niños muggles. Pero puedo asegurarle algo: no son tan tranquilos. Ahora bien, si hay verdaderos problemas, por favor, dígamelo ahora, porque si no me voy a casa.

—¿Ha pensado en el hecho de que tal vez Teddy no tenga sitio en esta escuela? Nunca nos informó de que es hijo de un hombre lobo. ¿Y si es tan peligroso como su padre? No quiero que los niños sufran ningún daño—dijo la señorita Hearp.

Harry se levantó, causando que la silla volcase. Sus ojos verdes ardían con fuego ardiente y su magia crujió peligrosamente.

—No importa si es hijo de un hombre lobo o no. Teddy no es peligroso. El gen de hombre lobo no se puede heredar. Sólo puede convertirse en uno cuando eres mordido y no por ser hijo de un hombre lobo. ¿Dónde le han enseñado esas cosas? Y para su información, yo conocí al padre de Teddy, y era la persona más amable y más valiente que he conocido. Usted y todas esas personas prejuiciosas no podrán llegarle a la altura del tobillo—siseó Harry—. Si yo hubiera sabido que esta escuela está llena de gente prejuiciosa, nunca hubiese traído a Teddy aquí. Considere que usted lo ha echado de la escuela.

—¿Qué? ¡No puede hacer eso!—la señorita Hearp se levantó también, enfadada a pesar de que tenía miedo.

—Míreme—Harry dijo con frialdad y se giró—. Teddy, vamos. ¿Quieres decirle adiós a tu profesora o a tus amigos?

Teddy, que lo había escuchado todo, negó con la cabeza. Suponía que debería estar triste porque su padre lo había sacado de la escuela, pero la verdad es que no podía estar más aliviado. Claro, tenía amigos, pero no le gustaba la forma en que los maestros lo miraban. Como si fuera mugre.

—¿Puedo ver a mis amigos, papá?

—Claro—Harry sonrió.

La señorita Hearp se quedó boquiabierta al escuchar a Teddy llamar papá a Harry.

—Teddy, el señor Potter, no es tu padre. Tu verdadero padre está muerto.

Draco miró a la mujer que tenía delante. ¿Eso era una profesora? Tenía tanto tacto como Snape. A menos él sabía cuando tenía que suavizar sus palabras. Decirle a un niño de nueve años que su padre estaba muerto, al igual que su… Era cruel.

—A todos los efectos soy su padre. No es de su incumbencia cómo me llame—dijo Harry, su voz fría como el hielo, enviando escalofríos por la espina dorsal de cada uno—Vamos, Teddy. Vamos.

Teddy asintió con la cabeza y tomó la mano de Harry.

Antes de que Draco siguiera a Harry fuera del aula, se dio la vuelta para enfrentar a la pálida profesora y dijo con una sonrisa.

—Ahora que he visto como tratan a los niños aquí, no creo que las normas se cumplan, también me llevo a Scorpius. No espere más donaciones en el futuro. Buenas noches, señorita Hearp.

La señorita Hearp no podía hacer otra cosa que mirarlos completamente atónita. Tragó saliva al recordar la última frase que Draco que había pronunciado. Si detenía las donaciones a la escuela estaba segura de que la despedirían.

—Sabes que no tenías que sacar también a Scorpius —comentó Harry cuando comenzaron su camino de regreso a casa. Teddy sostenía su mano izquierda y Scorpius estaba saltando justo entre Harry y Draco.

Draco se encogió de hombros.

—Si esa es la forma en la que esos profesores tratan a los niños que no les gustan, entonces no quiero que mi hijo sea enseñado por ellos. La semana que viene contrataré un tutor privado para Teddy y Scorpius.

—Gracias—sonrió Harry.


Después de que hubiese metido a los niños en sus camas, Harry se deslizó con un suspiro en la suya, haciendo una mueca cuando su cicatriz del costado palpitó.

Un golpe en la puerta hizo que se sentara de nuevo.

—Adelante.

Draco entró en la habitación con una botella azul en las manos. Cerró la puerta y se sentó en la cama de Harry.

—Pensé que necesitarías un poco de poción para aliviar el dolor.

Harry asintió agradecido y bebió la poción, haciendo una mueca ante el asqueroso sabor. Draco le dio un vaso de agua para disfrazarlo.

Como Draco se quedó sentado, Harry, curioso, le preguntó.

—¿Algo más?

—En realidad, sí—Draco sonrió y tomó la mano de Harry—. Quiero una cita contigo.

Harry lo miró fijamente.

—¿Estás borracho? ¿O se trata de un plan de tu hijo?—le preguntó, suspicaz.

Draco rió.

—No, te estoy invitando a tener una cita conmigo de buena gana.

—¿Quién ha dicho que estoy interesado en ti, incluso de esa manera?—Harry enarcó una ceja.

—Es por eso que te he invitado a salir en una cita. Si todavía no estás interesado en mí de esa forma después de nuestra cita, no lo volveré a intentar.

«Pero lo intentaré de nuevo después de unosmeses —pensó Draco alegre».

—¿Desde cuándo estás interesado en mí de ese modo?—le preguntó, curioso y esperaba no estar sonrojándose.

—Desde que me he dado cuenta de lo hermoso que eres. Y que tienes un cuerpazo —añadió Draco en el último momento.

Harry le golpeó el brazo.

—Así que, ¿vas a tener una cita conmigo? —insistió Draco.

—Sí, de acuerdo, tendré una cita contigo —Harry se sonrojó.

—¡Fantástico! ¡Este domingo! Buenas noches, Harry—Draco sonrió y besó a Harry castamente en los labios. Con un guiño, salió de la habitación.

Harry se tocó los labios y sonrió. Tal vez tener una cita con Draco Malfoy no sería tan malo.